JUANITA FERNANDEZ SOLAR

SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES

 

“El Camino a lo Alto del Monte,

Donde Mora la Gloria y Honra de Dios”.

 

PEDRO SERGIO DONOSO BRANT

 

Auto edición de Pedro Sergio Donoso Brant.

www.caminando-con-jesus.org

www.santateresadelosandes.cl

 

ISBN: 978-956-401-043-4

 

Propiedad Intelectual: Trámite, Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio Gobierno de Chile Año 2019

 

Centenario de la partida al Cielo de Santa Teresa de Jesús de Los Andes 1920-2020

 

Se permite copiar los artículos, solo para estudio, se prohíbe lucrar, es necesario indicar las fuentes y el autor.

 

 

 

INDICE

1         AGRADECIMIENTOS. 7

2         PRESENTACIÓN.. 8

3         PROLOGO.. 10

3.1     “DONDE MORA EN ESTE MONTE LA GLORIA Y HONRA DE DIOS”. 10

4         VIDA DE SANTA TERESA DE LOS ANDES. 15

4.1     CRONOLOGÍA DE LA VIDA Y SU CAMINO A LOS ALTARES. 15

5         “UNA LLAMADA QUE SE HACE EXISTENCIA”. 21

5.1     UN LIRIO EN EL CARMELO.. 21

6         SE HA CONVERTIDO EN "LUZ EN EL SEÑOR”. 24

7         EL CAMINO DE SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES. 31

7.1     ALCANZO LA SANTIDAD SIENDO MUY JOVEN.. 31

7.2     VIDA DE TERESA DE JESÚS LOS ANDES. 32

8         LA FAMILIA. 36

9         DIVINA Y HUMANA. 44

9.1     ALEGRE, BROMISTA, COMUNICATIVA Y DEPORTISTA.. 44

9.2     HA INTEGRADO LO DIVINO Y LO HUMANO PERFECTAMENTE. 47

9.3     PROFUNDAMENTE AFECTIVA.. 48

10      LA PRIMERA COMUNION.. 54

10.1        EL INICIO DE UNA NUEVA VIDA. 54

11      LA ESPIRITUALIDAD DE TERESA DE LOS ANDES. 58

12      ¿QUÉ HIZO ESTA JOVEN PARA SER SANTA?. 63

13      DESPERTAR HAMBRE Y SED DE DIOS. 67

14      MENSAJE A LA JUVENTUD. 69

14.1        SU MENSAJE ES DE INNEGABLE ACTUALIDAD. 69

14.2        SACRIFICARSE POR LOS DEMÁS. 73

14.3        OFRENDA POR LOS PECADORES. 74

15      UN LLAMADO AL LAICADO HACIA LA MÁS ALTA SANTIDAD. 78

15.1        LA PALABRA "SANTO" Y LA “SANTIDAD” DE LA IGLESIA. 78

15.2        EL DESEO DE LA SANTIDAD.. 86

15.3        “CREO QUE EN EL AMOR ESTÁ LA SANTIDAD. 89

16      PROFUNDAMENTE MARIANA. 92

16.1        CONFÍE TODO A LA SANTÍSIMA. 92

16.2        HIJA DE MARÍA. 103

17      DEVOTA DE SAN JOSE. 108

18      AMOR UNITIVO.. 117

18.1        UNIÓN CON DIOS. 117

18.2        UNIÓN CON CRISTO.. 120

19      VIDA DE ORACIÓN.. 124

19.1        ANTES DE ENTRAR AL CARMELO.. 124

19.2        NO PUEDE EXPLICAR ALGUNOS FENÓMENOS ORANTES. 133

19.3        DIALOGO CON LA VIRGEN Y NUESTRO SEÑOR. 136

20      “LA BÚSQUEDA DEL AMADO”. 141

20.1        “VIVIR LA VERDADERA UNIÓN Y DESPOSORIO ESPIRITUAL CON SU AMADO JESÚS”  141

20.2        LEE A SAN JUAN DE LA CRUZ. 141

20.3        DESCUBRIR LO QUE DIOS OBRA EN LA PERSONA QUE LO AMA. 145

21      ENAMORADA DE JESÚS. 146

21.1        ¿ES POSIBLE ENAMORARSE DE CRISTO?. 146

22      ESPOSA DE JESÚS. 154

22.1        SU AMADO JESÚS. 154

23      EL RETIRO ESPIRITUAL Y LA EXPERIENCIA DE DIOS. 165

23.1        DÍAS DE RETIRO, A SOLAS CON DIOS. 165

23.2        PRIMER RETIRO, 1916. 167

23.3        SEGUNDO RETIRO, 1917. 179

23.4        TERCER RETIRO, 1918. 183

23.5        CUARTO RETIRO, 1919. 195

23.6        QUINTO RETIRO, 1919, SEPTIEMBRE. 207

24      EXPERIENCIA DE DIOS EN LA ORACION.. 214

24.1        LA EXPERIENCIA SE VA DANDO EN EL CAMINO. 214

24.2        ORAR NO ES TANTO AMAR A DIOS, CUANTO DEJARSE AMAR POR ÉL. 216

24.3        OFRENDA POR LOS PECADORES. 221

24.4        ¿ES NECESARIO TENER UN DIRECTOR ESPIRITUAL?. 225

24.5        LA MIRADA DE MI CRUCIFIJO ME SOSTIENE. 229

25      EXPERIENCIA DE DESEAR Y AMAR EL CIELO EN LA TIERRA. 248

25.1        EL CIELO ES LA MORADA DE DIOS. 248

25.2        SEREMOS UNA ALABANZA DE GLORIA Y VIVIREMOS UNA VIDA DE CIELO. 255

25.3        SI SUFRÍA CON PACIENCIA, TENDRÍA UN GRAN PREMIO EN EL CIELO. 257

25.4        “HE PASADO DÍAS DE CIELO”. 260

25.5        LA VIDA DE LA CARMELITA CONSISTE EN AMAR, CONTEMPLAR Y SUFRIR. 264

25.6        MUY PRONTO DEJARÉ EL MUNDO PARA VOLAR AL CIELO. 267

25.7        MORIR E IR AL CIELO A ENTONAR EL CÁNTICO DE LAS VÍRGENES. 274

25.8        EL CIELO ES LA POSESIÓN DE DIOS. 279

26      LA VOCACION DE SER RELIGIOSA Y EL CAMINO ESPIRITUAL. 285

26.1        LA LLAMADA A PARTICIPAR DE LA VOCACIÓN RELIGIOSA ES INVITACIÓN ATRACTIVA   285

27      MONJA CARMELITA. 292

27.1        MONJA DE CLAUSURA. 292

28      CAMINO AL CARMELO Y SU IDEAL DE CARMELITA. 305

28.1        SEGUIR A CRISTO CON FIDELIDAD. 305

28.2        ÉL (JESÚS) QUERÍA QUE FUESE CARMELITA.. 313

28.3        INCERTIDUMBRES EN EL CAMINO AL CARMELO.. 323

28.4        TIEMPO DE VACILACIONES, CARMELITA U OTRA CONGREGACIÓN.. 330

28.5        ENTRE EL CARMEN Y EL SAGRADO CORAZÓN. (1919) 333

28.6        RAZONES PARA SER CARMELITAS Y PORQUÉ EL MONASTERIO DE LOS ANDES. 340

28.7        CAMINO AL CARMELO.. 347

28.8        “SÓLO EN DIOS MI CORAZÓN HA DESCANSADO”. 350

28.9        EN DIOS TE DOY ETERNA CITA.. 356

28.10      CREO QUIERE DIOS SEA CARMELITA. 367

29      LA MADRE ANGÉLICA TERESA DEL SMO. SACRAMENTO.. 372

29.1        LA IMPORTANCIA Y LA INFLUENCIA QUE TUVO EN JUANITA FERNÁNDEZ SOLAR  372

29.2        CARTAS A LA REVERENDA MADRE ANGÉLICA TERESA.. 381

30      EN EL CARMELO, EL CIELO EN LA TIERRA DE TERESA DE LOS ANDES. 401

30.1        EL CARMELO ES UN CIELO. 401

30.2        DESEOSA DE TRANSMITIR SU EXPERIENCIA DE DIOS EN EL CARMELO. 406

30.3        MIS ESFUERZOS TODOS SE DIRIGEN A SER UNA SANTA CARMELITA. 410

30.4        EL HÁBITO CARMELITA.. 411

30.5        LA VOCACIÓN DE LA CARMELITA ES TODA FUNDADA EN EL AMOR. 423

31      DIRECCION ESPIRITUAL. 431

31.1        SANTA TERESA DE JESÚS Y LOS CONFESORES. 431

31.2        SU EXPERIENCIA MÍSTICA.. 435

31.3        EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA, RECONCILIACIÓN Y LA DIRECCION ESPIRITUAL  439

31.4        SU RELACION CON LOS SACERDOTES. 444

32      CARTAS A SUS CONFESORES. 455

32.1        LAS CARTAS SON UN VERDADERO AUTORRETRATO DE SU ALMA. 455

32.2        CARTAS AL PADRE JOSÉ BLANCH. 457

32.3        CARTAS AL PADRE JULIÁN CEA, CMF. 475

32.4        CARTAS AL P. ARTEMIO COLOM, S.J. 486

32.5        PRIMERA Y ÚNICA CARTA AL PADRE ANTONIO Ma FALGUERAS. 498

33      OFRENDA POR LOS SACERDOTES. 504

33.1        QUE TODOS SEAN SEGUIDORES DE JESUCRISTO SIN DOBLEZ. 504

33.2        OFRECIMIENTO POR LOS SACERDOTES, PARA QUE SE SANTIFIQUEN. 508

34      CAMINO A LOS ALTARES, CRONICA DEL PROCESO DE CANONIZACIÓN. 514

34.1        AL ABRAZO DEL PADRE. 514

34.2        LA CONVICCIÓN DE QUE ELLA YA ES SANTA Y QUE DEBE INICIARSE EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN. 515

34.3        SUS MILAGROS. 520

35      EPILOGO.. 523

36      POESIA DEDICADA A SANTA TERESA DE LOS ANDES. 528

 

 

 


 

1     AGRADECIMIENTOS

A la mística Santa Teresa de Jesús de Los Andes, mi hermana espiritual desde mi juventud, por revelarme los secretos de su camino a lo Alto del Monte, “Donde Mora la Gloria y la Honra de Dios”.

A las Madres Carmelitas Descalzas (de Chile) Monasterio del Espíritu Santo de Los Andes, Sagrado Corazón de Jesús de Viña del Mar, San Rafael de Santiago, Santísima Trinidad, Lagunillas-Casablanca que me animaron a dar conocer cada vez más a Santa Teresa de Jesús de Los Andes.

A las Madres Carmelitas Descalzas (de Chile) Monasterios Santa Teresa de Talca, Jesús, María y José de San Bernardo, Santa María Madre de la Iglesia de Puangue, A las Madres Carmelitas Descalzas de Bani (República Dominicana), La Habana (Cuba), Toro, Guecho, Zaragoza, Valladolid y Medina del Campo en España, con las que tuvimos jornadas de Santa Teresa de Jesús de Los Andes.

A los Frailes Carmelitas Descalzos de Chile que me animaron en esta tarea.

A los Frailes Carmelitas Descalzos de la Provincia de San Joaquín de Navarra y la Provincia Ibérica en  España, que me siguen animando a dar a conocer a Santa Teresa de Los Andes.

A mis amigos y hermanos Carmelitas Seglares de Panamá, Costa Rica, Cuba, Santo Domingo y España, que por esta tarea estamos siempre en comunión  de oraciones.

A Lola Poveda Piérola, mi buena amiga que se dio la gran tarea de leer todo este libro y me aconsejo como prepararlo.

Al “CITES”, Universidad de la Mistica de Ávila, que se ha esforzado en preparar y fomentar Talleres para exponer sobre la Vida y Obra de Santa Teresa de Los Andes.

Pedro Sergio Donoso Brant

2     PRESENTACIÓN

 

Este texto, es una presentación pedagógica y cercana de la vida, testimonio y mensaje de Santa Teresa de Jesús de los Andes. Presenta un desarrollo progresivo, según el crecimiento de Teresa, en la comprensión e identificación con Cristo. El lenguaje es sencillo y de fácil lectura y da pie a profundizar en el tema según los grupos con que se trabaje y aún en la lectura personal. Es fiel al desarrollo espiritual seguido al ritmo de sus textos, especialmente de la misma santa, y con el adecuado apoyo en los estudios que se han hecho los escritos.

Fr. Rómulo Cuartas Londoño OCD

Ávila, España 2017

 

Durante el Congreso de Santa Isabel de la Trinidad, en el CITeS, Ávila, noviembre de 2016, Pedro Donoso Brant me facilitó el manuscrito de este libro para que le diera mi opinión. Me parece que es buen libro y creo que ayudará mucho a los lectores para conocer a esta joven santa carmelita chilena.

 

Fr. Ciro García OCD

Ávila, noviembre de 2016

 

Pedro Donoso Brant, es un incansable presentador de santa Teresa de Los Andes. Y esta vez ha tomado la ruta de san Juan de la Cruz, para decirnos que nuestra santa chilena siguió el sendero sanjuanista, para llegar a la cima del monte de la perfección. Ese monte lógicamente va a ser la subida a la altura del Monte Carmelo, "donde solo mora la gloria y honra de Dios". Pedro ha recorrido la vida y las obras de Teresa de Los Andes y ha ido colocando sus senderos, sus indicaciones, sus flores, sus espinas, sus alegrías y sus amores, mirando al Monte de la perfección. Y sabe que en ese monte la "gloria y la  honra de Dios" se traducen en amor. Y sabe también que Dios es un amor que se da. No exige amor, da amor, provoca amor. Pedro sigue predicando y presentando a nuestra hermana Teresa de Jesús Los Andes. Ella tiene mensaje para amar a Dios, en la cima del monte de la perfección de Juan de la Cruz, para todos los caminantes buscadores de Dios, para fundirse en un abrazo eterno.

Fr. Félix Málax OCD.

Vitoria, España 2019

 

En 2019 se han cumplido cuarenta años de mi llegada a Chile, aunque en estancias siempre relativamente cortas. He estado en el Santuario de Santa Teresa de los Andes y he constatado lo que su presencia significa en las peregrinaciones que no cesan. Reconozco que, como laica, nunca me sentí atraída por su breve vida y su fugaz partida carmelitana. Pero leyendo en Juan de la Cruz que el estilo del hacer de Dios es “de una vez y para siempre” y el del hombre el ir “paso a paso”, volví de nuevo la mirada hacia esta santa transandina. Y ahí estaban los textos de Pedro Donoso, desplegando el calidoscopio de un ser, en verdad, poco común. Ha sido a través de esta abundante selección de su Diario y Cartas que Pedro, generosamente, nos ofrece, donde he encontrado el motivo de su atracción: en ella «la inmediatez» de Dios y su breve «paso a paso» coinciden. Envidiable. Eco, sin duda, del «humano y divino junto» de la gran Teresa de Jesús que se ha prolongado en esta no menos grande Teresa de Jesús de los Andes. Espero que este texto siga “engolosinándonos” en el universal camino “de la unión con Dios” que, como vocación humana, los santos del Carmelo tan bien han conocido, vivido y mostrado.

Lola Poveda

Nívar (Granada) julio 2019

3     PROLOGO

3.1         “DONDE MORA EN ESTE MONTE LA GLORIA Y HONRA DE DIOS”[1]

Santa Teresa de Los Andes Subió a Morar en la Casa De Dios

Canta el salmista; “Una cosa he pedido al Señor, una cosa estoy buscando: morar en la Casa del Señor, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Dios”[2] Me parece que el salmista desea la misma dulzura de amor a que se refiere San Juan de la Cruz cuando dice; “como tienen el paladar de la voluntad sano y el espíritu limpio y bien dispuesto para Dios, y en lo que está dicho se les da a gustar algo de la dulzura del amor”. [3]

Canta el salmista; “Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa del Señor a lo largo de los días”.[4] También canta; “Señor, la belleza de tu Casa, el lugar de asiento de tu gloria”.[5] San Juan de la Cruz anota en la cima de su grafico del Monte, “Donde mora en este monte la gloria y honra de Dios”.

Dice el Señor; “No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. “En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar”.[6] Esta es una dosis de optimismo de Cristo para sus discípulos, que no haya “turbación” para que no les llegue la desorientación, que nada les espante y no erren él camino. Y si “creéis en Dios, creed también en mí”. dice el Señor, que “crean” en El cómo el Hijo de Dios. La enseñanza no es que el cielo sea para unos pocos; tiene una inmensa capacidad; allí cabemos todos. Precisamente Él va al cielo como Hijo a la casa de su Padre, va a “prepararnos un  lugar”.

