JUANITA FERNANDEZ SOLAR

SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES

 

“El Camino a lo Alto del Monte,

Donde Mora la Gloria y Honra de Dios”.

 

PEDRO SERGIO DONOSO BRANT

 

Auto edición de Pedro Sergio Donoso Brant.

www.caminando-con-jesus.org

www.santateresadelosandes.cl

 

ISBN: 978-956-401-043-4

 

Propiedad Intelectual: Trámite, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio Gobierno de Chile Ańo 2019

 

Centenario de la partida al Cielo de Santa Teresa de Jesús de Los Andes 1920-2020

 

Se permite copiar los artículos, solo para estudio, se prohíbe lucrar, es necesario indicar las fuentes y el autor.

 

 

 

INDICE

1         AGRADECIMIENTOS. 7

2         PRESENTACIÓN.. 8

3         PROLOGO.. 10

3.1     “DONDE MORA EN ESTE MONTE LA GLORIA Y HONRA DE DIOS”. 10

4         VIDA DE SANTA TERESA DE LOS ANDES. 15

4.1     CRONOLOGÍA DE LA VIDA Y SU CAMINO A LOS ALTARES. 15

5         “UNA LLAMADA QUE SE HACE EXISTENCIA”. 21

5.1     UN LIRIO EN EL CARMELO.. 21

6         SE HA CONVERTIDO EN "LUZ EN EL SEŃOR”. 24

7         EL CAMINO DE SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES. 31

7.1     ALCANZO LA SANTIDAD SIENDO MUY JOVEN.. 31

7.2     VIDA DE TERESA DE JESÚS LOS ANDES. 32

8         LA FAMILIA. 36

9         DIVINA Y HUMANA. 44

9.1     ALEGRE, BROMISTA, COMUNICATIVA Y DEPORTISTA.. 44

9.2     HA INTEGRADO LO DIVINO Y LO HUMANO PERFECTAMENTE. 47

9.3     PROFUNDAMENTE AFECTIVA.. 48

10      LA PRIMERA COMUNION.. 54

10.1        EL INICIO DE UNA NUEVA VIDA. 54

11      LA ESPIRITUALIDAD DE TERESA DE LOS ANDES. 58

12      żQUÉ HIZO ESTA JOVEN PARA SER SANTA?. 63

13      DESPERTAR HAMBRE Y SED DE DIOS. 67

14      MENSAJE A LA JUVENTUD. 69

14.1        SU MENSAJE ES DE INNEGABLE ACTUALIDAD. 69

14.2        SACRIFICARSE POR LOS DEMÁS. 73

14.3        OFRENDA POR LOS PECADORES. 74

15      UN LLAMADO AL LAICADO HACIA LA MÁS ALTA SANTIDAD. 78

15.1        LA PALABRA "SANTO" Y LA “SANTIDAD” DE LA IGLESIA. 78

15.2        EL DESEO DE LA SANTIDAD.. 86

15.3        “CREO QUE EN EL AMOR ESTÁ LA SANTIDAD. 89

16      PROFUNDAMENTE MARIANA. 92

16.1        CONFÍE TODO A LA SANTÍSIMA. 92

16.2        HIJA DE MARÍA. 103

17      DEVOTA DE SAN JOSE. 108

18      AMOR UNITIVO.. 117

18.1        UNIÓN CON DIOS. 117

18.2        UNIÓN CON CRISTO.. 120

19      VIDA DE ORACIÓN.. 124

19.1        ANTES DE ENTRAR AL CARMELO.. 124

19.2        NO PUEDE EXPLICAR ALGUNOS FENÓMENOS ORANTES. 133

19.3        DIALOGO CON LA VIRGEN Y NUESTRO SEŃOR. 136

20      “LA BÚSQUEDA DEL AMADO”. 141

20.1        “VIVIR LA VERDADERA UNIÓN Y DESPOSORIO ESPIRITUAL CON SU AMADO JESÚS”  141

20.2        LEE A SAN JUAN DE LA CRUZ. 141

20.3        DESCUBRIR LO QUE DIOS OBRA EN LA PERSONA QUE LO AMA. 145

21      ENAMORADA DE JESÚS. 146

21.1        żES POSIBLE ENAMORARSE DE CRISTO?. 146

22      ESPOSA DE JESÚS. 154

22.1        SU AMADO JESÚS. 154

23      EL RETIRO ESPIRITUAL Y LA EXPERIENCIA DE DIOS. 165

23.1        DÍAS DE RETIRO, A SOLAS CON DIOS. 165

23.2        PRIMER RETIRO, 1916. 167

23.3        SEGUNDO RETIRO, 1917. 179

23.4        TERCER RETIRO, 1918. 183

23.5        CUARTO RETIRO, 1919. 195

23.6        QUINTO RETIRO, 1919, SEPTIEMBRE. 207

24      EXPERIENCIA DE DIOS EN LA ORACION.. 214

24.1        LA EXPERIENCIA SE VA DANDO EN EL CAMINO. 214

24.2        ORAR NO ES TANTO AMAR A DIOS, CUANTO DEJARSE AMAR POR ÉL. 216

24.3        OFRENDA POR LOS PECADORES. 221

24.4        żES NECESARIO TENER UN DIRECTOR ESPIRITUAL?. 225

24.5        LA MIRADA DE MI CRUCIFIJO ME SOSTIENE. 229

25      EXPERIENCIA DE DESEAR Y AMAR EL CIELO EN LA TIERRA. 248

25.1        EL CIELO ES LA MORADA DE DIOS. 248

25.2        SEREMOS UNA ALABANZA DE GLORIA Y VIVIREMOS UNA VIDA DE CIELO. 255

25.3        SI SUFRÍA CON PACIENCIA, TENDRÍA UN GRAN PREMIO EN EL CIELO. 257

25.4        “HE PASADO DÍAS DE CIELO”. 260

25.5        LA VIDA DE LA CARMELITA CONSISTE EN AMAR, CONTEMPLAR Y SUFRIR. 264

25.6        MUY PRONTO DEJARÉ EL MUNDO PARA VOLAR AL CIELO. 267

25.7        MORIR E IR AL CIELO A ENTONAR EL CÁNTICO DE LAS VÍRGENES. 274

25.8        EL CIELO ES LA POSESIÓN DE DIOS. 279

26      LA VOCACION DE SER RELIGIOSA Y EL CAMINO ESPIRITUAL. 285

26.1        LA LLAMADA A PARTICIPAR DE LA VOCACIÓN RELIGIOSA ES INVITACIÓN ATRACTIVA   285

27      MONJA CARMELITA. 292

27.1        MONJA DE CLAUSURA. 292

28      CAMINO AL CARMELO Y SU IDEAL DE CARMELITA. 305

28.1        SEGUIR A CRISTO CON FIDELIDAD. 305

28.2        ÉL (JESÚS) QUERÍA QUE FUESE CARMELITA.. 313

28.3        INCERTIDUMBRES EN EL CAMINO AL CARMELO.. 323

28.4        TIEMPO DE VACILACIONES, CARMELITA U OTRA CONGREGACIÓN.. 330

28.5        ENTRE EL CARMEN Y EL SAGRADO CORAZÓN. (1919) 333

28.6        RAZONES PARA SER CARMELITAS Y PORQUÉ EL MONASTERIO DE LOS ANDES. 340

28.7        CAMINO AL CARMELO.. 347

28.8        “SÓLO EN DIOS MI CORAZÓN HA DESCANSADO”. 350

28.9        EN DIOS TE DOY ETERNA CITA.. 356

28.10      CREO QUIERE DIOS SEA CARMELITA. 367

29      LA MADRE ANGÉLICA TERESA DEL SMO. SACRAMENTO.. 372

29.1        LA IMPORTANCIA Y LA INFLUENCIA QUE TUVO EN JUANITA FERNÁNDEZ SOLAR  372

29.2        CARTAS A LA REVERENDA MADRE ANGÉLICA TERESA.. 381

30      EN EL CARMELO, EL CIELO EN LA TIERRA DE TERESA DE LOS ANDES. 401

30.1        EL CARMELO ES UN CIELO. 401

30.2        DESEOSA DE TRANSMITIR SU EXPERIENCIA DE DIOS EN EL CARMELO. 406

30.3        MIS ESFUERZOS TODOS SE DIRIGEN A SER UNA SANTA CARMELITA. 410

30.4        EL HÁBITO CARMELITA.. 411

30.5        LA VOCACIÓN DE LA CARMELITA ES TODA FUNDADA EN EL AMOR. 423

31      DIRECCION ESPIRITUAL. 431

31.1        SANTA TERESA DE JESÚS Y LOS CONFESORES. 431

31.2        SU EXPERIENCIA MÍSTICA.. 435

31.3        EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA, RECONCILIACIÓN Y LA DIRECCION ESPIRITUAL  439

31.4        SU RELACION CON LOS SACERDOTES. 444

32      CARTAS A SUS CONFESORES. 455

32.1        LAS CARTAS SON UN VERDADERO AUTORRETRATO DE SU ALMA. 455

32.2        CARTAS AL PADRE JOSÉ BLANCH. 457

32.3        CARTAS AL PADRE JULIÁN CEA, CMF. 475

32.4        CARTAS AL P. ARTEMIO COLOM, S.J. 486

32.5        PRIMERA Y ÚNICA CARTA AL PADRE ANTONIO Ma FALGUERAS. 498

33      OFRENDA POR LOS SACERDOTES. 504

33.1        QUE TODOS SEAN SEGUIDORES DE JESUCRISTO SIN DOBLEZ. 504

33.2        OFRECIMIENTO POR LOS SACERDOTES, PARA QUE SE SANTIFIQUEN. 508

34      CAMINO A LOS ALTARES, CRONICA DEL PROCESO DE CANONIZACIÓN. 514

34.1        AL ABRAZO DEL PADRE. 514

34.2        LA CONVICCIÓN DE QUE ELLA YA ES SANTA Y QUE DEBE INICIARSE EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN. 515

34.3        SUS MILAGROS. 520

35      EPILOGO.. 523

36      POESIA DEDICADA A SANTA TERESA DE LOS ANDES. 528

 

 

 


 

1     AGRADECIMIENTOS

A la mística Santa Teresa de Jesús de Los Andes, mi hermana espiritual desde mi juventud, por revelarme los secretos de su camino a lo Alto del Monte, “Donde Mora la Gloria y la Honra de Dios”.

A las Madres Carmelitas Descalzas (de Chile) Monasterio del Espíritu Santo de Los Andes, Sagrado Corazón de Jesús de Vińa del Mar, San Rafael de Santiago, Santísima Trinidad, Lagunillas-Casablanca que me animaron a dar conocer cada vez más a Santa Teresa de Jesús de Los Andes.

A las Madres Carmelitas Descalzas (de Chile) Monasterios Santa Teresa de Talca, Jesús, María y José de San Bernardo, Santa María Madre de la Iglesia de Puangue, A las Madres Carmelitas Descalzas de Bani (República Dominicana), La Habana (Cuba), Toro, Guecho, Zaragoza, Valladolid y Medina del Campo en Espańa, con las que tuvimos jornadas de Santa Teresa de Jesús de Los Andes.

A los Frailes Carmelitas Descalzos de Chile que me animaron en esta tarea.

A los Frailes Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra y la Provincia Ibérica en  Espańa, que me siguen animando a dar a conocer a Santa Teresa de Los Andes.

A mis amigos y hermanos Carmelitas Seglares de Panamá, Costa Rica, Cuba, Santo Domingo y Espańa, que por esta tarea estamos siempre en comunión  de oraciones.

A Lola Poveda Piérola, mi buena amiga que se dio la gran tarea de leer todo este libro y me aconsejo como prepararlo.

Al “CITES”, Universidad de la Mistica de Ávila, que se ha esforzado en preparar y fomentar Talleres para exponer sobre la Vida y Obra de Santa Teresa de Los Andes.

Pedro Sergio Donoso Brant

2     PRESENTACIÓN

 

Este texto, es una presentación pedagógica y cercana de la vida, testimonio y mensaje de Santa Teresa de Jesús de los Andes. Presenta un desarrollo progresivo, según el crecimiento de Teresa, en la comprensión e identificación con Cristo. El lenguaje es sencillo y de fácil lectura y da pie a profundizar en el tema según los grupos con que se trabaje y aún en la lectura personal. Es fiel al desarrollo espiritual seguido al ritmo de sus textos, especialmente de la misma santa, y con el adecuado apoyo en los estudios que se han hecho los escritos.

Fr. Rómulo Cuartas Londońo OCD

Ávila, Espańa 2017

 

Durante el Congreso de Santa Isabel de la Trinidad, en el CITeS, Ávila, noviembre de 2016, Pedro Donoso Brant me facilitó el manuscrito de este libro para que le diera mi opinión. Me parece que es buen libro y creo que ayudará mucho a los lectores para conocer a esta joven santa carmelita chilena.

 

Fr. Ciro García OCD

Ávila, noviembre de 2016

 

Pedro Donoso Brant, es un incansable presentador de santa Teresa de Los Andes. Y esta vez ha tomado la ruta de san Juan de la Cruz, para decirnos que nuestra santa chilena siguió el sendero sanjuanista, para llegar a la cima del monte de la perfección. Ese monte lógicamente va a ser la subida a la altura del Monte Carmelo, "donde solo mora la gloria y honra de Dios". Pedro ha recorrido la vida y las obras de Teresa de Los Andes y ha ido colocando sus senderos, sus indicaciones, sus flores, sus espinas, sus alegrías y sus amores, mirando al Monte de la perfección. Y sabe que en ese monte la "gloria y la  honra de Dios" se traducen en amor. Y sabe también que Dios es un amor que se da. No exige amor, da amor, provoca amor. Pedro sigue predicando y presentando a nuestra hermana Teresa de Jesús Los Andes. Ella tiene mensaje para amar a Dios, en la cima del monte de la perfección de Juan de la Cruz, para todos los caminantes buscadores de Dios, para fundirse en un abrazo eterno.

Fr. Félix Málax OCD.

Vitoria, Espańa 2019

 

En 2019 se han cumplido cuarenta ańos de mi llegada a Chile, aunque en estancias siempre relativamente cortas. He estado en el Santuario de Santa Teresa de los Andes y he constatado lo que su presencia significa en las peregrinaciones que no cesan. Reconozco que, como laica, nunca me sentí atraída por su breve vida y su fugaz partida carmelitana. Pero leyendo en Juan de la Cruz que el estilo del hacer de Dios es “de una vez y para siempre” y el del hombre el ir “paso a paso”, volví de nuevo la mirada hacia esta santa transandina. Y ahí estaban los textos de Pedro Donoso, desplegando el calidoscopio de un ser, en verdad, poco común. Ha sido a través de esta abundante selección de su Diario y Cartas que Pedro, generosamente, nos ofrece, donde he encontrado el motivo de su atracción: en ella «la inmediatez» de Dios y su breve «paso a paso» coinciden. Envidiable. Eco, sin duda, del «humano y divino junto» de la gran Teresa de Jesús que se ha prolongado en esta no menos grande Teresa de Jesús de los Andes. Espero que este texto siga “engolosinándonos” en el universal camino “de la unión con Dios” que, como vocación humana, los santos del Carmelo tan bien han conocido, vivido y mostrado.

Lola Poveda

Nívar (Granada) julio 2019

3     PROLOGO

3.1         “DONDE MORA EN ESTE MONTE LA GLORIA Y HONRA DE DIOS”[1]

Santa Teresa de Los Andes Subió a Morar en la Casa De Dios

Canta el salmista; “Una cosa he pedido al Seńor, una cosa estoy buscando: morar en la Casa del Seńor, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Dios”[2] Me parece que el salmista desea la misma dulzura de amor a que se refiere San Juan de la Cruz cuando dice; “como tienen el paladar de la voluntad sano y el espíritu limpio y bien dispuesto para Dios, y en lo que está dicho se les da a gustar algo de la dulzura del amor”. [3]

Canta el salmista; “Sí, dicha y gracia me acompańarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa del Seńor a lo largo de los días”.[4] También canta; “Seńor, la belleza de tu Casa, el lugar de asiento de tu gloria”.[5] San Juan de la Cruz anota en la cima de su grafico del Monte, “Donde mora en este monte la gloria y honra de Dios”.

Dice el Seńor; “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. “En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar”.[6] Esta es una dosis de optimismo de Cristo para sus discípulos, que no haya “turbación” para que no les llegue la desorientación, que nada les espante y no erren él camino. Y si “creéis en Dios, creed también en mí”. dice el Seńor, que “crean” en El cómo el Hijo de Dios. La enseńanza no es que el cielo sea para unos pocos; tiene una inmensa capacidad; allí cabemos todos. Precisamente Él va al cielo como Hijo a la casa de su Padre, va a “prepararnos un  lugar”.

Con referencias a esta mansiones o moradas, acota San Juan de la Cruz  en Cantico Espiritual que “allí están todos los manjares, esto es, todas las grandezas que puede gustar el alma”[7]  y en Llama de amor seńala; “De donde podemos decir que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros puede tener en Dios, uno más adentro que otro; porque el amor más fuerte es más unitivo, y de esta manera podemos entender las muchas mansiones que dijo el Hijo de Dios[8] haber en la casa de su Padre”.[9]

Santa Teresa de Jesús de Los Andes, tomo el camino para subir  a lo Alto del Monte.

Canta el salmista; “clamo hacia el Seńor, y él me responde desde su santo monte[10] y también canta; “żquién morará en tu tienda?, żquién habitará en tu santo monte?”.[11]

En el argumento de Subida del Monte Carmelo, antes de exponer su canción de “Noche Oscura”, San Juan de la Cruz dice que; “Toda la doctrina que entiendo tratar en esta Subida del Monte Carmelo está incluida en las siguientes canciones, y en ellas se contiene el modo de subir hasta la cumbre del monte, que es el alto estado de la perfección, que aquí llamamos unión del alma con Dios”. En que canta el alma la dichosa ventura que tuvo en pasar por la oscura noche de la fe, en desnudez y purgación suya, a la unión del Amado.

Canta el salmista; “żQuién subirá al monte del Seńor?, żquién podrá estar en su recinto santo? El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma”. [12]

No me cabe la menor duda que Santa Teresa de Jesús de los Andes, tomo el camino para subir  a lo alto del Monte, para vivir eternamente en ese recinto santo, joven de manos limpias y pura de corazón. Ciertamente que ella fue un alma que podía decir cómo su Santo Padre San Juan de la Cruz al Esposo “Vámonos a ver en tu hermosura, al monte, es decir: transfórmame y aseméjame en la hermosura de la Sabiduría divina, que, como decíamos, es el Verbo Hijo de Dios”.[13]

En Subida a Monte Carmelo dice el Santo que si el alma persevera fiel y desprendida, el Seńor irá dándole más y más, promocionando gradualmente hasta la divina unión y transformación, así lo enuncia; “En las cuales mercedes, si todavía el alma fuere fiel y retirada, no parará el Seńor hasta subirla de grado en grado hasta la divina unión y transformación”.[14] Pero para llegar a esta unión, deberá pasar de grado en grado (cada grado es una etapa) de mansión en mansión que son siete, hasta que la meta en la bodega de vino[15] de su perfecta caridad, que son los siete grados de amor. [16]

Subir al Monte para hablar a Dios

San Juan de la Cruz, nos ha presentado un monte que es el “Monte de Dios”, “Donde mora en este monte la gloria y honra de Dios”.

En el capítulo 5 de Subida del Monte Carmelo, San Juan de la Cruz nos habla de lo necesario que es para el hombre subir a hablar a Dios y como debe subir desprendido de todo, no llevar consigo nada, nada. Aquí pone el ejemplo de Moisés tomando el mandato que le hace Dios; “Prepárate para subir mańana temprano al monte Sinaí; allí en la cumbre del monte te presentarás a mí. Que nadie suba contigo, ni aparezca nadie en todo el monte. Ni oveja ni buey paste en el monte.[17] Antes de subir al monte y comunicarse con Dios, Moisés debe desprenderse de todo, debe subir solo, no debe llevan nada, nada. Con “suma desnudez y vacío de espíritu”,[18] vacío de todo lo que no es necesario para ser acogido por Dios.

Más adelante el santo hace una síntesis, todo hombre que quiere subir a este monte a hacer de sí mismo altar en él, en que ofrezca a Dios sacrificio de amor puro y alabanza y reverencia pura, que, primero que suba a la cumbre del monte, ha de haber perfectamente hecho las dichas tres cosas. Lo primero, que arroje todos los dioses ajenos, que son todas las extrańas aficiones y asimientos. Y lo segundo, que se purifique del dejo que han dejado en el alma los dichos apetitos con la noche oscura del sentido que decimos, negándolos y arrepintiéndose ordinariamente. Y lo tercero que ha de tener para llegar a este alto monte es las vestiduras mudadas.[19]

La cúspide del monte es la cima de las aspiraciones humanas en la búsqueda y encuentro de Dios. (Fr. Efrén de la Madre de Dios OCD).

“Decía el Santo Padre San Juan de la Cruz: “Si el hombre busca a Dios, mucho más le busca su Amado a él”.[20] Santa Teresa de Los Andes, fue una joven que se entregó  de verdad a Dios, y no se resistió a su llamado ni menos a su encuentro. Ella nos invita a guiarnos por la fe, la esperanza y el amor de Dios, que es “Alegría Infinita” y con esa dulzura que tuvo, nos anima a subir a lo Alto del Monte Donde mora en este monte la gloria y honra de Dios.

Pedro Sergio Donoso Brant


 

 

4     VIDA DE SANTA TERESA DE LOS ANDES

4.1         CRONOLOGÍA DE LA VIDA Y SU CAMINO A LOS ALTARES.

1900

Nacimiento y Bautismo

13 de julio: Juanita Fernández Solar nace en Santiago de Chile, en la residencia de su abuelo materno, calle Las Rosas 1352. Hija de don Miguel Fernández Jaraquemada y de dońa Lucía Solar Armstrong de Fernández.

15 de julio: Es bautizada en la Parroquia de Santa Ana por el Presbítero Baldomero Grossi. Sus padrinos son don Salvador Ruiz-Tagle García Huidobro y dońa Rosa Fernández de Ruiz-Tagle (hermana de don Miguel).

La familia veranea en la Hacienda de Chacabuco descansando largas temporadas hasta 1917.

1906

Va al colegio

Juanita asiste al colegio de las Teresianas en la calle Santo Domingo, sólo acude un mes. Allí aprende leer. Juanita desea comulgar, lo que no le permiten por su corta edad.

16 de agosto: un terremoto destruye Valparaíso y Vińa del Mar.

1907

Juanita ingresa al colegio ubicado en la Alameda, el Externado del Sagrado Corazón en Santiago. Su director espiritual es el Padre Artemio Colom, jesuita.

13 de mayo: fallece su abuelo materno don Eulogio Solar Quiroga. • Rematan la Hacienda de Chacabuco, dońa Lucía se queda con una hijuela, la de “Los Bańos”.

La familia Fernández Solar se traslada a la calle Santo Domingo 1652.

Juanita promete rezar todos los días el rosario. Ella hace su primera confesión.

1909

Confirmación y Primera Comunión

22 de octubre: Juanita recibe el sacramento de la confirmación.

1910

11 de septiembre: Juanita hace su primera comunión.

12 de octubre: nace su hermano Ignacio.

Los Fernández se cambian de residencia a la calle Ejército 475.

1914

Lee Historia de un alma a Teresita del Nińo Jesús

Diciembre: ataque de apendicitis.

Juanita siente el primer llamado al Carmelo.

1915

A mediados de ańo ingresa al internado del Sagrado Corazón de Maestranza con su hermana Rebeca.

Inicia su Diario.

8 de diciembre: Juanita hace por la primera vez voto de castidad, prometiendo “no admitir otro Esposo sino a mi Seńor Jesucristo, a quien amo de todo corazón y a quien quiero servir hasta el último momento de mi vida”.

1916

15 de abril: Juanita revela a Rebeca el secreto de su vocación.

1917

3 de enero: ofrece su vida a Dios por salvar a su hermano Lucho de sus dudas religiosas.

22 de febrero: al fin de las vacaciones de verano, Juanita deja Chacabuco por la última vez.

Lee libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús

Nuevo director espiritual: Padre José Blanch, claretiano.

Abril: encuentro con el P. Blanch que le habla del Carmelo de Los Andes donde han fallecido 3 hermanas. Juanita tiene la convicción de que el Seńor la llama a entrar en este Carmelo.

15 de junio: recibe la Medalla de Hija de María (distinción máxima de su colegio).

Se remata la hijuela de Chacabuco. Cambia de residencia: Vergara 92.

Julio: Juanita lee a Sor Isabel de la Trinidad.

Agosto: hace confesión general, le aseguran que nunca ha cometido pecado mortal.

5 de septiembre: escribe por primera vez a la Priora de Los Andes, expresándole sus deseos de ser carmelita. Pide fortaleza a Dios para superar las dificultades para entrar al Carmelo: salud débil, incomprensión familiar y problemas económicos para obtener la dote.

15 de noviembre: gracia mística. Jesús abre su corazón a Juanita, le revela su amor y le dice que le ha escogido como víctima.

Diciembre: obtiene numerosos premios en el colegio.

1918

Juanita veranea en Algarrobo: Forma un coro para la capilla y hace catecismo.

12 de agosto: se casa su hermana Lucía. Juanita la reemplaza como dueńa de casa.

7 de septiembre: escribe a la priora de Los Andes para que la admita en el convento. Recibe respuesta afirmativa.

Lee Camino de Perfección de Santa Teresa de Jesús.

Es invitada a Cunaco, al fundo de sus primas Valdés Ossa. Colabora en las misiones. Uno de les sacerdotes misioneros la ve en éxtasis en la capilla.

Dudas al respecto de su vocación: żCarmelita o religiosa del Sagrado Corazón?

1919

Quiere ser carmelita

11 de enero: en compańía de su madre viaja a Los Andes a entrevistarse con la priora. Desde ese momento sus dudas desaparecen.

Lee a San Juan de la Cruz

27 de enero: Lee en la mańana la "Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz

25 de marzo: Solicita permiso a su padre para irse al Carmelo.

6 de abril: su padre, conmovido, le concede el permiso.

Abril: Juanita se prepara para ingresar al Carmelo; pero sufre lo indecible por tener que abandonar a su familia que ella tanto ama.

7 de mayo: ingresa al monasterio de Los Andes.

Cambia su nombre por el de Teresa de Jesús. Sufre la separación de los suyos, pero experimenta también paz y alegría por haber abandonado todo y a todos por amor a Cristo.

Cumple la Regla del Carmelo con humildad y amor. Se ofrece para realizar las labores más molestas y hasta las más desagradables.

Sus cartas irradian felicidad; ellas arrastrarán a muchas amigas a la vida religiosa.

14 de octubre: toma el hábito de Carmelita Descalza, comenzando su noviciado.

Teresa, que tiene un vínculo espiritual fuerte con su priora, sufre de la incomprensión y de las numerosas correcciones de la hermana pedagoga (que ayuda a la priora para el noviciado).

Varias pruebas espirituales: tentaciones del demonio, sequedades en la oración. Teresa sigue en el don de sí misma a Cristo en la fidelidad a cumplir la Regla del Carmelo.

8 de diciembre: voto de esclavitud mariana (hecho con sor Isabel de la Trinidad).

1920

Se prepara para ir al cielo.

Primeros días de marzo: Teresa asegura al Padre Avertano, confesor de la comunidad, que dentro de un mes morirá. Pide licencia para hacer penitencias extraordinarias. El confesor no le permite y le dice que siga observando la Regla.

14 de marzo: visita del P. Blanch. Teresa le pide con insistencia recuperar y quemar su Diario que ella había dejado a su madre (lo que no será hecho).

1° de abril: Jueves Santo. Teresa empieza su Vía Crucis siguiendo a Cristo. Pasa casi todo el día en el coro hasta la una de la madrugada del día siguiente.

2 de abril: Viernes Santo. Al alba parte al coro. A mediodía reza el Vía Crucis y participa en el ejercicio de las Tres Horas. Su maestra la sorprende con el rostro encendido por la fiebre.

3 de abril: Teresa sufre terribles dolores.

5 de abril: pide confesarse y comulgar. Sufre terribles tentaciones de desesperanza; el demonio trata de persuadirla que es rechazada por Dios por razón de sus pecados.

6 de abril: llega su madre con una licencia del Nuncio apostólico para que Teresa pueda salir de la clausura del monasterio para ir en un hospital en Santiago. Pero la priora responde que Teresa no aceptaría la perspectiva de morir fuera del monasterio (y así fuera de la Orden del Carmelo, ya que era novicia). La madre de Teresa entiende que el Seńor le pide la ofrenda de su hija.

Hace profesión religiosa.

7 de abril: Teresa hace profesión religiosa in articulo mortis. Los médicos diagnostican un tifus avanzado. Teresa comulga por la última vez.

Teresa va al cielo.

12 de abril: Teresa fallece a las 19:15.

14 de abril: funerales de Teresa. La capilla del convento es invadida por la gente de Los Andes. Dicen que vienen para ver la santita que se ha muerto de amor. Teresa es sepultada en el cementerio del convento.

23 de noviembre: Rebeca, hermana de Teresa, ingresa al Carmelo de Los Andes, entendiendo que el Seńor le pide para tomar el lugar dejado por Teresa. Toma el nombre de sor Teresa del Divino Corazón. Fallecerá el 31 de diciembre de 1942 con fama de santidad.

 


 

5     “UNA LLAMADA QUE SE HACE EXISTENCIA”

5.1         UN LIRIO EN EL CARMELO

De los cinco libros que he preparado para celebrar el “Centenario de su partida al cielo”, este es el primero que inicié, no obstante lo dejé para el final. Confieso que me he edificado mucho estudiando la doctrina y el mensaje espiritual de Teresa de Jesús de Los Andes.

Cuando fui un adolescente, a los 14 ańos[21], mi padre me envió a estudiar internado a una escuela localizada en la Hacienda San Vicente, que está a las afueras de la ciudad de Los Andes y cada fin de semana pasaba obligadamente por las puertas del antiguo Monasterio del Espíritu Santo. Mi padre me encargaba que antes de ir a la escuela, pasara a saludar a Sor Teresa de Jesús. Esta fue la primera aproximación que tuve con la que hoy es nuestra primera santa chilena.

Tuve en aquella oportunidad la felicidad de recibir un ejemplar de un resumen de la vida de Sor Teresa, “Un Lirio en el Carmelo”, que me lo paso a modo de préstamo una religiosa, para consolarme por no poder entrar a la capilla debido a la hora que era. El librito, se desarmaba casi por completo, parecía que había pasado por muchas manos, porque la religiosa me encargo; cuando termine de leerlo me lo devuelves para que otra persona lo lea. No había en esa época, máquinas para hacer una copia y no tenía en ese minuto la voluntad para escribir una copia en un cuaderno, algo que alguien me propuso. Con todo, con lo que leí, recuerdo que me dejo un gran interés por conocer más el camino de amistad que ella hizo con Jesús y su intimidad con Dios, por lo que he atesorado todos estos ańos, al ser un lector asiduo a sus escritos.

Diario y Cartas, un baúl de sorpresas.

Es así, como creo que el Diario y Cartas de Teresa de Los Andes, son un baúl de sorpresa que atrapa el corazón de todos los que nos hemos aproximado a sus escritos y es así como me he animado en este libro para compartir mis reflexiones de lo que me dice ella con sus palabras.

Nota sobre este libro.

Temática

Para este libro he seleccionado los temas que me parecen interesante para conocer el camino a lo Alto del Monte de Santa Teresa de Los Andes. Todos fueron partes de talleres, retiros y reflexiones con Madres Carmelitas Descalzas, Frailes Carmelitas, Seglares Carmelitas y personas interesadas en conocer a esta joven santa carmelita. Las ciudades donde he dado estos talleres han sido en La Habana (Cuba), Ciudad de Panamá, (Panamá); Bani y Santo Domingo (República Dominicana); Puangue, San Bernardo y Talca (Chile); Medina del Campo, Valladolid, Toro, Vitoria, Pamplona, Bilbao, Zaragoza y Ávila en Espańa.

Algunas reflexiones escritas en este libro  están más de una vez, pero cada una está en lo posible en el contexto del tema que se relata.

żJuanita Fernandez Solar o Teresa de Jesús de Los Andes?

Juanita y Teresa son dos nombres de la misma persona. Desde que entró en el convento, siguiendo la costumbre tradicional, cambio su nombre llamándose Teresa de Jesús. Finalmente para distinguirla de Santa Teresa de Jesús (Ávila) y de Santa Teresita de Lisieux, se la conoce ahora como Santa Teresa de Jesús de los Andes. En este libro, utilizo los dos nombres.

La Santa también según la época de sus escritos, firma sus cartas como Juana, Juan H de M (Hija de Maria), Teresa de Jesús y Teresa de Jesús carmelita.


 

6     SE HA CONVERTIDO EN "LUZ EN EL SEŃOR

"La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Seńor mira el corazón (1 Samuel 16, 7).

Santa Teresa de Jesús de Los Andes es una joven maestra para el alma de muchos jóvenes de hoy, que todos los ańos peregrinan en gran número hasta su santuario con una alegría que emociona. Se han hecho cálculos de en la peregrinación anual, caminan más de 50.000 jóvenes a lo largo de casi 30 km.

Teresa, con su ejemplo de vida, nos hace ver como Dios transforma el corazón cuando le dejamos habitar en él.

Necesidad de difundir sus escritos.

Me parece conveniente difundir sus escritos, Diario y Cartas, ya que en ellos podemos descubrir una notable doctrina espiritual que es una lección para todos los que deseamos ir a la zaga de Nuestro Seńor Jesucristo.

No obstante, es necesario aclarar que Teresa de los Andes, no es una escritora profesional y todo cuanto escribió, no lo hizo para dar a conocer al mundo su espiritualidad, puesto que incluso tenía dentro de sus planes destruir su Diario, y así se lo pidió a su confesor el Padre Blanch poco antes de morir.  Gracias a Dios, esto no ocurrió y su madre lo guardó respetuosamente e incluso no lo leyó.

Es así, como para esta ocasión preparé una selección de los párrafos de la vida de Santa Teresa de los Andes que más me han impresionado. Me pareció adecuado escribir sobre ella, comentar su vida y dejar que ella misma hable. Eso es lo que trate de hacer y que ahora comparto en este libro.

El Diario, la historia de su alma.

El Diario[22] de Teresa de Los Andes es la historia de su alma y lo comenzó a escribir el 2 de septiembre de 1915, a la edad de 15 ańos. Ella se lo dedica a la Madre Julia Ríos, religiosa del colegio del Sagrado Corazón donde hizo sus estudios secundarios. Escribe Teresa:

“Madre querida: Ud. cree que se va a encontrar con una historia interesante. No quiero que se engańe. La historia que Ud. va a leer no es la historia de mi vida, sino la vida íntima de una pobre alma que, sin mérito alguno de parte de ella, Jesucristo la quiso especialmente y la colmó de beneficios y de gracias. La historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar".[23]

Cartas, autorretrato de su alma.

Las “Cartas” o el “Epistolario de Teresa de Los Andes contienen 164 escritos. Se sabe que 118 son originales y el resto son copias rescritas por su hermana menor Rebeca cuando también era ya monja carmelita.

Cabe destacar, que este epistolario es más que suficiente para conocer cómo fue Teresa, una joven sensible, humana y muy espiritual. Ambos documentos, Diario y Cartas, son un verdadero autorretrato de su alma, es decir, ella nos dejó en cada frase escrita, un fascinante retrato de ella misma. En efecto, las páginas escritas por Teresa la reflejan tal como fue, una joven pura, sensible, afectuosa, con un trato muy tierno hacia todas las personas a las que escribió, su familia, amigas y confesores.

Canonizada por Juan Pablo II, "Luz en el Seńor".

Beatificada por Juan Pablo II en Santiago de Chile el 3 de abril de 1987, fue canonizada el 21 de marzo de 1993 por el mismo Juan Pablo II en San Pedro, Roma. Ese día, IV domingo de Cuaresma, en la homilía dedicada a Teresa de Los Andes, el Papa comentó sobre el evangelio de San Juan, donde Jesús no dice: “Yo soy la luz del mundo" (Jn 8, 12) El que me siga… tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12) Y El Apóstol (segunda lectura del día): "sois luz en el Seńor. Vivid como hijos de la luz". (Ef. 5, 8).

El papa dijo que esta hija de la Iglesia se ha convertido en "luz en el Seńor", que esta hija de la luz se distinguió como testigo de Cristo en el nuevo mundo (América). Era el ańo que se celebraba el V Centenario de la evangelización del gran continente americano.

Dijo el Papa: “recogemos una flor espléndida suscitada por la buena nueva y por la gracia del santo bautismo entre las poblaciones de esa "tierra nueva"… y ańadió: “Luz de Cristo para toda la Iglesia chilena es Sor Teresa de Los Andes, Teresa de Jesús, carmelita descalza y primicia de santidad del Carmelo teresiano de América Latina”.

Comparando el relato de la primera lectura de ese domingo IV de Cuaresma, Libro de Samuel, dijo el Papa que la figura de Teresa sobresale no por "su apariencia ni su gran estatura". "La mirada de Dios – nos dice el libro sagrado – no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Seńor mira el corazón (1 Sam 16, 7).

Por eso, en su joven vida de poco más de 19 ańos, en sus once meses de carmelita, Dios hizo brillar en ella de modo admirable la luz de su Hijo Jesucristo, para que sirva de faro y guía a un mundo que parece cegarse con el resplandor de lo divino. A una sociedad secularizada, que vive de espaldas a Dios, esta carmelita chilena, que con vivo gozo presento como modelo de la perenne juventud del Evangelio, ofrece el limpio testimonio de una existencia que proclama a los hombres y mujeres de hoy que en el amar, adorar y servir a Dios están la grandeza y el gozo, la libertad y la realización plena de la criatura humana. La vida de la bienaventurada Teresa grita calladamente desde el claustro: ˇSólo Dios basta!

Y lo grita especialmente a los jóvenes, hambrientos de verdad y en búsqueda de una luz que dé sentido a sus vidas. A una juventud solicitada por los continuos mensajes y estímulos de una cultura erotizada, y a una sociedad que confunde el amor genuino, que es donación, con la utilización hedonista del otro, esta joven virgen de Los Andes proclama hoy la belleza y bienaventuranza que emana de los corazones puros. [24] 

Amar, sufrir, orar, servir.

Juan Pablo II continúa destacando en su homilía que, en su tierno amor a Cristo, Teresa encuentra la esencia del mensaje cristiano: amar, sufrir, orar, servir. En el seno de su familia aprendió a amar a Dios sobre todas las cosas. Y al sentirse posesión exclusiva de su Creador, su amor al prójimo se hace aún más intenso y definitivo. Así lo afirma en una de sus cartas: "Cuando quiero, es para siempre. Una carmelita no olvida jamás. Desde su pequeńa celda acompańa a las almas que en el mundo quiso" (Carta, agosto 1919).

Su encendido amor lleva a Teresa a desear sufrir con Jesús y como Jesús: "Sufrir y amar, como el cordero de Dios que lleva sobre sí los pecados del mundo" – nos dice –. Ella quiere ser hostia inmaculada ofrecida en sacrificio continuo y silencioso por los pecadores. "Somos corredentoras del mundo – dirá más adelante – y la redención de las almas no se efectúa sin cruz" (Carta, septiembre 1919).

La joven santa chilena fue eminentemente un alma contemplativa. Durante largas horas junto al tabernáculo y ante la cruz que presidía su celda, ora y adora, suplica y expía por la redención del mundo, animando con la fuerza del Espíritu el apostolado de los misioneros y en, en especial, el de los sacerdotes. "La carmelita – nos dirá – es hermana del sacerdote" (Carta de 1919). Sin embargo, ser contemplativa como María de Betania no exime a Teresa de servir como Marta. En un mundo donde se lucha sin denuedo (descanso) por sobresalir, por poseer y dominar, ella nos enseńa que la felicidad está en ser la última y la servidora de todos, siguiendo el ejemplo de Jesús, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en redención de muchos. (cf. Mc 10, 45).

Ahora, desde la eternidad, santa Teresa de Los Andes continúa intercediendo como abogada de un sin fin de hermanos y hermanas. La que encontró su cielo en la tierra desposando a Jesús, lo contempla ahora sin velos ni sombras, y desde su inmediata cercanía intercede por quienes buscan la luz de Cristo.

Ese día del tiempo de Cuaresma de la canonización, las palabras del Papa Juan Pablo II en la homilía: “Cristo es la luz del mundo y quien lo sigue tendrá la luz de la vida”, estaban muy bien dedicadas a Teresa de los Andes.

żQué méritos tiene para llegar a los altares?

Viendo que Teresa no hizo obras espectaculares ni alcanzó a cumplir los 20 ańos, muchos se preguntan qué méritos tiene para llegar a los altares.

Esos que se preguntan, deben saber que la santidad - a la que todos los bautizados estamos llamados- se alcanza tratando de cumplir siempre y en toda la voluntad de Dios en el puesto que a cada uno le toca ocupar en la vida. No es, pues, lo importante el papel o misión que uno tiene encomendado, sino con el carińo y el amor con que lo desempeńa. Es como otras jóvenes que llegaron a la santidad, con pequeńas cosas, pero hechas con amor.

Dios, dueńo absoluto de todo, no necesita de nuestras obras. Busca solamente nuestro amor, porque -como nos hizo libres- podemos negárselo, prefiriendo nuestros planes a los suyos. Y cómo podemos incluso estropear nuestras buenas obras actuando egoístamente, no mira Dios su grandeza o pequeńez, sino el amor con que las practicamos. Y así será, como dice nuestro santo padre San Juan de la Cruz, “a la tarde de la vida, nos examinaran del amor”, del que supimos dar en nuestra vida, en especial, a los que más nos necesitan.

San Pablo escribe a los Corintios (1 Cor 12 y 13) una carta muy consoladora y estimulante para una buena mayoría de cristianos cuya existencia se consume en situaciones muy penosas y difíciles, para que se animen a ser fieles al Seńor en los oscuros deberes de su rutinario vivir. Porque, si han sido auténticos, verán a su hora las obras que han hecho por Cristo más que muchos que ocuparon puestos de responsabilidad en la Iglesia e hicieron obras llamativas, a pesar de que la historia les dedique muchas páginas; por aquello de que, aunque uno traslade montańas o se deje quemar vivo, si actúa sin amor, es decir interesadamente, buscándose a sí mismo, de nada le sirve.

Su camino a la santidad.

Algunos de sus pensamientos, nos hablan de su camino a la santidad:

“Quiero que vivas siempre con Dios en el fondo de tu alma... Tienes que poseer a Dios para darlo a las almas”.[25]

“A mí desde chica (pequeńa) me decían que era la más bonita de mis hermanos”.[26]

“En 1906 fue cuando Jesús principió a tomar mi corazón para Sí”. [27]

“Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Pero mi devoción especial era la Virgen. Le contaba todo. Sentía su voz dentro de mí misma”. [28]

 “En 1913 tuve una fiebre espantosa. Nuestro Seńor me llamaba para Sí. A los 14 ańos me envío una apendicitis, lo que me hizo oír su voz querida, que me llamaba para hacerme su esposa más tarde en el Carmelo”. [29]

“Nos dijeron que entraríamos de internas. Yo creo que jamás me acostumbraré a vivir lejos de mi familia: mi padre, mi madre, esos seres que quiero tanto. ˇAh!, ˇSi supieran cuánto sufro, se compadecerían! Sin embargo, me debo consolar”.[30]

“Todos los días hago mi meditación y veo cuán gran ayuda es para santificarse. Es el espejo del alma. ˇCuánto se conoce en ella a sí misma!” [31]

 “Tomen la resolución de ser todo para todos”. [32]

 


 

7     EL CAMINO DE SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES

7.1         ALCANZO LA SANTIDAD SIENDO MUY JOVEN

Para muchos, Santa Teresa de Jesús de Los Andes es una gran desconocida, para otros, un referente. Escribe Teresa: "Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato”.[33]

Teresa de Jesús de Los Andes, alcanzo la santidad siendo muy joven, y su principal mérito, fue aceptar la voluntad de Dios. A los 14 ańos el Seńor le habló diciéndole que quería su corazón para Él, dándole también la vocación al Carmelo. En todos sus escritos, nos damos cuenta qué fue una carmelita enamorada de Cristo: "Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca".[34] Y su ilusión y su constante empeńo fue asemejarse a Él, configurarse con Cristo. Por eso, deseando llegar a ser una fiel copia suya, vivió decidida a ir hasta el fin del mundo atravesando el fuego si hubiera sido preciso para serle fiel, como ella misma lo dice;

“aunque tenga que atravesar el fuego, con Jesús lo pasaré, si tengo salud…pues es mi salud lo que me hace temer…Si Jesús quiere que sea carmelita, me dará salud para ello”.[35]

Santa Teresa de Jesús de los Andes, fue un joven que amó tiernamente a Jesús, como lo expresa a la Madre Angélica Teresa, del Convento del Espíritu Santo, donde luego vivirá:

“El otro día, viendo el Santísimo manifiesto, me preguntaba por qué no nos volvemos locas de amor por Él.

 ˇAy, Madre, deseo tanto ser toda de Él, entregarme enteramente! ... żCuándo seré carmelita para vivir sino en El, y por Él y para El?”.[36]

Así es, como el Seńor le habló pidiéndole que quería su corazón sólo para Él, y animándola a la vocación al Carmelo.

Dentro de su preparación estuvo la lectura de santos carmelitas como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Santa Teresita de Lisieux. También a partir de los 16 ańos, leyó mucha de las cartas de Sor Isabel de la Trinidad y quiso seguir el mismo ideal de Isabel, conquistar almas para Cristo. Isabel fue canonizada por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

A los 17 ańos expone su ideal carmelita "sufrir y amar"[37] y con ardor defiende su vida contemplativa, que el mundo "tacha de inútil". Le ilusiona saber que su sacrificio servirá para mejorar y purificar al mundo.

Como Carmelita, no alcanzó a vivir ni un ańo entero en el convento. Las religiosas aseguraban que había entrado ya santa. De modo que, en tan corto tiempo, pudo consumar la carrera a la santidad que había iniciado muy en serio mucho antes de su primera comunión.

7.2         VIDA DE TERESA DE JESÚS LOS ANDES

Síntesis de su vida narrada por ella misma 

Escribe en su Diario:[38]

“Nací en l900, el día 13 de julio. Mi mamá se llama Lucía Solar de Fernández y mi papá Miguel Fernández Jara.

Vivíamos con mi abuelito, anciano ya. Se llamaba Eulogio Solar. Se puede decir que era un santo, pues todo el día se le veía pasando las cuentas de su rosario.

Jesús no quiso que naciese como El, pobre. Y nací en medio de las riquezas, regalona de todos.

Yo era la cuarta. La primera se llamaba Lucía, que tenía siete ańos, Miguel el segundo, seis ańos y Lucho, el tercero, tenía tres ańos. Poco después nació la Rebeca; con ańo y ocho meses de diferencia conmigo. Era yo, aunque tan regalona, muy tímida. La Rebeca era lo contrario. Las dos éramos muy regalonas. Hacíamos con mi abuelito lo que queríamos y le engańábamos con besos y caricias. A mí, desde chica, me decían que era la más bonita de mis hermanos y yo no me daba cuenta de ello”

Desde sus 6 ańos, asistía con su madre casi a Diario a la santa misa y suspiraba por la Comunión, que recibió por primera vez el 11 de septiembre de 1910. Desde entonces procuraba comulgar diariamente y pasar largo rato en diálogo amistoso con Jesús.

También desde su nińez vivió una intensa vida mariana que fue uno de los cimientos fuertes de su vida espiritual. El conocimiento y amor de la Madre de Dios vivificó y sostuvo todos los momentos de su camino en el seguimiento de Cristo.

Hizo sus estudios en el colegio del Sagrado Corazón (1907 - 1918). Profundamente afectiva, se creía incapaz de vivir separada de los suyos. Sin embargo, asumió generosamente la prueba de estudiar en régimen de internado los tres últimos cursos, como entrenamiento para la separación definitiva, que consumaría el 7 de mayo de 1919, ingresando en las Carmelitas Descalzas de Los Andes, ciudad que está a unos 70 km de Santiago de Chile y a los pies de la cordillera de los Andes. Cambia su nombre y pasa a llamarse Teresa de Jesús, como la Santa Madre fundadora del Carmelo Descalzo. Cinco meses después, el 14 de octubre del mismo ańo toma el hábito de Carmelita Descalza.

Muere el 12 de abril de 1920 a los 19 ańos y nueve meses. Alcanzo a vivir once meses en el Monasterio de las Carmelita Descalzas.

Partida al cielo.

Se tiene una idea de la causa de muerte de Teresa de los Andes, hay quienes atribuyen que el origen viene de aguas contaminadas de la huerta que había en el convento, entonces habría contraído tifus, sin embargo, creo que esto habría que estudiarlo más, ya que no hay antecedentes de otras monjas contaminadas. Pero también ya había entrado débil de salud al convento. Hay antecedentes de que desde su apendicitis, no gozaba de buena salud.

En marzo de 1920, le confía a su confesor P. Avertaro, que morirá dentro de un mes. Después en Semana Santa, 2 de abril, cae enferma, pero ya antes sentía muy mal, ahí se piensa que puede ser tifus. No obstante, ella continua su vida como si estuviera bien, pues siguió todas las costumbres de su comunidad.

El 5 de abril, solicita los sacramentos de los enfermos, el 6 de abril hace su profesión religiosa” in articulo mortis”, luego la trasladan a la enfermería, se dice que muy alegre, porque hace bromas pidiendo respeto como nueva profesa. 

El 12 de abril, a las 19:15, partirá al cielo con 19 ańos y 9 meses.

La primera Carmelita americana.

Es la primera chilena y la primera Carmelita americana que ha alcanzado el honor de los altares. Ha sido, pues, muy oportuno que el Papa Juan Pablo II la canonizase, porque una santa joven, enteramente normal y equilibrada, sencilla, alegre, deportista, simpática y que amó y vivió plenamente la vida, es un regalo de Dios para una sociedad como la nuestra, con un porcentaje muy elevado de jóvenes. Como enamorada de Cristo, nos contagia a jóvenes y adultos de su amor, que nos impulsa – como a Cristo – a obedecer incondicionalmente al Padre y a vivir para los demás.

Teresa de los Andes, nos convence de que sólo a base de espíritu de superación y de esfuerzo maduraremos y nos realizaremos como personas. También, olvidándose ella de sí misma y sacrificándose por los demás, nos seńala el camino que conduce al equilibrio humano y a la verdadera felicidad.

 

 


 

8     LA FAMILIA

“Tu esposa será como parra fecunda en el secreto de tu casa. Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa”. (Sal 128,3)

La fe cristiana en la familia, como signo vital.

La familia es una comunidad formada para una vida de amor, cuyo propósito es llevar una vida plena y feliz. Pero no siempre hay felicidad total y ello es producto de una serie de dificultades para amarse plenamente entre los miembros de esa familia. Sin embargo, me parece que todo es distinto cuando se tiene el ideal de custodiar el amor familiar.

Ahora, cuando las familias, fundan su comunidad en la experiencia de una vida con los ojos puestos en Cristo, con una participación en la vida de la Iglesia, fortalecido con la fe, la esperanza y por sobre todo en la caridad, esta sostenida frente a cualquier dificultad.

Ningún padre puede argumentar que no posee responsabilidad en incentivar la fe en la propia familia y no solo con relación a sus hijos, sino que, a su esposa, esto es, entre ambos pueden ayudarse y fortalecerse cada día en la fe, para vivir y transmitir ese amor a los demás. Del mismo modo, a medida que los hijos se van formando, ellos pueden ayudar a sus hermanos menores a vivir en la fe.

En mi experiencia, creo que todo esto nace bien cuando se hace imprescindible la oración en familia. En efecto, cuando los nińos ven rezar a sus padres, o cuando sus padres les enseńan a rezar y los invitan a orar, por ejemplo, antes de dormir, a la hora de comer o frente a las dificultades, están cultivando en el interior del alma de sus hijos el amor a Dios. 

Otro aspecto de gran importancia y en la cual los padres impactan a sus hijos, es hacerlos participar en el Sacramento de la Eucaristía, y que además es el centro de la vida cristiana. Ciertamente la familia que comparte la belleza de la Misa dominical, la escucha de la Palabra, y los ritos de la liturgia juntos como familia, es una familia rica en amor.

En el caso de nuestra carmelita, la familia ha sido su mejor escuela para vivir como cristianos y en el amor familiar, la fe cristiana ha sido algo vital y ha influido fuertemente, tanto, como llevar a decidir a esta joven Teresa a enamorarse tanto de Cristo, que optó por hacerlo su eterno esposo. Ciertamente, ese profundo amor familiar, es un factor importante, tanto, que a muchos hijos los motiva al compromiso continuo por conquistar que muchos hombres y mujeres lleguen a conocer a Cristo.

Este artículo nos ayudara a conocer cómo fue Teresa de Jesús de Los Andes en su relación con su familia.

Su padre fue Don Miguel Fernández Jaraquemada. Nació en Santiago, el 17-09-1869, y falleció en Hualańé el 21-08-1923. Su madre fue Dońa Lucía Solar Armstrong, fallecida en Santiago el 12-04-1955. Se casaron en Santiago, el 16-05-1892. De este matrimonio nacieron los hermanos de Juanita, Miguel, Lucía, Luís y Rebeca, Juana.

Miguel, fue poeta, casado con Isabel Moreno y tuvieron dos hijos María Isabel, y Teresa. Lucía, se casó con Isidoro Huneeus y Guzmán, tuvieron dos hijas, Luz y Laura. Luis, fue soltero y Rebeca religiosa.

La historia de su Alma.

Durante el ańo 1917, Juanita Fernández Solar escribe su Diario y se lo dedica a la Madre Julia de los Ríos, quien fue orientadora espiritual de las alumnas del internado del Sagrado Corazón de Santiago. Y le habla a ella (a la Madre Julia) de su vida. Es así como podemos conocer sobre su familia de su propio relato.[39]

“Madre querida: Ud. cree que se va a encontrar con una historia interesante. No quiero que se engańe. La historia que Ud. va a leer no es la historia de mi vida, sino la vida íntima de una pobre alma que, sin mérito alguno de parte de ella, Jesucristo la quiso especialmente y la colmó de beneficios y de gracias.

La historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar". Aquí tiene mi vida entera desde que me di cuenta de todo, es decir, a los seis ańos o antes. Yo sufría, pero el buen Jesús me enseńó a sufrir en silencio y desahogar en El mi pobre corazonci­to. Usted comprende, Madre que el camino que me mostró Jesús desde pequeńa fue el que recorrió y el que amó; y como Él me quería, buscó para alimentar mi pobre alma el sufrimiento.

Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.[40]

Regalona de todos. Mi familia.

Escribe Juanita un relato de su ambiente familiar y en especial la bella imagen de su abuelito materno como hombre santo y juguetón con ella y su hermana:

“Vivíamos con mi abuelito, anciano ya. Se llamaba Eulogio Solar. Se puede decir que era un santo, pues todo el día se le veía pasando las cuentas de su rosario.

Jesús no quiso que naciese como El, pobre. Y nací en medio de las riquezas, regalona de todos.

Yo era la cuarta. La primera se llamaba Lucía, que tenía siete ańos, Miguel el segundo, seis ańos y Lucho, el tercero, tenía tres ańos. En casa de mi abuelito vivía mi tía Juanita Solar con cuatro nińos. Ya se había muerto mi tío Luis Alberto Domínguez. El mayor de mis primos tenía trece ańos y el menor cinco. Vivía también mi tía Teresa Vicuńa, con dos nińos. Uno se había muerto chico. El mayor se llamaba Tomás Bernardo (el nombre de mi tío). La segunda Teresita, tenía ocho ańos. También vivía mi tío Francisco, que era soltero. Tenía 23 ańos.

Poco después nació la Rebeca; con ańo y ocho meses de diferencia conmigo. Era yo, aunque tan regalona, muy tímida. La Rebeca era lo contrario. Las dos éramos muy regalonas. Hacíamos con mi abuelito lo que queríamos y le engańábamos con besos y caricias.

A mí, desde chica, me decían que era la más bonita de mis hermanos y yo no me daba cuenta de ello…Mi carácter era tímido, de un corazón muy sensi­ble. Por todo lloraba, pero tenía un carácter sumamente suave; yo jamás rabiaba con nadie”.[41]

La imagen de santo de su abuelito.

En el siguiente relato, Teresa nos muestra el carińo que tenía por su abuelito, se trata de Don Eulogio Solar.[42]

“Me acuerdo perfectamente cuando nos fuimos al fundo -a Chacabuco- que estaba tan bien. Mi tía Teresa con los dos nińos se fue con él y con nosotros, de quien no se separaba.

Todas las tardes nos hacía subir a caballo, sacando al cara o sello quién sería la primera. Siempre salía la Rebeca. Estaba bien, cuando una noche le vino el ataque de parálisis. Inmediatamente se lo trajo mi tía por tierra a Santiago, donde luego le dijeron que estaba sin remedio. Lo hacían sufrir con los remedios más terri­bles Al fin mi pobre viejito no sabía cómo estaba. El 13 de mayo, día de su muerte, recibió los Sacramentos. Llamó a sus hijos. Los aconsejó Al lado de su pieza estaba el oratorio. Principió a decir­se la misa cuando lo vieron que tenía una cara de espanto y decía quítenlo y se cubría la cara con las manos. Eran las terribles tentaciones del demonio. Mi mamá le echó agua bendita y se fue el diablo. Después, lo tentó otra vez, y se fue para que su muerte fuera como su vida: en paz. Al levantar en la Consagración la San­ta Hostia su alma se voló al cielo sin haberlo notado nadie. Parecía dormido. Su muerte fue la de un santo. Como lo fue su vida”.[43]

Me pasó aquí una cosa digna de contarse.

Mas adelante en la misma nota, nos relata un suceso que impacto mucho en su familia, porque hubo que hacer un gran cambio de la forma de vida que hasta esa fecha llevaban.

“Al poco tiempo remataron la casa y el fundo, que lo dividieron en tres hijuelas. Con la hijuela del medio se quedó don Salvador Huidobro; con la de la cuesta, mi tío Francisco, y [con] la de los Bańos, mi mamá. Con la casa de Santiago se quedó mi tío Eugenio.

Nosotros nos cambiamos a la Calle Santo Domingo casa como la otra, llena para mí de recuerdos muy gratos. Me pasó aquí una cosa digna de contarse. En la noche cuando se nos apa­gaba la luz del cuarto, pero todavía quedaba la luz del cuarto de mi mamita, yo veía aparecer a mi tatacito a los pies de la cama de la Rebeca; pero lo veía nada más que la mitad del cuerpo. Se me apareció ocho días seguidos. Yo me moría de susto y me pasaba a la cama de la Rebeca. Desde allí no lo veía.

Cuando fuimos por última vez a Chacabuco, mi tía Juanita me dio una Virgen de Lourdes de loza que había tenido siempre al lado de mi cama, con tal que tomara un remedio. Me la tomé y me la dio. Esta es la Virgen que jamás ha dejado de consolarme y de oírme”.[44]

Por este tiempo empieza mi devoción a la Virgen.

También, nos relata la influencia de su hermano Luis, a quien ella le llama “Lucho” respecto a la devoción del Santo Rosario:[45]

“Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y estaré, co­mo lo espero hasta mi muerte. Todos los días Lucho me convida­ba a rezar el rosario, e hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la vida; la que he cumplido hasta ahora. Sólo una vez, cuando es­taba más chica, se me olvidó.

Nuestro Seńor, desde aquí, se puede decir, me tomó de la mano con la Santísima Virgen. Desde este período mi carácter se puso iracundo, pues me daban unas rabietas feroces; pero eran muy de lejos. Después nadie me sacaba de paciencia. Los nińos, mis hermanos, lo hacían a propósito. Me decían muchísimas cosas para hacerme rabiar, pero yo seguía como [si] no los oyera. Por esto mi mamá me hizo regalona; pero después, cualquiera cosa que me contrariaban me ponía a llorar y me daban llantos histé­ricos.

La Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección.

Cuando nos fuimos a Chacabuco, fue con nosotros una pri­ma de mi mamá que no me podía pasar, y la Rebeca era la regalo­na. Con esto sufría como no es posible imaginar; pero yo con ella era terrible, no le soportaba nada.

En 1907 entramos al colegio. Ud. puede saber, Madre, lo que la incomodamos con nuestro carácter. Muy bien nos acorda­mos cuando mi mamá le contaba las peleas que teníamos con mis hermanos y Ud. nos llamaba y nos hacía ponernos bien.

Desde esta época es cuando Nuestro Seńor me mostró el sufrimiento Mi papá perdió una parte de la fortuna. Así es que tuvimos que vivir más modestamente.

Yo cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Pri­mera Comunión. Hasta que accedió en 1910. Y empecé mi prepa­ración. Me parecía, querida Madre, que ese día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a Nuestro Seńor. Un ańo me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección”.[46]

Yo modifiqué mi carácter por completo

Mas adelante escribe:

“En el mes del Sagrado Corazón (ż1908 ó 1909?), yo modifiqué mi carácter por completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de verme preparar­me tan bien a mi Primera Comunión.

Me costaba obedecer porque, sobre todo cuando me manda­ban, por flojera, me demoraba en ir. Entonces me dije a mi misma que, aunque no me mandaran, iría corriendo primero que los otros. No peleaba con los nińos. A veces me mordía los labios y me apresuraba para vestirme. Hacía actos, los que apuntaba en una libreta. Tenía llena la libreta de actos. Ay, qué diferencia entre entonces y ahora. ˇCómo volver a esa época! Pero żno he recibido más favores de Nuestro Seńor?[47]

Deseos de comulgar.

Sigue escribiendo de su vida en el Diario, y uno de los recuerdos importante es la participación en la misa y como luego llevan la eucaristía a casa para hablar de ella: [48]

“Cuando vino el terremoto de 1906, al poco tiempo fue cuan­do Jesús principió a tomar mi corazón para sí.

Me acuerdo que mi mamá con mi tía Juanita nos llevaban a misa y siempre nos explicaban todo; y yo, en la misa, cuando lle­gaba la Comunión, me encendía de deseos de recibir a Nuestro Seńor. Pedía a mi mamá este favor, pero gracias a Dios que no me encontró preparada para este sublime acto. Me acuerdo que mamá y mi tía Juanita me sentaban en la mesa y me preguntaban acerca de la Eucaristía. Yo contestaba a sus preguntas; pero, como me veían muy chica, no me dejaban hacerla”.[49]


 

9     DIVINA Y HUMANA

“El sondea la profundidad y el corazón humano, y sus secretos cálculos comprende” (Cf. Eclo 42,18)

9.1         ALEGRE, BROMISTA, COMUNICATIVA Y DEPORTISTA

Las personas que la conocieron y la trataron, dan testimonio que Juanita se distinguió en su vida como deportista, excelente alumna, hija muy obediente, amaba mucho a sus padres y hermanos, misionera, y luego en el Monasterio monja fervorosa.

El Fr. Ángelo de la SS. Trinidad, Vice-Postulador en la causa de, escribe en su libro Sor Teresa de Los Andes, Escritos Espirituales, que en una entrevista con la profesora de sicología le indicó los siguientes rasgos peculiares de Juanita:

1° Era muy tímida y de carácter suave. Huía de toda exhibición.

2° Era sensata y equilibrada.

3° Llamaba la atención su precocidad infantil, inteligencia y piedad.

Alegre y bromista.

Teresa lleva una vida interior rica y profunda. Trata con Jesús de corazón a corazón. Se ha entregado a Él sin reservas. Pero su equilibrio con el entorno le hace llevar una vida normal, como la de cualquier joven de su tiempo.

Todo lo que sea distinguirse le repugna. Evita cuidadosamente merecer el título de beata. Se gloría de que es feliz y lo pasa bien allí donde le toca vivir, de que no es como otras chiquillas que en todas partes se "latean" (aburren). Le gusta querer de verdad. Por eso tiene tantas y tan buenas amigas. Y sus educadoras la admiran y aprecian sinceramente. En todas partes la quieren.

Es alegre, comunicativa, bromista. Contagia a todos su sana alegría. Es maestra en el manejo de la broma y de la ironía. En sus cartas abundan episodios divertidísimos de ataques de risa. La sencillez, familiaridad y alegría de las carmelitas le encantó, incluyendo poderosamente en su resolución de ingresar en el Carmelo.

En la intimidad de su familia es amable, dulce, carińosa. La "joya de la casa", como dirá su hermano Luis.

Comentaba ella de un paseo: “El viaje resultó divertidísimo. Gozamos, pues embromamos desde que salimos. También nos acordamos de Uds., pero nada más que para "pelarlas". [50](“Pelar”, comentar sobre la vida de otras personas)

Y sigue:

 “No hacemos otra cosa que embromar. Apróntate. En la mesa nosotras estamos las últimas con Pepe. Era tanto lo que disparateábamos y nos reíamos, que a veces no podía comer. Pero lo más trágico era que el Padre que rezaba después de la comida, en la mitad del rezo, no podía continuarlo por la risa, pues lo contagiábamos”.[51]

“Saqué como resolución vivir muy alegre exteriormente”.[52]

“Donde me llevan soy feliz…Vivir siempre muy alegres. Dios es alegría infinita”.[53]

Le encanta el deporte.

Todo lo que sea el deporte le fascina. Es estupenda equitadora. Desde nińita, su abuelo le había enseńado a montar a caballo. Y no hay nada que le guste más que cabalgar. Le divierten los largos paseos a caballo por cerros y quebradas. Se lanza decidida por cualquier parte desafiando peligros. Envidia a los jóvenes que van por varios días a la cordillera. También le encanta el tenis y manejar la "cabrita". Pero descuella sobre todo como nadadora. Como es alta y bien proporcionada, tiene excelentes cualidades para la natación. Bate el récord de rapidez y resistencia entre sus familiares, resultando indiscutiblemente vencedora en cuantas competencias organizan.

Se extasía a la vista de los paisajes pintorescos, que retrata después con precisión y colorido en sus cartas. El mar y las bellezas de la naturaleza le hacen sentir sed de lo infinito.

Estudia música y canto. Y las veces que asiste al teatro a alguna ópera, sabe apreciar la voz y el desempeńo de los actores.

“He salido mucho a caballo y estoy encantada con subir y bajar cerros. Aquí están admirados porque no me canso, y me dicen que soy una verdadera amazona. No dejaría de ser una vergüenza si no lo fuera”.[54]

“Nos ha bajado furor por el tenis. Estoy aprendiendo. Me encanta”.[55]

“No hemos hecho ningún paseo grande, pues los chiquillos se van a la cordillera por seis días. Te aseguro que los envidio con toda el alma”.[56]

“Me siento llena de Dios. No hay separación entre nosotros. Donde yo vaya, Él está conmigo, dentro de mí. Vivo con Él. Y a pesar de estar en los paseos, ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda interrumpirnos”.[57]

“La voluntad de Dios es un alimento espiritual que fortifica el alma que se entrega a El gustosa”.[58]

9.2         HA INTEGRADO LO DIVINO Y LO HUMANO PERFECTAMENTE

Lo más sorprendente es la naturaleza con que armoniza el trato con Dios con el de los hombres. Se abisma y queda absorta en la contemplación de las perfecciones de Dios y de las finezas de su amor, sin dejar de mostrarse después alegre, amable y comunicativa con sus semejantes.

Cada día siente necesidad más apremiante de orar. Y aun cuando las ocupaciones o la atención de los demás le impiden recogerse a dialogar con Jesús, sabe y dice que toda su vida es una oración continuada, una alabanza ininterrumpida a Dios; porque todo lo hace por su amor y sin salirse un punto de su divina voluntad. En los lugares de esparcimiento goza con la idea de que, allí donde tantos lo olvidan, al menos ella lo adora y ama. ˇQué páginas tan deliciosas escribió sobre su intimidad con Dios!

Su oración es sencilla, sin complicaciones. Una íntima y familiar conversación con Jesús. Se figura que está a sus pies escuchándolo. Y trata con Él sobre lo que hacer a evitar para serle más agradable.

Verdaderamente pasma su equilibrio, la armoniosa síntesis que ha logrado integrando lo divino y lo humano tan perfectamente. Sorprende verla tan normal, tan complaciente, alegre y bromista incluso en los meses en que su cuerpo está aquejado por fatigas y molestias, y su espíritu viene sufriendo la purificación más angustiosa- dudas, sequedades, abandono y agonía interior con que el amor acrisoló su alma los dos últimos ańos de su vida.

“Ayer salí para siempre del colegio…Desde ahora, papacito, quiero que Ud. cuente para todo conmigo. No tengo otro deseo que darle gusto en todo, acompańarlo y consolarlo. Pienso correr con la casa, tratando de hacerlo lo mejor posible”.[59]

“Véngase luego, papacito, para pasar siquiera dos días con Ud., ya que nosotras lo aprovechamos tan poco cuando Ud. viene por estar internas”.[60]

9.3         PROFUNDAMENTE AFECTIVA

Amor sin caricias.

Teresa es profundamente afectiva. Llora a mares cada vez que se despide de los suyos para ir al internado. Es de temperamento tan afectuoso y regalón, que de jovencita se pregunta cómo las monjas pueden ser felices sin recibir muestras externas de carińo, y cree imposible enamorarse de un Dios a quien no se ve ni se puede acariciar. Pero se ha entregado al Amor. Y ha comprobado que Dios resarce plenamente; que da muestras palpables – aunque invisibles – de su amor infinito.

Examina, pues, su corazón y se convence de que sus aspiraciones de amor son tales, que ningún ser humano podrá colmarlas enteramente; porque será necesariamente limitado, interesado, sujeto a flaquezas. Que únicamente Jesús es capaz no solo de perfeccionarla, sino de divinizarla. Y que, por lo tanto, sólo Él podrá enamorarla. Opta por Él. Y decididamente. Escoge el convento de las Carmelitas de los Andes para realizar su ideal de ser toda de Jesús. Está convencida de que encontrará muchos obstáculos para lograr su intento. Pero confía en que, con Jesús, atravesará el fuego, si es preciso, para conseguirlo.

No es que Teresa no aprecie el matrimonio. Sabe que la vida del hogar es muy sacrificada y fecunda. Que hacen falta cristianos que la vivan generosamente para colaborar en la transformación del mundo. Pero ella no se siente llamada sino a fundirse con Jesús en el amor, como prisionera voluntaria suya en una clausura.

No es una ilusa, sabe que el amor es exigente. Que si se va al Carmen, es para inmolarse con Cristo por la humanidad. Que en su pieza tendrá una cruz de madera sin Cristo. Que es esa la cruz donde ella debe morir a su egoísmo, a todo lo que le impida repetir y exclamar:

"Yo no soy la que vivo, sino Jesús".[61]

“Pero el sufrimiento no le es desconocido. żQué importa sufrir cuando se ama?,[62] dice. El amor es cielo. Y ella, perdidamente enamorada de Cristo, cifra su ideal en sufrir, amar y orar por la Iglesia y por la humanidad pecadora”.[63]

“Los corazones de los hombres aman un día y al otro son indiferentes. Solo Dios no cambia”.[64]

“He visto que la felicidad en el mundo no existe. Siempre su trato me deja un vacío que lo llena por completo nuestro Seńor”.[65]

“ˇQué impresión me produjo cuando vi mi conventito! Su pobreza habla muy bien a su favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo”. [66]

“Sé que si voy al Carmen será para sufrir. Más el sufrimiento no me es desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra Jesús, y Él es Amor. Y żqué importa sufrir cuando se ama?”[67]

“No temas, hermanita querida. No existirá jamás separación entre nuestras almas. Yo viviré en Él. Busca a Jesús y en Él me encontraras y allí los tres seguiremos los coloquios íntimos que hemos de continuar allá en la eternidad”.[68]

“Solo me restan 20 días. Y después el Calvario, el cielo………Ya estoy subiendo su cima. El dolor de la separación es tan intenso, que no hay palabras para expresarlo. Solo Dios me sostiene”.[69]

“Jesús no quiere que exista nada entre Él y yo. Manifestándose a mi alma la ha enamorado en tal forma que sólo en Él puedo encontrar reposo”.[70]

Orando, trabajando y riéndonos.

En el claustro, las religiosas quedan prendadas de su nueva hermana y de sus sobresalientes cualidades. Y el 14 de octubre la visten con el hábito de la Orden, imponiéndole su nuevo nombre: Teresa de Jesús.

En el convento, fiel a su consigna de santificarse por los demás, continúa buscando para sí lo más trabajoso y molesto para aliviar a sus hermanas, a quienes ama de corazón. Ahora es ella la que, con su trato fino y exquisito, contribuye a que siga reinando en la comunidad la alegría, la hermandad y sencillez, que antes de entrar le habían seducido. Se siente cada día más feliz. En la antesala del cielo. Porque pasa horas a los pies del sagrario y en su celda con Jesús, que es su gozo infinito. Con Dios que es alegría infinita. Y luego, en los recreos, se ríe y embroma todo el tiempo, sin que falten los cantos con guitarras y bandurrias los días seńalados. Así pasamos la vida – escribió -: “orando, trabajando y riéndonos”.[71]

Enamorada de Cristo, de la Eucaristía, de la Virgen y de la oración, despliega un apostolado intensísimo con sus cartas. Sus destinatarios van contagiándose de esos amores de Teresa.

Así vive la prisionera voluntaria de Jesús. Siente ansias de martirio. Le fascinaría dar su vida por Él. Pero pisa tierra y sabe que su martirio está en donde vive. En eliminar su egoísmo a cada instante. En aceptar los sufrimientos interiores que la purifican. En cumplir con alegría el fin de la carmelita: rogar, vivir inmolándose ocultamente por los pecadores, por la santificación de los sacerdotes y por la Iglesia.

Todo es alegría y sencillez en el Carmen. Y cada una se esmera en poner de su parte cuanto pueda para alegrar a sus hermanas. Escribe Teresa de los Andes:

““ˇSi supieras la felicidad que inunda mi alma en cada instante escondida en Dios!” [72]

“Me parece que principie a vivir sólo el 7 de mayo. Te aseguro que todos los sacrificios hechos me parecen nada. “Vivimos riéndonos y amando. No te imaginas la alegría, la confianza y la sencillez que reina. Me encuentro en mi centro”“.[73]

“Mi celda es bien pobrecita, pero en ella me paso con Nuestro Seńor en intima conversación de corazón a corazón”.[74]

“ˇQué cosa más rica es para el alma que ama pasar la vida junto al Sagrario!” [75]

“Después que comulgo me siento en el cielo, y dominada por el amor infinito de Dios”.[76]

El colmo de la dicha y del dolor.

El 7 de mayo de 1919 ingresó Teresa en las Carmelitas Descalzas de Los Andes, separándose para siempre de los suyos. Así culminó el gran sacrificio que la trajo desgarrada los últimos meses, y que sólo por amor a Cristo pudo consumar. Un mes antes escribía: "Estoy en el colmo de la dicha y del dolor".[77] Contrastes y paradojas que sólo el locamente enamorado puede entender. Dolor intensísimo por alejarse de los suyos a quienes ama y que nunca hubiera abandonado por un hombre. Lucha contra su propia naturaleza – sobre todo desde que solicita el permiso paterno -, que se convierte en agonía, en martirio cruel, según va acercándose el día de subir definitivamente al Calvario de la terrible despedida.

Y por otra parte, dicha felicidad, por ver realizado el ideal de su vida; por dejar todo lo que tiene a cambio de Nuestro Seńor. Dicha inefable, porque el amante goza en demostrar el amor en lances difíciles y comprometedores. Y porque Jesús no se deja ganar en generosidad, cuando Teresa se arrancó de los brazos de su madre, le abrió los suyos dulcemente, confortándola y fortaleciéndola con su gracia.

El fin de las carmelitas me entusiasma: [78]santificarse a sí mismas para que la savia divina se comunique, por la unión que existe entre los fieles, a todos los miembros de la Iglesia.

“Ella se inmola sobre la cruz y su sangre cae sobre los pecadores, pidiendo misericordia y arrepentimiento. Cae sobre los sacerdotes, santificándolos. Y todo en silencio, sin que nadie lo sepa. Cuantos hay que tachan su vida de inútil. Sin embargo, ella es como el Cordero de Dios que lleva los pecados del mundo. Se sacrifica para volver al redil las almas extraviadas. Pero así como a Cristo no lo conoció el mundo, a ella tampoco la conoce. Esta abnegación completa me encanta. No hay cabida al amor propio. No ve siquiera el fruto de su oración. Solo en el cielo lo sabrá”.[79]

“Por Jesús he preferido ser pobre y trabajar. Ya que Él por mi amor se hizo pobre, yo por amor a Él quiero serlo”.[80]

“La ternura de mi corazón de hija crece cada día, mi papacito, y no creo que en el Carmen se extingue, antes al contrario, toma mayores proporciones, porque se ama sin interés y en Dios”.[81]

 

 

10    LA PRIMERA COMUNION

“Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre” (Jn 6,51)

10.1     EL INICIO DE UNA NUEVA VIDA.

Recuerdo que tenía tan solo 8 ańos (Día de la Inmaculada Concepción, ańo 1958) cuando hice mi primera comunión, y durante muchos ańos disfruté de mi catecismo que me regalaron para esa ceremonia, era un librito muy hermoso para mí, con tapa nacarada, y hojitas con borde dorado, y entre algunas hojas guardaba de recuerdo algunas imágenes de Jesús, preparadas para mi comunión y la de otros amigos. También recuerdo que fue un día de primavera, con mucho sol, la Iglesia para mí era grandiosa. Me habían regalado además un rosario de concha perlas, no sabía cómo utilizarlo hasta que me lo enseńo mi papa. Pero lo más importante, era que gritaba a mis amigos “ahora somos santos” y eso causaba risa de los adultos. Entonces entendía que era el inicio de una nueva vida, y siempre me pareció que Jesús caminaba conmigo, que me llevaba de la mano. Esa idea, me hizo sentir siempre protegido. Incluso, ya de más edad, en ciertos momentos complicados, el dialogo con él me daba mucha paz.

La primera comunión, es la etapa de la iniciación cristiana que más impacto hace al nińo o adolescente, ciertamente, es una fecha inolvidable.

La Primera Comunión en Teresa de los Andes.

Teresa de Los Andes hizo su primera comunión a los 10 ańos, el 11 de septiembre de 1910. Haciendo un resumen de su vida, escribe Juanita en su Diario:

“Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”. [82]

En otra parte escribe:

“Yo cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Primera Comunión. Hasta que accedió en 1910. Y empecé mi preparación. Me parecía, querida Madre, que ese día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a Nuestro Seńor. Un ańo me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección.[83]

Y más adelante en la misma nota escribe:

“En el mes del Sagrado Corazón [ż1908 ó 1909?], yo modifiqué mi carácter por completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de verme prepararme tan bien a mi Primera Comunión”.[84]

El relato de su Primera Comunión.

Escribe Teresa en su Diario el siguiente relato del día que hizo su Primera Comunión:[85]

“El día de mi Primera Comunión fue un día sin nubes para mí. Mi confesión general. Me acuerdo: después que salí me pu­sieron un velo blanco. En la tarde pedí perdón. ˇAy! Me acuerdo de la impresión de mi papacito. Fui a pedirle perdón y me besó. Entonces yo después me le hinqué y llorando, le dije que me per­donara todas las penas que le hubiera dado con mi conducta. Y [a] mi papacito se le cayeron las lágrimas y me levantó y me besa­ba diciendo que no tenía por qué pedirle perdón, porque nunca le había disgustado, y que estaba muy contento viéndome tan buena. ˇAy!, sí, papacito, porque vos erais demasiado indulgente y bondadoso para conmigo. Le pedí perdón a mi mamá, que llora­ba. A todos mis hermanos y por último, a mi mamita y de más sirvientes. Todos me contestaban conmovidos. Yo, como es­taba en retiro, estaba aparte, así es que no comía en la mesa.

El 11 de septiembre de 1910, ańo del centenario de mi Pa­tria, ańo de felicidad y del recuerdo más puro que tendré en toda mi vida.

Ese hermoso día para mí, fue un día hermoso para la natu­raleza también. El sol despedía sus rayos que llenaban mi alma de felicidad y de acción de gracias al Creador.

Desperté temprano. Mi mamá me vistió y me puso el vesti­do. Me peinó. Todo me lo hizo ella, pero yo no pensaba en nada. Para todo estaba indiferente, menos mi alma para Dios. Cuando llegamos, nos llevamos repitiendo el rosario de Primera Comu­nión. En vez de Ave María, se repetía: “Venid, Jesús mío, venid. Oh mi Salvador, venid Vos mismo a preparar mi corazón”.

Llegó por fin el momento. Hicimos nuestra entrada en la capilla de dos en dos. Usted, Madre mía, iba a la cabeza y Monseńor Jara -quien nos daría la Sagrada Comunión-, detrás. Todas entramos con los ojos bajos, sin ver a nadie y nos hincamos en los reclinatorios cubiertos de gasa blanca, con una azucena y vela al lado. Monseńor Jara nos dijo palabras tan tiernas y hermosas que llorábamos todas. Me acuerdo una cosa que nos dijo: “Pedid a Jesucristo que, si habéis de cometer un pecado mortal, que os lleve hoy, que vuestras almas son puras cual la nieve de las montańas. Pedidle por vuestros padres, los autores de vuestra existencia. Y las que los han perdido ahora es el momento de encontrarlos. Sí, aquí se acercan para ser testigos de la unión íntima de vuestras almas con Jesucristo. Mirad los ángeles del altar, nińas queridas. Miradlos, os envidian. Todo el cielo está presente”. Yo lloraba. Por fin nos dijo que no quería demorar más la unión de Jesucristo. Que ya estaríamos sedientas de Él y lo mismo Jesucristo.

Nos acercamos al altar mientras cantaban ese hermoso canto: “Alma feliz”, que jamás se me olvidará.

No es para describir lo que pasó por mi alma con Jesús. Le pedí mil veces que me llevara, y sentía su voz querida por primera vez. ˇAh, Jesús, yo te amo; yo te adoro! Le pedía por todos. Y [a] la Virgen la sentía cerca de mí. ˇOh, cuánto se dilata el corazón! Y por primera vez sentí una paz deliciosa. Después que dimos acciones de gracias, fuimos al patio a repartir cosas a los pobres y a abrazar [cada una] a su familia. Mi papacito me besaba y me levantaba en sus brazos feliz.

Ese día fueron muchísimas chiquillas a la casa. Para qué decir nada de los regalos que tenía: la cómoda y mi cama estaban llenos.

Pasó ese día tan feliz, que será el único en mi vida.

Nos cambiamos de casa al poco tiempo. Pero Jesús, desde este primer abrazo, no me soltó y me tomó para sí.

Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Pero mi devoción especial era la Virgen. Le contaba todo. Desde ese día la tierra para mí no tenía atractivo. Yo quería morir y le pedía a Jesús que el ocho de diciembre me llevara.


 

11    LA ESPIRITUALIDAD DE TERESA DE LOS ANDES

Jesús me pide que sea santa.

A pesar de su juventud -19 ańos- y de su cortísima vida en el Carmelo -11 meses- su espiritualidad es rica y transparente. Su amor al Carmelo... A las almas... A sus seres queridos... son otras facetas de su espiritualidad.

Leyendo su precioso y abundante Epistolario, y sobre todo su Diario, escrito desde 1917 con el título de "Historia de la vida de una de sus hijas", pueden apreciarse los quilates de esta alma extraordinaria donde ella confiesa en una carta al P. José Blanch en noviembre de 1919 [86]:

“Cuando veo que encuentran algo hermoso y se alegran con ello yo me digo: Sólo Jesús es hermoso. Él sólo puede hacerme gozar”.

“Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma”.

“Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda descansar”.

“Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor”.

“Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí”.

“żHay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?”

Cautivada en las redes del Divino.

Teresa de los Andes declara haber sido cautivada en las redes del Divino Pescador.[87] El 15 de abril de 1916 le escribe con pasión a su hermana Rebeca:

“ˇQué feliz soy! He sido cautivada en las redes del Divino Pescador”., “Soy su prometida y muy luego celebraremos nuestros desposorios en el Carmen”., “El 8 de diciembre me comprometí…Mi pensamiento no se ocupa sino de Él. Es mi ideal; es un ideal infinito”.[88]

Después de un retiro le escribe una carta en un cuaderno a la Virgen María de un modo todo especial:[89]

“ˇOh, soy feliz! Pues puedo decir con verdad, que el único amor de mi corazón ha sido Él”.

 “ˇJesús mío, he visto que sólo una cosa es necesaria: amarte y servirte con fidelidad; parecerme y asemejarme en todo a Ti. En eso consistirá toda mi ambición.!

“ˇOh, soy feliz! Pues puedo decir con verdad, que el único amor de mi corazón ha sido Él”.

 “ˇJesús mío, he visto que sólo una cosa es necesaria: amarte y servirte con fidelidad; parecerme y asemejarme en todo a Ti. En eso consistirá toda mi ambición.!”

"La Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección... Mi devoción especial era la Virgen. Le contaba todo. Sentía su voz dentro de mí misma... “Mi espejo ha de ser María. Puesto que yo soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús”.[90]

Algunas frases de Teresa de los Andes, Juanita Fernández Solar.

“Jesús mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfa­llezco…La mirada de mi Crucifico me sostiene” [91]

“A veces se me representa tan lleno de hermosura y ternura como ya no es posible describir. Créame que todo me causa un hastío horrible; que cuando veo que encuentran algo hermoso y se alegran con ello yo me digo: "No es Jesús. El sólo es hermoso. Él sólo puede hacerme gozar - Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma”

“Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor que esta pobre carmelita tanto desea”. [92]

“Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí… żHay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?”[93]

“seré doblemente tu Hija. Voy a ser Espo­sa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir con verdad que el único amor de mi cora­zón ha sido El”.[94]

Amó tiernamente a Jesús.

Quien mejor nos puede decir como fue el amor a Jesús de Teresa de los Andes, es ella misma, a su hermana Rebeca le escribe:

Me he entregado a Él. El ocho de diciembre me comprometí. Todo lo que lo quiero me es imposible decirlo. Mi pensamiento no se ocupa sino en El. Es mi ideal. Es un ideal infinito. Suspiro por el día de irme al Carmen para no ocuparme sino de Él, para confundirme en Él y para no vivir sino la vida de El: Amar y sufrir para salvar las almas. Sí, sedienta estoy de ellas porque sé que es lo que más quiere mi Jesús. ˇOh, le amo tanto!” [95]

A la Virgen María, Madre de Jesús le escribe:

“Jesús me pide que sea santa. Que haga con perfección mi deber. Que el deber es la cruz. żEncontrará el Padre la figura de Cristo en mí? ˇCuánto me falta para parecerme a Él!”[96]

Dice ella refiriéndose a su Primera Comunión:

"Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato.”..[97]

Decía Juanita; "Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”.[98] Y su ilusión y su constante empeńo fue asemejarse a Él, configurarse con Cristo.

Por eso, deseando llegar a ser una excelente copia suya, vivió decidida a ir hasta el fin del mundo atravesando el fuego si hubiera sido preciso para serle fiel.

Estaba siempre dispuesta a servir y a sacrificarse por los demás, sobre todo por alegría y felicidad, para hacer amable y atractiva la virtud.

En una ocasión a vuelta de vacaciones escribe:

“Hace mucho tiempo que no escribo. Pasaron las vacaciones del 18 y he vuelto al colegio. Qué feliz me encuentro de nuevo en el colegio, sin haber dado mi corazón a nadie. Todo de Jesús. Quiero que mis acciones, mis deseos, mis pensamientos, lleven este sello: Soy de Jesús". [99]

 

 


 

12    żQUÉ HIZO ESTA JOVEN PARA SER SANTA?

Amar intensamente a Dios y a su voluntad.

Una de las preguntas que más me llamó la atención en una ocasión cuando hablé de la vida de Santa Teresa de los Andes en La Habana, Cuba, fue la de un seńor que me apunto con un lápiz y un cuaderno en mano preparado para tomar nota; żQué hizo esta joven para ser santa?, y espontáneamente, creo que, sin pensarlo mucho, salió de mi esa primera palabra, “nada”, y le aclaro luego, quiero decir nada del otro mundo, solo amar intensamente a Dios y a su voluntad.

Escribe Teresa en su Diario y en estas pocas palabras, lo escribe todo.

 “Jesús mío, te amo. Soy toda tuya. Me entrego por completo a tu divina voluntad” y ańade más adelante; “quiero cumplir tu voluntad. Quiero pasar mi vida sufriendo para reparar mis pecados y los de los pecadores. Para que se santifiquen los sacerdotes. No quiero ser feliz yo, sino que Tú seas feliz. Quiero ser soldado para que dispongas a cada instante de mi voluntad y gustos. Quiero ser animosa, fuerte, generosa en servirte, Seńor, Esposo de mi alma”.[100]

Dice el Seńor Jesús; “Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día”. (Jn 6,40) Y Teresa, vivió y partió a la vida eterna enamorada del Hijo, ella entendió en su juventud, lo grande que es la voluntad de Dios. Para ella, aceptar la voluntad de Dios, es amar. Escribe ella en su Diario: “Por Él lo dejaré todo para irme a ocultar tras las rejas del Carmen, si es Su Voluntad, y vivir sólo para Él”[101] .

“Me encomendaré a Teresita para que me sane y pueda ser Carmelita. Pero no quiero sino que se cumpla la voluntad de Dios. Él sabe mejor lo que me conviene. ˇOh, Jesús, te amo; te adoro con toda mi alma!”[102]

“Pero mi Jesús hará lo que quiera. Cúmplase en toda su santa voluntad”.[103]

La historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar".

Durante el ańo 1917, Teresa de Los Andes escribe su Diario [104] y se lo dedica a la Madre Julia de los Ríos, quien fue orientadora espiritual de las alumnas del internado del Sagrado Corazón de Santiago. Y le habla a ella (a la Madre Julia) de su vida íntima, de su alma. Teresa se ha mirado hacia su interior. Y desde esa interioridad, nos adentramos hacia su alma.

“Madre querida: Ud. cree que se va a encontrar con una historia interesante. No quiero que se engańe. La historia que Ud. va a leer no es la historia de mi vida, sino la vida íntima de una pobre alma que, sin mérito alguno de parte de ella, Jesucristo la quiso especialmente y la colmó de beneficios y de gracias.

La historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar". Aquí tiene mi vida entera desde que me di cuenta de todo, es decir, a los seis ańos o antes. Yo sufría, pero el buen Jesús me enseńó a sufrir en silencio y desahogar en El mi pobre corazoncito. Usted comprende, Madre que el camino que me mostró Jesús desde pequeńa fue el que recorrió y el que amó; y como Él me quería, buscó para alimentar mi pobre alma el sufrimiento.

Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.

Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, madre espiritual de Teresa de Los Andes y de los carmelitas, nos enseńa lo incomparable, la hermosura y la grandeza del alma de los justos. La Santa, considera nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. (Jn 14,2) También dice que consideremos que no es otra cosa el alma del justo que un paraíso donde dice él (Dios), que tiene sus delicias (Prov. 8,31) y finalmente ańade; “No hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad” [105]

Su santidad tenía la propiedad de ser atrayente.

Después de su muerte, la comunidad de Los Andes y los familiares de Sor Teresa recibieron muchas cartas, no de pésame, sino de felicitación por tener una santa en el cielo. Los periódicos de Santiago, capital de Chile, algo insólito para una carmelita de clausura, publicaron su muerte exaltando la heroicidad de sus virtudes.

A los pocos días de su muerte, el P. Julián Cea, que la había conocido en febrero de 1919 en unas misiones, escribió:

"Su santidad tenía la propiedad de ser atrayente, amable, comunicativa. No sé qué respeto y veneración infundía su persona. Y al mismo tiempo se sentía por ella un santo carińo, como el que creo se tendrá a un ángel si lo viéramos con los ojos de cuerpo. ˇQué sonrisa angelical acompańaba siempre su conversación! No era esquiva, sino confiada. Y su alma, inocente y pura como un nińo. ˇCon que pasión amaba a Jesús! Pocos días tuve la dicha de tratarla, paro la impresión que me causó su santidad no se borrará jamás. Le rezo todos los días como a una santa que está en el cielo, Yo confío en que pronto comenzará a obrar milagros, y su conducta angelical influirá no poco en la conducta de muchas jóvenes".

Pronto los fieles comenzaron a ponerla por intercesora ante el Seńor. Y en los muchos ańos que nos separan de su muerte, el Seńor ha dado pruebas de su deseo de glorificar a su sierva, otorgando por sus ruegos infinidad de gracias, sobre todo espirituales: conversiones, vuelta al camino del bien.

Son incontables los fieles, incluso de las más apartadas regiones del país y del extranjero, que acuden cada día a la tumba de Teresa de Los Andes, sobre todo desde que sus restos reposan en la cripta del Santuario erigido en su honor en Rinconada de Los Andes.

Escribe Teresa a su hermano Luis (Lucho):

“Jesucristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca. Es martirio el que padezco al ver que corazones agradecidos a las criaturas no lo sean con aquel que los sustenta, que les da la vida y los sostiene; que les da y ha dado todo, hasta darse el mismo”.[106]

 


 

13    DESPERTAR HAMBRE Y SED DE DIOS

Siempre dispuesta a servir y a sacrificarse por los demás.

Tanto de su Diario como de sus cartas, observamos que ella estaba siempre dispuesta a servir y a sacrificarse por los demás, con alegría y felicidad, para hacer amable y atractiva la virtud.

Su vida fue enteramente normal y equilibrada. Alcanzó una envidiable madurez integrando en la más armoniosa síntesis lo divino y lo humano: oración, estudios, deberes hogareńos... y deporte, al que era aficionadísima, destacando en la natación y en la equitación.

Teresa de Los Andes está en inmejorables condiciones para arrastrar a la juventud en pos de Cristo, y para recordarnos a todos que es preciso cumplir el programa evangélico del amor para realizarnos como personas.

Por su intercesión está derramando el Seńor una copiosa lluvia de gracias y favores de toda especie y atrayendo hacia Sí a innumerables hijos pródigos. Su santuario, visitado por miles de peregrinos cada mes, se ha convertido en el centro espiritual de Chile.

Así Teresa de Los Andes viene cumpliendo la misión que ya le fuera reconocida poco después de su muerte: despertar hambre y sed de Dios en nuestro mundo materializado.

Pasar por la vida haciendo el bien y hacerlo por Cristo, sus amados y sus hermanos.

Fue una época muy valiosa y decisiva para el futuro humano y espiritual de la joven Teresa de los Andes, en el que era conocida como Juanita, son los ańos 1915 a 1919. En ella planifica su vida exigiéndose un hábito Diario, en el que ocupan lugar preferente la oración, la misa diaria. También es parte de su vida el sacrificio y el esfuerzo decidido por superarse, sin olvidar el empeńo por eliminar cuanto le impide realizarse como persona y como cristiana. Ella tiene una decisión importante, pasar por la vida haciendo el bien y hacerlo por Cristo, sus amados y sus hermanos.

Teresa, que gusta de repetir que si se es monja no hay que serlo a medias, no quiere ser cristiana sólo de nombre. Y fiel a su compromiso con Cristo, cumple con perseverancia el programa de vida que se ha trazado. De ahí su empeńo en superarse en el cumplimiento cuidadoso del deber y la calmosa aceptación de las pruebas que le van llegando, amar a Dios, es aceptar con carińo lo que Él nos va dando, y como muchos, las situaciones difíciles fueron bastantes en su vida. Porque sabía muy bien que en ello consiste el sacrificio más agradable a Dios y la cruz más santificadora; pues, al no elegirla nosotros, la llevamos solo por amor, sin peligro de buscar nuestra satisfacción.

Fiel a su firmeza de recogerse a solas con Jesús.

Quiere ante todo ser fiel a su firmeza de recogerse a solas con Jesús para intimar con Él. Como dice la Santa Madre Teresa de Jesús: “Porque de estos gustos que el Seńor da a los que perseveran en la oración”,[107] y como también nos ha enseńado que orar es “tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.[108] Por eso madruga buscando el silencio y la soledad. Y hace lo imposible por comulgar a Diario. Está loca de amor por Jesús-Hostia. Tiene verdadera hambre de Él. Ha comprobado que le da ánimo; que lo necesita. Que Jesús es su vida y que sin Él desfallece y muere.

Así trata de alcanzar la meta que se ha propuesto: vivir identificándose con Cristo, para que cuando el Padre la contemple, reconozca en ella una copia de su Hijo

14    MENSAJE A LA JUVENTUD

14.1     SU MENSAJE ES DE INNEGABLE ACTUALIDAD.

De los jóvenes que la trataron y rondaron, ninguno le inclino al matrimonio. Decía ella; “Son muy superficiales”.[109] Quizás lo decía, porque en su corazón, tenía otras predilecciones.

Sin embargo, Teresa tiene mucho que decirnos a todos. Su mensaje a la juventud es de innegable actualidad. Algunas veces se organizan caminatas de jóvenes, donde han participado más de 40.000 adolescentes que caminan más de 30 km. para llegar al santuario.

Con todo, hoy buena parte de la juventud que sigue a Teresa de los Andes es sana, consciente y responsable. Es decir, sabe a dónde va y está bien encaminada. Soy testigo de que hay muchos que hablan estupendamente de ella. Da gusto escucharlos. Se les ven ilusionados por ser auténticos, por realizarse plenamente, por cultivar los valores humanitarios y por construir un mundo nuevo más humano y unido. Seńalan muy bien la meta. Dicen querer alcanzarla.

Pero también hay muchos jóvenes que no les gusta el camino que conduce a ella. Y muchos se apartan de él. Y ésta es la misión de Teresa: seńalar la ruta a la juventud de hoy; recordarle que él único camino que conduce a la plena realización humana es el esfuerzo, la autodisciplina, el control de sí mismo, en palabras evangélicas, tomar el arado y sin mirar atrás, determinarse por abrir surcos, para que allí caiga la buena semilla y crezcan frutos y flores.

El mensaje es de innegable actualidad cuando tanta juventud se muestra alérgica a toda norma y proclama como única regla valida su propio capricho, su talante, él “me gusta”, “no me gusta”, “me nace”, “no me nace”. No hay educador ni formador serio que apruebe tal actitud. Al contrario, todos ellos, a cuantos aspiran a formar su carácter y personalidad, les exigen borrar de su vocabulario esas palabras – me gusta, no me gusta- sustituyéndolas por debo o no debo. Y actuar en consecuencia. Y la experiencia les da la razón. Sin autodisciplina, sin control de sí mismo no se forja la persona, no se conoce la perseverancia y no se llega a la meta plena.

Escribe Teresa de los Andes; "Jamás me dejaré llevar por el sentimiento y por el corazón, sino por la razón y mi conciencia". [110] Después sigue; "Todavía soy muy orgullosa. Me propondré abatir hasta los últimos gérmenes del amor propio”.[111]

 Aquí está el remedio.

Aquí está el remedio. Mal le hubiera ido a Teresa de no haber puesto en práctica esta resolución, dado su gran fondo de orgullo y su tendencia a obrar independientemente y con altivez. Ella misma nos habla de las "rabietas feroces"[112] que le daban de pequeńa. De sus "rezongos"; de su repugnancia a obedecer. De que, en ocasiones, "siente sublevarse todo su ser" De que todavía a sus 17 ańos, en el colegio, llegó a arrojar con rabia un dulce que le dieron por creerlo muy chico. Pero al menos desde los nueve ańos, se propuso muy en serio controlarse. Y humillándose cada vez que quebrantaba su propósito, y dominando sus impulsos las más de las veces, logró alcanzar la ecuanimidad, dulzura y apacibilidad que admiraron todos en ella.

Escribe Teresa (febrero de 1917):

 "Debo esforzarme por ser más amable. Me esmeraré en labrar la felicidad de los demás". [113]"… “Mi resolución; santificarme por todos".

Son los propósitos de Teresa. Los jóvenes que aspiran a la madurez humana es indispensable que lo hagan suyos. Porque es un principio muy conocido y repetido que únicamente abriéndose a los demás, dándose, saliéndose del propio egoísmo en busca del bienestar de los otros, es como se realiza y madura la persona humana. Es por eso por lo pidió Cristo con radicalidad a sus seguidores. Y quienes no se esfuercen por vivirlo, ni llegarán a ser hombres nuevos, ni serán capaces de construir el mundo nuevo más humano y unido al que tanto dicen anhelar y por el que muchos quieren trabajar sin cansancio.

Ocupémonos del prójimo, de servirle, aunque nos cueste fastidio hacerlo. De esta manera conseguiremos que el trono de nuestro corazón sea ocupado por su Dueńo, por Dios.

Hacia la plenitud humana.

A los cristianos de estos tiempos de dificultades, nos viene a decir Teresa de Jesús de Los Andes que sólo abriéndonos a Dios y a sus exigencias de amor lograremos ser plenamente humanos.

Teresa, ya queda dicho, ha conseguido armonizar lo divino y lo humano integrándolo en su vida en admirable síntesis. Para ello no hay dos vidas superpuestas: una natural profana y la otra sobrenatural, espiritual. No hay sino una única vida humana planificada por el amor divino, divinizada. Viviendo abierta a la voluntad de Dios y no apartándose ni un punto de ella, conjuga con naturalidad encantadora el trato con Dios y con los hombres, como queda ponderado. Convertida en Sor Teresa, más divina por haber rendido incondicionalmente su querer al Divino continúa amable y comunicativa y alegrando y haciendo bromas a las religiosas y a los destinatarios de sus cartas.

La obediencia a Dios nos salva, nos lleva a la realización. Por preferir su plan al de Dios, queda el egoísta destruido, sumido en la degradación del vicio; envilecido. ˇQué verdad es que el hombre sin Dios se deshumaniza! En cambio, en diálogo con Dios y siguiendo dócilmente su camino de apertura y servicio a los demás, alcanza el hombre su plenitud: su naturaleza se ennoblece, se perfecciona y en cierto modo se diviniza.

A esa meta ha llegado Teresa. Por eso, rebosante de satisfacción, necesita proclamar en todos los tonos, como lo hace en sus cartas, que está gustando anticipadamente la felicidad del cielo.

Sabe muy bien que, sumergida como está en esa atmósfera divina, su vida entera, sin excluir ninguna de sus acciones, es una alabanza de gloria a la Santísima Trinidad. Y eso mismo nos pide a todos: que convirtamos nuestra vida en culto, en ofrenda, en "melodía continua de amor" para Dios.

Captó y asimiló esa exigencia del Evangelio.

Muchos lo habían olvidado y venían separando lamentablemente su vida religiosa de su vida profana. Y el cristianismo quedaba desprestigiado con formas de proceder y conductas en franca oposición con las creencias. Por eso llegó la severa advertencia del Concilio Vaticano II contra los que incurrían en tal incoherencia.

Teresa, que tan estupendamente captó y asimiló esa exigencia del Evangelio puede con todo derecho recordárnosla a los cristianos de su siglo, haciéndola mensaje propio. Insistimos en que no: Que no debe haber para nosotros sino una única vida humana. Toda ella cristiana, espiritual, es decir, de acuerdo con el espíritu de Cristo. Que estamos obligados a dar culto a Dios no únicamente la hora de la misa dominical y los minutos Diarios dedicados al rezo, sino todos los minutos del día y todas las horas de la semana. Cuando nuestra oración sea, como la de Teresa, una conversación íntima con Cristo, en la que tratemos familiarmente con Él, saliendo de ella dispuestos a sacrificar en nuestra vida personal y social lo que le desagrada, toda nuestra vida, unificada, será auténticamente cristiana. Sí; también la de los negocios, la profesional, la del hogar. Y entonces todo nuestro día, incluso las diversiones, serán culto, liturgia, melodía continua, glorificación de Dios.

14.2     SACRIFICARSE POR LOS DEMÁS

Es tan rico (delicioso) dar.

El trato familiar con Cristo, "el Hombre para los demás", le ha hecho comprender que el cristiano no puede ser individualista. De ahí su constante empeńo por matar su egoísmo para vivir abierta a las necesidades de los demás, y desvivirse por remediarlas en cuanto puede.

Una de sus resoluciones de Teresa de los Andes, es sacrificarse por los demás para hacerlos felices. Y trata de llevarla a la práctica con naturalidad; sin que sospechen que le cuesta sacrificio complacerles y dar gusto a todos.

No se contenta con gozar ella sola de la felicidad de servir a Dios. Lleva el alma desgarrada porque sabe que hay muchísimos alejados de Él. Vive ofreciendo su vida y mil sacrificios para que le conozcan y le amen. Y no descansa hasta entrar en el convento, para convertirse en hostia que se inmole escondidamente toda la vida para que la humanidad mejore.

No está hecha para gozar ella sola. Aun durante sus vacaciones, como en los tiempos de paseos y sanas distracciones, vive ella disponible en actitud de servicio. Sus preferidos son los pobres, sobre todo los nińos. Teresa dice; "Es tan rico dar”.[114] Y ella da y se da. Reparte sus ahorros para aliviarlos. Cose ropa para los necesitados. En una ocasión rifó su reloj para obtener fondos con que comprar zapatos a un nińo a quien protege habitualmente. Visita las casas de los inquilinos, quienes le confían sus problemas; y ella les ayuda en sus necesidades espirituales y materiales. Reúne a los nińos para enseńarles catecismo. Y cuando se da cuenta de que la instrucción que reciben en la escuela es nula o deficiente, les da clase diariamente. Excelente catequista, colabora con entusiasmo en las misiones con los sacerdotes. Las empleadas de su casa reciben de ella en todo momento ayuda, estímulo, atenciones y muestras de carińo y afecto.

Comenta Teresa:

“Tengo pena. Me sangra el corazón. Mil vidas, si yo pudiera, ofrecería por Él. Todos los sufrimientos, Dios mío, enviadme y dadme gracias para soportarlos, con tal que él se convirtiera”. [115]

“Junté treinta pesos para mi día. Voy a comprarle zapatos a Juanito y lo demás para dárselo a los pobres. Es tan rico dar”. [116]

También comenta:

“Nosotras hacíamos catecismo. Se juntaban más de cincuenta chiquillos. Y después de las misiones hemos seguido haciéndoles clase todos los días, pues parece que poco o nada les enseńan en la escuela fiscal”. [117]

14.3     OFRENDA POR LOS PECADORES

Si quieres, dame sufrimientos.

Pienso que el ofrecimiento, cuando se dirige a Dios con amor y por una causa noble, como por los pecadores, es sin duda, una manera de adorarlo y de confiar plenamente en su misericordia. También es una forma hermosa para expresar lo que confiamos y sentimos por Dios, una forma de mostrar nuestra fe en El y hecha con el corazón, es además un hermoso regalo a Dios. La ofrenda total de uno mismo a Dios y por los hermanos pecadores, se abre a un amor "más grande".

Entiendo este acto de ofrenda que hizo Teresa de los Andes, es una entrega, o de un servicio, para manifestar gratitud y amor. El deseo de ofrecerse a sí mismo, involucra en ella un profundo deseo de amor por los demás, en especial por aquellos que más lo necesitan.

Escribe Teresa en su Diario en abril de 1917:

“Jesús mío, Tú conoces la ofrenda que te he hecho de mí misma por la conversión de las personas que te he nombrado. Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino también mi muerte como te pluguiere (agradare) dármela. La recibiré con gusto, ya sea en el abandono del Calvario, ya en el Paraíso de Nazaret.  Además, si quieres, dame sufrimientos, cruz humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos. Como Tú quieras, Jesús mío.  Soy tuya, haz de mí según tu santa voluntad.

 A ti, oh, María, que jamás me has desoído los ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre, también te pongo en tus manos maternales esas almas. Óyeme. Toda mi vida no he dejado de pedirte, Madre mía. Escúchame, te lo ruego por Jesús y por tu Esposo San José, a quien ruego interceda por esta pobre pecadora”.[118]

“Jesús mío, te lo ofrezco por mis pecados y por los pecadores y el Santo Padre y sacerdotes”.[119]

“Sufriré con alegría por mis pecados y por los pecadores”.[120]

Sigue Teresa en el mismo Diario, en abril de 1917. [121]

“Sufro. Esta palabra expresa todo para mí. ˇFelicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz de mi Jesús. ˇQué felicidad más grande es decirle: Jesús, Esposo mío, acuérdate que soy tu esposa, ˇdame tu cruz! [122]

“Gracias, Dios mío, porque me habéis dado un director que dirija mi alma hacia Ti.  Me preguntó cómo era mi oración, si estéril o con devoción. Yo le dije que con devoción a veces; pero había períodos en que no podía meditar y me quedaba tranquila con Nuestro Seńor. 

Pero me dijo que siempre debía tratar de reflexionar y sólo en último término, hacer lo otro”.

Que viviera constantemente en la presencia de Dios Nuestro Seńor dentro de mi alma.  

Que lo hiciera lo más a menudo posible. Que hiciera el examen particular sobre eso. 

Que apuntara los pensamientos y afectos de la meditación que más me movieran a devoción.

Me permitió que me mortificara, mortificándome en las comidas, sacrificando el gusto.

También que rezara un cuarto de hora en cruz o tres Padre Nuestros, hincada sobre las manos. Después me va a dar permiso para ponerme cilicios.

Que fuera muy reservada. Que no hablara de mi vocación, sino con mi mamá y con la M. Izquierdo; porque era como un perfume contenido en un frasco que, al destaparlo, se va todo.

Que trajera a mis amigas al servicio de Dios.

Lo que más consuelo y alegría me dio fue que me dijo que tenía vocación para Carmelita.

“Me preguntó qué virtud prefería. Le contesté: la humildad. Después me dio permiso para renovar el voto de virginidad hasta la Asunción de la Virgen.

Resolución: un alma para salvarla; una muerte para temerla; una vida para santificarla.

Me esmeraré en labrar la felicidad de los demás”.

 


 

15    UN LLAMADO AL LAICADO HACIA LA MÁS ALTA SANTIDAD.

“Sed santos, porque yo, el Seńor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 19,2)

15.1     LA PALABRA "SANTO" Y LA “SANTIDAD” DE LA IGLESIA.

En su libro “Introducción al cristianismo”, el cardenal Joseph Ratzinger, explica qué; “La palabra "santo" no alude primariamente a la santidad en medio de la perversidad humana. El Símbolo no llama a la Iglesia "santa" porque todos y cada uno de sus miembros sean santos, es decir, personas inmaculadas. Este es un sueńo que ha renacido en todos los siglos, pero que no tiene lugar alguno en el Símbolo, por tanto, una Iglesia Santa, expresa el anhelo perpetuo del hombre porque se le dé un cielo nuevo y una tierra nueva, inaccesibles en este mundo. En realidad, las más duras críticas a la Iglesia de nuestro tiempo nacen veladamente de este sueńo; muchos se ven defraudados, golpean fuertemente la puerta de la casa y tildan a la Iglesia de mentirosa.

Continúa el cardenal Joseph Ratzinger:

“La santidad de la Iglesia consiste en el poder por el que Dios obra la santidad en ella, dentro de la pecaminosidad humana. Este es el signo característico de la "nueva alianza": En Cristo Dios se ha unido a los hombres, se ha dejado atar por ellos. La nueva alianza ya no se funda en el mutuo cumplimiento del pacto, sino que es un don de Dios, una gracia, que permanece a pesar de la infidelidad humana. Es expresión del amor de Dios que no se deja vencer por la incapacidad del hombre, sino que siempre es bueno para él, lo asume continuamente como pecador, lo transforma, lo santifica y lo ama”.

“Por razón del don que nunca puede retirarse, la Iglesia siempre es la santificada por él; santificación en la que está presente entre los hombres la santidad del Seńor. Lo que en ella está presente y lo que elige en amor cada vez más paradójico las manos sucias de los hombres como vasija de su presencia, es verdaderamente la santidad del Seńor. Es santidad que en cuanto santidad de Cristo, brilla en medio de los pecados de la Iglesia. Por eso la figura paradójica de la Iglesia en la que las manos indignas nos presentan a menudo lo divino, en la que lo divino siempre está presente sólo en forma de sin embargo, es para los creyentes un signo del sin embargo del más grande amor de Dios”. [123]

Todos deben vivir “como conviene a los santos”

Como dice el Concilio Vaticano II, “es necesario que todos, con la ayuda de Dios, conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron”[124]. Todos deben tender a la santidad, porque ya tienen en sí mismos el germen; deben desarrollar esa santidad que se les ha concedido. Todos deben vivir “como conviene a los santos”, como escribe San Pablo; “toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos”.  (Ef. 5,3) y revestirse, “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrańas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, (Col 3,12).

