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JUANITA FERNANDEZ
SOLAR SANTA TERESA DE JESÚS
DE LOS ANDES “El Camino a lo Alto
del Monte, Donde Mora la Gloria
y Honra de Dios”. PEDRO SERGIO DONOSO BRANT Auto edición de Pedro Sergio
Donoso Brant. ISBN: 978-956-401-043-4 Propiedad Intelectual: Trámite, Ministerio de las Culturas, las Artes
y el Patrimonio Gobierno de Chile Ańo 2019 Centenario de la partida al Cielo de Santa Teresa de Jesús de Los
Andes 1920-2020 Se permite copiar los artículos, solo
para estudio, se prohíbe lucrar, es necesario indicar las fuentes y el autor. 3.1 “DONDE MORA EN ESTE
MONTE LA GLORIA Y HONRA DE DIOS” 4 VIDA DE SANTA TERESA DE LOS ANDES 4.1 CRONOLOGÍA DE LA VIDA Y
SU CAMINO A LOS ALTARES. 5 “UNA LLAMADA QUE SE HACE EXISTENCIA” 6 SE HA CONVERTIDO EN "LUZ EN EL SEŃOR” 7 EL CAMINO DE SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES 7.1 ALCANZO LA SANTIDAD
SIENDO MUY JOVEN 7.2 VIDA DE TERESA DE JESÚS
LOS ANDES 9.1 ALEGRE, BROMISTA,
COMUNICATIVA Y DEPORTISTA 9.2 HA INTEGRADO LO DIVINO Y
LO HUMANO PERFECTAMENTE 10.1 EL INICIO DE UNA
NUEVA VIDA. 11 LA
ESPIRITUALIDAD DE TERESA DE LOS ANDES 12 żQUÉ
HIZO ESTA JOVEN PARA SER SANTA? 13 DESPERTAR
HAMBRE Y SED DE DIOS 14.1 SU MENSAJE ES DE
INNEGABLE ACTUALIDAD. 14.2 SACRIFICARSE POR LOS
DEMÁS 14.3 OFRENDA POR LOS
PECADORES 15 UN
LLAMADO AL LAICADO HACIA LA MÁS ALTA SANTIDAD. 15.1 LA PALABRA
"SANTO" Y LA “SANTIDAD” DE LA IGLESIA. 15.3 “CREO QUE EN EL AMOR
ESTÁ LA SANTIDAD. 16.1 CONFÍE TODO A LA
SANTÍSIMA. 19.1 ANTES DE ENTRAR AL
CARMELO 19.2 NO PUEDE EXPLICAR
ALGUNOS FENÓMENOS ORANTES. 19.3 DIALOGO CON LA VIRGEN
Y NUESTRO SEŃOR 20.1 “VIVIR LA VERDADERA
UNIÓN Y DESPOSORIO ESPIRITUAL CON SU AMADO JESÚS” 20.2 LEE A SAN JUAN DE LA
CRUZ 20.3 DESCUBRIR LO QUE DIOS
OBRA EN LA PERSONA QUE LO AMA. 21.1 żES POSIBLE
ENAMORARSE DE CRISTO? 23 EL
RETIRO ESPIRITUAL Y LA EXPERIENCIA DE DIOS 23.1 DÍAS DE RETIRO, A
SOLAS CON DIOS. 23.6 QUINTO RETIRO, 1919,
SEPTIEMBRE 24 EXPERIENCIA
DE DIOS EN LA ORACION 24.1 LA EXPERIENCIA SE VA
DANDO EN EL CAMINO. 24.2 ORAR NO ES TANTO AMAR
A DIOS, CUANTO DEJARSE AMAR POR ÉL. 24.3 OFRENDA POR LOS
PECADORES 24.4 żES NECESARIO TENER
UN DIRECTOR ESPIRITUAL? 24.5 LA MIRADA DE MI
CRUCIFIJO ME SOSTIENE. 25 EXPERIENCIA
DE DESEAR Y AMAR EL CIELO EN LA TIERRA 25.1 EL CIELO ES LA MORADA
DE DIOS. 25.2 SEREMOS UNA ALABANZA
DE GLORIA Y VIVIREMOS UNA VIDA DE CIELO. 25.3 SI SUFRÍA CON
PACIENCIA, TENDRÍA UN GRAN PREMIO EN EL CIELO. 25.4 “HE PASADO DÍAS DE
CIELO”. 25.5 LA VIDA DE LA
CARMELITA CONSISTE EN AMAR, CONTEMPLAR Y SUFRIR. 25.6 MUY PRONTO DEJARÉ EL
MUNDO PARA VOLAR AL CIELO. 25.7 MORIR E IR AL CIELO A
ENTONAR EL CÁNTICO DE LAS VÍRGENES. 25.8 EL CIELO ES LA
POSESIÓN DE DIOS. 26 LA
VOCACION DE SER RELIGIOSA Y EL CAMINO ESPIRITUAL 26.1 LA LLAMADA A
PARTICIPAR DE LA VOCACIÓN RELIGIOSA ES INVITACIÓN ATRACTIVA 28 CAMINO
AL CARMELO Y SU IDEAL DE CARMELITA 28.1 SEGUIR A CRISTO CON
FIDELIDAD. 28.2 ÉL (JESÚS) QUERÍA QUE
FUESE CARMELITA 28.3 INCERTIDUMBRES EN EL
CAMINO AL CARMELO 28.4 TIEMPO DE
VACILACIONES, CARMELITA U OTRA CONGREGACIÓN 28.5 ENTRE EL CARMEN Y EL SAGRADO CORAZÓN. (1919) 28.6 RAZONES PARA SER
CARMELITAS Y PORQUÉ EL MONASTERIO DE LOS ANDES. 28.8 “SÓLO EN DIOS MI
CORAZÓN HA DESCANSADO”. 28.9 EN DIOS TE DOY ETERNA
CITA 28.10 CREO QUIERE DIOS SEA CARMELITA. 29 LA MADRE ANGÉLICA TERESA DEL SMO. SACRAMENTO 29.1 LA IMPORTANCIA Y LA INFLUENCIA QUE TUVO EN JUANITA
FERNÁNDEZ SOLAR 29.2 CARTAS A LA REVERENDA MADRE ANGÉLICA TERESA 30 EN
EL CARMELO, EL CIELO EN LA TIERRA DE TERESA DE LOS ANDES 30.2 DESEOSA DE TRANSMITIR SU EXPERIENCIA DE DIOS EN EL
CARMELO. 30.3 MIS ESFUERZOS TODOS SE DIRIGEN A SER UNA SANTA
CARMELITA. 30.5 LA VOCACIÓN DE LA
CARMELITA ES TODA FUNDADA EN EL AMOR. 31.1 SANTA TERESA DE JESÚS
Y LOS CONFESORES 31.3 EL SACRAMENTO DE LA
PENITENCIA, RECONCILIACIÓN Y LA DIRECCION ESPIRITUAL 31.4 SU RELACION CON LOS
SACERDOTES 32.1 LAS CARTAS SON UN
VERDADERO AUTORRETRATO DE SU ALMA. 32.2 CARTAS AL PADRE JOSÉ
BLANCH. 32.3 CARTAS AL PADRE
JULIÁN CEA, CMF. 32.4 CARTAS AL P. ARTEMIO
COLOM, S.J. 32.5 PRIMERA Y ÚNICA CARTA
AL PADRE ANTONIO Ma FALGUERAS. 33.1 QUE TODOS SEAN
SEGUIDORES DE JESUCRISTO SIN DOBLEZ. 33.2 OFRECIMIENTO POR LOS
SACERDOTES, PARA QUE SE SANTIFIQUEN. 34 CAMINO
A LOS ALTARES, CRONICA DEL PROCESO DE CANONIZACIÓN. 34.2 LA CONVICCIÓN DE QUE
ELLA YA ES SANTA Y QUE DEBE INICIARSE EL PROCESO DE BEATIFICACIÓN. 36 POESIA
DEDICADA A SANTA TERESA DE LOS ANDES 1
AGRADECIMIENTOS
A la mística Santa Teresa de Jesús de Los Andes, mi
hermana espiritual desde mi juventud, por revelarme los secretos de su camino
a lo Alto del Monte, “Donde Mora la Gloria y la Honra de Dios”. A las Madres Carmelitas Descalzas (de Chile)
Monasterio del Espíritu Santo de Los Andes, Sagrado Corazón de Jesús de Vińa
del Mar, San Rafael de Santiago, Santísima Trinidad, Lagunillas-Casablanca
que me animaron a dar conocer cada vez más a Santa Teresa de Jesús de Los
Andes. A las Madres Carmelitas Descalzas (de Chile)
Monasterios Santa Teresa de Talca, Jesús, María y José de San Bernardo, Santa
María Madre de la Iglesia de Puangue, A las Madres Carmelitas Descalzas de
Bani (República Dominicana), La Habana (Cuba), Toro, Guecho, Zaragoza,
Valladolid y Medina del Campo en Espańa, con las que tuvimos jornadas de
Santa Teresa de Jesús de Los Andes. A los Frailes Carmelitas Descalzos de Chile que me
animaron en esta tarea. A los Frailes Carmelitas Descalzos de la Provincia
de San Joaquín de Navarra y la Provincia Ibérica en Espańa, que me siguen animando a dar a
conocer a Santa Teresa de Los Andes. A mis amigos y hermanos Carmelitas Seglares de
Panamá, Costa Rica, Cuba, Santo Domingo y Espańa, que por esta tarea estamos
siempre en comunión de oraciones. A Lola Poveda Piérola, mi buena amiga que se dio la
gran tarea de leer todo este libro y me aconsejo como prepararlo. Al “CITES”, Universidad de la Mistica de Ávila, que
se ha esforzado en preparar y fomentar Talleres para exponer sobre la Vida y
Obra de Santa Teresa de Los Andes. 2 PRESENTACIÓN
Este texto, es una presentación
pedagógica y cercana de la vida, testimonio y mensaje de Santa Teresa de Jesús
de los Andes. Presenta un desarrollo progresivo, según el crecimiento de
Teresa, en la comprensión e identificación con Cristo. El lenguaje es
sencillo y de fácil lectura y da pie a profundizar en el tema según los
grupos con que se trabaje y aún en la lectura personal. Es fiel al desarrollo
espiritual seguido al ritmo de sus textos, especialmente de la misma santa, y
con el adecuado apoyo en los estudios que se han hecho los escritos. Fr.
Rómulo Cuartas Londońo OCD Durante el Congreso de Santa Isabel de la Trinidad,
en el CITeS, Ávila, noviembre de 2016, Pedro Donoso Brant me facilitó el
manuscrito de este libro para que le diera mi opinión. Me parece que es buen
libro y creo que ayudará mucho a los lectores para conocer a esta joven santa
carmelita chilena. Fr. Ciro García OCD Ávila, noviembre de 2016 Pedro Donoso Brant, es un incansable presentador de santa Teresa de Los
Andes. Y esta vez ha tomado la ruta de san Juan de la Cruz, para decirnos que
nuestra santa chilena siguió el sendero sanjuanista, para llegar a la cima
del monte de la perfección. Ese monte lógicamente va a ser la subida a la
altura del Monte Carmelo, "donde solo mora la gloria y honra de
Dios". Pedro ha recorrido la vida y las obras de Teresa de Los Andes y
ha ido colocando sus senderos, sus indicaciones, sus flores, sus espinas, sus
alegrías y sus amores, mirando al Monte de la perfección. Y sabe que en ese
monte la "gloria y la honra de
Dios" se traducen en amor. Y sabe también que Dios es un amor que se da.
No exige amor, da amor, provoca amor. Pedro sigue predicando y presentando a
nuestra hermana Teresa de Jesús Los Andes. Ella tiene mensaje para amar a
Dios, en la cima del monte de la perfección de Juan de la Cruz, para todos
los caminantes buscadores de Dios, para fundirse en un abrazo eterno. Fr. Félix Málax OCD. Vitoria, Espańa 2019 En 2019 se han
cumplido cuarenta ańos de mi llegada a Chile, aunque en estancias siempre
relativamente cortas. He estado en el Santuario de Santa Teresa de los Andes
y he constatado lo que su presencia significa en las peregrinaciones que no
cesan. Reconozco que, como laica, nunca me sentí atraída por su breve vida y
su fugaz partida carmelitana. Pero leyendo en Juan de la Cruz que el estilo
del hacer de Dios es “de una vez y para siempre” y el del hombre el ir “paso
a paso”, volví de nuevo la mirada hacia esta santa transandina. Y ahí estaban
los textos de Pedro Donoso, desplegando el calidoscopio de un ser, en verdad,
poco común. Ha sido a través de esta abundante selección de su Diario y Cartas que Pedro, generosamente, nos ofrece, donde he encontrado
el motivo de su atracción: en ella «la inmediatez» de Dios y su breve «paso a
paso» coinciden. Envidiable. Eco, sin duda, del «humano y divino junto» de la
gran Teresa de Jesús que se ha prolongado en esta no menos grande Teresa de
Jesús de los Andes. Espero que este texto siga “engolosinándonos” en el
universal camino “de la unión con Dios” que, como vocación humana, los santos
del Carmelo tan bien han conocido, vivido y mostrado. Lola Poveda 3 PROLOGO
3.1
“DONDE
MORA EN ESTE MONTE LA GLORIA Y HONRA DE DIOS”[1]
Santa Teresa de Los Andes Subió
a Morar en la Casa De Dios
Canta el salmista; “Una
cosa he pedido al Seńor, una cosa estoy buscando: morar en la Casa del Seńor,
todos los días de mi vida, para gustar la dulzura de Dios”[2] Me parece que el
salmista desea la misma dulzura de amor a que se refiere San Juan de la Cruz
cuando dice; “como tienen el paladar de la voluntad sano y el espíritu limpio
y bien dispuesto para Dios, y en lo que está dicho se les da a gustar algo de
la dulzura del amor”. [3] Canta el salmista; “Sí,
dicha y gracia me acompańarán todos los días de mi vida; mi morada será la
casa del Seńor a lo largo de los días”.[4] También canta; “Seńor,
la belleza de tu Casa, el lugar de asiento de tu gloria”.[5] San Juan de la Cruz
anota en la cima de su grafico del Monte, “Donde mora en este monte la gloria
y honra de Dios”. Dice el Seńor; “No se
turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. “En la casa de mi
Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a
prepararos un lugar”.[6] Esta es una dosis de
optimismo de Cristo para sus discípulos, que no haya “turbación” para que no
les llegue la desorientación, que nada les espante y no erren él camino. Y si
“creéis en Dios, creed también en mí”. dice el Seńor, que “crean” en El cómo
el Hijo de Dios. La enseńanza no es que el cielo sea para unos pocos; tiene
una inmensa capacidad; allí cabemos todos. Precisamente Él va al cielo como
Hijo a la casa de su Padre, va a “prepararnos un lugar”. Con referencias a esta
mansiones o moradas, acota San Juan de la Cruz en Cantico Espiritual que “allí están todos
los manjares, esto es, todas las grandezas que puede gustar el alma”[7] y en Llama de amor seńala; “De donde
podemos decir que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos
centros puede tener en Dios, uno más adentro que otro; porque el amor más
fuerte es más unitivo, y de esta manera podemos entender las muchas mansiones
que dijo el Hijo de Dios[8] haber en la casa de su
Padre”.[9] Santa
Teresa de Jesús de Los Andes, tomo el camino para subir a lo Alto del Monte.
Canta el salmista; “clamo
hacia el Seńor, y él me responde desde su santo monte[10] y también canta; “żquién
morará en tu tienda?, żquién habitará en tu santo monte?”.[11] En el argumento de Subida
del Monte Carmelo, antes de exponer su canción de “Noche Oscura”, San Juan de
la Cruz dice que; “Toda la doctrina que entiendo tratar en esta Subida del
Monte Carmelo está incluida en las siguientes canciones, y en ellas se contiene
el modo de subir hasta la cumbre del monte, que es el alto estado de la
perfección, que aquí llamamos unión del alma con Dios”. En que canta el alma
la dichosa ventura que tuvo en pasar por la oscura noche de la fe, en
desnudez y purgación suya, a la unión del Amado. Canta el salmista;
“żQuién subirá al monte del Seńor?, żquién podrá estar en su recinto santo?
El de manos limpias y puro corazón, el que a la vanidad no lleva su alma”. [12] No me cabe la menor duda
que Santa Teresa de Jesús de los Andes, tomo el camino para subir a lo alto del Monte, para vivir eternamente
en ese recinto santo, joven de manos limpias y pura de corazón. Ciertamente
que ella fue un alma que podía decir cómo su Santo Padre San Juan de la Cruz
al Esposo “Vámonos a ver en tu hermosura, al monte, es decir: transfórmame y
aseméjame en la hermosura de la Sabiduría divina, que, como decíamos, es el
Verbo Hijo de Dios”.[13] En Subida a Monte Carmelo
dice el Santo que si el alma persevera fiel y desprendida, el Seńor irá
dándole más y más, promocionando gradualmente hasta la divina unión y
transformación, así lo enuncia; “En las cuales mercedes, si todavía el alma
fuere fiel y retirada, no parará el Seńor hasta subirla de grado en grado
hasta la divina unión y transformación”.[14] Pero para llegar a esta
unión, deberá pasar de grado en grado (cada grado es una etapa) de mansión en
mansión que son siete, hasta que la meta en la bodega de vino[15] de su perfecta caridad,
que son los siete grados de amor. [16] Subir
al Monte para hablar a Dios
San Juan de la Cruz, nos
ha presentado un monte que es el “Monte de Dios”, “Donde mora en este monte
la gloria y honra de Dios”. En el capítulo 5 de Subida
del Monte Carmelo, San Juan de la Cruz nos habla de lo necesario que es
para el hombre subir a hablar a Dios y como debe subir desprendido de todo,
no llevar consigo nada, nada. Aquí pone el ejemplo de Moisés tomando el
mandato que le hace Dios; “Prepárate para subir mańana temprano al monte
Sinaí; allí en la cumbre del monte te presentarás a mí. Que nadie suba
contigo, ni aparezca nadie en todo el monte. Ni oveja ni buey paste en el
monte.[17] Antes de subir al monte
y comunicarse con Dios, Moisés debe desprenderse de todo, debe subir solo, no
debe llevan nada, nada. Con “suma desnudez y vacío de espíritu”,[18] vacío de todo lo que no
es necesario para ser acogido por Dios. Más adelante el santo
hace una síntesis, todo hombre que quiere subir a este monte a hacer de sí
mismo altar en él, en que ofrezca a Dios sacrificio de amor puro y alabanza y
reverencia pura, que, primero que suba a la cumbre del monte, ha de haber
perfectamente hecho las dichas tres cosas. Lo primero, que arroje todos los
dioses ajenos, que son todas las extrańas aficiones y asimientos. Y lo
segundo, que se purifique del dejo que han dejado en el alma los dichos
apetitos con la noche oscura del sentido que decimos, negándolos y
arrepintiéndose ordinariamente. Y lo tercero que ha de tener para llegar a
este alto monte es las vestiduras mudadas.[19] La cúspide del monte es
la cima de las aspiraciones humanas en la búsqueda y encuentro de Dios. (Fr.
Efrén de la Madre de Dios OCD). “Decía el Santo Padre San
Juan de la Cruz: “Si el hombre busca a Dios, mucho más le busca su Amado a
él”.[20] Santa Teresa de Los
Andes, fue una joven que se entregó de
verdad a Dios, y no se resistió a su llamado ni menos a su encuentro. Ella
nos invita a guiarnos por la fe, la esperanza y el amor de Dios, que es
“Alegría Infinita” y con esa dulzura que tuvo, nos anima a subir a lo Alto
del Monte Donde mora en este monte la gloria y honra de Dios. Pedro Sergio
Donoso Brant 4 VIDA DE SANTA TERESA DE LOS
ANDES
4.1
CRONOLOGÍA DE LA VIDA Y SU CAMINO A LOS
ALTARES.
1900 13 de julio: Juanita Fernández Solar
nace en Santiago de Chile, en la residencia de su abuelo materno, calle Las
Rosas 1352. Hija de don Miguel Fernández Jaraquemada y de dońa Lucía Solar
Armstrong de Fernández. 15 de julio: Es bautizada en la
Parroquia de Santa Ana por el Presbítero Baldomero Grossi. Sus padrinos son
don Salvador Ruiz-Tagle García Huidobro y dońa Rosa Fernández de Ruiz-Tagle
(hermana de don Miguel). La familia veranea en la Hacienda de
Chacabuco descansando largas temporadas hasta 1917. 1906 Juanita asiste al colegio de las
Teresianas en la calle Santo Domingo, sólo acude un mes. Allí aprende leer.
Juanita desea comulgar, lo que no le permiten por su corta edad. 16 de agosto: un terremoto destruye
Valparaíso y Vińa del Mar. 1907 Juanita ingresa al colegio ubicado en la
Alameda, el Externado del Sagrado Corazón en Santiago. Su director espiritual
es el Padre Artemio Colom, jesuita. 13 de mayo: fallece su abuelo materno
don Eulogio Solar Quiroga. • Rematan la Hacienda de Chacabuco, dońa Lucía se
queda con una hijuela, la de “Los Bańos”. La familia Fernández Solar se traslada a
la calle Santo Domingo 1652. Juanita promete rezar todos los días el
rosario. Ella hace su primera confesión. 1909 Confirmación y
Primera Comunión 22 de octubre: Juanita recibe el
sacramento de la confirmación. 1910 11 de septiembre: Juanita hace su
primera comunión. 12 de octubre: nace su hermano Ignacio. Los Fernández se cambian de residencia a
la calle Ejército 475. 1914 Lee Historia de un alma a Teresita
del Nińo Jesús Diciembre: ataque de apendicitis. Juanita siente el primer llamado al
Carmelo. 1915 A mediados de ańo ingresa al internado
del Sagrado Corazón de Maestranza con su hermana Rebeca. 8 de diciembre: Juanita hace por la
primera vez voto de castidad, prometiendo “no admitir otro Esposo sino a mi
Seńor Jesucristo, a quien amo de todo corazón y a quien quiero servir hasta
el último momento de mi vida”. 1916 15 de abril: Juanita revela a Rebeca el
secreto de su vocación. 1917 3 de enero: ofrece su vida a Dios por
salvar a su hermano Lucho de sus dudas religiosas. 22 de febrero: al fin de las vacaciones
de verano, Juanita deja Chacabuco por la última vez. Lee libro de la Vida de Santa Teresa
de Jesús Nuevo director espiritual: Padre José
Blanch, claretiano. Abril: encuentro con el P. Blanch que le
habla del Carmelo de Los Andes donde han fallecido 3 hermanas. Juanita tiene
la convicción de que el Seńor la llama a entrar en este Carmelo. 15 de junio: recibe la Medalla de Hija
de María (distinción máxima de su colegio). Se remata la hijuela de Chacabuco.
Cambia de residencia: Vergara 92. Julio: Juanita lee a Sor Isabel de la
Trinidad. Agosto: hace confesión general, le
aseguran que nunca ha cometido pecado mortal. 5 de septiembre: escribe por primera vez
a la Priora de Los Andes, expresándole sus deseos de ser carmelita. Pide
fortaleza a Dios para superar las dificultades para entrar al Carmelo: salud
débil, incomprensión familiar y problemas económicos para obtener la dote. 15 de noviembre: gracia mística. Jesús
abre su corazón a Juanita, le revela su amor y le dice que le ha escogido
como víctima. Diciembre: obtiene numerosos premios en
el colegio. 1918 Juanita veranea en Algarrobo: Forma un
coro para la capilla y hace catecismo. 12 de agosto: se casa su hermana Lucía.
Juanita la reemplaza como dueńa de casa. 7 de septiembre: escribe a la priora de
Los Andes para que la admita en el convento. Recibe respuesta afirmativa. Lee Camino de Perfección de Santa Teresa
de Jesús. Es invitada a Cunaco,
al fundo de sus primas Valdés Ossa. Colabora en las misiones. Uno de les
sacerdotes misioneros la ve en éxtasis en la capilla. Dudas al respecto de su vocación:
żCarmelita o religiosa del Sagrado Corazón? 1919 11 de enero: en compańía de su madre
viaja a Los Andes a entrevistarse con la priora. Desde ese momento sus dudas
desaparecen. Lee a San Juan de la Cruz 27 de enero: Lee en la mańana la
"Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz 25 de marzo: Solicita permiso a su padre
para irse al Carmelo. 6 de abril: su padre, conmovido, le
concede el permiso. Abril: Juanita se prepara para ingresar
al Carmelo; pero sufre lo indecible por tener que abandonar a su familia que
ella tanto ama. 7 de mayo: ingresa al monasterio de Los
Andes. Cambia su nombre por el de Teresa de
Jesús. Sufre la separación de los suyos, pero experimenta también paz y
alegría por haber abandonado todo y a todos por amor a Cristo. Cumple la Regla del Carmelo con humildad
y amor. Se ofrece para realizar las labores más molestas y hasta las más
desagradables. Sus cartas irradian felicidad; ellas
arrastrarán a muchas amigas a la vida religiosa. 14 de octubre: toma el hábito de
Carmelita Descalza, comenzando su noviciado. Teresa, que tiene un vínculo espiritual
fuerte con su priora, sufre de la incomprensión y de las numerosas
correcciones de la hermana pedagoga (que ayuda a la priora para el noviciado).
Varias pruebas espirituales: tentaciones
del demonio, sequedades en la oración. Teresa sigue en el don de sí misma a
Cristo en la fidelidad a cumplir la Regla del Carmelo. 8 de diciembre: voto de esclavitud
mariana (hecho con sor Isabel de la Trinidad). 1920 Primeros días de marzo: Teresa asegura
al Padre Avertano, confesor de la comunidad, que
dentro de un mes morirá. Pide licencia para hacer penitencias
extraordinarias. El confesor no le permite y le dice que siga observando la
Regla. 14 de marzo: visita del P. Blanch.
Teresa le pide con insistencia recuperar y quemar su Diario que ella había dejado a su madre (lo que no será hecho). 1° de abril: Jueves Santo. Teresa
empieza su Vía Crucis siguiendo a Cristo. Pasa casi todo el día en el coro
hasta la una de la madrugada del día siguiente. 2 de abril: Viernes Santo. Al alba parte
al coro. A mediodía reza el Vía Crucis y participa en el ejercicio de las
Tres Horas. Su maestra la sorprende con el rostro encendido por la fiebre. 3 de abril: Teresa sufre terribles
dolores. 5 de abril: pide confesarse y comulgar.
Sufre terribles tentaciones de desesperanza; el demonio trata de persuadirla
que es rechazada por Dios por razón de sus pecados. 6 de abril: llega su madre con una
licencia del Nuncio apostólico para que Teresa pueda salir de la clausura del
monasterio para ir en un hospital en Santiago. Pero la priora responde que
Teresa no aceptaría la perspectiva de morir fuera del monasterio (y así fuera
de la Orden del Carmelo, ya que era novicia). La madre de Teresa entiende que
el Seńor le pide la ofrenda de su hija. 7 de abril: Teresa hace profesión
religiosa in articulo mortis. Los médicos diagnostican un tifus avanzado.
Teresa comulga por la última vez. 12 de abril: Teresa fallece a las 19:15. 14 de abril: funerales de Teresa. La
capilla del convento es invadida por la gente de Los Andes. Dicen que vienen
para ver la santita que se ha muerto de amor. Teresa es sepultada en el
cementerio del convento. 23 de noviembre: Rebeca, hermana de
Teresa, ingresa al Carmelo de Los Andes, entendiendo que el Seńor le pide
para tomar el lugar dejado por Teresa. Toma el nombre de sor Teresa del
Divino Corazón. Fallecerá el 31 de diciembre de 1942 con fama de santidad. 5
“UNA
LLAMADA QUE SE HACE EXISTENCIA”
5.1
UN
LIRIO EN EL CARMELO
De
los cinco libros que he preparado para celebrar el “Centenario de su partida
al cielo”, este es el primero que inicié, no obstante lo dejé para el final.
Confieso que me he edificado mucho estudiando la doctrina y el mensaje
espiritual de Teresa de Jesús de Los Andes. Cuando
fui un adolescente, a los 14 ańos[21],
mi padre me envió a estudiar internado a una escuela localizada en la
Hacienda San Vicente, que está a las afueras de la ciudad de Los Andes y cada
fin de semana pasaba obligadamente por las puertas del antiguo Monasterio del
Espíritu Santo. Mi padre me encargaba que antes de ir a la escuela, pasara a
saludar a Sor Teresa de Jesús. Esta fue la primera aproximación que tuve con
la que hoy es nuestra primera santa chilena. Tuve
en aquella oportunidad la felicidad de recibir un ejemplar de un resumen de
la vida de Sor Teresa, “Un Lirio en el Carmelo”, que me lo paso a modo de
préstamo una religiosa, para consolarme por no poder entrar a la capilla
debido a la hora que era. El librito, se desarmaba casi por completo, parecía
que había pasado por muchas manos, porque la religiosa me encargo; cuando
termine de leerlo me lo devuelves para que otra persona lo lea. No había en
esa época, máquinas para hacer una copia y no tenía en ese minuto la voluntad
para escribir una copia en un cuaderno, algo que alguien me propuso. Con
todo, con lo que leí, recuerdo que me dejo un gran interés por conocer más el
camino de amistad que ella hizo con Jesús y su intimidad con Dios, por lo que
he atesorado todos estos ańos, al ser un lector asiduo a sus escritos. Diario y Cartas,
un baúl de sorpresas.
Es
así, como creo que el Diario y Cartas de Teresa de Los Andes, son un
baúl de sorpresa que atrapa el corazón de todos los que nos hemos aproximado
a sus escritos y es así como me he animado en este libro para compartir mis
reflexiones de lo que me dice ella con sus palabras. Nota sobre este
libro.
Temática Para
este libro he seleccionado los temas que me parecen interesante para conocer
el camino a lo Alto del Monte de Santa Teresa de Los Andes. Todos fueron
partes de talleres, retiros y reflexiones con Madres Carmelitas Descalzas,
Frailes Carmelitas, Seglares Carmelitas y personas interesadas en conocer a
esta joven santa carmelita. Las ciudades donde he dado estos talleres han
sido en La Habana (Cuba), Ciudad de Panamá, (Panamá); Bani y Santo Domingo
(República Dominicana); Puangue, San Bernardo y Talca (Chile); Medina del
Campo, Valladolid, Toro, Vitoria, Pamplona, Bilbao, Zaragoza y Ávila en
Espańa. Algunas
reflexiones escritas en este libro
están más de una vez, pero cada una está en lo posible en el contexto
del tema que se relata. żJuanita Fernandez
Solar o Teresa de Jesús de Los Andes? Juanita
y Teresa son dos nombres de la misma persona. Desde que entró en el convento,
siguiendo la costumbre tradicional, cambio su nombre llamándose Teresa de
Jesús. Finalmente para distinguirla de Santa Teresa de Jesús (Ávila) y de
Santa Teresita de Lisieux, se la conoce ahora como Santa Teresa de Jesús de
los Andes. En este libro, utilizo los dos nombres. La
Santa también según la época de sus escritos, firma sus cartas como Juana,
Juan H de M (Hija de Maria), Teresa de Jesús y Teresa de Jesús carmelita. 6 SE HA CONVERTIDO EN "LUZ EN
EL SEŃOR”
"La mirada
de Dios no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias,
pero el Seńor mira el corazón (1 Samuel 16, 7). Santa Teresa de
Jesús de Los Andes es una joven maestra para el alma de muchos jóvenes de
hoy, que todos los ańos peregrinan en gran número hasta su santuario con una
alegría que emociona. Se han hecho cálculos de en la peregrinación anual,
caminan más de 50.000 jóvenes a lo largo de casi 30 km. Teresa, con su
ejemplo de vida, nos hace ver como Dios transforma el corazón cuando le
dejamos habitar en él. Necesidad de difundir sus escritos.
Me parece conveniente
difundir sus escritos, Diario y Cartas, ya que en ellos podemos
descubrir una notable doctrina espiritual que es una lección para todos los
que deseamos ir a la zaga de Nuestro Seńor Jesucristo. No obstante, es necesario
aclarar que Teresa de los Andes, no es una escritora profesional y todo
cuanto escribió, no lo hizo para dar a conocer al mundo su espiritualidad,
puesto que incluso tenía dentro de sus planes destruir su Diario, y
así se lo pidió a su confesor el Padre Blanch poco antes de morir. Gracias a Dios, esto no ocurrió y su madre
lo guardó respetuosamente e incluso no lo leyó. Es así, como
para esta ocasión preparé una selección de los párrafos de la vida de Santa
Teresa de los Andes que más me han impresionado. Me pareció adecuado escribir
sobre ella, comentar su vida y dejar que ella misma hable. Eso es lo que
trate de hacer y que ahora comparto en este libro. El Diario,
la historia de su alma.
El Diario[22] de Teresa de Los Andes es
la historia de su alma y lo comenzó a escribir el 2 de septiembre de 1915, a
la edad de 15 ańos. Ella se lo dedica a la Madre Julia Ríos, religiosa del
colegio del Sagrado Corazón donde hizo sus estudios secundarios. Escribe Teresa: “Madre querida:
Ud. cree que se va a encontrar con una historia interesante. No quiero que se
engańe. La historia que Ud. va a leer no es la historia de mi vida, sino la
vida íntima de una pobre alma que, sin mérito alguno de parte de ella,
Jesucristo la quiso especialmente y la colmó de beneficios y de gracias. La
historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar".[23] Cartas, autorretrato
de su alma.
Las “Cartas” o el “Epistolario de Teresa de Los Andes contienen 164
escritos. Se sabe que 118 son originales y el resto son copias rescritas por
su hermana menor Rebeca cuando también era ya monja carmelita. Cabe destacar, que este
epistolario es más que suficiente para conocer cómo fue Teresa, una joven
sensible, humana y muy espiritual. Ambos documentos, Diario y Cartas,
son un verdadero autorretrato de su alma, es decir, ella nos dejó en cada
frase escrita, un fascinante retrato de ella misma. En efecto, las páginas
escritas por Teresa la reflejan tal como fue, una joven pura, sensible,
afectuosa, con un trato muy tierno hacia todas las personas a las que
escribió, su familia, amigas y confesores. Canonizada por
Juan Pablo II, "Luz en el Seńor".
Beatificada por
Juan Pablo II en Santiago de Chile el 3 de abril de 1987, fue canonizada el
21 de marzo de 1993 por el mismo Juan Pablo II en San Pedro, Roma. Ese día,
IV domingo de Cuaresma, en la homilía dedicada a Teresa de Los Andes, el Papa
comentó sobre el evangelio de San Juan, donde Jesús no dice: “Yo soy la luz
del mundo" (Jn 8, 12) El que me siga… tendrá la luz de la vida" (Jn
8, 12) Y El Apóstol (segunda lectura del día): "sois luz en el Seńor.
Vivid como hijos de la luz". (Ef. 5, 8). El papa dijo
que esta hija de la Iglesia se ha convertido en "luz en el Seńor",
que esta hija de la luz se distinguió como testigo de Cristo en el nuevo
mundo (América). Era el ańo que se celebraba el V Centenario de la
evangelización del gran continente americano. Dijo el Papa:
“recogemos una flor espléndida suscitada por la buena nueva y por la gracia
del santo bautismo entre las poblaciones de esa "tierra nueva"… y
ańadió: “Luz de Cristo para toda la Iglesia chilena es Sor Teresa de Los
Andes, Teresa de Jesús, carmelita descalza y primicia de santidad del Carmelo
teresiano de América Latina”. Comparando el
relato de la primera lectura de ese domingo IV de Cuaresma, Libro de Samuel,
dijo el Papa que la figura de Teresa sobresale no por "su apariencia ni
su gran estatura". "La mirada de Dios – nos dice el libro sagrado –
no es como la mirada del hombre, pues el hombre mira las apariencias, pero el
Seńor mira el corazón (1 Sam 16, 7). Por eso, en su
joven vida de poco más de 19 ańos, en sus once meses de carmelita, Dios hizo
brillar en ella de modo admirable la luz de su Hijo Jesucristo, para que
sirva de faro y guía a un mundo que parece cegarse con el resplandor de lo
divino. A una sociedad secularizada, que vive de espaldas a Dios, esta
carmelita chilena, que con vivo gozo presento como modelo de la perenne
juventud del Evangelio, ofrece el limpio testimonio de una existencia que
proclama a los hombres y mujeres de hoy que en el amar, adorar y servir a
Dios están la grandeza y el gozo, la libertad y la realización plena de la
criatura humana. La vida de la bienaventurada Teresa grita calladamente desde
el claustro: ˇSólo Dios basta! Y lo grita
especialmente a los jóvenes, hambrientos de verdad y en búsqueda de una luz
que dé sentido a sus vidas. A una juventud solicitada por los continuos
mensajes y estímulos de una cultura erotizada, y a una sociedad que confunde
el amor genuino, que es donación, con la utilización hedonista del otro, esta
joven virgen de Los Andes proclama hoy la belleza y bienaventuranza que emana
de los corazones puros. [24] Amar, sufrir, orar, servir.
Juan Pablo II
continúa destacando en su homilía que, en su tierno amor a Cristo, Teresa
encuentra la esencia del mensaje cristiano: amar, sufrir, orar, servir. En el
seno de su familia aprendió a amar a Dios sobre todas las cosas. Y al
sentirse posesión exclusiva de su Creador, su amor al prójimo se hace aún más
intenso y definitivo. Así lo afirma en una de sus cartas: "Cuando
quiero, es para siempre. Una carmelita no olvida jamás. Desde su pequeńa
celda acompańa a las almas que en el mundo quiso" (Carta, agosto 1919). Su encendido
amor lleva a Teresa a desear sufrir con Jesús y como Jesús: "Sufrir y
amar, como el cordero de Dios que lleva sobre sí los pecados del mundo"
– nos dice –. Ella quiere ser hostia inmaculada ofrecida en sacrificio
continuo y silencioso por los pecadores. "Somos corredentoras del mundo
– dirá más adelante – y la redención de las almas no se efectúa sin
cruz" (Carta, septiembre 1919). La joven santa
chilena fue eminentemente un alma contemplativa. Durante largas horas junto
al tabernáculo y ante la cruz que presidía su celda, ora y adora, suplica y
expía por la redención del mundo, animando con la fuerza del Espíritu el
apostolado de los misioneros y en, en especial, el de los sacerdotes.
"La carmelita – nos dirá – es hermana del sacerdote" (Carta de
1919). Sin embargo, ser contemplativa como María de Betania no exime a Teresa
de servir como Marta. En un mundo donde se lucha sin denuedo (descanso) por
sobresalir, por poseer y dominar, ella nos enseńa que la felicidad está en
ser la última y la servidora de todos, siguiendo el ejemplo de Jesús, que no
vino a ser servido sino a servir y a dar su vida en redención de muchos. (cf.
Mc 10, 45). Ahora, desde la
eternidad, santa Teresa de Los Andes continúa intercediendo como abogada de
un sin fin de hermanos y hermanas. La que encontró su cielo en la tierra
desposando a Jesús, lo contempla ahora sin velos ni sombras, y desde su
inmediata cercanía intercede por quienes buscan la luz de Cristo. Ese día del
tiempo de Cuaresma de la canonización, las palabras del Papa Juan Pablo II en
la homilía: “Cristo es la luz del mundo y quien lo sigue tendrá la luz de la
vida”, estaban muy bien dedicadas a Teresa de los Andes. żQué méritos tiene para llegar a
los altares?
Viendo que
Teresa no hizo obras espectaculares ni alcanzó a cumplir los 20 ańos, muchos
se preguntan qué méritos tiene para llegar a los altares. Esos que se
preguntan, deben saber que la santidad - a la que todos los bautizados
estamos llamados- se alcanza tratando de cumplir siempre y en toda la
voluntad de Dios en el puesto que a cada uno le toca ocupar en la vida. No
es, pues, lo importante el papel o misión que uno tiene encomendado, sino con
el carińo y el amor con que lo desempeńa. Es como otras jóvenes que llegaron
a la santidad, con pequeńas cosas, pero hechas con amor. Dios, dueńo
absoluto de todo, no necesita de nuestras obras. Busca solamente nuestro
amor, porque -como nos hizo libres- podemos negárselo, prefiriendo nuestros
planes a los suyos. Y cómo podemos incluso estropear nuestras buenas obras
actuando egoístamente, no mira Dios su grandeza o pequeńez, sino el amor con
que las practicamos. Y así será, como dice nuestro santo padre San Juan de la
Cruz, “a la tarde de la vida, nos examinaran del amor”, del que supimos dar
en nuestra vida, en especial, a los que más nos necesitan. San Pablo
escribe a los Corintios (1 Cor 12 y 13) una carta
muy consoladora y estimulante para una buena mayoría de cristianos cuya
existencia se consume en situaciones muy penosas y difíciles, para que se
animen a ser fieles al Seńor en los oscuros deberes de su rutinario vivir.
Porque, si han sido auténticos, verán a su hora las obras que han hecho por
Cristo más que muchos que ocuparon puestos de responsabilidad en la Iglesia e
hicieron obras llamativas, a pesar de que la historia les dedique muchas
páginas; por aquello de que, aunque uno traslade montańas o se deje quemar
vivo, si actúa sin amor, es decir interesadamente, buscándose a sí mismo, de
nada le sirve. Su camino a la santidad.
Algunos de sus
pensamientos, nos hablan de su camino a la santidad: “Quiero
que vivas siempre con Dios en el fondo de tu alma... Tienes que poseer a Dios
para darlo a las almas”.[25] “A
mí desde chica (pequeńa) me decían que era la más bonita de mis hermanos”.[26] “En
1906 fue cuando Jesús principió a tomar mi corazón para Sí”. [27] “Jesús,
desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días
comulgaba y hablaba con Jesús largo rato. Pero mi devoción especial era la
Virgen. Le contaba todo. Sentía su voz dentro de mí misma”. [28] “En 1913 tuve una fiebre espantosa. Nuestro
Seńor me llamaba para Sí. A los 14 ańos me envío una apendicitis, lo que me
hizo oír su voz querida, que me llamaba para hacerme su esposa más tarde en
el Carmelo”. [29] “Nos
dijeron que entraríamos de internas. Yo creo que jamás me acostumbraré a
vivir lejos de mi familia: mi padre, mi madre, esos seres que quiero tanto.
ˇAh!, ˇSi supieran cuánto sufro, se compadecerían! Sin embargo, me debo
consolar”.[30] “Todos
los días hago mi meditación y veo cuán gran ayuda es para santificarse. Es el
espejo del alma. ˇCuánto se conoce en ella a sí misma!” [31] “Tomen la resolución de ser todo para
todos”. [32] 7
EL
CAMINO DE SANTA TERESA DE JESÚS DE LOS ANDES
7.1
ALCANZO
LA SANTIDAD SIENDO MUY JOVEN
Para muchos, Santa Teresa de Jesús de
Los Andes es una gran desconocida, para otros, un referente. Escribe Teresa: "Jesús, desde ese primer abrazo, no
me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús
largo rato”.[33]
Teresa de Jesús de Los Andes, alcanzo
la santidad siendo muy joven, y su principal mérito, fue aceptar la voluntad
de Dios. A los 14 ańos el Seńor le habló diciéndole que quería su corazón
para Él, dándole también la vocación al Carmelo. En todos sus escritos, nos
damos cuenta qué fue una carmelita enamorada de Cristo: "Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca".[34]
Y su ilusión y su constante empeńo fue asemejarse a Él, configurarse con
Cristo. Por eso, deseando llegar a ser una fiel copia suya, vivió decidida a
ir hasta el fin del mundo atravesando el fuego si hubiera sido preciso para
serle fiel, como ella misma lo dice; “aunque
tenga que atravesar el fuego, con Jesús lo pasaré, si tengo salud…pues es mi
salud lo que me hace temer…Si Jesús quiere que sea carmelita, me dará salud
para ello”.[35] Santa Teresa de Jesús de los Andes, fue
un joven que amó tiernamente a Jesús, como lo expresa a la Madre Angélica
Teresa, del Convento del Espíritu Santo, donde luego vivirá: “El
otro día, viendo el Santísimo manifiesto, me preguntaba por qué no nos volvemos
locas de amor por Él. ˇAy, Madre, deseo tanto ser toda de Él,
entregarme enteramente! ... żCuándo seré carmelita para vivir sino en El, y
por Él y para El?”.[36] Así es, como el Seńor le habló
pidiéndole que quería su corazón sólo para Él, y animándola a la vocación al
Carmelo. Dentro de su preparación estuvo la
lectura de santos carmelitas como Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz
y Santa Teresita de Lisieux. También a partir de los 16 ańos, leyó mucha de
las cartas de Sor Isabel de la Trinidad y quiso seguir el mismo ideal de
Isabel, conquistar almas para Cristo. Isabel fue canonizada por el Papa
Francisco el 16 de octubre de 2016. A los 17 ańos expone su ideal carmelita
"sufrir y amar"[37]
y con ardor defiende su vida contemplativa, que el mundo "tacha de
inútil". Le ilusiona saber que su sacrificio servirá para mejorar y
purificar al mundo. Como Carmelita, no alcanzó a vivir ni
un ańo entero en el convento. Las religiosas aseguraban que había entrado ya
santa. De modo que, en tan corto tiempo, pudo consumar la carrera a la
santidad que había iniciado muy en serio mucho antes de su primera comunión. 7.2
VIDA
DE TERESA DE JESÚS LOS ANDES
Síntesis de su vida narrada por ella
misma
Escribe
en su Diario:[38] “Nací
en l900, el día 13 de julio. Mi mamá se llama Lucía Solar de Fernández y mi
papá Miguel Fernández Jara. Vivíamos
con mi abuelito, anciano ya. Se llamaba Eulogio Solar. Se puede decir que era
un santo, pues todo el día se le veía pasando las cuentas de su rosario. Jesús
no quiso que naciese como El, pobre. Y nací en medio de las riquezas,
regalona de todos. Yo
era la cuarta. La primera se llamaba Lucía, que tenía siete ańos, Miguel el
segundo, seis ańos y Lucho, el tercero, tenía tres ańos. Poco después nació
la Rebeca; con ańo y ocho meses de diferencia conmigo. Era yo, aunque tan
regalona, muy tímida. La Rebeca era lo contrario. Las dos éramos muy
regalonas. Hacíamos con mi abuelito lo que queríamos y le engańábamos con
besos y caricias. A mí, desde chica, me decían que era la más bonita de mis
hermanos y yo no me daba cuenta de ello” Desde sus 6 ańos, asistía con su madre
casi a Diario a la santa misa y
suspiraba por la Comunión, que recibió por primera vez el 11 de septiembre de
1910. Desde entonces procuraba comulgar diariamente y pasar largo rato en
diálogo amistoso con Jesús. También desde su nińez vivió una
intensa vida mariana que fue uno de los cimientos fuertes de su vida
espiritual. El conocimiento y amor de la Madre de Dios vivificó y sostuvo
todos los momentos de su camino en el seguimiento de Cristo. Hizo sus estudios en el colegio del
Sagrado Corazón (1907 - 1918). Profundamente afectiva, se creía incapaz de
vivir separada de los suyos. Sin embargo, asumió generosamente la prueba de
estudiar en régimen de internado los tres últimos cursos, como entrenamiento
para la separación definitiva, que consumaría el 7 de mayo de 1919,
ingresando en las Carmelitas Descalzas de Los Andes, ciudad que está a unos
70 km de Santiago de Chile y a los pies de la cordillera de los Andes. Cambia
su nombre y pasa a llamarse Teresa de Jesús, como la Santa Madre fundadora
del Carmelo Descalzo. Cinco meses después, el 14 de octubre del mismo ańo
toma el hábito de Carmelita Descalza. Muere el 12 de abril de 1920 a los 19
ańos y nueve meses. Alcanzo a vivir once meses en el Monasterio de las
Carmelita Descalzas. Partida al cielo.
Se tiene una idea de la causa de muerte
de Teresa de los Andes, hay quienes atribuyen que el origen viene de aguas
contaminadas de la huerta que había en el convento, entonces habría contraído
tifus, sin embargo, creo que esto habría que estudiarlo más, ya que no hay
antecedentes de otras monjas contaminadas. Pero también ya había entrado
débil de salud al convento. Hay antecedentes de que desde su apendicitis, no
gozaba de buena salud. En marzo de 1920, le confía a su
confesor P. Avertaro, que morirá dentro de un mes.
Después en Semana Santa, 2 de abril, cae enferma, pero ya antes sentía muy
mal, ahí se piensa que puede ser tifus. No obstante, ella continua su vida
como si estuviera bien, pues siguió todas las costumbres de su comunidad. El 5 de abril, solicita los sacramentos
de los enfermos, el 6 de abril hace su profesión religiosa” in articulo
mortis”, luego la trasladan a la enfermería, se dice que muy alegre, porque
hace bromas pidiendo respeto como nueva profesa. El 12 de abril, a las 19:15, partirá al
cielo con 19 ańos y 9 meses. La primera Carmelita americana.
Es la primera chilena
y la primera Carmelita americana que ha alcanzado el honor de los
altares. Ha sido, pues, muy oportuno que el Papa Juan Pablo II la canonizase,
porque una santa joven, enteramente normal y equilibrada, sencilla, alegre,
deportista, simpática y que amó y vivió plenamente la vida, es un regalo de
Dios para una sociedad como la nuestra, con un porcentaje muy elevado de
jóvenes. Como enamorada de Cristo, nos contagia a jóvenes y adultos de su
amor, que nos impulsa – como a Cristo – a obedecer incondicionalmente al
Padre y a vivir para los demás. Teresa de los Andes, nos convence de
que sólo a base de espíritu de superación y de esfuerzo maduraremos y nos
realizaremos como personas. También, olvidándose ella de sí misma y
sacrificándose por los demás, nos seńala el camino que conduce al equilibrio
humano y a la verdadera felicidad. 8
LA
FAMILIA
“Tu esposa será como parra fecunda en
el secreto de tu casa. Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa”.