Con referencias a esta mansiones o moradas, acota San Juan de la Cruz  en Cantico Espiritual que “allí están todos los manjares, esto es, todas las grandezas que puede gustar el alma”[7]  y en Llama de amor señala; “De donde podemos decir que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros puede tener en Dios, uno más adentro que otro; porque el amor más fuerte es más unitivo, y de esta manera podemos entender las muchas mansiones que dijo el Hijo de Dios[8] haber en la casa de su Padre”.[9]

Santa Teresa de Jesús de Los Andes, tomo el camino para subir  a lo Alto del Monte.

Canta el salmista; “clamo hacia el Señor, y él me responde desde su santo monte[10] y también canta; “¿quién morará en tu tienda?, ¿quién habitará en tu santo monte?”.[11]

En el argumento de Subida del Monte Carmelo, antes de exponer su canción de “Noche Oscura”, San Juan de la Cruz dice que; “Toda la doctrina que entiendo tratar en esta Subida del Monte Carmelo está incluida en las siguientes canciones, y en ellas se contiene el modo de subir hasta la cumbre del monte, que es el alto estado de la perfección, que aquí llamamos unión del alma con Dios”. En que canta el alma la dichosa ventura que tuvo en pasar por la oscura noche de la fe, en desnudez y purgación suya, a la unión del Amado.

Canta el salmista; “¿Quién subirá al monte del Señor?, ¿quién podrá estar en su recinto santo? El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma”. [12]

No me cabe la menor duda que Santa Teresa de Jesús de los Andes, tomo el camino para subir  a lo alto del Monte, para vivir eternamente en ese recinto santo, joven de manos limpias y pura de corazón. Ciertamente que ella fue un alma que podía decir cómo su Santo Padre San Juan de la Cruz al Esposo “Vámonos a ver en tu hermosura, al monte, es decir: transfórmame y aseméjame en la hermosura de la Sabiduría divina, que, como decíamos, es el Verbo Hijo de Dios”.[13]

En Subida a Monte Carmelo dice el Santo que si el alma persevera fiel y desprendida, el Señor irá dándole más y más, promocionando gradualmente hasta la divina unión y transformación, así lo enuncia; “En las cuales mercedes, si todavía el alma fuere fiel y retirada, no parará el Señor hasta subirla de grado en grado hasta la divina unión y transformación”.[14] Pero para llegar a esta unión, deberá pasar de grado en grado (cada grado es una etapa) de mansión en mansión que son siete, hasta que la meta en la bodega de vino[15] de su perfecta caridad, que son los siete grados de amor. [16]

Subir al Monte para hablar a Dios

San Juan de la Cruz, nos ha presentado un monte que es el “Monte de Dios”, “Donde mora en este monte la gloria y honra de Dios”.

En el capítulo 5 de Subida del Monte Carmelo, San Juan de la Cruz nos habla de lo necesario que es para el hombre subir a hablar a Dios y como debe subir desprendido de todo, no llevar consigo nada, nada. Aquí pone el ejemplo de Moisés tomando el mandato que le hace Dios; “Prepárate para subir mañana temprano al monte Sinaí; allí en la cumbre del monte te presentarás a mí. Que nadie suba contigo, ni aparezca nadie en todo el monte. Ni oveja ni buey paste en el monte.[17] Antes de subir al monte y comunicarse con Dios, Moisés debe desprenderse de todo, debe subir solo, no debe llevan nada, nada. Con “suma desnudez y vacío de espíritu”,[18] vacío de todo lo que no es necesario para ser acogido por Dios.

Más adelante el santo hace una síntesis, todo hombre que quiere subir a este monte a hacer de sí mismo altar en él, en que ofrezca a Dios sacrificio de amor puro y alabanza y reverencia pura, que, primero que suba a la cumbre del monte, ha de haber perfectamente hecho las dichas tres cosas. Lo primero, que arroje todos los dioses ajenos, que son todas las extrañas aficiones y asimientos. Y lo segundo, que se purifique del dejo que han dejado en el alma los dichos apetitos con la noche oscura del sentido que decimos, negándolos y arrepintiéndose ordinariamente. Y lo tercero que ha de tener para llegar a este alto monte es las vestiduras mudadas.[19]

La cúspide del monte es la cima de las aspiraciones humanas en la búsqueda y encuentro de Dios. (Fr. Efrén de la Madre de Dios OCD).

“Decía el Santo Padre San Juan de la Cruz: “Si el hombre busca a Dios, mucho más le busca su Amado a él”.[20] Santa Teresa de Los Andes, fue una joven que se entregó  de verdad a Dios, y no se resistió a su llamado ni menos a su encuentro. Ella nos invita a guiarnos por la fe, la esperanza y el amor de Dios, que es “Alegría Infinita” y con esa dulzura que tuvo, nos anima a subir a lo Alto del Monte Donde mora en este monte la gloria y honra de Dios.

Pedro Sergio Donoso Brant


 

 

4     VIDA DE SANTA TERESA DE LOS ANDES

4.1         CRONOLOGÍA DE LA VIDA Y SU CAMINO A LOS ALTARES.

1900

Nacimiento y Bautismo

13 de julio: Juanita Fernández Solar nace en Santiago de Chile, en la residencia de su abuelo materno, calle Las Rosas 1352. Hija de don Miguel Fernández Jaraquemada y de doña Lucía Solar Armstrong de Fernández.

15 de julio: Es bautizada en la Parroquia de Santa Ana por el Presbítero Baldomero Grossi. Sus padrinos son don Salvador Ruiz-Tagle García Huidobro y doña Rosa Fernández de Ruiz-Tagle (hermana de don Miguel).

La familia veranea en la Hacienda de Chacabuco descansando largas temporadas hasta 1917.

1906

Va al colegio

Juanita asiste al colegio de las Teresianas en la calle Santo Domingo, sólo acude un mes. Allí aprende leer. Juanita desea comulgar, lo que no le permiten por su corta edad.

16 de agosto: un terremoto destruye Valparaíso y Viña del Mar.

1907

Juanita ingresa al colegio ubicado en la Alameda, el Externado del Sagrado Corazón en Santiago. Su director espiritual es el Padre Artemio Colom, jesuita.

13 de mayo: fallece su abuelo materno don Eulogio Solar Quiroga. • Rematan la Hacienda de Chacabuco, doña Lucía se queda con una hijuela, la de “Los Baños”.

La familia Fernández Solar se traslada a la calle Santo Domingo 1652.

Juanita promete rezar todos los días el rosario. Ella hace su primera confesión.

1909

Confirmación y Primera Comunión

22 de octubre: Juanita recibe el sacramento de la confirmación.

1910

11 de septiembre: Juanita hace su primera comunión.

12 de octubre: nace su hermano Ignacio.

Los Fernández se cambian de residencia a la calle Ejército 475.

1914

Lee Historia de un alma a Teresita del Niño Jesús

Diciembre: ataque de apendicitis.

Juanita siente el primer llamado al Carmelo.

1915

A mediados de año ingresa al internado del Sagrado Corazón de Maestranza con su hermana Rebeca.

Inicia su Diario.

8 de diciembre: Juanita hace por la primera vez voto de castidad, prometiendo “no admitir otro Esposo sino a mi Señor Jesucristo, a quien amo de todo corazón y a quien quiero servir hasta el último momento de mi vida”.

1916

15 de abril: Juanita revela a Rebeca el secreto de su vocación.

1917

3 de enero: ofrece su vida a Dios por salvar a su hermano Lucho de sus dudas religiosas.

22 de febrero: al fin de las vacaciones de verano, Juanita deja Chacabuco por la última vez.

Lee libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús

Nuevo director espiritual: Padre José Blanch, claretiano.

Abril: encuentro con el P. Blanch que le habla del Carmelo de Los Andes donde han fallecido 3 hermanas. Juanita tiene la convicción de que el Señor la llama a entrar en este Carmelo.

15 de junio: recibe la Medalla de Hija de María (distinción máxima de su colegio).

Se remata la hijuela de Chacabuco. Cambia de residencia: Vergara 92.

Julio: Juanita lee a Sor Isabel de la Trinidad.

Agosto: hace confesión general, le aseguran que nunca ha cometido pecado mortal.

5 de septiembre: escribe por primera vez a la Priora de Los Andes, expresándole sus deseos de ser carmelita. Pide fortaleza a Dios para superar las dificultades para entrar al Carmelo: salud débil, incomprensión familiar y problemas económicos para obtener la dote.

15 de noviembre: gracia mística. Jesús abre su corazón a Juanita, le revela su amor y le dice que le ha escogido como víctima.

Diciembre: obtiene numerosos premios en el colegio.

1918

Juanita veranea en Algarrobo: Forma un coro para la capilla y hace catecismo.

12 de agosto: se casa su hermana Lucía. Juanita la reemplaza como dueña de casa.

7 de septiembre: escribe a la priora de Los Andes para que la admita en el convento. Recibe respuesta afirmativa.

Lee Camino de Perfección de Santa Teresa de Jesús.

Es invitada a Cunaco, al fundo de sus primas Valdés Ossa. Colabora en las misiones. Uno de les sacerdotes misioneros la ve en éxtasis en la capilla.

Dudas al respecto de su vocación: ¿Carmelita o religiosa del Sagrado Corazón?

1919

Quiere ser carmelita

11 de enero: en compañía de su madre viaja a Los Andes a entrevistarse con la priora. Desde ese momento sus dudas desaparecen.

Lee a San Juan de la Cruz

27 de enero: Lee en la mañana la "Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz

25 de marzo: Solicita permiso a su padre para irse al Carmelo.

6 de abril: su padre, conmovido, le concede el permiso.

Abril: Juanita se prepara para ingresar al Carmelo; pero sufre lo indecible por tener que abandonar a su familia que ella tanto ama.

7 de mayo: ingresa al monasterio de Los Andes.

Cambia su nombre por el de Teresa de Jesús. Sufre la separación de los suyos, pero experimenta también paz y alegría por haber abandonado todo y a todos por amor a Cristo.

Cumple la Regla del Carmelo con humildad y amor. Se ofrece para realizar las labores más molestas y hasta las más desagradables.

Sus cartas irradian felicidad; ellas arrastrarán a muchas amigas a la vida religiosa.

14 de octubre: toma el hábito de Carmelita Descalza, comenzando su noviciado.

Teresa, que tiene un vínculo espiritual fuerte con su priora, sufre de la incomprensión y de las numerosas correcciones de la hermana pedagoga (que ayuda a la priora para el noviciado).

Varias pruebas espirituales: tentaciones del demonio, sequedades en la oración. Teresa sigue en el don de sí misma a Cristo en la fidelidad a cumplir la Regla del Carmelo.

8 de diciembre: voto de esclavitud mariana (hecho con sor Isabel de la Trinidad).

1920

Se prepara para ir al cielo.

Primeros días de marzo: Teresa asegura al Padre Avertano, confesor de la comunidad, que dentro de un mes morirá. Pide licencia para hacer penitencias extraordinarias. El confesor no le permite y le dice que siga observando la Regla.

14 de marzo: visita del P. Blanch. Teresa le pide con insistencia recuperar y quemar su Diario que ella había dejado a su madre (lo que no será hecho).

1° de abril: Jueves Santo. Teresa empieza su Vía Crucis siguiendo a Cristo. Pasa casi todo el día en el coro hasta la una de la madrugada del día siguiente.

2 de abril: Viernes Santo. Al alba parte al coro. A mediodía reza el Vía Crucis y participa en el ejercicio de las Tres Horas. Su maestra la sorprende con el rostro encendido por la fiebre.

3 de abril: Teresa sufre terribles dolores.

5 de abril: pide confesarse y comulgar. Sufre terribles tentaciones de desesperanza; el demonio trata de persuadirla que es rechazada por Dios por razón de sus pecados.

6 de abril: llega su madre con una licencia del Nuncio apostólico para que Teresa pueda salir de la clausura del monasterio para ir en un hospital en Santiago. Pero la priora responde que Teresa no aceptaría la perspectiva de morir fuera del monasterio (y así fuera de la Orden del Carmelo, ya que era novicia). La madre de Teresa entiende que el Señor le pide la ofrenda de su hija.

Hace profesión religiosa.

7 de abril: Teresa hace profesión religiosa in articulo mortis. Los médicos diagnostican un tifus avanzado. Teresa comulga por la última vez.

Teresa va al cielo.

12 de abril: Teresa fallece a las 19:15.

14 de abril: funerales de Teresa. La capilla del convento es invadida por la gente de Los Andes. Dicen que vienen para ver la santita que se ha muerto de amor. Teresa es sepultada en el cementerio del convento.

23 de noviembre: Rebeca, hermana de Teresa, ingresa al Carmelo de Los Andes, entendiendo que el Señor le pide para tomar el lugar dejado por Teresa. Toma el nombre de sor Teresa del Divino Corazón. Fallecerá el 31 de diciembre de 1942 con fama de santidad.

 


 

5     “UNA LLAMADA QUE SE HACE EXISTENCIA”

5.1         UN LIRIO EN EL CARMELO

De los cinco libros que he preparado para celebrar el “Centenario de su partida al cielo”, este es el primero que inicié, no obstante lo dejé para el final. Confieso que me he edificado mucho estudiando la doctrina y el mensaje espiritual de Teresa de Jesús de Los Andes.

Cuando fui un adolescente, a los 14 años[21], mi padre me envió a estudiar internado a una escuela localizada en la Hacienda San Vicente, que está a las afueras de la ciudad de Los Andes y cada fin de semana pasaba obligadamente por las puertas del antiguo Monasterio del Espíritu Santo. Mi padre me encargaba que antes de ir a la escuela, pasara a saludar a Sor Teresa de Jesús. Esta fue la primera aproximación que tuve con la que hoy es nuestra primera santa chilena.

Tuve en aquella oportunidad la felicidad de recibir un ejemplar de un resumen de la vida de Sor Teresa, “Un Lirio en el Carmelo”, que me lo paso a modo de préstamo una religiosa, para consolarme por no poder entrar a la capilla debido a la hora que era. El librito, se desarmaba casi por completo, parecía que había pasado por muchas manos, porque la religiosa me encargo; cuando termine de leerlo me lo devuelves para que otra persona lo lea. No había en esa época, máquinas para hacer una copia y no tenía en ese minuto la voluntad para escribir una copia en un cuaderno, algo que alguien me propuso. Con todo, con lo que leí, recuerdo que me dejo un gran interés por conocer más el camino de amistad que ella hizo con Jesús y su intimidad con Dios, por lo que he atesorado todos estos años, al ser un lector asiduo a sus escritos.

Diario y Cartas, un baúl de sorpresas.

Es así, como creo que el Diario y Cartas de Teresa de Los Andes, son un baúl de sorpresa que atrapa el corazón de todos los que nos hemos aproximado a sus escritos y es así como me he animado en este libro para compartir mis reflexiones de lo que me dice ella con sus palabras.

Nota sobre este libro.

Temática

Para este libro he seleccionado los temas que me parecen interesante para conocer el camino a lo Alto del Monte de Santa Teresa de Los Andes. Todos fueron partes de talleres, retiros y reflexiones con Madres Carmelitas Descalzas, Frailes Carmelitas, Seglares Carmelitas y personas interesadas en conocer a esta joven santa carmelita. Las ciudades donde he dado estos talleres han sido en La Habana (Cuba), Ciudad de Panamá, (Panamá); Bani y Santo Domingo (República Dominicana); Puangue, San Bernardo y Talca (Chile); Medina del Campo, Valladolid, Toro, Vitoria, Pamplona, Bilbao, Zaragoza y Ávila en España.

Algunas reflexiones escritas en este libro  están más de una vez, pero cada una está en lo posible en el contexto del tema que se relata.

¿Juanita Fernandez Solar o Teresa de Jesús de Los Andes?

Juanita y Teresa son dos nombres de la misma persona. Desde que entró en el convento, siguiendo la costumbre tradicional, cambio su nombre llamándose Teresa de Jesús. Finalmente para distinguirla de Santa Teresa de Jesús (Ávila) y de Santa Teresita de Lisieux, se la conoce ahora como Santa Teresa de Jesús de los Andes. En este libro, utilizo los dos nombres.

La Santa también según la época de sus escritos, firma sus cartas como Juana, Juan H de M (Hija de Maria), Teresa de Jesús y Teresa de Jesús carmelita.


 

6     SE HA CONVERTIDO EN "LUZ EN EL SEÑOR

"La mirada de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón (1 Samuel 16, 7).