La santidad que poseen no les libra de las tentaciones ni de las culpas, porque en los bautizados sigue existiendo la fragilidad de la naturaleza humana en la vida presente. El concilio de Trento enseńa, al respecto que nadie puede evitar durante toda su vida el pecado incluso venial, sin un privilegio especial de Dios, como la Iglesia cree que acaeció con la santísima Virgen; “por privilegio especial de Dios, como de la bienaventurada Virgen lo enseńa la Iglesia”[125] Eso nos impulsa a orar para obtener del Seńor una gracia siempre nueva, la perseverancia en el bien y el perdón de los pecados: “perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros hemos perdonado a los que nos ofenden” [126]

Llamado a la perfección por la caridad.

Según el Concilio (Vaticano II), “Todos los seguidores de Cristo, incluidos los laicos, están llamados a la perfección de la caridad”[127]. Esta perfección no es privilegio de algunos, sino compromiso de todos los miembros de la Iglesia, sean estos Presbíteros o un fiel común. Este compromiso por la perfección cristiana significa camino perseverante hacia la santidad. Como dice el Concilio, “el divino Maestro y modelo de toda perfección, el Seńor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que él es iniciador y consumador: "Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.[128]

Por ello, nosotros, todos los fieles, de cualquier estado o condición, estamos llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Precisamente gracias a la santificación de cada uno se introduce una nueva perfección humana en la sociedad terrena: como decía sierva de Dios Isabel Leseur,[129] “toda alma que se eleva consigo el mundo”. EL Concilio enseńa que “esta santidad suscita un nivel de vida más humano, incluso en la sociedad terrena”

Es necesario destacar que cada uno puede servir y beneficiar a los demás. Era la recomendación de san Pedro a los cristianos esparcidos en Asia Menor cuando, exhortándolos a la santidad, escribía: “Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios. Si alguno habla, sean palabras de Dios; si alguno presta un servicio, hágalo en virtud del poder recibido de Dios, para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.[130]

El camino de santidad para los laicos cristianos

También el concilio Vaticano II dice que “una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios”[131] Así recuerda el camino de santidad para los obispos, los sacerdotes, los diáconos, los religiosos que aspiran a convertirse en ministros de Cristo, y “aquellos laicos elegidos por Dios que son llamados por el obispo para que se entreguen por completo a las tareas apostólicas”[132]. Pero de forma más expresa considera el camino de santidad para los laicos cristianos comprometidos en el matrimonio: “Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso amor, contribuyen al establecimiento de la fraternidad en la caridad y se constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la madre Iglesia, como símbolo y participación de aquel amor con que Cristo amó a su Esposa y se entregó a sí mismo por ella”[133].

Lo mismo se puede y debe decir de las personas que viven solas, o por libre elección o por acontecimientos y circunstancias particulares, como personas solteras, los viudos y las viudas, los separados y los alejados. Para todos vale la llamada divina a la santidad, realizada en forma de caridad. Y lo mismo se puede y debe decir, de aquellos que en la vida profesional ordinaria y en el trabajo cotidiano actúan por el bien de sus hermanos y el progreso de la sociedad, a imitación de Jesús obrero. Y lo mismo se puede y debe decir, por último, de todos los que, como dice el Concilio, “se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos o los que padecen persecución por la justicia”: éstos “están especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvación del mundo” [134]

Por todo lo anterior, son muchos, por consiguiente, los aspectos y las formas de la santidad cristiana que están al alcance de todos nosotros, los laicos, en sus diversas condiciones de vida, en las que estamos llamados a imitar a Cristo, y podemos recibir de él la gracia necesaria para cumplir su misión en el mundo. Todos estamos invitados por Dios a recorrer el camino de la santidad y a atraer hacia este camino a nuestros amigos y compańeros de vida y de trabajo en el mundo de las cosas temporales.

Servir a los demás, es camino de santidad.

Dice el Seńor: “vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros”. [135] Teresa de los Andes ha comprendido bien este mensaje del Maestro. Todo el mensaje de Jesús tiene ese sentido, el servicio mutuo a nuestros hermanos. Y la caridad comienza por casa. Ella le escribe a su hermana Rebeca, que está de cumpleańos, y le confía su secreto:

“El Divino Maestro se ha compadecido de mí. Acercándose, me ha dicho muy por lo bajo: "Deja a tu padre y madre y todo cuanto tienes y sígueme".[136]

El deseo de Juanita al revelarle este secreto es inflamarle en ese nuevo amor que ahora tiene:

“hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador. [137]

Después le pide algo que seguramente sorprendió a su hermana servir a los demás y comenzar por los sirvientes de su casa:

“Diremos a Jesús en la Comunión que edifique en nuestras almas una casita; que nosotras pondremos el material que ha de ser nuestros actos de vencimiento [y] el olvido de nosotras mismas, haciendo desaparecer el yo, que es el Dios que adoramos interiormente. Esto cuesta y nos arrancará gritos de dolor. Pero Jesús pide ese trono y hay que dárselo. La caridad ha de ser el arma para combatir a ese Dios. Ocupémonos del prójimo, de servirle, aunque nos cause repugnancia hacerlo. De esta manera conseguiremos que el trono de nuestro corazón sea ocupado por su Dueńo, por Dios nuestro Creador”. [138]

Y es el mismo propósito que ella se hace después de participar en su segundo Retiro:

“Quiero desde hoy ser siempre la última en todo, ocupar el último puesto, servir a los demás, sacrificarme siempre y en todo para unirme más a Aquél que se hizo siervo siendo Dios, porque nos amaba”.[139]

Teresa de los Andes, un llamado al laicado hacia la más alta santidad.

La vida de la primera santa carmelita de Latinoamérica, Teresa de los Andes, hace hoy un llamado al laicado hacia la más alta santidad. Ella ha oído las palabras del Maestro llamando a todos los hombres a dejarse realizar en Él “en la Unidad” con el Padre, el ímpetu de un mismo Espíritu de amor. Esta alta intuición mística extraída de la lectura del Evangelio e iluminada de lo alto por la plegaria, cogida y asimilada en profundidad por experiencia de amor de esta joven nos debe hacer meditar como está nuestra vida para transitar por caminos de santidad. Y lo interesante, es que ella ha comprendido esto y lo expresa en un sencillo lenguaje accesible a todas las almas, para permitirles caminar por el camino que lleva a lo alto del monte “para contemplar la honra y la gloria de Dios” (San Juan de la Cruz) desde aquí abajo y en medio de las tareas más ordinarias o comunes de nuestra vida.

En una carta a su madre ya en el convento de Los Andes el 4 de julio, 1919:

“Aprovechemos para enriquecernos el momento de la comu­nión. Bańémonos en esa fuente de santidad y pidámosle el mundo entero de las almas, porque no nos sabrá decir que no”.[140]

En una carta a su hermana Rebeca desde el convento, el 12 de julio de 1919 (Un día antes de su cumpleańos) le pide a su hermana que aproveche esta oportunidad y que sea santa:

“Me faltan palabras, her­manita, para expresar la dicha divina que experimento. Siento al Infinito, al Eterno, al Santo todopoderoso, al sapientísimo Dios, unido con la nada pecadora. Entonces adoro y más amo. Enton­ces es cuando el alma se siente pura. Está en la fuente de la san­tidad”.

“Amémosle, hermanita, porque su bondad y su misericordia son infinitas. ˇCómo ante ese amor desaparece el nuestro misera­ble, que no sabemos hacer el más leve sacrificio por nuestro Dios, después que nada nos ha rehusado desde una eternidad! Aprove­cha, hermanita, esos instantes para hacerte santa. Fíjate que es­tamos unidas enteramente a la santidad infinita. Pídesela. żQué te podrá negar cuando está loco de amor por ti, ya que se ha reducido a hostia o nada para llegar hasta ti? Pídele que lo co­nozcas y que te conozca”.[141]

A su amiga Elena Salas González, le invita a ofrecerse a Él con amor para cumplir su adorable voluntad, ese el plan de santidad que ella concibe.

Querida Elena: żQué te parecen mis proyectos? żNo encuentras que son demasiado ideales para mí que soy tan miserable? Cuando pienso en las grandezas que se encierran en la vocación me confundo y no sé cómo agradecerle a N. Seńor el haberse fijado en una criatura tan ruin.

Dime, żhay algo más grande sobre la tierra que el Dios eterno, inmutable, el todopoderoso, busque en la tierra un alma para hacerla su esposa; busque un corazón humano para unirlo a su Corazón Divino. Si Dios a cada instante se nos da con amor infinito, żno nos corresponde a nosotros, criaturas miserables, darnos a Él con todo nuestro ser, de modo que todas nuestras obras vayan dirigidas a Él con toda la intensidad de amor de que somos capaces? Ofrecernos a Él con amor para cumplir su adorable voluntad, he ahí el plan de santidad que concibo. Dios es amor, żqué busca en las almas sino amor? Antes de cada acción debemos darle una mirada. Él está en nuestra alma, żcon quién podemos estar más unidas? Allí ofrezcámosle hacer aquella acción, no por los pecadores, ni con ningún interés, sino porque le amamos.[142]

15.2     EL DESEO DE LA SANTIDAD

La santidad no es un privilegio reservado a unas pocas personas

Cuando leo la vida que llevó Teresa de los Andes, o la misma Teresa de Jesús, me doy cuenta como estas santas mujeres han tenido una vida característica de cualquier chiquilla y que no por eso se distraen de su amor a Jesús. Tanto en su vida en el Monasterio, como monja de claustro y su vida en el mundo, Teresa de Los Andes no se evadirá y escapará de una vida peculiar como quizás nos habríamos puesto a pensar de una santa como ella, es decir, su vida la hace con exquisita naturalidad.

 “żQuién subirá al monte del Seńor?, żQuién podrá estar en su recinto santo?, El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engańo jura”.[143]

Para llegar a ser santo, y así de este modo llegar en su momento al Cielo, “al monte del Seńor”, solo se debe tener una determinación muy decidida para lograrlo. Con esto, no quiero decir, que para llegar a la santidad sea una cosa imposible, recordemos que todos los que han llegado a tener el honor para ser llamado santos, todos fueron personas muy normales. Por otra parte, no hay que realizar grandes cosas, pueden ser a veces pequeńas, lo importante es que se hagan con amor, como las hizo también Teresa de Lisieux, Santa Isabel de la Trinidad y Teresa de los Andes, que tuvieron la disposición de dejar que Dios actuara en ellas.

En la amistad con Dios y unidos a EL, se llega a la santidad, un aforismo de Santa Isabel de la Trinidad dice: “Vivamos con Dios como con un amigo, tengamos una fe viva para estar en todo unidos a Dios” (H, 576). Teresa de Jesús, define la oración como el tratar de amistad con quien sabemos nos ama, es decir, no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo de corazón a corazón, eso, ya es una buena forma de santidad. Si tenemos diálogos íntimos y de amistad en forma permanente, seremos capaces de enfrentar con mucha paz desconocidos desafíos que se nos presentarán en la vida sin temor, ya que, en las manos de Dios, todo lo bueno es posible y siempre el, nos tenderá una mano para sacarnos de las dificultades. Como le sucedió a Pedro, que viendo la violencia del viento, mientras navegaban por agua turbulentas, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: “ˇSeńor, sálvame! Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: Hombre de poca fe, żpor qué dudaste? Y ante eso luego se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”.[144]

En las palabras de San Pablo a los Tesalonicense, encontramos muchas recomendaciones para la santidad, como por ejemplo: “En cuanto a vosotros, que el Seńor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como es nuestro amor para con vosotros, para que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Seńor Jesucristo, con todos sus santos”[145] Y más adelante agrega. “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” …. “que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor” …. “pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad”[146]

A veces pensamos que la santidad es un privilegio que solo está reservado a unas pocas personas, que son muy especiales y elegidos para ser santos, pero lo que debemos comprender, es que el camino hacia la santidad está abierto para que transiten todos los que por el quieren caminar, por ende, es una elección y una tarea de cada uno de los que se saben hijos de Dios, de cada uno de los que se denominan cristianos. Por tanto, todos estamos llamados a la santidad, y esto no es otra cosa, que vivir en el mundo que nos ha correspondido, como hijos de Dios. Y como todas las personas somos hijos de Dios, todos tenemos que llegar a ser santos, a pesar de que los caminos no nos resulten fáciles y cómodos.

Con todo, ser santo, no parece en estos tiempos algo fácil, y más difícil parece ser ayudar a que otros lo sean. Entonces me cabe una pregunta, żes necesario que yo ayude a los demás a que caminen por sendas de santidad? Yo pienso que sí, como nos dice Jesús: “Vosotros sois la sal de la tierra. Más si la sal se desvirtúa, żcon qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.[147] Es así como corregir, aconsejar, dar buen ejemplo, orar mucho, sacrificarme para que todas las obras de los hermanos lleven la luz de Dios y testimonien su participación en la divina naturaleza, para que viendo todos sus frutos buenos se den cuenta, de que Dios está en ellos, ya que, conociendo el árbol por sus frutos,[148] no pueden nacer de árbol malo, si son buenos, sino de la luz.

A saber, hay dos elementos fundamentales que constituyen la esencia de toda santidad: el despojo de sí y la unión con Dios. Se los encuentra siempre bajo los más variados matices de la vida de los santos. En una Carmelita ese aspecto negativo reviste la forma de una separación absoluta. El Carmelo es el desierto, Dios solo. A solas con Él. Pero entre las almas carmelitanas cada una vive a su modo esta doctrina de la “nada” de la criatura y del “Todo” de Dios, que tanto gustaba a san Juan de la Cruz. 

15.3     “CREO QUE EN EL AMOR ESTÁ LA SANTIDAD.

Está claro que la persona que busca la santidad debe tener un profundo deseo de ser santo y sabe que con la ayuda de Dios todo es posible. Este camino, en palabra de Santa Teresa de Jesús, hay que tomarlo con "determinada determinación". En efecto, esta determinación es algo serio. Esto supone una vida de amor a Dios y es aceptar el regalo de la santidad que Él te hace.

Teresa de los Andes desde pequeńa tuvo dentro de su plan de vida el ser santa, estaba determinada a lograrlo. Así lo demuestran sus escritos en su Diario y cartas.

Quiero ser santa.

Escribe Juanita en su Diario a los pocos días de cumplir sus 15 ańos:

“Estoy leyendo Isabel de la Sma. Trinidad. Me encanta. Su alma es parecida a la mía. Aunque ella fue una santa, yo la imitaré y seré santa. Quiero vivir con Jesús en lo íntimo de mi alma.[149]

EL 8 de agosto de 1917, Juanita participa en su segundo “Retiro”. Esta actividad le hace reflexionar y luego de reconocer que ha caído en el pecado, pide perdón a Dios y siente que la mejora forma de reparar estas ingratitudes, es ser santa. Escribe Juanita:

“Quiero ser indiferente a todo, menos a Dios y mi alma.

ˇOh qué ingrata me veo para con mi Dios! Tengo confusión, vergüenza con tantos pecados como he cometido. Dios mío, perdón. Cuánto te he ofendido y qué bueno eres Tú, que no me has condenado. Yo desde ahora odio el pecado pues él me aparta de Ti. Me hace objeto de horror a tu vista. Seńor, perdón. Ya desde ahora quiero ser santa.[150]

Es el 14 de agosto de1917, Juanita tiene ya cumplido los 17 ańos y hace una semana ha participado en u Retiro. Ahora es tiempo de recoger los frutos que le dejaron esos momentos de soledad. Escribe Juanita:[151]

“Sentí un poco de vanidad, pero la rechacé y se lo dije a Jesús, preguntándole qué debía hacer para no sentirla. Entonces me dijo que El me daba su gracia para que fuera buena, y no apareciera mala como lo soy en realidad”.

“Siento tan difíciles de cumplir mis propósitos, pero Jesús me ha animado poniéndome ante mi vista su rostro despreciado, humillado. Le pido que me dé fuerzas”.

“Quiero desde hoy ser siempre la última en todo, ocupar el último puesto, servir a los demás, sacrificarme siempre y en todo para unirme más a Aquél que se hizo siervo siendo Dios, porque nos amaba. No me disculparé jamás, aunque sea injusto”.

“Haré todas las cosas lo mejor que pueda por agradar no a las criaturas sino a Dios. Amaré las criaturas por Dios, en Dios y para Dios. Viviré constantemente en ese espíritu de fe. No despreciaré ninguna ocasión para humillarme y para mortificarme. Cumpliré a cada instante la voluntad de Dios”.

“Creo que en el amor está la santidad. Quiero ser santa. Luego me entregaré al amor, ya que éste purifica, sirve para expiar. El que ama no tiene otra voluntad sino la del amado; luego yo quiero hacer la voluntad de Jesús. El que ama se sacrifica. Yo quiero sacrificarme en todo. No me quiero dar ningún gusto. Quiero inmolarme constantemente para parecerme a Aquél que sufre por mí y me ama. El amor obedece sin réplica. El amor es fiel. El amor no vacila. El amor es el lazo de unión de dos almas. Por el amor me fundiré en Jesús”.

Más adelante escribe a la Madre Angélica Teresa, desde su lugar de descanso el fundo san Pablo al sur de Santiago el 22 de enero de 1919;

“Leí las Constituciones y Reglas. Sólo confío en Dios podré observarlas perfectamente, pues ellas encierran un plan cumplido de santidad”.[152]

Al Padre José Blanch, C.M.F., desde el mismo lugar de descanso el 3 de febrero de 1919:

“Todas estas consideraciones que le hago, Rvdo. Padre, son las que me inducen a preferir el Carmen, pues creo que en esta vida he de alcanzar la santidad. La he escogido porque veo que, esco­giéndola, he de encontrar la cruz; y andaría -creo- todo el mun­do con la gracia de Dios para buscarla y poseerla, pues en ella está Jesucristo”.[153]

Al Padre Artemio Colom, S.J., desde el Convento del Espíritu Santo, el 20 de julio de 1919:

“Mis esfuerzos todos se dirigen a ser una santa carmelita, y creo que lo que Dios quiere de mí para alcanzar esta santidad es un recogimiento continuo: que nada ni nadie pueda distraerme de Él”.[154]

 

 

16    PROFUNDAMENTE MARIANA

16.1     CONFÍE TODO A LA SANTÍSIMA.

La Virgen ha sido la confidente íntima

Confiesa Teresa su gran amor a la Santísima Virgen María, dice que ha sido su compańera inseparable. La Virgen ha sido la confidente íntima desde los más tiernos ańos de su vida. Ella le ha escuchado la relación de sus alegrías y tristezas. Ella ha confortado su corazón tantas veces abatido por el dolor. Teresa, como toda carmelita, es profundamente mariana, ella le confiesa a su padre: “Desde chica amé mucho a la Santísima Virgen, a quien confiaba todos mis asuntos”.[155] Es así como cuando se refiere a la Santísima Virgen escribe:

“Confíe todo a la Santísima. Récele siempre el rosario para que Ella le guarde no sólo su alma, sino también sus asuntos”. [156]

A su hermano Ignacio le pide:

“Honra mucho a María. Es tu madre tan buena y carińosa, que jamás dejará de velar por ti. Récele a la Santísima. Virgen el Rosario todos los días, pero muy bien rezado. Cuando me vuelva a escribir me dirá si lo ha hecho”.[157]

En Chile, como en muchos países hispanos, la devoción mariana está muy arraigada, es así como la figura de la Virgen María es espejo de muchos y también de Teresa de Jesús, ella misma lo dice:

“Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús”.[158]

“La Santísima Virgen es el modelo más perfecto de nuestro sexo. żNo vivió Ella siempre en una continua oración, en el silencio, en el olvido de lo de la tierra?” … “Pídele a la Santísima Virgen que sea tu guía; que sea la estrella, el faro que luzca en medio de las tinieblas de tu vida”. [159]

“Siempre esperé y confié en que moriría con todos los sacramentos, porque no abandonó jamás su escapulario del Carmen”.[160]

Le escribe a su hermano Luis (Lucho)

“Habla a la Santísima Virgen de corazón a corazón. Cuando te sientas solo, mírala y verás que sonriendo te dice: "Tu madre jamás te deja solo". Cuando, triste y desolado, no halles con quién desahogarte, corre a su presencia y la mirada llorosa de tu Madre diciéndote "no hay dolor semejante a mi dolor" te confortará, poniendo en tu alma la gota de consuelo que cae de su dolorido corazón”. … “La Santísima Virgen ha sido mi compańera inseparable. Ella ha sido la confidente íntima desde los más tiernos ańos de mi vida. Ella ha escuchado la relación de mis alegrías y tristezas. Ella ha confortado mi corazón tantas veces abatido por el dolor”. …” La que puso en mi alma el germen de la vocación fue la Santísima Virgen. Esta tierna Madre jamás ha sido en vano invocada por sus hijos. Ella me amó y, no encontrando otro tesoro más grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el fruto bendito de sus entrańas, su Divino Hijo”.[161]

A su madre y a su padre:

“Rezamos en estos 15 días antes de la Asunción las quince casas del Rosario. Le aseguro que llena el alma de felicidad esa devoción a la Santísima Virgen.[162]

Cuando sufra, mire a su Madre Dolorosa con Jesús muerto entre sus brazos. Compare su dolor. Nada hay que se le asemeje. Es su único Hijo, muerto, destrozado por los pecadores. Y a la vista del cuerpo ensangrentado de su Dios, de las lágrimas de su Madre María, aprenda a sufrir resignado, aprenda a consolar a la Santísima Virgen, llorando sus pecados”.[163]

“No se atemoricen ante la nueva vida que se les presenta, pues siendo hijas de María, la Virgen las cubrirá con su manto”.[164]

“He puesto en defensa de mi causa dos grandes abogados que no pueden ser vencidos: mi Madre Santísima, a quien jamás he invocado en vano y que ha sido mi guía verdadera toda mi vida, desde muy chica, y mi Padre San José -a quien he cobrado gran devoción-, que lo puede todo cerca de su Divino Hijo”.[165]

Preparación para mi Primera Comunión.

“Por este tiempo (a mis siete ańos), empieza mi devoción a la Virgen. Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y estaré, como lo espero, hasta mi muerte. Todos los días Lucho me convidaba a rezar el Rosario, e hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la vida; la que he cumplido hasta ahora. Sólo una vez, cuando estaba más chica, se me olvidó”.[166]

“Ruega a la Madre de los Dolores para que no me deje jamás bajar la cima del Calvario, donde he de ser en cada momento de mi vida crucificada”.[167]

Amor a la Virgen María.

Teresa, se siente muy amada por la madre de Jesús, y ella responde con su amor, “ˇCuánto amo a mi Madre! ˇCuánto me ama Ella! Hoy es el día de su Corazón Inmaculado. Qué tiernamente hablaron de Ella en el sermón. Llegué a llorar después. Tanto la amaba”.[168].

Teresa desde siempre se siente cercana y unida a la Virgen, le escribe ella a su hermano Lucho:

 “Además, la que puso en mi alma el germen de la vocación, fue la Santísima Virgen. Y tú fuiste el que me enseńaste a amar a esta tierna Madre, que jamás ha sido en vano invocada por sus hijos Ella me amó y, no encontrando otro tesoro más grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el fruto bendito de sus entrańas, su Divino Hijo. żQué más me pudo dar?”[169]

"Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús".

Teresa, tiene 15 ańos, y escribe una bellísima carta a la Virgen María, es un momento difícil en el que está internada en su colegio, y con esta carta con ternura le escribe a la Madre de Dios como si ella fuera su propia madre de la tierra. Le escribe que no ha de amar sino a Jesús, y que lo hace por desahogar su corazón despedazado por el dolor y luego le pide que la consuele, aliente, ame, aconseje, acompáńame y bendiga. [170]

“Esposa de Jesús Mi único amor. Hoy desde que me levanté estoy muy triste. Parece que de repente se me parte el corazón. Jesús me dijo que quería que sufriese con alegría. Esto cuesta tanto, pero basta que Él lo pida para que yo procure hacerlo. Me gusta el sufrimiento por dos razones: la primera, porque Jesús siempre prefirió el sufrimiento, desde su nacimiento hasta morir en la cruz. Luego ha de ser algo muy grande para que el Todopoderoso busque en todo el sufrimiento. Segundo: me gusta porque en el yunque del dolor se labran las almas. Y porque Jesús, a las almas que más quiere, envía este regalo que tanto le gustó a Él.

Me dijo que Él había subido al Calvario y se había acostado en la Cruz con alegría por la salvación de los hombres. "żAcaso no eres tú la que me buscas y la que quieres parecerte a Mí? Luego ven conmigo y toma la Cruz con amor y alegría".

Encuentro también en un cuaderno una cosa escrita que se titulaba: "Mi Espejo". "Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús".

"No he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de Dios. Mis ojos se deben fijar en Jesús crucificado. Mis oídos han de oír constantemente la voz del Divino Crucificado".

"Mi lengua ha de expresarle mi amor. Mi pie ha de encaminarse al Calvario. Por eso ha de ser mi andar lento y recogido. Mis manos deben estrechar el Crucifijo, es decir, aquella imagen divina que ha de imprimirse en mi corazón".

También encuentro una carta que escribí una noche en que ya no podía sufrir más:

"Madre querida, Madre casi idolatrada: Te escribo para desahogar mi corazón despedazado por el dolor. No quiero que juntes sus pedazos, Madre de mi alma sino que mane, que destile un poco de sangre. Me ahoga el dolor, Madre mía. Sufro, pero estoy feliz sufriendo. He quitado la Cruz a mi Jesús. El descansa. żQué mayor felicidad para mí?

Estoy sola Madre mía. Mi mamá se va hoy a Vińa a ver [a] Ignacito y nosotras quedaremos aquí. żHasta cuándo? No lo sé. Hasta que Jesús lo quiera żno te parece...? Sufro... y ya no puedo más. Sólo te pido que sanes a los enfermos. Tú sabes quiénes son. Tú, Madre, si quieres puedes hacerlo. Madre mía, muéstrate que eres mi Madre Oye el grito de mi alma pecadora arrepentida, que sufre y apura el cáliz del dolor hasta las heces; pero no importa. Me da pena, pero sólo quiero a Jesús. Quiero que Él sea el dueńo de mi corazón. Dile que le amo y que le adoro. Dile que quiero sufrir, que quiero morir de amor y sufrimiento. Que no me importa el mundo, sino solamente Él. Sí, Madre. Estoy sola. Me uno a tu soledad. Consuélame, aliéntame, aconséjame, acompáńame y bendíceme.

Tú eres mi Madre y te digo que tengo pena. Antes tenía una tregua mi dolor un rayo de luz en mi oscuro corazón; pero ese rayo de luz ya no me alumbra ni sonríe. Esa sonrisa de mi madre me hacía vivir y era dos veces a la semana; pero ahora no la tendré. Mańana será miércoles y nadie me llamará al salón. Ven Tú con tu Hijo y mi felicidad será completa.

Haced que sepa mis lecciones, mis repasos, mis exámenes. Que tenga premios para verte feliz a Ti, y a mi Jesús y a mis padres. María, Madre mía, óyeme. Tu hija". (D 15,11)”

Madre mía, mańana seré doblemente tu Hija.

El siete de diciembre de 1915 escribí: "Es mańana el día más grande de mi vida. Voy a ser esposa de Jesús. żQuién soy yo y quién es Él? [El] todopoderoso, inmenso, la Sabiduría, Bondad y Pureza misma se va a unir a una pobre pecadora. ˇOh, Jesús, mi amor, mi vida, mi consuelo y alegría, mi todo! ˇMańana seré tuya! ˇOh, Jesús, amor mío!

Madre mía, (mańana del 8 de diciembre de 1915) seré doblemente tu Hija. Voy a ser Esposa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir con verdad que el único amor de mi corazón ha sido El.

Mi confesor me dio permiso para hacer voto de castidad por nueve días y después me seguirá indicando las fechas. Soy feliz. Tengo mi fórmula escrita: "Hoy, ocho de diciembre de 1915, de edad de quince ańos, hago el voto delante de la Santísima Trinidad y en presencia de la Virgen María y de todos los santos del Cielo de no admitir otro Esposo sino a mi Seńor Jesucristo, a quien amó de todo corazón y a quien quiero servir hasta el último momento de mi vida. Hecho por la novena de la Inmaculada para ser renovado con el permiso de mi confesor".

Esto es lo último que tengo de este ańo. No he vuelto a escribir mi Diario. Pero tengo mi retiro y una carta que le escribí a mi hermana Rebeca para comunicarle mi vocación de Carmelita y pedirle que me ayudara. Le escribí el día de su cumpleańos.

Devoción a la Virgen Lourdes.

Otra devoción a la Virgen María, es través de la advocación de la Virgen de Lourdes, alimentada por su familia, su tía Teresa que le regala una imagen de porcelana de la Virgen, por su hermano Lucho, su visita a la Gruta de Lourdes en Santiago, su preocupación para que le vaya bien a su papa en el campo, donde ella le escribe: “Yo le aseguro que tengo dos mandas para que le vaya bien y no pierdo la esperanza que la Santísima Virgen me oiga. żPor qué no le hace Ud. una manda de dar una limosna en Lourdes y de ir a comulgar una mańana allá? żQué le parece? La Virgen siempre accede a cuanto se le pide”.[171]  En la carta siguiente,[172] revela Teresa su gran devoción a la Virgen de Lourdes.

“Cuando fuimos por última vez a Chacabuco, mi tía Juanita me dio una Virgen de Lourdes de loza que había tenido siempre al lado de mi cama, con tal que tomara un remedio. Me la tomé y me la dio. Esta es la Virgen que jamás ha dejado de consolarme y de oírme.

Por este tiempo empieza mi devoción a la Virgen. Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y estaré, como lo espero hasta mi muerte. Todos los días Lucho me convidaba a rezar el rosario, e hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la vida; la que he cumplido hasta ahora. Sólo una vez, cuando estaba más chica, se me olvidó.

Nuestro Seńor, desde aquí, se puede decir, me tomó de la mano con la Santísima Virgen. Desde este período mi carácter se puso iracundo, pues me daban unas rabietas feroces; pero eran muy de lejos. Después nadie me sacaba de paciencia. Los nińos, mis hermanos, lo hacían a propósito. Me decían muchísimas cosas para hacerme rabiar, pero yo seguía como [si] no los oyera. Por esto mi mamá me hizo regalona; pero después, cualquiera cosa que me contrariaban me ponía a llorar y me daban llantos histéricos.

Cuando nos fuimos a Chacabuco, fue con nosotros una prima de mi mamá que no me podía pasar, y la Rebeca era la regalona. Con esto sufría como no es posible imaginar; pero yo con ella era terrible, no le soportaba nada.

En 1907 entramos al colegio. Ud. puede saber, Madre, lo que la incomodamos con nuestro carácter. Muy bien nos acordamos cuando mi mamá le contaba las peleas que teníamos con mis hermanos y Ud. nos llamaba y nos hacía ponernos bien.

Desde esta época es cuando Nuestro Seńor me mostró el sufrimiento Mi papá perdió una parte de la fortuna. Así es que tuvimos que vivir más modestamente.

Yo cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Primera Comunión. Hasta que accedió en 1910. Y empecé mi preparación. Me parecía, querida Madre, que ese día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a Nuestro Seńor. Un ańo me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección.

En el mes del Sagrado Corazón [ż1908 ó 1909?], yo modifiqué mi carácter por completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de verme prepararme tan bien a mi Primera Comunión.

Me costaba obedecer porque, sobre todo cuando me mandaban, por flojera, me demoraba en ir. Entonces me dije a mi misma que aunque no me mandaran, iría corriendo primero que los otros. No peleaba con los nińos. A veces me mordía los labios y me apresuraba para vestirme. Hacía actos, los que apuntaba en una libreta. Tenía llena la libreta de actos. Ay, qué diferencia entre entonces y ahora. ˇCómo volver a esa época! Pero żno he recibido más favores de Nuestro Seńor?”.

Lourdes María, Madre llena de dulzura.

En la carta siguiente, nos dice Teresa de los Andes, que María es la Madre llena de dulzura y que es Madre del universo entero. Escribe en su Diario a la Virgen de Lourdes el 12 de febrero de 1917.[173] 

“żQuién no se anima al verle tan tierna, tan compasiva, a descubrir sus íntimos tormentos? Si es pecador, tus caricias lo enternecen. Si es tu fiel devoto, tu presencia solamente enciende la llama viva del amor divino”. Más adelante en la misma nota escribe; “María, eres la Madre del universo entero. Tu corazón está lleno de dulzura”.

Anteayer y ayer fuimos a Lourdes. ˇLourdes! Esta sola palabra hace vibrar las cuerdas más sensibles del cristiano, del católico. ˇLourdes! ˇQuién no se siente conmovido al pronunciarla! Significa un Cielo en el destierro. Lleva envuelto en su manto de misterio todo lo grande de lo que es capaz de sentir el corazón católico.

Su nombre hace remover los recuerdos pasados y conmueve las sensaciones íntimas de nuestra alma. Ella encierra alegría, paz sobrehumana, donde el peregrino, fatigado del camino pesaroso de la vida, puede descansar; puede sin cuidado dejar su bagaje, que son las miserias humanas, [y] abrir su seno para recibir el agua del consuelo, del alivio. Es donde las lágrimas del pobre con el rico se confunden, donde sólo encuentra una Madre que los mira y los sonríe. Y en esa mirada y sonrisa celestiales hacen brotar de ambos pechos sollozos que el corazón, de felicidad, no puede dejar de escapar y que lo hace esperar, amar lo imperecedero y lo divino.

María, eres la Madre del universo entero.

“Si Tú eres, Madre, la celestial Madonna que nos guío. Tú dejaste caer de entre tus manos maternales rayos de cielo. No creí que existiera la felicidad en la tierra; pero ayer, mi corazón sediento de ella, la encontró. Mi alma, extasiada a tus plantas virginales te escuchaba. Eras Tú la que hablabas y tu lenguaje de Madre era tan tierno... Era de cielo, casi divino.

żQuién no se anima, al verte tan pura, tan tierna, tan compasiva, a descubrir sus íntimos tormentos? żQuién no te pide que seas estrella en este borrascoso mar? żQuién es el que no llora entre tus brazos sin que al punto reciba tus ósculos inmaculados de amor y de consuelo? Si es pecador, tus caricias lo enternecen. Si es tu fiel devoto, tu presencia solamente enciende la llama viva del amor divino. Si es pobre, Tú con tu mano poderosa lo socorres y le muestras la patria verdadera. Si es rico, lo sostienes con tu aliento contra los escollos de su vida agitadísima. Si es afligido, Tú, con tus miradas lagrimosas, le muestras la Cruz y en ella a tu divino Hijo. żY quién no encuentra el bálsamo de sus penas al considerar los tormentos de Jesús y de María? El enfermo, por fin, halla en su seno maternal el agua de salud que deja brotar con su sonrisa encantadora, que lo hace sonreír de amor y de felicidad. Sí, María, eres la Madre del universo entero. Tu corazón está lleno de dulzura. A tus pies se postran con la misma confianza el sacerdote como la virgen para hallar entre tus brazos al Amor de tus entrańas. El rico como el pobre, para encontrar en tu corazón su cielo. El afligido como el dichoso, para encontrar en tu boca la sonrisa celestial. El enfermo como el sano, para encontrar en tus manos dulces caricias. Y por fin, el pecador como yo encuentra en Ti la Madre protectora que bajo tus plantas inmaculadas tienes quebrantada la cabeza del dragón; mientras que en tus ojos descubre la misericordia, el perdón y faro luminoso para no caer en las cenagosas aguas del pecado.

Madre mía, sí. En Lourdes se encontraba el cielo: estaba Dios en el altar rodeado de ángeles, y Tú, desde la concavidad de la roca, le presentabas los clamores de la multitud arrodillada ante el altar. Y le pedías que oyese las súplicas del pobre desterrado en este valle de lágrimas, mientras que, junto con los cantos, te ofrecían un corazón lleno de amor y gratitud”.

16.2     HIJA DE MARÍA.

Soy hija de María

Dice el Seńor: “que todo el cumple la voluntad de mi Padre Celestial, ese es mi hermano, mi mí hermana y mi madre (Mt 12,47). En la carta siguiente, [174]Teresa de los Andes, no sólo se sabe Esposa de Jesús, sino que al unirse más a Él y se siente su hermana e hija de María.

“Ascensión del Seńor al cielo de mi alma. Haré todas mis cosas en unión con Él, por Él y para Él. Lo consolaré. Quiero ser crucificada. Y El me dejó sus clavos.

Cuanto más nos unimos al Creador, más nos aislamos de las criaturas. Jesús mío, Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío.

Mańana es el día de la Trinidad de 1917. żEncontrará el Padre la figura de Cristo en mí? ˇOh, cuánto me falta para parecerme a Él! No tengo todavía bastante virtud. Me abato muy luego. Sin embargo, soy más humilde o me humillo más y tengo más fe. Sin embargo, el otro día se portaron mal las chiquillas en la mesa y yo me impacienté; y después me dijeron que no era firme, pues las dejaba conversar. Yo dije que no hacían caso. Tuve harta rabia, y al ver a las chiquillas les dije: "ˇAntipáticas!" żHabría obrado así Jesús? Claro que no. Las habría reprendido y no se habría disculpado ni habría insultado como yo lo hice. Es cierto que me vencí mucho; pero después conté mi rabia y al otro día les pedí perdón a las chiquillas, para humillarme. Estas caídas me sirven para reconocer que soy muy imperfecta todavía.

15 de junio 1917. No sólo soy Esposa de Jesús, sino que hoy me he unido más a Él. Soy [su] hermana. Soy hija de María. Desde hoy como las princesas que las llevan al palacio del prometido para ser formadas como él, ahora también voy a entrar a mi alma, la casa de Dios. Allí me espera mi Madre y mi Jesús. ˇOh, cuánto lo amo!

Me fui a confesar ayer (14 de junio de 1917). Me dijo el Padre tres cosas necesarias para no impacientarme:

 1° No manifestar la rabia exteriormente;

 2° Ser amable con la persona que me la proporciona;

3° Acallar, abatir la cólera en mi corazón.

Tres partes esenciales de la meditación: reflexión, coloquio, súplica”.

María es mi madre y mi todo, vocación para carmelita. 2° carta del Carmen.

He oído, más de una vez, a alguna persona decir que cree que la Virgen de Carmen en chilena. Además de ser la Patrona de Chile, y que la estrella solitaria en fondo azul de la bandera de Chile representa la “Stella Maris”, estrella del mar, es fácil entender que el amor a la Virgen de Carmen en este país es muy grande, tanto, que el 16 de julio, en Chile es día feriado. Esto hace que muchas personas entiendan que ser carmelita, es ser seguidora de la advocación de la Virgen del Carmen, que le escriban o le pidan a la Virgen del Carmen que interceda por muchas necesidades. Teresa de los Andes, también le escribe a la Virgen del Carmen [175] en la carta siguiente:

“7 septiembre de 1917. Hoy, viernes 1ş, no pude comulgar porque amaneció lloviendo y me dejaron en cama. Qué pena he tenido. Sin embargo, he hablado con mi Jesús. Ojalá que mańana pueda comulgar, día de la Natividad de mi Madre. Ya que no he podido ofrecerle muchos actos a mi Mariíta, voy a principiar un novenario, pero no sé cómo hacerlo, pues, como estoy enferma, me doy gusto en la comida y en casi todo; pero desde mańana principiaré a festejar a mi nińita María, porque es mi Madre y mi todo, después de Jesús. Además, renovaré el voto hasta el ocho de diciembre.

11 de septiembre de 1917. Como era el aniversario de mi Primera Comunión fui a comulgar. ˇQué ideal! Hace siete ańos se unió mi alma con Jesús. ˇQué efusión fue ese primer encuentro! Jesús por primera vez habló a mi alma. ˇQué dulce era para mí aquella melodía que por primera vez oí!

Hoy me fui a confesar. Hablé largamente con el Padre acerca de mi vocación. Me dijo que él veía que, por ahora, tenía verdadera vocación para carmelita. Que Jesús me la podía dar permanente, es decir, para siempre, y que pudiera entrar al Carmen; y pasajera o momentánea, para librarme por ahora de todos los males de cuerpo y alma. También, que podía ser verdadera mi vocación, que la pudiera seguir, si Dios me daba las cualidades necesarias. Y también podía ser carmelita espiritualmente, es decir, que teniendo el espíritu carmelitano, podía en mi casa seguir una regla de vida como las carmelitas, levantándome a tal hora, y teniendo una hora de meditación y después ir a misa, comulgar y venirme a mi casa y ponerme a trabajar, estando todo el día en la presencia de Dios, y teniendo en la tarde otra hora de meditación y acostarme a una hora fija y visitar lo menos posible. Que le contestara, me dijo, después de reflexionar, si me gustaba esto.

Después me dijo que siempre me mirara en el espejo de mi alma; que, cuando no pudiera meditar, conjugara el verbo amar como se sigue:

Yo żamo a Dios o amo las vanidades?

Tú, alma, żte amas desordenadamente a ti misma?

El (Jesús) me ama con amor eterno.

Nosotros nos amamos en Dios.

Vosotros os amáis desordenadamente

Ellos aman sus pasiones y no aman a Cristo crucificado.

Yo amé a Jesús desde chica, etc.;

Yo amaré, con la misericordia de Dios, hasta la muerte a Jesús, y a ese Crucificado.

Me dijo que, cuando estuviera muy desconsolada y me sintiera sin ánimo, primero buscara consuelo en Dios; y si Él no me lo daba, lo buscara un poco en una persona digna de confianza que me llevara a Dios. Que viviera crucificada, pues Jesús quería que fuera su Cireneo. Que El me daba una astillita de su cruz que la recibiera con gusto y que tratara de no abatirme. Que viviera más que nunca en la presencia de Dios. Que me uniera a Él. Que hiciera una media hora de meditación, y que, cuando estuviera con gente, tomara un libro y leyera y meditará al mismo tiempo. Que me cuidara mucho. Me prohibió toda mortificación. Que, cuando me sintiera cansada, no hiciera mucho esfuerzo para meditar. Que me contentara con jaculatorias y actos de amor”.

Me pidió mucho mi Jesús -lo mismo mi Madre- los imitara.

“Septiembre 13 de 1917. Ayer vine a ver a la Rebeca, y la Madre Izquierdo consiguió que me dejaran. Yo estaba feliz, pues tenía ansias de venirme al colegio; así es que fue muy divertido, pues me tuve que cambiar traje y de todo. Yo no sé lo que me pasa. Es una tristeza interior tan grande que me siento como aislada de todo el mundo. Me aburre todo y me cansa todo. En fin, ayer [12.9.1917], gracias a Dios, pude meditar y sentí devoción y amor, lo que hace mucho tiempo [no] me daba el Seńor ni aún en la Comunión. En fin, estos dos meses de sufrimiento son dos meses de Cielo; pues, aunque no me he unido mucho a mi Jesús a causa de mi tibieza, sin embargo, todo se lo he ofrecido a Él y le he pedido me diera su cruz.

Me pidió mucho mi Jesús -lo mismo mi Madre- los imitara en el eclipsamiento de la persona, es decir, que viviera muy oculta, sólo para Él. Que no manifestara mis sentimientos a nadie sino a mi confesor. Así lo haré con la ayuda de Dios. Saqué ayer como resolución la de vivir hoy muy alegre exteriormente.

Septiembre 14, 1917. Cumplí mi resolución de ayer. Fui a donde la M. Izquierdo. Me recomendó que hiciese todo por amor. Que buscase no los consuelos de Dios, sino al Dios de los consuelos, y que viviera al día.

Me contestaron las dos Madres carmelitas en unas cartas ideales. La de Los Andes me envió una fotografía de la Virgen con oración y una medallita del Carmen y del profeta Elías”.

 

 


 

17    DEVOTA DE SAN JOSE

Alguien podría opinar que no son tantas las veces que Teresa de Jesús de Los Andes menciona al Santo muy querido por los carmelitas, “San José”, pero hay que tener en cuenta que ella tuvo un corto paso por la vida terrenal. Con todo, con sus pocas notas en su Diario y en sus Cartas, ella nos revela una gran devoción por el Santo Esposo de María.

San José, en las notas de su Diario.

En su primer “Retiro”[176], ella tiene la edad de 16 ańos, escribe en su Diario la siguiente reflexión: 

“Desde ahora me pongo en tus divinas manos. Haced de mí lo que queráis. Sí, estoy dispuesta a ser humillada para castigar mi orgullo. Quiero, Esposo adorado, vivir escondida, desaparecer en Ti, no tener otra vida sino la tuya, no ocuparme sino de Ti. Ahora también que estoy purificada, quiero que la Sma. Trinidad venga a morar en mi alma para adorarla y vivir constantemente en su presencia. Por último te digo que hago voto en presencia de la Sma. Trinidad, de la Sma. Virgen, de San José y de los santos y ángeles del Cielo, [de] no tener por Esposo sino a Jesús, único amor de mi alma”

Y sigue más adelante:

“Quiero, pasar contigo por todas las afrentas con alegría Y si por mi flaqueza caigo, Jesús querido, te miraré en tu subida al Calvario y ayudada por Ti me levantaré. No permitas que te ofenda ni aun levemente. Prefiero mil muertes antes que darte la más ligera pena.

Madre mía, lirio entre espinas, enséńame el camino del Calvario. Guíame por esa senda de la mano. San José, custodio de vírgenes, guárdame”.

Al ańo siguiente, (abril de 1917), escribe en su Diario una ofrenda por los pecadores.[177]:

“Jesús mío, Tú conoces la ofrenda que te he hecho de mí misma por la conversión de las personas que te he nombrado. Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino también mi muerte […] La recibiré con gusto […] si quieres, dame sufrimientos, cruz humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos. Como Tú quieras, Jesús mío. Soy tuya, haz de mí según tu santa voluntad”.

Y más adelante pide a la Santísima Virgen sin olvidarse de mencionar a Jesús y a San José.

“A ti, oh, María, que jamás me has desoído los ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre, también te pongo en tus manos maternales esas almas. Óyeme. Toda mi vida no he dejado de pedirte, Madre mía. Escúchame, te lo ruego por Jesús y por tu Esposo San José, a quien ruego interceda por esta pobre pecadora”.

Teresa participa nuevamente en un Retiro, para ella serán días de recogimiento, a solas con Dios, momentos de silencio, que le ayudan a descubrir a un Dios más cercano, presente en su vida diaria. Este es su segundo Retiro. Ella escribe[178]:

“Agosto 8 [1917]. Hoy entro a retiro. Oigo la voz de mi Jesús que me dice "vamos a la soledad". "La llevaré a la soledad y allí le hablaré a su corazón". Me retiro con Él en lo íntimo de mi alma y allí, como en otro Nazaret, viviré en su compańía con mi Madre y San José”

La última nota que escribe en su Diario[179], la hace recordando que ella le dijo a la Madre Angélica, priora del Monasterio del Espíritu Santo, el día que le gustaría entrar en el Carmelo:

“Me preguntaron cuándo me iba. Yo les dije hasta mayo. Entonces una fue a ver que si era San José o el Espíritu Santo el primero que tocaba. Entonces resultó el siete el día de San José, y a él me encomendaron”.

San José, en las notas de sus Cartas.

Después de haber visitado el 11 de enero de 1919 el Monasterio del Espíritu Santo  en la ciudad de Los Andes, le escribe una carta[180] a la Priora, Madre Angélica Teresa. Por esos días está en el fundo San Pablo pasando sus vacaciones de verano. En sus cartas refleja que, aunque humanamente siempre se le presentan algunos inconvenientes, como en este caso que por la lejanía no ha podido oír Misa ni comulgar en 15 días, se reconforta en la voluntad de Dios.

Escribe:

“Figúrese, mi Madre querida, qué hambre no tendré. Pero me abandono a la voluntad de Dios. Es ése el alimento de mi alma por ahora”. Y al final, firmando ya la carta escribe: “Tengo puesta toda mi confianza en San José para que me tenga allá sin falta el 7”.

Teresa siempre tiene un motivo para encomendarse a San José, y no deja de tener presente a su familia y a sus directores espirituales. En marzo de 1919, está por unos días en la hacienda de Bucalemu, algo triste porque como es temporada de clases su hermana Rebeca no la pudo acompańar. Pero además extrańa mucho a su papá, que no lo ve muy a menudo y por eso le vuelve a escribir una nueva carta[181] donde le cuenta que lo encomienda la Santísima Virgen María, y como siempre unido a su Esposo José:

“Nos vamos el lunes a Santiago. Váyase Ud. pronto, pues tengo ansias de verlo. żCómo le va en su trabajo? żY las cosechas cómo han sido? No sabe, papacito, lo que rezo por el buen éxito de ellas. Espero que Dios nos oirá, porque a la Sma. Virgen a quien he puesto por intercesora, nada niega; lo mismo que a San José, a quien estoy rezando el mes por V. (Usted)

Cuatro días después de escribirle a su papa, escribe a uno de sus Directores Espirituales[182], el Padre José Blanch, sobre una de sus grandes preocupaciones, y es la carta que le escribirá en unos días a su papá para pedirle permiso para entrar al Carmelo.

Teresa escribe:

“Estoy sufriendo una verdadera agonía, pues hoy escribiré la carta a mi papá para solicitar el permiso para ser carmelita, para que la reciba el sábado, día de la Sma. Virgen […] Doy gracias a N. Seńor por lo que sufro pues así le mostraré mi amor sin mezcla de consuelos. Me someto con gusto a su divina voluntad, pues sé que es para unirme más a Él. El sábado recibirá la carta y se decidirá todo Rece, pero mucho, por esta pobre alma. Encomiéndeme a la Sma. Virgen y a San José. Pídales que se cumpla en mí la divina voluntad. A ella me he abandonado”.

Y al final de la carta escribe:

“P.D.--El día de San José lo tuve muy presente en mis pobres oraciones Y como ese día no pude comulgar por estar en el campo, mańana ofreceré la Misa y comunión por sus intenciones y santificación”.

También hace extensiva esta misma preocupación a la Madre Angélica Teresa y le pide[183] que la encomiende a la Santísima Virgen María y a San José, a quien ha cobrado mucha devoción:

“Creo no necesito rogarle a Ud., mi querida y respetada Madre, recen mucho especialmente el sábado, para que se realice en mí la voluntad de Dios. He puesto en defensa de mi causa dos grandes abogados que no pueden ser vencidos: mi Madre Santísima a quien jamás he invocado en vano y que ha sido mi guía verdadero toda mi vida, desde muy chica, y mi Padre San José--a quien he cobrado gran devoción--, que lo puede todo cerca de su Divino Hijo”.

El 5 de marzo de 1919, Juanita le escribe una carta a su padre pidiéndole permiso para entrar en el Carmelo. El 8 de abril recibe la tan ansiada respuesta en la que su papá le ha dado el consentimiento. El 7 de mayo, día del patrocinio de San José, podrá cumplir su gran sueńo, entrar en el Carmelo que ella ha escogido, el Monasterio del Espíritu Santo de la Ciudad de Los Andes.

Es así como le comunica[184] su gran alegría a la madre Angélica Teresa:

“Alabemos al Seńor y démosle gracias por el gran favor que ha concedido a su hijita. Tengo el permiso y, Dios mediante, volaré al palomarcito el 7 de mayo. El domingo que pasó mi papá me dio su consentimiento. San José ha sido el que ha hecho este milagro […]  A mis Hermanitas les dirá que les doy las gracias por sus buenas oraciones, pues estoy segura qué la Sma. Virgen y mi Padre San José no han podido hacerse sordos a ruegos tan constantes y llenos de santa caridad. Dígales que haré lo posible después para pagarles su caridad con oraciones, aunque pobres, por cierto, y sirviéndolas en cuanto me sea posible, pues soy muy inútil”.

También le escribe una carta[185] al 83 Al P. Julián Cea

“Ayer al volver del fundo de unas amigas, me encontré con su carta que de tanto provecho ha sido para mi alma. La carta anterior también la recibí, pero no quería contestarla hasta no darle la noticia del consentimiento de mi papacito. Gracias a Dios, lo tengo para el 7 de mayo. No puedo dudar es un milagro de San José, pues fue el domingo 3-° de los dedicados a este santo. No tengo cómo agradecerle a mi Jesús tanta bondad para con esta alma tan miserable e infiel. Estoy feliz al contemplar las puertas de mi Carmelo ya abiertas para recibirme. Sólo me restan 20 días más o menos, y después... el Calvario, el Cielo. Ya estoy subiendo su cima”.

Y luego una carta[186] al Padre José Blanch:

“Sólo ahora he tenido tiempo para escribirle después que tengo el consentimiento de mi papá. Sólo puedo decir: ˇBendito sea Dios! Todo ha sucedido de un modo providencial y he visto patente la voluntad de Dios; pues tal como quería ha sucedido. El 7 de marzo la Sma. Virgen y San José me abrirán las puertas de mi convento, y ese día moriré al mundo para vivir siempre escondida en Dios. ˇQué vida de cielo, Rdo. Padre, qué vida de esposa del Divino Crucificado!”.

Y más adelante le detalla la conversación con su papá:

"Si es esa la voluntad de Dios y tu felicidad, yo no me opongo". Después me preguntó cuándo quería irme, si a principios o a fines de mayo. Y entonces le dije que el 7, y él me dijo: "Hijita, hazlo como tú quieras". Era el tercer domingo de los dedicados a San José, a quien tanto allá en Los Andes como yo habíamos confiado el asunto”.

Después sigue comentando respecto de su hermano Miguel:

“Miguel, entre tanto, no sospechaba. Pero N. Seńor se lo llevó también a mi papá, quien le dijo y le mostró mis cartas. Lloró también mucho, pero sin decir nada contra mí. He tenido que dar muchas gracias a Dios, pues lo considero verdaderamente un milagro obrado por San José”.

En noviembre de 2019, le escribe[187] a su mamá, que está preocupada por algunos comentarios y quiere tranquilizarla pidiéndole el pesebre navideńo, con una imagen de San José:

“Todavía me estoy riendo de lo que me ha dicho nuestra Madrecita se corre en el mundo de esta pobre carmelita. żPor qué quieren turbar, mamacita, su felicidad, diciéndole que estoy triste, que lloro […] żNo ve que es envidia del reposo, de la paz, de la felicidad que inunda mi alma? Cuán bien veo que los que inventan semejante mentira no conocen lo que es vivir en el cielo del Carmelo […] le contaré que me han dado la ermita de la S. Virgen. Estoy feliz con ella. Sin embargo, quisiera que Ud., mamacita, como cosa suya, le pidiera a la Lucita el Nińito Jesús de ella, con los Reyes Magos, la Sma. Virgen y San José; pues directamente no me atrevo”

Santa Madre Teresa de Jesús y San José.

La Santa Madre Teresa de Jesús, nos relata, sobre todo en el libro de la Vida, su experiencia con San José, y se anima a fomentar su devoción entre sus hijas las monjas, para que sean devotos del que ella llama el “glorioso San José”. Por tanto puede ser que después de leer el libro de la Vida, Teresa de Jesús de Los Andes se haya entusiasmado aún más por esta devoción al Santo.

En el epígrafe del capítulo 6 de la Vida, Santa Madre Teresa de Jesús, escribe:

“Trata de lo mucho que debió al Seńor en darle conformidad con tan grandes trabajos, y cómo tomó por medianero y abogado al glorioso san José, y lo mucho que le aprovechó. [188]

Y más adelante sigue:

“tomé por abogado y seńor al glorioso san José, y encomendéme mucho a él”.[189]

En el capítulo 30 afirma:

“No me hartaba de dar gracias a Dios y al glorioso padre mío san José”[190]

También escribe:

“Una vez estando en una necesidad que no sabía qué me hacer, ni con qué pagar unos oficiales, me apareció san José, mi verdadero padre y seńor, y me dio a entender que no me faltarían, que los concertase; y así lo hice sin ninguna blanca, y el Seńor, por maneras que se espantaban los que lo oían, me proveyó.[191]

“Hice oración suplicando al Seńor me favoreciese, y a mi padre san José que me trajese a su casa, y ofrecíle lo que había de pasar y, muy contenta, se ofreciese algo en que yo padeciese por él y le pudiese servir,[192]”.

 

 

 


 


 

18    AMOR UNITIVO

18.1     UNIÓN CON DIOS

Me imagino a Teresa de los Andes como una joven entusiasta hablando de Dios, y lo hace desde sus vicisitudes y dificultades y de dolores físicos. Y hablar de Dios, en especial de su amor  y de sentirse unido a Él desde los padecimientos, no es fácil. Pero forma parte de las características de una carmelita, Teresa de Jesús dice; “porque hablar del amor de Dios es cosa sabrosa.[193] Entonces me imagino a Teresa de Jesús de Los Andes, en diferentes circunstancias frente a sus amigas o a sus hermanas las monjas, hablando de Dios para que todas ellas le conozcan.

Escribe Teresa de los Andes en su Diario,[194] sobre sus fatigas, su falta de ánimo, pero con el deseo de la unión con Dios haciendo su voluntad. Con ese ánimo declara que la mirada al crucifico la sostiene y a pesar de que su pobre corazón sigue gimiendo, siente que Jesús la mira contento.

Unión con Dios es vivir haciendo su voluntad, sobre todo en momentos difíciles.

“Lunes 27 de agosto de 1917. (Diario) No sé lo que tengo, pues siento a cada instante fatigas. Hoy varias veces he tenido que poner toda mi voluntad para no dejarme llevar de la tristeza. Y ayer saqué ese propósito en la meditación: mostrarme alegre todo el día. Y lo he cumplido. He pasado a veces de tal manera que casi no podía menearme del agotamiento de ánimo en que estoy. Yo creo que es la debilidad en que estoy: un dolor de cabeza constante. Ańádase a esto el dolor de espalda. Ya no sé cómo estoy; pero estoy feliz, pues sufro y sufro con Jesús para consolarlo y para reparar mis pecados y los de los hombres. Y una tristeza moral; pero diré con el salmista: "Cercado estoy por mis enemigos, pero confío en el Seńor que ha de confundirlos".

“Agosto 28 de 1917. (Diario) Me siento cada día peor. No tengo ánimo para nada; pero en fin, es la voluntad de Dios. Que se haga como Él quiera. Madre mía, todo lo he puesto en vuestras manos. żPor qué me habéis abandonado? Haz que sepa muy bien mis lecciones y composiciones. Madre mía, que tenga "muy bien" en mis temas. Muéstrate que eres mi Madre y dame todo, pero humildad ante todo. Jesús querido, dame sufrimientos. No importa sufrir, porque así me amas. Mańana sin Comunión. La obediencia me lo impone. żQué hacer, Jesús mío, sin Ti? żQué será de esta miserable sin Jesús? Mas, por suerte, que lo tengo en mi alma. Allí habita mi Jesús y no lo dejo salir”.

La mirada de mi crucifijo me sostiene.

“Hoy, 30 de agosto de 1917 (Diario), no he comulgado. Sin unirme con Dios. Y todo por este cuerpo de barro. żCuándo se acabará esta muerte para vivir en Dios? Jesús mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfallezco. Hoy me he sentido mal. Las fatigas no me dejan. Qué hacer, si es la voluntad de Dios. Hoy sin Comunión he metido más aparato. Silencio, cuerpo, quiero que sólo el alma hable con Dios para que tú calles a las criaturas.

La mirada de mi crucifijo me sostiene. Veo todo oscuro. Mi oración se acabó. Me han prohibido que la haga en la noche. La comunión me la han negado; pero venzo, porque Jesús lo es Todo y Él está dentro de mi alma. żQué importa todo? No quiero mirar sino el presente, es decir, mirar a Jesús. El me alumbra. El porvenir se me presenta en medio de tinieblas.

Cuando comulgo siento ánimo. Jesús me da vida, no sólo la del alma sino la del cuerpo. Y me la quitan; me privan del Cielo. Jesús querido, que se haga tu voluntad y no la mía. Mańana comulgaré. Conseguí permiso. ˇOh, qué felicidad: mańana tendré el Cielo en mi corazón! ˇOh, te amo, Jesús, te adoro! Te agradezco a Ti y a mi Madre este favor. ˇToda tuya... Sólo Tú... ninguna criatura!”.

Y mi pobre corazón sigue gimiendo, y Jesús me mira contento.

“Septiembre 1 de 1917. (Diario) Enferma siempre. Se me presenta tan triste el porvenir que no lo quiero mirar. Me dijeron hoy que me iban a sacar del colegio y que, como la H. V daba baile, me tendría que estrenar en ése para este otro ańo. Me causa horror. Y ver por otro lado, que no podré ser carmelita por mi salud. Todo esto me hace exclamar ˇJesús mío, si es posible, que pase de mi este cáliz; mas no se haga mi voluntad sino la tuya! Y ver que no puedo hacer oración. Por otro lado, cuando estoy con Jesús me da no sé qué hablarle de mis penas en vez de consolarlo, cuándo El sufre mucho más. Y me callo. Y mi pobre corazón sigue gimiendo, y Jesús me mira contento, me cuenta sus...

Me muero, me siento morir. Jesús mío, me doy a Ti. Te ofrezco mi vida por mis pecados y por los pecadores. Madre mía, ofréceme como hostia. Verdaderamente, ayer ya no podía más del dolor al pecho. Me estaba ahogando. No podía respirar y del dolor me daban fatigas. Todo se lo ofrecí a Jesús por mis pecados y los de los pecadores. Estoy en mi casa. Me tuve que venir porque ya no podía más. Qué pena tuve al despedirme de las chiquillas y de las monjas y de mis chicas. Las quiero tanto... pero que se haga la voluntad de Dios. No he comulgado. Llegué a sońar anoche que tenía hambre de Jesús; pero después, todo el día en un estado de tibieza, no hice oración ni comulgué espiritualmente. Oh qué mala soy. Pero gracias a Dios hoy reparé e hice una comunión espiritual. Iba a meditar, cuando me quedé dormida, pero ahora voy a ver si puedo meditar. Mańana voy a comulgar. Cuánto lo deseo, Jesús mío. Soy tan mala. Necesito de Ti para ser buena. Ven, amor. Ven pronto y te daré mi corazón, mi alma y todo lo que poseo. Madre mía, prepara mi corazón para recibir a mi Jesús”.

18.2      UNIÓN CON CRISTO

Tener a Jesús como compańía, trae al alma de una carmelita una satisfacción que no es fácil de describir. Teresa de Jesús escribe en las Moradas: “żQué no dará quien es tan amigo de dar y puede dar todo lo que quiere?” [195]

Ciertamente, Teresa de los Andes, ha ido leyendo a sus Santa Madre Teresa de Jesús, y en ella también va descubriendo la amistad que ella tiene con Jesús y a igual que la Santa fundadora del Carmelo Teresiano, que en sus textos nos revela la relación que experimenta en las distintas etapas de su vida. En efecto, Teresa de Jesús, ella enseńa a sus hijas las monjas su experiencia, y explica cómo va aumentado de intensidad a medida que más se va conociendo al Esposo. Ella siente que Jesús, le acompańa siempre en las dificultades, “Con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir; es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo verdadero”. [196]

Es así como les enseńa a sus hijas las Monjas: “Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compańía. żPues qué mejor que la del mismo Maestro que enseńó la oración que vais a rezar? Representad al mismo Seńor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os está enseńando; y creedme, mientras pudiereis, no estéis sin tan buen amigo. Si os acostumbráis a traerle cabe vos, y él ve que lo hacéis con amor y que andáis procurando contentarle, no le podréis como dicen echar de vos; no os faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle en todas partes. żPensáis que es poco un tal amigo al lado?”. [197]

En la siguiente carta que he escogido para este libro, Teresa de los Andes le escribe al P. Julián Cea, C.M.F. La carta la inicia el 14 de agosto 1919 y la deja incompleta el 31 de agosto del mismo ańo. En esta carta nos habla de que encontró la felicidad más completa. Siente que vive en un rinconcito de cielo. Dios la toma para Sí. Y la Santa nos habla de las intimas comunicaciones con Él. Unida a Él. Su oración: “Yo no soy la que vivo, sino Jesús”. Nos revela además en su carta que ella siente su alma está sosegada y que siente un amor tan grande por el Seńor, que le parecía que su corazón no podía resistir.[198]

Intensidad de amor unitivo.

“Reverendo Padre:

Qué feliz me siento cuando al fin del día puedo decirle que me he negado en todo. Pero desgraciadamente esto no es diariamente, pues con frecuencia veo que no estoy del todo desasida de las criaturas, pues deseo conversar con mis hermanitas; lo que no debe existir en una carmelita, cuyo trato debe ser sólo con Dios. żNo encuentra vuestra Reverencia lo mismo?

A pesar de mis miserias, Dios me toma cada vez más para Sí. No se imagina vuestra Reverencia cómo se descubre cada vez más a mi alma. Las locuciones interiores siempre las siento. También se me han representado imágenes interiores de N. Seńor en ciertas épocas. Una vez, se me representó N. Seńor agonizante, pero en forma tal que jamás lo había visto. Me tuvo ocho días sumida en una verdadera agonía, y lo veía a toda hora. Después cambió de forma, y el día del Sagrado Corazón se me presentó Jesús con una belleza tal, que me tenía completamente fuera de mí misma. Ese día me hizo muchas gracias. Entre otras, me dijo que me introducía en su Sagrado Corazón para que viviera unida a Él; que uniera mis alabanzas a la Santísima Trinidad a las suyas; que todo lo imperfecto Él lo purificaría”.

Entonces mi alma está sosegada.

“28 de agosto. Tantos días sin poder seguir mi carta. Vuestra Reverencia me perdonará, pues bien sabe que no disponemos ni aún del tiempo. Es lo más rico. Pero seguiré dándole cuenta de mi oración, pues siempre existen en mí las dudas: que es todo ilusión lo que me sucede... Aunque últimamente no puedo dudar sea Dios el que se une a mí, pues lo siento apoderarse de mi ser.

Mi oración, por lo general, es una especie de mirada a Dios sin raciocinar. A veces siento mi alma como que quisiera salir de mí, para confundirse en el Ser divino. Otras veces es Dios el que entra en mí ser. Entonces mi alma está sosegada. Siento interiormente un fuego consumidor, que me consume enteramente”.

Sentí un amor tan grande por N. Seńor que me parecía que mi corazón no podía resistir.

“31 de agosto. Sólo a ratos le puedo escribir. No sé cómo decirle lo que quiero expresar de todo lo que me ha pasado esta semana. En estos momentos sufro horriblemente. Sólo Jesús, que es el que me martiriza, lo comprende. Créame, Rdo. Padre, que lo que ha pasado por mí no lo puedo expresar. Cuando estoy en la oración no dudo sea Dios el que se une a esta miserable pecadora; pero saliendo de la oración, creo es el demonio o ilusiones que me forjo. Haré lo posible por decirle lo que siento.

Hacen 6 [días], estando en la acción de gracias después de la comunión, sentí un amor tan grande por N. Seńor que me parecía que mi corazón no podía resistir; y al mismo tiempo -créame, Padre, que no sé decirle lo que me pasó, pues quedé como atontada- he pasado todos estos días como si no estuviera en mí. Hago las cosas, pero sin darme cuenta. Después, en la oración, se me presentó Dios, e inmediatamente mi alma parecía salir de mí; pero con una violencia tal, que casi me caí al suelo. No pierdo los sentidos, pues oigo lo que pasa al lado, pero no me distraigo de Él. Sobre todo cuando el espíritu sube más, entonces no me doy cuenta (esto es por espacio de minutos, creo) pero paso la hora casi entera en este levantamiento de espíritu; pero eso sí que con interrupciones, aunque en estas interrupciones no vuelvo bien en mí. Después mi cuerpo queda todo adolorido y sin fuerzas. Casi no puedo tenerme en pie. Y el otro día me pasó que no tuve fuerzas ni aún para llevarme el tenedor a la boca. Tenía tan pesado y adolorido el brazo que no podía. Creo que pasaron dos [días] sin poder hacer nada. En estos propósitos estaba, cuando de repente se me vino a la mente el anonadamiento de Dios bajo la forma de pan, y me dio tanto amor que no pude resistir; y mi alma, con una fuerza horrible, tendía a Dios. Después sentí esa suavidad, la que me inundó de paz y me convenció que era Dios.

Sin embargo, hoy estoy con todas las dudas y he llorado, porque no quiero llamar la atención de mis hermanas. Por otro lado, el amor de Dios que siento es tan grande que estoy sin fuerzas, y creo que, si me viniera un levantamiento de espíritu, no podría resistir.

También pienso que, como yo, siendo una pecadora y que sólo tan poco tiempo me doy a la oración, Dios se va a unir a mí. Sin embargo, Él me dijo que yo sufriría la purificación por medio del amor, pues quería hacerme muy suya. Otras veces, se me ocurre que las hermanas me van a creer que yo soy una hipócrita, que quiero hacerme pasar por extraordinaria, y que me van a echar. Esto no me atormenta tanto, porque gozaría que todas me despreciasen”.

He visto que esta oración me hace buscar más soledad. No tengo ningún apego. Tengo más humildad, amor al sufrimiento, a la mortificación. Sobre todo siento que yo no soy la que vivo, sino Jesús.

19    VIDA DE ORACIÓN

19.1     ANTES DE ENTRAR AL CARMELO

Hacer de la vida una oración constante.

Faltan pocos meses para entrar al Carmelo. El 11 de enero de 1919 había ido a visitar a las Carmelitas de los Andes y después de esa visita decide ser carmelita. Teresa le escribe una carta a la Madre Angélica Teresa del Santísimo Sacramento el 22 de enero de 1919 mientras permanece en el fundo San Pablo, cerca de San Javier de Loncomilla, a unos 300 km al sur de Santiago. Siente algunas dificultades para escribir. Tiene deseos de encerrarse, hambre de comunión. Esta rendida a la voluntad de Dios. Aunque apenas puede hacer oración, su vida es una oración constante.

Mi Reverenda Madre: [199]

“No se extrańe no haya contestado inmediatamente su carta, pero aquí me es muy difícil escribirle por cuanto es mi papá el que despacha las cartas para el correo. Le ruego también que, cuando me escriba, no me ponga Del Solar, porque les llama la atención el "Del" y me preguntan que quién me escribe así y paso apuros colosales para eludir la pregunta sin mentir. Es así nuestro apellido, [pero] nunca nos ponemos así.

Muchas veces, mi querida Madre, no puedo ni hacer oración. En esto consiste mi mayor pena, pues paso constantemente con todos, porque no me dejan un momento. Ayer estaba desalentada, pero N. Seńor me consoló diciéndome que me debía esforzar en dominar esa tristeza y desaliento, porque muchas veces me dominaría después ante las dificultades para ser una santa carmelita. Esto sólo bastó para alentarme y ponerme muy feliz con la voluntad de Dios. Gracias a Él”.

Pues todo, lo que hago, lo hago por amor a mi Jesús.

No olvidemos que el camino de la oración es un andar de toda la vida, por tanto, la persona que es orante debe cuidar su vida diaria, lo que hace, lo que dice, lo que vive, es decir, tener una unidad entre la vida y la oración.

En este comienzo del camino de la oración, el orante tiene la tarea de pensar la propia vida en clave de salvación, su historia de amor. Enlazar los tramos de la propia vida y contarlo en un relato de fe. Ahondar en la vida de Cristo. Aceptar los sinsabores. No querer resultados inmediatos de eficacia. Acoger el sentimiento de fastidio y desgana para comenzar este camino. Cuando faltan los pensamientos crece la voluntad. Percibir el camino en Cristo, recorrerlo en su compańía.

Teresa de los Andes, en este aspecto ha ido madurando rápidamente, y es así como se sincera con la madre, como leemos en la continuación de esta carta:

“Es cierto que a veces no tengo mi oración. Pero mi vida -puedo decir- es una oración continuada; pues todo, o que hago, lo hago por amor a mi Jesús, y noto que desde que estuve allá estoy mucho más recogida. Dígales esto a mis queridas Hermanitas, pues a Ud., Madre mía querida, y a ellas se lo debo.

Leí las Constituciones y Reglas. Sólo confío en Dios podré observarlas perfectamente, pues ellas encierran un plan cumplido de santidad. Leo el libro del Padre Blot que da también a conocer lo que es la carmelita. También la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz. Me encanta y saco provecho de él. Los salmos los estoy rezando. Me sirven de gran consuelo y les he tomado mucha afición.

Recuerdos a la Sarita. No sé cómo agradecerle el nombre que me dio. Soy demasiado indigna de llamarme como mi Madre; muy pequeńa para un nombre tan grande: Teresa de Jesús, Carmelita. ˇQué deseos tengo de ponerme así!”

Expone a su confesor su vida orante, de seglar.

El 29 de enero 1919, le escribe una carta al P. Artemio Colom, S.J, donde le explica las razones para preferir el Monasterio de los Andes.[200] Dominada por el amor, su oración es una íntima conversación con el Seńor.

Escribe Teresa:

“En mi carta anterior, le expuse a Ud., Rdo. Padre, las dudas que tenía, entre el Sagrado Corazón y las carmelitas…. Luego sigue: Le diré ahora las razones que tengo para querer ser carmelita. La es por la vida de oración que allí se vive, vida de íntima unión con Dios. 

Más adelante en la misma carta expone: También deseo exponerle los temores que me vienen por creer que el alma que se entrega a la oración ha de sufrir muchos engańos; y a veces llego a creer que todo es ilusión, con lo que sufro muchísimo. Pero me parece que son tentaciones del demonio, pues si un alma espera y cree en Dios, no es confundida.

Le expondré con toda sinceridad acerca de mi oración. Me figuro que estoy como Magdalena a sus pies escuchándole. Él me dice qué debo hacer para serle más agradable. A veces me ha dicho cosas que yo no sé. Otras veces me dice cosas que no han pasado y que después suceden, pero esto es en raros casos. Me ha dicho que seré carmelita y que en mayo de 1919 me iré. Esto me lo dijo de este modo: le pregunté qué de qué edad me iría. Entonces me dijo que de 18 ańos y que me faltaban 5 meses y seria en mayo. Todo esto me lo dio a entender rápidamente, sin que yo tuviera tiempo para sacar la cuenta de que el quinto mes era mayo. Después la saqué y vi que, efectivamente, para mayo faltaban cinco meses; por esto vi que no era yo la que me hablaba. Otras veces me dice cosas que yo no recuerdo y que, aunque quiero, no puedo hacerlo. Pero me ha pasado creo dos veces que, preguntándole yo una cosa, El me la ha dicho y después no ha sucedido; por lo que yo temo ser engańada.

Otra vez estaba delante del Santísimo en oración con mucho fervor y humildad; entonces me dijo que quería que tuviera una vida más íntima con Él; que tendría mucho que sufrir y otras cosas que no recuerdo. Desde entonces quedé más recogida, y veía con mucha claridad a N. Seńor en una actitud de orar, como yo lo había visto en una imagen. Pero no lo veía con los ojos del cuerpo, sino como que me lo representaba, pero era de una manera muy viva, que aunque a veces yo antes lo había querido representar, no había podido. Lo vi de esta manera como ocho días o creo más y después ya no. Y ahora tampoco lo puedo hacer”.

He estado completamente absorta contemplando las perfecciones infinitas de Dios.

La Santa Madre Teresa de Jesús, en el libro de la Vida, Capitulo 14, nos explica que es la oración de recogimiento. Dice que el orante experimenta en sí unos gustos muy particulares que no vienen de ninguna manera procurados por su mucho discurrir o meditar en las cosas de Dios. Aunque aquí no se ha de dejar del todo la oración mental. La santa nos habla de la oración de quietud, que es precisamente una comunicación de Dios al alma en la que la persona siente en sí un recogimiento hacia lo profundo de su ser, en el que su voluntad siente y goza claramente de unos gustos, que no había conocido antes en ninguna cosa de este mundo terreno, tanto que no se querría bullir:  “Aquí se comienza a recoger el alma, toca ya aquí cosa sobrenatural, porque en ninguna situación puede ganar aquello por diligencias que haga” [201]

Y Santa Teresa de los Andes le escribe al P. Artemio Colom, S.J:[202]

“He tenido a veces en la oración mucho recogimiento, y he estado completamente absorta contemplando las perfecciones infinitas de Dios; sobre todo aquellas que se manifiestan en el misterio de la Encarnación. El otro día me pasó algo que nunca había experimentado. N. Seńor me dio a entender una noche su grandeza y al propio tiempo mi nada. Desde entonces siento ganas de morir ser reducida a la nada, para no ofenderlo y no serle infiel. A veces deseo sufrir las penas del infierno con tal que, sufriendo esas penas, le pagara sus gracias de algún modo y le demostrara mi amor, pues encuentro que no lo amo. En esto consiste mi mayor tormento. Esto pensé en la noche antes de dormirme, y en la mańana amanecí con mucho amor. Recé mis oraciones y leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, en que expone los grados del amor de Dios, y habla de oración y contemplación. Con esto sentí que el amor crecía en mí de tal manera que no pensaba sino en Dios, aunque hiciera otras cosas, y me sentía sin fuerzas, como desfallecida, y como si no estuviera en mí misma. Sentí un gran impulso por ir a la oración e hice mi comunión espiritual, pero al dar la acción de gracias me dominaba el amor enteramente. Principié a ver las infinitas perfecciones de Dios, una a una, y hubo un momento que no supe nada: estaba como en Dios. Cuando contemplé la justicia de Dios hubiera querido huir o entregarme a su justicia. Contemplé el infierno, cuyo fuego enciende la cólera de Dios, y me estremecí (lo que nunca, pues no sé por qué jamás me ha inspirado ese terror). Hubiera querido anonadarme pues veía a Dios irritado. Entonces haciendo un gran esfuerzo, le pedí desde el fondo de mi alma misericordia.

Vi lo horrible que es el pecado, y quiero morir antes que cometerlo. Me dijo tratara de ser perfecta; Y cada perfección suya me la explicó prácticamente: que obrara con perfección, pues así habría unión entre Él y yo, pues El obraba siempre con perfección. Estuve más de una hora sin saberlo; pero no todo el tiempo en gran recogimiento. Después quedé que no sabía cómo tenía la cabeza. Estaba como en otra parte, y temía que me vieran y notaran algo en mi especial. Por lo que rogué a N. Seńor me volviera enteramente.

En la oración de la tarde estuve menos recogida, pero sentía amor, aunque no tanto. Todo ese día estuve muy recogida y me pidió Dios no mirará fijamente a nadie y, si de vez en cuando tenía que mirar, lo viera siempre a Él en sus criaturas, porque para llegar a unirse a Él necesitaba mucha pureza. Ni aún quiere toque a nadie sin necesidad. Después de ese día he quedado en grandes sequedades.

Todo esto que le digo, se lo digo con toda verdad. Aunque me parece que todo es engańo, y me cuesta mucho decírselo por lo mismo; pues me parece que son exageraciones mías”.

Cómo es la vida orante de Teresa, siendo aún seglar.

Teresa le había escrito el 7 de septiembre a la Priora de los Andes, una solicitud formal para entrar al Carmelo con estas palabras:

 “Entre tanto me preparo para ello lo mejor que puedo. Así es que le pido, por favor, me diga si hay un huequito, y también que me diga cuál es la dote y las cosas que se necesitan para poder ingresar, pues quiero saber de fijo todo esto para pedir permiso”.[203]

A la vuelta de correo recibe una respuesta afirmativa. Ahora comienza los preparativos y a esperar el permiso de su padre. Para fortalecerse, lee el reglamento, trata de seguirlo lo mejor que puede, todos los días hace tres cuartos de hora de oración, siendo su tiempo el más feliz del día, pues se siente en compańía del Seńor y como lectura espiritual, lee Camino de Perfección de Santa Teresa de Jesús, en especial, el "Padre Nuestro" explicado por Santa Teresa.[204]

El 11 de enero de 1919, visita con su madre a las Carmelitas de los Andes, después pasará un tiempo en el Fundo de San Pablo, alquilado por su padre llevando una vida de oración.

Todavía en el fundo San Pablo, le escribe una carta al P. Julián Cea, C.M.F. San Pablo, 27 de febrero de 1919.[205] Le cuenta de su comunicación con Dios y con la Santísima Virgen en la oración. Teresa, entre otros temas, quiere comunicarle que contempla a la Santísima Trinidad dentro de su alma como un inmenso foco de fuego y luz, que cada vez que está en oración Nuestro Seńor le da a conocer su amor infinito y finalmente le pide que rece por su pobre carmelita para que cumpla la voluntad divina.

Contemplo a la Santísima Trinidad dentro de mi alma como un inmenso foco de fuego y luz.

“He seguido en mi vida de recogimiento, uniéndome a Dios lo más posible. El otro día, cuando estaba en oración, me dijo lo adorara constantemente dentro de mi alma, ofreciéndole las alabanzas de todas las criaturas y uniéndome a las que le tributan los ángeles del cielo. Todo cuanto Él me dijo lo he cumplido, viviendo así mucho más unida a Él. Contemplo a la Santísima Trinidad dentro de mi alma como un inmenso foco de fuego y luz, en el cual, por su mucha intensidad no puedo penetrar ni mirar. Allí veo a la Santísima Virgen, a los ángeles y santos. Y me veo yo, criatura miserable, confundida y anonadada delante de su Divina Majestad y me uno a las alabanzas que le tributan todos en el cielo. Me pidió que esta adoración fuera constante y esta alabanza no fuera interrumpida, de modo que si hablaba o tenía que hacer cualquiera obra, lo hiciera con este fin de procurar su mayor gloria.

El otro día me habló de la pobreza. Me dijo que tratara de no poseer ni voluntad ni juicio, ya que por ahora no podía ser realmente pobre. Entonces me dijo que no estuviera apegada a nada. Pero todo esto fue sin palabras, sino que me lo daba a entender interiormente, y me hizo conocer que estaba apegada al fervor sensible. Que yo hacía consistir la unión divina en el amor sensible, pero que estaba en imitar sus divinas perfecciones para asemejarme a El cada vez más, y en sufrir mucho por su amor para ser crucificada como El”.

Cada vez que estoy en oración Nuestro Seńor me da a conocer su amor infinito.

“Reverendo Padre, todo esto se lo digo tal como pasa en mi alma, para que Ud. pueda aconsejarme. Como Ud. puede ver, Nuestro Seńor es demasiado bueno Para con esta ingrata criatura. Cada vez que estoy en oración N. Seńor me da a conocer su amor infinito y lo imperfecto de mi amor. Créame que deseo morir, pues veo que no le correspondo en nada. Quisiera, si me fuera posible, sufrir las penas del infierno, con tal que así pudiera amarle un poco. Soy tan miserable que N. Seńor necesita darme muchos consuelos y fervor para que me acerque a Él; y a pesar de esto, no lo hago. Siento a veces tanto amor, que me siento verdaderamente sin fuerzas; y sin embargo, en mis obras no se lo demuestro ˇAy!, Rdo. Padre, créame que me aniquilara para que no existiera sobre la tierra un monstruo de ingratitud para con ese Dios que es todo amor. A veces temo que se canse y me deje abandonada para siempre; que me mande la muerte y me condene. Rece Ud. por mí, R. Padre, pues tanto lo necesito, para que lo ame verdaderamente. Tengo ansias de ser carmelita para poder hacer penitencia y demostrarle mi amor, mortificando este cuerpo que me sirve de estorbo para unirme a Él”.

“Le ruego me dé permiso, entre tanto, para ponerme un cinturón tejido de ramas de acacia, pues éste tiene espinas. Me he puesto también piedras en los zapatos, porque esto no me hace nada y tengo permiso para hacerlo. No le pido permiso para mortificarme en la comida porque me lo tienen prohibido; pero son tantas las ansias que tengo de hacerlo, que N Seńor lo tomará en cuenta”.

Rece por su pobre carmelita para que cumpla la voluntad divina.

“No se imagina, Reverendo Padre, la pena tan grande que tuve cuando vi que Nuestro Amo no estaría aquí (en el fundo, cuando la Misión, tuvimos el Santísimo). Me sentía tan sola que en la tarde no pude contenerme más y lloré sola en mi cuarto. Soy tan mala y El me hace mejor. Hemos estado consagrando las casas al Sagrado Corazón. Llevamos ya 21.

Reverendo Padre, permítame recordarle, pues me da tanto miedo que se le olvidé, esos dos responsos que mandó decir esa mujer y que se lo di a última hora. Le he agradecido mucho el cuadernito que me dio. Me ha encantado.

Rece por su pobre carmelita para que cumpla la voluntad divina. Ofrézcame como víctima de reparación y acción de gracias en la Santa Misa alguna vez por manos de la Santísima Virgen. Y cuando yo ofrezca mi sacrificio, rogaré mucho por Ud. para que sea un santo y salve muchas almas.

Se despide en el Sagrado Corazón de Jesús y de María Juana

P.D. Se me había olvidado decirle que mi nombre será Teresa de Jesús. Fíjese qué nombre tan grande para mí. Ruegue para que sea verdadera Teresa de Jesús y para que Jesús pueda decirme que Él es Jesús de Teresa”.

19.2     NO PUEDE EXPLICAR ALGUNOS FENÓMENOS ORANTES.

Lo que creo las ha de llevar a Dios

Siempre desde el Fundo San Pablo, le es escribe una carta al P. José Blanch, C.M.F. el 3 de marzo de 1919.[206] Teresa hace oración en el campo y no puede explicar algunos fenómenos orantes, como decir que estaba muy desanimada en la oración. No obstante, muchas veces, cuando está en la oración, le viene el pensamiento de que debe escribir a sus amigas, pero no para hablar de ella, sino de lo que cree las ha de llevar a Dios y que su voluntad es ser pura en sus deseos, no deseando otra cosa sino la gloria de Dios, el hacer su voluntad y el pertenecerle cada día más.

Más tengo deseo de ser toda de Dios.

“Reverendo Padre. Las misiones las supe aprovechar. Pasé unos días de cielo. A veces, cuando estaba una hora o más con Nuestro Seńor, me figuraba estar en el Carmen. Sólo me faltaba verme tras las rejas como prisionera a cada momento me iba al oratorio; pues no tenía descanso mi corazón hasta que no me encontraba a sus pies. Vino un Padre que me gustó mucho. Se veía era muy santo: el P. Cea. Dios permitió que viniera, pues no sabía qué me pasaba. Estaba muy desanimada en la oración. Como tuve necesidad de consultarlo acerca de esto, me dio muy buenos consejos que trajeron la paz a mi alma. Le dije mis intenciones de ser carmelita y dio gracias a Dios por ello, pues las aprecia mucho Me tomó mucho interés y me examinaba en todo y me encontró vocación. Me dio un cuaderno "Tratado de la Perfección Religiosa" por el Padre Nieremberg, que me ha sido de mucha utilidad. Estoy encantada con él. Me dijo el Padre Julián que le escribiera alguna vez, si tenía necesidad. Y lo hice no tanto porque yo lo necesitara como por una persona que también deseaba escribirle y que no lo hacía si yo no escribía; y como ella lo necesitaba, lo hice. Mi mamá me ha aconsejado le preguntara a Ud. sobre si le podía seguir escribiendo. Yo veo que quizás busco la satisfacción de desahogarme; además sentía interiormente desasosiego, y en la oración muchas veces me turba el pensamiento del bien que me hizo el Padre y aún hasta en sueńos lo he recordado. Yo creo que esto no está bien y Nuestro Seńor me lo reprocha en lo íntimo del alma, pues quiere que sólo en El piense. Dígame, Reverendo Padre, qué debo hacer”.

Nos esforzamos en ser cada día más de Dios.

“También me pasa lo mismo con mis amigas. Hay muchas que me escriben y nos aconsejamos para ser buenas. Sin embargo, muchas veces, cuando estoy en la oración, me viene el pensamiento de que les debo escribir, aunque yo nunca les hablo de mí, sino de lo que creo las ha de llevar a Dios. Sin embargo, tengo una íntima -la que el P. Falgueras me aconseja sea amiga- y es Elisita Valdés. No tenemos ningún secreto y nos decimos lo bueno como lo malo y ambas nos esforzamos en ser cada día más de Dios. Sus consejos me han hecho mucho bien; más me parece de repente que la quiero demasiado y que quizá a N. Seńor no le gusta. Dígame, por favor, lo que Ud., Rdo. Padre, juzga de todo esto; pues si Ud. me dice deje todo esto a un lado para ser más de Dios, lo haré, aunque me cueste. Dios me ayudará.

Me dice Ud., Padre, que explique cómo es el conocimiento que Dios me infunde de sus perfecciones; pero le diré con llaneza que no lo puedo explicar, porque ese conocimiento Dios no me lo da con palabras, sino como que en lo íntimo del alma me diera luz de ellas. En un instante yo las veo muy claro, pero es de una manera rápida y muy íntima, en la parte superior de mi alma. El otro día fue sobre la esencia de Dios. Cómo Dios tiene la vida en Sí mismo y no necesita de nadie: de sus operaciones, y de ese silencio infinito en que está abismado. También de la unión que existe entre las Tres Divinas Personas y de la generación. Yo no puedo explicar, Reverendo Padre, todo esto por la razón que le digo. Por lo general, de mi oración siempre saco humildad, confusión por mis pecados y deseos de ser cada día más de Dios, y mucho agradecimiento”.

No deseando otra cosa sino la gloria de Dios.

“Los sábados, me dijo el Padre Julián que meditara en las virtudes de la Virgen. Me dijo fuera pura en el pensamiento, de modo que constantemente lo tuviera puesto en Dios, rechazando todos los que no fueran de Él. Para esto me dijo que debía desprender enteramente mi corazón de toda criatura. Que fuera pura en mis deseos, no deseando otra cosa sino la gloria de Dios, el hacer su voluntad y el pertenecerle cada día más. Que deseara la pobreza, la humillación, el mortificar mis sentidos. Que rechazara el deseo de las comodidades. Que al dormir, lo mismo que al comer, no deseara sino servir mejor a Dios. Que en mis obras tuviera siempre por fin a Dios. Que no hiciera aquellas que me pudieran manchar y las que no eran del agrado de Dios, que quiere mi santificación. Y hacerlo todo por Dios y nada con el objeto de ser vista de las criaturas. Me dijo evitara toda palabra que no fuera dicha por la gloria de Dios. Que siempre en mis conversaciones mezclara algo de Dios. Que no mirara a nadie sin necesidad y, cuando lo tuviera que hacer para no llamar la atención, contemplara a Dios en sus criaturas. Que pensara que Dios siempre me miraba. Que en el gusto me abstuviera de lo que me agradaba. Si tenga que tomarlo, no me complaciera en él, sino que se lo ofreciera y agradeciera a Dios con el fin de servirlo mejor. Que el tacto lo mortificara, no tocándome sin necesidad, ni tampoco a nadie. En una palabra, que mi espíritu estuviera sumergido en Dios de tal manera que me olvidara que mi alma informaba al cuerpo. Que a Ella le había sido esto más fácil, por cuanto había sido concebida en gracia; pero que hiciera lo que estaba de mi parte por imitarla. Que rezara para conseguirlo. Que así Dios se reflejaría en mi alma y se uniría a mí”.

Más tengo deseo de ser toda de Dios.

“Todo ese día, Rdo. Padre, pasé en mucho recogimiento. Pero los días siguientes no podía recogerme. Una vez me dijo N. Seńor lo adorara y me quedé inmediatamente recogida. Otras veces no siento la voz de Dios ni fervor; pero siento consuelo de estar con Él, y no sé cómo, pero siempre me declara una verdad en el fondo de mi alma, que me sostiene y enfervoriza para todo el día. El otro día me manifestó en qué consiste la pobreza verdadera: en no poseer ni aún nuestra voluntad, en estar despegada de nuestro propio juicio. Me dio a entender que yo estaba apegada a los consuelos sensibles de la divina unión. Y que ésta no consistía sino en identificarse con El por la más perfecta imitación de sus perfecciones, y en unirse a Él por el sufrimiento.

Dígame, Rdo. Padre, qué debo hacer con respecto a todo esto que N. Seńor me indica en la oración. Me veo tan miserable y que correspondo tan mal a su amor. Esto me apena mucho: ver que siento sensiblemente mucho amor. A veces llega hasta quitarme las fuerzas y desear no hacer nada, sino tenderme en la cama. Veo que estoy llena de imperfecciones. Temo que N. Seńor se canse y me abandone [y] aún que mande la muerte y me condene eternamente. Ruegue por mí que tanto lo necesito. Ud., Rdo. Padre, me conoce muy bien y ve lo miserable que soy; más tengo deseo de ser toda de Dios”.

19.3     DIALOGO CON LA VIRGEN Y NUESTRO SEŃOR

Le contaba todo (A la Virgen) lo que me pasaba, y Ella me hablaba.

Desde nińa le hablan la Santísima Virgen y Nuestro Seńor. Ella piensa que eso es natural. Que les sucede a todos cuantos comulgan. Ella siente una intimidad divina que le trae paz, humildad, arrepentimiento, ansias de amar, sufrir y de ser carmelita. Le escribe Teresa de los Andes al P. Antonio Ma Falgueras. [207], para contarle como le hablaba a la Santísima Virgen, como le hablaba el Seńor después de comulgar, en su lecho de enferma.

 “Reverendo Padre:

Puesta en presencia de Dios, voy a declararle todo lo que por mi alma ha pasado. Yo nunca he hecho caso de lo que he visto, creyendo fuera mi imaginación la que me representaba ciertas imágenes, aunque las tales dejaban siempre en mi alma humildad, amor, confusión al ver mis miserias, arrepentimiento y, sobre todo, agradecimiento hacia ese Dios lleno de bondad y misericordia.

Desde los siete ańos, más o menos, nació en mi alma una devoción muy grande a mi Madre, la Santísima Virgen. Le contaba todo lo que me pasaba, y Ella me hablaba. Sentía su voz dentro de mí misma clara y distintamente. Ella me aconsejaba y me decía lo que debía hacer para agradar a N. Seńor. Yo creía que esto era lo más natural, y jamás se me ocurrió decir lo que la Santísima. Virgen me decía”.

Nuestro Seńor me hablaba después de comulgar.

“Desde que hice mi Primera Comunión, N. Seńor me hablaba después de comulgar. Me decía cosas que yo no sospechaba y aun cuando le preguntaba, me decía cosas que iban a pasar, y sucedían. Pero yo seguía creyendo que a todas las personas que comulgaban les pasaba igual, y una vez le conté a mi mamá no me acuerdo qué cosa de lo que N. Seńor me dijo. Entonces me dijo lo dijera al Padre Colom, pero a mí me daba vergüenza”.

Nuestro Seńor me habló. Me dijo que lo acompańara.

“A los catorce ańos, cuando estaba enferma en cama, Nuestro Seńor me habló. Me dijo que lo acompańara. Entonces me dio la vocación, pues me dijo que quería que mi corazón fuera sólo para Él, y que fuera carmelita. Desde ese momento pasaba el día entero en una íntima conversación con N. Seńor, y me sentía feliz en pasar sola.

Muy bien distinguía la voz de mi Madre Santísima y la de mi buen Jesús. Como pasaba los días enteros unida a Nuestro Seńor, las ansias de sufrir y amar crecían cada vez más. A veces sentía tanto amor que me parecía no podía vivir si se hubieran prolongado por más tiempo

Una vez, en la noche, antes de dormir, cuando hacía mi examen de conciencia, Nuestro Seńor se me representó con viveza tal que parecía lo veía. Estaba coronado de espinas y su mirada era de una tristeza tal, que no pude contenerme y me puse a llorar tanto, que el Seńor me tuvo que consolar después en lo íntimo del alma. Duró unos dos minutos, más o menos, y su rostro quedó por mucho tiempo esculpido en mi memoria, y cada vez que lo representaba como lo había visto, me sentía deshacerme de arrepentimiento por mis pecados. El amor que le tenía creía cada vez más, y todo lo que sufría me parecía poco, y me mortificaba en todo lo que podía. Una vez en que la violencia del amor me dominó tomé un alfiler y grabé con él en mi pecho estas letras: J.A.M.= "Jesús, Amor mío". Y me hizo mal, porque me dio fatiga; pero nunca lo he dicho a nadie. Otra vez, queriendo imitar a Margarita María, tomé lo que había arrojado. Los remedios los tomaba despacio para saborear su amargura. Pero todo esto lo hacía sin decirle nada a mi confesor, porque me daba vergüenza. No me acuerdo bien si después le dije que Nuestro Seńor me hablaba, pero él no le dio importancia. Solía suceder que lo que N. Seńor me pedía para mi santificación, el Padre me lo repetía después con las mismas palabras en el confesionario”.

Una corona a la Santísima Virgen.

“También una vez que rezaba unas "Ave Marías" para formarle una corona a la Santísima Virgen, desapareció todo ante mi vista y vi sobre la cabeza de mi Madre una corona toda llena de piedras preciosas que despedían rayos de luz, pero no vi su rostro. Yo creo que esto fue producido por mi imaginación, pues duró un segundo, y además deseaba saber si verdaderamente la Santísima Virgen recibía mis oraciones.

Nuestro Seńor en el Santísimo Sacramento dos veces me ha manifestado, pero casi de una manera sensible, su amor. Una vez me dio a entender su grandeza y después me dijo cómo se anonadaba bajo las especies de pan. Me pasó esto en el colegio. No sé si me notarían algo después, pues una monja me preguntó algo muy significativo, que me sorprendí y turbé toda. El ańo pasado N. Seńor se me representó con su rostro lleno de tristeza y en una actitud de oración y los ojos levantados al cielo y con la mano sobre su Corazón. Me dijo que rogaba incesantemente a su Padre por los pecadores y se ofrecía como víctima por ellos allí en el altar, y me dijo hiciera yo otro tanto, y me aseguró que en adelante viviría más unida a Él. Que me había escogido con más predilección que a otras almas, pues quería que viviera sufriendo y consolándolo toda mi vida. Que mi vida sería un verdadero martirio, pero que El estaría a mi lado. Su imagen quedó ocho días en mi alma. Lo veía con una viveza tal que pasé constantemente unida a Él en su oración. A los ocho días no la vi más, y aunque después quise representármela tal como era, no pude. Quizás fue por mi culpa que la dejé de ver, pues no fui recogida después”.

Siento un ansia ardiente por contemplar a Dios.

“Después no he vuelto a ver nada especial. N. Seńor me habla, pero mucho menos. Y ahora nunca me dice nada que no sea sólo para mi alma, pues una vez le principié a preguntar muchas cosas, que no se relacionaban con mi alma. Entonces me dijo que nunca le preguntara, sino que me contentara con lo que Él me decía. Sólo dos veces me ha dicho cosas que no se han cumplido. Por eso, desconfío sea N. Seńor el que me habla. Sin embargo sus palabras siempre me dejan paz, humildad, arrepentimiento y recogimiento.

También le ruego decirme sobre qué debo meditar, pues en la meditación no veo saco mucho provecho. Siento un ansia ardiente por contemplar a Dios, pero parece que mi entendimiento se ve rodeado de tinieblas que me impiden la contemplación. Anoche N. Seńor me permitió contemplara la infinidad divina. Estuve una hora y cuarto. Vi con claridad la infinidad de Dios y después mi pequeńez. Saqué mucho fruto, porque he estado recogida, humillada y con mucho agradecimiento hacia ese Dios que me busca a pesar de mi pequeńez, a pesar de que soy tan pecadora e infiel a sus gracias. Dígame qué debo hacer en la oración, por caridad; pues quiero conocer a mi Divino Esposo, a fin de amarle cada día más.

 

 


 

20    “LA BÚSQUEDA DEL AMADO”

20.1     “VIVIR LA VERDADERA UNIÓN Y DESPOSORIO ESPIRITUAL CON SU AMADO JESÚS”

Sorprende leer el Diario y las cartas de Juanita Fernández Solar, y junto con la lectura caer en la cuenta de cómo desde muy jovencita intuye en su alma esa mutua promesa entre Dios y ella de un futuro matrimonio místico, y como ella comienza a prepararla, purificándola de todo lo que no le permita una íntima comunicación de Dios, y de esta forma estar dispuesta para el matrimonio místico. Siendo el Desposorio místico, la unión de amor y la “transformación total en el Amado”.[208]

El Santo Padre San Juan de la Cruz dice que la vida espiritual se inicia con la búsqueda del Amado, cuando el alma tiene “el corazón bien enamorado…vacío, hambriento, solo, llagado, doliente de amor”[209] para “la verdadera unión y desposorio espiritual con Dios”[210] “hasta el estado del matrimonio espiritual” , más adelante agrega que en el “matrimonio espiritual hay grandes ventajas; porque en el desposorio, aunque en las visitas goza de tanto bien el alma Esposa como se ha dicho, todavía padece ausencias y perturbaciones y molestias…pero cesa en el estado del matrimonio”.[211] Creo que no es difícil reconocer como Juanita, hoy Santa Teresa de Jesús de Los Andes, tuvo su corazón bien enamorado y hambriento para vivir la verdadera unión y desposorio espiritual con su amado Jesús.

20.2     LEE A SAN JUAN DE LA CRUZ

Cuando uno lee su Diario y las cartas, da la impresión de que Juanita ha leído tempranamente al Santo Padre San Juan de la Cruz, no obstante, lo lee a partir de los 19 ańos, siendo que murió a la edad de 20 ańos.

Siguiendo cronológicamente su Diario y Cartas, Juanita leyó a San Juan de la Cruz a partir de enero del ańo 1919, es decir, unos cuatro meses antes de entrar al Carmelo. La Primera referencia la da en una nota del Diario del 27 de enero 1919; “Leí en la mańana la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz y tengo tanto amor, que Dios no se aparta de mi pensamiento y es tal la intensidad de amor que experimento, que me siento sin fuerzas, desfallecida y algo como si estuviera en otra parte, no en mí misma. Sentí un gran impulso por ir a la oración”.[212] En la nota anterior[213] fechada el 11 de enero, comenta su tan ansiada visita al Monasterio de las Madres Carmelitas del Espíritu Santo. Allí conoció personalmente a la Priora la Madre Angélica y habló con ella en el locutorio. Dice además que la madre le llamó antes de irse para darle unos libros. No dice que libros, pero ya podemos suponer que se trata del que ella menciona. “Suma Espiritual” del Santo Padre San Juan de la Cruz.

Días más tarde, le escribe a la Priora, la Madre Angélica[214], que pasados los días aún goza con su visita, que ya leyó las Constituciones y Reglas, que ella debe haberle dado. También dice que lee Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, que le encanta y saca provecho de ella.

Es así como esta lectura le produce un cambio, tal como se lo escribe dos semanas más tarde a uno de sus directores espirituales[215]; “He tenido a veces en la oración mucho recogimiento, y he estado completamente absorta contemplando las perfecciones infinitas de Dios […] Nuestro Seńor me dio a entender una noche su grandeza y al propio tiempo mi nada. Desde entonces siento ganas de morir ser reducida a la nada, para no ofenderlo y no serle infiel […] Esto pensé en la noche antes de dormirme, y en la mańana amanecí con mucho amor. Recé mis oraciones y leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, en que expone los grados del amor de Dios”[216], y habla de oración y contemplación […]sentí que el amor crecía en mí […] no pensaba sino en Dios […] como si no estuviera en mí misma. Sentí un gran impulso por ir a la oración[…] Principié a ver las infinitas perfecciones de Dios, una a una, y hubo un momento que no supe nada: estaba como en Dios […] contemplé la justicia de Dios […] Contemplé el infierno, cuyo fuego enciende la cólera de Dios, y me estremecí […] Hubiera querido anonadarme […] Vi lo horrible que es el pecado […] Me dijo tratara de ser perfecta […] que obrara con perfección, pues así habría unión entre Él y yo, pues El obraba siempre con perfección”. El Santo comenta: “es de notar que no sólo los bienes temporales y deleites corporales impiden y contradicen el camino de Dios, más también los consuelos y deleites espirituales”[217]

Cuatro días más tarde, le escribe a otro de sus directores espirituales:[218] “leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz que trataba de la oración y contemplación y del amor de Dios. Principié a sentir tanto amor de Dios que El, aunque hiciera otras cosas, me tenía abstraído el pensamiento. Y era tanta la fuerza del amor, que me sentía como desfallecida, sin fuerzas. Algo como si no estuviera en mí […] Me sentía en Dios […] estuve como hora y media […] Todo ese día sentí mucho fervor […] Dios quiere de mí la pureza más grande. No quiere fije la mirada en nadie, ni toque sin necesidad a nadie”

Ya en la clausura le escribe una carta[219] a su amiga Elisa Valdés, en la que le dice: “En cuanto a lo que me dices de tu oración […] Yo creo que tu alma, como la mía, no son para la meditación. Creo te convendrá otro modo de oración. żHas leído tú la Subida al Monte Carmelo de Nuestro Padre S. Juan de la Cruz? Léelo. Te aprovechará mucho […] es un tesoro. Créeme que a mí, en varias circunstancias, me ha servido de mucho consuelo. No te desconsueles con no poder discurrir ni saberle decir nada a N. Seńor. Él sabe mejor lo miserables que somos […] A mí me pasa muchas veces lo mismo, y no por eso creo que mi oración es mala; pues el fin de la oración es inflamarnos en el amor de nuestro Dios. Si el estar sólo en su presencia, si el mirarle sólo nos basta para amarle, y estamos tan prendadas de su hermosura que no podemos decirle otra cosa [sino] que le amamos

Algunos meses más tarde desde la misma clausura le escribe a una amiga[220] sobre su oración. “Casualmente he leído en Nuestro Padre San Juan de la Cruz este modo de oración, pero no me atrevo a decirte nada. Lo único que te aconsejo: que te humilles mucho; que no creas que porque eres buena Dios te hace este favor, pues puede ser porque te ve muy imperfecta y te quiere traer a mayor unión con Él. No hagas ningún caso de esas palabras, pues no sabes si eres tú misma o Dios. Dile al padre lo que oyes y qué efecto es el que producen en tu alma. Fíjate si después quedas acordándote de Dios; si tienes dolor por haberlo ofendido; si tienes más fuerzas para vencerte; si te humillas, en una palabra, si notas tú que esas palabras te hacen mejor, y esto le dirás al padre sin ocultarle nada”.

Podemos darnos cuenta sin mucho esfuerzo, del nuevo lenguaje que utiliza y el uso determinados términos después de leer al Santo: “Inflamarnos en el amor de nuestro Dios”[221], “Hermosura”, “amor de Dios”, y otros conceptos que son claramente sanjuanistas, como también todas las reflexiones y recomendaciones de sus cartas que orientan a que preocuparse por cosas externas nos absorbe el sentido, puesto que impiden que nuestro corazón vaya a Dios, que le amemos y que nos olvidemos de todas las cosas externas por su amor.

20.3     DESCUBRIR LO QUE DIOS OBRA EN LA PERSONA QUE LO AMA.

Esta búsqueda del Amado, esta forma de vivir con el corazón enamorado de Jesús, su esposo amado, hambriento de amor por él, es una buena razón para interesarse en conocer la vida de Juanita Fernandez Solar, Santa Teresa de Jesús de Los Andes, y así descubrir como ella es modelo de santidad atractivo para adultos y jóvenes. Conocer su vida, nos ayuda a descubrir lo que Dios obra en la persona que lo ama, y como la gracia de Dios actúa en persona como esta joven santa, mostrando a los sencillos las cosa que ha escondido a los sabios.[222]

Es opinión de muchos que Teresa de Jesús de Los Andes, entró al Carmelo ya siendo Santa, es decir, que ella se santificó en las actividades de la vida cotidiana, con su familia, sus amigos con sus compańeras de colegios, durante sus vacaciones, caminatas, vida deportiva, en sus padecimientos y enfermedades Cuando aún no cumplía los 20 ańos, partió al cielo para vivir lo que ella siempre proclamo, que Dios es alegría infinita.[223]

 

 

 

21    ENAMORADA DE JESÚS

“Mi amado me dice: Levántate, amada mía hermosa mía, y ven conmigo (Cant 2,10).

21.1     żES POSIBLE ENAMORARSE DE CRISTO?

Me hecho varias veces esta pregunta, żEs posible enamorarse de Cristo? El amor es dar y darse, es renunciar a los deseos propios por los del ser amado sin considerar que esta renuncia es un sacrificio. El amor verdadero desea profundamente el bien y la felicidad plena del ser que ama.

Dios nos ama y nosotros amamos a Dios. Pero este amor no es como lo entienden comúnmente los hombres, salvo que haya vivido una experiencia de Dios enriquecedora, como exclama Santa Teresa de Jesús; “ˇOH, Seńor mío! ˇQué delicada y fina y sabrosamente sabéis tratar a quienes os aman!”[224]

Pero los hombres no somos muy finos para tratar a muchos hijos de Dios, que se deleitan por ser espirituales y no se abstraen para nada de las cosas de Dios. Incluso, si en un instante caen, nos place criticarlos. Pero esto no es nuevo, hay muchos casos en nuestra historia cristiana donde hombres iluminados han vivido en la oscuridad por ser considerados “Bichos Raros”. Un gran ejemplo es San Juan de la Cruz, quien sintió en su piel la monición muy utilizada de que nadie es profeta en su tierra. A pesar de haber vivido ańos muy duros desde su juventud, tiempo en que su hermano Luis murió de hambre, es un hombre empapado de amor, delicado y sensible. "Donde no hay amor, ponga amor y cosechará amor", pensaba el Santo Poeta incansable buscador del amor que también decía: "El alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa".

Para vivir amando a Dios, es necesario que en nuestro corazón no existan cosas que no son de Dios. San Juan de la Cruz, define el amar a Dios así: "Amar es trabajar en despojarse y desnudarse por Dios, de todo lo que no es Dios". Es decir, cultivando el amor, el alma creada por Dios se acerca a los propósitos para la cual fue establecida. En la oscuridad de la noche, San Juan de la Cruz deslumbra y con claridad, mira sus propias raíces y ve como el hombre es como Dios, de quien fuimos creados a su imagen y semejanza. “sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”[225]

La permanencia de Dios en nuestra alma y mente mejora el acercamiento espiritual, y nos acostumbrará a un dialogo constante de hijos a Padre, de tal modo, que nuestro corazón lleno de amor por Dios se gozará no solo de su compańía, sino que se ira preparando para el encuentro cara a cara con Él, cuando seamos llamados a vivir la vida eterna.

Dios nos ama del mismo modo como El ama a su Hijo Jesucristo y el Hijo del mismo modo como ama a su Padre. Exclama Teresa de Jesús: “ˇOH, Jesús y Seńor mío! ˇCuánto nos ayuda aquí vuestro amor!, ˇporque éste tiene cogido al nuestro, que no le deja libertad para amar en aquel momento a nadie y nada, más que a Vos![226]

El meditar que el Padre nos ama del mismo modo como El ama a su Hijo, ciertamente nos permitirá enriquecernos de amor hacia Dios. Un alma llena de Dios, entregada y dirigida a Él, podrá sentir con mucha fuerza el deseo de encumbrarse hacia EL y abrirse con gran confianza. Esto nos traerá otro beneficio, nos iremos acostumbrando a mantenernos en mejor estado de gracia, porque irremediablemente, ya no permitiremos que nuestra vida caiga y acepte malas acciones. En efecto, un corazón alimentado del amor de Dios solo hace cosas buenas, en cambio un alma influenciada por el mal, solo cosas malas.

Pero debemos tener mucho cuidado en jactarnos de que somos los preferidos de Dios por el solo hecho que hemos tomado la determinación de ser de Él.  No obstante, nunca debemos perder el temor de Dios, entonces a través de la oración no dejemos de rogar que nos instruya en todos, y que sea El que dirija nuestros pasos para no caer en errores.  “Los amigos viejos de Dios por maravilla faltan a Dios, porque están ya sobre todo lo que les puede hacer falta”.[227]

Un alma enamorada de Dios está permanentemente en oración. Pero al mismo tiempo estará expuesta a ser bombardeada por mucha gente que no está interesada en Dios, y oirá cosas que pueden desconcertarle. Si eso nos sucede, mantengamos nuestro corazón puro y a solas con Dios, es decir no lo dejemos contaminar. Como enseńa el místico santo carmelita; “El espíritu bien puro no se mezcla con extrańas advertencias ni humanos respetos, sino solo en soledad de todas las formas, interiormente, con sosiego”.[228]

Pero, ante todo, para enseńar al alma a enamorarse de Dios, le debemos enseńar que debe permanecer siempre humilde ante EL. El alma enamorada es alma blanda, mansa, humilde y paciente.[229] Esto significa sentirse dependientes en todo de Dios y para todos los acontecimientos Diarios, para cada una de nuestras necesidades. Por cuanto durante el día, desde el corazón, vayamos solicitando la asistencia de Dios y agradeciendo cuanto El hace por nosotros.

"En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios en Cristo Jesús quiere de vosotros"[230]

El llamado a amar a Jesús de los santos.

Podemos encontrar miles de citas de santos enamorados de Jesús. Él no nos pide otra cosa que le amemos. 