(Sal 128,3) La fe cristiana en la familia, como signo vital.
La familia es una comunidad formada
para una vida de amor, cuyo propósito es llevar una vida plena y feliz. Pero
no siempre hay felicidad total y ello es producto de una serie de
dificultades para amarse plenamente entre los miembros de esa familia. Sin
embargo, me parece que todo es distinto cuando se tiene el ideal de custodiar
el amor familiar. Ahora, cuando las familias, fundan su
comunidad en la experiencia de una vida con los ojos puestos en Cristo, con
una participación en la vida de la Iglesia, fortalecido con la fe, la
esperanza y por sobre todo en la caridad, esta sostenida frente a cualquier
dificultad. Ningún padre puede argumentar que no
posee responsabilidad en incentivar la fe en la propia familia y no solo con
relación a sus hijos, sino que, a su esposa, esto es, entre ambos pueden
ayudarse y fortalecerse cada día en la fe, para vivir y transmitir ese amor a
los demás. Del mismo modo, a medida que los hijos se van formando, ellos
pueden ayudar a sus hermanos menores a vivir en la fe. En mi experiencia, creo que todo esto
nace bien cuando se hace imprescindible la oración en familia. En efecto,
cuando los nińos ven rezar a sus padres, o cuando sus padres les enseńan a
rezar y los invitan a orar, por ejemplo, antes de dormir, a la hora de comer
o frente a las dificultades, están cultivando en el interior del alma de sus
hijos el amor a Dios. Otro aspecto de gran importancia y en
la cual los padres impactan a sus hijos, es hacerlos participar en el Sacramento
de la Eucaristía, y que además es el centro de la vida cristiana. Ciertamente
la familia que comparte la belleza de la Misa dominical, la escucha de la
Palabra, y los ritos de la liturgia juntos como familia, es una familia rica
en amor. En el caso de nuestra carmelita, la
familia ha sido su mejor escuela para vivir como cristianos y en el amor
familiar, la fe cristiana ha sido algo vital y ha influido fuertemente,
tanto, como llevar a decidir a esta joven Teresa a enamorarse tanto de
Cristo, que optó por hacerlo su eterno esposo. Ciertamente, ese profundo amor
familiar, es un factor importante, tanto, que a muchos hijos los motiva al
compromiso continuo por conquistar que muchos hombres y mujeres lleguen a
conocer a Cristo. Este artículo nos ayudara a conocer cómo fue Teresa de Jesús de Los Andes
en su relación con su familia. Su padre fue Don Miguel Fernández Jaraquemada. Nació en Santiago, el
17-09-1869, y falleció en Hualańé el 21-08-1923. Su madre fue Dońa Lucía
Solar Armstrong, fallecida en Santiago el 12-04-1955. Se casaron en Santiago,
el 16-05-1892. De este matrimonio nacieron los hermanos de Juanita, Miguel,
Lucía, Luís y Rebeca, Juana. Miguel, fue poeta, casado con Isabel Moreno y tuvieron dos hijos María
Isabel, y Teresa. Lucía, se casó con Isidoro Huneeus y Guzmán, tuvieron dos
hijas, Luz y Laura. Luis, fue soltero y Rebeca religiosa. La historia de
su Alma.
Durante el ańo 1917, Juanita Fernández
Solar escribe su Diario y se lo
dedica a la Madre Julia de los Ríos, quien fue orientadora espiritual de las
alumnas del internado del Sagrado Corazón de Santiago. Y le habla a ella (a
la Madre Julia) de su vida. Es así como podemos conocer sobre su familia de
su propio relato.[39] “Madre querida: Ud. cree que se va a encontrar con una
historia interesante. No quiero que se engańe. La historia que Ud. va a leer
no es la historia de mi vida, sino la vida íntima de una pobre alma que, sin
mérito alguno de parte de ella, Jesucristo la quiso especialmente y la colmó
de beneficios y de gracias. La historia de mi alma se resume en dos palabras:
"Sufrir y amar". Aquí tiene mi vida entera desde que me di cuenta
de todo, es decir, a los seis ańos o antes. Yo sufría, pero el buen Jesús me
enseńó a sufrir en silencio y desahogar en El mi pobre corazoncito. Usted comprende,
Madre que el camino que me mostró Jesús desde pequeńa fue el que recorrió y
el que amó; y como Él me quería, buscó para alimentar mi pobre alma el
sufrimiento. Mi vida se divide en dos períodos: más o menos desde la
edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto
en el primer período como en el segundo: desde mi primera comunión hasta
ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.[40] Regalona de
todos. Mi familia.
Escribe Juanita un relato de su ambiente familiar y en especial la bella
imagen de su abuelito materno como hombre santo y juguetón con ella y su
hermana: “Vivíamos con mi abuelito, anciano ya. Se llamaba
Eulogio Solar. Se puede decir que era un santo, pues todo el día se le veía
pasando las cuentas de su rosario. Jesús no quiso que naciese como El, pobre. Y nací en
medio de las riquezas, regalona de todos. Yo era la cuarta. La primera se llamaba Lucía, que
tenía siete ańos, Miguel el segundo, seis ańos y Lucho, el tercero, tenía
tres ańos. En casa de mi abuelito vivía mi tía Juanita Solar con cuatro
nińos. Ya se había muerto mi tío Luis Alberto Domínguez. El mayor de mis
primos tenía trece ańos y el menor cinco. Vivía también mi tía Teresa Vicuńa,
con dos nińos. Uno se había muerto chico. El mayor se llamaba Tomás Bernardo
(el nombre de mi tío). La segunda Teresita, tenía ocho ańos. También vivía mi
tío Francisco, que era soltero. Tenía 23 ańos. Poco después nació la Rebeca; con ańo y ocho meses de
diferencia conmigo. Era yo, aunque tan regalona, muy tímida. La Rebeca era lo
contrario. Las dos éramos muy regalonas. Hacíamos con mi abuelito lo que
queríamos y le engańábamos con besos y caricias. A mí, desde chica, me decían que era la más bonita de
mis hermanos y yo no me daba cuenta de ello…Mi carácter era tímido, de un
corazón muy sensible. Por todo lloraba, pero tenía un carácter sumamente
suave; yo jamás rabiaba con nadie”.[41] La imagen de
santo de su abuelito.
En el siguiente relato, Teresa nos muestra
el carińo que tenía por su abuelito, se trata de Don Eulogio Solar.[42] “Me acuerdo perfectamente cuando nos fuimos al fundo -a
Chacabuco- que estaba tan bien. Mi tía Teresa con los dos nińos se fue con él
y con nosotros, de quien no se separaba. Todas las tardes nos hacía subir a caballo, sacando al
cara o sello quién sería la primera. Siempre salía la Rebeca. Estaba bien,
cuando una noche le vino el ataque de parálisis. Inmediatamente se lo trajo
mi tía por tierra a Santiago, donde luego le dijeron que estaba sin remedio.
Lo hacían sufrir con los remedios más terribles Al fin mi pobre viejito no
sabía cómo estaba. El 13 de mayo, día de su muerte, recibió los Sacramentos.
Llamó a sus hijos. Los aconsejó Al lado de su pieza estaba el oratorio.
Principió a decirse la misa cuando lo vieron que tenía una cara de espanto y
decía quítenlo y se cubría la cara con las manos. Eran las terribles
tentaciones del demonio. Mi mamá le echó agua bendita y se fue el diablo.
Después, lo tentó otra vez, y se fue para que su muerte fuera como su vida:
en paz. Al levantar en la Consagración la Santa Hostia su alma se voló al
cielo sin haberlo notado nadie. Parecía dormido. Su muerte fue la de un
santo. Como lo fue su vida”.[43] Me pasó aquí
una cosa digna de contarse.
Mas adelante en la misma nota, nos
relata un suceso que impacto mucho en su familia, porque hubo que hacer un
gran cambio de la forma de vida que hasta esa fecha llevaban. “Al poco tiempo remataron la casa y el fundo, que lo
dividieron en tres hijuelas. Con la hijuela del medio se quedó don Salvador
Huidobro; con la de la cuesta, mi tío Francisco, y [con] la de los Bańos, mi
mamá. Con la casa de Santiago se quedó mi tío Eugenio. Nosotros nos cambiamos a la Calle Santo
Domingo casa como la otra, llena para mí de recuerdos muy gratos. Me
pasó aquí una cosa digna de contarse. En la noche cuando se nos apagaba la
luz del cuarto, pero todavía quedaba la luz del cuarto de mi mamita, yo veía
aparecer a mi tatacito a los pies de la cama de la
Rebeca; pero lo veía nada más que la mitad del cuerpo. Se me apareció ocho
días seguidos. Yo me moría de susto y me pasaba a la cama de la Rebeca. Desde
allí no lo veía. Cuando fuimos por última vez a Chacabuco, mi tía
Juanita me dio una Virgen de Lourdes de loza que había tenido siempre al lado
de mi cama, con tal que tomara un remedio. Me la tomé y me la dio. Esta es la
Virgen que jamás ha dejado de consolarme y de oírme”.[44] Por este tiempo
empieza mi devoción a la Virgen.
También, nos relata la influencia de su hermano Luis, a quien ella le
llama “Lucho” respecto a la devoción del Santo Rosario:[45] “Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he
estado y estaré, como lo espero hasta mi muerte. Todos los días Lucho me
convidaba a rezar el rosario, e hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la
vida; la que he cumplido hasta ahora. Sólo una vez, cuando estaba más chica,
se me olvidó. Nuestro Seńor, desde aquí, se puede decir, me tomó de
la mano con la Santísima Virgen. Desde este período mi carácter se puso
iracundo, pues me daban unas rabietas feroces; pero eran muy de lejos.
Después nadie me sacaba de paciencia. Los nińos, mis hermanos, lo hacían a
propósito. Me decían muchísimas cosas para hacerme rabiar, pero yo seguía
como [si] no los oyera. Por esto mi mamá me hizo regalona; pero después,
cualquiera cosa que me contrariaban me ponía a llorar y me daban llantos
histéricos. La Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda
imperfección.
Cuando nos fuimos a Chacabuco, fue con nosotros una prima
de mi mamá que no me podía pasar, y la Rebeca era la regalona. Con esto
sufría como no es posible imaginar; pero yo con ella era terrible, no le
soportaba nada. En 1907 entramos al colegio. Ud. puede saber, Madre, lo
que la incomodamos con nuestro carácter. Muy bien nos acordamos cuando mi
mamá le contaba las peleas que teníamos con mis hermanos y Ud. nos llamaba y
nos hacía ponernos bien. Desde esta época es cuando Nuestro Seńor me mostró el
sufrimiento Mi papá perdió una parte de la fortuna. Así es que tuvimos que
vivir más modestamente. Yo cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Primera
Comunión. Hasta que accedió en 1910. Y empecé mi preparación. Me parecía,
querida Madre, que ese día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a
Nuestro Seńor. Un ańo me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen
me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección”.[46] Yo modifiqué mi
carácter por completo
Mas adelante escribe: “En el mes del Sagrado Corazón (ż1908 ó 1909?), yo modifiqué mi carácter por completo. Tanto que
mi mamá estaba feliz de verme prepararme tan bien a mi Primera Comunión. Me costaba obedecer porque, sobre todo cuando me mandaban,
por flojera, me demoraba en ir. Entonces me dije a mi misma que, aunque no me
mandaran, iría corriendo primero que los otros. No peleaba con los nińos. A
veces me mordía los labios y me apresuraba para vestirme. Hacía actos, los
que apuntaba en una libreta. Tenía llena la libreta de actos. Ay, qué
diferencia entre entonces y ahora. ˇCómo volver a esa época! Pero żno he recibido
más favores de Nuestro Seńor?[47] Deseos de comulgar.
Sigue escribiendo de su vida en el Diario,
y uno de los recuerdos importante es la participación en la misa y como luego
llevan la eucaristía a casa para hablar de ella: [48] “Cuando vino el terremoto de 1906, al poco tiempo fue
cuando Jesús principió a tomar mi corazón para sí. Me acuerdo que mi mamá con mi
tía Juanita nos llevaban a misa y siempre nos explicaban todo; y yo, en la
misa, cuando llegaba la Comunión, me encendía de deseos de recibir a Nuestro
Seńor. Pedía a mi mamá este favor, pero gracias a Dios que no me
encontró preparada para este sublime acto. Me acuerdo que
mamá y mi tía Juanita me sentaban en la mesa y me preguntaban acerca de la
Eucaristía. Yo contestaba a sus preguntas; pero, como me veían muy chica, no
me dejaban hacerla”.[49] 9 DIVINA Y HUMANA
“El
sondea la profundidad y el corazón humano, y sus secretos cálculos comprende”
(Cf. Eclo 42,18) 9.1
ALEGRE,
BROMISTA, COMUNICATIVA Y DEPORTISTA
Las
personas que la conocieron y la trataron, dan testimonio que Juanita se
distinguió en su vida como deportista, excelente alumna, hija muy obediente,
amaba mucho a sus padres y hermanos, misionera, y luego en el Monasterio
monja fervorosa. El Fr.
Ángelo de la SS. Trinidad, Vice-Postulador en la causa de, escribe en su
libro Sor Teresa de Los Andes, Escritos Espirituales, que en una
entrevista con la profesora de sicología le indicó los siguientes rasgos
peculiares de Juanita: 1° Era muy tímida y de carácter suave. Huía de toda exhibición. 2° Era sensata y equilibrada. 3° Llamaba la atención su precocidad infantil, inteligencia y piedad. Alegre y bromista.
Teresa lleva una vida interior
rica y profunda. Trata con Jesús de corazón a corazón. Se ha entregado a Él
sin reservas. Pero su equilibrio con el entorno le hace llevar una vida
normal, como la de cualquier joven de su tiempo. Todo lo que sea distinguirse le
repugna. Evita cuidadosamente merecer el título de beata. Se gloría de que es
feliz y lo pasa bien allí donde le toca vivir, de que no es como otras
chiquillas que en todas partes se "latean" (aburren). Le gusta
querer de verdad. Por eso tiene tantas y tan buenas amigas. Y sus educadoras
la admiran y aprecian sinceramente. En todas partes la quieren. Es alegre, comunicativa,
bromista. Contagia a todos su sana alegría. Es maestra en el manejo de la
broma y de la ironía. En sus cartas abundan episodios divertidísimos de
ataques de risa. La sencillez, familiaridad y alegría de las carmelitas le
encantó, incluyendo poderosamente en su resolución de ingresar en el Carmelo. En la intimidad de su familia es
amable, dulce, carińosa. La "joya de la casa", como dirá su hermano
Luis. Comentaba ella de un paseo: “El
viaje resultó divertidísimo. Gozamos, pues embromamos desde que salimos.
También nos acordamos de Uds., pero nada más que para "pelarlas". [50](“Pelar”,
comentar sobre la vida de otras personas) Y sigue: “No hacemos otra cosa que embromar.
Apróntate. En la mesa nosotras estamos las últimas con Pepe. Era tanto lo que
disparateábamos y nos reíamos, que a veces no podía
comer. Pero lo más trágico era que el Padre que rezaba después de la comida,
en la mitad del rezo, no podía continuarlo por la risa, pues lo
contagiábamos”.[51] “Saqué
como resolución vivir muy alegre exteriormente”.[52] “Donde
me llevan soy feliz…Vivir siempre muy alegres. Dios es alegría infinita”.[53] Le encanta el deporte.
Todo lo que sea el deporte le
fascina. Es estupenda equitadora. Desde nińita, su abuelo le había enseńado a
montar a caballo. Y no hay nada que le guste más que cabalgar. Le divierten
los largos paseos a caballo por cerros y quebradas. Se lanza decidida por
cualquier parte desafiando peligros. Envidia a los jóvenes que van por varios
días a la cordillera. También le encanta el tenis y manejar la
"cabrita". Pero descuella sobre todo como nadadora. Como es alta y
bien proporcionada, tiene excelentes cualidades para la natación. Bate el
récord de rapidez y resistencia entre sus familiares, resultando indiscutiblemente
vencedora en cuantas competencias organizan. Se extasía a la vista de los
paisajes pintorescos, que retrata después con precisión y colorido en sus
cartas. El mar y las bellezas de la naturaleza le hacen sentir sed de lo
infinito. Estudia música y canto. Y las
veces que asiste al teatro a alguna ópera, sabe apreciar la voz y el
desempeńo de los actores. “He
salido mucho a caballo y estoy encantada con subir y bajar cerros. Aquí están
admirados porque no me canso, y me dicen que soy una verdadera amazona. No
dejaría de ser una vergüenza si no lo fuera”.[54] “Nos
ha bajado furor por el tenis. Estoy aprendiendo. Me encanta”.[55] “No
hemos hecho ningún paseo grande, pues los chiquillos se van a la cordillera
por seis días. Te aseguro que los envidio con toda el alma”.[56] “Me
siento llena de Dios. No hay separación entre nosotros. Donde yo vaya, Él
está conmigo, dentro de mí. Vivo con Él. Y a pesar de estar en los paseos,
ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda interrumpirnos”.[57] “La
voluntad de Dios es un alimento espiritual que fortifica el alma que se
entrega a El gustosa”.[58] 9.2
HA
INTEGRADO LO DIVINO Y LO HUMANO PERFECTAMENTE
Lo más sorprendente es la
naturaleza con que armoniza el trato con Dios con el de los hombres. Se
abisma y queda absorta en la contemplación de las perfecciones de Dios y de
las finezas de su amor, sin dejar de mostrarse después alegre, amable y
comunicativa con sus semejantes. Cada día siente necesidad más
apremiante de orar. Y aun cuando las ocupaciones o la atención de los demás
le impiden recogerse a dialogar con Jesús, sabe y dice que toda su vida es
una oración continuada, una alabanza ininterrumpida a Dios; porque todo lo
hace por su amor y sin salirse un punto de su divina voluntad. En los lugares
de esparcimiento goza con la idea de que, allí donde tantos lo olvidan, al
menos ella lo adora y ama. ˇQué páginas tan deliciosas escribió sobre su
intimidad con Dios! Su oración es sencilla, sin
complicaciones. Una íntima y familiar conversación con Jesús. Se figura que
está a sus pies escuchándolo. Y trata con Él sobre lo que hacer a evitar para
serle más agradable. Verdaderamente pasma su
equilibrio, la armoniosa síntesis que ha logrado integrando lo divino y lo
humano tan perfectamente. Sorprende verla tan normal, tan complaciente,
alegre y bromista incluso en los meses en que su cuerpo está aquejado por
fatigas y molestias, y su espíritu viene sufriendo la purificación más
angustiosa- dudas, sequedades, abandono y agonía interior con que el amor
acrisoló su alma los dos últimos ańos de su vida. “Ayer
salí para siempre del colegio…Desde ahora, papacito, quiero que Ud. cuente
para todo conmigo. No tengo otro deseo que darle gusto en todo, acompańarlo y
consolarlo. Pienso correr con la casa, tratando de hacerlo lo mejor posible”.[59] “Véngase
luego, papacito, para pasar siquiera dos días con Ud., ya que nosotras lo
aprovechamos tan poco cuando Ud. viene por estar internas”.[60] 9.3
PROFUNDAMENTE
AFECTIVA
Amor sin caricias.
Teresa es profundamente
afectiva. Llora a mares cada vez que se despide de los suyos para ir al
internado. Es de temperamento tan afectuoso y regalón, que de jovencita se
pregunta cómo las monjas pueden ser felices sin recibir muestras externas de
carińo, y cree imposible enamorarse de un Dios a quien no se ve ni se puede
acariciar. Pero se ha entregado al Amor. Y ha comprobado que Dios resarce
plenamente; que da muestras palpables – aunque invisibles – de su amor
infinito. Examina, pues, su corazón y se
convence de que sus aspiraciones de amor son tales, que ningún ser humano
podrá colmarlas enteramente; porque será necesariamente limitado, interesado,
sujeto a flaquezas. Que únicamente Jesús es capaz no solo de perfeccionarla,
sino de divinizarla. Y que, por lo tanto, sólo Él podrá enamorarla. Opta por Él.
Y decididamente. Escoge el convento de las Carmelitas de los Andes para
realizar su ideal de ser toda de Jesús. Está convencida de que encontrará
muchos obstáculos para lograr su intento. Pero confía en que, con Jesús,
atravesará el fuego, si es preciso, para conseguirlo. No es que Teresa no aprecie el
matrimonio. Sabe que la vida del hogar es muy sacrificada y fecunda. Que
hacen falta cristianos que la vivan generosamente para colaborar en la
transformación del mundo. Pero ella no se siente llamada sino a fundirse con
Jesús en el amor, como prisionera voluntaria suya en una clausura. No es una ilusa, sabe que el
amor es exigente. Que si se va al Carmen, es para inmolarse con Cristo por la
humanidad. Que en su pieza tendrá una cruz de madera sin Cristo. Que es esa
la cruz donde ella debe morir a su egoísmo, a todo lo que le impida repetir y
exclamar: "Yo
no soy la que vivo, sino Jesús".[61] “Pero
el sufrimiento no le es desconocido. żQué importa sufrir cuando se ama?,[62] dice. El amor es cielo. Y ella, perdidamente
enamorada de Cristo, cifra su ideal en sufrir, amar y orar por la Iglesia y
por la humanidad pecadora”.[63] “Los
corazones de los hombres aman un día y al otro son indiferentes. Solo Dios no
cambia”.[64] “He
visto que la felicidad en el mundo no existe. Siempre su trato me deja un
vacío que lo llena por completo nuestro Seńor”.[65] “ˇQué
impresión me produjo cuando vi mi conventito! Su pobreza habla muy bien a su
favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo”. [66] “Sé
que si voy al Carmen será para sufrir. Más el sufrimiento no me es
desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra Jesús,
y Él es Amor. Y żqué importa sufrir cuando se ama?”[67] “No
temas, hermanita querida. No existirá jamás separación entre nuestras almas.
Yo viviré en Él. Busca a Jesús y en Él me encontraras y allí los tres
seguiremos los coloquios íntimos que hemos de continuar allá en la
eternidad”.[68] “Solo
me restan 20 días. Y después el Calvario, el cielo………Ya estoy subiendo su
cima. El dolor de la separación es tan intenso, que no hay palabras para
expresarlo. Solo Dios me sostiene”.[69] “Jesús
no quiere que exista nada entre Él y yo. Manifestándose a mi alma la ha
enamorado en tal forma que sólo en Él puedo encontrar reposo”.[70] Orando, trabajando y riéndonos.
En el claustro, las religiosas
quedan prendadas de su nueva hermana y de sus sobresalientes cualidades. Y el
14 de octubre la visten con el hábito de la Orden, imponiéndole su nuevo
nombre: Teresa de Jesús. En el convento, fiel a su
consigna de santificarse por los demás, continúa buscando para sí lo más
trabajoso y molesto para aliviar a sus hermanas, a quienes ama de corazón.
Ahora es ella la que, con su trato fino y exquisito, contribuye a que siga
reinando en la comunidad la alegría, la hermandad y sencillez, que antes de
entrar le habían seducido. Se siente cada día más feliz. En la antesala del
cielo. Porque pasa horas a los pies del sagrario y en su celda con Jesús, que
es su gozo infinito. Con Dios que es alegría infinita. Y luego, en los
recreos, se ríe y embroma todo el tiempo, sin que falten los cantos con
guitarras y bandurrias los días seńalados. Así pasamos la vida – escribió -:
“orando, trabajando y riéndonos”.[71] Enamorada de Cristo, de la
Eucaristía, de la Virgen y de la oración, despliega un apostolado intensísimo
con sus cartas. Sus destinatarios van contagiándose de esos amores de Teresa. Así vive la prisionera
voluntaria de Jesús. Siente ansias de martirio. Le fascinaría dar su vida por
Él. Pero pisa tierra y sabe que su martirio está en donde vive. En eliminar
su egoísmo a cada instante. En aceptar los sufrimientos interiores que la
purifican. En cumplir con alegría el fin de la carmelita: rogar, vivir
inmolándose ocultamente por los pecadores, por la santificación de los sacerdotes
y por la Iglesia. Todo es alegría y sencillez en
el Carmen. Y cada una se esmera en poner de su parte cuanto pueda para
alegrar a sus hermanas. Escribe Teresa de los Andes: ““ˇSi
supieras la felicidad que inunda mi alma en cada instante escondida en Dios!”
[72] “Me
parece que principie a vivir sólo el 7 de mayo. Te aseguro que todos los
sacrificios hechos me parecen nada. “Vivimos riéndonos y amando. No te
imaginas la alegría, la confianza y la sencillez que reina. Me encuentro en
mi centro”“.[73] “Mi
celda es bien pobrecita, pero en ella me paso con Nuestro Seńor en intima
conversación de corazón a corazón”.[74] “ˇQué
cosa más rica es para el alma que ama pasar la vida junto al Sagrario!” [75] “Después
que comulgo me siento en el cielo, y dominada por el amor infinito de Dios”.[76] El colmo de la dicha y del dolor.
El 7 de mayo de 1919 ingresó
Teresa en las Carmelitas Descalzas de Los Andes, separándose para siempre de
los suyos. Así culminó el gran sacrificio que la trajo desgarrada los últimos
meses, y que sólo por amor a Cristo pudo consumar. Un mes antes escribía:
"Estoy en el colmo de la dicha y del dolor".[77] Contrastes y
paradojas que sólo el locamente enamorado puede entender. Dolor intensísimo
por alejarse de los suyos a quienes ama y que nunca hubiera abandonado por un
hombre. Lucha contra su propia naturaleza – sobre todo desde que solicita el
permiso paterno -, que se convierte en agonía, en martirio cruel, según va
acercándose el día de subir definitivamente al Calvario de la terrible
despedida. Y por otra parte, dicha
felicidad, por ver realizado el ideal de su vida; por dejar todo lo que tiene
a cambio de Nuestro Seńor. Dicha inefable, porque el amante goza en demostrar
el amor en lances difíciles y comprometedores. Y porque Jesús no se deja
ganar en generosidad, cuando Teresa se arrancó de los brazos de su madre, le
abrió los suyos dulcemente, confortándola y fortaleciéndola con su gracia. El fin de las carmelitas me
entusiasma: [78]santificarse a
sí mismas para que la savia divina se comunique, por la unión que existe
entre los fieles, a todos los miembros de la Iglesia. “Ella
se inmola sobre la cruz y su sangre cae sobre los pecadores, pidiendo
misericordia y arrepentimiento. Cae sobre los sacerdotes, santificándolos. Y
todo en silencio, sin que nadie lo sepa. Cuantos hay que tachan su vida de
inútil. Sin embargo, ella es como el Cordero de Dios que lleva los pecados
del mundo. Se sacrifica para volver al redil las almas extraviadas. Pero así
como a Cristo no lo conoció el mundo, a ella tampoco la conoce. Esta
abnegación completa me encanta. No hay cabida al amor propio. No ve siquiera
el fruto de su oración. Solo en el cielo lo sabrá”.[79] “Por
Jesús he preferido ser pobre y trabajar. Ya que Él por mi amor se hizo pobre,
yo por amor a Él quiero serlo”.[80] “La
ternura de mi corazón de hija crece cada día, mi papacito, y no creo que en
el Carmen se extingue, antes al contrario, toma mayores proporciones, porque
se ama sin interés y en Dios”.[81] 10 LA PRIMERA COMUNION
“Yo soy el pan
vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre” (Jn
6,51) 10.1
EL
INICIO DE UNA NUEVA VIDA.
Recuerdo
que tenía tan solo 8 ańos (Día de la Inmaculada Concepción, ańo 1958) cuando
hice mi primera comunión, y durante muchos ańos disfruté de mi catecismo que
me regalaron para esa ceremonia, era un librito muy hermoso para mí, con tapa
nacarada, y hojitas con borde dorado, y entre algunas hojas guardaba de
recuerdo algunas imágenes de Jesús, preparadas para mi comunión y la de otros
amigos. También recuerdo que fue un día de primavera, con mucho sol, la
Iglesia para mí era grandiosa. Me habían regalado además un rosario de concha
perlas, no sabía cómo utilizarlo hasta que me lo enseńo mi papa. Pero lo más
importante, era que gritaba a mis amigos “ahora somos santos” y eso causaba
risa de los adultos. Entonces entendía que era el inicio de una nueva vida, y
siempre me pareció que Jesús caminaba conmigo, que me llevaba de la mano. Esa
idea, me hizo sentir siempre protegido. Incluso, ya de más edad, en ciertos
momentos complicados, el dialogo con él me daba mucha paz. La
primera comunión, es la etapa de la iniciación cristiana que más impacto hace
al nińo o adolescente, ciertamente, es una fecha inolvidable. La Primera Comunión en Teresa de los Andes.
Teresa de Los
Andes hizo su primera comunión a los 10 ańos, el 11 de septiembre de 1910.
Haciendo un resumen de su vida, escribe Juanita en su Diario: “Mi vida se divide en dos períodos: más o menos
desde la edad de la razón hasta mi Primera Comunión. Jesús me colmó de
favores tanto en el primer período como en el segundo: desde mi primera
comunión hasta ahora. O más bien será hasta la entrada de mi alma en el
puerto del Carmelo”. [82] En
otra parte escribe: “Yo cada día pedía permiso a mi
mamá para hacer mi Primera Comunión. Hasta que accedió en 1910. Y empecé mi
preparación. Me parecía, querida Madre, que ese día no llegaría jamás y
lloraba de deseos de recibir a Nuestro Seńor. Un ańo me preparé para hacerlo
Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda
imperfección.[83] Y
más adelante en la misma nota escribe: “En el mes del Sagrado Corazón
[ż1908 ó 1909?], yo modifiqué mi carácter por
completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de verme prepararme tan bien a mi
Primera Comunión”.[84] El relato de su Primera Comunión.
Escribe Teresa en su Diario el siguiente relato del día que hizo su Primera Comunión:[85] “El día de mi
Primera Comunión fue un día sin nubes para mí. Mi confesión general. Me acuerdo: después que salí
me pusieron un velo blanco. En la tarde pedí perdón. ˇAy! Me acuerdo de la
impresión de mi papacito. Fui a pedirle perdón y me besó. Entonces yo después
me le hinqué y llorando, le dije que me perdonara todas las penas que le
hubiera dado con mi conducta. Y [a] mi papacito se le cayeron las lágrimas y
me levantó y me besaba diciendo que no tenía por qué pedirle perdón, porque
nunca le había disgustado, y que estaba
muy contento viéndome tan buena. ˇAy!, sí, papacito, porque vos erais demasiado indulgente y bondadoso para
conmigo. Le pedí perdón a mi mamá, que lloraba. A todos mis hermanos y por
último, a mi mamita y de más sirvientes. Todos me contestaban conmovidos. Yo,
como estaba en retiro, estaba aparte, así es que no comía en la mesa. El 11 de septiembre de 1910, ańo del centenario de
mi Patria, ańo de felicidad y del recuerdo más puro que tendré en toda mi
vida. Ese hermoso día para mí, fue un día hermoso para la
naturaleza también. El sol despedía sus rayos que llenaban mi alma de
felicidad y de acción de gracias al Creador. Desperté temprano. Mi mamá me vistió y me puso el
vestido. Me peinó. Todo me lo hizo ella, pero yo no pensaba en nada. Para
todo estaba indiferente, menos mi alma para Dios. Cuando llegamos, nos
llevamos repitiendo el rosario de Primera Comunión. En vez de Ave María, se
repetía: “Venid, Jesús mío, venid. Oh mi Salvador,
venid Vos mismo a preparar mi corazón”. Llegó por fin el momento.
Hicimos nuestra entrada en la capilla de dos en dos. Usted, Madre mía, iba a
la cabeza y Monseńor Jara -quien nos daría la Sagrada Comunión-, detrás.
Todas entramos con los ojos bajos, sin ver a nadie y nos hincamos en los
reclinatorios cubiertos de gasa blanca, con una azucena y vela al lado.
Monseńor Jara nos dijo palabras tan tiernas y hermosas que llorábamos todas.
Me acuerdo una cosa que nos dijo: “Pedid a Jesucristo que, si habéis de
cometer un pecado mortal, que os lleve hoy, que vuestras almas son puras cual
la nieve de las montańas. Pedidle por vuestros padres, los autores de vuestra
existencia. Y las que los han perdido ahora es el momento de encontrarlos.
Sí, aquí se acercan para ser testigos de la unión íntima de vuestras almas
con Jesucristo. Mirad los ángeles del altar, nińas queridas. Miradlos, os
envidian. Todo el cielo está presente”. Yo lloraba. Por fin nos dijo que no
quería demorar más la unión de Jesucristo. Que ya estaríamos sedientas de Él
y lo mismo Jesucristo. Nos acercamos al altar mientras
cantaban ese hermoso canto: “Alma feliz”, que jamás se me olvidará. No es para describir lo que pasó
por mi alma con Jesús. Le pedí mil veces que me llevara, y sentía su voz
querida por primera vez. ˇAh, Jesús, yo te amo; yo te adoro! Le pedía por
todos. Y [a] la Virgen la sentía cerca de mí. ˇOh, cuánto se dilata el
corazón! Y por primera vez sentí una paz deliciosa. Después que dimos
acciones de gracias, fuimos al patio a repartir cosas a los pobres y a
abrazar [cada una] a su familia. Mi papacito me besaba y me levantaba en sus
brazos feliz. Ese día fueron muchísimas
chiquillas a la casa. Para qué decir nada de los regalos que tenía: la cómoda
y mi cama estaban llenos. Pasó ese día tan feliz, que será
el único en mi vida. Nos cambiamos de casa al poco
tiempo. Pero Jesús, desde este primer abrazo, no me soltó y me tomó para sí. Todos los días comulgaba y hablaba
con Jesús largo rato. Pero mi devoción especial era la Virgen. Le contaba
todo. Desde ese día la tierra para mí no tenía atractivo. Yo quería morir y
le pedía a Jesús que el ocho de diciembre me llevara. 11 LA ESPIRITUALIDAD
DE TERESA DE LOS ANDES
Jesús me pide que sea santa.
A pesar de su juventud -19 ańos- y de
su cortísima vida en el Carmelo -11 meses- su espiritualidad es rica y
transparente. Su amor al Carmelo... A las almas... A sus seres queridos...
son otras facetas de su espiritualidad. Leyendo su precioso y abundante
Epistolario, y sobre todo su Diario,
escrito desde 1917 con el título de "Historia de la vida de una de sus
hijas", pueden apreciarse los quilates de esta alma extraordinaria donde
ella confiesa en una carta al P. José Blanch en noviembre de 1919 [86]: “Cuando
veo que encuentran algo hermoso y se alegran con ello yo me digo: Sólo Jesús
es hermoso. Él sólo puede hacerme gozar”. “Lo
llamo, lo lloro, lo busco dentro de mi alma”. “Quiero
que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda
descansar”. “Quiero
estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor”. “Que
yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí”. “żHay
algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?” Cautivada en las redes del Divino.
Teresa de los Andes declara haber sido
cautivada en las redes del Divino Pescador.[87]
El 15 de abril de 1916 le escribe con pasión a su hermana Rebeca: “ˇQué
feliz soy! He sido cautivada en las redes del Divino Pescador”., “Soy su
prometida y muy luego celebraremos nuestros desposorios en el Carmen”., “El 8
de diciembre me comprometí…Mi pensamiento no se ocupa sino de Él. Es mi
ideal; es un ideal infinito”.[88] Después de un retiro
le escribe una carta en un cuaderno a la Virgen María de un modo todo
especial:[89] “ˇOh,
soy feliz! Pues puedo decir con verdad, que el único amor de mi corazón ha
sido Él”. “ˇJesús mío, he visto que sólo una cosa es
necesaria: amarte y servirte con fidelidad; parecerme y asemejarme en todo a
Ti. En eso consistirá toda mi ambición.! “ˇOh,
soy feliz! Pues puedo decir con verdad, que el único amor de mi corazón ha
sido Él”. “ˇJesús mío, he visto que sólo una cosa es
necesaria: amarte y servirte con fidelidad; parecerme y asemejarme en todo a
Ti. En eso consistirá toda mi ambición.!” "La
Virgen me ayudó a limpiar mi corazón de toda imperfección... Mi devoción
especial era la Virgen. Le contaba todo. Sentía su voz dentro de mí misma...
“Mi espejo ha de ser María. Puesto que yo soy su hija, debo parecerme a Ella
y así me pareceré a Jesús”.[90] Algunas frases de Teresa de los Andes, Juanita
Fernández Solar.
“Jesús
mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfallezco…La mirada de mi
Crucifico me sostiene” [91] “A
veces se me representa tan lleno de hermosura y ternura como ya no es posible
describir. Créame que todo me causa un hastío horrible; que cuando veo que
encuentran algo hermoso y se alegran con ello yo me digo: "No es Jesús.
El sólo es hermoso. Él sólo puede hacerme gozar - Lo llamo, lo lloro, lo
busco dentro de mi alma” “Quiero
que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda
descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese amor
que esta pobre carmelita tanto desea”. [92] “Que
yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí… żHay algo
bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?”[93] “seré
doblemente tu Hija. Voy a ser Esposa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el
anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir con verdad que el único amor
de mi corazón ha sido El”.[94] Amó tiernamente a Jesús.
Quien mejor nos puede decir como fue el
amor a Jesús de Teresa de los Andes, es ella misma, a su hermana Rebeca le
escribe: “Me
he entregado a Él. El ocho de diciembre me comprometí. Todo lo que lo quiero
me es imposible decirlo. Mi pensamiento no se ocupa sino en El. Es mi ideal.
Es un ideal infinito. Suspiro por el día de irme al Carmen para no ocuparme
sino de Él, para confundirme en Él y para no vivir sino la vida de El: Amar y
sufrir para salvar las almas. Sí, sedienta estoy de ellas porque sé que es lo
que más quiere mi Jesús. ˇOh, le amo tanto!” [95] A
la Virgen María, Madre de Jesús le escribe: “Jesús
me pide que sea santa. Que haga con perfección mi deber. Que el deber es la
cruz. żEncontrará el Padre la figura de Cristo en mí? ˇCuánto me falta para
parecerme a Él!”[96] Dice
ella refiriéndose a su Primera Comunión: "Jesús,
desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para Sí. Todos los días comulgaba
y hablaba con Jesús largo rato.”..[97] Decía Juanita; "Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”.[98]
Y su ilusión y su constante empeńo fue asemejarse a Él, configurarse con
Cristo. Por eso, deseando llegar a ser una
excelente copia suya, vivió decidida a ir hasta el fin del mundo atravesando
el fuego si hubiera sido preciso para serle fiel. Estaba siempre dispuesta a servir y a
sacrificarse por los demás, sobre todo por alegría y felicidad, para hacer
amable y atractiva la virtud. En
una ocasión a vuelta de vacaciones escribe: “Hace
mucho tiempo que no escribo. Pasaron las vacaciones del 18 y he vuelto al
colegio. Qué feliz me encuentro de nuevo en el colegio, sin haber dado mi
corazón a nadie. Todo de Jesús. Quiero que mis acciones, mis deseos, mis
pensamientos, lleven este sello: Soy de Jesús". [99] 12 żQUÉ HIZO ESTA
JOVEN PARA SER SANTA?
Amar intensamente a Dios y a su voluntad.
Una de las preguntas que más me llamó
la atención en una ocasión cuando hablé de la vida de Santa Teresa de los
Andes en La Habana, Cuba, fue la de un seńor que me apunto con un lápiz y un
cuaderno en mano preparado para tomar nota; żQué hizo esta joven para ser
santa?, y espontáneamente, creo que, sin pensarlo mucho, salió de mi esa
primera palabra, “nada”, y le aclaro luego, quiero decir nada del otro mundo,
solo amar intensamente a Dios y a su voluntad. Escribe Teresa en su Diario y en estas pocas palabras, lo escribe todo.
“Jesús mío, te amo. Soy toda tuya. Me
entrego por completo a tu divina voluntad” y ańade más adelante; “quiero
cumplir tu voluntad. Quiero pasar mi vida sufriendo para reparar mis pecados
y los de los pecadores. Para que se santifiquen los sacerdotes. No quiero ser
feliz yo, sino que Tú seas feliz. Quiero ser soldado para que dispongas a
cada instante de mi voluntad y gustos. Quiero ser animosa, fuerte, generosa
en servirte, Seńor, Esposo de mi alma”.[100] Dice el Seńor Jesús; “Porque esta es la
voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida
eterna y que yo le resucite el último día”. (Jn 6,40) Y Teresa, vivió y
partió a la vida eterna enamorada del Hijo, ella entendió en su juventud, lo
grande que es la voluntad de Dios. Para ella, aceptar la voluntad de Dios, es
amar. Escribe ella en su Diario:
“Por Él lo dejaré todo para irme a ocultar tras las rejas del Carmen, si es
Su Voluntad, y vivir sólo para Él”[101]
. “Me encomendaré a Teresita para que me
sane y pueda ser Carmelita. Pero no quiero sino que se cumpla la voluntad de
Dios. Él sabe mejor lo que me conviene. ˇOh, Jesús, te amo; te adoro con toda
mi alma!”[102] “Pero mi Jesús hará lo que quiera.
Cúmplase en toda su santa voluntad”.[103] La historia de mi alma se resume en dos palabras:
"Sufrir y amar".
Durante el ańo 1917, Teresa de Los
Andes escribe su Diario [104]
y se lo dedica a la Madre Julia de los Ríos, quien fue orientadora espiritual
de las alumnas del internado del Sagrado Corazón de Santiago. Y le habla a
ella (a la Madre Julia) de su vida íntima, de su alma. Teresa se ha mirado
hacia su interior. Y desde esa interioridad, nos adentramos hacia su alma. “Madre
querida: Ud. cree que se va a encontrar con una historia interesante. No
quiero que se engańe. La historia que Ud. va a leer no es la historia de mi
vida, sino la vida íntima de una pobre alma que, sin mérito alguno de parte
de ella, Jesucristo la quiso especialmente y la colmó de beneficios y de
gracias. La
historia de mi alma se resume en dos palabras: "Sufrir y amar".
Aquí tiene mi vida entera desde que me di cuenta de todo, es decir, a los
seis ańos o antes. Yo sufría, pero el buen Jesús me enseńó a sufrir en
silencio y desahogar en El mi pobre corazoncito. Usted comprende, Madre que
el camino que me mostró Jesús desde pequeńa fue el que recorrió y el que amó;
y como Él me quería, buscó para alimentar mi pobre alma el sufrimiento. Mi
vida se divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta
mi Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período
como en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será
hasta la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”. Santa Teresa de Jesús, Doctora de la
Iglesia, madre espiritual de Teresa de Los Andes y de los carmelitas, nos
enseńa lo incomparable, la hermosura y la grandeza del alma de los justos. La
Santa, considera nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy
claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas
moradas. (Jn 14,2) También dice que consideremos que no es otra cosa el alma
del justo que un paraíso donde dice él (Dios), que tiene sus delicias (Prov.
8,31) y finalmente ańade; “No hallo yo cosa con qué comparar la gran
hermosura de un alma y la gran capacidad” [105] Su santidad tenía la propiedad de ser atrayente.
Después de su muerte,
la comunidad de Los Andes y los familiares de Sor Teresa recibieron muchas
cartas, no de pésame, sino de felicitación por tener una santa en el cielo.
Los periódicos de Santiago, capital de Chile, algo insólito para una
carmelita de clausura, publicaron su muerte exaltando la heroicidad de sus
virtudes. A los pocos días de su muerte, el P.
Julián Cea, que la había conocido en febrero de 1919 en unas misiones,
escribió: "Su santidad tenía la propiedad de
ser atrayente, amable, comunicativa. No sé qué respeto y veneración infundía
su persona. Y al mismo tiempo se sentía por ella un santo carińo, como el que
creo se tendrá a un ángel si lo viéramos con los ojos de cuerpo. ˇQué sonrisa
angelical acompańaba siempre su conversación! No era esquiva, sino confiada.
Y su alma, inocente y pura como un nińo. ˇCon que pasión amaba a Jesús! Pocos
días tuve la dicha de tratarla, paro la impresión que me causó su santidad no
se borrará jamás. Le rezo todos los días como a una santa que está en el
cielo, Yo confío en que pronto comenzará a obrar milagros, y su conducta
angelical influirá no poco en la conducta de muchas jóvenes". Pronto los fieles comenzaron a ponerla
por intercesora ante el Seńor. Y en los muchos ańos que nos separan de su
muerte, el Seńor ha dado pruebas de su deseo de glorificar a su sierva,
otorgando por sus ruegos infinidad de gracias, sobre todo espirituales:
conversiones, vuelta al camino del bien. Son incontables los fieles, incluso de
las más apartadas regiones del país y del extranjero, que acuden cada día a
la tumba de Teresa de Los Andes, sobre todo desde que sus restos reposan en
la cripta del Santuario erigido en su honor en Rinconada de Los Andes. Escribe
Teresa a su hermano Luis (Lucho): “Jesucristo,
ese loco de amor, me ha vuelto loca. Es martirio el que padezco al ver que
corazones agradecidos a las criaturas no lo sean con aquel que los sustenta,
que les da la vida y los sostiene; que les da y ha dado todo, hasta darse el
mismo”.[106] 13 DESPERTAR HAMBRE
Y SED DE DIOS
Siempre
dispuesta a servir y a sacrificarse por los demás.
Tanto
de su Diario como de sus cartas,
observamos que ella estaba siempre dispuesta a servir y a sacrificarse por
los demás, con alegría y felicidad, para hacer amable y atractiva la virtud. Su
vida fue enteramente normal y equilibrada. Alcanzó una envidiable madurez
integrando en la más armoniosa síntesis lo divino y lo humano: oración,
estudios, deberes hogareńos... y deporte, al que era aficionadísima, destacando
en la natación y en la equitación. Teresa
de Los Andes está en inmejorables condiciones para arrastrar a la juventud en
pos de Cristo, y para recordarnos a todos que es preciso cumplir el programa
evangélico del amor para realizarnos como personas. Por
su intercesión está derramando el Seńor una copiosa lluvia de gracias y
favores de toda especie y atrayendo hacia Sí a innumerables hijos pródigos.
Su santuario, visitado por miles de peregrinos cada mes, se ha convertido en
el centro espiritual de Chile. Así
Teresa de Los Andes viene cumpliendo la misión que ya le fuera reconocida
poco después de su muerte: despertar hambre y sed de Dios en nuestro mundo
materializado. Pasar por la
vida haciendo el bien y hacerlo por Cristo, sus amados y sus hermanos.
Fue
una época muy valiosa y decisiva para el futuro humano y espiritual de la
joven Teresa de los Andes, en el que era conocida como Juanita, son los ańos
1915 a 1919. En ella planifica su vida exigiéndose un hábito Diario, en el que ocupan lugar
preferente la oración, la misa diaria. También es parte de su vida el
sacrificio y el esfuerzo decidido por superarse, sin olvidar el empeńo por
eliminar cuanto le impide realizarse como persona y como cristiana. Ella
tiene una decisión importante, pasar por la vida haciendo el bien y hacerlo
por Cristo, sus amados y sus hermanos. Teresa,
que gusta de repetir que si se es monja no hay que serlo a medias, no quiere
ser cristiana sólo de nombre. Y fiel a su compromiso con Cristo, cumple con
perseverancia el programa de vida que se ha trazado. De ahí su empeńo en
superarse en el cumplimiento cuidadoso del deber y la calmosa aceptación de
las pruebas que le van llegando, amar a Dios, es aceptar con carińo lo que Él
nos va dando, y como muchos, las situaciones difíciles fueron bastantes en su
vida. Porque sabía muy bien que en ello consiste el sacrificio más agradable
a Dios y la cruz más santificadora; pues, al no elegirla nosotros, la
llevamos solo por amor, sin peligro de buscar nuestra satisfacción. Fiel a su firmeza de recogerse a
solas con Jesús.
Quiere
ante todo ser fiel a su firmeza de recogerse a solas con Jesús para intimar
con Él. Como dice la Santa Madre Teresa de Jesús: “Porque de estos gustos que
el Seńor da a los que perseveran en la oración”,[107] y como también nos ha enseńado que orar es “tratar
de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama”.[108] Por eso madruga buscando el silencio y la soledad.
Y hace lo imposible por comulgar a Diario.
Está loca de amor por Jesús-Hostia. Tiene verdadera hambre de Él. Ha
comprobado que le da ánimo; que lo necesita. Que Jesús es su vida y que sin
Él desfallece y muere. Así
trata de alcanzar la meta que se ha propuesto: vivir identificándose con
Cristo, para que cuando el Padre la contemple, reconozca en ella una copia de
su Hijo 14 MENSAJE A LA JUVENTUD
14.1
SU
MENSAJE ES DE INNEGABLE ACTUALIDAD.
De los jóvenes que la trataron y
rondaron, ninguno le inclino al matrimonio. Decía ella; “Son muy
superficiales”.[109]
Quizás lo decía, porque en su corazón, tenía otras predilecciones. Sin embargo, Teresa tiene mucho que
decirnos a todos. Su mensaje a la juventud es de innegable actualidad.
Algunas veces se organizan caminatas de jóvenes, donde han participado más de
40.000 adolescentes que caminan más de 30 km. para llegar al santuario. Con todo, hoy buena parte de la
juventud que sigue a Teresa de los Andes es sana, consciente y responsable.
Es decir, sabe a dónde va y está bien encaminada. Soy testigo de que hay
muchos que hablan estupendamente de ella. Da gusto escucharlos. Se les ven
ilusionados por ser auténticos, por realizarse plenamente, por cultivar los
valores humanitarios y por construir un mundo nuevo más humano y unido.