Santa Teresa de Jesús de Los Andes es una joven maestra para el alma de muchos jóvenes de hoy, que todos los años peregrinan en gran número hasta su santuario con una alegría que emociona. Se han hecho cálculos de en la peregrinación anual, caminan más de 50.000 jóvenes a lo largo de casi 30 km.

Teresa, con su ejemplo de vida, nos hace ver como Dios transforma el corazón cuando le dejamos habitar en él.

Necesidad de difundir sus escritos.

Me parece conveniente difundir sus escritos, Diario y Cartas, ya que en ellos podemos descubrir una notable doctrina espiritual que es una lección para todos los que deseamos ir a la zaga de Nuestro Señor Jesucristo.

No obstante, es necesario aclarar que Teresa de los Andes, no es una escritora profesional y todo cuanto escribió, no lo hizo para dar a conocer al mundo su espiritualidad, puesto que incluso tenía dentro de sus planes destruir su Diario, y así se lo pidió a su confesor el Padre Blanch poco antes de morir.  Gracias a Dios, esto no ocurrió y su madre lo guardó respetuosamente e incluso no lo leyó.

Es así, como para esta ocasión preparé una selección de los párrafos de la vida de Santa Teresa de los Andes que más me han impresionado. Me pareció adecuado escribir sobre ella, comentar su vida y dejar que ella misma hable. Eso es lo que trate de hacer y que ahora comparto en este libro.

El Diario, la historia de su alma.

El Diario[22] de Teresa de Los Andes es la historia de su alma y lo comenzó a escribir el 2 de septiembre de 1915, a la edad de 15 años. Ella se lo dedica a la Madre Julia Ríos, religiosa del colegio del Sagrado Corazón donde hizo sus estudios secundarios. Escribe Teresa:

“Madre querida: Ud. cree que se va a encontrar con una historia interesante. No quiero que se engañe. La historia que Ud. va a leer no es la historia de mi vida, sino la vida íntima de una pobre alma que, sin mérito alguno de parte de ella, Jesucristo la quiso especialmente y la colmó de beneficios y de gracias. La historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar".[23]

Cartas, autorretrato de su alma.

Las “Cartas” o el “Epistolario de Teresa de Los Andes contienen 164 escritos. Se sabe que 118 son originales y el resto son copias rescritas por su hermana menor Rebeca cuando también era ya monja carmelita.

Cabe destacar, que este epistolario es más que suficiente para conocer cómo fue Teresa, una joven sensible, humana y muy espiritual. Ambos documentos, Diario y Cartas, son un verdadero autorretrato de su alma, es decir, ella nos dejó en cada frase escrita, un fascinante retrato de ella misma. En efecto, las páginas escritas por Teresa la reflejan tal como fue, una joven pura, sensible, afectuosa, con un trato muy tierno hacia todas las personas a las que escribió, su familia, amigas y confesores.

Canonizada por Juan Pablo II, "Luz en el Señor".

Beatificada por Juan Pablo II en Santiago de Chile el 3 de abril de 1987, fue canonizada el 21 de marzo de 1993 por el mismo Juan Pablo II en San Pedro, Roma. Ese día, IV domingo de Cuaresma, en la homilía dedicada a Teresa de Los Andes, el Papa comentó sobre el evangelio de San Juan, donde Jesús no dice: “Yo soy la luz del mundo" (Jn 8, 12) El que me siga… tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12) Y El Apóstol (segunda lectura del día): "sois luz en el Señor. Vivid como hijos de la luz". (Ef. 5, 8).

El papa dijo que esta hija de la Iglesia se ha convertido en "luz en el Señor", que esta hija de la luz se distinguió como testigo de Cristo en el nuevo mundo (América). Era el año que se celebraba el V Centenario de la evangelización del gran continente americano.

Dijo el Papa: “recogemos una flor espléndida suscitada por la buena nueva y por la gracia del santo bautismo entre las poblaciones de esa "tierra nueva"… y añadió: “Luz de Cristo para toda la Iglesia chilena es Sor Teresa de Los Andes, Teresa de Jesús, carmelita descalza y primicia de santidad del Carmelo teresiano de América Latina”.

Comparando el relato de la primera lectura de ese domingo IV de Cuaresma, Libro de Samuel, dijo el Papa que la figura de Teresa sobresale no por "su apariencia ni su gran estatura". "La mirada de Dios – nos dice el libro sagrado – no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón (1 Sam 16, 7).

Por eso, en su joven vida de poco más de 19 años, en sus once meses de carmelita, Dios hizo brillar en ella de modo admirable la luz de su Hijo Jesucristo, para que sirva de faro y guía a un mundo que parece cegarse con el resplandor de lo divino. A una sociedad secularizada, que vive de espaldas a Dios, esta carmelita chilena, que con vivo gozo presento como modelo de la perenne juventud del Evangelio, ofrece el limpio testimonio de una existencia que proclama a los hombres y mujeres de hoy que en el amar, adorar y servir a Dios están la grandeza y el gozo, la libertad y la realización plena de la criatura humana. La vida de la bienaventurada Teresa grita calladamente desde el claustro: ¡Sólo Dios basta!

Y lo grita especialmente a los jóvenes, hambrientos de verdad y en búsqueda de una luz que dé sentido a sus vidas. A una juventud solicitada por los continuos mensajes y estímulos de una cultura erotizada, y a una sociedad que confunde el amor genuino, que es donación, con la utilización hedonista del otro, esta joven virgen de Los Andes proclama hoy la belleza y bienaventuranza que emana de los corazones puros. [24] 

Amar, sufrir, orar, servir.

Juan Pablo II continúa destacando en su homilía que, en su tierno amor a Cristo, Teresa encuentra la esencia del mensaje cristiano: amar, sufrir, orar, servir. En el seno de su familia aprendió a amar a Dios sobre todas las cosas. Y al sentirse posesión exclusiva de su Creador, su amor al prójimo se hace aún más intenso y definitivo. Así lo afirma en una de sus cartas: "Cuando quiero, es para siempre. Una carmelita no olvida jamás. Desde su pequeña celda acompaña a las almas que en el mundo quiso" (Carta, agosto 1919).

Su encendido amor lleva a Teresa a desear sufrir con Jesús y como Jesús: "Sufrir y amar, como el cordero de Dios que lleva sobre sí los pecados del mundo" – nos dice –. Ella quiere ser hostia inmaculada ofrecida en sacrificio continuo y silencioso por los pecadores. "Somos corredentoras del mundo – dirá más adelante – y la redención de las almas no se efectúa sin cruz" (Carta, septiembre 1919).

La joven santa chilena fue eminentemente un alma contemplativa. Durante largas horas junto al tabernáculo y ante la cruz que presidía su celda, ora y adora, suplica y expía por la redención del mundo, animando con la fuerza del Espíritu el apostolado de los misioneros y en, en especial, el de los sacerdotes. "La carmelita – nos dirá – es hermana del sacerdote" (Carta de 1919). Sin embargo, ser contemplativa como María de Betania no exime a Teresa de servir como Marta. En un mundo donde se lucha sin denuedo (descanso) por sobresalir, por poseer y dominar, ella nos enseña que la felicidad está en ser la última y la servidora de todos, siguiendo el ejemplo de Jesús, que no vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en redención de muchos. (cf. Mc 10, 45).

Ahora, desde la eternidad, santa Teresa de Los Andes continúa intercediendo como abogada de un sin fin de hermanos y hermanas. La que encontró su cielo en la tierra desposando a Jesús, lo contempla ahora sin velos ni sombras, y desde su inmediata cercanía intercede por quienes buscan la luz de Cristo.

Ese día del tiempo de Cuaresma de la canonización, las palabras del Papa Juan Pablo II en la homilía: “Cristo es la luz del mundo y quien lo sigue tendrá la luz de la vida”, estaban muy bien dedicadas a Teresa de los Andes.

¿Qué méritos tiene para llegar a los altares?

Viendo que Teresa no hizo obras espectaculares ni alcanzó a cumplir los 20 años, muchos se preguntan qué méritos tiene para llegar a los altares.

Esos que se preguntan, deben saber que la santidad - a la que todos los bautizados estamos llamados- se alcanza tratando de cumplir siempre y en toda la voluntad de Dios en el puesto que a cada uno le toca ocupar en la vida. No es, pues, lo importante el papel o misión que uno tiene encomendado, sino con el cariño y el amor con que lo desempeña. Es como otras jóvenes que llegaron a la santidad, con pequeñas cosas, pero hechas con amor.

Dios, dueño absoluto de todo, no necesita de nuestras obras. Busca solamente nuestro amor, porque -como nos hizo libres- podemos negárselo, prefiriendo nuestros planes a los suyos. Y cómo podemos incluso estropear nuestras buenas obras actuando egoístamente, no mira Dios su grandeza o pequeñez, sino el amor con que las practicamos. Y así será, como dice nuestro santo padre San Juan de la Cruz, “a la tarde de la vida, nos examinaran del amor”, del que supimos dar en nuestra vida, en especial, a los que más nos necesitan.

San Pablo escribe a los Corintios (1 Cor 12 y 13) una carta muy consoladora y estimulante para una buena mayoría de cristianos cuya existencia se consume en situaciones muy penosas y difíciles, para que se animen a ser fieles al Señor en los oscuros deberes de su rutinario vivir. Porque, si han sido auténticos, verán a su hora las obras que han hecho por Cristo más que muchos que ocuparon puestos de responsabilidad en la Iglesia e hicieron obras llamativas, a pesar de que la historia les dedique muchas páginas; por aquello de que, aunque uno traslade montañas o se deje quemar vivo, si actúa sin amor, es decir interesadamente, buscándose a sí mismo, de nada le sirve.

Su camino a la santidad.

Algunos de sus pensamientos, nos hablan de su camino a la santidad:

“Quiero que vivas siempre con Dios en el fondo de tu alma... Tienes que poseer a Dios para darlo a las almas”.[25]

“A mí desde chica (pequeña) me decían que era la más bonita de mis hermanos”.[26]

“En 1906 fue cuando Jesús principió a tomar mi corazón para Sí”. [27]

“Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Pero mi devoción especial era la Virgen. Le contaba todo. Sentía su voz dentro de mí misma”. [28]

 “En 1913 tuve una fiebre espantosa. Nuestro Señor me llamaba para Sí. A los 14 años me envío una apendicitis, lo que me hizo oír su voz querida, que me llamaba para hacerme su esposa más tarde en el Carmelo”. [29]

“Nos dijeron que entraríamos de internas. Yo creo que jamás me acostumbraré a vivir lejos de mi familia: mi padre, mi madre, esos seres que quiero tanto. ¡Ah!, ¡Si supieran cuánto sufro, se compadecerían! Sin embargo, me debo consolar”.[30]

“Todos los días hago mi meditación y veo cuán gran ayuda es para santificarse. Es el espejo del alma. ¡Cuánto se conoce en ella a sí misma!” [31]

 “Tomen la resolución de ser todo para todos”. [32]

 


 

7     EL CAMINO DE SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES

7.1         ALCANZO LA SANTIDAD SIENDO MUY JOVEN

Para muchos, Santa Teresa de Jesús de Los Andes es una gran desconocida, para otros, un referente. Escribe Teresa: "Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato”.[33]

Teresa de Jesús de Los Andes, alcanzo la santidad siendo muy joven, y su principal mérito, fue aceptar la voluntad de Dios. A los 14 años el Señor le habló diciéndole que quería su corazón para Él, dándole también la vocación al Carmelo. En todos sus escritos, nos damos cuenta qué fue una carmelita enamorada de Cristo: "Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca".[34] Y su ilusión y su constante empeño fue asemejarse a Él, configurarse con Cristo. Por eso, deseando llegar a ser una fiel copia suya, vivió decidida a ir hasta el fin del mundo atravesando el fuego si hubiera sido preciso para serle fiel, como ella misma lo dice;

“aunque tenga que atravesar el fuego, con Jesús lo pasaré, si tengo salud…pues es mi salud lo que me hace temer…Si Jesús quiere que sea carmelita, me dará salud para ello”.[35]

Santa Teresa de Jesús de los Andes, fue un joven que amó tiernamente a Jesús, como lo expresa a la Madre Angélica Teresa, del Convento del Espíritu Santo, donde luego vivirá:

“El otro día, viendo el Santísimo manifiesto, me preguntaba por qué no nos volvemos locas de amor por Él.

 ¡Ay, Madre, deseo tanto ser toda de Él, entregarme enteramente! ... ¿Cuándo seré carmelita para vivir sino en El, y por Él y para El?”.[36]

Así es, como el Señor le habló pidiéndole que quería su corazón sólo para Él, y animándola a la vocación al Carmelo.

Dentro de su preparación estuvo la lectura de santos carmelitas como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y Santa Teresita de Lisieux. También a partir de los 16 años, leyó mucha de las cartas de Sor Isabel de la Trinidad y quiso seguir el mismo ideal de Isabel, conquistar almas para Cristo. Isabel fue canonizada por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016.

A los 17 años expone su ideal carmelita "sufrir y amar"[37] y con ardor defiende su vida contemplativa, que el mundo "tacha de inútil". Le ilusiona saber que su sacrificio servirá para mejorar y purificar al mundo.

Como Carmelita, no alcanzó a vivir ni un año entero en el convento. Las religiosas aseguraban que había entrado ya santa. De modo que, en tan corto tiempo, pudo consumar la carrera a la santidad que había iniciado muy en serio mucho antes de su primera comunión.

7.2         VIDA DE TERESA DE JESÚS LOS ANDES

Síntesis de su vida narrada por ella misma 

Escribe en su Diario:[38]

“Nací en l900, el día 13 de julio. Mi mamá se llama Lucía Solar de Fernández y mi papá Miguel Fernández Jara.

Vivíamos con mi abuelito, anciano ya. Se llamaba Eulogio Solar. Se puede decir que era un santo, pues todo el día se le veía pasando las cuentas de su rosario.

Jesús no quiso que naciese como El, pobre. Y nací en medio de las riquezas, regalona de todos.

Yo era la cuarta. La primera se llamaba Lucía, que tenía siete años, Miguel el segundo, seis años y Lucho, el tercero, tenía tres años. Poco después nació la Rebeca; con año y ocho meses de diferencia conmigo. Era yo, aunque tan regalona, muy tímida. La Rebeca era lo contrario. Las dos éramos muy regalonas. Hacíamos con mi abuelito lo que queríamos y le engañábamos con besos y caricias. A mí, desde chica, me decían que era la más bonita de mis hermanos y yo no me daba cuenta de ello”

Desde sus 6 años, asistía con su madre casi a Diario a la santa misa y suspiraba por la Comunión, que recibió por primera vez el 11 de septiembre de 1910. Desde entonces procuraba comulgar diariamente y pasar largo rato en diálogo amistoso con Jesús.

También desde su niñez vivió una intensa vida mariana que fue uno de los cimientos fuertes de su vida espiritual. El conocimiento y amor de la Madre de Dios vivificó y sostuvo todos los momentos de su camino en el seguimiento de Cristo.

Hizo sus estudios en el colegio del Sagrado Corazón (1907 - 1918). Profundamente afectiva, se creía incapaz de vivir separada de los suyos. Sin embargo, asumió generosamente la prueba de estudiar en régimen de internado los tres últimos cursos, como entrenamiento para la separación definitiva, que consumaría el 7 de mayo de 1919, ingresando en las Carmelitas Descalzas de Los Andes, ciudad que está a unos 70 km de Santiago de Chile y a los pies de la cordillera de los Andes. Cambia su nombre y pasa a llamarse Teresa de Jesús, como la Santa Madre fundadora del Carmelo Descalzo. Cinco meses después, el 14 de octubre del mismo año toma el hábito de Carmelita Descalza.

Muere el 12 de abril de 1920 a los 19 años y nueve meses. Alcanzo a vivir once meses en el Monasterio de las Carmelita Descalzas.

Partida al cielo.

Se tiene una idea de la causa de muerte de Teresa de los Andes, hay quienes atribuyen que el origen viene de aguas contaminadas de la huerta que había en el convento, entonces habría contraído tifus, sin embargo, creo que esto habría que estudiarlo más, ya que no hay antecedentes de otras monjas contaminadas. Pero también ya había entrado débil de salud al convento. Hay antecedentes de que desde su apendicitis, no gozaba de buena salud.

En marzo de 1920, le confía a su confesor P. Avertaro, que morirá dentro de un mes. Después en Semana Santa, 2 de abril, cae enferma, pero ya antes sentía muy mal, ahí se piensa que puede ser tifus. No obstante, ella continua su vida como si estuviera bien, pues siguió todas las costumbres de su comunidad.

El 5 de abril, solicita los sacramentos de los enfermos, el 6 de abril hace su profesión religiosa” in articulo mortis”, luego la trasladan a la enfermería, se dice que muy alegre, porque hace bromas pidiendo respeto como nueva profesa. 