“Ama a Jesús generosamente. Ámale confiadamente y sin mirar hacia atrás, sin temor. Entrégate totalmente a Jesús…. Desea amarle mucho y amar el amor que no es amado”.[231]

“A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición…… El alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa………El alma que está enamorada de Dios es un alma gentil, humilde y paciente”.[232]

“Amar a Dios es complacerle, y no vale la pena preocuparse por el resto, sabiendo que Dios tendrá cuidado de nosotros más de lo que se puede decir o imaginar”.[233]

“Amemos a Dios y adorémosle con corazón sencillo y espíritu puro, que eso busca él por encima de todo”.[234]

“Basta amar al Santo de los Santos, para llegar a ser santos”.[235]

“Bienaventurado es, Seńor, el que te ama a Ti, al amigo en Ti, y al enemigo por Ti.…”[236]

“De ahora en adelante sólo a ti te amo..., sólo a ti quiero estar unido..., es a ti a quien busco..., a quien quiero servir... Porque sólo tú eres mi Seńor y yo quiero pertenecer solamente a ti”.[237]

“Dejémonos transformar en Jesús por la fuerza de su amor y su compasión” [238]

El enamoramiento de Teresa de Los Andes

Leyendo el Diario y las cartas de esta santa carmelita, no cabe ninguna duda de que fue una joven intensamente enamoradas de Jesús.  Y este enamoramiento, comienza desde pequeńa y se fue acrecentado a medida que pasan los ańos. Es así, como presento más adelante, como expresa su amor a Jesús.

Dice ella refiriéndose a su Primera Comunión: "Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato...A los 14 ańos el Seńor le habló diciéndole que quería su corazón sólo para Él, dándole también la vocación al Carmelo. Dentro de su preparación está la lectura de santos carmelitas y la correspondencia con la Priora de Los Andes. A los 17 ańos expone su ideal carmelita "sufrir y orar" y con ardor defiende su vida contemplativa, que el mundo "tacha de inútil". Le ilusiona saber que su sacrificio servirá para mejorar y purificar al mundo.

A través de su Diario y cartas, podemos darnos cuenta, de cuan enamorada de Jesús estaba Teresa de Los Andes.

A su hermano Luis le escribe el 11 de junio de 1919, "Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”.[239]

Teresa decía que su ilusión y su constante empeńo fue asemejarse a Él, configurarse con Cristo. Por eso, deseando llegar a ser una excelente copia suya, vivió decidida a ir hasta el fin del mundo atravesando el fuego si hubiera sido preciso para serle fiel.

Es así como de los escritos de Teresa de los Andes, se desprende que ella amo tiernamente a Jesús.

El siete de diciembre de 1915 escribió:

"Es mańana el día más grande de mi vida. Voy a ser esposa de Jesús. żQuién soy yo y quién es El?, el todopoderoso, inmenso, la Sabiduría, Bondad y Pureza misma se va a unir a una pobre pecadora. ˇOh, Jesús, mi amor, mi vida, mi consuelo y alegría, mi todo! ˇMańana seré tuya! ˇOh, Jesús, amor mío!”[240]

Al día siguiente nos escribe sobre su felicidad de ser Esposa de Jesús y luego que quiere parecerse a él.

“Madre mía, mańana 8 de diciembre de 1915, seré doblemente tu Hija. Voy a ser Espo­sa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir con verdad que el único amor de mi cora­zón ha sido El.[241]

“Hoy nos hemos venido al colegio. Siento desesperación y unas ganas locas de llorar. A Ti, Jesús mío, te ofrezco esta pena; pues quiero sufrir para parecerme a Ti, Jesús, amor mío”. (viernes 24 de septiembre de 1915)

Juanita sigue escribiendo que ama Jesús con todos sus sentidos y que ha sido cautivada por él.

“No he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de Dios. Mis ojos se deben fijar en Jesús crucifi­cado. Mis oídos han de oír constantemente la voz del Divino Cru­cificado".[242]

"Mi lengua ha de expresarle mi amor. Mi pie ha de encami­narse al Calvario”.[243]

"No he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de Dios. Mis ojos se deben fijar en Jesús crucifi­cado. Mis oídos han de oír constantemente la voz del Divino Cru­cificado".[244]

 “żQuién podrá rehusar la mano del Todopoderoso que se aba­ja a la más indigna de sus criaturas? ˇQué feliz soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pes­cador. Quisiera hacerte comprender esta felicidad”.[245]

Él me ha transformado.

Teresa de los Andes le escribe desde el Convento a su madre (9 de junio de 1919), y le cuenta de los cambios que ha percibido y como Jesús la ha transformado.

“He pasado estos días en retiro. ˇQué feliz me he encontrado sola con Aquél que solo vive! Mamacita, quisiera poderla hacer leer en mi alma, para que viera todo lo que en ella ha escrito Nuestro Seńor en estos días. Quisiera que viera mi alma iluminada con los destellos infinitos del Divino Prisionero. Con esa escritura, con ese fuego, me hace comprender, me hace ver cosas desconocidas, grandezas nunca vistas. No se figura, mamacita, el cambio que ya percibo en mí. Él me ha transformado. Él va descorriendo los ve­los que lo ocultaban y que, estando en el mundo, entre tinieblas, es imposible percibir. Cada vez me parece más hermoso, más tier­no; cada vez más loco... No tenga otro atractivo que el conocerlo para que lo ame, y con locura. No quiero seguir porque, cuando principio a hablar de Nuestro Seńor, la pluma no se detiene”.[246]

“Cuán bien experimento que Él es el único Bien que nos pue­de satisfacer, el único ideal que nos puede enamorar enteramen­te. Lo encuentro todo en El. Me gozo hasta lo íntimo de verlo tan hermoso, de sentirme siempre unida a Él, ya que Dios es inmenso y está en todas partes. Nadie puede separarme. Su esencia divina es mi vida. Dios en cada momento me sostiene, me alimenta. To­do cuanto veo me habla de su poderío infinito y de su amor. Uniéndome a su Ser Divino me santifico, me perfecciono, me di­vinizo. Por fin, te diré que es inmutable, que no cambia y que su amor para mí es infini­to... amor eterno, incomprensible, que lo hizo humanarse, que lo hizo convertirse en pan por estarse junto a mí, por sufrir y consolarme”. [247]

Jesús. El sólo es hermoso.

Teresa de los Andes esta sedienta de amor por Jesús, cada palabra de esta nota lo revela.

“Jesús. El sólo es hermoso. El sólo puede ha­cerme gozar”. Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma. Estoy hambrienta de comulgar, pero no se me manifiesta”.[248]

“Jesús mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfa­llezco. “La mirada de mi Crucifico me sostiene”[249]

“Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor. Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí. żHay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?”[250]

 

 

 

22    ESPOSA DE JESÚS

“Yo lo amé y lo pretendí desde mi juventud; me esforcé por hacerlo esposo mío y llegué a ser una apasionada de su belleza”. (Cfr. Sab 8,12)

22.1     SU AMADO JESÚS

“Vivir la verdadera unión y desposorio espiritual con su amado Jesús”

Sorprende leer el Diario de Juanita Fernandez Solar, y junto con la lectura caer en la cuenta como desde muy jovencita siente en su alma esa mutua promesa entre Dios y el alma de un futuro matrimonio místico, y como ella comienza a preparar su alma, purificándola de todo lo que no le permita una íntima comunicación de Dios, y de esta forma estar dispuesta para el matrimonio místico. Siendo el Desposorio místico, la unión de amor y la transformación en el Amado.

El Santo Padre San Juan de la Cruz dice que la vida espiritual, se inicia con la búsqueda del Amado, cuando el alma tiene “el corazón bien enamorado…vacío, hambriento, solo, llagado, doliente de amor”[251] para “la verdadera unión y desposorio espiritual con Dios”[252] “hasta el estado del matrimonio espiritual” y más adelante agrega que en el “matrimonio espiritual hay grandes ventajas; porque en el desposorio, aunque en las visitas goza de tanto bien el alma Esposa como se ha dicho, todavía padece ausencias y perturbaciones y molestias…pero cesa en el estado del matrimonio”.[253] Creo que no es difícil descubrir como Juanita tuvo su corazón bien enamorado y hambriento para vivir la verdadera unión y desposorio espiritual con su amado Jesús.

Este artículo, es el primero que escribí, ańo 2005, para tratarlo con un grupo de personas que estaban entusiasmadas en conocer con mayor profundidad la espiritualidad de Santa Teresa de Los Andes, y fue después de leer el libro “Diarios y Cartas” que recibí de parte del Padre Carmelita Marino Purroy Remón. Lo menciono, porque a él le pedí que me sugiriera en que aspecto debía fijarme para el tema que deseaba desarrollar y me recomendó que reflexionara sobre su deseo tan intenso de que Jesús sea el “Esposo de su alma”.

Hoy, que nos aproximamos a celebrar el centenario de la partida al Cielo de Santa Teresa de Los Andes para vivir por siempre junto al “Esposo de su alma”, comparto esta reflexión, para que nos anime a conocerla más. La fuente es el Diario de Santa Teresa de Jesús, 5° edición, Edición Carmelo Teresiano.

“Seńor, Esposo de mi alma”.

Es junio del ańo 1917, Juanita ya está por cumplir los 17 ańos. Hace unas semanas atrás se ha celebrado la Ascensión del Seńor. Escribe Juanita en su Diario[254]:

Ascensión del Seńor al cielo de mi alma. Haré todas mis cosas en unión con Él, por Él y para Él. Lo consolaré… Jesús mío, Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío”.

Está por celebrarse la fiesta de la Santísima Trinidad, Juanita reflexiona:

Mańana es el día de la Trinidad. żEncontrará el Padre la figura de Cristo en mí? ˇOh, cuánto me falta para parecerme a Él! No tengo todavía bastante virtud”.[255]

Días más tarde, el 15 de junio, Juanita recibe en el colegio en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la medalla de Hija de María, lo que la hace sentirse más unida a Jesús y escribe:

No sólo soy Esposa de Jesús, sino que hoy me he unido más a Él. Soy [su] hermana. Soy hija de María. Desde hoy como las princesas que las llevan al palacio del prometido para ser formadas como él, ahora también voy a entrar a mi alma, la casa de Dios. Allí me espera mi Madre y mi Jesús. ˇOh, cuánto lo amo!”[256]

Para Juanita, sentirse hija de María, no es algo nuevo, así lo confiesa ella en una carta a un confesor:

Desde los siete ańos, más o menos, nació en mi alma una devoción muy grande a mi Madre, la Sma. Virgen. Le contaba todo lo que me pasaba, y Ella me hablaba. Sentía su voz dentro de mí misma clara y distintamente. Ella me aconsejaba y me decía lo que debía hacer para agradar a N. Seńor”.[257]

Estas experiencias místicas de dialogar con la Virgen y con Jesús, comenzaron en ella a muy temprana edad, así lo da a entender en la misma carta, y se acentuarán más luego de su primera comunión:

“Desde que hice mi Primera Comunión, N. Seńor me hablaba después de comulgar. Me decía cosas que yo no sospechaba y aun cuando le preguntaba, me decía cosas que iban a pasar, y sucedían”.[258]

Entonces podemos pensar que esta temprana relación que ella tiene con Jesús es por un deseo muy íntimo de vivir para él, es así como ella esperaba con ansiedad tener su primera oportunidad de comulgar, como ella misma lo escribe en su Diario:

“Yo cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Primera Comunión. Hasta que accedió en 1910. Y empecé mi preparación. Me parecía, querida Madre, que ese día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a Nuestro Seńor. Un ańo me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección…yo modifiqué mi carácter por completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de verme prepararme tan bien a mi Primera Comunión”.[259]

Para Juanita recibir el cuerpo de Cristo, es de mucha importancia y la hace sentirse más unida a él, tanto que para ella es un hito en su vida, así lo escribe en su primera nota de su Diario:

“Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.[260]

Después más adelante, en el mismo Diario, ella escribe sobre su emotiva experiencia en la primera comunión:

“Yo lloraba. Por fin nos dijo que no quería demorar más la unión de Jesucristo. Que ya estaríamos sedientas de Él y lo mismo Jesucristo…Nos acercamos al altar mientras cantaban ese hermoso canto: "Alma feliz", que jamás se me olvidará…No es para describir lo que pasó por mi alma con Jesús. Le pedí mil veces que me llevara, y sentía su voz querida por primera vez. ˇAh, Jesús, yo te amo; yo te adoro!”[261]

A partir de ese día, Juanita, solo querrá vivir para Jesús, es decir entregarse por completo a él, y nace en ella el fuerte deseo de ser su esposa.

Y el dialogo con su deseado esposo continua. Este deseo, de ser para Jesús, es cada vez más intenso. Así lo revela ella cuando nos habla de una ocasión que enfermó:

En 1913 tuve una fiebre espantosa. En este tiempo, Nuestro Seńor me llamaba para Sí; pero yo no hacía caso de su voz. Y entonces, el ańo pasado me envió apendicitis, lo que me hizo oír su voz querida que me llamaba para hacerme esposa más tarde en el Carmelo”.[262]

Más adelante sigue escribiendo:

“Un día estaba sola yo en mi cuarto... Mis ojos llenos de lágrimas se fijaron en un cuadro del Sagrado Corazón y sentí una voz muy dulce que me decía: ˇCómo! Yo, Juanita, estoy solo en el altar por tu amor, ży tú no aguantas un momento? Desde entonces Jesusito me habla. Y yo pasaba horas enteras conversando con Él. Así es que me gustaba estar sola. Me fue enseńando cómo debía sufrir y no quejarme... [y] de la unión íntima con Él. Entonces me dijo que me quería para Él. Que quería que fuese Carmelita. ˇAy! Madre, no se puede imaginar lo que Jesús hacía de mi alma. Yo, en ese tiempo, no vivía en mí. Era Jesús el que vivía en mí… Tenía horario para todo el día, pero todo lo hacía con Jesús y por Jesús”.[263]

Ser solo de Jesús.

Es tiempo de asumir que Juanita ya es una joven adolescente y que está en edad para tomar sus propias resoluciones y así lo hace. Juanita está más resuelta que nunca a ser solo de Jesús, en su corazón ya está comprometida con su futuro esposo, tanto así que para referirse a él, lo dirá diciendo:

“Seńor, Esposo de mi alma”.[264]

Ella está muy ansiosa, el tiempo de espera para celebrar los desposorios con su amado parecen eternos, pero nada de eso la desanima. Así lo escribe ella en una nota de su Diario:

“Pero entre tanto, qué siglos son los ańos que se esperan para darle el dulcísimo nombre de Esposo. Qué tristes los días de destierro. Pero Él está junto a mí y me dice muy seguido: "Amiga muy querida". Esto me infunde ánimo y sigo esforzándome para hacerme un poco menos indigna del título que llevaré. ˇAh!, żdónde será el lugar donde celebraremos nuestros desposorios y el lugar donde viviremos unidos? Me ha dicho el Carmen.[265]

Juanita tiene 15 ańos, ella va dando pasos seguros en lo espiritual y en su vida diaria para llegar a su meta tan ansiada, por lo que compromete decididamente admitir como único esposo a Jesús, solo a él lo ha de amar, además confiesa que el único amor de su corazón es él, tal así que está decidida a servirle por siempre. En una misma nota de su Diario[266] escribe:

"No he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de Dios”.

"Es mańana el día más grande de mi vida. Voy a ser esposa de Jesús”.

“Madre mía, mańana [8.12.1915] seré doblemente tu Hija. Voy a ser Esposa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir con verdad que el único amor de mi corazón ha sido El”.

"Hoy, ocho de diciembre de 1915, de edad de quince ańos, hago el voto delante de la Sma. Trinidad y en presencia de la Virgen María y de todos los santos del Cielo de no admitir otro Esposo sino a mi Seńor Jesucristo, a quien amó de todo corazón y a quien quiero servir hasta el último momento de mi vida”.

Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya.

Quizá sea muy audaz en opinar lo que le sucede a Juanita, pero ella está viviendo un noviazgo muy deseado, es tiempo de amor, de dar y recibir. Todos sabemos que la experiencia humana del noviazgo es un período encantador de ternura y de amor, tiempo de perfume y de fragancia, donde el corazón no disimula ningún poema de amor, como si viviera ambientado en el campo durante la primavera, la estación de las flores y de los aromas en un clima de alegría y de canto. Y en su juvenil adolescencia, es el tiempo más adecuado para el noviazgo, el tiempo del amor fresco e impetuoso, y ella siente que ama a Jesús con ternura y sinceridad. Por eso se ha dejado seducir por el amor de Jesús:

ˇˇQué feliz soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador. Quisiera hacerte comprender esta felicidad. Yo puedo decir con certeza que soy su prometida y que muy luego celebraremos nuestros desposorios en el Carmen. Voy a ser Carmelita, żqué te parece? “.[267]

Siguiendo la lectura de su Diario, encontramos que Juanita se prepara para su primer “Retiro”,[268]  ella tiene 16 ańos, y ya muestra una gran madurez en su fe. Ha sido invitada en este retiro a meditar la parábola de un rey que invita a sus súbditos a la conquista de una tierra infiel. Esta parábola la preparo San Ignacio de Loyola para introducirnos en la contemplación de la llamada de Cristo. Aquí san Ignacio se refiere a dos textos del Nuevo Testamento, el del Apóstol San Pablo a los Corintios, con la visión final de la historia de la salvación[269] y el Evangelio de Juan con el llamamiento de Cristo: “Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará”.[270] Juanita en este Retiro, nos regala cinco meditaciones personales, en la quinta concluye:

“Quiero, Esposo adorado…vivir escondida, desaparecer en Ti, no tener otra vida sino la tuya, no ocuparme sino de Ti. Ahora también que estoy purificada, quiero que la Sma. Trinidad venga a morar en mi alma para adorarla y vivir constantemente en su presencia. Por último te digo que hago voto en presencia de la Sma. Trinidad, de la Sma. Virgen, de San José y de los santos y ángeles del Cielo, [de] no tener por Esposo sino a Jesús, único amor de mi alma”.[271]

“Sufro. Esta palabra expresa todo para mí. ˇFelicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz de mi Jesús. ˇQué felicidad más grande es decirle: Jesús, Esposo mío, acuérdate que soy tu esposa, dame tu cruz!”[272]

“Jesús mío, Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío”.[273]

“ˇOh, Dios mío, cuánto nos amas y qué ingratos somos! Jesús mío, Esposo de mi alma, me ofrezco a Ti. Haz de mí lo que quieras”.[274]

“Quiero ser animosa, fuerte, generosa en servirte, Seńor, Esposo de mi alma”.[275]

Ha decidido en su corazón vivir en unión íntima con Jesús.

El noviazgo es amar, es hablar al corazón, es regalo de amor, abandonarse al amado. La adolescente Juanita, ya ha decidido en su corazón vivir en unión íntima como esposa de Jesús. En una misma nota de su Diario escribe:[276]

“oí en el fondo de mi corazón la voz de mi Jesús”

“Jesús querido, żqué dices de este soldado tan cobarde, tan imperfecto? Perdóname”.

“Me arrojo en ese inmenso océano de amor de tu Corazón”.

“ˇOh, qué hambre tengo de Jesús! Le amo”

“ˇQué deseos tengo de andar enteramente recogida con los ojos bajos y dentro de mi alma con Jesús! Le amo. Sin El no vivo”.

“Jesús mío, dame permiso de hacer penitencia”.

“He gozado, pues me figuraba servir a Jesús. Hablé hoy bastante con Jesús”.

Impaciente por los “desposorios”.

Juanita está enferma, es noviembre de 1917. Pero todo lo puede con el amor de Jesús y el amor que ella siente darle. Ella es una novia enamorada absolutamente de su futuro esposo, y está impaciente por los “desposorios”.

“Estoy enferma. No puedo comer nada. Ayuno. Estoy feliz. Qué bueno es mi Jesús que me da su Cruz. Soy feliz. Así le demuestro mi amor”.[277]

“Anoche, una hora con Jesús. Hablamos íntimamente. Me reprochó el que yo no acudiera como antes en mis dudas y penas a su Corazón. Que Él me quería virgen, sin que ninguna criatura me tocara, pues debía ser toda para Él. Me apoyó sobre su Corazón…En fin, que no fuera sino de El: virgen, intacta, pura”. [278]

“Ya no puedo más. Si Jesús no me sostuviera, no sé qué haría, pues pasaría todo el día sin hacer nada, tendida”.[279]

“Jesús querido, cada vez que me siento mal, siento nostalgia de Ti, de ese Cielo en donde no te ofenderé más, en donde me embriagaré de tu amor, en donde, Jesús, seré una contigo, pues he de estar en Ti y moverme en Ti”.[280]

“Jesús me pidió una total unión con El”[281]

“Jesús confiaba en que yo me inmolaría aún más. Que cada hora renovara mi propósito”[282]

“Pienso que cómo no me vuelvo loca de amor por Jesús, siendo digno de toda mi veneración, amor y desvelo. Cuán poco lo amo en comparación de lo que El me ama. żCómo no me vuelvo loca por Él?”

“Sólo Tú, Jesús, eres el único capaz de enamorarme”.[283]

Juanita participa en su tercer Retiro y se propone reflexionar sobre once puntos distintos. Ella ya tiene 18 ańos y ya ha tomado decisiones importantes, ha resuelto ser esposa de Cristo y tiene ya en mente ser carmelita descalza, por tanto, hay un grado de madurez en su fe muy importante.

“Consérvame pura para Ti. Que cuando muera pueda decir: qué felicidad que al fin me perderé en el Océano infinito del Corazón de Jesús, mi Esposo adorado”.[284]


 

23    EL RETIRO ESPIRITUAL Y LA EXPERIENCIA DE DIOS

“Yo te conocía sólo de oídas, más ahora te han visto mis ojos”. (Job 42,5)

23.1     DÍAS DE RETIRO, A SOLAS CON DIOS.

Descubrir a un Dios más cercano

Participar en un Retiro Espiritual, se puede considerar como algo frecuente. No obstante, debemos hacernos una pregunta, żes esto más nombre que otra cosa? żO es algo que en los hechos nos ayuda de verdad? Teresa de los Andes escribe en su Diario la experiencia de 5 Retiros entre 1916 a1919 (de los 16 a los 19 ańos) La Santa, en sus reflexiones nos hace caer en la cuenta de que lo más importante, es confiar que un Retiro nos mejora la vida espiritual. Lo que parece claro, es que resulta hoy más que nunca necesario y transcendente por las consecuencias que trae al alma y los resultados que nos regala, como ella nos demuestra en las resoluciones que decide tomar después de cada Retiro.

El modo de vida al que estamos siendo empujados, lleva a muchos a pensar que creer en Dios ya no es necesario, pensar en el Cielo o en el infierno es algo ridículo. Incluso puedo opinar que Dios ha llegado a ser para unos cuantos un ser profundamente extrańo. Por eso hay quienes ya dicen; pero... żexiste Dios todavía?". Lo que sucede, a mi parecer, es que el hombre actual es algo despreocupado para la vida religiosa. Incluso para muchos, hablar de Dios es molesto, ya que estorba para sus intereses cotidianos, es algo que les incomoda el proyecto vida y no desean estar arrinconados por EL.

Entonces, unos días de Retiro ayudan o sirven para descubrir a un Dios más cercano, presente en la plataforma de nuestra vida diaria, entregándonos una profundidad sobrenatural a nuestra vida de cristianos.

Es el momento para desapegar nuestra visión terrenal de la vida. Es momento de pensar en una vida sobrenatural. Es momento para mirar a Dios desde otro punto de vista.

Días de Retiro. Recogimiento, a solas con Dios. żPor qué no? Así es, los días de Retiro son días de silencio, a solas con Él. Días de recogimiento interior.

La experiencia de Dios de Juanita en los Retiros

Si leemos con detenimiento los razonamientos de Juanita, su experiencia de Dios está muy presente en su vida. Ella comenta muchos hechos siempre relacionados con Dios, parece hablar con autoridad acerca de sus atributos.

Para Juanita, hablar de Dios, o bien reflexionar sobre Dios y comprenderlo desde su fe a partir de su propia conciencia, nos muestra que tiene a su joven edad, fundamento experiencial e intenta en ella y a través del conocimiento que le ha dado esta experiencia, una buena comprensión de la fe. Esto, hace que hoy Santa Teresa de los Andes, un buen modelo para que muchos jóvenes, pierdan el miedo de hablar de las cosas de Dios, y al mismo tiempo, animarlos a que se relacionen más con EL.

El Diario de Juanita Fernandez Solar

La presente reflexión, está fundamentada en el Diario de Juanita Fernandez Solar, hoy Santa Teresa de los Andes. Como sabemos, el Diario es algo muy personal, para algunos una autobiografía con el registro de las fechas, y cuyo propósito, es una lectura interior y privada de quien lo escribe. El 14 de marzo de 1920, durante la visita del P. Blanch, ella le pide con insistencia recuperar y quemar su Diario que ella había dejado a su madre. Gracias a Dios, no fue hecho y podemos descubrir, desde su Diario, a Juanita Fernandez Solar (Santa Teresa de los Andes) a partir una visión mística que fue muy bien orientada por sus directores espirituales. Asimismo, ella se compenetra muy bien en cada Retiro que participa. Sus reflexiones y resoluciones se fundan en el ejercicio espiritual recibido.

También están las cartas, donde ella reflexiona aún mucho más, pero me parece que un Diario es algo íntimo, con profundas meditaciones, donde se expresan y se desahogan diversos sentimientos y sobre esas emociones, deseo aprender de la experiencia que la Santa tiene de Dios. Por esa razón, voy a dejar cada palabra y cada coma de sus escritos sobre los Retiros, nada sobra y no haría bien dejar solo las sentencias que parecen más relevantes.

Santa Teresa de los Andes participa en tres retiros antes de entrar al Monasterio del Espíritu Santo, hasta ahí, será Juanita, luego ella participará como religiosa carmelita en dos Retiros más, desde ahí será Teresa.

23.2     PRIMER RETIRO, 1916

 Para servir y amar a Dios sobre todas las Cosas

Siguiendo la lectura de su Diario, encontramos que Juanita se preparara para su primer “Retiro”, [285] ella tiene 16 ańos, y ya muestra una gran madurez en su fe[286], algo que en estos tiempos no parece encontrarse en muchos jóvenes.

Juanita se dispone a tener mucho aliento y generosidad para este Retiro. Comienza reflexionando que; “Para hacer bien los ejercicios son dos cosas necesarias: Te­ner ánimo y liberalidad” “Ponerse en manos de Dios”. Ella se está refiriendo a las enseńanzas del Seńor Jesús para estas dos cosas necesarias.

En efecto, el Seńor nos dice en los Evangelio que siempre tengamos ánimo y nos da la razón del porqué: Tengan ánimo y levanten la cabeza porque se acerca vuestra liberación”.[287] Y la palabra ánimo del Seńor invita a un esfuerzo confiado; “ˇánimo!: yo he vencido al mundo”.[288] También la expresa para que le tengamos confianza; “ˇAnimo!, que soy yo, no temáis”.[289] Para tener aliento; “ˇAnimo, levántate! (el Seńor) Te llama”.[290] Para reanimarse; “ˇAnimo!, hija, tu fe te ha salvado”.[291] Y para esto hay que “Ponerse en manos de Dios”. Como también lo canta el salmista: “En Dios, cuya palabra alabo, en Dios confío y ya no temo”[292]

Después Juanita nos propone para este Retiro cinco meditaciones:

“Por Dios, de Dios y para Dios. Este es el fin de toda criatura”,

En la primera meditación; Por Dios, de Dios y para Dios. Este es el fin de toda criatura”, es lo que nos enseńa nuestra doctrina: “Dios creó todo para el hombre[293] pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación”.[294] Y luego ella nos recuerda la Escritura; “Y dijo Dios:  Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra” [295]

Seguidamente Juanita escribe: “Fuimos creados por Dios. ˇQué bondad la de Dios, pues nos tuvo en su mente una eternidad y después nos sacó de la nada! Soy un poco de barro, pero hay algo más grande en mí: mi alma, que Dios hizo a su imagen y semejanza”. En las palabras escrita por Juanita, encontramos que ella en su juventud comprende bien los evangelios, que subrayan que el amor existencial y total a Dios es el primer mandamiento. Recordemos la respuesta de Jesús al escriba que le interrogó sobre este punto y que es clara y explícita: “el primer precepto consiste en amar al Seńor Dios con todo el corazón, y con toda el alma, y con toda la mente, y con todas las fuerzas”[296]

Sigue escribiendo Juanita: “Luego lo único que tengo yo de valer es mi alma, puesto que es inmortal. Luego es más grande que el mundo, ya que éste tiene fin”. Como dice el Evangelio: “Pues żde qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O żqué puede dar el hombre a cambio de su vida?”[297] Y agrega ella: “Mi al­ma no es del mundo. De consiguiente, es de Dios, único capaz de saciarla porque es infinito. Soy de Dios. El me creó”.

Este amor se demuestra concretamente con la observancia de los mandamientos del Seńor.[298] Efectivamente, amor significa comunión con Dios, y por tanto conformidad plena con su voluntad.[299] El que ama conoce a Dios[300], pero este conocimiento según el lenguaje bíblico indica vida de comunión profunda, como la que reina entre el Padre y el Hijo, por una parte, y entre el buen pastor y sus ovejas, por otra.[301]

Teresa escribe una deliberación: “Es mi princi­pio y mi fin. Para ser enteramente de El debo cumplir perfecta­mente su divina voluntad. Si Él es mi padre y conoce el presente, el pasado y el porvenir, żpor qué no abandonarme a Él con ente­ra confianza?” Mediante el amor uno permanece profundamente unido a Dios y a su Hijo, es decir, vive en perfecta comunión con la santísima Trinidad.[302]

żPara qué fuimos creados? Para servir y amar a Dios sobre todas las cosas”.

En la segunda meditación Juanita nos propone reflexionar para que fuimos creados: “żPara qué fuimos creados? Para servir y amar a Dios sobre todas las cosas”. Las Sagradas Escrituras nos piden; “Aplicad ahora vuestro corazón y vuestra alma a buscar al Seńor, vuestro Dios”.[303] Y también pide: “guardar sus mandatos, sus instrucciones y sus leyes con todo el corazón y toda el alma” [304]

Escribe Juanita: “Dios dotó al hombre de razón para que comprendiera el beneficio de la creación. żCómo debemos servir a Dios? “San Pablo no pide que debemos servir; “con un celo sin negligencia; con espíritu fervoroso; sirviendo al Seńor; con la alegría de la esperanza”[305]

Juanita nos dice también como hay que servir: “Como sirve un criado a su amo, haciendo lo que a éste le plazca. Dios me manifiesta su voluntad. Si yo la cumplo, lo glorifico, pero haciendo siempre lo más perfecto”.

Hecho a imagen y semejanza de Dios[306] el hombre es el ser que refleja mejor su esplendor, su gloria y su grandeza, así lo canta el Salmo: “ˇOh, Dios, Seńor nuestro, qué glorioso es tu nombre por toda la tierra!”[307]

La Santa sigue reflexionando: “Para servir a Dios debemos ser indiferentes para todo aquello que no le da glo­ria. Debemos tener a Dios por fin en nuestras obras, mirar el amor que nos tiene”. Lo expresa ella tal como nos enseńa el Evangelista Juan;Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ˇlo somos!”[308]

Sigue reflexionando: “Nuestro co­razón no debe apegarse a las cosas del mundo sino a Dios. Tenerlo puro de todo amor desordenado, ya que todo es perecedero, y amar aquello que nos lleva a Dios”. El salmista canta: żQuién subirá al monte del Seńor ?, żquién podrá estar en su recinto santo?   El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engańo jura”. [309]

En el capítulo 5 de Subida del Monte Carmelo, San Juan de la Cruz nos habla de lo necesario que es para el hombre subir a hablar a Dios y como debe subir desprendido de todo, no llevar consigo nada, nada. Juanita, también ve la necesidad de desprenderse de todo, es decir no apegarse a nada, debe subir sola, no debe llevar nada, con “suma desnudez y vacía de espíritu”[310], vacío de todo lo que no es necesario para ser acogido por Dios.

“El pecado es un monstruo”.

Sigue en la tercera Meditación: “El pecado es un monstruo”. Los Evangelios nos muestran la misericordia de Jesucristo con los pecadores: “Este acoge a los pecadores y come con ellos”.[311] Esa es una gran misión del Seńor entre los hombres, ya el ángel le había anunciado antes de nacer Jesús a José: “tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.[312] Y en la institución de la Eucaristía, Jesús dice: “porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados”. [313]

Es importante destacar en esta tercera meditación la confianza de Juanita en la misericordia de Dios frente al pecado, San Agustín nos enseńa que:” Dios, “que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti”[314] No obstante para gozar de la misericordia de Dios, es necesario la confesión de nuestras faltas, como lo dice el Evangelio de Juan. “Si decimos: No tenemos pecado, nos engańamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos y purificarnos de toda injusticia. Si decimos: No hemos pecado, le hacemos mentiroso y su Palabra no está en nosotros”.[315] Como afirma san Pablo, “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”[316]

Juanita medita: “Los dos primeros pecados. Luzbel en el cielo, por un solo pecado de pensamiento, es converti­do en demonio. Y yo żcuántos pecados he cometido en mi vida? Y Dios no me ha castigado; antes por el contrario, me ha colmado de gracias. ˇCuántas veces me ha perdonado! Y arrojó por una sola desobediencia a nuestros primeros padres”.

Y luego Juanita se pregunta cómo lo hace el salmista: “żCon qué te pagaré, Dios mío?” El Salmista canta; żCómo al Seńor podré pagar todo el bien que me ha hecho? [317]

Después reza: “Apártate, oh pecado, de mí. Te aborrezco con terrible odio”, “Quiero ser de Dios. Quiero morir antes que co­meterte”, “Perdón, Dios mío, perdón, bondad y misericordia infini­ta”. Canta el salmo: “ˇTenme piedad, Seńor, sana mi alma, pues contra ti he pecado![318]

Sigue Juanita: “Antes prefiero morir que ofenderte, aún con la más ligera fal­ta. Te amo y el pecado me aparta de Ti”. Canta el salmista: “Tenme piedad, oh, Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi delito, lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame”. [319] “De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor, acuérdate de mí. por tu bondad, Seńor”[320]

Finalmente medita como Dios habita en nosotros. Esto nos recuerda a San Agustín, que se muestra en sus confesiones como un gran buscador de Dios cuando expresa; “tú me preguntas żdónde encuentro a Dios? Te contesto: búscale en tu interior, en el fondo de tu alma”. Ciertamente, los buscadores de Dios, como también lo fue Juanita, saben bien que no sólo Dios está con nosotros, sino que además mora en nosotros; tal como también lo dice el Santo; “tan íntimamente es mi unión con Dios, que no podemos imaginarnos ninguna otra unión semejante”.

Sigue reflexionando Juanita, que nuestra vida ha de ser de la Santísima Trinidad que está en nosotros, pero no solamente cerca de nosotros, también con nosotros y quiere que su alma contemple a Dios en ella, entonces medita. “Del amor ordenado que hemos de tener a todas las cosas. Que nuestro corazón ha de ser de la Sma. Trinidad..”. Ella ya entiende que la Santísima Trinidad mora dentro de nosotros y nos comunica continuamente algo de su vida. De esta forma estamos cobijados y escondidos en el seno de la Santísima Trinidad. “Quiero vivir dentro de mi alma de mane­ra que siempre contemple a Dios en ella. żY yo no querré sufrir nada por su amor?” y sigue luego: “Yo que soy una nada criminal, mientras que El sufre sien­do un Dios que tiene derecho a ser adorado y servido por sus cria­turas…”

El Retiro le va dejando muchos bienes que ordenan su vida para su camino a la santidad, tal es así que ella reflexiona también en estos días de recogimiento sobre las vanidades de la vida:

“Hay tres clases de ánimo: Primero: “Cuando se está en pecado mortal, se es atraída por la sensualidad y se vive en ella”. Segundo: “Cuando se está en gracia, se sienten paz, consolaciones interiores y deseos de ser buena”. Tercero: “Cuando el alma no siente ninguna consolación interior, pero siente los impulsos de la gracia y los sigue y resiste a la naturaleza. Es el estado mejor porque vivimos en la humildad”.

Juanita goza ya ciertas virtudes morales, capaz de reconocer que de sí misma solo tiene la nada y el pecado. Todo es un don de Dios de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es así libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen.  Teresa de Jesús dice en la Sextas Moradas: “Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada”[321] La virtud de Juanita, es ver las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. Ciertamente, en la medida en que un hombre es más humilde crece una visión más correcta de la realidad.

“ˇAy, Seńor, qué grande eres en tu misericordia!”

En la cuarta meditación escribe sobre la pecadora que fue a los pies de Jesús en casa de un fariseo. [322] “La Magdalena arrepentida”.; “ˇAy, Seńor, qué grande eres en tu misericordia!” La misericordia del Seńor es como reza el salmo: “Mas tú, Seńor, Dios clemente y compasivo, tardo a la cólera, lleno de amor y de verdad” [323]

El Evangelio de Juan relata que una mujer llamada María: “ungió al Seńor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos” [324] y Juanita, imitando el amor que le regalo la pecadora al Seńor dice: “Yo me postro a tus pies y los lavo con mi llanto”. Continúa Juanita: “Si Jesús adorado, yo pequé; pero Tú me has salvado”

Es una gran virtud reconocer que somos pecadores, es camino al cielo. Como también lo hizo el buen ladrón, al reconocer sus faltas el Seńor desde la misma Cruz le prometió el Paraíso.[325] Así también lo reconoce el Salmista: “contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí”. [326] Y agrega Juanita: “Vengo a humillarme delante de tu Ministro que te representa. SÍ, Jesús, Tú que perdonaste a la Magdalena, perdona a una más pecadora que ella”. Como dice el Seńor: “Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor”[327] y Juanita confiesa que: “Yo te he amado toda mi vida y espero amarte hasta el fin. Perdóname; Jesús, que no sabía lo que hacía al ofenderte. Sí, Jesús; antes morir que ofenderte. Quiero, como Magdalena, retirarme a servirte para estar siempre junto a Ti. No quiero a nadie sino a Ti. Quiero unirme a Ti para siempre, porque la felicidad no consiste sino en amarte”.

“Parábola de un rey que invita a sus súbditos a la conquista de una tierra infiel”.

En la quinta meditación nos habla de la “Parábola de un rey que invita a sus súbditos a la conquista de una tierra infiel”. Se refiere a la Parábola de San Ignacio de Loyola para introducirnos en la contemplación de la llamada de Cristo. Aquí san Ignacio se refiere a dos textos del Nuevo Testamento, el del Apóstol San Pablo a los Corintios, con la visión final de la historia de la salvación [328] y el Evangelio de Juan con el llamamiento de Cristo: “Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará”.[329]

Medita: “Jesús nos invita a la conquista del reinado de su Sdo. Corazón. Para esto debemos:

Primero: “Reformarnos a nosotros mismos. Estar dispuestos a todos los sufrimientos para gozar después con Él en el cielo”. Como dice el Seńor en el Evangelio de San Juan: “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna”.[330]

Segundo: “Estar dispuestas a seguir a Jesús donde Él quiera”. Así mismo lo ha pedio el Seńor: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. 27 El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío”.[331]

Es así como Juanita medita largamente: “El elige la pobreza, las humillaciones, la Cruz y exige para mí todos estos dones. żNo se los recibiré gustosa después que El me creó prefiriéndome a tantas almas, que me conserva la vida, que me ha librado del infierno, más aún, que ha sufrido durante treinta y tres ańos toda suerte de trabajos y muere por último en una cruz como el más infame de los hombres, entre dos ladrones, mirado como facineroso, hechicero, traidor, loco, blasfemo? żY yo no querré sufrir nada por su amor? Yo que soy una nada criminal, mientras que El sufre siendo un Dios que tiene derecho a ser adorado y servido por sus criaturas”. Y así luego Juanita hace una apasionada oración:

“Oh Jesús, aquí me tienes postrada ante tu Divina Majestad, llena de vergüenza y confusión de ver mi pequeńez, mi miseria y mis muchos pecados. żHasta cuándo, Jesús mío, tendrás piedad de esta pecadora? Desde ahora me pongo en tus divinas manos. Haced de mí lo que queráis. Sí, estoy dispuesta a ser humillada para castigar mi orgullo. Quiero, Esposo adorado, vivir escondida, desaparecer en Ti, no tener otra vida sino la tuya, no ocuparme sino de Ti. Ahora también que estoy purificada, quiero que la Sma. Trinidad venga a morar en mi alma para adorarla y vivir constantemente en su presencia. Por último, te digo que hago voto en presencia de la Sma. Trinidad, de la Sma. Virgen, de San José y de los santos y ángeles del Cielo, [de] no tener por Esposo sino a Jesús, único amor de mi alma”.        

Juanita se propone al final de este retiro algunos propósitos, y son los que se resuelve luego de unos ejercicios Ignacianos bien aprovechados. San Ignacio de Loyola propone tres tipos de humildad:

El primer tipo de humildad es necesario para la salvación eterna y consiste en rebajarse y humillarse lo más posible, para obedecer en toda la ley de Dios, Nuestro Seńor, de tal forma que, aunque volviera el Seńor de todas las cosas creadas en este mundo o estuviera en riesgo la propia vida temporal, nunca hay que pensar en transgredir un mandamiento, sea divino o humano.

El segundo tipo de humildad es una humildad más perfecta que la primera.

El tercer tipo de humildad es la humildad más perfecta. Es cuando, al incluir la primera y la segunda, siendo iguales la alabanza y la gloria de su divina majestad, para imitar a Cristo, Nuestro Seńor, y nos asemejemos a Él más eficazmente, y deseemos y escojamos la pobreza con Cristo pobre en lugar de la riqueza, el oprobio con Cristo cubierto de oprobios en lugar de honores; y deseemos más ser tomado por insensato y loco por Cristo, que primero fue tenido por tal, que por “sabio y prudente” en este mundo.[332]

Al finalizar el Retiro, escribe sus “Resoluciones” 

Haré examen particular”.

“Practicaré el tercer grado de humildad, que consiste en buscar desprecios, deshonras, humillaciones con alegría y por amor a Jesucristo, considerándome indigna de sufrir algo por Él”.

“Me levantaré y me impondré una mortificación, si me lo permiten, cada vez que caiga”.

Y así reza luego Juanita:

“Jesús mío, ahora he visto que todo lo del mundo es vanidad. Que sólo una cosa es necesaria: amarte y servirte con fidelidad, parecerme y asemejarme en todo a Ti. En eso consistirá toda mi ambición. Quiero, pasar contigo por todas las afrentas con alegría Y si por mi flaqueza caigo, Jesús querido, te miraré en tu subida al Calvario y ayudada por Ti me levantaré. No permitas que te ofenda ni aun levemente. Prefiero mil muertes antes que darte la más ligera pena. Madre mía, lirio entre espinas, enséńame el camino del Calvario. Guíame por esa senda de la mano. San José, custodio de vírgenes, guárdame”.

23.3     SEGUNDO RETIRO, 1917

"Vamos a la Soledad"[333]

Juanita participa nuevamente en unos días de Retiro. Días de recogimiento, a solas con Dios. Días de silencio, a solas con Él. Días que le ayudan a descubrir a un Dios más cercano, presente en su vida diaria. Para ella es momento de mirarlo desde otro punto de vista. Sin otras preocupaciones que la distraigan.

Entonces, estos días le resultan más fácil para dirigirse a Dios, tratar con el cómo amigo, hablarle y escucharle.

Qué bueno es poder cerrar incluso tan solo por unas horas, la puerta de los sentidos y olvidarnos de las ocupaciones ordinarias, o de las preocupaciones que nos turban para dar prioridad a la actividad interior, al examen de conciencia, a la reflexión sosegada, es decir, a la pausa para sentirse en la “Presencia de Dios” en nuestra vida.

No es fácil el silencio, porque es algo a lo cual no estamos acostumbrados, incluso, hay quien le tiene miedo al silencio y busca acompańarse del ruido. żSera por miedo a encontrarse con uno mismo?

Con todo, buscar la soledad es algo normal en el alma espiritual, porque en la soledad sucede o viene con más disposición el encuentro del alma con Dios. Sin otras preocupaciones que distraigan nuestra solicitud. También resulta más fácil dirigirse a Dios, tratar con el cómo amigo, hablarle y escucharle, del modo como lo relata Juanita.

“Hoy entro a retiro. [334]

El “hoy entro”, tiene un gran sentido, es entrar tanto dentro de sí mismo, como salirse de toda preocupación superficial. Para entrar, hay que retirarse de lo exterior.

El Seńor se retiró a orar a una propiedad llamada Getsemaní, tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, (Juan y Santiago)”[335]ellos siguieron de la voz de Jesús.

Juanita también dice: “Oigo la voz de mi Jesús que me dice "vamos a la soledad". "La llevaré a la soledad y allí le ha­blaré a su corazón". Me retiro con Él en lo íntimo de mi alma y allí, como en otro Nazaret”

Está encantada de seguir a Jesús. El Seńor siempre pidió a sus amigos que lo siguieran. Se encuentra con Felipe y le dice: “Sígueme”.[336], a Pedro le dice: “Apacienta mis ovejas luego le dice: Sígueme”.[337] “Jesús vio a un publicano llamado Leví, (Mateo) sentado en el despacho de impuestos, y le dijo:  Sígueme. El, dejándolo todo, se levantó y le siguió.[338], ellos escucharon su voz, y acogieron el llamado. Otro no lo quiso seguir, aunque le ofreció algo hermoso: “tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”.[339]

Toda una experiencia de Dios es el saber cuáles son nuestras raíces, nuestro origen. Como cristianos estamos llamados concientizarnos que es primer fundamento, sustento y raíz, es Dios. Somos familia de los hijos de Dios. La verdadera patria y origen del cristiano es Dios. Juanita ya lo sabe: “ˇOh, cuán grande me considero después de haber visto mi origen - ˇtodo un Dios! - y mi fin: ˇun Dios Infinito! Aquí está mi voluntad. Si soy generosa, me daré toda a mi Jesús, que lo ha dado todo por mí. Las criaturas y todo cuanto poseo me lo ha dado Dios”.

Y haciendo la voluntad de Dios, a quien le pertenecemos, las Palabra se Jesús, nos hacen aún más hermanos de él, es decir más familia de Dios: “Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”.[340], es así como también Juanita nos dice: “En todo, pues, debo cumplir la Voluntad de Dios, de mi Creador, de mi Salvador y de mi Todo. Le pertenezco”.

Dice el Seńor: “No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben”.[341] 

“żQué son todas las cosas sino vanidad?

Hay mucha claridad en esto cuando Juanita escribe para este retiro: “żQué son todas las cosas sino vanidad? Todo pasa, todo se muere. Luego, żpara qué apegarme a cosas transitorias, que no me llevan a Dios que es mi fin? Oh, mi Dios, no sé con qué pagarte tantos beneficios como me otorgas. Seńor, desde ahora quiero serte fiel.  Quiero ser indiferente a todo, menos a Dios y mi alma”.

Jesús conoce y denuncia los pecados concretos, como la vanidad, el orgullo, la mentira, el apego a las riquezas, la explotación de los demás, el robo, el adulterio, el homicidio.[342] Juanita se dirige a Dios: “ˇOh qué ingrata me veo para con mi Dios…He comprendido que lo que más me aparta de Dios es mi or­gullo”.

Frente a este pecado del orgullo, el Seńor Jesús nos ha propuesto tomar su propio ejemplo; “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”.[343] Atenta a la Palabra del Seńor, Teresa escribe lo que se propone: “Desde hoy quiero y me propongo ser humilde. Sin la humil­dad las demás virtudes son hipocresía. Sin ella las gracias recibida de Dios son dańo y ruina. La humildad nos procura la semejanza de Cristo, la paz del alma, la santidad y la unión íntima con Dios”. 

Después exclama Juanita: “ˇOh, Jesús, estoy confundida, aterrada! Quisiera anonadarme en vuestra presencia. Tantos pecados con que os he ofendido. Mi Dios, perdóname”.

En el Antiguo Testamento, nos encontramos con muchos textos que nos hablan de la misericordia salvífica de Dios, que salva a los que la solicitan (Gn 19), como del mismo modo la ruina recae sobre los que le rechazan. El hombre puede odiar a Dios que significa rehusar ese don, o bien "amar", o sea acoger el don. El hombre se enfrenta siempre a dos caminos, la aceptación o el rechazo de la misericordia de Dios. Pero todo es diferente para el que ama, porque va por el camino correcto y experimenta la infinita misericordia de Dios.  Pero no hay camino prometido al cielo para el que permanece en la culpa y para el que no ama. Juanita está en esta misma idea, y ella no rehúsa amar la misericordia de Dios, la súplica por ella y los demás; “El infierno me hiela. Pero sólo una cosa me causa más horror que todo y es lo que dijo Santa Teresa: "los condenados no ama­rán". ˇOh! El corazón humano cómo sufrirá entonces, pues Dios lo creó para Él. Odiar a Dios es el mayor suplicio”.

Y sigue Juanita: “Jesús querido, acabo de ver lo que es el infierno; lo terrible que es. Pero te digo que preferiría estar allí por una eternidad con tal que un alma, aunque fuera tan miserable como la mía, te amara”.

Y es así, como Juanita, en este segundo Retiro, ruega por imitar el camino de Jesús y lo hace orando: “Jesús mío, Tú crecías en gracia delante de Dios y de los hombres. Eras obediente trabajador. Madre mía, enséńame a imitar a mi Divino Esposo”.

23.4     TERCER RETIRO, 1918

"Hablad Seńor"[344]

En este Retiro se propone reflexionar sobre once puntos distintos. Ya tiene 18 ańos y ya ha tomado decisiones importantes, ha decidido ser esposa de Cristo y tiene ya en mente ser carmelita descalza, por tanto, hay un grado de madurez en su fe muy importante. Hay en este Retiro, implícito los escritos del Antiguo Testamento. En todo Retiro, la Biblia cumple un papel importante.

Dice la Escritura: “Y ahora, Israel, żqué te pide tu Dios, sino que temas al Seńor tu Dios, que sigas todos sus caminos, que le ames, que sirvas al Seńor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, que guardes los mandamientos del Seńor y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que seas feliz?”[345]

Comienza su Retiro planteando un primer punto:

“El fin del hombre”

“El fin del hombre” Amar y servir a Dios, y así, alcanzar el Cielo. Como dice las Escrituras: “Del Seńor tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra y cuanto hay en ella”.[346]

Sigue Juanita: “Qué fin más grande: conocer a Dios, ese Dios infinito en perfeccio­nes, ese Dios eterno, inmutable, todopoderoso, miseri­cordioso y bueno”.

Escribe el apóstol Pablo: “Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó[347] El Dios que Jesucristo nos ha revelado como Padre; cabalmente su Hijo, en sí mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer.[348] A este respecto, es digno de recordar aquel momento en que Felipe, uno de los doce apóstoles, dirigiéndose a Cristo, le dijo: Seńor, muéstranos al Padre y nos basta; Jesús le respondió: żTanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me habéis conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre.[349] Estas palabras fueron pronunciadas en el discurso de despedida, al final de la cena pascual, a la que siguieron los acontecimientos de aquellos días santos, en que debía quedar corroborado de una vez para siempre el hecho que nos escribe el apóstol, de que “Dios, es rico en misericordia”, Todo esto: “por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados”[350]

Juanita, nos muestra en la siguiente reflexión que hace, una claridad sobre nuestra identidad y como están ligadas nuestras raíces a Dios. Creo que es una de las interrogantes a la que debemos responder si queremos encontrar sentido a nuestra vida. En efecto, como cristianos estamos llamados a meditar sobre esto y a ayudar a encontrar a otros ese primer fundamento, sustento y raíz: Dios. Aquí Dios ha puesto en nuestro camino a Juanita, para qué desde su juventud, nos ayude a encontrar esa identidad. Reflexiona ella: “Ese Dios es mi fin. ˇQuién eres Tú, Dios mío y quién soy yo? Yo criatura formada por tus manos, criatura sa­cada de la nada, formada de barro, pero con un alma a semejanza de Dios, inteligente y libre, destinada a darte la gloria del mundo visible”.

Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimańas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó” [351] Sigue Juanita: “Dios mío, somos tan miserables que nos rebelamos contra Ti, Nuestro Creador. ˇPerdón! y en vez de amarte, te ofendemos. Un solo mandamiento nos habéis impuesto y ese no lo cumpli­mos”.

Destaca y enseńa el Seńor: “Amarás al Seńor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento”.[352] Y reflexiona Juanita: żDe qué te sirve ganar el mundo entero, si pierdes el alma? Dice el Seńor en el Evangelio de Mateo: “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues żde qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O żqué puede dar el hombre a cambio de su vida?[353]

Al respecto Juanita nos enseńa:

“żQué importan las riquezas, los honores, las glorias, los carińos humanos, que pasan y concluyen, en comparación de mi alma, que es inmortal y que vale la sangre de Jesucristo, de mi Dios? Cuánto valdrá que el demonio la acecha para perderla. Ahora o salvo mi alma, o la condeno para siempre. De aquí que quiera salvarla”.

“Mi fin es amar y servir a Dios”.

El segundo propósito que se plantea en este Retiro es: “Mi fin es amar y servir a Dios”.

Dice las Santa Escrituras: “Amarás al Seńor tu Dios y guardarás siempre sus ritos, sus preceptos, normas y mandamientos”.[354] Reflexiona Juanita: “Luego, si amo a Dios, cumplo su divina voluntad”. Amar a Dios es aceptar su voluntad. Además, el Seńor nos advierte que: “No todo el que me diga: "Seńor, Seńor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial”.[355]

También se pregunta y sabe bien la respuesta: “żCuál es su voluntad? Que le si­ga y que sea perfecta”. Que por lo demás, es lo que el Seńor nos ha pedido: “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial”.[356]

“żCómo alcanzaré más fácilmente la perfec­ción?”

Y luego Juanita se pregunta y se responde: “żCómo alcanzaré más fácilmente la perfec­ción?” “Por medio de los consejos evangélicos: obediencia, castidad, pobreza. Debo seguir a Jesucristo donde me llame, pues en ello va mi salvación”.

Cuando nos decidimos a seguir a Cristo, resolvemos además esforzarnos en todo sentido y deshacernos de todo aquello que nos impida seguirlo, por eso Jesús pidió al que tenía tanto: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme”.[357] Juanita ya lo ha resuelto, ella se ha decidido seguir a Jesús por un camino muy puntual, imitar su vida y por tanto tiene por objetivo la perfección y la caridad evangélica; obediencia, castidad, pobreza” Y para ella es su consagración total a Dios.

La obediencia es un voto más difícil, pero con el cual más se imita a Cristo. El autor de Hebreos escribe: “y aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia”[358] y el Apóstol Pablo expone; “y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz”.[359]. Obedecer, es confiar la vida a la voluntad de Dios, es camino para encontrarse en el camino de santidad.

El voto de pobreza, en la sociedad de hoy que ofrece comodidades, artículos de consumo y diversiones, también es exigente. Pero no se trata con este voto vivir en la indigencia, sino que vivir con modestia, sobriedad y desprendimiento de las cosas materiales para poseer un corazón libre que aspire a los bienes espirituales.

El voto de la castidad, en especial en Juanita, es un compromiso para no tener otro amor en su vida que no sea a su esposo, Jesucristo. En efecto, para ella no hay otra persona que merezca más amor que Él.

“El Pecado”

Una tercera idea que expone Juanita para este Retiro es: “El Pecado” Ella dice que: Sólo su nombre me estremece. Es rebelión contra ese Dios tan santo”.

Pero: żQue es el pecado?, żCuándo pecamos? Creo que podemos definirlo de una forma sencilla: Si hacemos, decimos, pensamos, u omitimos algo que va en contra de la ley de Dios y de sus preceptos o mandamientos. También estamos pecando, con cualquier acto o comportamiento lamentable que nos aparte de lo que es recto o justo, o bueno a los ojos de Dios.  Es pecado lo que destruye la caridad en el corazón de las personas, esto porque se opone al deseo de Dios y, por tanto, deja de subsistir la caridad en el corazón, la ofende y la hiere. Estas simples cosa le aterran a Juanita: “ˇOh, qué horror, Dios mío! Mil veces morir [antes] que ofenderte ni aun levemente, pues eres mi Padre, mi Amigo mi Esposo adorado”.

La muerte”.

Ahora nos pone en reflexión un nuevo punto: la muerte”. Jesucristo nos ofrece amorosamente llevarnos a la vida eterna, y ora al Padre por esto, con el premio de que podamos conocerlo, es decir estar cara a cara con Dios. El Evangelio según san Juan, menciona en diversos capítulos este deseo del Seńor de llevarnos a la vida eterna. Para muchos de los que profesamos nuestra fe, o no nos resulta fácil creer de una forma tan simple en la vida eterna o comprendemos bien que significa, sin embargo, es parte fundamental en nuestra profesión de fe, rezamos en el credo: Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén

Es así, como nos recuerda: “Todos tenemos que morir. Todo pasa y nos­otros también. Cada día nos acercamos a esa eternidad”.

Como sabemos, desde que somos concebidos en el vientre de nuestra madre, al final de nuestra vida terrenal, todos moriremos, es decir ninguno de nosotros se liberara de la muerte, es algo incuestionable, somos mortales.

żY qué es la muerte? En palabras simples, la muerte es el fin de la vida terrenal, e independiente de cualquier otra definición válida, este final nos produce un cierto horror, en especial si la vida nos parece muy bella.

Oramos por vivir, por nuestra salud, nuestro instinto de conservación nos domina, a tal caso que defendemos la vida, es un regalo de Dios. Es tal así, que no nos gusta pensar en la muerte, en especial, si esta es repentina o trágica, ahí, cesan todos nuestros proyectos, nuestras esperanzas e ilusiones. No obstante, Juanita, a sus dieciocho ańos, gozando de su juventud nos interpela: żPara qué apegarnos a las cosas que mueren? Los honores no son nunca seme­jantes a la virtud y son criaturas miserables las que los tributan. Las riquezas se pierden en sí. No valen nada y no dan la dicha”.

El Seńor por el Evangelio de Mateo, nos enseńa: “No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.[360]

Sigue Juanita: “Los aplausos, el carińo se apagan y se extinguen a cualquier desengańo. Sólo Dios nos puede llenar. Él es la verdad y el bien inmutable. Él es el amor eterno”.

Hemos aprendido en nuestra fe, que la muerte no es nuestro fin, y que es el comienzo de una vida verdadera, la “Vida Eterna”, nuestra fe, nos ilumina y vemos la muerte desde un ángulo distinto, Cristo Luz del Mundo, nos hace ver la muerte con ojos muy distintos de los del mundo, de tal forma que, si comprendemos lo que nos espera una vez traspasado el umbral de la muerte, esta puede ésta llegar a hacerse deseable. El mismo San Pablo, enamorado del Seńor, se queja "del cuerpo de pecado" pidiendo ser liberado ya de él. "Para mí la vida es Cristo y la muerte ganancia"[361] Entonces, Juanita exclama apasionada: “ˇOh, Jesús mío y Madre mía, que pertenezca a Él para siempre! Que nada me llame la atención en la tierra, si no es el Sagrario. Consérvame pura para Ti. Que cuando muera pueda decir: qué felicidad que al fin me perderé en el Océano infinito del Corazón de Jesús, mi Esposo adorado”.

“El juicio”

Ahora nos pone otra palabra para meditar: “El juicio” Llegará el minuto donde el gozo se transformará en llanto, el canto en silencio, la vida en cadáveres. Así pues, el juicio de Dios es inminente. No cabe la menor duda, se nos ha enseńado que el juicio divino es implacable. Juanita dice que: “De tres cosas daremos cuenta: de los beneficios, y de nuestros pecados y de nuestras obras, según sea la intención”.

El camino hacia la vida eterna se hace con una vida recta, no hay otro modo, y para eso debemos alejarnos de muchos males. San Pablo nos dice: “Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra”.[362] Juanita lo sabe bien, por eso exclama: “ˇOh, Dios mío, no soy una santa a pesar de llenarme de benefi­cios! Perdóname, que lo seré de ahora en adelante. ˇMadre mía, haced que sea santa!”

El punto siguiente es: “El infierno”. Juanita dice que: “No me conmueve tanto. El pensamiento de Santa Teresa, sí: "Los condenados no podrán amar a Dios".

No obstante, esta idea, me inclino a pensar que Dios ofrece la vida eterna a todo pecador que se arrepienta. "Y si encontré misericordia fue para que en mí primeramente manifestase Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener vida eterna”.[363] Recordemos que recibimos vida eterna por misericordia de Dios. "manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Seńor Jesucristo para vida eterna”.[364]

“El hijo prodigo”

Ahora nos presenta un nuevo tema: “El hijo prodigo” Es de común acuerdo, que la parábola del hijo pródigo es una de las más bellas del evangelio, algunos dicen que es un “clásico” de Lucas, porque ha entrado a formar parte de la tradición por su importancia y por su calidad en los evangelios y, porque expresa más efusivamente la misericordia de dios sobre el pecador arrepentido. No hay otra parábola que muestre tan hermosamente el amor de Dios y al mismo tiempo la ingratitud del pecador y la indigencia en la que cae por el pecado. Todos los elementos de su desarrollo están mostrando esta solicitud de Dios por el pecador para perdonarlo. Los detalles de esta solicitud son acusadísimos.

Es evidente que este “padre” de la parábola es Dios. Queda demostrada en esta parábola que la bondad de Dios, con los pecadores es inmensa, — sin distinción de gravedades — tiene sobre sí el perdón de Dios, “su padre”. Así como el tema central es “el hijo pródigo,” es también el permanente perdón de Dios.

A Juanita le ha impactado este relato, escribe ella: “Jesús mío, he aquí lo que más me ha conmovido: tu amor, Jesús, para con una criatura tan ingrata”. Y sigue: “Yo me postro a tus pies y allá, confundida, te pido perdón. Sí, Jesús mío. Desde ahora quiero vivir siempre a tu lado. ˇOh amor, con­sume a esta criatura miserable!” Siempre que nos alejemos de Dios, nos estamos alejando de la felicidad, de la fuente del amor, entonces luego caemos.

Cuantas veces Dios, nuestro padre, nos ha recibido como el hijo pródigo, con los brazos abiertos a la reconciliación, al perdón, a la paz y a su bondad. En verdad, no podemos hacer esperar más tiempo a Dios, dejemos abrazarnos por sus brazos, pidamos perdón con sencillez, humildad y confianza.

La Cena”

Juanita nos pone otro punto de reflexión: La Cena” Amar la Eucaristía, es amar el Sacrificio del Altar, es decir, una oblación o una ofrenda por el Sacrificio de Altar. Cristo, el mismo que de corazón se declaró nuestro amigo, se hace presente. Allí los llamados a comer el cuerpo de Cristo, "El que me come vivirá por mí"[365] se sienten dichosos, ahí nuestro corazón se siente indigno ante el Seńor, pero confiados porque con su Palabra, somos sanados. "Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo"[366] cuerpo dado por nosotros, sangre derramada por nosotros.

Ella se siente frente a la Eucaristía paralizada, anonada; “Me pasa que cuando hablan de la Eucaristía sien­to algo tan extrańo en mí, que no puedo pensar ni hacer nada. Como que me paralizo y creo que, si en ese instante me vinieran ímpetus de amor, no los podría resistir. ˇJesús mío, me anonado ante tu amor!” Anonadada por lo que el Seńor nos ha prometido: “Éste es el pan que baja del cielo; el que come de él no muere"[367] y es el mismo Cristo en la totalidad de su misterio. Solamente la fe permite tener acceso a él y alimentarse de él, asimilando su fuerza vital: "El que coma de este pan vivirá eternamente"[368] Frente a esto, poniéndose en la piel de la joven santa, anonadarse, no es nada; “ˇTú, Dios del cielo, de la tierra, de los mares, de los montes, del firmamento tachonado de estrellas; Tú, Seńor, que eres adorado por los ángeles en éxtasis de amor; Tú, Jesús‑Hombre; Tú, Pan! ˇAh, anonadarse, todo es poco!”

Jesús se nos presenta como dador de vida. Yo diría que el hecho de su muerte, que está también presente sin duda alguna, queda superado por la afirmación de la "vida" que él distribuye a quienes comen y beben de él. En efecto, en este trasfondo de pensamiento la eucaristía se muestra más ligada a la vida: "El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él"[369] La eucaristía, tiene la ventaja de darnos una vida que no acaba. Y esto porque "el pan que baja del cielo" es Cristo mismo en la totalidad de su misterio. Solamente la fe permite tener acceso a él y alimentarse de él, asimilando su fuerza vital: "El que coma de este pan vivirá eternamente"[370]

A Juanita, la eucaristía la introduce una mayor intimidad con Cristo, pero al mismo tiempo, le asusta la profanación de la eucaristía como el acto de arrojar o retener la hostia eucarística y por extensión cualquier acto voluntario de abierto desprecio hacia la misma. ​ Ciertamente es un dolor y una gran preocupación que sea profanada por personas identificadas con el satanismo o lo oculto, para celebrar diversos ritos como ritos paganos, brujerías o misas negras.

Oremos junto a Juanita:

Seńor: “Si nos hubieras dejado una reliquia tuya, sería una muestra de amor digna de nuestra veneración; pero quedarte Tú mismo sabiendo que serías objeto de profanaciones, sacrilegios, ingratitudes, abandonos, żEstás loco, Seńor, de amor?”

“No en un punto de la tierra sino en todos los Tabernáculos de la tierra. ˇOh Seńor, qué bueno eres, qué amor tan grande que llegas hasta parecer nada! Más aún, Tú desapareces para dejar ver una criatura, una nada criminal”.

Cristo, es el amigo que jamás nos abandona, sin embargo, sus amigos, nosotros, muchas veces lo hacemos. Cristo nos invita a Diario a vivir con Él, pero no todos estamos dispuestos a participar cotidianamente en la Eucaristía. En efecto, mientras Él quiere estar siempre con nosotros, entregándonos en todo momento su amistad, su misericordia, su Palabra, su Cuerpo y su Sangre, nosotros sentimos solo esa generosidad de ir a Misa una sola vez a la semana.

Juanita ahora nos hace reflexionar sobre “la pasión”, ella pone el tema en nuestra mente y en nuestro corazón un hecho que nos conmueve.

De todos los discursos de Jesús que leemos en los Evangelio, entendemos que no hablo sobre el dolor, pero sufrió personalmente hasta la muerte en la cruz, a pesar de ser inocente. Y los evangelistas dedicaron el más amplio espacio a la pasión de Jesús, hasta el punto de que alguien ha dicho que los evangelios son un relato de la pasión con una larga introducción a la misma. Es así como desde el punto de los Evangelios, este tema del mal/dolor se concentra entonces en la pasión-muerte de Jesús, cuya historia es una historia de sufrimientos, de rechazos, de humillaciones y de burlas: "El hijo del hombre tenía que padecer mucho"[371] El Jesús que sufre y es condenado a muerte se presenta como aquel en que puede reconocerse todo hombre: "ˇaquí tenéis el hombre!"[372]

Juanita expone:

“Padece desde que nace, porque El ve lo que va a sufrir. Ansía padecer y aparta a San Pedro escandalizado, cuando éste le dice que no muera”. Pero al mismo tiempo, como nos habla el Apóstol Pablo; "Dios mostró su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros"[373]; en Cristo crucificado se hace reconocible la justicia (voluntad salvífica) y el amor de Dios por nosotros” [374]

El centro de los evangelios es la pasión-muerte-resurrección de Jesús, que extiende su sombra hasta los comienzos del relato evangélico en la suerte de Juan Bautista, el cual prefigura a Cristo[375] y en las narraciones de la infancia del salvador.

Dice Juanita: “Padece porque quiere y es un Dios infinito que padece por los pecados de una criatura suya vil y miserable. Padece injurias, padece en el espíritu, padece en el cuerpo”.

Finalmente, Juanita nos deja dos temas más para reflexionar de este Retiro: “La Obediencia y el Cielo” Sobre la obediencia, que ya expuse antes, Juanita dice hay que: “obedecer con espíritu de fe, viendo en los superiores a Dios” y luego ańade; “obedecer como obedecía Nuestro Seńor en Nazaret”.

Y respecto al Cielo, ella dice que es: “Poseer a Dios, verle cara a cara, amarle por una eternidad. Comprender todos los misterios, conocerle a Él. ˇQué felicidad!”

San Alberto Hurtado, nos ha dejado una bella sentencia: “La vida nos ha sido dada para buscar a Dios. La muerte, para encontrarlo. La eternidad, para poseerlo”. Y el Seńor Jesús ha rezado por nosotros: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo”. [376]

23.5     CUARTO RETIRO, 1919[377]

Retiro del Espíritu Santo.  Ya no será Juanita, es Teresa de Jesús.

El 7 de mayo de 1919, “Tiempo de Pascua” y en espera de Pentecostés, Juanita entra al Monasterio del Espíritu Santo. Juanita está a dos meses de cumplir 19 ańos. Ahora será para siempre, Teresa de Jesús de los Andes. Ha pasado ella unas tres semanas y entra a su primer Retiro en el Monasterio, aún está en el periodo de experiencia como carmelita. En este Retiro, vamos a notar algunas experiencias fuertes.

Desde ahora, ya no será Juanita, es Teresa  de Jesús, ha elegido el nombre de la Santa Madre fundadora del Carmelo Descalzo, Santa Teresa de Jesús.  Ahora los párrafos de este texto será Teresa. Ella también en sus cartas y notas del Diario ya no firmara a partir de este día con el nombre “Juana”, sino como Teresa de Jesús, carmelita.

Teresa de Jesús leyó a sus diecisiete ańos el libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús y a los dieciocho leyó “Camino de Perfección”. También leyó a Santa Teresa de Lisieux y las cartas de Sor Isabel, hoy Santa Isabel de la Trinidad. A los 19 ańo leyó "Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz. Todos estos Santos carmelitas influyeron en su alma.

Nuestro Seńor me dijo que fuera por El a su Padre”.

Comenzado su primer Retiro en su nueva casa, escribe Teresa: “Entré ayer a retiro. Nuestro Seńor me dijo que fuera por El a su Padre”.

Fijémonos en el lenguaje de Teresa de los Andes, siempre es evangélico. Dice Jesús en el Evangelio de Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”.[378] Ella dice; “Que lo único que quería en este retiro era que me escon­diera y sumergiera en la Divinidad para conocer más a Dios y amarlo, y conocerme más a mí” Y el Evangelista continúa diciendo: “Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto”.[379] Por otra parte el Seńor nos advierte; “Guardaos de los hombres…no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros”.[380] en otras palabras, es lo que dice Teresa: Que quería que me dejase guiar por el Espíritu Santo enteramente”.

El Apóstol Pablo dice que hemos sido creados para “ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en el Amado”.[381] porque quiere que entendamos que el sentido último de nuestra vida, la razón y la explicación más profunda a nuestra pregunta sobre el porqué existimos. Teresa lo expresa de esta manera: “Que mi vida debe ser una alabanza continua de amor. Perderme en Dios. Contem­plarle siempre sin perderle de vista jamás”.

Ciertamente esta alabanza, es para Teresa, no solo en los minutos de la oración de las horas o momentos del rosario, para ella es todo el día se podría decir que incluso mientras duerme, así inconscientemente, alaba siempre al Seńor.

Y sigue reflexionando: “Para esto, vivir en un si­lencio y olvido de todo lo creado, pues Dios, por su naturaleza, siempre vive solo. Todo es silencio, armonía, unidad en El”.

Teresa ya ha leído y meditado "Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz. Escribe en su Diario, “y tengo tanto amor, que Dios no se aparta de mi pensamiento y es tal la intensidad de amor que experimento, que me siento sin fuerzas, desfallecida y algo como si estuviera en otra parte, no en mí misma.  Sentí un gran impulso por ir a la oración”[382] En efecto, San Juan de la Cruz le ha dado una gran ayuda espiritual, y muchas de las sentencias y reflexiones están inspiradas en los escritos del Santo Padre de los Carmelitas.

Escribe: “Y para vivir en El, es necesario simplificarse, no tener sino un solo pensa­miento y actividad: alabar”.

El Santo Doctor Místico San Juan de la Cruz escribe a sus avisos espirituales: “Más agrada a Dios el alma que con sequedad y trabajo se sujeta a lo que es razón, que la que, faltando en esto, hace todas sus cosas con consolación”.[383] “El espíritu bien puro no se mezcla con extrańas advertencias ni humanos respetos, sino solo en soledad de todas las formas, interiormente, con sosiego sabroso se comunica con Dios, porque su conocimiento es en silencio divino”.[384]

Teresa reflexiona: Dios se comunica a mi alma de una manera inefable en estos días que estoy en el Cenáculo”.

San Juan de la Cruz en Noche Oscura declara: “porque en medio de estas sequedades y aprietos, muchas veces, cuando menos piensa, comunica Dios al alma suavidad espiritual y amor muy puro y noticias espirituales, a veces muy delicadas, cada una de mayor provecho”[385] 

Sigue Teresa: “Ya no es sensible el amor que sien­to es mucho más interior. En la oración me sucede como nunca me había pasado: me quedo completamente penetrada de Dios”.

En las reflexiones que hace ya en esta etapa, tenemos una Teresa que muestra un avanzado grado de misticismo, quizás sus hermanas monjas, la van contagiando de el apasionamiento por los Santos Padres del Carmelo, Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. El Santo enseńa en Subida del Monte Carmelo, que: “La fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasiones y apetitos, todo lo cual es gobernado por la voluntad; pues cuando estas potencias, pasiones y apetitos endereza en Dios la voluntad y las desvía de todo lo que no es Dios, entonces guarda la fortaleza del alma para Dios, y así viene a amar a Dios de toda su fortaleza”.[386]

Más adelante agrega el Santo que: “Estas afecciones o pasiones son cuatro, es a saber: gozo, esperanza, dolor y temor. Las cuales pasiones, poniéndolas en obra de razón en orden a Dios, de manera que el alma no se goce sino de lo que es puramente honra y gloria de Dios, ni tenga esperanza de otra cosa…ni tema sino sólo a Dios…y guardan la fortaleza del alma y su habilidad para Dios”.[387]

El arrobamiento

Teresa dice que: “No puedo reflexionar sino como que me duermo en Dios. Así siento su grandeza y es tal el gozo que siento en el alma, como que es de Dios. Me parece que me encuentro penetrada toda de la divinidad”.

El arrobamiento, es en el místico un estado muy especial, donde siente un placer, una admiración o una alegría tan intensa que no puede pensar ni sentir nada más, es todo un éxtasis. Escribe la Santa Madre Teresa de Jesús en el Libro de la Vida, estando en oración y sintiendo haber tenido un arrobamiento: “Yo quedé con mucha soledad, aunque tan consolada y elevada y recogida en oración y enternecida…casi fuera de mí…Quedé con un ímpetu grande de deshacerme por Dios y con tales efectos, y todo pasó de suerte que nunca pude dudar, aunque mucho lo procurase, no ser cosa de Dios. Dejóme consoladísima y con mucha paz”. [388]

Está experimentando en oración un éxtasis nuevo: “Hace tres o cuatro días que, estando en oración, he sentido como que Dios bajaba a mí, pero con un ímpetu de amor tan grande, que creo que poco más no podría resistir, pues en ese ins­tante mi alma tiende a salir del cuerpo. Mi corazón late con tanta violencia que es horrible y siento que todo mi ser está como sus­pendido y que está unido a Dios”.

San Juan de la Cruz, hablando de la tercera canción en Llama de amor, “ˇoh lámparas de fuego”[389], explica “porque el resplandecer que le da esta lámpara del ser de Dios en cuanto es omnipotente, le da luz y calor de amor de Dios y, según esto, ya Dios le es al alma lámpara de omnipotencia y le da luz...le hace luz y calor de amor de Dios.  Según esto, “ya le es Dios lámpara de sabiduría. Y el resplandor que le da esta lámpara de Dios en cuanto es bondad, le hace al alma luz y calor de amor de Dios. Y la luz que juntamente de todos ellos recibe, la comunica en calor de amor de Dios con que ama a Dios, porque es todas estas cosas. Y de esta manera, en esta comunicación y muestra que Dios hace de sí al alma, que a mi ver es la mayor que él le puede hacer en esta vida, le es innumerables lámparas que de Dios le dan noticia y amor”.[390]

Y más adelante agrega: “De donde es de notar que el deleite que el alma recibe en el arrobamiento de amor, comunicado por el fuego de la luz de estas lámparas, es admirable e inmenso”.[391] Teresa, está en un momento que parece recibir mucho deleite de arrobamiento de amor de Dios, siente ya que su alma esta como en otra parte. Así lo describe ella: “Una vez tocaron la hora y no la sentía. Vi que mis hermanitas novicias salían e intenté seguirlas; pero no me pude mover. Estaba como clavada en el suelo. Hasta que casi llorando le pedí a N. Seńor pudiera salirme, pues todas lo iban a notar. Entonces pude; pero mi alma estaba como en otra parte”.

La noche

El Seńor ha dicho a sus discípulos; “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”.[392], Sin embargo, Jesús, bueno y piadoso, algo natural en El, no quiso tener ninguno que lo sirviese como obligado, por el contrario, hace que lo sirviesen espontáneamente y le agradeciesen el poderlo servir. No obligando ni imponiéndose a nadie, sino persuadiendo y haciendo el bien, esa es la forma como atrae a todos los que quieren venir, diciendo: “Si alguno quiere venir en pos de mí”. Teresa ha sentido esta invitación. Y siempre se mostró dispuesta a responder en cuanto ésta llegara a su corazón. Cuando Jesús dijo: niéguese a sí mismo, quiere decir renuncie a sí mismo y propone -a los que quieren seguirlo- su propia vida como modelo de una vida perfecta, con una imitación fiel de su vida, según la medida de nuestras fuerzas. Si alguno no renuncia a sí mismo, no se acerca al que está sobre Él. Para Teresa, la renuncia a sí mismo, quiere decir el olvido absoluto de lo pasado y la renuncia de la propia voluntad. En efecto, se niega a sí mismo uno cuando la vida pasada, como haya sido, se convierte en una vida de nuevas costumbres, especialmente en una vida de oración. Y si hay sufrimientos, esta vida no es fácil. Y reconoce: “Pero no todo ha sido goce. La cruz ha sido bien pesada”.

Podríamos suponer, como también le ha sucedido a muchos santos y santas, que Juanita está experimentando una noche. San Juan de la Cruz, nos da una razón del porque se nos viene una etapa de “noche oscura”, dice el Santo; “pone Dios en la noche oscura a los que quiere purificar de todas estas imperfecciones para llevarlos adelante”.[393]

Ahora nos va ahora a relatar cuatros prueba por las cuales tuvo que pasar, en esta su noche.

“Primero tuve que acompańar a N. Seńor en las agonías”. Se refiere aquí a la invitación de Jesús a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, donde dice a sus discípulos: “Sentaos aquí, mientras yo hago oración”.[394] El Seńor había invitado a algunos de sus íntimos amigos, y el relato es dramático, porque dice que Jesús comenzó a sentir pavor y angustia, tanto así que a sus amigos les dice: “Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad. Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora”.[395] Muchos eruditos, exponen que esta es la noche del Seńor.

En la noche de Teresa, es muy honesta en hablar de esa contradicción en su alma, que siempre ha mostrado un profundo anhelo de Dios, sin embargo, ella relata su segunda experiencia: “Después me vinieron unas dudas tan horribles contra la fe que tuve la tentación de no comulgar y después, cuando tenía en mi lengua la Sagrada Forma, la quería arrojar, porque creía no estaba ni existía allí Nuestro Seńor”.

Teresa, que ha sońado con pasar horas ante el Santísimo, estas dudas fueron casi un martirio. No obstante, los periodos de oscuridad interior no son una novedad en la vida de algunos santos. Es sabido, por ejemplo, que santa Teresita de Lisieux sufrió una prueba de este tipo durante su enfermedad final, con dudas acerca de lo que le esperaba después de la muerte.

Frente a esta experiencia acude a su Madre Priora del monasterio: “Ya no sabía lo que me pasaba y le conté a nuestra Madre, quien me aseguró no había consentido. Con lo que quedé más tranquila y me dijo que despreciara el pensamiento y así desapareció la tentación. Pero N. Madre me dijo que no me abatiera tanto; que fuera más mujer”.

Con todo, es capaz de reconocer su flaqueza; Y Nuestro Seńor me reprochó que descargara mi cruz sobre nuestra Madre, y me pidió sufriera sin decir nada”.

Siempre después de un Retiro seremos algo distinto.

Los resultados de los días de Retiro siempre serán considerados como días bien aprovechados. Siempre después de un Retiro seremos algo distinto. No obstante, hay que proponérselo y Teresa lo hace.

En efecto, el Retiro debe producir un gran cambio. La sola idea de estar ratos en la presencia de Dios debe llevarnos a cambiar muchas cosas en nuestra vida diaria. Una renovación de nuestra vida de oración. Una transformación de nuestra vida cristiana.

Teresa está entrando en una etapa de sentir con fuerza la presencia de Dios, son grandes pruebas, en especial, porque ve que el Seńor se le representa directamente. Esto le causa temor. Ciertamente, Dios es amor y no se le debe temer, es amor infinito y nos creó para que amemos.[396] Pero existe un temor de Dios que es un don del Espíritu Santo: Temer ofenderle, tememos al realizar nuestra propia debilidad y al saber que con facilidad podemos caer en pecado mortal y condenarnos. San Agustín decía "ama y haz lo que quieras" pero por su propia experiencia también escribió ampliamente sobre la necesidad del temor como motivo para el arrepentimiento[397] El temor, según San Agustín, lleva al dolor del corazón por el pecado. También el sano temor nos sirve para nos mantengamos en guardia contra el grave peligro que acecha a todo hombre en la batalla espiritual contra el mundo, la carne y el demonio.

 Comenta: “La tercera prueba fue la más horrible. Sentí todo el peso de mis pecados y los numerosos favores y el amor de Dios”. En esta sentencia que hace Teresa, vemos una joven humilde y realista, ella entiende el peso del pecado y comprende que nuestra vida no siempre es perfecta. Tener conciencia de las consecuencias del pecado y tenerle un sano temor nos ayuda a ser sobrios y no racionalizar el pecado, ni pretender que no ofende a Dios. 

La Santa Madre Teresa de Jesús les enseńas a sus hijas las monjas que: “el alma ve claro que si tiene algún bien es dado de Dios y en ninguna manera no suyo, porque poco antes se vio muy pobre y metida en grandes pecados, este es un tormento intolerable”[398]

Sigue Teresa: Ya no sabía lo que me pasaba de ver que no correspondía a Nuestro Seńor. Mi pena aumentó más en el refectorio al escuchar lo que hacían las monjas primitivas. Me vine a llorar a mi celda, postrada, con la cabeza en el suelo. En esto estaba, cuando llega Nuestra Madre a buscarme para ir al huerto y me tuvo todo el recreo conversando. Y yo ya no podía más; pero no le dije, ni se lo di a entender. Todo lo contrario. En la noche me preguntó si estaba tranquila y le dije que sí; pues lo estaba con la voluntad de Dios, y que estaba agobiada con las gracias de Dios. Me mandó acostarme, lo que fue para peor, pues vi que Nuestro Seńor no quería que ni aun lo alabara. “Después me quedé con tanta pena que fue horrible. Al día siguiente, se me presentó Nuestro Seńor no ya en agonía, sino con el rostro muy triste”.

Teresa dice que Jesús se le presento. Es común en monjas contemplativas sentir que el Seńor se le ha presentado y le ha hecho el regalo de dialogar. Tratando sobre el divino y espiritual matrimonio espiritual, la Santa Madre Teresa de Jesús, escribe en la Moradas, que: “Dios hace esta merced (regalo) y quiere su Majestad (El Seńor) mostrarse al alma por visión imaginaria de su sacratísima Humanidad, para que lo entienda bien y no esté ignorante de que recibe tan soberano don”. Y agrega además que: “A otras personas será por otra forma” y refiriéndose a una de sus hijas monjas dice: “a ésta, de quien hablamos, se le representó el Seńor, acabando de comulgar, con forma de gran resplandor y hermosura y majestad, como después de resucitado”[399]

Sigue Teresa de Los Andes relatando su regalo de dialogar con el Seńor: “Le pregunté qué tenía, pero no me contestó, dándome a entender que estaba enojado conmigo. Pero después, como yo insistiera en preguntarle, me dijo que no quería hablar conmigo, y que era una pecadora, y me dijo en un momento todos los pecados de mi vida y siguió muy triste. Quedé con una pena negra y confusa con mis pecados. Pero no podía creer que estuviera tan enojado, pues Él me ha dicho que me ha perdonado. Y además, Él es todo Bondad y Misericordia”.

Después nos relata una nueva experiencia; “La cuarta prueba fue espantosa y tuvo lugar después de la oración, en que me vi inflamada y transportada en Dios sin poderme mover”.

La Santa Madre Teresa de Jesús paso por experiencias similares, ella explica en el capítulo cuarto de las Moradas que: que: “suspende Dios el alma en la oración con arrobamiento o éxtasis o rapto, que todo es uno a mi parecer, y cómo es menester (necesario) gran ánimo para recibir tan grandes mercedes (regalos) de su Majestad (El Seńor). [400]

También en el libro de la Vida dice que: “Yo quedé con mucha soledad, aunque tan consolada y elevada y recogida en oración y enternecida, que estuve algún espacio que menearme ni hablar no podía, sino casi fuera de mí.[401]

Sigue comentado Teresa de Los Andes: “Se me vino el pensamiento que todo esto eran en­gańos del demonio y la prueba estaba en que no había obedeci­do a la campana. Fueron las tinieblas más horribles, pues me creí desamparada de Dios. Además, sentía la pena más grande al ver que todas iban a notar algo extrańo en mí. Esto me llenaba de amargura, pues quiero pasar desapercibida. Hoy, víspera de Pentecostés [1919], he sentido ese arrebato de todo mi ser en Dios, con mucha violencia, sin poderlo disimular. Y tres veces he vuelto y después he sido de nuevo transportada. Sufro mucho, pues no sé si son ilusiones, y no tengo con quien consul­tarlo. En fin, me abandono a la voluntad de Dios”.

Y a pesar de las duras pruebas que soportó, de una oscura noche, ella no pierde finalmente la confianza en un Dios que nos ama de la misma manera como ama a su Hijo Jesucristo y reflexiona: “Él es mi Padre, mi Esposo, mi Santificador. El me ama y quiere mi bien”.

Y de esta manera, Teresa se dispone a cambiar lo que sea necesario para mejorar su vida y concluye: “Para llegar a vivir en Dios, con Dios y para Dios que es el ideal de una carmelita y de una Teresa de Jesús y de una hostia entiendo son necesarias cuatro cosas:

Primero: Silencio, tanto interior; como exterior. Silencio en todo mi ser. Evitar toda palabra inú­til.

Segundo: No hablar de mí misma. Y, si es necesario hacerlo para di­vertir a las demás, ponerlo en tercera persona. Jamás hablar de la familia.

Tercero: Negación absoluta de la carne. No buscar para nada el gusto e inclinación, para tener más fácil trato con Dios.

Cuarto: Ver en todas las criaturas a Dios, ya que todo se encuentra en     su inmensi­dad. Leeré todos los días y me examinaré en estos puntos.

 

23.6     QUINTO RETIRO, 1919, SEPTIEMBRE[402]

Vivir las virtudes teologales en el Carmelo.

Juanita de la vida exterior, (antes de entrar a la vida de clausura) ya no es la misma Teresa que vive su experiencia en la clausura. Las puertas al mundo están cerradas, el contacto con las personas ajenas al claustro casi no existe, la finalidad de la vida ahora es distinta.

Escribe Teresa: “Soy de Dios ya que El me creó. Debo vivir sólo para Dios y en Dios”.

Ya no hay paseos familiares, no más paseos a caballo ni visitas a casas de familiares, ahora, todo es clima de recogimiento, silencio, oración, todo ello para la búsqueda de la unión mística con Dios.

Con todo, esta separación física con "el mundo", en la clausura se vive íntimamente unidos con la sensibilidad de cuanto sucede en el exterior, de ahí su viva en oración por los problemas que siguen en el mundo. Un gran ejemplo para Teresa es Teresita de Lisieux [403] que nunca salió de su Monasterio en Francia, pero es patrona de las misiones.

Entendemos la vida como un don de Dios y frente a cualquier fragilidad, o de los precario de la vida, nos queda la convicción de que la única verdadera fuente y protección de la vida está en Dios. Para Teresa, Dios la puso en la clausura para prepararla a la vida del cielo. Teresa sabe que lo importante es que la vida viene de la libertad y la bendición de Dios, y ha aprendido que el que escucha la palabra del Hijo de Dios “tiene la vida eterna y no será condenado, sino que ha pasado de la muerte a la vida".[404]

Escribe Teresa: “Al traerme Dios al claustro me atrajo a esta vida en El, ya que el claustro es antesala del cielo, y en éste sólo Dios existe para el alma. Un alma que no vive en Dios en el claustro lo profa­na. El claustro está todo penetrado de Dios. Es la morada de Él. Las almas religiosas son los ángeles que constantemente lo adoran”.

La obediencia

Teresa pasa a hablarnos ahora de algo que, para muchos, parece complejo, que es la obediencia perfecta que debe llevarse dentro de los que constituyen las órdenes religiosas. En efecto, una persona religiosa puede ofrecer, con motivo de buscar mayor perfección, obedecer en muchas más cosas de las que está necesariamente obligado, mostrando así mayor virtud. De ahí lo complejo en entender esta obediencia que a veces necesita renunciar de manera anticipada, a las propias ideas cuando no concuerden con las del superior, entonces el que es capaz de obedecer se acomoda perfectamente a esa obediencia perfecta. Obedecer, además de la ley de Dios, lo decretado por las Constituciones de una orden religiosa, es meritorio y en algunos casos hasta puede ser obligatorio para conservar la virtud. Al respecto, escribe Teresa: “Una religiosa debe observar sus votos, puesto que en ellos está su santidad. El voto de obediencia encierra los otros dos y es el que constituye a la religiosa. Es la ofrenda más grande que se puede hacer a Dios, pues por él renunciamos a nuestro querer, y para cumplirlo con perfección tenemos que atender a los más mínimos detalles de las constituciones y ceremonial. Al obedecer debemos sólo ver la autoridad de Dios y prescindir de la criatura. Aunque esta se deje dominar por la pasión y ordene cosas al parecer injustas, debemos obedecer, no viendo en ello sino la voluntad de Dios que quiere perfeccionarnos y acercarnos más a Él”.

Las virtudes teologales.

Teresa nos propone en este Retiro hablarnos de las virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, y la disponen a ella a vivir en relación con la Santísima Trinidad, diciendo: “Una carmelita debe vivir siempre en Dios por la fe, esperanza y caridad”.

A Dios, lo conocemos por la fe, esperado y amado por El mismo. En efecto, por la fe creemos en Dios y creemos todo lo que Él nos ha revelado. Por la esperanza deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la vida eterna. Por la caridad amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios.

En el acto de fe, Teresa no solo aprueba en su alma que Dios ha revelado, para ella es además algo sobrenatural requiere gracia divina. Teresa cree en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado.

Teresa, como esposa de Cristo, entiende que no debe sólo guardar la fe y vivir de ella sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y difundirla; “La vida de fe no consiste sino en apreciar y juzgar de las cosas y criaturas según el juicio que de ellas tiene Dios”.

Pero además Teresa nos sorprende al decirnos que: “una gran una humillación con espíritu de fe es recibida con alegría, pues por ella se asemeja el alma más a Jesús humillado”.

La esperanza

Sobre la virtud de la esperanza, en este Retiro reflexiona: “La esperanza consiste en una plena desconfianza de nosotros mismos, confiando en la gracia de Jesús. Olvidar nuestros pecados cuando el enemigo se sirve de ellos para hacernos desconfiar de la misericor­dia de Dios‑Amor”.

La esperanza, es una virtud muy bella, por ella aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. Esta virtud, nos coloca en el deseo de felicidad puesto por Dios. En Teresa, esta espera es estar en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo.

La Santa Madre Teresa de Jesús exclama: “Espera, espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener fin”.[405]

Por la esperanza deseamos y esperamos de Dios con una firme confianza la vida eterna y las gracias para merecerla. El salmista hace de esta espera, un bello deseo: “Nuestra alma en el Seńor espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo; en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos. Sea tu amor, Seńor, sobre nosotros, como está en ti nuestra esperanza”.[406]

La Caridad

Sobre la virtud de la caridad, sentencia Teresa que: “La caridad consiste en apreciar a Dios y preferirlo a todas las cosas y cria­turas”.

La caridad es la virtud por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. Los frutos de la caridad son el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión. San Pablo dice además que: “es el vínculo de la perfección”.[407]

El Santo Padre San Juan de la Cruz enseńa que: “La caridad, ni más ni menos, hace vacío en la voluntad de todas las cosas, pues nos obliga a amar a Dios sobre todas ellas”[408]  también afirma el Santo que es: “medio para unir el alma con Dios”[409]

La fe

Teresa entiende además que la virtud de la fe y la caridad le ayuda comprender ciertos sacrificios y a las mortificaciones necesarias para su camino a la santidad. El Santo Padre San Juan de la Cruz, apunta además que: “cuanto más pura y esmerada está el alma en fe, más tiene de caridad infusa de Dios; y cuanta más caridad tiene, tanto más la alumbra y comunica los dones del Espíritu Santo, porque la caridad es la causa y el medio por donde se les comunica”.[410]

Dice: Del espíritu de fe y caridad se desprende el espíritu de sacri­ficio que consiste en el continuo renunciamiento de las criaturas, de las cosas y de nuestra propia concupiscencia. Un alma que es sacrifica­da desde la mańana a la noche, se vencerá y luchará contra sus pasiones”. 

El Santo san Juan de la Cruz acota que: “Porque, como habemos dicho, el alma no se une con Dios en esta vida por el entender, ni por el gozar, ni por el imaginar, ni por otro cualquier sentido, sino sólo por la fe según el entendimiento, y por esperanza según la memoria, y por amor según la voluntad.[411]

Teresa expone finalmente tres reflexiones de este Retiro:

Primero: “La unión con Dios o la santidad está en vivir en espíritu de fe y de caridad. La fe debe ser mi guía para ir a Dios.

Dice San Juan de la Cruz que el alma debe pasar por tres noches para venir a la divina unión con Dios”. [412] y Teresa ha experimentado su noche para llegar a la divina unión. La caridad y la fe ha sido su guía.

Segundo: “Debo desasirme de todos los consuelos y gozos que encuen­tro en la oración”.

Teresa entiende como lo dice el mismo Santo, que: “los bienes temporales y deleites corporales impiden y contradicen el camino de Dios, más también los consuelos y deleites espirituales, si se tienen con propiedad o se buscan, impiden el camino de la cruz del Esposo Cristo.[413] Sigue ella: “Debo tratar de olvidar los favores que Dios me hace, fijando mi atención en el amor que me demuestra en [la] Cruz y en el Sagrario”.

Los Retiros y Ejercicios Espirituales tienen un maravilloso poder para perfeccionar la vida.

Podemos llegar a concluir, que los Retiros Espirituales “ayudan a guardar la ley de Dios perfectamente y llevar la Cruz de Cristo sobre sí”.[414] Pero además podemos decir que Teresa ha madurado y gozado en extremo de los Retiros en que ha participado. La mente, gozosa en su Seńor, ha quedado fortalecida y ha sido invitada a aquel alimento celestial de la verdad para el alma, conocimiento de la verdad donde es de Dios todo lo que se aprende y de este modo se encuentra el camino por donde se va al cielo.

En efecto, los Retiros y Ejercicios Espirituales tienen un maravilloso poder para perfeccionar la vida de cada uno. Ciertamente hoy nuestra fe vive cercada por estorbos e impedimentos que la debilitan y extingue las llamas del amor a Dios.

Entonces, la bienaventurada soledad del Retiro, es alumbrada por esos ratos dedicados a Dios, ayudan a comprender la monstruosidad del pecado, a valorizar el santo temor de Dios y animarse al alejamiento de las vanidades de las cosas terrenas, como despojarse del hombre viejo, negarse a sí mismo, y acompańado por la humildad, la obediencia y la voluntaria mortificación de sí mismo, revestirse de Cristo, que en otras palabras es esforzarse por ir por caminos de perfección y así poder repetir, como el Apóstol Pablo: "Yo vivo, o más bien, no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí"[415]

Teresa, nos ha enseńado con sus reflexiones. Estos son los grados por los que sube el alma a la unión con Dios mediante el auxilio de la gracia divina, lograda durante esos días de Retiro, con la ayuda de la oración y la participación frecuente del misterio.

 

 

 


 

24     EXPERIENCIA DE DIOS EN LA ORACION

“Y mi oración fue escuchada…Por eso te daré gracias y te alabaré” (Eclo. 51,11)

24.1     LA EXPERIENCIA SE VA DANDO EN EL CAMINO.

Es posible vivir sin oración Al comenzar a escribir este capítulo, me preguntaba si es posible vivir sin oración. Ciertamente si no hay vida de oración no hay posibilidad de experiencia de Dios. La experiencia de Dios en la oración nos obliga a estar atentos, oídos dedicado a escucharle y ojos abiertos para observar la vida de Dios en nosotros. Sin embargo, orar, no asegura que podemos gozar de la experiencia del Dios. Esta experiencia de Dios se va dando en el camino, con los oídos muy atentos cuando dialogamos con el Seńor y nos dejamos que nos explique su Palabra: “No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?[416]  Y cuando nos dejamos acompańar en esta experiencia de caminar con él, no se puede prescindir de su compańía y le decimos: “Quédate con nosotros”[417]

żPuedo hablar con Dios, puedo escucharle?

En toda las Sagradas Escritura, observamos como los profetas hablaban y escuchaban a Dios.  El mismo Jesús tuvo la fineza de enseńarnos cómo dirigirnos con nuestro Padre Dios. “Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos”.[418] Es así, como siguiendo las enseńanzas de la Biblia, esta experiencia de la oración ha sido ejercitada por todos los hombres desde todos los tiempos. La Santa Madre Teresa de Jesús, desde su experiencia de Dios, nos ha enseńado que como debe entender este tratar con Dios, definiendo la oración como: “tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.[419]

En una audiencia el Papa Francisco explicaba: “Para escuchar al Seńor, es necesario aprender a contemplarlo, a percibir su presencia constante en nuestra vida; es necesario detenerse a dialogar con Él, dejarle espacio en la oración. Cada uno de nosotros, también vosotros muchachos, muchachas, jóvenes, tan numerosos esta mańana, debería preguntarse: żqué espacio dejo al Seńor? żMe detengo a dialogar con Él? Desde que éramos pequeńos, nuestros padres nos acostumbraron a iniciar y a terminar el día con una oración, para educarnos a sentir que la amistad y el amor de Dios nos acompańan. Recordemos más al Seńor en nuestras jornadas”.[420]

żCómo puedo experimentar un dialogo con Dios? 

Todos los hombres están llamados a la comunicación con Dios. “Desde su mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios"[421] esto es desde la creación, como con esos conmovedores diálogos que hay entre Dios y los hombres en Libro del Génesis, y otros del Antiguo Testamento, emocionantes coloquios con un Dios que por sobre todo es Padre donde se reflejan una profunda amistad con los hombres que le son fieles. En efecto, Dios llama incansablemente a cada persona a experimentar el encuentro misterioso de la oración. Dios es el que toma la iniciativa en la oración, poniendo en nosotros el deseo de buscarle, de hablarle, de compartir con Él nuestra vida y nuestra experiencia. La persona que ora se dispone a experimentar el oír a Dios y a hablarle, El responde a esa iniciativa divina.

Es el corazón el que ora y experimenta a Dios.

El corazón es nuestro centro escondido, sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras predisposiciones. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida en Dios y con Él. Es el lugar del encuentro con Dios, de la relación entre Dios y cada uno de nosotros personalmente. Sin embargo, la oración no es algo espontáneo de un impulso interior, por tanto, para orar es necesario querer orar y aprender a orar. Aprendemos a hablar con Dios escuchando la palabra de Dios, leyendo los Evangelios y, sobre todo, imitando el ejemplo de Jesús, como lo hizo Juanita.

24.2     ORAR NO ES TANTO AMAR A DIOS, CUANTO DEJARSE AMAR POR ÉL.

Aprende a orar orando

Juanita aprende a orar orando, dialogando con el Seńor como se hace con un amigo en el que se confía mucho. Sobre como orar le pregunta a sus confesores y directores espirituales, también pregunta a las monjas en las cuales ella confía. Pero lo que más le agrada, es que ella se deja aconsejar por lo que le dice Jesús, en sus ratos de intimidad con él.

Pero también se deja influenciar por la lectura de sus santos que la guían, los libros de la Vida y Camino de Perfección de Santa Teresa de Jesús y Suma Espiritual de San Juan de la Cruz. Otra carmelita que influye en ella es leer las cartas de Sor Isabel de la Trinidad.

En esta parte, he seleccionado algunas notas de su Diario donde ella parece entender y comentar que orar no es tanto amar a Dios, cuanto dejarse amar por Él.

La oración es uno de los componentes más vivos del mensaje evangélico. Jesús la ha practicado en su relación con el Padre y nos ha ofrecido un ejemplo extraordinario. Muchos piensan que orar es agarrar a Dios para ponerlo a su alcance o tratar de obtener beneficios y ventajas en provecho propio, y así satisfacer sus deseos y sus esperanzas. La verdad es muy diferente. La oración es entrar en la perspectiva de Dios partiendo de su amor. Es contemplar el rostro de un Padre que mira a sus hijos con ternura. Es encontrar una persona viva y dejarse tocar por su amor.

También observamos que para Juanita, orar es una tarea de las más difíciles, es un trabajo exigente, no porque sea superior a nuestras fuerzas, sino porque es una experiencia que no se agota jamás y un camino en el que se permanece siempre.

La oración es acogida con el amor de Dios, es esperar y escuchar, recibir y acoger. Es permanecer en silencio ante el misterio para dejarse amar por Dios, como María que experimenta en su vientre la presencia de Dios. Pero la oración es también movimiento de respuesta a este don, un volver todo el corazón a Dios. La oración es alabanza, acción de gracias, ofrenda, intercesión, fiesta y liturgia de la vida.

Cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador[422]

Es el miércoles 8 de septiembre de 1915, Juanita ya tiene 15 ańos, está internada en los Sagrados Corazones. Está pensando en el próximo domingo, ese día ella estará a solas con la Madre Ríos, desea hablarle sobre su vocación para carmelita. No es fácil para ella, pues le cuesta expresar lo que le pasa. Escribe ese día en su Diario: “żQuién podrá rehusar la mano del Todopoderoso que se abaja a la más indigna de sus criaturas? ˇQué feliz soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador”.[423]

Juanita escribe en su Diario una carta a su hermana Rebeca sobre cómo es su oración y porque la considera tan necesaria. Esta nota la escribe el 15 de abril de 1916, a tres meses de cumplir 16 ańos. También en este texto revela su llamado, su vocación y su deseo de ser una orante del Carmelo. [424]

Juanita escribe siempre a su hermana Rebeca en términos muy evangélicos, parece que todo lo que ella oye, predicas o sugerencias de sus guías espirituales dejaran una huella. Pero también, ella entiende que no es posible alejar la oración de las enseńanzas del Maestro Jesús. Le escribe ella una de sus tantas experiencias del trato con el amado: “El Divino Maestro se ha compadeci­do de mí”[425].

Por lo general, cuando nos sentimos sanados de algo que no era bueno, y que además hemos comprendido que el Seńor nos ha oído y nos ha regalado la sanación, parece que oímos esa recomendación que nos da El, “cuéntales lo que el Seńor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti”.[426]

Juanita después de experimentar esta compasión que ha tenido con ella el Seńor, le dice a su hermana lo que le ha dicho íntimamente: “Acercándose, me ha dicho muy por lo bajo: "Deja a tu padre y madre y todo cuanto tienes y sígueme"

Nuevamente oímos a Jesús cuando le dijo a uno que: “Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno”[427] y sigue Juanita: ˇQué feliz soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador…”

Por cierto, todos sabemos lo que ganamos por seguir al Seńor al dejar todo por él, es su palabra y en ella creemos sin desconfianza cuando nos ha dicho: “y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”.[428]

Como nos ha enseńado la Santa Madre Teresa de Jesús, la oración es un trato de amistad con quien sabemos mucho nos ama [429] y en ese trato, que es oración, es también dialogo permanente para aprender de Él y sentirse que nos guía y que nos enseńa los caminos que debemos seguir. Es así como Juanita con emoción sigue: Voy a ser Carmelita, żqué te parece?”

Son muchas las cualidades que tiene el Seńor Jesús, las hemos percibido por nuestra cuenta al leer los Evangelios, las hemos aprendido a reconocer por las enseńanzas que hemos recibido. Todas nos hablan de un Jesús que nos permite decir como Juanita: “Es tan puro. Es tan bello. Es la Bondad misma”.[430]

Es como para repetir una y otra vez, las palabras de Noemí a Rut: “Bendito sea el Seńor que no deja de mostrar su bondad”[431] Pero donde más se conoce la bondad del Seńor, es en la oración, que también es como más se conoce a cualquier persona, tratando con ella.

Juanita, confía en la oración, por eso también la pide. Ciertamente, aprender a orar es entrar en confianza sin límites con Dios, por eso también la pide a su hermana: “Pídele por mí, Rebequita. Necesito oraciones”

También nos damos cuenta como Juanita ha oído del Evangelio: “La mies es mucha, pero los obreros pocos”[432] y está decidida a rezar para aumentar los trabajadores para el Reino. Ante tanto trabajo de Evangelización, żCuántos hay dispuestos a asumir de alguna forma esta tarea? Juanita dice: “Veo que mi voca­ción es muy grande: salvar almas, dar obreros a la Vińa de Cristo…”

żY cómo piensa ella hacer su tarea? Juanita se pregunta y le dice a su hermana la receta: żY cuál es el medio de ganar almas?: La oración”

Así es, y hay que hacerlo del modo más eficaz, rezar para que haya muchos trabajadores, porque la tarea excede a la capacidad de los que se dedican a esto, como así mismo no todos los que se dedican tienen el mismo talento para el trabajo que se requiere, pero debemos estar dispuestos a llevarlo a cabo con la fuerza que Dios nos da; con su Gracia. Nuestro Padre Dios oye a los que oran y da ayuda a sus hijos, que con sencillez y confiados, le suplican.

Leyendo en profundidad, el Diario o las Cartas de Juanita, caemos en cuenta de su amor por el silencio y la reverente escucha, que le ayuda al obediente acogimiento de la Palabra de Dios, y ella solo desea ser y estar con Dios, del mismo modo como se lo pide su amado: “Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí”. [433] Es así como ella además se diviniza y su deseo es solo la unión con Dios y santificarse a través de la meditación. Escribe Juanita: “Todos los días hago mi meditación y veo cuán gran ayuda es para santificarse. Es el espejo del alma. Cuánto se conoce en ella a sí misma. Jesús me ha dado a entender que para encontrar la perfección es necesario: “el amor a la oración”[434]

Ciertamente orar es dejar que el amor hable, algo que enseńa muy bien, y seguro que también Juanita lo aprendió de las enseńanzas de Santa Teresa de Jesús. La Santa escribe un comentario después de hablar con un religioso: “Rogóme le encomendase mucho a Dios, y no había menester (necesidad) decírmelo, que ya yo estaba de suerte que no pudiera hacer otra cosa; y me voy a donde solía a solas tener oración, y comienzo a tratar con el Seńor, estando muy recogida, con un estilo abobado que muchas veces, sin saber lo que digo, trato; que el amor es el que habla”[435]

Y para ratificar esta opinión, ese mismo día escribe Juanita: “He leído en la Vida de Santa Teresa que recomienda esta San­ta para aquellos que principian a tener oración, figurarse el alma como un huerto que está lleno de hierbas y árboles dańinos y to­do muy seco. Entonces que al principiar a tener oración, el Seńor pone en él plantas hermosas y que nosotras debemos cuidar de ellas para que no se sequen. Para esto, siempre los que principian tienen que sacar agua del pozo, que cuesta, pues son las dificul­tades con que cada uno tropieza al principiar la oración”.

Juanita se refiere aquí a los capítulos 11 al 21 del Libro Vida, donde la Santa de una forma muy pedagógica enseńa los cuatro pasos que importan en la oración.

24.3     OFRENDA POR LOS PECADORES[436]

Cristo que se ha ofrecido sí mismo

En este párrafo, me quiero referir a Juanita que se hace ofrenda por la conversión de los pecadores. Corresponde a una nota es su Diario[437]. Comienza a escribir cuando aún no cumple los 17 ańos, abril de 1917 y concluye el 14 de septiembre del mismo ańo, con 17 ańos y dos meses.

Una ofrenda es un obsequio, regalo o un presente que se ofrece en muestra de reconocimiento, gratitud o veneración. Aquí en este párrafo que escribe Juanita, se ofrece radicalmente a su amado Jesús.

Juanita se dirige en oración al Seńor: “Jesús mío, Tú conoces la ofrenda que te he hecho de mí misma por la conversión de las personas que te he nombrado”.

La mayor entrega que conocemos en nuestra fe es la ofrenda de su persona que ha hecho Jesús, “Tomad, comed, éste es mi cuerpo”[438] y en palabra de Pablo es: “Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío”[439] Evidentemente, significa que la ofrenda de su persona es por nosotros. San Pablo ańade que: “Cristo os amó y se entregó por nosotros como ofrenda y víctima de suave aroma”.[440]

Cristo que se ha ofrecido sí mismo, una vez para siempre, por el perdón de los pecados, ahora intercede por nosotros delante del Padre y volverá a llevarnos a Él

Evidentemente, Cristo se entregó a sí mismo, enteramente, a los dolores y a la muerte por amor.

Juanita, se ofrece a Jesús, a imitación de él, y lo hace por el gran amor que siente por él. El lenguaje que utiliza sobrecoge, y no es una simple oración por, sino que una entrega total.

“Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino también mi muerte como te pluguiere dármela. La recibiré con gusto, ya sea en el abandono del Calvario, ya en el Paraíso de Nazaret”.[441]

La experiencia de Cristo nos revela el sentido del dolor y de la muerte, porque en él estos acontecimientos se convierten en instrumento de salvación, sublimación de las energías interiores del hombre y de entrega total a Dios. Jesús no ha querido salvarnos permaneciendo fuera de nuestra condición de sufrimiento.

Después de haber comprendido como ha pasado Cristo a través del sufrimiento y la muerte, esto para ella adquiere no sólo su significado de prueba y de purificación, sino el de certeza de victoria sobre el pecado.

Y sigue: “Además, si quieres, dame sufrimientos, cruz humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos. Como Tú quieras, Jesús mío”.

Hay problemas que siempre para cualquier ser humano son un desafío, tanto en la inteligencia como en la fe, es la enfermedad, el dolor y de su término inevitable que es la muerte, que cuando queremos vivir en dulce armonía, la muerte, interviene como elemento de perturbación. La fe pura encuentra en ello un motivo de turbación, porque todo ello parece empańar la imagen del Dios bueno y amigo del hombre, justo en sus juicios, que no hace sufrir a sus hijos, amante de la vida y no de la muerte.

Sin embargo, nos encontramos con una Juanita dispuesta a no dudar de su fe, a poner toda su confianza en un Dios que permite el dolor y la muerte y que no ha librado de ella ni siquiera a su Hijo: " Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú”,[442] es decir, mi voluntad, sino la tuya"  Es así como ella en dialogo de oración con Jesús expone:“Soy tuya, haz de mí según tu santa voluntad”.

A una de sus grandes amigas Juanita le escribió: “Pídele a la Sma. Virgen que sea tu guía; que sea la estrella, el faro que luzca en medio de las tinieblas de tu vida”.[443] Siempre ha confiado ella en María, y ha sido devota del Santo Rosario, como ella misma se lo hace saber a su madre; “Todas las tardes rezamos el mes de María. La Eli reza el mes y yo el Rosario y toco el harmonio”[444] Es así como ella pone en este párrafo sobre las ofrendas a esas almas pecadoras.   

“A ti, oh, María, que jamás me has desoído los ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre, también te pongo en tus manos maternales esas almas. Óyeme”.

San Bernardo hablando de la Virgen escribió; “Así como nosotros no podemos acercarnos al Padre sino por medio del Hijo, que es mediador de justicia, así no podemos acercarnos a Jesús si no es por medio de María que es la mediadora de la gracia y nos obtiene con su intercesión todos los bienes que nos ha concedido Jesucristo”. Juanita, no deja de pedir a María: “Toda mi vida no he dejado de pedirte, Madre mía. Escúchame, te lo ruego por Jesús y por tu Esposo San José, a quien ruego interceda por esta pobre pecadora”.