Seńalan muy bien la meta. Dicen querer alcanzarla. Pero también hay muchos jóvenes que no
les gusta el camino que conduce a ella. Y muchos se apartan de él. Y ésta es
la misión de Teresa: seńalar la ruta a la juventud de hoy; recordarle que él
único camino que conduce a la plena realización humana es el esfuerzo, la
autodisciplina, el control de sí mismo, en palabras evangélicas, tomar el
arado y sin mirar atrás, determinarse por abrir surcos, para que allí caiga
la buena semilla y crezcan frutos y flores. El mensaje es de innegable actualidad
cuando tanta juventud se muestra alérgica a toda norma y proclama como única
regla valida su propio capricho, su talante, él “me gusta”, “no me gusta”,
“me nace”, “no me nace”. No hay educador ni formador serio que apruebe tal
actitud. Al contrario, todos ellos, a cuantos aspiran a formar su carácter y
personalidad, les exigen borrar de su vocabulario esas palabras – me gusta,
no me gusta- sustituyéndolas por debo o no debo. Y actuar en consecuencia. Y
la experiencia les da la razón. Sin autodisciplina, sin control de sí mismo
no se forja la persona, no se conoce la perseverancia y no se llega a la meta
plena. Escribe Teresa de los Andes;
"Jamás me dejaré llevar por el sentimiento y por el corazón, sino por la
razón y mi conciencia". [110]
Después sigue; "Todavía soy muy orgullosa. Me propondré abatir hasta los
últimos gérmenes del amor propio”.[111] Aquí está el remedio.
Aquí está el remedio. Mal le hubiera
ido a Teresa de no haber puesto en práctica esta resolución, dado su gran
fondo de orgullo y su tendencia a obrar independientemente y con altivez.
Ella misma nos habla de las "rabietas feroces"[112]
que le daban de pequeńa. De sus "rezongos"; de su repugnancia a
obedecer. De que, en ocasiones, "siente sublevarse todo su ser" De
que todavía a sus 17 ańos, en el colegio, llegó a arrojar con rabia un dulce
que le dieron por creerlo muy chico. Pero al menos desde los nueve ańos, se
propuso muy en serio controlarse. Y humillándose cada vez que quebrantaba su
propósito, y dominando sus impulsos las más de las veces, logró alcanzar la
ecuanimidad, dulzura y apacibilidad que admiraron todos en ella. Escribe
Teresa (febrero de 1917): "Debo esforzarme por ser más amable. Me
esmeraré en labrar la felicidad de los demás". [113]"… “Mi resolución; santificarme por todos". Son los propósitos de Teresa. Los
jóvenes que aspiran a la madurez humana es indispensable que lo hagan suyos.
Porque es un principio muy conocido y repetido que únicamente abriéndose a los demás, dándose,
saliéndose del propio egoísmo en busca del bienestar de los otros, es como se
realiza y madura la persona humana. Es por eso por lo pidió Cristo con
radicalidad a sus seguidores. Y quienes no se esfuercen por vivirlo, ni
llegarán a ser hombres nuevos, ni serán capaces de construir el mundo nuevo
más humano y unido al que tanto dicen anhelar y por el que muchos quieren
trabajar sin cansancio. Ocupémonos del prójimo, de servirle,
aunque nos cueste fastidio hacerlo. De esta manera conseguiremos que el trono
de nuestro corazón sea ocupado por su Dueńo, por Dios. Hacia la plenitud humana.
A los cristianos de estos tiempos de
dificultades, nos viene a decir Teresa de Jesús de Los Andes que sólo
abriéndonos a Dios y a sus exigencias de amor lograremos ser plenamente
humanos. Teresa, ya queda dicho, ha conseguido
armonizar lo divino y lo humano integrándolo en su vida en admirable
síntesis. Para ello no hay dos vidas superpuestas: una natural profana y la
otra sobrenatural, espiritual. No hay sino una única vida humana planificada
por el amor divino, divinizada. Viviendo abierta a la voluntad de Dios y no
apartándose ni un punto de ella, conjuga con naturalidad encantadora el trato
con Dios y con los hombres, como queda ponderado. Convertida en Sor Teresa,
más divina por haber rendido incondicionalmente su querer al Divino continúa
amable y comunicativa y alegrando y haciendo bromas a las religiosas y a los
destinatarios de sus cartas. La obediencia a Dios nos salva, nos
lleva a la realización. Por preferir su plan al de Dios, queda el egoísta
destruido, sumido en la degradación del vicio; envilecido. ˇQué verdad es que
el hombre sin Dios se deshumaniza! En cambio, en diálogo con Dios y siguiendo
dócilmente su camino de apertura y servicio a los demás, alcanza el hombre su
plenitud: su naturaleza se ennoblece, se perfecciona y en cierto modo se
diviniza. A esa meta ha llegado Teresa. Por eso,
rebosante de satisfacción, necesita proclamar en todos los tonos, como lo
hace en sus cartas, que está gustando anticipadamente la felicidad del cielo. Sabe muy bien que, sumergida como está
en esa atmósfera divina, su vida entera, sin excluir ninguna de sus acciones,
es una alabanza de gloria a la Santísima Trinidad. Y eso mismo nos pide a
todos: que convirtamos nuestra vida en culto, en ofrenda, en "melodía
continua de amor" para Dios. Captó y asimiló esa exigencia del Evangelio.
Muchos lo habían olvidado y venían
separando lamentablemente su vida religiosa de su vida profana. Y el
cristianismo quedaba desprestigiado con formas de proceder y conductas en
franca oposición con las creencias. Por eso llegó la severa advertencia del
Concilio Vaticano II contra los que incurrían en tal incoherencia. Teresa, que tan estupendamente captó y
asimiló esa exigencia del Evangelio puede con todo derecho recordárnosla a
los cristianos de su siglo, haciéndola mensaje propio. Insistimos en que no:
Que no debe haber para nosotros sino una única vida humana. Toda ella
cristiana, espiritual, es decir, de acuerdo con el espíritu de Cristo. Que
estamos obligados a dar culto a Dios no únicamente la hora de la misa
dominical y los minutos Diarios
dedicados al rezo, sino todos los minutos del día y todas las horas de la
semana. Cuando nuestra oración sea, como la de Teresa, una conversación
íntima con Cristo, en la que tratemos familiarmente con Él, saliendo de ella
dispuestos a sacrificar en nuestra vida personal y social lo que le
desagrada, toda nuestra vida, unificada, será auténticamente cristiana. Sí;
también la de los negocios, la profesional, la del hogar. Y entonces todo
nuestro día, incluso las diversiones, serán culto, liturgia, melodía
continua, glorificación de Dios. 14.2
SACRIFICARSE
POR LOS DEMÁS
Es tan rico (delicioso) dar.
El trato familiar con Cristo, "el
Hombre para los demás", le ha hecho comprender que el cristiano no puede
ser individualista. De ahí su constante empeńo por matar su egoísmo para
vivir abierta a las necesidades de los demás, y desvivirse por remediarlas en
cuanto puede. Una de sus resoluciones de Teresa de
los Andes, es sacrificarse por los demás para hacerlos felices. Y trata de
llevarla a la práctica con naturalidad; sin que sospechen que le cuesta
sacrificio complacerles y dar gusto a todos. No se contenta con gozar ella sola de
la felicidad de servir a Dios. Lleva el alma desgarrada porque sabe que hay
muchísimos alejados de Él. Vive ofreciendo su vida y mil sacrificios para que
le conozcan y le amen. Y no descansa hasta entrar en el convento, para
convertirse en hostia que se inmole escondidamente toda la vida para que la
humanidad mejore. No está hecha para gozar ella sola. Aun
durante sus vacaciones, como en los tiempos de paseos y sanas distracciones,
vive ella disponible en actitud de servicio. Sus preferidos son los pobres,
sobre todo los nińos. Teresa dice; "Es tan rico dar”.[114]
Y ella da y se da. Reparte sus ahorros para aliviarlos. Cose ropa para los
necesitados. En una ocasión rifó su reloj para obtener fondos con que comprar
zapatos a un nińo a quien protege habitualmente. Visita las casas de los
inquilinos, quienes le confían sus problemas; y ella les ayuda en sus
necesidades espirituales y materiales. Reúne a los nińos para enseńarles
catecismo. Y cuando se da cuenta de que la instrucción que reciben en la
escuela es nula o deficiente, les da clase diariamente. Excelente catequista,
colabora con entusiasmo en las misiones con los sacerdotes. Las empleadas de
su casa reciben de ella en todo momento ayuda, estímulo, atenciones y
muestras de carińo y afecto. Comenta
Teresa: “Tengo
pena. Me sangra el corazón. Mil vidas, si yo pudiera, ofrecería por Él. Todos
los sufrimientos, Dios mío, enviadme y dadme gracias para soportarlos, con
tal que él se convirtiera”. [115] “Junté
treinta pesos para mi día. Voy a comprarle zapatos a Juanito y lo demás para
dárselo a los pobres. Es tan rico dar”. [116] También
comenta: “Nosotras
hacíamos catecismo. Se juntaban más de cincuenta chiquillos. Y después de las
misiones hemos seguido haciéndoles clase todos los días, pues parece que poco
o nada les enseńan en la escuela fiscal”. [117] 14.3
OFRENDA
POR LOS PECADORES
Si quieres, dame sufrimientos.
Pienso que el ofrecimiento, cuando se
dirige a Dios con amor y por una causa noble, como por los pecadores, es sin
duda, una manera de adorarlo y de confiar plenamente en su misericordia.
También es una forma hermosa para expresar lo que confiamos y sentimos por
Dios, una forma de mostrar nuestra fe en El y hecha con el corazón, es además
un hermoso regalo a Dios. La ofrenda total de uno mismo a Dios y por los
hermanos pecadores, se abre a un amor "más grande". Entiendo este acto de ofrenda que hizo
Teresa de los Andes, es una entrega, o de un servicio, para manifestar
gratitud y amor. El deseo de ofrecerse a sí mismo, involucra en ella un
profundo deseo de amor por los demás, en especial por aquellos que más lo
necesitan. Escribe
Teresa en su Diario en abril de
1917: “Jesús
mío, Tú conoces la ofrenda que te he hecho de mí misma por la conversión de
las personas que te he nombrado. Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino
también mi muerte como te pluguiere (agradare) dármela. La recibiré con
gusto, ya sea en el abandono del Calvario, ya en el Paraíso de Nazaret. Además, si quieres, dame sufrimientos, cruz
humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos. Como
Tú quieras, Jesús mío. Soy tuya, haz
de mí según tu santa voluntad. A ti, oh, María, que jamás me has desoído
los ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre, también te
pongo en tus manos maternales esas almas. Óyeme. Toda mi vida no he dejado de
pedirte, Madre mía. Escúchame, te lo ruego por Jesús y por tu Esposo San
José, a quien ruego interceda por esta pobre pecadora”.[118] “Jesús
mío, te lo ofrezco por mis pecados y por los pecadores y el Santo Padre y
sacerdotes”.[119] “Sufriré
con alegría por mis pecados y por los pecadores”.[120] Sigue
Teresa en el mismo Diario, en abril
de 1917. [121] “Sufro.
Esta palabra expresa todo para mí. ˇFelicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz
de mi Jesús. ˇQué felicidad más grande es decirle: Jesús, Esposo mío,
acuérdate que soy tu esposa, ˇdame tu cruz! [122] “Gracias,
Dios mío, porque me habéis dado un director que dirija mi alma hacia Ti. Me preguntó cómo era mi oración, si estéril
o con devoción. Yo le dije que con devoción a veces; pero había períodos en
que no podía meditar y me quedaba tranquila con Nuestro Seńor. Pero
me dijo que siempre debía tratar de reflexionar y sólo en último término,
hacer lo otro”. Que
viviera constantemente en la presencia de Dios Nuestro Seńor dentro de mi
alma. Que
lo hiciera lo más a menudo posible. Que hiciera el examen particular sobre
eso. Que
apuntara los pensamientos y afectos de la meditación que más me movieran a
devoción. Me
permitió que me mortificara, mortificándome en las comidas, sacrificando el
gusto. También
que rezara un cuarto de hora en cruz o tres Padre Nuestros, hincada sobre las
manos. Después me va a dar permiso para ponerme cilicios. Que
fuera muy reservada. Que no hablara de mi vocación, sino con mi mamá y con la
M. Izquierdo; porque era como un perfume contenido en un frasco que, al
destaparlo, se va todo. Que
trajera a mis amigas al servicio de Dios. Lo
que más consuelo y alegría me dio fue que me dijo que tenía vocación para
Carmelita. “Me
preguntó qué virtud prefería. Le contesté: la humildad. Después me dio
permiso para renovar el voto de virginidad hasta la Asunción de la Virgen. Resolución:
un alma para salvarla; una muerte para temerla; una vida para santificarla. Me
esmeraré en labrar la felicidad de los demás”. 15 UN LLAMADO AL
LAICADO HACIA LA MÁS ALTA SANTIDAD.
“Sed santos,
porque yo, el Seńor, vuestro Dios, soy santo” (Lev 19,2) 15.1
LA
PALABRA "SANTO" Y LA “SANTIDAD” DE LA IGLESIA.
En su libro “Introducción al
cristianismo”, el cardenal Joseph Ratzinger, explica qué; “La palabra
"santo" no alude primariamente a la santidad en medio de la
perversidad humana. El Símbolo no llama a la Iglesia "santa" porque
todos y cada uno de sus miembros sean santos, es decir, personas inmaculadas.
Este es un sueńo que ha renacido en todos los siglos, pero que no tiene lugar
alguno en el Símbolo, por tanto, una Iglesia Santa, expresa el anhelo
perpetuo del hombre porque se le dé un cielo nuevo y una
tierra nueva, inaccesibles en este mundo. En realidad, las más duras
críticas a la Iglesia de nuestro tiempo nacen veladamente de este sueńo;
muchos se ven defraudados, golpean fuertemente la puerta de la casa y tildan
a la Iglesia de mentirosa. Continúa el cardenal Joseph
Ratzinger: “La santidad de la Iglesia
consiste en el poder por el que Dios obra la santidad en ella, dentro de la
pecaminosidad humana. Este es el signo característico de la "nueva
alianza": En Cristo Dios se ha unido a los hombres, se ha dejado atar
por ellos. La nueva alianza ya no se funda en el mutuo cumplimiento del
pacto, sino que es un don de Dios, una gracia, que permanece a pesar de la
infidelidad humana. Es expresión del amor de Dios que no se deja vencer por
la incapacidad del hombre, sino que siempre es bueno para él, lo asume
continuamente como pecador, lo transforma, lo santifica y lo ama”. “Por razón del don que nunca
puede retirarse, la Iglesia siempre es la santificada por él; santificación
en la que está presente entre los hombres la santidad del Seńor. Lo que en
ella está presente y lo que elige en amor cada vez más paradójico las manos
sucias de los hombres como vasija de su presencia, es verdaderamente la
santidad del Seńor. Es santidad que en cuanto santidad de Cristo, brilla en
medio de los pecados de la Iglesia. Por eso la figura paradójica de la
Iglesia en la que las manos indignas nos presentan a menudo lo divino, en la
que lo divino siempre está presente sólo en forma de sin embargo, es para los
creyentes un signo del sin embargo del más grande amor de Dios”. [123] Todos deben
vivir “como conviene a los santos”
Como dice el Concilio Vaticano
II, “es necesario que todos, con la ayuda de Dios, conserven y perfeccionen
en su vida la santificación que recibieron”[124]. Todos deben
tender a la santidad, porque ya tienen en sí mismos el germen; deben
desarrollar esa santidad que se les ha concedido. Todos deben vivir “como
conviene a los santos”, como escribe San Pablo; “toda impureza o codicia, ni
siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos”. (Ef.
5,3) y revestirse, “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados,
de entrańas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre,
paciencia, (Col 3,12). La santidad que poseen no les
libra de las tentaciones ni de las culpas, porque en los bautizados sigue
existiendo la fragilidad de la naturaleza humana en la vida presente. El
concilio de Trento enseńa, al respecto que nadie puede evitar durante toda su
vida el pecado incluso venial, sin un privilegio especial de Dios, como la
Iglesia cree que acaeció con la santísima Virgen; “por privilegio especial de
Dios, como de la bienaventurada Virgen lo enseńa la Iglesia”[125] Eso nos
impulsa a orar para obtener del Seńor una gracia siempre nueva, la
perseverancia en el bien y el perdón de los pecados: “perdónanos nuestras
ofensas, así como nosotros hemos perdonado a los que nos ofenden” [126] Llamado a
la perfección por la caridad.
Según el Concilio (Vaticano II),
“Todos los seguidores de Cristo, incluidos los laicos, están llamados a la
perfección de la caridad”[127]. Esta
perfección no es privilegio de algunos, sino compromiso de todos los miembros
de la Iglesia, sean estos Presbíteros o un fiel común. Este compromiso por la
perfección cristiana significa camino perseverante hacia la santidad. Como
dice el Concilio, “el divino Maestro y modelo de toda perfección, el Seńor
Jesús, predicó a todos y cada uno de sus discípulos, cualquiera que fuese su
condición, la santidad de vida, de la que él es iniciador y consumador:
"Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.[128] Por ello, nosotros, todos los
fieles, de cualquier estado o condición, estamos llamados a la plenitud de la
vida cristiana y a la perfección de la caridad. Precisamente gracias a la
santificación de cada uno se introduce una nueva perfección humana en la
sociedad terrena: como decía sierva de Dios Isabel Leseur,[129] “toda alma que
se eleva consigo el mundo”. EL Concilio enseńa que “esta santidad suscita un
nivel de vida más humano, incluso en la sociedad terrena” Es necesario destacar que cada
uno puede servir y beneficiar a los demás. Era la recomendación de san Pedro
a los cristianos esparcidos en Asia Menor cuando, exhortándolos a la
santidad, escribía: “Que cada cual ponga al servicio de los demás la gracia
que ha recibido, como buenos administradores de las diversas gracias de Dios.
Si alguno habla, sean palabras de Dios; si alguno presta un servicio, hágalo
en virtud del poder recibido de Dios, para que Dios sea glorificado en todo
por Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder por los siglos de
los siglos. Amén.[130] El camino de
santidad para los laicos cristianos
También el concilio Vaticano II dice
que “una misma es la santidad que cultivan, en los múltiples géneros de vida
y ocupaciones, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios”[131] Así recuerda
el camino de santidad para los obispos, los sacerdotes, los diáconos, los
religiosos que aspiran a convertirse en ministros de Cristo, y “aquellos
laicos elegidos por Dios que son llamados por el obispo para que se entreguen
por completo a las tareas apostólicas”[132]. Pero de forma
más expresa considera el camino de santidad para los laicos cristianos
comprometidos en el matrimonio: “Los esposos y padres cristianos, siguiendo
su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse
mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina
cristiana y las virtudes evangélicas a los hijos amorosamente recibidos de
Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso
amor, contribuyen al establecimiento de la fraternidad en la caridad y se
constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la madre Iglesia,
como símbolo y participación de aquel amor con que Cristo amó a su Esposa y
se entregó a sí mismo por ella”[133]. Lo mismo se puede y debe decir
de las personas que viven solas, o por libre elección o por acontecimientos y
circunstancias particulares, como personas solteras, los viudos y las viudas,
los separados y los alejados. Para todos vale la llamada divina a la
santidad, realizada en forma de caridad. Y lo mismo se puede y debe decir, de
aquellos que en la vida profesional ordinaria y en el trabajo cotidiano
actúan por el bien de sus hermanos y el progreso de la sociedad, a imitación
de Jesús obrero. Y lo mismo se puede y debe decir, por último, de todos los
que, como dice el Concilio, “se encuentran oprimidos por la pobreza, la
enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos o los que padecen
persecución por la justicia”: éstos “están especialmente unidos a Cristo,
paciente por la salvación del mundo” [134] Por todo lo anterior, son
muchos, por consiguiente, los aspectos y las formas de la santidad cristiana
que están al alcance de todos nosotros, los laicos, en sus diversas
condiciones de vida, en las que estamos llamados a imitar a Cristo, y podemos
recibir de él la gracia necesaria para cumplir su misión en el mundo. Todos
estamos invitados por Dios a recorrer el camino de la santidad y a atraer
hacia este camino a nuestros amigos y compańeros de vida y de trabajo en el
mundo de las cosas temporales. Servir a los demás, es camino de
santidad.
Dice el Seńor: “vosotros también
debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que
también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros”. [135] Teresa de los
Andes ha comprendido bien este mensaje del Maestro. Todo el mensaje de Jesús
tiene ese sentido, el servicio mutuo a nuestros hermanos. Y la caridad
comienza por casa. Ella le escribe a su hermana Rebeca, que está de
cumpleańos, y le confía su secreto: “El
Divino Maestro se ha compadecido de mí. Acercándose, me ha dicho muy por lo
bajo: "Deja a tu padre y madre y todo cuanto tienes y sígueme".[136] El deseo de Juanita al revelarle
este secreto es inflamarle en ese nuevo amor que ahora tiene: “hermanita
querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador. [137] Después le pide algo que
seguramente sorprendió a su hermana servir a los demás y comenzar por los
sirvientes de su casa: “Diremos
a Jesús en la Comunión que edifique en nuestras almas una casita; que
nosotras pondremos el material que ha de ser nuestros actos de vencimiento
[y] el olvido de nosotras mismas, haciendo desaparecer el yo, que es el Dios
que adoramos interiormente. Esto cuesta y nos arrancará gritos de dolor. Pero
Jesús pide ese trono y hay que dárselo. La caridad ha de ser el arma para
combatir a ese Dios. Ocupémonos del prójimo, de servirle, aunque nos cause
repugnancia hacerlo. De esta manera conseguiremos que el trono de nuestro
corazón sea ocupado por su Dueńo, por Dios nuestro Creador”. [138] Y es el mismo propósito que ella
se hace después de participar en su segundo Retiro: “Quiero
desde hoy ser siempre la última en todo, ocupar el último puesto, servir a
los demás, sacrificarme siempre y en todo para unirme más a Aquél que se hizo
siervo siendo Dios, porque nos amaba”.[139] Teresa de los
Andes, un llamado al laicado hacia la más alta santidad.
La vida de la
primera santa carmelita de Latinoamérica, Teresa de los Andes, hace hoy un
llamado al laicado hacia la más alta santidad. Ella ha oído las palabras del
Maestro llamando a todos los hombres a dejarse realizar en Él “en la Unidad” con el Padre, el ímpetu de un
mismo Espíritu de amor. Esta alta intuición mística extraída de la lectura
del Evangelio e iluminada de lo alto por la plegaria, cogida y asimilada en
profundidad por experiencia de amor de esta joven nos debe hacer meditar como
está nuestra vida para transitar por caminos de santidad. Y lo interesante,
es que ella ha comprendido esto y lo expresa en un sencillo lenguaje
accesible a todas las almas, para permitirles caminar por el camino que lleva
a lo alto del monte “para contemplar la honra y la gloria de Dios” (San Juan
de la Cruz) desde aquí abajo y en medio de las tareas más ordinarias o
comunes de nuestra vida. En una carta a su madre ya en el convento
de Los Andes el 4 de julio, 1919: “Aprovechemos para enriquecernos el momento de la
comunión. Bańémonos en esa fuente de santidad y pidámosle el mundo entero de
las almas, porque no nos sabrá decir que no”.[140] En una carta a su hermana Rebeca desde el convento, el 12 de julio de 1919 (Un día
antes de su cumpleańos) le pide a su hermana que aproveche esta oportunidad y
que sea santa: “Me faltan palabras, hermanita, para expresar la
dicha divina que experimento. Siento al Infinito, al Eterno, al Santo
todopoderoso, al sapientísimo Dios, unido con la nada pecadora. Entonces
adoro y más amo. Entonces es cuando el alma se siente pura. Está en la
fuente de la santidad”. “Amémosle, hermanita, porque su bondad y su
misericordia son infinitas. ˇCómo ante ese amor desaparece el nuestro miserable,
que no sabemos hacer el más leve sacrificio por nuestro Dios, después que
nada nos ha rehusado desde una eternidad! Aprovecha, hermanita, esos
instantes para hacerte santa. Fíjate que estamos unidas enteramente a la
santidad infinita. Pídesela. żQué te podrá negar cuando está loco de amor por
ti, ya que se ha reducido a hostia o nada para llegar hasta ti? Pídele que lo
conozcas y que te conozca”.[141] A su amiga
Elena Salas González, le invita a ofrecerse a Él con amor para cumplir su
adorable voluntad, ese el plan de santidad que ella concibe. Querida Elena: żQué te parecen mis proyectos? żNo
encuentras que son demasiado ideales para mí que soy tan miserable? Cuando
pienso en las grandezas que se encierran en la vocación me confundo y no sé
cómo agradecerle a N. Seńor el haberse fijado en una criatura tan ruin. Dime, żhay algo más grande sobre la tierra que el
Dios eterno, inmutable, el todopoderoso, busque en la tierra un alma para
hacerla su esposa; busque un corazón humano para unirlo a su Corazón Divino.
Si Dios a cada instante se nos da con amor infinito, żno nos corresponde a
nosotros, criaturas miserables, darnos a Él con todo nuestro ser, de modo que
todas nuestras obras vayan dirigidas a Él con toda la intensidad de amor de
que somos capaces? Ofrecernos a Él con amor para cumplir su adorable
voluntad, he ahí el plan de santidad que concibo. Dios es amor, żqué busca en
las almas sino amor? Antes de cada acción debemos darle una mirada. Él está
en nuestra alma, żcon quién podemos estar más unidas? Allí ofrezcámosle hacer
aquella acción, no por los pecadores, ni con ningún interés, sino porque le
amamos.[142] 15.2
EL
DESEO DE LA SANTIDAD
La santidad no es un privilegio reservado a unas
pocas personas
Cuando leo la vida que llevó
Teresa de los Andes, o la misma Teresa de Jesús, me doy cuenta como estas
santas mujeres han tenido una vida característica de cualquier chiquilla y
que no por eso se distraen de su amor a Jesús. Tanto en su vida en el Monasterio,
como monja de claustro y su vida en el mundo, Teresa de Los Andes no se
evadirá y escapará de una vida peculiar como quizás nos habríamos puesto a
pensar de una santa como ella, es decir, su vida la hace con exquisita
naturalidad. “żQuién subirá al monte del Seńor?, żQuién
podrá estar en su recinto santo?, El de manos limpias y puro corazón, el que
a la vanidad no lleva su alma, ni con engańo jura”.[143] Para llegar a ser santo, y así
de este modo llegar en su momento al Cielo, “al monte del Seńor”, solo se
debe tener una determinación muy decidida para lograrlo. Con esto, no quiero
decir, que para llegar a la santidad sea una cosa imposible, recordemos que
todos los que han llegado a tener el honor para ser llamado santos, todos
fueron personas muy normales. Por otra parte, no hay que realizar grandes
cosas, pueden ser a veces pequeńas, lo importante es que se hagan con amor,
como las hizo también Teresa de Lisieux, Santa Isabel de la Trinidad y Teresa
de los Andes, que tuvieron la disposición de dejar que Dios actuara en ellas.
En la amistad con Dios y unidos
a EL, se llega a la santidad, un aforismo de Santa Isabel de la Trinidad
dice: “Vivamos con Dios como con un amigo, tengamos una fe viva para estar en
todo unidos a Dios” (H, 576). Teresa de Jesús, define la oración como el
tratar de amistad con quien sabemos nos ama, es decir, no es otra cosa que
hablar con Dios como un amigo habla con el amigo de corazón a corazón, eso,
ya es una buena forma de santidad. Si tenemos diálogos íntimos y de amistad en
forma permanente, seremos capaces de enfrentar con mucha paz
desconocidos desafíos que se nos presentarán en la vida sin temor, ya que, en
las manos de Dios, todo lo bueno es posible y siempre el, nos tenderá una
mano para sacarnos de las dificultades. Como le sucedió a Pedro, que viendo
la violencia del viento, mientras navegaban por agua turbulentas, le entró
miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: “ˇSeńor, sálvame! Al punto Jesús,
tendiendo la mano, le agarró y le dice: Hombre de poca fe, żpor qué dudaste?
Y ante eso luego se postraron ante Jesús diciendo: “Verdaderamente eres Hijo
de Dios”.[144] En las palabras de San Pablo a
los Tesalonicense, encontramos muchas recomendaciones para la santidad, como
por ejemplo: “En cuanto a vosotros, que el Seńor os haga progresar y
sobreabundar en el amor de unos con otros, y en el amor para con todos, como
es nuestro amor para con vosotros, para que se consoliden vuestros corazones
con santidad irreprochable ante Dios, nuestro Padre, en la Venida de nuestro
Seńor Jesucristo, con todos sus santos”[145] Y más adelante
agrega. “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” …. “que
cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor” …. “pues no
nos llamó Dios a la impureza, sino a la santidad”[146] A veces pensamos que la santidad
es un privilegio que solo está reservado a unas pocas personas, que son muy
especiales y elegidos para ser santos, pero lo que debemos comprender, es que
el camino hacia la santidad está abierto para que transiten todos los que por
el quieren caminar, por ende, es una elección y una tarea de cada uno de los
que se saben hijos de Dios, de cada uno de los que se denominan cristianos.
Por tanto, todos estamos llamados a la santidad, y esto no es otra cosa, que
vivir en el mundo que nos ha correspondido, como hijos de Dios. Y como todas
las personas somos hijos de Dios, todos tenemos que llegar a ser santos, a
pesar de que los caminos no nos resulten fáciles y cómodos. Con todo, ser santo, no parece
en estos tiempos algo fácil, y más difícil parece ser ayudar a que otros lo
sean. Entonces me cabe una pregunta, żes necesario que yo ayude a los demás a
que caminen por sendas de santidad? Yo pienso que sí, como nos dice Jesús:
“Vosotros sois la sal de la tierra. Más si la sal se desvirtúa, żcon qué se
la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada
por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una
ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y
la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a
todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los
hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre
que está en los cielos”.[147] Es así como
corregir, aconsejar, dar buen ejemplo, orar mucho, sacrificarme para que
todas las obras de los hermanos lleven la luz de Dios y testimonien su
participación en la divina naturaleza, para que viendo todos sus frutos
buenos se den cuenta, de que Dios está en ellos, ya que, conociendo el árbol
por sus frutos,[148] no pueden
nacer de árbol malo, si son buenos, sino de la luz. A saber, hay dos elementos
fundamentales que constituyen la esencia de toda santidad: el despojo de sí y
la unión con Dios. Se los encuentra siempre bajo los más variados matices de
la vida de los santos. En una Carmelita ese aspecto negativo reviste la forma
de una separación absoluta. El Carmelo es el desierto, Dios solo. A solas con
Él. Pero entre las almas carmelitanas cada una vive a su modo esta doctrina
de la “nada” de la criatura y del “Todo” de Dios, que tanto gustaba a san
Juan de la Cruz. 15.3
“CREO
QUE EN EL AMOR ESTÁ LA SANTIDAD.
Está claro que la persona que busca la santidad debe tener un profundo
deseo de ser santo y sabe que con la ayuda de Dios todo es posible. Este
camino, en palabra de Santa Teresa de Jesús, hay que tomarlo con
"determinada determinación". En efecto, esta determinación es algo
serio. Esto supone una vida de amor a Dios y es aceptar el regalo de la
santidad que Él te hace. Teresa de los Andes desde pequeńa tuvo dentro de su plan de vida el
ser santa, estaba determinada a lograrlo. Así lo demuestran sus escritos en
su Diario y cartas. Quiero ser
santa.
Escribe Juanita en su Diario a los pocos días de cumplir sus
15 ańos: “Estoy
leyendo Isabel de la Sma. Trinidad. Me encanta. Su
alma es parecida a la mía. Aunque ella fue una santa, yo la imitaré y seré
santa. Quiero vivir con Jesús en lo íntimo de mi alma.[149] EL 8 de agosto de 1917, Juanita
participa en su segundo “Retiro”. Esta actividad le hace reflexionar y luego
de reconocer que ha caído en el pecado, pide perdón a Dios y siente que la
mejora forma de reparar estas ingratitudes, es ser santa. Escribe Juanita: “Quiero
ser indiferente a todo, menos a Dios y mi alma. ˇOh
qué ingrata me veo para con mi Dios! Tengo confusión, vergüenza con tantos
pecados como he cometido. Dios mío, perdón. Cuánto te he ofendido y qué bueno
eres Tú, que no me has condenado. Yo desde ahora odio el pecado pues él me
aparta de Ti. Me hace objeto de horror a tu vista. Seńor, perdón. Ya desde
ahora quiero ser santa.[150] Es el 14 de agosto de1917, Juanita tiene ya cumplido los 17 ańos y
hace una semana ha participado en u Retiro. Ahora es tiempo de recoger los frutos
que le dejaron esos momentos de soledad. Escribe Juanita:[151] “Sentí un poco de vanidad, pero la rechacé y se lo
dije a Jesús, preguntándole qué debía hacer para no sentirla. Entonces me
dijo que El me daba su gracia para que fuera buena, y no apareciera mala como
lo soy en realidad”. “Siento tan difíciles de cumplir mis propósitos,
pero Jesús me ha animado poniéndome ante mi vista su rostro despreciado,
humillado. Le pido que me dé fuerzas”. “Quiero desde hoy ser siempre la última en todo,
ocupar el último puesto, servir a los demás, sacrificarme siempre y en todo
para unirme más a Aquél que se hizo siervo siendo Dios, porque nos amaba. No
me disculparé jamás, aunque sea injusto”. “Haré todas las cosas lo mejor que pueda por agradar
no a las criaturas sino a Dios. Amaré las criaturas por Dios, en Dios y para
Dios. Viviré constantemente en ese espíritu de fe. No despreciaré ninguna
ocasión para humillarme y para mortificarme. Cumpliré a cada instante la
voluntad de Dios”. “Creo que en el amor está la santidad. Quiero ser
santa. Luego me entregaré al amor, ya que éste purifica, sirve para expiar.
El que ama no tiene otra voluntad sino la del amado; luego yo quiero hacer la
voluntad de Jesús. El que ama se sacrifica. Yo quiero sacrificarme en todo.
No me quiero dar ningún gusto. Quiero inmolarme constantemente para parecerme
a Aquél que sufre por mí y me ama. El amor obedece sin réplica. El amor es
fiel. El amor no vacila. El amor es el lazo de unión de dos almas. Por el
amor me fundiré en Jesús”. Más adelante escribe a la Madre Angélica Teresa, desde su lugar de descanso el fundo san Pablo al
sur de Santiago el 22 de enero de 1919; “Leí las Constituciones y Reglas. Sólo confío en
Dios podré observarlas perfectamente, pues ellas encierran un plan cumplido
de santidad”.[152] Al Padre José Blanch, C.M.F., desde el mismo lugar de descanso el 3 de febrero de 1919: “Todas estas consideraciones que le hago, Rvdo.
Padre, son las que me inducen a preferir el Carmen, pues creo que en esta
vida he de alcanzar la santidad. La he escogido porque veo que, escogiéndola,
he de encontrar la cruz; y andaría -creo- todo el mundo con la gracia de
Dios para buscarla y poseerla, pues en ella está Jesucristo”.[153] Al Padre Artemio Colom, S.J., desde el
Convento del Espíritu Santo, el 20 de julio de 1919: “Mis esfuerzos todos se dirigen a ser una santa
carmelita, y creo que lo que Dios quiere de mí para alcanzar esta santidad es
un recogimiento continuo: que
nada ni nadie pueda distraerme de Él”.[154] 16 PROFUNDAMENTE MARIANA
16.1
CONFÍE
TODO A LA SANTÍSIMA.
La Virgen ha sido la confidente íntima
Confiesa Teresa su gran amor a la
Santísima Virgen María, dice que ha sido su compańera inseparable. La Virgen
ha sido la confidente íntima desde los más tiernos ańos de su vida. Ella le ha
escuchado la relación de sus alegrías y tristezas. Ella ha confortado su
corazón tantas veces abatido por el dolor. Teresa, como toda carmelita, es
profundamente mariana, ella le confiesa a su padre: “Desde chica amé mucho a
la Santísima Virgen, a quien confiaba todos mis asuntos”.[155]
Es así como cuando se refiere a la Santísima Virgen escribe: “Confíe
todo a la Santísima. Récele siempre el rosario para que Ella le guarde no
sólo su alma, sino también sus asuntos”. [156] A
su hermano Ignacio le pide: “Honra
mucho a María. Es tu madre tan buena y carińosa, que jamás dejará de velar
por ti. Récele a la Santísima. Virgen el Rosario todos los días, pero muy
bien rezado. Cuando me vuelva a escribir me dirá si lo ha hecho”.[157] En Chile, como en muchos países hispanos,
la devoción mariana está muy arraigada, es así como la figura de la Virgen
María es espejo de muchos y también de Teresa de Jesús, ella misma lo dice: “Mi
espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella y así
me pareceré a Jesús”.[158] “La
Santísima Virgen es el modelo más perfecto de nuestro sexo. żNo vivió Ella
siempre en una continua oración, en el silencio, en el olvido de lo de la
tierra?” … “Pídele a la Santísima Virgen que sea tu guía; que sea la
estrella, el faro que luzca en medio de las tinieblas de tu vida”. [159] “Siempre
esperé y confié en que moriría con todos los sacramentos, porque no abandonó
jamás su escapulario del Carmen”.[160] Le
escribe a su hermano Luis (Lucho) “Habla
a la Santísima Virgen de corazón a corazón. Cuando te sientas solo, mírala y
verás que sonriendo te dice: "Tu madre jamás te deja solo". Cuando,
triste y desolado, no halles con quién desahogarte, corre a su presencia y la
mirada llorosa de tu Madre diciéndote "no hay dolor semejante a mi dolor"
te confortará, poniendo en tu alma la gota de consuelo que cae de su dolorido
corazón”. … “La Santísima Virgen ha sido mi compańera inseparable. Ella ha
sido la confidente íntima desde los más tiernos ańos de mi vida. Ella ha
escuchado la relación de mis alegrías y tristezas. Ella ha confortado mi
corazón tantas veces abatido por el dolor”. …” La que puso en mi alma el
germen de la vocación fue la Santísima Virgen. Esta tierna Madre jamás ha
sido en vano invocada por sus hijos. Ella me amó y, no encontrando otro
tesoro más grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el
fruto bendito de sus entrańas, su Divino Hijo”.[161] A
su madre y a su padre: “Rezamos
en estos 15 días antes de la Asunción las quince casas del Rosario. Le
aseguro que llena el alma de felicidad esa devoción a la Santísima Virgen.[162] Cuando
sufra, mire a su Madre Dolorosa con Jesús muerto entre sus brazos. Compare su
dolor. Nada hay que se le asemeje. Es su único Hijo, muerto, destrozado por
los pecadores. Y a la vista del cuerpo ensangrentado de su Dios, de las
lágrimas de su Madre María, aprenda a sufrir resignado, aprenda a consolar a
la Santísima Virgen, llorando sus pecados”.[163] “No
se atemoricen ante la nueva vida que se les presenta, pues siendo hijas de
María, la Virgen las cubrirá con su manto”.[164] “He
puesto en defensa de mi causa dos grandes abogados que no pueden ser
vencidos: mi Madre Santísima, a quien jamás he invocado en vano y que ha sido
mi guía verdadera toda mi vida, desde muy chica, y mi Padre San José -a quien
he cobrado gran devoción-, que lo puede todo cerca de su Divino Hijo”.[165] Preparación para mi Primera Comunión.
“Por
este tiempo (a mis siete ańos), empieza mi devoción a la Virgen. Mi hermano
Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y estaré, como lo espero,
hasta mi muerte. Todos los días Lucho me convidaba a rezar el Rosario, e
hicimos juntos la promesa de rezarlo toda la vida; la que he cumplido hasta
ahora. Sólo una vez, cuando estaba más chica, se me olvidó”.[166] “Ruega
a la Madre de los Dolores para que no me deje jamás bajar la cima del
Calvario, donde he de ser en cada momento de mi vida crucificada”.[167] Amor a la Virgen María.
Teresa, se siente muy amada por la
madre de Jesús, y ella responde con su amor, “ˇCuánto amo a mi Madre! ˇCuánto
me ama Ella! Hoy es el día de su Corazón Inmaculado. Qué tiernamente hablaron
de Ella en el sermón. Llegué a llorar después. Tanto la amaba”.[168].
Teresa desde siempre se siente cercana
y unida a la Virgen, le escribe ella a su hermano Lucho: “Además, la que puso en mi alma el germen de
la vocación, fue la Santísima Virgen. Y tú fuiste el que me enseńaste a amar
a esta tierna Madre, que jamás ha sido en vano invocada por sus hijos Ella me
amó y, no encontrando otro tesoro más grande que darme en prueba de su
singular protección, me dio el fruto bendito de sus entrańas, su Divino Hijo.
żQué más me pudo dar?”[169] "Puesto que soy su hija, debo parecerme a Ella
y así me pareceré a Jesús".
Teresa, tiene 15 ańos, y escribe una
bellísima carta a la Virgen María, es un momento difícil en el que está
internada en su colegio, y con esta carta con ternura le escribe a la Madre
de Dios como si ella fuera su propia madre de la tierra. Le escribe que no ha
de amar sino a Jesús, y que lo hace por desahogar su corazón despedazado por
el dolor y luego le pide que la consuele, aliente, ame, aconseje, acompáńame
y bendiga. [170] “Esposa
de Jesús Mi único amor. Hoy desde que me levanté estoy muy triste. Parece que
de repente se me parte el corazón. Jesús me dijo que quería que sufriese con
alegría. Esto cuesta tanto, pero basta que Él lo pida para que yo procure
hacerlo. Me gusta el sufrimiento por dos razones: la primera, porque Jesús
siempre prefirió el sufrimiento, desde su nacimiento hasta morir en la cruz.
Luego ha de ser algo muy grande para que el Todopoderoso busque en todo el
sufrimiento. Segundo: me gusta porque en el yunque del dolor se labran las
almas. Y porque Jesús, a las almas que más quiere, envía este regalo que
tanto le gustó a Él. Me
dijo que Él había subido al Calvario y se había acostado en la Cruz con
alegría por la salvación de los hombres. "żAcaso no eres tú la que me
buscas y la que quieres parecerte a Mí? Luego ven conmigo y toma la Cruz con
amor y alegría". Encuentro
también en un cuaderno una cosa escrita que se titulaba: "Mi
Espejo". "Mi espejo ha de ser María. Puesto que soy su hija, debo
parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús". "No
he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de
Dios. Mis ojos se deben fijar en Jesús crucificado. Mis oídos han de oír
constantemente la voz del Divino Crucificado". "Mi
lengua ha de expresarle mi amor. Mi pie ha de encaminarse al Calvario. Por
eso ha de ser mi andar lento y recogido. Mis manos deben estrechar el
Crucifijo, es decir, aquella imagen divina que ha de imprimirse en mi
corazón". También
encuentro una carta que escribí una noche en que ya no podía sufrir más: "Madre
querida, Madre casi idolatrada: Te escribo para desahogar mi corazón
despedazado por el dolor. No quiero que juntes sus pedazos, Madre de mi alma
sino que mane, que destile un poco de sangre. Me ahoga el dolor, Madre mía.
Sufro, pero estoy feliz sufriendo. He quitado la Cruz a mi Jesús. El
descansa. żQué mayor felicidad para mí? Estoy
sola Madre mía. Mi mamá se va hoy a Vińa a ver [a] Ignacito y nosotras
quedaremos aquí. żHasta cuándo? No lo sé. Hasta que Jesús lo quiera żno te
parece...? Sufro... y ya no puedo más. Sólo te pido que sanes a los enfermos.
Tú sabes quiénes son. Tú, Madre, si quieres puedes hacerlo. Madre mía,
muéstrate que eres mi Madre Oye el grito de mi alma pecadora arrepentida, que
sufre y apura el cáliz del dolor hasta las heces; pero no importa. Me da
pena, pero sólo quiero a Jesús. Quiero que Él sea el dueńo de mi corazón.
Dile que le amo y que le adoro. Dile que quiero sufrir, que quiero morir de
amor y sufrimiento. Que no me importa el mundo, sino solamente Él. Sí, Madre.
Estoy sola. Me uno a tu soledad. Consuélame, aliéntame, aconséjame,
acompáńame y bendíceme. Tú
eres mi Madre y te digo que tengo pena. Antes tenía una tregua mi dolor un
rayo de luz en mi oscuro corazón; pero ese rayo de luz ya no me alumbra ni
sonríe. Esa sonrisa de mi madre me hacía vivir y era dos veces a la semana;
pero ahora no la tendré. Mańana será miércoles y nadie me llamará al salón.
Ven Tú con tu Hijo y mi felicidad será completa. Haced
que sepa mis lecciones, mis repasos, mis exámenes. Que tenga premios para
verte feliz a Ti, y a mi Jesús y a mis padres. María, Madre mía, óyeme. Tu
hija". (D 15,11)” Madre mía, mańana seré doblemente tu Hija.
El
siete de diciembre de 1915 escribí: "Es mańana el día más grande de mi
vida. Voy a ser esposa de Jesús. żQuién soy yo y quién es Él? [El]
todopoderoso, inmenso, la Sabiduría, Bondad y Pureza misma se va a unir a una
pobre pecadora. ˇOh, Jesús, mi amor, mi vida, mi consuelo y alegría, mi todo!
ˇMańana seré tuya! ˇOh, Jesús, amor mío! Madre
mía, (mańana del 8 de diciembre de 1915) seré doblemente tu Hija. Voy a ser
Esposa de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz,
pues puedo decir con verdad que el único amor de mi corazón ha sido El. Mi
confesor me dio permiso para hacer voto de castidad por nueve días y después
me seguirá indicando las fechas. Soy feliz. Tengo mi fórmula escrita:
"Hoy, ocho de diciembre de 1915, de edad de quince ańos, hago el voto
delante de la Santísima Trinidad y en presencia de la Virgen María y de todos
los santos del Cielo de no admitir otro Esposo sino a mi Seńor Jesucristo, a
quien amó de todo corazón y a quien quiero servir hasta el último momento de
mi vida. Hecho por la novena de la Inmaculada para ser renovado con el
permiso de mi confesor". Esto
es lo último que tengo de este ańo. No he vuelto a escribir mi Diario. Pero
tengo mi retiro y una carta que le escribí a mi hermana Rebeca para
comunicarle mi vocación de Carmelita y pedirle que me ayudara. Le escribí el
día de su cumpleańos. Devoción a la Virgen Lourdes.
Otra devoción a la Virgen María, es
través de la advocación de la Virgen de Lourdes, alimentada por su familia,
su tía Teresa que le regala una imagen de porcelana de la Virgen, por su
hermano Lucho, su visita a la Gruta de Lourdes en Santiago, su preocupación
para que le vaya bien a su papa en el campo, donde ella le escribe: “Yo le
aseguro que tengo dos mandas para que le vaya bien y no pierdo la esperanza
que la Santísima Virgen me oiga. żPor qué no le hace Ud. una manda de dar una
limosna en Lourdes y de ir a comulgar una mańana allá? żQué le parece? La
Virgen siempre accede a cuanto se le pide”.[171] En la carta siguiente,[172]
revela Teresa su gran devoción a la Virgen de Lourdes. “Cuando
fuimos por última vez a Chacabuco, mi tía Juanita me dio una Virgen de
Lourdes de loza que había tenido siempre al lado de mi cama, con tal que
tomara un remedio. Me la tomé y me la dio. Esta es la Virgen que jamás ha
dejado de consolarme y de oírme. Por
este tiempo empieza mi devoción a la Virgen. Mi hermano Lucho me dio esta
devoción, con la que he estado y estaré, como lo espero hasta mi muerte.
Todos los días Lucho me convidaba a rezar el rosario, e hicimos juntos la
promesa de rezarlo toda la vida; la que he cumplido hasta ahora. Sólo una
vez, cuando estaba más chica, se me olvidó. Nuestro
Seńor, desde aquí, se puede decir, me tomó de la mano con la Santísima
Virgen. Desde este período mi carácter se puso iracundo, pues me daban unas
rabietas feroces; pero eran muy de lejos. Después nadie me sacaba de
paciencia. Los nińos, mis hermanos, lo hacían a propósito. Me decían
muchísimas cosas para hacerme rabiar, pero yo seguía como [si] no los oyera.
Por esto mi mamá me hizo regalona; pero después, cualquiera cosa que me
contrariaban me ponía a llorar y me daban llantos histéricos. Cuando
nos fuimos a Chacabuco, fue con nosotros una prima de mi mamá que no me podía
pasar, y la Rebeca era la regalona. Con esto sufría como no es posible
imaginar; pero yo con ella era terrible, no le soportaba nada. En
1907 entramos al colegio. Ud. puede saber, Madre, lo que la incomodamos con
nuestro carácter. Muy bien nos acordamos cuando mi mamá le contaba las peleas
que teníamos con mis hermanos y Ud. nos llamaba y nos hacía ponernos bien. Desde
esta época es cuando Nuestro Seńor me mostró el sufrimiento Mi papá perdió
una parte de la fortuna. Así es que tuvimos que vivir más modestamente. Yo
cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Primera Comunión. Hasta que
accedió en 1910. Y empecé mi preparación. Me parecía, querida Madre, que ese
día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a Nuestro Seńor. Un ańo
me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi
corazón de toda imperfección. En
el mes del Sagrado Corazón [ż1908 ó 1909?], yo
modifiqué mi carácter por completo. Tanto que mi mamá estaba feliz de verme
prepararme tan bien a mi Primera Comunión. Me
costaba obedecer porque, sobre todo cuando me mandaban, por flojera, me
demoraba en ir. Entonces me dije a mi misma que aunque no me mandaran, iría
corriendo primero que los otros. No peleaba con los nińos. A veces me mordía
los labios y me apresuraba para vestirme. Hacía actos, los que apuntaba en
una libreta. Tenía llena la libreta de actos. Ay, qué diferencia entre
entonces y ahora. ˇCómo volver a esa época! Pero żno he recibido más favores
de Nuestro Seńor?”. Lourdes María, Madre llena de dulzura.