El 12 de abril, a las 19:15, partirá al cielo con 19 años y 9 meses.

La primera Carmelita americana.

Es la primera chilena y la primera Carmelita americana que ha alcanzado el honor de los altares. Ha sido, pues, muy oportuno que el Papa Juan Pablo II la canonizase, porque una santa joven, enteramente normal y equilibrada, sencilla, alegre, deportista, simpática y que amó y vivió plenamente la vida, es un regalo de Dios para una sociedad como la nuestra, con un porcentaje muy elevado de jóvenes. Como enamorada de Cristo, nos contagia a jóvenes y adultos de su amor, que nos impulsa – como a Cristo – a obedecer incondicionalmente al Padre y a vivir para los demás.

Teresa de los Andes, nos convence de que sólo a base de espíritu de superación y de esfuerzo maduraremos y nos realizaremos como personas. También, olvidándose ella de sí misma y sacrificándose por los demás, nos señala el camino que conduce al equilibrio humano y a la verdadera felicidad.

 

 


 

8     LA FAMILIA

“Tu esposa será como parra fecunda en el secreto de tu casa. Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa”. (Sal 128,3)

La fe cristiana en la familia, como signo vital.

La familia es una comunidad formada para una vida de amor, cuyo propósito es llevar una vida plena y feliz. Pero no siempre hay felicidad total y ello es producto de una serie de dificultades para amarse plenamente entre los miembros de esa familia. Sin embargo, me parece que todo es distinto cuando se tiene el ideal de custodiar el amor familiar.

Ahora, cuando las familias, fundan su comunidad en la experiencia de una vida con los ojos puestos en Cristo, con una participación en la vida de la Iglesia, fortalecido con la fe, la esperanza y por sobre todo en la caridad, esta sostenida frente a cualquier dificultad.

Ningún padre puede argumentar que no posee responsabilidad en incentivar la fe en la propia familia y no solo con relación a sus hijos, sino que, a su esposa, esto es, entre ambos pueden ayudarse y fortalecerse cada día en la fe, para vivir y transmitir ese amor a los demás. Del mismo modo, a medida que los hijos se van formando, ellos pueden ayudar a sus hermanos menores a vivir en la fe.

En mi experiencia, creo que todo esto nace bien cuando se hace imprescindible la oración en familia. En efecto, cuando los niños ven rezar a sus padres, o cuando sus padres les enseñan a rezar y los invitan a orar, por ejemplo, antes de dormir, a la hora de comer o frente a las dificultades, están cultivando en el interior del alma de sus hijos el amor a Dios. 

Otro aspecto de gran importancia y en la cual los padres impactan a sus hijos, es hacerlos participar en el Sacramento de la Eucaristía, y que además es el centro de la vida cristiana. Ciertamente la familia que comparte la belleza de la Misa dominical, la escucha de la Palabra, y los ritos de la liturgia juntos como familia, es una familia rica en amor.

En el caso de nuestra carmelita, la familia ha sido su mejor escuela para vivir como cristianos y en el amor familiar, la fe cristiana ha sido algo vital y ha influido fuertemente, tanto, como llevar a decidir a esta joven Teresa a enamorarse tanto de Cristo, que optó por hacerlo su eterno esposo. Ciertamente, ese profundo amor familiar, es un factor importante, tanto, que a muchos hijos los motiva al compromiso continuo por conquistar que muchos hombres y mujeres lleguen a conocer a Cristo.

Este artículo nos ayudara a conocer cómo fue Teresa de Jesús de Los Andes en su relación con su familia.

Su padre fue Don Miguel Fernández Jaraquemada. Nació en Santiago, el 17-09-1869, y falleció en Hualañé el 21-08-1923. Su madre fue Doña Lucía Solar Armstrong, fallecida en Santiago el 12-04-1955. Se casaron en Santiago, el 16-05-1892. De este matrimonio nacieron los hermanos de Juanita, Miguel, Lucía, Luís y Rebeca, Juana.

Miguel, fue poeta, casado con Isabel Moreno y tuvieron dos hijos María Isabel, y Teresa. Lucía, se casó con Isidoro Huneeus y Guzmán, tuvieron dos hijas, Luz y Laura. Luis, fue soltero y Rebeca religiosa.

La historia de su Alma.

Durante el año 1917, Juanita Fernández Solar escribe su Diario y se lo dedica a la Madre Julia de los Ríos, quien fue orientadora espiritual de las alumnas del internado del Sagrado Corazón de Santiago. Y le habla a ella (a la Madre Julia) de su vida. Es así como podemos conocer sobre su familia de su propio relato.[39]

“Madre querida: Ud. cree que se va a encontrar con una historia interesante. No quiero que se engañe. La historia que Ud. va a leer no es la historia de mi vida, sino la vida íntima de una pobre alma que, sin mérito alguno de parte de ella, Jesucristo la quiso especialmente y la colmó de beneficios y de gracias.

La historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar". Aquí tiene mi vida entera desde que me di cuenta de todo, es decir, a los seis años o antes. Yo sufría, pero el buen Jesús me enseñó a sufrir en silencio y desahogar en El mi pobre corazonci­to. Usted comprende, Madre que el camino que me mostró Jesús desde pequeña fue el que recorrió y el que amó; y como Él me quería, buscó para alimentar mi pobre alma el sufrimiento.

Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.[40]

Regalona de todos. Mi familia.

Escribe Juanita un relato de su ambiente familiar y en especial la bella imagen de su abuelito materno como hombre santo y juguetón con ella y su hermana:

“Vivíamos con mi abuelito, anciano ya. Se llamaba Eulogio Solar. Se puede decir que era un santo, pues todo el día se le veía pasando las cuentas de su rosario.

Jesús no quiso que naciese como El, pobre. Y nací en medio de las riquezas, regalona de todos.

Yo era la cuarta. La primera se llamaba Lucía, que tenía siete años, Miguel el segundo, seis años y Lucho, el tercero, tenía tres años. En casa de mi abuelito vivía mi tía Juanita Solar con cuatro niños. Ya se había muerto mi tío Luis Alberto Domínguez. El mayor de mis primos tenía trece años y el menor cinco. Vivía también mi tía Teresa Vicuña, con dos niños. Uno se había muerto chico. El mayor se llamaba Tomás Bernardo (el nombre de mi tío). La segunda Teresita, tenía ocho años. También vivía mi tío Francisco, que era soltero. Tenía 23 años.

Poco después nació la Rebeca; con año y ocho meses de diferencia conmigo. Era yo, aunque tan regalona, muy tímida. La Rebeca era lo contrario. Las dos éramos muy regalonas. Hacíamos con mi abuelito lo que queríamos y le engañábamos con besos y caricias.

A mí, desde chica, me decían que era la más bonita de mis hermanos y yo no me daba cuenta de ello…Mi carácter era tímido, de un corazón muy sensi­ble. Por todo lloraba, pero tenía un carácter sumamente suave; yo jamás rabiaba con nadie”.[41]

La imagen de santo de su abuelito.

En el siguiente relato, Teresa nos muestra el cariño que tenía por su abuelito, se trata de Don Eulogio Solar.[42]

“Me acuerdo perfectamente cuando nos fuimos al fundo -a Chacabuco- que estaba tan bien. Mi tía Teresa con los dos niños se fue con él y con nosotros, de quien no se separaba.

Todas las tardes nos hacía subir a caballo, sacando al cara o sello quién sería la primera. Siempre salía la Rebeca. Estaba bien, cuando una noche le vino el ataque de parálisis. Inmediatamente se lo trajo mi tía por tierra a Santiago, donde luego le dijeron que estaba sin remedio. Lo hacían sufrir con los remedios más terri­bles Al fin mi pobre viejito no sabía cómo estaba. El 13 de mayo, día de su muerte, recibió los Sacramentos. Llamó a sus hijos. Los aconsejó Al lado de su pieza estaba el oratorio. Principió a decir­se la misa cuando lo vieron que tenía una cara de espanto y decía quítenlo y se cubría la cara con las manos. Eran las terribles tentaciones del demonio. Mi mamá le echó agua bendita y se fue el diablo. Después, lo tentó otra vez, y se fue para que su muerte fuera como su vida: en paz. Al levantar en la Consagración la San­ta Hostia su alma se voló al cielo sin haberlo notado nadie. Parecía dormido. Su muerte fue la de un santo. Como lo fue su vida”.[43]

Me pasó aquí una cosa digna de contarse.

Mas adelante en la misma nota, nos relata un suceso que impacto mucho en su familia, porque hubo que hacer un gran cambio de la forma de vida que hasta esa fecha llevaban.

“Al poco tiempo remataron la casa y el fundo, que lo dividieron en tres hijuelas. Con la hijuela del medio se quedó don Salvador Huidobro; con la de la cuesta, mi tío Francisco, y [con] la de los Baños, mi mamá. Con la casa de Santiago se quedó mi tío Eugenio.

Nosotros nos cambiamos a la Calle Santo Domingo casa como la otra, llena para mí de recuerdos muy gratos. Me pasó aquí una cosa digna de contarse. En la noche cuando se nos apa­gaba la luz del cuarto, pero todavía quedaba la luz del cuarto de mi mamita, yo veía aparecer a mi tatacito a los pies de la cama de la Rebeca; pero lo veía nada más que la mitad del cuerpo. Se me apareció ocho días seguidos. Yo me moría de susto y me pasaba a la cama de la Rebeca. Desde allí no lo veía.

Cuando fuimos por última vez a Chacabuco, mi tía Juanita me dio una Virgen de Lourdes de loza que había tenido siempre al lado de mi cama, con tal que tomara un remedio. Me la tomé y me la dio. Esta es la Virgen que jamás ha dejado de consolarme y de oírme”.[44]

Por este tiempo empieza mi devoción a la Virgen.

También, nos relata la influencia de su hermano Luis, a quien ella le llama “Lucho” respecto a la devoción del Santo Rosario:[45]

“Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y estaré, co­mo lo espero hasta mi muerte. Todos los días Lucho me convida­ba a rezar el rosario, e hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la vida; la que he cumplido hasta ahora. Sólo una vez, cuando es­taba más chica, se me olvidó.

Nuestro Señor, desde aquí, se puede decir, me tomó de la mano con la Santísima Virgen. Desde este período mi carácter se puso iracundo, pues me daban unas rabietas feroces; pero eran muy de lejos. Después nadie me sacaba de paciencia. Los niños, mis hermanos, lo hacían a propósito. Me decían muchísimas cosas para hacerme rabiar, pero yo seguía como [si] no los oyera. Por esto mi mamá me hizo regalona; pero después, cualquiera cosa que me contrariaban me ponía a llorar y me daban llantos histé­ricos.

La Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección.

Cuando nos fuimos a Chacabuco, fue con nosotros una pri­ma de mi mamá que no me podía pasar, y la Rebeca era la regalo­na. Con esto sufría como no es posible imaginar; pero yo con ella era terrible, no le soportaba nada.

En 1907 entramos al colegio. Ud. puede saber, Madre, lo que la incomodamos con nuestro carácter. Muy bien nos acorda­mos cuando mi mamá le contaba las peleas que teníamos con mis hermanos y Ud. nos llamaba y nos hacía ponernos bien.

Desde esta época es cuando Nuestro Señor me mostró el sufrimiento Mi papá perdió una parte de la fortuna. Así es que tuvimos que vivir más modestamente.

Yo cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Pri­mera Comunión. Hasta que accedió en 1910. Y empecé mi prepa­ración. Me parecía, querida Madre, que ese día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a Nuestro Señor. Un año me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección”.[46]

Yo modifiqué mi carácter por completo

Mas adelante escribe:

“En el mes del Sagrado Corazón (¿1908 ó 1909?), yo modifiqué mi carácter por completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de verme preparar­me tan bien a mi Primera Comunión.

Me costaba obedecer porque, sobre todo cuando me manda­ban, por flojera, me demoraba en ir. Entonces me dije a mi misma que, aunque no me mandaran, iría corriendo primero que los otros. No peleaba con los niños. A veces me mordía los labios y me apresuraba para vestirme. Hacía actos, los que apuntaba en una libreta. Tenía llena la libreta de actos. Ay, qué diferencia entre entonces y ahora. ¡Cómo volver a esa época! Pero ¿no he recibido más favores de Nuestro Señor?[47]

Deseos de comulgar.

Sigue escribiendo de su vida en el Diario, y uno de los recuerdos importante es la participación en la misa y como luego llevan la eucaristía a casa para hablar de ella: [48]

“Cuando vino el terremoto de 1906, al poco tiempo fue cuan­do Jesús principió a tomar mi corazón para sí.

Me acuerdo que mi mamá con mi tía Juanita nos llevaban a misa y siempre nos explicaban todo; y yo, en la misa, cuando lle­gaba la Comunión, me encendía de deseos de recibir a Nuestro Señor. Pedía a mi mamá este favor, pero gracias a Dios que no me encontró preparada para este sublime acto. Me acuerdo que mamá y mi tía Juanita me sentaban en la mesa y me preguntaban acerca de la Eucaristía. Yo contestaba a sus preguntas; pero, como me veían muy chica, no me dejaban hacerla”.[49]


 

9     DIVINA Y HUMANA

“El sondea la profundidad y el corazón humano, y sus secretos cálculos comprende” (Cf. Eclo 42,18)

9.1         ALEGRE, BROMISTA, COMUNICATIVA Y DEPORTISTA

Las personas que la conocieron y la trataron, dan testimonio que Juanita se distinguió en su vida como deportista, excelente alumna, hija muy obediente, amaba mucho a sus padres y hermanos, misionera, y luego en el Monasterio monja fervorosa.

El Fr. Ángelo de la SS. Trinidad, Vice-Postulador en la causa de, escribe en su libro Sor Teresa de Los Andes, Escritos Espirituales, que en una entrevista con la profesora de sicología le indicó los siguientes rasgos peculiares de Juanita:

1° Era muy tímida y de carácter suave. Huía de toda exhibición.

2° Era sensata y equilibrada.

3° Llamaba la atención su precocidad infantil, inteligencia y piedad.

Alegre y bromista.

Teresa lleva una vida interior rica y profunda. Trata con Jesús de corazón a corazón. Se ha entregado a Él sin reservas. Pero su equilibrio con el entorno le hace llevar una vida normal, como la de cualquier joven de su tiempo.

Todo lo que sea distinguirse le repugna. Evita cuidadosamente merecer el título de beata. Se gloría de que es feliz y lo pasa bien allí donde le toca vivir, de que no es como otras chiquillas que en todas partes se "latean" (aburren). Le gusta querer de verdad. Por eso tiene tantas y tan buenas amigas. Y sus educadoras la admiran y aprecian sinceramente. En todas partes la quieren.

Es alegre, comunicativa, bromista. Contagia a todos su sana alegría. Es maestra en el manejo de la broma y de la ironía. En sus cartas abundan episodios divertidísimos de ataques de risa. La sencillez, familiaridad y alegría de las carmelitas le encantó, incluyendo poderosamente en su resolución de ingresar en el Carmelo.

En la intimidad de su familia es amable, dulce, cariñosa. La "joya de la casa", como dirá su hermano Luis.

Comentaba ella de un paseo: “El viaje resultó divertidísimo. Gozamos, pues embromamos desde que salimos. También nos acordamos de Uds., pero nada más que para "pelarlas". [50](“Pelar”, comentar sobre la vida de otras personas)

Y sigue:

 “No hacemos otra cosa que embromar. Apróntate. En la mesa nosotras estamos las últimas con Pepe. Era tanto lo que disparateábamos y nos reíamos, que a veces no podía comer. Pero lo más trágico era que el Padre que rezaba después de la comida, en la mitad del rezo, no podía continuarlo por la risa, pues lo contagiábamos”.[51]

“Saqué como resolución vivir muy alegre exteriormente”.[52]

“Donde me llevan soy feliz…Vivir siempre muy alegres. Dios es alegría infinita”.[53]

Le encanta el deporte.

Todo lo que sea el deporte le fascina. Es estupenda equitadora. Desde niñita, su abuelo le había enseñado a montar a caballo. Y no hay nada que le guste más que cabalgar. Le divierten los largos paseos a caballo por cerros y quebradas. Se lanza decidida por cualquier parte desafiando peligros. Envidia a los jóvenes que van por varios días a la cordillera. También le encanta el tenis y manejar la "cabrita". Pero descuella sobre todo como nadadora. Como es alta y bien proporcionada, tiene excelentes cualidades para la natación. Bate el récord de rapidez y resistencia entre sus familiares, resultando indiscutiblemente vencedora en cuantas competencias organizan.