El amor humano se convierte en ejemplo para hablar del amor de Dios al hombre y de la respuesta humana al “Dios que es amor”[445], pero, el punto de partida es terreno y humano: "Como el esposo se recrea en la esposa, así tu Dios se recreará en ti"[446]. Juanita, en este párrafo siguiente, con la raíz de la palabra “sufro”, que podría ser también, por el amor que te tengo aguanto, soporto, se siente feliz de ayudar a cargar la cruz de Cristo, su esposo, quién con amor de esposo, perdona y renueva a su esposa, para que pueda vivir en la experiencia de su salvación. Sigue Juanita: “Sufro. Esta palabra expresa todo para mí. ˇFelicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz de mi Jesús. ˇQué felicidad más grande es decirle: Jesús, Esposo mío, acuérdate que soy tu esposa, dame tu cruz!”

24.4     żES NECESARIO TENER UN DIRECTOR ESPIRITUAL?[447]

Un di­rector que dirija mi alma hacia Ti

En el mismo capítulo, Juanita relata que tiene ahora un nuevo director, se trata del Padre José Blanch. żEs necesario tener un Director Espiritual?, żEs necesario que el Director Espiritual sea un sacerdote? Me parece que canónicamente, no hay impedimento si lo hace un buen laico, o como en muchos Monasterios donde hay hermanas que son buenas compańeras de camino. Por otra parte no olvidar que el mismo superior director, a saber, es el Espíritu de Dios. La Santa Madre Teresa de Jesús, en el Libro las Moradas, le enseńa a sus hijas las monjas: “Es bien que a los principios lo comuniquéis debajo de confesión con un muy buen letrado (teólogo), que son los que nos han de dar la luz, o, si hubiere, alguna persona muy espiritual; y si no lo es, mejor es muy letrado; si le hubiere, con el uno y con el otro”.[448] Con todo, Juanita agradece a Dios por su nuevo director, ella aún está en el colegio y le hace bien este acompańamiento. Por otra parte en este mismo tiempo ella comienza a leer a Santa Teresa de Jesús, iniciándose por el Libro Vida. 

“Gracias, Dios mío, porque me habéis dado un di­rector que dirija mi alma hacia Ti”

Juanita,[449] continúa con su nota en el Diario, hablando sobre cómo es su oración, pregunta que le ha hecho su nuevo director. Aunque orar es algo sencillo, con frecuencia se pueden presentar dificultades, en especial si hay distracción, pensamientos o imaginaciones que desvían la atención. No obstante, ella muestra una gran conciencia de estas dificultades y esta humilde toma de conciencia, le ayuda a ofrecerse al Seńor y a quedarse en sus manos.

“Me preguntó cómo era mi oración si estéril o con devoción. Yo le dije que con devoción a veces; pero había períodos en que no podía meditar y me quedaba tranquila con N. Seńor”.

Han pasado dos meses.[450] Sabemos que la oración es un don de la gracia y con ella respondemos, aunque suponga un esfuerzo, y muchos santos nos enseńan que la oración es un combate contra nosotros mismos. Se ora como se vive, porque se vive como se ora. Juanita quiere actuar según el Espíritu de Cristo, ella escribe: “Hoy, a Dios gracias, aleluya, ha sido un día perfec­to para consolar a N. Seńor. No he hablado nada”.

El "combate espiritual", es inseparable del combate de la oración y Juanita lo está experimentando:

Me he vencido bastante, sobre todo que estoy muy rara. Tengo ganas de llorar, rabiar, hablar, gritar”.

El Santo Padre San Juan de la Cruz, nos da algunas recomendaciones sobre quien debe ser nuestro director espiritual; “Cuanto a lo primero, grandemente le conviene al alma que quiere ir adelante en el recogimiento y perfección, mirar en cuyas manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo”[451] y más adelante es más dramático: “muchos maestros espirituales hacen mucho dańo a muchas almas”[452] ,

La Santa Madre Teresa de Jesús, enseńa en su vida[453] que: “muchas veces me ha dicho el Seńor, que no deje de comunicar toda mi alma y las mercedes (regalos) que el Seńor me hace, con el confesor, y que sea letrado, (es decir entendido) y que le obedezca”. Ella tuvo un confesor que le mortificaba mucho, y algunas veces le afligía y le daba gran trabajo, porque la inquietaba mucho, pero fue el que más le aprovechó.

Por otra parte, Santa Teresa de Jesús experimentó el dańo que pueden hacer los confesores medio letrados, también constató que los grandes letrados fueron quienes entendieron la acción del Espíritu Santo en ella, como san Pedro de Alcántara y le confirmaron que lo que acontecía en su interior era obra de Dios. Es así como ella quedará amiga de grandes letrados, y recomendará por experiencia propia que sus hijas busquen maestros espirituales que tengan letras: “Así que importa mucho ser el maestro avisado -digo de buen entendimiento- y que tenga experiencia. Si con esto tiene letras, es grandísimo negocio” más adelante agrega que: “si no tienen oración, aprovechan poco las letras” y finaliza diciendo: “de devociones a bobas nos libre Dios”[454]

Recomendaciones

A continuación un listado de recomendaciones que su director entrego a Juanita:

Pero me dijo que siempre debía tratar de reflexionar y sólo en último término, hacer lo otro.

Que viviera constantemente en la presencia de Dios Nuestro Seńor dentro de mi alma.

Que lo hiciera lo más a menudo posible. Que hiciera el examen particular sobre eso.

Que apuntara los pensamientos y afectos de la meditación que más me movieran a devoción.

Me permitió que me mortificara, mortificándome en las comidas, sacrificando el gusto.

También que rezara un cuarto de hora en cruz o tres Padre Nuestros, hincada sobre las manos.

Después me va a dar permiso para ponerme cilicios.

Que fuera muy reservada. Que no hablara de mi vocación, sino con mi mamá y con la M. Izquierdo; porque era como un perfume contenido en un frasco que, al destaparlo, se va todo.

Que trajera a mis amigas al servicio de Dios.

Ciertamente cuando alguien pasa por un compromiso complicado solicitado por su director, lo que necesita es comprensión y consuelo. Juanita, es capaz reconfortarse en su mayor anhelo:

“Lo que más consuelo y alegría me dio fue que me dijo que tenía vocación para Carmelita”.

Tratar con el director espiritual: “con toda claridad y verdad

La Santa Madre Teresa de Jesús, dice que siempre es necesario tratar con el director espiritual: “con toda claridad y verdad” [455]  Juanita escribe: “Me preguntó qué virtud prefería. Le contesté: la humildad”.

La Santa Madre, que en las carmelitas es maestra espiritual escribe en las Moradas que se lo mandaba el Seńor: “muchas veces me ha dicho el Seńor, que no deje de comunicar toda mi alma y las mercedes que el Seńor me hace, con el confesor, y que sea letrado, y que le obedezca. Esto muchas veces”[456] Y también la Santa avisa a sus hijas, las monjas; “Jamás haga nada, ni le pase por pensamiento, sin parecer de confesor letrado y avisado y siervo de Dios, aunque más y más entienda y le parezca claro ser de Dios; porque esto quiere Su Majestad, (El Seńor) y no es dejar de hacer lo que Él manda, pues nos tiene dicho tengamos al confesor en su lugar, adonde no se puede dudar ser palabras suyas; y éstas ayudan a dar ánimo, si es negocio dificultoso, y nuestro Seńor le pondrá al confesor y le hará crea es espíritu suyo, cuando Él lo quisiere; y si no, no están más obligados”[457]

Juanita termina este capítulo de su Diario confesando: “Después me dio permiso para renovar el voto de virginidad hasta la A[sunción] de la Virgen”.

“Resolución: un alma para salvarla; una muerte para temerla; una vida para santificarla.

Silencio. Está el jubileo. Me siento llena de Él. Le amo”.

24.5     LA MIRADA DE MI CRUCIFIJO ME SOSTIENE.[458]

Cómo recoger el pensamiento para interiorizar

La Santa Madre Teresa de Jesús, enfrenta un tema profundo tanto para ella, como lo es tantas veces para nosotros, cómo recoger el pensamiento para interiorizar, es decir hacer muy íntima en la conciencia la oración y además hacerla más sencilla y contemplativa. Es así como ella nos da la receta y dirá que lo principal para recoger el pensamiento en la oración es centrar la mirada en Cristo. Recogerse en la oración, es acogerse a Él, a su presencia, a su compańía. Y así insiste ella en el aspecto anímico, sosteniendo que cuando El ama recoge las potencias (favorece el recogimiento) y se entra ella misma dentro de sí.

Como ya sabemos, la Santa Madre Teresa de Jesús emplea muchas veces el verbo mirar, en especial en el capítulo 26 del libro Camino de Perfección. Escribe la Santa: “Mirarle, poner los ojos en El, volver los ojos a mirarle...mirad con qué amor y humildad os está enseńando…No os pido más de que le miréis…Pues podéis mirar cosas muy feas, ży no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar? …Él y no ha bastado para que os deje de mirar, ży es mucho que, quitados los ojos de estas cosas exteriores, le miréis algunas veces a Él? Mirad que no está aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos. Como le quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no quedará por diligencia suya. O miradle cargado con la cruz, que aún no le dejaban hartar de huelgo. Miraros ha El con unos ojos tan hermosos y piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los vuestros, sólo porque os vayáis vos con Él a consolar y volváis la cabeza a mirarle…Su Majestad andaba en el mundo, que lo hicierais de buena gana y le mirarais siempre”.[459]

Y parece que Juanita aquí hace una síntesis: “La mirada de mi crucifijo me sostiene”[460]

“Agotada. Enferma. Necesito de Jesús”[461]

El epígrafe de esta nota 32 del Diario Juanita anota: “Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Cuando comulgo siento ánimo. Necesito de Jesús”

Juanita nos ayuda con estas próximas notas a que nos instalemos frente a Jesús en su presencia, que le miremos y entremos en comunión con Él, con sus sentimientos, que dialoguemos mirándole a los ojos, que Él no nos quitará la vista, y que en su mirada encontraremos la fortaleza para caminar en las dificultades, el consuelo de nuestros dolores.

Escribe Juanita: “Veo todo oscuro. Mi oración se acabó. Me han prohibido que la haga en la noche. La comunión me la han negado; pero venzo, porque Jesús lo es Todo y Él está dentro de mi alma”.[462]

Jesús nos ha dicho: “Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él”.[463]  Juanita siente que en lo profundo de su corazón existe una necesidad o hambre” de amor y comunión con Jesús. Sabe ella que en esta profunda necesidad no vivirá su plena satisfacción sino en la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que ha creado al ser humano para la comunión en el amor, es en sí mismo Comunión de Amor. Para ella, solo Dios es capaz de resolver esa profunda necesidad que experimenta. Sólo en la comunión de amor con Dios puede alcanzar su completa realización y felicidad.

“żQué importa todo? No quiero mi­rar sino el presente, es decir, mirar a Jesús”.

Amando a Jesús, con un amor que le dispone a la obediencia de sus enseńanzas, guardando su palabra. Ella sabe que no hay un verdadero amor a Jesús si no aceptamos que esta palabra es luz para nosotros, por eso ella dice: “El me alumbra”.

“Enferma siempre”

Juanita está enferma y escribe: “Enferma siempre”

Hay un problema que desafía desde siempre no sólo a la inteligencia humana, sino a la misma fe, y es el problema de la enfermedad, del dolor y de su término inevitable, la muerte, que interviene como elemento de perturbación y no parece justificar otra actitud que la rebeldía ante algo como ese límite insalvable de nuestro ser humano. La fe pura encuentra en ello un motivo de turbación, porque todo ello parece empańar la imagen del Dios bueno y amigo del hombre, justo en sus juicios, que no hace sufrir a sus hijos, amante de la vida y no de la muerte. El caso de Job es ejemplo de cómo también para un creyente, no dispuesto en modo alguno a poner en duda su fe, el problema del dolor suscita dificultades y hasta rebeldía: no es fácil describir al Dios que permite el dolor y la muerte y que no ha librado de ella ni siquiera a su Hijo: "Padre, si es posible, pase de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" [464]

Jesús no ha querido salvarnos permaneciendo fuera de nuestra condición de sufrimiento, sino que se sumergió en ella hasta para decirnos que, aunque es un límite, el sufrimiento y la muerte no son algo "irracional". Después de haber pasado Cristo a través del sufrimiento y la muerte, también para el creyente adquieren no sólo su significado de prueba y de purificación, sino el de certeza de victoria.

Así lo ve también Juanita, que después de reflexionar que está enferma escribe: Todo esto me hace exclamar ˇJesús mío, si es posible, que pase de mi este cá­liz; mas no se haga mi voluntad sino la tuya! Y ver que no puedo hacer oración.[465]

Hambre y sed de Jesús, es una experiencia de amor. Él es la primera gratuidad del amor, porque todo nos viene de él, y él se ofrece para nosotros. Jesús puesto en pie, gritó: “Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí “, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva”.[466] Juanita lo sabe, y sueńa: 

“No he comulgado. Llegué a sońar anoche que tenía hambre de Jesús”

Aunque el acto mismo de hacer oración no es difícil, con frecuencia se pueden presentar dificultades y actitud de tibieza, Juanita lo admite: “pero después, todo el día en un estado de tibieza, no hice oración ni comulgué espiritualmente”.”

El camino de superación de las dificultades nos lleva al encuentro de amor con Dios. Juanita sabe que orar consiste en la unión de amor con Dios en el centro de nuestro corazón. Dios en mí, yo en Dios, comunidad de vida y amor.

Escribe luego: “Cumplí mi resolución de ayer.[467] Fui a donde la M. Izquier­do. Me recomendó que hiciese todo por amor”.

Por amor a Dios, que es “la fuente de todo don perfecto”[468] el que toma la iniciativa en el amor, el que envía al Hijo y al Espíritu. Dios que es el eterno amante, el que ama desde siempre. Es así como ella siempre busca en la oración experimentar su amor de Padre.

Sigue Juanita: “Que buscase no los consuelos de Dios, sino al Dios de los consuelos, y que viviera al día”.

Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera[469]

Escribe en Juanita que les mostro a la M. Izquierdo su libreta,[470]  y le lla­mó la atención el fin que tenía -por la santificación de los sacer­dotes-, en sus acciones, Para Juanita está claro que el fin de la carmelita es rogar por los sacerdotes. Siempre al pie del altar ha de recibir la sangre de Jesús y derra­marla por sus oraciones a todo el mundo.

En  efecto, nosotros el pueblo de Dios, debemos orar por nuestros Sacerdotes, por su santificación, es algo muy necesario y conveniente para todos, ya que en la medida que tengamos Sacerdotes santos, en esa medida tendremos la guía para que la sociedad se desarrolle teniendo como fundamento los principios evangélicos, valores y virtudes cristianas que nos permitirán lograr la salvación eterna de nuestra alma y conducirnos en esta vida con ética, moral y justicia para alcanzar la equidad social ante las desigualdades.

Juanita escribe que ha hablado con Dios, “he hablado con Jesús”. Eso permite deducir que representa muy bien su oración como joven de mucha fe. Escribe ella: “He servido como Hermana todo el día. He gozado, pues me figuraba servir a Jesús. Hablé hoy bastante con Jesús”.

En la vida de Juanita, comprendiendo lo que ella escribe, Jesucristo le ha revelado que Dios es una persona real que está apasionadamente interesado en nuestras vidas, que como eterno amante de los hombres está siempre interesado en nuestra amistad, y que es muy cercano a nosotros.  Para ella su relación personal con Dios es lo que más importa.

Escribe: “Me hizo ver la necesidad que tiene la carmelita de vivir siempre al pie de la Cruz, para aprender allí a amar y sufrir. Sufrir de tres maneras:

Destaco que ella apunta: “Me hizo ver” En efecto, cuando oramos Dios nos habla. Y para Juanita su relación con Jesús se basa en la fe, sabe que cuando se dirige a Jesús en la oración, él la está escuchando, aunque no sienta su presencia por sus emociones. Sigue Juanita:

1°La carmelita ha de mortificar su carne a ejemplo de Jesús agonizante.

2° Mortificar su voluntad, negándose todos los gustos y sometiendo su voluntad a Dios y al prójimo.

3° El sufrimiento del espíritu, del abandono de nuestro Jesús en la oración, en las luchas del alma, etc”.

A Juanita, Dios le habla en la oración, toca su alma y ella se deja consolar por él, percibe su amor, su presencia, su bondad, su poder, su belleza y lo entiende como la misión de su vocación, entonces escribe: “La vida de la carmelita no es otra cosa: amar, llegar a la unión más perfecta con Dios, e inmolarse y sacrificarse en todo, ya que el sacrificio es la obla­ción del amor.

Me fui a confesar.[471]

Para Juanita la experiencia de Dios en la confesión es la paz que siente el alma, y debe ser por el inmenso bien que trae a pesar de algunos errores que humanamente cometemos. Escribe ella: “ˇCómo me comunica paz Dios por este Sacramento! Sí. Me siento [con] ánimo ahora para sufrir por mi Jesús”.

Es así como para ella, este sacramento es tiempo privilegiado de encuentro con Dios para el perdón y para la renovación de la vida espiritual.

“Le dije que si quería que cambiase el examen particu­lar. Me dijo que lo hiciera sobre la devoción a la Virgen”.

Entonces Juanita endulza la confesión estableciéndose unos propósitos:

“La primera semana, que meditara en la grandeza de María.

La segun­da, en la bondad de su corazón.

La tercera, en el amor maternal de su corazón.

La cuarta, cómo la debo honrar, amar y poner toda mi confianza en Ella.

Me dijo que todo se lo diera a María, para que ella se lo presentase a Jesús”.

Ya hemos dicho que cuando oramos, Dios nos habla. Y estamos seguro de eso, porque nuestra relación con Dios se basa en la fe. Si mi oración es vocal, sé que me está escuchando, aunque no sienta su presencia con mis sentidos. En la oración lo podemos alabar, preguntarle cosas, adorarle, darle gracias, pedir perdón y sé que Dios está escuchando, se interesa y se preocupa.

Me dijo que debía hacer lo posible para vivir sin el consuelo y los gustos en la oración”

En la oración de recogimiento, Santa Teresa de Jesús nos enseńa que no hay que buscar satisfacción o contentos y gustos, sino plena confianza en Dios, y explica que el valor de la oración no está en los gustos, sino en quien ama más. También nos recuerda que todo lo que viene de Dios viene cargado de amor.[472]

A pesar de que Juanita ha tenido momentos de gran tribulación, con muchas dificultades y aflicciones, ella nunca ha cedido al desaliento gracias a la cercanía que ha sentido de Jesús. Ella pone en las manos del Seńor, toda su existencia. Escribe Juanita[473]:

“Anoche, una hora con Jesús. Hablamos ínti­mamente”.[474]

“Me reprochó el que yo no acudiera como antes en mis dudas y penas a su Corazón.

“Que debía ser toda para El”

“Me apoyó sobre su Corazón”

“Me habló de la pobreza”

“Que todo es de Él. Que todo pasa, es vanidad”

“Me habló de la humildad de pensamiento”

Pero en ningún momento de su vida siente que le falta el apoyo del Jesús misericordioso, de todo consuelo y fortaleza.

Sigue Juanita: “En fin me abrió su Corazón y me mostró que por mis oraciones tenía escrito el nombre de mi papá. Me dijo me re­signara a no ver el fruto de ellas; más que lo alcanzaría todo. Des­pués me reveló su amor, pero de tal manera que lloré. Me mostró su grandeza y mi nada y me dijo que me había escogido para víc­tima”.

Mas adelante en la misma nota del libro, apunta Juanita;[475]

“Tengo pena” 

Al sufrir Juanita por Cristo, experimenta su consuelo. Puede ella repetir como San Pablo; “ˇBendito sea el Dios y Padre de nuestro Seńor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios! Pues, así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación”.[476]

Sigue Juanita: “Madre mía, dile a Jesús lo que necesito y ruégale mucho”.

El misterio de pedir a la Virgen María que sea nuestra intercesora esta siempre en el corazón de Juanita, para ella María es fuente de luz interior, de esperanza y de consuelo. En medio de las pruebas de la vida, y especialmente de las contradicciones que ella experimenta en su interior, le pide a María en oración: “Madre mía, a tu Corazón de Madre confío todas mis penas. Ya no puedo más”.

Pero a pesar de estas tribulaciones, ella puede decir con San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”[477] Por eso sigue ella escribiendo luego: “Si Jesús no me sostuviera, no sé qué haría”

Pena. Sequedad. Abandono. Tinieblas[478]

Escribe un día de miércoles santo:

“Abandono, sequedad, agonía... Estoy que ya no puedo más. Me duele mucho el pecho y la espalda. Veo to­do tan triste, porque no podré ser carmelita, si soy delicada”.[479]

La sequedad espiritual nos trae problemas con nosotros mismos. En efecto, es una dificultad cuando se quiere orar con sinceridad. En algunas ocasiones por más que queramos estar en contemplación, nuestro corazón está seco, tanto así, que ni siquiera hay gusto por los pensamientos, recuerdos y sentimientos, incluso espirituales. Es el momento en que la fe es más pura, la fe que se mantiene firme junto a Jesús en su agonía y en el sepulcro. "El grano de trigo, si muere, da mucho fruto"[480] Si la sequedad se debe a falta de raíz, porque la Palabra ha caído sobre roca, no hay éxito en el combate sin una mayor conversión”[481] La sequedad es un reflejo del combate de nuestras vidas. Así como en la vida luchamos por hacer la voluntad de Dios, por cumplir sus mandamientos a pesar de los muchos obstáculos, tentaciones y debilidades que tenemos, en la oración también debemos combatir y luchar.

Juanita está pasando por instancias difíciles, escribe ella:[482]Sufro, pero de una manera horrible, el abandono. Jesús me ha abandonado, porque soy infiel. Ya no oye mis oraciones y me deja sin su gracia para vencerme, de manera que estoy desespe­rada. Jesús mío, ten piedad de mi”

Una de las razones de la sequedad es la falta de humildad. Creemos que solamente depende de nosotros mismos el hacer oración y perseverar, sin darnos cuenta de que frecuentemente solos no podemos nada. Es así como Juanita pide ayuda a su madre espiritual, poniendo su confianza en ella: “Tú sabes que te amo. Madre mía, socórreme en las tinieblas. Nada. Jesús no está en mi alma”.

A veces nos ponemos impacientes, a Juanita le pasa a menudo, ella busca respuesta rápida; “La Virgen no me contesta. Jesús, ten piedad de tu esposa infiel. Sí, Te amo. No me abandones”. Pero luego ella tiene esa capacidad de darse cuenta que aunque no vea la respuesta a su oración no significa que es ignorada y es paciente, perseverante y exclama: “ˇOh, gracias! Con tu palabra, Je­sús, disipas por completo la tempestad”.

Con todo, Juanita está pasando por momentos difíciles:[483]Estoy en un estado tan terrible... Rabiosa. Con de­seos de portarme mal. Desesperada en las monjas. Sin gusto por la oración, pues en ella encuentro sequedad. Siento desespera­ción”. Esta situación trae una nueva oportunidad para verse objetivamente y abandonarse en Dios, oírle, y así entender que nos pasa. Juanita dice que: “Jesús me dijo hoy que era porque me apegaba a las criaturas”.

A veces creemos que somos nosotros quienes determinamos la oración y esto no es así, es el Espíritu Santo de quién recibimos ayuda. Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración, pero se desalientan pronto porque ignoran que la oración viene también del Espíritu Santo y no solamente de ellos”.

"Fiat voluntas tua" [484]

Juanita esta por retirarse de su colegio[485], y escribe: Fiat voluntas tua", he aquí mi oración. No pido otra cosa. Esta mańana Jesús me ha pedido que no llore por mi salida del colegio, pues es esa su voluntad”. Y luego le escribe a la Reverenda Madre[486]: “Me faltan sólo quince días para salirme del colegio y aunque tengo pena, quiero cumplir la voluntad de Dios con alegría. Rece mucho por mí; voy a principiar a luchar con el mundo y pienso que en las vacaciones pediré el permiso para irme a las carmelitas. Veo que es esa la voluntad de Dios; pues se han allanado muchas dificultades que antes me parecían insupera­bles. Pienso…llevar una vida de oración: levantarme a las cinco y media y hacer, desde las seis a las siete, medita­ción. A las once y media, examen. En la mitad del día, lectura espiri­tual y, en la tarde, una hora de oración”.

A la salida de su colegio, Juanita escribe unas nuevas resoluciones para su vida entera:[487]

“1Ş No dejaré jamás mi meditación, mi Comunión y misa.

“2Ş Haré examen particular y rezaré mis oraciones de la mańa­na y de la noche de rodillas”.

“Además mi vida es de más oración. Paso muchas veces sola en mi pieza con sólo Dios. El estudio me ocupaba más el pensamiento. Ahora sólo debo pensar en El”.

Después más adelante le escribe a una amiga:[488]  Me salí del colegio hace ya catorce días y la vida que en el colegio me parecía un misterio, se desliza, gracias a Dios, tranquilamente. Todos los días voy a comulgar y hago mi oración de tres cuartos de hora. Trato de vivir continuamente en la presencia de Dios”.

Juanita ya no está en el colegio, aún no sabe si será carmelita[489], esto le trae instantes de sufrimiento, escribe ella; “ˇSufrir! Esta palabra es el grito de mi corazón. Pero ahora sufro como nunca. Son penas del alma. Es preciso mo­rir a sí misma para vivir escondida en Cristo. No tengo gusto ni por la oración ni por la comunión y, sin embargo, son unos deseos [locos] los que siento en mi alma de unirme a Él”.  

Pero aún no ha tomado su decisión, escribe ella: “Tengo muchas dudas respecto a mi vocación. Dudo si ser del Sdo. Corazón o Carmelita”. Se siente atraída por la vida de inmolación, pero el Carmen se le presenta con todos los atractivos para llenar su alma.[490] Y ante la duda se responde: “Además, N. Seńor me ha manifestado tantas veces que sea carmelita. Y cuando estoy en la oración N. Seńor me dice me ha escogido a esa vida tan perfecta y tan de unión con Él, porque me ama mucho entre las escogidas de su Divino Corazón”. Tiene ella sus buenos motivos y ejemplos, así lo dice: “A Magdalena le dijo había escogido la mejor parte", “La Santísima Virgen, mi Madre, fue una perfecta carmelita. Vivió siempre contemplando a su Jesús, sufriendo y amándolo”. …” La vida de la carme­lita consiste en amar, contemplar y sufrir. Vive sola con su Dios”.

Mas tarde, ella va al Monasterio de los Andes[491] y ratifica su vocación. Me sentía feliz, satisfe­cha. Veía a N. Seńor con el rostro sonriente y parece que me decía que estaba feliz allí, oyendo las alabanzas de sus esposas”. … “Fue mi primera oración unida a ellas para mi Madre Santísima”.

Oración que he tenido[492]

Juanita está de vacaciones en el campo, en el fundo San Pablo arrendado por su papa, en este ambiente ella tiene más oportunidad para el encuentro a solas con Dios, son días para llegar a la oración de recogimiento interior, aquella que tiene lugar en lo más íntimo y profundo de su corazón. Escribe nuevamente Juanita: “Estoy en el campo.[493] Qué pena tengo, pues no puedo ni hacer oración, pues ni aun puedo estar sola. Mas estaré unida a mi Jesús. Todo se lo ofrezco a Él, pues es ésta su voluntad”. “En las noches he tenido mucho fer­vor y N. Seńor me dio a entender su grandeza y al propio tiempo mi nada”.

Estos días de recogimiento, pasan a ser de gran beneficio, en especial porque se ha dado tiempo en la buena lectura; “Leí en la mańana la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz”[494]Leer al santo Padre del Carmelo, le produce a Juanita un cambio muy importante en su deseo de unión con Dios y en el modo de hacer oración. Sigue apuntando ella: “tengo tanto amor, que Dios no se aparta de mi pensamiento y es tal la intensidad de amor que experimento, que me siento sin fuerzas, desfallecida y algo como si estuviera en otra parte, no en mí misma”.

Todo ha cambiado en su forma de orar y recogerse: “Sentí un gran impulso por ir a la oración. Principié por mi co­munión espiritual, pero al dar la acción de gracias, mi alma estaba dominada por el amor. Las perfecciones de Dios se me presenta­ron una a una: la Bondad, la Sabiduría, la Inmensidad, la Miseri­cordia, la Santidad, la Justicia”. “Hice mi oración. Sentía amor y unión con Dios.[495]

ˇQué bueno es mi Dios![496]

Exclama Juanita: ˇQué bueno es mi Dios!  “Nadie es bueno sino sólo Dios”[497] le dijo Jesús al joven rico que lo llamó “Maestro bueno” y es cierto, sólo en Dios se aplica el principio de que la bondad debe de ser íntegra. Juanita lo dice porque en el amor y amistad a Jesús ha visto en plenitud el rostro compasivo y bueno del Padre que está en los cielos. Es conociéndole a Él como podemos conocer también al Padre[498] y viéndole a Él podemos ver al Padre, porque Él está en el Padre y el Padre en Él[499]

Sigue: “Me paso a sus pies”. Se sienta a sus pies como María, hermana de Marta, que, a los pies del Seńor, escuchaba su Palabra”[500] No hay otro sitio mejor para sentarse. Esto nos demuestra que Juanita está en actitud de humildad y tranquilidad a los pies de su amado esposo. También nos dice que a ella no le interesa oír palabras o conversaciones superficiales, sino que palabras dignas de ser oídas y guardadas en el corazón, como lo hacía María.

Sigue: “Me siento muchas veces desfallecida de amor. Me ano­nado en su presencia al verme tan miserable a pesar de que me llena de favores. Todo lo que hago es por su amor. Vivo en una conti­nua presencia de Dios”.

No está lejos Juanita de una verdadera oración, “todo lo hace por amor a Jesús”, ella pone a su amado en su corazón y así alcanza la felicidad. Por esto, en la oración, ella se dispone a la voluntad para encontrar, amar y poner por obra, “Todo lo que hago” el querer de Dios. Como exclama Santa Teresa de Jesús: “por donde el aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho”[501]

Sigue: “Me confesé[502]. Le consulté acerca de mi oración y me dice que no haga ningún caso de las locuciones interiores sino de los efectos que hacían éstas en mi alma. Que viera lo poco que valía ante Dios”.

Muchas veces rezar con amor, impone esfuerzos, algunas vividas sin consuelos ni frutos aparentes. La oración no es un asunto de hablar locuazmente, sino de amar. Y se ama, hablando con sinceridad al Seńor, aunque a veces, no se diga nada.

Sigue: “Qué bueno eres, Seńor. Cómo eres Tú el que pones interés en mí para que me lleven a Ti”.

Feliz Juanita, ora con alegría, No sé cómo pagártelo”. y puede decir como el canto del salmista:żCómo al Seńor podré pagar todo el bien que me ha hecho?”[503]

Sin recogimiento ni fervor[504]

Recogimiento. Es un modo de rezar que nos enseńa Santa Teresa Jesús; “aunque sea vocalmente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento, y es oración que trae consigo muchos bienes”[505]. Y recogerse, żqué es?, Teresa nos dice: “Llámase recogimiento porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí”[506]  Esto es cosa del alma, es decir, cosa del centro interior de la persona. Es ella la que ha de convocar hacia dentro los sentidos y potencias. El alma misma “se entra dentro de sí con su Dios” [507]

Escribe: “No podía recogerme[508], pero N. Seńor, desde lo íntimo, me dijo que lo adorara y me quedé muy recogida. Estaba haciendo mi oración[509] y me la interrumpieron. Pero N. Seńor permitió que quedara muy unida a El”

Para Juanita, Dios es Dios de consuelo. Ella siente que la ama con pasión y no le es indiferente, sin embargo, tiene a pesar de madurez oracional, algunos instantes de aridez, dice ella: Hice mi oración.[510] No tuve ni recogimiento, es decir, interno, ni fervor. Tampoco sentía amor, ni oí la voz de N. Seńor”. Pero el consuelo de Dios es sobreabundante, como inmenso en su amor y Cristo consuela y seca las lágrimas de los que lloran, ayer y hoy. Es así como Juanita siente: “Sin embargo, sentía consuelo de estar con Dios”. Después sigue reconfortándose: “Al fin, Dios me dio a entender su amor infinito

La Santa Madre Teresa de Jesús, nos confiesa que nunca supo lo que era rezar con satisfacción hasta que el Seńor le enseńó este modo de orar, además nos cuenta su experiencia de que siempre encontró mucho provecho de tener la costumbre de orar de esta manera, es decir con recogimiento interior.

Juanita nos confiesa: “no tuve fervor en la oración. Gran sequedad;”[511]  No obstante, a través de lo que continúa exponiendo, vamos descubriendo a un Dios que vive siempre en nosotros, aunque no es habitual que lo percibamos siempre y sólo se hace sentir cuando quiere. Por tanto es importante para progresar en esta oración, prestar en lo posible, la atención a quien interiormente se le habla, y tratar de no estar mucho tiempo sin comunicarse con Él, que es un buen Amigo, es así como ella luego dice; pero Dios se me manifestó, sin hablarme. muy interiormen­te”.

No siempre es fácil descubrir si las dificultades en la oración provienen de nuestra mente. Para entrar en clima de oración profunda necesitamos el silencio y la pacificación de nuestra mente. El Santo Padre San Juan de la Cruz nos ha dicho: “Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma”[512]  Silenciar los ruidos de la mente ayuda a despertarla y ponerla atenta, vigilante para oír: “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre la puerta entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo”[513]

Dice Juanita: “Noto que mi alma está como adormecida.[514] A veces siento fervor en la oración, otras veces no; y, sin embargo, tengo ansias de tener oración; pues todos estos días no he tenido; más cuando quiero meditar no puedo discurrir”. 

Con todo, el camino de superación de las dificultades lleva a Juanita al encuentro de amor con Dios. Ella a pesar de las arideces, sabe que orar consiste en la unión de amor con Dios en el centro de su corazón.

Reflexiona: “También habló cuán necesario era vivir constantemente con­templando a Dios, sobre todo a Jesucristo, pues la Humanidad es la puerta que hay que franquear para entrar en la Divinidad”. Dios en mí, yo en Dios, comunidad de vida y amor.

Esto le permita a ella finalmente decir: “Que en la oración penetraríamos en los sentimientos y afectos de ese Corazón divino para imitarlo y compenetrarnos de ellos”.. “Le pro­metí vivir sólo para Él, no dejar mi oración”

Por fin, Juanita llega al Carmelo[515]

Ya todo es distinto, en el Carmelo puede gozar en oración con el dulcísimo amor de su amado, escribe Juanita, que ahora será Teresa de Jesús: “He sentido mucho amor divino. En la oración sentí que el Sdo. Corazón se unía a mí. Y su amor era tanto que sentía todo mi cuerpo abrasado en ese amor y estaba sin sentir mi cuerpo”.

“Que en la oración no buscara la imagen, sino el concepto puro de Dios; porque si lo imaginaba, lo empequeńecería”.[516]

 

 

 


 

25    EXPERIENCIA DE DESEAR Y AMAR EL CIELO EN LA TIERRA[517]

“He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo, y aquella voz que había oído antes, como voz de trompeta que hablara conmigo, me decía: “Sube acá”[518]

25.1     EL CIELO ES LA MORADA DE DIOS.

Cuando el ángel anuncia a los pastores de Belén que ha nacido el Salvador, se le unió "una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que él ama"[519]

El deseo de todo hijo de Dios es acoger al Seńor en esta vida con amor, con la esperanza de gozar después de esta vida terrenal de la plenitud de comunión con Dios. Esa es la meta de la existencia humana. Como enseńa el Catecismo de la Iglesia Católica, “el cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha”[520]

En sentido simbólico, el cielo es la morada de Dios. Canta el Salmo: “ˇExcelso sobre todas las naciones Dios, por encima de los cielos su gloria! żQuién como el Seńor nuestro Dios, que se sienta en las alturas, y se abaja para verlos cielos y la tierra?[521]

A la representación del cielo es morada trascendente del Dios vivo. Así, el cielo resulta figura de la vida en Dios. En este sentido, Jesús habla de “Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos”[522] y además nos pide: “Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben”.[523]

Sentirse invitada a subir al cielo.

Por otra parte, la carta a los Hebreos expone que: “Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos - Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos firmes la fe que profesamos.[524] Por tanto como creyentes e hijos de Dios, amados de modo especial por El, seremos resucitados con Cristo y hechos ciudadanos del cielo. Como dice el Apóstol Pablo: “Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido salvados - y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús”[525]

Quizá no haya un módulo más frecuente que aquel con que se expresa el seńorío de Dios sobre el cielo. Si muchas veces se dice que Dios habita o tiene su trono en el cielo o que es el Dios del cielo, y en tiempos más recientes se llega a llamarlo simplemente "cielo"[526] no es sólo porque se piense en su altura o en su lejanía, sino también porque se contempla su inmensidad y su belleza. Por esto el salmista puede cantar: "Los cielos cuentan la gloria de Dios,”[527]

También canta el Salmista: "El cielo es el cielo del Seńor, y la tierra se la ha dado a los hombres" [528] e Isaías nos afirma que: “la tierra, lo mismo que el cielo, está llena de la gloria de Dios” [529]

“żQuién hay para mí en el cielo? Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra” [530]

En esta situación interior Juanita se siente invitada a subir al cielo.

Juanita muy joven se preparó para la boda eterna.

Juanita en su vida interior se siente invitada a subir al cielo y a considerar desde allí los hechos que la afectan desde fuera. Dice San Juan en Apocalipsis: “Después tuve una visión. He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo, y aquella voz que había oído antes, como voz que hablara conmigo, me decía: Sube acá” [531]

Nuestra vida, se desarrolla en la tierra, pero tiene una influencia decisiva en el cielo, en especial, si estamos consciente de la presencia de Cristo y del Espíritu en nuestra vida litúrgica.

Y la idea del cielo, en definitiva es la idea de un lugar donde ya no hay escasez de agua, ni de comida, ni de luz, ni de paz, ni de prosperidad. Donde Jesús da el agua viva; él es el pan del cielo, él es la luz del mundo, él es nuestra paz, él es el camino, la verdad y la vida.

"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo... Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que me come vivirá por mí..”.[532]

żPero que hace que una persona, que aprende a vivir sabiendo que todas las aspiraciones del hombre están motivadas para acomodarnos en la tierra lo mejor que podamos?

No podemos negar que la vida puede ofrecernos cosas preciosas. Gozar de la belleza del mundo prodigioso, abrir los sentidos al cosmos entero, la inteligencia a los secretos que la materia encierra, aprender a amar y ser amados, crear obras de arte, terminar bien un trabajo, ver el fruto de nuestras aspiraciones, conocer otras culturas, leer un buen libro, etc...

No es fácil relativizar todo ello o restarle importancia. Nuestros parientes y amigos, nuestras posesiones, nuestros proyectos, nuestros anhelos e ilusiones son todo lo que tenemos y por lo que hemos trabajado toda la vida. Nos hemos gastado en ello, invirtiendo todas nuestras fuerzas.

Y por ello, ni pensamos en la otra vida. Ni en el Cielo ni el Infierno. Ni el Cielo nos atrae, ni el Infierno nos asusta. Vivimos sumergidos en el tiempo, como si fuéramos inmortales. Por esa razón, cuando hablamos del Cielo o de Infierno, a muchos les llega hasta parecer ridículo. ˇY sin embargo es, una cosa u otra, nuestro destino ineludible!, por los que se nos hace necesario reflexionar sobre esto.

Y no es que nos resignemos mansamente a lo inevitable. Es por el contrario es la conciencia jubilosa de que estamos siendo llamados por Dios y se nos dilata el corazón por este llamado que se nos acerca. La vida, que hacemos en la tierra, como no sabemos la hora en que seremos llamados al cielo, se debe hacer como nos invita el Seńor en el Evangelio, “con las lámparas encendidas…para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran la puerta al esposo…Dichosos los siervos, que el Seńor al venir encuentre despiertos…ˇdichosos de ellos!....estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre”. [533] Esto es, pensar durante toda nuestra vida terrena, que pronto verás a Dios.

En la breve vida de Juanita, nuestra hermana Teresa de Los Andes, observamos una gran madurez. En efecto, Juanita muy joven se preparó para la boda eterna. Ella puede decir como el Profeta Jeremías: Me has seducido, Seńor, y me dejé seducir; me has agarrado”[534] o como ella misma le dice a su hermana Rebeca: “He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pes­cador”.[535] En otras palabras, fue seducida por el cielo.

Este pequeńo estudio de su “Diario y Cartas[536] tiene ese ideal, reflexionar sobre el cielo de nuestra hermana carmelita, que en su paso por esta vida, tuvo la delicadeza de instruir al prójimo en las cosas del cielo, enseńar con sus cartas a su familia, amigas y hermanas para las cosas del cielo, habiendo comprendido que los hombres, han nacido principalmente no para la tierra y el tiempo, sino para el cielo.

Hoy he tenido la dicha de comulgar… Me parecía estar en el cielo.

Escribe Juanita a los 7 ańos, cuando murió su abuelo, como un santo[537]. Relata que fue un 13 de mayo, que ese día recibió los Sacramentos y recuerda que al levantar en la Consagración la San­ta Hostia su alma se voló al cielo sin haberlo notado nadie. Parecía dormido. Su muerte fue la de un santo. Como lo fue su vida. Desde pequeńita, comienza a tomar conciencia que las personas santas van al cielo.

Ańos más tarde, a sus 12 ańos, recuerda Juanita que estaba enferma un 8 de diciembre.[538] Su mama creía que moriría, pero al sanarse se convenció de todavía no merecía el cielo, por eso no la llevó el Seńor.

Nuestra vida, se desarrolla en la tierra, pero tiene una influencia decisiva en el cielo, en especial, si estamos consciente de la presencia de Cristo y del Espíritu en nuestra vida litúrgica, en la vida de la Misa Dominical o Diaria como es la de Juanita.

Ella ya es una adolescente, ha ido madurando, y su ideal se ha ido fortaleciendo. A los 15 ańos, comienza el internado, lejos de su familia, pero eso no la aleja de su amor a Jesús, en especial, porque la vida del internado pasa a ser como un ensayo para luego ir a vivir en el Carmelo, comprende, que la voz de Dios manda más y ella debe seguir a Jesús al fin del mundo, si Él lo quiere ya que en Él lo encuentra todo. Escribe Juanita: “El solo ocupa mi pensamiento Y todo lo demás, fuera de Él, es sombra, aflicción, y vanidad. Por Él lo dejaré todo para irme a ocultar tras las rejas del Carmen, si es Su Voluntad, y vivir sólo para Él. ˇQué dicha, qué placer! Es el Cielo en la tierra”.[539] Tenía frente a cualquier decisión, que quien la elegía era el Rey de cielos y tierra”.[540]

En ese mismo periodo, pero en sus vacaciones de septiembre, escribe: “Hoy he tenido la dicha de comulgar. Me sentía tan unida a Él, lo amaba tanto que me parecía estar en el cielo y he continuado en esta unión durante todo el día. ˇJesús mío, no te separes de mí![541]

Mas tarde, el día que celebramos la Inmaculada, el ocho de diciembre de 1915, aún con quince ańos, Juanita hace el voto delante de la Santísima Trinidad y en presencia de la Virgen María, y de todos los santos del Cielo de no admitir otro Esposo sino a su Seńor Jesucristo, a quien ama de todo corazón y a quien quiere servir hasta el último momento de su vida.[542]

Porque Dios es el Cielo.

Juanita ya tiene 16 ańos. La lectura de la vida de la carmelita Isabel de la Trinidad, que aún no estaba canonizada, le hace bien a su alma. Le escribe a su hermana Rebeca: “Qué feliz soy! Te convido a pasar con Jesús en el fondo de tu alma. He leído en la vida de Isabel de la Trini­dad que esta santita le había dicho a Nuestro Seńor hiciera de su alma su casita. Hagamos nosotros otro tanto. Vivamos con Jesús dentro de nosotras mismas, mi pichita querida. Él nos dirá cosas descono­cidas. Es tan dulce su arrullo de amor. Y así, como Isabel (de la Trinidad), encon­traremos el Cielo en la tierra, porque Dios es el Cielo”.[543]

Mas adelante, concluye en un retiro: “Para hacer bien los ejercicios son dos cosas necesarias: 1° Te­ner ánimo y liberalidad; 2ş Ponerse en manos de Dios”. Y luego medita: “Reformarnos a nosotros mismos. Estar dispuestos a todos los sufrimientos para gozar después con Él en el cielo…Jesús, único amor de mi alma.[544]

Todas las edades de Juanita son importantes, más aún cuando todo lo que le va pasando, la va haciendo madura en la fe, y en su ideal del cielo. Las advocaciones marianas, le atraen mucho. Escribe ella (es febrero, mes de Lourdes): “Anteayer y ayer fuimos a Lourdes. ˇLourdes! Está sola palabra hace vibrar las cuerdas más sensibles del cristiano, del católico…No creí que existiera la felicidad en la tierra; pero ayer, mi corazón se­diento de ella, la encontró…tu lenguaje de Ma­dre era tan tierno... Era de cielo, casi divino…Madre mía, sí. En Lourdes se encontraba el cielo[545]

El ańo está comenzando, por tanto, podemos hacer algunas resoluciones para lo que queda. Entre muchas, ella planifica; “He de olvidarme de mí misma…uniéndome a Jesús…en ser caritativa con el prójimo…no dar mi opinión, si no me la pi­den…sufrir con gozo las humillaciones, siendo amable con las personas que me las proporcionen…viviendo con Jesús en el fondo de mi alma que ha de ser su casita, donde Él pueda descan­sar. Allí, le adoraré y le ofreceré las mortificaciones, sufrimientos y humillaciones. żNo es el Cielo en la tierra vivir con Dios?” [546]

Y así es como el cielo para Juanita, pasa a ser un deseo irresistible, cada fiesta litúrgica la vive intensamente, escribe ella: “Ascensión del Seńor al cielo de mi alma. Haré todas mis cosas en unión con Él, por Él y para Él. Lo consolaré. Quiero ser cruci­ficada. Y El me dejó sus clavos. Jesús mío, Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío… Mańana es el día de la Trinidad. żEncontrará el Padre la figu­ra de Cristo en mí? ˇOh, cuánto me falta para parecerme a Él!”[547] 

25.2     SEREMOS UNA ALABANZA DE GLORIA Y VIVIREMOS UNA VIDA DE CIELO.

“Quiero vivir con Jesús en lo íntimo de mi alma”.

Juanita continúa leyendo a Isabel de la Trinidad. Le encanta. Dice que su alma es parecida a la de ella y que la va a imitar. Escribe ella: “Quiero vivir con Jesús en lo íntimo de mi alma. Quie­ro defenderlo de sus enemigos. Quiero vivir una vida de Cielo, así como dice Isabel, siendo una alabanza de gloria…viviendo una vida divina. Amando con un amor puro a Dios. Entregándome a Él sin reserva. Viviendo en una comunión íntima con el Esposo de mi alma…y así seremos una alabanza de gloria y viviremos una vida de Cielo”.[548]

En un próximo Retiro comenta: “El infierno me hiela”, con todo, llega a decir luego: “Jesús querido, acabo de ver lo que es el infierno; lo terrible que es. Pero te digo que preferiría estar allí por una eternidad con tal que un alma, aunque fuera tan miserable como la mía, te amara…aunque sé que ya no sería infierno sino cielo, pues el amor es cielo”. [549]

Poco a poco, también Juanita se va haciendo la idea de que ella puede vivir el cielo en la tierra, como lo aprendió de la lectura de Isabel de la Trinidad, eso era para ella vivir en el Carmelo. Corría el mes de agosto de 1917. Escribe ella: “Examiné lo que me llevaba al Carmen y por lo principal es porque allá viviré ya como en el cielo, pues ya no me separaré de Dios ni un instante. Le alabaré y cantaré sus misericordias constantemente, sin mezclarme para nada con el mundo”.[550]

Si nos fijamos en el detalle de la carta siguiente, me atrevería a decir que la vocación de amor al cielo y de carmelita, viene en parte de la lectura de Isabel de la Trinidad. Juanita escribe: “Ahora le comunicaré que yo nunca he conocido personal­mente a ninguna carmelita. Solamente he leído la vida de Sor Te­resa y de Isabel de la Trinidad. Desde entonces he comprendido que el Carmen es un cachito de cielo y que a ese Monte santo me llamaba el Seńor”.[551]

Y el cielo para Juanita es Jesús, pase lo que pase, esté agotada, fatigada, ella al recibir el cuerpo de Jesús en la eucaristía le da mucho ánimo: Escribe; “Cuando comulgo siento ánimo. Jesús me da vida, no sólo la del alma sino la del cuerpo. Y me la quitan; me privan del Cielo. Jesús querido, que se haga tu voluntad y no la mía. Mańana co­mulgaré. Conseguí permiso. ˇOh, qué felicidad: mańana tendré el Cielo en mi corazón! ˇOh, te amo, Jesús, te adoro! Y no se olvida por esto momento de cielo agradecer a la santísima Virgen María: “Te agradezco a Ti y a mi Madre este favor. ˇToda tuya……Sólo. Tú...ninguna criatura!” [552] Y en todo momento, ella piensa en el Carmelo como su cielo, y se lo pide a Jesús: “Jesús mío, confío en Ti. Eres Todopoderoso. Ven a robarme y que sea pronto, muy pronto y para siempre. Mańana está de fiesta el Cielo. Mi alma es un cielo, pues en ella está Jesús”[553]

25.3     SI SUFRÍA CON PACIENCIA, TENDRÍA UN GRAN PREMIO EN EL CIELO.

“Morir, żqué cosa hay más ideal?

ˇQué maravilla llegar a comprender que la muerte es el inicio de la verdadera vida y que todo esto no ha sido sino un ensayo, un camino, una invitación!  "La muerte, es por tanto, un momento santo: el del amor perfecto, el de la entrega total, en el cual, con Cristo y en Cristo, podemos plenamente realizar la inocencia bautismal y volver a encontrar, más allá de los siglos, la vida del Paraíso"[554] żAcaso esto no lo comprendió bien Juanita?, escribe ella: “Morir, żqué cosa hay más ideal? Morir, vivir en Dios por una eternidad, gozar en Dios, żpuede haber felicidad más grande? Jesús querido, cada vez que me siento mal, siento nostalgia de Ti, de ese Cielo en donde no te ofenderé más, en donde me embriaga­ré de tu amor, en donde, Jesús, seré una contigo, pues he de estar en Ti y moverme en Ti”.[555]

También Juanita hace su apostolado para que otros vayan al cielo, como en un caso que relata ella sobre un problema que tenía una nińita en su escuela, entonces relata que rezo a la Santísima Virgen un "Acordaos", y le dijo todo lo que le inspiró Ella para animarla y consolarla. Entonces le hablo a la nińa de la Virgen; que le contara sus penas; que le pidiera su pro­tección; que, si sufría con paciencia, tendría un gran premio en el cielo. [556]

También, como lo hace el místico padre del Carmelo, san Juan de la Cruz, Juanita es admiradora de la naturaleza, recordando que todo es obra de Dios. Recuerda ella de un paseo a caballo: “No te imaginas paisajes más bonitos los que se nos presentaban: que­bradas inmensas entre dos cerros cubiertos de árboles, y al final de ellas una abertura por donde se veía el mar, sobre el cual se re­flejaban nubes de diversos colores; y por detrás el sol encubierto. No te imaginas cosa más bella, que hace pensar en Dios que ha creado la tierra tan hermosa… żQué será el cielo -me pregunto muchas veces- cuando es para gozar?”[557] Pero del mismo modo como ella gustaba de la naturaleza busca lugares solitarios para escribir lo que siente: “nunca anhelo el rinconcito donde existe la verdadera soledad, y donde reside la felicidad, pues allí poseeré a Dios, principiando así la vida del cielo.[558]

Quizás ese mismo deseo de estar a solas con él, es que ella se entusiasma en escribir a la Madre Angélica Teresa del Monasterio de los Andes: “No se imagina los deseos que tengo de ser carmelita, de irme a vivir esa vida de unión divina, vi­da de cielo en la tierra, pues la carmelita, como Ud., Reverenda Madre me dice, vive para Dios, por Dios y en Dios”.[559]  El mismo deseo le comunica al P. José Blanch: “Que pueda pronto llegar al puerto del Carmelo donde espe­ro encontrar el cielo en la tierra, es decir, el cielo en el sufri­mien­to y en el amor[560]

Amar y servir a Dios, y así, alcanzar el Cielo.

Escribe: “Me falta un mes para salirme del colegio; pues, como se casó mi hermana mayor, me van a sacar. Yo, por un lado, tengo ganas, pues así me podré ir más pronto a ese conventito para ser toda de Él. żCuándo, Reverenda Madre, llegará ese día venturoso en que ya na­da me separará de Él? Madre, esa hora para mí es a veces un cielo” [561]

Juanita ha cumplido ya sus dieciocho ańos, es julio de 1918, por una parte, se siente triste porque dejará su colegio, pero se consuela porque dice que Jesús le ha pedido que no llore por su salida del colegio, pues es esa su voluntad. También a la Virgen le ofrece el sacrificio de salirse del colegio sin derramar una lá­grima. A pesar de que eso le ha hecho sufrir, finalmente dice: “Estoy feliz. Ha sido un cielo para mí”.[562] 

Un retiro, le permite reflexionar en dialogo con el Seńor, escribe: “Entro al retiro: "Hablad, Seńor, que vuestra sier­va escucha. Quiero decir con la Santísima Virgen: "Fiat mihi secundum Verbum tuum" y sigue: “Mi casita estará cerrada para todo lo del mundo y abierta sólo para el cielo. Como Magdalena, me pon­go a oír de Nuestro Seńor "la única cosa necesaria". Quiero guardar el silencio y mortificar la vista”.

Y finaliza reflexionando sobre el fin del hombre: “Amar y servir a Dios, y así, alcanzar el Cielo. Qué fin más grande: conocer a Dios, ese Dios infinito en perfeccio­nes, ese Dios eterno, inmutable, todopoderoso, miseri­cordioso y bueno. Ese Dios es mi fin… ˇJesús mío, me anonado ante tu amor! ˇTú, Dios del cielo, de la tierra, de los mares, de los montes, del firmamento tachonado de estrellas; Tú, Seńor, que eres adorado por los ángeles en éxtasis de amor; Tú, Jesús‑ Hombre; Tú, Pan! ˇAh, anonadarse, todo es poco! Y concluye: El cielo es: Poseer a Dios, verle cara a cara, amarle por una eternidad. Comprender todos los misterios, conocerle a Él. ˇQué felicidad! [563]

25.4     “HE PASADO DÍAS DE CIELO”.

Se despide Juanita de su colegio. Dice ella: “He pasado días de cielo”. Luego escribe; “Adiós, Madres que me habéis enseńado el camino de la virtud, que me habéis mostrado el camino de la dicha más cumplida aquí en la tierra y el camino del Cielo. Adiós, morada del Corazón de Jesús, donde tres ańos he vivido contigo. Adiós, compańeras tan queridas, adiós. Vuestro carińo quedará para siempre en ni memoria”. [564]

Pero una vez dejado su colegio, ella no piensa en otra cosa que en el Carmelo, para ella su nuevo cielo, escribe Juanita a la Madre del Monasterio de Los Andes: “Imposible me sería dejar pasar el día de mańana sin enviarle mis más carińosos recuerdos a Ud., Reverenda Madre, y a esa querida comunidad. Hace días que espero con ansiedad la fiesta de nues­tra Santa Madre y mańana pasaré con el corazón muy unido a ese palomarcito. Pídale a nuestra Madre que pronto me admitan entre sus hijas y que me dé el verdadero espíritu de una carmelita” y sigue luego: “y quiere Nuestro Seńor que, cuando vaya, me quede para siempre pri­sionera en ese cielo. Ojalá sea luego”.[565]

En esto consiste el cielo: en poseer a Dios.

Aún tiene dudas a que orden religiosa desea entrar, pero no tiene dudas de que está enamorada de Dios y eso es lo más importante. Él hace su cielo en la tierra. No obstante, su corazón ya está deseando el Carmelo. En noviembre de 1918 le escribe a una amiga:

“Querida Elena: Créeme. Sinceramente te lo digo: yo antes creía imposible poder llegar a enamorarse de un Dios a quien no veía; a quien no podía acariciar. Mas hoy día afirmo con el corazón en la mano que Dios resarce enteramente ese sacrificio. De tal manera siente uno ese amor, esas caricias de Nuestro Seńor, que le parece tenerlo a su lado. Tan íntimamente lo siento unido a mí, que no puedo desear más, salvo la visión beatífica en el cielo. Me siento llena de Él y en este instante lo estrecho contra mi corazón pidiéndole que te dé a conocer las finezas de su amor. No hay separación entre nosotros. Donde yo vaya, Él está conmigo dentro de mi pobre corazón. Es su casita donde yo habito; es mi cielo aquí en la tierra. Vivo con Él y, a pesar de estar en los paseos, ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda interrumpirnos. Si tú lo conocieras lo bastante, lo amarías. Si estuvieras con Él una hora en oración, podrías saber lo que es cielo en la tierra.

Ahora te diré por qué he preferido el Carmen a todos los de­más conventos de vida activa.

Porque allí se vive siempre retira­da del mundo y sólo tratando con Dios. Y como el ideal es llegar a la unión con Dios -ya que en esto consiste el cielo: en poseer a Dios-, luego aquello que aquí en la tierra nos lleva más rápida­mente a esa posesión, eso será lo más perfecto. Además, siendo yo muy apegada a las criatu­ras, en cualquier otro convento me apegaría a ellas. Y como esto impide lo otro, luego el Carmen me con­viene más”.

Otra razón, y siempre pensando en el cielo, dice: “Además Jesucristo dio a entender a Magdalena que la vida contemplativa es la mejor parte que pudiera haber es­cogido. Sí; en el Carmen se principia lo que haremos por una eter­nidad: amar y cantar las alabanzas del Seńor. Y si esta es la ocupa­ción que tendremos en el cielo, żno será acaso la más perfecta?

Y żqué es el sacrificio, qué es la cruz sino cielo cuando en ella está Jesucristo? Dale tu voluntad de tal manera que ya no puedas decir "quiero esto", sino lo que Él quiera.

Adiós. Seamos amigos los tres. En su Corazón nos unimos. En Dios no hay separación. Cuando reces, tenme presente; que yo lo haré por ti. Vivamos en la cruz. La cruz es la abnegación de nuestra voluntad. En la cruz está el cielo, porque allí está Jesús”. [566]

Juanita está en el campo, allí se está divirtiendo, pero nada la aleja de su ideal de cielo le escribe a su hermana Rebeca: “Gracias a Dios, hemos tenido constantemente Misa y hemos tenido al Santísimo, y como nosotras con la Eli y Gorda somos las sacrista­nas, hemos pasado ratitos de cielo al lado de Nuestro Seńor”.[567]

Después ella va a Los Andes. Revela que no tiene palabras para expresar el agradeci­miento a Jesús. Es demasiado bueno. Qué se abandonó en sus brazos. Habla de lo bueno que fue Dios, porque le permitió para que pasara más tiempo en mi conventito, y que no le importó que fuera una casa pobre y vieja, que ese iba a ser su Monasterio y que su pobreza le habló al corazón, por tanto se sintió atraída hacia él. Recuerda el encuentro con la Madre Angélica. Se sentía feliz. Escribe Juanita: “Me quedé sola con ella. Nos pusimos a hablar de la vida de la carmelita. Me la explicó entera. Me habló del oficio divino: cómo la religiosa reemplaza a los ángeles cantando las alabanzas de Dios. Después tocaron a vísperas y me dijo que podíamos ir a la iglesia. Esta era oscura. En el fondo estaba la reja y se oía rezar el oficio con una devoción tan grande que verdaderamente creía estar en los cielos. Yo no rezaba. Estaba anonadada delante de mí Dios. Mi alma lloraba de agradecimiento. Me sentía feliz” [568]

Todo es cielo para Juanita.

Todo lo que hace y en cualquier actividad, y ella se lo quiere hacer saber a la madre Angélica Teresa del Monasterio de Los Andes, escribiéndole constantemente, y las cartas son mutuas, no dejan de responderse unas a otra. Escribe Juanita: “Ayer, al regresar del fundo de Elisita Valdés, me encontré con su carińosa cartita, la que le agradecí mucho. Créame que cada vez que recibo carta de ese palomarcito me siento feliz, y la leo y la vuelvo a leer, pues en cada palabra Ud., Reverenda Madre mía, me da una lección, un consejo. Y sigue luego: “He pasado en el fundo de la Eli 26 días, y gracias a Dios, creo no haber tenido misa sólo 6 días, en que comulgamos espiritual­mente. ˇCuán bueno es Nuestro Seńor con aquéllos que le aman! ˇQué días de cielo, mi queridísima Madre, hemos pasado junto al sagra­rio!” y continua en la misma carta: “ˇQué felices son mis Herma­nitas de no tener ya en la tierra nada que las preocupe y siempre el corazón levantado al cielo!” [569]

Es primer día de enero de 1919, comienza un nuevo ańo en la historia del mundo, y por tanto también para Juanita, que pronto será religiosamente Teresa de Los Andes, que sueńa con vivir su cielo en la tierra. Ese mismo día le escribe a la Madre Angélica Teresa. Juanita ha disfrutado de la pascua (navidad), le ha pedido de regalo al Nińo Jesús bendiciones para su querido palomarcito, su querido cielo en la tierra. Y para ella, ha pedido su cruz. Es lo que El más amo.

Pero le ha llegado una duda dolorosa, le ha hecho sufrir, pues no lo había aún experimentado, que es dudar que Dios la quería para carmeli­ta. Toda su vida lo ha deseado, pero ahora duda entre el Carmen y el Sagrado Corazón.  Por eso le escribe prontamente a la Madre Angélica Teresa: Vengo, pues, a Ud., mi querida y respetada Madre, para pedirle me aconseje…. Por favor, pues, le suplico me dé a conocer la vida de la carmelita por entero…. El Sagrado Corazón me atrae porque en él se lleva una vida cons­tante de sacrificio. A todas horas del día y aún de la noche han de inmolarse por las almas.… Todo esto me atrae. Sin embargo, el palomarcito silen­cioso retirado del bullicio del mundo, sin tener puertas sino para el cielo, esa vida de oración y de unión con Dios, me liga fuertemente a irme para allá… Me parece que todas estas dudas me las envía Nuestro Seńor para probarme, pues cuando estoy en oración, me da a entender que sea carmelita; más, salien­do de ella, me principian las dudas más terribles; y mi alma, que creía haber obtenido la luz del cielo, vuelve a caer en espesas tinieblas”. [570]

25.5     LA VIDA DE LA CARMELITA CONSISTE EN AMAR, CONTEMPLAR Y SUFRIR.

Vive sola con su Dios

En su Diario, también escribe Juanita sobre sus dudas respecto a su vocación en el sentido de ser del Sagrado Corazón o Carmelita. Entonces ella se fija en la Santísima Virgen diciendo que ella es su Madre, y reconoce que fue una perfecta carmelita, y que vivió siempre contemplando a su Jesús, sufriendo y amándolo. Es así como ella medita: “Nuestro Seńor vivió 30 ańos de su vida en el silencio y en la oración y sólo los tres últimos los dedicó a evangelizar. La vida de la carmelita consiste en amar, contemplar y sufrir. Vive sola con su Dios”. Y sigue luego: “Contempla sólo a Dios y, como los ángeles en el Cielo, entona las alabanzas del Ser por excelencia. La soledad, el aislamiento de todo lo de la tierra, la pobreza en que vive, son poderosos elementos que favorecen la contemplación del Dios Amor”[571]

11 de enero 1919, es un día de felicidad para Juanita, le escribe ella a una amiga: “Ayer se cumplieron, por fin, los deseos que abrigara desde hace cuatro ańos. Conocí mi querido "palomarcito” …. Des­pués de luchar con tantas dudas, había encontrado mi puerto, mi asilo, mi cielo en la tierra. Sólo Dios que veía mi corazón podrá comprender mi felicidad… yo había nacido carmelita…llegaba a ese cachito de cielo…Los salmos son de una hermosura incomparable como inspirados por el mismo Dios. El alma que verdaderamente se penetra de ellos, quedará muy cerca del cielo, pues cantar el ofi­cio es hacer lo que hacen los ángeles en el cielo…Mi Madrecita me prestó el oficio en espańol para que me fue­ra penetrando del sentido de sus palabras. Oí rezar vísperas. Me parecía estar en el cielo, y al fin me uní con mis hermanitas para rezar las letanías, mi primera oración en comunidad”.[572]

Parece que a todo el mundo le quiere contar de su viaje al Monasterio de Los Andes, todo para ella es su cielo, así le escribe a una amiga: “ˇQué impresión me produjo cuando vi mi conventito! Tiene un aspecto muy pobre. No parece convento sino una casa anti­gua, pero su pobreza habla muy bien a su favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo…. Estuve allí hasta las dos y media, hora en que la Madre fue a rezar Vísperas, a las que yo asistí. Me figuraba oír el canto de los ángeles en el cielo y tuve el gusto de rezar por vez primera con mis Hermanitas las letanías de la Virgen”.[573]

Al Padre Artemio Colom, S.J., le escribe que antes de pronunciarse decididamente por la vocación que debe seguir, ha querido tomar el consejo suyo; pues él la conoce desde pequeńa y necesita aún resolver algunas dudas, entre el Sagrado Corazón y las carmelitas. Además le cuenta que su mamá tuvo la gran bondad de llevarla a Los Andes, con quien tenía re­laciones por cartas desde hacía más de un ańo. La vista del Monasterio, a pesar de que lo encuentra muy pobre, le atrae favorablemente. Le escribe Juanita: “Pero más aún supe apreciar la felicidad de ser carmelita cuando hablé con la Madre Priora. Ella me expuso con sencillez la vida de la carmelita y sentí en el fondo de mi corazón que Dios me quería allí”. Después sigue: “Le diré ahora las razones que tengo para querer ser carme­lita. La es por la vida de oración que allí se vive, vida de ínti­ma unión con Dios. Nada de trato con el mundo ni de criaturas. La carmelita vive en Dios, por Dios y para Dios. Creo que la ora­ción no me cansará -así lo espero-, pues mi alma siente cada día más la necesidad más apremiante de orar, de unirse a Dios, de tal manera, Rdo. Padre, que ahora paso constantemente en oración. Lo adoro allí en el fondo de mi alma a mi Jesús, y todo lo que hago lo hago con Él y por su amor. Todos los días tengo una hora de oración por la mańana, y media hora en la tarde. Esas horas son para mí un ratito de cielo”[574]

Aún no resuelve sus dudas vocacionales, por eso ahora le vuelve a escribir al P. José Blanch diciéndole:

“Le ruego, Reverendo Padre, me haga el favor de juzgar si tengo ver­dadera vocación para carmelita, por las razones que tengo para creer que es ello la voluntad de Dios”.

25.6     MUY PRONTO DEJARÉ EL MUNDO PARA VOLAR AL CIELO.

El Carmen para mí es un cielo”.[575]

Escribe: Yo recuerdo que, desde chica, yo decía que si era monja, lo sería, pero de un convento muy austero…Nuestro Seńor me manifestó que quería fuese monja y me dijo que fuera carmelita, a quienes yo conocía solamente por la vida de Teresita del Nińo Jesús. Desde entonces no dudé fuera esa mi vocación…Ahora le diré por qué creo sea la voluntad de Dios sea carme­lita y no del Sagrado Corazón: Porque la vida de oración y de unión con Dios es lo que amo más por encontrarla la más perfecta; ya que es una vida de cielo en cierto modo, pues la carmelita no se preocupa sino de unirse con Dios, de contemplarle siempre y de cantar sus alaban­zas”.[576]

Días después vuelve a escribirle a la Madre Angélica Teresa: “Rece por el buen éxito de las misiones. Yo pasaré a los pies del Seńor. Van a ser para mí días de cielo. Cuando esté con Él le pediré mucho por Ud. y mis Hermanitas, y como estaré sola con Él, me tendrá que oír”.[577]

A su amiga Elena Sala le anuncia: Muy pronto dejaré el mundo para volar al cielo. El Carmen para mí es un cielo”.[578]

A Sor Angélica Teresa del Santísimo Sacramento: “Ay, Reverenda Madre querida, sólo creo que en el cielo se podrá saber los innumerables beneficios qué a cada instante concede Nuestro Seńor a esta nada miserable[579]

También ella quiere invitar a una amiga, la carta no dice el nombre, planteándole esta pregunta: “żDeseas mucho per­tenecer sólo a Dios y servirle en cuanto te sea posible con la ma­yor perfección?... y sigue más adelante: “En cuanto a lo que me dices te hable de las Carmelitas y.…, lo haré para otra carta, pues veo que primero está que te resuelvas a ser de Dios. Después te dirá dónde le debes servir. En todas partes puedes ser santa, con tal que observes perfectamente la Regla”.

En otro párrafo sigue: “Me dices que quieres ser la casita de Dios. Me alegro mucho por ello, pues veo por eso que lo quieres. Sor Isabel de la Trinidad decía: "Dios es el cielo y Dios está en mi alma". Luego tenemos el cielo en nuestra alma. Ahora bien, żqué se hace en el cielo? Amar, contemplar a Dios y glorificarle…Por último, en el cielo se cantan sus alabanzas y se le glorifica por sus obras; seamos, pues, como Isabel de la Trini­dad, alabanza de su gloria…Hagámoslo así también nosotras…En el cielo se hace siempre la voluntad de Dios, ya que Nuestro Se­ńor nos enseńó a decir: "Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo". [580]

Al Padre Julián Cea: “He seguido en mi vida de recogimiento, uniéndome a Dios lo más posible…uniéndome a las que le tributan los ángeles del cielo……y me uno a las alabanzas que le tributan todos en el cielo”.[581]

Creo quiere Dios sea carme­lita. Mi vida será la del cielo.

A juanita le queda un poco más de dos meses para ingresar el 7 de mayo al Monasterio del Espíritu Santo de Los Andes, en muchas de sus cartas, está la palabra “cielo”, a sus sacerdotes amigos, sus amigas, su padre.

Al Padre José Blanch: “Pasé unos días de cielo”[582], a su papa: “Sí, papacito; eso es lo que yo quiero: mostrarle el cielo para que no sucumba bajo el peso de la cruz”.[583], al padre Julián Cea; “nunca olvido de pedir que Dios lo haga un religioso según su corazón, que viva en el cielo”[584], nuevamente a su papa; “Fíjese a qué dignidad me eleva: a ser espo­sa del Rey del cielo y tierra, del Seńor de los seńores”[585], “Ya se acercan los últimos días que pasaremos juntos en la tierra. Pero seguiré viviendo en medio de todos por el pensamien­to, rogando porque todos nos encontremos reunidos en el cielo”.[586], a Elena González; “No creas que, porque he elegido ser carmelita, no crea son muy perfectas las del Sagrado Corazón. He dudado mucho entre los dos, pero por mi carácter y aptitudes creo quiere Dios sea carme­lita. Mi vida será la del cielo”.[587], al Padre Julián Cea; “Sólo me restan 20 días más o menos, y después...el Cielo”.[588], al padre Artemio Colom; “Creo será la última vez que le escriba desde el mundo. Deme su bendición de Padre que acarreará sobre su indigna hija las ben­diciones del cielo…... En su Divino Corazón nos en­contrare­mos y después, si por la misericordia de Dios me salvo, allá en el cielo nos encontraremos reunidos para cantar eterna­mente las alabanzas de Dios”.[589], Al Padre José Blanch; “tengo el consentimiento de mi papá. Sólo puedo decir: ˇBendito sea Dios! Todo ha sucedido de un modo providencial y he visto patente la voluntad de Dios; pues tal como quería ha sucedido. El 7 de marzo la Santísima Virgen y San José me abrirán las puertas de mi convento, y ese día moriré al mundo para vivir siempre escondida en Dios. ˇQué vida de cielo, Reverendo Padre, qué vida de esposa del Divino Crucifica­do!”[590] y a finalmente a su papa; “Le aseguro, me siento orgullosa de tener un padre como el que Dios me ha dado. Doy gracias mil veces al cielo de ser su hija. ˇCuánto le agradezco su generoso consentimiento”[591]

He encontrado, por fin, el cielo en la tierra.

Juanita ya está en su cielo en la tierra que es el Carmelo, ahora inicia una nueva etapa para llegar a su cielo definitivo. Quizá no haya una idea más frecuente que aquella con la que se expresa y se piensa en el imperio de Dios sobre el cielo. Muchas veces se dice que Dios habita o tiene su trono en el cielo o que es el Dios del cielo. Y cada vez que elevamos una oración, miramos hacia el cielo, pero no para pensar en su altura o en su lejanía, sino también porque al mirar hacia lo alto, se contempla su inmensidad y su belleza. Por esto el salmista puede cantar: "Los cielos narran la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos",[592] prosiguiendo a continuación con la celebración del Seńor, que en él ha puesto como principal ornamento el sol, el cual, radiante como un esposo, sale de su alcoba y como un valiente guerrero recorre los caminos del cielo desde un extremo al otro.[593]

Y la idea del cielo, en definitiva es la idea de un lugar donde ahí no nos faltará ninguna cosa, pues no habrá escasez de agua, ni de comida, ni de luz, ni de paz, ni de prosperidad y donde lo que habrá en exceso será la alegría de vivir junto al Padre. Donde Jesús da el agua viva; él es el pan del cielo,[594] él es la luz del mundo, él es nuestra paz, él es el camino, la verdad y la vida.

Juanita ha llegado al Carmelo, ahora se le abre a su llegada la perspectiva de aquel cielo nuevo que ella ha sońado tanto encontrar, de aquella tierra nueva donde ella siente que ese el mejor lugar para su etapa final de la peregrinación terrena que hemos de vivir previo a llegar a ese cielo, que entendemos como la morada de Dios.

Ella quiere ahora comenzar una vida perfecta, quiere estar siempre con la Santísima Trinidad, quiere un sitio nuevo para hacer de mejor forma una comunión de vida y de amor con su Esposo, con la Virgen María, los ángeles y gozar como los bienaventurados de un sitio un cielo en la tierra.

En el cielo estoy.

Al día siguiente de su llegada al Monasterio, ella ya quiere que los que son sus amados, partiendo por su padre, sepan de su felicidad. En su primera comunicación escribe a su papa: “Que la gracia del Espíritu Santo sea en el alma de mi querido papacito…Gracias, mil veces gracias por su generoso consentimiento. No se imagina la fe­licidad de que disfruto. He encontrado, por fin, el cielo en la tierra”.[595]

Y a su madre ese mismo día le escribe: “Bendito sea Dios. Ya estoy en mi conventito. No se imagina lo feliz que soy…Me parece que siempre me hubiera encontrado aquí…No tengo cómo agradecerle a Ud., mamacita linda, todo lo que por mí se incomodó. Sólo en el cielo comprenderá lo mucho que ruego para que Nuestro Seńor le pague tanto carińo, tanta abne­gación…Estoy en mi celdita, sola con Dios…En fin, soy feliz porque, aunque nada tengo, todo lo encuentro en Dios” …Y finaliza la carta escribiendo: “En el cielo estoy”.[596]

Y a su hermano Luis: “Mi querido Lucho: Que Jesús sea el lazo de unión de nuestras almas…Déjame, Lucho querido, hablarte de corazón a corazón. Tu hermana carmelita viene a mostrarte cuál es el móvil de nuestra vida, el fin primordial de todo hombre, de todo cristiano: "Co­nocer, amar y servir a Dios aquí en la tierra para alcanzar el cie­lo" Y sigue más adelante: “ˇOh! Si pudieras por un instante sentirte lleno de felicidad, como yo me siento. Créeme que me pregunto a cada momento si estoy en el cielo, pues me veo envuelta en una atmósfera divina de paz, de amor, de luz y alegría infinitas...[597]

Una segunda carta a su madre: “Todavía no me ocupan. Pero nuestra Madre me ha dicho que seré hortelana. Me encanta, pues podré cultivar flores para mí Todo adorado. Todo en el Carmen está impregnado de su Divina Presencia. Se le respira, por decirlo así, en todo. Me olvido de que estoy en la tierra. El Carmelo es un cielo”.[598]

A su hermana Rebeca: “Gozo verdadera­mente. Entonces es cuando te manda mi Jesús muchas gracias y regalitos que le pide tu carmelita para ti. En el Oficio, me figuro estar en el cielo. Es lo más precioso que hay”.[599]

A la Seńorita Luisa Guzmán: “Mi querida Lucha: Que Jesús sea en su alma. Mucho le agradecí su cartita, y sentí muchísimo no haberla abrazado antes de venirme, Aquí estoy en el cielo. Me parece siempre hubiera vivido, en medio de mi Madrecita y Hermanitas, a cuál de todas más santas”.[600]

A su querida amiga Elisa Valdés Ossa, con quien ha compartido ya su admiración por los escritos de Isabel de la Trinidad: “Hoy hacen ocho días que morí para el mundo para vivir escondida en el infinito Corazón de mi Jesús. Hermanita, soy feliz; pero la criatura más feliz del mundo. Estoy comenzando mi vida de cielo, de adoración, de alabanza y amor continuo”.

Ma adelante le escribe: “Mi hermanita Isabel, seamos pues carmelitas; pero en toda la extensión de la palabra…. En el cielo la ocupación de las al­mas será adorar y amar. ˇIniciemos, pues, en la tierra lo que hare­mos por una eternidad! La carmelita, tal como yo la concibo, no es sino una víctima adorante. Seamos víctimas, Isabelita querida, hostias, pero muy puras. Vivamos completamente sumidas en Dios. Yo te diré lo que hago para esto: considero mi alma como un cielo donde reside la Santísima Trinidad, a quien no puedo compenetrar ni mirar, porque la considero como un foco inmenso, infinito de luz”.[601]

En su Diario, a los ocho días de estar en el Monasterio, también escribe: “Hace ocho días que estoy en el Car­melo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera el amor divino, que hay momentos creo no voy a resistir”.[602]

A la Seńorita Herminia Valdés Ossa, nueve días después de entrar al Carmelo: Mi querida Gordita: Que Jesús sea siempre en tu alma… ˇCuán unida te tengo a mi corazón! Nuestro Seńor te habrá dicho muchas cosas por su Teresa. ˇCómo quisiera abrir­te los ojos de tu alma, para que vieras y comprendieras la felicidad de que se disfruta siendo religiosa. Créeme -sinceramente te lo digo-que no es tierra sino cielo en el Carmen el que se vive”.[603]

25.7     MORIR E IR AL CIELO A ENTONAR EL CÁNTICO DE LAS VÍRGENES.

Una nueva carta a su hermana Rebeca: “Mi hermanita muy querida en el Corazón de Jesús: Aunque sean unas cuantas líneas, te quiero escribir para con­solarte. żPor qué te encuentras tan sola? żNo estamos siempre muy unidas en el Divino Maestro? żAcaso crees que la carmelita ya no tiene corazón para querer a aquella que forma parte de su propio ser...? Siempre vas conmigo a todas partes; siempre segui­mos obrando juntas…Pidámosle juntas que te dé su divino amor, y pue­da ser que antes que la muerte nos dé la vida verdadera, podamos abrazar­nos y cantar las misericordias divinas, unidas tras estas re­jas queridas de mi Carmelo; y después morir e ir al cielo a entonar el cántico de las vírgenes, siguiendo al Cordero”. [604]

Otra carta a su madre, días después: “Cuando se ama, todo es alegría; la Cruz no pesa; el martirio no se siente; se vive más en el Cielo que en la tierra. La vida del Carmelo es de amar. Esta es nuestra ocupación”.[605]

Dios está en mi alma, y Dios cielo es.

Juanita ha pasado ya un mes en el Carmelo, y cada día refleja un mayor amor y comprensión por el cielo. Cuando buscamos comprender en el lenguaje de las Escrituras el sentido del cielo, vemos que este se une a la tierra, "En un principio creo Dios el cielo y la tierra” [606] no obstante, en los metafórico el cielo se entiende como morada de Dios, donde Dios, desde lo alto del cielo, ve y juzga, y nos atiende cuando se le suplica. La pregunta que podemos hacer es si a Dios se le identifica con el cielo, lo podemos dejar solo allí, lo podemos traer a vivir en nuestra alma o si el cielo es solo el nombre de Dios.

En una carta que escribe Teresa de los Andes a su hermano, ella quiere ratificar y afirmar a Luis su convicción de estar haciendo lo mejor, ella le escribe en un tono un poco enérgico, tanto que en uno de los párrafos le dice: “Tú dices que serás bueno por mí. Esto no te lo permito”. En el párrafo anterior, le da las razones: “Amo a Dios mil veces más que antes, porque antes no lo conocía. Él se revela y se descubre cada vez más al alma que lo busca sinceramente y que desea conocerlo para amarlo. Lucho, todo lo de la tierra me pare­ce cada vez más pequeńo, más miserable ante esa Divinidad que, cual Sol infinito, va iluminando con sus rayos mi alma miserable. Oh, si por un instante pudieras penetrarme hasta lo íntimo, me ve­rías encadenada por esa Belleza, por esa Bondad incomprensi­ble... ˇCómo quisiera atar los corazones de las criaturas y rendir­las al amor divino! Tú no reconoces el cielo que yo, por la miseri­cordia de Dios, poseo en mi corazón. Sí. En mi alma tengo un cie­lo, porque Dios está en mi alma, y Dios cielo es”.[607]

Al día siguiente, le escribe a su hermana Rebeca: “Cada día doy más gracias a Dios de encontrarme en este palo­marcito encantador, entre tantas santas. No te imaginas lo santas que son…Así pasamos la vida, hermanita querida, orando, trabajando y riéndonos. Ojalá tengas la dicha algún día de encontrarte en este cielito anticipado…Anoche, como era jueves, Nuestra Madrecita me permitió hacer Hora Santa hasta las 11,1/4. Sola con Jesús a esa hora ˇqué cielo! Entonces aproveché para meterte bien adentro de ese Corazón”[608]

A su amiga Elisa Valdés Ossa le escribe el mismo día, ella es su amiga del alma, y su palabra son siempre de carińo: “Mi Isabelita querida: Que el Espíritu Santo haya descendido al cielo de tu alma, llenándola de sus celestiales dones… żQué me cuentas de ese cielito interior?... Eli, sé carmelita cuando estés con Jesús. Y si a veces tienes tu corazón insensible que no sientes amor para Jesús, no dejes la oración, no pierdas esos momentos de cielo en que está tu alma sola con El”[609]

Así, el cielo resulta figura de la vida en Dios.

A esa idea del cielo como morada trascendente del Dios vivo, Teresa de los Andes nos ańade un lugar en la tierra, en el Monasterio y es su corazón. Así, el cielo resulta figura de la vida en Dios. Teresa de los Andes quiere transmitir esa idea en muchas de sus cartas a su familia y amigas, escritas desde su entrada al Monasterio entre junio y septiembre.

A su tía Juana Solar de Domínguez: “Qué le diré de mi vida de cielo? Cada día doy más gracias a Dios por mi vocación, que me es más hermosa cuanto más me pe­netro de ella[610]

A su hermana Lucia: Mi Lucecita tan querida: Que la gracia del Espíritu Santo sea siempre en tu alma…te quiero y que, a pesar de que vivo más en el cielo que en la tierra, no me olvido de mis hermanitos y de mi so­brinita regalona.

Quisiera expresarte mi felicidad...Quisiera hacer comprender a las almas que la Eucaris­tía es un cielo, puesto que "el cielo no es sino un sagrario sin puertas, una Eucaristía sin velos, una comunión sin términos".

Veía en su alma a la Santísima Tri­nidad. “ˇQué misterio y qué contraste: en su corazoncito, un cielo entero! Dale muchos besos de parte de su tía. La quiero tanto.”.[611]

A su madre: “ˇQué identifica­ción más grande! Somos en esos momentos otro Dios. Para mí esos momentos son cielo sin nada de destierro. żQué puedo desear ya, si todo un Dios es mío?”[612]

Amontonar tesoros en el cielo.

A su hermana Rebeca, le desea transmitir la idea de la “recompensa en los cielos” prometida por Jesús.[613] y con sutileza la invita a “amontonar tesoros en el cielo"[614]: Cómo quisiera penetrarte de estos pensamien­tos que hacen que todo desaparezca, para no tener nada ante sí, sino a Dios! Entonces, ˇqué paz, qué alegría experimentamos! Se com­prende, pues nuestro centro es El. Entonces vivimos vida de amor, vida de cielo...

Para esto, hermanita, hemos sido creadas: para alabar y amar a Dios. Todo lo demás, es nada, es vanidad…Pídele por todos, por­que nada te negará; y después, en el día, estrecha a menudo con­tra tu corazón a ese Dios, y continúa dándole gracias y suspiran­do por tu próxima comunión. Es el momento de cielo en nuestro destierro…y para esto hay que comulgar. Cuando un día nos veamos en el cielo, que por la misericordia de Dios obtendremos, me agradecerás que tanto te haya pedido comunión diaria, porque comprenderás que en ella reside el germen de la vida eterna.

Yo rezaré mucho para que así te portes. Hazlo por Dios. Ahí tienes un tesoro para comprar el cielo”.[615]

A su papa: “Pa­pacito, cuando sufra, cuando se encuentre solo, piense que su car­melita lo acompańa, y que ella tiene consigo a Jesús…algún día lo coronará en el Cielo.

Yo estoy cada vez más feliz y no me canso de darle gracias a Dios por haberme traído a este rinconcito de cielo.[616]

A Inés Salas Pereira: “Ojalá puedas alguna vez venirme a ver, para que conozcas este palomarcito que tiene su puerta sólo abierta para el cielo”.[617]

Al P. Julián Cea: “A pesar de mis deseos de escribirle desde este rinconcito de cielo, no había podido hacerlo por falta de tiempo, pues aquí se pasa éste volando”.[618]

A Herminia Valdés Ossa. “ˇCómo me apena pensar que hay tan pocas almas que saben apreciar lo que es comulgar, y más aún lo siento por mi Gordita, a quien tanto quiero! Créeme que, cuando comulgo, me siento tan feliz que me parece no estoy en la tierra sino en el cielo. Nos ama­mos con Jesús…El viene lleno de infinito amor, para unirse con Uds. enteramente y, haciéndolas muy buenas, lle­várselas un día al cielo. ˇQué bueno es Jesús, que tanto nos ama!”[619]

A Graciela Montes Larraín: “Vivimos sólo para Jesús. Y así como los ángeles en el cielo cantan incesantemente sus alabanzas, la carmelita los secunda aquí en la tierra, ya sea cerca del sagrario donde está prisionero el Dios Amor, ya en lo íntimo del cielo de su alma, donde la fe le dice que Dios mora”.[620]

Pero también escribe en su Diario, sin dejar de hablar de ese cielo que tanto ama.  “Soy de Dios ya que El me creó. Debo vivir sólo para Dios y en Dios. Al traerme Dios al claustro me atrajo a esta vida en El, ya que el claustro es antesala del cielo, y en éste sólo Dios existe para el alma”.[621]

25.8     EL CIELO ES LA POSESIÓN DE DIOS.

Adorar y amar a Dios incesantemente

Han pasado 4 meses desde que está en el Carmelo, siente que la perfección de la vida está en el acercamiento a Dios. Escribe Teresa de Jesús: “El cielo es la posesión de Dios. En el cielo a Dios se le contempla, se le adora, se le ama. Mas, para llegar al cielo es preciso desprender­se de la tierra. Y la vida de la carmelita, żqué es sino contemplar, adorar y amar a Dios incesantemente? Y ella, ansiosa de ese cielo, se aleja del mundo y trata de desprenderse, en lo posible, de todo lo terreno”.[622]

Donde más profundizamos la idea del cielo, es cuando nos adentramos en la lectura del Nuevo Testamento. Todo ello en perfecta dependencia con el misterio de Cristo. La carta a los Hebreos afirma que Jesús "penetro los cielos"[623] y sigue luego; "no penetro en un santuario hecho por mano de hombre, en una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo"[624] Entonces, sepamos comprender lo mucho que somos amados por el Padre y que seremos resucitados con Cristo y de este modo seremos ciudadanos del cielo. Sabemos que el "cielo", no es un lugar físico más allá de las nubes, es una relación viva y personal con El Padre, con El Hijo y con el Espíritu Santo.

En el Catecismo de la Iglesia Católica, se no dice que Esta vida perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella, con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama "el cielo”. El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.[625] “Vivir en el cielo es "estar con Cristo" Los elegidos viven "en Él", aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su verdadera identidad, su propio nombre”[626]

Entonces, como dice San Ambrosio: “Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la vida, allí está el reino” [627]

Y también nos dice el Catecismo: “Por su muerte y su Resurrección Jesucristo nos ha "abierto" el cielo. La vida de los bienaventurados consiste en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo, quien asocia a su glorificación celestial a aquellos que han creído en Él y que han permanecido fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a Él.[628]

A mí me parece, que sería muy arrogante afirmar que justamente esto es lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica, es lo que con tanta claridad expone Teresa de los Andes por el cielo y el cielo que ella aspira. Leyendo su Diario y sus cartas, tan emotivas y con tanta verdad, lo que ella ha escrito, creo que se lo ha revelado su permanente dialogo con su Esposo. A Teresa de los Andes, el Seńor le ha regalado un don para enseńarnos el cielo a través de todo cuanto nos ha dejado escrito, eso es admirable en una jovencita como ella. En las próximas cartas se va descubriendo esto.

A Carmen De Castro Ortúzar: ˇAh Carmen, que bueno ha sido Nuestro Seńor conmigo al traerme a esta antesala del cielo, te­niéndolo sólo a Él por mi todo!”[629]

A una amiga: żQué te podré decir de la felicidad que experimento al haber­me entregado a Él? No es ya una dicha cualquiera la que siento. Es un cielo el que poseo. He principiado esa ocupación de amar y alabar que tendremos en la eternidad”.[630]

A Graciela Montes L. y Clara Arde O: “Que Jesús me inspire. Con El vivo en mi pobre celdita que se convierte en cielo. Piensa que es Dios, el Ser único necesario, el Ser que no necesita de nadie para existir, el Ser que contiene en Sí su propia beatitud, su felicidad, etc.; y sin embargo, te busca a ti; deja a un lado a los ángeles, a millones de personas, para entrar en tu alma, para consumar en ti la unión más íntima, para con­vertirte en Dios, para alimentar en ti la vida de la gracia, con la que consigas el cielo. Viene a ti Jesús, el Esposo de tu alma, que te ha amado con amor eterno. Viene a ti tu Padre que te creó y te con­serva la vida; tu Hermano, que te ha dado su Padre del cielo y su Madre la Virgen; tu Pastor, que tantas veces te ha llamado con su gracia; tu Juez, que viene para perdonar tus pecados; tu Médico, que viene a curar las heridas de tu alma; tu Maestro, que viene a enseńarte el camino del cielo; tu Salvador, tu Amigo, tu Reden­tor que ha derramado hasta la última gota de la sangre de su co­razón; tu Amor que por ti muere, que por ti se convierte en pan…Dios es el cielo”.[631]

Para una carmelita la comunión es un cielo.

A Amelia Montt Martínez: “Soy la persona más feliz con mi vocación, y no me canso de darle gracias a Dios por haberme traído a este rinconcito de cielo. Vivo sólo para Dios. Mi única ocupación es conocerlo para más amarlo. He principiado aquí en la tierra la vida del cielo, vida in­ventada e ideada por Dios en su eternidad; vida sólo de amor y de alabanza incesante…sin que nada pueda turbar esta mirada, esta visión de su Faz adorable, que un día poseeré allá en el cielo en su plenitud”.[632]

A Clara Arde Ojeda: “Míralo con los ojos de tu alma. Contempla su hermosura. Penetra en su corazón: está lleno de amor por ti. Considera lo mucho que ha padecido por darte un cielo, un Dios en la eterni­dad”.[633]

A su hermana Rebeca: żQué sería de nosotros, si no pasara la vida así? Sobre todo sería horrible para la gente del mundo, para la cual no hay dicha cumplida: ya que para una car­melita existe el cielo en la tierra. Posee a Dios y con el Todo le basta…Al mirar mi celdita tan pobre, no puedo menos de sentirme dicho­sa de haber renunciado a todo lo superfluo por poseer a Dios. Él es mi riqueza infinita, mi beatitud, mi cielo. Amalo tú también, hermanita mía, para que seas dichosa”.[634]

A su madre: “Mamacita; Todavía me estoy riendo de lo que me ha dicho nuestra Ma­drecita se corre en el mundo de esta pobre carmelita. żPor qué quieren turbar, mamacita, su felicidad, diciéndole que estoy triste, que lloro, etc.? Cuán bien veo que los que inventan semejante mentira no conocen lo que es vivir en el cielo del Carmelo…Soy feliz y jamás dejaré de serlo, porque perte­nezco a mi Dios. En El encuentro a cada momento mi cielo y un amor eterno e inmutable. Nada más deseo que a Él”[635]

A su amiga Elisa: “Ya más de 6 meses en el Carmen, Isabelita. 6 meses de cielo que no han sido turbados por nada de lo de la tierra”.[636]

A su Padre: “El 14 (noviembre) me vio realizar mis deseos tomando mi hábito tan que­rido. Soy cada vez más feliz con él, y no me canso de darle gracias a Dios de haberme dado el cielo anticipado; y a Ud. nunca me cansaré de agradecérselo…Nada puede turbar su paz, su dicha, porque lleva al que es la fuente de la paz. Con Dios, mi papacito, es con quien vivo en un cielo ya aquí en la tierra”.[637]

A Amelia y Luisa Vial E.: “! Para una carmelita la comunión es un cielo”[638]

A su hermana Rebeca: “żPor qué no amar a ese Dios que, no necesitando de nosotras, nos ama, nos mira y siempre nos prodiga sus bienes? Vivir de amor, vivir en el cielo, en Dios. Esta es la única dicha del alma de tu carmelita”.[639]

A su prima Ana Ruker Solar: “Quisiera seguir, pero luego tocarán a maitines. Saluda a tu mamá y a todos. Y tú recibe, querida Anita, desde esta mi pobre celdita, un carińoso abrazo de tu prima carmelita que vive más en un cielo que en la tierra”.[640]

Una reflexión final, de este pequeńo estudio de nuestra hermana Teresa de los Andes, que descubrió su cielo en la Tierra y conquisto su cielo en el cielo, es esta enseńanza de San Pablo a los filipenses; [641] "Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como salvador al Seńor Jesucristo, el cual transfigurara este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a si todas las cosas”.

Teresa de Jesús de Los Andes, fue una joven de virtudes y fue traslada de la tierra al cielo por el amor perfecto que por el mismo cielo profeso. Ciertamente, cada uno recibe de Dios en su alma inmortal, en relación con su fe y sus obras. Esta retribución consiste en el acceso a la felicidad del cielo, para vivir por siempre un estado de felicidad suprema y definitiva. Juanita ha partido al cielo en gracia de Dios y por allí se ha reunido con Jesús, María, los ángeles y a los santos.

Transformada luego en Teresa de Los Andes, partió muy joven a las bodas eternas del cielo, y es así, como podemos reflexionar el por qué a través de la lectura del sabio: “las almas de los justos están en las manos de Dios…ellos están en la paz…recibirán largos beneficios. pues Dios los sometió a prueba y los halló dignos de sí…viven eternamente; en el Seńor está su recompensa, y su cuidado a cargo del Altísimo…Recibirán por eso de mano del Seńor la corona real del honor y la diadema de la hermosura”. [642]

 

 

 


 

26     LA VOCACION DE SER RELIGIOSA Y EL CAMINO ESPIRITUAL

“Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado” (Jer 1,4)

26.1     LA LLAMADA A PARTICIPAR DE LA VOCACIÓN RELIGIOSA ES INVITACIÓN ATRACTIVA

Recuerdo que tenía yo unos 12 ańos (1962) cuando cursando el primer ańo de humanidades nos invitaron en el colegio a un Retiro Espiritual. Entre los compańeros de curso, todos varones, corría fuerte la voz que esta actividad era para invitarnos a ir al Seminario. Y así fue, luego de tres días de retiro, el sacerdote nos hizo la tan esperada pregunta, quien quiere prepararse para ir al seminario.  No recuerdo bien, pero éramos unos 25 jóvenes, de una edad similar. Uno de ellos, ese día salió llorando y corriendo para su casa, los demás, nos mirábamos unos a otros y comenzaron a levantar las manos al menos la mitad de los que estábamos.

Eran otros tiempos, conocí a algunos papas que deseaban que algunos de sus hijos tuvieran vocación religiosa. Hoy, en mis catequesis he realizado la consulta a los padres y nadie se atreve a decir algo.

Ciertamente hoy observamos un cierto pesimismo, y no conocemos de muchas vocaciones para el sacerdocio y la vida religiosa consagrada. Y las que hay, son ya personas mayores de edad o no muy adolescente.

La vocación es una llamada y una gracia, y por mucho que a veces intentemos nosotros infundirla en alguien, no está en nuestras manos que nazca. La iniciativa es de Dios. El mismo Jesús nos lo dice; “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros”[643]

Pero lo que es cierto, es que la vocación es un camino que se reconoce junto con la maduración de nuestra fe, y este reconocimiento lo hacemos en un dialogo íntimo y personal con Dios, donde él nos revela que nos tiene un proyecto de vida y a nosotros nos corresponde dar a este plan de vida una respuesta.

Con todo, este plan de Dios se nos presenta de modo de hacer frente al llamado, una libre elección. En efecto, todos estamos llamados a la santidad y a la vida eterna, y lo podemos hacer dentro del matrimonio o la vida consagrada, en ambas situaciones, podemos caminar a una vida de perfección. Lo que debemos tener en cuenta, que siendo esta una iniciativa de Dios exige una entrega total a la vocación que ha sido convocada.

En el caso de nuestra santa carmelita, ella con mucha generosidad asumió el llamado que sintió en su corazón. Tal así, que después haber puesto la mano en el arado, nunca volvió los ojos atrás[644] ni tampoco puso al Seńor condiciones como aquel que nos recuerda el Evangelio[645] y esto porque Dios quiere la entrega total. Quiere nuestro corazón absoluto e indiviso.

La vocación Teresa de Los Andes

Relata Teresa que estando enferma (Ańo 1913) y con los ojos llenos de lágrimas se fijó en un cuadro del Sagrado Corazón y sintió una voz muy dulce que le decía que Jesús la quería para Él y que fuese Carmelita.[646]. Después (2 de septiembre 1915) sintiéndose enferma, se encomienda a Teresa de Lisieux para que se sane y pueda ser Carmelita.[647] Entonces estimamos que ella a los 14 ańos, decidió consagrarse a Dios como religiosa carmelita. 5 ańos más tarde ingresó al "Monasterio del Espíritu Santo de las Carmelitas Descalzas de Los Andes", en la diócesis de San Felipe de Aconcagua (V Región de Valparaíso), el 7 de mayo de 1919. El 14 de octubre hizo su primera profesión, tomó el hábito y recibió el nombre de Teresa de Jesús. En las notas que he seleccionado para este artículo, podemos darnos cuenta a través de su Diario, como se fue gestando y como llego a cumplir su deseo vocacional de ser carmelita.

Vocación y deseo de ser carmelita

Escribe en su primera nota del Diario;

“Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.[648]

“En 1913 tuve una fiebre espantosa. En este tiempo, Nuestro Seńor me llamaba para Sí; pero yo no hacía caso de su voz. Y en­tonces, el ańo pasado me envió apendicitis, lo que me hizo oír su voz querida que me llamaba para hacerme esposa más tarde en el Carmelo”.[649]

“El porvenir no se me ha revelado; pero Jesús me ha descorri­do la cortina y he divisado las hermosas playas del Carmelo”.[650]

“Hoy cumplo 15 ańos. (Julio 13, 1915) ˇQuince ańos! …Cuántas veces no le he pedido a Dios que me lleve de este mundo, y El casi ha accedido a mis súplicas y me ha mandado enfermedades de las cuales creían que no salvaba. Pero Jesús me ha enseńado que no debo pedir esto y me ha puesto como término de mi viaje nueve ańos más en el bendito puerto del Carmelo”.[651]

En el internado.

En el semestre, mi mamá nos comunicó que entraríamos in­ternas. Y a pesar de mi pena, no pude menos de agradecérselo a Nuestro Seńor, que me preparaba el camino para estar más aparta­da de las cosas del mundo y me llamaba a vivir junto a Él para que estuviera más acostumbrada a vivir separada de mi familia antes de entrar en el Carmelo. Lo que sufrí se puede ver por las líneas que escribía todos los días al acostarme, que son una especie de Diario”. (Mi vocación: 1915-1918)[652]

Entrevista decisiva. Domingo 12 de septiembre de 1915.

“Tengo mucho que contar, y sobre todo darle muchas gracias…También le dije que yo deseaba entrar al Carmelo. Y ella me preguntó: żY la salud? żPodrá resistir? ˇAy; no me acuerdo de este cuerpo miserable! Quisiera volar y él no puede. ˇCuánto te aborrezco, vaso de corrupción que te opones a los deseos de mi alma! Eres delicado. Te hacen mal las austeridades, y necesitas que te regaloneen. Pero mi Jesús hará lo que quiera. Cúmplase en toda su santa voluntad”.[653]

Cumpleańos julio 13 de 1917.

“Hoy cumplí diecisiete ańos; un ańo menos de vida. Un ańo menos en distancia de la muerte, de la unión eterna con Dios. Un ańo sólo para arribar al puerto del Carmelo. ˇOh Car­men! żCuándo me abrirás tus puertas sagradas? Cuántas gracias me ha concedido el Seńor y cuán mal le pago. Mi Jesús, perdó­name mis ingratitudes”.[654]

Nuevas notas. 3 de abril de 1919.

“Hace tiempo que no escribía mi Diario, cuyas hojas muy pronto voy a entregar al fuego. Es preciso que, cuando me encierre en el Carmelo, mueran todos estos recuerdos del destie­rro, para no vivir sino la vida escondida en Cristo”.[655]

En el Carmelo. 14 de mayo de 1919.

“Hace ocho días que estoy en el Car­melo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera el amor divino, que hay momentos creo no voy a resistir. Quiero ser hostia pura, sacrifi­carme en todo continuamente por los sacerdotes y peca­dores. Hice mi sacrificio sin lágrimas. Qué fortaleza me dio Dios en esos momentos. Cómo sentía despedazarse mi corazón al sen­tir los sollozos de mi madre y hermanos. Pero tenía a Dios y El sólo me bastaba”.[656]

Retiro del Espíritu Santo.[657]

Para llegar a vivir en Dios, con Dios y para Dios que es el ideal de una carmelita y de una Teresa de Jesús y de una hostia entiendo son necesarias cuatro cosas:

1Ş Silencio, tanto interior; como exterior. Silencio en todo mí ser. Evitar toda palabra inú­til.

2Ş No hablar de mí misma. Y, si es necesario hacerlo para di­verter a las demás, ponerlo en tercera persona. Jamás hablar de la familia.

3Ş Negación absoluta de la carne. No buscar para nada el gusto e inclinación, para tener más fácil trato con Dios.

4Ş Ver en todas las criaturas a Dios, ya que todo se encuentra en su inmensi­dad. Leeré todos los días y me examinaré en estos puntos.

Por fin el Carmelo, “He sentido mucho amor divino”

Ha llegado el día y la hora tan esperada, Juanita deja el mundo exterior para ingresar al mundo espiritual. Es el 7 de mayo de 1919, pronto cumplirá los 19 ańos, y por fin ingresa al Monasterio del Espíritu Santo: Siete días más tarde escribe su primera nota en su Diario:

“14 de mayo de 1919. Hace ocho días que estoy en el Carmelo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera el amor divino, que hay momentos creo no voy a resistir. [658] y en la misma nota más adelante sigue: “He sentido mucho amor divino. En la oración sentí que el Sdo. Corazón se unía a mí. Y su amor era tanto que sentía todo mi cuerpo abrasado en ese amor y estaba sin sentir mi cuerpo”.[659]

Desde ahora, ya no será Juanita, es Teresa de Jesús, ha elegido el nombre de la Santa Madre fundadora del Carmelo Descalzo, Santa Teresa de Jesús.

Es el tiempo del cual ya había hablado la Santa Madre Teresa de Jesús con: “tanta suavidad; que se ve muy bien es tolerable y se puede llevar con descanso, y el gran aparejo (muchos medios) que hay para vivir siempre en él las que a solas quisieren gozar de su esposo Cristo, que esto es siempre lo que han de pretender, y solas con él solo”[660], determinada a hacer en todo la voluntad de su Esposo de todas cuantas maneras ella viere que le ha de dar contento”[661] , donde el alma ya queda herida del amor del Esposo y procura más lugar para estar sola y quitar todo lo que puede, conforme a su estado, que la puede estorbar de esta soledad. Está tan esculpida en el alma aquella vista, que todo su deseo es tornarla a gozar. Ya he dicho que en esta oración no se ve nada que se pueda decir ver, ni con la imaginación; digo vista, por la comparación que puse. Ya el alma bien determinada queda a no tomar otro Esposo; más el Esposo no mira a los grandes deseos que tiene de que se haga ya el desposorio, que aún quiere que lo desee más y que le cueste algo, bien que es el mayor de los bienes. Y aunque todo es poco para grandísima ganancia”.[662] Y más adelante agrega que “Lo que os importa que no quede por vosotras el celebrar vuestro Esposo este espiritual matrimonio con vuestras almas, pues trae tantos bienes consigo como veréis”.[663] Donde “el alma bebiendo del vino de esta bodega, adonde la ha traído su Esposo y no la deja salir”[664]

 

 

 

 


 

27     MONJA CARMELITA

27.1     MONJA DE CLAUSURA.

Las monjas de clausura, como es el caso de las carmelitas, llevan una vida qué a diferencia de otras religiosas, puede considerarse más dura y austera. Ambas vidas, externas o de clausura, son vida de personas orantes, pero en el caso de la clausura, hay más dedicación a la contemplación y el recogimiento. Cada monasterio vive la clausura acomodada a su carácter propio y a las constituciones de la propia congregación.

La vida de las religiosas de la clausura como es el caso de las carmelitas descalzas siempre implica una separación del mundo, y este modo de vida sirve para facilitar el recogimiento demandado por la espiritualidad Teresiana-Sanjuanista, de los santos padres del Carmelo. En efecto, esta separación o aislamiento tiene la finalidad de mantener un clima de recogimiento, silencio, oración y otros recursos moderados para la búsqueda de la unión mística con Dios. Con todo, esto de alejarse físicamente del mundo, tiene además como propósito estar íntimamente unidos a la humanidad y a sus necesidades a través de sus oraciones ofrecidas como intercesión. Uno de los ejemplos, es la de la joven santa carmelita, Santa Teresita del Nińo Jesús que a pesar de que nunca salió de su convento en Lisieux, Francia, es considerada como patrona de las Misiones.

Me gustan las Carmelitas.

Teresa asiste a un retiro en agosto de 2017[665], en esa actividad comienza en ella a fraguarse la idea de entrar al Carmelo, aunque aún ella no conoce ningún monasterio de carmelitas. Escribe Teresa; “Hoy entro a retiro. Oigo la voz de mi Jesús que me dice "vamos a la soledad". "La llevaré a la soledad y allí le hablaré a su corazón". Me retiro con Él en lo íntimo de mi alma.[666] Pero ella tenía una amiga, Graciela Montes Larraín, a quien llamaba Chelita,[667] que tenía una hermana carmelita descalza en el monasterio de los Andes y a través de Chelita comenzará una amistosa correspondencia con la Priora del Monasterio, Madre Angélica Teresa.[668]

Escribe en su Diario el 23 de agosto de 1917:[669]

“Jesús me dijo que obedeciera a mi confesor. Que me pusiera en sus divinas manos; que no me inquietara en nada, pues ya Él me dijo de dónde sería.

Examiné lo que me llevaba al Carmen y por lo principal es porque allá viviré ya como en el Cielo, pues ya no me separaré de Dios ni un instante. Le alabaré y cantaré sus misericordias constantemente, sin mezclarme para nada con el mundo. Por otra parte, los rigores de la penitencia me atraen, pues siento deseos de martirizar mi cuerpo, despedazarlo con los azotes, no dándole en nada gusto para reparar las veces que le di a él gusto y se lo negué a mi alma.

Me gustan las Carmelitas porque son tan sencillas, tan alegres, y Jesús debió ser así. Pero vi también que la vida de la carmelita consiste en sufrir, en amar y rezar. Cuando los consuelos de la oración me sean negados, żqué será de mí? Temblé. Mas Jesús me dijo: "żCrees que te abandonaré?"

Jesús le dice lo que le espera en el Carmelo.

Escribe en su Diario el 30 octubre de 1917.[670]

“He servido como Hermana todo el día. He gozado, pues me figuraba servir a Jesús. Hablé hoy bastante con Jesús. Me hizo ver la necesidad que tiene la carmelita de vivir siempre al pie de la Cruz, para aprender allí a amar y sufrir. Sufrir de tres maneras:

1° La carmelita ha de mortificar su carne a ejemplo de Jesús agonizante.

2° Mortificar su voluntad, negándose todos los gustos y sometiendo su voluntad a Dios y al prójimo.

3° El sufrimiento del espíritu, del abandono de nuestro Jesús en la oración, en las luchas del alma, etc. Como Jesús que dijo en la cruz: "Dios mío, żpor qué me habéis abandonado?". La vida de la carmelita no es otra cosa: amar, llegar a la unión más perfecta con Dios, e inmolarse y sacrificarse en todo, ya que el sacrificio es la oblación del amor.

Qué es ser carmelita.

Le escribe el 14 de mayo de 1919, una carta a Elisa Valdés Ossa desde el Monasterio de Espíritu Santo.[671] Le escribe contando que es feliz que está comenzando su vida de cielo. “Mi hermanita Isabel, seamos pues carmelitas; pero en toda la extensión de la palabra”. Y pide que sea en el mundo una “víctima adorante”. Vivir completamente sumidas en Dios. Vivir siempre muy alegres. Dios es alegría infinita. Teresa a su amiga Elisa la llama por el nombre de Isabel, por Santa Isabel de la Trinidad, a quien leyó y conoció por sus cartas, y ella le dice a su amiga; “seamos, pues, como Isabel de la Trinidad, alabanza de su gloria”. Teresa escribió en su Diario “Estoy leyendo Isabel de la Santísima Trinidad. Me encanta. Su alma es parecida a la mía”. [672]

Escribe Teresa a Elisa Valdés lo siguiente:

“Que Jesús sea el confidente de mi hermanita Isabel: "Magníficat anima mea Dominum" [Engrandece mi alma al Seńor]. Estas son las únicas palabras que brotan de mi corazón al ponerlo en contacto con el tuyo, mi hermanita querida. En este momento siento mi alma desbordante de gratitud para con Dios. żCon qué le pagaré, hermanita mía?”

“Hoy hace ocho días que morí para el mundo para vivir escondida en el infinito Corazón de mi Jesús. Hermanita, soy feliz; pero la criatura más feliz del mundo. Estoy comenzando mi vida de cielo, de adoración, de alabanza y amor continuo. Me parece que estoy ya en la eternidad, porque el tiempo no se siente aquí en el Carmen. Estamos sumergidas en el seno del Dios Inmutable. Mi Isabelita querida, quiera Dios concederte algún día el ser carmelita. Por mucho que idealices este nombre, sólo será tu pensamiento una vaga sombra de lo que es realmente. Yo así lo he palpado. Hermanita querida, lo único que me pregunto: żpor qué a mí que soy tan perversa y miserable, me ha elegido para estar tan unida a Él, mientras a ti te deja en el mundo siendo mejor que está tu infeliz hermana? Isabel, el amor de Dios es infinito y, por lo tanto, incomprensible. Anonadémonos ante sus inescrutables designios”.