En la carta siguiente, nos dice Teresa
de los Andes, que María es la Madre llena de dulzura y que es Madre del
universo entero. Escribe en su Diario
a la Virgen de Lourdes el 12 de febrero de 1917.[173] “żQuién
no se anima al verle tan tierna, tan compasiva, a descubrir sus íntimos
tormentos? Si es pecador, tus caricias lo enternecen. Si es tu fiel devoto,
tu presencia solamente enciende la llama viva del amor divino”. Más adelante
en la misma nota escribe; “María, eres la Madre del universo entero. Tu
corazón está lleno de dulzura”. Anteayer
y ayer fuimos a Lourdes. ˇLourdes! Esta sola palabra hace vibrar las cuerdas
más sensibles del cristiano, del católico. ˇLourdes! ˇQuién no se siente
conmovido al pronunciarla! Significa un Cielo en el destierro. Lleva envuelto
en su manto de misterio todo lo grande de lo que es capaz de sentir el
corazón católico. Su
nombre hace remover los recuerdos pasados y conmueve las sensaciones íntimas
de nuestra alma. Ella encierra alegría, paz sobrehumana, donde el peregrino,
fatigado del camino pesaroso de la vida, puede descansar; puede sin cuidado
dejar su bagaje, que son las miserias humanas, [y] abrir su seno para recibir
el agua del consuelo, del alivio. Es donde las lágrimas del pobre con el rico
se confunden, donde sólo encuentra una Madre que los mira y los sonríe. Y en
esa mirada y sonrisa celestiales hacen brotar de ambos pechos sollozos que el
corazón, de felicidad, no puede dejar de escapar y que lo hace esperar, amar
lo imperecedero y lo divino. María, eres la Madre del universo entero.
“Si
Tú eres, Madre, la celestial Madonna que nos guío. Tú dejaste caer de entre
tus manos maternales rayos de cielo. No creí que existiera la felicidad en la
tierra; pero ayer, mi corazón sediento de ella, la encontró. Mi alma,
extasiada a tus plantas virginales te escuchaba. Eras Tú la que hablabas y tu
lenguaje de Madre era tan tierno... Era de cielo, casi divino. żQuién
no se anima, al verte tan pura, tan tierna, tan compasiva, a descubrir sus
íntimos tormentos? żQuién no te pide que seas estrella en este borrascoso
mar? żQuién es el que no llora entre tus brazos sin que al punto reciba tus
ósculos inmaculados de amor y de consuelo? Si es pecador, tus caricias lo
enternecen. Si es tu fiel devoto, tu presencia solamente enciende la llama
viva del amor divino. Si es pobre, Tú con tu mano poderosa lo socorres y le
muestras la patria verdadera. Si es rico, lo sostienes con tu aliento contra
los escollos de su vida agitadísima. Si es afligido, Tú, con tus miradas
lagrimosas, le muestras la Cruz y en ella a tu divino Hijo. żY quién no
encuentra el bálsamo de sus penas al considerar los tormentos de Jesús y de
María? El enfermo, por fin, halla en su seno maternal el agua de salud que
deja brotar con su sonrisa encantadora, que lo hace sonreír de amor y de
felicidad. Sí, María, eres la Madre del universo entero. Tu corazón está
lleno de dulzura. A tus pies se postran con la misma confianza el sacerdote
como la virgen para hallar entre tus brazos al Amor de tus entrańas. El rico
como el pobre, para encontrar en tu corazón su cielo. El afligido como el
dichoso, para encontrar en tu boca la sonrisa celestial. El enfermo como el
sano, para encontrar en tus manos dulces caricias. Y por fin, el pecador como
yo encuentra en Ti la Madre protectora que bajo tus plantas inmaculadas
tienes quebrantada la cabeza del dragón; mientras que en tus ojos descubre la
misericordia, el perdón y faro luminoso para no caer en las cenagosas aguas
del pecado. Madre
mía, sí. En Lourdes se encontraba el cielo: estaba Dios en el altar rodeado
de ángeles, y Tú, desde la concavidad de la roca, le presentabas los clamores
de la multitud arrodillada ante el altar. Y le pedías que oyese las súplicas
del pobre desterrado en este valle de lágrimas, mientras que, junto con los
cantos, te ofrecían un corazón lleno de amor y gratitud”. 16.2
HIJA
DE MARÍA.
Soy hija de María
Dice el Seńor: “que todo el cumple la
voluntad de mi Padre Celestial, ese es mi hermano, mi mí hermana y mi madre
(Mt 12,47). En la carta siguiente, [174]Teresa
de los Andes, no sólo se sabe Esposa de Jesús, sino que al unirse más a Él y
se siente su hermana e hija de María. “Ascensión del Seńor al cielo de mi
alma. Haré todas mis cosas en unión con Él, por Él y para Él. Lo consolaré. Quiero ser crucificada. Y El me dejó sus
clavos. Cuanto
más nos unimos al Creador, más nos aislamos de las criaturas. Jesús mío,
Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío. Mańana
es el día de la Trinidad de 1917. żEncontrará el Padre la figura de Cristo en
mí? ˇOh, cuánto me falta para parecerme a Él! No tengo todavía bastante
virtud. Me abato muy luego. Sin embargo, soy más humilde o me humillo más y
tengo más fe. Sin embargo, el otro día se portaron mal las chiquillas en la
mesa y yo me impacienté; y después me dijeron que no era firme, pues las
dejaba conversar. Yo dije que no hacían caso. Tuve harta rabia, y al ver a
las chiquillas les dije: "ˇAntipáticas!" żHabría obrado así Jesús?
Claro que no. Las habría reprendido y no se habría disculpado ni habría
insultado como yo lo hice. Es cierto que me vencí mucho; pero después conté
mi rabia y al otro día les pedí perdón a las chiquillas, para humillarme.
Estas caídas me sirven para reconocer que soy muy imperfecta todavía. 15
de junio 1917. No sólo soy Esposa de Jesús, sino que
hoy me he unido más a Él. Soy [su] hermana. Soy hija de María. Desde hoy
como las princesas que las llevan al palacio del prometido para ser formadas
como él, ahora también voy a entrar a mi alma, la casa de Dios. Allí me
espera mi Madre y mi Jesús. ˇOh, cuánto lo amo! Me
fui a confesar ayer (14 de junio de 1917). Me dijo el Padre tres cosas
necesarias para no impacientarme: 1° No manifestar la rabia exteriormente; 2° Ser amable con la persona que me la
proporciona; 3°
Acallar, abatir la cólera en mi corazón. Tres
partes esenciales de la meditación: reflexión, coloquio, súplica”. María es mi madre y mi todo, vocación para
carmelita. 2° carta del Carmen.
He oído, más de una vez, a alguna
persona decir que cree que la Virgen de Carmen en chilena. Además de ser la
Patrona de Chile, y que la estrella solitaria en fondo azul de la bandera de
Chile representa la “Stella Maris”, estrella del mar, es fácil entender que
el amor a la Virgen de Carmen en este país es muy grande, tanto, que el 16 de
julio, en Chile es día feriado. Esto hace que muchas personas entiendan que
ser carmelita, es ser seguidora de la advocación de la Virgen del Carmen, que
le escriban o le pidan a la Virgen del Carmen que interceda por muchas
necesidades. Teresa de los Andes, también le escribe a la Virgen del Carmen [175]
en la carta siguiente: “7
septiembre de 1917. Hoy, viernes 1ş, no pude comulgar porque amaneció
lloviendo y me dejaron en cama. Qué pena he tenido. Sin embargo, he hablado
con mi Jesús. Ojalá que mańana pueda comulgar, día de la Natividad de mi
Madre. Ya que no he podido ofrecerle muchos actos a mi Mariíta,
voy a principiar un novenario, pero no sé cómo hacerlo, pues, como estoy
enferma, me doy gusto en la comida y en casi todo; pero desde mańana
principiaré a festejar a mi nińita María, porque es mi Madre y mi todo,
después de Jesús. Además, renovaré el voto hasta el ocho de diciembre. 11
de septiembre de 1917. Como era el aniversario de mi Primera Comunión fui a
comulgar. ˇQué ideal! Hace siete ańos se unió mi alma con Jesús. ˇQué efusión
fue ese primer encuentro! Jesús por primera vez habló a mi alma. ˇQué dulce
era para mí aquella melodía que por primera vez oí! Hoy
me fui a confesar. Hablé largamente con el Padre acerca de mi vocación. Me
dijo que él veía que, por ahora, tenía verdadera vocación para carmelita. Que
Jesús me la podía dar permanente, es decir, para siempre, y que pudiera
entrar al Carmen; y pasajera o momentánea, para librarme por ahora de todos
los males de cuerpo y alma. También, que podía ser verdadera mi vocación, que
la pudiera seguir, si Dios me daba las cualidades necesarias. Y también podía
ser carmelita espiritualmente, es decir, que teniendo el espíritu
carmelitano, podía en mi casa seguir una regla de vida como las carmelitas,
levantándome a tal hora, y teniendo una hora de meditación y después ir a
misa, comulgar y venirme a mi casa y ponerme a trabajar, estando todo el día
en la presencia de Dios, y teniendo en la tarde otra hora de meditación y
acostarme a una hora fija y visitar lo menos posible. Que le contestara, me
dijo, después de reflexionar, si me gustaba esto. Después
me dijo que siempre me mirara en el espejo de mi alma; que, cuando no pudiera
meditar, conjugara el verbo amar como se sigue: Yo
żamo a Dios o amo las vanidades? Tú,
alma, żte amas desordenadamente a ti misma? El
(Jesús) me ama con amor eterno. Nosotros
nos amamos en Dios. Vosotros
os amáis desordenadamente Ellos
aman sus pasiones y no aman a Cristo crucificado. Yo
amé a Jesús desde chica, etc.; Yo
amaré, con la misericordia de Dios, hasta la muerte a Jesús, y a ese
Crucificado. Me
dijo que, cuando estuviera muy desconsolada y me sintiera sin ánimo, primero buscara
consuelo en Dios; y si Él no me lo daba, lo buscara un poco en una persona
digna de confianza que me llevara a Dios. Que viviera crucificada, pues Jesús
quería que fuera su Cireneo. Que El me daba una astillita de su cruz que la
recibiera con gusto y que tratara de no abatirme. Que viviera más que nunca
en la presencia de Dios. Que me uniera a Él. Que hiciera una media hora de
meditación, y que, cuando estuviera con gente, tomara
un libro y leyera y meditará al mismo tiempo. Que me cuidara mucho. Me
prohibió toda mortificación. Que, cuando me sintiera cansada, no hiciera
mucho esfuerzo para meditar. Que me contentara con jaculatorias y actos de
amor”. Me pidió mucho mi Jesús -lo mismo mi Madre- los
imitara.
“Septiembre
13 de 1917. Ayer vine a ver a la Rebeca, y la Madre Izquierdo consiguió que
me dejaran. Yo estaba feliz, pues tenía ansias de venirme al colegio; así es
que fue muy divertido, pues me tuve que cambiar traje y de todo. Yo no sé lo
que me pasa. Es una tristeza interior tan grande que me siento como aislada
de todo el mundo. Me aburre todo y me cansa todo. En fin, ayer [12.9.1917],
gracias a Dios, pude meditar y sentí devoción y amor, lo que hace mucho
tiempo [no] me daba el Seńor ni aún en la Comunión. En fin, estos dos meses
de sufrimiento son dos meses de Cielo; pues, aunque no me he unido mucho a mi
Jesús a causa de mi tibieza, sin embargo, todo se lo he ofrecido a Él y le he
pedido me diera su cruz. Me
pidió mucho mi Jesús -lo mismo mi Madre- los imitara en el eclipsamiento de la persona, es decir, que viviera muy
oculta, sólo para Él. Que no manifestara mis sentimientos a nadie sino a mi
confesor. Así lo haré con la ayuda de Dios. Saqué ayer como resolución la de
vivir hoy muy alegre exteriormente. Septiembre
14, 1917. Cumplí mi resolución de ayer. Fui a donde la M. Izquierdo. Me
recomendó que hiciese todo por amor. Que buscase no los consuelos de Dios,
sino al Dios de los consuelos, y que viviera al día. Me
contestaron las dos Madres carmelitas en unas cartas ideales. La de Los Andes
me envió una fotografía de la Virgen con oración y una medallita del Carmen y
del profeta Elías”. 17 DEVOTA DE SAN
JOSE
Alguien podría opinar que no son tantas las veces
que Teresa de Jesús de Los Andes menciona al Santo muy querido por los
carmelitas, “San José”, pero hay que tener en cuenta que ella tuvo un corto
paso por la vida terrenal. Con todo, con sus pocas notas en su Diario y en sus Cartas, ella nos revela una gran devoción por el Santo Esposo de
María. San José, en
las notas de su Diario.
En su primer “Retiro”[176], ella tiene la edad de 16 ańos, escribe en su Diario la siguiente reflexión: “Desde ahora me pongo en tus divinas
manos. Haced de mí lo que queráis. Sí, estoy dispuesta a ser humillada para
castigar mi orgullo. Quiero, Esposo adorado, vivir escondida, desaparecer en
Ti, no tener otra vida sino la tuya, no ocuparme sino de Ti. Ahora también
que estoy purificada, quiero que la Sma. Trinidad
venga a morar en mi alma para adorarla y vivir constantemente en su
presencia. Por último te digo que hago voto en presencia de la Sma. Trinidad, de la Sma.
Virgen, de San José y de los santos y ángeles del Cielo, [de] no tener por
Esposo sino a Jesús, único amor de mi alma” Y sigue más adelante: “Quiero, pasar contigo por todas las
afrentas con alegría Y si por mi flaqueza caigo, Jesús querido, te miraré en
tu subida al Calvario y ayudada por Ti me levantaré. No permitas que te
ofenda ni aun levemente. Prefiero mil muertes antes que darte la más ligera
pena. Madre mía, lirio entre espinas, enséńame
el camino del Calvario. Guíame por esa senda de la mano. San José, custodio
de vírgenes, guárdame”. Al ańo siguiente, (abril de 1917), escribe en su Diario una ofrenda por los pecadores.[177]: “Jesús mío, Tú conoces la ofrenda que
te he hecho de mí misma por la conversión de las personas que te he nombrado.
Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino también mi muerte […] La recibiré
con gusto […] si quieres, dame sufrimientos, cruz humillaciones. Que sea
pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos. Como Tú quieras, Jesús mío.
Soy tuya, haz de mí según tu santa voluntad”. Y más adelante pide a la Santísima Virgen sin
olvidarse de mencionar a Jesús y a San José. “A ti, oh, María, que jamás me has
desoído los ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre,
también te pongo en tus manos maternales esas almas. Óyeme. Toda mi vida no
he dejado de pedirte, Madre mía. Escúchame, te lo ruego por Jesús y por tu
Esposo San José, a quien ruego interceda por esta pobre pecadora”. Teresa participa nuevamente en un Retiro, para ella
serán días de recogimiento, a solas con Dios, momentos de silencio, que le
ayudan a descubrir a un Dios más cercano, presente en su vida diaria. Este es
su segundo Retiro. Ella escribe[178]: “Agosto 8 [1917]. Hoy entro a retiro.
Oigo la voz de mi Jesús que me dice "vamos a la soledad". "La
llevaré a la soledad y allí le hablaré a su corazón". Me retiro con Él
en lo íntimo de mi alma y allí, como en otro Nazaret, viviré en su compańía
con mi Madre y San José” La última nota que escribe en su Diario[179], la hace recordando que ella le dijo a la Madre
Angélica, priora del Monasterio del Espíritu Santo, el día que le gustaría
entrar en el Carmelo: “Me preguntaron cuándo me iba. Yo les
dije hasta mayo. Entonces una fue a ver que si era San José o el Espíritu
Santo el primero que tocaba. Entonces resultó el siete el día de San José, y
a él me encomendaron”. San José, en
las notas de sus Cartas.
Después de haber visitado el 11 de enero de 1919 el
Monasterio del Espíritu Santo en la ciudad
de Los Andes, le escribe una carta[180] a la Priora, Madre Angélica Teresa. Por esos días
está en el fundo San Pablo pasando sus vacaciones de verano. En sus cartas
refleja que, aunque humanamente siempre se le presentan algunos
inconvenientes, como en este caso que por la lejanía no ha podido oír Misa ni
comulgar en 15 días, se reconforta en la voluntad de Dios. Escribe: “Figúrese, mi Madre querida, qué hambre
no tendré. Pero me abandono a la voluntad de Dios. Es ése el alimento de mi
alma por ahora”. Y al final, firmando ya la carta escribe: “Tengo
puesta toda mi confianza en San José para que me tenga allá sin falta el 7”. Teresa siempre tiene un motivo para encomendarse a
San José, y no deja de tener presente a su familia y a sus directores
espirituales. En marzo de 1919, está por unos días en la hacienda de
Bucalemu, algo triste porque como es temporada de clases su hermana Rebeca no
la pudo acompańar. Pero además extrańa mucho a su papá, que no lo ve muy a
menudo y por eso le vuelve a escribir una nueva carta[181] donde le cuenta que lo encomienda la Santísima
Virgen María, y como siempre unido a su Esposo José: “Nos vamos el lunes a Santiago. Váyase
Ud. pronto, pues tengo ansias de verlo. żCómo le va en su trabajo? żY las cosechas cómo
han sido? No sabe, papacito, lo que rezo por el buen éxito de ellas. Espero
que Dios nos oirá, porque a la Sma. Virgen a quien
he puesto por intercesora, nada niega; lo mismo que a San José, a quien estoy
rezando el mes por V. (Usted) Cuatro días después de escribirle a su papa,
escribe a uno de sus Directores Espirituales[182], el Padre José Blanch, sobre una de sus grandes
preocupaciones, y es la carta que le escribirá en unos días a su papá para
pedirle permiso para entrar al Carmelo. Teresa escribe: “Estoy sufriendo una verdadera agonía,
pues hoy escribiré la carta a mi papá para solicitar el permiso para ser
carmelita, para que la reciba el sábado, día de la Sma.
Virgen […] Doy gracias a N. Seńor por lo que sufro pues así le mostraré mi
amor sin mezcla de consuelos. Me someto con gusto a su divina voluntad, pues
sé que es para unirme más a Él. El sábado recibirá la carta y se decidirá
todo Rece, pero mucho, por esta pobre alma. Encomiéndeme a la Sma. Virgen y a San José. Pídales que se cumpla en mí la
divina voluntad. A ella me he abandonado”. Y al final de la carta escribe: “P.D.--El día de San José lo tuve muy
presente en mis pobres oraciones Y como ese día no pude comulgar por estar en
el campo, mańana ofreceré la Misa y comunión por sus intenciones y santificación”. También hace extensiva esta misma preocupación a la
Madre Angélica Teresa y le pide[183] que la encomiende a la Santísima Virgen María y a
San José, a quien ha cobrado mucha devoción: “Creo no necesito rogarle a Ud., mi
querida y respetada Madre, recen mucho especialmente el sábado, para que se
realice en mí la voluntad de Dios. He puesto en defensa de mi causa dos
grandes abogados que no pueden ser vencidos: mi Madre Santísima a quien jamás
he invocado en vano y que ha sido mi guía verdadero toda mi vida, desde muy
chica, y mi Padre San José--a quien he cobrado gran devoción--, que lo puede
todo cerca de su Divino Hijo”. El 5 de marzo de 1919, Juanita le escribe una carta
a su padre pidiéndole permiso para entrar en el Carmelo. El 8 de abril recibe
la tan ansiada respuesta en la que su papá le ha dado el consentimiento. El 7
de mayo, día del patrocinio de San José, podrá cumplir su gran sueńo, entrar
en el Carmelo que ella ha escogido, el Monasterio del Espíritu Santo de la
Ciudad de Los Andes. Es así como le comunica[184] su gran alegría a la madre Angélica Teresa: “Alabemos al Seńor y démosle gracias
por el gran favor que ha concedido a su hijita. Tengo el permiso y, Dios
mediante, volaré al palomarcito el 7 de mayo. El domingo que pasó mi papá me
dio su consentimiento. San José ha sido el que ha hecho este milagro […] A mis Hermanitas les dirá que les doy las
gracias por sus buenas oraciones, pues estoy segura qué la Sma. Virgen y mi Padre San José no han podido hacerse
sordos a ruegos tan constantes y llenos de santa caridad. Dígales que haré lo
posible después para pagarles su caridad con oraciones, aunque pobres, por
cierto, y sirviéndolas en cuanto me sea posible, pues soy muy inútil”. También le escribe una carta[185] al 83 Al P. Julián Cea “Ayer al volver del fundo de unas
amigas, me encontré con su carta que de tanto provecho ha sido para mi alma.
La carta anterior también la recibí, pero no quería contestarla hasta no
darle la noticia del consentimiento de mi papacito. Gracias a Dios, lo tengo
para el 7 de mayo. No puedo dudar es un milagro de San José, pues fue el
domingo 3-° de los dedicados a este santo. No tengo cómo agradecerle a mi
Jesús tanta bondad para con esta alma tan miserable e infiel. Estoy feliz al
contemplar las puertas de mi Carmelo ya abiertas para recibirme. Sólo me
restan 20 días más o menos, y después... el Calvario, el Cielo. Ya estoy
subiendo su cima”. Y luego una carta[186] al Padre José Blanch: “Sólo ahora he tenido tiempo para
escribirle después que tengo el consentimiento de mi papá. Sólo puedo decir:
ˇBendito sea Dios! Todo ha sucedido de un modo providencial y he visto
patente la voluntad de Dios; pues tal como quería ha sucedido. El 7 de marzo
la Sma. Virgen y San José me abrirán las puertas de
mi convento, y ese día moriré al mundo para vivir siempre escondida en Dios.
ˇQué vida de cielo, Rdo. Padre, qué vida de esposa del Divino Crucificado!”. Y más adelante le detalla la conversación con su
papá: "Si es esa la voluntad de Dios y
tu felicidad, yo no me opongo". Después me preguntó cuándo quería irme,
si a principios o a fines de mayo. Y entonces le dije que el 7, y él me dijo:
"Hijita, hazlo como tú quieras". Era el tercer domingo de los
dedicados a San José, a quien tanto allá en Los Andes como yo habíamos
confiado el asunto”. Después sigue comentando respecto de su hermano
Miguel: “Miguel, entre tanto, no sospechaba.
Pero N. Seńor se lo llevó también a mi papá, quien le dijo y le mostró mis
cartas. Lloró también mucho, pero sin decir nada contra mí. He tenido que dar
muchas gracias a Dios, pues lo considero verdaderamente un milagro obrado por
San José”. En noviembre de 2019, le escribe[187] a su mamá, que está preocupada por algunos
comentarios y quiere tranquilizarla pidiéndole el pesebre navideńo, con una
imagen de San José: “Todavía me estoy riendo de lo que me
ha dicho nuestra Madrecita se corre en el mundo de esta pobre carmelita. żPor
qué quieren turbar, mamacita, su felicidad, diciéndole que estoy triste, que
lloro […] żNo ve que es envidia del reposo, de la paz, de la felicidad que
inunda mi alma? Cuán bien veo que los que inventan semejante mentira no
conocen lo que es vivir en el cielo del Carmelo […] le contaré que me han
dado la ermita de la S. Virgen. Estoy feliz con ella. Sin embargo, quisiera
que Ud., mamacita, como cosa suya, le pidiera a la Lucita el Nińito Jesús de
ella, con los Reyes Magos, la Sma. Virgen y San
José; pues directamente no me atrevo” Santa Madre
Teresa de Jesús y San José.
La Santa Madre Teresa de Jesús, nos relata, sobre
todo en el libro de la Vida, su experiencia con San José, y se anima a
fomentar su devoción entre sus hijas las monjas, para que sean devotos del
que ella llama el “glorioso San José”. Por tanto puede ser que después de
leer el libro de la Vida, Teresa de Jesús de Los Andes se haya
entusiasmado aún más por esta devoción al Santo. En el epígrafe del capítulo 6 de la Vida,
Santa Madre Teresa de Jesús, escribe: “Trata de lo mucho que debió al Seńor
en darle conformidad con tan grandes trabajos, y cómo tomó por medianero y
abogado al glorioso san José, y lo mucho que le aprovechó. [188]” Y más adelante sigue: “tomé por abogado y seńor al glorioso
san José, y encomendéme mucho a él”.[189] En el capítulo 30 afirma: “No me hartaba de dar gracias a Dios y
al glorioso padre mío san José”[190] También escribe: “Una vez estando en una necesidad que
no sabía qué me hacer, ni con qué pagar unos oficiales, me apareció san José,
mi verdadero padre y seńor, y me dio a entender que no me faltarían, que los
concertase; y así lo hice sin ninguna blanca, y el Seńor, por maneras que se
espantaban los que lo oían, me proveyó.[191]” “Hice oración suplicando al Seńor me
favoreciese, y a mi padre san José que me trajese a su casa, y ofrecíle lo que había de pasar y, muy contenta, se
ofreciese algo en que yo padeciese por él y le pudiese servir,[192]”. 18 AMOR UNITIVO
18.1
UNIÓN
CON DIOS
Me imagino a Teresa de los Andes como
una joven entusiasta hablando de Dios, y lo hace desde sus vicisitudes y
dificultades y de dolores físicos. Y hablar de Dios, en especial de su
amor y de sentirse unido a Él desde
los padecimientos, no es fácil. Pero forma parte de las características de
una carmelita, Teresa de Jesús dice; “porque hablar del amor de Dios es cosa
sabrosa.[193]
Entonces me imagino a Teresa de Jesús de Los Andes, en diferentes
circunstancias frente a sus amigas o a sus hermanas las monjas, hablando de
Dios para que todas ellas le conozcan. Escribe Teresa de los Andes en su Diario,[194]
sobre sus fatigas, su falta de ánimo, pero con el deseo de la unión con Dios
haciendo su voluntad. Con ese ánimo declara que la mirada al crucifico la
sostiene y a pesar de que su pobre corazón sigue gimiendo, siente que Jesús
la mira contento. Unión con Dios es vivir haciendo
su voluntad, sobre todo en momentos difíciles.
“Lunes
27 de agosto de 1917. (Diario) No sé lo que tengo, pues siento a cada
instante fatigas. Hoy varias veces he tenido que poner toda mi voluntad para
no dejarme llevar de la tristeza. Y ayer saqué ese propósito en la
meditación: mostrarme alegre todo el día. Y lo he cumplido. He pasado a veces
de tal manera que casi no podía menearme del agotamiento de ánimo en que
estoy. Yo creo que es la debilidad en que estoy: un dolor de cabeza
constante. Ańádase a esto el dolor de espalda. Ya no sé cómo estoy; pero estoy
feliz, pues sufro y sufro con Jesús para consolarlo y para reparar mis
pecados y los de los hombres. Y una tristeza moral; pero diré con el
salmista: "Cercado estoy por mis enemigos, pero confío en el Seńor que
ha de confundirlos". “Agosto
28 de 1917. (Diario) Me siento cada día peor. No tengo ánimo para nada; pero
en fin, es la voluntad de Dios. Que se haga como Él quiera. Madre mía, todo
lo he puesto en vuestras manos. żPor qué me habéis abandonado? Haz que sepa
muy bien mis lecciones y composiciones. Madre mía, que tenga "muy
bien" en mis temas. Muéstrate que eres mi Madre y dame todo, pero
humildad ante todo. Jesús querido, dame sufrimientos. No importa sufrir,
porque así me amas. Mańana sin Comunión. La obediencia me lo impone. żQué
hacer, Jesús mío, sin Ti? żQué será de esta miserable sin Jesús? Mas, por
suerte, que lo tengo en mi alma. Allí habita mi Jesús y no lo dejo salir”. La mirada de mi crucifijo me sostiene.
“Hoy,
30 de agosto de 1917 (Diario), no he comulgado. Sin unirme con Dios. Y todo por
este cuerpo de barro. żCuándo se acabará esta muerte para vivir en Dios?
Jesús mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfallezco. Hoy me he
sentido mal. Las fatigas no me dejan. Qué hacer, si es la voluntad de Dios.
Hoy sin Comunión he metido más aparato. Silencio, cuerpo, quiero que sólo el
alma hable con Dios para que tú calles a las criaturas. La
mirada de mi crucifijo me sostiene. Veo todo oscuro. Mi oración se acabó. Me
han prohibido que la haga en la noche. La comunión me la han negado; pero
venzo, porque Jesús lo es Todo y Él está dentro de mi alma. żQué importa
todo? No quiero mirar sino el presente, es decir, mirar a Jesús. El me
alumbra. El porvenir se me presenta en medio de tinieblas. Cuando
comulgo siento ánimo. Jesús me da vida, no sólo la del alma sino la del
cuerpo. Y me la quitan; me privan del Cielo. Jesús querido, que se haga tu
voluntad y no la mía. Mańana comulgaré. Conseguí permiso. ˇOh, qué felicidad:
mańana tendré el Cielo en mi corazón! ˇOh, te amo, Jesús, te adoro! Te agradezco
a Ti y a mi Madre este favor. ˇToda tuya... Sólo Tú... ninguna criatura!”. Y mi pobre corazón sigue
gimiendo, y Jesús me mira contento.
“Septiembre
1 de 1917. (Diario) Enferma siempre. Se me presenta tan triste el porvenir
que no lo quiero mirar. Me dijeron hoy que me iban a sacar del colegio y que,
como la H. V daba baile, me tendría que estrenar en ése para este otro ańo.
Me causa horror. Y ver por otro lado, que no podré ser carmelita por mi
salud. Todo esto me hace exclamar ˇJesús mío, si es posible, que pase de mi
este cáliz; mas no se haga mi voluntad sino la tuya! Y ver que no puedo hacer
oración. Por otro lado, cuando estoy con Jesús me da no sé qué hablarle de
mis penas en vez de consolarlo, cuándo El sufre mucho más. Y me callo. Y mi
pobre corazón sigue gimiendo, y Jesús me mira contento, me cuenta sus... Me
muero, me siento morir. Jesús mío, me doy a Ti. Te ofrezco mi vida por mis
pecados y por los pecadores. Madre mía, ofréceme como hostia. Verdaderamente,
ayer ya no podía más del dolor al pecho. Me estaba ahogando. No podía
respirar y del dolor me daban fatigas. Todo se lo ofrecí a Jesús por mis
pecados y los de los pecadores. Estoy en mi casa. Me tuve que venir porque ya
no podía más. Qué pena tuve al despedirme de las chiquillas y de las monjas y
de mis chicas. Las quiero tanto... pero que se haga la voluntad de Dios. No
he comulgado. Llegué a sońar anoche que tenía hambre de Jesús; pero después,
todo el día en un estado de tibieza, no hice oración ni comulgué
espiritualmente. Oh qué mala soy. Pero gracias a Dios hoy reparé e hice una
comunión espiritual. Iba a meditar, cuando me quedé dormida, pero ahora voy a
ver si puedo meditar. Mańana voy a comulgar. Cuánto lo deseo, Jesús mío. Soy
tan mala. Necesito de Ti para ser buena. Ven, amor. Ven pronto y te daré mi
corazón, mi alma y todo lo que poseo. Madre mía, prepara mi corazón para
recibir a mi Jesús”. 18.2
UNIÓN
CON CRISTO
Tener a Jesús como compańía, trae al
alma de una carmelita una satisfacción que no es fácil de describir. Teresa de
Jesús escribe en las Moradas: “żQué no dará quien es tan amigo de dar
y puede dar todo lo que quiere?” [195] Ciertamente, Teresa de los Andes, ha
ido leyendo a sus Santa Madre Teresa de Jesús, y en ella también va
descubriendo la amistad que ella tiene con Jesús y a igual que la Santa
fundadora del Carmelo Teresiano, que en sus textos nos revela la relación que
experimenta en las distintas etapas de su vida. En efecto, Teresa de Jesús,
ella enseńa a sus hijas las monjas su experiencia, y explica cómo va
aumentado de intensidad a medida que más se va conociendo al Esposo. Ella
siente que Jesús, le acompańa siempre en las dificultades, “Con tan buen
amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer,
todo se puede sufrir; es ayuda y da esfuerzo; nunca falta; es amigo
verdadero”. [196] Es así como les enseńa a sus hijas las
Monjas: “Procurad luego, hija, pues estáis sola, tener compańía. żPues qué
mejor que la del mismo Maestro que enseńó la oración que vais a rezar?
Representad al mismo Seńor junto con vos y mirad con qué amor y humildad os
está enseńando; y creedme, mientras pudiereis, no estéis sin tan buen amigo.
Si os acostumbráis a traerle cabe vos, y él ve que lo hacéis con amor y que
andáis procurando contentarle, no le podréis como dicen echar de vos; no os
faltará para siempre; ayudaros ha en todos vuestros trabajos; tenerle en
todas partes. żPensáis que es poco un tal amigo al lado?”. [197] En la siguiente carta que he escogido
para este libro, Teresa de los Andes le escribe al P. Julián Cea, C.M.F. La
carta la inicia el 14 de agosto 1919 y la deja incompleta el 31 de agosto del
mismo ańo. En esta carta nos habla de que encontró la felicidad más completa.
Siente que vive en un rinconcito de cielo. Dios la toma para Sí. Y la Santa
nos habla de las intimas comunicaciones con Él. Unida a Él. Su oración: “Yo
no soy la que vivo, sino Jesús”. Nos revela además en su carta que ella
siente su alma está sosegada y que siente un amor tan grande por el Seńor,
que le parecía que su corazón no podía resistir.[198] Intensidad de amor unitivo.
“Reverendo
Padre: Qué
feliz me siento cuando al fin del día puedo decirle que me he negado en todo.
Pero desgraciadamente esto no es diariamente, pues
con frecuencia veo que no estoy del todo desasida de las criaturas, pues
deseo conversar con mis hermanitas; lo que no debe existir en una carmelita,
cuyo trato debe ser sólo con Dios. żNo encuentra vuestra Reverencia lo mismo? A
pesar de mis miserias, Dios me toma cada vez más para Sí. No se imagina
vuestra Reverencia cómo se descubre cada vez más a mi alma. Las locuciones
interiores siempre las siento. También se me han representado imágenes
interiores de N. Seńor en ciertas épocas. Una vez, se me representó N. Seńor
agonizante, pero en forma tal que jamás lo había visto. Me tuvo ocho días
sumida en una verdadera agonía, y lo veía a toda hora. Después cambió de
forma, y el día del Sagrado Corazón se me presentó Jesús con una belleza tal,
que me tenía completamente fuera de mí misma. Ese día me hizo muchas gracias.
Entre otras, me dijo que me introducía en su Sagrado Corazón para que viviera
unida a Él; que uniera mis alabanzas a la Santísima Trinidad a las suyas; que
todo lo imperfecto Él lo purificaría”. Entonces
mi alma está sosegada.
“28
de agosto. Tantos días sin poder seguir mi carta. Vuestra Reverencia me
perdonará, pues bien sabe que no disponemos ni aún del tiempo. Es lo más
rico. Pero seguiré dándole cuenta de mi oración, pues siempre existen en mí
las dudas: que es todo ilusión lo que me sucede... Aunque últimamente no
puedo dudar sea Dios el que se une a mí, pues lo siento apoderarse de mi ser. Mi
oración, por lo general, es una especie de mirada a Dios sin raciocinar. A
veces siento mi alma como que quisiera salir de mí, para confundirse en el
Ser divino. Otras veces es Dios el que entra en mí ser. Entonces mi alma está
sosegada. Siento interiormente un fuego consumidor, que me consume
enteramente”. Sentí un amor tan grande por N.
Seńor que me parecía que mi corazón no podía resistir.
“31
de agosto. Sólo a ratos le puedo escribir. No sé cómo decirle lo que quiero
expresar de todo lo que me ha pasado esta semana. En estos momentos sufro
horriblemente. Sólo Jesús, que es el que me martiriza, lo comprende. Créame,
Rdo. Padre, que lo que ha pasado por mí no lo puedo expresar. Cuando estoy en
la oración no dudo sea Dios el que se une a esta miserable pecadora; pero
saliendo de la oración, creo es el demonio o ilusiones que me forjo. Haré lo
posible por decirle lo que siento. Hacen
6 [días], estando en la acción de gracias después de la comunión, sentí un
amor tan grande por N. Seńor que me parecía que mi corazón no podía resistir;
y al mismo tiempo -créame, Padre, que no sé decirle lo que me pasó, pues
quedé como atontada- he pasado todos estos días como si no estuviera en mí.
Hago las cosas, pero sin darme cuenta. Después, en la oración, se me presentó
Dios, e inmediatamente mi alma parecía salir de mí; pero con una violencia
tal, que casi me caí al suelo. No pierdo los sentidos, pues oigo lo que pasa
al lado, pero no me distraigo de Él. Sobre todo cuando el espíritu sube más,
entonces no me doy cuenta (esto es por espacio de minutos, creo) pero paso la
hora casi entera en este levantamiento de espíritu; pero eso sí que con
interrupciones, aunque en estas interrupciones no vuelvo bien en mí. Después
mi cuerpo queda todo adolorido y sin fuerzas. Casi no puedo tenerme en pie. Y
el otro día me pasó que no tuve fuerzas ni aún para llevarme el tenedor a la
boca. Tenía tan pesado y adolorido el brazo que no podía. Creo que pasaron
dos [días] sin poder hacer nada. En estos propósitos estaba, cuando de
repente se me vino a la mente el anonadamiento de Dios bajo la forma de pan,
y me dio tanto amor que no pude resistir; y mi alma, con una fuerza horrible,
tendía a Dios. Después sentí esa suavidad, la que me inundó de paz y me
convenció que era Dios. Sin
embargo, hoy estoy con todas las dudas y he llorado, porque no quiero llamar
la atención de mis hermanas. Por otro lado, el amor de Dios que siento es tan
grande que estoy sin fuerzas, y creo que, si me viniera un levantamiento de
espíritu, no podría resistir. También
pienso que, como yo, siendo una pecadora y que sólo tan poco tiempo me doy a
la oración, Dios se va a unir a mí. Sin embargo, Él me dijo que yo sufriría
la purificación por medio del amor, pues quería hacerme muy suya. Otras
veces, se me ocurre que las hermanas me van a creer que yo soy una hipócrita,
que quiero hacerme pasar por extraordinaria, y que me van a echar. Esto no me
atormenta tanto, porque gozaría que todas me despreciasen”. He
visto que esta oración me hace buscar más soledad. No tengo ningún apego.
Tengo más humildad, amor al sufrimiento, a la mortificación. Sobre todo
siento que yo no soy la que vivo, sino Jesús. 19 VIDA DE ORACIÓN
19.1
ANTES
DE ENTRAR AL CARMELO
Hacer de la vida una oración constante.
Faltan pocos meses para entrar al
Carmelo. El 11 de enero de 1919 había ido a visitar a las Carmelitas de los
Andes y después de esa visita decide ser carmelita. Teresa le escribe una
carta a la Madre Angélica Teresa del Santísimo Sacramento el 22 de enero de
1919 mientras permanece en el fundo San Pablo, cerca de San Javier de
Loncomilla, a unos 300 km al sur de Santiago. Siente algunas dificultades
para escribir. Tiene deseos de encerrarse, hambre de comunión. Esta rendida a
la voluntad de Dios. Aunque apenas puede hacer oración, su vida es una
oración constante. “No
se extrańe no haya contestado inmediatamente su carta, pero aquí me es muy
difícil escribirle por cuanto es mi papá el que despacha las cartas para el
correo. Le ruego también que, cuando me escriba, no me ponga Del Solar, porque
les llama la atención el "Del" y me preguntan que quién me escribe
así y paso apuros colosales para eludir la pregunta sin mentir. Es así
nuestro apellido, [pero] nunca nos ponemos así. Muchas
veces, mi querida Madre, no puedo ni hacer oración. En esto consiste mi mayor
pena, pues paso constantemente con todos, porque no me dejan un momento. Ayer
estaba desalentada, pero N. Seńor me consoló diciéndome que me debía esforzar
en dominar esa tristeza y desaliento, porque muchas veces me dominaría después
ante las dificultades para ser una santa carmelita. Esto sólo bastó para
alentarme y ponerme muy feliz con la voluntad de Dios. Gracias a Él”. Pues todo, lo que hago, lo hago
por amor a mi Jesús.
No olvidemos que el camino de la
oración es un andar de toda la vida, por tanto, la persona que es orante debe
cuidar su vida diaria, lo que hace, lo que dice, lo que vive, es decir, tener
una unidad entre la vida y la oración. En este comienzo del camino de la
oración, el orante tiene la tarea de pensar la propia vida en clave de
salvación, su historia de amor. Enlazar los tramos de la propia vida y
contarlo en un relato de fe. Ahondar en la vida de Cristo. Aceptar los
sinsabores. No querer resultados inmediatos de eficacia. Acoger el
sentimiento de fastidio y desgana para comenzar este camino. Cuando faltan
los pensamientos crece la voluntad. Percibir el camino en Cristo, recorrerlo
en su compańía. Teresa de los Andes, en este aspecto ha
ido madurando rápidamente, y es así como se sincera con la madre, como leemos
en la continuación de esta carta: “Es
cierto que a veces no tengo mi oración. Pero mi vida -puedo decir- es una
oración continuada; pues todo, o que hago, lo hago por amor a mi Jesús, y
noto que desde que estuve allá estoy mucho más recogida. Dígales esto a mis
queridas Hermanitas, pues a Ud., Madre mía querida, y a ellas se lo debo. Leí
las Constituciones y Reglas. Sólo confío en Dios podré observarlas
perfectamente, pues ellas encierran un plan cumplido de santidad. Leo el
libro del Padre Blot que da también a conocer lo
que es la carmelita. También la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz. Me
encanta y saco provecho de él. Los salmos los estoy rezando. Me sirven de
gran consuelo y les he tomado mucha afición. Recuerdos
a la Sarita. No sé cómo agradecerle el nombre que me dio. Soy demasiado
indigna de llamarme como mi Madre; muy pequeńa para un nombre tan grande:
Teresa de Jesús, Carmelita. ˇQué deseos tengo de ponerme así!” Expone a su confesor su vida orante, de
seglar. El 29 de enero 1919, le escribe una
carta al P. Artemio Colom, S.J, donde le explica las razones para preferir el
Monasterio de los Andes.[200]
Dominada por el amor, su oración es una íntima conversación con el Seńor. Escribe Teresa: “En
mi carta anterior, le expuse a Ud., Rdo. Padre, las dudas que tenía, entre el
Sagrado Corazón y las carmelitas…. Luego sigue: Le diré ahora las razones que
tengo para querer ser carmelita. La es por la vida de oración que allí se
vive, vida de íntima unión con Dios. Más
adelante en la misma carta expone: También deseo exponerle los temores que me
vienen por creer que el alma que se entrega a la oración ha de sufrir muchos
engańos; y a veces llego a creer que todo es ilusión, con lo que sufro muchísimo.
Pero me parece que son tentaciones del demonio, pues si un alma espera y cree
en Dios, no es confundida. Le
expondré con toda sinceridad acerca de mi oración. Me figuro que estoy como
Magdalena a sus pies escuchándole. Él me dice qué debo hacer para serle más
agradable. A veces me ha dicho cosas que yo no sé. Otras veces me dice cosas
que no han pasado y que después suceden, pero esto es en raros casos. Me ha
dicho que seré carmelita y que en mayo de 1919 me iré. Esto me lo dijo de
este modo: le pregunté qué de qué edad me iría. Entonces me dijo que de 18
ańos y que me faltaban 5 meses y seria en mayo. Todo esto me lo dio a
entender rápidamente, sin que yo tuviera tiempo para sacar la cuenta de que
el quinto mes era mayo. Después la saqué y vi que, efectivamente, para mayo
faltaban cinco meses; por esto vi que no era yo la que me hablaba. Otras
veces me dice cosas que yo no recuerdo y que, aunque quiero, no puedo
hacerlo. Pero me ha pasado creo dos veces que, preguntándole yo una cosa, El
me la ha dicho y después no ha sucedido; por lo que yo temo ser engańada. Otra
vez estaba delante del Santísimo en oración con mucho fervor y humildad;
entonces me dijo que quería que tuviera una vida más íntima con Él; que
tendría mucho que sufrir y otras cosas que no recuerdo. Desde entonces quedé
más recogida, y veía con mucha claridad a N. Seńor en una actitud de orar,
como yo lo había visto en una imagen. Pero no lo veía con los ojos del
cuerpo, sino como que me lo representaba, pero era de una manera muy viva,
que aunque a veces yo antes lo había querido representar, no había podido. Lo
vi de esta manera como ocho días o creo más y después ya no. Y ahora tampoco
lo puedo hacer”. He estado completamente absorta
contemplando las perfecciones infinitas de Dios.
La Santa Madre Teresa de Jesús, en el
libro de la Vida, Capitulo 14, nos explica que es la oración de
recogimiento. Dice que el orante experimenta en sí unos gustos muy
particulares que no vienen de ninguna manera procurados por su mucho
discurrir o meditar en las cosas de Dios. Aunque aquí no se ha de dejar del
todo la oración mental. La santa nos habla de la oración de quietud, que es
precisamente una comunicación de Dios al alma en la que la persona siente en
sí un recogimiento hacia lo profundo de su ser, en el que su voluntad siente
y goza claramente de unos gustos, que no había conocido antes en ninguna cosa
de este mundo terreno, tanto que no se querría bullir: “Aquí se comienza a recoger el alma, toca
ya aquí cosa sobrenatural, porque en ninguna situación puede ganar aquello
por diligencias que haga” [201] Y Santa
Teresa de los Andes le escribe al P. Artemio Colom, S.J:[202] “He
tenido a veces en la oración mucho recogimiento, y he estado completamente
absorta contemplando las perfecciones infinitas de Dios; sobre todo aquellas
que se manifiestan en el misterio de la Encarnación. El otro día me pasó algo
que nunca había experimentado. N. Seńor me dio a entender una noche su
grandeza y al propio tiempo mi nada. Desde entonces siento ganas de morir ser
reducida a la nada, para no ofenderlo y no serle infiel. A veces deseo sufrir
las penas del infierno con tal que, sufriendo esas penas, le pagara sus
gracias de algún modo y le demostrara mi amor, pues encuentro que no lo amo.
En esto consiste mi mayor tormento. Esto pensé en la noche antes de dormirme,
y en la mańana amanecí con mucho amor. Recé mis oraciones y leí la Suma
Espiritual de San Juan de la Cruz, en que expone los grados del amor de Dios,
y habla de oración y contemplación. Con esto sentí que el amor crecía en mí
de tal manera que no pensaba sino en Dios, aunque hiciera otras cosas, y me
sentía sin fuerzas, como desfallecida, y como si no estuviera en mí misma.
Sentí un gran impulso por ir a la oración e hice mi comunión espiritual, pero
al dar la acción de gracias me dominaba el amor enteramente. Principié a ver
las infinitas perfecciones de Dios, una a una, y hubo un momento que no supe
nada: estaba como en Dios. Cuando contemplé la justicia de Dios hubiera
querido huir o entregarme a su justicia. Contemplé el infierno, cuyo fuego
enciende la cólera de Dios, y me estremecí (lo que nunca, pues no sé por qué
jamás me ha inspirado ese terror). Hubiera querido anonadarme pues veía a
Dios irritado. Entonces haciendo un gran esfuerzo, le pedí desde el fondo de
mi alma misericordia. Vi
lo horrible que es el pecado, y quiero morir antes que cometerlo. Me dijo
tratara de ser perfecta; Y cada perfección suya me la explicó prácticamente:
que obrara con perfección, pues así habría unión entre Él y yo, pues El
obraba siempre con perfección. Estuve más de una hora sin saberlo; pero no
todo el tiempo en gran recogimiento. Después quedé que no sabía cómo tenía la
cabeza. Estaba como en otra parte, y temía que me vieran y notaran algo en mi
especial. Por lo que rogué a N. Seńor me volviera enteramente. En
la oración de la tarde estuve menos recogida, pero sentía amor, aunque no
tanto. Todo ese día estuve muy recogida y me pidió Dios no mirará fijamente a
nadie y, si de vez en cuando tenía que mirar, lo viera siempre a Él en sus criaturas,
porque para llegar a unirse a Él necesitaba mucha pureza. Ni aún quiere toque
a nadie sin necesidad. Después de ese día he quedado en grandes sequedades. Todo
esto que le digo, se lo digo con toda verdad. Aunque me parece que todo es
engańo, y me cuesta mucho decírselo por lo mismo; pues me parece que son
exageraciones mías”. Cómo es la vida orante de Teresa, siendo aún
seglar.
Teresa le había escrito el 7 de
septiembre a la Priora de los Andes, una solicitud formal para entrar al
Carmelo con estas palabras: “Entre tanto me preparo para ello lo mejor
que puedo. Así es que le pido, por favor, me diga si hay un huequito, y
también que me diga cuál es la dote y las cosas que se necesitan para poder
ingresar, pues quiero saber de fijo todo esto para pedir permiso”.[203] A la vuelta de correo recibe una
respuesta afirmativa. Ahora comienza los preparativos y a esperar el permiso
de su padre. Para fortalecerse, lee el reglamento, trata de seguirlo lo mejor
que puede, todos los días hace tres cuartos de hora de oración, siendo su
tiempo el más feliz del día, pues se siente en compańía del Seńor y como
lectura espiritual, lee Camino de Perfección de Santa Teresa de Jesús,
en especial, el "Padre Nuestro" explicado por Santa Teresa.[204] El 11 de enero de 1919, visita con su
madre a las Carmelitas de los Andes, después pasará un tiempo en el Fundo de
San Pablo, alquilado por su padre llevando una vida de oración. Todavía en el fundo San Pablo, le
escribe una carta al P. Julián Cea, C.M.F. San Pablo, 27 de febrero de 1919.[205]
Le cuenta de su comunicación con Dios y con la Santísima Virgen en la
oración. Teresa, entre otros temas, quiere comunicarle que contempla a la
Santísima Trinidad dentro de su alma como un inmenso foco de fuego y luz, que
cada vez que está en oración Nuestro Seńor le da a conocer su amor infinito y
finalmente le pide que rece por su pobre carmelita para que cumpla la
voluntad divina. Contemplo a la Santísima
Trinidad dentro de mi alma como un inmenso foco de fuego y luz.