Se extasía a la vista de los paisajes pintorescos, que retrata después con precisión y colorido en sus cartas. El mar y las bellezas de la naturaleza le hacen sentir sed de lo infinito.

Estudia música y canto. Y las veces que asiste al teatro a alguna ópera, sabe apreciar la voz y el desempeño de los actores.

“He salido mucho a caballo y estoy encantada con subir y bajar cerros. Aquí están admirados porque no me canso, y me dicen que soy una verdadera amazona. No dejaría de ser una vergüenza si no lo fuera”.[54]

“Nos ha bajado furor por el tenis. Estoy aprendiendo. Me encanta”.[55]

“No hemos hecho ningún paseo grande, pues los chiquillos se van a la cordillera por seis días. Te aseguro que los envidio con toda el alma”.[56]

“Me siento llena de Dios. No hay separación entre nosotros. Donde yo vaya, Él está conmigo, dentro de mí. Vivo con Él. Y a pesar de estar en los paseos, ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda interrumpirnos”.[57]

“La voluntad de Dios es un alimento espiritual que fortifica el alma que se entrega a El gustosa”.[58]

9.2         HA INTEGRADO LO DIVINO Y LO HUMANO PERFECTAMENTE

Lo más sorprendente es la naturaleza con que armoniza el trato con Dios con el de los hombres. Se abisma y queda absorta en la contemplación de las perfecciones de Dios y de las finezas de su amor, sin dejar de mostrarse después alegre, amable y comunicativa con sus semejantes.

Cada día siente necesidad más apremiante de orar. Y aun cuando las ocupaciones o la atención de los demás le impiden recogerse a dialogar con Jesús, sabe y dice que toda su vida es una oración continuada, una alabanza ininterrumpida a Dios; porque todo lo hace por su amor y sin salirse un punto de su divina voluntad. En los lugares de esparcimiento goza con la idea de que, allí donde tantos lo olvidan, al menos ella lo adora y ama. ¡Qué páginas tan deliciosas escribió sobre su intimidad con Dios!

Su oración es sencilla, sin complicaciones. Una íntima y familiar conversación con Jesús. Se figura que está a sus pies escuchándolo. Y trata con Él sobre lo que hacer a evitar para serle más agradable.

Verdaderamente pasma su equilibrio, la armoniosa síntesis que ha logrado integrando lo divino y lo humano tan perfectamente. Sorprende verla tan normal, tan complaciente, alegre y bromista incluso en los meses en que su cuerpo está aquejado por fatigas y molestias, y su espíritu viene sufriendo la purificación más angustiosa- dudas, sequedades, abandono y agonía interior con que el amor acrisoló su alma los dos últimos años de su vida.

“Ayer salí para siempre del colegio…Desde ahora, papacito, quiero que Ud. cuente para todo conmigo. No tengo otro deseo que darle gusto en todo, acompañarlo y consolarlo. Pienso correr con la casa, tratando de hacerlo lo mejor posible”.[59]

“Véngase luego, papacito, para pasar siquiera dos días con Ud., ya que nosotras lo aprovechamos tan poco cuando Ud. viene por estar internas”.[60]

9.3         PROFUNDAMENTE AFECTIVA

Amor sin caricias.

Teresa es profundamente afectiva. Llora a mares cada vez que se despide de los suyos para ir al internado. Es de temperamento tan afectuoso y regalón, que de jovencita se pregunta cómo las monjas pueden ser felices sin recibir muestras externas de cariño, y cree imposible enamorarse de un Dios a quien no se ve ni se puede acariciar. Pero se ha entregado al Amor. Y ha comprobado que Dios resarce plenamente; que da muestras palpables – aunque invisibles – de su amor infinito.

Examina, pues, su corazón y se convence de que sus aspiraciones de amor son tales, que ningún ser humano podrá colmarlas enteramente; porque será necesariamente limitado, interesado, sujeto a flaquezas. Que únicamente Jesús es capaz no solo de perfeccionarla, sino de divinizarla. Y que, por lo tanto, sólo Él podrá enamorarla. Opta por Él. Y decididamente. Escoge el convento de las Carmelitas de los Andes para realizar su ideal de ser toda de Jesús. Está convencida de que encontrará muchos obstáculos para lograr su intento. Pero confía en que, con Jesús, atravesará el fuego, si es preciso, para conseguirlo.

No es que Teresa no aprecie el matrimonio. Sabe que la vida del hogar es muy sacrificada y fecunda. Que hacen falta cristianos que la vivan generosamente para colaborar en la transformación del mundo. Pero ella no se siente llamada sino a fundirse con Jesús en el amor, como prisionera voluntaria suya en una clausura.

No es una ilusa, sabe que el amor es exigente. Que si se va al Carmen, es para inmolarse con Cristo por la humanidad. Que en su pieza tendrá una cruz de madera sin Cristo. Que es esa la cruz donde ella debe morir a su egoísmo, a todo lo que le impida repetir y exclamar:

"Yo no soy la que vivo, sino Jesús".[61]

“Pero el sufrimiento no le es desconocido. ¿Qué importa sufrir cuando se ama?,[62] dice. El amor es cielo. Y ella, perdidamente enamorada de Cristo, cifra su ideal en sufrir, amar y orar por la Iglesia y por la humanidad pecadora”.[63]

“Los corazones de los hombres aman un día y al otro son indiferentes. Solo Dios no cambia”.[64]

“He visto que la felicidad en el mundo no existe. Siempre su trato me deja un vacío que lo llena por completo nuestro Señor”.[65]

“¡Qué impresión me produjo cuando vi mi conventito! Su pobreza habla muy bien a su favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo”. [66]

“Sé que si voy al Carmen será para sufrir. Más el sufrimiento no me es desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra Jesús, y Él es Amor. Y ¿qué importa sufrir cuando se ama?”[67]

“No temas, hermanita querida. No existirá jamás separación entre nuestras almas. Yo viviré en Él. Busca a Jesús y en Él me encontraras y allí los tres seguiremos los coloquios íntimos que hemos de continuar allá en la eternidad”.[68]

“Solo me restan 20 días. Y después el Calvario, el cielo………Ya estoy subiendo su cima. El dolor de la separación es tan intenso, que no hay palabras para expresarlo. Solo Dios me sostiene”.[69]

“Jesús no quiere que exista nada entre Él y yo. Manifestándose a mi alma la ha enamorado en tal forma que sólo en Él puedo encontrar reposo”.[70]

Orando, trabajando y riéndonos.

En el claustro, las religiosas quedan prendadas de su nueva hermana y de sus sobresalientes cualidades. Y el 14 de octubre la visten con el hábito de la Orden, imponiéndole su nuevo nombre: Teresa de Jesús.

En el convento, fiel a su consigna de santificarse por los demás, continúa buscando para sí lo más trabajoso y molesto para aliviar a sus hermanas, a quienes ama de corazón. Ahora es ella la que, con su trato fino y exquisito, contribuye a que siga reinando en la comunidad la alegría, la hermandad y sencillez, que antes de entrar le habían seducido. Se siente cada día más feliz. En la antesala del cielo. Porque pasa horas a los pies del sagrario y en su celda con Jesús, que es su gozo infinito. Con Dios que es alegría infinita. Y luego, en los recreos, se ríe y embroma todo el tiempo, sin que falten los cantos con guitarras y bandurrias los días señalados. Así pasamos la vida – escribió -: “orando, trabajando y riéndonos”.[71]

Enamorada de Cristo, de la Eucaristía, de la Virgen y de la oración, despliega un apostolado intensísimo con sus cartas. Sus destinatarios van contagiándose de esos amores de Teresa.

Así vive la prisionera voluntaria de Jesús. Siente ansias de martirio. Le fascinaría dar su vida por Él. Pero pisa tierra y sabe que su martirio está en donde vive. En eliminar su egoísmo a cada instante. En aceptar los sufrimientos interiores que la purifican. En cumplir con alegría el fin de la carmelita: rogar, vivir inmolándose ocultamente por los pecadores, por la santificación de los sacerdotes y por la Iglesia.

Todo es alegría y sencillez en el Carmen. Y cada una se esmera en poner de su parte cuanto pueda para alegrar a sus hermanas. Escribe Teresa de los Andes:

““¡Si supieras la felicidad que inunda mi alma en cada instante escondida en Dios!” [72]

“Me parece que principie a vivir sólo el 7 de mayo. Te aseguro que todos los sacrificios hechos me parecen nada. “Vivimos riéndonos y amando. No te imaginas la alegría, la confianza y la sencillez que reina. Me encuentro en mi centro”“.[73]

“Mi celda es bien pobrecita, pero en ella me paso con Nuestro Señor en intima conversación de corazón a corazón”.[74]

“¡Qué cosa más rica es para el alma que ama pasar la vida junto al Sagrario!” [75]

“Después que comulgo me siento en el cielo, y dominada por el amor infinito de Dios”.[76]

El colmo de la dicha y del dolor.

El 7 de mayo de 1919 ingresó Teresa en las Carmelitas Descalzas de Los Andes, separándose para siempre de los suyos. Así culminó el gran sacrificio que la trajo desgarrada los últimos meses, y que sólo por amor a Cristo pudo consumar. Un mes antes escribía: "Estoy en el colmo de la dicha y del dolor".[77] Contrastes y paradojas que sólo el locamente enamorado puede entender. Dolor intensísimo por alejarse de los suyos a quienes ama y que nunca hubiera abandonado por un hombre. Lucha contra su propia naturaleza – sobre todo desde que solicita el permiso paterno -, que se convierte en agonía, en martirio cruel, según va acercándose el día de subir definitivamente al Calvario de la terrible despedida.

Y por otra parte, dicha felicidad, por ver realizado el ideal de su vida; por dejar todo lo que tiene a cambio de Nuestro Señor. Dicha inefable, porque el amante goza en demostrar el amor en lances difíciles y comprometedores. Y porque Jesús no se deja ganar en generosidad, cuando Teresa se arrancó de los brazos de su madre, le abrió los suyos dulcemente, confortándola y fortaleciéndola con su gracia.

El fin de las carmelitas me entusiasma: [78]santificarse a sí mismas para que la savia divina se comunique, por la unión que existe entre los fieles, a todos los miembros de la Iglesia.

“Ella se inmola sobre la cruz y su sangre cae sobre los pecadores, pidiendo misericordia y arrepentimiento. Cae sobre los sacerdotes, santificándolos. Y todo en silencio, sin que nadie lo sepa. Cuantos hay que tachan su vida de inútil. Sin embargo, ella es como el Cordero de Dios que lleva los pecados del mundo. Se sacrifica para volver al redil las almas extraviadas. Pero así como a Cristo no lo conoció el mundo, a ella tampoco la conoce. Esta abnegación completa me encanta. No hay cabida al amor propio. No ve siquiera el fruto de su oración. Solo en el cielo lo sabrá”.[79]

“Por Jesús he preferido ser pobre y trabajar. Ya que Él por mi amor se hizo pobre, yo por amor a Él quiero serlo”.[80]

“La ternura de mi corazón de hija crece cada día, mi papacito, y no creo que en el Carmen se extingue, antes al contrario, toma mayores proporciones, porque se ama sin interés y en Dios”.[81]

 

 

10    LA PRIMERA COMUNION

“Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre” (Jn 6,51)

10.1     EL INICIO DE UNA NUEVA VIDA.

Recuerdo que tenía tan solo 8 años (Día de la Inmaculada Concepción, año 1958) cuando hice mi primera comunión, y durante muchos años disfruté de mi catecismo que me regalaron para esa ceremonia, era un librito muy hermoso para mí, con tapa nacarada, y hojitas con borde dorado, y entre algunas hojas guardaba de recuerdo algunas imágenes de Jesús, preparadas para mi comunión y la de otros amigos. También recuerdo que fue un día de primavera, con mucho sol, la Iglesia para mí era grandiosa. Me habían regalado además un rosario de concha perlas, no sabía cómo utilizarlo hasta que me lo enseño mi papa. Pero lo más importante, era que gritaba a mis amigos “ahora somos santos” y eso causaba risa de los adultos. Entonces entendía que era el inicio de una nueva vida, y siempre me pareció que Jesús caminaba conmigo, que me llevaba de la mano. Esa idea, me hizo sentir siempre protegido. Incluso, ya de más edad, en ciertos momentos complicados, el dialogo con él me daba mucha paz.

La primera comunión, es la etapa de la iniciación cristiana que más impacto hace al niño o adolescente, ciertamente, es una fecha inolvidable.

La Primera Comunión en Teresa de los Andes.

Teresa de Los Andes hizo su primera comunión a los 10 años, el 11 de septiembre de 1910. Haciendo un resumen de su vida, escribe Juanita en su Diario:

“Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”. [82]

En otra parte escribe:

“Yo cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Primera Comunión. Hasta que accedió en 1910. Y empecé mi preparación. Me parecía, querida Madre, que ese día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a Nuestro Señor. Un año me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección.[83]

Y más adelante en la misma nota escribe:

“En el mes del Sagrado Corazón [¿1908 ó 1909?], yo modifiqué mi carácter por completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de verme prepararme tan bien a mi Primera Comunión”.[84]

El relato de su Primera Comunión.

Escribe Teresa en su Diario el siguiente relato del día que hizo su Primera Comunión:[85]

“El día de mi Primera Comunión fue un día sin nubes para mí. Mi confesión general. Me acuerdo: después que salí me pu­sieron un velo blanco. En la tarde pedí perdón. ¡Ay! Me acuerdo de la impresión de mi papacito. Fui a pedirle perdón y me besó. Entonces yo después me le hinqué y llorando, le dije que me per­donara todas las penas que le hubiera dado con mi conducta. Y [a] mi papacito se le cayeron las lágrimas y me levantó y me besa­ba diciendo que no tenía por qué pedirle perdón, porque nunca le había disgustado, y que estaba muy contento viéndome tan buena. ¡Ay!, sí, papacito, porque vos erais demasiado indulgente y bondadoso para conmigo. Le pedí perdón a mi mamá, que llora­ba. A todos mis hermanos y por último, a mi mamita y de más sirvientes. Todos me contestaban conmovidos. Yo, como es­taba en retiro, estaba aparte, así es que no comía en la mesa.

El 11 de septiembre de 1910, año del centenario de mi Pa­tria, año de felicidad y del recuerdo más puro que tendré en toda mi vida.

Ese hermoso día para mí, fue un día hermoso para la natu­raleza también. El sol despedía sus rayos que llenaban mi alma de felicidad y de acción de gracias al Creador.

Desperté temprano. Mi mamá me vistió y me puso el vesti­do. Me peinó. Todo me lo hizo ella, pero yo no pensaba en nada. Para todo estaba indiferente, menos mi alma para Dios. Cuando llegamos, nos llevamos repitiendo el rosario de Primera Comu­nión. En vez de Ave María, se repetía: “Venid, Jesús mío, venid. Oh mi Salvador, venid Vos mismo a preparar mi corazón”.

Llegó por fin el momento. Hicimos nuestra entrada en la capilla de dos en dos. Usted, Madre mía, iba a la cabeza y Monseñor Jara -quien nos daría la Sagrada Comunión-, detrás. Todas entramos con los ojos bajos, sin ver a nadie y nos hincamos en los reclinatorios cubiertos de gasa blanca, con una azucena y vela al lado. Monseñor Jara nos dijo palabras tan tiernas y hermosas que llorábamos todas. Me acuerdo una cosa que nos dijo: “Pedid a Jesucristo que, si habéis de cometer un pecado mortal, que os lleve hoy, que vuestras almas son puras cual la nieve de las montañas. Pedidle por vuestros padres, los autores de vuestra existencia. Y las que los han perdido ahora es el momento de encontrarlos. Sí, aquí se acercan para ser testigos de la unión íntima de vuestras almas con Jesucristo. Mirad los ángeles del altar, niñas queridas. Miradlos, os envidian. Todo el cielo está presente”. Yo lloraba. Por fin nos dijo que no quería demorar más la unión de Jesucristo. Que ya estaríamos sedientas de Él y lo mismo Jesucristo.

Nos acercamos al altar mientras cantaban ese hermoso canto: “Alma feliz”, que jamás se me olvidará.

No es para describir lo que pasó por mi alma con Jesús. Le pedí mil veces que me llevara, y sentía su voz querida por primera vez. ¡Ah, Jesús, yo te amo; yo te adoro! Le pedía por todos. Y [a] la Virgen la sentía cerca de mí. ¡Oh, cuánto se dilata el corazón! Y por primera vez sentí una paz deliciosa. Después que dimos acciones de gracias, fuimos al patio a repartir cosas a los pobres y a abrazar [cada una] a su familia. Mi papacito me besaba y me levantaba en sus brazos feliz.