Me dices te diga mi opinión acerca de tu vocación. Me río al ver a quién se lo preguntas. żQué confianza, hermanita mía, puedes tener en mí? Pero en fin, ya que me lo preguntas, te diré que yo creo que, por ahora, tu misión está en el seno de los tuyos, cerca de tu papá. Puedes ser, entretanto, carmelita en el mundo. Dios quiere lo seas. Él te dará la fuerza y gracia que necesitas para serlo. Que, en ese desierto de amor, Jesús encuentre un oasis en su Isabelita. Que en esas tinieblas del mundo, encuentre el foco de amor de tu corazón puro. ˇQué grande es tu misión, hermanita! Pero también es una misión de lucha continua. Abrázate con toda tu alma a la cruz que tu divino Esposo pone sobre tus hombros. Te considera fuerte, varonil, ya que te la da -y bien pesada por cierto-, pero es porque te ama infinitamente. Agradécele tanto bien.[673]

"Has escogido la mejor parte"

Y continúa Teresa en la misma carta:

“Mi hermanita Isabel, seamos pues carmelitas; pero en toda la extensión de la palabra. Es la vocación más grande, ya que nuestro divino Maestro se lo dijo a Magdalena: "Has escogido la mejor parte". La Santísima Virgen fue una perfecta carmelita. Nuestro Seńor 30 ańos de su vida pasó en la vida del recogimiento y oración; sólo 3 los empleó en evangelizar. En el Smo. Sacramento continúa en esa oración no interrumpida. En el cielo la ocupación de las almas será adorar y amar. ˇIniciemos, pues, en la tierra lo que haremos por una eternidad!

La carmelita, tal como yo la concibo, no es sino una víctima adorante. Seamos víctimas, Isabelita querida, hostias, pero muy puras. Vivamos completamente sumidas en Dios. Yo te diré lo que hago para esto: considero mi alma como un cielo donde reside la Santísima Trinidad, a quien no puedo compenetrar ni mirar, porque la considero como un foco inmenso, infinito de luz. Muy cerca del centro de ese foco me represento a la Santísima Virgen inundada de luz y de amor. Cerca de la Santísima Virgen, a mi Padre S. José, y después a todos los ángeles y santos, cada uno en su lugar correspondiente. Y más abajo, la última, me veo yo como un punto negro en esa aureola y torrente de luz. Allí vivo contemplando y adorando a ese Ser perfectísimo. La cuestión es no interrumpir interiormente esa alabanza de gloria. Aunque estemos ocupadas exteriormente, guardemos silencio interior, es decir, no admitir ningún pensamiento ajeno a esa adoración, rechazar aún aquellos que sean de nuestra propia persona, porque podríamos tener pensamientos de vanidad o cualquiera otro que nos inquietara. Vivamos siempre en presencia de Dios rechazando el pensamiento de las criaturas. Cuando tengamos que tratarlas, miremos en ellas a Dios y tratémoslas con deferencia y considerándonos nosotras como esclavas de ellas; posponiéndonos a ellas, sacrificándonos por ellas. No tengamos, Isabelita, otro deseo que él [de] glorificar a Dios cumpliendo en todo momento su divina voluntad. Pensemos con alegría en cada momento que la estamos cumpliendo y adoremos esa divina voluntad. Que nuestras obras sean hechas como que Dios nos las examina. Así obraremos con perfección. Y hacerlo todo como tú me recomiendas: por amor. Y siempre con la intención de cumplir la voluntad de Dios y no porque nos vean las criaturas. Para vivir en esta continua oración es necesaria la mortificación de la carne, ya que, al preocuparnos de nuestras comodidades, desatendemos nuestra alma. Pero como no se nos permite mucha penitencia, mortifiquemos nuestros sentidos, de modo que, cuando deseemos mirar algo para satisfacer nuestra curiosidad, no lo hagamos. Lo mismo de los otros sentidos, en particular el gusto: no comer nada a deshora. Cuando comamos, no recrearnos y complacernos en aquello que nos agrada; comerlo ligero, sin tomarle el gusto o demorarnos harto para ir en contra del apetito”.

Vivir siempre muy alegres.

Teresa ha sentido el amor divino, y ese amor le hace tener una vida muy alegre, y siguiendo con la misma carta ella escribe:

“Vivir siempre muy alegres. Dios es alegría infinita. Ser muy indulgentes para los demás y con nosotras mismas muy estrictas. El otro día dijeron a este respecto un pensamiento que me gustó mucho: "ser topo para con el prójimo y lince para consigo misma"; es decir, no ver los defectos ajenos sino los nuestros.

Mi Isabelita querida, es esto lo que Dios me ha inspirado y, como nuestras almas están muy unidas, te lo participo a ti. Tú puedes hacer todo esto en el mundo perfectamente. No dejes ningún día tu oración, aunque sea sólo por la mańana cuando vayas a misa, no importa que no sea la hora entera. Tu intención particular ha de ser los sacerdotes y los pecadores. Lee el Camino de Perfección de Nuestra Santa Madre, aunque sea una página. Para otra vez te mandaré mi reglamento. Dile a la Rebeca te presté la carta que le escribí a ella; van varios detalles que te gustará saber. Estoy rezando una novena a S. José por tu papá; únete a mí. Mi Madrecita te ha tomado mucho carińo y siempre me habla de ti y de los tuyos. Su Reverencia reza mucho por tu papá y por Isabel de la Trinidad. Me ha permitido también que te escriba con alguna frecuencia; así pues, apróntate a recibir mis sermones que tú no necesitas y que yo estoy muy lejos de practicar. Confiemos en Dios. El hará la obra de nuestra santificación.

Únete a mí a las 11 am hasta un cuarto para las 12 am. Y a las 5 hasta un cuarto para las 7 pm. A esas horas estoy en oración en el coro. Haré lo que me dices respecto a la Hermanita. A Dios. Reza por mí. Soy cada vez más miseria e ingratitud: un verdadero monstruo, hermanita mía. Te tengo en mi corazón con N. Seńor. Tú indigna s. En HMJT. Teresa de Jesús. Carmelita. Pidámosle a la Santísima Virgen nos dé recogimiento”

Identidad de la carmelita.

Carta a Graciela Montes Larraín, septiembre 14 de 1919.[674] Aquí Teresa escribe sobre lo feliz que es ser carmelita, ella ama su vocación y solo quiere vivir para Jesús. Los párrafos siguientes, corresponde a esa carta. Los subtítulos, lo he puesto para separar los temas.

Que el Espíritu Santo sea en tu alma, mi hermanita tan querida:

“Te participaré que la votación para mi toma de hábito se efectuó el día de la Natividad, y por la misericordia de Dios fui aceptada por mis hermanitas. No te diré mi sorpresa y susto cuando me manda llamar nuestra Madrecita a la sala de capítulo para decirme el resultado. Estaban todas mis hermanitas, y nuestra Madrecita en el medio con su capa de coro. Se me figuró que iba a ser sentenciada. Cuando oigo lo contrario, no supe lo que [me] pasó. Después de abrazar a todas, se acabó la ceremonia, y todas principiaron a embromar, con lo que se me pasó el acholo. Créeme que me encanta esa confianza, carińo y expansión.

Consigue que te traigan para mi toma de hábito, pues me encantaría verte. Sobre todo, para que presenciaras la felicidad de ser carmelita, la cual para mí toma mayores proporciones. Si antes consideraba mi vocación por encima de todas, hoy día la aprecio el doble más; pues he visto y me he cerciorado que el ideal de santidad de una carmelita es mayor que el de otra cualquiera religiosa”.

Vivimos sólo para Jesús.

“Vivimos sólo para Jesús. Y así como los ángeles en el cielo cantan incesantemente sus alabanzas, la carmelita los secunda aquí en la tierra, ya sea cerca del sagrario donde está prisionero el Dios. Amor, ya en lo íntimo del cielo de su alma, donde la fe le dice que Dios mora. La vocación nuestra tiene por objeto el amor, que es lo más grande que posee el corazón del hombre. Ese amor reside dentro de su alma desde el día en que puso Jesús en ella el germen de la vocación. Es una hoguera donde el alma se consume y se funde con su Dios. Esa hoguera no deja nada a su paso. Todo lo hace desaparecer, aun las criaturas, para irse a unir al fuego infinito del amor que es Dios. Por eso busca la soledad para que nada le impida la unión con Aquel por quien todo lo deja. Un alma cuando ama verdaderamente -aún se ve esto en los carińos humanos- no quiere estar sino con la persona amada, mirarla siempre, expresar aquello que pasa en los corazones y estrecharse más y más. Por eso es que nosotras, amando a Jesús con toda nuestra alma, sólo deseamos contemplarlo y hablarle a solas para cambiar sus ideas y sentimientos divinos por los nuestros miserables.

ˇQué cosa más rica es para el alma que ama pasar la vida junto al Sagrario! El, prisionero por su amor, y ella también. Nada los separa. Ninguna preocupación. Sólo deben amarse y perderse la criatura en su Bien infinito. Él le abre su Corazón, y allí la hace vivir olvidada de todo lo del mundo, porque le revela sus encantos infinitos, a la vista de los cuales todo lo demás es vanidad. El la estrecha y la une a sí. Y el alma, perdida y enloquecida ante la ternura de todo un Dios, desprecia las criaturas, y sólo quiere vivir sola con el Amor. Ay hermanita querida, dichosas nosotras que hemos sido elegidas para ser las esposas predilectas de Jesús, sin las cuales Él no puede pasar, pues encuentra en ellas un amor verdadero, ya que la carmelita le hace la más completa donación de todo. Ella le consagra su inteligencia despreciando las ciencias humanas; su memoria, olvidando todo lo del mundo; su familia, etc. Su voluntad la depone completamente, pues ella no tiene autoridad sobre nadie y hasta para tomar un alfiler tiene que pedir licencia. Su corazón se lo consagra enteramente, desposeyéndose de todo por la pobreza más completa y negándose la más mínima comodidad. Por fin, su cuerpo se lo ofrece en sacrificio, sometiéndose a las más rudas penitencias. żQué queda de ella? La nada, y aún su nada la sepulta en silencio dentro del Corazón adorable de su Dios. Allí, como la Magdalena, oye de Jesús que ha escogido la mejor parte, la de amar lo único necesario. Nadie la saca de allí. Ella comprende que al contacto de Jesús se diviniza; por eso se sumerge en El para transformarse en El, y, a medida que se engolfa en Jesús, va descubriendo en El tesoros infinitos de amor y de bondad; va reconociendo poco a poco al Verbo humanado. Entonces es cuando comprende más que nunca la obra redentora del Salvador, el valor de esa Sangre divina, y, consumida por el amor, siente sed. Sí, sed de la sangre de su Dios, derramada por las almas pecadoras. Ir en pos de ellas para salvarlas no puede. Está ciega si se aparta del foco de la Luz que es el Verbo. Entonces, como ya no forma con Jesús sino una sola persona y una sola voluntad, dice que tiene sed de su sangre y Él no puede menos que sentir lo mismo y, echando a raudales su Sangre sobre las almas, las salva”.

Un alma unida e identificada con Jesús lo puede todo.

“Un alma unida e identificada con Jesús lo puede todo. Y me parece que sólo por la oración se puede alcanzar esto. Aunque otros digan que por el apostolado y la oración se salvan las almas, yo creo que es mucho más difícil, pues esto necesita una gran unión con el Redentor; pues salvar almas no es otra cosa que darles a Jesús, y el que no lo posee, no puede dar nada. Por lo general las almas en la vida activa llegan más difícilmente a unirse enteramente [a Dios], ya que las cosas exteriores y el trato constante con el mundo la hacen distraerse y apartarse de Jesús. Además me parece puede mezclarse el amor propio cuando se palpan los triunfos, peligro que la Carmelita no tiene, ya que ignora el número de almas que salva por la oración y sacrificio. Y quizás desde su celda conquista, al par que los misioneros, millones de infieles que se encuentran en los confines del mundo.

ˇQué hermosa es nuestra vocación, querida hermanita! Somos redentoras de almas en unión con nuestro Salvador. Somos las hostias donde Jesús mora. En ellas vive, ora y sufre por el mundo pecador. żNo fue ésta la vida de la más perfecta de las criaturas, la Santísima Virgen? Ella llevó al Verbo en el silencio. Ella siempre oró y sufrió. żNo fue esta vida de oración y sacrificio la que poseyó Jesús por espacio de 30 ańos? Sólo tres ańos los empleó en predicación. żNo es ésta la vida de Jesús en el Sagrario? Ah, hermanita querida, es sin duda que hemos escogido la mejor parte, ya que la carmelita sólo trata con Dios. Pídele a Él te traiga muy pronto. Ven luego a perderte entre sus brazos divinos. Ven luego para que Jesús encuentre una hostia más que presentar a su Eterno Padre por las almas. Que nada te haga vacilar. Míralo a Él. Te espera lleno de amor infinito y te va a hacer su esposa. Quiere efectuar contigo la unión más íntima. Él te va a hacer divina, compenetrándose contigo. Vas a vivir en la dulzura infinita en Jesús, en la pureza, en la santidad, en la bondad, en el amor de un Dios”.

ˇOh, si supieras las ternuras que encierra su adorable Corazón! Es Dios.

“ˇOh, si supieras las ternuras que encierra su adorable Corazón! Es Dios, y se acerca a sus nadas criminales, a esas criaturas que un tiempo atrás sólo sabían ofenderlo, y que todavía sólo le corresponden ingratamente. żCómo no amarlo hasta el delirio, cómo no despreciarlo todo ante el espectáculo de sus encantos y bellezas infinitas? El reúne todas las bellezas de las criaturas, tanto las físicas como las intelectuales y las bellezas del corazón elevadas a un grado infinito. żQué se puede buscar que no esté en Jesús?

Por Dios, cuánto me he extendido; pero perdóname, hermanita. Cuando hablo de mi vocación de carmelita y de Jesús, no puedo detenerme. Sin embargo, hay frases y expresiones del alma que no se pueden escribir. Perdóname, pero creo te gustará, pues yo creo que a ti te pasará lo mismo. Escríbeme largo y con confianza. Acuérdate que somos hermanas”. [675]

Pensaba que ya soy sólo de Jesús y que El sólo me basta.

Para finalizar este libro, dejo para la lectura una última carta, donde ella nos reflexiona su felicidad en su vocación carmelita, en ella está su tranquilidad, pues en Dios está su satisfacción de su alma, y ella desea ser carmelita, solo para Jesús, cueste lo que cueste, aunque que pasar por el fuego, lo haría. [676]

“Hoy, 14 de septiembre- principian los ayunos de la Orden y fue la renovación de los votos. Como postulante, no pude estar en el coro; pero nuestra Madrecita me permitió estar en la puerta oyendo, y después la Madre Sub Priora me entró y me puso detrás de la cortina; así es que pude oír la renovación y cantar después él Te Deum. Te estoy escribiendo a la 1 pm. hora en que hay que hacer siesta; pero, como me levanté un poco más tarde, me dieron licencia para conversar con mi hermanita.

ˇQué pena me dio esta mańana no poder renovar los votos! Sin embargo, pensaba que ya soy sólo de Jesús y que El sólo me basta. ˇQué feliz se siente el alma cuando se ve libre de todo lo del mundo y de las criaturas! Esta felicidad se compra al precio de la sangre del corazón; pues no te niego que el romper los lazos de la familia cuesta mucho. Sin embargo, créeme que, si posible fuera volver atrás y tuviera de nuevo que hacer el sacrificio, creo que, aunque tuviera que pasar por el fuego, lo haría, pues nada son los sacrificios efectuados con la dicha de ser carmelita. Por eso quiero prevenirte para la lucha que tienes que sostener en contra de lo que te pide la naturaleza y el corazón. Créeme que, para llegar a este cielito, hay que dejar a un lado lo que se siente y seguir el impulso de la fe. Reflexiona así: yo tengo vocación para carmelita; en serlo está mi felicidad, pues sólo en Dios se encuentra la satisfacción de mi alma; así pues, quiero ser carmelita, quiero ser sola para Ti, Jesús, cueste lo que costare .Así el alma, fortalecida, no sucumbirá cuando la vida de familia, las comodidades del mundo se le presenten; cuando todas las personas insistan en que te vas a enterrar viva y tan chiquilla; cuando te digan que esperes un poco más; que examines si tienes verdadera vocación, conociendo el mundo, etc.; cuando, en fin, el demonio te pinta las horribles austeridades del Carmen y la falta de salud, todo le dice a uno no te vayas; pero, si existe en esa alma amor, nada la detendrá. Jesús la espera, quiere poseerla por completo, quiere encontrar en ella su descanso y su consuelo, haciéndola hostia. Créeme, hermanita, que ahora me río de ver todo lo que el demonio me presentó antes de venirme. Hasta hacerme dudar que tenía vocación de carmelita, cuando toda mi vida no deseé otra cosa. Pero, gracias a Jesús que me dio luz para reconocer las tentaciones, estoy aquí.

Todo esto te lo digo, Chelita, para prevenirte; pues el demonio no descansa. Por ahora procura conocer a Jesús. Anda siempre en su presencia. Míralo constantemente, pues nuestra Sta. Madre dice que es imposible que, en esa mirada, el alma toda no se inflame en amor. Es preciso que te enamores bien. Pídele después de comulgar ese amor. Amándolo, sabrás vencerte y sacrificarte. Amándolo, te conservarás pura. Ten siempre como modelo a la Santísima Virgen y pídele te asemeje, pues Ella siempre permaneció en silencio unida a su Dios, y se consumió en el amor y en el sacrificio por sus hijos pecadores. Su vida se resume en dos palabras, que son las de una carmelita: sufrió y amó. Pero no te atemorice la cruz con que se debe la carmelita abrazar. Jesús está en ella. El mide las fuerzas de sus esposas y, como tanto nos ama, En la aligera de manera que todo el peso lo carga sobre sus hombros.

A Dios, hermanita. Vivamos en El, para que, identificadas, podamos ser hostias de alabanza a la Santísima Trinidad. Te abraza tu indigna”. Teresa de Jesús, Carmelita”.

 

 

 

28    CAMINO AL CARMELO Y SU IDEAL DE CARMELITA

28.1     SEGUIR A CRISTO CON FIDELIDAD.

Es Dios quien llama a sus hijos.

En una ocasión, me preguntó una joven como se llega a entusiasmarse con el ideal de ser carmelita descalza. Ella llegó a mí como alumna en un taller sobre Santa Teresa de Jesús, que entregábamos en un Centro de Espiritualidad de los Padres Carmelitas, (La Fonte) en Santiago de Chile. Por tanto no la conocía de antes. Yo le respondí que sería interesante ir a un Monasterio de Carmelitas y pedir hablar con la priora, y recibir información de primer nivel. Conozco muchos Monasterios de Carmelitas Descalzas en Chile y fuera de mi país, he dado charlas o Talleres de nuestra espiritualidad Teresiano-Sanjuanista en 5 de los 12 Monasterios, también he dado conferencia en los Monasterio de Toro, Bilbao y Zaragoza en Espańa, el Buenos Aires (Lujan) en Argentina, en La Habana Cuba, en Bani, Republica Dominicana. Este regalo que me ha hecho Dios me ha permitido compartir y conocer muchas hermanas carmelitas. Es así como me gusta repetir una frase de Teresa de los Andes; “Me gustan las Carmelitas porque son tan sencillas, tan alegres[677]. Pero lo que más me gusta, es el amor que sienten por Jesucristo, y su amor a la oración por todos nosotros.

Es así, como yo le entregue a esta joven algunos elementos que podían ayudarle tales como los que se consideran primordiales en esta vocación, de los orígenes, y del carisma teresiano-sanjuanista.

Esta joven, me había dicho que se sentía llamada a la oración, a la escucha de la Palabra de Dios y de amar la liturgia. También me hablo de su deseo del trato de amistad con Dios, y eso me entusiasmó a animarla en su camino, entonces le recomendé seguir adelante con su propósito.

Después de algunas conversaciones con ella, estime por mi cuenta, que era una persona adecuada para que dentro de nuestro carisma, hiciera suyo el celo apostólico, la oración y consagrar su vida al servicio de la Iglesia y de los hombres hijos de Dios.

Sin embargo, poco tiempo después la perdí de vista y no sé cuál fue su camino. Ciertamente el tema vocacional no es sencillo, es decir, no es fácil decidirse a seguir a Cristo con la fidelidad que él nos pide y tener que desprenderse de los bienes del mundo terrenal.

Sabemos que es Dios quien llama a sus hijos. El mismo Jesús nos lo ha dicho: “No me eligieron ustedes a mí; fui yo quien los elegí a ustedes” (Jn 15, 16). Es así, como la vocación a la vida consagrada, es una iniciativa enteramente de EL y pide de aquellos que ha elegido, una respuesta, como una entrega incondicional.

El Padre, llama continuamente a nuevos discípulos, hombres y mujeres a servir a los demás en la entrega humilde de sí mismos, a la vida religiosa.

Es así, como siempre me ha llamado la atención la decisión de estas jovencitas como Teresa de Lisieux, Isabel de la Trinidad, y Teresa de Los Andes, que han sentido desde muy adolescente en su corazón el deseo de abrazar el camino a la perfección y santidad y han perseverado hasta llegar al cielo.

Este llamado de atención me ha estimulado para volver a la lectura del Diario y las Cartas de Juanita Fernández Solar, que luego como religiosa es Teresa de Los Andes, para descubrir desde sus propias notas en su Diario y cartas este gran deseo de ser monja carmelita y seguir a Jesús “aunque tenga que atravesar el fuego”[678].

Alma gemela de Isabel de la Trinidad

Juanita, siente muy cercana a Isabel y la aprecia como su alma gemela. Tanto así, que sus cartas fueron de gran ayuda para su vocación carmelita. Ella está en cama, rendida a la voluntad de Dios y escribe:

“Estoy leyendo Isabel de la Sma. Trinidad. Me encanta. Su alma es parecida a la mía. Aunque ella fue una santa, yo la imitaré y seré santa. Quiero vivir con Jesús en lo íntimo de mi alma. Quiero defenderlo de sus enemigos. Quiero vivir una vida de Cielo, así como dice Isabel, siendo una alabanza de gloria: 1° Viviendo una vida divina. Amando con un amor puro a Dios. Entregándome a Él sin reserva. Viviendo en una comunión íntima con el Esposo de mi alma. 2° Cumpliendo en toda la voluntad de Dios.[679]

Isabel se hace estas preguntas: “żQué es la vida?, żAdónde nos conduce? y más adelante nos da una respuesta: “Y es nuestra vida la que debe decidir nuestra eterna felicidad. Soy libre; debo ganar el cielo, la eterna bienaventuranza..”.[680] y luego hace su vida en el Carmelo, para vivir en oración y amistad con Dios, convencida de su vocación. Dice Isabel: “Jesús me llama al Carmelo y que esta vocación es la más bella”.[681] En otra sección de su Diario Espiritual escribe: “ˇOh, vosotras, a quien Dios llama a la más bella de las vocaciones!; vosotras, a quienes pide dejarlo todo por El”[682]

Juanita, siente el llamado de Dios, siente que su vocación es ser esposa del Cristo, pero no ha decidido aún si en Los Sagrados Corazones o en el Carmelo, no obstante, ya en su alma comienza a germinar su ideal, y le escribe a la Madre Angélica Teresa del Convento del Espíritu Santo en los Andes:

“Ahora le comunicaré que yo nunca he conocido personalmente a ninguna carmelita. Solamente he leído la vida de Sor Teresa y de Isabel de la Trinidad. Desde entonces he comprendido que el Carmen es un cachito de cielo y que a ese Monte santo me llamaba el Seńor”.[683]

Como podemos ver a través de sus cartas, para Juanita, Isabel de la Trinidad, ha sido importante para su vocación carmelita y su ideal de hacerla vida. Tal así, que llega a escribir:

“Ese día de la toma de hábito, ofrecí la Misa y comunión por Sor Isabel de la Trinidad, y lo mismo los días anteriores. ˇCuánto la envidiaba![684]

Es tal el carińo de Juanita por Isabel de la Trinidad, que no pierde oportunidad para hacerlo saber o mencionarla:

“Salude respetuosamente a la Madre Sub-Priora y a toda la comunidad, que la quiero mucho ya en Nuestro Seńor; y dígales que recen por mí para que viva en el mundo como Isabel de la Trinidad”.[685]

Isabel Catez Rolland, (Isabel de la Trinidad) nació en Bourges, Francia, el 18 de Julio de 1880, 20 ańos antes que Juanita Fernández Solar. El 2 de enero de 1901, a los 21 ańos, ingresaba en el convento carmelitano de Dijón, ciudad donde vivía con su familia. (Juanita nació el 13 de julio del ańo 1900). Isabel vistió el hábito el 8 de diciembre de 1902 y el 11 de noviembre de 1903 saltaba de gozo al emitir sus votos religiosos en la Orden del Carmen, a la que amaba con toda su alma. Corrió, voló, en el camino de la perfección hacia la meta de la santidad y el 9 de noviembre de 1906 expiraba a causa de una úlcera de estómago. (Juanita tenía 6 ańos). 10 ańos más tarde, Juanita ya estaba leyendo sobre la vida de Sor Isabel que fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 25 de septiembre de 1984, fiesta de Cristo Rey y canonizada por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

Y mucha confianza tomo Juanita en Isabel. Escribe ella:

“Grandes han sido mis deseos de escribirle, apenas recibí su carińosa carta, que agradecí tanto, lo mismo que las oraciones y el retrato de Sor Isabel de la Trinidad; pero, como Ud. sabe, Rda. Madre, no he tenido tiempo, pues es éste siempre mi pecado”.[686]

“Mi mamá me encarga le envíe el más carińoso recuerdo, y que mańana las tendrá muy presente, y le ruega, Rda. Madre, rece, pero mucho, por una intención muy grande que tiene, la que ha encomendado a la Sma. Virgen, dándole de plazo hasta el 8 de diciembre para que se cumpla. Dice que ojalá se la encomendara a Sor Isabel de la Sma. Trinidad; pues varias de las intenciones que envió para su profesión se han cumplido, lo que hace que le inspiren mucha confianza sus oraciones”.[687]

Y Teresa de los Andes, sigue el mismo ideal de Isabel, conquistar almas para Cristo. A una amiga le escribe:

“Después te dirá dónde le debes servir. En todas partes puedes ser santa, con tal que observes perfectamente la Regla. Me dices que quieres ser la casita de Dios. Me alegro mucho por ello, pues veo por eso que lo quieres. Sor Isabel de la Trinidad decía: “Dios es el cielo y Dios está en mi alma”. Luego tenemos el cielo en nuestra alma. Ahora bien, żqué se hace en el cielo? Amar, contemplar a Dios y glorificarle”.[688]

Y en la misma carta anterior, sigue Teresa de los Andes:

“Así nos será más fácil tener caridad. Si somos humilladas, lo somos por Él. Si somos alabadas, lo somos por Él. Si servimos, servimos a Él; y así en todo. Así el alma queda simplificada y unida a Él; siempre piensa y ve a Él. Por último, en el cielo se cantan sus alabanzas y se le glorifica por sus obras; seamos, pues, como Isabel de la Trinidad, alabanza de su gloria. Es decir, obremos todo por amor y siempre lo más perfecto, de manera que, al vernos las demás personas, puedan decir: “qué virtuosa es”.[689]

A su amiga Elisa Valdés, quien fue la que le compartió los escritos de Isabel y que además la llamaba como Isabelita le escribe:

“Mi Madrecita te ha tomado mucho carińo y siempre me habla de ti y de los tuyos. Su Reverencia reza mucho por tu papá y por Isabel de la Trinidad”.[690]

En otra carta a Elisa Valdés le escribe:

“żSientes en tu alma ese amor por la divina voluntad? Trata de sentirlo, ya que tu nombre -Isabel de la Trinidad, o sea, “Casita de Dios”- debe estar tan llena de ella, que por todos sus ámbitos, es decir, en sus facultades y operaciones, resuene siempre el eco de la Palabra eterna, del divino querer”.[691]

Para concluir, me imagino que no es fácil animar a una joven a la vocación religiosa, no creo tener la receta, no obstante, la lectura de nuestras santas del Carmelo me ayuda a entender de algún modo como fue en ella creciendo este germen, como Teresa de Lisieux animó a Isabel de la Trinidad y ella luego a Teresa de los Andes. Cuando alguien me ha preguntado, le recomiendo conocer como fue el proceso vocacional de nuestras jóvenes santas y con que confianza se arrojaron a los brazos de María y de su Hijo Jesús. Y que nada les impida, ir a Jesús, y para eso, no se apeguen a las cosas del mundo, para que no existan cosas que pueden apartarlas y que si se sienten llamadas, sepan que Jesús le está concediendo la feliz oportunidad de que puedan demostrarle su amor, misma felicidad de Isabel, Teresita, Juanita y ahora María Felicia, La Chiquitunga.

Juanita lee los Santos del Carmelo

Juanita a los 14 ańos lee a Teresita del Nińo Jesús (Historia de un alma). En diciembre de ese ańo le ocurre un ataque de apendicitis. Después de ese padecimiento ella siente el primer llamado al Carmelo.

“Yo recuerdo que, desde chica, yo decía que si era monja, lo sería, pero de un convento muy austero, en que hicieran mucha penitencia, y donde no se tratara con el mundo. Después cuando estuve enferma de apendicitis, N. Seńor me manifestó que quería fuese monja y me dijo que fuera carmelita, a quienes yo conocía solamente por la vida de Teresita del Nińo Jesús. Desde entonces no dudé fuera esa mi vocación”.[692]

A los 17 ańos comienza a leer a Santa Teresa de Jesús (Vida). Después su nuevo director espiritual, el Padre José Blanch, claretiano le habla del Carmelo de Los Andes. Juanita tiene la convicción de que el Seńor la llama a entrar en este Carmelo.

“Mi nombre será en el Carmen el de mi Santa Madre. Fíjese qué honor. Teresa de Jesús. Carmelita”.[693]

“Aspiro a ser, como mi Santa Madre verdadera Teresa de Jesús, para que Él pueda decirme que Él es Jesús de Teresa”.[694]

A los 19 ańos, el 11 de enero de 1919, en compańía de su madre viaja a Los Andes a entrevistarse con la priora del Monasterio del Espíritu Santo. Desde ese momento sus dudas desaparecen. Escribe al día siguiente en su Diario:

“La Madre Ríos me dijo que rezaría mucho por mí y mi salud y que sólo pensara en que iba a ser esposa de Jesús.

Me recomendó para leer la vida de Santa Teresa y de Teresita del Nińo Jesús. Yo le dije que la había leído varias veces y saco tanto provecho; pues su alma tiene algunos puntos parecidos a la mía. Y también porque yo como ella, he recibido muchos beneficios de Nuestro Seńor, qué la hicieron que llegara muy luego a la perfección; mientras que yo le pago tan mal a Jesús. Esto me enternece y le prometo ser mejor”.[695]

El 27 de enero de 1919 lee en la mańana "Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz. Así lo comenta Juanita:

“Leí en la mańana la "Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz y tengo tanto amor, que Dios no se aparta de mi pensamiento y es tal la intensidad de amor que experimento, que me siento sin fuerzas, desfallecida y algo como si estuviera en otra parte, no en mí misma.

Sentí un gran impulso por ir a la oración. Principié por mi comunión espiritual, pero al dar la acción de gracias, mi alma estaba dominada por el amor. Las perfecciones de Dios se me presentaron una a una: la Bondad, la Sabiduría, la Inmensidad, la Misericordia, la Santidad, la Justicia. Hubo un instante que no supe nada. Me sentía en Dios. Cuando contemplé la justicia de Dios, me estremecí. Hubiera querido huir o entregarme a su justicia. Vi el infierno, cuyo fuego lo enciende la cólera de Dios, y anonadándome pedí misericordia y me sentí llena de ella. Vi lo horrible que es el pecado. Quiero morir antes que cometerlo. Le prometí ver a Dios en sus criaturas y vivir muy recogida. Me dijo tratara de ser muy perfecta y cada perfección suya me la explicó prácticamente. Que todas mis acciones las hiciera con perfección para que entre Él y yo hubiera unidad, pues no sabía si yo hacía algo imperfecto. Después, quedé que no sabía cómo tenía la cabeza, y temía presentarme ante los demás, porque creía tener algo todavía que se me notara. Creo haber pasado más de una hora. En la tarde no tuve mucho fervor, pero sí he pasado recogida”.[696]

Después el 25 de marzo de ese ańo solicita permiso a su padre para irse al Carmelo. El 6 de abril, su padre, conmovido le concede el permiso. Ya en el mes de abril Juanita se prepara para ingresar al Carmelo, pero sufre lo indecible por tener que abandonar a su familia que ella tanto amo.

28.2     ÉL (JESÚS) QUERÍA QUE FUESE CARMELITA

El deseo de entrar en el Carmelo, para ella, era la voluntad de Jesús. (1914)

Juanita, desde muy jovencita, quería ser solo de Jesús, y era una opción que comenzó a germinar en un dialogo de amistad con él, como toda relación de amor reciproco. Escribe ella, a los 14 ańos, un relato de una íntima conversación con la Virgen y con Jesús:

“Desde entonces Jesusito me habla. Y yo pasaba horas enteras conversando con Él. Así es que me gustaba estar sola. Me fue enseńando cómo debía sufrir y no quejarme... [y] de la unión íntima con Él. Entonces me dijo que me quería para Él. Que quería que fuese carmelita. ˇAy! Ma­dre, no se puede imaginar lo que Jesús hacía de mi alma. Yo, en ese tiempo, no vivía en mí. Era Jesús el que vivía en mí”. [697]

Un poco más adelante, diciembre de 1914, Juanita escribe es su Diario sobre sus dolores y enfermedad, esto iban cada día peor.

“El ocho de diciembre yo me sentí morir. Desde ese día caí en cama a firme para levantarme operada. Mi mamá principió una novena a Teresita del Nińo Jesús (carmelita), porque soy muy devota de ella”.[698]

El que ore una novena a Teresita del Nińo Jesús, nos habla sobre el rápido conocimiento de las virtudes de Teresa de Lisieux, pues ella recién fue beatificada el 29 de abril, 1923 por Pío XI, y canonizada por el mismo el 17 de mayo 1925.

El Seńor me preparaba el camino (1915)

Juanita es internada entre los ańos 1915 a 1918 para estudiar en los Sagrados Corazones, y de este modo continuar con sus estudios. A ella, no le agradaba estar lejos de su casa, pero a pesar de esta pena, dice que:

“no pude menos de agradecérselo a Nuestro Seńor, que me preparaba el camino para estar más aparta­da de las cosas del mundo y me llamaba a vivir junto a Él para que estuviera más acostumbrada a vivir separada de mi familia antes de entrar en el Carmelo”.[699]

Podemos darnos cuenta, que ella está feliz con la voluntad del Seńor, así lo escribe luego en el mismo Diario:

“Pero la voz de Dios manda más y yo debo seguir a Jesús al fin del mundo, si Él lo quiere. En El encuentro todo. El solo ocupa mi pensamiento Y todo lo demás, fuera de Él, es sombra, aflicción, y vanidad Por Él lo dejaré todo para irme a ocultar tras las rejas del Carmen, si es Su Voluntad, y vivir sólo para Él. ˇQué dicha, qué placer! Es el Cielo en la tierra”. 

Y más adelante continua:

"Amiga muy querida". Esto me infunde ánimo y sigo esforzándome para hacerme un poco menos indigna del título que llevaré. ˇAh!, żdónde será el lugar donde celebraremos nuestros desposorios y el lugar donde viviremos unidos? Me ha dicho el Carmen. Pero cada vez que quiero mirarlo más de cerca, parece que Él lo cubre con un velo para que nada vea, y sin esperanza me retiro triste y deso­lada. Veo que mi cuerpo no resistirá, y todos los que están al cabo me repiten: "Es muy austera esa Orden y tú eres muy delicada". Pe­ro Tú, Jesús, eres mi Amigo y como tal me proporcionas consuelo. Cuando salí a la casa por el día, me encontré [con] que la Madre Supe­riora del Carmen, sin conocerme, me había enviado un retrato de Teresita del Nińo Jesús, con mi mamá; lo que me ha propor­cionado mucho gusto. Me encomendaré a Teresita para que me sa­ne y pueda ser carmelita. Pero no quiero sino que se cumpla la voluntad de Dios. Él sabe mejor lo que me conviene. ˇOh, Jesús, te amo; te adoro con toda mi alma!”[700]

Juanita tiene ya 15 ańos, y no ha dejado de pensar en el Carmelo, en septiembre de 1915 escribe en su Diario:

“Estuvimos con la Madre Ríos ˇQué gusto más grande. Y como yo hago lo posible por figurarme que estoy en el Carmen, me senté en el suelo, a los pies de la Madre, ejemplo que siguieron varias chiquillas. El domingo [12.9.1915] estaré con la Madre Ríos sola. Esto me causa susto, pues pienso decirle todo el cambio que se ha operado en mí desde la operación; mi vocación para carmelita, en fin todo. No sé cómo me arreglaré, pues me cuesta tanto expresar todo lo que me pasa”.[701]

Después estando a solas con la Madre Ríos, le confiesa que desea entrar al Carmelo, ella le responde que rezaría mucho por Juanita y que sólo pensara en que iba a ser esposa de Jesús. También le recomendó leer la vida de Santa Teresa y de Teresita del Nińo Jesús.[702] 

Había dejado de escribir en su Diario por unos meses, finalizando el ańo 2105 escribe:

"No he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de Dios. Mis ojos se deben fijar en Jesús crucificado. Mis oídos han de oír constantemente la voz del Divino Crucificado…Esto es lo último que tengo de este ańo. No he vuelto a escri­bir mi Diario. Pero tengo mi retiro y una carta que le escribí a mi hermana Rebeca para comunicarle mi vocación de carmelita y pedirle que me ayudara”.[703]

He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador. (1916)

Cuatro meses después, en Chile es otońo, le escribe a su hermana Rebeca:

“żQuién podrá rehusar la mano del Todopoderoso que se aba­ja a la más indigna de sus criaturas? ˇQué feliz soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pes­cador. Quisiera hacerte comprender esta felicidad. Yo puedo de­cir con certeza que soy su prometida y que muy luego celebrare­mos nuestros desposorios en el Carmen. Voy a ser carmelita, żqué te parece?  No quisiera tener en mi alma ningún pliegue escondido para ti. Pero tú sabes que no puedo decirte de palabra to­do lo que siento y por eso he resuelto hacerlo por escrito”.

Después sigue:

“Me he entregado a Él. El ocho de diciembre me comprometí. Todo lo que lo quiero me es imposible decirlo. Mi pensamiento no se ocupa sino en El. Es mi ideal. Es un ideal infinito. Suspiro por el día de irme al Carmen para no ocuparme sino de Él, para confundirme en Él y para no vivir sino la vida de El: Amar y su­frir para salvar las almas. Sí, sedienta estoy de ellas porque sé que es lo que más quiere mi Jesús. ˇOh, le amo tanto!”

“Sin duda que tu corazón de hermana se desgarra al oírme hablar de separación, al oírme murmurar esa palabra: adiós para siempre en la tierra para encerrarme en el Carmen. Mas no temas, hermanita querida. No existirá jamás separación entre nuestras almas. Yo viviré en El. Busca a Jesús y con El me encontrarás y allí los tres seguiremos los coloquios íntimos que hemos de continuar allá en la eternidad ˇQué feliz soy!”[704]

Tengo inclinación para hacerme carmelita.

Juanita, desea compartir el gozo de sentir en su corazón el llamado al Carmelo es un deseo que lo va sintiendo cada vez con más fuerza y ya no tiene temor en comunicar a sus amigas ese deseo. A su amiga Graciela (Chelita) le escribe:

“El otro día no te lo dije, porque me daba vergüenza y no po­día, pero me decidí a decírtelo, y es que yo tengo inclinación para hacerme carmelita. Me encantan; pero no sé si seré monja. Si soy, seré carmelita. Tengo tantas dudas como tú no te imaginas. Ayúdame tú, por favor. Dame a conocer la Regla de las carmelitas”.[705]

Graciela le responde con una carta que deja muy contenta a Juanita:

“ˇQué cartita más ideal! Estoy feliz de haberla leído. Primera vez que tenía algo de una carmelita. ˇQué principio tan encanta­dor!”

“…No dejemos escapar ningún acto que pueda mortificarnos. Yo creo que uno de los puntos de la vocación carmelitana es la oración y la mortificación. Recemos siempre” …

“Crucifiquémonos por medio de la obediencia, por medio de la pobreza por medio de la castidad…imitando a Jesusito que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz”.

Y para mayor conocimiento del Carmelo, lugar donde sueńa ir termina su carta:

“Acuérdate de lo que me prometiste de hacerme saber la Regla de las carmelitas, las penitencias, las virtudes, en fin, las cosas más necesarias”.[706]

Mayor deseo por ser carmelita. Me gustan las carmelitas. (1917)

Juanita va sintiendo poco a poco mayor deseo por ser carmelita, eso lo hace muy feliz:

“Lo que más consuelo y alegría me dio fue que me dijo que tenía vocación para carmelita”.[707]  Estoy feliz…quiero dejar buen recuerdo (en el colegio) y para que vean que, aunque pienso ser carmelita, soy aplicada”.[708] “Hoy cumplí diecisiete ańos; un ańo menos de vida. Un ańo menos en distancia de la muerte, de la unión eterna con Dios. Un ańo sólo para arribar al puerto del Carmelo. ˇOh Carmen! żCuándo me abrirás tus puertas sagradas? Cuántas gracias me ha concedido el Seńor y cuán mal le pago. Mi Jesús, perdóname mis ingratitudes”.[709]

Mas adelante escribe en su Diario:

“Examiné lo que me llevaba al Carmen y por lo principal es porque allá viviré ya como en el Cielo, pues ya no me separaré de Dios ni un instante. Le alabaré y cantaré sus misericordias constantemente, sin mezclarme para nada con el mundo”.

“Me gustan las carmelitas porque son tan sencillas, tan alegres, y Jesús debió ser así. Pero vi también que la vida de la carmelita consiste en sufrir, en amar y rezar. Cuando los consuelos de la oración me sean negados, żqué será de mí? Temblé. Mas Jesús me dijo: "żCrees que te abando­naré?" [710]

No obstante, el camino hacia el Carmelo no es tan fácil, a ella ya le han preguntado si cree que la salud le ayudara a conseguir su ideal de ser monja del Carmelo. Escribe Juanita en su Diario:

“Enferma siempre…Me causa horror. Y ver por otro lado, que no podré ser carmelita por mi salud. Todo esto me hace exclamar ˇJesús mío, si es posible, que pase de mi este cá­liz; mas no se haga mi voluntad sino la tuya! Y ver que no puedo hacer oración. Por otro lado, cuando estoy con Jesús me da no sé qué hablarle de mis penas en vez de consolarlo, cuándo El sufre mucho más. Y me callo. Y mi pobre corazón sigue gimiendo, y Jesús me mira contento”. [711]

En otra nota más adelante escribe:

“Hoy me fui a confesar. Hablé largamente con el Padre acerca de mi vocación. Me dijo que él veía que, por ahora, tenía verdadera vocación para carmelita. Que Jesús me le podía dar permanente, es decir, para siempre, y que pudiera entrar al Carmen; También, que podía ser verdadera mi vocación, que la pudiera seguir, si Dios me daba las cualidades necesarias. Y tam­bién podía ser carmelita espiritualmente, es decir, que teniendo el espíritu carmelitano, podía en mi casa seguir una regla de vida co­mo las carmelitas”.

Con todo, siempre hay una buena noticia que le trae alegría:

“Me contestaron las dos Madres carmelitas en unas cartas ideales. La de Los Andes me envió una fotografía de la Virgen con oración y una medallita del Carmen y del profeta Elías”.[712]

Juanita está feliz, ha recibido un pequeńo regalo de la priora del Monasterio de Los Andes, y escribe a la Reverenda Madre para agradecerle y decirle que lo lleva constantemente con ella y por sobre todo por venir de su querido Carmen:

“Rda. Madre, sabe ya por la Chela el carińo y estimación que tengo por las carmelitas y el deseo que tengo de contarme algún día entre ellas”. Pero además confiesa con sinceridad: “Ahora le comunicaré que yo nunca he conocido personal­mente a ninguna carmelita. Solamente he leído la vida de Sor Te­resa y de Isabel de la Trinidad. Desde entonces he comprendido que el Carmen es un cachito de cielo y que a ese Monte santo me llamaba el Seńor. Cuánto deseo, Rda. Madre, darme por entero a mi Jesusito”.

Y más adelante sigue:

“También sé que si voy al Carmen, será para sufrir; más el su­frimiento no me es desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra a Jesús y Él es amor. Y żqué importa sufrir cuando se ama? La vida de una carmelita es sufrir, amar y orar, y en esto encuentro todo mi ideal”. [713]

ˇCuándo seré carmelita para cantar diariamente las alabanzas del Seńor!

Son muchas las razones por lo cual quiere Juanita ser carmelita. Orar por los sacerdotes, aprender a amar, cantar diariamente las alabanzas del Seńor, la conquista de las almas etc.

Confiesa ella en su Diario, que:

“no sabía que el fin de la carmelita es rogar por los sacerdotes”, y desde ahora, ese será para ella una gran tarea, y de este modo, ir sirviendo a su amado Jesús. Es así como luego ańade: “He servido como Hermana todo el día. He gozado, pues me figuraba servir a Jesús. Hablé hoy bastante con Jesús. Me hizo ver la necesidad que tiene la carmelita de vivir siempre al pie de la Cruz, para aprender allí a amar y sufrir…La carmelita ha de mortificar su carne a ejemplo de Jesús agonizante…Como Jesús que dijo en la cruz: "Dios mío, żpor qué me habéis abandonado?". La vida de la carmelita no es otra cosa: amar, llegar a la unión más perfecta con Dios, e inmolarse y sacrificarse en todo, ya que el sacrificio es la obla­ción del amor”.[714]

Le escribe a la reverenda Madre Angélica Teresa, priora del Monasterio de Los Andes, que si tarda en responder sus cartas, es solo por falta de tiempo, pero les tiene muy presente en sus oraciones, asegurándole que:

“En ellas pido a Nuestro Seńor también que, si es su voluntad, pueda ser algún día carmelita de ese monasterio, el cual tan carińosa y generosamente me ofrece Ud., Rda. Madre…La carta de Ud., Rda. Madre, la leo muy a menudo. Me hace tanto bien, y en ella pude apreciar, una vez más, todo el encanto de la vida carmelitana. Créame que en todas mis acciones tengo presente el fin de la carmelita: los pecadores, los sacerdotes. Cada día que pasa siento la nostalgia de ese querido Carmen, y ardo en deseos de verme encerrada por Jesús en ese palomarcito, para ser enteramente de Jesús, pues mientras se vive en el mundo es impo­sible ser enteramente de Él”.

Y como noviembre, mes de las flores y ya es primavera, es el mes de María le pide a la Madre que rece a la Virgen para que interceda por ella para tener la salud suficiente para; “poder realizar el bello ideal de ser carmelita, pero según el espíritu de mi seráfica Madre Santa Teresa”.  Y finalmente le pide le escriba de todo eso que significa: “la vo­cación de carmelita”.[715]

Juanita, confía plenamente en Jesús, lo ama y siente que es su amada. Por eso, pienso que se le escapan con libertad las frases de cualquier enamorada, que solo piensa en su amado.

Escribe en su Diario:

“Tengo pena, pues siempre que le pido plata a mi papá, me dice que no tiene. żQué iré a hacer cuando me tenga que dar la dote para ser carmelita? ˇAh, Jesús querido! Yo creo que no va a querer dejarme ir. Veo tanta hostilidad contra ellas. Jesús mío, confío en Ti. Eres Todopoderoso. Ven a robarme y que sea pronto, muy pronto y para siempre…Mi alma es un cielo, pues en ella está Jesús; luego mańa­na es mi fiesta. Voy a cantar todo el día. Seré alabanza de gloria para mi Dios… ˇCuán­do seré carmelita para cantar diariamente las alabanzas del Seńor!”[716]

En una nueva página del Diario escribe:

“Me dijo (Jesús) que sería carmelita; que no desconfiara[717] y ese dialogo de amistad se lo hace saber a sus amigas, las que a veces parecen querer desanimarla: “Fui a donde la Madre Izquierdo. Me habló sobre la vocación y me volvió a repetir otra vez que ella no me encontra­ba vocación ni salud para carmelita. En fin, hablamos mu­cho. Salí con pena. Es la única que no me encuentra vocación para carmelita. En fin, todo lo entrego en manos de mi Jesús. Esto es tan fácil: abandonarse a Jesús…y frente a esta opinión, Juanita no se desanimaba, entonces buscaba quien le diera luz: “Me confesé. Me dio permiso para renovar el voto hasta la Pascua de Resurrección. Le conté al Padre lo de la Madre Izquierdo. Que ella no creía que yo tuviera vocación para carmelita. Entonces, me dijo que Dios no elegía a una religiosa para ma­nifestar su voluntad; que al confesor le daba la luz; que no hiciera caso y que no tuviera confianza” y si la Madre Izquierdo le preguntaba si estaba dispuesta a sufrir en el Carmen desolaciones, dudas, sequedades, etc. Juanita dice: “Yo le contesté que sí”.[718]

28.3     INCERTIDUMBRES EN EL CAMINO AL CARMELO

Dudaba si ser carmelita, pero Jesús me decía que esa era su voluntad.

La pena, días de aridez, algunas veces sentirse abandonada a su suerte de estar enferma, no la amedrantan en su propósito de llegar al Carmelo. En algunas ocasiones, la entristecen, pero para su ideal no hay situaciones insuperables. Es marzo de 2018, Semana Santa, está algo enferma y escribe en el Diario:

“Estoy que ya no puedo más. Me duele mucho el pecho y la espalda. Veo to­do tan triste, porque no podré ser carmelita, si soy delicada”. [719]

Cada día pienso más en el Carmelo (1918)

Juanita está de vacaciones, en Algarrobo, frente al Mar, es febrero de 2018. Con todo, ella utiliza también sus días de descanso para sus ejercicios de piedad, pero además extrańa no recibir noticias desde el Monasterio de Los Andes. Es así como decide escribirle a la Madre para comentarle:

“Cada día, Rda. Madre, pienso más en el Carmen y deseo más ardiente­mente irme a encerrar en ese "cielito” …El mar en su inmensidad me hace pensar en Dios, en su infinita grandeza. Sien­to entonces sed de lo infinito. Cuando pienso que cuando sea carmelita, si Dios lo quiere, tengo que abandonar todo esto, le dijo a N. Seńor que toda la belleza, lo grande lo encuentro en El”. Y sigue más adelante: “Estoy leyendo la Vida de Santa Teresa. ˇCuánto me enseńa! ˇCuántos horizontes me descubre! ˇQué bien pinta la vocación de carmelita para aquellas que la siguen!”

“Le ruego que me diga si es verdad que para entrar en el Carmen se necesitan dos ańos fuera del colegio. Porque si esto es ver­dad, conseguiría con mi mamá que me sacara este ańo”.

“Le ruego, Rda. Madre, que en su próxima carta, si tiene la bondad de contestarme, me hable de la humildad, de la vocación de carmelita pues sus cartas me hacen mucho bien”.[720]

Gracias a Dios, la comunicación continúa.

“Cuánto le agradecí su carta, que contiene tantas enseńanzas para mí…Me gustó mucho la vida de la Princesa. Vida toda entera de humildad y sacrificio, y de oración, por supuesto. Verdadera vida de carmelita. Cuando yo pienso, Rda. Madre, la vocación que se ha dignado Dios darme, me pregunto: żqué he hecho yo para que Je­sús me quiera tanto? ˇOh, qué bueno es Jesús que se rebaja a ele­girme, a pesar de ser tan miserable! No se imagina los deseos que tengo de ser carmelita, de irme a vivir esa vida de unión divina, vi­da de cielo en la tierra, pues la carmelita, como Ud., Rda. Madre me dice, vive para Dios, por Dios y en Dios”.

No obstante las buenas intenciones, a Juanita le preocupa su salud, y le escribe a la Madre:

“pues es mi salud lo que me hace temer, ya que, a pesar de estar en la costa, me encuentra el doctor muy débil. żQué hacer, Rda. Madre? Si Jesús quiere que sea carmelita, me dará salud para ello. Que se haga su voluntad. Pídale mucho por mí, para que sea humilde, para que sea toda de Él”.[721]

Entre los deseos y dudas.

Al Padre José Blanch le escribe dos cartas, separadas por más de dos meses, confesando como aumentan sus deseos por el Carmelo, pero al mismo tiempo sus momentos de dudas de su vocación o de fe, motivado por sus problemas de salud:

“Cada día que pasa se aumentan mis deseos de ser carmelita. Me escribió la Madre Superiora una carta llena de santos consejos, donde pinta admirablemente la vida de la carmelita, y me dice que entretanto procure sólo vivir en Dios, por Dios y para Dios…pero la realización de mis deseos la veo cada día más difícil. Ya principio a sentir la oposición de mi familia, pues desean que salga del colegio para sacarme a las fiestas; esas fiestas mundanas que son lazos para perder las almas. ˇAh! Ruegue, Rdo. Padre, por mí, para que salga victoriosa de la lucha y de la tempestad que se inicia. Que pueda pronto llegar al puerto del Carmelo donde espe­ro encontrar el cielo en la tierra, es decir, el cielo en el sufri­mien­to y en el amor.

“Mi salud es mejor…gracias a Dios. Tomo tónico, lo que espero me acabará de fortalecer para poderme ir este ańo al Carmen. Rece, Rdo. Padre, por eso. Se lo supli­co”.[722]

Pruebas de Dios, incertidumbre, dudas, será la salud un impedimento. Le escribe una segunda carta a su confesor, el P. José Blanch:

“Parece que N. Seńor ha querido probarme durante el trans­curso de este ańo, pues he sufrido bastante, sin tener a quién re­currir. He tenido muchas dudas respecto a mi vocación de carmelita. Dudas también respecto a la fe; de tal manera, Rdo. Padre, que a veces me preguntaba si existía Dios, pues me sentía comple­tamente abandonada de Él. Miraba mi crucifijo y todo me parecía una quimera…Las dudas que tengo respecto a las carmelitas es por mi poca salud y, además, porque estoy segura de que mi papá se opondrá a ello. Cuando dudo, Nuestro Seńor me habla que esa es mi verdadera vo­cación. Entonces me someto a su voluntad”.

“Todas las semanas, Rvdo. Padre, ofrezco la misa y comunión por su santificación, para agradecerle cuanto le debo. Acuérdese de esta futura carmelita en el sacrificio de la misa y ofrézcala a N. Seńor como víctima de amor y expiación”.[723]

Escribe en su siguiente carta a la Madre Angélica Teresa de sus ansias de ser toda de Él, entregarse enteramente a Él.

“żCuándo seré carmelita para [no] vivir sino en El, y por Él y para Él?”

Reverenda madre: “No se extrańe, Rda. Madre, si no escribo seguido, pues, como estoy en el colegio, me es imposible hacerlo…” A pesar de esto, créame que vivo muy unida a ese Carmen tan querido” …” Yo voy a hacer cuanto de mi parte esté por ser carmelita”…En esos momentos de dudas y de tinieblas me preguntaba: żqué harás cuando seas carmelita, la cual no tiene otra ocupación que la ora­ción? Pero entonces Dios será mi fortaleza y lo mismo que me ayuda a sufrir ahora, me ayudará después”.

“Como Ud. ve, Rda. Madre, sé que al Carmen no voy a ser regalada por Nuestro Seńor, sino que voy a sufrir por Él”.

“El otro día, viendo el Santísimo manifiesto, me preguntaba por qué no nos volvemos locas de amor por Él. ˇAy, Madre, deseo tanto ser toda de Él, entregarme enteramente! żCuándo seré carmelita para [no] vivir sino en El, y por Él y para Él? Ruegue por mí, le suplico. Yo me acuerdo siempre de Ud., Rda. Madre, y de todas mis Hermanitas. Las quiero tanto... Y aunque poco valen mis oraciones, pido a N. Seńor las haga unas santas”.

“No se puede quejar [de] que su hijita no le habla de corazón a corazón; y aunque no le escribo seguido, siempre vivo muy unida a ese Carmen querido. Rece para que me una más a N. Seńor, pues así viviré más cerca aún de Uds”.[724]

Pocos días de pues de su cumpleańos escribe en su Diario:

“Me faltan sólo quince días para salirme del colegio y aunque tengo pena, quiero cumplir la voluntad de Dios con alegría…pienso que en las vacaciones pediré el permiso para irme a las carmelitas. Veo que es esa la voluntad de Dios”[725]

“No se figura cuánto bien me ha hecho su carta. Ella llenó de paz mi alma, disipando las dudas acerca de mi vocación. Sí, yo creo que mi vocación es para carmelita y sólo pienso en adquirir el espíritu de Santa Teresa”.[726]

Son muchas las cartas que escribirá a la Madre Angélica Teresa, Juanita se sabe imperfecta; pero confía en el con el auxilio de Nuestro Seńor y de la Santísima Virgen podrá llevar con honor el hábito de carmelita:

“Hace tres semanas me salí del colegio con una gran pena, pues estaba feliz en el colegio. Y aunque mi papá quería que me saliera, sin embargo, hubiera podido conseguir [quedarme], si no existieran en mí otros deseos y otros ideales. Estos son ser lo más pronto posible carmelita…Santa Teresa dice que no es orgullo tener grandes deseos; antes al contrario, que esto levanta el alma a cosas más elevadas. Yo sé que soy muy imperfecta; pero espero con el auxilio de N. Seńor y de la Sma. Virgen llevar con honor el hábito de carmelita. Entre tanto me preparo para ello lo mejor que pue­do…Rece mucho, por favor, para que podamos ir en octubre con mi mamá a Los Andes, para poder irla a ver; pues no conozco nin­gún Carmen, ni he visto nunca ninguna carmelita y, como Ud. comprenderá, tengo ansias verdaderas de conocer, sobre todo ese conventito al cual siempre estoy muy unida en mi corazón”.

“Nada me conmovía. Mas, a pesar de esto, lo hice muy recogi­da, guardando tanto el silencio como la vista. En esos días pude apreciar mejor la excelencia de mi vocación de carmelita…Entonces me iba a una capillita de la Virgen donde estaba el Santísimo, y allí me lle­vaba a sus pies tan feliz, tan olvidada de todo lo del mundo, que me parecía estar ya en el Carmen…le rogaba a N. Seńor me iluminara, y desde el fondo del tabernáculo me decía: "Quiero que seas carmelita". Y volvía de nuevo la paz a mi alma. Luego no puedo dudar sea ésa la voluntad de Dios”.

“También le ruego me hable del sacrificio de la vida de la carmelita, porque es esto lo que más me atrae”. “Entré en una asociación que se llama "La Reparación Sacer­dotal", en la que se reza por los sacerdotes que tanto necesitan. Esta es una devoción carmelitana, pues la carmelita se sacrifica por los sacerdotes; y esto fue lo que me movió a ingresar a ella”.[727]

También a la Reverenda Madre le habla de su buena amiga Elisa, con quien comparte su ideal de carmelita y le cuenta que:

“nuestras conversaciones son siempre o para estimularnos en el camino de la perfección o para hablar de ese Carmen en el cual deseamos vernos las dos. Ojalá llegue pronto ese día en que pueda decir: ˇSoy carmelita! Rda. Madre, me parece que ese día tarda tanto que no podré alcanzar ese ideal que he alimentado toda mi vida.[728]

En el resto del ańo 2018, en su Diario escribe dos notas más en su Diario sobre su ideal de ser carmelita:

“He pasado días de cielo. A cada paseo me iba a estar con Él en la capillita, junto a Él. Hemos hablado tanto... Sentía muchas dudas acerca de mi vocación. Dudaba si ser carmelita, pero Jesús me decía que esa era su voluntad”. [729]

Escribe Juanita en su Diario los consejos que le da el P. José Blanch:

“Vino el Padre José (Blanch, cmf). Me confesé con él. Me dijo él creía me debía ir para el otro ańo al Carmen. Que cuando fuera carmelita -me aconsejó- no hiciera penitencias extraordi­narias fuera de la regla, y que fuera muy prudente”.[730]

Ansiosa por vivir el espíritu carmelita, le escribe a la Madre Angélica Teresa:

“Reverenda Madre: Imposible me sería dejar pasar el día de mańana sin enviarle mis más carińosos recuerdos a Ud., Rda. Madre, y a esa querida comunidad. Hace días que espero con ansiedad la fiesta de nues­tra Santa Madre y mańana pasaré con el corazón muy unido a ese palomarcito. Pídale a nuestra Madre que pronto me admitan entre sus hijas y que me dé el verdadero espíritu de una carmelita”.

“A veces me siento desalentada. Quisiera llorar y hacer mi voluntad, pero me digo: żeste es el papel que debe hacer una carmelita? No; adelante. Es preciso el sacrificio, la renuncia de nuestra propia voluntad para llegar a la unión completa con Nuestro Seńor”.

“No sé si le cuento en mi otra carta que ya es casi seguro que me iré con Elisita al campo, para dar las misiones en su fundo. Nos iríamos el 28 de este mes. Me encantaría pasar con ella un tiempo, pues si nos da permiso nuestro confesor, seguiremos en cuanto podamos el reglamento de una carmelita que lo tengo des­de las vacaciones anotado. Me lo dio una nińa que estuvo en el Carmen y que tuvo que salirse por falta de salud. Rece, por favor, para que lo podamos hacer”.

“Rece, Rda. Madre, por esta pobre desterrada para que pronto sea una santa carmelita”.[731]

28.4     TIEMPO DE VACILACIONES, CARMELITA U OTRA CONGREGACIÓN

El fin de la carmelita la entusiasma y le ayuda a superar dudas donde hacer su vida religiosa.

A su amiga Elena le escribe sobre la sublimidad de la vocación carmelita, seguramente está esperando que sus amigas también la apoyen es su ideal.

“Querida Elena: Ahora te diré por qué he preferido el Carmen a todos los de­más conventos de vida activa.

“Además, siendo yo muy apegada a las criatu­ras, en cualquier otro convento me apegaría a ellas. Y como esto impide lo otro, luego el Carmen me con­viene más”.

“Créeme que por una hora de oración no sé qué daría. Por otra par­te, el fin de la carmelita me entusiasma: rogar por los pecadores, pasar la vida entera sacrificándose, sin ver jamás los frutos de la oración y el sacrificio. Unirse a Dios”.

“Sí; en el Carmen se principia lo que haremos por una eter­nidad: amar y cantar las alabanzas del Seńor. Y si esta es la ocupa­ción que tendremos en el cielo, żno será acaso la más perfecta?”

Muchas otras razones te daría, pero esto va muy largo. No creas que quiero convencerte de que seas ni carmelita ni monja. “

“Créame que mi único ideal aquí en la tierra es ser carmelita para sufrir y amar”.

“Dígales que recen por mí para que sea por ahora, (pero nada más que por estos pocos meses) carmelita en el mundo”.[732]

Con todo, los momentos de dudas continúan, no sobre su vocación religiosa, sino que donde vivirla. Así se entiende en la carta que le escribe al Padre José Blanch:

“Sin embargo, no crea, Rdo. Padre, que todo es gozo. Estoy en un período de dudas tan atroz, que no sé decidirme si ser carmelita o ser del Sdo. Corazón. Por eso vengo en busca de luz. Ud., Rdo. Padre que me conoce bien -pues le he dejado leer todo en mi alma- me podrá aconsejar. Sólo deseo hacer la voluntad de Dios. Por una parte me siento atraída al Carmen por vivir comple­tamente una vida de oración y de unión con Dios, separada por completo del mundo. También me atrae por su austeridad y por su fin, que es rogar por los pecadores y sacerdotes. Lo que me en­canta es que la carmelita se sacrifica en el silencio, sin que vea los frutos de su oración y sacrificio”.

“A cualquiera parte del mundo las pueden enviar, encontrándose más solas que una carmelita, en un país extranjero, sin ver ni una cara conocida, y muchas veces sin saber la lengua que se habla”.

“La carmelita renunció una vez a las comodidades de la vida y a todo lo del mundo”

“La carmelita necesita unirse a Dios y llenarse de El por com­pleto”

“Pero lo que me atemoriza, Rdo. Padre, es que no me manten­ga unida a Dios, tratando mucho con las criaturas. Pues lo he ex­perimentado: que tratando un poco más con ellas, yo me enfrío más en el amor de Dios. También pienso que N. Seńor me ha ma­nifestado muy claramente que sea carmelita sin conocer yo a las carmelitas; pero creo que había leído ya la Vida de Sor Teresa del Nińo Jesús. Lo que sé perfectamente es que siempre desde muy chica, he deseado ser de una comunidad muy austera, sin trato con el mundo”.

“Además, Nuestro Seńor me ha probado repetidas veces que es El que me habla en lo íntimo de mi corazón. Y siempre me ha di­cho que sea carmelita”.

“Esto puede ser que Dios quiere que me dedique a educar. Me han dicho que de cien religiosas del Sagrado Corazón, habrá dos que no hayan tenido vocación para carmelita”.

“Sin embargo, siento en mi corazón atractivo para el Carmen. Siento amor a la soledad, al silencio, al aislamiento de todo lo del mundo y, sobre todo, a la oración”.

“La Madre Superiora del Carmen de Los Andes me escri­bió contestándo­me que tenía "hueco" y me mandó decir la dote y lo que necesito”.[733]

28.5     ENTRE EL CARMEN Y EL SAGRADO CORAZÓN. (1919)

Ha comenzado un nuevo ańo, es el 1 de enero de 1919, ella aún tiene dudas a que orden religiosa desea entrar, pero no tiene dudas de que está enamorada de Dios y eso es lo más importante. Antes le había escrito a su amiga Elena y el P. José Blanch sobre sus incertidumbres donde hará su vida como religiosa, pero ahora lo deja escrito en su Diario.

No puedo decir por qué es bueno escribir en un Diario de vida, por qué descalzar mis intimidades en unas páginas en blanco, con el riesgo de que alguien lo abra y lo lea. Pero por ahora, no me parece raro que cuando hay dudas, se plasmen las ideas o las vivencias en los Diarios, porque escribir estas cosas sirven mucho para reordenarse a sí mismo y ayuda aclarar nuestras ideas.

Entonces, así lo escribe:

“Tengo muchas dudas respecto a mi vocación. Dudo si ser del Sagrado Corazón o carmelita. Hablé con la M. Vicaria”. Y lo que si tiene bien claro es que no teme al sacrificio y así lo expresa: “Me atrae mucho esta vida de inmolación; pero el Carmen se me presenta con todos los atractivos para llenar mi alma. Además, Nuestro Seńor me ha manifestado tantas veces que sea carmelita. Y cuando estoy en la oración Nuestro. Seńor me dice me ha escogido a esa vida tan perfecta y tan de unión con Él, porque me ama mucho entre las escogidas de su Divino Corazón”.

“Por otra parte, la Virgen María, es para Juanita, un buen ejemplo: “La Santísima Virgen, mi Madre, fue una perfecta carmelita. Vivió siempre contemplando a su Jesús, sufriendo y amándolo”. Por otra parte, ella tiene una gran empatía con la vida de Jesús en su paso por la tierra: “Nuestro Seńor vivió 30 ańos de su vida en el silencio y en la oración y sólo los tres últimos los dedicó a evangelizar. La vida de la carmelita consiste en amar, contemplar y sufrir. Vive sola con su Dios”. Y desde esos sentimientos ella como ya lo ha dicho, está dispuesta a la inmolación; “La carmelita sufre en silencio angustias del espíritu, que quizás sean más horribles que las del cuerpo. Mas adelante, ante el padecimiento de Cristo, escribe: “La carmelita muchas veces se ve rodeada de tinieblas que le ocultan a su Amado. Se ve desechada y desamparada. żHay acaso mayor sufrimiento para un alma que todo lo ha abandonado por seguir al Dios que ama [que] verse sola sin Él? La carmelita no tiene distracciones qué pueden sacarla de su dolor. Vive para Él y nadie puede hacerle olvidar por un instante su pena.             Está en la soledad…”

Finalmente, escribe en esta misma jornada en el Diario:

“La carmelita es pobre. No posee nada. Tiene que trabajar para vivir. Su lecho es un jergón. Su túnica es áspera. No tiene ni una silla donde sentarse. Su alimento es grosero y escaso. Mas ama, y el amor la enriquece, le da a su Dios. Pero żpor qué ese atractivo por sufrir me nace desde el fondo de mi alma? Es porque amo. Mi alma desea la Cruz porque en ella está Jesús”.[734]

No obstante luego de escribir en su Diario sobre sus dudas, sobre el Carmen o los Sagrados Corazones, ese mismo día le escribe a la Madre Angélica Teresa del Monasterio de Los Andes para que la aconseje:

“Mi Reverenda Madre: “Deseé con todo mi corazón escribirle para Pascua [Navidad], los quehaceres no me lo permitieron. Sin embargo, el Nińito Jesús no habrá dejado de derramar por mí numerosas bendicio­nes para mí querido palomarcito, pues se lo pedí con toda mi alma en esa noche venturosa de Pascua”.

“A mí, como regalo de Pascua, me trajo su cruz. Es lo que El más ama; así es que no tengo cómo darle gracias. No se imagina, mi que­ridísima Madre, cuánto he sufrido. Lo que antes jamás habría experimentado -dudar que Dios me quería para carmelita- es lo que constituye mi sufrimiento. Toda mi vida lo he deseado, pero ahora dudo entre el Carmen y el Sagrado. Corazón. Vengo, pues, a Ud., mi querida y respetada Madre, para pedirle me aconseje…Por favor, pues, le suplico me dé a conocer la vida de la carmelita por entero, hablándome sobre todo del sacrificio y de la inmolación que encierra, pues creo que es el punto que aún no he profundizado bien”.

“Dios, me liga fuertemente a irme para allá. Mas, de repente, creo que debo sacrificar esos atracti­vos para ganar las almas. Me parece que todas estas dudas me las envía N. Seńor para probarme, pues cuando estoy en oración, me da a entender que sea carmelita”

“Mi queridísima Madre, rece mucho para que, si es la vo­luntad de Dios, pueda tener un motivo para llegar hasta ese palomarcito. Creo que su vista y el hablar con Ud. me servirían para convencerme que allí debo santificarme. Entre tanto, yo le ruego haga la caridad de hablarme en sus cartas de la abnega­ción, del sufrimiento de la carmelita, del cual tengo idea, pero no tengo el suficiente conocimiento; pues lo único que deseo es sacrificarme por El, ya que Él se sacrificó toda su vida por mí”.[735]

Dia feliz, viaja a Los Andes y conoce el Monasterio del Espíritu Santo.

Juanita, esta gozosa de felicidad, a al fin viaja a Los Andes para conocer el Monasterio de las Carmelitas, hacia 4 ańos que deseaba conocer este “palomarcito”. Así se lo hace saber en una carta a una amiga.

“Querida hermanita: Que la gracia del Espíritu Santo sea siem­pre en tu alma. Hablé con la Madre Angélica sola desde la una y media hasta las cinco, mientras mi mamá hablaba con Teresita Montes. Me dijo que mis dudas las había encontrado infundadas, que desde mi primera carta había visto que yo había nacido carmelita. Me principió a hablar de la vida de la carmelita, de la unión con Dios; que sólo se hablaba de Dios; nada de lo del mundo llegaba a ese cachito de cielo. La celda, me dijo, era el templo donde la carmelita entraba a sacrificar; allí la cruz sin Cristo está extendida para ella”.[736]

También le escribe a su amiga Elena sobre su encuentro con las carmelitas, y le quiere hacer saber sus impresiones sobre las virtudes de las monjas, que se inmola por la humanidad, que son alegres y encantadoras.

“Mi querida Elena: Cuántas cosas tengo que contarte respecto de mi viaje…Le dije todas mis dudas a la Madre, y me dijo que de todas podría dudar menos de mí; porque yo había nacido carmelita. Me habló del Oficio Divino que lo rezan varias horas al día. El alma ahí hace el oficio de ángel can­tando las alabanzas del Seńor. żNo es ese el fin para que nos creó Dios? Este oficio contiene todos los salmos. Es precioso e inflama el alma en el divino amor”.

“La carmelita tiene su celda aparte. Allí es donde penetra como a un templo a sacrificarse. En ella hay una cruz sin Cristo. Es ésa la cruz donde ella debe morir; en ese templo sólo penetra ella. Está reservado sólo para Dios y el alma. Allí vive en un com­pleto aislamiento de las criaturas y ocupada sólo del Seńor. Todo en el Carmen es silencio, salvo en las horas de recreo, en que mu­chas veces la M. Angélica tiene que tocarles la campanilla para que no griten tanto”.

“Me habló de la humildad… ˇAy, qué gran misterio es este de predestinación! żCómo me eligió a mí, siendo que otra hubiera podido corresponderle, amar­le y glorificarle mil veces más que yo? żCómo no morimos de amor por Dios que nos ama, siendo El todo poder, y nosotras todo miseria? Y los hombres no se preocupan de Él. Por eso la carmelita ora por los pecadores; se inmola a cada instante por la humanidad pecadora, y todo lo hace en silencio. Ella ama a Dios y piensa en Dios por los que no le aman. Ella sufre tanto en su co­razón, en su espíritu como en su cuerpo por los que se entregan a los placeres; y esto sólo Dios lo ve. Las criaturas no lo saben. Dicen que son inútiles. Sin embargo, ˇcuántos rayos de la justicia Divina no desvían ellas del mundo y los reciben ellas mismas!”

“El sacrificio de la carmelita no es conocido. Por eso tiene ma­yor mérito…Sufre en el cuerpo con las penitencias, los ayunos, las vigilias. Lu­cha con el amor a las comodidades. La carmelita es lo más pobre: aún le falta a veces lo necesario”.

“Mi nombre será Teresa de Jesús. Yo soy indigna de él”.[737]

Podemos decir que le hizo muy bien a Juanita este viaje a Los Andes, donde cumple unos de los deseos de ir al Monasterio de las Carmelitas Descalzas, está ida a le parecía imposible, pero se la había confiado a Nuestro Seńor, aunque se conformada con su voluntad. Este viaje le ayudaría a calmar su turbación y desorientación respecto a su vocación. De esta experiencia escribe:

“Entré al locutorio y salió la Teresita Mon­tes al torno. Hablamos con ella. Yo no sabía lo que me pasaba. Fue a llamar a Madre Angélica. Oí por vez primera su voz. Me sentía feliz. Me quedé sola con ella. Nos pusimos a hablar de la vida de la carmelita. Me la explicó entera…Me sentía en una paz y felicidad tan grande como me es imposible explicar. Veía claramente que Dios me quería allí y me sentía con fuerza para vencer todos los obs­táculos para poder ser carmelita y encerrarme allí para siempre. Hablamos del amor de Dios…"Esto y mucho más merezco".[738]

Un mes más tarde, Juanita, estando en misión con el Santísimo y con comunión y dos misas diarias, se confiesa con el Padre Cea, que a ella le parece penetrar las almas.

“Me confesé y le dije que deseaba ser carmelita. Dio gracias a Dios por ello pues las considera unas santas. Le consulté acerca de mi oración y me dice que no haga ningún caso de las locuciones interiores sino de los efectos que hacían éstas en mi alma”. Y sigue luego: “Me dijo que hiciéramos un pacto: que él rezaría mucho por mí y yo lo hiciera por él. Me dio una Santa Teresa con un verso y otro santo con el ideal de la carmelita”.[739]

Juanita sentía vivir en continua comunión con Jesús. “En la tarde estaba muy reco­gida, adorándolo con mucho amor y sentía no poder estar en el Carmen para vivir siempre adorándole”. Pero aclara que lo más importante para ella, es El, independiente del lugar. Por eso dice:

“Me pongo indiferente a su divina voluntad. Para mí es lo mismo me dé el permiso para irme en mayo o que no lo consienta; lo mismo que me deje ser carmelita como no serlo. Es verdad, sufriré. Pero como sólo busco a Él, te­niéndolo contento, żqué me puede importar lo demás?”.[740]

Estoy resuelta enteramente a ser carmelita.

Juanita tiene algunas dificultades para hacer oración. Quizás un poco de ansiedad por llegar pronto al Carmelo no la deja concentrarse. No obstante no deja de gozar la visita que hizo hace pocos días a su conventito. Le preocupa no poder comulgar continuamente. La lectura espiritual la reconforta para recibir paz. Así se entiende lo que le escribe a la Rvda. Madre Sor Angélica Teresa del Santísimo.

“Mi Reverenda Madre: “Muchas veces, mi querida Madre, no puedo ni hacer oración. En esto consiste mi mayor pena, pues paso constantemente con todos, porque no me dejan un momento. Ayer estaba desalenta­da, pero N. Seńor me consoló diciéndome que me debía esforzar en dominar esa tristeza y desaliento, porque muchas veces me dominaría después ante las dificultades para ser una santa carmelita. Esto sólo bastó para alentarme y ponerme muy feliz con la voluntad de Dios. Gracias a Él”.

“Leí las Constituciones y Reglas. Sólo confío en Dios podré observarlas perfectamente, pues ellas encierran un plan cumplido de santidad. Leo el libro del Padre Blot que da también a cono­cer lo que es la carmelita. También la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz. Me encanta y saco provecho de él. Los salmos los estoy rezando. Me sirven de gran consuelo y les he tomado mu­cha afición”.[741]

“La soledad, el aspecto sencillo del convento de Los Andes le encanto. Las dudas se van disipando, ya está resuelta a ser enteramente carmelita. Le escribe al Padre José Blanch; “Aprovecho que escribe mi mamá para enviar la mía. Tuve la felici­dad, gracias a N. Seńor, de conocer el conventito de Los Andes. Sólo su vista, de aspecto pobrísimo, me encantó. Mucho cambio se ha producido en mi desde entonces acá. Estoy resuelta enteramente a ser carmelita, pues hablé con M. Angélica, quien me expuso la vida de la carmelita, y además me prestó un libro del Padre Blot en el cual da a conocer la misma”.

“Rece mucho por mí para que corresponda a tantas gracias, pues me considero cada día más indigna. Si soy carmelita, mi nombre será Teresa de Jesús, nombre que considero muy grande para mi pequeńez en virtudes”.[742]

28.6     RAZONES PARA SER CARMELITAS Y PORQUÉ EL MONASTERIO DE LOS ANDES.

“La pobreza del Carmen me encanta; pues no teniendo nada el corazón permanece puro, sólo para Dios”

Una semana más tarde le escribe al Padre Artemio Colom, las razones para ser carmelita y porque elige el Monasterio de Los Andes, la vida de oración y la vida íntima de unión con Dios.

Reverendo Padre:

“Antes de pronunciarme decididamente por la vocación que debo seguir, he querido tomar el consejo suyo; pues Ud. me ha conocido desde chica”.

“En mi carta anterior, le expuse a Ud., Rvdo. Padre, las dudas que tenía, entre el Sagrado Corazón y las carmelitas. Mi mamá tuvo la gran bondad de llevarme a Los Andes, con quien tenía re­laciones por carta desde hacía más de un ańo. La vista del con­vento que es muy pobre, me atrajo favorablemente. Pero más aún supe apreciar la felicidad de ser carmelita cuando hablé con la Madre Priora. Ella me expuso con sencillez la vida de la carmelita y sentí en el fondo de mi corazón que Dios me quería allí. Hacía varios días estaba en una inquietud muy grande que trataba de re­primir pero todo era inútil; y cuando llegué al convento, mi co­razón rebosaba de felicidad y gozaba de una paz inalterable”.

“Le diré ahora las razones que tengo para querer ser carmelita. La es por la vida de oración que allí se vive, vida de ínti­ma unión con Dios. Nada de trato con el mundo ni de criaturas. La carmelita vive en Dios, por Dios y para Dios”.

“La pobreza del Carmen me encanta; pues no teniendo nada el corazón permanece puro, sólo para Dios”.

“El fin de la carmelita -que es rezar por los sacerdotes para que se santifiquen, y por los pecadores para que se convier­tan- no puede ser mejor. La carmelita se santifica a sí misma para santificar a todos los miembros de la Iglesia. żQué fin más noble puede proponerse?”

“He preferido Los Andes por ser más apartado de las grandes ciudades -lo que hace más dificultosa la ida a ésa- mantenién­dose completa­mente separado del mundo. También porque creo son muy austeras y muy observantes de su Regla y tienen muy arraigado el espíritu de Santa Teresa. Yo fui también a hablar con la Priora -del Carmen Alto creo es- en la Alameda; pero me cau­só una impresión completa­mente desfavorable. Ignoro por qué fue. Quizás seria, como ella no me conocía no se manifestó tal cual era. También me manifestó la vida de la carmelita. Sin em­bargo, no sentí ningún atractivo por el convento. Además noté que la monja del torno preguntaba por todas las cosas del mun­do, lo que me desagradó. En cambio, en Los Andes sólo habla­mos de Dios; sólo nombramos a ciertas personas para encomen­darlas a las oraciones”.

“En cuanto a la salud, gracias a Dios, estoy muy bien, y creo ese clima no me sentará mal, pues es el mismo de Chacabuco, al que estoy acostumbrada. Además, si Dios me ha proporcionado los medios para ir, arreglando todas las circunstancias para el viaje, y que encontrará yo esa paz y felicidad que tanto tiempo no tenía, ni aún en el Carmen de Santiago, todo esto -Ud., Rdo. Padre lo verá- creo es una manifestación de la voluntad de Dios”.

“A veces me ha dicho cosas que yo no sé. Otras veces me dice cosas que no han pasado y que después suceden, pero esto es en raros casos. Me ha dicho que seré carmelita y que en mayo de 1919 me iré”.

“Se me había olvidado contarle que, si soy carmelita, me lla­maré Teresa de Jesús, nombre que encuentro demasiado grande para mí. Rece para que imite a esta gran santa. Perdone mis expre­siones tan confusas y sin concierto, pero estoy apurada”.[743]

Podemos observar por sus cartas y a quien les escribe, que Juanita desea comunicarles a todos los que le han ayudado en su camino vocacional, sobre sus razones para ser carmelita, el encanto que tiene por el Monasterio de Los Andes, y que ya ha elegido su nombre religioso. Ahora desde su lugar de descanso, le escribe al Padre José Blanch.

“Le ruego, Rvdo. Padre, me haga el favor de juzgar si tengo ver­dadera vocación para carmelita, por las razones que tengo para creer que es ello la voluntad de Dios. Creo que Nuestro Seńor lo ilumi­nará”.

“Yo recuerdo que, desde chica, yo decía que si era monja, lo sería, pero de un convento muy austero, en que hicieran mucha penitencia, y donde no se tratara con el mundo. Después cuando estuve enferma de apendicitis, Nuestro Seńor me manifestó que quería fuese monja y me dijo que fuera carmelita, a quienes yo conocía solamente por la vida de Teresita del Nińo Jesús. Desde entonces no dudé fuera esa mi vocación”.

“Ahora le diré por qué creo sea la voluntad de Dios sea carmelita y no del Sagrado Corazón:”

“Porque la vida de oración y de unión con Dios es lo que amo más por encontrarla la más perfecta; ya que es una vida de cielo en cierto modo, pues la carmelita no se preocupa sino de unirse con Dios, de contemplarle siempre y de cantar sus alaban­zas. Esa sed de oración crece en mí por momentos y mi recogi­miento ahora es casi continuo; pues todo lo que hago, lo hago con mi Jesús y se lo ofrezco a Él por amor. Cuando no puedo tener mi oración por cualquier motivo, sufro por no poder estar con mi Dios”.

“La soledad del Carmen ayuda al recogimiento. Ese aisla­miento de las criaturas hace que se trate sólo con Dios y se adquiera, por lo tanto, mayor unión con Él, en lo que consiste la perfección. La soledad creo no me cansará, pues siempre la busco, y se me hace enojoso muchas veces el trato con las criaturas; pues estando sola, estoy con Dios”.

“La pobreza de la carmelita es muy grande. No puede po­seer nada, lo que hace que toda la capacidad de poseer sea llenada por Dios sólo. Siendo pobre se asemeja más aún a su Esposo Divi­no, quien no tuvo dónde reclinar su cabeza. La carmelita sólo debe poseer a Dios.

Todas estas consideraciones que le hago, Rdo. Padre, son las que me inducen a preferir el Carmen, pues creo que en esta vida he de alcanzar la santidad”.

Razones para el elegir el Monasterio de Los Andes.

Después Juanita le escribe sobre las razones para el elegir el Monasterio de las Madres Carmelitas Descalzas de Los Andes.

“Porque está compuesto de monjas muy observantes de su Regla. Tienen el espíritu de Santa Teresa muy marcado”.

“El sentirme tan feliz, con tanta paz, la que tanto tiempo no tenía, pues cada día crecían más mis dudas. Todo esto me da a entender que Nuestro Seńor me quiere allí. Hay que observar que fui al Carmen de Santiago en la Alameda para que, hablando con una carmelita, me diera a entender mejor su vida. Hablé con la M. Priora y, a pesar de ser la primera vez que entraba al Carmen, no me produjo ninguna impresión' antes al contra­rio, me produjo un efecto desfavorable que no puedo explicar. Yo no sé si sería porque la M. Tornera principió a preguntar por cosas de afuera -por algunas personas-, pero yo no sé lo que me pasó. En cambio, en Los Andes, es verdad que hablaron de algunas per­sonas que conocían, pero fue de paso y su conversación fue toda en Dios y en darme a conocer la vida que llevaban”.

“No sé si le conté que me llamaré Teresa de Jesús, si soy de allá. Pues yo le conté a Madre Angélica cómo se me había ocurri­do ser de allá cuando Ud. contó la muerte de las carmelitas en Los Andes, y lo muy austeras que eran, y cómo yo había dicho que las iría a reemplazar”.

“También he considerado cómo la Santísima Virgen fue una per­fecta carmelita. Su vida fue contemplar, sufrir y amar”.

“Rvdo. Padre, le ruego haga la caridad de decirme qué piensa Ud. acerca de mi vocación: si la tengo -sí o no- para carmelita. Que no me quiero decidir bien hasta que crean verdaderamente que soy para carmelita”.

“Otra vez le pregunté si sería carmelita, y me dijo que sí, a los 18 ańos. Y que me faltaban 5 meses y que era en mayo. Y no había yo sacado la cuenta que faltaban cinco meses para mayo. La saqué, y así era.[744]

Los directores espirituales de Juanita ven como una buena decisión la elección de ella por el Carmelo y la estimulan a seguir con su vocación. Juanita está feliz por la respuesta que ellos le han dado y se lo comunica rápidamente la Madre Angélica Teresa del Smo. Sacramento.

“Mi Reverenda Madre: Estoy feliz, pues recibí contestación de mis antiguos confeso­res, a quienes escribí exponiéndoles las razones que tenía para ser carmelita y de allá, de Los Andes. Y los dos me contestaron di­ciéndome que veían claro ésa era mi vocación, y son de parecer la realice lo antes posible”.

“Ahora, Rvda. Madre dirá Ud. si lo podré llevar si soy carmelita. Yo le dije a Nuestro Seńor que si Él quería que lo fuera, me diera salud; y este ańo he pasado muy bien, gracias a Dios”.

“Ya terminaré todo este cuestionario, para contarle los felices días que he pasado cerca de mi buen Jesús”.

“Lo más divertido fue que uno de los Padres Misioneros del Corazón de María -el Padre Julián Cea- era muy amigo de las carmelitas. Así es que hablaba continuamente de ellas, y después me embroma­ban diciéndome que tenía que tener vocación para carmelita. Yo me reía exteriormente, pero después se lo dije al Padre y me en­contró vocación para el Carmen, y me habló, pero mucho, de la perfección que encierra esta vocación”.[745]

Ansias de ser carmelita para poder hacer penitencia y demostrar mi amor.

Juanita ya se va poniendo propósitos, la carmelita, se santifica por sus hermanos, en especial los sacerdotes. Es así, como le escribe a una amiga de su mamá, Ester Pellé de Serrano, para preguntar una amplia explicación de la Reparación Sacerdotal para rezar por los sacerdotes;

“Sra. Ester, mucho le agradecería me enviara una amplia explicación de la Reparación Sacerdotal; pues, aunque ya pertenezco a ella, sin em­bargo, no me lo han explicado muy bien. Y yo, como deseo ser carmelita -la cual se propone rogar por los sacerdotes-, tengo verdaderos deseos de llenarme por completo del espíritu de repa­ración, ya que creo le agradará a Nuestro Seńor, pues sufre tanto por las ofensas de aquellos que, llamados a ser sus verdaderos e ínti­mos amigos, muchas veces lo olvidan y lo olvidan. ˇCuántas veces no he sentido en el fondo de mi alma, al ver sacerdotes indignos de tal nombre, mucha pena! Y mucho tiempo atrás ofrecía una vez a la semana, la comunión y la Misa para rogar y reparar por ellos”.

“Yo, que he de permanecer siempre al pie del tabernáculo, me esforzaré -se lo aseguro- por consolar a Nuestro Seńor por las ofensas de sus ministros. La carmelita es hermana del sacerdote. Ambos ofrecen una hostia de holocausto por la salvación del mundo. Así pues santificase a sí misma para que la sangre del divino Prisione­ro que recibe ella en su alma por estar siempre más unida a Él, cir­cule por los demás miembros del cuerpo de Cristo. En una pala­bra, santificase a sí misma para santificar a sus hermanos”.[746]

Al Padre Julián Cea:

“Tengo ansias de ser carmelita para poder hacer penitencia y demostrarle mi amor, mortificando este cuerpo que me sirve de estorbo para unirme a Él”.

“Rvdo. Padre, permítame recordarle, pues me da tanto miedo que se le olvidé, esos dos responsos que mandó decir esa mujer y que se lo di a última hora. Le he agradecido mucho el cuadernito que me dio. Me ha encantado”.

“Rece por su pobre carmelita para que cumpla la voluntad divina. Ofrézcame como víctima de reparación y acción de gracias en la Sta. Misa alguna vez por manos de la Sma. Virgen. Y cuando yo ofrezca mi sacrificio, rogaré mucho por Ud. para que sea un santo y salve muchas almas”.[747]

28.7     CAMINO AL CARMELO

Permiso a su papa.

Juanita debe escribir a su papa, “Mi papacito tan querido”, para que la autorice ir al Carmelo. La carta a su papá es llena de emotividad y ternura. Pero antes, sondea con sus confesores. Al P. José Blanch le escribe:

“Las misiones las supe aprovechar. Pasé unos días de cielo. A veces, cuando estaba una hora o más con Nuestro Seńor, me figuraba estar en el Carmen. Sólo me faltaba verme tras las rejas como pri­sionera. A cada momento me iba al oratorio; pues no tenía des­canso mi corazón hasta que no me encontraba a sus pies. Vino un Padre que me gustó mucho. Se veía era muy santo: el P. Cea…me dio muy buenos consejos que trajeron la paz a mi alma. Le dije mis intenciones de ser carmelita y dio gracias a Dios por ello, pues las aprecia mucho. Me tomó mucho interés y me examinaba en todo y me encontró vocación”.

“Estoy encantada con él. Me dijo el Padre Julián que le escribiera alguna vez, si tenía nece­sidad”.

“Respecto a lo que me dice qué me causa más temor en la vida de la carmelita... El tedio que me entrará y tener que mortificar­me sin sentir fervor, sino repugnancia”.[748]

Al Padre Julián Cea le confiesa:

“Estoy sufriendo una verdadera agonía, pues hoy escribiré la carta a mi papá para solicitar el permiso para ser carmelita, para que la reciba el sábado, día de la Sma. Virgen”.

“Si Nuestro Seńor no me encuentra preparada, no mo­verá el corazón de mi papá a darme el consentimiento, y entonces no podría ya este ańo ser carmelita. No le pido a Dios nada, más que se cumpla en mí su divina voluntad. A ella me abandono y digo con mi Madre Santa Teresa: "El todo lo sabe y El me ama". No me preocupo de nada, pues sé que mi Jesús arreglará todo por su pequeńa esposa..”.

“He ofrecido mi vida por él, pero el Seńor no la ha aceptado. Cuando sea carmelita me inmo­laré toda la vida por este hermano que tanto quiero”.[749]

Finalmente llegó la hora de escribir a su papa.

Finalmente, Juanita le envía una carta conmovedora a su padre en Santiago el 25 de marzo de 1919. Ella se siente amada y llamada por Dios y le ruega a su papa al que ama mucho, su comprensión frente al intenso deseo que siente en su corazón de ser de Dios en el Carmelo. Su papá le dará su respuesta afirmativa el 6 de abril de 1919.

Su vocación de monja carmelita, carta a su padre

Teresa ama muchísimo a su papá, ella dice que es su “papacito querido” y le recuerda en muchas cartas o le escribe a él mismo.

“En la casa dales un buen abrazo, comenzando desde mi papacito y mamacita”[750] Mi papacito querido: Que la gracia del Espíritu Santo sea en su alma.

“Recordando lo solito que pasa en San Javier, nuestra Madrecita ha tenido la bondad de dejarme enviarle unas líneas, que han de demostrarle una vez más que su hija carmelita no lo olvida un solo día, y que siempre lo quiere y está a su lado…Adiós, papacito lindo. Reciba muchos besos y carińos de su hijita carmelita, que siempre está a su lado”.[751]

Teresa de Los Andes escribe una carta conmovedora a su padre en Santiago el 25 de marzo de 1919.[752] Su papá le dará su respuesta afirmativa el 6 de abril de 1919.

Teresa, se siente amada y llamada por Dios y le escribirá a su papa; “Es Dios mismo quien se digna llamarme” y le ruega a su papa al que ella ama mucho, su comprensión frente al intenso deseo que siente en su corazón de ser de Dios en el Carmelo. Dice el Seńor Jesús: “Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna”. (Mt 19,29) Jesús, se fija en los que dejan todo por seguirlo a Él y por esa decisión de seguirlo, alcanzarán como premio la vida eterna. Con todo, dejar todo no es más que una condición para seguir a Jesús; la perfección consiste en seguirlo. Teresa le escribe en esta carta una sentencia conmovedora; “es preciso seguir la voz de Dios; es preciso abandonar aquellos seres a quienes el alma se halla íntimamente ligada, para ir a morar con el Dios de amor, que sabe recompensar el más leve sacrificio”

En esta conmovedora carta que he seleccionado para este libro, en la cual le pide consentimiento con palabras muy enternecedora para entrar al Carmelo, destaco algunos párrafos con subtítulos de acuerdo con los temas que ella le escribe tales como: “Sólo en Dios mi corazón ha descansado”. “En su infinita bondad y a pesar de mi bajeza, me ha amado con infinito amor”. “Siendo para Dios mi alma, no se cansaría de amarlo y contemplarlo” “El todopoderoso, omnipotente, que no necesita de nadie, se preocupa de amarme y de elegirme para hacerme su esposa”, “Es Dios mismo quien se digna llamarme”, “Es Dios mismo quien se digna llamarme”, “Es la Virgen, su perpetuo socorro, quien le pide una hija para hacerla esposa de su adorado Hijo”, “Es preciso seguir la voz de Dios”, “Seré toda para Dios y él será todo para mí”., “La Santísima Virgen será mi abogada”., “Bien conozco esa vida que deja en el alma un vacío que nadie puede llenar, si no es Dios”, “Dios lo ha querido que se cumpla su adorable voluntad”

28.8     “SÓLO EN DIOS MI CORAZÓN HA DESCANSADO”.

Escribe Teresita a su papa:

“He tenido ansias de ser feliz y he buscado la felicidad por todas partes. He sońado con ser muy rica, más he visto que los ricos, de la noche a la mańana, se tornan pobres. Y aunque a veces esto no sucede, se ve que por un lado reinan las riquezas, y que por otra reina la pobreza de la afección y de la unión. La he buscado en la posesión del carińo de un joven cumplido, pero la idea sola de que algún día pudiera no quererme con el mismo entusiasmo o que pudiera morirse dejándome sola en las luchas de la vida, me hace rechazar el pensamiento de que casándome seré feliz. No. Esto no me satisface. Para mí no está allí la felicidad. Pues żdónde -me preguntaba- se halla? Entonces comprendí que no he nacido para las cosas de la tierra sino para las de la eternidad. żPara qué negarlo por más tiempo? Sólo en Dios mi corazón ha descansado. Con Él, mi alma se ha sentido plenamente satisfecha, y de tal manera, que no deseo otra cosa en este mundo que el pertenecerle por completo”.

“En su infinita bondad y a pesar de mi bajeza, me ha amado con infinito amor”.

Mi queridísimo papá: no se me oculta el gran favor que Dios me ha dispensado. Yo que soy la más indigna de sus hijas, sin embargo, el amor infinito de Dios ha salvado el inmenso abismo que media entre Él y su pobre criatura. Él ha descendido hasta mí para elevarme a la dignidad de esposa. żQuién soy yo sino una pobre criatura? Más Él no ha mirado mi miseria. En su infinita bondad y a pesar de mi bajeza, me ha amado con infinito amor. Sí, papacito. Sólo en Dios he encontrado un amor eterno. żCon qué agradecerle? żCómo pagarle sino con amor? żQuién puede amarme más que N. Seńor, siendo infinito e inmutable? Ud., papacito, me preguntará desde cuándo pienso todo esto. Y le voy a referir todo para que vea que nadie me ha influenciado.

“Siendo para Dios mi alma, no se cansaría de amarlo y contemplarlo”.

Desde chica amé mucho a la Santísima Virgen, a quien confiaba todos mis asuntos. Con sólo Ella me desahogaba y jamás dejaba ninguna pena ni alegría sin confiársela. Ella correspondió a ese carińo. Me protegía, y escuchaba lo que le pedía siempre. Y ella me enseńó a amar a N. Seńor. Ella puso en mi alma el germen de la vocación. Sin embargo, sin comprender la gracia que me dispensaba, y sin siquiera preocuparme de ella, yo pololeaba y me divertía lo más posible. Pero cuando estuve con apendicitis y me vi muy enferma, entonces pensé lo que era la vida, y un día que me encontraba sola en mi cuarto, aburrida de estar en cama, oí la voz del Sagrado Corazón que me pedía fuera toda de Él. No crea [que] esto fue ilusión, porque en ese instante me vi transformada. La que buscaba el amor de las criaturas, no deseó sino el de Dios. Iluminada con la gracia de lo alto, comprendí que el mundo era demasiado pequeńo para mi alma inmortal; que sólo con lo infinito podría saciarme, porque el mundo y todo cuanto él encierra es limitado; mientras que, siendo para Dios mi alma, no se cansaría de amarlo y contemplarlo, porque en Él los horizontes son infinitos.

“El todopoderoso, omnipotente, que no necesita de nadie, se preocupa de amarme y de elegirme para hacerme su esposa”.

żCómo dudar, pues, de mi vocación cuando, aunque estuve tan grave y a punto de morirme, no dudé ni deseé otra cosa? Como puede ver, papacito, nadie me ha influenciado, pues nunca lo dije a persona alguna y traté siempre con empeńo de ocultarlo.

No sé cómo puedo agradecerle cómo debo a N. Seńor este favor tan grande, pues siendo El todopoderoso, omnipotente., que no necesita de nadie, se preocupa de amarme y de elegirme para hacerme su esposa. Fíjese a qué dignidad me eleva: a ser esposa del Rey del cielo y tierra, del Seńor de los seńores. ˇAy, papá, cómo pagarle! Además, me saca del mundo, donde hay tantos peligros para las almas, donde las aguas de la corrupción todo lo anegan, para llevarme a morar junto al tabernáculo donde El habita.

“Es Dios mismo quien se digna llamarme”.

Si para concederme tan gran bien un enemigo me llamara, żno era razón para que inmediatamente lo siguiera? Ahora no es enemigo, sino nuestro mejor amigo y mayor bienhechor. Es Dios mismo quien se digna llamarme para que me entregue a Él. żCómo no apresurarme a hacer la total ofrenda para no hacerlo esperar? Papacito, Yo ya me he entregado y estoy dispuesta a seguirlo donde Él quiera. żPuedo desconfiar y temer cuando es El, el camino la verdad y la vida?

“Es la Virgen, su perpetuo socorro, quien le pide una hija para hacerla esposa de su adorado Hijo”.

Con todo, yo dependo de Ud., mi papá querido. Es preciso, pues, que Ud. también me dé. Sé perfectamente que si no negó la Lucia a Chiro, pues su corazón es demasiado generoso, żcómo he de dudar que me dará su consentimiento para ser de Dios, cuando de ese "si" de su corazón de padre ha de brotar la fuente de felicidad para su pobre hija? No. Lo conozco. Ud. es incapaz de negármelo, porque sé que nunca ha desechado ningún sacrificio por la felicidad de sus hijos. Comprendo que le va a costar. Para un padre no hay nada más querido sobre la tierra que sus hijos. Sin embargo, papacito, es Nuestro Seńor quien me reclama. żPodrá negarme, cuando El no supo negarle desde la cruz ni una gota de su divina sangre? Es la Virgen, su Perpetuo Socorro, quien le pide una hija para hacerla esposa de su adorado Hijo. Y żpodrá rehusarme?

“Es preciso seguir la voz de Dios”.

No crea, papacito, que todo lo que le digo no desgarra mi corazón. Ud. bien me conoce y sabe que soy incapaz de ocasionarle voluntariamente un sufrimiento. Pero, aunque el corazón mane sangre, es preciso seguir la voz de Dios; es preciso abandonar aquellos seres a quienes el alma se halla íntimamente ligada, para ir a morar con el Dios de amor, que sabe recompensar el más leve sacrificio. żCon cuánta mayor razón premiará los grandes?

Es necesario que su hija los deje. Pero téngalo presente: que no es por un hombre sino por Dios. Que por nadie lo habría hecho sino por El que tiene derecho absoluto sobre nosotros. Eso ha de servirle de consuelo: que no fue por un hombre y que después de Dios, será Ud. y mi mamá los seres que más he querido sobre la tierra.

“Seré toda para Dios y él será todo para mí”.

También piense que la vida es tan corta, que después de esta existencia tan penosa nos encontraremos reunidos por una eternidad. Pues a eso iré al Carmen: a asegurar mi salvación y la de todos los míos. Su hija carmelita es la que velará siempre al pie de los altares por los suyos, que se entregan a mil preocupaciones que se necesitan para vivir en el mundo.

La Santísima Virgen ha querido perteneciera a esa Orden del Carmelo, pues fue la primera comunidad que le rindió homenaje y la honró. Ella nunca deja de favorecer a sus hijas carmelitas. De manera papacito, que su hija ha escogido la mejor parte. Seré toda para Dios y El será todo para mí. No habrá separación posible entre Ud. y su hija. Los seres que se aman jamás se separan. Por eso, cuando Ud., papacito, se entregue al trabajo rudo del campo; cuando, cansado de tanto sacrificio, se sienta fatigado y solo, sin tener en quien descansar se sienta desfallecido, entonces le bastará trasladarse al pie del altar. Allá encontrará a su hija, que también sola, ante el Divino Prisionero, alza suplicante su voz para pedirle acepte el sacrificio suyo y también el de ella, y que, en retorno, le dé ánimo, valor en los trabajos y consuelo en su dolor. żCómo podrá hacerse sordo a la súplica de aquella que todo lo ha abandonado y que no tiene en su pobreza otro ser a quién recurrir? No, papacito. Dios es generoso, sobre todo que la constancia de mi oración no interrumpida ha de moverle a coronar sus sacrificios.

Mi mamá y mis hermanos tendrán un ser que constantemente eleve por ellos ardientes súplicas, un ser que los ama entrańablemente y que perpetuamente se inmola y sacrifica por los intereses de sus almas y de sus cuerpos. Sí. Yo quisiera ser desde el convento el ángel tutelar de la familia. Aunque sé lo indigna que soy, lo espero ser, pues siempre estaré junto al Todopoderoso.

“La Santísima Virgen será mi abogada”.

Papacito, no me negará el permiso. La Santísima Virgen será mi abogada. Ella sabrá mejor que yo hacerle comprender que la vida de oración y penitencia que deseo abrazar encierra para mí todo el ideal de felicidad en esta vida, y la que me asegurará la de la eternidad.

Comprendo que la sociedad entera reprobará mi resolución pero es porque sus ojos están cerrados a la luz de la fe. Las almas que ella llama "desgraciadas" son las únicas que se precian de ser felices, porque en Dios lo encuentran todo. Siempre en el mundo hay sufrimientos horribles. Nadie puede decir sinceramente: "Yo soy feliz". Más al penetrar en los claustros, desde cada celda brotan estas palabras que son sinceras, pues ellas su soledad y el género de vida que abrazaron no la trocarían por nada en la vida. Prueba de ello es que permanecen para siempre en los conventos. Y esto se comprende, ya que en el mundo todo es egoísmo, inconstancia e hipocresía. De esto Ud., papacito, tiene experiencia. żY qué cosa mejor se puede esperar de criaturas tan miserables?

“Bien conozco esa vida que deja en el alma un vacío que nadie puede llenar, si no es Dios”.

Deme su consentimiento luego, papacito querido. "Quien da luego, da dos veces". Sea generoso con Dios, que lo ha de premiar en esta vida y en la otra, y no me obligue a salir a sociedad. Muy bien conozco esa vida que deja en el alma un vacío que nadie puede llenar, si no es Dios. Deja muchas veces el remordimiento. No me exponga en medio de tanta corrupción como es la que reina actualmente. Mi resolución está tomada. Aunque se me presente el partido más ventajoso, lo rechazaré.

Con Dios żquién hay que pueda compararse? No. Es preciso que pronto me consagre a Dios, antes que el mundo pueda mancharme. Papacito, żme negará el permiso para mayo? Es verdad que falta poco, pero rogaré a Dios y a la Santísima Virgen le den fuerzas para decirme el "si" que ha de hacerme feliz. Ud. ha dicho en repetidas ocasiones que no negaría su permiso, pues le daría mucho consuelo tener una hija monja.

“Dios lo ha querido que se cumpla su adorable voluntad”.

El convento que he elegido está en Los Andes. Es el que Dios me ha designado, pues nunca había conocido ninguna carmelita; lo que le asegurará a Ud. que nadie me ha metido la idea y que no obro por impresiones. Dios lo ha querido Que se cumpla su adorable voluntad

Espero su contestación con ansiedad. Entre tanto pido a N. Seńor y a la Santísima Virgen le presten su socorro para hacer el sacrificio ya que sin Ellos yo no habría tenido el suficiente valor para separarme de Ud.

Reciba muchos besos y abrazos de su hija que más lo quiere Juana

P.D-- No necesito recomendarle me guarde secreto. Lucho llega el sábado de Bucalemu. La Lucia está muy bien, pero dice se apure en venir, pues si no, va a encontrar el ahijado muy grande. Mi mamá sabe mi secreto hace poco. Perdóneme, papacito, la pena que en esta carta le voy a dar; pero es Dios quien me lo ordena.

 

28.9     EN DIOS TE DOY ETERNA CITA

 Carta a su hermano  Lucho

Esta es una carta escrita para su hermano Luis, (Teresa le llamaba Lucho, sobrenombre que se da en Chile a los que se llaman Luis), fue escrita el 14 de abril de 1919. Teresa escribe palabras conmovedoras para explicar los que ella tiene en su corazón al entrar al Carmelo.[753]

Con un “Mi querido Lucho” comienza esta carta, hermano muy amado por Teresa, tanto que ella le ruega al Reverendo Padre Julia Cea,[754] que rece mucho por un hermano extraviado del buen camino, que se aparta cada vez más de él y promete que cuando sea carmelita me inmolaré toda la vida por este hermano que tanto quiero. Con este hermano tan querido, les unía su devoción mariana, escribe Teresa: “Por este tiempo empieza mi devoción a la Virgen. Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y estaré, como lo espero hasta mi muerte”[755]

Esta profunda amistad entre estos hermanos se refleja en las cartas entre ellos que deben haber sido varias: “Adiós, papacito. Dele un abrazo a Lucho a quien escribí” [756]A Lucho, que espero su carta”.[757] , “No te enojes porque le escribo a Lucho primero[758]

Teresa le escribe a su hermano Lucho, una carta muy tierna y conmovedora para comunicarle sobre su entrada al Carmelo, en esta carta he destacado algunos  aspecto de ellas como “Amar, sí; pero al Ser inmutable, a Dios quien me ha amado infinitamente desde una eternidad”., “En Dios te doy eterna cita”., “Los voy a dejar por Dios”., “Almas que, entregadas completamente al servicio de Dios, lo alaben incesantemente”., “żCómo podré darle mayor gloria a Dios, si no es dándome enteramente a Él?”, "Tu Madre (la Virgen) jamás te deja solo", “Lucho querido, ˇadiós! Ten corazón generoso y ofréceme a tu Dios y a la Santísima Virgen”.

Amar, sí; pero al Ser inmutable, a Dios quien me ha amado infinitamente desde una eternidad.

“Mi querido Lucho: Por mi mamá he sabido que ya no te es desconocido mi secreto. Perdóname no haya tenido el valor de confiártelo antes; pero sabía lo mucho que te iba a impresionar y quería ahorrarte lo más posible la pena que ibas a sentir cuando estuvieras al corriente de todo.

Si por un instante pudieras penetrar en lo íntimo de mi pobre corazón y presenciar la lucha horrible que experimento al dejar a los seres que idolatro, me compadecerías. Mas Dios lo quiere y, aun cuando fuera necesario atravesar el fuego, no retrocedería; puesto que lo que con tantas ansias anhelo no sólo me proporcionará la felicidad en esta vida, sino la de una eternidad.

Creo que tú, más que nadie, podrás comprender que existe en el alma una sed insaciable de felicidad. No sé por qué, pero en mí la encuentro duplicada. Desde muy chica la he buscado, más en vano, porque en todas partes sólo veo su sombra; ży ésa puede satisfacerme? No. Jamás -me parece- me he dejado seducir. Anhelo amar, pero algo infinito [y que] ese ser que yo ame no varíe y sea el juguete de sus pasiones, de las circunstancias del tiempo y de la vida. Amar, sí; pero al Ser inmutable, a Dios quien me ha amado infinitamente desde una eternidad. ˇQué abismo medio entre ese amor puro desinteresado e inmutable, y el que me puede ofrecer un hombre! żCómo amar a un ser tan lleno de miserias y de flaquezas? żQué seguridad puedo encontrar en ese corazón? Unir mi alma a otro ser que no me perfeccione con su amor, żencuentras que puede serme de nobles perspectivas? No. En Dios encuentro todo lo que en las criaturas no encuentro, porque son demasiado pequeńas para que puedan saciar las aspiraciones casi infinitas de mi alma. Me dirás: pero puedes amar a Dios viviendo en medio de los tuyos. No, mi Lucho querido. Nuestro Seńor nada suyo reservó para Sí al amarme desde el madero de la cruz. Aún dejó su cielo, su divinidad la eclipsó, y żyo me he de entregar a medias? żEncontrarías generoso de mi parte reservarme aquellos a quienes estoy más ligada? żQué le ofrecería entonces? No. El amor que le tengo, Lucho querido, está por encima de todo lo creado; y aun pisoteando mi propio corazón, despedazado por el dolor, no dejaré de decirles adiós, porque lo amo y con locura. Si un hombre es capaz de enamorar a una mujer hasta el punto de dejarlo todo por él, żno crees, acaso, que Dios es capaz de hacer irresistible su llamamiento? Cuando a Dios se conoce; cuando en el silencio de la oración alumbra al alma con un rayo de su hermosura infinita; cuando alumbra al entendimiento con su sabiduría y poderío; cuando inflama con su bondad y misericordia, se mira todo lo de la tierra con tristeza. Y el alma, encadenada por las exigencias de su cuerpo, por las exigencias del ambiente social en que vive, se encuentra desterrada y suspira con ardientes ímpetus por contemplar sin cesar ese horizonte infinito que, a medida que se mira, se ensancha, sin encontrar en Dios limites jamás”.

En Dios te doy eterna cita.

“Lucho querido, si supieras tú la amargura que encuentro en todo lo que me rodea, no te asombraría que buscara las paredes de un convento para vivir y pasar mi vida entera en esa oración no interrumpida por el bullicio del mundo. No puedes comprenderlo por ahora, pero yo rogaré para que Dios se manifieste un día a tu alma, como por su infinita bondad se manifiesta a la mía. Entonces verás que es imposible no sufrir horriblemente, cuando se encuentra el alma con obstáculos que le impiden pasar constantemente en esta contemplación amorosa del Todo adorado. Viviendo en medio de los míos, esto es imposible. Las preocupaciones de la vida lo impiden, aunque se tenga la libertad más completa.

Lucho tan querido, te hablo de corazón a corazón. En este instante experimento todo el dolor de la separación. Te quiero como nunca te he querido. Pocos hermanos existirán tan unidos como nosotros dos. Sin embargo, te digo adiós. Sí, Lucho de mi alma. Es preciso que te diga esta palabra tan cruel por un lado, pero no si se considera cuánto dice: "A Dios". Lucho querido, allí viviremos siempre unidos. En Dios te doy eterna cita.

Tu carta que hace poco recibí, cuando ésta tenía principiada, me ha hecho sufrir mucho. Me acusas de falta de confianza, hermano el más querido. Si yo te dijera que muchas veces estuve a punto de decírtelo, no me creerás. Pero me reprimía por el temor de lo mucho que ibas a sufrir y temía por tu salud. Así, perdóname no haya tenido el valor de decírtelo, pero es por exceso de carińo”.