“He
seguido en mi vida de recogimiento, uniéndome a Dios lo más posible. El otro
día, cuando estaba en oración, me dijo lo adorara constantemente dentro de mi
alma, ofreciéndole las alabanzas de todas las criaturas y uniéndome a las que
le tributan los ángeles del cielo. Todo cuanto Él me dijo lo he cumplido,
viviendo así mucho más unida a Él. Contemplo a la Santísima Trinidad dentro
de mi alma como un inmenso foco de fuego y luz, en el cual, por su mucha
intensidad no puedo penetrar ni mirar. Allí veo a la Santísima Virgen, a los
ángeles y santos. Y me veo yo, criatura miserable, confundida y anonadada
delante de su Divina Majestad y me uno a las alabanzas que le tributan todos
en el cielo. Me pidió que esta adoración fuera constante y esta alabanza no
fuera interrumpida, de modo que si hablaba o tenía que hacer cualquiera obra,
lo hiciera con este fin de procurar su mayor gloria. El
otro día me habló de la pobreza. Me dijo que tratara de no poseer ni voluntad
ni juicio, ya que por ahora no podía ser realmente pobre. Entonces me dijo
que no estuviera apegada a nada. Pero todo esto fue sin palabras, sino que me
lo daba a entender interiormente, y me hizo conocer que estaba apegada al
fervor sensible. Que yo hacía consistir la unión divina en el amor sensible,
pero que estaba en imitar sus divinas perfecciones para asemejarme a El cada
vez más, y en sufrir mucho por su amor para ser crucificada como El”. Cada vez que estoy en oración
Nuestro Seńor me da a conocer su amor infinito.
“Reverendo
Padre, todo esto se lo digo tal como pasa en mi alma, para que Ud. pueda
aconsejarme. Como Ud. puede ver, Nuestro Seńor es demasiado bueno Para con
esta ingrata criatura. Cada vez que estoy en oración N. Seńor me da a conocer
su amor infinito y lo imperfecto de mi amor. Créame que deseo morir, pues veo
que no le correspondo en nada. Quisiera, si me fuera posible, sufrir las
penas del infierno, con tal que así pudiera amarle un poco. Soy tan miserable
que N. Seńor necesita darme muchos consuelos y fervor para que me acerque a
Él; y a pesar de esto, no lo hago. Siento a veces tanto amor, que me siento
verdaderamente sin fuerzas; y sin embargo, en mis obras no se lo demuestro
ˇAy!, Rdo. Padre, créame que me aniquilara para que no existiera sobre la
tierra un monstruo de ingratitud para con ese Dios que es todo amor. A veces
temo que se canse y me deje abandonada para siempre; que me mande la muerte y
me condene. Rece Ud. por mí, R. Padre, pues tanto lo necesito, para que lo
ame verdaderamente. Tengo ansias de ser carmelita para poder hacer penitencia
y demostrarle mi amor, mortificando este cuerpo que me sirve de estorbo para
unirme a Él”. “Le
ruego me dé permiso, entre tanto, para ponerme un cinturón tejido de ramas de
acacia, pues éste tiene espinas. Me he puesto también piedras en los zapatos,
porque esto no me hace nada y tengo permiso para hacerlo. No le pido permiso
para mortificarme en la comida porque me lo tienen prohibido; pero son tantas
las ansias que tengo de hacerlo, que N Seńor lo tomará en cuenta”. Rece por su pobre carmelita para
que cumpla la voluntad divina.
“No
se imagina, Reverendo Padre, la pena tan grande que tuve cuando vi que
Nuestro Amo no estaría aquí (en el fundo, cuando la Misión, tuvimos el
Santísimo). Me sentía tan sola que en la tarde no pude contenerme más y lloré
sola en mi cuarto. Soy tan mala y El me hace mejor. Hemos estado consagrando
las casas al Sagrado Corazón. Llevamos ya 21. Reverendo
Padre, permítame recordarle, pues me da tanto miedo que se le olvidé, esos
dos responsos que mandó decir esa mujer y que se lo di a última hora. Le he
agradecido mucho el cuadernito que me dio. Me ha encantado. Rece
por su pobre carmelita para que cumpla la voluntad divina. Ofrézcame como
víctima de reparación y acción de gracias en la Santa Misa alguna vez por
manos de la Santísima Virgen. Y cuando yo ofrezca mi sacrificio, rogaré mucho
por Ud. para que sea un santo y salve muchas almas. Se
despide en el Sagrado Corazón de Jesús y de María Juana P.D.
Se me había olvidado decirle que mi nombre será Teresa de Jesús. Fíjese qué
nombre tan grande para mí. Ruegue para que sea verdadera Teresa de Jesús y
para que Jesús pueda decirme que Él es Jesús de Teresa”. 19.2
NO
PUEDE EXPLICAR ALGUNOS FENÓMENOS ORANTES.
Lo que creo las ha de llevar a Dios
Siempre desde el Fundo San Pablo, le es
escribe una carta al P. José Blanch, C.M.F. el 3 de marzo de 1919.[206]
Teresa hace oración en el campo y no puede explicar algunos fenómenos
orantes, como decir que estaba muy desanimada en la oración. No obstante,
muchas veces, cuando está en la oración, le viene el pensamiento de que debe
escribir a sus amigas, pero no para hablar de ella, sino de lo que cree las
ha de llevar a Dios y que su voluntad es ser pura en sus deseos, no deseando
otra cosa sino la gloria de Dios, el hacer su voluntad y el pertenecerle cada
día más. Más tengo deseo de ser toda de
Dios.
“Reverendo
Padre. Las misiones las supe aprovechar. Pasé unos días de cielo. A veces,
cuando estaba una hora o más con Nuestro Seńor, me figuraba estar en el
Carmen. Sólo me faltaba verme tras las rejas como prisionera a cada momento
me iba al oratorio; pues no tenía descanso mi corazón hasta que no me
encontraba a sus pies. Vino un Padre que me gustó mucho. Se veía era muy
santo: el P. Cea. Dios permitió que viniera, pues no sabía qué me pasaba.
Estaba muy desanimada en la oración. Como tuve necesidad de consultarlo
acerca de esto, me dio muy buenos consejos que trajeron la paz a mi alma. Le
dije mis intenciones de ser carmelita y dio gracias a Dios por ello, pues las
aprecia mucho Me tomó mucho interés y me examinaba en todo y me encontró
vocación. Me dio un cuaderno "Tratado de la Perfección Religiosa"
por el Padre Nieremberg, que me ha sido de mucha
utilidad. Estoy encantada con él. Me dijo el Padre Julián que le escribiera
alguna vez, si tenía necesidad. Y lo hice no tanto porque yo lo necesitara
como por una persona que también deseaba escribirle y que no lo hacía si yo
no escribía; y como ella lo necesitaba, lo hice. Mi mamá me ha aconsejado le
preguntara a Ud. sobre si le podía seguir escribiendo. Yo veo que quizás
busco la satisfacción de desahogarme; además sentía interiormente
desasosiego, y en la oración muchas veces me turba el pensamiento del bien
que me hizo el Padre y aún hasta en sueńos lo he recordado. Yo creo que esto
no está bien y Nuestro Seńor me lo reprocha en lo íntimo del alma, pues
quiere que sólo en El piense. Dígame, Reverendo Padre, qué debo hacer”. Nos esforzamos en ser cada día
más de Dios.
“También
me pasa lo mismo con mis amigas. Hay muchas que me escriben y nos aconsejamos
para ser buenas. Sin embargo, muchas veces, cuando estoy en la oración, me
viene el pensamiento de que les debo escribir, aunque yo nunca les hablo de
mí, sino de lo que creo las ha de llevar a Dios. Sin embargo, tengo una
íntima -la que el P. Falgueras me aconseja sea
amiga- y es Elisita Valdés. No tenemos ningún secreto y nos decimos lo bueno
como lo malo y ambas nos esforzamos en ser cada día más de Dios. Sus consejos
me han hecho mucho bien; más me parece de repente que la quiero demasiado y
que quizá a N. Seńor no le gusta. Dígame, por favor, lo que Ud., Rdo. Padre,
juzga de todo esto; pues si Ud. me dice deje todo esto a un lado para ser más
de Dios, lo haré, aunque me cueste. Dios me ayudará. Me
dice Ud., Padre, que explique cómo es el conocimiento que Dios me infunde de
sus perfecciones; pero le diré con llaneza que no lo puedo explicar, porque
ese conocimiento Dios no me lo da con palabras, sino como que en lo íntimo
del alma me diera luz de ellas. En un instante yo las veo muy claro, pero es
de una manera rápida y muy íntima, en la parte superior de mi alma. El otro
día fue sobre la esencia de Dios. Cómo Dios tiene la vida en Sí mismo y no
necesita de nadie: de sus operaciones, y de ese silencio infinito en que está
abismado. También de la unión que existe entre las Tres Divinas Personas y de
la generación. Yo no puedo explicar, Reverendo Padre, todo esto por la razón
que le digo. Por lo general, de mi oración siempre saco humildad, confusión
por mis pecados y deseos de ser cada día más de Dios, y mucho
agradecimiento”. No deseando otra cosa sino la
gloria de Dios.
“Los
sábados, me dijo el Padre Julián que meditara en las virtudes de la Virgen.
Me dijo fuera pura en el pensamiento, de modo que constantemente lo tuviera
puesto en Dios, rechazando todos los que no fueran de Él. Para esto me dijo
que debía desprender enteramente mi corazón de toda criatura. Que fuera pura
en mis deseos, no deseando otra cosa sino la gloria de Dios, el hacer su
voluntad y el pertenecerle cada día más. Que deseara la pobreza, la
humillación, el mortificar mis sentidos. Que rechazara el deseo de las
comodidades. Que al dormir, lo mismo que al comer, no deseara sino servir
mejor a Dios. Que en mis obras tuviera siempre por fin a Dios. Que no hiciera
aquellas que me pudieran manchar y las que no eran del agrado de Dios, que
quiere mi santificación. Y hacerlo todo por Dios y nada con el objeto de ser
vista de las criaturas. Me dijo evitara toda palabra que no fuera dicha por
la gloria de Dios. Que siempre en mis conversaciones mezclara algo de Dios. Que
no mirara a nadie sin necesidad y, cuando lo tuviera que hacer para no llamar
la atención, contemplara a Dios en sus criaturas. Que pensara que Dios
siempre me miraba. Que en el gusto me abstuviera de lo que me agradaba. Si
tenga que tomarlo, no me complaciera en él, sino que se lo ofreciera y
agradeciera a Dios con el fin de servirlo mejor. Que el tacto lo mortificara,
no tocándome sin necesidad, ni tampoco a nadie. En una palabra, que mi
espíritu estuviera sumergido en Dios de tal manera que me olvidara que mi
alma informaba al cuerpo. Que a Ella le había sido esto más fácil, por cuanto
había sido concebida en gracia; pero que hiciera lo que estaba de mi parte
por imitarla. Que rezara para conseguirlo. Que así Dios se reflejaría en mi
alma y se uniría a mí”. Más tengo deseo de ser toda de
Dios.
“Todo
ese día, Rdo. Padre, pasé en mucho recogimiento. Pero los días siguientes no
podía recogerme. Una vez me dijo N. Seńor lo adorara y me quedé
inmediatamente recogida. Otras veces no siento la voz de Dios ni fervor; pero
siento consuelo de estar con Él, y no sé cómo, pero siempre me declara una
verdad en el fondo de mi alma, que me sostiene y enfervoriza para todo el
día. El otro día me manifestó en qué consiste la pobreza verdadera: en no
poseer ni aún nuestra voluntad, en estar despegada de nuestro propio juicio.
Me dio a entender que yo estaba apegada a los consuelos sensibles de la
divina unión. Y que ésta no consistía sino en identificarse con El por la más
perfecta imitación de sus perfecciones, y en unirse a Él por el sufrimiento. Dígame,
Rdo. Padre, qué debo hacer con respecto a todo esto que N. Seńor me indica en
la oración. Me veo tan miserable y que correspondo tan mal a su amor. Esto me
apena mucho: ver que siento sensiblemente mucho amor. A veces llega hasta
quitarme las fuerzas y desear no hacer nada, sino tenderme en la cama. Veo
que estoy llena de imperfecciones. Temo que N. Seńor se canse y me abandone
[y] aún que mande la muerte y me condene eternamente. Ruegue por mí que tanto
lo necesito. Ud., Rdo. Padre, me conoce muy bien y ve lo miserable que soy;
más tengo deseo de ser toda de Dios”. 19.3
DIALOGO
CON LA VIRGEN Y NUESTRO SEŃOR
Le contaba todo (A la Virgen) lo que me pasaba, y
Ella me hablaba.
Desde nińa le hablan la Santísima
Virgen y Nuestro Seńor. Ella piensa que eso es natural. Que les sucede a
todos cuantos comulgan. Ella siente una intimidad divina que le trae paz,
humildad, arrepentimiento, ansias de amar, sufrir y de ser carmelita. Le
escribe Teresa de los Andes al P. Antonio Ma Falgueras.
[207],
para contarle como le hablaba a la Santísima Virgen, como le hablaba el Seńor
después de comulgar, en su lecho de enferma. “Reverendo Padre: Puesta
en presencia de Dios, voy a declararle todo lo que por mi alma ha pasado. Yo
nunca he hecho caso de lo que he visto, creyendo fuera mi imaginación la que
me representaba ciertas imágenes, aunque las tales dejaban siempre en mi alma
humildad, amor, confusión al ver mis miserias, arrepentimiento y, sobre todo,
agradecimiento hacia ese Dios lleno de bondad y misericordia. Desde
los siete ańos, más o menos, nació en mi alma una devoción muy grande a mi
Madre, la Santísima Virgen. Le contaba todo lo que me pasaba, y Ella me
hablaba. Sentía su voz dentro de mí misma clara y distintamente. Ella me
aconsejaba y me decía lo que debía hacer para agradar a N. Seńor. Yo creía
que esto era lo más natural, y jamás se me ocurrió decir lo que la Santísima.
Virgen me decía”. Nuestro Seńor
me hablaba después de comulgar.
“Desde
que hice mi Primera Comunión, N. Seńor me hablaba después de comulgar. Me
decía cosas que yo no sospechaba y aun cuando le preguntaba, me decía cosas
que iban a pasar, y sucedían. Pero yo seguía creyendo que a todas las
personas que comulgaban les pasaba igual, y una vez le conté a mi mamá no me
acuerdo qué cosa de lo que N. Seńor me dijo. Entonces me dijo lo dijera al
Padre Colom, pero a mí me daba vergüenza”. Nuestro Seńor
me habló. Me dijo que lo acompańara.
“A
los catorce ańos, cuando estaba enferma en cama, Nuestro Seńor me habló. Me
dijo que lo acompańara. Entonces me dio la vocación, pues me dijo que quería
que
mi corazón fuera sólo para Él, y que
fuera carmelita. Desde ese momento pasaba el día entero en una íntima
conversación con N. Seńor, y me sentía feliz en pasar sola. Muy
bien distinguía la voz de mi Madre Santísima y la de mi buen Jesús. Como
pasaba los días enteros unida a Nuestro Seńor, las ansias de sufrir y amar
crecían cada vez más. A veces sentía tanto amor que me parecía no podía vivir
si se hubieran prolongado por más tiempo Una
vez, en la noche, antes de dormir, cuando hacía mi examen de conciencia,
Nuestro Seńor se me representó con viveza tal que parecía lo veía. Estaba
coronado de espinas y su mirada era de una tristeza tal, que no pude
contenerme y me puse a llorar tanto, que el Seńor me tuvo que consolar
después en lo íntimo del alma. Duró unos dos minutos, más o menos, y su
rostro quedó por mucho tiempo esculpido en mi memoria, y cada vez que lo
representaba como lo había visto, me sentía deshacerme de arrepentimiento por
mis pecados. El amor que le tenía creía cada vez más, y todo lo que sufría me
parecía poco, y me mortificaba en todo lo que podía. Una vez en que la
violencia del amor me dominó tomé un alfiler y grabé con él en mi pecho estas
letras: J.A.M.= "Jesús, Amor mío". Y me hizo mal, porque me dio
fatiga; pero nunca lo he dicho a nadie. Otra vez, queriendo imitar a
Margarita María, tomé lo que había arrojado. Los remedios los tomaba despacio
para saborear su amargura. Pero todo esto lo hacía sin decirle nada a mi confesor,
porque me daba vergüenza. No me acuerdo bien si después le dije que Nuestro
Seńor me hablaba, pero él no le dio importancia. Solía suceder que lo que N.
Seńor me pedía para mi santificación, el Padre me lo repetía después con las
mismas palabras en el confesionario”. Una corona a la
Santísima Virgen.
“También
una vez que rezaba unas "Ave Marías" para formarle una corona a la
Santísima Virgen, desapareció todo ante mi vista y vi sobre la cabeza de mi
Madre una corona toda llena de piedras preciosas que despedían rayos de luz,
pero no vi su rostro. Yo creo que esto fue producido por mi imaginación, pues
duró un segundo, y además deseaba saber si verdaderamente la Santísima Virgen
recibía mis oraciones. Nuestro
Seńor en el Santísimo Sacramento dos veces me ha manifestado, pero casi de
una manera sensible, su amor. Una vez me dio a entender su grandeza y después
me dijo cómo se anonadaba bajo las especies de pan. Me pasó esto en el
colegio. No sé si me notarían algo después, pues una monja me preguntó algo muy
significativo, que me sorprendí y turbé toda. El ańo pasado N. Seńor se me
representó con su rostro lleno de tristeza y en una actitud de oración y los
ojos levantados al cielo y con la mano sobre su Corazón. Me dijo que rogaba
incesantemente a su Padre por los pecadores y se ofrecía como víctima por
ellos allí en el altar, y me dijo hiciera yo otro tanto, y me aseguró que en
adelante viviría más unida a Él. Que me había escogido con más predilección
que a otras almas, pues quería que viviera sufriendo y consolándolo toda mi
vida. Que mi vida sería un verdadero martirio, pero que El estaría a mi lado.
Su imagen quedó ocho días en mi alma. Lo veía con una viveza tal que pasé
constantemente unida a Él en su oración. A los ocho días no la vi más, y
aunque después quise representármela tal como era, no pude. Quizás fue por mi
culpa que la dejé de ver, pues no fui recogida después”. Siento un ansia
ardiente por contemplar a Dios.
“Después
no he vuelto a ver nada especial. N. Seńor me habla, pero mucho menos. Y ahora
nunca me dice nada que no sea sólo para mi alma, pues una vez le principié a
preguntar muchas cosas, que no se relacionaban con mi alma. Entonces me dijo
que nunca le preguntara, sino que me contentara con lo que Él me decía. Sólo
dos veces me ha dicho cosas que no se han cumplido. Por eso, desconfío sea N.
Seńor el que me habla. Sin embargo sus palabras siempre me dejan paz,
humildad, arrepentimiento y recogimiento. También
le ruego decirme sobre qué debo meditar, pues en la meditación no veo saco mucho
provecho. Siento un ansia ardiente por contemplar a Dios, pero parece que mi
entendimiento se ve rodeado de tinieblas que me impiden la contemplación.
Anoche N. Seńor me permitió contemplara la infinidad divina. Estuve una hora
y cuarto. Vi con claridad la infinidad de Dios y después mi pequeńez. Saqué
mucho fruto, porque he estado recogida, humillada y con mucho agradecimiento
hacia ese Dios que me busca a pesar de mi pequeńez, a pesar de que soy tan
pecadora e infiel a sus gracias. Dígame qué debo hacer en la oración, por
caridad; pues quiero conocer a mi Divino Esposo, a fin de amarle cada día
más. 20 “LA BÚSQUEDA DEL
AMADO”
20.1 “VIVIR LA VERDADERA UNIÓN Y
DESPOSORIO ESPIRITUAL CON SU AMADO JESÚS”
Sorprende
leer el Diario y las cartas de
Juanita Fernández Solar, y junto con la lectura caer en la cuenta de cómo
desde muy jovencita intuye en su alma esa mutua promesa entre Dios y ella de
un futuro matrimonio místico, y como ella comienza a prepararla,
purificándola de todo lo que no le permita una íntima comunicación de Dios, y
de esta forma estar dispuesta para el matrimonio místico. Siendo el
Desposorio místico, la unión de amor y la “transformación total en el Amado”.[208] El Santo
Padre San Juan de la Cruz dice que la vida espiritual se inicia con la
búsqueda del Amado, cuando el alma tiene “el corazón bien enamorado…vacío,
hambriento, solo, llagado, doliente de amor”[209] para “la verdadera unión y desposorio espiritual con
Dios”[210] “hasta el estado del matrimonio espiritual” , más
adelante agrega que en el “matrimonio espiritual hay grandes ventajas; porque
en el desposorio, aunque en las visitas goza de tanto bien el alma Esposa
como se ha dicho, todavía padece ausencias y perturbaciones y molestias…pero
cesa en el estado del matrimonio”.[211] Creo que no es difícil reconocer como Juanita, hoy
Santa Teresa de Jesús de Los Andes, tuvo su corazón bien enamorado y
hambriento para vivir la verdadera unión y desposorio espiritual con su amado
Jesús. 20.2 LEE A SAN JUAN DE LA CRUZ
Cuando
uno lee su Diario y las cartas, da
la impresión de que Juanita ha leído tempranamente al Santo Padre San Juan de
la Cruz, no obstante, lo lee a partir de los 19 ańos, siendo que murió a la
edad de 20 ańos. Siguiendo
cronológicamente su Diario y Cartas, Juanita leyó a San Juan de la
Cruz a partir de enero del ańo 1919, es decir, unos cuatro meses antes de
entrar al Carmelo. La Primera referencia la da en una nota del Diario del 27 de enero 1919; “Leí en la mańana la Suma Espiritual de
San Juan de la Cruz y tengo tanto amor, que Dios no se aparta de mi
pensamiento y es tal la intensidad de amor que experimento, que me siento sin
fuerzas, desfallecida y algo como si estuviera en otra parte, no en mí misma.
Sentí un gran impulso por ir a la oración”.[212] En la nota anterior[213] fechada el 11 de enero, comenta su tan ansiada
visita al Monasterio de las Madres Carmelitas del Espíritu Santo. Allí
conoció personalmente a la Priora la Madre Angélica y habló con ella en el
locutorio. Dice además que la madre le llamó antes de irse para darle unos
libros. No dice que libros, pero ya podemos suponer que se trata del que ella
menciona. “Suma Espiritual” del Santo Padre San Juan de la Cruz. Días
más tarde, le escribe a la Priora, la Madre Angélica[214], que pasados los días aún goza con su visita, que
ya leyó las Constituciones y Reglas, que ella debe haberle dado. También dice
que lee Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, que le encanta y saca
provecho de ella. Es
así como esta lectura le produce un cambio, tal como se lo escribe dos
semanas más tarde a uno de sus directores espirituales[215]; “He tenido a veces en la oración mucho
recogimiento, y he estado completamente absorta contemplando las perfecciones
infinitas de Dios […] Nuestro Seńor me dio a entender una noche su grandeza y
al propio tiempo mi nada. Desde entonces siento ganas de morir ser reducida a
la nada, para no ofenderlo y no serle infiel […] Esto pensé en la noche antes
de dormirme, y en la mańana amanecí con mucho amor. Recé mis oraciones y leí
la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, en que expone los grados del amor
de Dios”[216],
y habla de oración y contemplación […]sentí que el amor crecía en mí […] no
pensaba sino en Dios […] como si no estuviera en mí misma. Sentí un gran
impulso por ir a la oración[…] Principié a ver las infinitas perfecciones de
Dios, una a una, y hubo un momento que no supe nada: estaba como en Dios […]
contemplé la justicia de Dios […] Contemplé el infierno, cuyo fuego enciende
la cólera de Dios, y me estremecí […] Hubiera querido anonadarme […] Vi lo
horrible que es el pecado […] Me dijo tratara de ser perfecta […] que obrara
con perfección, pues así habría unión entre Él y yo, pues El obraba siempre
con perfección”. El Santo comenta: “es de notar que no sólo los bienes
temporales y deleites corporales impiden y contradicen el camino de Dios, más
también los consuelos y deleites espirituales”[217] Cuatro días más
tarde, le escribe a otro de sus directores espirituales:[218]
“leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz que trataba de la oración y
contemplación y del amor de Dios. Principié a sentir tanto amor de Dios que
El, aunque hiciera otras cosas, me tenía abstraído el pensamiento. Y era
tanta la fuerza del amor, que me sentía como desfallecida, sin fuerzas. Algo
como si no estuviera en mí […] Me sentía en Dios […] estuve como hora y media
[…] Todo ese día sentí mucho fervor […] Dios quiere de mí la pureza más
grande. No quiere fije la mirada en nadie, ni toque sin necesidad a nadie” Ya en la clausura le escribe una carta[219] a su amiga Elisa Valdés, en la que le dice: “En cuanto a lo que me dices de tu oración
[…] Yo creo que tu alma, como la mía, no son para la meditación. Creo te
convendrá otro modo de oración. żHas leído tú la Subida al Monte Carmelo de
Nuestro Padre S. Juan de la Cruz? Léelo. Te aprovechará mucho […] es un
tesoro. Créeme que a mí, en varias circunstancias, me ha servido de mucho
consuelo. No te desconsueles con no poder discurrir ni saberle decir nada a
N. Seńor. Él sabe mejor lo miserables que somos […] A mí me pasa muchas veces
lo mismo, y no por eso creo que mi oración es mala; pues el fin de la oración
es inflamarnos en el amor de nuestro Dios. Si el estar sólo en su presencia,
si el mirarle sólo nos basta para amarle, y estamos tan prendadas de su
hermosura que no podemos decirle otra cosa [sino] que le amamos” Algunos
meses más tarde desde la misma clausura le escribe a una amiga[220]
sobre su oración. “Casualmente he leído en Nuestro Padre San Juan de la
Cruz este modo de oración, pero no me atrevo a decirte nada. Lo único que te
aconsejo: que te humilles mucho; que no creas que porque eres buena Dios te
hace este favor, pues puede ser porque te ve muy imperfecta y te quiere traer
a mayor unión con Él. No hagas ningún caso de esas palabras, pues no sabes si
eres tú misma o Dios. Dile al padre lo que oyes y qué efecto es el que
producen en tu alma. Fíjate si después quedas acordándote de Dios; si tienes
dolor por haberlo ofendido; si tienes más fuerzas para vencerte; si te
humillas, en una palabra, si notas tú que esas palabras te hacen mejor, y
esto le dirás al padre sin ocultarle nada”. Podemos darnos cuenta sin mucho esfuerzo, del nuevo
lenguaje que utiliza y el uso determinados términos después de leer al Santo:
“Inflamarnos en el amor de nuestro Dios”[221], “Hermosura”, “amor de Dios”, y otros conceptos
que son claramente sanjuanistas, como también todas las reflexiones y
recomendaciones de sus cartas que orientan a que preocuparse por cosas externas
nos absorbe el sentido, puesto que impiden que nuestro corazón vaya a Dios,
que le amemos y que nos olvidemos de todas las cosas externas por su amor. 20.3 DESCUBRIR LO QUE DIOS OBRA EN LA
PERSONA QUE LO AMA.
Esta búsqueda del Amado, esta forma de vivir con el
corazón enamorado de Jesús, su esposo amado, hambriento de amor por él, es
una buena razón para interesarse en conocer la vida de Juanita Fernandez Solar, Santa Teresa de Jesús de Los Andes, y
así descubrir como ella es modelo de santidad atractivo para adultos y
jóvenes. Conocer su vida, nos ayuda a descubrir lo que Dios obra en la
persona que lo ama, y como la gracia de Dios actúa en persona como esta joven
santa, mostrando a los sencillos las cosa que ha escondido a los sabios.[222] Es opinión de muchos que Teresa de Jesús de Los
Andes, entró al Carmelo ya siendo Santa, es decir, que ella se santificó en
las actividades de la vida cotidiana, con su familia, sus amigos con sus
compańeras de colegios, durante sus vacaciones, caminatas, vida deportiva, en
sus padecimientos y enfermedades Cuando aún no cumplía los 20 ańos, partió al
cielo para vivir lo que ella siempre proclamo, que Dios es alegría infinita.[223] 21 ENAMORADA DE JESÚS
“Mi amado me
dice: Levántate, amada mía hermosa mía, y ven conmigo (Cant 2,10). 21.1
żES
POSIBLE ENAMORARSE DE CRISTO?
Me hecho varias veces esta pregunta,
żEs posible enamorarse de Cristo? El amor es dar y darse, es renunciar a los
deseos propios por los del ser amado sin considerar que esta renuncia es un
sacrificio. El amor verdadero desea profundamente el bien y la felicidad
plena del ser que ama. Dios nos ama y nosotros amamos a Dios.
Pero este amor no es como lo entienden comúnmente los hombres, salvo que haya
vivido una experiencia de Dios enriquecedora, como exclama Santa Teresa de
Jesús; “ˇOH, Seńor mío! ˇQué delicada y fina y sabrosamente sabéis tratar a
quienes os aman!”[224]
Pero los hombres no somos muy finos
para tratar a muchos hijos de Dios, que se deleitan por ser espirituales y no
se abstraen para nada de las cosas de Dios. Incluso, si en un instante caen,
nos place criticarlos. Pero esto no es nuevo, hay muchos casos en nuestra
historia cristiana donde hombres iluminados han vivido en la oscuridad por
ser considerados “Bichos Raros”. Un gran ejemplo es San Juan de la Cruz,
quien sintió en su piel la monición muy utilizada de que nadie es profeta en
su tierra. A pesar de haber vivido ańos muy duros desde su juventud, tiempo
en que su hermano Luis murió de hambre, es un hombre empapado de amor,
delicado y sensible. "Donde no hay amor, ponga amor y cosechará
amor", pensaba el Santo Poeta incansable buscador del amor que también
decía: "El alma que anda en amor, ni cansa, ni se cansa". Para vivir amando a Dios, es necesario
que en nuestro corazón no existan cosas que no son de Dios. San Juan de la
Cruz, define el amar a Dios así: "Amar es trabajar en despojarse y
desnudarse por Dios, de todo lo que no es Dios". Es decir, cultivando el
amor, el alma creada por Dios se acerca a los propósitos para la cual fue
establecida. En la oscuridad de la noche, San Juan de la Cruz deslumbra y con
claridad, mira sus propias raíces y ve como el hombre es como Dios, de
quien fuimos creados a su imagen y semejanza. “sed perfectos como es perfecto
vuestro Padre celestial”[225]
La permanencia de Dios en nuestra alma
y mente mejora el acercamiento espiritual, y nos acostumbrará a un dialogo
constante de hijos a Padre, de tal modo, que nuestro corazón lleno de amor
por Dios se gozará no solo de su compańía, sino que se ira preparando para el
encuentro cara a cara con Él, cuando seamos llamados a vivir la vida eterna. Dios nos ama del mismo modo como El ama
a su Hijo Jesucristo y el Hijo del mismo modo como ama a su Padre. Exclama
Teresa de Jesús: “ˇOH, Jesús y Seńor mío! ˇCuánto nos ayuda aquí vuestro
amor!, ˇporque éste tiene cogido al nuestro, que no le deja libertad para
amar en aquel momento a nadie y nada, más que a Vos![226]
El meditar que el Padre nos ama del
mismo modo como El ama a su Hijo, ciertamente nos permitirá enriquecernos de
amor hacia Dios. Un alma llena de Dios, entregada y dirigida a Él, podrá
sentir con mucha fuerza el deseo de encumbrarse hacia EL y abrirse con gran
confianza. Esto nos traerá otro beneficio, nos iremos acostumbrando a
mantenernos en mejor estado de gracia, porque irremediablemente, ya no
permitiremos que nuestra vida caiga y acepte malas acciones. En efecto, un
corazón alimentado del amor de Dios solo hace cosas buenas, en cambio un alma
influenciada por el mal, solo cosas malas. Pero debemos tener mucho cuidado en
jactarnos de que somos los preferidos de Dios por el solo hecho que hemos
tomado la determinación de ser de Él.
No obstante, nunca debemos perder el temor de Dios, entonces a través
de la oración no dejemos de rogar que nos instruya en todos, y que sea El que
dirija nuestros pasos para no caer en errores. “Los amigos viejos de Dios por maravilla
faltan a Dios, porque están ya sobre todo lo que les puede hacer falta”.[227] Un alma enamorada de Dios está
permanentemente en oración. Pero al mismo tiempo estará expuesta a ser
bombardeada por mucha gente que no está interesada en Dios, y oirá cosas que
pueden desconcertarle. Si eso nos sucede, mantengamos nuestro corazón puro y
a solas con Dios, es decir no lo dejemos contaminar. Como enseńa el místico
santo carmelita; “El espíritu bien puro no se mezcla con extrańas
advertencias ni humanos respetos, sino solo en soledad de todas las formas,
interiormente, con sosiego”.[228]
Pero, ante todo, para enseńar al alma a
enamorarse de Dios, le debemos enseńar que debe permanecer siempre humilde
ante EL. El alma enamorada es alma blanda, mansa, humilde y paciente.[229]
Esto significa sentirse dependientes en todo de Dios y para todos los
acontecimientos Diarios, para cada
una de nuestras necesidades. Por cuanto durante el día, desde el corazón,
vayamos solicitando la asistencia de Dios y agradeciendo cuanto El hace por
nosotros. "En todo dad gracias, pues esto es
lo que Dios en Cristo Jesús quiere de vosotros"[230] El llamado a amar a Jesús de los santos.
Podemos encontrar miles de citas de
santos enamorados de Jesús. Él no nos pide otra cosa que le amemos. “Ama a Jesús generosamente. Ámale
confiadamente y sin mirar hacia atrás, sin temor. Entrégate totalmente a
Jesús…. Desea amarle mucho y amar el amor que no es amado”.[231]
“A la tarde te examinarán en el amor;
aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición…… El alma que
anda en amor, ni cansa, ni se cansa………El alma que está enamorada de Dios es
un alma gentil, humilde y paciente”.[232]
“Amar a Dios es complacerle, y no vale
la pena preocuparse por el resto, sabiendo que Dios tendrá cuidado de
nosotros más de lo que se puede decir o imaginar”.[233]
“Amemos a Dios y adorémosle con corazón
sencillo y espíritu puro, que eso busca él por encima de todo”.[234]
“Basta amar al Santo de los Santos,
para llegar a ser santos”.[235]
“Bienaventurado es, Seńor, el que te
ama a Ti, al amigo en Ti, y al enemigo por Ti.…”[236]
“De ahora en adelante sólo a ti te
amo..., sólo a ti quiero estar unido..., es a ti a quien busco..., a quien
quiero servir... Porque sólo tú eres mi Seńor y yo quiero pertenecer
solamente a ti”.[237]
“Dejémonos transformar en Jesús por la
fuerza de su amor y su compasión” [238] El enamoramiento de Teresa de Los Andes
Leyendo el Diario y las cartas de esta santa carmelita, no cabe ninguna duda
de que fue una joven intensamente enamoradas de Jesús. Y este enamoramiento, comienza desde
pequeńa y se fue acrecentado a medida que pasan los ańos. Es así, como
presento más adelante, como expresa su amor a Jesús. Dice ella refiriéndose a su Primera
Comunión: "Jesús, desde ese primer abrazo, no me soltó y me tomó para
Sí. Todos los días comulgaba y hablaba con Jesús largo rato...A los 14 ańos
el Seńor le habló diciéndole que quería su corazón sólo para Él, dándole también
la vocación al Carmelo. Dentro de su preparación está la lectura de santos
carmelitas y la correspondencia con la Priora de Los Andes. A los 17 ańos
expone su ideal carmelita "sufrir y orar" y con ardor defiende su
vida contemplativa, que el mundo "tacha de inútil". Le ilusiona
saber que su sacrificio servirá para mejorar y purificar al mundo. A través de su Diario y cartas, podemos darnos cuenta, de cuan enamorada de
Jesús estaba Teresa de Los Andes. A su hermano Luis le escribe el 11 de
junio de 1919, "Cristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca”.[239] Teresa decía que su ilusión y su
constante empeńo fue asemejarse a Él, configurarse con Cristo. Por eso,
deseando llegar a ser una excelente copia suya, vivió decidida a ir hasta el
fin del mundo atravesando el fuego si hubiera sido preciso para serle fiel. Es así como de los escritos de Teresa
de los Andes, se desprende que ella amo tiernamente a Jesús. El siete de diciembre de 1915 escribió:
"Es
mańana el día más grande de mi vida. Voy a ser esposa de Jesús. żQuién soy yo
y quién es El?, el todopoderoso, inmenso, la Sabiduría, Bondad y Pureza misma
se va a unir a una pobre pecadora. ˇOh, Jesús, mi amor, mi vida, mi consuelo
y alegría, mi todo! ˇMańana seré tuya! ˇOh, Jesús, amor mío!”[240] Al día siguiente nos escribe sobre su
felicidad de ser Esposa de Jesús y luego que quiere parecerse a él. “Madre
mía, mańana 8 de diciembre de 1915, seré doblemente tu Hija. Voy a ser Esposa
de Jesús. Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues
puedo decir con verdad que el único amor de mi corazón ha sido El.[241] “Hoy
nos hemos venido al colegio. Siento desesperación y unas ganas locas de
llorar. A Ti, Jesús mío, te ofrezco esta pena; pues quiero sufrir para
parecerme a Ti, Jesús, amor mío”. (viernes 24 de septiembre de 1915) Juanita sigue
escribiendo que ama Jesús con todos sus sentidos y que ha sido cautivada por
él.
“No
he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de
Dios. Mis ojos se deben fijar en Jesús crucificado. Mis oídos han de oír
constantemente la voz del Divino Crucificado".[242] "Mi
lengua ha de expresarle mi amor. Mi pie ha de encaminarse al Calvario”.[243] "No
he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de
Dios. Mis ojos se deben fijar en Jesús crucificado. Mis oídos han de oír
constantemente la voz del Divino Crucificado".[244] “żQuién podrá rehusar la mano del
Todopoderoso que se abaja a la más indigna de sus criaturas? ˇQué feliz soy,
hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador.
Quisiera hacerte comprender esta felicidad”.[245] Él me ha
transformado.
Teresa
de los Andes le escribe desde el Convento a su madre (9 de junio de
1919), y le cuenta de los cambios que ha percibido y como Jesús la ha
transformado. “He
pasado estos días en retiro. ˇQué feliz me he encontrado sola con Aquél que
solo vive! Mamacita, quisiera poderla hacer leer en mi alma, para que viera
todo lo que en ella ha escrito Nuestro Seńor en estos días. Quisiera que
viera mi alma iluminada con los destellos infinitos del Divino Prisionero.
Con esa escritura, con ese fuego, me hace comprender, me hace ver cosas
desconocidas, grandezas nunca vistas. No se figura, mamacita, el cambio que
ya percibo en mí. Él me ha transformado. Él va descorriendo los velos que lo
ocultaban y que, estando en el mundo, entre tinieblas, es imposible percibir.
Cada vez me parece más hermoso, más tierno; cada vez más loco... No tenga
otro atractivo que el conocerlo para que lo ame, y con locura. No quiero
seguir porque, cuando principio a hablar de Nuestro Seńor, la pluma no se
detiene”.[246] “Cuán
bien experimento que Él es el único Bien que nos puede satisfacer, el único
ideal que nos puede enamorar enteramente. Lo encuentro todo en El. Me gozo
hasta lo íntimo de verlo tan hermoso, de sentirme siempre unida a Él, ya que
Dios es inmenso y está en todas partes. Nadie puede separarme. Su esencia
divina es mi vida. Dios en cada momento me sostiene, me alimenta. Todo
cuanto veo me habla de su poderío infinito y de su amor. Uniéndome a su Ser
Divino me santifico, me perfecciono, me divinizo. Por fin, te diré que es
inmutable, que no cambia y que su amor para mí es infinito... amor eterno,
incomprensible, que lo hizo humanarse, que lo hizo convertirse en pan por
estarse junto a mí, por sufrir y consolarme”. [247] Jesús. El sólo
es hermoso.
Teresa de los Andes esta sedienta de
amor por Jesús, cada palabra de esta nota lo revela. “Jesús.
El sólo es hermoso. El sólo puede hacerme gozar”. Lo llamo, lo lloro, lo
busco dentro de mi alma. Estoy hambrienta de comulgar, pero no se me
manifiesta”.[248] “Jesús
mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfallezco. “La mirada de mi
Crucifico me sostiene”[249] “Quiero
que Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde él pueda
descansar. Quiero estar sedienta de amor para que otras almas posean ese
amor. Que yo muera a las criaturas y a mí misma para que él viva en mí. żHay
algo bueno, bello, verdadero que podamos concebir que en Jesús no esté?”[250] 22 ESPOSA DE JESÚS
“Yo lo amé y lo pretendí desde mi
juventud; me esforcé por hacerlo esposo mío y llegué a ser una apasionada de
su belleza”. (Cfr. Sab 8,12) 22.1
SU AMADO JESÚS
“Vivir la verdadera unión y desposorio espiritual
con su amado Jesús”
Sorprende leer el Diario de Juanita Fernandez Solar, y
junto con la lectura caer en la cuenta como desde muy jovencita siente en su
alma esa mutua promesa entre Dios y el alma de un futuro matrimonio místico,
y como ella comienza a preparar su alma, purificándola de todo lo que no le
permita una íntima comunicación de Dios, y de esta forma estar dispuesta para
el matrimonio místico. Siendo el Desposorio místico, la unión de amor y la
transformación en el Amado. El Santo Padre San Juan de la Cruz dice que la
vida espiritual, se inicia con la búsqueda del Amado, cuando el alma tiene
“el corazón bien enamorado…vacío, hambriento, solo, llagado, doliente de
amor”[251]
para “la
verdadera unión y desposorio espiritual con Dios”[252]
“hasta el estado del matrimonio espiritual” y más adelante agrega que en el
“matrimonio espiritual hay grandes ventajas; porque en el desposorio, aunque
en las visitas goza de tanto bien el alma Esposa como se ha dicho, todavía
padece ausencias y perturbaciones y molestias…pero cesa en el estado del
matrimonio”.[253]
Creo que no es difícil descubrir como Juanita tuvo su corazón bien enamorado
y hambriento para vivir la verdadera unión y desposorio espiritual con su
amado Jesús. Este artículo, es el primero que escribí, ańo
2005, para tratarlo con un grupo de personas que estaban entusiasmadas en
conocer con mayor profundidad la espiritualidad de Santa Teresa de Los Andes,
y fue después de leer el libro “Diarios
y Cartas” que recibí de parte del
Padre Carmelita Marino Purroy Remón. Lo menciono,
porque a él le pedí que me sugiriera en que aspecto debía fijarme para el
tema que deseaba desarrollar y me recomendó que reflexionara sobre su deseo
tan intenso de que Jesús sea el “Esposo de su alma”. Hoy, que nos aproximamos a celebrar el centenario
de la partida al Cielo de Santa Teresa de Los Andes para vivir por siempre
junto al “Esposo de su alma”,
comparto esta reflexión, para que nos anime a conocerla más. La fuente es el Diario de Santa Teresa de Jesús, 5°
edición, Edición Carmelo Teresiano. “Seńor, Esposo
de mi alma”.
Es junio del ańo 1917, Juanita ya está por
cumplir los 17 ańos. Hace unas semanas atrás se ha celebrado la Ascensión del
Seńor. Escribe Juanita en su Diario[254]:
“Ascensión del Seńor al cielo de mi alma. Haré todas
mis cosas en unión con Él, por Él y para Él. Lo consolaré… Jesús mío, Esposo
de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío”. Está por celebrarse la fiesta de la Santísima
Trinidad, Juanita reflexiona: “Mańana es el día de la Trinidad. żEncontrará el
Padre la figura de Cristo en mí? ˇOh, cuánto me falta para parecerme a Él! No
tengo todavía bastante virtud”.[255] Días más tarde, el 15 de junio, Juanita
recibe en el colegio en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la medalla de
Hija de María, lo que la hace sentirse más unida a Jesús y escribe: “No
sólo soy Esposa de Jesús, sino que hoy me he unido más a Él. Soy [su]
hermana. Soy hija de María. Desde hoy como las princesas que las llevan al
palacio del prometido para ser formadas como él, ahora también voy a entrar a
mi alma, la casa de Dios. Allí me espera mi Madre y mi Jesús. ˇOh, cuánto lo
amo!”[256] Para Juanita, sentirse hija de María, no es algo
nuevo, así lo confiesa ella en una carta a un confesor: “Desde los siete
ańos, más o menos, nació en mi alma una devoción muy grande a mi Madre, la Sma. Virgen. Le contaba todo lo que me pasaba, y Ella me
hablaba. Sentía su voz dentro de mí misma clara y distintamente. Ella me
aconsejaba y me decía lo que debía hacer para agradar a N. Seńor”.[257] Estas experiencias místicas de dialogar
con la Virgen y con Jesús, comenzaron en ella a muy temprana edad, así lo da
a entender en la misma carta, y se acentuarán más luego de su primera
comunión: “Desde
que hice mi Primera Comunión, N. Seńor me hablaba después de comulgar. Me
decía cosas que yo no sospechaba y aun cuando le preguntaba, me decía cosas
que iban a pasar, y sucedían”.[258] Entonces podemos pensar que esta
temprana relación que ella tiene con Jesús es por un deseo muy íntimo de
vivir para él, es así como ella esperaba con ansiedad tener su primera
oportunidad de comulgar, como ella misma lo escribe en su Diario: “Yo
cada día pedía permiso a mi mamá para hacer mi Primera Comunión. Hasta que
accedió en 1910. Y empecé mi preparación. Me parecía, querida Madre, que ese
día no llegaría jamás y lloraba de deseos de recibir a Nuestro Seńor. Un ańo
me preparé para hacerlo Durante este tiempo la Virgen me ayudó a limpiar mi
corazón de toda imperfección…yo modifiqué mi carácter por completo. Tanto que
mi mamá estaba feliz de verme prepararme tan bien a mi Primera Comunión”.[259] Para Juanita recibir el cuerpo de Cristo, es de
mucha importancia y la hace sentirse más unida a él, tanto que para ella es
un hito en su vida, así lo escribe en su primera nota de su Diario: “Mi vida se
divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi
Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como
en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta
la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.[260] Después más adelante, en el
mismo Diario, ella escribe sobre su
emotiva experiencia en la primera comunión: “Yo lloraba.
Por fin nos dijo que no quería demorar más la unión de Jesucristo. Que ya
estaríamos sedientas de Él y lo mismo Jesucristo…Nos acercamos al altar
mientras cantaban ese hermoso canto: "Alma feliz", que jamás se me
olvidará…No es para describir lo que pasó por mi alma con Jesús. Le pedí mil
veces que me llevara, y sentía su voz querida por primera vez. ˇAh, Jesús, yo
te amo; yo te adoro!”[261] A partir de ese día, Juanita, solo querrá vivir
para Jesús, es decir entregarse por completo a él, y nace en ella el fuerte
deseo de ser su esposa. Y el dialogo con su deseado esposo continua. Este deseo, de ser para
Jesús, es cada vez más intenso. Así lo revela ella cuando nos habla de una
ocasión que enfermó: “En 1913 tuve una fiebre espantosa. En este tiempo,
Nuestro Seńor me llamaba para Sí; pero yo no hacía caso de su voz. Y
entonces, el ańo pasado me envió apendicitis, lo que me hizo oír su voz
querida que me llamaba para hacerme esposa más tarde en el Carmelo”.[262] Más adelante sigue escribiendo: “Un
día estaba sola yo en mi cuarto... Mis ojos llenos de lágrimas se fijaron en
un cuadro del Sagrado Corazón y sentí una voz muy dulce que me decía: ˇCómo!
Yo, Juanita, estoy solo en el altar por tu amor, ży tú no aguantas un
momento? Desde entonces Jesusito me habla. Y yo pasaba horas enteras
conversando con Él. Así es que me gustaba estar sola. Me fue enseńando cómo
debía sufrir y no quejarme... [y] de la unión íntima con Él. Entonces me dijo
que me quería para Él. Que quería que fuese Carmelita. ˇAy! Madre, no se
puede imaginar lo que Jesús hacía de mi alma. Yo, en ese tiempo, no vivía en
mí. Era Jesús el que vivía en mí… Tenía horario para todo el día, pero todo
lo hacía con Jesús y por Jesús”.[263] Ser solo de
Jesús.
Es tiempo de asumir que Juanita ya es una joven
adolescente y que está en edad para tomar sus propias resoluciones y así lo
hace. Juanita está más resuelta que nunca a ser solo de Jesús, en su corazón
ya está comprometida con su futuro esposo, tanto así que para referirse a él,
lo dirá diciendo: “Seńor,
Esposo de mi alma”.[264] Ella está muy ansiosa, el tiempo de espera para
celebrar los desposorios con su amado parecen eternos, pero nada de eso la
desanima. Así lo escribe ella en una nota de su Diario: “Pero
entre tanto, qué siglos son los ańos que se esperan para darle el dulcísimo
nombre de Esposo. Qué tristes los días de destierro. Pero Él está junto a mí
y me dice muy seguido: "Amiga muy querida". Esto me infunde ánimo y
sigo esforzándome para hacerme un poco menos indigna del título que llevaré.