Ese día fueron muchísimas chiquillas a la casa. Para qué decir nada de los regalos que tenía: la cómoda y mi cama estaban llenos.

Pasó ese día tan feliz, que será el único en mi vida.

Nos cambiamos de casa al poco tiempo. Pero Jesús, desde este primer abrazo, no me soltó y me tomó para sí.

Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Pero mi devoción especial era la Virgen. Le contaba todo. Desde ese día la tierra para mí no tenía atractivo. Yo quería morir y le pedía a Jesús que el ocho de diciembre me llevara.


 

11    LA ESPIRITUALIDAD DE TERESA DE LOS ANDES

Jesús me pide que sea santa.

A pesar de su juventud -19 años- y de su cortísima vida en el Carmelo -11 meses- su espiritualidad es rica y transparente. Su amor al Carmelo... A las almas... A sus seres queridos... son otras facetas de su espiritualidad.

Leyendo su precioso y abundante Epistolario, y sobre todo su Diario, escrito desde 1917 con el título de "Historia de la vida de una de sus hijas", pueden apreciarse los quilates de esta alma extraordinaria donde ella confiesa en una carta al P. José Blanch en noviembre de 1919 [86]:

“Cuando veo que encuentran algo hermoso y se alegran con ello yo me digo: Sólo Jesús es hermoso. Él sólo puede hacerme gozar”.

“Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma”.

“Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda descansar”.

“Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor”.

“Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí”.

“¿Hay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?”

Cautivada en las redes del Divino.

Teresa de los Andes declara haber sido cautivada en las redes del Divino Pescador.[87] El 15 de abril de 1916 le escribe con pasión a su hermana Rebeca:

“¡Qué feliz soy! He sido cautivada en las redes del Divino Pescador”., “Soy su prometida y muy luego celebraremos nuestros desposorios en el Carmen”., “El 8 de diciembre me comprometí…Mi pensamiento no se ocupa sino de Él. Es mi ideal; es un ideal infinito”.[88]

Después de un retiro le escribe una carta en un cuaderno a la Virgen María de un modo todo especial:[89]

“¡Oh, soy feliz! Pues puedo decir con verdad, que el único amor de mi corazón ha sido Él”.

 “¡Jesús mío, he visto que sólo una cosa es necesaria: amarte y servirte con fidelidad; parecerme y asemejarme en todo a Ti. En eso consistirá toda mi ambición.!

“¡Oh, soy feliz! Pues puedo decir con verdad, que el único amor de mi corazón ha sido Él”.

 “¡Jesús mío, he visto que sólo una cosa es necesaria: amarte y servirte con fidelidad; parecerme y asemejarme en todo a Ti. En eso consistirá toda mi ambición.!”

"La Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección... Mi devoción especial era la Virgen. Le contaba todo. Sentía su voz dentro de mí misma... “Mi espejo ha de ser María. Puesto que yo soy su hija, debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús”.[90]

Algunas frases de Teresa de los Andes, Juanita Fernández Solar.

“Jesús mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfa­llezco…La mirada de mi Crucifico me sostiene” [91]

“A veces se me representa tan lleno de hermosura y ternura como ya no es posible describir. Créame que todo me causa un hastío horrible; que cuando veo que encuentran algo hermoso y se alegran con ello yo me digo: "No es Jesús. El sólo es hermoso. Él sólo puede hacerme gozar - Lo llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma”

“Quiero que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor que esta pobre carmelita tanto desea”. [92]

“Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí… ¿Hay algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?”[93]

“seré doblemente tu Hija. Voy a ser Espo­sa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir con verdad que el único amor de mi cora­zón ha sido El”.[94]

Amó tiernamente a Jesús.

Quien mejor nos puede decir como fue el amor a Jesús de Teresa de los Andes, es ella misma, a su hermana Rebeca le escribe:

Me he entregado a Él. El ocho de diciembre me comprometí. Todo lo que lo quiero me es imposible decirlo. Mi pensamiento no se ocupa sino en El. Es mi ideal. Es un ideal infinito. Suspiro por el día de irme al Carmen para no ocuparme sino de Él, para confundirme en Él y para no vivir sino la vida de El: Amar y sufrir para salvar las almas. Sí, sedienta estoy de ellas porque sé que es lo que más quiere mi Jesús. ¡Oh, le amo tanto!” [95]

A la Virgen María, Madre de Jesús le escribe:

“Jesús me pide que sea santa. Que haga con perfección mi deber. Que el deber es la cruz. ¿Encontrará el Padre la figura de Cristo en mí? ¡Cuánto me falta para parecerme a Él!”[96]

Dice ella refiriéndose a su Primera Comunión:

"Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato.”..[97]

Decía Juanita; "Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”.[98] Y su ilusión y su constante empeño fue asemejarse a Él, configurarse con Cristo.

Por eso, deseando llegar a ser una excelente copia suya, vivió decidida a ir hasta el fin del mundo atravesando el fuego si hubiera sido preciso para serle fiel.

Estaba siempre dispuesta a servir y a sacrificarse por los demás, sobre todo por alegría y felicidad, para hacer amable y atractiva la virtud.

En una ocasión a vuelta de vacaciones escribe:

“Hace mucho tiempo que no escribo. Pasaron las vacaciones del 18 y he vuelto al colegio. Qué feliz me encuentro de nuevo en el colegio, sin haber dado mi corazón a nadie. Todo de Jesús. Quiero que mis acciones, mis deseos, mis pensamientos, lleven este sello: Soy de Jesús". [99]

 

 


 

12    ¿QUÉ HIZO ESTA JOVEN PARA SER SANTA?

Amar intensamente a Dios y a su voluntad.

Una de las preguntas que más me llamó la atención en una ocasión cuando hablé de la vida de Santa Teresa de los Andes en La Habana, Cuba, fue la de un señor que me apunto con un lápiz y un cuaderno en mano preparado para tomar nota; ¿Qué hizo esta joven para ser santa?, y espontáneamente, creo que, sin pensarlo mucho, salió de mi esa primera palabra, “nada”, y le aclaro luego, quiero decir nada del otro mundo, solo amar intensamente a Dios y a su voluntad.

Escribe Teresa en su Diario y en estas pocas palabras, lo escribe todo.

 “Jesús mío, te amo. Soy toda tuya. Me entrego por completo a tu divina voluntad” y añade más adelante; “quiero cumplir tu voluntad. Quiero pasar mi vida sufriendo para reparar mis pecados y los de los pecadores. Para que se santifiquen los sacerdotes. No quiero ser feliz yo, sino que Tú seas feliz. Quiero ser soldado para que dispongas a cada instante de mi voluntad y gustos. Quiero ser animosa, fuerte, generosa en servirte, Señor, Esposo de mi alma”.[100]

Dice el Señor Jesús; “Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día”. (Jn 6,40) Y Teresa, vivió y partió a la vida eterna enamorada del Hijo, ella entendió en su juventud, lo grande que es la voluntad de Dios. Para ella, aceptar la voluntad de Dios, es amar. Escribe ella en su Diario: “Por Él lo dejaré todo para irme a ocultar tras las rejas del Carmen, si es Su Voluntad, y vivir sólo para Él”[101] .

“Me encomendaré a Teresita para que me sane y pueda ser Carmelita. Pero no quiero sino que se cumpla la voluntad de Dios. Él sabe mejor lo que me conviene. ¡Oh, Jesús, te amo; te adoro con toda mi alma!”[102]

“Pero mi Jesús hará lo que quiera. Cúmplase en toda su santa voluntad”.[103]

La historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar".

Durante el año 1917, Teresa de Los Andes escribe su Diario [104] y se lo dedica a la Madre Julia de los Ríos, quien fue orientadora espiritual de las alumnas del internado del Sagrado Corazón de Santiago. Y le habla a ella (a la Madre Julia) de su vida íntima, de su alma. Teresa se ha mirado hacia su interior. Y desde esa interioridad, nos adentramos hacia su alma.

“Madre querida: Ud. cree que se va a encontrar con una historia interesante. No quiero que se engañe. La historia que Ud. va a leer no es la historia de mi vida, sino la vida íntima de una pobre alma que, sin mérito alguno de parte de ella, Jesucristo la quiso especialmente y la colmó de beneficios y de gracias.

La historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar". Aquí tiene mi vida entera desde que me di cuenta de todo, es decir, a los seis años o antes. Yo sufría, pero el buen Jesús me enseñó a sufrir en silencio y desahogar en El mi pobre corazoncito. Usted comprende, Madre que el camino que me mostró Jesús desde pequeña fue el que recorrió y el que amó; y como Él me quería, buscó para alimentar mi pobre alma el sufrimiento.

Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.

Santa Teresa de Jesús, Doctora de la Iglesia, madre espiritual de Teresa de Los Andes y de los carmelitas, nos enseña lo incomparable, la hermosura y la grandeza del alma de los justos. La Santa, considera nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas. (Jn 14,2) También dice que consideremos que no es otra cosa el alma del justo que un paraíso donde dice él (Dios), que tiene sus delicias (Prov. 8,31) y finalmente añade; “No hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad” [105]

Su santidad tenía la propiedad de ser atrayente.

Después de su muerte, la comunidad de Los Andes y los familiares de Sor Teresa recibieron muchas cartas, no de pésame, sino de felicitación por tener una santa en el cielo. Los periódicos de Santiago, capital de Chile, algo insólito para una carmelita de clausura, publicaron su muerte exaltando la heroicidad de sus virtudes.

A los pocos días de su muerte, el P. Julián Cea, que la había conocido en febrero de 1919 en unas misiones, escribió:

"Su santidad tenía la propiedad de ser atrayente, amable, comunicativa. No sé qué respeto y veneración infundía su persona. Y al mismo tiempo se sentía por ella un santo cariño, como el que creo se tendrá a un ángel si lo viéramos con los ojos de cuerpo. ¡Qué sonrisa angelical acompañaba siempre su conversación! No era esquiva, sino confiada. Y su alma, inocente y pura como un niño. ¡Con que pasión amaba a Jesús! Pocos días tuve la dicha de tratarla, paro la impresión que me causó su santidad no se borrará jamás. Le rezo todos los días como a una santa que está en el cielo, Yo confío en que pronto comenzará a obrar milagros, y su conducta angelical influirá no poco en la conducta de muchas jóvenes".

Pronto los fieles comenzaron a ponerla por intercesora ante el Señor. Y en los muchos años que nos separan de su muerte, el Señor ha dado pruebas de su deseo de glorificar a su sierva, otorgando por sus ruegos infinidad de gracias, sobre todo espirituales: conversiones, vuelta al camino del bien.

Son incontables los fieles, incluso de las más apartadas regiones del país y del extranjero, que acuden cada día a la tumba de Teresa de Los Andes, sobre todo desde que sus restos reposan en la cripta del Santuario erigido en su honor en Rinconada de Los Andes.

Escribe Teresa a su hermano Luis (Lucho):

“Jesucristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca. Es martirio el que padezco al ver que corazones agradecidos a las criaturas no lo sean con aquel que los sustenta, que les da la vida y los sostiene; que les da y ha dado todo, hasta darse el mismo”.[106]

 


 

13    DESPERTAR HAMBRE Y SED DE DIOS

Siempre dispuesta a servir y a sacrificarse por los demás.

Tanto de su Diario como de sus cartas, observamos que ella estaba siempre dispuesta a servir y a sacrificarse por los demás, con alegría y felicidad, para hacer amable y atractiva la virtud.

Su vida fue enteramente normal y equilibrada. Alcanzó una envidiable madurez integrando en la más armoniosa síntesis lo divino y lo humano: oración, estudios, deberes hogareños... y deporte, al que era aficionadísima, destacando en la natación y en la equitación.

Teresa de Los Andes está en inmejorables condiciones para arrastrar a la juventud en pos de Cristo, y para recordarnos a todos que es preciso cumplir el programa evangélico del amor para realizarnos como personas.

Por su intercesión está derramando el Señor una copiosa lluvia de gracias y favores de toda especie y atrayendo hacia Sí a innumerables hijos pródigos. Su santuario, visitado por miles de peregrinos cada mes, se ha convertido en el centro espiritual de Chile.

Así Teresa de Los Andes viene cumpliendo la misión que ya le fuera reconocida poco después de su muerte: despertar hambre y sed de Dios en nuestro mundo materializado.

Pasar por la vida haciendo el bien y hacerlo por Cristo, sus amados y sus hermanos.

Fue una época muy valiosa y decisiva para el futuro humano y espiritual de la joven Teresa de los Andes, en el que era conocida como Juanita, son los años 1915 a 1919. En ella planifica su vida exigiéndose un hábito Diario, en el que ocupan lugar preferente la oración, la misa diaria. También es parte de su vida el sacrificio y el esfuerzo decidido por superarse, sin olvidar el empeño por eliminar cuanto le impide realizarse como persona y como cristiana. Ella tiene una decisión importante, pasar por la vida haciendo el bien y hacerlo por Cristo, sus amados y sus hermanos.

Teresa, que gusta de repetir que si se es monja no hay que serlo a medias, no quiere ser cristiana sólo de nombre. Y fiel a su compromiso con Cristo, cumple con perseverancia el programa de vida que se ha trazado. De ahí su empeño en superarse en el cumplimiento cuidadoso del deber y la calmosa aceptación de las pruebas que le van llegando, amar a Dios, es aceptar con cariño lo que Él nos va dando, y como muchos, las situaciones difíciles fueron bastantes en su vida. Porque sabía muy bien que en ello consiste el sacrificio más agradable a Dios y la cruz más santificadora; pues, al no elegirla nosotros, la llevamos solo por amor, sin peligro de buscar nuestra satisfacción.

Fiel a su firmeza de recogerse a solas con Jesús.

Quiere ante todo ser fiel a su firmeza de recogerse a solas con Jesús para intimar con Él. Como dice la Santa Madre Teresa de Jesús: “Porque de estos gustos que el Señor da a los que perseveran en la oración”,[107] y como también nos ha enseñado que orar es “tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.[108] Por eso madruga buscando el silencio y la soledad. Y hace lo imposible por comulgar a Diario. Está loca de amor por Jesús-Hostia. Tiene verdadera hambre de Él. Ha comprobado que le da ánimo; que lo necesita. Que Jesús es su vida y que sin Él desfallece y muere.

Así trata de alcanzar la meta que se ha propuesto: vivir identificándose con Cristo, para que cuando el Padre la contemple, reconozca en ella una copia de su Hijo

14    MENSAJE A LA JUVENTUD

14.1     SU MENSAJE ES DE INNEGABLE ACTUALIDAD.

De los jóvenes que la trataron y rondaron, ninguno le inclino al matrimonio. Decía ella; “Son muy superficiales”.[109] Quizás lo decía, porque en su corazón, tenía otras predilecciones.

Sin embargo, Teresa tiene mucho que decirnos a todos. Su mensaje a la juventud es de innegable actualidad. Algunas veces se organizan caminatas de jóvenes, donde han participado más de 40.000 adolescentes que caminan más de 30 km. para llegar al santuario.

Con todo, hoy buena parte de la juventud que sigue a Teresa de los Andes es sana, consciente y responsable. Es decir, sabe a dónde va y está bien encaminada. Soy testigo de que hay muchos que hablan estupendamente de ella. Da gusto escucharlos. Se les ven ilusionados por ser auténticos, por realizarse plenamente, por cultivar los valores humanitarios y por construir un mundo nuevo más humano y unido. Señalan muy bien la meta. Dicen querer alcanzarla.

Pero también hay muchos jóvenes que no les gusta el camino que conduce a ella. Y muchos se apartan de él. Y ésta es la misión de Teresa: señalar la ruta a la juventud de hoy; recordarle que él único camino que conduce a la plena realización humana es el esfuerzo, la autodisciplina, el control de sí mismo, en palabras evangélicas, tomar el arado y sin mirar atrás, determinarse por abrir surcos, para que allí caiga la buena semilla y crezcan frutos y flores.

El mensaje es de innegable actualidad cuando tanta juventud se muestra alérgica a toda norma y proclama como única regla valida su propio capricho, su talante, él “me gusta”, “no me gusta”, “me nace”, “no me nace”. No hay educador ni formador serio que apruebe tal actitud. Al contrario, todos ellos, a cuantos aspiran a formar su carácter y personalidad, les exigen borrar de su vocabulario esas palabras – me gusta, no me gusta- sustituyéndolas por debo o no debo. Y actuar en consecuencia. Y la experiencia les da la razón. Sin autodisciplina, sin control de sí mismo no se forja la persona, no se conoce la perseverancia y no se llega a la meta plena.