Los voy a dejar por Dios.

“Lucho, no sabes cuánto te agradezco tu carińo. Verdaderamente encuentro que no lo merezco; pero créeme que yo te quiero doblemente. Con delirio. Fíjate que no sólo te dejo a ti, sino también a los dos seres que idolatro: a mi padre y a mi madre. Y sin embargo, los voy a dejar por Dios. Lo he pensado mucho y reflexionado y no quiero volver atrás, porque siendo carmelita realizaré todo el ideal de felicidad que me he forjado. Si me quedo en el mundo, no haría todo el bien que tú me pintas; porque la virtud es una planta cuya savia es la gracia de Dios. Sin ella, la virtud perece. Y dime sinceramente, żcrees que Dios me la otorgará si yo no soy fiel en seguirle? No. Si Él me ha dado ya el valor para sacrificarlo todo por su amor, yo no debo dejar de ser generosa. Además, żqué favor más grande que el de la vocación? Y después de tanto amor de Dios para con una criatura miserable, żyo me quedaré en mi casa, en medio de todos los que amo y de las comodidades? Por un hombre a todo se renuncia ˇy por Dios nada es aceptado!

Si tú, querido Lucho, me hubieras visto casar con un joven bueno que no hubiera tenido fortuna y me hubiera llevado al campo lejos de todos Uds., tú te habrías conformado. Y porque es por Dios, żtú te desesperas? żQuién puede hacerme más feliz que Dios? En El todo lo encuentro. Ahora dime, żqué abismo insondable hay entre Dios todopoderoso y la criatura? Y Él no se desdeńa de descender hasta ella para unirla a Sí y divinizarla. Y yo, żhe desdeńar la mano del Todopoderoso, que en su gran bondad me tiende? No. Jamás. Nadie podrá convencerme que mi deber no es seguir a Dios sacrificándolo todo para pagarle su infinito amor como mejor pueda. Lo demás será bajeza de mi parte. Creo que juzgarás como yo”.

Almas que, entregadas completamente al servicio de Dios, lo alaben incesantemente.

“En cuanto a lo que me dices que la gloria de Dios no ganaría nada si todos entran en los conventos, te encuentro razón. Pero debes agregar a esto que no todos los buenos son llamados por Dios para ser religiosos. Hay almas que les infunde el atractivo de la perfección, y las tales faltan si no se entregan a ella. Es cierto que en el mundo se necesitan almas virtuosas, y hoy más que nunca es de absoluta necesidad el buen ejemplo; pero para permanecer en el mundo es indispensable tener especial asistencia de Dios. Yo me considero sin fuerzas para ello, porque Él no me lo pide.

Pero mayor aún es la necesidad de almas que, entregadas completamente al servicio de Dios, lo alaben incesantemente por las injurias que en el mundo se le hacen; almas que le amen y le hagan compańía para reparar el abandono en que lo dejan los hombres; almas que rueguen y clamen perpetuamente por los crímenes de los pecadores; almas que se inmolen en el silencio, sin ninguna ostentación de gloria, en el fondo de los claustros por la humanidad deicida (Que prescinde de los dioses). Sí, Lucho. La carmelita da más gloria a Dios que cualquier apóstol. Santa Teresa, con su oración, salvó más almas que San Francisco Javier; y este apostolado lo hizo desconociéndolo ella misma”.

żCómo podré darle mayor gloria a Dios, si no es dándome enteramente a Él?

“Me dices que las cualidades con que Dios me ha dotado las debo emplear para su gloria. Si, como me dices, es cierto que las tengo, żcómo podré darle mayor gloria a Dios, si no es dándome enteramente a Él y empleando día y noche mis facultades, tanto intelectuales como morales, en conocerle y amarle? La hermosura no la poseo; y si la poseyera, no dudaría en ofrecérsela también, porque lo mejor y más hermoso es lo que merece El.

żPodrás aborrecer tú la religión, a Jesucristo, cuando es ella, El, quienes me proporcionan la felicidad en esta vida y en la otra? ˇQué desesperación habría embargado mi corazón al encontrar el vacío, la nada de las criaturas, si no hubiera conocido otro Ser capaz de saciarme y satisfacerme! No. Jamás lo creeré, Lucho de mi alma, porque sé que en tu alma las creencias religiosas descansan sobre base sólida. Y si esto, por desgracia, llegará a suceder, yo te digo que este instante conjuro a Dios para que me mande antes la muerte a mí para que del sacrificio brote para ti la luz y [el] amor hacia nuestra religión.

Además, la que puso en mi alma el germen de la vocación, fue la Santísima Virgen. Y tú fuiste el que me enseńaste a amar a esta tierna Madre, que jamás ha sido en vano invocada por sus hijos Ella me amó y, no encontrando otro tesoro más grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el fruto bendito de sus entrańas, su Divino Hijo. żQué más me pudo dar?”

"Tu Madre (la Virgen) jamás te deja solo"

“Lucho, antes de partir, te dejo como sello de nuestra perpetua fraternidad, la estatua de la Santísima Virgen, que ha sido mi compańera inseparable. Ella ha sido la confidente íntima desde los más tiernos ańos de mi vida. Ella ha escuchado la relación de mis alegrías y tristezas. Ella ha confortado mi corazón tantas veces abatido por el dolor. Lucho querido, te la dejo para que me reemplace cerca de ti. Háblele como lo haces conmigo, de corazón a corazón. Cuando te sientas solo, como yo muchas veces me he sentido, mírala y verás que sonriendo te dice: "Tu Madre jamás te deja solo". Cuando, triste y desolado, no halles con quién desahogarte, corre a su presencia y la mirada llorosa de tu Madre que te dice "no hay dolor semejante a mi dolor" te confortará, poniendo en tu alma la gota de consuelo que cae de su dolorido Corazón.

Yo, desde mi solitaria celda, rogaré por ti a esa Virgen casi idolatrada, para que se muestre como verdadera Madre con aquel hermano que tanto quiero. Unidos por el pensamiento aquí en la tierra nuestras almas hermanas se encontrarán, después de esta existencia dolorosa, un día reunidas para siempre allá en el cielo. Entonces comprenderemos el mérito de la separación en el destierro, que nos ha granjeado la comunión eterna allá en la patria donde está la vida verdadera”.

 

Lucho querido, ˇadiós! Ten corazón generoso y ofréceme a tu Dios y a la Santísima Virgen.

“Lucho, sólo me queda una cosa que decirte. Si me hubiera enamorado de un joven con quien creyera ser feliz y no hubiera sido de tu agrado, no hubiera dudado un momento en sacrificar por ti mi felicidad porque te quiero demasiado Pero no tratándose de un hombre, sino de Dios, y comprometiendo yo, no sólo la felicidad [temporal] sino la eterna, no puedo volver sobre mis pasos. Perdóname toda la pena que con mi determinación te he causado. Tú me conoces y podrás comprender mejor que nadie el dolor en que estoy sumergida, dolor tanto más grande cuanto que veo que soy yo la causa del sufrimiento de los seres que tanto amo.

Déjame decirte por última vez adiós. Se escapa de mi alma en un sollozo. Adiós, hermano mío tan querido. Sé bueno. Llena tú, con el carińo hacia mis padres, el vacío que va a dejar en sus corazones la ofrenda de una hija, que, aunque poco vale, es al fin un pedazo de sus almas. Ámalos, y evítales todos los sufrimientos. Sé bueno también con mi querida Rebeca. ˇPobrecita! ˇCuánto siento dejarla abandonada en las luchas de la vida! Aunque no abandonada, porque siempre la acompańaré con mis oraciones, Acompáńense ambos y ayúdense mutuamente en el camino del bien, Lucho querido, ˇadiós! Ten corazón generoso y ofréceme a tu Dios y a la Santísima Virgen, Ellos van a hacer la felicidad de tu pobre hermana, Lo bueno y lo hermoso siempre cuesta lágrimas, La vida que abrazaré tiene estas cualidades, pero se compra con sangre del corazón, Dios te premiará, porque nunca se deja vencer en generosidad, Sobre todo piensa que esta vida es tan corta; ya sabes que esta vida no es la vida,

A Dios, hermano querido, Juana”.

 “Mi papacito tan querido: Papacito, hace mucho tiempo deseaba confiarle un secreto, que he guardado toda mi vida en lo más íntimo del alma. Sin em­bargo, no sé qué temor se apoderaba de mi ánimo al querérselo confiar. Por eso, siempre me he mostrado muy reservada para to­dos. Mas ahora quiero confiárselo con la plena confianza que me guardará la más completa reserva”.

“He tenido ansias de ser feliz y he buscado la felicidad por to­das partes”.

“También piense que la vida es tan corta, que después de esta existencia tan penosa nos encontraremos reunidos por una eternidad. Pues a eso iré al Carmen: a asegurar mi salvación y la de todos los míos. Su hija carmelita es la que velará siempre al pie de los altares por los suyos, que se entregan a mil preocupaciones que se necesitan para vivir en el mundo La Sma. Virgen ha querido perteneciera a esa Orden del Carmelo, pues fue la primera comunidad que le rindió homenaje y la honró. Ella nunca deja de favorecer a sus hijas carmelitas. De manera papacito, que su hija ha escogido la mejor parte. Seré toda para Dios y El será todo para mí”.

“El convento que he elegido está en Los Andes. Es el que Dios me ha designado, pues nunca había conocido ninguna carmelita; lo que le asegurará a Ud. que nadie me ha metido la idea y que no obro por impresiones. Dios lo ha querido Que se cumpla su adorable voluntad”.

“Espero su contestación con ansiedad. Entre tanto pido a Nuestro Seńor y a la Sma. Virgen le presten su socorro para hacer el sacrifi­cio ya que sin Ellos yo no habría tenido el suficiente valor para separarme de Ud”.[759]

Al Padre José Blanch le escribe confesando que está experimentando una agonía horrible en su corazón, que en su oración no encuentra sino una sequedad horrible. De tal manera que se halla sumergida en tinieblas y le es imposible fijar su pensamiento en Dios y no puedo recogerse, en la comunión no siente nada y por tanto le pide una recomendación para que pueda cambiar de actitud frente al Seńor. En ese estado de aridez le comenta sobre la carta a su papa y le ofrece enviar una copia. Es posible que este estado angustia está motivado por el ansia de conocer la respuesta de su papa.

“La carta a mi papá la envío hoy. Si tengo tiempo le enviaré una copia de ella para que la lea. No se imagina la agonía horrible que experimento en mi corazón, pero la oculto enteramente. Fue una verdadera lucha que sostuve contra mi naturaleza al escribirla por las circunstancias que me rodean. Pero al escribirla parece que Nuestro Seńor me puso insensible. ˇQué bueno es este Jesús!”

“Tampoco siento atractivo natural por el Carmelo. Sin embar­go mi voluntad desea ese bien inapreciable cuanto antes. Doy gra­cias a Nuestro Seńor por lo que sufro pues así le mostraré mi amor sin mezcla de consuelos. Me someto con gusto a su divina voluntad”[760]

Han pasado ya una semana que ha recibido la respuesta positiva de papa autorizándola a entrar en el Carmelo y lo bueno es que se la dio personalmente, han finalizado esos días de angustia que estaba experimentando, Juanita se siente muy dichosa y se lo hace saber por escrito a la Madre Sor Angélica del Smo. Sacramento.

“Rvda. Madre; “Mandé mi carta el día de la Sma. Virgen, pero pasó una sema­na y mi papacito no me contestaba nada; pero por el nacimiento de mi primera sobrina tuvo que venir a Santiago. Parece que él esquivaba encontrarse solo conmigo, pero resultó que las nińitas Valdés Ossa me mandaron traer con su papá al fundo donde me encuentro. Entonces, antes de venirme, lo llamé a mi pieza y le pedí me diera el permiso, y entre lágrimas, no sólo me lo dio, sino me dijo que si era esa la voluntad de Dios sería muy feliz siendo carmelita; y que él sólo deseaba verme feliz”.

“ˇQué feliz me siento al contemplar ya muy cerca mi bendita Montańa del Carmelo! Muy pronto subiré a ella Para vivir crucificada. La carmelita busca siempre a Dios, y żdónde mejor puede encontrarlo si no es en la cruz, donde el amor lo enclavó? Voy a principiar a amar a mi Jesús. Hasta aquí Él me ha amado, puesto que se ha entregado a mí. Ahora principio a entregarme yo, para poder llamarme con verdad Teresa de Jesús”.[761]

Y ahora hay que hablar de corazón a corazón con su hermano Lucho; “żQuién puede hacerme más feliz que Dios? En El todo lo encuentro”.

“Mi querido Lucho: Por mi mamá he sabido que ya no te es desconocido mi se­creto. Lucho, no sabes cuánto te agradezco tu carińo. Verdadera­mente encuentro que no lo merezco; pero créeme que yo te quie­ro doblemen­te. Con delirio”.

“Lo he pensado mucho y re­flexionado y no quiero volver atrás, porque siendo carmelita rea­lizaré todo el ideal de felicidad que me he forjado. Si me quedo en el mundo, no haría todo el bien que tú me pintas; porque la virtud es una planta cuya savia es la gracia de Dios”.

“Pero mayor aún es la necesidad de almas que, entregadas comple­tamente al servicio de Dios, lo alaben incesantemente por las in­jurias que en el mundo se le hacen; almas que le amen y le hagan compańía para reparar el abandono en que lo dejan los hombres; almas que rueguen y clamen perpetuamente por los crímenes de los pecadores; almas que se inmolen en el silencio, sin ninguna ostentación de gloria, en el fondo de los claustros por la huma­nidad deicida. Sí, Lucho. La carmelita da más gloria a Dios que cualquier apóstol. Santa Teresa, con su oración, salvó más almas que San Francisco Javier; y este apostolado lo hizo descono­ciéndolo ella misma”.[762]

28.10 CREO QUIERE DIOS SEA CARMELITA.

Viviré ya sólo para Dios

Juanita ha ganado muy buenas amigas, el secreto parce estar en compartir su experiencia de Dios, con amistades que también hablan de Dios. A su amiga Elena Salas le escribe sobre su próxima llegada al Carmelo:

“No creas que, porque he elegido ser carmelita, no crea son muy perfectas las del Sdo. Corazón. He dudado mucho entre los dos, pero por mi carácter y aptitudes creo quiere Dios sea carmelita. Mi vida será la del cielo. Viviré ya sólo para Dios, en Dios y por Dios, sin mezcla de criatura alguna. Mi ocupación será orar por el mundo, salvar las almas por la oración. Santa Teresa salvó más almas que San Francisco Javier. Seré una pobre carmelita a quien despreciará el mundo. Pero żqué me puede importar el mundo cuando estoy crucificada para él?”[763]

“Ahora que tiene el consentimiento de su papa para ir al Carmelo, es tiempo de agradecer a quien le ayudaron a decidirse por su amada vocación, ya no más dudas, tampoco incertidumbre”.

Al Padre Julia Cea le escribe:

Padre Julián Cea: No tengo cómo agradecerle a mi Jesús tanta bondad para con esta alma tan miserable e infiel. Estoy feliz al contemplar las puertas de mi Carmelo ya abiertas para recibirme…Ruegue por los míos, para que Él les dé valor para darme a mi Divino Esposo Jesucristo. Adiós. Junto al Divino Crucificado encontrara a esta indigna carmelita que ruega porque sea un san­to mártir misionero del Corazón de María”.[764]

Faltan ahora 17 días para ingresar al Carmelo, ahora, será una nueva hija de la Santa Madre de Teresa de Jesús, su felicidad, le ensancha su corazón. Le escribe a la Madre Angélica:

“ˇAleluya! Es la primera palabra que brota de mis labios en este momento. ˇCuán feliz se siente el corazón…Sólo me restan 17 días para permanecer en el mundo”.

“Ya todo el mundo desaparecerá para mí, para encontrar tras las rejas de mi Carmelo horizontes sin límites, horizontes divinos que el mundo no comprende”.

“Por la gracia de Dios, he comprendido que la vida de la carmelita es una abnegación continua, no sólo de la carne, sino de la volun­tad y del juicio”.

“Mi Madre tan querida: desde ahora me pongo en sus manos, para que vaya formando a esta indigna carmelita. Quiero ser una santa carmelita. Sería una locura que, después de sacrificarlo todo, no fuera una carmelita según el ideal de mi Madre Santa Teresa; que mi Jesús no pudiera decirme que era totalmente de Él. ˇQué feliz estoy”[765]

Juanita está ansiosa, de amar desde su vocación carmelita, parece que se lo quieres hacer saber a todo el mundo. Ahora le escribe al Padre Antonio M. Falgueras.

“Reverendo Padre: A los catorce ańos, cuando estaba enferma en cama, Nuestro Seńor me habló y me dio a entender lo abandonado y sólo que pasaba en el tabernáculo. Me dijo que lo acompańara. Entonces me dio la vocación, pues me dijo que quería que mi corazón fuera sólo para Él, y que fuera carmelita. Desde ese momento pasaba el día entero en una íntima conversación con N. Seńor, y me sentía feliz en pasar sola”.[766]

Juanita ya está casi a las puertas del Carmelo. Pronto vivirá en la atmósfera divina, en recogimiento y adoración no ininterrumpida, en paz, con un incendio de amor dentro del alma como esposa del Crucificado! El Padre Artemio Colom tiene mucho que ver en esto. A él le escribe para darle la feliz noticia:

“Reverendo Padre. Muchos días estaba por escribirle para darle la feliz noticia: que el 7 de mayo se abrirán para su pobre hija las puertas del Carmelo”.

Rdo Padre, qué felicidad si pudiera derramar toda mi sangre para demostrarle mi amor. Ruegue por esta pecadora. Es indigna de sus oraciones, pero hágalo por caridad, por Dios. ˇQué misión tan extensa se me presenta! Es universal, y yo tan incapaz para llenarla. Pero El, mi Esposo adorado, está conmigo El me infun­dirá valor para inmolarme, para derramar místicamente toda la sangre de mi corazón cada día, pues la carmelita debe morir a cada momento por los suyos y por las almas todas. Qué pureza me exige mi vocación: siempre junto a Dios. Vivir mi vida entera en la atmósfera divina. ˇQué recogimiento y adoración no inte­rrumpida! ˇQué paz, qué incendio de amor dentro del alma es­posa del Crucifi­cado! ˇQué pobreza y desprendimiento del espíritu y del corazón, qué obediencia y sumisión de nuestro ser! carmelita. ˇQué palabra tan llena de hermoso significado: víctima crucificada hostia pura, cordero que lleva los pecados del mundo. Qué incapacidad, Rdo. Padre, encuentro en mí para llenar ese molde que mi divino Esposo y mi Madre Santísima me presentan”.[767]

Al Padre José Blanch nuevamente le escribe una larga carta para relatarle sobre el consentimiento de su papa y sobres las reacciones familiares, de sus hermanos Lucho y Miguel. Por fin estuvo a solas con su papa, quien entre sollozos le dijo; "Si es esa la voluntad de Dios y tu felicidad, yo no me opongo". Y respecto de cuando se iría al convento le dijo; "Hijita, hazlo como tú quieras". “Y todos, aunque lloran, están resignados. ˇBendito sea Dios!”

 “Esa es la vocación de la carmelita: ser hostia pura que conti­nuamente se ofrece a Dios por el mundo pecador. ˇQué grande y extenso es el molde que N. Seńor presenta a cada carmelita! ˇQué inmolación! ˇQué olvido de sí misma! ˇQué pureza encierra! Y todo en el silencio y recogimiento”.

“Quito mi mirada y se me presenta Jesucristo, mi Esposo adorado con su cruz. Me arrojo y penetro en su Divino Corazón, y olvidada de mí misma, cuando Él me dice:” Sígueme", le digo "Donde Tú, Seńor, quieras".

“Rece mucho por caridad por los míos, para que se acerquen a Dios. Rece por esa indigna carmelita para que viva cumpliendo la voluntad adorable de Dios”.[768]

Juanita, se sentía ya carmelita descalza antes de entrar a la clausura, incluso junto a su hermana Rebeca de modo clandestino se probaba las ropas que utilizaría de postulantes. En una ocasión, de regreso a Santiago, pide en el Monasterio de las Carmelitas Descalzas de San José, un hábito y una capa blanca, para hacerse una fotografía de despedida, y se hace dos fotos, una de seglar, que refleja su hermosura, y otra de monja. Escribe ella a la Rda. Madre Sor Angélica del Santísimo

“Me fui a retratar y, al parecer de todos, el mejor retrato es el de carmelita No tengo cómo agradecerles a mis hermanitas del Carmen de San José, pues me proporcionaron todo”.[769]

Estas son las dos fotos más conocidas y populares de Juanita y Teresa de los Andes, que están en todas las estampas conocidas.

También le escribe a su hermano Miguel, una carta de despedida, llena de emoción le dice su vida será:

“una continua inmolación por ti, para que seas buen cristiano. Acuérdate de tu hermana carmelita Cuando las pasiones, los amigos te quieran sumergir en el abismo, ella al pie del santo altar estará pidiendo para ti la fuerza. Acuérdate que, mientras tú te entregas a los placeres, ella tras las rejas de su claustro someterá su cuerpo a las más rudas penitencias. Sí, Miguel. Te quiero con locura y, si es necesario que yo pierda mi vida porque tú vuelvas sobre tus pasos y comiences la verdadera vida cristiana, aquí la tiene Dios”.[770]

 

 

 

 


 

29    LA MADRE ANGÉLICA TERESA DEL SMO. SACRAMENTO

29.1     LA IMPORTANCIA Y LA INFLUENCIA QUE TUVO EN JUANITA FERNÁNDEZ SOLAR

Me parece necesario comentar la relación, la importancia y la influencia que tuvo en Juanita Fernández Solar la madre Angélica Teresa del Santísimo Sacramento, carmelita descalza y priora del Monasterio del Espíritu Santo. Juanita llamaba a este Monasterio, “mi conventito y/o mi palomarcito” La madre Angélica Teresa, es además fundadora del Monasterio.

Cabe destacar que, durante el mismo periodo que Juanita le escribe a la madre Angélica Teresa, está escribiendo cartas a sus directores espirituales. Con esta correspondencia se da la libertad de confrontar los consejos espirituales de sus confesores y directores, siendo para Juanita la madre Angélica Teresa una gran consejera y, pasando a ser una directora espiritual más. Incluso frente a las dudas de ser carmelita o no, la madre Angélica Teresa es capaz de discernir con ella y aclarárselas, lo que le ayuda a determinarse con más fuerza en su intención de ir a vivir al Carmelo.

La Madre Angélica Teresa del Smo. Sacramento

La madre priora y maestra de novicias había nacido en Valparaíso en 1861. En 1889 fue la primera postulante que entró a la nueva fundación del Monasterio de Vińa del Mar cuya fundadora fue la Madre Margarita de San Juan de la Cruz, quien había acogido antes la petición de unas seńoritas de Curimón que querían un convento de la Orden en su pueblo natal. El 2 de febrero de 1898, día de la festividad de la Purificación de la Virgen, la Madre Margarita fundó el Monasterio del Espíritu Santo, en Curimón, un pequeńo pueblo que civilmente pertenecía a la provincia de Aconcagua.

Las fundadoras fueron: la Madre Margarita (Vial Guzmán), la Madre Isabel del Crucificado (Eastman Cox), la Madre Angélica Teresa del Santísimo Sacramento (Díaz Gana), la Madre Inés de Jesús (Ríos Thurn) y la Hermana María de San José (Buzeta Marín), todas del Monasterio del Sagrado Corazón de Vińa del Mar; además, las acompańaban cinco jóvenes que iniciaba en el noviciado.

El edificio del convento nuevo había sido en otros tiempos cuartel de policía y lugar de reunión del ayuntamiento.

La pobreza era tal que el Arzobispo de Santiago, Monseńor Mariano Casanueva al visitarlo exclamó: "Para irse de aquí al cielo no está malo".[771]

"Encontramos —escribía la Madre— suma pobreza suma pobreza. El vernos desprovistas, aun de las cosas que podrían creerse indispensables, hizo de nuestros primeros días el gozo de nuestras almas, pues encontrábamos en nuestro pobre monasterio la semejanza de los que fundó nuestra seráfica Madre Teresa de Jesús".

Por razones de salud, la Madre Margarita debió regresar al Convento de Vińa del Mar, dejándole a la Madre Angélica la dirección del nuevo monasterio.

La comunidad vivió allí hasta 1902, trasladándose el 8 de diciembre a la ciudad de Santa Rosa de Los Andes, a quince kilómetros de Curimón.

La casa, aunque no tan estrecha y pobre como la anterior, distaba mucho de ofrecer las condiciones necesarias para llevar una vida conventual con las mínimas comodidades.

"Todas las santas costumbres que se guardaban en el monasterio de su cuna religiosa, la Madre Angélica las impuso tal como era el deseo de nuestra Madre Margarita. Su gobierno era, de firmeza para hacer guardar las leyes y conservar las tradiciones monásticas y de suma prudencia y bondad en el trato con sus hijas. Su gran corazón y la claridad de su espíritu unidos a su sólida virtud hacían de ella una gran prelada con dotes excepcionales para el cargo"[772] .

La opinión de la madre Angélica Teresa sobre Juanita.

Al conocer por sus cartas a Juanita, la priora, había vislumbrado a una mística que se comunicaba con Jesús; advirtió sus luchas por vencer su naturaleza y la ardua batalla que sostuvo interiormente para lograr la humildad.

Sabía que recibía a un alma extraordinaria, a una nińa de dieciocho ańos que perseveraba por adelantar. Al frecuentarla -íntimamente- aumentó su admiración y la amó en el Seńor como a una verdadera hija. Sabía que recibía a un alma extraordinaria, a una nińa de dieciocho ańos que perseveraba en adelantar. Al frecuentarla —en sus íntimas comunicaciones— aumentó su admiración por ella y la amó en el Seńor como a una verdadera hija.

Once meses más después de su muerte, escribió[773], sobre ella: "Su vocación de carmelita parecía acrecentarse de día en día […]. Se hallaba en su centro: el silencio del claustro, la oración, los actos de comunidad, todo la unía más a Dios. El Oficio Divino fue para ella una revelación […], se penetró de su grandeza y su espíritu se sentía transportado de devoción […]. Criatura privilegiada en cuya alma había puesto Dios al crearla los tesoros de su amor, los que fue acrecentando a medida de su fidelidad y correspondencia a la Gracia, llegando a encenderse su corazón de tal manera en el amor divino, que si el mismo Dios no se lo hubiese ensanchado, no habría podido resistir […].

"Su unión con N. Seńor fue íntima, favoreciéndola con gracias especialísimas, hablándole en muchas ocasiones y manifestándose por visión intelectual.

Sin embargo, su alma fue probada también con penas interiores, soledades y abandono que sin abatirla, la reducían al último extremo del sufrimiento; entregándose en las manos de Dios, para que hiciera de ella según su santísima voluntad, y le enviara, si así lo quería, mayores sufrimientos […]. "Su caridad espiritual la hizo apóstol por medio de la oración y penitencia; clamaba al Seńor por las almas, ofreciéndose como víctima por su salvación y para ayudar a los sacerdotes […] "Así veíamos en una nińa, puede decirse, una prudencia y discreción consumadas unidas a una sencillez angelical […]. Su inteligencia y claro talento, la sólida instrucción que había recibido y la ilustración sobre materias altísimas de que Dios le había hecho gracia; procuró siempre ocultarlas […].

Jamás daba su opinión en nada; siempre pronta a ceder; ni manifestaba saber cosas en materia de oración, en virtud, etc.…, la que había recibido enseńanzas del mismo Dios […].

"Su humildad la llevaba a despreciarse y a que todas tuvieran bajo concepto de ella. Quería ser siempre la última en todo; ocupar el último lugar, servir a las demás, sacrificarse siempre y en todo, para unirse más al que se hizo siervo de Dios, porque nos amaba […]

Verdaderamente amante de N. Seńor Jesucristo trato de seguirlo muy de cerca en el amor y ejercicio de la santa pobreza […] Dio alcance no solo al voto de pobreza, que aún no la obligaba, por ser novicia; sino también a la virtud que desnuda al alma de toda afición en lo temporal y él lo espiritual […]

Tenía sed de padecer y sacrificarse por los pecadores, por los sacerdotes y para desagraviar al Divino Corazón de Jesús […] su amor al sufrimiento lo expresaba así; “Sufro, estas palabras expresan para mi felicidad; cuando sufro estoy en la cruz de mi Jesús. Que felicidad más grande es decirle: Jesús mío, mi esposo, acuérdate que soy tu esposa, dame tu cruz”.

Testimonio de cuanto amo la Madre Angélica Teresa a Juanita.

La madre Isabel de la Trinidad Priora del Monasterio del Espíritu Santo, escribe en una circular necrológica[774] en febrero de 1945, comentado la muerte de la madre Angélica María del Santísimo Sacramento. En una de sus páginas, dedica un comentario sobre sus amadas hijas y la muerte de dos religiosas: que el 18 de mayo de 1918 partían dos de ellas que fueron fundadoras, dejando un vacío en su corazón. Después se celebró el Capítulo para nuevas elecciones de Priora y sintiendo sus hijas la necesidad de seguir cobijadas bajo su maternal y prudente dirección, demostraron una vez más su aprecio y adhesión, eligiéndola por la unanimidad de los votos. Además en ese nuevo trienio partió también al cielo a la venerada Madre Fundadora Margarita de San Juan de la Cruz, la cual entregó su santa alma a Dios el 19 de Julio de 1919 en el Monasterio de San Bernardo, la Benjamina de sus fundaciones.

Escribe la madre Isabel de la Trinidad:

“El Seńor para recompensar sus pasados sacrificios suscitó fervorosas vocaciones que vinieron a llenar los huecos que la muerte y la fundación de Valparaíso habían dejado vacíos, reforzando así su Comunidad y poblando su palomar del Noviciado. Entre ellas le hizo Dios el don precioso de Juanita Fernández Solar, a quien le puso el nombre de Teresa de Jesús por encontrarla digna de llevar el de tan excelsa madre y en recuerdo de la amante hija que le arrebató la muerte en la epidemia de la gripe del ańo 1916. ˇCuánto amó y apreció esta angelical criatura (la que era su Priora y Maestra le atestiguan sus cartas y escritos donde se trasluce muy al vivo su veneración y su afecto! Correspondíale ésta con una ternura tan maternal y religiosa y con una dirección tan prudente en los caminos extraordinarios por los que el Seńor la llevaba, que ésta encontrando en su amada madre el lleno de su corazón y de su espíritu la amaba y estimaba como a santa. Tan rico presente del cielo no debería durar mucho sobre la tierra y El que la quería para Sí, consumó en breve su carrera arrebatando para el cielo tan preciosa existencia. Dios que conducía a nuestra amada Madre Angélica por senderos de espinas y privaciones, no le dio el consuelo de asistirla en sus últimos momentos. Sólo los cinco primeros días de los diez de su enfermedad, pudo dispensarle sus maternales cuidados, porque atacada ella misma de una delicada congestión pulmonar, no pudiendo tenerse ya en pie por la fiebre alta que tenía, tuvo que rendirse a las apremiantes instancias de la Comunidad que la obligó a recogerse. Fue, sin duda, éste para ambas un duro sacrificio que el Seńor les exigió.

En vísperas de las exequias de tan amada hija, aunque estaba con 39 grados de temperatura, manifestó a la enfermera que se levantaría a los funerales. Y, en efecto, a pesar de que al día siguiente el termómetro marcaba 38 y medio, llegó así arrastrándose al Coro y pudo darse el triste consuelo de colocar sus queridos despojos en el ataúd y de permanecer allí durante toda la Misa, no obstante hallarse la atmósfera cargada del humo de los cirios y de que se sentía desfallecer. Se considera como la primera gracia de esta su angelical hija, el que no tuviese su levantada fatales consecuencias, siendo ella de salud tan delicada, y que desde ese día entrara en franca mejoría. “[775]

Por fin conoció a la madre Angélica Teresa.

El 11 enero de 1919 Juanita le escribe una carta[776] a una amiga, comentándole; “estoy ebria de felicidad. ˇBendito sea Dios!" Y el motivo es porque por fin conoció su querido “palomarcito” (Convento Carmelita). Había puesto un telegrama a Madre Angélica y al otro día se embarcó en el expreso (Tren) y viajo a Los Andes. Allí se encontró con un conventito de un aspecto muy pobre, sin forma de convento, pues era una casa vieja y fea; pero esa pobreza le habló y le conmovió su corazón.

Escribe Juanita:

“La Madre Angélica nos estaba esperando […] Hermanita querida, lloro en este instante al pensar en la felicidad de que gocé ayer, cuando oí por primera vez la voz de la Teresita Montes y después la de mi Madrecita. No hacía un segundo que estaba allí y mi alma gozaba de una paz inalterable. Después de luchar con tantas dudas, había encontrado mi puerto, mi asilo, mi cielo en la tierra. Sólo Dios que veía mi corazón podrá comprender mi felicidad”.

“Hablé con la Madre Angélica sola desde la una y media hasta las cinco, mientras mi mamá hablaba con Teresita Montes. Me dijo que mis dudas las había encontrado infundadas, que desde mi primera carta había visto que yo había nacido carmelita. Me principió a hablar de la vida de la carmelita, de la unión con Dios; que sólo se hablaba de Dios; nada de lo del mundo llegaba a ese cachito de cielo. La celda, me dijo, era el templo donde la carmelita entraba a sacrificar; allí la cruz sin Cristo está extendida para ella. Se levantan un cuarto para las cinco; tienen una hora de oración; después creo es el oficio divino. Sí, mi querida hermanita, es verdaderamente divino. Allí el alma, unida con los ángeles, prorrumpe en alabanzas hacia Dios, mientras los hombres olvidándolo, despreciándolo, ofendiéndole, se olvidan del fin para que fueron creados. Los salmos son de una hermosura incomparable como inspirados por el mismo Dios. El alma que verdaderamente se penetra de ellos, quedará muy cerca del cielo, pues cantar el oficio es hacer lo que hacen los ángeles en el cielo.

Mi Madrecita me prestó el oficio en espańol para que me fuera penetrando del sentido de sus palabras. Oí rezar vísperas. Me parecía estar en el cielo, y al fin me uní con mis hermanitas para rezar las letanías, mi primera oración en comunidad. La capillita es chica, un poco oscura y muy recogida. Yo no sabía dónde estaba. Jesús estaba ahí. Lo contemplaba con el rostro sonriente -única vez que lo veía así-, pues por lo general lo contemplo siempre triste; pero allí oía el canto de sus esposas, y mi Jesús reía complacido con el susurro de amor de estas almas puras, que todo lo han dejado por amarlo.

Después hablamos de humildad. Me dijo que tratara siempre de anonadarme delante de mí Jesús”

Sentía una gran felicidad que aumentó cuando hablé con ella […]tanta era la alegría que me inundaba.

El mismo mes de enero de 1919 le escribe para contarle de su viaje a Los Andes su amiga Elena Salas González:[777]

“ˇQué impresión me produjo cuando vi mi conventito! Tiene un aspecto muy pobre. No parece convento sino una casa antigua, pero su pobreza habla muy bien a su favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo”.

“Cuando entré al locutorio, no sabía lo que me pasaba: sentía una gran felicidad que aumentó cuando hablé con ella. Era tanta mi felicidad al ver esas rejas, que las besaba y hubiera llorado; tanta era la alegría que me inundaba […]Me figuraba oír el canto de los ángeles en el cielo y tuve el gusto de rezar por vez primera con mis Hermanitas las letanías de la Virgen. Me parecía que N. Seńor estaba contento. Vera su rostro lleno de alegría por las alabanzas de sus esposas; y siempre en las iglesias me parece verlo muy triste.

Después de Vísperas fui de nuevo al locutorio y he estado allí desde las tres hasta las cinco y media. Le dije todas mis dudas a la Madre, y me dijo que de todas podría dudar menos de mí; porque yo había nacido carmelita. Me habló del Oficio Divino que lo rezan varias horas al día. El alma ahí hace el oficio de ángel cantando las alabanzas del Seńor. żNo es ese el fin para que nos creó Dios? Este oficio contiene todos los salmos. Es precioso e inflama el alma en el divino amor […]

“Me habló de la humildad. Me dijo que cuando me humillaran, fuera la primera en humillarme más, diciéndome: todo es poco en comparación de lo que merezco. Mucho más debía ser, pues soy tan miserable. Que reconociera mi nada ante Dios- que considerara su grandeza y en seguida mi impotencia. żQué puedo yo sin Dios? El, a cada instante me sostiene para que viva. Si hago una cosa buena es porque Dios me da su fuerza para hacerla. Si correspondo a su gracia, es porque El me hace la gracia mayor para que le corresponda. Todos estos argumentos son muy útiles para ver nuestra nada.

“Me habló del amor de Dios, pero de una manera sublime cuánto nos ama Dios y nosotras le pagamos tan mal. Ofensas e ingratitudes es nuestra moneda corriente, y sin embargo, Dios nos da la vida, comodidades, educación cristiana en fin, nos da todo hasta darse El mismo en la Eucaristía Y allí vive solo sin que nadie piense en el gran amor que nos demuestra a cada hora ese Dios Todopoderoso que es adorado y admirado en éxtasis por los ángeles. […]

Ahora te seguiré contando lo que pasó. […]Entonces llegó la Teresita Montes y le dijo si no sería la hora para la visita de vistas. La Madre contestó que bueno, y la Teresita se lanzó por el convento para llamar a todas, y cuando estuvieron todas, corrieron el velo de la reja y pude verlas cara a cara.

żPara qué expresarte mi emoción? Me hinqué, pues me consideraba indigna de estar de pie delante de tantas santitas. Ellas se echaron el velo para atrás y me fueron a saludar a la orilla de la reja. Cada una me decía su palabra de carińo.

Eran 16 -18 con dos hermanas conversas- y embromamos como si siempre nos hubiéramos conocido. Es una sencillez, una confianza e intimidad... Entre ellas se embromaban, se reían. Y esto desde la postulante hasta la M. Angélica. Me cantó una bien desentonada por reírse y todas las embromaban. Después me hicieron pararme. Me encontraron muy alta. Sólo dos había de mi porte. Estuvimos media hora conversando, y después cada una se retiró y se fueron a despedir. Son encantadoras: tan alegres, tan sin etiqueta. Yo al principio estaba con una emoción intensa y un poco avergonzada, pero después nada; era una cotorra,

Fíjate que me dijeron las novicias que todos los días rezaban una Salve a la Virgen para que fuera. Y Dios las oyó. Nada de etiquetas con M. Angélica. La abrazaban y le hacían carińos lo mismo que nińos. żNo es ideal esto?”

29.2     CARTAS A LA REVERENDA MADRE ANGÉLICA TERESA

Veintiún cartas escribió Juanita a la Rvda. Madre Angélica Teresa. La diez primera son antes que la conociera, las siguientes después que ella la conoció en su primera visita al Monasterio en enero de 1919.

A continuación una síntesis de las cartas. El N° de la carta, es según la edición Diario y Cartas Ediciones Carmelo Teresiano, ańo 1995.

CARTA 1, Santiago, 5 de septiembre de 1917. [778]

Esta es la primera carta y lo hace para agradecer el carińoso recuerdo que la madre le envió con una amiga y, para que sepa además el carińo y estimación que tiene por las carmelitas, junto con y el deseo que tiene de contarse algún día entre ellas, aunque hasta esa fecha nunca ha conocido personalmente a ninguna carmelita. Solamente ha leído la vida de Sor Teresa (de Lisieux) y de Isabel de la Trinidad. También le dice que si va al Carmen, será para sufrir; más el sufrimiento no le es desconocido. En él encuentro su alegría, pues en la cruz se encuentra a Jesús y Él es amor.

CARTA 2, Santiago, 8 de noviembre de 1917.[779]

Esta es la segunda carta, y le escribe para comentar que por estar en el colegio, no alcanza a responder con prontitud, no obstante lee sus cartas muy a menudo, dice que le hace mucho bien, y en ella puede apreciar una vez más, todo el encanto de la vida carmelitana.

Escribe desde Juanita desde el Colegio:

“Créame que en todas mis acciones tengo presente el fin de la carmelita: los pecadores, los sacerdotes. Cada día que pasa siento la nostalgia de ese querido Carmen, y ardo en deseos de verme encerrada por Jesús en ese palomarcito, para ser enteramente de Jesús, pues mientras se vive en el mundo es imposible ser enteramente de Él[…]Ayúdeme con sus oraciones […]pídale a la Virgen me dé ante todo sus virtudes y después, si es voluntad de Jesusito me dé salud para poder realizar el bello ideal de ser carmelita, pero según el espíritu de mi seráfica Madre Santa Teresa”.

CARTA 3, Algarrobo, 1° de febrero de 1918.[780]

Juanita está de vacaciones cerca del mar en Algarrobo.

Le escribe Juanita:

“Madre, pienso más en el Carmen y deseo más ardientemente irme a encerrar en ese cielito".

“Todo lo que veo, Rda. Madre, me lleva a Dios. El mar en su inmensidad me hace pensar en Dios, en su infinita grandeza. Siento entonces sed de lo infinito. Cuando pienso que cuando sea carmelita, si Dios lo quiere, tengo que abandonar todo esto, le dijo a N. Seńor que toda la belleza, lo grande lo encuentro en El. En cambio en el mundo todo es chico, pasajero, y que nada quiero si no a Jesús”.

“Estoy leyendo la Vida de Santa Teresa. ˇCuánto me enseńa! […]Rece para que Jesús prepare mi alma para serle una esposa menos indigna, sobre todo humilde y obediente; para que encienda en mi corazón, pobre y miserable, la llama del Divino Amor. […]Le ruego, Rda. Madre, que en su próxima carta, si tiene la bondad de contestarme, me hable de la humildad, de la vocación de carmelita pues sus cartas me hacen mucho bien”.

 

CARTA 4. Algarrobo, 22 de febrero de 1918.[781]

Le agradece la carta anterior. Luego le habla de su vocación:

“Madre, la vocación que se ha dignado Dios darme, me pregunto: żqué he hecho yo para que Jesús me quiera tanto? ˇOh, qué bueno es Jesús que se rebaja a elegirme, a pesar de ser tan miserable! No se imagina los deseos que tengo de ser carmelita, de irme a vivir esa vida de unión divina, vida de cielo en la tierra, pues la carmelita, como Ud., Rda. Madre me dice, vive para Dios, por Dios y en Dios. […] Estoy leyendo el Camino de Perfección que me encanta, porque tiene tanta doctrina; lo mismo la "Práctica de Amor a Jesucristo" […] Mucho gocé con lo que me dice -que no hay necesidad de esperar dos ańos-, pues pienso [que], aunque tenga que atravesar el fuego, con Jesús lo pasaré, si tengo salud, para irme este ańo”.

 

CARTA 5. Santiago, 25 de junio 1918.[782]

Le comenta que le falta un mes para salirse del colegio y así, entonces, se podrá ir pronto a ese conventito para ser toda de Él. También le dice que, a pesar de estar ansiosa por dejar el colegio, le da pena, pues quiere a las Madres y le encanta el estudio. Con todo va a hacer cuanto sea de su parte por ser carmelita, sin importar haber dejado las cosas mundanas. Es así, como trata, desde el principio, de adquirir ese espíritu de recogimiento por vivir con Jesús abstraída de cuanto pasa a su alrededor.

Escribe además:

“Mi alma ha de ser una fortaleza. En ella he de encontrar a mi Divino Huésped, y allí estaré con El sola... porque allí nadie podrá habitar”.

Pienso hacer un reglamento mientras viva en el mundo: me levantaré temprano para tener una hora de oración. Madre, esa hora para mí es a veces un cielo; pero otras veces hay tantas tinieblas en mi alma que no descubro en ella a mi Jesús. Todo este ańo, con excepción de algunos días, mi oración y comunión han sido así; tanto que, a veces, no quería ir a comulgar, porque me decía: żqué le va a gustar a Jesús estar en un corazón tan insensible como una piedra? Sin embargo, el amor no sensible —aquel que reside en lo más íntimo del alma— me hacía levantarme para recibir a mi Jesús. Sí, Rda. Madre, este ańo ha sido un ańo de prueba; pero yo quiero sufrir esas sequedades para que otras almas sientan el atractivo por la comunión y la oración. En esos momentos de dudas y de tinieblas me preguntaba: żqué harás cuando seas carmelita, la cual no tiene otra ocupación que la oración? Pero entonces Dios será mi fortaleza y lo mismo que me ayuda a sufrir ahora, me ayudará después”.

Mas adelante Juanita le cuenta su secreto:

“Le aseguro, Rda. Madre, que siento una confianza tan grande para con Ud. y es porque encuentro en su corazón de madre esa ternura de N. Seńor para con mi pobre alma […] El secreto es que hace ya tres ańos hice voto de virginidad, pero es por varios meses; pues no me dejan hacerlo por toda mi vida; pero lo renuevo todas las veces que concluye el plazo. żQué le parece? ˇQué bueno es N. Seńor de amar así a una pobre pecadora! Rda. Madre, soy muy mala. No sé cómo ese Jesús se fijó en mí y yo, a pesar de eso, no le amo como le debía amar […]me preguntaba por qué no nos volvemos locas de amor por Él. ˇAy, Madre, deseo tanto ser toda de Él, entregarme enteramente! żCuándo seré carmelita para [no] vivir sino en El, y por Él y para Él? ”.

“Yo me acuerdo siempre de Ud., Rda. Madre, y de todas mis Hermanitas. Las quiero tanto... Y aunque poco valen mis oraciones, pido a N. Seńor las haga unas santas”.

“No se puede quejar [de] que su hijita no le habla de corazón a corazón; y aunque no le escribo seguido, siempre vivo muy unida a ese Carmen querido”.

 

CARTA 6. Santiago, 7 de septiembre de 1918.[783]

En esta carta, con más de dos meses de diferencia de la anterior, se reitera en comentar que hace tres semanas se retiró del colegio con una gran pena, pues estaba feliz en él. También le comunica el deseo de ser lo más pronto posible carmelita.

Otra información de esta carta es que pronto le solicitará a su papá el permiso para ser carmelita y que su mamá ya se lo ha dado en las vacaciones, para irse al principio del otro ańo. Por tanto ahora le suplica le admita en ese palomarcito y que, sabiendo que es indigna, trabajará toda su vida por ser una gran santa y espera con el auxilio de N. Seńor y de la Sma. Virgen llevar con honor el hábito de carmelita. También le comenta que pronto, al mes siguiente, quiere ir para conocerla, que no conoce ningún Carmelo, ni ha visto nunca ninguna carmelita. Sin embargo, en una carta797 al Padre José Blanch, le comenta que fue al Monasterio del Carmelo, en Santiago en la Alameda en estos términos: “a pesar de ser la primera vez que entraba al Carmen, no me produjo ninguna impresión' antes al contrario, me produjo un efecto desfavorable que no puedo explicar”.

Otro dato que le comunica es que está leyendo de la santa madre Teres de Jesús Camino de Perfección y que tiene para leer el "Padre Nuestro" explicado por Santa Teresa.

Y sigue más adelante:

“Nada le he hablado del retiro […], En esos días pude apreciar mejor la excelencia de mi vocación de carmelita […]le rogaba a N. Seńor me iluminara, y desde el fondo del tabernáculo me decía: "Quiero que seas carmelita". Y volvía de nuevo la paz a mi alma. Luego no puedo dudar sea ésa la voluntad de Dios. […] Entré en una asociación que se llama "La Reparación Sacerdotal", en la que se reza por los sacerdotes que tanto necesitan. Esta es una devoción carmelitana, pues la carmelita se sacrifica por los sacerdotes; y esto fue lo que me movió a ingresar a ella”.

 

CARTA 7. Santiago, 18 de septiembre de 1918.[784] 

Comienza esta séptima carta:

“Grandes han sido mis deseos de escribirle, apenas recibí su carińosa carta, que agradecí tanto, lo mismo que las oraciones y el retrato de Sor Isabel de la Trinidad” […]”.

Y sigue luego:

“No se figura cuánto bien me proporciona con sus cartas y la alegría con que las recibo, sobre todo esta última en la que me dice hay "hueco" en ese palomarcito tan querido para una pobre y miserable. ˇCuántas gracias le di a mi Seńor desde el fondo de mi alma cuando leía esas líneas que me traían la más feliz noticia! Créame que me siento desterrada aquí en el mundo, en medio de tantos peligros, y tengo ansias de verme ya en ese conventito, prisionera para siempre de N. Seńor, [y de] no tener otro pensamiento, otro deseo ni ocupación que no se dirija a Él. Sin embargo, soy tan indigna de esta gracia que me confundo. Mas aunque sea el último lugar, Rda. Madre, y aunque tenga que servir a todas mis Hermanas, lo prefiero a vivir con las comodidades del mundo, pues creo que allí he de encontrar la felicidad más cumplida de esta vida.

No sé cómo agradecerle a N. Seńor todas las gracias que cada día me concede. Me libra de los paseos y de las fiestas milagrosamente. […]Y me pregunto, żpor qué el Seńor me protege y me guarda para Sí cuando soy tan miserable? Y en El mismo encuentro la respuesta: tiene un Corazón de Dios, lleno, por lo tanto, de amor infinito y este fuego de amor abrasa cuanto encuentra a su paso con tal que nos dejemos consumir. Rda. Madre, pida a ese Corazón Divino de Jesús que me abrase en las llamas de su amor, y que allí consuma todas mis miserias e imperfecciones para serle cada día más fiel y para llegar a la total unión”.

 

 

CARTA 8. Santiago, 14 de octubre de 1918. [785]

Comienza comentado las muchas actividades que tiene luego de haber salido del colegio ya sea una cosa, ya otra, la ocupan incesantemente. A veces se siente desalentada, pero reflexiona:

“Es preciso el sacrificio, la renuncia de nuestra propia voluntad para llegar a la unión completa con N. Seńor […] Mi resolución de retiro fue sacrificarme por todos. ˇCuánto cuesta a veces ese sacrificio continuado! ”.

Después le comenta que ya es casi seguro que se irá con Elisita al campo, para dar las Misiones en su fundo. A Juanita le encanta pasar con ella un tiempo y, tratar entre las dos, de seguir la regla de una carmelita que lo tiene desde las vacaciones anotado. Se lo había regalado una joven que fue carmelita.

También le pide que rece, para que pronto sea una santa carmelita y además que pida para ella estas tres virtudes: pureza, humildad y caridad. Con ellas se considerará rica.

También le dice que cree que en la familia comienzan a querer ver si tiene vocación, pues quieren que salga más. Así es que cada día tiene que disimular, pues si se enteraran le harían una gran campańa en su contra.

 

CARTA 9. Santiago, 22 de noviembre de 1918. [786]

En esta novena carta le escribe:

“Créame que cada vez que recibo carta de ese palomarcito me siento feliz, y la leo y la vuelvo a leer, pues en cada palabra Ud., Rda. Madre mía, me da una lección, un consejo. No sé cómo agradecerle que se acuerde de esta su pobre hijita en sus oraciones. Las necesito mucho, pues soy muy pobre de virtudes”.

Luego sigue relatando como fueron las misiones y las tareas que hizo con su amiga Eli, en las que hubo muchas comuniones, primeras comuniones, bautizos, confirmaciones y matrimonios. Verdaderamente fue una misión con mucho provecho, gracias a Dios, que movió los corazones.

También le comenta que fue bueno haber pasado unos días con su familia, puesto que antes no habría podido separarse de los suyos ni por un día, y, sobre ello, escribe:

“En cambio hoy, aunque los quiero mil veces más, estando con Él, me encuentro satisfecha y en El encuentro a los que quiero. Yo antes me preguntaba cómo las monjas podían querer tanto a N. Seńor y ser tan felices, cuando no recibían ninguna muestra de carińo exteriormente; más hoy lo comprendo admirablemente y quisiera dárselo a entender a mi hermana la Rebeca, que siempre me dice lo mismo, aunque mil veces le repito que Dios demuestra su amor mucho más que todas las criaturas, y cada instante se reciben muestras de su amor infinito. Es verdad que no le vemos con los sentidos, más lo palpamos a cada instante en sus obras. Lo sentimos incesantemente dentro de nuestro corazón, de modo que no hay separación, sino fusión de nuestras almas pequeńísimas con un Dios infinito”.

Sí. Rece, Madre querida, para que me confunda en el Corazón de mi adorado Jesús, para que no tenga otra vida que Él y para esto, sufrir. Mi Rda. Madre, pídale que me dé su cruz, aunque soy indigna de vivir en la cruz donde mi Jesús ha vivido por amarme. Créame que mi único ideal aquí en la tierra es ser carmelita para sufrir y amar. Esa fue la vida de Cristo en la tierra, y continúa siéndolo en el Smo. Sacramento”.

 

CARTA 10. Santiago, 1ş de enero de 1919. [787]

Ha pasado más de un mes que no le escribía una nueva carta. Le comenta que el Nińito Jesús le trajo su cruz y le pide consejo ante una duda muy importante:

“No se imagina, mi queridísima Madre, cuánto he sufrido. Lo que antes jamás habría experimentado -dudar que Dios me quería para carmelita- es lo que constituye mi sufrimiento. Toda mi vida lo he deseado, pero ahora dudo entre el Carmen y el Sgdo. Corazón. Vengo, pues, a Ud., mi querida y respetada Madre, para pedirle me aconseje. Usted me conoce bien, pues le he dejado leer mi alma. Por favor, pues, le suplico me dé a conocer la vida de la carmelita por entero, hablándome sobre todo del sacrificio y de la inmolación que encierra, pues creo que es el punto que aún no he profundizado bien.

El Sdo. Corazón me atrae porque en él se lleva una vida constante de sacrificio. A todas horas del día y aún de la noche han de inmolarse por las almas. Es cierto que es una vida mixta, pero tienen que tener mucha vida interior para que, de este modo, produzca fruto su obra; pues tienen que dar Dios a las almas y que- darse ellas con Dios; si no, no tienen nada que dar.

Todo esto me atrae. Sin embargo, el palomarcito silencioso retirado del bullicio del mundo, sin tener puertas sino para el cielo, esa vida de oración y de unión con Dios, me liga fuertemente a irme para allá. Mas, de repente, creo que debo sacrificar esos atractivos para ganar las almas. Me parece que todas estas dudas me las envía N. Seńor para probarme, pues cuando estoy en oración, me da a entender que sea carmelita; más, saliendo de ella, me principian las dudas más terribles; y mi alma, que creía haber obtenido la luz del cielo, vuelve a caer en espesas tinieblas.

Mucho le he rezado para conocer la voluntad de Dios y también he pensado mucho dónde me haré santa más luego, pues es eso lo que deseo ante todo. Ayúdeme, pues, mi buena Madre, con sus oraciones” […]En fin, que Dios cumpla en mí su adorable voluntad. Me someto gustosa a estas dudas por su amor. Quizá quiere me someta con tranquilidad, pues le confieso sinceramente que me he inquietado demasiado, tal vez por conocer pronto su divina voluntad; pero ayer le prometí abandonarme enteramente sin desear nada, ni pedirle nada. Dios lo sabe todo y El me ama, repito con mi Madre Santa Teresa. żQué le parece mi resolución? żLo debo hacer así? ”.

 

CARTA 11. Santiago, 12 de enero de 1919. [788]

Le escribe a la Madre Angélica Teresa para comentar como sigue disfrutando con el recuerdo del paso por su querido “palomarcito”. El recuerdo le trae felicidad, pero al mismo tiempo mucha pena, mucha nostalgia. Con todo, sabiendo que ella se integrará en el mes de mayo, expresa: “ˇBendita sea su adorable voluntad! ”.

Mi Madre tan querida: żcómo le podré expresar el agradecimiento que siento hacia Ud., Rda. Madre, y mis queridas Hermanitas? Desde el fondo de mi corazón les digo: "Dios se lo pague". […]La sola vista de mi conventito inundó de gozo mi alma. Su pobreza me atrajo. […] cesaron mis dudas, terminó mi lucha y mi alma quedó sumergida en gran paz, pues era donde Dios me llamaba […] ˇQué bueno es N. Seńor que me llama a una vida tan perfecta! Hoy más que nunca me lo ha dado a comprender mi Jesusito. Me quedo abismada al ver cuán indigna soy de vivir en medio de esos ángeles”.

 

CARTA 12. Santiago, 13 de enero de 1919.[789]

Al día siguiente le escribe una nueva carta a la Rda. Madre Sor Teresa del Smo. Sacramento, para agradecerle, tanto a ella como a todas sus Hermanitas, todo el carińo que le prodigaron, a pesar de no merecerlo, y para decirle que el recuerdo de ese viaje al "palomarcito" le hace feliz.

 

CARTA 13. San Pablo, 22 de enero de 1919. Carta N°52

Juanita le advierte que le pueden escribir de todo, porque no le ven las cartas (no las leen), y ojalá le fueran dando la lista de las cosas que necesitará, cómo es la hechura del vestido, el género, etc.

También le sigue comentando que sigue gozando con la visita que hizo al convento y pasa unida constantemente a él, ansiando cada vez más llegar a encerrarse en él, aunque sea para ocupar el último lugar y servir a todas sus hermanitas; pues que es eso lo único que le corresponde. (Aunque es la menos indigna).

Su mayor pena es no hacer oración, pues pasa todo el tiempo con todos, ya que no le dejan ni un momento y escribe:

“Ayer estaba desalentada, pero N. Seńor me consoló diciéndome que me debía esforzar en dominar esa tristeza y desaliento, porque muchas veces me dominaría después ante las dificultades para ser una santa carmelita. Esto sólo bastó para alentarme y ponerme muy feliz con la voluntad de Dios. Gracias a Él”.

“Es cierto que a veces no tengo mi oración. Pero mi vida -puedo decir- es una oración continuada; pues todo, lo que hago, lo hago por amor a mi Jesús, y noto que desde que estuve allá estoy mucho más recogida. Dígales esto a mis queridas Hermanitas, pues a Ud., Madre mía querida, y a ellas se lo debo”.

Luego pasa a comentarle que leyó la Constituciones y Reglas y confía en Dios podrá observarlas perfectamente, pues ellas encierran un plan cumplido de santidad. Lee el libro del Padre Blot que da también a conocer lo que es la carmelita. También lee “Suma Espiritual” de San Juan de la Cruz. Le encanta y saca provecho de él. Los salmos los está rezando. Le sirven de gran consuelo y les he tomado mucha afición.

 

CARTA 14. carta, San Pablo, 28 de enero de 1919.[790]

Esta es una breve carta, para pedir oración y enviar saludos carińosos para sus hermanitas.

 

CARTA 15. carta, febrero 9 de 1919.Carta N° 59

Esta es otra breve carta, con algunas líneas pidiendo dar gracias a Dios porque que ya pudo comulgar y que hace todos los días hora y media de oración. Además ańade que ya comienzan las Misiones, por cuanto pide oración por esto y ańade:

“Yo pasaré a los pies del Seńor. Van a ser para mí días de cielo. Cuando esté con Él le pediré mucho por Ud. y mis Hermanitas, y como estaré sola con Él, me tendrá que oír”.

 

CARTA 16. San Pablo, 20 de febrero de 1919.[791]

En la primera parte de esta carta, Juanita le relata una divertida anécdota por la encomienda con la ropa que recibió de la madre Angélica Teresa, y todo lo que tuvo que hacer para no ser descubierta. Pero además, le comenta que ella quiere vestirse con ropas de telas simples y, si no hay en esto inconveniente, convencerá a su madre para que no se las confeccione con telas finas.

En la segunda parte de la carta le aporta un dato que pasa a ser muy importante respecto a su salud y que hay que tener en cuenta, porque era débil en este aspecto y se puede deducir que ella entró al convento con una salud no muy buena. Así lo relata Juanita:

“Estoy feliz, pues recibí contestación de mis antiguos confesores, a quienes escribí exponiéndoles las razones que tenía para ser carmelita y de allá, de Los Andes. Y los dos me contestaron diciéndome que veían claro ésa era mi vocación, y son de parecer la realice lo antes posible. Pero me dicen ambos que el único punto oscuro que ven en mi proyecto es mi falta de salud; y me dicen le dé una cuenta detallada para que juzgue Ud., Rda. Madre mía, si podré o no resistir. Enfermedad orgánica no tengo ninguna, pero soy muy débil.

Me dan muy a menudo fatigas, las que provienen del estómago; no propiamente de éste, sino del hígado, y el ańo antepasado pasé todo el ańo con un fuerte dolor en el pecho y en las espaldas. Me examinaron muchos doctores y ninguno sabía lo que tenía. Por fin García Guerrero me dijo era del hígado, del cual salía un nervio que pasaba por el pecho y espalda, y ese nervio era el que me dolía. Me dio remedios para el hígado y sané. Gracias a Dios no me ha vuelto. Me dijo que debía llevar siempre una faja de lana o de cualquiera clase para que me calentara el estómago y el hígado. Ahora, Rda. Madre dirá Ud. si lo podré llevar si soy carmelita. Yo le dije a N. Seńor que si Él quería que lo fuera, me diera salud; y este ańo he pasado muy bien, gracias a Dios. Sólo estuve con gripe, pero eso fue general. No tengo más que decirle respecto a mi salud. Pero mi mamá me encarga le diga que si no será bueno que me fuera probando un poco en no comer carne, en no tomar desayuno ni onces, como también en dormir las 6 horas que se duermen en el Carmen, y en otras cosas que Ud. crea conveniente. Mi Rda. Madre, le aseguro, me cuesta mucho decirle todas estas cosas, pero lo hago por obedecer. Cuánto cuesta tener que tomar en cuenta 3 la parte inferior para elegir un bien tan superior para el alma. Pero en fin, Dios nos ha hecho de cuerpo y alma, y al ponerme bajo su cuidado, le he de exponer las necesidades de ambos, ya que dentro de poco será Ud. mi Madre querida, aunque ya siento por Ud., mi Rda. Madre, el carińo de hija, aunque indigna”.

Luego en la misa carta cambia de tema y sigue:

“También me dice el Padre le pregunte todas las penitencias que tienen para que después no me sorprendan y mire mis fuerzas.

Ya terminaré todo este cuestionario, para contarle los felices días que he pasado cerca de mi buen Jesús. Nunca lo había aprovechado tanto. Apenas tenía un rato desocupado, me iba a postrar junto a Él. Pasaba 3 veces una hora seguida con Él, y a cada ratito me arrancaba para verle, pues parece que mi corazón era sin cesar llamado, y no podía descansar hasta que iba. Lo más divertido fue que uno de los Padres Misioneros del Corazón de María -el Padre Julián Cea- era muy amigo de las carmelitas. Así es que hablaba continuamente de ellas, y después me embromaban diciéndome que tenía que tener vocación para carmelita. Yo me reía exteriormente, pero después se lo dije al Padre y me encontró vocación para el Carmen, y me habló, pero mucho, de la perfección que encierra esta vocación. Me dio un cuaderno que no sé si conoce: "Tratado de perfección de la vida religiosa" del P. Nieremberg. Estoy encantada con él, pues contiene mucha doctrina.

żCómo no agradecer al Seńor todos los favores que me concede? Ay, Rda. Madre querida, sólo creo que en el cielo se podrá saber los innumerables beneficios qué a cada instante concede N. Seńor a esta nada miserable. Si pudiera dar mi sangre gota a gota, no sería bastante para agradecer a mi Divino Redentor. Me abandono en sus divinos brazos como un nińo en los brazos de su madre a quien no tiene cómo pagar. Créame que no me preocupo por nada; que no siento nada, porque lo tengo a Él. Es mi Todo adorado”.

 

CARTA 17.  San Pablo, 24 de febrero de 1919. [792]

En esta carta Juanita le escribe para que le ayude con una duda. Llama la atención que dice que no tiene a quien consultarle, cuando en ese mismo mes ha escrito a sus directores espirituales tales como al Padre José Blanch y Padre Julián Cea. Una explicación puede ser que es un tema de mujer a mujer, más que espiritual. Le escribe Juanita:

“Le he prometido a la Sma. Virgen guardar desde esta fecha el lirio de mi pureza y lo más perfectamente posible, pues reconozco cuánto le agrada a N. Seńor esta virtud y cuán necesaria es para llegar a la total unión con Dios. Así es que me esmeraré con todas las fuerzas de mi alma para conservarlo intacto.”

Ahora tengo esta duda: debo ser muy modesta en todo, y yo tengo la costumbre, porque así nos han enseńado, de lavarme en camisa de dormir, pero me la bajo hasta debajo de los brazos para lavarme mejor; pero no sé yo si esto no será contra la modestia, que le he prometido a la Virgen; así pues, recurro a Ud., mi queridísima Madre, con total confianza para que me diga cuál es su parecer pues mi único deseo es ser cada día más de N. Seńor. Y aunque sé lo muy indigna que soy, sin embargo, aspiro a ser, como mi Santa Madre verdadera Teresa de Jesús, para que Él pueda decirme que Él es Jesús de Teresa. No sé si esto será demasiada pretensión de mi parte; en tal caso indíquemelo, mi Rda. Madre, y repréndame como [a] hija, a pesar de ser tan indigna”.

 

CARTA 18. Santiago, 26 de marzo de 1919.[793]

En esta oportunidad le escribe para contestar su última carta recibida. También para preguntarse: żCuándo tendré la felicidad de poder llevar ese hábito tan querido?

Después comenta que tiene ya tiene preparada la carta donde solicitará el permiso a su papá, que se la enviará el sábado, día de la Santísima Virgen, por tanto necesita muchas oraciones para ese día y le explica:

“Ya comprenderá que es una agonía verdadera la que experimento mientras no reciba la contestación que ha de manifestarme la voluntad de Dios. Siento la pena más horrible, pues veo que está próxima la separación. Sin embargo, cada día es más grande el deseo de ser prisionera de Jesús.

He puesto en defensa de mi causa dos grandes abogados que no pueden ser vencidos: mi Madre Santísima a quien jamás he invocado en vano y que ha sido mi guía verdadero toda mi vida, desde muy chica, y mi Padre San José--a quien he cobrado gran devoción--, que lo puede todo cerca de su Divino Hijo. Todo mi porvenir lo he confiado en sus benditas manos. Yo me someteré gustosa a la divina voluntad”.

 

CARTA 19. 12 de abril de 1919. [794]

En esta carta le comunica una noticia muy importante, ansiosamente esperada, y que la llena de felicidad:

“Alabemos al Seńor y démosle gracias por el gran favor que ha concedido a su hijita. Tengo el permiso y, Dios mediante, volaré al palomarcito el 7 de mayo. El domingo que pasó mi papá me dio su consentimiento. San José ha sido el que ha hecho este milagro”.

Juanita hablo personalmente con su papá:

“lo llamé a mi pieza y le pedí me diera el permiso, y entre lágrimas, no sólo me lo dio, sino me dijo que si era esa la voluntad de Dios sería muy feliz siendo carmelita; y que él sólo deseaba verme feliz […]Le aseguro no podía menos de llorar ante tan gran favor del buen Jesús. Estoy en el colmo de la dicha y del dolor […] Cuando pienso en el favor que el Seńor me va a dispensar y por otro lado veo mi miseria e indignidad me confundo. Pero luego me echo en brazos del que es todo misericordia y, abismada allí, me quedo completamente abandonada a mi celestial Esposo El todo lo hace en mí. Yo lo único que hago es amarlo, y esto tan imperfectamente, que sólo su Bondad es capaz de soportarme. Lo amo y por El todo lo voy a dejar; pero ese todo es tan pequeńa cosa comparado con el todo de su amor […] ˇQué feliz me siento al contemplar ya muy cerca mi bendita Montańa del Carmelo! Muy pronto subiré a ella Para vivir crucificada. La carmelita busca siempre a Dios, y żdónde mejor puede encontrarlo si no es en la cruz, donde el amor lo enclavó? Voy a principiar a amar a mi Jesús. Hasta aquí Él me ha amado, puesto que se ha entregado a mí. Ahora principio a entregarme yo, para poder llamarme con verdad Teresa de Jesús”.

 

CARTA 20.  Santiago, 20 de abril de 1919.[795]

Esta es la penúltima carta a la madre Angélica Teresa. Es tiempo de Pascua, vuelve el ˇAleluya! a los corazones y esa es su primera expresión en la carta. Más adelante sigue:

“ˇCuán feliz se siente el corazón cuando se entona el "Gloria in excelsis" después de ver a N. Seńor sufrir tanto por nuestro amor! ˇDespués de presenciar la escena horrible del Calvario el viernes, con cuántas ansias espera el alma que ama presenciar el domingo la escena del triunfo más completo de N. Seńor sobre la muerte y sobre el pecado! El viernes a las 3 P.M. le pedí a la Sma. Virgen me ofreciera junto con la Divina Víctima. Que primero me purificara con esa sangre divina, y después me diera para siempre y completamente a Dios, para que no tuviera otro ideal que cumplir la voluntad de Dios con amor y con el fin de glorificarlo.

Sólo me restan 17 días para permanecer en el mundo. Me parecen ya las cosas tan pequeńas que no tengo cómo agradecerle a N. Seńor su llamamiento. Pocos días más, y viviré; porque la vida del mundo es muerte. Viviré "abscondita in Christo". Qué vida más ideal […]es la que N. Seńor me dará. Ya todo el mundo desaparecerá para mí, para encontrar tras las rejas de mi Carmelo horizontes sin límites, horizontes divinos que el mundo no comprende.

Pero no crea que voy en busca del Tabor sino del Calvario. Por la gracia de Dios, he comprendido que la vida de la carmelita es una abnegación continua, no sólo de la carne, sino de la voluntad y del juicio. Y aunque a veces esto me hace estremecer, sin embargo no quiero otra cosa que la cruz. Antes me parecía que Dios daría a las almas que se entregan a Él los goces y dulzuras de la oración, y que sólo por sentirlas era de encerrarse en el convento. Pero hoy comprendo que eso no es buscar a Dios, sino a sí misma; y me preparo, no para regalos, sino para sequedades y abandonos, en una palabra, para cumplir la voluntad de Dios.

Le aseguro que no sé qué daría por predicar al mundo entero el abandono ciego en manos de Dios. Créame que lo he palpado en mis asuntos, pues no le he pedido nada sino lo que Él quiera y nada más. Le he dicho a mi Jesús que Él sea el Capitán. Que ordene. Que su soldado lo seguirá hasta la muerte, pero siempre que lo ayude con su gracia.

Mi Madre tan querida: desde ahora me pongo en sus manos, para que vaya formando a esta indigna carmelita. Quiero ser una santa carmelita. Sería una locura que, después de sacrificarlo todo, no fuera una carmelita según el ideal de mi Madre Santa Teresa; que mi Jesús no pudiera decirme que era totalmente de Él. ˇQué feliz estoy porque luego ya no tendré que estar disimulando que soy del buen Jesús! Ahora no tengo un momento para estar tranquila con N. Seńor y sin preocupaciones. Desde el 7 ya no habrá nadie entre Dios y su sierva Teresa. ˇQué felicidad!”.

 

CARTA 21. carta Santiago, 4 de mayo de 1919.[796]

Esta es la última carta. Tres días más tarde estará ya en el Monasterio junto a la madre Priora, es esta feliz y así se lo hace saber:

“Soy feliz. Dos días más, y las puertas de mi conventito se cerrarán para hacerme prisionera de mi Dios […] ˇCuánto lo amo! […] Con qué ansias voy a llegar de soledad y oración a ese palomarcito. Todos estos días son de mucho alboroto. Sin embargo, el alboroto no entra a la celda de mi alma. Allí sólo está mi Jesús.

Estuve en San Bernardo, pero no pude hablar con la Rda. Madre Margarita, porque estaba enferma y están muy preocupadas todas las monjas por su salud. Pero, aunque no estuve con ella, me mandó unos recaditos muy carińosos y como de abuelita […]Me fui a retratar y, al parecer de todos, el mejor retrato es el de carmelita No tengo cómo agradecerles a mis hermanitas del Carmen de San José, pues me proporcionaron todo […]Hasta lueguito. Muy luego va a tener su cachito. Ruegue, mi Madrecita querida, por los míos, como lo ha hecho hasta aquí. Que Dios le pague todo”.


 

30    EN EL CARMELO, EL CIELO EN LA TIERRA DE TERESA DE LOS ANDES

30.1     EL CARMELO ES UN CIELO.

Por fin ingreso en el Carmelo

Juanita está llena de gozo, por fin ingresó en el Carmelo y desde allí escribe a su papá y mamá para agradecerles que le hayan permitido ir a vivir en su cielo en la tierra, que es su vida como carmelita. Ahora cambia de nombre, ya no firmará ni sus cartas ni sus notas con el nombre de Juana, sino con el de Teresa de Jesús, carmelita.

A su papá le escribe:

 “Gracias, mil veces gracias por su generoso consentimiento. No se imagina la fe­licidad de que disfruto. He encontrado, por fin, el cielo en la tierra”.

“Estoy tan feliz que, a pesar de que no conocía a mis hermanitas, me parece siempre hubiera vivido en medio de ellas”.

“Consuélese de la separación, porque siempre tendrá un ser que ruegue a Nuestro Seńor por Ud., ya que le ha propor­cionado el objeto de su felicidad. Nunca tendré cómo pa­gárselo”

“A los pies de Nuestro Seńor le queda muy uni­da su hija carmelita, que más lo quiere”.[797]

A su mama le escribe:

“Mi querida mamachita. Bendito sea Dios. Ya estoy en mi conventito. No se imagina lo feliz que soy. Me parece que siempre me hubiera encontrado aquí”.

“No tengo cómo agradecerle a Ud., mamachita linda, todo lo que por mí se incomodó. Sólo en el cielo comprenderá lo mucho que ruego para que Nuestro Seńor le pague tanto carińo, tanta abne­gación”.

“Estoy en mi celdita, sola con Dios…En fin, soy feliz porque, aunque nada tengo, todo lo encuentro en Dios. Anoche dormí regiamente en mi cama de carmelita. Me sentía más dichosa que un rey en su mullido lecho”.[798]

A su hermano Luis le escribe el fin primordial de todo hombre, de todo cristiano; "Conocer, amar y servir a Dios aquí en la tierra para alcanzar el cielo". Juanita se siente sumida en Dios. Su amor es la vida de su alma. Y quiere comunicarle un poco del fuego en que Dios la abraso. Y le pide además. “Déjame, Lucho mío ser tu guía. żQuién puede desearte mejor y mayor bien que tu carmelita?”

Le escribe a su hermano Lucho:

 “Ayer recibí tu carińosa cartita en la que me expresas los sen­timientos de tu alma. Créeme que, después que la leí, me fui al coro para agradecerle a Nuestro Seńor lo que me expresas haber experimentado.

“Déjame, Lucho querido, hablarte de corazón a corazón. Tu hermana carmelita viene a mostrarte cuál es el móvil de nuestra vida, el fin primordial de todo hombre, de todo cristiano: "Co­nocer, amar y servir a Dios aquí en la tierra para alcanzar el cie­lo".

“Lucho querido, a pesar de que la distancia nos separa, mi alma siempre está muy unida a la tuya. Ambas no forman sino una sola, żno es verdad? Pues bien, yo ya estoy sumida en Dios. Su amor es la vida de mi alma. Quiero elevarte hasta El; quiero co­municarte, hermanito mío, un poco del fuego en que me abraso; quiero calentar­te con ese calor infinito, para que tengas vida. Sólo quisiera de ti la buena voluntad. Déjame, Lucho mío ser tu guía. żQuién puede desearte mejor y mayor bien que tu carmelita? ˇOh! Si pudieras por un instante sentirte lleno de felicidad, como yo me siento”.[799]

A su mama le escribe:

“cada día que pasa soy más feliz”.El Carmelo es un cielo”

“Mamacita, cada día que pasa soy más feliz. No sé cómo pa­garle a Nuestro Seńor tanto amor, tanta bondad con una criatura que sólo merece ser anonadada”.

“Todavía no me ocupan. Pero nuestra Madre me ha dicho que seré hortelana. Me encanta, pues podré cultivar flores para mí Todo adorado. Todo en el Carmen está impregnado de su Divina Presencia. Se le respira, por decirlo así, en todo. Me olvido qué estoy en la tierra. El Carmelo es un cielo. Mamacita querida, rue­gue por su carmelita que mucho lo necesita”.[800]

A su hermana Rebeca le escribe para contarles sus particularidades de su nueva vida en el convento y que el tiempo en el Carmen se pasa sin darse cuenta:

“Mientras mis hermanitas están en el comedor, yo me quedo en el coro con Nuestro Seńor, tres cuartos de hora. Gozo verdadera­mente. Entonces es cuando te manda mi Jesús muchas gracias y regalitos que le pide tu carmelita para ti. En el Oficio, me figuro estar en el cielo”.[801]

A su buena amiga Elisa Valdés, a quien llama por Isabel de la Trinidad Isabelita:

“Hoy hacen ocho días que morí para el mundo para vivir escondida en el infinito Corazón de mi Jesús”. “Hermanita, soy feliz; pero la criatura más feliz del mundo. Estoy comenzando mi vida de cielo, de adoración, de alabanza y amor continuo. Me parece que estoy ya en la eternidad, porque el tiempo no se siente aquí en el Carmen. Estamos sumergidas en el seno del Dios Inmutable. Mi Isabelita querida, quiera Dios concederte algún día el ser carmelita”.

“Me dices te diga mi opinión acerca de tu vocación. Me río al ver a quién se lo preguntas. żQué confianza, hermanita mía, pue­des tener en mí? Pero en fin, ya que me lo preguntas, te diré que yo creo que, por ahora, tu misión está en el seno de los tuyos, cerca de tu papá. Puedes ser, entretanto, carmelita en el mundo. Dios quiere lo seas”.

“Mi hermanita Isabel, seamos pues carmelitas; pero en toda la extensión de la palabra. Es la vocación más grande, ya que nues­tro divino Maestro se lo dijo a Magdalena: "Has escogido la mejor parte". La Sma. Virgen fue una perfecta carmelita”.

“La carmelita, tal como yo la concibo, no es sino una víctima adorante. Seamos víctimas, Isabelita querida, hostias, pero muy puras. Vivamos completamente sumidas en Dios”.[802]

También es tiempo de dejar constancia de su alegría en su Diario donde escribe:

14 de mayo de 1919. Hace ocho días que estoy en el Carmelo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera el amor divino, que hay momentos creo no voy a resistir. Quiero ser hostia pura, sacrifi­carme en todo continuamente por los sacerdotes y peca­dores. Hice mi sacrificio sin lágrimas. Qué fortaleza me dio Dios en esos momentos. Cómo sentía despedazarse mi corazón al sen­tir los sollozos de mi madre y hermanos. Pero tenía a Dios y El sólo me bastaba”. [803]

“22 de mayo 1919. Nuestro Seńor en la oración me manifestó cómo Él había sido triturado por nosotros y convertido en hostia. Me dijo que para ser hostia era necesario morir a sí misma. Una hostia -una carmelita- debe crucificar su pensamiento, rechazando todo aquello que no sea de Dios. Siempre tener el pensamiento enclavado en El. Los deseos, dirigidos a la gloria de Dios, a la san­tificación del alma. Una hostia no tiene voluntad propia, donde quiera la transportan. Una hostia no ve, no oye, no se comunica exteriormente sino en el interior”.[804]

Entré ayer a retiro.[805]

Teresa de Jesús lleva 22 días en el Carmelo, es tiempo de Retiro del Espíritu Santo, y escribe sobre su ideal en su Diario:

“Hoy, víspera de Pentecostés, he sentido ese arrebato de todo mi ser en Dios, con mucha violencia, sin poderlo disimular. Y tres veces he vuelto y después he sido de nuevo transportada. Sufro mucho, pues no sé si son ilusiones, y no tengo con quien consul­tarlo. En fin, me abandono a la voluntad de Dios. Él es mi Padre, mi Esposo, mi Santificador. El me ama y quiere mi bien”.

“Para llegar a vivir en Dios, con Dios y para Dios que es el ideal de una carmelita y de una Teresa de Jesús y de una hostia entiendo son necesarias cuatro cosas:

1Ş Silencio, tanto interior; como exterior. Silencio en todo mi ser. Evitar toda palabra inútil.

2Ş No hablar de mí misma. Y, si es necesario hacerlo para divertir a las demás, ponerlo en tercera persona. Jamás hablar de la familia.

3Ş Negación absoluta de la carne. No buscar para nada el gusto e inclinación, para tener más fácil trato con Dios.

4Ş Ver en todas las criaturas a Dios, ya que todo se encuentra en su inmensidad. Leeré todos los días y me examinaré en estos puntos.

30.2     DESEOSA DE TRANSMITIR SU EXPERIENCIA DE DIOS EN EL CARMELO.

En la felicidad de solo vivir para Dios

Le escribe a su amiga Herminia Valdés:

 “ˇCómo quisiera abrir­te los ojos de tu alma, para que vieras y comprendieras la felicidad de que se disfruta siendo religiosa. Créeme -sinceramente te lo digo-que no es tierra sino cielo en el Carmen el que se vive”.

“Todo es confianza y sencillez. Qué feliz soy, hermanita querida, sobre todo [por] vivir sólo para Dios. Cada día lo amo más. ˇCómo quisiera que tu corazón le pertene­ciera! Él está sediento del amor de sus criaturas”.[806]

A su hermana Rebeca le escribe para consolarla:

“Mi hermanita muy querida en el Corazón de Jesús: “Te quiero escribir para con­solarte. żPor qué te encuentras tan sola? żNo estamos siempre muy unidas en el Divino Maestro? żAcaso crees que la carmelita ya no tiene corazón para querer a aquella que forma parte de su propio ser...? Siempre vas conmigo a todas partes; siempre segui­mos obrando juntas. No temas que te olvide. Te he querido de­masiado para olvidarte”.

“Que no pertenezcamos nada más que a nuestro Dueńo soberano. Él es el único capaz de saciarnos. Su amor es infinito. No tiene límites. “ˇOh, si pudieras por un momento ver cómo me ama mi Jesús!”

“Pidámosle juntas que te dé su divino amor, y pue­da ser que antes que la muerte nos dé la vida verdadera, podamos abrazar­nos y cantar las misericordias divinas, unidas tras estas re­jas queridas de mi Carmelo; y después morir e ir al cielo a entonar el cántico de las vírgenes, siguiendo al Cordero. ˇQué dicha her­manita”[807]

Muy agradecida al Seńor por la mama que le ha dado, le escribe a su madre:

“Amémosle en cada uno de nuestros actos, haciéndolos con perfección y sólo por agradar a Él. Amemos su ado­rable Voluntad en cada una de las circunstancias de nuestra vida. Cuando se ama, todo es alegría; la Cruz no pesa; el martirio no se siente; se vive más en el Cielo que en la tierra. La vida del Carmelo es de amar. Esta es nuestra ocupación”.[808]

Ya ha hace más de un mes que Teresa de Los Andes está viviendo su experiencia en el Monasterio junto a las carmelitas. No se ha quedado sin comunicarse con su papá, su mama, sus hermanos y sus buenas amigas. Está deseosa de transmitir su experiencia de Dios en el Carmelo.

A su hermana Rebeca le escribe:

“Cada día doy más gracias a Dios de encontrarme en este palo­marcito encantador, entre tantas santas. No te imaginas lo santas que son. Yo las venero, y me apeno al verme tan mala y misera­ble. Tienen que rezar mucho por mí, porque sea una santa carmelita, y luego żno?”[809]

A su amiga Elisa Valdés le escribe:

“Mi Isabelita querida: La carmelita es hostia, como te he dicho. Jesús es Hostia en el Altar. Se oculta. Aparentemente no ve, no oye, no habla, no se queja la hostia. żNo es así? Del mismo modo, si queremos ser hostias, debemos ocultarnos de las miradas de las criaturas, ocultarnos en Dios, es decir, obrar siempre no por bus­car el agrado y acarrearnos las simpatías y el carińo de las criatu­ras; siempre tener a Dios por testigo y objeto de nuestros actos. La hostia, Eli, no tiene voluntad. Obedecer sin replicar; obedecer aún en aquello que nos parece contrario a nuestro juicio, aca­llándolo por Dios. Obedecer a Él. Obedecer sin demostrar que nos cuesta, ni que nos desagrada lo que se nos ordena”.

“La Santa Hostia está en un estrecho copón. Nosotros, hostias, debemos buscar la pobreza, eligiendo todo lo peor para nosotras sin que los otros se den cuenta. Buscar lo que nos incomoda en todo y por todo”.

“La Santa Hostia es pura. Nosotras debemos huir del afecto de toda criatura. Eli, nuestro corazón sólo para Él. Huir del ape­go a las vanidades, ser mortificadas. Cuando el cuerpo busque lo que le acomode o regale, darle lo contrario”.

“La Santa Hostia se da a los cristianos. Nosotros debemos dar­nos por entero, o mejor, prestarnos -pues no conviene darse- a cuantos nos rodean. Esto nos hará ser caritativas, pero siempre mirar en el prójimo a Jesús. Propongámonos esto, mi Isabel queri­da, mi hermana carmelita; hagamos un desafío para ver quién lo consigue primero”.

“No creas que, porque estoy en el Carmen, me he despojado de mis miserias; antes al contrario, cada momento, al comparar­me con mis santas hermanitas, me encuentro más imperfecta. Como aquí todo es pureza, santidad, atmósfera de luz, se ve una bien negrita. Soy una cholita, un carbón en medio de brillantes”.

“Reza y aconséjame; no sabes el bien que me haces. Y sé sencilla, pues, si tus consejos hacen bien a mi alma, es N.S. quien te los inspira”.

“Creo te convendrá otro modo de oración. żHas leído tú la Subida al Monte Carmelo de Nuestro Padre S. Juan de la Cruz? Léelo. Te aprovechará mucho”.

“Eli, sé carmelita cuando estés con Jesús. Y si a veces tienes tu corazón insensible que no sientes amor para Jesús, no dejes la oración, no pierdas esos momentos de cielo en que está tu alma sola con Él. żQué importa que no le hables? Estás enferma y Él es tu Esposo, se compadece y te acompańa”.[810]

Teresa de Jesús, lo tiene todo en su nueva vida en el Monasterio. Su vida es un cielo. Solo quiere estar a los pies de Jesús. Ahora le escribe una carta a su tía Juana Solar de Domínguez.

“Que la gracia del Espíritu Santo sea en el alma de mi tan que­ridísima mamá‑tía. En el Carmen no hay tiempo, si no es para estar como Magdalena a los pies de Jesús. Cuando estoy a los pies de mi Divino Maestro, no la olvido jamás. No se imagina, mi tiíta, lo mucho que le pido para Ud. y para cada uno de mis primos tan queridos”.

“żQué le diré de mi vida de cielo? Cada día doy más gracias a Dios por mi vocación, que me es más hermosa cuanto más me pe­netro de ella”.

Tiíta, ruegue para que sea una santa carmelita. ˇEs tan gran­de mi vocación y soy tan miserable! Pídale a N. Seńor me haga muy fiel a su infinito amor. Amémosle mucho. Tiene sed de nues­tro amor”[811]

30.3     MIS ESFUERZOS TODOS SE DIRIGEN A SER UNA SANTA CARMELITA.

Que nada ni nadie pueda distraerme de Él.

Teresa de Los Andes, siente que va cumpliendo su ideal ser santa, que consigue vivir enteramente para Dios, se siente en el cielo. Entonces es cuando comprende que "sólo Dios basta". En ese espíritu le escribe al Padre Artemio:

Reverendo Padre: “Ya tiene a su hija pecadora en el Carmelo, sepa­rada por completo del mundo, realizando así el ideal de toda su vida; ideal que, a medida que pasa el tiempo, me parece más her­moso. Me pregunto de continuo por qué Dios me ha amado tan­to, siendo yo tan pecadora, tan ingrata a sus numerosos beneficios. Y sólo encuentro la razón en su Bondad infinita. Nadie, si no es El, podrá amar a una criatura tan despreciable como soy”.

“Mis esfuerzos todos se dirigen a ser una santa carmelita, y creo que lo que Dios quiere de mí para alcanzar esta santidad es un recogimiento continuo: que nada ni nadie pueda distraerme de Él. No me pide nada más que esto, porque allí, en esa unión íntima de mi alma con mi Dios, se encuentra para mí el ejercicio de todas las virtudes. Primero que todo, encuentro la renuncia completa de todo mi ser, pues cuanto más me aísle de mí misma, más me internaré en El. Trato, pues, de negarme en todo para lle­gar a poseer al Todo, según nos enseńa nuestro Padre San Juan”.

“Por fin, el Padre Avertano, carmelita, que es actualmente mi confesor, me dijo que no debía resistir a Dios, sino seguir sus ins­piraciones. Así lo he hecho. Después de tener esta oración de quietud, cuando he sido más fuertemente atraída por Dios”

“Mi ideal de carmelita es ser hostia, ser inmolada constantemente por las almas, y mi fin principal es sacrificarme porque el amor del Corazón de Jesús sea conocido”.

“Ruegue por mí, Rdo. Padre, que soy tan perversa, tan orgu­llosa, tan poco mortificada. Ofrezca a su carmelita siquiera una vez en la Santa Misa como hostia. Quiero ser hostia por hostia. Introdúzcame en el cáliz, para que, bańada en la Sangre de Jesús, sea aceptada por la Sma. Trinidad. Pídale a N. Seńor me haga una santa carmelita, verdadera hija de nuestra Sta. Madre. [812]

A su padre quiere seguir reconfortándole.

“Mi papacito querido: Recordando lo solito que pasa en San Javier, nuestra Madre­cita ha tenido la bondad de dejarme enviarle unas líneas, que han de demostrarle una vez más que su hija carmelita no lo olvida un solo día, y que siempre lo quiere y está a su lado. Si supiera, papa­cito querido, cuántas veces me encuentro a su lado acompańán­do­lo, cuántas veces en el día alzo suplicante mi oración para pedir a N. Seńor consuelo para mi papacito, fuerzas para no sucumbir al peso de los trabajos a que se somete por sus hijos”

“Pa­pacito, cuando sufra, cuando se encuentre solo, piense que su carmelita lo acompańa, y que ella tiene consigo a Jesús. [813]

30.4     EL HÁBITO CARMELITA

“Cuánto deseo ese día en que voy a ser revestida por ese hábito que la Santísima Virgen nos dio”.

A su mamá le escribe sobre la dicha de ser carmelita. Esta feliz esta porque pronto recibirá su hábito. Muy similar al que ya se había probado y fotografiado cuando faltaba poco para entrar al Carmelo.

“Mi mamachita querida: “Cómo se pasan los días, los meses, sin saber, aquí en el Carmen. Ya estamos en agosto. Sólo dos meses faltan para octubre... Me parece un sueńo mi vida. Dos meses más y, si Dios quiere, tomaré el hábito. ˇQué feliz me siento sólo de pensarlo! Sin embargo, también me da temor”.

“ˇQué dicha, mamacita es ser carmelita! No puedo expresar­le el himno de acción de gracias que se eleva incesantemente de mi corazón. Dios ha sido demasiado bueno con su pobre hija, tan indigna, tan pecadora. Sólo Él ha querido apoderarse de mi ser, a pesar de que tantas veces lo he olvidado. El cuida de su Teresa en cada instante, dándose a ella por entero. En este momento estoy perdida en su Ser Infinito. El me ama infinitamente, mientras yo, su nada criminal, permanezco amándolo, pues cumplo su divina voluntad. ˇQué dulce cosa es para el alma vivir así con el Ser Di­vino, compenetra­da, unificada por el amor con Dios! Así pasa su destierro su carmelita: amando, para que la muerte la encuentre convertida en El”.

“El martes, por ser el día de Santa Marta, fuimos las novicias a reemplazar a las hermanitas conversas en la cocina. No se imagina lo que gozamos haciendo de comer. Nos reíamos a gritos al ver­nos picando las cebollas y llorando. Todo en el Carmen se hace con alegría, porque en todas partes tenemos a nuestro Jesús, que es nuestro gozo infinito”.[814]

A sus amigas no las olvida, todo lo contrario, las acompańa desde la oración en el Carmelo. Le escribe a su amiga Inés Salas:

“Mi Inés tan querida: Por fin, tengo el gusto de conversar con mi querida hermanita, que quizás ha atribuido mi silencio a falta de carińo. Si lo has creído, peor para ti; porque, como muchas veces te lo he dicho, cuando quiero es para siempre. Sobre todo, una carmelita no ol­vida jamás. Desde su celdita acompańa a las almas que en el mun­do quiso. Pueden echarla a ella al olvido; pero ella sólo mira esa alma que vale la sangre de su Esposo Divino”.[815]

Teresa de Los Andes, ha encontrado la felicidad completa. Dios la ha tomado para sí. “Yo no soy la que vivo, sino Jesús”. Eso quiere comunicarle mientras espera vestir su hábito de carmelita al Padre Julián Cea.

Ahora que me encuentro sola con el Dios‑Amor. Me parece nada todo cuanto hice por conquistar esta soledad tan querida, donde el alma sólo posee a Dios. Mi voca­ción me es tanto más querida cuanto más la compenetro. La ver­dadera carmelita, según entiendo, no vive. Dios es el que vive en ella”.

“Mi voca­ción me es tanto más querida cuanto más la compenetro. La ver­dadera carmelita, según entiendo, no vive. Dios es el que vive en ella. A pesar de mis miserias, Dios me toma cada vez más para Sí”.

“He visto que esta oración me hace buscar más soledad. No tengo ningún apego. Tengo más humildad, amor al sufrimiento, a la mortificación. Sobre todo siento que yo no soy la que vivo, sino Jesús”.[816]

En la carta siguiente, quiere hacer ver toda la gratitud a su padre por ser carmelita.

“Querido papacito: “No me canso de darle gracias a Dios por haberme dado un pa­dre tan cristiano como el que tengo. Esos sentimientos de fe, pa­pacito, que me demuestra en su carta, son el orgullo de su hija carmelita, la que no cesa de rogar porque cada vez sea más cris­tiano, más de Dios”.[817]

A su amiga, Elisa le escribe para reiterarle su incomparable felicidad de vivir en el Carmen.

“Mi Eli tan querida: “Nos divertimos muchísimo. Todo es sencillez y alegría en el Carmen, y cada una se esmera en poner de su parte cuanto pueda para alegrar a sus hermanas. Verdadera­mente es un encanto vivir en medio de santas hermanas, pues todas no forman sino un solo corazón”.

“A veces, créeme, [me parece] que estoy sońando estar en el Carmen. Todavía no puedo convencerme poseer una felicidad tan incomparable”.[818]

A su amiga Graciela Montes Larraín le escribe:

“ˇQué hermosa es nuestra vocación, querida hermanita!” Teresa de Los Andes tiene un gran aprecio a su vocación. Felicidad completa de ser carmelita. Escribe también: “quiero ser carmelita, quie­ro ser sola para Ti, Jesús, cueste lo que costare”.

Es así, como también quiere que su amiga sea testigo de la toma de su hábito.

“Mi hermanita tan querida: “Consigue que te traigan para mi toma de hábito, pues me encantaría verte. Sobre todo, para que presenciaras la felicidad de ser carmelita, la cual para mí toma mayores proporciones. Si antes consideraba mi vocación por encima de todas, hoy día la aprecio el doble más; pues he visto y me he cerciorado de que el ideal de santidad de una carmelita es mayor que el de otra cualquiera religiosa”.

“Vivimos sólo para Jesús. Y así como los ángeles en el cielo cantan incesantemente sus alabanzas, la carmelita los secunda aquí en la tierra, ya sea cerca del sagrario donde está prisione­ro el Dios‑Amor, ya en lo íntimo del cielo de su alma, donde la fe le dice que Dios mora. La vocación nuestra tiene por objeto él”.

“Él no puede pasar, pues encuentra en ellas un amor verdadero, ya que la carmelita le hace la más com­pleta donación de todo”.

“Además me parece puede mezclarse el amor propio cuando se palpan los triunfos, peligro que la carmelita no tiene, ya que ignora el número de almas que salva por la oración y sacrificio. Y quizás desde su celda conquista, al par que los misioneros, millones de infieles que se encuentran en los confines del mundo”.

“ˇQué hermosa es nuestra vocación, querida hermanita! ...Ah, hermanita querida, es sin duda que hemos escogido la mejor parte, ya que la carmelita sólo trata con Dios”.

“Por Dios, cuánto me he extendido; pero perdóname, herma­nita. Cuando hablo de mi vocación de carmelita y de Jesús, no puedo detenerme”.

“Ya soy sólo de Jesús y que El sólo me basta. ˇQué feliz se siente el alma cuando se ve libre de todo lo del mundo y de las criaturas! Esta felicidad se compra al precio de la sangre del corazón; pues no te niego que el romper los lazos de la familia cuesta mucho. Sin embargo, créeme que, si posible fuera volver atrás y tuviera de nuevo que hacer el sacrificio, creo que, aunque tuviera que pasar por el fuego, lo haría, pues nada son los sacrificios efectuados con la dicha de ser carmelita”.

“Yo tengo vocación para carmelita; en serlo está mi felicidad, pues sólo en Dios se encuen­tra la satisfacción de mi alma; así pues, quiero ser carmelita, quie­ro ser sola para Ti, Jesús, cueste lo que costare”.

“Por ahora procura conocer a Jesús. Anda siempre en su presencia. Míralo constantemente, pues nuestra Sta. Madre dice que es imposible que, en esa mirada, el alma toda no se inflame en amor. Es preciso que te enamores bien. Pídele des­pués de comulgar ese amor. Amándolo, sabrás vencerte y sacrificar­te. Amándolo, te conservarás pura. Ten siempre como modelo a la Sma. Virgen y pídele te asemeje, pues Ella siempre permaneció en silencio unida a su Dios, y se consumió en el amor y en el sa­crificio por sus hijos pecadores. Su vida se resume en dos pala­bras, que son las de una carmelita: sufrió y amó. Pero no te atemorice la cruz con que se debe la carmelita abrazar. Jesús está en ella. El mide las fuerzas de sus esposas y, como tanto nos ama, En la aligera de manera que todo el peso lo carga sobre sus hombros.[819]

Teresa de Jesús, es una hija muy tierna con su padre. Y este afecto cada día crece más, y le escribe a su papa para poder expresárselo directamente con un abrazo.

Mi papacito querido: “Mańana quiero ser la primera en darle un fuerte abrazo de fe­licitación que le exprese la ternura de mi corazón de hija y de carmelita. Sí, esta ternura crece cada, mi papacito, y no crea que en el Carmen se extingue; antes al contrario, toma mayores pro­porciones, porque se ama sin interés y en Dios. Creo que pronto nos veremos, pues el 14 tomaré el hábito. No se imagina cuánto deseo ese día en que voy a ser revestida por ese hábito que la Sma. Virgen nos dio”.

“Ah papá, su carmelita le mues­tra la fuente de la paz y de la dicha aquí en la tierra, que sólo se encuentra en ese Dios crucificado”.[820]

Teresa de Jesús, quiere hacer de su toma de hábito una gran fiesta:

“Soy tan feliz como ya es imposible imaginar. Es una paz, una alegría tan íntima la que experimento, que me digo que si vieran esta felicidad los del mundo, todos correrían a encerrarse en los conventos”.

Le escribe a su querida Carmen.

“Mi Carmenchita querida: “Cuántos días se han pasado sin que pudiera contestar a tu cartita; pero estaba en retiro 10 días. żTe parece mucho? Y se nos pasaron tan luego, porque fueron preciosos”.

“Ahora sí que te aviso con seguridad que, si es la voluntad de Dios, tomaré el hábito el 14 de octubre. Ese día tan feliz no de­jaré de rogar por ti. Y dile a tu mamacita que lo haré también por ella y por todos los suyos”.

“Parece increíble hayan pasado 5 meses desde mi llegada a este conventito. Créeme que no nos damos cuenta del tiempo. Y es porque vivimos sin otra preocupación que Dios. Soy tan feliz como ya es imposible imaginar. Es una paz, una alegría tan íntima la que experimento, que me digo que si vieran esta felicidad los del mundo, todos correrían a encerrarse en los conventos. ˇAh Carmenci­ta! Deseo tanto para ti esta dicha, pues me parece que encontraría tu alma la plena satisfacción de sus deseos”.

“Si supieras cómo el alma va encontrando horizontes infinitos desconocidos hasta entonces; si supieras, mi hermanita, la vida de unión íntima que vive la carmelita con Jesús... Él lo es todo para ella. Cuántas horas pasa en el coro junto a la reja, mirando esa Hermosura increada, oyendo lo que la Sabiduría infinita le enseńa y, sobre todo, sintiendo los latidos del Corazón de su Dios. Nada puede separarla de Él. Jesús la arrancó del mundo de los suyos, para traerla a la soledad donde El descansa; para tenerla siempre junto a su sagrario. Quiere que la carmelita sea su hostia. En ella vive y sobre su Corazón la sacrifica y la ofrece a su Eterno Padre por el mundo pecador en silencio, como El -convertido en hos­tia- se inmola en el altar ocultamente. ˇAh Carmen, que bueno ha sido Nuestro Seńor conmigo al traerme a esta antesala del cielo, te­niéndolo sólo a Él por mí todo!”[821]

Retiro antes de la toma de hábito.

Después de un Retiro, Teresa quiere constancia de que una carmelita debe vivir siempre en Dios por la fe, esperanza y caridad.  Resoluciones:

“La perfección de la vida está en el acercamiento a Dios. El cielo es la posesión de Dios. En el cielo a Dios se le contempla, se le adora, se le ama. Mas, para llegar al cielo es preciso desprender­se de la tierra. Y la vida de la carmelita, żqué es sino contemplar, adorar y amar a Dios incesantemente? Y ella, ansiosa de ese cielo, se aleja del mundo y trata de desprenderse, en lo posible, de todo lo terreno”.

“La delicia de Jesús cuando estuvo en la tierra era la casa de Betania, su morada predilecta. Allí era íntimamente conocido de Lázaro, servido por Marta y amado locamente por María. La carmelita reemplaza ahora cerca de Jesús esa vida íntima. Ella la es­tudia para amarlo y servirlo según su voluntad. Es su refugio en medio del mundo, es su morada predilecta con sus escogidas”.

“La carmelita sube al Tabor del Carmelo y se reviste de las ves­tiduras de la penitencia que la asemejan más a Jesús. Y, como El, ella quiere transformarse, transfigurarse para ser convertida en Dios”.

“La carmelita sube al Calvario, allí se inmola por las almas. El amor la crucifica, muere para sí misma y para el mundo. Se sepul­ta, y su sepulcro es el Corazón de Jesús; y de allí resucita, renace a nueva vida y vive espiritualmente unida al mundo entero.[822]

Teresa de Jesús está contenta y le agradece a su amiga Herminia por venir a su toma de hábito.

“Para una carmelita la muerte no tiene nada de espantable”.

“Mi Gordita tan querida: Por la Rebeca supe que habían pedido el permiso para venir a la toma de hábito, por lo que estoy contentísima

“Estuve en retiro 10 días. żQué te parece? Se me pasaron vo­lando. Nos lo dio el Padre Avertano, carmelita. Fueron preciosos. No te imaginas la impresión que me han causado. Me he propues­to conver­tirme. ˇQué deseos tengo de encerrarte a ti para que te convier­tas...!”

“Para una carmelita la muerte no tiene nada de espantable. Va a vivir la vida verdadera. Va a caer en brazos del que amó aquí en la tierra sobre todas las cosas. Se va a su­mergir eternamente en el amor”.[823]

Teresa en la carta siguiente le escribe a Sor María Magdalena de S. Teresa para felicitarle por su toma de hábito.

“Querida Hermanita: “Grande ha sido el gozo que me ha causado su toma de hábito, tanto más que S. Caridad no ha pasado ni aun por el postulanta­do. Lo que me demuestra que el Rdo. Padre Avertano la ha en­contrado con las virtudes y perfecciones dignas de una carmelita. Mientras Vuestra Caridad tiene esa dicha, su pobre hermana Tere­sa se encuentra bien pobre de virtudes, a pesar de tener cinco me­ses de postulantado. ˇQué vergüenza! Sin embargo, confío en sus oraciones que han de ser muy aceptas a N. Seńor, para que no sea tan indigna de ese hábito tan querido”.

“A pesar de sus dolores en el camino del Calvario, consoló a las santas mujeres; żpor qué no nos ha de confortar? żAcaso Jesús no está allí, en el tabernácu­lo, para alentarnos? Así pues, carmelitas somos y, por lo tanto, co­rredentoras del mundo. Y la redención de las almas no se efectúa sin cruz. Animémonos, hermanita, para sufrir todo lo que Dios quiera”.

“Mucho le agradecería que para la toma de hábito me trajera "Jesús Intimo" por Suave. Creo que comprende dos o tres tomos. En la Casa de Ejercicios ha de estar”.[824]

Pareciera que Teresa de Jesús no deja de escribir para comunicar tanta alegría de vivir en el Carmelo. En efecto, ella comparte su experiencia de Dios a su familia, sus confesores y a sus amigas. Creo que esto es un modo de evangelizar el corazón de la persona. Además es una tarea que nos ha encomendado el Seńor. Teresa le escribe a una amiga:

“Aquí, en el Carmen, sólo existe Dios. “Vivimos anegadas en El, en su atmósfera divina de paz y amor”. “Una carmelita debe estar tan llena de Dios que permanezca siempre en El”

“Que la gracia del Espíritu Santo sea en el alma de mi que­rida: żQué te podré decir de la felicidad que experimento al haber­me entregado a Él? No es ya una dicha cualquiera la que siento. Es un cielo el que poseo. He principiado esa ocupación de amar y alabar que tendremos en la eternidad. Aquí, en el Carmen, sólo existe Dios. Vivimos anegadas en El, en su atmósfera divina de paz y amor. Somos -no dudo en decirlo- los seres privilegiados de N. Seńor; pues Él quiere oír siempre la voz de alabanza de su carmelita: su canto no interrumpido de amor. Para esto la separa del mundo completamente, la trae a la soledad, donde Él se deja ver, tocar, oír, conocer. Por eso -sola con El solo- la carmelita debe ocuparse únicamente de Jesús. Todo debe olvidar para pen­sar en El. Créeme que una carmelita debe estar tan llena de Dios que permanezca siempre en El. Debe darse y sacrificarle todo su ser. Su inteligen­cia debe despreciar las ciencias humanas para conocer la Sabiduría infinita. Su memoria ha de olvidar lo de la tierra para recordar los beneficios de su Dios. Su voluntad no debe existir: la ha sacrificado por el voto de obediencia. Este voto se cumple en el Carmen con toda perfección, lo mismo que el de pobreza. Para que te des cuenta exacta, te diré que no se puede recoger una basura del suelo sin licencia, ni tener en la celda ni un alfiler de más. Los bienes temporales se sacrifican por el voto de pobreza. La carmelita vive de limosna. Su corazón es todo de Jesús, puesto que sólo desea estar sola con Él. Su cuerpo lo sa­crifica por la penitencia. De paso te diré que una, afuera, cree que son terri­bles; pero aquí todo se hace fácil y N. Seńor ayuda. Además, las que impone la Regla cualquiera las puede practicar.

“Así ves que una carmelita lo sacrifica todo, aun el gozo puro de estrechar contra su pecho los seres que le son más queridos sobre la tierra, ya que las rejas no le permiten abrazar a su fami­lia. Pero żcrees por eso que reina tristeza en nuestro conventito? No te imaginas mi sorpresa sobre esto; pues creía que eran ale­gres, pero esto no es nada para lo que son, pues [en] las recrea­ciones somos como chiquillas de colegio”.

“Te aseguro que no me canso de agrade­cerle a N. Seńor el haberme traído a este cielito”.

“Mi.… querida. A medida que se conoce a este Dios‑Hombre, se le va amando con locura. Yo quisiera que tú lo conocieras para que te enamoraras verdaderamente. La carmelita vive tan familiar­mente unida a Él, que para ella no hay diferencia alguna entre el tiempo que vivió en la tierra y la vida del sagrario. Allí lo encuen­tra y, como la Magdalena, escucha sus palabras de vida. Y żcuáles son esas palabras? Las del Evangelio. En silencio saborea la carmelita esa doctrina tan pura y llena de amor. Allí ve en magníficos cuadros representado al Salvador, el Verbo Encarnado. Ella ve a su Dios soportando las miserias humanas: sintiendo el frío allá en la cuna, sufriendo el destierro en Egipto, obede­cien­do a sus cria­turas El que es todopoderoso”.[825]

A sus amigas Graciela y Clara, le escribe para que tengan confianza en Dios, infundir en sus almas una confianza ilimitada en el divino Esposo, de tal modo que le abandonen todas sus preocupaciones y solo preocuparse de aceptar en cada instante su divina voluntad. “A Dios. En El vivimos. Amémosle, ya que Él nos amó prime­ro” Y también le escribe en su carta lo siguiente:

“Mi hermanita: “Créeme, Chela, que a mí me lo aconsejaron y vi patentes verdaderos milagros; pues a Nuestro Seńor le encanta esa confianza hasta en las tonteras más grandes, y da esto mucha paz al alma. Además le hace ver en todo la divina mano de Dios, con lo que se adquiere espíritu de fe, virtud tan necesaria para una carmelita”.

“Este es el fin de una carmelita; pues su única ocupación -la esencia de su vida- es la contemplación, de donde se desprende el amor y la adoración, la cual, como dice un autor, es el éxtasis del amor que calla, porque ya no puede hablar”.

“Al fin del mes de María van a ver quién ha ganado el desafío. Yo les prometo todos los días encomendarlas a la Sma. Virgen. Hagan lo mismo V. caridades conmigo, pues quiero ser novicia carmelita [santa] y no lo soy, desgraciadamente. En la comunión también rogaré por V. caridades”.

“A Dios. En El vivimos. Amémosle, ya que Él nos amó prime­ro y dio su vida por amarnos. Démosle nosotras la nuestra, mu­riendo a nosotras mismas por el renunciamiento de nuestra

30.5     LA VOCACIÓN DE LA CARMELITA ES TODA FUNDADA EN EL AMOR.

La carmelita es una crucificada.

Escribe Teresa de Jesús a una amiga que la carmelita es una crucificada. También lo que le hace amar más aún su vocación que es el ver que la vida de una carmelita es semejante a la de la Sma. Virgen.

“Ella sólo padeció y amó”. “Los afectos del corazón son sacrificados por la castidad”. “Una carmelita es un alma de oración”.

“La carmelita es una crucificada. Como [en] Jesús, en ella no haya que no esté llagado, mortificado. El pensamiento, que libre del hombre, lo encadena en Dios. Su entendimien­to sólo debe conocer a Jesús. Las ciencias humanas las desprecia. La memoria la ofrece en holocaus­to, olvidando todo lo del mun­do: las imágenes de los seres queridos, para sólo recordar a Jesús. La voluntad la sacrifica en aras de la obediencia a sus superioras. La carmelita tiene que pedir licencia aún para recoger una pajita. Los bienes temporales son despre­ciados. La carmelita no puede tener un alfiler de más en su celda. Ni aun conversando puede decir "mi celda", sino "nuestra celda", porque todo es común”.

“Los afectos del corazón son sacrificados por la castidad. Una carmelita es un alma de oración. Por lo tanto, si tiene el más pequeńo ape­go a una criatura, ya sea racional o irracional, o ya sea algún objeto preferido, no podrá en la oración levantar su corazón, porque el pensamiento la llevará al objeto del carińo. Debe, pues, ser un ángel que siempre permanezca en oración”.

“Su cuerpo lo inmola por los ayunos, los cilicios, las discipli­nas. Por todas partes la cruz. Aún en el trato íntimo con Dios, cuántas veces Jesús la deja sensiblemente abandonada y bajo el peso de sus propias miserias, combatida por tentaciones. Enton­ces es cuando se sufre, pues es Dios mismo quien purifica el alma por medio del dolor. Dime por dónde puede buscarse a la carmelita que no se le encuentre en el altar del sacrificio. Es inmolada cual hostia santa: en silencio. Su acción, su obra redentora, żno es acaso semejante a la de Jesús‑hostia? Ella salva a las almas por la oración y el sacrificio. Tras las rejas de su claustro, escondida, olvidada por el mundo, ella detiene la justicia de Dios. Ella es la savia por donde Dios hace circular su gracia en las almas”.

“Lo que me hace amar más aún mi vocación es el ver que la vida de una carmelita es semejante a la de la Sma. Virgen. Ella sólo padeció y amó. Y todo en silencio. Además nuestra Orden es de la Sma. Virgen. Créeme que antes yo no sabía bien esto. Pero he dado más de una vez gracias a mi Madre Santísima de haberme traído a su Orden, como en repetidas ocasiones, al aparecer, también lo ha dicho”.