ˇAh!, żdónde será el lugar donde celebraremos nuestros desposorios y el lugar
donde viviremos unidos? Me ha dicho el Carmen.[265] Juanita tiene 15 ańos, ella va dando pasos
seguros en lo espiritual y en su vida diaria para llegar a su meta tan
ansiada, por lo que compromete decididamente admitir como único esposo a
Jesús, solo a él lo ha de amar, además confiesa que el único amor de su
corazón es él, tal así que está decidida a servirle por siempre. En una misma
nota de su Diario[266]
escribe: "No
he de amar sino a Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de
Dios”. "Es
mańana el día más grande de mi vida. Voy a ser esposa de Jesús”. “Madre
mía, mańana [8.12.1915] seré doblemente tu Hija. Voy a ser Esposa de Jesús.
Él va a poner en mi dedo el anillo nupcial. Oh, soy feliz, pues puedo decir
con verdad que el único amor de mi corazón ha sido El”. "Hoy,
ocho de diciembre de 1915, de edad de quince ańos, hago el voto delante de la
Sma. Trinidad y en presencia de la Virgen María y
de todos los santos del Cielo de no admitir otro Esposo sino a mi Seńor
Jesucristo, a quien amó de todo corazón y a quien quiero servir hasta el
último momento de mi vida”. Esposo de mi
alma, te amo. Soy toda tuya.
Quizá sea
muy audaz en opinar lo que le sucede a Juanita, pero ella está viviendo un
noviazgo muy deseado, es tiempo de amor, de dar y recibir. Todos sabemos
que la experiencia humana del noviazgo es un período encantador de ternura y
de amor, tiempo de perfume y de fragancia, donde el corazón no disimula
ningún poema de amor, como si viviera ambientado en el campo durante la
primavera, la estación de las flores y de los aromas en un clima de alegría y
de canto. Y en su juvenil adolescencia, es el tiempo más adecuado para el
noviazgo, el tiempo del amor fresco e impetuoso, y ella siente que ama a Jesús
con ternura y sinceridad. Por eso se ha dejado seducir por el amor de Jesús: ˇˇQué
feliz soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del
Divino Pescador. Quisiera hacerte comprender esta felicidad. Yo puedo decir
con certeza que soy su prometida y que muy luego celebraremos nuestros
desposorios en el Carmen. Voy a ser Carmelita, żqué te parece? “.[267] Siguiendo
la lectura de su Diario,
encontramos que Juanita se prepara para su primer “Retiro”,[268]
ella tiene 16 ańos, y ya muestra una
gran madurez en su fe. Ha sido invitada en este retiro a meditar la parábola
de un rey que invita a sus súbditos a la conquista de una tierra infiel. Esta
parábola la preparo San Ignacio de Loyola para introducirnos en la
contemplación de la llamada de Cristo. Aquí san Ignacio se refiere a dos
textos del Nuevo Testamento, el del Apóstol San Pablo a los Corintios, con la
visión final de la historia de la salvación[269] y el
Evangelio de Juan con el llamamiento de Cristo: “Si alguno me sirve, que me
siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve,
el Padre le honrará”.[270]
Juanita en este Retiro, nos regala cinco meditaciones personales, en la
quinta concluye: “Quiero,
Esposo adorado…vivir escondida, desaparecer en Ti, no tener otra vida sino la
tuya, no ocuparme sino de Ti. Ahora también que estoy purificada, quiero que
la Sma. Trinidad venga a morar en mi alma para
adorarla y vivir constantemente en su presencia. Por último te digo que hago
voto en presencia de la Sma. Trinidad, de la Sma. Virgen, de San José y de los santos y ángeles del
Cielo, [de] no tener por Esposo sino a Jesús, único amor de mi alma”.[271] “Sufro.
Esta palabra expresa todo para mí. ˇFelicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz
de mi Jesús. ˇQué felicidad más grande es decirle: Jesús, Esposo mío,
acuérdate que soy tu esposa, dame tu cruz!”[272] “Jesús
mío, Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío”.[273] “ˇOh,
Dios mío, cuánto nos amas y qué ingratos somos! Jesús mío, Esposo de mi alma,
me ofrezco a Ti. Haz de mí lo que quieras”.[274] “Quiero
ser animosa, fuerte, generosa en servirte, Seńor, Esposo de mi alma”.[275] Ha decidido en
su corazón vivir en unión íntima con Jesús.
El noviazgo es amar, es hablar al
corazón, es regalo de amor, abandonarse al amado. La adolescente Juanita,
ya ha decidido en su corazón vivir en unión íntima como esposa de Jesús. En
una misma nota de su Diario
escribe:[276]
“oí
en el fondo de mi corazón la voz de mi Jesús” “Jesús
querido, żqué dices de este soldado tan cobarde, tan imperfecto? Perdóname”. “Me
arrojo en ese inmenso océano de amor de tu Corazón”. “ˇOh,
qué hambre tengo de Jesús! Le amo” “ˇQué
deseos tengo de andar enteramente recogida con los ojos bajos y dentro de mi
alma con Jesús! Le amo. Sin El no vivo”. “Jesús
mío, dame permiso de hacer penitencia”. “He
gozado, pues me figuraba servir a Jesús. Hablé hoy bastante con Jesús”. Impaciente por los “desposorios”.
Juanita está enferma, es noviembre de 1917. Pero
todo lo puede con el amor de Jesús y el amor que ella siente darle. Ella es
una novia enamorada absolutamente de su futuro esposo, y está impaciente por
los “desposorios”. “Estoy
enferma. No puedo comer nada. Ayuno. Estoy feliz. Qué bueno es mi Jesús que
me da su Cruz. Soy feliz. Así le demuestro mi amor”.[277] “Anoche, una
hora con Jesús. Hablamos íntimamente. Me reprochó el que yo no acudiera como
antes en mis dudas y penas a su Corazón. Que Él me quería virgen, sin que
ninguna criatura me tocara, pues debía ser toda para Él. Me apoyó sobre su
Corazón…En fin, que no fuera sino de El: virgen, intacta, pura”. [278] “Ya no puedo
más. Si Jesús no me sostuviera, no sé qué haría, pues pasaría todo el día sin
hacer nada, tendida”.[279] “Jesús querido,
cada vez que me siento mal, siento nostalgia de Ti, de ese Cielo en donde no
te ofenderé más, en donde me embriagaré de tu amor, en donde, Jesús, seré una
contigo, pues he de estar en Ti y moverme en Ti”.[280] “Jesús me pidió
una total unión con El”[281] “Jesús confiaba
en que yo me inmolaría aún más. Que cada hora renovara mi propósito”[282] “Pienso que cómo
no me vuelvo loca de amor por Jesús, siendo digno de toda mi veneración, amor
y desvelo. Cuán poco lo amo en comparación de lo que El me ama. żCómo no me
vuelvo loca por Él?” “Sólo Tú, Jesús,
eres el único capaz de enamorarme”.[283] Juanita participa en su tercer Retiro y
se propone reflexionar sobre once puntos distintos. Ella ya tiene 18 ańos y
ya ha tomado decisiones importantes, ha resuelto ser esposa de Cristo y tiene
ya en mente ser carmelita descalza, por tanto, hay un grado de madurez en su
fe muy importante. “Consérvame pura
para Ti. Que cuando muera pueda decir: qué felicidad que al fin me perderé en
el Océano infinito del Corazón de Jesús, mi Esposo adorado”.[284] 23 EL RETIRO
ESPIRITUAL Y LA EXPERIENCIA DE DIOS
“Yo te conocía
sólo de oídas, más ahora te han visto mis ojos”. (Job 42,5) 23.1
DÍAS
DE RETIRO, A SOLAS CON DIOS.
Descubrir a un
Dios más cercano
Participar en
un Retiro Espiritual, se puede considerar como algo frecuente. No obstante,
debemos hacernos una pregunta, żes esto más nombre que otra cosa? żO es algo
que en los hechos nos ayuda de verdad? Teresa de los Andes escribe en su Diario la experiencia de 5 Retiros
entre 1916 a1919 (de los 16 a los 19 ańos) La Santa, en sus reflexiones nos
hace caer en la cuenta de que lo más importante, es confiar que un Retiro nos
mejora la vida espiritual. Lo que parece claro, es que resulta hoy más que
nunca necesario y transcendente por las consecuencias que trae al alma y los
resultados que nos regala, como ella nos demuestra en las resoluciones que
decide tomar después de cada Retiro. El modo de vida
al que estamos siendo empujados, lleva a muchos a pensar que creer en Dios ya
no es necesario, pensar en el Cielo o en el infierno es algo ridículo. Incluso
puedo opinar que Dios ha llegado a ser para unos cuantos un ser profundamente
extrańo. Por eso hay quienes ya dicen; pero... żexiste Dios todavía?".
Lo que sucede, a mi parecer, es que el hombre actual es algo despreocupado
para la vida religiosa. Incluso para muchos, hablar de Dios es molesto, ya
que estorba para sus intereses cotidianos, es algo que les incomoda el
proyecto vida y no desean estar arrinconados por EL. Entonces, unos
días de Retiro ayudan o sirven para descubrir a un Dios más cercano, presente
en la plataforma de nuestra vida diaria, entregándonos una profundidad
sobrenatural a nuestra vida de cristianos. Es el momento
para desapegar nuestra visión terrenal de la vida. Es momento de pensar en
una vida sobrenatural. Es momento para mirar a Dios desde otro punto de
vista. Días de Retiro.
Recogimiento, a solas con Dios. żPor qué no? Así es, los días de Retiro son
días de silencio, a solas con Él. Días de recogimiento interior. La experiencia
de Dios de Juanita en los Retiros
Si leemos con
detenimiento los razonamientos de Juanita, su experiencia de Dios está muy
presente en su vida. Ella comenta muchos hechos siempre relacionados con
Dios, parece hablar con autoridad acerca de sus atributos. Para Juanita,
hablar de Dios, o bien reflexionar sobre Dios y comprenderlo desde su fe a
partir de su propia conciencia, nos muestra que tiene a su joven edad,
fundamento experiencial e intenta en ella y a través del conocimiento que le
ha dado esta experiencia, una buena comprensión de la fe. Esto, hace que hoy
Santa Teresa de los Andes, un buen modelo para que muchos jóvenes, pierdan el
miedo de hablar de las cosas de Dios, y al mismo tiempo, animarlos a que se
relacionen más con EL. El Diario de Juanita Fernandez
Solar La presente
reflexión, está fundamentada en el Diario
de Juanita Fernandez Solar, hoy Santa Teresa de los
Andes. Como sabemos, el Diario es
algo muy personal, para algunos una autobiografía con el registro de las
fechas, y cuyo propósito, es una lectura interior y privada de quien lo
escribe. El 14 de marzo de 1920, durante la visita del P. Blanch, ella
le pide con insistencia recuperar y quemar su Diario que ella había dejado a su madre. Gracias a Dios, no fue
hecho y podemos descubrir, desde su Diario,
a Juanita Fernandez Solar (Santa Teresa de los
Andes) a partir una visión mística que fue muy bien orientada por sus
directores espirituales. Asimismo, ella se compenetra muy bien en cada Retiro
que participa. Sus reflexiones y resoluciones se fundan en el ejercicio
espiritual recibido. También están
las cartas, donde ella reflexiona aún mucho más, pero me parece que un Diario es algo íntimo, con profundas
meditaciones, donde se expresan y se desahogan diversos sentimientos y sobre
esas emociones, deseo aprender de la experiencia que la Santa tiene de Dios.
Por esa razón, voy a dejar cada palabra y cada coma de sus escritos sobre los
Retiros, nada sobra y no haría bien dejar solo las sentencias que parecen más
relevantes. Santa Teresa de
los Andes participa en tres retiros antes de entrar al Monasterio del
Espíritu Santo, hasta ahí, será Juanita, luego ella participará como
religiosa carmelita en dos Retiros más, desde ahí será Teresa. 23.2
PRIMER
RETIRO, 1916
Para servir
y amar a Dios sobre todas las Cosas
Siguiendo la lectura de su Diario, encontramos que Juanita se preparara para su primer
“Retiro”, [285] ella tiene 16 ańos, y
ya muestra una gran madurez en su fe[286], algo que en estos
tiempos no parece encontrarse en muchos jóvenes. Juanita se
dispone a tener mucho aliento y generosidad para este Retiro. Comienza
reflexionando que; “Para hacer
bien los ejercicios son dos cosas necesarias: “Tener ánimo
y liberalidad” “Ponerse en manos de Dios”. Ella se está refiriendo a las enseńanzas del Seńor Jesús para estas
dos cosas necesarias. En efecto, el
Seńor nos dice en los Evangelio que siempre tengamos ánimo y nos da la razón
del porqué: “Tengan ánimo y
levanten la cabeza porque se acerca vuestra liberación”.[287]
Y la palabra ánimo del Seńor invita a un esfuerzo confiado; “ˇánimo!: yo he
vencido al mundo”.[288]
También la expresa para que le tengamos confianza; “ˇAnimo!, que soy yo, no
temáis”.[289] Para
tener aliento; “ˇAnimo, levántate! (el Seńor) Te llama”.[290]
Para reanimarse; “ˇAnimo!, hija, tu fe te ha salvado”.[291]
Y para esto hay que “Ponerse en manos de Dios”. Como también lo canta el salmista: “En Dios, cuya
palabra alabo, en Dios confío y ya no temo”[292] Después Juanita nos propone para este Retiro cinco meditaciones: “Por Dios, de Dios y para Dios. Este es el fin de
toda criatura”,
En la primera meditación; “Por Dios, de Dios y para Dios. Este es
el fin de toda criatura”, es lo que nos enseńa nuestra doctrina: “Dios creó
todo para el hombre[293]
pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la
creación”.[294] Y
luego ella nos recuerda la Escritura; “Y
dijo Dios: Hagamos al ser humano a
nuestra imagen, como semejanza nuestra” [295] Seguidamente
Juanita escribe: “Fuimos creados por Dios. ˇQué bondad la de Dios,
pues nos tuvo en su mente una eternidad y después nos sacó de la nada! Soy un
poco de barro, pero hay algo más grande en mí: mi alma, que Dios hizo a su
imagen y semejanza”. En las palabras escrita por Juanita, encontramos
que ella en su juventud comprende bien los evangelios, que subrayan que el
amor existencial y total a Dios es el primer mandamiento. Recordemos la
respuesta de Jesús al escriba que le interrogó sobre este punto y que es
clara y explícita: “el primer precepto consiste en amar al Seńor Dios con
todo el corazón, y con toda el alma, y con toda la mente, y con todas las
fuerzas”[296] Sigue
escribiendo Juanita: “Luego lo único que tengo yo de valer es mi alma,
puesto que es inmortal. Luego es más grande que el mundo, ya que éste tiene
fin”. Como dice el Evangelio: “Pues żde qué le servirá al hombre ganar
el mundo entero, si arruina su vida? O żqué puede dar el hombre a cambio de
su vida?”[297] Y
agrega ella: “Mi alma no es del mundo. De consiguiente, es de
Dios, único capaz de saciarla porque es infinito. Soy de Dios. El me creó”. Este amor se
demuestra concretamente con la observancia de los mandamientos del Seńor.[298]
Efectivamente, amor significa comunión con Dios, y por tanto conformidad
plena con su voluntad.[299]
El que ama conoce a Dios[300],
pero este conocimiento según el lenguaje bíblico indica vida de comunión
profunda, como la que reina entre el Padre y el Hijo, por una parte, y entre
el buen pastor y sus ovejas, por otra.[301] Teresa escribe
una deliberación: “Es mi principio y mi fin. Para ser enteramente
de El debo cumplir perfectamente su divina voluntad. Si Él es mi padre y
conoce el presente, el pasado y el porvenir, żpor qué no abandonarme a Él con
entera confianza?” Mediante el amor uno permanece profundamente unido
a Dios y a su Hijo, es decir, vive en perfecta comunión con la santísima
Trinidad.[302] żPara qué fuimos creados? Para servir y amar a Dios
sobre todas las cosas”.
En la segunda
meditación Juanita nos propone
reflexionar para que fuimos creados: “żPara
qué fuimos creados? Para servir y amar a Dios sobre todas las cosas”. Las Sagradas
Escrituras nos piden; “Aplicad ahora vuestro corazón y vuestra alma a buscar
al Seńor, vuestro Dios”.[303]
Y también pide: “guardar sus mandatos, sus instrucciones y sus leyes con todo
el corazón y toda el alma” [304]
Escribe
Juanita: “Dios dotó al hombre de razón para que comprendiera el beneficio de
la creación. żCómo debemos servir a Dios? “San Pablo no pide que debemos servir; “con un celo sin negligencia;
con espíritu fervoroso; sirviendo al Seńor; con la alegría de la esperanza”[305] Juanita nos dice también como hay que servir: “Como sirve un criado a su amo, haciendo
lo que a éste le plazca. Dios me manifiesta su voluntad. Si yo la cumplo, lo
glorifico, pero haciendo siempre lo más perfecto”. Hecho a imagen
y semejanza de Dios[306]
el hombre es el ser que refleja mejor su esplendor, su gloria y su grandeza,
así lo canta el Salmo: “ˇOh, Dios, Seńor nuestro, qué glorioso es tu nombre
por toda la tierra!”[307] La Santa sigue reflexionando: “Para servir a Dios debemos ser indiferentes para todo aquello que no
le da gloria. Debemos tener a Dios por fin en nuestras obras, mirar el amor
que nos tiene”. Lo expresa ella tal como nos enseńa el Evangelista
Juan; “Mirad qué amor
nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ˇlo somos!”[308] Sigue
reflexionando: “Nuestro corazón no debe apegarse a las cosas del
mundo sino a Dios. Tenerlo puro de todo amor desordenado, ya que todo es
perecedero, y amar aquello que nos lleva a Dios”. El salmista
canta: żQuién subirá al monte del Seńor ?, żquién podrá estar en su recinto
santo? El de manos limpias y puro
corazón, el que a la vanidad no lleva su alma, ni con engańo jura”. [309] En el capítulo 5 de Subida del Monte Carmelo,
San Juan de la Cruz nos habla de lo necesario que es para el hombre subir a
hablar a Dios y como debe subir desprendido de todo, no llevar consigo nada,
nada. Juanita, también ve la necesidad de desprenderse de todo, es decir no
apegarse a nada, debe subir sola, no debe llevar nada, con “suma desnudez y
vacía de espíritu”[310],
vacío de todo lo que no es necesario para ser acogido por Dios. “El pecado es un monstruo”.
Sigue en la tercera Meditación: “El pecado es
un monstruo”. Los Evangelios nos muestran
la
misericordia de Jesucristo con los pecadores: “Este acoge a los pecadores y
come con ellos”.[311]
Esa es una gran misión del Seńor entre los hombres, ya el ángel le había
anunciado antes de nacer Jesús a José: “tú le pondrás por nombre Jesús,
porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.[312]
Y en la institución de la Eucaristía, Jesús dice: “porque ésta es mi sangre
de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados”. [313] Es importante
destacar en esta tercera meditación la confianza de Juanita en la
misericordia de Dios frente al pecado, San Agustín nos enseńa que:” Dios,
“que te ha creado sin ti, no te salvará sin ti”[314]
No obstante para gozar de la misericordia de Dios, es necesario la confesión
de nuestras faltas, como lo dice el Evangelio de Juan. “Si decimos: No
tenemos pecado, nos engańamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos
nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos y purificarnos de toda
injusticia. Si decimos: No hemos pecado, le hacemos mentiroso y su Palabra no
está en nosotros”.[315]
Como afirma san Pablo, “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”[316] Juanita medita:
“Los dos primeros pecados. Luzbel en el cielo, por un solo pecado de
pensamiento, es convertido en demonio. Y yo żcuántos pecados he cometido en
mi vida? Y Dios no me ha castigado; antes por el contrario, me ha colmado de
gracias. ˇCuántas veces me ha perdonado! Y arrojó por una sola desobediencia
a nuestros primeros padres”. Y luego
Juanita se pregunta cómo lo hace el salmista: “żCon qué te pagaré, Dios mío?” El
Salmista canta; żCómo al Seńor podré pagar todo el bien que me ha hecho? [317] Después reza: “Apártate,
oh pecado, de mí. Te aborrezco con terrible odio”, “Quiero ser de Dios.
Quiero morir antes que cometerte”, “Perdón, Dios mío, perdón, bondad y
misericordia infinita”. Canta el salmo: “ˇTenme piedad, Seńor, sana mi
alma, pues contra ti he pecado![318] Sigue Juanita: “Antes
prefiero morir que ofenderte, aún con la más ligera falta. Te amo y el
pecado me aparta de Ti”. Canta el salmista:
“Tenme piedad, oh, Dios, según tu amor, por tu inmensa ternura borra mi
delito, lávame a fondo de mi culpa, y de mi pecado purifícame”. [319]
“De los pecados de mi juventud no te acuerdes, pero según tu amor, acuérdate
de mí. por tu bondad, Seńor”[320] Finalmente medita como Dios habita en nosotros. Esto nos recuerda a
San Agustín, que se muestra en sus confesiones como un gran buscador de Dios
cuando expresa; “tú me preguntas żdónde encuentro a Dios? Te contesto:
búscale en tu interior, en el fondo de tu alma”. Ciertamente, los buscadores
de Dios, como también lo fue Juanita, saben bien que no sólo Dios está con
nosotros, sino que además mora en nosotros; tal como también lo dice el
Santo; “tan íntimamente es mi unión con Dios, que no podemos imaginarnos ninguna
otra unión semejante”. Sigue
reflexionando Juanita, que nuestra vida ha de ser de la Santísima Trinidad
que está en nosotros, pero no solamente cerca de nosotros, también con
nosotros y quiere que su alma contemple a Dios en ella, entonces medita. “Del amor ordenado que hemos de tener a
todas las cosas. Que nuestro corazón ha de ser de la Sma.
Trinidad..”. Ella ya entiende que la Santísima Trinidad mora dentro de nosotros y nos
comunica continuamente algo de su vida. De esta forma estamos cobijados y escondidos
en el seno de la Santísima Trinidad. “Quiero vivir
dentro de mi alma de manera que siempre contemple a Dios en ella. żY yo no
querré sufrir nada por su amor?” y sigue luego: “Yo que soy una nada criminal, mientras
que El sufre siendo un Dios que tiene derecho a ser adorado y servido por
sus criaturas…” El Retiro le
va dejando muchos bienes que ordenan su vida para su camino a la santidad,
tal es así que ella reflexiona también en estos días de recogimiento sobre
las vanidades de la vida: “Hay tres clases de ánimo: Primero: “Cuando se
está en pecado mortal, se es atraída por la sensualidad y se vive en ella”.
Segundo: “Cuando se está en gracia, se sienten paz, consolaciones interiores
y deseos de ser buena”. Tercero: “Cuando el alma no siente ninguna
consolación interior, pero siente los impulsos de la gracia y los sigue y
resiste a la naturaleza. Es el estado mejor porque vivimos en la humildad”. Juanita goza ya ciertas virtudes morales, capaz de
reconocer que de sí misma solo tiene la nada y el pecado. Todo es un don de
Dios de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria. El hombre
humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha
descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros
tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es
así libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en
juicios que no le pertenecen. Teresa de Jesús dice en la Sextas
Moradas: “Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad, que lo es
muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada”[321]
La virtud de Juanita, es ver las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo
como malo. Ciertamente, en la medida en que un hombre es más humilde crece una
visión más correcta de la realidad. “ˇAy, Seńor, qué grande eres en tu misericordia!”
En la cuarta
meditación escribe sobre la pecadora que fue a los pies de Jesús en casa de
un fariseo. [322] “La Magdalena
arrepentida”.; “ˇAy, Seńor, qué grande
eres en tu misericordia!” La
misericordia del Seńor es como reza el salmo: “Mas tú, Seńor, Dios clemente y
compasivo, tardo a la cólera, lleno de amor y de verdad” [323] El Evangelio de Juan relata que una mujer llamada
María: “ungió al Seńor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos” [324]
y Juanita, imitando el amor que le regalo la pecadora al Seńor dice: “Yo me postro a tus pies y los lavo con mi
llanto”. Continúa Juanita: “Si Jesús
adorado, yo pequé; pero Tú me has salvado” Es una gran virtud reconocer que somos pecadores,
es camino al cielo. Como también lo hizo el buen ladrón, al reconocer sus faltas
el Seńor desde la misma Cruz le prometió el Paraíso.[325]
Así también lo reconoce el Salmista: “contra ti, contra ti solo he pecado, lo
malo a tus ojos cometí”. [326]
Y agrega
Juanita: “Vengo a humillarme delante de
tu Ministro que te representa. SÍ, Jesús, Tú que perdonaste a la Magdalena,
perdona a una más pecadora que ella”. Como
dice el Seńor: “Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados,
porque ha mostrado mucho amor”[327]
y Juanita confiesa que: “Yo te he
amado toda mi vida y espero amarte hasta el fin. Perdóname; Jesús, que no
sabía lo que hacía al ofenderte. Sí, Jesús; antes morir que ofenderte.
Quiero, como Magdalena, retirarme a servirte para estar siempre junto a Ti.
No quiero a nadie sino a Ti. Quiero unirme a Ti para siempre, porque la felicidad
no consiste sino en amarte”. “Parábola de un rey que invita a sus súbditos a la
conquista de una tierra infiel”.
En la quinta meditación nos habla de la “Parábola de un rey que invita a sus
súbditos a la conquista de una tierra infiel”. Se refiere a la
Parábola de San Ignacio de Loyola para introducirnos en la contemplación de
la llamada de Cristo. Aquí san Ignacio se refiere a dos textos del Nuevo
Testamento, el del Apóstol San Pablo a los Corintios, con la visión final de
la historia de la salvación [328]
y el Evangelio de Juan con el llamamiento de Cristo: “Si alguno me sirve, que
me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me
sirve, el Padre le honrará”.[329] Medita: “Jesús nos invita a la conquista del
reinado de su Sdo. Corazón. Para esto debemos: Primero: “Reformarnos
a nosotros mismos. Estar dispuestos a todos los sufrimientos para gozar
después con Él en el cielo”. Como dice el Seńor en el Evangelio de
San Juan: “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este
mundo, la guardará para una vida eterna”.[330] Segundo: “Estar
dispuestas a seguir a Jesús donde Él quiera”. Así mismo lo ha
pedio el Seńor: “Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a
su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida,
no puede ser discípulo mío. 27 El que
no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío”.[331] Es así como Juanita medita largamente: “El elige la pobreza, las humillaciones, la Cruz y
exige para mí todos estos dones. żNo se los recibiré gustosa después que El
me creó prefiriéndome a tantas almas, que me conserva la vida, que me ha
librado del infierno, más aún, que ha sufrido durante treinta y tres ańos
toda suerte de trabajos y muere por último en una cruz como el más infame de
los hombres, entre dos ladrones, mirado como facineroso, hechicero, traidor,
loco, blasfemo? żY yo no querré sufrir nada por su amor? Yo que soy una nada
criminal, mientras que El sufre siendo un Dios que tiene derecho a ser
adorado y servido por sus criaturas”. Y así luego Juanita hace
una apasionada oración: “Oh Jesús,
aquí me tienes postrada ante tu Divina Majestad, llena de vergüenza y
confusión de ver mi pequeńez, mi miseria y mis muchos pecados. żHasta cuándo,
Jesús mío, tendrás piedad de esta pecadora? Desde ahora me pongo en tus
divinas manos. Haced de mí lo que queráis. Sí, estoy dispuesta a ser
humillada para castigar mi orgullo. Quiero, Esposo adorado, vivir escondida,
desaparecer en Ti, no tener otra vida sino la tuya, no ocuparme sino de Ti.
Ahora también que estoy purificada, quiero que la Sma.
Trinidad venga a morar en mi alma para adorarla y vivir constantemente en su
presencia. Por último, te digo que hago voto en presencia de la Sma. Trinidad, de la Sma.
Virgen, de San José y de los santos y ángeles del Cielo, [de] no tener por
Esposo sino a Jesús, único amor de mi alma”. Juanita se propone al final de este retiro algunos
propósitos, y son los que se resuelve luego de unos ejercicios Ignacianos
bien aprovechados. San Ignacio de Loyola propone tres tipos de humildad: El primer tipo de humildad es necesario para la
salvación eterna y consiste en rebajarse y humillarse lo más posible, para
obedecer en toda la ley de Dios, Nuestro Seńor, de tal forma que, aunque volviera
el Seńor de todas las cosas creadas en este mundo o estuviera en riesgo la
propia vida temporal, nunca hay que pensar en transgredir un mandamiento, sea
divino o humano. El segundo tipo de humildad es una humildad más
perfecta que la primera. El tercer tipo de humildad es la humildad más
perfecta. Es cuando, al incluir la primera y la segunda, siendo iguales la
alabanza y la gloria de su divina majestad, para imitar a Cristo, Nuestro
Seńor, y nos asemejemos a Él más eficazmente, y deseemos y escojamos la
pobreza con Cristo pobre en lugar de la riqueza, el oprobio con Cristo
cubierto de oprobios en lugar de honores; y deseemos más ser tomado por
insensato y loco por Cristo, que primero fue tenido por tal,
que por “sabio y prudente” en este mundo.[332]
Al finalizar
el Retiro, escribe sus “Resoluciones” “Haré examen particular”. “Practicaré
el tercer grado de humildad, que consiste en buscar desprecios, deshonras,
humillaciones con alegría y por amor a Jesucristo, considerándome indigna de
sufrir algo por Él”. “Me levantaré
y me impondré una mortificación, si me lo permiten, cada vez que caiga”. Y así reza
luego Juanita: “Jesús mío,
ahora he visto que todo lo del mundo es vanidad. Que sólo una cosa es
necesaria: amarte y servirte con fidelidad, parecerme y asemejarme en todo a
Ti. En eso consistirá toda mi ambición. Quiero, pasar contigo por todas las
afrentas con alegría Y si por mi flaqueza caigo, Jesús querido, te miraré en
tu subida al Calvario y ayudada por Ti me levantaré. No permitas que te
ofenda ni aun levemente. Prefiero mil muertes antes que darte la más ligera
pena. Madre mía, lirio entre espinas, enséńame el camino del Calvario. Guíame
por esa senda de la mano. San José, custodio de vírgenes, guárdame”. 23.3
SEGUNDO
RETIRO, 1917
"Vamos a la Soledad"[333]
Entonces, estos días le resultan más fácil para
dirigirse a Dios, tratar con el cómo amigo, hablarle y escucharle. Qué bueno es
poder cerrar incluso tan solo por unas horas, la puerta de los sentidos y
olvidarnos de las ocupaciones ordinarias, o de las preocupaciones que nos
turban para dar prioridad a la actividad interior, al examen de conciencia, a
la reflexión sosegada, es decir, a la pausa para sentirse en la “Presencia de
Dios” en nuestra vida. No es fácil el
silencio, porque es algo a lo cual no estamos acostumbrados, incluso, hay
quien le tiene miedo al silencio y busca acompańarse del ruido. żSera por
miedo a encontrarse con uno mismo? Con todo,
buscar la soledad es algo normal en el alma espiritual, porque en la soledad
sucede o viene con más disposición el encuentro del alma con Dios. Sin otras
preocupaciones que distraigan nuestra solicitud. También resulta más fácil
dirigirse a Dios, tratar con el cómo amigo, hablarle y escucharle, del modo
como lo relata Juanita. “Hoy entro a retiro. [334]
El “hoy entro”,
tiene un gran sentido, es entrar tanto dentro de sí mismo, como salirse de
toda preocupación superficial. Para entrar, hay que retirarse de lo exterior. El Seńor se
retiró a orar a una propiedad llamada Getsemaní, tomando consigo a Pedro y a
los dos hijos de Zebedeo, (Juan y Santiago)”[335]ellos
siguieron de la voz de Jesús. Juanita también
dice: “Oigo la voz de mi Jesús que me dice "vamos a la soledad".
"La llevaré a la soledad y allí le hablaré a su corazón". Me
retiro con Él en lo íntimo de mi alma y allí, como en otro Nazaret” Está encantada
de seguir a Jesús. El Seńor
siempre pidió a sus amigos que lo siguieran. Se encuentra con
Felipe y le dice: “Sígueme”.[336],
a Pedro le dice: “Apacienta mis ovejas luego le dice: Sígueme”.[337]
“Jesús vio a un publicano llamado Leví, (Mateo) sentado en el despacho de
impuestos, y le dijo: Sígueme. El,
dejándolo todo, se levantó y le siguió.[338],
ellos escucharon su voz, y
acogieron el llamado. Otro no lo quiso seguir, aunque le ofreció algo
hermoso: “tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”.[339]
Toda una
experiencia de Dios es el saber cuáles son nuestras raíces, nuestro origen.
Como cristianos estamos llamados concientizarnos que es primer fundamento,
sustento y raíz, es Dios. Somos familia de los hijos de Dios. La verdadera
patria y origen del cristiano es Dios. Juanita ya lo sabe: “ˇOh, cuán
grande me considero después de haber visto mi origen - ˇtodo un Dios! - y mi
fin: ˇun Dios Infinito! Aquí está mi voluntad. Si soy generosa, me daré toda
a mi Jesús, que lo ha dado todo por mí. Las criaturas y todo cuanto poseo me
lo ha dado Dios”. Y haciendo la
voluntad de Dios, a quien le pertenecemos, las Palabra se Jesús, nos hacen
aún más hermanos de él, es decir más familia de Dios: “Pues todo el que
cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi
madre”.[340], es
así como también Juanita nos dice: “En todo, pues, debo cumplir la Voluntad de Dios,
de mi Creador, de mi Salvador y de mi Todo. Le pertenezco”. Dice el Seńor:
“No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que
corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el
cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven
y roben”.[341] “żQué son todas las cosas sino vanidad?
Hay mucha
claridad en esto cuando Juanita escribe para este retiro: “żQué son
todas las cosas sino vanidad? Todo pasa, todo se muere. Luego, żpara qué
apegarme a cosas transitorias, que no me llevan a Dios que es mi fin? Oh, mi
Dios, no sé con qué pagarte tantos beneficios como me otorgas. Seńor, desde
ahora quiero serte fiel. Quiero ser
indiferente a todo, menos a Dios y mi alma”. Jesús conoce y
denuncia los pecados concretos, como la vanidad, el orgullo, la mentira, el
apego a las riquezas, la explotación de los demás, el robo, el adulterio, el
homicidio.[342]
Juanita se dirige a Dios: “ˇOh qué ingrata me veo para con mi Dios…He
comprendido que lo que más me aparta de Dios es mi orgullo”. Frente a este
pecado del orgullo, el Seńor Jesús nos ha propuesto tomar su propio ejemplo;
“Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es suave y
mi carga ligera”.[343]
Atenta a la Palabra del Seńor, Teresa
escribe lo que se propone: “Desde hoy
quiero y me propongo ser humilde. Sin la humildad las demás virtudes son
hipocresía. Sin ella las gracias recibida de Dios son dańo y ruina. La
humildad nos procura la semejanza de Cristo, la paz del alma, la santidad y
la unión íntima con Dios”. Después exclama Juanita: “ˇOh, Jesús, estoy confundida, aterrada!
Quisiera anonadarme en vuestra presencia. Tantos pecados con que os he
ofendido. Mi Dios, perdóname”. En el Antiguo Testamento, nos encontramos con
muchos textos que nos hablan de la misericordia salvífica de Dios, que salva
a los que la solicitan (Gn 19), como
del mismo modo la ruina recae sobre los que le rechazan. El hombre puede
odiar a Dios que significa rehusar ese don, o bien "amar", o sea
acoger el don. El hombre se enfrenta siempre a dos caminos, la aceptación o
el rechazo de la misericordia de Dios. Pero todo es diferente para el que
ama, porque va por el camino correcto y experimenta la infinita misericordia
de Dios. Pero no hay camino prometido
al cielo para el que permanece en la culpa y para el que no ama. Juanita está
en esta misma idea, y ella no rehúsa amar la misericordia de Dios, la súplica
por ella y los demás; “El infierno
me hiela. Pero sólo una cosa me causa más horror que todo y es lo que dijo
Santa Teresa: "los condenados no amarán". ˇOh! El corazón humano
cómo sufrirá entonces, pues Dios lo creó para Él. Odiar a Dios es el mayor
suplicio”. Y sigue Juanita: “Jesús querido, acabo de ver lo que es el infierno; lo terrible que
es. Pero te digo que preferiría estar allí por una eternidad con tal que un
alma, aunque fuera tan miserable como la mía, te amara”. Y es así,
como Juanita, en este segundo Retiro, ruega por imitar el camino de Jesús y
lo hace orando: “Jesús mío, Tú crecías
en gracia delante de Dios y de los hombres. Eras obediente trabajador. Madre
mía, enséńame a imitar a mi Divino Esposo”. 23.4
TERCER
RETIRO, 1918
"Hablad Seńor"[344]
En este Retiro
se propone reflexionar sobre once puntos distintos. Ya tiene 18 ańos y ya ha
tomado decisiones importantes, ha decidido ser esposa de Cristo y tiene ya en
mente ser carmelita descalza, por tanto, hay un grado de madurez en su fe muy
importante. Hay en este Retiro, implícito los escritos del Antiguo
Testamento. En todo Retiro, la Biblia cumple un papel importante. Dice la
Escritura: “Y ahora, Israel, żqué te pide tu Dios, sino que temas al Seńor tu
Dios, que sigas todos sus caminos, que le ames, que sirvas al Seńor tu Dios
con todo tu corazón y con toda tu alma, que guardes los mandamientos del
Seńor y sus preceptos que yo te prescribo hoy para que seas feliz?”[345]
Comienza su
Retiro planteando un primer punto: “El fin del hombre”
“El fin del
hombre” Amar y servir a Dios, y así, alcanzar el Cielo. Como dice las
Escrituras: “Del Seńor tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la
tierra y cuanto hay en ella”.[346] Sigue Juanita: “Qué fin más
grande: conocer a Dios, ese Dios infinito en perfecciones, ese Dios eterno,
inmutable, todopoderoso, misericordioso y bueno”. Escribe el apóstol Pablo: “Dios, rico en
misericordia, por el grande amor con que nos amó[347]
El Dios que Jesucristo nos ha revelado como Padre; cabalmente su Hijo, en sí
mismo, nos lo ha manifestado y nos lo ha hecho conocer.[348]
A este respecto, es digno de recordar aquel momento en que Felipe, uno de los
doce apóstoles, dirigiéndose a Cristo, le dijo: Seńor, muéstranos al Padre y
nos basta; Jesús le respondió: żTanto tiempo hace que estoy con vosotros y no
me habéis conocido? El que me ha visto a mí ha visto al Padre.[349]
Estas palabras fueron pronunciadas en el discurso de despedida, al final de
la cena pascual, a la que siguieron los acontecimientos de aquellos días
santos, en que debía quedar corroborado de una vez para siempre el hecho que
nos escribe el apóstol, de que “Dios, es rico en misericordia”, Todo esto:
“por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros
delitos, nos vivificó juntamente con Cristo - por gracia habéis sido
salvados”[350] Juanita, nos muestra en la siguiente reflexión que
hace, una claridad sobre nuestra identidad y como están ligadas nuestras
raíces a Dios. Creo que es una de las interrogantes a la que debemos
responder si queremos encontrar sentido a nuestra vida. En efecto, como
cristianos estamos llamados a meditar sobre esto y a ayudar a encontrar a
otros ese primer fundamento, sustento y raíz: Dios. Aquí Dios ha puesto en
nuestro camino a Juanita, para qué desde su juventud, nos ayude a encontrar
esa identidad. Reflexiona ella: “Ese Dios es
mi fin. ˇQuién eres Tú, Dios mío y quién soy yo? Yo criatura formada por tus
manos, criatura sacada de la nada, formada de barro, pero con un alma a
semejanza de Dios, inteligente y libre, destinada a darte la gloria del mundo
visible”. Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra
imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves
de los cielos, y en las bestias y en todas las alimańas terrestres, y en
todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a
imagen suya, a imagen de Dios le creó” [351]
Sigue Juanita: “Dios mío, somos tan miserables que nos rebelamos
contra Ti, Nuestro Creador. ˇPerdón! y en vez de amarte, te ofendemos. Un
solo mandamiento nos habéis impuesto y ese no lo cumplimos”. Destaca y
enseńa el Seńor: “Amarás al Seńor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu
alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento”.[352]
Y reflexiona Juanita: żDe qué te sirve ganar el mundo entero, si pierdes
el alma? Dice el Seńor en el Evangelio de Mateo: “Porque quien quiera
salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.
Pues żde qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?
O żqué puede dar el hombre a cambio de su vida?[353] Al respecto
Juanita nos enseńa: “żQué
importan las riquezas, los honores, las glorias, los carińos humanos, que
pasan y concluyen, en comparación de mi alma, que es inmortal y que vale la
sangre de Jesucristo, de mi Dios? Cuánto valdrá que el demonio la acecha para
perderla. Ahora o salvo mi alma, o la condeno para siempre. De aquí que
quiera salvarla”. “Mi fin es
amar y servir a Dios”.
El segundo propósito que se plantea en este Retiro
es: “Mi fin es amar y servir a Dios”. Dice las Santa
Escrituras: “Amarás al Seńor tu Dios y guardarás siempre sus ritos, sus
preceptos, normas y mandamientos”.[354]
Reflexiona Juanita: “Luego, si amo a Dios, cumplo su divina
voluntad”. Amar a Dios es aceptar su voluntad. Además, el Seńor nos advierte
que: “No todo el que me diga: "Seńor, Seńor, entrará en el Reino de los
Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial”.[355]
También se pregunta y sabe bien la respuesta: “żCuál es su voluntad? Que le siga y que
sea perfecta”. Que por lo demás, es lo que el Seńor nos ha
pedido: “Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre
celestial”.[356] “żCómo
alcanzaré más fácilmente la perfección?”
Y luego Juanita se pregunta y se responde: “żCómo alcanzaré más fácilmente la perfección?”
“Por medio de los consejos evangélicos: obediencia, castidad, pobreza. Debo
seguir a Jesucristo donde me llame, pues en ello va mi salvación”. Cuando nos decidimos a seguir a Cristo, resolvemos
además esforzarnos en todo sentido y deshacernos de todo aquello que nos
impida seguirlo, por eso Jesús pidió al que tenía tanto: “Si quieres ser
perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un
tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme”.[357]
Juanita ya lo ha resuelto, ella se ha decidido seguir a Jesús por un camino
muy puntual, imitar su vida y por tanto tiene por objetivo la perfección y la
caridad evangélica; “obediencia, castidad, pobreza” Y para ella es su consagración total a Dios. La obediencia es un voto más difícil, pero con el
cual más se imita a Cristo. El autor de Hebreos escribe: “y aun siendo Hijo,
con lo que padeció experimentó la obediencia”[358]
y el Apóstol Pablo expone; “y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la
muerte y muerte de cruz”.[359].
Obedecer, es confiar la vida a la voluntad de Dios, es camino para
encontrarse en el camino de santidad. El voto de
pobreza, en la sociedad de hoy que ofrece comodidades, artículos de consumo y
diversiones, también es exigente. Pero no se trata con este voto vivir en la
indigencia, sino que vivir con modestia, sobriedad y desprendimiento de las
cosas materiales para poseer un corazón libre que aspire a los bienes
espirituales. El voto de la
castidad, en especial en Juanita, es un compromiso para no tener otro amor en
su vida que no sea a su esposo, Jesucristo. En efecto, para ella no hay otra
persona que merezca más amor que Él. “El Pecado”
Una tercera
idea que expone Juanita para este Retiro es: “El Pecado” Ella dice que: “Sólo su nombre me estremece. Es
rebelión contra ese Dios tan santo”. Pero: żQue es
el pecado?, żCuándo pecamos? Creo que podemos definirlo de una forma
sencilla: Si hacemos, decimos, pensamos, u omitimos algo que va en contra de
la ley de Dios y de sus preceptos o mandamientos. También estamos pecando,
con cualquier acto o comportamiento lamentable que nos aparte de lo que es
recto o justo, o bueno a los ojos de Dios.
Es pecado lo que destruye la caridad en el corazón de las personas,
esto porque se opone al deseo de Dios y, por tanto, deja de subsistir la
caridad en el corazón, la ofende y la hiere. Estas simples cosa le aterran a Juanita: “ˇOh, qué horror, Dios mío! Mil veces morir [antes] que ofenderte ni
aun levemente, pues eres mi Padre, mi Amigo mi Esposo adorado”. “La muerte”.
Ahora nos pone en reflexión un nuevo punto: “la muerte”. Jesucristo nos ofrece
amorosamente llevarnos a la vida eterna, y ora al Padre por esto, con el
premio de que podamos conocerlo, es decir estar cara a cara con Dios. El
Evangelio según san Juan, menciona en diversos capítulos este deseo del Seńor
de llevarnos a la vida eterna. Para muchos de los que profesamos nuestra fe,
o no nos resulta fácil creer de una forma tan simple en la vida eterna o
comprendemos bien que significa, sin embargo, es parte fundamental en nuestra
profesión de fe, rezamos en el credo: Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección
de la carne y la vida eterna. Amén Es así, como nos recuerda: “Todos tenemos que morir. Todo pasa y nosotros también. Cada día nos
acercamos a esa eternidad”. Como sabemos, desde que somos concebidos en el vientre de nuestra
madre, al final de nuestra vida terrenal, todos moriremos, es decir
ninguno de nosotros se liberara de la muerte, es algo incuestionable, somos
mortales. żY qué es la muerte? En palabras simples, la muerte es el fin de la
vida terrenal, e independiente de cualquier otra definición válida, este
final nos produce un cierto horror, en especial si la vida nos parece muy
bella. Oramos por vivir, por nuestra salud, nuestro instinto de conservación
nos domina, a tal caso que defendemos la vida, es un regalo de Dios. Es tal
así, que no nos gusta pensar en la muerte, en especial, si esta es repentina
o trágica, ahí, cesan todos nuestros proyectos, nuestras esperanzas e
ilusiones. No obstante, Juanita, a
sus dieciocho ańos, gozando de su juventud nos interpela: żPara qué apegarnos a las cosas que mueren? Los honores no son
nunca semejantes a la virtud y son criaturas miserables las que los
tributan. Las riquezas se pierden en sí. No valen nada y no dan la dicha”. El Seńor por el Evangelio de Mateo, nos enseńa: “No
os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que
corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el
cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven
y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.[360] Sigue Juanita: “Los
aplausos, el carińo se apagan y se extinguen a cualquier desengańo. Sólo Dios
nos puede llenar. Él es la verdad y el bien inmutable. Él es el amor eterno”. Hemos aprendido en nuestra fe, que la
muerte no es nuestro fin, y que es el comienzo de una vida verdadera, la
“Vida Eterna”, nuestra fe, nos ilumina y vemos la muerte desde un ángulo
distinto, Cristo Luz del Mundo, nos hace ver la muerte con ojos muy distintos
de los del mundo, de tal forma que, si comprendemos lo que nos espera una vez
traspasado el umbral de la muerte, esta puede ésta llegar a hacerse deseable.
El mismo San Pablo, enamorado del Seńor, se queja "del cuerpo de
pecado" pidiendo ser liberado ya de él. "Para mí la vida es Cristo
y la muerte ganancia"[361]
Entonces, Juanita exclama apasionada: “ˇOh, Jesús mío y
Madre mía, que pertenezca a Él para siempre! Que nada me llame la
atención en la tierra, si no es el Sagrario. Consérvame pura para Ti. Que
cuando muera pueda decir: qué felicidad que al fin me perderé en el Océano
infinito del Corazón de Jesús, mi Esposo adorado”. “El juicio”
Ahora nos pone otra palabra para meditar: “El juicio” Llegará el
minuto donde el gozo se transformará en llanto, el canto en silencio, la vida
en cadáveres. Así pues, el juicio de Dios es inminente. No cabe la menor
duda, se nos ha enseńado que el juicio divino es implacable. Juanita dice
que: “De tres cosas daremos cuenta: de los beneficios, y de nuestros
pecados y de nuestras obras, según sea la intención”. El camino hacia la vida eterna se hace
con una vida recta, no hay otro modo, y para eso debemos alejarnos de muchos
males. San Pablo nos dice: “Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo
sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la
tierra”.[362]
Juanita lo sabe bien, por eso exclama: “ˇOh, Dios mío, no soy una santa a
pesar de llenarme de beneficios! Perdóname, que lo seré de ahora en
adelante. ˇMadre mía, haced que sea santa!” El punto
siguiente es: “El infierno”. Juanita dice que: “No me conmueve tanto. El pensamiento de Santa Teresa, sí:
"Los condenados no podrán amar a Dios". No obstante, esta idea, me inclino a
pensar que Dios ofrece la vida eterna a todo pecador que se arrepienta.
"Y si encontré misericordia fue para que en mí primeramente manifestase
Jesucristo toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer
en él para obtener vida eterna”.[363]
Recordemos que recibimos vida eterna por misericordia de Dios.
"manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro
Seńor Jesucristo para vida eterna”.[364] “El hijo
prodigo”
Ahora nos
presenta un nuevo tema: “El hijo prodigo” Es de común acuerdo, que la parábola del hijo pródigo es una de las
más bellas del evangelio, algunos dicen que es un “clásico” de Lucas, porque
ha entrado a formar parte de la tradición por su importancia y por su calidad
en los evangelios y, porque expresa más efusivamente la misericordia de dios
sobre el pecador arrepentido. No hay otra parábola que muestre tan
hermosamente el amor de Dios y al mismo tiempo la ingratitud del pecador y la
indigencia en la que cae por el pecado. Todos los elementos de su desarrollo
están mostrando esta solicitud de Dios por el pecador para perdonarlo. Los
detalles de esta solicitud son acusadísimos. Es evidente que este “padre” de la parábola es Dios. Queda demostrada
en esta parábola que la bondad de Dios, con los pecadores es inmensa, — sin
distinción de gravedades — tiene sobre sí el perdón de Dios, “su padre”. Así
como el tema central es “el hijo pródigo,” es también el permanente perdón de
Dios. A Juanita le ha impactado este relato, escribe
ella: “Jesús mío, he aquí lo que más me
ha conmovido: tu amor, Jesús, para con una criatura tan ingrata”. Y
sigue: “Yo me postro a tus pies y allá,
confundida, te pido perdón. Sí, Jesús mío. Desde ahora quiero vivir siempre a
tu lado. ˇOh amor, consume a esta criatura
miserable!” Siempre que nos alejemos de Dios, nos
estamos alejando de la felicidad, de la fuente del amor, entonces luego
caemos. Cuantas veces Dios, nuestro padre, nos ha recibido como el hijo
pródigo, con los brazos abiertos a la reconciliación, al perdón, a la paz y a
su bondad. En verdad, no podemos hacer esperar más tiempo a Dios, dejemos
abrazarnos por sus brazos, pidamos perdón con sencillez, humildad y
confianza. “La Cena”
Juanita nos
pone otro punto de reflexión: “La Cena” Amar la Eucaristía, es amar el Sacrificio del Altar, es decir, una
oblación o una ofrenda por el Sacrificio de Altar. Cristo, el mismo que de
corazón se declaró nuestro amigo, se hace presente. Allí los llamados a comer
el cuerpo de Cristo, "El que me come vivirá por mí"[365]
se sienten dichosos, ahí nuestro corazón se siente indigno ante el
Seńor, pero confiados porque con su Palabra, somos sanados. "Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo"[366]
cuerpo dado por nosotros, sangre derramada por nosotros. Ella se siente frente a la Eucaristía paralizada,
anonada; “Me pasa que cuando
hablan de la Eucaristía siento algo tan extrańo en mí, que no puedo pensar
ni hacer nada. Como que me paralizo y creo que, si en ese instante me
vinieran ímpetus de amor, no los podría resistir. ˇJesús mío, me anonado ante
tu amor!” Anonadada por lo que el Seńor nos ha
prometido: “Éste es el pan que baja del cielo; el que come de él no
muere"[367] y es
el mismo Cristo en la totalidad de su misterio. Solamente la fe permite tener
acceso a él y alimentarse de él, asimilando su fuerza vital: "El que
coma de este pan vivirá eternamente"[368]
Frente a esto, poniéndose en la piel de la joven santa, anonadarse, no es
nada; “ˇTú, Dios del cielo, de
la tierra, de los mares, de los montes, del firmamento tachonado de
estrellas; Tú, Seńor, que eres adorado por los ángeles en éxtasis de amor;
Tú, Jesús‑Hombre; Tú, Pan! ˇAh, anonadarse, todo es poco!” Jesús se nos
presenta como dador de vida. Yo diría que el hecho de su muerte, que está
también presente sin duda alguna, queda superado por la afirmación de la
"vida" que él distribuye a quienes comen y beben de él. En efecto,
en este trasfondo de pensamiento la eucaristía se muestra más ligada a la
vida: "El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él"[369]
La eucaristía, tiene la ventaja de darnos una vida que no acaba. Y esto
porque "el pan que baja del cielo" es Cristo mismo en la totalidad
de su misterio. Solamente la fe permite tener acceso a él y alimentarse de
él, asimilando su fuerza vital: "El que coma de este pan vivirá
eternamente"[370] A Juanita, la
eucaristía la introduce una mayor intimidad con Cristo, pero al mismo tiempo,
le asusta la profanación de la eucaristía como el acto de arrojar o retener
la hostia eucarística y por extensión cualquier acto voluntario de abierto
desprecio hacia la misma. Ciertamente es un dolor y una gran
preocupación que sea profanada por personas identificadas con el satanismo o
lo oculto, para celebrar diversos ritos como ritos paganos, brujerías o misas
negras. Oremos junto a Juanita:
Seńor: “Si
nos hubieras dejado una reliquia tuya, sería una muestra de amor digna de
nuestra veneración; pero quedarte Tú mismo sabiendo que serías objeto de
profanaciones, sacrilegios, ingratitudes, abandonos, żEstás loco, Seńor, de
amor?” “No en un
punto de la tierra sino en todos los Tabernáculos de la tierra. ˇOh Seńor, qué bueno eres, qué amor tan grande que llegas
hasta parecer nada! Más aún, Tú desapareces para dejar ver una criatura, una
nada criminal”. Cristo, es el amigo que
jamás nos abandona, sin embargo, sus amigos, nosotros, muchas veces lo
hacemos. Cristo nos invita a Diario
a vivir con Él, pero no todos estamos dispuestos a participar cotidianamente
en la Eucaristía. En efecto, mientras Él quiere estar siempre con nosotros,
entregándonos en todo momento su amistad, su misericordia, su Palabra, su
Cuerpo y su Sangre, nosotros sentimos solo esa generosidad de ir a Misa una
sola vez a la semana. Juanita ahora
nos hace reflexionar sobre “la pasión”, ella pone el
tema en nuestra mente y en nuestro corazón un hecho que nos conmueve. De todos los
discursos de Jesús que leemos en los Evangelio, entendemos que no hablo sobre
el dolor, pero sufrió personalmente hasta la muerte en la cruz, a pesar de
ser inocente. Y los evangelistas dedicaron el más amplio espacio a la pasión
de Jesús, hasta el punto de que alguien ha dicho que los evangelios son un
relato de la pasión con una larga introducción a la misma. Es así como desde
el punto de los Evangelios, este tema del mal/dolor se concentra entonces en
la pasión-muerte de Jesús, cuya historia es una historia de sufrimientos, de
rechazos, de humillaciones y de burlas: "El hijo del hombre tenía que
padecer mucho"[371]
El Jesús que sufre y es condenado a muerte se presenta como aquel en que
puede reconocerse todo hombre: "ˇaquí tenéis el hombre!"[372]
Juanita expone: “Padece desde
que nace, porque El ve lo que va a sufrir. Ansía
padecer y aparta a San Pedro escandalizado, cuando éste le dice que no
muera”. Pero al mismo tiempo, como nos habla el Apóstol Pablo; "Dios
mostró su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros"[373];
en Cristo crucificado se hace reconocible la justicia (voluntad salvífica) y
el amor de Dios por nosotros” [374] El centro de
los evangelios es la pasión-muerte-resurrección de Jesús, que extiende su
sombra hasta los comienzos del relato evangélico en la suerte de Juan
Bautista, el cual prefigura a Cristo[375]
y en las narraciones de la infancia del salvador. Dice Juanita: “Padece
porque quiere y es un Dios infinito que padece por los pecados de una
criatura suya vil y miserable. Padece injurias, padece en el espíritu, padece
en el cuerpo”. Finalmente,
Juanita nos deja dos temas más para reflexionar de este Retiro: “La Obediencia y el Cielo” Sobre la
obediencia, que ya expuse antes, Juanita dice hay que: “obedecer con espíritu
de fe, viendo en los superiores a Dios” y luego
ańade; “obedecer
como obedecía Nuestro Seńor en Nazaret”. Y respecto al
Cielo, ella dice que es: “Poseer a
Dios, verle cara a cara, amarle por una eternidad. Comprender todos los
misterios, conocerle a Él. ˇQué felicidad!” San Alberto Hurtado, nos ha dejado una bella
sentencia: “La vida nos ha sido dada para buscar a Dios. La muerte, para
encontrarlo. La eternidad, para poseerlo”. Y el Seńor Jesús ha rezado por
nosotros: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios
verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo”. [376] 23.5
CUARTO
RETIRO, 1919[377]
Retiro del Espíritu Santo. Ya no será
Juanita, es Teresa de Jesús.
El 7 de mayo de 1919, “Tiempo de Pascua” y en
espera de Pentecostés, Juanita entra al Monasterio del Espíritu Santo.
Juanita está a dos meses de cumplir 19 ańos. Ahora será para siempre, Teresa
de Jesús de los Andes. Ha pasado ella unas tres semanas y entra a su primer
Retiro en el Monasterio, aún está en el periodo de experiencia como
carmelita. En este Retiro, vamos a notar algunas experiencias fuertes. Desde ahora, ya no será Juanita, es Teresa de Jesús, ha elegido el nombre de la Santa
Madre fundadora del Carmelo Descalzo, Santa Teresa de Jesús. Ahora los párrafos de este texto será
Teresa. Ella también en sus cartas y notas del Diario ya no firmara a partir de este día con el nombre “Juana”,
sino como Teresa de Jesús, carmelita. Teresa de Jesús leyó a sus diecisiete ańos el libro
de la Vida de Santa Teresa de Jesús y a los dieciocho leyó “Camino de
Perfección”. También leyó a Santa Teresa de Lisieux y las cartas de Sor
Isabel, hoy Santa Isabel de la Trinidad. A los 19 ańo leyó "Suma
Espiritual" de San Juan de la Cruz. Todos estos Santos carmelitas
influyeron en su alma. Nuestro Seńor
me dijo que fuera por El a su Padre”.
Comenzado su primer Retiro en su nueva casa,
escribe Teresa: “Entré ayer a retiro. Nuestro Seńor me dijo que fuera por El a su
Padre”. Fijémonos en el lenguaje de Teresa de los Andes,
siempre es evangélico. Dice Jesús en el Evangelio de Juan: “Yo soy el Camino,
la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”.[378]
Ella dice; “Que lo único que quería
en este retiro era que me escondiera y sumergiera en la Divinidad para
conocer más a Dios y amarlo, y conocerme más a mí” Y el Evangelista continúa diciendo: “Si me conocéis
a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis
visto”.[379] Por
otra parte el Seńor nos advierte; “Guardaos de los hombres…no os preocupéis
de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en
aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu
de vuestro Padre el que hablará en vosotros”.[380]
en otras palabras, es lo que dice Teresa: “Que quería que me dejase guiar por el Espíritu
Santo enteramente”. El Apóstol Pablo dice que hemos sido creados para
“ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su
voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agració en
el Amado”.[381]
porque quiere que entendamos que el sentido último de nuestra vida, la razón
y la explicación más profunda a nuestra pregunta sobre el porqué existimos.
Teresa lo expresa de esta manera: “Que mi vida
debe ser una alabanza continua de amor. Perderme en Dios. Contemplarle
siempre sin perderle de vista jamás”. Ciertamente
esta alabanza, es para Teresa, no solo en los minutos de la oración de las
horas o momentos del rosario, para ella es todo el día se podría decir que
incluso mientras duerme, así inconscientemente, alaba siempre al Seńor. Y sigue reflexionando: “Para esto, vivir en un silencio y olvido de todo lo creado, pues
Dios, por su naturaleza, siempre vive solo. Todo es silencio, armonía, unidad
en El”. Teresa ya ha
leído y meditado "Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz. Escribe
en su Diario, “y tengo tanto amor,
que Dios no se aparta de mi pensamiento y es tal la intensidad de amor que
experimento, que me siento sin fuerzas, desfallecida y algo como si estuviera
en otra parte, no en mí misma. Sentí
un gran impulso por ir a la oración”[382] En efecto, San Juan de
la Cruz le ha dado una gran ayuda espiritual, y muchas de las sentencias y
reflexiones están inspiradas en los escritos del Santo Padre de los
Carmelitas. Escribe: “Y para vivir en El, es necesario
simplificarse, no tener sino un solo pensamiento y actividad: alabar”. El
Santo Doctor Místico San Juan de la Cruz escribe a sus avisos espirituales:
“Más agrada a Dios el alma que con sequedad y trabajo se sujeta a lo que es
razón, que la que, faltando en esto, hace todas sus cosas con consolación”.[383] “El espíritu bien puro
no se mezcla con extrańas advertencias ni humanos respetos, sino solo en
soledad de todas las formas, interiormente, con sosiego sabroso se comunica
con Dios, porque su conocimiento es en silencio divino”.[384] Teresa
reflexiona: “Dios se comunica a mi alma de una manera inefable en estos días que
estoy en el Cenáculo”. San Juan de la Cruz en Noche Oscura declara:
“porque en medio de estas sequedades y aprietos, muchas veces, cuando menos
piensa, comunica Dios al alma suavidad espiritual y amor muy puro y noticias
espirituales, a veces muy delicadas, cada una de mayor provecho”[385] Sigue Teresa: “Ya no es
sensible el amor que siento es mucho más interior. En la oración me sucede
como nunca me había pasado: me quedo completamente penetrada de Dios”. En las
reflexiones que hace ya en esta etapa, tenemos una Teresa que muestra un
avanzado grado de misticismo, quizás sus hermanas monjas, la van contagiando
de el apasionamiento por los Santos Padres del Carmelo, Teresa de Jesús y San
Juan de la Cruz. El Santo enseńa en Subida del Monte Carmelo, que: “La
fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasiones y apetitos, todo lo
cual es gobernado por la voluntad; pues cuando estas potencias, pasiones y
apetitos endereza en Dios la voluntad y las desvía de todo lo que no es Dios,
entonces guarda la fortaleza del alma para Dios, y así viene a amar a Dios de
toda su fortaleza”.[386] Más adelante
agrega el Santo que: “Estas afecciones o pasiones son cuatro, es a saber:
gozo, esperanza, dolor y temor. Las cuales pasiones, poniéndolas en obra de
razón en orden a Dios, de manera que el alma no se goce sino de lo que es
puramente honra y gloria de Dios, ni tenga esperanza de otra cosa…ni tema
sino sólo a Dios…y guardan la fortaleza del alma y su habilidad para Dios”.[387] El arrobamiento
Teresa dice
que: “No puedo reflexionar sino como que me duermo en Dios. Así siento su
grandeza y es tal el gozo que siento en el alma, como que es de Dios. Me
parece que me encuentro penetrada toda de la divinidad”. El
arrobamiento, es en el místico un estado muy especial, donde siente un
placer, una admiración o una alegría tan intensa que no puede pensar ni
sentir nada más, es todo un éxtasis. Escribe la Santa Madre Teresa de Jesús
en el Libro de la Vida, estando en oración y sintiendo haber tenido un
arrobamiento: “Yo quedé con mucha soledad, aunque tan consolada y elevada y
recogida en oración y enternecida…casi fuera de mí…Quedé con un ímpetu grande
de deshacerme por Dios y con tales efectos, y todo pasó de suerte que nunca
pude dudar, aunque mucho lo procurase, no ser cosa de Dios. Dejóme consoladísima y con
mucha paz”. [388] Está experimentando
en oración un éxtasis nuevo: “Hace tres o cuatro días que, estando en oración,
he sentido como que Dios bajaba a mí, pero con un ímpetu de amor tan grande,
que creo que poco más no podría resistir, pues en ese instante mi alma
tiende a salir del cuerpo. Mi corazón late con tanta violencia que es
horrible y siento que todo mi ser está como suspendido y que está unido a
Dios”. San
Juan de la Cruz, hablando de la tercera canción en Llama de amor, “ˇoh
lámparas de fuego”[389],
explica “porque el resplandecer que le da esta lámpara del ser de Dios en
cuanto es omnipotente, le da luz y calor de amor de Dios y, según esto, ya
Dios le es al alma lámpara de omnipotencia y le da luz...le hace luz y calor
de amor de Dios. Según esto, “ya le es
Dios lámpara de sabiduría. Y el resplandor que le da esta lámpara de Dios en
cuanto es bondad, le hace al alma luz y calor de amor de Dios. Y la luz que
juntamente de todos ellos recibe, la comunica en calor de amor de Dios con
que ama a Dios, porque es todas estas cosas. Y de esta manera, en esta
comunicación y muestra que Dios hace de sí al alma, que a mi ver es la mayor
que él le puede hacer en esta vida, le es innumerables lámparas que de Dios
le dan noticia y amor”.[390] Y
más adelante agrega: “De donde es de
notar que el deleite que el alma recibe en el arrobamiento de amor,
comunicado por el fuego de la luz de estas lámparas, es admirable e inmenso”.[391]
Teresa, está en un momento que parece recibir mucho deleite de arrobamiento
de amor de Dios, siente ya que su alma esta como en otra parte. Así lo
describe ella: “Una vez tocaron la hora y no la sentía. Vi que
mis hermanitas novicias salían e intenté seguirlas; pero no me pude mover.
Estaba como clavada en el suelo. Hasta que casi llorando le pedí a N. Seńor
pudiera salirme, pues todas lo iban a notar. Entonces pude; pero mi alma
estaba como en otra parte”. La noche
El Seńor ha
dicho a sus discípulos; “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí
mismo, tome su cruz y sígame”.[392],
Sin embargo, Jesús, bueno y piadoso, algo natural en El, no quiso tener
ninguno que lo sirviese como obligado, por el contrario, hace que lo
sirviesen espontáneamente y le agradeciesen el poderlo servir. No obligando
ni imponiéndose a nadie, sino persuadiendo y haciendo el bien, esa es la forma
como atrae a todos los que quieren venir, diciendo: “Si alguno quiere venir
en pos de mí”. Teresa ha sentido esta invitación. Y siempre se mostró
dispuesta a responder en cuanto ésta llegara a su corazón. Cuando Jesús dijo:
niéguese a sí mismo, quiere decir renuncie a sí mismo y propone -a los que
quieren seguirlo- su propia vida como modelo de una vida perfecta, con una
imitación fiel de su vida, según la medida de nuestras fuerzas. Si alguno no
renuncia a sí mismo, no se acerca al que está sobre Él. Para Teresa, la
renuncia a sí mismo, quiere decir el olvido absoluto de lo pasado y la
renuncia de la propia voluntad. En efecto, se niega a sí mismo uno cuando la
vida pasada, como haya sido, se convierte en una vida de nuevas costumbres,
especialmente en una vida de oración. Y si hay sufrimientos, esta vida no es
fácil. Y reconoce: “Pero no todo ha sido goce. La cruz ha sido bien
pesada”. Podríamos
suponer, como también le ha sucedido a muchos santos y santas, que Juanita
está experimentando una noche. San Juan de la Cruz, nos da una razón del
porque se nos viene una etapa de “noche oscura”, dice el Santo; “pone Dios en
la noche oscura a los que quiere purificar de todas estas imperfecciones para
llevarlos adelante”.[393] Ahora nos va
ahora a relatar cuatros prueba por las cuales tuvo que pasar, en esta su
noche. “Primero tuve
que acompańar a N. Seńor en las agonías”. Se refiere aquí a la invitación
de Jesús a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, donde dice a sus
discípulos: “Sentaos aquí, mientras yo hago oración”.[394]
El Seńor había invitado a algunos de sus íntimos amigos, y el relato es
dramático, porque dice que Jesús comenzó a sentir pavor y angustia, tanto así
que a sus amigos les dice: “Mi alma está triste hasta el punto de morir;
quedaos aquí y velad. Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que
a ser posible pasara de él aquella hora”.[395]
Muchos eruditos, exponen que esta es la noche del Seńor. En la noche de
Teresa, es muy honesta en hablar de esa contradicción en su alma, que siempre
ha mostrado un profundo anhelo de Dios, sin embargo, ella relata su segunda
experiencia: “Después me vinieron unas dudas tan horribles contra la fe que tuve
la tentación de no comulgar y después, cuando tenía en mi lengua la Sagrada
Forma, la quería arrojar, porque creía no estaba ni existía allí Nuestro
Seńor”. Teresa,
que ha sońado con pasar horas ante el Santísimo, estas dudas fueron casi un
martirio. No obstante, los periodos de oscuridad interior no son una novedad
en la vida de algunos santos. Es sabido, por ejemplo, que santa Teresita de
Lisieux sufrió una prueba de este tipo durante su enfermedad final, con dudas
acerca de lo que le esperaba después de la muerte. Frente
a esta experiencia acude a su Madre Priora del monasterio: “Ya no sabía lo que me pasaba y le conté a nuestra
Madre, quien me aseguró no había consentido. Con lo que quedé más tranquila y
me dijo que despreciara el pensamiento y así desapareció la tentación. Pero
N. Madre me dijo que no me abatiera tanto; que fuera más mujer”. Con todo, es
capaz de reconocer su flaqueza; “Y Nuestro
Seńor me reprochó que descargara mi cruz sobre nuestra Madre, y me pidió
sufriera sin decir nada”. Siempre después de un Retiro seremos algo distinto.
Los resultados
de los días de Retiro siempre serán considerados como días bien aprovechados.
Siempre después de un Retiro seremos algo distinto. No obstante, hay que
proponérselo y Teresa lo hace. En efecto, el
Retiro debe producir un gran cambio. La sola idea de estar ratos en la
presencia de Dios debe llevarnos a cambiar muchas cosas en nuestra vida
diaria. Una renovación de nuestra vida de oración. Una transformación de
nuestra vida cristiana. Teresa está
entrando en una etapa de sentir con fuerza la presencia de Dios, son grandes
pruebas, en especial, porque ve que el Seńor se le representa directamente.
Esto le causa temor. Ciertamente, Dios es amor y no se le debe temer, es amor
infinito y nos creó para que amemos.[396]
Pero existe un temor de Dios que es un don del Espíritu Santo: Temer
ofenderle, tememos al realizar nuestra propia debilidad y al saber que con
facilidad podemos caer en pecado mortal y condenarnos. San Agustín decía
"ama y haz lo que quieras" pero por su propia experiencia también
escribió ampliamente sobre la necesidad del temor como motivo para el
arrepentimiento[397]
El temor, según San Agustín, lleva al dolor del corazón por el pecado.
También el sano temor nos sirve para nos mantengamos en guardia contra el
grave peligro que acecha a todo hombre en la batalla espiritual contra el mundo,
la carne y el demonio. Comenta: “La tercera prueba fue la más horrible.
Sentí todo el peso de mis pecados y los numerosos favores y el amor de Dios”.
En
esta sentencia que hace Teresa, vemos una joven humilde y realista, ella
entiende el peso del pecado y comprende que nuestra vida no siempre es
perfecta. Tener conciencia de las consecuencias del pecado y tenerle un sano
temor nos ayuda a ser sobrios y no racionalizar el pecado, ni pretender que
no ofende a Dios. La Santa Madre
Teresa de Jesús les enseńas a sus hijas las monjas que: “el alma ve claro que
si tiene algún bien es dado de Dios y en ninguna manera no suyo, porque poco
antes se vio muy pobre y metida en grandes pecados, este es un tormento
intolerable”[398] Sigue Teresa: Ya no sabía
lo que me pasaba de ver que no correspondía a Nuestro Seńor. Mi pena aumentó
más en el refectorio al escuchar lo que hacían las monjas primitivas. Me vine
a llorar a mi celda, postrada, con la cabeza en el suelo. En esto estaba,
cuando llega Nuestra Madre a buscarme para ir al huerto y me tuvo todo el
recreo conversando. Y yo ya no podía más; pero no le dije, ni se lo di a
entender. Todo lo contrario. En la noche me preguntó si estaba tranquila y le
dije que sí; pues lo estaba con la voluntad de Dios, y que estaba agobiada
con las gracias de Dios. Me mandó acostarme, lo que fue para peor, pues vi
que Nuestro Seńor no quería que ni aun lo alabara. “Después me quedé con
tanta pena que fue horrible. Al día siguiente, se me presentó Nuestro Seńor
no ya en agonía, sino con el rostro muy triste”. Teresa dice que
Jesús se le presento. Es común en monjas contemplativas sentir que el Seńor
se le ha presentado y le ha hecho el regalo de dialogar. Tratando sobre el
divino y espiritual matrimonio espiritual, la Santa Madre Teresa de Jesús,
escribe en la Moradas, que: “Dios hace esta merced (regalo) y quiere
su Majestad (El Seńor) mostrarse al alma por visión imaginaria de su
sacratísima Humanidad, para que lo entienda bien y no esté ignorante de que
recibe tan soberano don”. Y agrega además que: “A otras personas será por
otra forma” y refiriéndose a una de sus hijas monjas dice: “a ésta, de quien
hablamos, se le representó el Seńor, acabando de comulgar, con forma de gran
resplandor y hermosura y majestad, como después de resucitado”[399] Sigue Teresa de
Los Andes relatando su regalo de dialogar con el Seńor: “Le pregunté
qué tenía, pero no me contestó, dándome a entender que estaba enojado
conmigo. Pero después, como yo insistiera en preguntarle, me dijo que no
quería hablar conmigo, y que era una pecadora, y me dijo en un momento todos
los pecados de mi vida y siguió muy triste. Quedé con una pena negra y
confusa con mis pecados. Pero no podía creer que estuviera tan enojado, pues
Él me ha dicho que me ha perdonado. Y además, Él es todo Bondad y
Misericordia”. Después nos relata una nueva experiencia; “La cuarta prueba fue espantosa y tuvo
lugar después de la oración, en que me vi inflamada y transportada en Dios
sin poderme mover”. La Santa Madre Teresa de Jesús paso por experiencias similares, ella
explica en el capítulo cuarto de las Moradas que: que: “suspende Dios el alma en la oración con arrobamiento o
éxtasis o rapto, que todo es uno a mi parecer, y cómo es menester (necesario)
gran ánimo para recibir tan grandes mercedes (regalos) de su Majestad (El
Seńor). [400] También en el
libro de la Vida dice que: “Yo quedé con mucha soledad, aunque tan
consolada y elevada y recogida en oración y enternecida, que estuve algún
espacio que menearme ni hablar no podía, sino casi fuera de mí.[401] Sigue comentado
Teresa de Los Andes: “Se me vino el pensamiento que todo esto eran engańos
del demonio y la prueba estaba en que no había obedecido a la campana.
Fueron las tinieblas más horribles, pues me creí desamparada de Dios. Además,
sentía la pena más grande al ver que todas iban a notar algo extrańo en mí.
Esto me llenaba de amargura, pues quiero pasar desapercibida. Hoy, víspera de
Pentecostés [1919], he sentido ese arrebato de todo mi ser en Dios, con mucha
violencia, sin poderlo disimular. Y tres veces he vuelto y después he sido de
nuevo transportada. Sufro mucho, pues no sé si son ilusiones, y no tengo con
quien consultarlo. En fin, me abandono a la voluntad de Dios”. Y a pesar de las duras pruebas que soportó, de una
oscura noche, ella no pierde finalmente la confianza en un Dios que nos ama
de la misma manera como ama a su Hijo Jesucristo y reflexiona: “Él es mi Padre, mi Esposo, mi
Santificador. El me ama y quiere mi bien”. Y de esta manera, Teresa se dispone a cambiar lo
que sea necesario para mejorar su vida y concluye: “Para llegar a vivir en Dios, con Dios y para Dios que es el ideal de
una carmelita y de una Teresa de Jesús y de una hostia entiendo son
necesarias cuatro cosas: Primero:
Silencio, tanto interior; como exterior. Silencio en todo mi ser. Evitar toda
palabra inútil. Segundo: No
hablar de mí misma. Y, si es necesario hacerlo para divertir a las demás,
ponerlo en tercera persona. Jamás hablar de la familia. Tercero:
Negación absoluta de la carne. No buscar para nada el gusto e inclinación,
para tener más fácil trato con Dios. Cuarto: Ver
en todas las criaturas a Dios, ya que todo se encuentra en su inmensidad. Leeré todos los días y
me examinaré en estos puntos. 23.6
QUINTO
RETIRO, 1919, SEPTIEMBRE[402]
Vivir las
virtudes teologales en el Carmelo.
Juanita de la vida exterior, (antes de entrar a la vida de clausura)
ya no es la misma Teresa que vive su experiencia en la clausura. Las puertas
al mundo están cerradas, el contacto con las personas ajenas al claustro casi
no existe, la finalidad de la vida ahora es distinta. Escribe Teresa: “Soy de Dios ya que El me creó. Debo vivir sólo para Dios y en Dios”.
Ya no hay paseos familiares, no más paseos a
caballo ni visitas a casas de familiares, ahora, todo es clima de
recogimiento, silencio, oración, todo ello para la búsqueda de la unión
mística con Dios. Con todo, esta separación física con "el
mundo", en la clausura se vive íntimamente unidos con la sensibilidad de
cuanto sucede en el exterior, de ahí su viva en oración por los problemas que
siguen en el mundo. Un gran ejemplo para Teresa es Teresita de Lisieux [403] que nunca salió de su
Monasterio en Francia, pero es patrona de las misiones. Entendemos
la vida como un don de Dios y frente a cualquier fragilidad, o de los
precario de la vida, nos queda la convicción de que la única verdadera fuente
y protección de la vida está en Dios. Para Teresa, Dios la puso en la
clausura para prepararla a la vida del cielo. Teresa sabe que lo importante
es que la vida viene de la libertad y la bendición de Dios, y ha aprendido
que el que escucha la palabra del Hijo de Dios “tiene la vida eterna y no
será condenado, sino que ha pasado de la muerte a la vida".[404]
Escribe
Teresa: “Al traerme Dios al claustro me atrajo a esta vida en El, ya que el
claustro es antesala del cielo, y en éste sólo Dios existe para el alma. Un
alma que no vive en Dios en el claustro lo profana. El claustro está todo
penetrado de Dios. Es la morada de Él. Las almas religiosas son los ángeles
que constantemente lo adoran”. La obediencia
Teresa pasa a hablarnos ahora de algo
que, para muchos, parece complejo, que es la obediencia perfecta que debe
llevarse dentro de los que constituyen las órdenes religiosas. En efecto, una
persona religiosa puede ofrecer, con motivo de buscar mayor perfección,
obedecer en muchas más cosas de las que está necesariamente obligado,
mostrando así mayor virtud. De ahí lo complejo en entender esta obediencia
que a veces necesita renunciar de manera anticipada, a las propias ideas
cuando no concuerden con las del superior, entonces el que es capaz de
obedecer se acomoda perfectamente a esa obediencia perfecta. Obedecer, además
de la ley de Dios, lo decretado por las Constituciones de una orden
religiosa, es meritorio y en algunos casos hasta puede ser obligatorio para
conservar la virtud. Al respecto, escribe Teresa: “Una religiosa debe observar sus votos,
puesto que en ellos está su santidad. El voto de obediencia encierra los
otros dos y es el que constituye a la religiosa. Es la ofrenda más grande que
se puede hacer a Dios, pues por él renunciamos a nuestro querer, y para
cumplirlo con perfección tenemos que atender a los más mínimos detalles de
las constituciones y ceremonial. Al obedecer debemos sólo ver la autoridad de
Dios y prescindir de la criatura. Aunque esta se deje dominar por la pasión y
ordene cosas al parecer injustas, debemos obedecer, no viendo en ello sino la
voluntad de Dios que quiere perfeccionarnos y acercarnos más a Él”. Las virtudes
teologales.
Teresa nos propone en este Retiro hablarnos de las
virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, y la disponen a ella a vivir en
relación con la Santísima Trinidad, diciendo: “Una carmelita debe vivir siempre en Dios por la fe, esperanza y
caridad”. A Dios, lo conocemos por la fe, esperado y amado
por El mismo. En efecto, por la fe creemos en Dios y creemos todo lo que Él
nos ha revelado. Por la esperanza deseamos y esperamos de Dios con una firme
confianza la vida eterna. Por la caridad amamos a Dios sobre todas las cosas
y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. En el acto de fe, Teresa no solo
aprueba en su alma que Dios ha revelado, para ella es además algo
sobrenatural requiere gracia divina. Teresa cree en Dios y en todo lo que Él
nos ha dicho y revelado. Teresa, como esposa de Cristo, entiende que no debe sólo guardar
la fe y vivir de ella sino también profesarla, testimoniarla con firmeza y
difundirla; “La vida de fe no consiste sino en apreciar y juzgar de las cosas y
criaturas según el juicio que de ellas tiene Dios”. Pero además Teresa nos sorprende al decirnos que: “una gran una humillación con espíritu de
fe es recibida con alegría, pues por ella se asemeja el alma más a Jesús
humillado”. La esperanza
Sobre la virtud de la esperanza, en este Retiro
reflexiona: “La esperanza consiste en una plena desconfianza de nosotros mismos,
confiando en la gracia de Jesús. Olvidar nuestros pecados cuando el enemigo
se sirve de ellos para hacernos desconfiar de la misericordia de Dios‑Amor”. La esperanza, es una virtud muy bella, por ella
aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra,
poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en
nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo. Esta
virtud, nos coloca en el deseo de felicidad puesto por Dios. En Teresa, esta
espera es estar en la gloria del cielo unida a Cristo, su esposo. La Santa Madre Teresa de Jesús exclama: “Espera,
espera, que no sabes cuándo vendrá el día ni la hora. Vela con cuidado, que
todo se pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo
breve largo. Mira que mientras más peleares, más mostrarás el amor que tienes
a tu Dios y más te gozarás con tu Amado con gozo y deleite que no puede tener
fin”.[405] Por la esperanza deseamos y esperamos de Dios con
una firme confianza la vida eterna y las gracias para merecerla. El salmista
hace de esta espera, un bello deseo: “Nuestra alma en el Seńor espera, él es
nuestro socorro y nuestro escudo; en él se alegra nuestro corazón, y en su
santo nombre confiamos. Sea tu amor, Seńor, sobre nosotros, como está en ti
nuestra esperanza”.[406] La Caridad
Sobre la virtud de la caridad, sentencia Teresa
que: “La caridad consiste en apreciar a Dios y preferirlo a todas las
cosas y criaturas”. La caridad es la virtud por la cual amamos a Dios
sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos
por amor de Dios. Los frutos de la caridad son el gozo, la paz y la
misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es
benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa;
es amistad y comunión. San Pablo dice además que: “es el vínculo de la
perfección”.[407] El Santo Padre
San Juan de la Cruz enseńa que: “La caridad, ni más ni menos, hace vacío en
la voluntad de todas las cosas, pues nos obliga a amar a Dios sobre todas
ellas”[408] también afirma el Santo que es: “medio para
unir el alma con Dios”[409]
La fe
Teresa entiende
además que la virtud de la fe y la caridad le ayuda comprender ciertos
sacrificios y a las mortificaciones necesarias para su camino a la santidad.
El Santo Padre San Juan de la Cruz, apunta además que: “cuanto más pura y
esmerada está el alma en fe, más tiene de caridad infusa de Dios; y cuanta
más caridad tiene, tanto más la alumbra y comunica los dones del Espíritu
Santo, porque la caridad es la causa y el medio por donde se les comunica”.[410] Dice: “Del
espíritu de fe y caridad se desprende el espíritu de sacrificio que consiste
en el continuo renunciamiento de las criaturas, de las cosas y de nuestra
propia concupiscencia. Un alma que es sacrificada desde la mańana a la
noche, se vencerá y luchará contra sus pasiones”. El Santo san
Juan de la Cruz acota que: “Porque, como habemos dicho, el alma no se une con
Dios en esta vida por el entender, ni por el gozar, ni por el imaginar, ni
por otro cualquier sentido, sino sólo por la fe según el entendimiento, y por
esperanza según la memoria, y por amor según la voluntad.[411] Teresa expone finalmente tres reflexiones de este
Retiro: Primero: “La
unión con Dios o la santidad está en vivir en espíritu de fe y de caridad. La
fe debe ser mi guía para ir a Dios. Dice San Juan
de la Cruz que el alma debe pasar por tres noches para venir a la divina
unión con Dios”. [412]
y Teresa ha experimentado su noche para llegar a la divina unión. La caridad
y la fe ha sido su guía. Segundo:
“Debo desasirme de todos los consuelos y gozos que encuentro en la oración”. Teresa entiende
como lo dice el mismo Santo, que: “los bienes temporales y deleites
corporales impiden y contradicen el camino de Dios, más también los consuelos
y deleites espirituales, si se tienen con propiedad o se buscan, impiden el
camino de la cruz del Esposo Cristo.[413]
Sigue ella: “Debo tratar de olvidar los favores que Dios me hace, fijando mi
atención en el amor que me demuestra en [la] Cruz y en el Sagrario”. Los Retiros y Ejercicios Espirituales tienen un
maravilloso poder para perfeccionar la vida.
Podemos llegar
a concluir, que los Retiros Espirituales “ayudan a guardar la ley de Dios
perfectamente y llevar la Cruz de Cristo sobre sí”.[414]
Pero además podemos decir que Teresa ha madurado y gozado en extremo de los
Retiros en que ha participado. La mente, gozosa en su Seńor, ha quedado
fortalecida y ha sido invitada a aquel alimento celestial de la verdad para
el alma, conocimiento de la verdad donde es de Dios todo lo que se aprende y
de este modo se encuentra el camino por donde se va al cielo. En efecto, los
Retiros y Ejercicios Espirituales tienen un maravilloso poder para
perfeccionar la vida de cada uno. Ciertamente hoy nuestra fe vive cercada por
estorbos e impedimentos que la debilitan y extingue las llamas del amor a
Dios. Entonces, la
bienaventurada soledad del Retiro, es alumbrada por esos ratos dedicados a
Dios, ayudan a comprender la monstruosidad del pecado, a valorizar el santo
temor de Dios y animarse al alejamiento de las vanidades de las cosas
terrenas, como despojarse del hombre viejo, negarse a sí mismo, y acompańado
por la humildad, la obediencia y la voluntaria mortificación de sí mismo,
revestirse de Cristo, que en otras palabras es esforzarse por ir por caminos
de perfección y así poder repetir, como el Apóstol Pablo: "Yo vivo, o
más bien, no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí"[415] Teresa, nos ha
enseńado con sus reflexiones. Estos son los grados por los que sube el alma a
la unión con Dios mediante el auxilio de la gracia divina, lograda durante
esos días de Retiro, con la ayuda de la oración y la participación frecuente
del misterio. 24 EXPERIENCIA DE
DIOS EN LA ORACION
“Y mi oración fue escuchada…Por eso te
daré gracias y te alabaré” (Eclo. 51,11) 24.1
LA
EXPERIENCIA SE VA DANDO EN EL CAMINO.
Es posible vivir sin oración Al
comenzar a escribir este capítulo, me preguntaba si es posible vivir sin
oración. Ciertamente si no hay vida de oración no hay posibilidad de
experiencia de Dios. La experiencia de Dios en la oración nos obliga a estar
atentos, oídos dedicado a escucharle y ojos abiertos para observar la vida de
Dios en nosotros. Sin embargo, orar, no asegura que podemos gozar de la
experiencia del Dios. Esta experiencia de Dios se va dando en el camino, con
los oídos muy atentos cuando dialogamos con el Seńor y nos dejamos que nos
explique su Palabra: “No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros
cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?[416] Y cuando nos dejamos acompańar en esta
experiencia de caminar con él, no se puede prescindir de su compańía y le
decimos: “Quédate con nosotros”[417] żPuedo hablar con Dios, puedo
escucharle?
En toda las Sagradas Escritura, observamos como los profetas
hablaban y escuchaban a Dios. El mismo
Jesús tuvo la fineza de enseńarnos cómo dirigirnos con nuestro Padre Dios.
“Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos”.[418]
Es así, como siguiendo las enseńanzas de la Biblia, esta experiencia de la
oración ha sido ejercitada por todos los hombres desde todos los tiempos. La
Santa Madre Teresa de Jesús, desde su experiencia de Dios, nos ha enseńado
que como debe entender este tratar con Dios, definiendo la oración como:
“tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos
nos ama”.[419] En una audiencia el Papa Francisco
explicaba: “Para escuchar al Seńor, es necesario aprender a contemplarlo, a
percibir su presencia constante en nuestra vida; es necesario detenerse a
dialogar con Él, dejarle espacio en la oración. Cada uno de nosotros, también
vosotros muchachos, muchachas, jóvenes, tan numerosos esta mańana, debería
preguntarse: żqué espacio dejo al Seńor? żMe detengo a dialogar con Él? Desde
que éramos pequeńos, nuestros padres nos acostumbraron a iniciar y a terminar
el día con una oración, para educarnos a sentir que la amistad y el amor de
Dios nos acompańan. Recordemos más al Seńor en nuestras jornadas”.[420] żCómo puedo
experimentar un dialogo con Dios?
Todos los hombres están llamados a la
comunicación con Dios. “Desde su
mismo nacimiento, el hombre es invitado al diálogo con Dios"[421] esto es desde la
creación, como con esos conmovedores diálogos que hay entre Dios y los
hombres en Libro del Génesis, y otros del Antiguo Testamento, emocionantes
coloquios con un Dios que por sobre todo es Padre donde se reflejan una
profunda amistad con los hombres que le son fieles. En efecto, Dios llama
incansablemente a cada persona a experimentar el encuentro misterioso de la
oración. Dios es el que toma la iniciativa en la oración, poniendo en
nosotros el deseo de buscarle, de hablarle, de compartir con Él nuestra vida
y nuestra experiencia. La persona que ora se dispone a experimentar el oír a
Dios y a hablarle, El responde a esa iniciativa divina. Es el corazón el que ora y experimenta
a Dios.
El
corazón es nuestro centro escondido, sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo
y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras predisposiciones.
Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida en Dios y con Él.
Es el lugar del encuentro con Dios, de la relación entre Dios y cada uno de
nosotros personalmente. Sin embargo, la oración no es algo espontáneo de un
impulso interior, por tanto, para orar es necesario querer orar y aprender a
orar. Aprendemos a hablar con Dios escuchando la palabra de Dios, leyendo los
Evangelios y, sobre todo, imitando el ejemplo de Jesús, como lo hizo Juanita. 24.2
ORAR
NO ES TANTO AMAR A DIOS, CUANTO DEJARSE AMAR POR ÉL.
Aprende a orar orando
Juanita aprende a orar orando, dialogando con el Seńor como se hace
con un amigo en el que se confía mucho. Sobre como orar le pregunta a sus
confesores y directores espirituales, también pregunta a las monjas en las
cuales ella confía. Pero lo que más le agrada, es que ella se deja aconsejar
por lo que le dice Jesús, en sus ratos de intimidad con él. Pero también se deja influenciar por la lectura de sus santos que la
guían, los libros de la Vida y Camino de Perfección de Santa
Teresa de Jesús y Suma Espiritual de San Juan de la Cruz. Otra
carmelita que influye en ella es leer las cartas de Sor Isabel de la
Trinidad. En esta parte, he seleccionado algunas notas de su Diario donde ella parece entender y
comentar que orar no es tanto amar a Dios, cuanto dejarse amar por Él. La oración es uno de los componentes más vivos del mensaje
evangélico. Jesús la ha practicado en su relación con el Padre y nos ha
ofrecido un ejemplo extraordinario. Muchos piensan que orar es agarrar a Dios
para ponerlo a su alcance o tratar de obtener beneficios y ventajas en
provecho propio, y así satisfacer sus deseos y sus esperanzas. La verdad es
muy diferente. La oración es entrar en la perspectiva de Dios partiendo de su
amor. Es contemplar el rostro de un Padre que mira a sus hijos con ternura.
Es encontrar una persona viva y dejarse tocar por su amor. También observamos que para Juanita, orar es una tarea de las más
difíciles, es un trabajo exigente, no porque sea superior a nuestras fuerzas,
sino porque es una experiencia que no se agota jamás y un camino en el que se
permanece siempre. La oración es acogida con el amor de Dios, es esperar y escuchar,
recibir y acoger. Es permanecer en silencio ante el misterio para dejarse amar
por Dios, como María que experimenta en su vientre la presencia de Dios. Pero
la oración es también movimiento de respuesta a este don, un volver todo el
corazón a Dios. La oración es alabanza, acción de gracias, ofrenda,
intercesión, fiesta y liturgia de la vida. Cautivada en
las redes amorosas del Divino Pescador[422]
Es el miércoles 8 de septiembre de 1915, Juanita ya tiene 15 ańos,
está internada en los Sagrados Corazones. Está pensando en el próximo
domingo, ese día ella estará a solas con la Madre Ríos, desea hablarle sobre
su vocación para carmelita. No es fácil para ella, pues le cuesta expresar lo
que le pasa. Escribe ese día en su Diario:
“żQuién podrá rehusar la mano del
Todopoderoso que se abaja a la más indigna de sus criaturas? ˇQué feliz soy,
hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino
Pescador”.[423] Juanita escribe en su Diario
una carta a su hermana Rebeca sobre cómo es su oración y porque la considera
tan necesaria. Esta nota la escribe el 15 de abril de 1916, a tres meses de
cumplir 16 ańos. También en este texto revela su llamado, su vocación y su
deseo de ser una orante del Carmelo. [424] Juanita escribe siempre a su hermana Rebeca en términos muy
evangélicos, parece que todo lo que ella oye, predicas o sugerencias de sus
guías espirituales dejaran una huella. Pero también, ella entiende que no es
posible alejar la oración de las enseńanzas del Maestro Jesús. Le escribe
ella una de sus tantas experiencias del trato con el amado: “El Divino Maestro se ha compadecido de
mí”[425]. Por lo general, cuando nos sentimos sanados de algo que no era
bueno, y que además hemos comprendido que el Seńor nos ha oído y nos ha
regalado la sanación, parece que oímos esa recomendación que nos da El, “cuéntales lo
que el Seńor ha hecho contigo y que ha tenido compasión de ti”.[426] Juanita después de experimentar esta
compasión que ha tenido con ella el Seńor, le dice a su hermana lo que le ha
dicho íntimamente: “Acercándose, me ha dicho muy por lo bajo:
"Deja a tu padre y madre y todo cuanto tienes y sígueme" Nuevamente
oímos a Jesús cuando le dijo a uno que: “Yo os aseguro: nadie que haya dejado
casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el
Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno”[427]
y sigue Juanita: “ˇQué feliz soy, hermanita querida! He sido
cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador…” Por
cierto, todos sabemos lo que ganamos por seguir al Seńor al
dejar todo por él, es su palabra y en ella creemos sin desconfianza cuando nos
ha dicho: “y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme”.[428]
Como
nos ha enseńado la Santa Madre Teresa de Jesús, la oración es un trato de
amistad con quien sabemos mucho nos ama [429]
y en ese trato, que es oración, es también dialogo permanente para aprender
de Él y sentirse que nos guía y que nos enseńa los caminos que debemos
seguir. Es así como Juanita con emoción sigue: “Voy a ser Carmelita, żqué
te parece?” Son muchas las cualidades
que tiene el Seńor Jesús, las hemos percibido por nuestra cuenta al leer los
Evangelios, las hemos aprendido a reconocer por las enseńanzas que hemos
recibido. Todas nos hablan de un Jesús que nos permite decir como Juanita: “Es tan puro. Es tan bello. Es la Bondad
misma”.[430] Es como para repetir una
y otra vez, las palabras de Noemí a Rut: “Bendito
sea el Seńor que no deja de mostrar su bondad”[431]
Pero donde
más se conoce la bondad del Seńor, es en la oración, que también es como más
se conoce a cualquier persona, tratando con ella. Juanita, confía en la
oración, por eso también la pide. Ciertamente, aprender a orar es entrar en
confianza sin límites con Dios, por eso también la pide a su hermana: “Pídele por mí, Rebequita. Necesito
oraciones” También nos damos cuenta como Juanita ha oído del Evangelio: “La
mies es mucha, pero los obreros pocos”[432] y está decidida a
rezar para aumentar los trabajadores para el Reino. Ante tanto trabajo de
Evangelización, żCuántos hay dispuestos a asumir de alguna forma esta tarea?
Juanita dice: “Veo que mi vocación es
muy grande: salvar almas, dar obreros a la Vińa de Cristo…” żY cómo piensa ella hacer su tarea? Juanita se pregunta y le dice a
su hermana la receta: żY cuál es el
medio de ganar almas?: La oración” Así es, y hay que hacerlo del modo más eficaz, rezar para que haya
muchos trabajadores, porque la tarea excede a la capacidad de los que se
dedican a esto, como así mismo no todos los que se dedican tienen el mismo
talento para el trabajo que se requiere, pero debemos estar dispuestos a
llevarlo a cabo con la fuerza que Dios nos da; con su Gracia. Nuestro Padre
Dios oye a los que oran y da ayuda a sus hijos, que con sencillez y
confiados, le suplican. Leyendo en profundidad, el Diario
o las Cartas de Juanita, caemos en
cuenta de su amor por el silencio y la reverente escucha, que le ayuda al
obediente acogimiento de la Palabra de Dios, y ella solo desea ser y estar
con Dios, del mismo modo como se lo pide su amado: “Permaneced en
mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí
mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en
mí”. [433] Es
así como ella además se diviniza y su deseo es solo la unión con Dios y santificarse a través de la
meditación. Escribe Juanita: “Todos los
días hago mi meditación y veo cuán gran ayuda es para santificarse. Es el
espejo del alma. Cuánto se conoce en ella a sí misma. Jesús me ha dado a
entender que para encontrar la perfección es necesario: “el amor a la
oración”[434] Ciertamente orar es dejar que el amor hable, algo que enseńa muy
bien, y seguro que también Juanita lo aprendió de las enseńanzas de Santa
Teresa de Jesús. La Santa escribe un comentario después de hablar con un
religioso: “Rogóme le encomendase
mucho a Dios, y no había menester (necesidad) decírmelo, que ya yo estaba de
suerte que no pudiera hacer otra cosa; y me voy a donde solía a solas tener
oración, y comienzo a tratar con el Seńor, estando muy recogida, con un
estilo abobado que muchas veces, sin saber lo que digo, trato; que el amor es
el que habla”[435] Y para ratificar esta opinión, ese
mismo día escribe Juanita: “He leído en la Vida de Santa Teresa que
recomienda esta Santa para aquellos que principian a tener oración,
figurarse el alma como un huerto que está lleno de hierbas y árboles dańinos
y todo muy seco. Entonces que al principiar a tener oración, el Seńor pone
en él plantas hermosas y que nosotras debemos cuidar de ellas para que no se
sequen. Para esto, siempre los que principian tienen que sacar agua del pozo,
que cuesta, pues son las dificultades con que cada uno tropieza al
principiar la oración”. Juanita se refiere aquí a los capítulos 11 al 21 del Libro Vida,
donde la Santa de una forma muy pedagógica enseńa los cuatro pasos que
importan en la oración. 24.3
OFRENDA
POR LOS PECADORES[436]
Cristo que se
ha ofrecido sí mismo
En este párrafo, me quiero referir a Juanita que se hace ofrenda por
la conversión de los pecadores. Corresponde a una nota es su Diario[437]. Comienza a escribir
cuando aún no cumple los 17 ańos, abril de 1917 y concluye el 14 de
septiembre del mismo ańo, con 17 ańos y dos meses. Una ofrenda es un obsequio, regalo o un presente que se ofrece en
muestra de reconocimiento, gratitud o veneración. Aquí en este párrafo que
escribe Juanita, se ofrece radicalmente a su amado Jesús. Juanita se dirige en oración al Seńor: “Jesús mío, Tú conoces la ofrenda que te he hecho de mí misma por la
conversión de las personas que te he nombrado”. La mayor entrega que conocemos en nuestra fe es la ofrenda de su
persona que ha hecho Jesús, “Tomad, comed, éste es mi cuerpo”[438]
y en palabra de Pablo es: “Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced
esto en recuerdo mío”[439]
Evidentemente, significa que la ofrenda de su persona es por nosotros. San
Pablo ańade que: “Cristo os amó
y se entregó por nosotros como ofrenda y víctima de suave aroma”.[440] Cristo que se ha ofrecido sí mismo, una
vez para siempre, por el perdón de los pecados, ahora intercede por nosotros
delante del Padre y volverá a llevarnos a Él Evidentemente, Cristo se entregó a sí
mismo, enteramente, a los dolores y a la muerte por amor. Juanita, se ofrece a Jesús, a imitación
de él, y lo hace por el gran amor que siente por él. El lenguaje que utiliza
sobrecoge, y no es una simple oración por, sino que una entrega total. “Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino
también mi muerte como te pluguiere dármela. La recibiré con gusto, ya sea en
el abandono del Calvario, ya en el Paraíso de Nazaret”.[441] La
experiencia de Cristo nos revela el sentido del dolor y de la muerte, porque
en él estos acontecimientos se convierten en instrumento de salvación,
sublimación de las energías interiores del hombre y de entrega total a Dios.