Escribe Teresa de los Andes; "Jamás me dejaré llevar por el sentimiento y por el corazón, sino por la razón y mi conciencia". [110] Después sigue; "Todavía soy muy orgullosa. Me propondré abatir hasta los últimos gérmenes del amor propio”.[111]

 Aquí está el remedio.

Aquí está el remedio. Mal le hubiera ido a Teresa de no haber puesto en práctica esta resolución, dado su gran fondo de orgullo y su tendencia a obrar independientemente y con altivez. Ella misma nos habla de las "rabietas feroces"[112] que le daban de pequeña. De sus "rezongos"; de su repugnancia a obedecer. De que, en ocasiones, "siente sublevarse todo su ser" De que todavía a sus 17 años, en el colegio, llegó a arrojar con rabia un dulce que le dieron por creerlo muy chico. Pero al menos desde los nueve años, se propuso muy en serio controlarse. Y humillándose cada vez que quebrantaba su propósito, y dominando sus impulsos las más de las veces, logró alcanzar la ecuanimidad, dulzura y apacibilidad que admiraron todos en ella.

Escribe Teresa (febrero de 1917):

 "Debo esforzarme por ser más amable. Me esmeraré en labrar la felicidad de los demás". [113]"… “Mi resolución; santificarme por todos".

Son los propósitos de Teresa. Los jóvenes que aspiran a la madurez humana es indispensable que lo hagan suyos. Porque es un principio muy conocido y repetido que únicamente abriéndose a los demás, dándose, saliéndose del propio egoísmo en busca del bienestar de los otros, es como se realiza y madura la persona humana. Es por eso por lo pidió Cristo con radicalidad a sus seguidores. Y quienes no se esfuercen por vivirlo, ni llegarán a ser hombres nuevos, ni serán capaces de construir el mundo nuevo más humano y unido al que tanto dicen anhelar y por el que muchos quieren trabajar sin cansancio.

Ocupémonos del prójimo, de servirle, aunque nos cueste fastidio hacerlo. De esta manera conseguiremos que el trono de nuestro corazón sea ocupado por su Dueño, por Dios.

Hacia la plenitud humana.

A los cristianos de estos tiempos de dificultades, nos viene a decir Teresa de Jesús de Los Andes que sólo abriéndonos a Dios y a sus exigencias de amor lograremos ser plenamente humanos.

Teresa, ya queda dicho, ha conseguido armonizar lo divino y lo humano integrándolo en su vida en admirable síntesis. Para ello no hay dos vidas superpuestas: una natural profana y la otra sobrenatural, espiritual. No hay sino una única vida humana planificada por el amor divino, divinizada. Viviendo abierta a la voluntad de Dios y no apartándose ni un punto de ella, conjuga con naturalidad encantadora el trato con Dios y con los hombres, como queda ponderado. Convertida en Sor Teresa, más divina por haber rendido incondicionalmente su querer al Divino continúa amable y comunicativa y alegrando y haciendo bromas a las religiosas y a los destinatarios de sus cartas.

La obediencia a Dios nos salva, nos lleva a la realización. Por preferir su plan al de Dios, queda el egoísta destruido, sumido en la degradación del vicio; envilecido. ¡Qué verdad es que el hombre sin Dios se deshumaniza! En cambio, en diálogo con Dios y siguiendo dócilmente su camino de apertura y servicio a los demás, alcanza el hombre su plenitud: su naturaleza se ennoblece, se perfecciona y en cierto modo se diviniza.

A esa meta ha llegado Teresa. Por eso, rebosante de satisfacción, necesita proclamar en todos los tonos, como lo hace en sus cartas, que está gustando anticipadamente la felicidad del cielo.

Sabe muy bien que, sumergida como está en esa atmósfera divina, su vida entera, sin excluir ninguna de sus acciones, es una alabanza de gloria a la Santísima Trinidad. Y eso mismo nos pide a todos: que convirtamos nuestra vida en culto, en ofrenda, en "melodía continua de amor" para Dios.

Captó y asimiló esa exigencia del Evangelio.

Muchos lo habían olvidado y venían separando lamentablemente su vida religiosa de su vida profana. Y el cristianismo quedaba desprestigiado con formas de proceder y conductas en franca oposición con las creencias. Por eso llegó la severa advertencia del Concilio Vaticano II contra los que incurrían en tal incoherencia.

Teresa, que tan estupendamente captó y asimiló esa exigencia del Evangelio puede con todo derecho recordárnosla a los cristianos de su siglo, haciéndola mensaje propio. Insistimos en que no: Que no debe haber para nosotros sino una única vida humana. Toda ella cristiana, espiritual, es decir, de acuerdo con el espíritu de Cristo. Que estamos obligados a dar culto a Dios no únicamente la hora de la misa dominical y los minutos Diarios dedicados al rezo, sino todos los minutos del día y todas las horas de la semana. Cuando nuestra oración sea, como la de Teresa, una conversación íntima con Cristo, en la que tratemos familiarmente con Él, saliendo de ella dispuestos a sacrificar en nuestra vida personal y social lo que le desagrada, toda nuestra vida, unificada, será auténticamente cristiana. Sí; también la de los negocios, la profesional, la del hogar. Y entonces todo nuestro día, incluso las diversiones, serán culto, liturgia, melodía continua, glorificación de Dios.

14.2     SACRIFICARSE POR LOS DEMÁS

Es tan rico (delicioso) dar.

El trato familiar con Cristo, "el Hombre para los demás", le ha hecho comprender que el cristiano no puede ser individualista. De ahí su constante empeño por matar su egoísmo para vivir abierta a las necesidades de los demás, y desvivirse por remediarlas en cuanto puede.

Una de sus resoluciones de Teresa de los Andes, es sacrificarse por los demás para hacerlos felices. Y trata de llevarla a la práctica con naturalidad; sin que sospechen que le cuesta sacrificio complacerles y dar gusto a todos.

No se contenta con gozar ella sola de la felicidad de servir a Dios. Lleva el alma desgarrada porque sabe que hay muchísimos alejados de Él. Vive ofreciendo su vida y mil sacrificios para que le conozcan y le amen. Y no descansa hasta entrar en el convento, para convertirse en hostia que se inmole escondidamente toda la vida para que la humanidad mejore.

No está hecha para gozar ella sola. Aun durante sus vacaciones, como en los tiempos de paseos y sanas distracciones, vive ella disponible en actitud de servicio. Sus preferidos son los pobres, sobre todo los niños. Teresa dice; "Es tan rico dar”.[114] Y ella da y se da. Reparte sus ahorros para aliviarlos. Cose ropa para los necesitados. En una ocasión rifó su reloj para obtener fondos con que comprar zapatos a un niño a quien protege habitualmente. Visita las casas de los inquilinos, quienes le confían sus problemas; y ella les ayuda en sus necesidades espirituales y materiales. Reúne a los niños para enseñarles catecismo. Y cuando se da cuenta de que la instrucción que reciben en la escuela es nula o deficiente, les da clase diariamente. Excelente catequista, colabora con entusiasmo en las misiones con los sacerdotes. Las empleadas de su casa reciben de ella en todo momento ayuda, estímulo, atenciones y muestras de cariño y afecto.

Comenta Teresa:

“Tengo pena. Me sangra el corazón. Mil vidas, si yo pudiera, ofrecería por Él. Todos los sufrimientos, Dios mío, enviadme y dadme gracias para soportarlos, con tal que él se convirtiera”. [115]

“Junté treinta pesos para mi día. Voy a comprarle zapatos a Juanito y lo demás para dárselo a los pobres. Es tan rico dar”. [116]

También comenta:

“Nosotras hacíamos catecismo. Se juntaban más de cincuenta chiquillos. Y después de las misiones hemos seguido haciéndoles clase todos los días, pues parece que poco o nada les enseñan en la escuela fiscal”. [117]

14.3     OFRENDA POR LOS PECADORES

Si quieres, dame sufrimientos.

Pienso que el ofrecimiento, cuando se dirige a Dios con amor y por una causa noble, como por los pecadores, es sin duda, una manera de adorarlo y de confiar plenamente en su misericordia. También es una forma hermosa para expresar lo que confiamos y sentimos por Dios, una forma de mostrar nuestra fe en El y hecha con el corazón, es además un hermoso regalo a Dios. La ofrenda total de uno mismo a Dios y por los hermanos pecadores, se abre a un amor "más grande".

Entiendo este acto de ofrenda que hizo Teresa de los Andes, es una entrega, o de un servicio, para manifestar gratitud y amor. El deseo de ofrecerse a sí mismo, involucra en ella un profundo deseo de amor por los demás, en especial por aquellos que más lo necesitan.

Escribe Teresa en su Diario en abril de 1917:

“Jesús mío, Tú conoces la ofrenda que te he hecho de mí misma por la conversión de las personas que te he nombrado. Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino también mi muerte como te pluguiere (agradare) dármela. La recibiré con gusto, ya sea en el abandono del Calvario, ya en el Paraíso de Nazaret.  Además, si quieres, dame sufrimientos, cruz humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos. Como Tú quieras, Jesús mío.  Soy tuya, haz de mí según tu santa voluntad.

 A ti, oh, María, que jamás me has desoído los ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre, también te pongo en tus manos maternales esas almas. Óyeme. Toda mi vida no he dejado de pedirte, Madre mía. Escúchame, te lo ruego por Jesús y por tu Esposo San José, a quien ruego interceda por esta pobre pecadora”.[118]

“Jesús mío, te lo ofrezco por mis pecados y por los pecadores y el Santo Padre y sacerdotes”.[119]

“Sufriré con alegría por mis pecados y por los pecadores”.[120]

Sigue Teresa en el mismo Diario, en abril de 1917. [121]

“Sufro. Esta palabra expresa todo para mí. ¡Felicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz de mi Jesús. ¡Qué felicidad más grande es decirle: Jesús, Esposo mío, acuérdate que soy tu esposa, ¡dame tu cruz! [122]

“Gracias, Dios mío, porque me habéis dado un director que dirija mi alma hacia Ti.  Me preguntó cómo era mi oración, si estéril o con devoción. Yo le dije que con devoción a veces; pero había períodos en que no podía meditar y me quedaba tranquila con Nuestro Señor. 

Pero me dijo que siempre debía tratar de reflexionar y sólo en último término, hacer lo otro”.

Que viviera constantemente en la presencia de Dios Nuestro Señor dentro de mi alma.  

Que lo hiciera lo más a menudo posible. Que hiciera el examen particular sobre eso. 

Que apuntara los pensamientos y afectos de la meditación que más me movieran a devoción.

Me permitió que me mortificara, mortificándome en las comidas, sacrificando el gusto.

También que rezara un cuarto de hora en cruz o tres Padre Nuestros, hincada sobre las manos. Después me va a dar permiso para ponerme cilicios.

Que fuera muy reservada. Que no hablara de mi vocación, sino con mi mamá y con la M. Izquierdo; porque era como un perfume contenido en un frasco que, al destaparlo, se va todo.

Que trajera a mis amigas al servicio de Dios.

Lo que más consuelo y alegría me dio fue que me dijo que tenía vocación para Carmelita.

“Me preguntó qué virtud prefería. Le contesté: la humildad. Después me dio permiso para renovar el voto de virginidad hasta la Asunción de la Virgen.

Resolución: un alma para salvarla; una muerte para temerla; una vida para santificarla.

Me esmeraré en labrar la felicidad de los demás”.

 


 

15    UN LLAMADO AL LAICADO HACIA LA MÁS ALTA SANTIDAD.

“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 19,2)

15.1     LA PALABRA "SANTO" Y LA “SANTIDAD” DE LA IGLESIA.

En su libro “Introducción al cristianismo”, el cardenal Joseph Ratzinger, explica qué; “La palabra "santo" no alude primariamente a la santidad en medio de la perversidad humana. El Símbolo no llama a la Iglesia "santa" porque todos y cada uno de sus miembros sean santos, es decir, personas inmaculadas. Este es un sueño que ha renacido en todos los siglos, pero que no tiene lugar alguno en el Símbolo, por tanto, una Iglesia Santa, expresa el anhelo perpetuo del hombre porque se le dé un cielo nuevo y una tierra nueva, inaccesibles en este mundo. En realidad, las más duras críticas a la Iglesia de nuestro tiempo nacen veladamente de este sueño; muchos se ven defraudados, golpean fuertemente la puerta de la casa y tildan a la Iglesia de mentirosa.

Continúa el cardenal Joseph Ratzinger:

“La santidad de la Iglesia consiste en el poder por el que Dios obra la santidad en ella, dentro de la pecaminosidad humana. Este es el signo característico de la "nueva alianza": En Cristo Dios se ha unido a los hombres, se ha dejado atar por ellos. La nueva alianza ya no se funda en el mutuo cumplimiento del pacto, sino que es un don de Dios, una gracia, que permanece a pesar de la infidelidad humana. Es expresión del amor de Dios que no se deja vencer por la incapacidad del hombre, sino que siempre es bueno para él, lo asume continuamente como pecador, lo transforma, lo santifica y lo ama”.

“Por razón del don que nunca puede retirarse, la Iglesia siempre es la santificada por él; santificación en la que está presente entre los hombres la santidad del Señor. Lo que en ella está presente y lo que elige en amor cada vez más paradójico las manos sucias de los hombres como vasija de su presencia, es verdaderamente la santidad del Señor. Es santidad que en cuanto santidad de Cristo, brilla en medio de los pecados de la Iglesia. Por eso la figura paradójica de la Iglesia en la que las manos indignas nos presentan a menudo lo divino, en la que lo divino siempre está presente sólo en forma de sin embargo, es para los creyentes un signo del sin embargo del más grande amor de Dios”. [123]

Todos deben vivir “como conviene a los santos”

Como dice el Concilio Vaticano II, “es necesario que todos, con la ayuda de Dios, conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron”[124]. Todos deben tender a la santidad, porque ya tienen en sí mismos el germen; deben desarrollar esa santidad que se les ha concedido. Todos deben vivir “como conviene a los santos”, como escribe San Pablo; “toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos”.  (Ef. 5,3) y revestirse, “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, (Col 3,12).

La santidad que poseen no les libra de las tentaciones ni de las culpas, porque en los bautizados sigue existiendo la fragilidad de la naturaleza humana en la vida presente. El concilio de Trento enseña, al respecto que nadie puede evitar durante toda su vida el pecado incluso venial, sin un privilegio especial de Dios, como la Iglesia cree que acaeció con la santísima Virgen; “por privilegio especial de Dios, como de la bienaventurada Virgen lo enseña la Iglesia”[125] Eso nos impulsa a orar para obtener del Señor una gracia siempre nueva, la perseverancia en el bien y el perdón de los pecados: “perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros hemos perdonado a los que nos ofenden” [126]

Llamado a la perfección por la caridad.

Según el Concilio (Vaticano II), “Todos los seguidores de Cristo, incluidos los laicos, están llamados a la perfección de la caridad”[127]. Esta perfección no es privilegio de algunos, sino compromiso de todos los miembros de la Iglesia, sean estos Presbíteros o un fiel común. Este compromiso por la perfección cristiana significa camino perseverante hacia la santidad. Como dice el Concilio, “el divino Maestro y modelo de toda perfección, el Señor Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su condición, la santidad de vida, de la que él es iniciador y consumador: "Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.[128]

Por ello, nosotros, todos los fieles, de cualquier estado o condición, estamos llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad. Precisamente gracias a la santificación de cada uno se introduce una nueva perfección humana en la sociedad terrena: como decía sierva de Dios Isabel Leseur,[129] “toda alma que se eleva consigo el mundo”. EL Concilio enseña que “esta santidad suscita un nivel de vida más humano, incluso en la sociedad terrena”

Es necesario destacar que cada uno puede servir y beneficiar a los demás. Era la recomendación de san Pedro a los cristianos esparcidos en Asia Menor cuando, exhortándolos a la santidad, escribía: “Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios. Si alguno habla, sean palabras de Dios; si alguno presta un servicio, hágalo en virtud del poder recibido de Dios, para que Dios sea glorificado en todo por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.[130]

El camino de santidad para los laicos cristianos

También el concilio Vaticano II dice que “una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios”[131] Así recuerda el camino de santidad para los obispos, los sacerdotes, los diáconos, los religiosos que aspiran a convertirse en ministros de Cristo, y “aquellos laicos elegidos por Dios que son llamados por el obispo para que se entreguen por completo a las tareas apostólicas”[132]. Pero de forma más expresa considera el camino de santidad para los laicos cristianos comprometidos en el matrimonio: “Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente recibidos de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso amor, contribuyen al establecimiento de la fraternidad en la caridad y se constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la madre Iglesia, como símbolo y participación de aquel amor con que Cristo amó a su Esposa y se entregó a sí mismo por ella”[133].