“Pero, para ser carmelita, no se necesita tener contempla­ción, pues lo esencial en ella es el amor a Jesús; por lo tanto, en ese amor se encierra el deseo ardiente de conocerlo y ase­mejarse a Él, y el único medio es la oración mental”.

“Cuando estamos en el coro somos ya ángeles que alaban a Dios; formamos nosotras parte de ese concierto angélico, y nuestras antífonas son estrofas de esa pura y divina poesía…Jesús también canta con sus carmelitas. El eleva, junto con sus esposas, ese clamor puro y suplicante por el mundo a su Eterno Padre.[826]

La carmelita sólo debe ocuparse de su Dios.

A su querida amiga Amelia le quiere hacer saber que solo vive para Dios y ella es muy feliz:

Querida Amelia: “Soy la persona más feliz con mi vocación, y no me canso de darle gracias a Dios por haberme traído a este rinconcito de cielo. Vivo sólo para Dios. Mi única ocupación es conocerlo para más amarlo. He principiado aquí en la tierra la vida del cielo, vida in­ventada e ideada por Dios en su eternidad; vida sólo de amor y de alabanza incesante. Si por un instante pudieras leer lo que ha pasado por el alma de esta postulante carmelita, comprenderías la dicha de vivir siempre junto al tabernáculo. Sola con Él solo, paso en el coro junto a la reja, o ya en mi pobre celdita. Ya no existe entre Él y su criatura nada. Siempre escucho su palabra divina. Siempre miro y contemplo su belleza infinita. Siempre siento los latidos del corazón de mi Dios que me pide amor, por­que Él sabe que el amor encierra todo: sacrificio y almas”.

“Hermanita querida, sin duda, como el mismo Jesús le dijo a la Magdalena, me ha elegido "la mejor parte". La carmelita sólo debe ocuparse de su Dios”.

“Oh, qué bueno es este Jesús con esta pobre criatura. No quiere separarse de ella un momento. Busca en mi alma consuelo y reposo. Me ha asemejado a Él, haciéndome hostia. Sí. Una carmelita es hostia que lleva en sí a Jesús. Ella no obra. Es El. El la sacrifica, la inmola en silencio, como Él se sacrifica y se inmola en silencio en el altar por el mundo entero. Ella siempre ora con Jesús en el altar; salva las almas, pero mirando a Jesús. Ella derra­ma la sangre de su corazón, negándose en todo. Todo lo ha sacrifi­cado por Jesús”.

“La vocación de la carmelita es toda fundada en el amor”.[827]

A su amiga Clara le escribe sobre la felicidad de ser carmelita:

Mi querida hermanita:

“Constantemente tengo noticias tuyas y, aunque nada te he contestado por escrito, mis pobres oraciones son constantes por Uds.; pues deseo verdaderamente tenerlas aquí para que gocen cuanto antes de la felicidad de ser carmelitas. Cada vez me parece a mí más hermosa esta vocación y no me canso de dar gracias a Dios de haberme elegido con tanta predilección”.[828]

A su madre, le escribe lo feliz que esta con su hábito.

“Querida mamacita: “No se imagina lo feliz que me siento con nuestro santo hábi­to; y aunque todas extrańan al principio, yo no he extrańado. Tiene que rezar para que sea muy fervorosa, pues del noviciado depende toda mi vida religiosa, y a toda costa tengo que ser una santa carmelita”.

Mamachita linda. Le doy las gracias de nuevo por su consentimiento y por todo lo que ha hecho por esta pobre carmelita. Salude a mi papacito y hermanos y a todos los de casa, y Ud. reciba el inmenso carińo de su carmelita, que vive unida a su ma­macita en el divino Corazón”.[829]

A su hermana Rebeca le hace saber que cada día es más feliz.

Hermanita querida. “Yo, cada día más feliz. Ayer hizo un mes de mi toma de hábito, tiempo que se me ha trans­currido volando. Así se pasa la vida en el Carmen, y luego nos en­contraremos en la eternidad, mirando desde ella la vida como un punto que pasó sin darnos cuenta. żQué sería de nosotros, si no pasara la vida así? Sobre todo sería horrible para la gente del mundo, para la cual no hay dicha cumplida: ya que para una carmelita existe el cielo en la tierra. Posee a Dios y con el Todo le basta. Este es mi ideal; pues así la carmelita recoge la sangre que mana del sacrificio de Jesús, para derramar­la en las almas”.[830]

A su querida amiga Elisa, le escribe muy feliz por los seis meses de cielo que ha vivido en el Carmelo.

“Mi Isabelita querida. “Ya más de 6 meses en el Carmen, Isabelita. 6 meses de cielo que no han sido turbados por nada de lo de la tierra. 6 meses vi­viendo escondida en mi Verbo adorado, escuchando su Palabra de vida, contemplando su hermosura infinita. Si pudiera hacerte comprender el vacío inmenso en que vivo respecto de todo lo del mundo, me envidiarías. Es Jesús, mi Isabel, el único atractivo de mi vida. Es El, con sus encantos y suavidad lo que me hace olvi­darlo todo. Sin embargo, hay momentos -créeme- que se sufre. Y no creas que son sufrimientos de cualquiera especie los de una carmelita. Mas, sufriendo es como se goza, żno es verdad, mi her­manita? Sobre todo cuando es Jesús el mismo que la crucifica, que la despedaza, se encuentra una feliz en ser su juguete de amor”.[831]

“Ya hemos comentado de lo mucho que Teresa ama a su padre, por eso, no pierde la oportunidad de agradecerle: “El 14 me vio realizar mis deseos tomando mi hábito tan que­rido. Soy cada vez más feliz con él, y no me canso de darle gracias a Dios de haberme dado el cielo anticipado; y a Ud. nunca me cansaré de agradecérselo”.

“Ese día de mi toma de hábito pude apreciar más que nunca que mi suerte ha sido la mejor. Al ponerme en íntimo contacto con las almas, pude notar que en todas hay llagas profundamente doloro­sas; que todas, aunque muchas veces aparentemente son feli­ces, encierran en su corazón un mundo de desdichas. En cambio, su carmelita ve deslizar sus días tranquilamente. Nada puede turbar su paz, su dicha, porque lleva al que es la fuente de la paz. Con Dios, mi papacito, es con quien vivo en un cielo ya aquí en la tierra. Entre Jesús y su carmelita hay una intimidad tan grande, que las uniones de la tierra son sólo una sombra; y a medida que lo conozco, más lo amo, porque voy sondeando en su corazón un abismo de infinito amor”.

“Quisiera seguir, mi papachito lindo, pero el tiempo se conclu­ye; además temo ya cansarlo. Contésteme desahogando su cora­zón en el de su carmelita, todo lleno de ternura para su viejito tan querido”. [832]

Pide oración para ser una santa.

A dos hermanas amigas le escribe sobre la felicidad de vivir en su celdita del Carmelo.

“Mis mellicitas tan queridas: “Créanme que me pare­ce que siempre hubiera sido carmelita, pues casi no me acuerdo del pasado. Mi felicidad actual me ha hecho olvidarlo todo. Si me vieran ahora en mi pobre celdita donde paso los días sola con Jesús, me envidiarían; pues El forma mi dicha más cumplida”.

“No se figuran, mis mellicitas, lo muy presentes que las tengo en mis pobres oraciones”.

“ˇCómo quisiera hacerles comprender, mis mellicitas, lo que es comulgar aquí en el Carmen! Para una carmelita la comunión es un cielo; y debiera serlo para toda alma creyente”.

“A Dios, mellicitas. Recen por mí, para que sea una santa carmelita”. [833]

Al Padre José Blanch:

 Ruegue por mi santificación. Soy tan infiel a N. Seńor, tan ti­bia en su servicio, que temo me abandone por completo. Pídale especial­mente me dé espíritu de fe, pureza, amor y recogimiento para ser una santa carmelita”.[834]

A su hermana Rebeca: “En cuanto a mí, soy cada día más feliz. Reza para que sea una santa novicia carmelita”.

“Vivir de amor, vivir en el cielo, en Dios. Esta es la única dicha del alma de tu carmelita”. [835]

A su prima Ana Rucker Solar:

“Mi siempre y tan querida Anita: “No necesito decirte que mi felicidad es cada día mayor, pues teniendo las mismas aspiraciones, conoces que sólo Dios nos basta para ser dichosas. Palpo a cada instante lo que es ser toda de Dios y me parece que, si ahora me fuera necesario pasar por el fuego para consagrarme a Él, no titubearía en hacerlo; pues todos los sa­crificios desaparecen ante la dicha de poseer a sólo Dios”.

“Nada sé, mi querida Anita, del estado en que te encuentras respecto a tu entrada al Sdo. Corazón. Espero ha de estar muy adelante y que pronto realices tus deseos. No creas que, al preferir mi vocación de carmelita, no aprecie tu vocación, que la encuentro también toda llena de sacrificio y abnegación. Pero para mí existía un atractivo inmenso para la vida de oración, para la vida de íntima unión con Dios ya desde este destierro. Sin embargo, quie­ro proponerte una nueva vocación que creo te gustará, y es que seas religiosa del Sdo. Corazón en las obras de celo, y que seas carmelita, que vivas siempre con Dios en el fondo de tu alma”.[836]

A su papacito tan querido:

“No se imagina, mi viejito tan querido, cuánto es lo que rezo por Ud. todo el día, y cómo siempre, por las noches, le dirijo un Ave María a la Sma. Virgen, para que lo proteja y lo acompańe; ya que su carmelita sólo puede hacerlo con el pensamiento”.[837]

A su mama.

“Mi mamachita querida: “Mamachita mía, he comprendido aquí en el Carmen mi vocación. He comprendido como nunca que había un Corazón, al cual yo no conocía ni honraba. Pero Él ahora me ha iluminado. En ese Divino Corazón es donde he encontrado mi centro y mi morada. Mi vocación es el producto de su amor misericordioso. A Dios. Abandonémonos a Él y permanezcamos siempre ajo su mirada”.[838]

 

 

 

 

 


 

31    DIRECCION ESPIRITUAL

31.1     SANTA TERESA DE JESÚS Y LOS CONFESORES

Cómo debe ser un buen confesor y las virtudes que debe tener.

Quizá no habría sido la misma, Juanita Fernández Solar, nuestra Santa Teresa de Los Andes, si no se hubiera encontrado con los confesores maestros y directores espirituales que ella tuvo. Esto nos da la razón cuando opinamos que siempre es conveniente dejarse guiar por “maestros de espíritu” sabios y santos.

A mí me parece que el maestro espiritual está llamado a mostrar que la misericordia y la bondad de Dios con los pecadores es inmensa y sin distinción de grados. Pero, ante todo, debe ser un maestro que guie y sepa invitar a sus “dirigidos” a no alejarse de Él, porque, de hacerlo, nos alejamos de la fuente que es paz, felicidad y amor. Ciertamente, el maestro espiritual ayuda a sus dirigidos a vivir más auténticamente la alegría en la esperanza; favorece y orienta, a quien está guiando, a profundizar el significado del amor de Dios que nos ama del mismo modo como ama a su Hijo Jesucristo.

żEntonces cómo debe ser este maestro espiritual?

Cuando leemos a la Santa Madre Teresa de Jesús, nos encontramos con una serie de recomendaciones de cómo debe ser un buen confesor y maestro espiritual, y las virtudes que debe tener. Ella siempre alerta a sus hijas las monjas sobre la necesidad de un maestro “experimentado”[839], de modo que no lleve a las almas al error. Ella misma aclara que; “Yo he topado almas acorraladas y afligidas por no tener experiencia quien les enseńaba, que me hacían lástima, y alguna que no sabía ya qué hacer de sí; porque, no entendiendo el espíritu, afligen alma y cuerpo y estorban el aprovechamiento”.[840] Básicamente, Teresa de Jesús recomienda: “tener maestros que sean letrados[841] (Teólogo con conocimiento) Cuenta Teresa como experiencia que: “gran dańo hicieron a mi alma confesores medio letrados, porque no los tenía de tan buenas letras como quisiera”.[842]

Hay confesores que ayudan poco.

También nos relata Teresa otra experiencia muy triste porque un confesor le habría dicho que algunas faltas eran leves y ella entendía que no: “Comulgué con hartas lágrimas; más a mi parecer que no eran con el sentimiento y pena de sólo haber ofendido a Dios, que bastara para salvarme si el engańo que traía de los que me habían dicho no eran algunas cosas pecado mortal, que cierto he visto después lo eran, no me aprovechara. Porque los dolores eran incomportables, con que quedé; el sentido poco, aunque la confesión entera, a mi parecer, de todo lo que entendí había ofendido a Dios; que esta merced me hizo su Majestad, entre otras, que nunca, después que comencé a comulgar, dejé cosa por confesar que yo pensase era pecado, aunque fuese venial, que le dejase de confesar. Mas sin duda me parece que lo iba harto mi salvación, si entonces me muriera, por ser los confesores tan poco letrados por una parte y por otra ser yo ruin, y por muchas”.[843]

Y, en otra parte, escribe que: “Estaba todo el dańo en no quitar de raíz las ocasiones y en los confesores que me ayudaban poco; que, a decirme en el peligro que andaba”[844]. No acababa de entender en qué, ni podía creer del todo que lo que los confesores no me agraviaban tanto, fuese tan malo como yo lo sentía en mi alma. Díjome uno, yendo yo a él con escrúpulo, que aunque tuviese subida contemplación no me eran inconveniente semejantes ocasiones y tratos”.[845]. Habla de cómo, comprendida o no por los confesores, la contemplación no nos exime de los errores de la propia naturaleza: “ocasiones y tratos”.[846]

En el capítulo 13 de libro de la Vida, Santa Teresa de Jesús, nos entrega una serie de recomendaciones de cómo deben ser los maestros confesores. Nos dice que importa mucho ser el maestro avisado digo de buen entendimiento y que tenga experiencia; si con esto tiene letras, es grandísimo negocio. (gran cosa)[847]

Me parece que casi todo esto se resume en esta sentencia: “Entendí bien cuán más obligados están los sacerdotes a ser buenos que otros”[848]

Los confesores deben ser hombre de oración

La Santa Madre Teresa de Jesús, como maestra de oración que es, hace observar que: “Si los directores no son hombres de oración, de poco sirven los estudios, no digo que no traten con letrados, porque espíritu no fundamentado en doctrina sólida, yo lo preferiría sin oración; y los estudios son una gran cosa, porque estos hombres nos enseńan a los que sabemos poco y nos dan luz y nos enseńan a entender las verdades de la Sagrada Escritura como debemos; de devociones a bobas nos libre Dios”[849]

“Y aunque parece que para esto las letras no son necesarias, mi opinión ha sido siempre y será que cualquier cristiano procure tratar, si puede, con quien las tenga buenas, y cuanto más, mejor; y los que van por camino de oración tienen mayor necesidad de esto y cuanto más espirituales, más.[850]

“Y no se equivoque diciendo que letrados sin oración no son para quien la hace. Yo he tratado a muchos, pues desde hace unos ańos los he buscado más por haber tenido mayor necesidad, y siempre fui amiga de ellos, y aunque algunos no tienen experiencia, no aborrecen el espíritu ni lo ignoran; porque en la sagrada Escritura que estudian, siempre hallan la verdad del buen espíritu”[851].

“Tengo para mí que persona de oración que trate con letrados, si ella no se quiere engańar, no la engańará el demonio con ilusiones, porque creo que los demonios temen en gran manera las letras humildes y virtuosas, y saben que serán descubiertos y que saldrán perdiendo”[852]

“Hay quien dice que los teólogos sin espíritu no sirven para gente de oración. Ya he dicho que hace falta maestro espiritual, más si éste no es letrado, gran inconveniente es. Y ayudará mucho tratar con ellos; si son virtuosos, aunque no tengan espíritu, me aprovecharán y Dios les dará entender lo que han de enseńar, y aun lo hará espiritual para que nos ayude. Y esto no lo digo sin haberlo experimentado y después de haber ocurrido en más de dos casos”[853]

“Digo que para que un alma se rinda del todo a la dirección de un solo maestro yerra mucho si no procura que sea letrado, si es religioso, pues él ha de estar sometido a su prelado, al que quizá le falten todas tres cosas, lo que no será pequeńa cruz, si el maestro no está decidido a no someter el entendimiento a quien no lo tenga bueno”.

“Yo esto no lo trago, ni me parece que conviene. Pues si es seglar, alabe a Dios porque puede escoger a quien ha de obedecer, y no pierda esta tan virtuosa libertad; mejor que esté sin director hasta que encuentre uno capaz, que el Seńor se lo dará si su decisión está fundada en humildad y con deseo de acertar”.

31.2     SU EXPERIENCIA MÍSTICA

La relación de Teresa de Los Andes con sus confesores.

Este apartado de la relación de Teresa de Los Andes con sus confesores tiene el propósito de reflexionar sobre su experiencia mística, el deseo de purificación y asemejarse a Cristo, la necesidad de mortificación y la influencia que tuvo el sacramento de la confesión en su vida cristiana y, como consecuencia, en su camino de santidad. En principio, nos damos cuenta de que, para Juanita el confesor se convierte en un maravilloso acontecimiento de gracia, y en una consoladora misericordia de Dios, en un renacimiento espiritual. “Estoy muy consolada. Le dije todo al Padre. Me satisfizo por completo”.[854] Ciertamente, al experimentar ella la ternura y el perdón del Seńor, le es más fácil reconocer la gravedad que puede traer el pecado, y es así como ella refuerza su decisión para evitarlo, para permanecer y crecer en la amistad con su Amado. Teresa en cuanto se siente en dificultad, o tiene dudas espirituales, no solo busca el apoyo y el consuelo de Cristo, sino que además en la confesión encuentra la paz y la alegría que necesita.

Experiencia Mística en Teresa de Los Andes

“Estando en la acción de gracias después de la comunión, sentí un amor tan grande por N. Seńor que me parecía que mi corazón no podía resistir; y al mismo tiempo —créame, Padre, que no sé decirle lo que me pasó, pues quedé como atontada— he pasado todos estos días como si no estuviera en mí. Hago las cosas, pero sin darme cuenta”.[855]

De acuerdo a los relatos que hace Teresa de Los Andes en sus cartas a sus confesores, ella pasa por un tipo de experiencia muy difícil de alcanzar si no se siente que se está en un momento de unión con Dios.

La experiencia mística de la santa es para ella inexpresable, incluso le es difícil comunicarla a través de palabras simples, razón por la cual la describe a sus confesores tal como lo está viviendo, sin buscar entender lo que le está pasando. También es una experiencia momentánea, porque tiene corta duración en el tiempo y solo le sucede en estado de oración y recogimiento. Finalmente es pasiva, porque no la procura ella, aunque la propicia por medio del recogimiento. Se deja hacer por lo que escucha en los diálogos místicos con su madre espiritual, la Santísima Virgen y en otros casos por Cristo, a quien oye como Magdalena, sentada a sus pies a contemplándolo. También es cierto que si no se ha tenido experiencias semejantes, no es fácil discernir si que esto que le sucede a Teresa de Los Andes es una experiencia mística. Lo que si es evidente, es que a Teresa le causa un gran efecto después de haberla vivido, y aunque ella pide ayuda para comprender estos arrobamientos, no le impactan los juicios externos. Se los reserva frente a sus hermanas religiosas, para que no la tachen de exagerada. Con todo, ella siente que ha sido abrazada por el amor divino, del cual se siente prisionera.

El Deseo de Purificación y Asemejarse a Cristo

“Siento ansias de morirme por poseerlo sin temor de perderlo por el pecado. Este deseo me hace huir de las menores imperfecciones, pues ellas me separan del Ser infinitamente Santo”.[856]

Desde los 15 ańos de edad encontramos en los escritos de Teresa de Los Andes, un apasionado proceso de purificación, donde ella hace todo cuanto puede para eliminar las imperfecciones que aparecen en su vida. Esta es una disposición que siempre tuvo presente, nada ni nadie le pudo hacer cambiar de parecer en su deseo de adquirir la perfección espiritual y la santidad, para asemejarnos más y más con Cristo. Es así como desde muy joven, tuvo muy presente cuales y quienes eran los enemigos de su alma, el demonio, el mundo y ella misma, lo que requería una permanente atención y  purificación.

En efecto, la comunión perfecta con Cristo presupone siempre que el alma se encuentre purificada y Teresa siempre tuvo muy presente que cualquier mancha en su vida era un impedimento para el encuentro íntimo con Dios y con Cristo, su amado esposo, por quien desde muy joven consagro su virginidad.

Decía Teresa, que su vida era sufrir y amar. Amar inmensamente a Cristo, su único esposo y sufrir de amor por poseerlo como persona amada, es así como ella padece dolor y por el dolor se purifica en la “llama de amor viva” que purifica el alma para que llegue al amor perfecto de Dios.

La mortificación

“No sé qué hacer para conseguir que el Padre me deje mortificarme. Tengo tantos deseos de ayunar, de ponerme cilicios, pues veo la necesidad que tengo de mortificar no sólo la voluntad sino también mi cuerpo. Jesús mío, dame permiso de hacer penitencia”.[857]

Teresa de Los Andes, lo quiere sufrir todo, pero ella no encuentra en el dolor un placer especial. Es interesante saber qué sentido tiene para ella la mortificación. Me parece que, para Teresa, el sacrificio es parte de la vida del cristiano, como también lo fue en la vida de Cristo. Ella comprende que el camino de la perfección pasa por la cruz y está dispuesta a cargarla y no busca renunciar a ningún combate espiritual.

En sus escritos, nos encontraremos con la mortificación más común de nuestra vida, enfrentar y aceptar contrariedades, tener más paciencia de lo que creemos soportar, saber esperar el momento oportuno de una respuesta muy ansiada, aceptar de corazón que todo cuanto nos pasa no debe ponernos tristes y desanimados. Pero también, mirando el ejemplo de Cristo que soportó la cruz con tanto dolor, Teresa quiere ayudarle con algunos sacrificios corporales, desde los más simples como el ayuno, dejar de comer dulces, hasta algunas molestias corporales, a ejemplo de santa Teresa de Jesús y santa Teresa de Lisieux, que se valieron de penitencias corporales..

Ofrenda por los sacerdotes

Escribe Teresa de Los Andes en su Diario:

“Quiero pasar mi vida sufriendo para reparar mis pecados y los de los pecadores. Para que se santifiquen los sacerdotes”.[858] […]Se lo ofrezco a Jesús por mis pecados, por los de los pecadores y por la santificación de los sacerdotes”. […]Le mostré a la M. Izquierdo mi libreta, y le llamó la atención el fin que tenía -por la santificación de los sacerdotes-, en mis acciones” […]pues no sabía que el fin de la carmelita es rogar por los sacerdotes, ya que ella es también sacerdote”. [859]

Teresa de Los Andes, entiende que debe orar y hacer sacrificios intensamente por los sacerdotes, para que sean fieles y por su santificación. Pareciera que espera que, en la medida que existan sacerdotes santos, podrá confiar en ellos como confesores o guías espirituales fundamentados en valores, virtudes y principios evangélicos.

Por lo general oramos para que haya más vocaciones; pero hoy como antes siempre ha sido necesario orar por la santificación de los Sacerdotes, y que estén libres de ser tentados de todas las celadas del mal y del mundo. Es así como Teresa siempre está atenta a orar y dispuesta a sacrificarse por ellos para que la Virgen y el Seńor les preserven de todo mal e insidia y sobre todo, para que sean santos.

31.3     EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA, RECONCILIACIÓN Y LA DIRECCION ESPIRITUAL

  La confesión

“Sin embargo sus palabras siempre me dejan paz, humildad, arrepentimiento y recogimiento”.[860]

No hay duda qué en la confesión y el arrepentimiento, por la acción gratuita de la misericordia divina, nos sentimos perdonados y santificados, lo que nos motiva a abandonar el hombre viejo para revestirnos del hombre nuevo. Sólo es necesario dejarse renovar profundamente por la gracia divina y de este modo, hacerse parte de la novedad del Evangelio, que nos habla continuamente del amor y de la misericordia de Dios, visibles en Jesús, que "acoge a los pecadores y come con ellos"[861]. Él mismo, con autoridad afirma: "Hombre, tus pecados te quedan perdonados"[862] aquello de que: "No necesitan médico los que están sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores"[863] 

La "confesión" de los pecados es también "confesión" de fe en Dios; es un acto de glorificación al Seńor, al que se reconoce como un Dios justo respecto al hombre injusto e infiel. A la confesión sincera sigue la súplica para que Dios intervenga personalmente para purificarnos y para rogarle la continua asistencia divina.

"Dios es amor" Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna"[864]. Todos necesitamos acudir a la fuente inagotable del amor divino, que se nos manifiesta totalmente en el misterio de la cruz, para encontrar la auténtica paz con Dios, con nosotros mismos y con el prójimo. Sólo de esta fuente espiritual es posible sacar la energía interior indispensable para vencer el mal y al pecado en la lucha sin tregua que acompańa nuestra peregrinación terrena hacia la patria celestial. Así pues, la confesión se convierte en un renacimiento espiritual.

ˇCuántas personas que atraviesan dificultades buscan el consuelo y el apoyo de Cristo! ˇCuántos penitentes encuentran en la confesión la paz y la alegría que anhelaban desde hacía tiempo!

żCómo no reconocer que también en nuestra época, marcada por tantos desafíos religiosos y sociales, es necesario redescubrir y volver a proponer este sacramento?

Con frecuencia nos encontramos ante auténticos dramas existenciales y espirituales, que no encuentran respuesta en las palabras de los hombres, pero que son abrazados y asumidos por el Amor divino, que perdona y transforma: “Así fueren vuestros pecados como escarlata, cual nieve blanquearán” [865] La última palabra sobre el mal del hombre y de la historia es de Dios, es de su misericordia, capaz de hacerlo nuevo todo. 

El confesor

“Yo pienso verdaderamente con quién me voy a confesar..., pues a mí me cuesta tanto tener confianza, y además eso de tener que darse a conocer a otro confesor me desanima…[866]

Considero que es muy importante para nuestra vida poder encontrar un sacerdote que sea instrumento de un encuentro siempre renovado con Dios. Pero al mismo tiempo, creo que esto no siempre es fácil. La Santa Madre Teresa de Jesús, escribe sobre su angustia y desconsuelo por la incapacidad de confesores, que más que bien, eran causa de desorientación y confusión en vez de ser luz evangélica. Escribe en una de sus obras: “gran dańo hicieron a mi alma confesores medio letrados[867] […] Lo que era pecado venial decíanme que no era ninguno; lo que era gravísimo mortal, que era venial” […] “Estaba todo el dańo en no quitar de raíz las ocasiones y en los confesores, que me ayudaban poco” […] “lo que se padece con los confesores que no lo entienden”[…] “A mí me acaeció tratar con uno cosas de conciencia que había oído todo el curso de teología, y me hizo harto dańo en cosas que me decía no eran nada; y sé que no pretendía engańarme ni tenía para qué, sino que no supo más. Y con otros dos o tres, sin éste, me acaeció”. Es así, como ella previno a sus hijas las monjas para asegurar en sus monasterios, que fueran asistidos por “buenos confesores” y “sabios maestros espirituales”

Dirección Espiritual

“Me he de asemejar a Jesús crucificado y he aquí mi único ideal […] Quiere de mí, Rdo. Padre, un abandono total en sus divinas manos, y se ha constituido El mismo mi director; pues creo que sólo El me satisfará después de ser Ud., Rdo. Padre, el guía que me dirigía hacia Jesús”.[868]

Otro aspecto importante, es la calidad humana de la Dirección Espiritual, para que en nuestra condición de pecadores, experimentemos un deseo profundo de cambio, petición de misericordia y, en definitiva, a través del sacramento, el encuentro y el abrazo con Cristo.

Está claro que la "dirección espiritual" contribuye a formar las conciencias. Hoy más que nunca se necesitan "maestros de espíritu" sabios y santos: un importante servicio eclesial, para el que sin duda hace falta una vitalidad interior que debe implorarse como don del Espíritu Santo mediante una oración intensa y prolongada y una preparación específica que es necesario adquirir con esmero. Además, todo sacerdote está llamado a administrar la misericordia divina en el sacramento de la Penitencia, mediante el cual perdona los pecados en nombre de Cristo y ayuda al penitente a recorrer el camino exigente de la santidad con conciencia recta e informada. Para poder desempeńar ese ministerio indispensable, todo presbítero debe alimentar su propia vida espiritual y cuidar la actualización teológica y pastoral permanente.

El examen de conciencia

“Penétrate bien con Quién hablas y quién es la que habla. Ten presencia de Dios. Ofrécelo todo a Él y has muchos actos de amor. Todos los días haz tu examen de conciencia a los pies de la Sma. Virgen. […]. Pide perdón, y después cuéntale tanto las penas como las alegrías y oye sus consejos”.[869]

Me seńaló un sacerdote muy amigo, que confesar para él era un continuo aprendizaje al encontrarse con personas ejemplares en su vida espiritual, por la seriedad con que hacen el examen de conciencia, por la transparencia con que reconocen su pecado y por la docilidad a la enseńanza de la Iglesia y a las indicaciones del confesor.

Ciertamente, la Reconciliación sacramental es uno de los momentos en que la libertad personal y la conciencia de sí mismo están llamadas a expresarse de modo particularmente explicito.

La conciencia de su propia limitación y la necesidad de recurrir a la Misericordia divina para pedir perdón, para convertir el corazón y para ser sostenidos en el camino de santidad, son fundamentales en la vida del sacerdote: sólo quien ha experimentado personalmente su grandeza puede ser un anunciador y administrador convencido de la Misericordia de Dios.

San Juan María Vianney sabía instaurar un verdadero "diálogo de salvación" con los penitentes, mostrando la belleza y la grandeza de la bondad del Seńor y suscitando el deseo de Dios y del cielo. Afirmaba: "El buen Dios lo sabe todo. Antes incluso de que se lo confeséis, sabe ya que pecaréis nuevamente y sin embargo os perdona. ˇQué grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!" 

31.4     SU RELACION CON LOS SACERDOTES

Los escritos de Juanita, una invitación a conocerla.

El Diario de Juanita, como todo relato íntimo, es algo muy personal. Creo que ella nunca pensó que sería leído y analizado, incluso, siempre pensó en destruirlo. Con todo, para nosotros hoy en día es un documento que se constituye en un verdadero tesoro. Junto con las cartas, el Diario, nos permite conocer a Juanita por dentro y a entender mejor sus cartas y relaciones con los sacerdotes.

Los escritos de Juanita en su Diario son una invitación a conocerla desde su intimidad. Juanita o Teresa, es como “baúl” de sorpresas que se revela a través de sus propios escritos.

Primeras confesiones

En las notas de su Diario, declara cuando fue su primera confesión: “A los siete ańos me confesé.[870] Nos prepararon en las Monjas”. Después habla de que se confesó para su primera Comunión, cuando tenía 10 ańos; “Mi confesión general”.[871] . No aparece otra nota hasta lo escrito a los 15 ańos, el sábado 11 de septiembre de 1915; “Hoy me confesé.[872] ˇQué alivio he tenido, pues tenía pecados que, aunque son involuntarios, no me gusta tenerlos, pues con ellos me aparto de Jesús y le doy pena. Y como lo amo, más bien preferiría morir antes de ofenderlo”.

No vuelve a escribir sobre sus confesiones hasta casi dos ańos más tarde, a los 17 ańos; “Me fui a confesar ayer[873] (junio 1917) Me dijo el Padre tres cosas necesarias para no impacientarme: “No manifestar la rabia exteriormente; Ser amable con la persona que me la proporciona; Acallar, abatir la cólera en mi corazón”.

Hay otra nota escrita dos meses más tarde declarando:

“Me confesé de los pecados de toda mi vida.[874] Qué confusión de verme tan pecadora. Casi creí que iba a morirme de dolor. Cuando me preparé no sabía lo que me pasaba: veía en mi pobre alma pecados mortales tan grandes que me horrorizaba. Sin embargo yo todos los días de mi vida rezaba a mi Madre tres Ave Marías para que me librara de tal desgracia; que prefería morir antes”.

El confesor le ha pedido consagrar su virginidad.

Nos encontramos con una confesión íntima y personal, de que el confesor le ha pedido consagrar su virginidad.[875] Escribe Juanita:

“Ofrecí el sacrificio de no preguntarle al Padre si había cometido pecados mortales y cuál no sería mi alegría al oír que el Padre me decía: "Usted por la gracia de Dios no ha tenido la desgracia de cometer ningún pecado mortal. Usted se ha expuesto y Dios, con amor, la preservó. Dele gracias de corazón. Y cuando no se ha perdido la inocencia bautismal, el voto de consagrarse a Dios no es ya de castidad, sino de virginidad. Ofrézcale, pues, su virginidad".

Yo me quedé muda [al oír que nunca pecó gravemente]. żCómo expresar lo que pasó por mi alma? En aquel instante sentía amor, y ese amor era puro virginal. ˇOh, qué grande es la misericordia de mi Jesús para esta su miserable esposa! ˇCuántas gracias a mi Madre!”

El confesor y su vocación carmelita.

El 24 de agosto escribe dos notas:

“Recibí carta del Padre Colom.[876] Me habla de la elección del monasterio. żQué hacer? No sé qué hacer, verdaderamente. Por otra parte me dicen que no piense, pues falta mucho. Pero sólo falta un ańo, pues quiero entrar de religiosa a los 18 ańos”. Y más adelante sigue; “Me fui a confesar el viernes (24 de agosto 1917). Me dijo el Padre que no me inquietara por las distracciones, pues me servían para humillarme. Me dijo que cuando tuviera duda sobre una cosa, hiciera el término medio”.

Dos semanas después (7 de septiembre) nuevamente Juanita se va a confesar,[877] y relata ella en el diario que habló largamente con Padre acerca de su vocación. Está contenta, pues el Padre le ha dicho que, ya entonces, tenía verdadera vocación para carmelita. También que Jesús se la podía mantener permanente, es decir, para siempre, y que podría entrar al Carmen. Y que si su vocación era verdadera, Dios le daría las cualidades necesarias. Pero también le dijo que podía ser carmelita espiritualmente, es decir, que teniendo el espíritu carmelitano, podía en su casa seguir una regla de vida como las carmelitas, levantándome a las horas de oración, teniendo una hora de meditación y después ir a misa, comulgar, regresar a su casa y ponerse a trabajar, estando todo el día en la presencia de Dios, teniendo en la tarde otra hora de meditación, acostarse a una hora fija y visitar lo menos posible. Finalmente, le dejo encargo de que, después de reflexionar, le diera una repuesta sobre ello.

Deseo de mortificación.

Es el 3 de octubre (1917) Juanita ha regresado de vacaciones y está de vuelta en el colegio. Se siente feliz porque no le ha dado el corazón a nadie. Es toda de Jesús. Sin embargo siente necesidad de fervor, siente la voz de Jesús, pero no lo ve. No siente su amor. Se siente fría e insensible y esto le sirve para ver su nada y su miseria.

Es así como reflexiona sobre sus deseos de mortificación. No obstante, el Padre le ha dicho que ninguna[878], y le ha dado por comer caramelos.

Confiesa:

Hoy he tenido tanta hambre que comí todos los que pude y los que más me gustaban. Me da pena verme cómo estoy. No sé qué hacer verdaderamente”.

Y así pasan los días. Es el 25 de octubre, y se angustia.

“No sé qué hacer para conseguir que el Padre me deje mortificarme. Tengo tantos deseos de ayunar, de ponerme cilicios, pues veo la necesidad que tengo de mortificar no sólo la voluntad sino también mi cuerpo. Jesús mío, dame permiso de hacer penitencia. Madre mía, inspírale al Padre el consentimiento. Mańana es viernes. Tengo que humillarme. Me voy a mortificar en guardar silencio y en mantenerme en una postura incómoda. Hoy lo hice así en la clase de francés[879] 

Un ańo más tarde, (julio 1918) Juanita vuelve a hablar sobre la mortificación y escribe en el Diario[880]:

“N. Seńor me pide me mortifique en todo. No sólo en no darme gusto, sino que también en las comidas; que coma de todo un poco. Y siento debilidad en el día, pero se lo ofrezco a Jesús. Pero el Padre me ha dicho que no me prive de la comida; y otro Padre me dio permiso para ayunar una vez a la semana, y no sé qué hacer. Creo que lo mejor es consultarlo con Jesús”.

No tener voluntad propia; no hablar de mí misma ni en pro ni en contra.

Poco más de un mes más tarde[881], se confiesa y el confesor le da permiso para renovar el voto de castidad que hizo por primera vez a los 15 ańos hasta la Pascua de Resurrección. También le contó al Padre algo que le dijo la Madre Izquierdo, a quien no le parecía bien que Juanita dejara sus estudios, que esta religiosa opinaba que no creía que ella tuviera vocación para carmelita. Entonces, el Padre le dijo que Dios no elegía a una religiosa para manifestar su voluntad, pero que al confesor le daba la luz; que no hiciera caso y que no tuviera confianza con dicha madre. Escribe Juanita:

“Me habló que lo que debía tratar de hacer -puesto que Jesús quería que fuese victima-, era hacer morir el yo. Para esto, no tener voluntad propia; no hablar de mí misma ni en pro ni en contra, como de un ser que no existiera, como una nada, ya que lo era y no sólo nada sino criminal; que me anonadara delante de Dios; que reconociera su grandeza y al mismo tiempo mi nada, mi bajeza.

Después me preguntó si estaba dispuesta a sufrir en el Carmen desolaciones, dudas, sequedades, etc. Yo le contesté que sí. Aún ahora las pido a N. Seńor. Por fin, me preguntó si me gustaría tener una humillación en los exámenes y premios. Yo le contesté que no. Pero me dijo que, si eso me servía para mi alma, lo debía desear. Así, pues, [lo] deseo, si ha de ser mejor”.

El 8 de diciembre, día de la inmaculada, renueva su voto y Jesús le pide unión total con Él. Juanita le suplica que le permita no mezclarse ni con criatura ni con nada de la tierra, esto es un abandono total en sus divinas manos. Entonces le dice a su confesor que el Seńor se ha constituido en su director, después de él que la dirige hacia Jesús. Es así como desde ahora piensa verdaderamente con quién se va a confesar, pues le cuesta confiarse y, además, eso de tener que darse a conocer a otro confesor le desanima.

Escribe:

Tengo deseos de no elegir a nadie de director, sino a Jesús, pues si Él se lo ha llevado a Ud., Rdo. Padre, es porque quiere ser El mismo mi Maestro. Además me manifiesta su voluntad de una manera tan directa, que no puedo dudar sean esos sus designios”.

Gusté de la paz que hacía tres meses no encontraba.

El 2 de abril Juanita le había escrito su primera carta al Padre José Blanch[882], y no había escrito otra carta ni a su familia ni amigas. Es el 25 de mayo y escribe una nueva nota en su Diario[883]: “Me confesé con el Padre López. Gusté de la paz que hacía tres meses no encontraba. Me dijo que suplicara a N. Seńor me diera la fuerza para ser buena; que El me la daría. Que, si ahora estaba en este estado, era porque Jesús confiaba en que yo me inmolaría aún más. Que cada hora renovara mi propósito. Que me ofreciera enteramente a Dios, a su divina voluntad, sin determinar nada respecto a mi vocación. Que viviera de espíritu de fe. Que repitiera a menudo la jaculatoria: "Jesús manso", etc.

Después en el mes de agosto, Juanita participa en un Retiro y se va a confesar, entonces escribe[884]:

“Estoy muy consolada. Le dije todo al Padre. Me satisfizo por completo. Quiere que duerma siete horas. Me dio permiso para ponerme cilicios tres veces a la semana, una hora. Me dijo que hiciera tres cuartos [de hora] de oración por la mańana y un cuarto por la tarde”

Consejos para cuando entre al Carmen y que fuera muy fiel al Seńor.

Es septiembre de 1918, se confiesa con el Padre José Blanch.[885]. El opina que debe ir para el otro ańo al Carmen y que cuando fuera carmelita no hiciera penitencias extraordinarias fuera de la regla, y que fuera muy prudente. En el caso de que le dijeran las novicias, pidiera permiso para mortificarse más, pues valía más cumplir perfectamente la regla que mortificarse más de lo debido y enfermarse, teniendo que pedir dispensa. Y que cuando éstas por necesidad le fueran permitidas, siempre protestara a la superiora que quería seguir la regla. También le dijo que jamás diera cuenta a la maestra de novicias y superiora del estado de su alma, como tampoco de las inspiraciones especiales del Seńor, pues después se quedaría intranquila.

También le aconseja que si su papá no le da permiso, le dijera que Dios podía arrebatarla para siempre, mandándome una enfermedad y la muerte.

También le aconseja que tuviera todo hablado con el Monasterio para que, una vez dado el permiso, no tuviera que esperar.

Asimismo le aconseja que:

“cuando tuviera tentaciones y escrúpulos los manifestara siempre o al confesor o a cualquier Padre, porqué Dios les daba la luz, y no a una persona seglar. Que fuera muy fiel a N. Seńor, rechazando todo pensamiento que no fuera de amor a N. Seńor, ni tampoco pololeara ni lo deseara, porque estas son tentaciones contra la virginidad. Que no elevara jamás la vista a un joven y, si tenía que conversar, le mirara, sí, pero con indiferencia y modestia. Que hiciera el examen particular a medio día y en la noche”.

ˇSufrir! Esta palabra es el grito de mi corazón.

Un mes más tarde, sigue escribiendo en la misma nota (14 de octubre 1918): “ˇSufrir! Esta palabra es el grito de mi corazón. Pero ahora sufro como nunca. Son penas del alma. Es preciso morir a sí misma para vivir escondida en Cristo. No tengo gusto ni por la oración ni por la comunión y, sin embargo, son unos deseos [locos] los que siento en mi alma de unirme a Él. No oigo su voz. Nada. Tinieblas. No puedo meditar ni puedo hacer nada. N. Seńor me pidió me ofreciera como víctima para expiar los abandonos e ingratitudes que sufre en el sagrario. Me dijo que me haría sufrir desprecios, ingratitudes, humillaciones, sequedades”.

Luego al día siguiente, fiesta de la Santa Madre Teresa de Jesús, relata que le ha pedido a la Santa le permita celebrar su fiesta para el otro ańo en el Carmen. También escribe que le habló ayer y le dijo que para llegar a la unión completa eran necesarias tres cosas:

Conmigo misma:

“Que no hablara jamás de mí misma, ni diera mi opinión, si no me la pedían; Que prefiriera a todos a mí, yo la última, la sirvienta de todas; Que considerara lo poco que valía y me humillara interiormente viendo lo miserable que era; “Que no me diera jamás gusto en nada y que diera gracias a Él cuándo se me pedía algún sacrificio”.

Con el prójimo:

“Que tuviera siempre en mi trato el espíritu de fe, viendo en el prójimo a Dios; “Que cuando conversara con algún joven lo tuviera a El presente y viera su hermosura”.

Con Dios:

“Humilde, anodada delante de Él; Amando y pidiendo caridad”.

   Me confesé y le dije que deseaba ser carmelita.

El 10 de febrero (1919), recibe importantes consejos del Padre Julián Cea[886]. En esos días está en misión con el Santísimo y con comunión y dos misas diarias. Son instantes dónde pasa largos ratos a los pies del Seńor y se siente muchas veces desfallecida de amor. Se ha anonado en su presencia al verla tan miserable a pesar de que le llena de favores. Todo lo que hace es por su amor. Vive en una continua presencia de Dios. A las Misiones han ido otros sacerdotes que causan buena impresión a Juanita. “Los Padres que han venido son muy santos”. Uno, el Padre Cea con el cual tendrá luego una sincera correspondencia, a ella este padre le parece penetrar las almas. Ella se confiesa con este Padre y le dice que desea ser carmelita y el agradece esta intención pues las considera unas santas. A él le consulta acerca de su oración y le responde que no haga ningún caso de las locuciones interiores sino de los efectos que hacían éstas en su alma. Que dijera todo al confesor lo que N. Seńor le decía. Además le aconsejo:

“Que primero era despojarse de las criaturas; despreciarse a sí misma y que viviera la presencia continua de Dios.

“Me dijo que hiciera todo por Dios, por su amor, no teniendo sino este fin”.

“Me dijo pensara a menudo en la bondad de Dios, en su grandeza y en mi nada; en el número de almas que se pierden, perdiéndose así la sangre de N. Seńor.

“Que consolara y reparara tantos pecados”.

“Que los sábados pensara en las virtudes de la Virgen y que cada día buscara algo nuevo para que así no me cansara: los viernes, de la Pasión, etc”.

“Que la humildad la adquiriera humillándome, considerándome pecadora y la última de todos”.

“Que cuando viera un defecto en las personas, pensara en sus cualidades y que esos defectos podían ser permitidos por Dios para humillar a la persona que los tenía y en cambio ser interiormente muy agradable a Dios, mientras yo tenía peores y más defectos que ella”.

“Que viera lo poco que valía ante Dios y que sirviera a todos como si fuera una esclava, pues lo era por el pecado”.

Finalmente le hizo una confesión general para humillarse y para que le conociera. También escribe que le dijo que hicieran un pacto: que él rezaría mucho por ella y que lo hiciera por él. Después le dio una (estampa) Santa Teresa con un verso y otro santo con el ideal de la carmelita y una oración del Padre Claret a la Virgen y me dejó un "Tratado de la perfección religiosa" por Nieremberg.

   Teresa agradece a Dios por haberle dado un director tan docto y santo.

El 7 de mayo de 1919 ha entrado al Carmelo. Se siente en el cielo y de tal manera el amor divino, que hay momentos en que cree no podrá a resistir. 13 días después de haber ingresado se confiesa[887] con el Padre Avertano. Este Padre, Avertano del Santísimo Sacramento, es el único director espiritual carmelita que tuvo Sor Teresa. Él había nacido en Bilbao, Espańa, en 1877 y murió en Santiago el 9 de julio de 1953. Vivió 44 ańos en Chile. Teresa agradece a Dios por haberle dado un director tan docto y santo. Él le dijo que en las hablas que sintiera interiormente tuviera prudencia. Que nunca le preguntara nada a N. Seńor, ni tampoco le pidiera cruz, porque tendría sufrimientos que se igualarían a las penas de un condenado. Por todo esto, Teresa se siente feliz de poder sufrir algo por Dios. También le dijo que no hiciera caso a la voz que sintiera interiormente, si le mandaba algo extraordinario, hasta la cuarta vez y, entonces, consultarlo.

También le dijo que cuando sintiera turbación o que le mandara algo fuera de lo concerniente a su estado, no hiciera caso. Además le recomendó:

“Que sólo en aquello que N. Seńor le enseńara a practicar virtudes o corregir defectos, sólo en eso lo escuchara y atendiera”.

“Que su intención fuera sólo agradar a Dios”.

“Que sobre este punto hiciera su examen particular”.

“Que de tal manera obrara independiente de las criaturas, que se creyera sola en el convento”.

“Que no quisiera atraer las simpatías y el carińo de las criaturas; antes al contrario, no buscara sino el desprecio, pero que no se singularizara en nada exteriormente.

“Cuando rectificara su intención corriera la cuenta de la conciencia y, cuando buscara agradar a las criaturas, corriera la cuenta de los defectos”.

“Que con todas sus hermanas fuera igualmente amable. Y no ser más atenta con aquella que le mire más [o] le dirija más la palabra”.

“No buscar ser despreciada, sino siempre mantenerse indiferente. Lo mismo respecto a la cruz”.

“En cuanto a la obediencia, no le obliga en aquello que perjudique su salud. Respecto a las mortificaciones, no tratar de matar el cuerpo, sino incomodarlo”.

“Que en la oración no buscara la imagen, sino el concepto puro de Dios; porque si lo imaginaba, lo empequeńecería”.

 

32    CARTAS A SUS CONFESORES

32.1     LAS CARTAS SON UN VERDADERO AUTORRETRATO DE SU ALMA.

Las “Cartas” o el “Epistolario de Teresa de Los Andes” son 164, y se sabe que 118 son originales y el resto son copias rescritas por su hermana menor Rebeca cuando también ella ya era monja carmelita.

Cabe destacar, que este epistolario es más que suficiente para conocer cómo fue Teresa, una joven sensible, humana y muy espiritual. Al decir que las Cartas, son un verdadero autorretrato de su alma, es porque ella nos dejó en cada frase escrita un fascinante retrato de ella misma. En efecto, las páginas escritas por Juanita son ella tal como fue, una joven pura, sensible, afectuosa, con un trato muy tierno a todas las personas que escribió. Las cartas dirigidas a los sacerdotes son confesiones de su experiencia de Dios, en las que relata ardientes momentos de recogimiento, arrobos, éxtasis y sus místicas conversaciones intimas con el Seńor.

Cartas escritas a los Padres.

De las cartas que nos son conocidas, 12 fueron escritas al Padre José Blanch C.M.F de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, popularmente conocidos como Claretianos. Este Padre había nacido en Villanova de Sau (Barcelona) el 30 de octubre de 1879 y tras 50 ańos de sacerdocio falleció en Santiago el 26 de mayo de 1959. En las fechas que le escribe cartas a este padre, él se encuentra en la ciudad de Córdoba, (Argentina), y Juanita no pierde las esperanzas de que regrese a Santiago. Juanita le escribe[888], que no puede decidirse a confesarme con otro Padre y le da permiso para que le hable en conciencia, y de todo lo que juzgue conveniente para su alma.

Al Padre Julián Cea, también Claretiano, le escribió cuatro cartas, siendo la primera escrita desde el Fundo el San Pablo, 27 de febrero de 1919. Estando de vacaciones en el Fundo San Pablo, le escribe a la Madre Angélica Teresa una anécdota[889] que la considera divertida luego de conocer al Padre Julián Cea y además le dice que quedó encantada con él.[890] El Padre Julián, había nacido en Tordehumos, (Valladolid, Espańa) el 17 de febrero de 1978 y llegó a Chile en 1905. Murió en Ovalle el 24 de junio de 1944. El Padre Julián, hizo grandes ponderaciones de la virtud de Juanita a raíz de su muerte. Incluso llego a escribir: “Confío en que pronto comenzará a obrar milagros”. Conservando como reliquia los autógrafos de las cartas que Juanita le dirigió, llevó copias de ella al Monasterio de los Andes. La única carta autógrafa que entrego es la número 122.

Al Padre Artemio Colom, le escribe tres cartas. Juanita lo conoce desde los siete ańos de edad cuando ella ingresa al Externado del Sagrado Corazón en Santiago, colegio ubicado en la Alameda. En ese tiempo, era el director espiritual.

El Padre Artemio Colom, fue sacerdote jesuita. Juanita le escribe en la primera carta:[891] 

“Antes de pronunciarme decididamente por la vocación que debo seguir, he querido tomar el consejo suyo; pues Ud. me ha conocido desde chica”.

Al Padre Antonio Ma. Falgueras Dalmau, también Jesuita, le escribe una sola carta. Este sacerdote había nacido en Hostalrich, (Gerona-Espańa) el 2 de febrero de 1864 y vino a Argentina y Chile en 1896 donde desplego un intenso apostolado. Murió en agosto de 1924.

32.2     CARTAS AL PADRE JOSÉ BLANCH.

Las comunicaciones comienzan cuando a Juanita le faltan tres meses para cumplir los dieciocho ańos. Abril de 1918. La correspondencia no es continua mes a mes, en algunos casos es después de tres meses. Hay cartas muy extensas, son algunas verdaderas confesiones por escrito, donde Juanita expresa fuertes sentimientos, en algunos casos de alegría, pero en otros casos sobre sus tribulaciones y experiencias místicas. Con todo, solo podemos hacer un cierto análisis de lo que Juanita escribe, y no de las cartas que recibe, porque no tenemos a mano los textos que escribió el Padre José.

Llama la atención la una última carta.[892] No es de despedida, pero le confiesa que ya que no le ve necesidad de encontrarse con él. El Padre le había escrito para avisarle que la visitaría, pero Sor Teresa de Jesús le pide que: “no teniendo extrema necesidad -ya que el estado de mi alma es el mismo que le he explicado-, podría ahorrarse la incomodidad de pasar por el convento de Los Andes, tomándome, eso sí, la libertad de avisarle en caso qué tuviera alguna dificultad después, confiada en su paternal bondad. Una de las razones que le da, es que le cambiaron de confesor ordinario, y el actual le inspiraría confianza ante una urgente necesidad.

Primera carta al Padre José Blanch. Dudas de su vocación de carmelitas, de fe, abandono, soledad, sequedad, falta de fervor.

Esta es la primera carta[893] a un sacerdote. (de las cartas de su epistolario) de la cual tenemos referencia. Es tiempo de Cuaresma. Comienza diciendo que siente que Dios quiere probarla, por los sufrimientos que padece, pero se los ofrece a Jesús crucificado, quien es su único ideal. Aquí Juanita nos revela su ideal de director espiritual y que este es solo Jesús, pero siente que la voluntad de Él es que no olvide la necesidad de un confesor. Escribe Juanita:

Quiere de mí, Rdo. Padre, un abandono total en sus divinas manos, y se ha constituido El mismo mi director; pues creo que sólo El me satisfará después de ser Ud., Rdo. Padre, el guía que me dirigía hacia Jesús. Yo pienso verdaderamente con quién me voy a confesar..., pues a mí me cuesta tanto tener confianza, y además eso de tener que darse a conocer a otro confesor me desanima. Tengo deseos de no elegir a nadie de director, sino a Jesús, pues si Él se lo ha llevado a Ud., Rdo. Padre, es porque quiere ser El mismo mi Maestro. Además me manifiesta su voluntad de una manera tan directa, que no puedo dudar sean esos sus designios.

Ahora me pide la renuncia completa de mi voluntad, pues me dice que, si quiero ser crucificada a su semejanza, es necesario despreciarse por completo y vivir en cada instante cumpliendo perfectamente su divina voluntad, aunque ella me traiga sacrificio e inmolación.

Mas adelante, nos habla que ha sufrido tanta sequedad [y] abandono, que ya no es posible describirlo. También una angustia tan terrible, que se dijo: "Si esto continúa, no voy a poder hacer nada". Pues sentía una soledad, un abandono total, y al mismo tiempo veía que no tenía a quién comunicárselo. Entonces, suplicó a Jesús que le sacara de esta angustia. Él dejó oír su voz con su palabra y la tempestad que sufría se apaciguó; aunque quedó siempre en sequedad. También le dice que siempre se pone en la presencia de Dios, y más adelante le escribe que cada día que pasa, le aumentan sus deseos de ser carmelita, donde espera encontrar el cielo en la tierra, es decir, el cielo en el sufrimiento y en el amor.

Segunda carta al Padre José Blanch. Dudas de su vocación de carmelitas

Tres meses después le envía su segunda carta.[894] En esta carta Juanita le escribe sobre dudas de su vocación de carmelitas, de fe, abandono, soledad, sequedad, falta de fervor.

Escribe Juanita: “Parece que N. Seńor ha querido probarme durante el transcurso de este ańo, pues he sufrido bastante, sin tener a quién recurrir. He tenido muchas dudas respecto a mi vocación de carmelita. Dudas también respecto a la fe; de tal manera, Rdo. Padre, que a veces me preguntaba si existía Dios, pues me sentía completamente abandonada de Él. Miraba mi crucifijo y todo me parecía una quimera. Lloraba e imploraba auxilio de la Virgen, y Ella tampoco me socorría. Hasta que N. Seńor se compadeció y dejó oír su voz interiormente, e inmediatamente cesó todo y quedé inundada de paz”.

“Mi estado habitual es de una sequedad espantosa. Muchas veces en la comunión paso distraída. No siento el menor fervor sensible. Sin embargo, aunque no siento ese atractivo, no he dejado de comulgar. El ańo pasado me porté perfectamente en el colegio. Mas este ańo me ha sido imposible, aunque todos los días hago resoluciones de portarme bien. Además, vivía en la presencia de Dios. Es cierto que invoco a N Seńor antes de algunos ejercicios; pero vivo tan poco recogida dentro de mi alma que, en la noche, me pregunto dónde ha estado mi espíritu todo el día, y no sé contestarme”.

Mas adelante, Juanita se refiere a su salud y piensa que las dudas de vocación son por ese motivo. Escribe lo siguiente:

“Las dudas que tengo respecto a las carmelitas es por mi poca salud y, además, porque estoy segura qué mi papá se opondrá a ello. Cuando dudo, N. Seńor me habla que esa es mi verdadera vocación. Entonces me someto a su voluntad”.

Tercera carta al Padre José Blanch. Que debe hacer en un retiro.

Tres meses más tarde vuelve a escribirle al Padre José. Esta es una carta[895] muy breve, la escribe después de haber salido del colegio. El propósito es pedirle consejos sobre que debe hacer en un retiro, le dé permiso para hacer algunas mortificaciones, si le conviene hacer confesión general de un ańo y sobre cuál es la resolución que debe tomar.

Cuarta carta al Padre José Blanch. Mi vocación es para carmelita.

Siete días después, le responde agradecida una carta recibida[896] en la que sus respuestas le ayudaron a disipar las dudas acerca de su vocación y le expresa:

“Sí, yo creo que mi vocación es para carmelita y sólo pienso en adquirir el espíritu de Santa Teresa”

También aprovecha la carta para comentarle sus sufrimientos por la extracción de una muela.

Finalmente, Juanita le comenta una experiencia mística, escribiéndole lo siguiente:

“El otro día recibí un seńalado favor de N, Seńor. No sé por qué dudé que Cristo era el que me hablaba dentro de mi alma. Entonces le dije: "Si Tú, Seńor, eres el que me hablas haz que tal Madre me pregunte: 'żAma Ud. a Cristo?'" Rdo. Padre, cuál no sería mi emoción cuando oigo a la Madre a quien yo le dije: "Hágame una pregunta cualquiera", que me dice: "żAma Ud. a Cristo?" Me fui a un cuarto sola y lloré de agradecimiento a N. Seńor”.

Quinta carta al Padre José Blanch. Hace oración con más fervor y que siente grandes deseos de unirse a Él.

Ahora han pasado casi 100 días que no le escribía y le envía una nueva y extensa carta[897]. Le comunica que estuvo algo enferma, pero que sanó pronto. También que todo lo que hace se lo ofrece al Seńor y que ahora hace oración con más fervor y que siente grandes deseos de unirse a Él.

Un punto importante de esta carta es el de su vocación, donde aún no resuelve dudas. Así lo expone Juanita:

“Estoy en un período de dudas tan atroz, que no sé decidirme si ser carmelita o ser del Sdo. Corazón. Por eso vengo en busca de luz. Ud., Rdo. Padre que me conoce bien -pues le he dejado leer todo en mi alma- me podrá aconsejar. Sólo deseo hacer la voluntad de Dios. Por una parte me siento atraída al Carmen por vivir completamente una vida de oración y de unión con Dios, separada por completo del mundo. También me atrae por su austeridad y por su fin, que es rogar por los pecadores y sacerdotes. Lo que me encanta es que la Carmelita se sacrifica en el silencio, sin que vea los frutos de su oración y sacrificio. Además la vida de familia y la sencillez en sus costumbres y la alegría que debe reinar siempre en su corazón, me gustan mucho y se avienen a mi carácter”.

También le habla sobre algunas comparaciones:

“Por otra parte, me gustaría ser del Sdo. Corazón, porque es una vida de perpetuo sacrificio. Es también vida de oración, ya que se dedican a ella, cantando el Oficio, y los exámenes, cinco horas”., pero le ve algunos inconvenientes como: “no tener ni aún una pobre celda, pues duermen cuatro en cada dormitorio, aunque estos son siempre grandes y ventilados. No tienen un convento para vivir siempre allí. A cualquiera parte del mundo las pueden enviar, encontrándose más solas que una carmelita, en un país extranjero, sin ver ni una cara conocida, y muchas veces sin saber la lengua que se habla”.

“La carmelita renunció una vez a las comodidades de la vida y a todo lo del mundo; vive en su convento sin salir ya más de él. Pero la religiosa del Sdo. Corazón hace el sacrificio a cada instante de todo lo de la tierra. żNo encuentra que tiene que tener más desprendido el corazón de todo afecto terreno? Y cuanto más despegado esté, tanto el Seńor se unirá a él”.

“La carmelita necesita unirse a Dios y llenarse de El por completo, pero lo guarda; mientras que la del Sdo. Corazón debe llenarse de Dios y darlo a las almas. Luego necesita mucha unión, pues si no, se quedará ella sin Dios y entonces no podrá dar nada a las almas”.

En una parte de la carta Juanita le relata una experiencia:

Otra vez que tuve estas dudas, escribí unos papelitos con varios nombres de conventos y los puse a los pies de la Sma. Virgen, y tres veces saqué el papel que contenía el nombre del Carmen.

Y se pregunta:

“żDónde llegaré más pronto a unirme con Dios? Rezo mucho para que N. Seńor me dé a conocer su divina voluntad, pues es lo único que busco. […] Me han dicho que de cien religiosas del Sdo. Corazón, habrá dos que no hayan tenido vocación para carmelita”.

“Sin embargo, siento en mi corazón atractivo para el Carmen. Siento amor a la soledad, al silencio, al aislamiento de todo lo del mundo y, sobre todo, a la oración”.

Luego, en esta extensa carta le comenta lo que le va ocurriendo cada día mientras es tiempo de Adviento.

Sexta carta al Padre José Blanch. Estoy resuelta enteramente a ser carmelita.

Un mes más tarde, le escribe una breve carta[898], pero escrita con gran felicidad. Le cuenta Juanita que fue a conocer el convento de las Carmelitas de Los Andes, y que a pesar de su aspecto pobrísimo, le encantó. Y luego ańade:

“Estoy resuelta enteramente a ser carmelita, pues hablé con Madre Angélica, quien me expuso la vida de la carmelita, y además me prestó un libro del Padre Blot en el cual da a conocer la misma. Todo fue providencial, Rdo. Padre, pues apenas entré en el locutorio, cuando sentí una felicidad tan grande, una paz inexplicable y sentía interiormente que ese era mi convento. Su soledad, su apartamiento del mundo, me encantó, lo mismo que su mucha pobreza. Estuve con todas las monjas. Me las presentaron a cada una sin la cortina que las oculta, y no pude menos de admirar la alegría e intimidad y sencillez que reina entre ellas. Para otra vez escribiré más largo”.

Séptima carta al Padre José Blanch. Juanita cree que es la voluntad de Dios que ella sea carmelita.

En esta nueva y extensa carta[899] escrita desde el fundo de San Pablo, Juanita está de vacaciones, en lo principal le comunica al P. José Blanch su decisión vocacional de ser carmelita, después de haber reflexionado sobre su viaje al convento de Los Andes y le pide en carta le haga el favor de juzgar si tiene verdadera vocación para carmelita, y le dice las razones que tiene para creer que es ello la voluntad de Dios.

Escribe Juanita fundamentado su determinación:

“Yo recuerdo que, desde chica, yo decía que si era monja, lo sería, pero de un convento muy austero, en que hicieran mucha penitencia, y donde no se tratara con el mundo”.

“N. Seńor me manifestó que quería fuese monja y me dijo que fuera carmelita, a quienes yo conocía solamente por la vida de Teresita del Nińo Jesús. Desde entonces no dudé fuera esa mi vocación”.

Y después pasa a explicar punto a punto por punto por qué cree que es la voluntad de Dios que sea carmelita y no del Sagrado Corazón que en síntesis es:

“Porque la vida de oración y de unión con Dios es lo que amo más por encontrarla la más perfecta; ya que es una vida de cielo en cierto modo, pues la carmelita no se preocupa sino de unirse con Dios, de contemplarle siempre y de cantar sus alabanzas. 

“La soledad del Carmen ayuda al recogimiento. Ese aislamiento de las criaturas hace que se trate sólo con Dios y se adquiera, por lo tanto, mayor unión con Él, en lo que consiste la perfección”.

“La pobreza de la carmelita es muy grande. No puede poseer nada, lo que hace que toda la capacidad de poseer sea llenada por Dios sólo. Siendo pobre se asemeja más aún a su Esposo Divino, quien no tuvo dónde reclinar su cabeza”.

“La carmelita sólo debe poseer a Dios”.

“La penitencia a que se somete y la austeridad de su vida es un medio más para tener el cuerpo sometido al alma, para asemejarse más al Divino Crucificado, que fue una víctima por nuestros pecados”.

“Su sacrificio es perpetuo, sin mitigación, desde que nace a la vida religiosa hasta que muere como víctima, a ejemplo de Jesucristo. Y todo en el silencio, sin que nadie lo sepa. Cuántos hay que tachan su vida de inútil. “

“El fin que se propone es muy grande: rogar y santificarse por los pecadores y sacerdotes”.

“Todas estas consideraciones que le hago, Rdo. Padre, son las que me inducen a preferir el Carmen, pues creo que en esta vida he de alcanzar la santidad. La he escogido porque veo que, escogiéndola he de encontrar la cruz; y andaría -creo- todo el mundo con la gracia de Dios para buscarla y poseerla, pues en ella está Jesucristo”.

Algunas razones porque quiere irse al convento de Los Andes.

Y más adelante en la misma carta le dice algunas razones por las que quiere irse al convento de Los Andes. En una de sus razones Juanita expone el tema de la primera acogida. (Cuando he comentado este punto, he visto algunas expresiones de sorpresa en algunas madres, tal es así, que en una ocasión una priora me dijo que con esto se convenció de que el torno, lo cambiara por algo transparente.)

En síntesis, las razones son:

“Porque está compuesto de monjas muy observantes de su Regla. Tienen el espíritu de Santa Teresa muy marcado”.

“He visto que Dios les concede todo cuanto le piden (casi todo) pues todo lo que les he encomendado a sus oraciones N. Seńor las ha escuchado”.

“Además, como está muy retirado de las grandes ciudades, es mucho menos visitado y tiene, por consiguiente, menor trato con el mundo. “

“El modo cómo me preparó el viaje a ese convento; pues fue una serie de circunstancias que los que supieron no pudieron menos de admirarse”.

“El sentirme tan feliz, con tanta paz, la que tanto tiempo no tenía, pues cada día crecían más mis dudas”.

Una pregunta que me han hecho muchas veces, porque eligió ir a Los Andes y no se quedó en Santiago. Esta es la explicación que nos entrega ella misma:

“Todo esto me da a entender que N. Seńor me quiere allí. Hay que observar que fui al Carmen de Santiago en la Alameda para que, hablando con una carmelita, me diera a entender mejor su vida. Hablé con la M. Priora y, a pesar de ser la primera vez que entraba al Carmen, no me produjo ninguna impresión' antes al contrario, me produjo un efecto desfavorable que no puedo explicar. Yo no sé si sería porque la M. Tornera principió a preguntar por cosas de afuera -por algunas personas-, pero yo no sé lo que me pasó. En cambio, en Los Andes, es verdad que hablaron de algunas personas que conocían, pero fue de paso y su conversación fue toda en Dios y en darme a conocer la vida que llevaban”.

“Al clima de Los Andes estoy acostumbrada, pues es casi el mismo de Chacabuco. Gracias a Dios, estoy muy bien de salud”.

Finalmente aprovecha la misma carta para hacerle saber otras novedades tales como:

“No sé si le conté que me llamaré Teresa de Jesús, si soy de allá”.

“También he considerado cómo la Sma. Virgen fue una perfecta carmelita. Su vida fue contemplar, sufrir y amar. Y todo esto en el silencio, en la soledad”.

“Leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz que trataba de la oración y contemplación y del amor de Dios. Principié a sentir tanto amor de Dios que El, aunque hiciera otras cosas, me tenía abstraído el pensamiento. Y era tanta la fuerza del amor, que me sentía como desfallecida, sin fuerzas. Algo como si no estuviera en mí. […] Sentí un gran impulso por ir a la oración”.

Octava Carta al Padre José Blanch. Cómo influyeron de buena manera sus confesores y guías espirituales.

Juanita está en San Pablo descansando, luego de dos meses le escribe una nueva carta al Padre José. Esta carta[900] es una de las que más revela las intenciones y el ideal que persigue Juanita.  Además, esta carta nos muestra cómo influyeron de buena manera sus confesores y guías espirituales. Le escribe comentándole:

“Vino un Padre que me gustó mucho. Se veía era muy santo: el P. Cea. Dios permitió que viniera, pues no sabía qué me pasaba. Estaba muy desanimada en la oración. Como tuve necesidad de consultarlo acerca de esto, me dio muy buenos consejos que trajeron la paz a mi alma. Le dije mis intenciones de ser carmelita y dio gracias a Dios por ello, pues las aprecia mucho. Me tomó mucho interés y me examinaba en todo y me encontró vocación. […] Estoy encantada con él. Me dijo el Padre Julián que le escribiera alguna vez, si tenía necesidad”.

Mas adelante le confiesa: “Mi mamá me ha aconsejado le preguntara a Ud. sobre si le podía seguir escribiendo. Yo veo que quizás busco la satisfacción de desahogarme […] Dígame, Rdo. Padre, qué debo hacer”.

En cuanto a tener una buena amiga, le escribe que:

“el P. Falgueras me aconseja sea amiga- y es Elisita Valdés. No tenemos ningún secreto y nos decimos lo bueno como lo malo y ambas nos esforzamos en ser cada día más de Dios. Sus consejos me han hecho mucho bien” y sigue Juanita más adelante: “me parece de repente que la quiero demasiado y que quizá a N. Seńor no le gusta. Dígame, por favor, lo que Ud., Rdo. Padre, juzga de todo esto; pues si Ud. me dice deje todo esto a un lado para ser más de Dios, lo haré aunque me cueste”.

Sigue en la misma carta:

“Me dice Ud., Padre, que explique cómo es el conocimiento que Dios me infunde de sus perfecciones; pero le diré con llaneza que no lo puedo explicar, porque ese conocimiento Dios no me lo da con palabras, sino como que en lo íntimo del alma me diera luz de ellas”.

“Los sábados, me dijo el Padre Julián que meditara en las virtudes de la Virgen. Y así lo hice.

Nueva experiencia mística.

Y seguidamente le relata una nueva experiencia mística, en una conversación con Dios:

“Y Dios N. Seńor me indicó lo hiciera sobre la pureza”.

Después expone que sintió una voz distinta y preguntó de quién era y le dijo que era de la Virgen y que le dijo que le abría su corazón maternal para que viera en qué pureza había vivido toda su vida. También le pidió después la imitara y, ya que tenía el voto de castidad, lo renovara, pero con mayor perfección. Y sigue relatando toda su conversación:

“Me dijo fuera pura en el pensamiento, de modo que constantemente lo tuviera puesto en Dios, rechazando todos los que no fueran de Él. Para esto me dijo que debía desprender enteramente mi corazón de toda criatura”.

“Que fuera pura en mis deseos, no deseando otra cosa sino la gloria de Dios, el hacer su voluntad y el pertenecerle cada día más”.

“Que deseara la pobreza, la humillación, el mortificar mis sentidos. Que rechazara el deseo de las comodidades”.

“Que al dormir, lo mismo que al comer, no deseara sino servir mejor a Dios”.

“Que en mis obras tuviera siempre por fin a Dios. Que no hiciera aquellas que me pudieran manchar y las que no eran del agrado de Dios, que quiere mi santificación. Y hacerlo todo por Dios y nada con el objeto de ser vista de las criaturas”.

“Me dijo evitara toda palabra que no fuera dicha por la gloria de Dios”.

“Que siempre en mis conversaciones mezclara algo de Dios”.

“Que no mirara a nadie sin necesidad y, cuando lo tuviera que hacer para no llamar la atención, contemplara a Dios en sus criaturas”.

“Que pensara que Dios siempre me miraba”.

“Que en el gusto me abstuviera de lo que me agradaba. Si tenía que tomarlo, no me complaciera en él, sino que se lo ofreciera y agradeciera a Dios con el fin de servirlo mejor”.

“Que el tacto lo mortificara, no tocándome sin necesidad, ni tampoco a nadie. En una palabra, que mi espíritu estuviera sumergido en Dios de tal manera que me olvidara que mi alma informaba al cuerpo”.

“Que a Ella le había sido esto más fácil, por cuanto había sido concebida en gracia; pero que hiciera lo que estaba de mi parte por imitarla”.

“Que rezara para conseguirlo. Que así Dios se reflejaría en mi alma y se uniría a mí”.

Y de estas experiencias, Juanita le pide al padre José sus consejos y recomendaciones:

“pasé en mucho recogimiento. Pero los días siguientes no podía recogerme. Una vez me dijo N. Seńor lo adorara y me quedé inmediatamente recogida. Otras veces no siento la voz de Dios ni fervor; pero siento consuelo de estar con Él, y no sé cómo, pero siempre me declara una verdad en el fondo de mi alma, que me sostiene y enfervoriza para todo el día.

El otro día me manifestó en qué consiste la pobreza verdadera: en no poseer ni aún nuestra voluntad, en estar despegada de nuestro propio juicio. Me dio a entender que yo estaba apegada a los consuelos sensibles de la divina unión. Y que ésta no consistía sino en identificarse con El por la más perfecta imitación de sus perfecciones, y en unirse a Él por el sufrimiento”.

“Dígame, Rdo. Padre, qué debo hacer con respecto a todo esto” […] Dígame cuáles deben ser mis disposiciones en la cuaresma. Tengo muchos deseos de mortificarme. żMe permite ponerme un cinturón de cordel con nudos? żPoner ajenjo en la comida? żTabla en la cama? żHacer una hora de oración en la noche? żAyunar los viernes? żPonerme más tiempo el cilicio?”.

Novena carta al Padre José Blanch. En su oración encuentra sequedad.

Veinte y tres días más tarde le escribe una nueva carta[901] comunicándole que:

“Todo lo que le dije respecto a mis preocupaciones en la oración, cesó como por encanto apenas se las confié, quedando en gran paz. Por lo que comprendí que era el demonio que me traía turbaciones”.

Sin embargo, nuevamente expone que es su oración encuentra sequedad, de tal manera que: “me hallo sumergida en tinieblas que me es imposible fijar mi pensamiento en Dios y no puedo recogerme. En la comunión no siento nada. Estoy con N. Seńor como una piedra; de tal manera, Rdo. Padre, que me llega a dar deseos de no comulgar por lo mal que lo hago”.

Y más adelante sigue:

“Tampoco siento atractivo natural por el Carmelo. Sin embargo mi voluntad desea ese bien inapreciable cuanto antes. Doy gracias a N. Seńor por lo que sufro pues así le mostraré mi amor sin mezcla de consuelos. Me someto con gusto a su divina voluntad, pues sé que es para unirme más a Él.

Decima carta al Padre José Blanch. Recibió el consentimiento de su papá y por tanto el 7 de marzo entrara al convento.

Un mes más tarde y pocos días antes de entrar al Carmelo le escribe una nueva carta[902] para comentarle que ya recibió el consentimiento de su papá y por tanto el 7 de marzo entrara al convento “para vivir siempre escondida en Dios”. Su papa le habría dicho en medio de sollozos: "Si es esa la voluntad de Dios y tu felicidad, yo no me opongo".

También le hace saber las reacciones que tuvieron sus hermanos Miguel y Lucho diciéndole que:

“Cuando Lucho supo, se puso furioso contra mí y me iba a escribir así; pero mi papá me defendió y lo calmó. Lloró mucho, pero resignado”. Y que: “Miguel, entre tanto, no sospechaba. Pero N. Seńor se lo llevó también a mi papá, quien le dijo y le mostró mis cartas. Lloró también mucho, pero sin decir nada contra mí”.

Le escribe además, que todos lloran por su decisión pero, le expresa:

“Sin embargo siento que mi corazón está fortalecido e inundado por la gracia de Dios” y además: “No quiero derramar ni una lágrima, ni aun cuando estoy sola, para ofrecer generosamente el sacrificio a Dios” […] es la vocación de la carmelita: ser hostia pura que continuamente se ofrece a Dios por el mundo pecador”.

Mas adelante le cuenta que ya comienza a prepararse para irse a vivir al convento y le pide consejos sobre las disposiciones que debe tener al entrar al convento, el trato con la Madre Priora y Maestra y demás Hermanas, teniendo ya su disposición de observar desde el principio perfectamente la Regla.

Otro punto importante de la carta es que hacer con su Diario y libretas con sus notas, si está bien dejarlos a su mama, quien se lo pide con insistencia y que también se los pide su hermana Rebeca, quien le promete no leerlos. Pero también le comunica que su deseo es:

“echarlos al fuego para desaparecer para siempre a las criaturas. Y por otro lado veo que, si lo leen, verán la bondad del Divino Maestro que tanto me ha amado siendo yo tan ingrata y pecadora; pero será la pena más grande si lo leen. hay cosas, Rdo. Padre, como Ud. mismo me ha dicho, que sólo Dios y el alma deben saberlas, y también el confesor. En fin, dígame qué haré, pues esa será la voluntad de Dios”.

Todo esto para Juanita no es fácil, ella le dice.

“siento todo el dolor de la separación […]  me siento desfallecer aun físicamente; pero Dios me sostiene […] Estoy feliz de sufrir. Fíjese que mi papá dice que no se vendrá hasta después. Esto me da la pena más horrible”.

Un último dato que le comenta, sobre ese sacerdote que no quiere nombrar es que les ordenaba a sus confesadas para probarlas en la obediencia, cortarse el pelo, aún a seńoras, y después salir así y que su mamá me dijo le contara ese detalle.

 

Decima primera carta al Padre José Blanch. Agradece sus consejos.

Después de seis meses sin escribirle, estando ya el en el convento, le envía una carta[903] de respuesta agradeciendo sus consejos. El ánimo de sor Teresa de Jesús, está en tribulación y sin sabor, le confiesa:

“mi alma es tal, que no lo puedo definir: un día tinieblas, distracciones, y la voluntad desea amar, causándome gran pena de no amar a N. Seńor y de no poderlo ver. Aquí no puedo retener las lágrimas, porque llamo a mi Jesús con verdaderas congojas. Otro día, puedo recogerme en fe, pero no siento nada. Sólo puedo meditar. A estas tinieblas se sucede un poco más de luz, con lo que se aumenta mi tormento. También siento tanto mi miseria, mi inconstancia, que me odio a mí misma y me parece que nadie me quiere; lo que me hace sufrir, pues no encuentro ni en Dios ni en las criaturas consuelo ni paz. Veo el amor inmenso de mi Dios, y me siento incapaz de amarlo según las ansias que tengo. Deseo sufrir, pero me resigno a la voluntad divina”.

Y entonces la pregunta clave que le hace es: “żQué hacer?”

Parece que esos meses iniciales no le son fáciles, extrańa los afectos familiares, entonces se apega a la Madre Priora, le gusta estar con ella y que le demuestre carińo y le da pena cuando nota que no está tan carińosa. Por otra parte ella ha oído de Cristo que:

“si quería que Él se acercara, no debía dejarme tocar por criaturas”., con todo, siente en su corazón ese deseo de manifestaciones de ternura. Sin embargo reflexiona; que su trato la lleva a Dios, pues la siente como; “a una santa y su ejemplo me ayuda para ser mejor. También, cuando trato con ella de cosas de mi alma, me da mucha paz; sobre todo, como sólo con ella puedo hablar de Dios, de su amor y bondad, me expansiono; lo que es una necesidad para mi alma, aunque creo será más perfecto no buscar esa satisfacción”.

Cambiando un poco de tema le confiesa:

“le diré que en la noche sońaba con Jesús. Y cuando a veces me despertaba, me encontraba en sueńos en contemplación en Dios. Dos veces me acaeció esto […] de repente sentí a N. Seńor a mi lado, llenándome de suavidad y de paz, e inmediatamente me sentí consolada. Estuve un rato con Él, y después como que se fue y dejé de sentir esa suavidad. Dígame, Rdo. Padre, żson ilusiones o no?” […] A veces se me representa tan lleno de hermosura y ternura como ya no es posible describir. Créame que todo me causa un hastío horrible; que cuando veo que encuentran algo hermoso y se alegran con ello yo me digo: "No es Jesús. El sólo es hermoso. El sólo puede hacerme gozar". Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma”. Estoy hambrienta de comulgar […] Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde Él pueda descansar”.

Decima segunda carta al Padre José Blanch. Ya ve necesidad de encontrarse con él.

Finalmente, le escribe al Padre José una última carta.[904] No es de despedida, pero le confiesa que ya que no le ve necesidad de encontrarse con él. El Padre le había escrito para avisarle que la visitaría, pero Sor Teresa de Jesús le pide que:

“no teniendo extrema necesidad -ya que el estado de mi alma es el mismo que le he explicado-, podría ahorrarse la incomodidad de pasar a Los Andes, tomándome, eso sí, la libertad de avisarle en caso qué tuviera alguna dificultad después, confiada en su paternal bondad. Además, le participaré que cambiaron de confesor ordinario, y el actual me inspiraría confianza en una urgente necesidad”

32.3     CARTAS AL PADRE JULIÁN CEA, CMF.

Estando de vacaciones en el Fundo San Pablo, le escribe a la Madre Angélica Teresa (Priora de Monasterio del Espíritu Santo) una anécdota[905] que considera divertida y que ha conocido al Padre Julián Cea, de los Misioneros del Corazón de María, más conocidos como Claretianos. Juanita le comenta que es muy amigo de las carmelitas y que le hablo bastante de ellas y también que sus amigas le hacían broma diciéndole que tenía que tener vocación para carmelita. Teresa dice que se reía “por fuera”, pero después se había dicho al Padre y le encontró vocación para el Carmen hablándole de la perfección que encierra esa vocación. Mas tarde le escribe al Padre José Blanch[906] relatando la misma historia y le dice:

“Estoy encantada con él. Me dijo el Padre Julián que le escribiera alguna vez, si tenía necesidad. Y lo hice no tanto porque yo lo necesitara como por una persona que también deseaba escribirle y que no lo hacía si yo no escribía; y como ella lo necesitaba, lo hice. Mi mamá me ha aconsejado le preguntara a Ud. sobre si le podía seguir escribiendo”

En el momento en que conoce al Padre Julián, a quien escribirá cuatro cartas, que son verdaderas confesiones de sus experiencias místicas con diálogos íntimos con Dios y las Virgen.

Primera Carta al Padre Julián Cea, CMF. Pide consejos y relata diálogos místicos con la Virgen y el Seńor.

En su primera carta al Padre Julián Cea,[907] le pide le aconseje sobre cosas que tiene dudas y que han aparecido en momentos de recogimiento, oración y en unión con Dios. Juanita expone en su carta:

“El otro día, cuando estaba en oración, me dijo lo adorara constantemente dentro de mi alma, ofreciéndole las alabanzas de todas las criaturas y uniéndome a las que le tributan los ángeles del cielo. Todo cuanto Él me dijo lo he cumplido, viviendo así mucho más unida a Él. Contemplo a la Sma. Trinidad dentro de mi alma como un inmenso foco de fuego y luz, en el cual, por su mucha intensidad no puedo penetrar ni mirar”.

Y más adelante sigue:

“Y me veo yo, criatura miserable, confundida y anonadada delante de su Divina Majestad y me uno a las alabanzas que le tributan todos en el cielo. Me pidió que esta adoración fuera constante y esta alabanza no fuera interrumpida, de modo que si hablaba o tenía que hacer cualquiera obra, lo hiciera con este fin de procurar su mayor gloria”.

En ninguno de los párrafos anteriores se lee sobre alguna duda de estos diálogos místico con el Seńor, al contrario, Juanita da por hecho que estos momentos de intima unión son absolutamente reales. 

Y también respecto de la Virgen. Juanita siguiendo el consejo del Padre Julián Cea, se encuentra meditando una virtud de la Virgen. Le declara que el Seńor le hablo y le dijo que:

“Lo hiciera sobre la pureza y después yo oía una voz que me enseńaba y me declaraba la pureza de mi Madre. No sé en qué consistió, pero yo desconocí la voz y le pregunté a N. Seńor si era El, pero me dijo que era su Madre”.

Entonces luego sigue relatando que ahora sabe que fue la Virgen quien le hablo.

“Entonces la Sma. Virgen me dijo me abría su maternal Corazón, para que leyera en él hasta dónde llegó su pureza virginal; para que, imitando esta virtud, pudiera llegar a la total unión con Dios. Después de declararme esto, me dijo lo que yo debía tratar de hacer para ser pura y enteramente de Dios”.

La Virgen le dijo seis cosas.

Las seis primeras cosas que le dijo la Virgen son:

“Que rechazara todo pensamiento que no estuviera en Dios, para que así viviera constantemente en su presencia”.

“Que evitara todo afecto a las criaturas para que nunca éstas me turbaran”.

“Que no tuviera otro deseo que el ser cada día más de Dios”.

“Que deseara su gloria la santidad y la perfección en todas mis obras”.

“Que no deseara ni honras ni alabanzas, sino desprecios, humillación y cumplir la voluntad de Dios”.

“Que no deseara las comodidades ni nada que halague mis sentidos; y que, tanto al dormir como al comer, lo hiciera con el deseo de servir mejor a N. Seńor”.

Antes de seguir comentando al Padre Julián Cea acerca de sus conversaciones con el Seńor y la Virgen, deduce su primera conclusión, que debe ser pura en sus obras y abstenerse de todo aquello que pueda mancharle en lo más mínimo y sólo hacer aquello que sea del agrado de Dios, que quiere su santificación, y hacerlo siempre todo por Dios, para Dios y con Dios.

El Seńor le dio consejos.

Después sigue en su relato al Padre Julián Cea, diciendo que el Seńor le aconsejo lo siguiente:

“Qué en cuanto fuera posible, nombrara a Dios y que evitara toda palabra que no fuera dicha por la gloria de Dios”.

“Que no mirara fijamente a nadie y que, cuando lo hiciera por necesidad, contemplara a Dios en sus criaturas”.

“Que siempre pensara que Dios me mira”.

“Que en el gusto me abstuviera de aquello que me agradaba, y que si tenía que comerlo, lo hiciera sin complacerme, y se lo ofreciera a Dios y se lo agradeciera”.

“Que el tacto lo mortificara no tocándome sin necesidad, ni a ninguna persona. En una palabra, que todo mi espíritu estuviera de tal manera sumergido en Dios, que me hiciera olvidarme de mi cuerpo”.

Y finalizando esta parte de la carta, ella expone que el Seńor le dijo que rezara mucho para conseguirlo, pues así en su alma se reflejaría el Dios Santo, el mismo que Ella (la Virgen) desde que nació vivió así; pero que a Ella (la Virgen) le fue más fácil, pues no tenía la culpa original. Pero que se lo pidiera y lo conseguiría.

Escribe también que quedó, después de esto, muy recogida, y que percibe que Dios muy interiormente se une a su alma y, sin palabras, a veces le da a conocer su voluntad. También le expone que le habló de la pobreza, que tratara de no poseer ni voluntad ni juicio, dado que en ese momento no podía ser realmente pobre, pero que no estuviera apegada a nada. Le expone que estas cosas fueron sin palabras y que se las daba a entender interiormente. Y sigue diciendo que le hizo conocer que estaba apegada al fervor sensible, que hacía consistir la unión divina en el amor sensible, pero que ésta estaba en imitar sus divinas perfecciones para asemejarse a El cada vez más, y en sufrir mucho por su amor para ser crucificada como El.

Juanita, comenzó esta carta pidiéndole al Padre Julián Cea su consejo acerca de varias cosas sobre las que tiene dudas y que han aparecido en momentos de recogimiento, oración y en unión con Dios. Sin embargo, entendiendo que las dudas pueden ser vacilaciones e incertidumbres frente a ciertas cosas, más que dudas parecen perplejidades, es decir, como preguntándose żserá todo esto tal cual lo siento? Es así como, terminado el relato de sus diálogos contemplativos, pide el parecer del Padre Julián Cea para que le aconseje.

De lo que no duda Juanita es en la verdad de lo que sigue: “Nuestro Seńor es demasiado bueno para con esta ingrata criatura. Cada vez que estoy en oración N. Seńor me da a conocer su amor infinito y lo imperfecto de mi amor. […] deseo morir, pues veo que no le correspondo en nada”.

“Quisiera, si me fuera posible, sufrir las penas del infierno, con tal que así pudiera amarle un poco”.

“Soy tan miserable que N. Seńor necesita darme muchos consuelos y fervor para que me acerque a Él; y a pesar de esto, no lo hago”.

“Siento a veces tanto amor, que me siento verdaderamente sin fuerzas; y sin embargo, en mis obras no se lo demuestro”

Finalmente se despide del Padre Julián, comentando sus ansias de ser carmelita y que desea mortificarse, por tanto le pide permiso para ponerse un cinturón tejido de ramas de acacia que tiene espinas, le cuenta que se ha puesto también piedras en los zapatos y que rece por esta pobre carmelita para que cumpla la voluntad divina. También ańade que ha elegido el nombre de Teresa de Jesús.

 

Segunda Carta al Padre Julián Cea, CMF. Esta en un momento difícil, tanto que se le ha enfriado su entusiasmo por el carmelo.

Un mes más tarde, le vuelve a escribir otra carta[908] al P. Julián, en esta oportunidad para comentarle el sufrimiento que le produce la necesidad de escribir una carta a su papá para solicitar el permiso para ser carmelita. También le cuenta que está en un momento difícil, tanto que se le ha enfriado su entusiasmo por el carmelo, que le parece una locura, pero con todo, lo desea como un bien verdadero y da gracias a Dios de este tedio natural que experimenta, pues así la cruz que abrazará será más pesada y podrá manifestar al buen Jesús más amor, ya que irá en busca de El sin consuelo alguno.

A pesar de que ve su corazón “de piedra”, recibe fuerzas, luz, en una palabra, vida y le ha prometido a al Seńor volver con todo ahínco a negarse en todo y a vivir sólo para Él.

También le pide en esta carta oración por ella, en especial para que tenga una buena respuesta de su papá para seguir su camino al Carmelo, aunque no le pide a Dios nada, más que el que se cumpla en ella su divina voluntad.

Finalmente, le pide: “rece mucho por un hermano extraviado del buen camino, que se aparta cada vez más de él. No se imagina lo que sufro al pensar que hay en mi hogar un alma que no ama a Dios y que le ofende tanto. He ofrecido mi vida por él, pero el Seńor no la ha aceptado. Cuando sea carmelita me inmolaré toda la vida por este hermano que tanto quiero”.

Tercera carta al Padre Julián Cea. Esta feliz al contemplar las puertas del Carmelo ya abiertas para recibirle.

La tercera carta[909] está fechada en abril, pero no tiene la fecha del día que fue escrita, pero se puede estimar unos 15 días después de la anterior que fue el 25 de marzo.

Juanita le avisa que al volver del fundo de unas amigas, se encontró con su carta que de tanto provecho ha sido para su alma. También le avisa que recibió anteriormente otra carta de él, pero no la había querido responder hasta no darle la noticia del consentimiento de su papacito, que sucedió el 6 de abril y que esto le permitirá ingresar Gracias a Dios, el 7 de mayo.

Le escribe Juanita:

“No puedo dudar es un milagro de San José, pues fue el domingo 3-° de los dedicados a este santo. No tengo cómo agradecerle a mi Jesús tanta bondad para con esta alma tan miserable e infiel. Estoy feliz al contemplar las puertas de mi Carmelo ya abiertas para recibirme. Sólo me restan 20 días más o menos, y después... el Calvario, el Cielo. Ya estoy subiendo su cima. El dolor de la separación es tan intenso, que no hay palabras para expresarlo. Sin embargo Dios me sostiene y aun cuando veo que todos los míos lloran, permanezco sin hacerlo, sin demostrar siquiera pena. Es esto lo que me pide N. Seńor. Más aún, que ni siquiera diga a nadie que sufro; que ante los demás permanezca como insensible. Créame, Rdo. Padre. Esto es horrible; pero cuento con la gracia de Dios que en estos momentos sobrepasa todo límite”.

Por lo que escribe Juanita, ella está en un momento de mucho sufrimiento, pero las cartas del Padre Julián le infunden ánimo y le pide:

“Dígame si hay otra manera de realizar el sacrificio más perfectamente, pues yo quiero dar a Dios lo más que pueda darle. Continúo en las mismas disposiciones de espíritu, pero verdaderamente que me encuentro con la gracia de Dios muy por encima de todo lo que siento. Lo amo, pero sin sentir ese amor como me sucedía antes, que me sentía sin fuerzas y desfallecida. Ahora no es así, estoy más unida a Él, pero sin sentir nada”.

Y sigue Juanita, escribiéndole entre otras cosas que Dios le pidió se ofreciera como víctima de amor y expiación y le aseguró iba a sufrir mucho en su vida. Este el párrafo:

“ˇCuánto le agradezco el interés que tiene por mi alma! Que Dios se lo pague. En mi subida al Calvario lo tengo muy presente. Acepto con sumo agradecimiento el convite que me hace para ofrecernos como mártires. Es todo mi ideal. Sin embargo, nunca le pido a N. Seńor esta gracia porque soy demasiado indigna de ella. Además creí que era más perfecto no pedirle nada más que el cumplir su voluntad, y fuera de ello no deseo nada más. Pero hace un ańo -creo- N. Seńor se me reveló un día cuando estaba expuesto, con una caridad infinita. Entonces me hizo comprender su amor no correspondido por los hombres. Me pidió me ofreciera como víctima de amor y expiación y me aseguró iba a sufrir mucho en mi vida. Después de esto, yo no quise sin consultarlo al confesor ofrecerme como víctima, y me dio permiso, pero por cierto tiempo. Tuve varios meses muchos sufrimientos interiores, pero cesaron después”.

Finalmente, le pide al Padre Julián, comunión de oraciones para el viernes santo a las tres, para que ella sea toda de Dios, por una íntima amiga que tiene sus ideales, pero no puede pedir permiso para el carmelo y oración por su familia.

También le confiesa que siente que:

“a fuerza de tantas oraciones, Dios completará en mí la obra de mi santificación. Seré santa con la gracia de Dios”.

 

Cuarta carta al Padre Julián Cea. Para Teresa su nueva casa (El Carmelo) es un “rinconcito de cielo”.

Esta es la cuarta y última carta[910] al Padre Julián. Han pasado cuatro meses desde la anterior carta, ahora ya es Teresa de Jesús, novicia del Monasterio del Espíritu Santo. Para Teresa, su nueva casa es un “rinconcito de cielo”. Todo lo dejo, por seguir la voz de Dios. Al respecto escribe en esta carta:

“En seguirla (la voz de Dios) encontré el sacrificio más grande de la vida. Sin embargo, encontré la felicidad más completa, la única verdadera aquí en la tierra. Ahora que me encuentro sola con el Dios-Amor. Me parece nada todo cuanto hice por conquistar esta soledad tan querida, donde el alma sólo posee a Dios. Mi vocación me es tanto más querida cuanto más la compenetro. La verdadera carmelita, según entiendo, no vive. Dios es el que vive en ella. Eso es lo que trato de realizar: contemplar incesantemente al Ser Divino, perdiendo mi nada criminal en su océano de caridad. Esto es lo que quiere de mí el Divino Jesús: renuncia y muerte de mi ser para que El viva en mí”.

Teresa se siente feliz, pero siente necesidad de desprenderse de todo lo exterior, y tratar solo con EL. Sigue ella en su carta con nuevos relatos místicos:

“A pesar de mis miserias, Dios me toma cada vez más para Sí. No se imagina vuestra Reverencia cómo se descubre cada vez más a mi alma. Las locuciones interiores siempre las siento. También se me han representado imágenes interiores de N. Seńor en ciertas épocas. Una vez, se me representó N. Seńor agonizante, pero en forma tal que jamás lo había visto. Me tuvo ocho días sumida en una verdadera agonía, y lo veía a toda hora. Después cambió de forma, y el día del Sdo. Corazón se me presentó Jesús con una belleza tal, que me tenía completamente fuera de mí misma. Ese día me hizo muchas gracias. Entre otras, me dijo que me introducía en su Sdo. Corazón para que viviera unida a Él; que uniera mis alabanzas a la Sma. Trinidad a las suyas; que todo lo imperfecto Él lo purificaría”.

Momentáneamente, Teresa suspende la carta y la continua dos semanas después escribiéndole: 

“Mi oración, por lo general, es una especie de mirada a Dios sin raciocinar. A veces siento mi alma como que quisiera salir de mí, para confundirse en el Ser divino. Otras veces es Dios el que entra en mi ser. Entonces mi alma está sosegada. Siento interior- mente un fuego consumidor, que me consume enteramente”.

Y luego sigue escribiendo a ratos, hablándole de sus sufrimientos:

“En estos momentos sufro horriblemente. Sólo Jesús, que es el que me martiriza, lo comprende. […] Cuando estoy en la oración no dudo sea Dios el que se une a esta miserable pecadora; pero saliendo de la oración, creo es el demonio o ilusiones que me forjo. Haré lo posible por decirle lo que siento”.

Momentos de intensos arrobamientos.

En los párrafos que siguen, Teresa relata unos momentos de intensos arrobamientos, que la ponen en tal éxtasis, que la dejan sin pensar ni sentir otra cosa que nos sea levantamiento de espíritu. Pero todo esto, aunque que le parecía que su alma se saldría de ella, después sentía una gran suavidad, que la inundaba de paz y se convenció que era experiencia de Dios.

 “Hacen 6 [días], estando en la acción de gracias después de la comunión, sentí un amor tan grande por N. Seńor que me parecía que mi corazón no podía resistir; y al mismo tiempo -créame, Padre, que no sé decirle lo que me pasó, pues quedé como atontada- he pasado todos estos días como si no estuviera en mí. Hago las cosas, pero sin darme cuenta.

Después, en la oración, se me presentó Dios, e inmediatamente mi alma parecía salir de mí; pero con una violencia tal, que casi me caí al suelo. No pierdo los sentidos, pues oigo lo que pasa al lado, pero no me distraigo de Él. Sobre todo cuando el espíritu sube más, entonces no me doy cuenta (esto es por espacio de minutos, creo) pero paso la hora casi entera en este levantamiento de espíritu; pero eso sí que con interrupciones, aunque en estas interrupciones no vuelvo bien en mí. Después mi cuerpo queda todo adolorido y sin fuerzas. Casi no puedo tenerme en pie.

Y el otro día me pasó que no tuve fuerzas ni aún para llevarme el tenedor a la boca. Tenía tan pesado y adolorido el brazo que no podía. Creo que pasaron dos [días] sin poder hacer nada. En estos propósitos estaba, cuando de repente se me vino a la mente el anonadamiento de Dios bajo la forma de pan, y me dio tanto amor que no pude resistir; y mi alma, con una fuerza horrible, tendía a Dios. Después sentí esa suavidad, la que me inundó de paz y me convenció que era Dios”.

A continuación le hace saber al Padre Julián su preocupación por que todo esto no llame la atención de sus hermanas. Pero por otra parte está convencida que Dios se va a unir a ella, que le dijo sufriría la purificación por medio del amor, pues quería hacerla muy suya También le hace saber que toda esta situación de éxtasis, la ha ayudado a desapegarse de todo, de buscar soledad, pero no para apartarse de sus hermanas, sino para sentir que Jesús vive más en ella, por lo que decide tener más humildad, amor al sufrimiento y a la mortificación.

32.4     CARTAS AL P. ARTEMIO COLOM, S.J.

En el ańo 1907, a la edad de 7 ańos, Juanita ingresa al colegio ubicado en la Alameda, el Externado del Sagrado Corazón en Santiago. En ese tiempo, el director espiritual es el Padre Artemio Colom, sacerdote jesuita, por tanto, Juanita lo conoce desde esa fecha.

Le escribe en la primera carta[911] que conocemos. “Antes de pronunciarme decididamente por la vocación que debo seguir, he querido tomar el consejo suyo; pues Ud. me ha conocido desde chica”.

En una carta[912] al Padre Falgueras, teniendo ella ya 18 ańos, le confiesa algunos momentos místicos después de comulgar que le venían sucediendo después de su primera comunión, y que esto se lo había contado a su madre, quien la aconsejó que se lo comentara al Padre Colom, pero que sintió vergüenza de hacerlo, por tanto nada le dijo. 

Juanita también nos hace saber en otra carta[913] que recibió una carta del Padre Colom, donde le habla de la elección del monasterio y se pregunta que hacer, pero decide no pensar sobre eso, porque falta tiempo para entrar como religiosa.

En el Diario y Cartas, solo tenemos 3 cartas al Padre Artemio Colom, escritas entre el mes de enero y julio de 1919, mismo ańo en el que ella entró al Monasterio del Espíritu Santo, pero puede haber otras de acuerdo con lo que la misma Juanita escribe en la primera carta que conocemos. “En mi carta anterior, le expuse a Ud., Rdo. Padre, las dudas que tenía, entre el Sagrado Corazón y las carmelitas”.

Primera carta al P. Artemio Colom, S.J. Razones que tiene para ser carmelita.

En esta primera carta[914] le escribe para hacerle saber las razones que tiene para ser carmelita y porque elige el convento de Los Andes, fundamentalmente por la vida de oración y la vida íntima de unión con Dios.

Dońa Lucia, la mamá tuvo la gran bondad de llevarla al convento de Los Andes, con quien tenía relaciones por carta desde hacía más de un ańo. La pobreza del convento le atrajo favorablemente. Pero lo que más apreció fue la felicidad de ser carmelita cuando habló con la Madre Priora. Ella le expuso con sencillez la vida de la carmelita y sintió en el fondo de su corazón que Dios la quería allí. Escribe ella:

“cuando llegué al convento, mi corazón rebosaba de felicidad y gozaba de una paz inalterable”.

A continuación le expone sus razones para querer ser carmelita:

“Es por la vida de oración que allí se vive, vida de íntima unión con Dios. Nada de trato con el mundo ni de criaturas. La carmelita vive en Dios, por Dios y para Dios”.

A continuación le escribe de su oración:

“Creo que la oración no me cansará […]mi alma siente cada día más la necesidad más apremiante de orar, de unirse a Dios […]paso constantemente en oración […]Todos los días tengo una hora de oración por la mańana, y media hora en la tarde. Esas horas son para mí un ratito de cielo, a pesar de que a veces no puedo recogerme”.

También le escribe sobre sus deseos de soledad, de vivir la pobreza carmelita, la penitencia, sobre el sacrificio, y del fin de la carmelita de rezar por los sacerdotes:

“Muchas veces siento verdaderas ansias de estar sola. El trato con las criaturas me hastía. Me siento feliz cuando estoy sola, porque estoy con Dios”.

“La pobreza del Carmen me encanta; pues no teniendo nada el corazón permanece puro, sólo para Dios. Además, siendo pobre me pareceré más a Aquel que no encontró donde reclinar la cabeza”.

“La penitencia me atrae: castigar el cuerpo que tantas veces es causa de pecados, hacerlo padecer a ejemplo de Cristo. Además, teniendo el cuerpo sufriendo hace que se le someta al alma”.

El sacrificio de esta vida tiene atractivos especiales para mí; y más aún cuanto que todo lo que sufre en su espíritu y en su corazón permanece en el silencio, sin que ninguna criatura lo comprenda. Sólo lo sabe Dios”.

“El fin de la carmelita -que es rezar por los sacerdotes para que se santifiquen, y por los pecadores para que se conviertan- no puede ser mejor. La carmelita se santifica a sí misma para santificar a todos los miembros de la Iglesia. żQué fin más noble puede proponerse?”

Después le explica al Padre Colom, porque eligió el convento de Los Andes y no otro que estaba mucho más cerca de su casa en Santiago, calle Alameda[915]. Ella escribe que no se sintió acogida que en ese convento de Santiago, lo que fue algo desfavorable. También le explica que la conversación con la tornera no le agrado. Santiago por ese entonces ya era una ciudad ruidosa que estaba en pleno desarrollo, hasta tal punto que las monjas de ese convento decidieron trasladarse a un lugar más apacible, que es donde están ahora, en calle Pedro de Valdivia, comuna de Ńuńoa.

Las razones que expone Juanita son:

“He preferido Los Andes por ser más apartado de las grandes ciudades -lo que hace más dificultosa la ida a ésa- manteniéndose completamente separado del mundo”.

“También porque creo son muy austeras y muy observantes de su Regla y tienen muy arraigado el espíritu de Santa Teresa”.

“En Los Andes sólo hablamos de Dios; sólo nombramos a ciertas personas para encomendarlas a las oraciones”.

“Conocí a todas las monjas, porque corrieron el velo del locutorio. Me encantó la sencillez, la alegría y familiaridad que reinaban entre ellas. Creo han de ser muy santas, pues yo saqué mucho provecho de la visita. He quedado en mucha paz y recogimiento. También sus oraciones casi siempre N. Seńor las escucha, pues ya varias cosas se me han cumplido de las que les he recomendado”.

También le escribe sobre sus temores, por pensar que: “el alma que se entrega a la oración ha de sufrir muchos engańos; y a veces llego a creer que todo es ilusión, con lo que sufro muchísimo. Pero me parece que son tentaciones del demonio, pues si un alma espera y cree en Dios, no es confundida”. Entonces le pide al Padre Colom consejos sobre cómo hacer su oración la que consiste casi siempre en una íntima conversación con Nuestro Seńor, incluso se figura que es como Magdalena, a los pies escuchándole. También como en la conversación el Seńor le ha dicho que será carmelita, incluso a que edad iría al convento, que tuviera una vida más íntima con Él, dándole a entender su grandeza y su nada, y que por tanto no pensaba sino en Dios.

Escribe Juanita:

El Seńor le aviso que será carmelita

Otras veces me dice cosas que no han pasado y que después suceden, pero esto es en raros casos. Me ha dicho que seré carmelita y que en mayo de 1919 me iré. Esto me lo dijo de este modo: le pregunté que de qué edad me iría. Entonces me dijo que de 18 ańos y que me faltaban 5 meses y sería en mayo. Todo esto me lo dio a entender rápidamente, sin que yo tuviera tiempo para sacar la cuenta de que el quinto mes era mayo. Después la saqué y vi que, efectivamente, para mayo faltaban cinco meses; por esto vi que no era yo la que me hablaba. Otras veces me dice cosas que yo no recuerdo y que, aunque quiero, no puedo hacerlo. Pero me ha pasado creo dos veces que, preguntándole yo una cosa, El me la ha dicho y después no ha sucedido; por lo que yo temo ser engańada.

 

El Seńor le dijo que tuviera una vida más íntima con EL.

Otra vez estaba delante del Santísimo en oración con mucho fervor y humildad; entonces me dijo que quería que tuviera una vida más íntima con Él; que tendría mucho que sufrir y otras cosas que no recuerdo. Desde entonces quedé más recogida, y veía con mucha claridad a N. Seńor en una actitud de orar, como yo lo había visto en una imagen. Pero no lo veía con los ojos del cuerpo, sino como que me lo representaba, pero era de una manera muy viva, que aunque a veces yo antes lo había querido representar, no había podido. Lo vi de esta manera como ocho días o creo más y después ya no. Y ahora tampoco lo puedo hacer.

El Seńor le dio a entender su grandeza y su nada.

He tenido a veces en la oración mucho recogimiento, y he estado completamente absorta contemplando las perfecciones infinitas de Dios; sobre todo aquellas que se manifiestan en el misterio de la Encarnación. El otro día me pasó algo que nunca había experimentado. N. Seńor me dio a entender una noche su grandeza y al propio tiempo mi nada. Desde entonces siento ganas de morir ser reducida a la nada, para no ofenderlo y no serle infiel. A veces deseo sufrir las penas del infierno con tal que, sufriendo esas penas, le pagara sus gracias de algún modo y le demostrara mi amor, pues encuentro que no lo amo. En esto consiste mi mayor tormento.

No pensaba sino en Dios

Esto pensé en la noche antes de dormirme, y en la mańana amanecí con mucho amor. Recé mis oraciones y leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, en que expone los grados del amor de Dios, y habla de oración y contemplación. Con esto sentí que el amor crecía en mí de tal manera que no pensaba sino en Dios, aunque hiciera otras cosas, y me sentía sin fuerzas, como desfallecida, y como si no estuviera en mí misma. Sentí un gran impulso por ir a la oración e hice mi comunión espiritual pero al dar la acción de gracias me dominaba el amor enteramente.

Todo lo anterior, concluye en ver las perfecciones de Dios, la justicia de Dios, el infierno y lo horrible del pecado. Entonces el Seńor le explico que es obrar con perfección, y de este modo habrá más unión entre Él y ella.

Escribe Juanita:

“Principié a ver las infinitas perfecciones de Dios, una a una, y hubo un momento que no supe nada: estaba como en Dios”.

“Cuando contemplé la justicia de Dios hubiera querido huir o entregarme a su justicia. Contemplé el infierno, cuyo fuego enciende la cólera de Dios, y me estremecí (lo que nunca, pues no sé por qué jamás me ha inspirado ese terror). Hubiera querido anonadarme pues veía a Dios irritado. Entonces haciendo un gran esfuerzo, le pedí desde el fondo de mi alma misericordia”.

“Vi lo horrible que es el pecado, y quiero morir antes que cometerlo. Me dijo tratara de ser perfecta; Y cada perfección suya me la explicó prácticamente: que obrara con perfección, pues así habría unión entre Él y yo, pues El obraba siempre con perfección”.

En esto Juanita recuerda que estuvo más de una hora sin darse cuenta, ni siquiera sabía cómo estaba su cabeza, que estaba como en otra parte. Después estuvo todo el día muy recogida y le pidió Dios no mirara fijamente a nadie y, si de vez en cuando tenía que mirar, lo viera siempre a Él en sus criaturas, porque para llegar a unirse a Él necesitaba mucha pureza. Ni siquiera que toque a alguien sin necesidad. Después de ese día, quedo en grandes sequedades.

Afirma finalmente que todo cuanto le ha dicho es verdad, que espera que no se entienda que son exageraciones y le pide consejo sobre que hacer de todo esto y que rece por ella, que ya ha escogió que su nombre será Teresa de Jesús, y que rece para que pueda imitar a la Santa Madre de los Carmelitas.

Segunda carta al Padre Artemio Colom. Juanita le comunica la feliz noticia, el 7 de mayo se abrirán para ella las puertas del Carmelo.

Han pasado tres meses desde el envío de la anterior carta al Padre Artemio y le escribe una nueva carta.[916]  Cabe destacar que en estos tres meses sin comunicarse con él le escribió al Padre Julián Cea tres cartas y al Padre José Blanch otras tres cartas. El Padre Artemio está en Córdoba, Argentina. Juanita le comunica la feliz noticia de que el 7 de mayo se abrirán para ella las puertas del Carmelo.

Que se había decidido pedirle a su papa el consentimiento, que estuvo una semana entera de angustia esperando la respuesta, pero que finalmente le dijo: "Si es esa la voluntad de Dios, yo no me opongo a ella, pues esa ha de hacer tu felicidad". Y después me preguntó llorando cuándo quería irme. Y como le dijese yo que en mayo, me respondió: "Hazlo como tú lo quieras”. […] “ˇQué acción de gracias brotó de mi alma en ese instante para con mi Dios y con mi papacito! Jamás tendré cómo pagarles como debo”.

Todo esto ha producido muchas lágrimas en su familia, Juanita frente a estos llantos ha quedado con un corazón insensible frente a los suyos, pero interiormente su alma se despedaza en dolor que es aliviado por la mano divina del Seńor y expone: “No quiero llorar, porque encuentro que el sacrificio regado con lágrimas no es sacrificio. Es necesario que sólo Dios sepa que el cáliz que apuro es muy amargo. En fin, me parece que yo nada hago porque la gracia de Dios es inmensa. Él es el que obra todo”. […] “ˇQué bueno es Dios. ˇCuánto lo debemos amar y cuán poco lo amamos, porque somos incapaces por nuestra corrompida naturaleza! Tengo ansias de ofrecerle algo Para poder corresponder a su amor infinito, aunque sea imperfectamente Pero todo queda en deseos y nada en obras. Pero El me conoce y El me ama y recibe mis deseos y me cubre con su misericordia”.

Frente a todo esto, Juanita se consuela:

“Pero El, mi Esposo adorado, está conmigo El me infundirá valor para inmolarme, para derramar místicamente toda la sangre de mi corazón cada día, pues la carmelita debe morir a cada momento por los suyos y por las almas todas”.

Y luego sigue:

“Qué pureza me exige mi vocación: siempre junto a Dios. Vivir mi vida entera en la atmósfera divina”.

“ˇQué recogimiento y adoración no interrumpida!”

“ˇQué paz, qué incendio de amor dentro del alma esposa del Crucificado!”

“ˇQué pobreza y desprendimiento del espíritu y del corazón, qué obediencia y sumisión de nuestro ser! Carmelita”.

“ˇQué palabra tan llena de hermoso significado: víctima crucificada hostia pura, cordero que lleva los pecados del mundo.

“Qué incapacidad encuentro en mí para llenar ese molde que mi divino Esposo y mi Madre Santísima me presentan”.

Finalmente se despide, es la última carta que le escribirá fuera del carmelo, diciéndole “En su Divino Corazón nos encontraremos y después, si por la misericordia de Dios me salvo, allá en el cielo nos encontraremos reunidos para cantar eternamente las alabanzas de Dios”.

Tercera y última carta al Padre Artemio Colom.

Teresa está en el Carmelo, se siente en el cielo. En profunda quietud tiene nuevos arrobamientos. Ha recibido carta de repuesta del Padre Artemio Colom, que sigue Córdoba, Argentina. Esta será la última carta[917] y se la escribe después de muchos días de haber recibido la carta del Padre Colom. 

Ahora es Teresa de Jesús, está en el Carmelo separada por completo del mundo, realizando así el ideal de toda su vida; ideal que, a medida que pasa el tiempo, le parece más hermoso, sin dejar de preguntarse de continuo por qué Dios le ha amado tanto. Con todo, sus esfuerzos se dirigen a ser una santa carmelita, y cree que es lo que Dios quiere de ella para alcanzar la santidad. Pasan momentos de recogimiento continuo: que nada ni nadie pueda distraerla de Él. Escribe Teresa:

“No me pide nada más que esto, porque allí, en esa unión íntima de mi alma con mi Dios, se encuentra para mí el ejercicio de todas las virtudes. Primero que todo, encuentro la renuncia completa de todo mi ser, pues cuanto más me aísle de mí misma, más me internaré en El. Trato, pues, de negarme en todo para llegar a poseer al Todo, según nos enseńa nuestro Padre San Juan.[918]” […] “Hay días que consigo vivir enteramente para Dios. Entonces es cuando me siento en el cielo. Entonces es cuando comprendo que "sólo Dios nos basta". Fuera de Él no hay felicidad posible”.

Teresa le habla de que su oración es cada vez más sencilla, apenas se pone en oración, siente que toda su alma se sumerge en Dios, y encuentra una paz, una tranquilidad tan grande como le es imposible describir. Entonces su alma percibe ese silencio divino, y cuanto más profunda es esa quietud y recogimiento, [más] se le revela Dios.

Seguidamente, Sor Teresa de Jesús, le confiesa unos ciertos arrobamientos que está teniendo en una profunda quietud, ella le dice:

“Es una noticia muy clara y rápida. No es reflexionando; antes me turbo cuando reflexiono. Cuando esta noticia es muy clara, siento como que mi alma quisiera salir de mi ser. Mi cuerpo no lo siento”.

“Estoy como insensible; y dos veces no me he podido mover de mi sitio, pues estaba como enclavada en el suelo. Otra vez, una hermanita me fue a hablar, y sentí un estremecimiento terrible en todo mi ser, y lo que me dijo lo oí como de muy lejos, sin comprender sino hasta después lo que me dijo. Siento que mi alma está abrasada en amor de Dios y como que El me comunicara su fuego abrasador”.

Después de tener esta oración de quietud, cuando he sido más fuertemente atraída por Dios.

También le comenta que a un Padre (no dice su nombre) a quien le consultó acerca de su oración le dijo que, cuando sintiera ese arrobamiento de todo su ser, debía rechazar el pensamiento de Dios. Ella lo hizo por obedecer, sin embargo le confiesa:

“era el sufrimiento más terrible, y a veces no lo conseguía. También, que debía principiar mi oración por meditar en Jesucristo; y yo sentía que no podía, pues Dios me atraía el alma”.

Ańade en su carta con un dato que le hace feliz, por fin el Padre Avertano, que es carmelita, será su confesor. El Padre Avertano será a partir de su primera confesión con él, el 18 de mayo de 1919 su único director espiritual. También el Padre Avertano la adentra en la doctrina del Santo Padre san Juan de la Cruz. Escribe Sor Teresa de Jesús:

“Me dijo que no debía resistir a Dios, sino seguir sus inspiraciones. Así lo he hecho. Después de tener esta oración de quietud, cuando he sido más fuertemente atraída por Dios, me vienen tentaciones muy grandes. A veces, me parece que todo lo que me pasa son ilusiones. Otras veces, que es el demonio que me engańa para hacerme creer que soy extraordinaria. Otras veces, me siento agobiada por mis miserias y abandonada de Dios; y por fin, la más terrible es la tentación contra la fe: quedo en completa oscuridad, dudando hasta de la existencia de Dios”.

“Antes de ayer fue esta tentación tan grande, que no podía ni aún rezar, pues era peor. Entonces creí había consentido en la tentación, y que estaba en pecado mortal; pero no me importaba ni aún esto, pues me decía que el pecado mortal eran invenciones. Anduve todo el día así y al mismo tiempo decía que se hiciera la voluntad de Dios. En la noche le dije a nuestra Madre que yo no comulgaría; sin embargo, ella quería sufriese yo sola y no trató de consolarme, pues creyó que la tentación pasaría como otras veces”.

Dios se me representaba como un Juez terrible.

“Al día siguiente, tenía fe y me dije que estaba en pecado mortal. Y como nuestra Madre juzgó que era prudente no exigirme que comulgara, pues yo no quería, me quedé sin comulgar, aunque tenía hambre de Jesús. Me sentía condenada. Dios se me representaba como un Juez terrible. Lloré tanto, que ya no sabía lo que tenía”.

“Cuando nuestra Madre se me acercaba para consolarme, yo me retiraba, pues veía que estaba ella con Dios y yo con el demonio Me tranquilicé cuando me aseguró que no estaba en pecado. Sin embargo, vi claramente que Dios no había querido venir ese día a mi alma. Ya la tentación pasó, y me ha dejado muy humilde, no sólo delante de Dios, sino delante de mis hermanitas (pues se cercioraron de que no había comulgado y que me había tenido que confesar)”.

“Pero después de estas oscuridades Dios se comunica más a mi alma. Ayer ya no sabía dónde estaba, aun después de la oración; y aunque mi pensamiento no está permanentemente en Dios, me siento muy unida a Él y, apenas pienso en El, mi alma se siente fuertemente atraída. Yo no sé si esto es ilusión o no. Lo único que veo es que ando con mucho recogimiento, sé mortificarme y vencerme más y soy más humilde. Dios es demasiado bueno con esta infeliz pecadora; a pesar de que tanto lo ofende, no deja de amarla”.

Me siento en el cielo, y dominada por el amor infinito de mi Dios.

“Después que comulgo, me siento en el cielo, y dominada por el amor infinito de mi Dios. A veces mí solo consuelo en este destierro es la comunión, donde me uno íntimamente con Él. Siento ansias de morirme por poseerlo sin temor de perderlo por el pecado. Este deseo me hace huir de las menores imperfecciones, pues ellas me separan del Ser infinitamente Santo”.

“También N. Seńor se me representa a veces interiormente, y me habla. Como una semana lo vi en agonía, pero de un modo tal como jamás lo había ni aún sońado. Sufrí mucho, pues traía la imagen perpetuamente, y me pidió que lo consolara. Después fue el Sagrado Corazón en el tabernáculo con el rostro muy triste; y por último, el día del Sagrado Corazón, se me representó con una ternura y belleza tal, que abrasaba mi alma en su amor, no pudiendo resistir. Sin embargo, en cuanto a las imágenes y hablas interiores no hago caso, si no es al efecto bueno que producen en mí, para no aficionarme a ellas, y aún trato de rechazarlas. En cuanto a Dios no me lo represento en ninguna forma, para ir a Él por fe. Todo esto pasa en mi alma. Juzgue su Reverencia si no voy errada, pues vivo con este temor”.

32.5     PRIMERA Y ÚNICA CARTA AL PADRE ANTONIO Ma FALGUERAS.

Mi ideal de carmelita es ser hostia, ser inmolada constantemente por las almas

Después, en la misma carta, Sor Teresa de Jesús cambia de tema. Le comunica que su toma de hábito quizás sea el 15 de octubre, ya que la Madre le pidió al Nuncio le suprimiera un mes. Teresa arde de deseos de verse con el hábito de nuestra Madre del Carmen. Sin embargo, se confunde, porque piensa que no tiene las virtudes de una religiosa al compararse con otras hermanas carmelitas muy santas.

Pero consciente de esto, hace esfuerzo para adquirir las virtudes: ser obediente hasta en lo más mínimo, caritativa con sus hermanitas y sobre todo, ser humilde. Para esto procura no hablar ni en pro ni en contra de mí misma, y sólo humillarse delante de la Madre Priora. Procura no disculparse, aunque sin razón la reprendan, y si alguna hermana la humilla, se estimula en servirla y en ser más atenta con ella. Dice Teresa:

“Siempre quiero negarme y renunciarme en todo, para así unirme más a Dios”.

El día del Sagrado Corazón solicitó licencia a la Madre para hacer los tres votos hasta su toma de hábito. Escribe:

“Mi ideal de carmelita es ser hostia, ser inmolada constantemente por las almas, y mi fin principal es sacrificarme porque el amor del Corazón de Jesús sea conocido. Créame, Rdo. Padre, que no sé lo que me pasa al contemplar a Nuestro Dios desterrado en los tabernáculos por el amor de sus criaturas, las cuales lo olvidan y ofenden. Quisiera vivir hasta el fin del mundo sufriendo junto al divino Prisionero”.

Finaliza la carta, diciéndole al Padre Artemio que ahora se cree en el cielo cuando está en el coro cantando las alabanzas de la Sma. Trinidad y le encarga que la ofrezca en la Santa Misa como hostia. “Quiero ser hostia por hostia. Introdúzcame en el cáliz, para que, bańada en la Sangre de Jesús, sea aceptada por la Sma. Trinidad. Pídale a N. Seńor me haga una santa carmelita, verdadera hija de nuestra Sta. Madre. Yo, aunque miserable pecadora, ruego mucho por Su Reverencia, para que sea un santo Jesuita”.

A la Sma. Virgen le contaba todo lo que le pasaba, y Ella le hablaba. Relatos místicos y de arrobamientos.

Esta es la única carta[919] dirigida al Padre Antonio Ma Falgueras que conocemos. Juanita le escribe para declararle todo lo que por su alma ha pasado. Previamente le aclara;

Yo nunca he hecho caso de lo que he visto, creyendo fuera mi imaginación la que me representaba ciertas imágenes, aunque las tales dejaban siempre en mi alma humildad, amor, confusión--al ver mis miserias--, arrepentimiento y, sobre todo, agradecimiento hacia ese Dios lleno de bondad y misericordia, que así se manifestaba a mi alma”.

Juanita le confiesa que desde los siete ańos, más o menos, nació en su alma una devoción muy grande a la Sma. Virgen. Le contaba todo lo que le pasaba, y Ella le hablaba. Sentía su voz dentro de mí misma clara y distintamente. La Virgen le aconsejaba y le decía lo que debía hacer para agradar a N. Seńor. Juanita pensaba que eso era lo más natural, y jamás se le ocurrió decir lo que la Sma. Virgen le decía.

También le comenta que desde que hizo la Primera Comunión, N. Seńor le hablaba después de comulgar. Escribe Juanita:

“Me decía cosas que yo no sospechaba y aun cuando le preguntaba, me decía cosas que iban a pasar, y sucedían. Pero yo segura creyendo que a todas las personas que comulgaban les pasaba igual, y una vez le conté a mi mamá no me acuerdo qué cosa de lo que N. Seńor me dijo. Entonces me dijo lo dijera al Padre Colom, pero a mí me daba vergüenza”.

A los catorce ańos, cuando estaba enferma en cama, Nuestro Seńor le habló y le dio a entender lo abandonado y sólo que pasaba en el tabernáculo. Él le dijo que lo acompańara. Entonces le dio la vocación, pues le dijo que quería que su corazón fuera sólo para Él, y que fuera carmelita. Desde ese momento pasaba el día entero en una íntima conversación con N. Seńor, y se sentía feliz en pasar sola.

Muy bien distinguía la voz de la Madre Sma. y la del buen Jesús. tomé un alfiler y grabé con él en mi pecho estas letras: J.A.M.-- "Jesús, Amor mío".

Relata Juanita:

“Una vez tenía una duda; se la pregunté a la Sma. Virgen, pero oí otra voz muy diferente a las que oía, que siempre me ha quedado grabada. Esta voz no me aconsejó bien y me dejó muy turbada. Entonces invoqué con toda mi alma a la Sma. Virgen y Ella me contestó que el demonio me había respondido y que, en adelante, siempre le preguntara si era Ella la que me hablaba. Pero nunca más sucedió lo dicho.

Como pasaba los días enteros unida a N. Seńor, las ansias de sufrir y amar crecían cada vez más. A veces sentía tanto amor que me parecía no podía vivir si se hubieran prolongado por más tiempo”.

“Una vez, en la noche, antes de dormir, cuando hacía mi examen de conciencia, N. Seńor se me representó con viveza tal que parecía lo veía. Estaba coronado de espinas y su mirada era de una tristeza tal, que no pude contenerme y me puse a llorar tanto, que el Seńor me tuvo que consolar después en lo íntimo del alma. Duró unos dos minutos, más o menos, y su rostro quedó por mucho tiempo esculpido en mi memoria, y cada vez que lo representaba como lo había visto, me sentía deshacerme de arrepentimiento por mis pecados. El amor que le tenía creía cada vez más, y todo lo que sufría me parecía poco, y me mortificaba en todo lo que podía. Una vez en que la violencia del amor me dominó tomé un alfiler y grabé con él en mi pecho estas letras: J.A.M.-- "Jesús, Amor mío". Y me hizo mal, porque me dio fatiga; pero nunca lo he dicho a nadie”.

“Otra vez, queriendo imitar a Margarita María, tomé lo que había arrojado. Los remedios los tomaba despacio para saborear su amargura. Pero todo esto lo hacía sin decirle nada a mi confesor, porque me daba vergüenza. No me acuerdo bien si después le dije que Nuestro Seńor me hablaba, pero él no le dio importancia. Solía suceder que lo que N. Seńor me pedía para mi santificación, el Padre me lo repetía después con las mismas palabras en el confesionario”.

“También una vez que rezaba unas "Ave Marías" para formarle una corona a la Sma. Virgen, desapareció todo ante mi vista y vi sobre la cabeza de mi Madre una corona toda llena de piedras preciosas que despedían rayos de luz, pero no vi su rostro. Yo creo que esto fue producido por mi imaginación, pues duró un segundo, y además deseaba saber si verdaderamente la Sma. Virgen recibía mis oraciones”.

El Seńor se le representó con su rostro lleno de tristeza y en una actitud de oración.

“N. Seńor en el Smo. Sacramento dos veces me ha manifestado, pero casi de una manera sensible, su amor. Una vez me dio a entender su grandeza y después me dijo cómo se anonadaba bajo las especies de pan. Me pasó esto en el colegio. No sé si me notarían algo después, pues una monja me preguntó algo muy significativo, que me sorprendí y turbé toda. El ańo pasado N. Seńor se me representó con su rostro lleno de tristeza y en una actitud de oración y los ojos levantados al cielo y con la mano sobre su Corazón. Me dijo que rogaba incesantemente a su Padre por los pecadores y se ofrecía como víctima por ellos allí en el altar, y me dijo hiciera yo otro tanto, y me aseguró que en adelante viviría más unida a Él. Que me había escogido con más predilección que a otras almas, pues quería que viviera sufriendo y consolándolo toda mi vida. Que mi vida sería un verdadero martirio, pero que El estaría a mi lado. Su imagen quedó ocho días en mi alma. Lo veía con una viveza tal que pasé constantemente unida a Él en su oración. A los ocho días no la vi más, y aunque después quise representármela tal como era, no pude. Quizás fue por mi culpa que la dejé de ver, pues no fui recogida después.

Después no he vuelto a ver nada especial. N. Seńor me habla, pero mucho menos. Y ahora nunca me dice nada que no sea sólo para mi alma, pues una vez le principié a preguntar muchas cosas, que no se relacionaban con mi alma. Entonces me dijo que nunca le preguntara, sino que me contentara con lo que Él me decía. Sólo dos veces me ha dicho cosas que no se han cumplido. Por eso, desconfío sea N. Seńor el que me habla. Sin embargo sus palabras siempre me dejan paz, humildad, arrepentimiento y recogimiento”.

Finalmente le pide al Padre, juzgue de todas estas cosas, y le diga que debe hacer, pues a ella se le figura que son ilusiones y fantasías de su espíritu.

Juanita siente unas ansias ardientes por contemplar a Dios, pero parece que su entendimiento se ve rodeado de tinieblas que le impiden la contemplación.

Una noche el Seńor le permitió que contemplara la infinidad divina. Estuvo una hora y cuarto. Vio con claridad la infinidad de Dios y después su pequeńez. Sacó de eso muchos frutos, porque ha estado recogida, humillada y con mucho agradecimiento hacia ese Dios que le busca a pesar de mi pequeńez. Su gran deseo es conocer a su Divino Esposo, a fin de amarle cada día más.

 


 

33 OFRENDA POR LOS SACERDOTES[920]

33.1     QUE TODOS SEAN SEGUIDORES DE JESUCRISTO SIN DOBLEZ.

Para muchos de nosotros, desde nuestros inicios como participante de la fe católica que profesamos, el sacerdote, confesor o director espiritual, es el hombre que de acuerdo con los preceptos y a los rituales de la Iglesia, intermedia entre los fieles y Dios. Es así, como él es el hombre que asume la dirección y la administración de los ritos de las celebraciones de la Iglesia, nos explica la palabra divina, se encarga de celebrar los sacramentos y en muchos casos es nuestro confesor o director espiritual.

Un signo fundamental del sacerdote es la motivación por servir a los demás, esa llama de amor viva que arde en el interior, que además le pide llevar una vida desinteresada y caracterizada por la generosidad.

Los labios del sacerdote deben guardar la ciencia, y de su boca debe salir una verdadera enseńanza. Es así, como nuestra ilusión y gran necesidad, es tener buenos sacerdotes, hombres que se la jueguen por hacer el bien, leales apóstoles de Jesucristo, bien preparados, íntegros, siempre acogedores, afables, muy cercanos y confiables. Que todos sean seguidores de Jesucristo sin doblez, que no le teman a la cruz, que estén animado para subir a lo alto del monte para ver la gloria y la honra de Dios. Hombres de oración, de recogimiento, y que guíen a sus fieles a la unión con Dios. Que no tengan miedo de hablar de Jesucristo, que no teman de guiar al rebańo al cielo. Hombres que se ofrendan. Que no miren hacia atrás. Que no se crucen de brazos. Que ayuden a cargar a Cruz del Seńor. Que vivan con fidelidad.

Por estos hombres, pidió Cristo.[921] Dios les llamó y les separo para confiárselos. En efecto, como eran Hijos de Dios, se los dio a Él. Y es así como Cristo les enseńó el misterio de que había un Padre verdadero, del cual Él es su Hijo. Entonces, en oración recomienda a la benevolencia del Padre estos hombres, que le pertenecían privilegiadamente, y que amorosamente se los dio a su Hijo para que recibiesen de Él su mensaje y fuesen sus apóstoles: los continuadores de su obra, sabiendo ahora que todo lo que le has dado viene del Padre.

Jesús les comunico las palabras que el Padre le dio y guardaron su palabra. Por eso ahora saben que todo lo que le has dado viene de Él, su filiación y su misión.

Es así, como ellos reconocen verdaderamente que Cristo vino del Padre y creen que el Padre se los envió.

Cuánto más obligados están son los sacerdotes a ser más santos que otros.

La Santa Madre Teresa de Jesús, reflexiona cuánto más obligados están son los sacerdotes a ser más santos que otros, puesto que tratan las cosas más santas, tienen a Dios en sus manos y lo hacen venir a la tierra con sus palabras, son siervos de Dios para el servicio de su Iglesia y tanto más eficaz será su servicio cuanto con mayor templanza y discreción vivan y desarrollen su ministerio. Escribe en el libro de la Vida una experiencia llegando a comulgar:

Llegando una vez a comulgar, vi dos demonios con los ojos del alma más claro que con los del cuerpo, con muy abominable figura. Paréceme que los cuernos rodeaban la garganta del pobre sacerdote, y vi a mi Seńor con la Majestad que tengo dicha puesto en aquellas manos, en la Forma que me iba a dar, que se veía claro ser ofendedoras suyas, y entendí estar aquella alma en pecado mortal. żQué sería, Seńor mío, ver vuestra hermosura entre figuras tan abominables? Estaban ellos como amedrentados y espantados delante de Vos, que de buena gana parece que huyeran si Vos los dejarais ir. Diome tan gran turbación, que no sé cómo pude comulgar y quedé con gran temor, pareciéndome que si fuera visión de Dios, que no permitiera su Majestad viera yo el mal que estaba en aquella alma. Díjome el mismo Seńor que rogase por él, y que lo había permitido para que entendiese yo la fuerza que tienen las palabras de la consagración, y cómo no deja Dios de estar allí por malo que sea el sacerdote que las dice, y para que viese su gran bondad, cómo se pone en aquellas manos de su enemigo, y todo para bien mío y de todos. Entendí bien cuán más obligados están los sacerdotes a ser buenos que otros, y cuán recia cosa es tomar este Santísimo Sacramento indignamente, y cuán seńor es el demonio del alma que está en pecado mortal. Harto gran provecho me hizo y harto conocimiento me puso de lo que debía a Dios. Sea bendito por siempre jamás”.[922]

“Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo”[923]

Teresa de Jesús de Los Andes, tuvo siempre esto presente y fue consciente de la gran necesidad de orar por los sacerdotes. Ellos respondieron a la llamada de Dios y se pusieron en camino. A ninguno se le ha pedido ser perfecto, pero se les educó en la conciencia del propio pecado, tal como el hijo pródigo, que decidió retornar de sus faltas y experimentar así el gozo de la reconciliación con el Padre y de su gran misericordia.

Enseńaba Benedicto XVI: “Ciertamente la fragilidad y las limitaciones humanas no son obstáculo, para que los sacerdotes nos ayuden a hacernos cada vez más conscientes de que tenemos necesidad de la gracia redentora de Cristo. Recordemos la experiencia de san Pablo, que declaraba: “Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo”[924] En el misterio de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, el poder divino del amor cambia el corazón del hombre, haciéndole capaz de comunicar el amor de Dios a los hermanos. A lo largo de los siglos muchísimos hombres y mujeres, transformados por el amor divino, han consagrado la propia existencia a la causa del Reino. Ya a orillas del mar de Galilea, muchos se dejaron conquistar por Jesús: buscaban la curación del cuerpo o del espíritu y fueron tocados por el poder de su gracia. Otros fueron escogidos personalmente por Él y llegaron a ser sus apóstoles”.[925]

Hoy más que nunca, sabemos de la gran necesidad de rezar por los sacerdotes, especialmente ante las dificultades. Y de este modo, ayudarle a santificarles y que vivan en una constante unión con Dios.

Enseńaba el Papa Benedicto XVI: “El sacerdote, representa a Cristo, el Enviado del Padre, es su presencia, continúa su misión a través de la ‘palabra’ y el ‘sacramento’, que son los dos pilares fundamentales del servicio sacerdotal"[…]"cada sacerdote sabe que es un instrumento necesario para la acción salvífica de Dios, pero sigue siendo un instrumento. Esto debe hacer más humildes y generosos a los presbíteros en la administración de los sacramentos, en la observancia de las normas canónicas, y también en la profunda convicción de que su misión es asegurar que todas las personas, unidas a Cristo, puedan ofrecerse a Dios como hostia viva, santa, agradable a Él".[926]

Rezar y sustentad a nuestros sacerdotes, especialmente en las dificultades.

Los párrafos que dejo a continuación corresponden a las notas del Diario y de las Cartas de Santa Teresa de Los Andes, donde nos encomienda sobre todo rezar y apoyar a nuestros sacerdotes, especialmente en las dificultades, que hoy son muchas, para que sean cada vez más pastores según el corazón de Dios.

33.2     OFRECIMIENTO POR LOS SACERDOTES, PARA QUE SE SANTIFIQUEN.

Escribe Teresa en su Diario, su ofrecimiento por los sacerdotes, para que se santifiquen:

“Jesús mío, te lo ofrezco por mis pecados y por los pecadores y el Santo Padre y sacerdotes. Me uno a tu abandono en el Calvario”.[927]

“Seńor, si a Ti te place, que se tupan más las tinieblas de mi alma, que no te vean. No me importará, porque quiero cumplir tu voluntad. Quiero pasar mi vida sufriendo para reparar mis pecados y los de los pecadores. Para que se santifiquen los sacerdotes. No quiero ser feliz yo, sino que Tú seas feliz”.[928]

 “Hoy no pude comulgar, porque estuve enferma esta mańana. ˇOh, qué hambre tengo de Jesús! Le amo, pero no siento la dulzura de su amor. No le veo. No importa. Se lo ofrezco a Jesús por mis pecados, por los de los pecadores y por la santificación de los sacerdotes”.[929]

El fin de la carmelita es rogar por los sacerdotes

“Le mostré a la M. Izquierdo mi libreta, y le llamó la atención el fin que tenía -por la santificación de los sacerdotes-, en mis acciones; pues no sabía que el fin de la carmelita es rogar por los sacerdotes, ya que ella es también sacerdote. Siempre al pie del altar ha de recibir la sangre de Jesús y derramarla por sus oraciones a todo el mundo. [930]

Estoy enferma. No puedo comer nada. Ayuno. Estoy feliz. Qué bueno es mi Jesús que me da su Cruz. Soy feliz. Así le demuestro mi amor. Además, los zapatos me lastiman. No me quejaré para ofrecérselo a la Virgen. Estoy sola. No comulgo, pero estoy en la cruz y en ella está Jesusito. Vivo, pues, en permanente comunión. Jesús, te doy gracias por la cruz. Cárgala más, pero dame fuerza, amor. Sé que soy indigna de sufrir, Jesús, contigo. Perdóname mis ingratitudes. Apiádate de los pecadores. Santifica a los sacerdotes”.[931]

Te ofrezco mis sufrimientos por mis pecados […] por la santificación de los sacerdotes.

“Ya no puedo más. Si Jesús no me sostuviera, no sé qué haría, pues pasaría todo el día sin hacer nada, tendida. Paso con fatigas. Un dolor de cabeza que veo todo de diversos colores. Dios mío, hágase tu voluntad y no la mía. Te ofrezco mis sufrimientos por mis pecados, por los pecadores, por la santificación de los sacerdotes”.[932]

“Hace ocho días que estoy en el Carmelo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera el amor divino, que hay momentos creo no voy a resistir. Quiero ser hostia pura, sacrificarme en todo continuamente por los sacerdotes y pecadores”.[933]

Penitencia para consolar a N. Seńor, para reparar los pecados de nosotras […] y para rogar por los Sacerdotes.

“żQuieres que te diga una mortificación que cuesta harto? Es rezar en la noche un cuarto de hora con los brazos en cruz; y también, si no te hace mal, levantarse de la cama, ponerse en el suelo de rodillas con las manos debajo de las rodillas -duele harto-, y rezar tres Padre nuestros. Tenemos que hacer penitencia para consolar a N. Seńor, para reparar los pecados de nosotras, del prójimo, y para rogar por los Sacerdotes”.[934]

“Me hace tanto bien, y en ella pude apreciar, una vez más, todo el encanto de la vida carmelitana. Créame que en todas mis acciones tengo presente el fin de la carmelita: los pecadores, los sacerdotes […] si Él quiere y le place, quiero pasar mi vida entera en este estado de sequedad por los pecadores y por los sacerdotes”.[935]

Lo ofrecí a N. Seńor por los pecadores y sacerdotes.

“Sentí el dolor más horrible. Pero lo ofrecí a N. Seńor por los pecadores y sacerdotes”.[936]

“Entré en una asociación que se llama "La Reparación Sacerdotal", en la que se reza por los sacerdotes que tanto necesitan. Esta es una devoción carmelitana, pues la carmelita se sacrifica por los sacerdotes; y esto fue lo que me movió a ingresar a ella.[937]

“Por una parte me siento atraída al Carmen por vivir completamente una vida de oración y de unión con Dios, separada por completo del mundo. También me atrae por su austeridad y por su fin, que es rogar por los pecadores y sacerdotes. Lo que me encanta es que la Carmelita se sacrifica en el silencio, sin que vea los frutos de su oración y sacrificio”.[938]

El fin de la carmelita -que es rezar por los sacerdotes para que se santifiquen

El sacrificio de esta vida tiene atractivos especiales para mí; y más aún cuanto que todo lo que sufre en su espíritu y en su corazón permanece en el silencio, sin que ninguna criatura lo comprenda. Sólo lo sabe Dios […] Uno de los fines más importantes de la carmelita -que es rezar por los sacerdotes para que se santifiquen, y por los pecadores para que se conviertan- no puede ser mejor. La carmelita se santifica a sí misma para santificar a todos los miembros de la Iglesia.[939]

“El fin que se propone es muy grande: rogar y santificarse por los pecadores y sacerdotes. Santificarse a sí misma para que la savia divina se comunique, por la unión que existe entre los fieles, a todos los miembros de la Iglesia. Ella se inmola sobre la cruz, y su sangre cae sobre los pecadores, pidiendo misericordia y arrepentimiento. Cae sobre los sacerdotes santificándolos, ya que en la cruz está con Jesucristo íntimamente unida. Su sangre está, pues, mezclada con la divina.[940]

La carmelita es hermana del sacerdote. Ambos ofrecen una hostia de holocausto por la salvación del mundo.

“Mucho le agradecería me enviara una amplia explicación de la Reparación Sacerdotal; pues, aunque ya pertenezco a ella, sin embargo, no me lo han explicado muy bien. Y yo, como deseo ser carmelita -la cual se propone rogar por los sacerdotes-, tengo verdaderos deseos de llenarme por completo del espíritu de reparación, ya que creo le agradará a N. Seńor, pues sufre tanto por las ofensas de aquellos que, llamados a ser sus verdaderos e íntimos amigos, muchas veces lo olvidan y lo olvidan. ˇCuántas veces no he sentido en el fondo de mi alma, al ver sacerdotes indignos de tal nombre, mucha pena! Y mucho tiempo atrás ofrecía una vez a la semana, la comunión y la Misa para rogar y reparar por ellos”.

“Yo, que he de permanecer siempre al pie del tabernáculo, me esforzaré -se lo aseguro- por consolar a N. Seńor por las ofensas de sus ministros. La carmelita es hermana del sacerdote. Ambos ofrecen una hostia de holocausto por la salvación del mundo. Así pues santificase a sí misma para que la sangre del divino Prisionero que recibe ella en su alma por estar siempre más unida a Él, circule por los demás miembros del cuerpo de Cristo. En una palabra, santificase a sí misma para santificar a sus hermanos”.[941]

Quiero ser hostia por los sacerdotes y pecadores.

“Me olvido de que estoy en la tierra. El Carmelo es un cielo. Mamacita querida, ruegue por su carmelita que mucho lo necesita. Pídale a N. Seńor que mi vida sea un cántico de amor y alabanza. Quiero ser hostia por los sacerdotes y pecadores”.[942]

“Tu intención particular han de ser los sacerdotes y los pecadores. No dejes ningún día tu oración, aunque sea sólo por la mańana cuando vayas a misa, no importa que no sea la hora entera. Tu intención particular han de ser los sacerdotes y los pecadores”.[943]

“N. Santa Madre recomienda esta mirada amorosa al Esposo de nuestra alma. Míralo sin cansarte, Isabelita, dentro de tu cielito; y pídele, cuando le mires, te dé las virtudes que te hagan hermosa a sus divinos ojos. Consuélalo con tus lágrimas y acarícialo, que esto a Él le encanta. Pídele por la Iglesia, por los sacerdotes y por las almas pecadoras”.[944]

“Con la Santísima. Virgen he arreglado que sea mi sacerdote, que me ofrezca en cada momento por los pecadores y sacerdotes, pero bańada con la sangre del Corazón de Jesús”.[945]

 

 


 

34    CAMINO A LOS ALTARES, CRONICA DEL PROCESO DE CANONIZACIÓN.

34.1         AL ABRAZO DEL PADRE.

Todavía no hace el ańo que Jesús la ha "robado", y ya su alma, acrisolada y purificada al máximo por el amor, está madura. Escribió por entonces: "Soy la persona más dichosa. No deseo nada, porque mi ser entero está saciado en Dios – Amor".[946]

Durante la cuaresma de 1920, Sor Teresa debió sentirse muy enferma; pero no dio importancia a su mal, Llegó así hasta el viernes santo, hasta que su maestra la notó afiebrada. Era tarde. El mal – un violento tifus – había minado ya su frágil organismo. Durante su enfermedad, se pudo comprobar su aquilatada virtud. Jamás molestó por nada. Siempre estaba bien. Sólo se sabía de sus dolores y malestar cuando era interrogada por los médicos. La comunidad hizo lo humanamente posible por devolverle la salud. Pero inútilmente. El fruto – ella misma lo dijo – estaba ya maduro.

El 12 de abril de 1920, a las 7:15pm, fue a gozar plenamente y sin velos de Dios la que ya en vida había experimentado que fuera de Él no hay felicidad posible; que sólo El basta. Contaba con 19 ańos y 9 meses de edad y 11 meses de carmelita y subió a lo alto del monte, para gozar para siempre de la “Gloria y la Honra de Dios.

Para una carmelita la muerte no tiene nada de espantable. Va a vivir la vida verdadera. Va a caer en brazos del que amó aquí en la tierra sobre todas las cosas. Se va a sumergir eternamente en el amor.

 

34.2     LA CONVICCIÓN DE QUE ELLA YA ES SANTA Y QUE DEBE INICIARSE EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN.

Tiene mucha fama de santa

A los 27 ańos de su muerte, el ańo 1947, a Juanita Fernandez Solar, de nombre religioso Sor Teresa de Jesús para no confundirla con Teresa de Jesús, la Santa Carmelita de Ávila, las monjas y los padres le llaman Teresa de Los Andes.

Juanita, que es Sor Teresa, ya tiene mucha fama de santa, y se ha dicho que ella entró santa al Carmelo. También corre la voz que hace muchos favores y la gente de la Ciudad de Los Andes y la Ciudad de San Felipe que está cerca, visitan el Carmelo y van a rezarle a Sor Teresa, le piden muchas asistencias. Las Madres están asombradas, el clero de Los Andes también y les preguntan a las monjas por qué viene cada día más gente, ellas dicen que “constantemente vienen a nuestro Monasterio a dar gracias por los favores que se le atribuyen”. Se le pedía de todo, me confesó una hermana del Carmelo, algunos pedían consejos para que Sor Teresa les concediera favores. A veces, sentían que no tenían respuesta, pero no perdían el entusiasmo. También me dijo que algunas monjas les decían a los devotos, que el Seńor sabe bien lo que cada uno necesita, y quizá pedían por su salud, pero se le concedía la oportunidad de atender a otros enfermos o se recibía otro bien, como un buen trabajo.

 Así se corre la voz en todo el país, y comienza un gran peregrinaje de las ciudades cercanas. También van en peregrinación desde Santiago, la Capital que está a 70 km. Había un solo un bus al día y tardaba dos horas. También viajaban en tren que hacía un largo recorrido para llegar. Un viejo devoto me contó que comenzó a ir en el ańo 1950: tomaba el tren muy temprano, tenía que hacer un trasbordo, y llegaba a las 11 de la mańana, rezaba y regresaba en el mismo tren que salía desde Los Andes por la tarde y finalmente llegaba a su casa en Santiago después de las 9 de la noche. Hoy el viaje desde Santiago se hace en 45 minutos. Le pregunté por qué iba tanto, y seguía en su avanzada edad visitando la cripta del Santuario. Me confesó algo: “tenía un gran temor a una situación, no le pedí que acabara con el problema, le pedí tener más valor, y me hizo un gran regalo, porque tuve muchos obstáculos en mi vida y todos los pude superar, y aquí me tiene, anciano y muy autovalente”.

Hacia el ańo 1926, aparece un libro con una biografía de Juanita Fernández: “Un lirio del Carmelo”.  En él se aportan datos importantes de su vida y se dan a conocer algunas de las cartas y textos de su Diario. Después, dado el interés en conocerla, se imprime una segunda edición el ańo 1931, pero, en esta edición se incluye un llamado de dos frailes carmelitas Ernesto de Jesús y Silverio de Santa Teresa, pidiendo se rece para que Juanita sea algún día proclamada santa. Ya se había proclamado santa en el ańo 1925 a otra joven carmelita, Teresita de Lisieux y se conocían las cartas de Sor Isabel de la Trinidad, carmelita descalza de edad parecida, y que hoy también es santa. Hay tendencia a compararlas, pero cada una como las estrellas, brillan por su propia luz.

Es así como, ante tanta fama, la gente comienza a llamar a Sor Teres “santita del cielo”, y muchos comienza a afirmar —con certeza—, que se han recibido milagros; por tanto, esta fe con la que Sor Teresa les asiste hace que cada vez más gente peregrine al Monasterio donde, desde el 17 de octubre de 1940, se ha hecho la exhumación de los restos e inhumación en el coro del mismo Monasterio.

Entre los devotos de Sor Teresa de Jesús de los Andes existió, desde el comienzo la convicción de que ella ya era santa, por los muchos los milagros que se le comenzaron a atribuir desde su muerte. Hasta el día de hoy, y son muchos los que, de todo Chile y más allá de sus fronteras, aseguran que la intervención de Sor Teresa de Jesús de Los Andes les han alcanzado múltiples gracias y favores desde el mismo instante en que ella partió al cielo.

También se han mencionado, y dejada constancia en el Monasterio del Espíritu Santo, favores de su hermana Rebeca Fernandez Solar, que siguiendo los pasos de Teresa, el 23 de noviembre de 1920 había ingresado al Carmelo, con el nombre de Sor Teresa del Divino Corazón. Ella también partió al cielo el 31 de diciembre de 1942, con fama de santidad.

Y así, muchas personas, que la conocían como otras que de ella nada sabían, fueron dejando en el Monasterio conmovedores testimonios de curaciones de enfermedades y otros favores.

Pero, además de lo anterior, la prensa nacional comenzó a editar diversas crónicas sobre lo que estaba sucediendo, como también se comentaba en los Medios de Comunicación, en programas especiales. Todo esto fue creando una necesidad, en los devotos, las monjas y sacerdotes para que se iniciara el proceso que la llevase a la beatificación, que comenzó el 20 de marzo de 1947 y que culminó el 4 de marzo de 1971.

Camino al altar.

En el ańo 1976 la Santa Sede decide que se enriquezca el proceso diocesano mediante el proceso llamado “cognitionis”, no obstante son cuatro las etapas en un proceso de Canonización, que en síntesis es:

a)                 Primero etapa ser Siervo de Dios.

Este trámite lo inicia el Obispo diocesano y el Postulador de la Causa que piden iniciar el proceso de canonización y se presenta a la Santa Sede un informe sobre la vida y las virtudes de la persona.

b)                Segunda etapa, ser nombrada Venerable.

Esta parte del camino comprende cinco etapas: Proceso sobre la vida y las virtudes del Siervo de Dios. Proceso de los escritos. La tercera etapa la Congregación para las Causas de los Santos nombra al Relator de la Causa y este elabora el documento denominado "Positivo". En este documento se incluyen, además de los testimonios de los testigos, los principales aspectos de la vida, virtudes y escritos del Siervo de Dios. La cuarta etapa es la Discusión de la "Positio". Este documento, una vez impreso, es discutido por una Comisión de Teólogos consultores, nombrados por la Congregación para las Causas de los Santos. La quinta etapa es el Decreto del Santo Padre. Si la Congregación para las Causas de los Santos aprueba la "Positio", el Santo Padre dicta el Decreto de Heroicidad de Virtudes. El que era Siervo de Dios pasa a ser considerado Venerable.

Mientras el proceso avanzaba, crecía la impaciencia, en todo Chile, para que con prontitud fuera declarada —oficialmente— santa. Entre los ańos 1970 y 1986, ańo que es ya “Venerable”, la prensa en diferentes crónicas, da a conocer la vida de Juanita Fernandez Solar y se leen titulares como  “Sor Teresa de Los Andes: Diecinueve ańos bastan para vivir en santidad” (Diario Austral, ańo 1980), “Sor Teresa de Los Andes próxima a ser beatificada” (El Mercurio, ańo 1980), “La Santa de Los Andes a la espera de un altar” (La Estrella, Valparaíso  1980).  Y así la fama de santidad fue aumentando, incluso trascendiendo el ámbito nacional. En la vecina ciudad de Mendoza (Argentina), por poner un ejemplo, se hablaba de ella y cuando sus ciudadanos venían de vacaciones a Chile, pasaban interesados a visitar el Monasterio de los Andes.

En 1980 los obispos chilenos en visita “ad limina” (Roma) piden al Papa Juan Pablo II acelerar las causas de Teresa de Los Andes. La acogida es buena, porque ya en enero de 1982 viaja a Chile el carmelita Postulador General, Simeón Fernández, con el propósito de conocer el país y el ambiente en que Juanita había hecho su vida.

El 3 de diciembre de 1985, se pronuncian favorables a la heroicidad de las virtudes de Juanita nueve teólogos que estudian el caso en El Vaticano.

El 22 de marzo de 1986, el Papa Juan Pablo II firma el decreto de reconocimiento y aprobación de la heroicidad de las virtudes de Teresa de Los Andes. Desde ese momento, Teresa goza oficialmente del título de “Venerable”.

c)                 Tercera etapa, Beato o Bienaventurado.

Esta parte es mostrar al "Venerable" a la comunidad como modelo de vida e intercesor ante Dios. Para que esto pueda ser, el Postulador de la Causa deber probar ante la Congregación para las Causas de los Santos la fama de santidad del Venerable, la realización de un milagro atribuido a la intercesión del Venerable. Después de estos pasos y con los antecedentes anteriores, el Santo Padre aprueba el Decreto de Beatificación.

El 4 de diciembre de 1985, al día del pronunciamiento favorable a la heroicidad de Sor Teresa de Jesús de los Andes, ocurre un incendio en Santiago que acelerará la beatificación de Teresa. Es curado milagrosamente por su intercesión el bombero Héctor Uribe Carrasco, después de recibir una descarga eléctrica y ser diagnosticado de “muerte cerebral”.

El 3 de abril de 1987 el Papa Juan Pablo II procede a beatificar, en el Parque O’Higgins de Santiago de Chile, a Sor Teresa de Los Andes. Este ańo se trasladan las Carmelitas Descalzas de Los Andes al nuevo monasterio de Auco acompańadas de miles de peregrinos, llevando los restos de Teresa a la pequeńa capilla, transitoriamente, mientras se construye el Santuario de Auco.

d)                Cuarta etapa, Santo o Santa.

En esta parte, se requiere la aprobación de un segundo milagro que haya sucedido en una fecha posterior a la Beatificación y el Santo Padre, con los antecedentes anteriores, aprueba el Decreto de Canonización.

En diciembre de 1992, se produjo otro milagro que es atribuido a la Beata Teresa de los Andes; se trataba de una nińa ahogada, Marcela Antúnez, que se recuperó gracias a su intercesión en diciembre de 1992. Con este suceso, se aceleró el proceso y Juan Pablo II firma el decreto de Canonización.

El 21 de marzo de 1993, Teresa de Los Andes es canonizada en la Basílica de San Pedro de Roma, por el Papa Juan Pablo II, con la asistencia de más de cinco mil chilenos que peregrinaron hacia allí. Por otra parte, se estima en ciento sesenta mil las personas que acudieron al santuario de Auco, que fue construido expresamente, después de la beatificación, para honrar a Santa Teresa de los Andes, primera Santa Chilena y la primera carmelita en ser elevada a los altares en América Latina.

El 6 de octubre del ańo 2004, el Papa Juan Pablo II inauguró y bendijo una gran imagen de Teresa en mármol, en el exterior de la basílica San Pedro.

34.3     SUS MILAGROS

El milagro en la fe cristiana.

En la tradición cristiana y en otras tradiciones religiosas, el milagro está universalmente presente. Ocupa en ellas un lugar de realce y en su singularidad es reconocido como “normal” por los creyentes. Como la fe es la lente necesaria para captar a Dios y su acción en la creación, también lo es para descubrir su intervención en la historia y por tanto en el milagro. Frente al milagro, los incrédulos buscan inútilmente explicaciones, ya que son incapaces de elevarse a su nivel o de entender que Dios puede obrar maravillas. Naturalmente, la fe no crea el acontecimiento, pero lo lee e interpreta según una óptica propia: consciente de que Dios actúa en la creación y en cada uno de los seres, en la historia y en cada uno de sus momentos, el creyente capta su presencia activa en alguna obra, momento y acontecimiento de mayor intensidad, la juzga maravillosa y la presenta como milagrosa.

Con todo, para un proceso de beatificación y canonización, ha sido para la Iglesia algo muy importante conservar la necesidad de los milagros en la causa de los santos, porque constituyen una confirmación divina de la santidad de la persona invocada, al margen de posibles errores humanos.

Y para probar la autenticidad de un hecho prodigioso, se requiere pasar por el rigor de un proceso de investigación y de un meticuloso examen científico y teológico. Se considera milagro aquel hecho que supera las fuerzas de la naturaleza, que es realizado por Dios fuera de lo común de toda la naturaleza creada por intercesión de un siervo de Dios o de un beato.

La investigación del milagro se lleva a cabo separadamente de aquella sobre las virtudes, el hombre se puede equivocar o engańarse, pero en el caso de los milagros, sólo Dios puede realizarlos, y Dios no engańa. En este sentido, los milagros son un signo cierto de la revelación, destinado a glorificar a Dios, a suscitar y reforzar nuestra fe, y son también, por lo tanto, una confirmación de la santidad de la persona invocada.

En el caso de Teresa de Jesús los Andes, son varios los hechos que dieron carácter de milagrosa, aunque, según los dictados de la Santa Sede, bastaba probar uno sólo para que alcanzara su beatificación.

El bombero resucitado.

Uno de los milagros más conocidos adjudicados a Teresa de Los Andes es el caso del "Bombero Resucitado". El día 4 de diciembre de 1985, el voluntario de la Sexta Compańía de Bomberos de Santiago, Héctor Uribe Carrasco, cayó desde una techumbre durante un incendio, recibiendo además una descarga eléctrica. Los médicos lo declararon "clínicamente muerto". Sus compańeros y su madre se encomendaron a Sor Teresa y le colocaron una reliquia de la Santa en el pecho. A los pocos minutos Héctor Uribe comenzó a tener signos vitales, sobreviviendo finalmente al accidente.

Los antecedentes del caso fueron enviados a Roma. De entre muchos milagros y favores concedidos y adjudicados a la intercesión de Sor Teresa, es éste el que el Consejo de Teólogos aprueba en el paso final del proceso y que llevó a Teresa de Jesús de Los Andes a la gloria de los altares.

La estudiante resucitada.

Otro milagro relevante es el caso de "La estudiante resucitada". El día 7 de diciembre de 1988 varias alumnas del Colegio de las Teresianas de Las Condes, en el paseo de fin de ańo escolar, se reunieron para pasar el día. La alumna Marcela Antúnez Riveros, bańándose en la piscina del estadio del Banco Chile (Santiago) sufrió asfixia por inmersión. Fue sacada del agua después de al menos 5 minutos, cianótica y sin ningún signo vital.

Mientras la sometían a las prácticas de reanimación, dos apoderados y un grupo de alumnas piden fervorosamente la intervención de la Beata Teresa de Jesús de Los Andes, y ante el asombro de los médicos de la Clínica Alemana de Santiago, que a la vista de la ficha médica temían dańo cerebral irreversible, la estudiante se recuperó rápidamente.

Por precaución la retienen más días en la clínica, saliendo de ella sin la más mínima lesión cerebral y sin traumas, siendo en los ańos posteriores una alumna destacada.

Realizado canónicamente el proceso en el Arzobispado de Santiago de Chile con las declaraciones de los testigos y de los médicos, y llevadas a Roma las actas del proceso, los médicos peritos del Vaticano declararon que la recuperación total de la nińa no tiene explicación científica; por lo que la Congregación de los Santos aprobó el milagro para proceder a su canonización.

35    EPILOGO

Era sencilla al exponer, franca y breve en sus consultas.

Tenemos el Diario y las Cartas para saber lo que Juanita escribió a sus Padres confesores y directores espirituales, pero no tenemos a la vista lo que ellos le escribieron. A través de la lectura de los escritos de Teresa de Jesús de Los Andes, tenemos una comprensión de cómo le fueron ayudando los consejos de sus directores espirituales para hacer una vida santa de cara a mejorar la vivencia de su Fe, aumentando sus virtudes, como también a entender su disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios.

El epilogo de su relación con sus confesores y directores espirituales, queda muy bien reflejado en una nota del Padre Avertano que incluyo a continuación.

Al referirse a ella dirá:

“Era sencilla al exponer, franca y breve en sus consultas. Me pidió permiso para pedir toda clase de sufrimientos por los pecadores y que le conteste yo, después de haberme manifestado sus vehementes ansias de padecer, que se pusiera más bien en las manos de Dios para lo que él quisiera hacer de ella y que nada pidiera. También recuerdo que tenía un voto de hacer lo más perfecto y el ofrecimiento de victima por los pecadores. Lo que note en sus virtudes es que todas eran en grado perfecto, sin que deliberadamente quebrantara virtud ninguna; gran fortaleza y prudencia pues nada hacía sin consultarme después de haber pedido ante luz a la Santísima. Virgen a quien siempre acudía en todo como a su propia madre; y nada, referente a virtudes, dejaba de hacer aunque le costara la vida”.[947]  (El 18 de mayo de 1919, se confesó por primera vez en el monasterio. Su confesor fue el Padre Avertano del Santísimo Sacramento, quien será su único director espiritual.)

En el ańo 1971, aparece el libro “Escritos Espirituales de un Carmelita, Sor Teresa de Los Andes” del Fr. Ángelo de la SS Trinidad, Vice-Postulador, en este libro publica tres aspectos de los cuales podemos pensar que son enseńanzas e indicaciones recibidas de sus directores espirituales.  (1971)

Apunte suelto tomado de una meditación[948]

Promesa contraída con El

La felicidad que debe resultar de esta alianza

La pureza de corazón que se debe tener

Cómo hay que agradecer el favor de Dios

Cuál es la vida que debo llevar.

Pureza:

Desprenderse   de   sí misma   de   tal manera que no tenga ya entendimiento ni ciencia, ni propia voluntad, que se despoje de su naturaleza y   muerta   a   sí misma, viva para Mí solo que soy su creador y su Dios.

Purificar el pensamiento, deseos, afecciones, dirigiéndolas hacia Mí sólo, sin permitirlos recaer jamás sobre objetos terrenos, que podrían manchar el alma.

Guardar la santa virginidad que la hace semejante a Mí y le devuelve la primitiva inocencia.

Humildad. Sin ella ninguna virtud le es agradable; la humildad es la madre de la pureza, como a su vez, la pureza es madre de la humildad, la   humildad que le comunica pureza aun cuando haya perdido la virginidad, aunque sea la virginidad un medio muy eficaz para   introducir la pureza en el alma. Hay muchas vírgenes pero no humildes en el infierno. La pureza se conserva por la humildad y se recobra por la humildad.

Copiado de la meditación[949]

Acciones interiores y exteriores con pureza de intención.

No dar ningún consejo ni orden, sin consultarlo antes con el crucifijo.

No juzgar a ninguna creatura culpable de una falta sin estar bien seguro de que en efecto es.

Las palabras sinceras,         verdaderas, graves, sin adulación. Modelo: la conversación divina.

En las comunicaciones con los iguales, ninguna familiaridad que perjudique gravemente: que aquella supere en dulzura y humildad.

Conducta dulce y humilde que sea cebo para atraer las almas a Dios. Que seas de tal manera prudente que puedas servir de norma de conducta a las personas que te rodean.

Como el ciervo sediento desea las aguas cristalinas, anhelar noche y día servir al prójimo para apagar la sed motivada por la caridad.

Te esforzarás por ser           alimento para los que tienen hambre, bebida para los sedientos, vestido para los desnudos, recreo para los cautivos, consuelo para los afligidos.

Con las personas del mundo, observar prudencia como la serpiente y al mismo tiempo temerles cual a dragones; con las almas unidas a Dios, guardar la sencillez de la paloma, amándolas como a templos vivos del Espíritu Santo.

Tabla de examen de conciencia[950]

Juanita Fernández Solar, llevaba en un cuaderno el control de su conciencia sobre los ejercicios espirituales de cada día. En cuadro hecho en el mismo cuaderno responde día a día, a las siguientes preguntas:

żHa sido mi primer pensamiento el de Dios?

żHe rezado con atención las oraciones?

Cómo ha sido mi oración?

żHe sacado de ella propósito para hoy y para toda mi vida?

żEn la Misa me posesioné bien del gran misterio que se celebraba?

żEstuve conservo después de la Comunión?

żQué propósitos saqué de la oración?

żLos cumplí?

żHe andado en la presencia de Dios, adorándolo y dándole gracias?

żFormé intención de hacerlo todo por amor?

żHe sido fiel en cumplir mis deberes?

żQué me dijo el Seńor en la Comunión?

żMe mortifiqué en el almuerzo?  

żCumplí mis deberes en la tarde? ·

żHice mi oración?

żEstuve fervorosa y recogida?

żHe vivido en la presencia de Dios y preparándome para la comunión de mańana?

żCuántos actos he dirigido a Jesús?

żHe hecho mis oraciones de la noche de rodillas y el examen de conciencia?

żHa sido mi último pensamiento en         Dios    ?

żQué resolución formé en la oración?

żQué me reprocha hoy el Seńor?

żCuántas veces he rabiado?

żCuántas veces he contestado de mal modo?

żCuántas veces me he mirado al espejo?

żHe tratado de no mirar fijamente?

żHe sido obediente con espíritu de fe.?

żHe sido orgullosa?

A cada una de estas preguntas, da sus respuestas sinceras y nos enseńa cómo trabajo Santa Teresa de Los Andes para dominarse, acercarse a Dios y santificarse.

 


 

36     POESIA DEDICADA A SANTA TERESA DE LOS ANDES

Escrita por la hermana María Paulina de la Inmaculada ocd.

Cuando fuimos invitado en febrero de 2019 por las Carmelitas Descalza de Valladolid, cuarta fundación de Santa Teresa de Jesús, para dar un Taller sobre la vida de Santa Teresa de Los Andes, basado en mi libro “Una Llamada que se hace Existencia”, la hermana María Paulina de la Inmaculada, de 93 ańos nos regaló una hermosa poesía dedicada a la Canonización de Santa Teresa de Los Andes en su Canonización. La había escrito en  1993.

La hermana María Paulina tenía guardada esta poesía para una ocasión especial y con mucha generosidad hizo que esta ocasión fuera justamente este día que fue dedicado a reflexionar sobre nuestra joven Santa Carmelita chilena.

 

TERESA DE LOS ANDES

Teresa, hermanita mía

benjamina del Carmelo,

que con pasos de gigante

has ido tan pronto al cielo;

żde qué medios te has valido

para llegar tan ligero?

por ese camino “angosto”

dando pasos tan ligeros?

Cuento ya con muchos ańos,

mis deseos si son sinceros,

pero tropiezo, hasta caigo,

vuelvo a coger el sendero

y con lentitud pasmosa

emprendo el viaje primero

Dime hermanita querida:

que has hecho? yo te lo ruego,

quiero ser santa, -aunque oculta-

tal vez el camino yerro.

T/        ''Si te fijas, en mi vida

no encontrarás nada nuevo;

''AMAR, ORAR, SUFRIR''

mi lema firme, primero;

es el mismo que otros santos han vivido con denuedo,

la herencia que nuestros Padres

han legado a su Carmelo,

lo que ellos han practicado y        nos sirve de modelo.

Pero la cruz no la escojas,

Jesús se encarga de hacerlo;

crucifica, este dolor

si amas•••es dulce, ligero.

żSabes cuál es la mejor

Y que dio en mi fruto luego?

“aceptar su Voluntad

sin regateos, con esmero,

haciendo viva mi

más, en los casos extremos.

Aquí no hay elección,

el amor es más sincero,

así en comunión perpetua

con este AMOR verdadero,

el alma en Dios se transforma

y vive en la tierra el cielo

Este será mi “mensaje”

Pues a ti todo el Carmelo,

Pues esa CUMBRE tan alta

Que miráis con tanto anhelo,

Se escala con FE y AMOR

Y a ella se llega con “Vuelo”

 


 

Revisión de textos:

Anita Núńez Farías

 

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

M. GABRIELA  Un Lirio en el Carmelo, CARMELO  de Los Andes, ańo 1926

SANTA TERESA DE LOS ANDES  Diario y Cartas, EDICIONES CARMELO TERESIANO, Santiago de Chile, 1995

MÁLAX, Fr. Félix  Santa Teresa de Los Andes, Vivencias y pensamientos, EDITORIAL MONTE CARMELO, (2Ş Edición) Burgos, 1998

Fr. ANGELO de la SS Trinidad (Vice-Postulador), Sor Teresa de Los Andes, Escritos Espirituales, Santiago de Chile 1971

RISOPATRÓN, Ana María  Teresa de Los Andes, Teresa de Chile, Ediciones PAULA, Santiago de Chile, 1989 

DONOSO BRANT, Pedro

Juanita Fernandez Solar-Santa Teresa de Los Andes, “Que hizo esta Joven para ser Santa”

Juanita Fernandez Solar-Santa Teresa de Los Andes, “La Experiencia de Dios”.

Juanita Fernandez Solar-Santa Teresa de Los Andes, “Camino al Carmelo y su Ideal de Carmelita”.

Juanita Fernandez Solar-Santa Teresa de Los Andes, “Una Vida que se hace existencia”.

Juanita Fernandez Solar-Santa Teresa de Los Andes, “Dirección Espiritual y Ofrenda por los Sacerdotes”.

 

 

 



[1] San Juan de la Cruz, Grafico del “Monte de Dios”

[2] (Sal 27,4)

[3] San Juan de la Cruz, CB 1,22

[4] (Sal 23,6)

[5] (Sal 26,8)

[6] (Jn 14,1-2).

[7] San Juan de la Cruz, CB 14,3 

[8] Jn 14, 2

[9] San Juan de la Cruz, Llama B, 13

[10] Sal 3,5

[11] Sal 15,1

[12] Sal 24,3

[13] San Juan de la Cruz, CB 36,7

[14] San Juan de la Cruz, 2S 11,9

[15] Cant 2,4

[16] Teresa de Los Andes. Recé mis oraciones y leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, en que expone los grados del amor de Dios, y habla de oración y contemplación. Carta 56 Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919

[17] (Ex 34, 2-3).

[18] (2S 7,3)

[19] (1 S5, 7)

[20] (Llama de Amor B 3,28).

[21]   Ańo 1964

[22] Teresa escribió su Diario en sencillas libretas y cuadernos.

[23] Diario, 1 Resumen y división de mi vida.  Ańos 1900 - 1914

[24] Homilía de canonización de Teresa de Los andes

[25] A su prima Ana Rucker Solar. Convento del Espíritu Santo, 17 de febrero, 1920. Diario y Cartas 160

 

[26] Resumen y división de mi vida Ańos 1900   1914. Diario y Cartas 1

[27] Deseos de comulgar. El colegio: 1906. Diario y Cartas 3

[28] Mi Primera Comunión: 11.9.1910. Diario y Cartas 6

[29] El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan. Diario y Cartas 7

[30] En el internado. Mi vocación: 1915-1918. Diario y Cartas 11

[31] La meditación, espejo del alma .9 de enero 1917. Diario y Cartas 18

[32] A Amelia y Luisa Vial Echeńique. Convento del Espíritu Santo, 26 de nov.1919. Diario y Cartas 151

[33] Diario; Mi Primera Comunión: 11.9.1910

[34] A su hermano Luis. 11 de junio de 1919

[35] Carta 25, a la Madre Angélica Teresa, 22 de febrero de 1918

[36] Carta 30, a la Madre Angélica Teresa, Santiago, 25 de junio 1918

[37] Diario, 1, Resumen y división de mi vida Ańos 1900 - 1914

[38]  Regalona de todos. Mi familia. Diarios y Cartas, 2

[39] Diario 1. Resumen y división de mi vida

[40] Diario; 1. Resumen y división de mi vida

[41] Diario; 1. Resumen y división de mi vida

[42] Diario 4. Murió mi abuelito: 1907.

[43] Diario; 4. Murió mi abuelito: 1907.

[44] Diario; 4. Murió mi abuelito: 1907.

[45] Diario 5. Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión

[46] Diario 5; Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión

[47] Diario; Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión

[48] Diario 3. Deseos de comulgar. El colegio: 1906

[49] Diario; 3. Deseos de comulgar. El colegio: 1906

[50] A Marta Hurtado Valdés. Santiago, 14 de marzo de 1918. Diario y Cartas 26

[51] A su hermana Rebeca. Cunaco. 20 de noviembre de 1918. Diarios y Cartas 43

[52] María es mi Madre y mi todo. Vocación para Carmelita. 2 cartas del Carmen, Diarios y Cartas 33

[53] A Elisa Valdés Ossa. Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919. Diarios y Cartas 101

[54] A su padre. Bucalemu, 22 de marzo de 1919. Diario y Cartas, 71

[55] A Carmen de Castro Ortúzar. 21 de febrero de 1918. Diario y Cartas, 24

[56] A Carmen de Castro Ortúzar. 21 de febrero de 1918. Diario y Cartas 24

[57] A Elena Salas González. Diarios y Cartas 40

[58] Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago. 13 de diciembre de 1918. Diario y Cartas 45

[59] A su padre. Santiago, 13 de agosto de 1918. Diario y Cartas 35

[60] A su padre. Santiago, 25 de septiembre de 1917. Diario y Cartas 15

[61] Al P. Julián Cea, C.M.F. 14 de agosto 1919. Diario y Cartas, 122

[62] A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 5 de septiembre de 1917. Diario y Cartas 14

[63] Cfr. A Elena Salas González, enero 1919. Diario y Cartas. 51

 

 

Mi querida Elena:

 

[64] Sólo Dios no cambia. Incomprensión. Diarios y Cartas, 25

[65] A la Madre Angélica Teresa, Algarrobo, 1° de febrero de 1918. Diario y Cartas 20

[66] A Elena Salas González, enero, 1919. Diario y Cartas 51

[67] A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 5 de septiembre de 1917. Diario y Cartas, 14

[68] Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916. Diario y Cartas 16

[69] Al P. Julián Cea, C.M.F. Santiago, abril de 1919. Diario y Cartas, 83

[70] A su hermana Rebeca. 4 de octubre de 1919. Diario y Cartas 140

[71] A su hermana Rebeca, 12 de junio de 1919. Diario y Cartas 108

[72] A su hermana Rebeca, 12 de julio de 1919. Diario y Cartas, 114

[73] A Carmen De Castro Ortúzar. Convento del Espíritu Santo, mayo de 1919. Diario y Cartas 105

[74] A Elisa Valdés Ossa, 17 de agosto. Diario y Cartas 125

[75] A Graciela Montes Larraín. Convento del Espíritu Santo, septiembre 14 de 1919. Diario y Cartas, 130

[76] Al P. Artemio Colom, S.J. Convento del Espíritu Santo, 20 de julio de 1919. Diarios y Cartas, 116

[77] A la Madre Angélica Teresa. Cunaco, 12 de abril de 1919. Diario y Cartas 80

[78] A Elena Salas González. Diario y Cartas, 40

[79] Al P. José Blanch, C.M.F. San Pablo, 3 de febrero de 1919. Diario y Cartas 58

[80] A Ofelia Miranda y Rosa Mejía S. 30 de agosto, Santa Rosa, 1919. Diario y Cartas 128

[81] A su padre, Convento del Espíritu Santo, 28 de septiembre 1919. Diario y Cartas 132

[82] Diario 1. Resumen y división de mi vida

[83] Diario 5. Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi   Primera Comunión

[84] Diario 5. Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión

[85] Diario 6. Mi Primera Comunión: 11.9.1910

[86] Al P. José Blanch, C.M.F. 10 de noviembre, 1919

[87] Carta a mi hermana Rebeca.15 de abril de 1916.

[88] Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.

[89] Sufrir con alegría Carta a la Virgen.  Esposa de Jesús Mi único amor.

[90] Sufrir con alegría Carta a la Virgen.  Esposa de Jesús Mi único amor.

[91] Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Necesito de Jesús, lunes 27-8.1917, Diario y Cartas 32.

[92] Al P. José Blanch, C.M.F. 10 de noviembre, 1919. Diario y Cartas 145

[93] A una amiga. Diario y Cartas 138

[94] Sufrir con alegría Carta a la Virgen.  Esposa de Jesús Mi único amor.

[95] Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916. Diario y Cartas 16

[96] Sufrir con alegría Carta a la Virgen.  Esposa de Jesús Mi único amor.

[97] Diario; Mi Primera Comunión: 11.9.1910

[98] A su hermano Luis. 11 de junio de 1919

[99] Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera. 2 de octubre 1917. Diario y Cartas 34

[100] Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera. 17 de octubre de 1917. Diario y Cartas 34

[101] Diario 10. Hoy cumplo 15 ańos. Julio 13, 1915

[102] Diario 13. Entrevista decisiva:12.9.1915

[103] Diario 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918

[104] . Resumen y división de mi vida. Ańos 1900   1914

[105] Santa Teresa de Jesús, Castillo Interior,1,1

[106] A su hermano Luis. 11 de junio de 1919. Diario y Cartas 107

[107] Santa Teresa de Jesús, Libro Vida, 8,9

[108] Santa Teresa de Jesús, Libro Vida, 8, 5

[109] A Herminia Valdés Ossa. Santiago, 26 de marzo de 1919. Diario y Cartas 75

[110] Me voy del Colegio. Resoluciones. Diario y Cartas 43

[111] Soy muy orgullosa. Medio me enojé. Diario y Cartas 27

[112] Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión. Diario y Cartas 5

[113] Resoluciones para 1917. Diario y Cartas 20

[114] Es tan rico dar... Amor propio. Diario y Cartas, 26

[115]  La meditación, espejo del alma, 2 de enero 1917. Diario y Cartas, 18

[116] Es tan rico dar... Amor propio. Diario y Cartas, 26

[117] A Elisa Valdés Ossa. San Pablo, 2 de marzo, 1919. Diario y Cartas 67

[118] Ofrenda por los pecadores. Diario y Cartas, 21

[119] Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Diario y Cartas 31

[120] Es tan rico dar... Amor propio. Diario y Cartas, 26

[121] Ofrenda por los pecadores. Diario y Cartas, 21

[122] Ofrenda por los pecadores. Diario y Cartas, 21

[123] Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo, Capitulo III, El Espíritu y La Iglesia

[124] LG 40

[125] Denzinger 833 Can. 23

[126]Mt 6,12

[127] LG 40

[128] Mt 5,48

[129]Francesa y una de las figuras más preclaras de la espiritualidad laical dominicana de principios del XX

[130] 1 Pe 4,10

[131] LG 41.

[132]  LG 41.

[133]  LG 41.

[134] LG 41

[135] Jn 13, 1-16

[136] 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.

[137] 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.

[138] Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.

[139] Diario 30. Ud. no ha cometido ningún pecado mortal. Quiero servir a los demás, ser santa

[140] Carta 113 A su madre, Los Andes, 4 de julio, 1919

[141] Carta 114 A su hermana Rebeca, 12 de julio de 1919

[142] 40. A Elena Salas González

[143] Salmo 24, 3-4

[144] Cfr. Mt 14, 30-31

[145] 1Tes 3,12-1)

[146] 1Tes 4,4-7

[147] Mt 5, 13.14

[148] Mt 7,18

[149] Diario 28. En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la Trinidad

[150] Diario 29. "Vamos a la soledad" (Retiro de 1917)

[151] Diario 30. Quiero servir a los demás, ser santa

[152] Carta 52. A la Madre Angélica Teresa

[153] Carta 58 Al P. José Blanch, San Pablo, 3 de febrero de 1919

[154] Carta 116 Al P. Artemio Colom, Convento del Espíritu Santo, 20 de julio de 1919

[155] A su Padre, Santiago, 25 de marzo de 1919. Diarios y Cartas, 73

 

[156] A su padre, 27 de julio de 1919.Diarios y Cartas, 73

[157] A su hermano Ignacio, 13 de mayo de 1919, Diarios y Cartas. 99

[158] Sufrir con alegría Carta a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único amor. Diarios y Cartas, 15

[159] A Elena Salas González, Diarios y Cartas, 40

[160] A su madre, Seńora Lucía Solar de Fernández, marzo 23 de 1920. Diario y Cartas, 163

[161] A su hermano Luis, Cunaco, 14 de abril de 1919. Diarios y Cartas 81

[162] A su madre, 2 de agosto de 1919. Diarios y Cartas, 120

[163] A su Padre, 26 de noviembre, 1919. Diarios y Cartas 150

[164] A Amelia y Luisa Vial Echeńique, 26 de Nov 1919. Diarios y Cartas 151

[165] A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 26 de marzo de 1919. Diarios y Cartas 76

[166] Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión. Diarios y Cartas, 5

[167] Sufrir con alegría Carta a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único amor.

[168] Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Diarios y Cartas, 31

    

[169] A su hermano Luis, 14 de abril de 1919. Diarios y Cartas 81

[170] Sufrir con alegría Carta a la Virgen, Esposa de Jesús Mi único amor. Diarios y Cartas, 15

[171] A su padre, Santiago, 18 de septiembre de 1918. Diario y Cartas, 38

[172] Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión

[173] Lourdes. María, Madre llena de dulzura febrero 12 de 1917. Diario y Cartas, 19

[174] żBuena copia de Jesús? Hija de María. Diario y Cartas, 22

[175] María es mi Madre y mi todo Vocación para Carmelita. 2 cartas del Carmen. Diario y Cartas 33

[176] Diario, 17. Retiro de 1916

[177] Diario 21. Ofrenda por los pecadores

[178] Diario 29. "Vamos a la soledad" (Retiro de 1917)

[179] Diario 48. La ida a Los Andes, 11 de enero de 1919.

[180] Carta 55 A la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 28 de enero de 1919

[181] Carta 71 A su padre, Bucalemu, 22 de marzo de 1919

[182] Carta 74 Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 26 de marzo de 1919.

[183] Carta 76 A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 26 de marzo de 1919

[184] Carta 80 A la Madre Angélica Teresa. Cunaco, 12 de abril de 1919

[185] Carta 83 Al P. Julián Cea, C.M.F. Santiago, abril de 1919

[186] Carta 90 Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 28 de abril de 1919

[187] Carta 148 A su madre

[188] Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, epígrafe capítulo 6

[189] Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, 6,6

[190] Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, 30,7

[191] Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, 33,12

 

[192] Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, 36,11

[193] Teresa de Jesús, Camino de Perfección (E) 71,1

[194] Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Diarios y Cartas 32

[195] Teresa de Jesús, V Moradas 1,5

[196] Teresa de Jesús, Libro Vida 22, 6

[197] Teresa de Jesús, Camino de Perfección 26,1

[198] Al P. Julián Cea, C.M.F. Convento del Espíritu Santo, 14 de agosto 1919, Diarios y Cartas, 122

[199] A la Madre Angélica Teresa, San Pablo, 22 de enero de 1919, Diarios y Cartas, 52

[200] Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919 Diarios y Cartas, 56

[201] Santa Teresa de Jesús, Libro Vida, 14,3

[202] Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919 Diarios y Cartas, 56

[203] A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 7 de septiembre de 1918. Diarios y Cartas, 36

[204] A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 7 de septiembre de 1918. Diarios y Cartas, 36

[205] Al P. Julián Cea, C.M.F. San Pablo, 27 de febrero de 1919. Diarios y Cartas, 66

[206] Al P. José Blanch, C.M.F.J.M.J.T. San Pablo, 3 de marzo de 1919. Diario y Cartas, 68

 

[207]  Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J. Santiago, 24 de abril 1919. Diarios y Cartas 87

[208] San Juan de la Cruz CB 22,3

[209] San Juan de la Cruz CB, 9,6

[210] San Juan de la Cruz CB 12,12

[211] CB 14,30.    

[212] Diario 49, La oración que he tenido.

[213] Diario 48, La Ida a los Andes, 11 de enero 1919

[214] Carta 52, a la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 22 de enero de 1919

[215] Carta 56, al P. Artemio Colom, S.J., 29 de enero 2019

[216] San Juan de la Cruz, 2S 5,4; 2S9,11; 2S9-10; CB26,3)

[217]CB 3,5

[218] Carta 58, al P. José Blanch, C.M.F, 3 de febrero de 1919

[219] Carta 109, a Elisa Valdés Ossa, 13 de junio de 1919

[220] Carta 139, a una amiga, Primera semana de octubre 1919

[221] Cfr. N11,1

[222] Mt 11.25

[223] Carta 101 A Elisa Valdés Ossa, Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919

[224] Teresa de Jesús, V 25, 17

[225] Mt.5, 48

[226] Teresa de Jesús V 14, 2 

[227] San Juan de la Cruz AV

[228] San Juan de la Cruz AV 28

[229] San Juan de la Cruz AV.29

[230] 1Ş Tes.5, 18

[231] Madre Teresa de Calcuta

[232] San Juan de la Cruz

[233] Padre Pío

[234] San Francisco de Asís

[235] Santa Margarita María Alacoque

[236] San Agustín de Hipona

[237] San Agustín de Hipona

[238] cfr. F, 57. San Francisco de Asís.

[239] Carta 107, A su hermano Luis, 11 de junio de 1919

[240] Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen

[241] Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen

[242] Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen.

[243] Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen.

[244] Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen Esposa de Jesús Mi único amor.

[245] Diario, 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.

[246] Carta 106 A su madre, J.M.J.T. 9 de junio 1919

[247] Carta 121, A Inés Salas Pereira, Agosto de 1919

[248] Carta 145, Al P. José Blanch, 10 de noviembre, 1919

[249] Diario 32. Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Cuando comulgo siento ánimo. Necesito de Jesús

[250] Carta 145, Al P. José Blanch, 10 de noviembre, 1919

[251] Cántico, 9,6

[252] CB 12,12

[253] CB 14,30.    

[254] Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María

[255]  Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María

[256]  Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María

[257] Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J., Santiago, 24 de abril 1919

[258] Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J., Santiago, 24 de abril 1919

[259] Diario 5. Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión

[260] Diarios 1. Resumen y división de mi vida. Ańos 1900 - 1914

[261] Diario 6. Mi Primera Comunión: 11.9.1910

[262] Diario 7. El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan.

[263] Diario 7. El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan.

[264] Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María

[265] Diario 11. En el internado. Mi vocación:

[266] Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen Esposa de Jesús Mi único amor.

[267] Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca. 15 de abril de 1916.

[268] Diario, 17. Retiro de 1916

[269] 1 Cor 15, 24-28

[270] Juan 12,26

[271] Diario 17. Retiro de 1916

[272] Diario 21. Ofrenda por los pecadores

[273] Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María

[274] Diario 23. Más unida a Jesús.

[275] Diario 34. Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera

[276] Diario 35. Jesús me hace falta. octubre [1917]

[277] Diario 36. ˇCuándo seré carmelita! Todo con María

[278] Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas

[279] Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas

[280] Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas

[281] Diario 38. No tener voluntad propia. Disponibilidad

[282] Diario 40. żCómo no me vuelvo loca por Jesús?

[283] Diario 40. żCómo no me vuelvo loca por Jesús?

[284] Diario 42. ˇHablad, Seńor! (Retiro de 1918)

[285] Diario, 17. Retiro de 1916

[286] Diario, 17. Retiro de 1916

[287] Lc 21,28

[288] Jn 16,33

[289] Mc 6,50

[290] Mc 10,40

[291] Mt 9,22

[292] Sal 56,5

[293] Cf. GS 12,1; 24,3; 39,1

[294] CIC 358

[295] Gn 1,26

[296] Mc 12,28-30

[297] Mt 16,26

[298] 1Jn 5,3 2Jn 6

[299] Jn 15,10

[300] 1Jn 4,7

[301] Jn 10,14ss

[302] Jn 14,21 Jn 14,23 15,9s; Jn 17,26.

[303] Cron 22,29

[304] 2 Re 23,23

[305] Rom 12,11

[306] Gn 1,26-27

[307] Sal 8,10

[308] 1Jn 3,1

[309] Sal 23,24

[310] San Juan de la Cruz, 2S 7,3

[311] Lc 15,2

[312] Mt 1,21

[313] Mt 26, 28

[314] San Agustín, Sermón 169, 11, 13

[315] 1 Jn 1, 8-10

[316] Rom 5,20

[317] Sal 116,12

[318] Sal 41,5

[319] Sal 51, 3-4

[320] Sal 25,7

[321] 6M, 10,7

[322] Lc 7, 36-46

[323] Salmos 86,15

[324] Juan 11,2

[325] Lc 23,41

[326] Salmo 51,6

[327] Lucas 7,46

[328] 1 Cor 15, 24-28

[329] Juan 12,26

[330] Juan 12,25

[331] Lucas 4, 26-27

[332] Mt 11,25

[333] Diario, 29, Retiro de 1917

[334] Diario,29. agosto 8 1917

[335] Mt 26, 41

[336] Jn 1,43

[337] Jn 21, 16.19

[338] Lc 5, 27-28

[339] Mc 10,21

[340] Mt 12,50

[341] Mt 6,19-20

[342] Cfr. Mt 23,1-26 Mc 7,20ss

[343] Mt 11,29

[344] Diario 42. ˇHablad, Seńor! Retiro de 1918, agosto 7

[345] Dt 10, 12-13

[346] Dt 10,14

[347] Efesios 2,4

[348] Cfr. Jn 1, 18; Heb 1, 1 s.

[349] Jn 14, 8 s.

[350] Efesios 2, 5-6

[351] Gn 1,126-27

[352] Mt 22,37

[353] Mt 16, 25-26

[354] Dt 11,1

[355] M7 7,21

[356] Mt 5,48

[357] Mt 19,21

[358] Hebreos 5,8

[359] Filipenses 2,8

[360] Mateo 6, 19-21

[361] Fip.1:21

[362] Col. 3,1

[363] I Timoteo 1:16

[364] Judas 21

[365] Jn 6, 57

[366] Jn 6, 51

[367] Jn 6,49-50

[368] Jn 6,51

[369] Jn 6, 56

[370] Jn 6,51

[371] Mc 8,31

[372] Jn 19,5

[373] Rom 5,8

[374] Rom 3,25-26

[375] Mc 1,14

[376] Juan 17,3

[377] Diario 56. "Retiro del Espíritu Santo", Pascua de 1919.

[378] Jn 14,6

[379] Jn 14,7

[380] Mt 10, 17-20

[381] Ef. 1, 6-7

[382] Diario, 49. Oración que he tenido

[383] San Juan de la Cruz, Dichos de Luz N° 19

[384] San Juan de la Cruz, Dichos de Luz N° 28

[385] San Juan de la Cruz, Noche oscura 13,10

[386] Subida del Monte Carmelo, 3 16,2

[387] Subida del Monte Carmelo 3,16

[388] Libro de la Vida 3,15

[389] Llama de amor, (B) 3

[390] Llama de amor viva, (B), 3,3

[391] Llama de amor viva, (B), 3,5

[392] Marcos 8, 34

[393] Noche oscura 2,8

[394] Marcos 14, 32

[395] Marcos 14, 34

[396] Mc 12, 29-31

[397] Sermón 161; P.L., XXXVIII, 882 sqq

[398] 6Moradas 1,4

[399] 7Moradas 2,1

[400] 6Moradas, epígrafe capítulo 4

[401] Libro Vida, capitulo 33

[402] Diario 57, "Retiro 1919 septiembre"

[403] Juanita leyó Historia de un Alma a los 14 ańos. 

[404] Jn 5,24

[405] Teresa de Jesús, excl. 15, 3

[406] Salmo 33, 20-22

[407]  Colosenses 3,14

[408] 2 Subida del Monte Carmelo 6,4

[409] 3 Subida del Monte Carmelo 30,4

[410] 2 Subida del Monte Carmelo 29,6

[411] 2 Subida del Monte Carmelo 6,1

[412] Subida del Monte Carmelo capítulo 2

[413] Cantico espiritual (B) 3,5

[414] Subida del Monte Carmelo 1 5

[415] Gálatas 2,20

[416] Lc 24,32

[417] Lc 24,28

[418] Mt 6,9

[419] Libro Vida, 8,5

[420] Papa Francisco, audiencia 1 de mayo de 2013.

[421] G et S, 19

[422] Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.

[423]   Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.

[424] Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.

[425] Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca

[426] Marcos, 5, 19

[427] Marcos 10, 29

[428] Marcos 10,21

[429] Libo Vida 8,2

[430] Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca

[431] Rut 2,20

[432] Lc 10,2

[433] Jn 15,4

[434] Diario 18. La meditación, espejo del alma, enero 1917

[435] Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida 34,8

[436] Diario 21. Ofrenda por los pecadores. Nuevo Director

[437] Diario 21. Ofrenda por los pecadores. Nuevo Director

[438] Mt 26,12

[439] 1 Cor 11,24

[440] EF 5, 2

[441] Diario 21. Ofrenda por los pecadores

[442] Mt 26,39

[443] Carta 40. A Elena Salas González, Querida Elena:

[444] Carta 42. A su madre, Cunaco, 14 de noviembre de 1918

[445] 1Jn 4,8

[446] Is 62,5

[447]   Diario 21. Ofrenda por los pecadores. Nuevo Director

[448] Santa Teresa de Jesús, 6 Moradas, 8,8

[449] abril 1917

[450] junio 1917.

[451] Llama de amor 3,30

[452] Llama de amor 3,31

[453] Libro Vida, 26, 3-4

[454] Libro Vida 13,16.

[455] Libro Vida, 30,4

[456] Libro Vida V 26,3

[457] 6 Moradas 1,3,11

[458] Diario 32. Agotada. Enferma. Necesito de Jesús

[459] Camino de Perfección 26,1-5.

[460] Diario 32 Hoy, 30 de agosto [1917],

[461] Diario 32. Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Lunes 27 [8.1917].

[462] Diario 32. Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Lunes 27 [8.1917].

[463] Jn 14,23

[464] Mt 26,39

[465] Septiembre 1° [1917].

[466] Jn 7,37

[467] 14 [9.1917].

[468] Sant 1,17

[469] Diario 34. Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera

[470] Octubre 24 [1917].

[471] Diario 36. ˇCuándo seré carmelita! Noviembre 2 [1917].

[472] Cfr. 3Moradas 2,9-11

[473] Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas

[474] Noviembre 16 [1917].

[475] Noviembre 21 [1917].

[476] 2 Cor 1, 3-6.

[477] Flp 4,13

[478] Diario 39. Pena. Sequedad. Abandono. Tinieblas

[479] Diario 39. Pena. Sequedad. Abandono. Tinieblas

[480] Jn 12,24

[481] CIC 2731

[482] Abril [1918].

[483] Abril 10 [1918].

[484] Diario 41. Fiat. Sufrimientos sin lágrimas

[485] Julio 11 [1918].

[486] Julio 21 [1918]. 

[487] Diario 43. Me voy del Colegio. Resoluciones

[488] Diario 45. Una amiga que es un ángel. Agosto 25 [1918].

[489] 14 de octubre [1918].

[490] 47. żReligiosa del Sdo. Corazón o Carmelita;

[491] Diario 48. La ida a Los Andes, 11 de enero de 1919.

[492] Diario 49. Oración que he tenido

[493] 15 de enero 1919.

[494] 27 de enero [1919].

[495] 28 de enero [1919].

[496] Febrero 10 [1919].

[497] Lc 18, 19

[498] cf. Jn 8, 19; 14, 7

[499] cf. Jn 14, 9.11

[500] Lc 10,39

[501] Fundaciones, 5,2

[502] Diario, 50. Consejos del Padre Cea

[503] Salmo 116, 12

[504] Diario 52. Sin recogimiento ni fervor

[505] Teresa de Jesús, Camino, 28,4

[506] Teresa de Jesús Camino 28,4.

[507] Teresa de Jesús, Camino 28,4.

[508] 24 [2.1919].

[509] 25 [2.1919].

[510] 26 de febrero [1919].

[511] 27 de febrero [1919].

[512] Dichos de Luz y Amor Nş. 99, San Juan de la Cruz.

[513] Ap. 3,20

[514] 4 de abril [1919].

[515] 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo <desde 7.5.1919>

[516] 17 de mayo 1919.

[517] Taller con las Carmelitas Descalzas de Puangue

[518]  (cf. Ap. 4,1)

[519] Lc 2,13s

[520] CIC N° 1024

[521] Sal 113, 4-9

[522] Mt 5, 12

[523] Mt 6, 20

[524] Hb 4, 14

[525] Ef. 4, 2-7

[526] 1 Mac 3,18; 4,10.24.55; 2M 7,11 Mt 21,25 Lc 15,18 Lc 15,21 Lc 15, Lc 15, Lc 15,

[527] Salmo 19,2

[528] Salmo 115,16

[529] Is 6,3 1R 8,27

[530] Salmo 73, 25

[531] Ap. 4,1

[532] Jn 6,51-58

[533] Cfr. Lc, 12-35-37

[534] Jer 20, 7

[535] Carta a mi hermana Rebeca. 15 de abril de 1916.Carta 16

[536] Santa Teresa de Los Andes, “Diario y Cartas” 5° edición, Ediciones Carmelo Teresiano, 1995

[537] Murió mi abuelito. 1907. Diarios. 4

[538] El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan. Diario 7

[539] En el internado. Mi vocación. Jueves, 2 de septiembre 1915. Diario 11

[540] Entrevista decisiva, 12 de septiembre de 1915 Diario 13

[541] Vacaciones de septiembre 1915. Diario 14

[542] Sufrir con alegría Carta a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único amor. Diario 15

[543] Carta a mi hermana Rebeca. 15 de abril de 1916. Diarios 16

[544] Retiro de 1916. Diario 17

[545] Lourdes. María, Madre llena de dulzura, 12 de febrero de 1917. Diario 19

[546] Resoluciones para 1917. Diarios 20

[547] żBuena copia de Jesús? Hija de María. Diario 22

[548] En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la Trinidad. Diario 28

[549] "Vamos a la soledad". Retiro de 1917. Diario 29

[550] Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las Carmelitas. Diario 31

[551] A la Madre Angélica Teresa. 5 de septiembre de 1917. Cartas 14

[552] Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Cuando comulgo siento ánimo. Diario 32

[553]ˇCuándo seré carmelita! Todo con María. 31 de octubre 1917. Diario 36

[554] Romano Guardini

[555] Con Jesús a la conquista de las almas. 16 de noviembre 1917.Diario 37.

[556] Con Jesús a la conquista de las almas. 23 de noviembre 1917.Diario 37.

[557] A Carmen de Castro Ortúzar. Algarrobo, 16 de enero de 1918. Carta 19

[558] . A Carmen De Castro Ortúzar. Algarrobo, 12 de febrero de 1918. Carta 23

[559] A la Madre Angélica Teresa. Algarrobo, 22 de febrero de 1918. Carta 25

[560] Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918. Carta 27

[561] A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 25 de junio 1918. Carta 30

[562] Fiat. Sufrimientos sin lágrimas. Está resuelta mi salida del colegio. Julio 2108. Diario 41

[563] ˇHablad, Seńor! ( Retiro agosto 7 de 1918.Diario 42

[564] Me voy del Colegio. Resoluciones, 12.8.1918. Diario 43

[565] A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 14 de octubre de 1918. Carta 39

[566] A Elena Salas González, noviembre de 1918. Carta 40

[567] A su hermana Rebeca, Cunaco. 20 de noviembre de 1918. Carta 43

[568] La ida a Los Andes. 11 de enero de 1919. Diario 48

[569] A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 22 de noviembre de 1918. Carta 44

[570] A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 1ş de enero de 1919. Carta 46

[571] Enero de 1919 żReligiosa del Sagrado Corazón o Carmelita. Diario 47

[572] A una amiga, 11 de enero de 1919. Carta 47

[573] A Elena Salas González. Enero, 1919. Carta 51

[574] Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919. Carta 56

[575] A Elena Salas González, San Javier 1919. Carta 60

[576] Al P. José Blanch, San Pablo, 3 de febrero de 1919. Carta 58

[577] A la Madre Angélica Teresa, febrero 9 de 1919. Carta 59

[578] A Elena Salas González, San Javier 1919. Carta 60

[579] A la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 20 de febrero de 1919. Carta 62

[580] A una amiga. Carta 65

[581] Al P. Julián Cea San Pablo, 27 de febrero de 1919. Carta 66

[582] Al P. José Blanch. San Pablo, 3 de marzo de 1919. Carta 68

[583] A su padre. Bucalemu, 22 de marzo de 1919. Carta 71

[584] Al P. Julián Cea. Santiago, 25]de marzo de 1919. Carta 72

[585] A su Padre. Santiago, 25 de marzo de 1919. Carta 73

[586] A su padre. Cunaco, 7 de abril de 1919 Mi papacito tan querido. Carta 78

[587] A Elena Salas González. Carta 82

[588] Al P. Julián Cea. Santiago, abril de 1919. Carta 83

[589] Al P. Artemio Colom, S.J. Santiago, 25 de abril de 1919. Carta 88

[590] Al P. José Blanch. Santiago, 28 de abril de 1919. Carta 90

[591] A su padre. Santiago, 1° de mayo de 1919. Carta 91

[592] Salmo 19,2

[593] Salmo 19, 6-7

[594] Jn 6, 50

[595] A su padre. 8 de mayo de 1919. Carta 94

[596] A su madre. Convento del Espíritu Santo, 8 de mayo de 1919. Carta 95

[597] A su hermano Luis. Convento del Espíritu Santo, 12 de mayo de 1919. Carta 96

[598] A su madre. 13 de mayo, 1919. Carta 97

[599] A su hermana Rebeca. Convento del Espíritu Santo. 13 de mayo de 1919. Carta 98

[600] A María Luisa Guzmán Ramírez. Carta 100

[601] A Elisa Valdés Ossa. Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919. Carta 109

[602] Hace 8 días que estoy en el Carmelo. 14 de mayo 1919. Diario 54

[603] A Herminia Valdés Ossa. Convento del Espíritu Santo, 16 de mayo de 1919. Carta 102

[604] A su hermana Rebeca. Carta 103

[605] A su madre. Convento del Espíritu Santo, mayo de 1919. Carta 104

[606] Gn 1,1.

[607] A su hermano Luis. 11 de junio de 1919. Carta 107

[608] A su hermana Rebeca. 12 de junio de 1919. Carta 108

[609] A Elisa Valdés Ossa. 13 de junio de 1919. Carta 109

[610] A su tía Juana Solar de Domínguez. 23 de junio de 1919.Carta 111

[611] A su hermana Lucía. Junio 29 de 1919. Carta 112

[612] A su madre. 4 de julio, 1919. Carta 113

[613] Mt 5,12

[614] Mt 6,20

[615] A su hermana Rebeca. 12 de julio de 1919. Carta 114

[616] A su padre. 27 de julio de 1919.Carta 118

[617] A Inés Salas Pereira. Agosto de 1919

[618] Al P. Julián Cea. 14 de agosto. Carta 122

[619] A Herminia Valdés Ossa. 17 de agosto. Carta 124

[620] A Graciela Montes Larraín. Septiembre 14 de 1919. Carta 130

[621] Retiro 1919 septiembre. Diario 57

[622] Vida de la Carmelita. Resoluciones. Diario 58

[623] Hb 4, 14

[624] Hb 9, 24

[625] CC 1024

[626] CC 1025

[627] (San Ambrosio, Expositio evangelii secundum Lucam 10,121).

[628] CC 1026

[629] A Carmen De Castro Ortúzar. 29 de septiembre de 1919. Carta 133

[630] A una amiga. 2 de octubre de 1919. 136

[631] A Graciela Montes L. y Clara Arde O. 4 de octubre, 1919.Carta 137

[632] A Amelia Montt Martínez. Octubre de 1919.Carta 141

[633] A Clara Arde Ojeda. 8 de octubre, 1919. Carta 142

[634] A su hermana Rebeca. Noviembre 16, 1919.Crata 147

[635] A su madre. Carta 148

[636] A Elisa Valdés Ossa. Carta 149

[637] A su Padre. 26 de noviembre, 1919. Carta 150

[638] A Amelia y Luisa Vial Echeńique. 26 de noviembre 1919. Carta 151

[639] A su hermana Rebeca. 2 de febrero de 1920. Carta 159

[640] A su prima Ana Rucker Solar. 17 de febrero 1920. Carta 160

[641] Flp 3, 20-21

[642] Sab 3,1. 5,15

[643] Jn 15,16

[644] Lc 9, 62

[645] Mt 8, 21-22

[646] 7. El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan.

[647] 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918

[648] Diario 1. Resumen y división de mi vida

[649] Diario 7. El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan.

[650] Diario 10. Hoy cumplo 15 ańos

[651] Diario 10. Hoy cumplo 15 ańos

[652] Diario 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918

[653] Diario 13. Entrevista decisiva:12.9.1915

[654] Diario 28. En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la Trinidad

[655] Diario 52. Sin recogimiento ni fervor. Mi diario

[656] Diario 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo, desde 7.5.1919

[657] Diario 56. "Retiro del Espíritu Santo"

[658] Diario 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo, desde 7.5.1919

[659] Diario 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo, desde 7.5.1919

[660] Teresa de Jesús, libro Vida 30,36

[661] Teresa de Jesús, 5 Moradas 4,4

[662] Teresa de Jesús, 6 Moradas 1,1

[663] Teresa de Jesús 7 Moradas 1,2

[664] Teresa de Jesús 7 Moradas 4,11

[665] Retiro de soledad, 8 de agosto, Diario y Cartas, 29

[666] Retiro de soledad, 8 de agosto, Diario y Cartas, 29

[667] Carta a Graciela Montes Larraín, Diarios y Cartas, 13

[668] Diarios y Cartas, 14, 5 de septiembre de 1917

[669] Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel, Me gustan las Carmelitas, Diarios y Cartas, 31

[670] Diarios y Cartas, 35

[671] 14 de mayo de 1919. Diarios y Cartas, 101

[672] Diarios y Cartas, 28

[673] 14 de mayo de 1919. Diarios y Cartas, 101

[674] A Graciela Montes Larraín. Convento del Espíritu Santo, septiembre 14 de 1919. Diarios y Cartas, 130

[675] 14 de mayo de 1919. Diarios y Cartas, 101

[676] A Graciela Montes Larraín. Convento del Espíritu Santo, septiembre 14 de 1919. Diarios y Cartas, 130

[677] Diario, 31. Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las carmelitas

[678] Carta 25. A la Madre Angélica Teresa. Algarrobo, 22 de febrero de 1918

[679] 11 En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la Trinidad. Carta 28

[680] 12 Diario Espiritual,25. La vida. Martes mańana 7 de marzo de 1899

[681] Diario Espiritual,57. miércoles mańana, 15 de marzo de 1899.

[682] Diario Espiritual 75. La oración. Domingo a las 10 de la mańana.

[683] A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 5 de septiembre de 1917. Carta 14

[684] A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 25 de junio 1918. Carta 30

[685] A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 7 de septiembre de 1918.Carta 36

[686] A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 18 de septiembre de 1918. Carta 37

[687] A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 14 de octubre de 1918. Carta 39

[688] A una amiga Querida hermanita. Carta 65

[689] A una amiga Querida hermanita. Carta 65

[690] A Elisa Valdés Ossa. Carta 101

[691] A Elisa Valdés Ossa. Carta 149

[692] Carta 58* Al P. José Blanch, C.M.F., San Pablo, 3 de febrero de 1919

[693] Carta 63 A Ester Pellé de Serrano

[694] Carta 64 A la M. Angélica Teresa, San Pablo, 24 de febrero de 1919

[695] 13. Entrevista decisiva :12.9.1915

[696] Diario, 49. Oración que he tenido

[697] Diario,7. 8 de diciembre 1914.La Virgen y Jesús me hablan.

[698] Diario, 8. Operación de apendicitis: 30.12.1914

[699] Diario, 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918

[700] Diario, 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918

[701] Diario,12 Dolor de muelas. Votos religiosos. Visitas: 1915.

[702] Diario, 13. Entrevista decisiva. 12.9.1915

[703] Diario, 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen Esposa de Jesús Mi único amor.

[704] Diario,16. Carta a mi hermana Rebeca 15 de abril de 1916.

[705] Cartas, 12. A Graciela Montes Larraín

[706] Cartas, 13. A Graciela Montes Larraín.

[707] Diario, 21. Ofrenda por los pecadores. Nuevo Director

[708] Diario, 25. Sólo Dios no cambia. Incomprensión en la Historia. Junio 27, 1917.

[709] Diario, 28. En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la Trinidad, Julio 13 1917.

[710] Diario, 31. Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las carmelitas

[711] Diario, 32. Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Necesito de Jesús. Septiembre 1° [1917].

[712] Diario. 33. Vocación para Carmelita. 2 cartas del Carmen

[713] Carta 14.A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 5 de septiembre de 1917

[714] Diario, 35. El fin de la carmelita. El oficio de Marta. Jueves 18 de octubre 1917.

[715] Carta 16. A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 8 de noviembre de 1917

[716] Diario, 36. ˇCuándo seré carmelita! Todo con María

[717] Diario, 37. Con Jesús a la conquista de las almas

[718] Diario, 38. No tener voluntad propia. Disponibilidad

[719] Diario, 39. Pena. Sequedad. Abandono. Tinieblas. Santo miércoles, 1918.

[720] Carta 20. A la Madre Angélica Teresa. Algarrobo, 1° de febrero de 1918

[721] Carta 25. A la Madre Angélica Teresa. Algarrobo, 22 de febrero de 1918

[722]  Carta 27*. Al P. José Blanch, Santiago, 2 de abril de 1918

[723] Carta 29* Al P. José Blanch. Santiago, 18 de junio de 1918

 

[724] Carta 30. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 25 de junio 1918

[725] Diario 41 Sufrimientos sin lágrimas.  Está resuelta mi salida del colegio Julio 21, 1918

[726] Carta 34* Al P. José Blanch, Santiago, 21 de julio de 1918

 

[727] Carta 36. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 7 de septiembre de 1918

[728] Carta 37. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 18 de septiembre de 1918

[729] Diario 43. Me voy del Colegio. Resoluciones

[730] Diario, 46. Consejos del P. José. Penas del alma septiembre de 1918.

[731] Carta 39. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 14 de octubre de 1918.

[732] Carta 40*. A Elena Salas González

[733] Carta 45*. Al P. José Blanch. Santiago. 13 de diciembre de 1918

[734] Diario, 47. żReligiosa del Sdo. Corazón o Carmelita.

[735] Carta 46. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 1ş de enero de 1919

[736] Carta 47. A una amiga. ***  "11 de enero: día de la felicidad". 

[737] Carta 51 * A Elena Salas González Enero, 1919

[738] Diario, 48. La ida a Los Andes

[739] Diario, 50. Consejos del Padre Cea. Pacto con él

[740] Diario, 51. En comunión perpetua con Jesús

[741] Carta 52 A la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 22 de enero de 1919

[742] Carta 53* Al P. José Blanch. San Pablo, 22 de enero de 1919

[743] Carta 56. Al Padre Artemio Colom. 29 de enero 1919

[744] Carta 58* Al P. José Blanch. San Pablo, 3 de febrero de 1919

[745] Carta 62 A la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 20 de febrero de 1919

[746] Carta 63 A Ester Pellé de Serrano

[747] Carta 66* Al P. Julián Cea. San Pablo, 27 de febrero de 1919

[748] Carta 68 * Al P. José Blanch. San Pablo, 3 de marzo de 1919

[749] Carta 72* Al P. Julián Cea. Santiago, 25 de marzo de 1919

[750] A su hermana Rebeca. 12 de junio de 1919. Diario y Cartas 108

[751] A su padre. Convento del Espíritu Santo, 27 de julio de 1919. Diario y Cartas 118

[752] A su Padre, Santiago, 25 de marzo de 1919. Diario y Cartas 73

[753] A su hermano Luis. Cunaco, 14 de abril de 1919. Diario y Cartas, 81

[754] Al P. Julián Cea, C.M.F. Santiago, [25] de marzo de 1919. Diario y Cartas 72

[755] Mi devoción a la Virgen. Diario y Cartas, 5

[756] A su padre. Diario y Cartas, 85

[757] A su madre, Convento del Espíritu Santo, 18 de enero, 1920. Diario y Cartas, 157

[758] A su hermana Rebeca, 12 de junio de 1919. Diario y Cartas, 108

[759] Carta 73 * A su Padre. Santiago, 25 de marzo de 1919

[760] Carta 74* Al P. José Blanch. Santiago, 26 de marzo de 1919

[761] Carta 80 A la Madre Angélica Teresa. Cunaco, 12 de abril de 1919

[762] Carta 81 * A su hermano Luis. Cunaco, 14 de abril de 1919

[763] Carta 82*. A Elena Salas González

[764] Carta 83 Al P. Julián Cea. Santiago, abril de 1919

[765] Carta 86 A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 20 de abril de 1919

[766] Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras. Santiago, 24 de abril 1919

[767] Carta 88 Al P. Artemio Colom. Santiago, 25 de abril de 1919

[768] Carta 90 Al P. José Blanch. Santiago, 28 de abril de 1919

[769] Carta 92 A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 4 de mayo de 1919

[770] Carta 93 A su hermano Miguel. 7 de mayo de 1919

[771] Ana María Risopatrón, Teresa de Los Andes, Teresa de Chile

[772]   REVERENDA- MADRE ANGELICA TERESA, DEL SANTISIMO SACRAMENTO, Circular Necrológica, 1945, página 43

[773] Ana María Risopatrón, Teresa de Los Andes, Teresa de Chile

[774]   REVERENDA- MADRE ANGELICA TERESA, DEL SANTISIMO SACRAMENTO, Circular Necrológica, 1945, página 43

[775] Reverenda- Madre Angelica teresa, del Santísimo Sacramento, Circular Necrológica, 1945, página 43

 

[776] Carta 47, a una amiga.

[777] Carta 51.  A Elena Salas González. enero, 1919

[778] Carta N° 14

[779] Carta N° 16

[780] Carta N° 20

[781] Carta N° 25

[782] Carta N° 30

[783] Carta N° 36

[784] Carta N° 37

[785] Carta N°39

[786] Carta N° 44

[787] Carta N° 46

[788] Carta N° 48

[789] Carta N° 49

[790] Carta N° 55

[791] Carta N° 62

[792] Carta N° 64

[793] Carta N° 76

[794] Carta N° 80

[795] Carta N° 86

[796] Carta N° 92

[797] Carta 94 A su padre. Los Andes, 8 de mayo de 1919

[798] Carta 95 A su madre 8 de mayo de 1919

[799] Carta 96 * A su hermano Luis. Los Andes. 12 de mayo de 1919

[800] Carta 97 A su madre. 13 de mayo, 1919

[801] Carta 98 A su hermana Rebeca. 3 de mayo de 1919

[802] Carta 101 A Elisa Valdés Ossa. 14 de mayo de 1919

[803] Diario. 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo, mayo 1919

[804] Diario 55. Pena por la separación. Ingratitud humana. Sumida en la agonía de N. Seńor

[805] 56. "Retiro del Espíritu Santo" 29 de mayo de 1919

[806] Carta 102 A Herminia Valdés Ossa.16 de mayo de 1919

[807] Carta 103 A su hermana Rebeca

[808] Carta 104 A su madre. Convento del Espíritu Santo, mayo de 1919

[809] Carta 108 A su hermana Rebeca. 12 de junio de 1919

[810] Carta 109 A Elisa Valdés Ossa. 13 de junio de 1919

[811] Carta 111 A su tía Juana Solar de Domínguez. 23 de junio de 1919

[812] Carta 116 Al P. Artemio Colom, S.J. 20 de julio de 1919

[813] Carta 118 A su padre Convento del Espíritu Santo, 27 de julio de 1919.

[814] Carta 120 A su madre. 2 de agosto de 1919

[815] Carta 121 * A Inés Salas Pereira. Agosto de 1919

[816] Carta 122 Al P. Julián Cea, C.M.F. 14 de agosto 1919

[817] Carta 126 A su padre. Agosto de 1919

[818] Carta 127 A Elisa Valdés Ossa.28 de agosto 1919

[819] Carta 130 * A Graciela Montes Larraín. septiembre 14 de 1919

[820] Carta 132 A su padre. 28 de septiembre 1919

[821] Carta 133 A Carmen De Castro Ortúzar. 29 de septiembre de 1919

[822] Diario 58. Vida de la carmelita. Resoluciones. Septiembre de 1919.

[823] Carta 134 A Herminia Valdés Ossa. 29 de septiembre de 1919

[824] Carta 135 A su madre. 30 de septiembre, 1919

[825] Carta 136 * A una amiga. 2 de octubre de 1919

[826] Carta 138 * A una amiga

[827] Carta 141 * A Amelia Montt Martínez. Octubre de 1919

[828] Carta 142 * A Clara Arde Ojeda. 8 de octubre, 1919

[829] Carta 143 A su madre

[830] Carta 147 A su hermana Rebeca. Noviembre 16, 1919

[831] Carta 149 A Elisa Valdés Ossa

[832] Carta 150 A su Padre. 26 de noviembre, 1919

[833] Carta 151 A Amelia y Luisa Vial Echeńique. 26 de nov., 1919

[834] Carta 155 * Al P José Blanch C.M.F. Los Andes, 11 de diciembre de 1919

[835] Carta 159 A su hermana Rebeca. 2 de febrero de 1920

[836] Carta 160 * A su prima Ana Rucker Solar. 17 de febrero, 1920

[837] Carta 161 A su padre. 8 de febrero, 1920

[838] Carta 162 A su madre. 18 febrero, 1920

[839] Vida 13,14

[840] Vida 13,15

[841] Vida 25,14

[842] Vida 5,3

[843] Vida V5,11

[844] Vida 6,4

[845] Vida 8,11

[846] Cf Vida 20,21

[847] Vida 13,16

[848] Vida 38,23

[849] Cf Vida 13,16

[850] Cf Vida 13,18

[851] Cf Vida 13,18

[852] Cf Vida 13,18

[853] Vida 13,19

[854] Diario 42. ˇHablad, Seńor! (Retiro de 1918)

[855] Carta 122 Al P. Julián Cea, C.M.F. Convento del Espíritu Santo, 14 de agosto.

[856] Carta 116 Al P. Artemio Colom, S.J. Convento del Espíritu Santo, 20 de julio de 1919

[857] Diario 35. Rabias. Dudas. Jesús me hace falta El fin de la carmelita.

[858] Diario 34. Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera. 2 de octubre 1917

[859] Diario 35. Rabias. Dudas.

[860] Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J. Santiago, 24 de abril 1919

[861] Lc 15,2

[862] Mc 2,9

[863] Mc 2,17

[864] Jn 13,1

[865] Is 1,18

[866] Carta 27 Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918

[867] Santa Teresa de Jesús, Libro Vida 5,3

[868] Carta 27 Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918

[869] Carta 121 A Inés Salas Pereira, agosto de 1919

[870] Diario 3. Deseos de comulgar. El colegio: 1906

[871] Diario 6. Mi Primera Comunión: 11.9.1910

[872] Diario 12. Dolor de muelas. Votos religiosos. Visitas: 1915.

[873] Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María

[874]Diario 30. Ud. no ha cometido ningún pecado mortal. Agosto 1917

[875] Diario 30. Ud. no ha cometido ningún pecado mortal. Quiero servir a los demás, ser santa.

[876] Diario 31. Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las Carmelitas

[877] Diario 33. María es mi Madre y mi todo. Vocación para Carmelita. Septiembre 7, 1917.

[878] Diario 34. Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera.

[879] Diario 35. Rabias. Dudas. Jesús me hace falta El fin de la carmelita.

[880] Diario 41. Fiat. Sufrimientos sin lágrimas.

[881] Diario 38. No tener voluntad propia. Disponibilidad

[882] Carta 27, Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918

[883] Diario 40. żCómo no me vuelvo loca por Jesús? 25 de mayo 1918

[884] Diario 42. ˇHablad, Seńor! (Retiro de 1918)

[885] Diario 46. Consejos del P. José. Penas del alma

[886] Diario 50, Consejos del Padre Cea. Pacto con él

[887] Diario 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo. Mayo 1919

[888] Carta 27, Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918

[889] Carta 59 A la Madre Angélica Teresa, San Pablo, 20 de febrero de 1919

[890] Carta 59 A la Madre Angélica Teresa, San Pablo, 20 de febrero de 1919

[891] Carta 56, Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919

[892] Carta 155 Al P José Blanch. Los Andes, 11 de diciembre de 1919

[893] Carta 27, Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918

[894] Carta 29, Al P. José Blanch, Santiago, 18 de junio de 1918

[895] Carta 32, Al P. José Blanch, 15 de julio de 1918

[896] Carta 34. Al P. José Blanch, Santiago, 21 de julio de 1918

[897] Carta 45. Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago. 13 de diciembre de 1918

[898] Carta 53. Al P. José Blanch, San Pablo, 22 de enero de 1919

[899] Carta 58 Al P. José Blanch, San Pablo, 3 de febrero de 1919

[900] Carta 68 Al P. José Blanch, San Pablo, 3 de marzo de 1919

[901] Carta 74, Al P. José Blanch, Santiago, 26 de marzo de 1919

[902] Carta 89, Al P. José Blanch, 28 de abril de 1919

[903] Carta 145 Al P. José Blanch, 10 de noviembre, 1919

[904] Carta 155 Al P José Blanch. Los Andes, 11 de diciembre de 1919

[905] Carta 59 A la Madre Angélica Teresa, San Pablo, 20 de febrero de 1919

[906] Carta 68 Al P. José Blanch, San Pablo, 3 de marzo de 1919

[907] Carta 66 Al P. Julián Cea, San Pablo, 27 de febrero de 1919

[908] Carta 72 Al P. Julián Cea, Santiago, 25 de marzo de 1919

[909] Carta 83 Al P. Julián Cea, Santiago, abril de 1919

[910] Carta 122 Al P. Julián Cea, C.M.F. Convento del Espíritu Santo, 14 de agosto.

[911] Carta 56, Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919

[912] Carta 87, Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J. Santiago, 24 de abril 1919

[913] Carta 31. Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las Carmelitas

[914] Carta 56, Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919

[915] Monasterio de San José, que luego se trasladó a la Av. Pedro de Valdivia.

[916] Carta 88 Al P. Artemio Colom, S.J. Santiago, 25 de abril de 1919

[917] Carta 116 Al P. Artemio Colom, S.J. Convento del Espíritu Santo, 20 de julio de 1919

[918] Santo Padre san Juan de la Cruz

[919] Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J. Santiago, 24 de abril 1919

[920] Del taller de “Santa Teresa de Los Andes, ofrenda por los sacerdotes”  

[921] Jn 17

[922] Vida 32,23

[923] 2 Co 12, 9

[924] 2 Co 12, 9

[925] Mensaje del Papa Benedicto XVI 7 de mayo de 2006

[926] Audiencia del Papa Benedicto XVI, 5 de mayo 2010

[927] Diario, 31. Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las Carmelitas, lunes 20 [8.1917].

[928] Diario 34. Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera

[929] Diario 35. Rabias. Dudas. Jesús me hace falta El fin de la carmelita. Jueves 23 de octubre [1917].

[930] Diario 35. Rabias. Dudas. Jesús me hace falta El fin de la carmelita. Jueves 24 de octubre [1917].

[931] Diario 36. ˇCuándo seré carmelita! Todo con María. Octubre 31 [1917].

[932] Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas, noviembre 16 [1917].

[933] Diario 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo. 14 de mayo de 1919.

[934] Carta 13. A Graciela Montes Larraín

[935] Carta 16. A la Madre Angélica Teres, Santiago, 8 de noviembre de 1917

[936]Carta 34. Al P. José Blanch, Santiago, 21 de julio de 1918

[937] Carta 36. A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 7 de septiembre de 1918

[938] Carta 45. Al P. José Blanch, Santiago. 13 de diciembre de 1918

[939] Carta 56 Al P. Artemio Colom, 29 de enero 1919

[940] Carta 58* Al P. José Blanch, San Pablo, 3 de febrero de 1919

[941] Carta 63 A Ester Pellé de Serrano

[942] Carta 97 A su madre, 13 de mayo, 1919

[943] 101 A Elisa Valdés Ossa, Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919

[944] Carta 109 A Elisa Valdés Ossa, 13 de junio de 1919

[945] Carta 162 A su madre, Convento del Espíritu Santo, 18 febrero, 1920

[946] A Herminia Valdés Ossa, junio, 22 de 1919. Diario y Cartas 110

[947] Teresa de Los Andes-Teresa de Chile. Ana María Risopatrón.

[948] Libro Escritos Espirituales de un Carmelita, Sor Teresa de Los Andes (1971) pág.156

[949]   Libro Escritos Espirituales de un Carmelita, Sor Teresa de Los Andes (1971), pág156.

[950] Libro Escritos Espirituales de un Carmelita, Sor Teresa de Los Andes (1971), pág158 y 159.