Lo mismo se puede y debe decir de las personas que viven solas, o por libre elección o por acontecimientos y circunstancias particulares, como personas solteras, los viudos y las viudas, los separados y los alejados. Para todos vale la llamada divina a la santidad, realizada en forma de caridad. Y lo mismo se puede y debe decir, de aquellos que en la vida profesional ordinaria y en el trabajo cotidiano actúan por el bien de sus hermanos y el progreso de la sociedad, a imitación de Jesús obrero. Y lo mismo se puede y debe decir, por último, de todos los que, como dice el Concilio, “se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos o los que padecen persecución por la justicia”: éstos “están especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvación del mundo” [134]

Por todo lo anterior, son muchos, por consiguiente, los aspectos y las formas de la santidad cristiana que están al alcance de todos nosotros, los laicos, en sus diversas condiciones de vida, en las que estamos llamados a imitar a Cristo, y podemos recibir de él la gracia necesaria para cumplir su misión en el mundo. Todos estamos invitados por Dios a recorrer el camino de la santidad y a atraer hacia este camino a nuestros amigos y compañeros de vida y de trabajo en el mundo de las cosas temporales.

Servir a los demás, es camino de santidad.

Dice el Señor: “vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros”. [135] Teresa de los Andes ha comprendido bien este mensaje del Maestro. Todo el mensaje de Jesús tiene ese sentido, el servicio mutuo a nuestros hermanos. Y la caridad comienza por casa. Ella le escribe a su hermana Rebeca, que está de cumpleaños, y le confía su secreto:

“El Divino Maestro se ha compadecido de mí. Acercándose, me ha dicho muy por lo bajo: "Deja a tu padre y madre y todo cuanto tienes y sígueme".[136]

El deseo de Juanita al revelarle este secreto es inflamarle en ese nuevo amor que ahora tiene:

“hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador. [137]

Después le pide algo que seguramente sorprendió a su hermana servir a los demás y comenzar por los sirvientes de su casa:

“Diremos a Jesús en la Comunión que edifique en nuestras almas una casita; que nosotras pondremos el material que ha de ser nuestros actos de vencimiento [y] el olvido de nosotras mismas, haciendo desaparecer el yo, que es el Dios que adoramos interiormente. Esto cuesta y nos arrancará gritos de dolor. Pero Jesús pide ese trono y hay que dárselo. La caridad ha de ser el arma para combatir a ese Dios. Ocupémonos del prójimo, de servirle, aunque nos cause repugnancia hacerlo. De esta manera conseguiremos que el trono de nuestro corazón sea ocupado por su Dueño, por Dios nuestro Creador”. [138]

Y es el mismo propósito que ella se hace después de participar en su segundo Retiro:

“Quiero desde hoy ser siempre la última en todo, ocupar el último puesto, servir a los demás, sacrificarme siempre y en todo para unirme más a Aquél que se hizo siervo siendo Dios, porque nos amaba”.[139]

Teresa de los Andes, un llamado al laicado hacia la más alta santidad.

La vida de la primera santa carmelita de Latinoamérica, Teresa de los Andes, hace hoy un llamado al laicado hacia la más alta santidad. Ella ha oído las palabras del Maestro llamando a todos los hombres a dejarse realizar en Él “en la Unidad” con el Padre, el ímpetu de un mismo Espíritu de amor. Esta alta intuición mística extraída de la lectura del Evangelio e iluminada de lo alto por la plegaria, cogida y asimilada en profundidad por experiencia de amor de esta joven nos debe hacer meditar como está nuestra vida para transitar por caminos de santidad. Y lo interesante, es que ella ha comprendido esto y lo expresa en un sencillo lenguaje accesible a todas las almas, para permitirles caminar por el camino que lleva a lo alto del monte “para contemplar la honra y la gloria de Dios” (San Juan de la Cruz) desde aquí abajo y en medio de las tareas más ordinarias o comunes de nuestra vida.

En una carta a su madre ya en el convento de Los Andes el 4 de julio, 1919:

“Aprovechemos para enriquecernos el momento de la comu­nión. Bañémonos en esa fuente de santidad y pidámosle el mundo entero de las almas, porque no nos sabrá decir que no”.[140]

En una carta a su hermana Rebeca desde el convento, el 12 de julio de 1919 (Un día antes de su cumpleaños) le pide a su hermana que aproveche esta oportunidad y que sea santa:

“Me faltan palabras, her­manita, para expresar la dicha divina que experimento. Siento al Infinito, al Eterno, al Santo todopoderoso, al sapientísimo Dios, unido con la nada pecadora. Entonces adoro y más amo. Enton­ces es cuando el alma se siente pura. Está en la fuente de la san­tidad”.

“Amémosle, hermanita, porque su bondad y su misericordia son infinitas. ¡Cómo ante ese amor desaparece el nuestro misera­ble, que no sabemos hacer el más leve sacrificio por nuestro Dios, después que nada nos ha rehusado desde una eternidad! Aprove­cha, hermanita, esos instantes para hacerte santa. Fíjate que es­tamos unidas enteramente a la santidad infinita. Pídesela. ¿Qué te podrá negar cuando está loco de amor por ti, ya que se ha reducido a hostia o nada para llegar hasta ti? Pídele que lo co­nozcas y que te conozca”.[141]

A su amiga Elena Salas González, le invita a ofrecerse a Él con amor para cumplir su adorable voluntad, ese el plan de santidad que ella concibe.

Querida Elena: ¿Qué te parecen mis proyectos? ¿No encuentras que son demasiado ideales para mí que soy tan miserable? Cuando pienso en las grandezas que se encierran en la vocación me confundo y no sé cómo agradecerle a N. Señor el haberse fijado en una criatura tan ruin.

Dime, ¿hay algo más grande sobre la tierra que el Dios eterno, inmutable, el todopoderoso, busque en la tierra un alma para hacerla su esposa; busque un corazón humano para unirlo a su Corazón Divino. Si Dios a cada instante se nos da con amor infinito, ¿no nos corresponde a nosotros, criaturas miserables, darnos a Él con todo nuestro ser, de modo que todas nuestras obras vayan dirigidas a Él con toda la intensidad de amor de que somos capaces? Ofrecernos a Él con amor para cumplir su adorable voluntad, he ahí el plan de santidad que concibo. Dios es amor, ¿qué busca en las almas sino amor? Antes de cada acción debemos darle una mirada. Él está en nuestra alma, ¿con quién podemos estar más unidas? Allí ofrezcámosle hacer aquella acción, no por los pecadores, ni con ningún interés, sino porque le amamos.[142]

15.2     EL DESEO DE LA SANTIDAD

La santidad no es un privilegio reservado a unas pocas personas

Cuando leo la vida que llevó Teresa de los Andes, o la misma Teresa de Jesús, me doy cuenta como estas santas mujeres han tenido una vida característica de cualquier chiquilla y que no por eso se distraen de su amor a Jesús. Tanto en su vida en el Monasterio, como monja de claustro y su vida en el mundo, Teresa de Los Andes no se evadirá y escapará de una vida peculiar como quizás nos habríamos puesto a pensar de una santa como ella, es decir, su vida la hace con exquisita naturalidad.

 “¿Quién subirá al monte del Señor?, ¿Quién podrá estar en su recinto santo?, El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engaño jura”.[143]

Para llegar a ser santo, y así de este modo llegar en su momento al Cielo, “al monte del Señor”, solo se debe tener una determinación muy decidida para lograrlo. Con esto, no quiero decir, que para llegar a la santidad sea una cosa imposible, recordemos que todos los que han llegado a tener el honor para ser llamado santos, todos fueron personas muy normales. Por otra parte, no hay que realizar grandes cosas, pueden ser a veces pequeñas, lo importante es que se hagan con amor, como las hizo también Teresa de Lisieux, Santa Isabel de la Trinidad y Teresa de los Andes, que tuvieron la disposición de dejar que Dios actuara en ellas.

En la amistad con Dios y unidos a EL, se llega a la santidad, un aforismo de Santa Isabel de la Trinidad dice: “Vivamos con Dios como con un amigo, tengamos una fe viva para estar en todo unidos a Dios” (H, 576). Teresa de Jesús, define la oración como el tratar de amistad con quien sabemos nos ama, es decir, no es otra cosa que hablar con Dios como un amigo habla con el amigo de corazón a corazón, eso, ya es una buena forma de santidad. Si tenemos diálogos íntimos y de amistad en forma permanente, seremos capaces de enfrentar con mucha paz desconocidos desafíos que se nos presentarán en la vida sin temor, ya que, en las manos de Dios, todo lo bueno es posible y siempre el, nos tenderá una mano para sacarnos de las dificultades. Como le sucedió a Pedro, que viendo la violencia del viento, mientras navegaban por agua turbulentas, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: “¡Señor, sálvame! Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? Y ante eso luego se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”.[144]

En las palabras de San Pablo a los Tesalonicense, encontramos muchas recomendaciones para la santidad, como por ejemplo: “En cuanto a vosotros, que el Señor os haga progresar y sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como es nuestro amor para con vosotros, para que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos”[145] Y más adelante agrega. “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” …. “que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor” …. “pues no nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad”[146]

A veces pensamos que la santidad es un privilegio que solo está reservado a unas pocas personas, que son muy especiales y elegidos para ser santos, pero lo que debemos comprender, es que el camino hacia la santidad está abierto para que transiten todos los que por el quieren caminar, por ende, es una elección y una tarea de cada uno de los que se saben hijos de Dios, de cada uno de los que se denominan cristianos. Por tanto, todos estamos llamados a la santidad, y esto no es otra cosa, que vivir en el mundo que nos ha correspondido, como hijos de Dios. Y como todas las personas somos hijos de Dios, todos tenemos que llegar a ser santos, a pesar de que los caminos no nos resulten fáciles y cómodos.

Con todo, ser santo, no parece en estos tiempos algo fácil, y más difícil parece ser ayudar a que otros lo sean. Entonces me cabe una pregunta, ¿es necesario que yo ayude a los demás a que caminen por sendas de santidad? Yo pienso que sí, como nos dice Jesús: “Vosotros sois la sal de la tierra. Más si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”.[147] Es así como corregir, aconsejar, dar buen ejemplo, orar mucho, sacrificarme para que todas las obras de los hermanos lleven la luz de Dios y testimonien su participación en la divina naturaleza, para que viendo todos sus frutos buenos se den cuenta, de que Dios está en ellos, ya que, conociendo el árbol por sus frutos,[148] no pueden nacer de árbol malo, si son buenos, sino de la luz.

A saber, hay dos elementos fundamentales que constituyen la esencia de toda santidad: el despojo de sí y la unión con Dios. Se los encuentra siempre bajo los más variados matices de la vida de los santos. En una Carmelita ese aspecto negativo reviste la forma de una separación absoluta. El Carmelo es el desierto, Dios solo. A solas con Él. Pero entre las almas carmelitanas cada una vive a su modo esta doctrina de la “nada” de la criatura y del “Todo” de Dios, que tanto gustaba a san Juan de la Cruz. 

15.3     “CREO QUE EN EL AMOR ESTÁ LA SANTIDAD.

Está claro que la persona que busca la santidad debe tener un profundo deseo de ser santo y sabe que con la ayuda de Dios todo es posible. Este camino, en palabra de Santa Teresa de Jesús, hay que tomarlo con "determinada determinación". En efecto, esta determinación es algo serio. Esto supone una vida de amor a Dios y es aceptar el regalo de la santidad que Él te hace.

Teresa de los Andes desde pequeña tuvo dentro de su plan de vida el ser santa, estaba determinada a lograrlo. Así lo demuestran sus escritos en su Diario y cartas.

Quiero ser santa.

Escribe Juanita en su Diario a los pocos días de cumplir sus 15 años:

“Estoy leyendo Isabel de la Sma. Trinidad. Me encanta. Su alma es parecida a la mía. Aunque ella fue una santa, yo la imitaré y seré santa. Quiero vivir con Jesús en lo íntimo de mi alma.[149]

EL 8 de agosto de 1917, Juanita participa en su segundo “Retiro”. Esta actividad le hace reflexionar y luego de reconocer que ha caído en el pecado, pide perdón a Dios y siente que la mejora forma de reparar estas ingratitudes, es ser santa. Escribe Juanita:

“Quiero ser indiferente a todo, menos a Dios y mi alma.

¡Oh qué ingrata me veo para con mi Dios! Tengo confusión, vergüenza con tantos pecados como he cometido. Dios mío, perdón. Cuánto te he ofendido y qué bueno eres Tú, que no me has condenado. Yo desde ahora odio el pecado pues él me aparta de Ti. Me hace objeto de horror a tu vista. Señor, perdón. Ya desde ahora quiero ser santa.[150]

Es el 14 de agosto de1917, Juanita tiene ya cumplido los 17 años y hace una semana ha participado en u Retiro. Ahora es tiempo de recoger los frutos que le dejaron esos momentos de soledad. Escribe Juanita:[151]

“Sentí un poco de vanidad, pero la rechacé y se lo dije a Jesús, preguntándole qué debía hacer para no sentirla. Entonces me dijo que El me daba su gracia para que fuera buena, y no apareciera mala como lo soy en realidad”.

“Siento tan difíciles de cumplir mis propósitos, pero Jesús me ha animado poniéndome ante mi vista su rostro despreciado, humillado. Le pido que me dé fuerzas”.

“Quiero desde hoy ser siempre la última en todo, ocupar el último puesto, servir a los demás, sacrificarme siempre y en todo para unirme más a Aquél que se hizo siervo siendo Dios, porque nos amaba. No me disculparé jamás, aunque sea injusto”.

“Haré todas las cosas lo mejor que pueda por agradar no a las criaturas sino a Dios. Amaré las criaturas por Dios, en Dios y para Dios. Viviré constantemente en ese espíritu de fe. No despreciaré ninguna ocasión para humillarme y para mortificarme. Cumpliré a cada instante la voluntad de Dios”.

“Creo que en el amor está la santidad. Quiero ser santa. Luego me entregaré al amor, ya que éste purifica, sirve para expiar. El que ama no tiene otra voluntad sino la del amado; luego yo quiero hacer la voluntad de Jesús. El que ama se sacrifica. Yo quiero sacrificarme en todo. No me quiero dar ningún gusto. Quiero inmolarme constantemente para parecerme a Aquél que sufre por mí y me ama. El amor obedece sin réplica. El amor es fiel. El amor no vacila. El amor es el lazo de unión de dos almas. Por el amor me fundiré en Jesús”.

Más adelante escribe a la Madre Angélica Teresa, desde su lugar de descanso el fundo san Pablo al sur de Santiago el 22 de enero de 1919;

“Leí las Constituciones y Reglas. Sólo confío en Dios podré observarlas perfectamente, pues ellas encierran un plan cumplido de santidad”.[152]

Al Padre José Blanch, C.M.F., desde el mismo lugar de descanso el 3 de febrero de 1919:

“Todas estas consideraciones que le hago, Rvdo. Padre, son las que me inducen a preferir el Carmen, pues creo que en esta vida he de alcanzar la santidad. La he escogido porque veo que, esco­giéndola, he de encontrar la cruz; y andaría -creo- todo el mun­do con la gracia de Dios para buscarla y poseerla, pues en ella está Jesucristo”.[153]

Al Padre Artemio Colom, S.J., desde el Convento del Espíritu Santo, el 20 de julio de 1919:

“Mis esfuerzos todos se dirigen a ser una santa carmelita, y creo que lo que Dios quiere de mí para alcanzar esta santidad es un recogimiento continuo: que nada ni nadie pueda distraerme de Él”.[154]

 

 

16    PROFUNDAMENTE MARIANA

16.1     CONFÍE TODO A LA SANTÍSIMA.

La Virgen ha sido la confidente íntima

Confiesa Teresa su gran amor a la Santísima Virgen María, dice que ha sido su compañera inseparable. La Virgen ha sido la confidente íntima desde los más tiernos años de su vida. Ella le ha escuchado la relación de sus alegrías y tristezas. Ella ha confortado su corazón tantas veces abatido por el dolor. Teresa, como toda carmelita, es profundamente mariana, ella le confiesa a su padre: “Desde chica amé mucho a la Santísima Virgen, a quien confiaba todos mis asuntos”.[155] Es así como cuando se refiere a la Santísima Virgen escribe:

“Confíe todo a la Santísima. Récele siempre el rosario para que Ella le guarde no sólo su alma, sino también sus asuntos”. [156]

A su hermano Ignacio le pide:

“Honra mucho a María. Es tu madre tan buena y cariñosa, que jamás dejará de velar por ti. Récele a la Santísima. Virgen el Rosario todos los días, pero muy bien rezado. Cuando me vuelva a escribir me dirá si lo ha hecho”.