Jesús no ha querido salvarnos permaneciendo fuera de nuestra condición de
sufrimiento. Después de haber comprendido como ha
pasado Cristo a través del sufrimiento y la muerte, esto para ella adquiere
no sólo su significado de prueba y de purificación, sino el de certeza de
victoria sobre el pecado. Y sigue: “Además, si quieres, dame sufrimientos,
cruz humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos.
Como Tú quieras, Jesús mío”. Hay
problemas que siempre para cualquier ser humano son un desafío, tanto en la
inteligencia como en la fe, es la enfermedad, el dolor y de su término
inevitable que es la muerte, que cuando queremos vivir en dulce armonía, la
muerte, interviene como elemento de perturbación. La fe pura encuentra en
ello un motivo de turbación, porque todo ello parece empańar la imagen del
Dios bueno y amigo del hombre, justo en sus juicios, que no hace sufrir a sus
hijos, amante de la vida y no de la muerte. Sin
embargo, nos encontramos con una Juanita dispuesta a no dudar de su fe, a
poner toda su confianza en un Dios que permite el dolor y la muerte y que no
ha librado de ella ni siquiera a su Hijo: " Padre mío, si es posible,
que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú”,[442]
es decir, mi voluntad, sino la tuya"
Es así como ella en dialogo de oración con Jesús expone:“Soy tuya,
haz de mí según tu santa voluntad”. A una de sus grandes amigas Juanita le
escribió: “Pídele a la Sma. Virgen que sea tu guía; que sea la estrella, el faro
que luzca en medio de las tinieblas de tu vida”.[443]
Siempre ha confiado ella en María, y ha sido devota del Santo Rosario, como
ella misma se lo hace saber a su madre; “Todas
las tardes rezamos el mes de María. La Eli reza el mes y yo el Rosario y toco
el harmonio”[444]
Es así como ella pone en este párrafo sobre las ofrendas a esas almas
pecadoras. “A ti, oh, María, que jamás me has desoído los
ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre, también te pongo
en tus manos maternales esas almas. Óyeme”. San Bernardo hablando de la Virgen
escribió; “Así como nosotros no podemos acercarnos al Padre sino por medio
del Hijo, que es mediador de justicia, así no podemos acercarnos a Jesús si
no es por medio de María que es la mediadora de la gracia y nos obtiene con
su intercesión todos los bienes que nos ha concedido Jesucristo”. Juanita, no
deja de pedir a María: “Toda mi vida no he dejado de pedirte, Madre mía.
Escúchame, te lo ruego por Jesús y por tu Esposo San José, a quien ruego
interceda por esta pobre pecadora”. El amor humano se convierte en ejemplo
para hablar del amor de Dios al hombre y de la respuesta humana al “Dios que
es amor”[445],
pero, el punto de partida es terreno y humano: "Como el esposo se recrea
en la esposa, así tu Dios se recreará en ti"[446].
Juanita, en este párrafo siguiente, con la raíz de la palabra “sufro”, que
podría ser también, por el amor que te tengo aguanto, soporto, se siente
feliz de ayudar a cargar la cruz de Cristo, su esposo, quién con amor de
esposo, perdona y renueva a su esposa, para que pueda vivir en la experiencia
de su salvación. Sigue Juanita: “Sufro. Esta palabra expresa todo para mí.
ˇFelicidad! Cuando sufro estoy en la Cruz de mi Jesús. ˇQué felicidad más
grande es decirle: Jesús, Esposo mío, acuérdate que soy tu esposa, dame tu
cruz!” 24.4
żES
NECESARIO TENER UN DIRECTOR ESPIRITUAL?[447]
Un director que dirija mi alma hacia Ti
En el mismo capítulo, Juanita relata que tiene ahora un nuevo
director, se trata del Padre José Blanch. żEs necesario tener un Director
Espiritual?, żEs necesario que el Director Espiritual sea un sacerdote? Me
parece que canónicamente, no hay impedimento si lo hace un buen laico, o como
en muchos Monasterios donde hay hermanas que son buenas compańeras de camino.
Por otra parte no olvidar que el mismo superior director, a saber, es
el Espíritu de Dios. La Santa Madre Teresa de Jesús, en el Libro las Moradas,
le enseńa a sus hijas las monjas: “Es bien que a los principios lo
comuniquéis debajo de confesión con un muy buen letrado (teólogo), que son
los que nos han de dar la luz, o, si hubiere, alguna persona muy espiritual;
y si no lo es, mejor es muy letrado; si le hubiere, con el uno y con el
otro”.[448] Con
todo, Juanita agradece a Dios por su nuevo
director, ella aún está en el colegio y le hace bien este acompańamiento. Por
otra parte en este mismo tiempo ella comienza a leer a Santa Teresa de Jesús,
iniciándose por el Libro Vida. “Gracias, Dios mío, porque me habéis dado un director
que dirija mi alma hacia Ti” Juanita,[449] continúa con su nota en
el Diario, hablando sobre cómo es
su oración, pregunta que le ha hecho su nuevo director. Aunque orar es algo sencillo, con frecuencia se
pueden presentar dificultades, en especial si hay distracción, pensamientos o
imaginaciones que desvían la atención. No obstante, ella muestra una gran
conciencia de estas dificultades y esta humilde toma de conciencia, le ayuda
a ofrecerse al Seńor y a quedarse en sus manos. “Me preguntó cómo era mi oración si estéril o con
devoción. Yo le dije que con devoción a veces; pero había períodos en que no
podía meditar y me quedaba tranquila con N. Seńor”. Han pasado dos meses.[450] Sabemos que la oración es un
don de la gracia y con ella respondemos, aunque suponga un esfuerzo, y muchos
santos nos enseńan que la oración es un combate contra nosotros mismos. Se
ora como se vive, porque se vive como se ora. Juanita quiere actuar según el Espíritu
de Cristo, ella escribe: “Hoy, a Dios gracias, aleluya, ha sido un día
perfecto para consolar a N. Seńor. No he hablado nada”. El "combate espiritual", es
inseparable del combate de la oración y Juanita lo está experimentando: “Me he vencido
bastante, sobre todo que estoy muy rara. Tengo ganas de llorar, rabiar,
hablar, gritar”. El Santo Padre
San Juan de la Cruz, nos da algunas recomendaciones sobre quien debe ser
nuestro director espiritual; “Cuanto a lo primero, grandemente le conviene al
alma que quiere ir adelante en el recogimiento y perfección, mirar en cuyas
manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo”[451]
y más adelante es más dramático: “muchos maestros espirituales hacen mucho
dańo a muchas almas”[452]
, La Santa Madre
Teresa de Jesús, enseńa en su vida[453]
que: “muchas veces me ha dicho el Seńor, que no deje de comunicar toda mi
alma y las mercedes (regalos) que el Seńor me hace, con el confesor, y que
sea letrado, (es decir entendido) y que le obedezca”. Ella tuvo un confesor
que le mortificaba mucho, y algunas veces le afligía y le daba gran trabajo,
porque la inquietaba mucho, pero fue el que más le aprovechó. Por otra parte,
Santa Teresa de Jesús experimentó el dańo que pueden hacer los confesores
medio letrados, también constató que los grandes letrados fueron quienes
entendieron la acción del Espíritu Santo en ella, como san Pedro de Alcántara
y le confirmaron que lo que acontecía en su interior era obra de Dios. Es así
como ella quedará amiga de grandes letrados, y recomendará por experiencia
propia que sus hijas busquen maestros espirituales que tengan letras: “Así
que importa mucho ser el maestro avisado -digo de buen entendimiento- y que
tenga experiencia. Si con esto tiene letras, es grandísimo negocio” más
adelante agrega que: “si no tienen oración, aprovechan poco las letras” y
finaliza diciendo: “de devociones a bobas nos libre Dios”[454]
Recomendaciones
A continuación un listado de
recomendaciones que su director entrego a Juanita: Pero me dijo que siempre debía
tratar de reflexionar y sólo en último término, hacer lo otro. Que viviera constantemente en
la presencia de Dios Nuestro Seńor dentro de mi alma. Que lo hiciera lo más a menudo
posible. Que hiciera el examen particular sobre eso. Que apuntara los pensamientos y
afectos de la meditación que más me movieran a devoción. Me permitió que me mortificara,
mortificándome en las comidas, sacrificando el gusto. También que rezara un cuarto de
hora en cruz o tres Padre Nuestros, hincada sobre las manos. Después me va a dar permiso
para ponerme cilicios. Que fuera muy reservada. Que no
hablara de mi vocación, sino con mi mamá y con la M. Izquierdo; porque era
como un perfume contenido en un frasco que, al destaparlo, se va todo. Que trajera a mis amigas al
servicio de Dios. Ciertamente
cuando alguien pasa por un compromiso complicado solicitado por su director,
lo que necesita es comprensión y consuelo. Juanita, es capaz reconfortarse en
su mayor anhelo: “Lo que más consuelo y alegría
me dio fue que me dijo que tenía vocación para Carmelita”. Tratar con el director espiritual: “con toda claridad y verdad”
La Santa Madre Teresa de Jesús, dice que siempre es
necesario tratar con el director espiritual: “con toda claridad y verdad”
[455] Juanita escribe: “Me
preguntó qué virtud prefería. Le contesté: la humildad”. La Santa Madre,
que en las carmelitas es maestra espiritual escribe en las Moradas que
se lo mandaba el Seńor: “muchas veces me ha dicho el Seńor, que no deje
de comunicar toda mi alma y las mercedes que el Seńor me hace, con el
confesor, y que sea letrado, y que le obedezca. Esto muchas veces”[456]
Y también la Santa avisa a sus hijas, las monjas; “Jamás haga nada, ni le
pase por pensamiento, sin parecer de confesor letrado y avisado y siervo de
Dios, aunque más y más entienda y le parezca claro ser de Dios; porque esto
quiere Su Majestad, (El Seńor) y no es dejar de hacer lo que Él manda, pues
nos tiene dicho tengamos al confesor en su lugar, adonde no se puede dudar
ser palabras suyas; y éstas ayudan a dar ánimo, si es negocio dificultoso, y
nuestro Seńor le pondrá al confesor y le hará crea es espíritu suyo, cuando
Él lo quisiere; y si no, no están más obligados”[457] Juanita termina este capítulo
de su Diario confesando: “Después me dio permiso para renovar el
voto de virginidad hasta la A[sunción] de la Virgen”. “Resolución: un alma para salvarla; una muerte para
temerla; una vida para santificarla. Silencio. Está el jubileo. Me siento llena de Él. Le
amo”. 24.5
LA
MIRADA DE MI CRUCIFIJO ME SOSTIENE.[458]
Cómo recoger el
pensamiento para interiorizar
La Santa Madre Teresa de Jesús, enfrenta un tema
profundo tanto para ella, como lo es tantas veces para nosotros, cómo recoger
el pensamiento para interiorizar, es decir hacer muy íntima en la
conciencia la oración y además hacerla más sencilla y contemplativa. Es así
como ella nos da la receta y dirá que lo principal para recoger el
pensamiento en la oración es centrar la mirada en Cristo. Recogerse en la
oración, es acogerse a Él, a su presencia, a su compańía. Y así insiste ella
en el aspecto anímico, sosteniendo que cuando El ama recoge las potencias
(favorece el recogimiento) y se entra ella misma dentro de sí. Como ya sabemos, la Santa Madre Teresa de Jesús
emplea muchas veces el verbo mirar, en especial en el capítulo 26 del libro Camino
de Perfección. Escribe la Santa: “Mirarle,
poner los ojos en El, volver los ojos a mirarle...mirad con qué amor y
humildad os está enseńando…No os pido más de que le miréis…Pues podéis mirar
cosas muy feas, ży no podréis mirar la cosa más hermosa que se puede imaginar?
…Él y no ha bastado para que os deje de mirar, ży es mucho que, quitados los
ojos de estas cosas exteriores, le miréis algunas veces a Él? Mirad que no
está aguardando otra cosa, como dice a la esposa, sino que le miremos. Como
le quisiereis, le hallaréis. Tiene en tanto que le volvamos a mirar, que no
quedará por diligencia suya. O miradle cargado con la cruz, que aún no le
dejaban hartar de huelgo. Miraros ha El con unos ojos tan hermosos y
piadosos, llenos de lágrimas, y olvidará sus dolores por consolar los
vuestros, sólo porque os vayáis vos con Él a consolar y volváis la cabeza a
mirarle…Su Majestad andaba en el mundo, que lo hicierais de buena gana y le
mirarais siempre”.[459] Y parece que Juanita aquí hace una síntesis: “La mirada de
mi crucifijo me sostiene”[460] “Agotada.
Enferma. Necesito de Jesús”[461]
El epígrafe de esta nota 32 del Diario Juanita anota: “Agotada.
Enferma. Las fatigas no me dejan. Cuando comulgo siento ánimo. Necesito de
Jesús” Juanita nos ayuda con estas próximas notas a que
nos instalemos frente a Jesús en su presencia, que le miremos y entremos en
comunión con Él, con sus sentimientos, que dialoguemos mirándole a los ojos,
que Él no nos quitará la vista, y que en su mirada encontraremos la fortaleza
para caminar en las dificultades, el consuelo de nuestros dolores. Escribe Juanita: “Veo todo oscuro. Mi oración se acabó.
Me han prohibido que la haga en la noche. La comunión me la han negado; pero
venzo, porque Jesús lo es Todo y Él está dentro de mi alma”.[462] Jesús nos ha dicho: “Si alguno me ama,
guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada
en él”.[463] Juanita siente que en lo profundo de su
corazón existe una necesidad o hambre” de amor y comunión con Jesús. Sabe
ella que en esta profunda necesidad no vivirá su plena satisfacción sino en
la comunión con Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que ha creado al ser
humano para la comunión en el amor, es en sí mismo Comunión de Amor. Para
ella, solo Dios es capaz de resolver esa profunda necesidad que experimenta.
Sólo en la comunión de amor con Dios puede alcanzar su completa realización y
felicidad. “żQué importa todo? No quiero mirar sino el
presente, es decir, mirar a Jesús”. Amando a Jesús, con un amor que le dispone a la
obediencia de sus enseńanzas, guardando su palabra. Ella sabe que no hay un
verdadero amor a Jesús si no aceptamos que esta palabra es luz para nosotros,
por eso ella dice: “El me alumbra”. “Enferma siempre”
Juanita está enferma y escribe: “Enferma siempre” Hay un problema que desafía desde
siempre no sólo a la inteligencia humana, sino a la misma fe, y es el
problema de la enfermedad, del dolor y de su término inevitable, la muerte,
que interviene como elemento de perturbación y no parece justificar otra
actitud que la rebeldía ante algo como ese límite insalvable de nuestro ser
humano. La fe pura encuentra en ello un motivo de turbación, porque todo ello
parece empańar la imagen del Dios bueno y amigo del hombre, justo en sus juicios,
que no hace sufrir a sus hijos, amante de la vida y no de la muerte. El caso
de Job es ejemplo de cómo también para un creyente, no dispuesto en modo
alguno a poner en duda su fe, el problema del dolor suscita dificultades y
hasta rebeldía: no es fácil describir al Dios que permite el dolor y la
muerte y que no ha librado de ella ni siquiera a su Hijo: "Padre, si es
posible, pase de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la
tuya" [464] Jesús no ha querido salvarnos
permaneciendo fuera de nuestra condición de sufrimiento, sino que se sumergió
en ella hasta para decirnos que, aunque es un límite, el sufrimiento y la
muerte no son algo "irracional". Después de haber pasado Cristo a
través del sufrimiento y la muerte, también para el creyente adquieren no
sólo su significado de prueba y de purificación, sino el de certeza de
victoria. Así lo ve también Juanita, que después de reflexionar que está
enferma escribe: Todo esto me hace
exclamar ˇJesús mío, si es posible, que pase de mi este cáliz; mas no se
haga mi voluntad sino la tuya! Y ver que no puedo hacer oración.[465]
Hambre y sed de Jesús, es una
experiencia de amor. Él es la primera gratuidad del amor, porque todo nos
viene de él, y él se ofrece para nosotros. Jesús puesto en pie, gritó: “Si
alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí “, como dice la
Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva”.[466] Juanita lo sabe, y sueńa: “No he comulgado. Llegué a sońar anoche que tenía
hambre de Jesús” Aunque el acto mismo de hacer oración no es difícil, con frecuencia
se pueden presentar dificultades y actitud de tibieza, Juanita lo admite: “pero después, todo el día en un estado de
tibieza, no hice oración ni comulgué espiritualmente”.” El camino de superación de las
dificultades nos lleva al encuentro de amor con Dios. Juanita sabe que orar
consiste en la unión de amor con Dios en el centro de nuestro corazón. Dios
en mí, yo en Dios, comunidad de vida y amor. Escribe luego: “Cumplí mi
resolución de ayer.[467]
Fui a donde la M. Izquierdo. Me recomendó que hiciese todo por amor”. Por amor a Dios, que es “la fuente de
todo don perfecto”[468]
el que toma la iniciativa en el amor, el que envía al Hijo y al Espíritu.
Dios que es el eterno amante, el que ama desde siempre. Es así como ella
siempre busca en la oración experimentar su amor de Padre. Sigue Juanita: “Que buscase
no los consuelos de Dios, sino al Dios de los consuelos, y que viviera al
día”. Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera[469]
Escribe en Juanita que les mostro a la M. Izquierdo su libreta,[470] y le llamó la atención el fin que tenía
-por la santificación de los sacerdotes-, en sus acciones, Para Juanita está
claro que el fin de la carmelita es rogar por los sacerdotes. Siempre al pie
del altar ha de recibir la sangre de Jesús y derramarla por sus oraciones a
todo el mundo. En
efecto, nosotros el pueblo de Dios, debemos orar por nuestros
Sacerdotes, por su santificación, es algo muy necesario y conveniente para
todos, ya que en la medida que tengamos Sacerdotes santos, en esa medida
tendremos la guía para que la sociedad se desarrolle teniendo como fundamento
los principios evangélicos, valores y virtudes cristianas que nos permitirán
lograr la salvación eterna de nuestra alma y conducirnos en esta vida con
ética, moral y justicia para alcanzar la equidad social ante las
desigualdades. Juanita escribe que ha hablado con Dios,
“he hablado con Jesús”. Eso permite
deducir que representa muy bien su oración como joven de mucha fe. Escribe
ella: “He servido como Hermana todo el día. He gozado, pues me figuraba
servir a Jesús. Hablé hoy bastante con Jesús”. En la vida de Juanita, comprendiendo lo que ella escribe, Jesucristo
le ha revelado que Dios es una persona real que está apasionadamente
interesado en nuestras vidas, que como eterno amante de los hombres está
siempre interesado en nuestra amistad, y que es muy cercano a nosotros. Para ella su
relación personal con Dios es lo que más importa. Escribe: “Me hizo ver la necesidad que tiene la
carmelita de vivir siempre al pie de la Cruz, para aprender allí a amar y
sufrir. Sufrir de tres maneras: Destaco que ella apunta: “Me hizo ver” En efecto, cuando oramos
Dios nos habla. Y para Juanita su relación con Jesús se basa en la fe, sabe
que cuando se dirige a Jesús en la oración, él la está escuchando, aunque no
sienta su presencia por sus emociones. Sigue Juanita: 1°La carmelita ha de mortificar su carne a ejemplo
de Jesús agonizante. 2° Mortificar su voluntad, negándose todos los
gustos y sometiendo su voluntad a Dios y al prójimo. 3° El sufrimiento del espíritu, del abandono de
nuestro Jesús en la oración,
en las luchas del alma, etc”. A Juanita, Dios le habla en la oración,
toca su alma y ella se deja consolar por él, percibe su amor, su presencia,
su bondad, su poder, su belleza y lo entiende como la misión de su vocación,
entonces escribe: “La vida de la carmelita no es otra cosa: amar,
llegar a la unión más perfecta con Dios, e inmolarse y sacrificarse en todo,
ya que el sacrificio es la oblación del amor. Me fui a
confesar.[471]
Para Juanita la experiencia de Dios en
la confesión es la paz que siente el alma, y debe ser por el inmenso bien que
trae a pesar de algunos errores que humanamente cometemos. Escribe ella: “ˇCómo me
comunica paz Dios por este Sacramento! Sí. Me siento [con] ánimo ahora para
sufrir por mi Jesús”. Es así como para ella, este sacramento
es tiempo privilegiado de encuentro con Dios para el perdón y para la
renovación de la vida espiritual. “Le dije que si quería que cambiase el examen
particular. Me dijo que lo hiciera sobre la devoción a la Virgen”. Entonces Juanita endulza la confesión
estableciéndose unos propósitos: “La primera semana, que meditara en la grandeza de
María. La segunda, en la bondad de su corazón. La tercera, en el amor maternal de su corazón. La cuarta, cómo la debo honrar, amar y poner toda
mi confianza en Ella. Me dijo que todo se lo diera a María, para que
ella se lo presentase a Jesús”. Ya hemos dicho que cuando oramos, Dios
nos habla. Y estamos seguro de eso, porque nuestra relación con Dios se basa
en la fe. Si mi oración es vocal, sé que me está escuchando, aunque no sienta
su presencia con mis sentidos. En la oración lo podemos alabar, preguntarle
cosas, adorarle, darle gracias, pedir perdón y sé que Dios está escuchando,
se interesa y se preocupa. Me dijo que debía hacer lo posible para vivir sin
el consuelo y los gustos en la oración” En la oración de recogimiento, Santa
Teresa de Jesús nos enseńa que no hay que buscar satisfacción o contentos y
gustos, sino plena confianza en Dios, y explica que el valor de la oración no
está en los gustos, sino en quien ama más. También nos recuerda que todo lo
que viene de Dios viene cargado de amor.[472] A pesar de que Juanita ha tenido
momentos de gran tribulación, con muchas dificultades y aflicciones, ella
nunca ha cedido al desaliento gracias a la cercanía que ha sentido de Jesús.
Ella pone en las manos del Seńor, toda su existencia. Escribe Juanita[473]:
“Anoche, una hora con Jesús. Hablamos íntimamente”.[474]
“Me reprochó el que yo no acudiera como antes en
mis dudas y penas a su Corazón. “Que debía ser toda para El” “Me apoyó sobre su Corazón” “Me habló de la pobreza” “Que todo es de Él. Que todo pasa, es vanidad” “Me habló de la
humildad de pensamiento” Pero en ningún momento de su vida
siente que le falta el apoyo del Jesús misericordioso, de todo consuelo y
fortaleza. Sigue Juanita: “En fin me
abrió su Corazón y me mostró que por mis oraciones tenía escrito el nombre de
mi papá. Me dijo me resignara a no ver el fruto de ellas; más que lo
alcanzaría todo. Después me reveló su amor, pero de tal manera que lloré. Me
mostró su grandeza y mi nada y me dijo que me había escogido para víctima”. Mas adelante en la misma nota del libro, apunta Juanita;[475] “Tengo pena”
Al sufrir Juanita por Cristo,
experimenta su consuelo. Puede ella repetir como San Pablo; “ˇBendito sea el
Dios y Padre de nuestro Seńor Jesucristo, Padre de los misericordias y Dios
de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder
nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo
con que nosotros somos consolados por Dios! Pues, así como abundan en
nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo
nuestra consolación”.[476] Sigue Juanita: “Madre mía, dile a Jesús lo que necesito y ruégale mucho”. El misterio de pedir a la Virgen María
que sea nuestra intercesora esta siempre en el corazón de Juanita, para ella
María es fuente de luz interior, de esperanza y de consuelo. En medio de las
pruebas de la vida, y especialmente de las contradicciones que ella
experimenta en su interior, le pide a María en oración: “Madre mía, a tu Corazón de Madre confío todas mis penas. Ya no puedo
más”. Pero a pesar de estas tribulaciones,
ella puede decir con San Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”[477]
Por eso sigue ella escribiendo luego: “Si
Jesús no me sostuviera, no sé qué haría” Pena. Sequedad. Abandono. Tinieblas[478]
Escribe un día de miércoles santo: “Abandono, sequedad, agonía... Estoy que ya no
puedo más. Me duele mucho el pecho y la espalda. Veo todo tan triste, porque
no podré ser carmelita, si soy delicada”.[479] La sequedad espiritual nos trae
problemas con nosotros mismos. En efecto, es una dificultad cuando se quiere
orar con sinceridad. En algunas ocasiones por más que queramos estar en contemplación,
nuestro corazón está seco, tanto así, que ni siquiera hay gusto por los
pensamientos, recuerdos y sentimientos, incluso espirituales. Es el momento
en que la fe es más pura, la fe que se mantiene firme junto a Jesús en su
agonía y en el sepulcro. "El grano de trigo, si muere, da mucho
fruto"[480] Si
la sequedad se debe a falta de raíz, porque la Palabra ha caído sobre roca,
no hay éxito en el combate sin una mayor conversión”[481]
La sequedad es un reflejo del combate de nuestras vidas. Así como en la vida
luchamos por hacer la voluntad de Dios, por cumplir sus mandamientos a pesar
de los muchos obstáculos, tentaciones y debilidades que tenemos, en la
oración también debemos combatir y luchar. Juanita está pasando por instancias difíciles, escribe ella:[482] “Sufro, pero de una manera horrible, el abandono. Jesús me ha
abandonado, porque soy infiel. Ya no oye mis oraciones y me deja sin su
gracia para vencerme, de manera que estoy desesperada. Jesús mío, ten piedad
de mi” Una de las razones de la sequedad es la
falta de humildad. Creemos que solamente depende de nosotros mismos el hacer
oración y perseverar, sin darnos cuenta de que frecuentemente solos no
podemos nada. Es así como Juanita pide ayuda a su madre espiritual, poniendo
su confianza en ella: “Tú sabes que te amo. Madre mía, socórreme en las
tinieblas. Nada. Jesús no está en mi alma”. A veces nos ponemos impacientes, a Juanita le pasa a menudo, ella
busca respuesta rápida; “La Virgen no me contesta. Jesús, ten piedad de tu
esposa infiel. Sí, Te amo. No me abandones”. Pero luego ella tiene esa
capacidad de darse cuenta que aunque no vea
la respuesta a su oración no significa que es ignorada y es paciente,
perseverante y exclama: “ˇOh, gracias! Con tu palabra, Jesús, disipas por
completo la tempestad”. Con todo, Juanita está pasando por momentos difíciles:[483] “Estoy en un estado tan terrible... Rabiosa. Con deseos de portarme
mal. Desesperada en las monjas. Sin gusto por la oración, pues en ella
encuentro sequedad. Siento desesperación”. Esta situación
trae una nueva oportunidad para verse objetivamente y abandonarse en Dios,
oírle, y así entender que nos pasa. Juanita dice que: “Jesús me dijo
hoy que era porque me apegaba a las criaturas”. A veces creemos que somos nosotros
quienes determinamos la oración y esto no es así, es el Espíritu Santo de
quién recibimos ayuda. Hay quienes buscan a Dios por medio de la oración,
pero se desalientan pronto porque ignoran que la oración viene también del
Espíritu Santo y no solamente de ellos”. "Fiat voluntas tua" [484]
Juanita
esta por retirarse de su colegio[485], y escribe: “Fiat voluntas tua", he aquí mi
oración. No pido otra cosa. Esta mańana Jesús me ha pedido que no llore por mi
salida del colegio, pues es esa su voluntad”. Y luego le escribe a la Reverenda Madre[486]: “Me faltan sólo quince días para salirme del colegio y aunque tengo
pena, quiero cumplir la voluntad de Dios con alegría. Rece mucho por mí; voy
a principiar a luchar con el mundo y pienso que en las vacaciones pediré el
permiso para irme a las carmelitas. Veo que es esa la voluntad de Dios; pues
se han allanado muchas dificultades que antes me parecían insuperables.
Pienso…llevar una vida de oración: levantarme a las cinco y media y hacer,
desde las seis a las siete, meditación. A las once y media, examen. En la
mitad del día, lectura espiritual y, en la tarde, una hora de oración”. A la salida de su colegio, Juanita escribe unas nuevas resoluciones
para su vida entera:[487] “1Ş No dejaré jamás mi meditación, mi Comunión y
misa. “2Ş Haré examen particular y rezaré mis oraciones
de la mańana y de la noche de rodillas”. “Además mi vida es de más oración. Paso muchas
veces sola en mi pieza con sólo Dios. El estudio me ocupaba más el
pensamiento. Ahora sólo debo pensar en El”. Después más adelante le escribe
a una amiga:[488] “Me salí del
colegio hace ya catorce días y la vida que en el colegio me parecía un
misterio, se desliza, gracias a Dios, tranquilamente. Todos los días voy a
comulgar y hago mi oración de tres cuartos de hora. Trato de vivir
continuamente en la presencia de Dios”. Juanita ya no está en el colegio, aún no sabe si será carmelita[489], esto le trae
instantes de sufrimiento, escribe ella; “ˇSufrir!
Esta palabra es el grito de mi corazón. Pero ahora sufro como nunca. Son
penas del alma. Es preciso morir a sí misma para vivir escondida en Cristo.
No tengo gusto ni por la oración ni por la comunión y, sin embargo, son unos
deseos [locos] los que siento en mi alma de unirme a Él”. Pero aún no ha tomado su decisión,
escribe ella: “Tengo muchas dudas
respecto a mi vocación. Dudo si ser del Sdo.
Corazón o Carmelita”. Se siente atraída por la vida de inmolación, pero el Carmen se le presenta con
todos los atractivos para llenar su alma.[490] Y ante la duda se
responde: “Además, N. Seńor me ha
manifestado tantas veces que sea carmelita. Y cuando estoy en la oración N.
Seńor me dice me ha escogido a esa vida tan perfecta y tan de unión con Él,
porque me ama mucho entre las escogidas de su Divino Corazón”. Tiene ella
sus buenos motivos y ejemplos, así lo dice: “A Magdalena le dijo había escogido la mejor parte", “La Santísima Virgen, mi Madre, fue una
perfecta carmelita. Vivió siempre contemplando a su Jesús, sufriendo y
amándolo”. …” La vida de la carmelita consiste en amar, contemplar y sufrir.
Vive sola con su Dios”. Mas tarde, ella va al Monasterio de los
Andes[491]
y ratifica su vocación. “Me sentía
feliz, satisfecha. Veía a N. Seńor con el rostro sonriente y parece que me
decía que estaba feliz allí, oyendo las alabanzas de sus esposas”. … “Fue mi
primera oración unida a ellas para mi Madre Santísima”. Oración que he tenido[492]
Juanita está de vacaciones en el campo,
en el fundo San Pablo arrendado por su papa, en este ambiente ella tiene más
oportunidad para el encuentro a solas con Dios, son días para llegar a la
oración de recogimiento interior, aquella que tiene lugar en lo más íntimo y
profundo de su corazón. Escribe
nuevamente Juanita: “Estoy en el campo.[493]
Qué pena tengo, pues no puedo ni hacer oración, pues ni aun puedo estar sola.
Mas estaré unida a mi Jesús. Todo se lo ofrezco a Él, pues es ésta su
voluntad”. “En las noches he tenido mucho fervor y N. Seńor me dio a
entender su grandeza y al propio tiempo mi nada”. Estos días de recogimiento, pasan a ser de gran beneficio, en
especial porque se ha dado tiempo en la buena lectura; “Leí en la mańana la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz”[494]Leer
al santo Padre del Carmelo, le produce a Juanita un cambio muy importante en
su deseo de unión con Dios y en el modo de hacer oración. Sigue apuntando
ella: “tengo tanto amor, que Dios no se
aparta de mi pensamiento y es tal la intensidad de amor que experimento, que
me siento sin fuerzas, desfallecida y algo como si estuviera en otra parte,
no en mí misma”. Todo ha cambiado en su forma de orar y recogerse: “Sentí un gran impulso por ir a la oración.
Principié por mi comunión espiritual, pero al dar la acción de gracias, mi
alma estaba dominada por el amor. Las perfecciones de Dios se me presentaron
una a una: la Bondad, la Sabiduría, la Inmensidad, la Misericordia, la
Santidad, la Justicia”. “Hice mi oración. Sentía amor y unión con Dios.[495]
ˇQué bueno es
mi Dios![496]
Exclama Juanita: ˇQué bueno es mi Dios! “Nadie
es bueno sino sólo Dios”[497]
le dijo Jesús al joven rico que lo llamó “Maestro bueno” y es cierto, sólo en
Dios se aplica el principio de que la bondad debe de ser íntegra. Juanita lo
dice porque en el amor y amistad a Jesús ha visto en plenitud el rostro
compasivo y bueno del Padre que está en los cielos. Es conociéndole a Él como
podemos conocer también al Padre[498]
y viéndole a Él podemos ver al Padre, porque Él está en el Padre y el Padre
en Él[499] Sigue: “Me paso a sus pies”. Se
sienta a sus pies como María, hermana
de Marta, que, a los pies del Seńor, escuchaba su Palabra”[500]
No hay otro sitio mejor para sentarse. Esto nos demuestra que Juanita está en
actitud de humildad y tranquilidad a los pies de
su amado esposo. También nos dice que a ella no le interesa oír palabras o
conversaciones superficiales, sino que palabras dignas de ser oídas y
guardadas en el corazón, como lo hacía María. Sigue: “Me siento muchas veces
desfallecida de amor. Me anonado en su presencia al verme tan miserable a
pesar de que me llena de favores. Todo lo que hago es por su amor. Vivo en
una continua presencia de Dios”. No está lejos Juanita de una verdadera oración, “todo lo hace por amor a Jesús”, ella pone a su amado en su corazón y así alcanza la felicidad. Por esto, en la oración, ella se
dispone a la voluntad para encontrar, amar y poner por obra, “Todo lo que hago” el querer de Dios.
Como exclama Santa Teresa de Jesús: “por donde el aprovechamiento del alma
no está en pensar mucho, sino en amar mucho”[501] Sigue: “Me confesé[502].
Le consulté acerca de mi oración y me dice que no haga ningún caso de las
locuciones interiores sino de los efectos que hacían éstas en mi alma. Que
viera lo poco que valía ante Dios”. Muchas veces
rezar con amor, impone esfuerzos, algunas vividas sin consuelos ni frutos
aparentes. La oración no es un asunto
de hablar locuazmente, sino de amar. Y se ama, hablando con sinceridad al
Seńor, aunque a veces, no se diga nada. Sigue: “Qué bueno eres, Seńor.
Cómo eres Tú el que pones interés en mí para que me lleven a Ti”. Feliz Juanita, ora con alegría, “No sé cómo
pagártelo”. y puede decir como el canto del salmista: “żCómo al Seńor podré pagar todo el bien que me ha
hecho?”[503] Sin recogimiento ni fervor[504]
Recogimiento.
Es un modo de rezar que nos enseńa Santa Teresa Jesús; “aunque sea
vocalmente, con mucha más brevedad se recoge el entendimiento, y es oración
que trae consigo muchos bienes”[505].
Y recogerse, żqué es?, Teresa nos dice: “Llámase recogimiento porque recoge
el alma todas las potencias y se entra dentro de sí”[506] Esto es cosa del alma, es decir, cosa del
centro interior de la persona. Es ella la que ha de convocar hacia dentro los
sentidos y potencias. El alma misma “se entra dentro de sí con su Dios” [507] Escribe: “No podía recogerme[508],
pero N. Seńor, desde lo íntimo, me dijo que lo adorara y me quedé muy
recogida. Estaba haciendo mi oración[509]
y me la interrumpieron. Pero N. Seńor permitió que quedara muy unida a El” Para
Juanita, Dios es Dios de consuelo. Ella siente que la ama con pasión y no le
es indiferente, sin embargo, tiene a pesar de madurez oracional, algunos
instantes de aridez, dice ella: “Hice mi
oración.[510] No tuve ni
recogimiento, es decir, interno, ni fervor. Tampoco sentía amor, ni oí la voz
de N. Seńor”. Pero el consuelo de Dios es sobreabundante, como inmenso en su amor y Cristo
consuela y seca las lágrimas de los que lloran, ayer y hoy. Es así como
Juanita siente: “Sin embargo, sentía consuelo de estar con Dios”.
Después sigue reconfortándose: “Al fin, Dios me dio a entender su amor
infinito La Santa Madre Teresa de Jesús, nos
confiesa que nunca supo lo que era rezar con satisfacción hasta que el Seńor
le enseńó este modo de orar, además nos cuenta su experiencia de que siempre
encontró mucho provecho de tener la costumbre de orar de esta manera, es
decir con recogimiento interior. Juanita nos confiesa: “no tuve fervor en la oración. Gran sequedad;”[511]
No obstante, a través de lo que continúa
exponiendo, vamos descubriendo a un Dios que vive siempre en nosotros, aunque
no es habitual que lo percibamos siempre y sólo se hace sentir cuando quiere.
Por tanto es importante para progresar en esta oración, prestar en lo
posible, la atención a quien interiormente se le habla, y tratar de no estar
mucho tiempo sin comunicarse con Él, que es un buen Amigo, es así como ella
luego dice; “pero Dios se
me manifestó, sin hablarme. muy interiormente”. No siempre es fácil descubrir si las
dificultades en la oración provienen de nuestra mente. Para entrar en clima
de oración profunda necesitamos el silencio y la pacificación de nuestra
mente. El Santo Padre San Juan de la Cruz nos ha dicho: “Una palabra habló el
Padre, que fue su Hijo, y ésta habla siempre en eterno silencio, y en
silencio ha de ser oída del alma”[512] Silenciar los ruidos de la mente ayuda a
despertarla y ponerla atenta, vigilante para oír: “Mira que estoy a la puerta
y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre la puerta entraré en su casa y cenaré
con él y él conmigo”[513]
Dice Juanita: “Noto que mi
alma está como adormecida.[514]
A veces siento fervor en la oración, otras veces no; y, sin embargo, tengo
ansias de tener oración; pues todos estos días no he tenido; más cuando
quiero meditar no puedo discurrir”. Con todo, el camino de superación de
las dificultades lleva a Juanita al encuentro de amor con Dios. Ella a pesar
de las arideces, sabe que orar consiste en la unión de amor con Dios en el
centro de su corazón. Reflexiona: “También habló
cuán necesario era vivir constantemente contemplando a Dios, sobre todo a
Jesucristo, pues la Humanidad es la puerta que hay que franquear para entrar
en la Divinidad”. Dios en mí, yo
en Dios, comunidad de vida y amor. Esto le permita a ella finalmente decir: “Que en la oración penetraríamos en los sentimientos y afectos de ese
Corazón divino para imitarlo y compenetrarnos de ellos”..
“Le prometí vivir sólo para Él, no dejar mi oración” Por fin,
Juanita llega al Carmelo[515]
Ya todo es distinto, en el Carmelo puede gozar en oración con el
dulcísimo amor de su amado, escribe Juanita, que ahora será Teresa de Jesús: “He sentido mucho amor divino. En la
oración sentí que el Sdo. Corazón se unía a mí. Y
su amor era tanto que sentía todo mi cuerpo abrasado en ese amor y estaba sin
sentir mi cuerpo”. “Que en la oración no buscara la
imagen, sino el concepto puro de Dios; porque si lo imaginaba, lo
empequeńecería”.[516] 25 EXPERIENCIA DE DESEAR Y AMAR EL CIELO EN LA TIERRA[517]
“He
aquí que una puerta estaba abierta en el cielo, y aquella voz que había oído
antes, como voz de trompeta que hablara conmigo, me decía: “Sube acá”[518] 25.1
EL
CIELO ES LA MORADA DE DIOS.
Cuando el ángel anuncia a los pastores
de Belén que ha nacido el Salvador, se le unió "una multitud del
ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: Gloria a Dios en el cielo y
paz en la tierra a los hombres que él ama"[519] El deseo de todo hijo de Dios es acoger
al Seńor en esta vida con amor, con la esperanza de gozar después de esta
vida terrenal de la plenitud de comunión con Dios. Esa es la meta de la
existencia humana. Como enseńa el Catecismo de la Iglesia Católica, “el cielo
es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del
hombre, el estado supremo y definitivo de dicha”[520]
En
sentido simbólico, el cielo es la morada de Dios. Canta el Salmo: “ˇExcelso
sobre todas las naciones Dios, por encima de los cielos su gloria! żQuién
como el Seńor nuestro Dios, que se sienta en las alturas, y se abaja para
verlos cielos y la tierra?[521] A la representación del cielo es morada
trascendente del Dios vivo. Así, el cielo resulta figura de la vida en Dios.
En este sentido, Jesús habla de “Alegraos y regocijaos, porque vuestra
recompensa será grande en los cielos”[522]
y además nos pide: “Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay
polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben”.[523] Sentirse
invitada a subir al cielo.
Por otra parte, la carta a los Hebreos
expone que: “Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -
Jesús, el Hijo de Dios - mantengamos firmes la fe que profesamos.[524]
Por tanto como creyentes e hijos de Dios, amados de modo especial por El,
seremos resucitados con Cristo y hechos ciudadanos del cielo. Como dice el
Apóstol Pablo: “Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que
nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente
con Cristo - por gracia habéis sido salvados - y con él nos resucitó y nos
hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús”[525]
Quizá no haya un módulo más frecuente
que aquel con que se expresa el seńorío de Dios sobre el cielo. Si muchas
veces se dice que Dios habita o tiene su trono en el cielo o que es el Dios
del cielo, y en tiempos más recientes se llega a llamarlo simplemente
"cielo"[526]
no es sólo porque se piense en su altura o en su lejanía, sino también porque
se contempla su inmensidad y su belleza. Por esto el salmista puede cantar:
"Los cielos cuentan la gloria de Dios,”[527] También canta el Salmista: "El
cielo es el cielo del Seńor, y la tierra se la ha dado a los hombres" [528]
e Isaías nos afirma que: “la tierra, lo mismo que el cielo, está llena de la
gloria de Dios” [529] “żQuién hay para mí en el cielo?
Estando contigo no hallo gusto ya en la tierra” [530] En esta situación interior Juanita se
siente invitada a subir al cielo. Juanita muy
joven se preparó para la boda eterna.
Juanita
en su vida interior se siente invitada a subir al cielo y a considerar desde
allí los hechos que la afectan desde fuera. Dice San Juan en Apocalipsis:
“Después tuve una visión. He aquí que una puerta estaba abierta en el cielo,
y aquella voz que había oído antes, como voz que hablara conmigo, me decía:
Sube acá” [531] Nuestra
vida, se desarrolla en la tierra, pero tiene una influencia decisiva en el
cielo, en especial, si estamos consciente de la presencia de Cristo y del
Espíritu en nuestra vida litúrgica. Y
la idea del cielo, en definitiva es la idea de un lugar donde ya no hay
escasez de agua, ni de comida, ni de luz, ni de paz, ni de prosperidad. Donde
Jesús da el agua viva; él es el pan del cielo, él es la luz del mundo, él es
nuestra paz, él es el camino, la verdad y la vida. "Yo
soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente;
y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo... Os aseguro que si
no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no tendréis vida
en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo
resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre
es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en
él. Como el Padre que me ha enviado vive y yo vivo por el Padre, así el que
me come vivirá por mí..”.[532] żPero
que hace que una persona, que aprende a vivir sabiendo que todas las
aspiraciones del hombre están motivadas para acomodarnos en la tierra lo
mejor que podamos? No
podemos negar que la vida puede ofrecernos cosas preciosas. Gozar de la
belleza del mundo prodigioso, abrir los sentidos al cosmos entero, la
inteligencia a los secretos que la materia encierra, aprender a amar y ser
amados, crear obras de arte, terminar bien un trabajo, ver el fruto de
nuestras aspiraciones, conocer otras culturas, leer un buen libro, etc... No
es fácil relativizar todo ello o restarle importancia. Nuestros parientes y
amigos, nuestras posesiones, nuestros proyectos, nuestros anhelos e ilusiones
son todo lo que tenemos y por lo que hemos trabajado toda la vida. Nos hemos gastado
en ello, invirtiendo todas nuestras fuerzas. Y
por ello, ni pensamos en la otra vida. Ni en el Cielo ni el Infierno. Ni el
Cielo nos atrae, ni el Infierno nos asusta. Vivimos sumergidos en el tiempo,
como si fuéramos inmortales. Por esa razón, cuando hablamos del Cielo o de
Infierno, a muchos les llega hasta parecer ridículo. ˇY sin embargo es, una
cosa u otra, nuestro destino ineludible!, por los que se nos hace necesario
reflexionar sobre esto. Y
no es que nos resignemos mansamente a lo inevitable. Es por el contrario es
la conciencia jubilosa de que estamos siendo llamados por Dios y se nos
dilata el corazón por este llamado que se nos acerca. La vida, que hacemos en
la tierra, como no sabemos la hora en que seremos llamados al cielo, se debe
hacer como nos invita el Seńor en el Evangelio, “con las lámparas
encendidas…para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran la puerta
al esposo…Dichosos los siervos, que el Seńor al venir encuentre
despiertos…ˇdichosos de ellos!....estad preparados, porque en el momento que
no penséis, vendrá el Hijo del hombre”. [533]
Esto es, pensar durante toda nuestra vida terrena, que pronto verás a Dios. En
la breve vida de Juanita, nuestra hermana Teresa de Los Andes, observamos una
gran madurez. En efecto, Juanita muy joven se preparó para la boda eterna.
Ella puede decir como el Profeta Jeremías: Me has seducido, Seńor, y me dejé
seducir; me has agarrado”[534]
o como ella misma le dice a su hermana Rebeca: “He sido cautivada en las redes amorosas del Divino Pescador”.[535]
En otras palabras, fue seducida por el cielo. Este
pequeńo estudio de su “Diario y Cartas”[536]
tiene ese ideal, reflexionar sobre el cielo de nuestra hermana carmelita, que
en su paso por esta vida, tuvo la delicadeza de instruir al prójimo en las
cosas del cielo, enseńar con sus cartas a su familia, amigas y hermanas para
las cosas del cielo, habiendo comprendido que los hombres, han nacido
principalmente no para la tierra y el tiempo, sino para el cielo. Hoy he tenido
la dicha de comulgar… Me parecía estar en el cielo.
Escribe
Juanita a los 7 ańos, cuando murió su abuelo, como un
santo[537]. Relata que fue un 13 de mayo, que ese día recibió los Sacramentos y
recuerda que al levantar en la Consagración la Santa Hostia su alma se voló
al cielo sin haberlo notado nadie. Parecía dormido. Su muerte fue la de un
santo. Como lo fue su vida. Desde pequeńita, comienza a tomar conciencia que
las personas santas van al cielo. Ańos más tarde, a sus 12
ańos, recuerda Juanita que estaba enferma un 8 de diciembre.[538]
Su mama creía que moriría, pero al sanarse se convenció de todavía no merecía
el cielo, por eso no la llevó el Seńor. Nuestra
vida, se desarrolla en la tierra, pero tiene una influencia decisiva en el
cielo, en especial, si estamos consciente de la presencia de Cristo y del
Espíritu en nuestra vida litúrgica, en la vida de la Misa Dominical o Diaria
como es la de Juanita. Ella
ya es una adolescente, ha ido madurando, y su ideal se ha ido fortaleciendo.
A los 15 ańos, comienza el internado, lejos de su familia, pero eso no la
aleja de su amor a Jesús, en especial, porque la vida del internado pasa a
ser como un ensayo para luego ir a vivir en el Carmelo, comprende, que la voz
de Dios manda más y ella debe seguir a Jesús al fin del mundo, si Él lo
quiere ya que en Él lo encuentra todo. Escribe Juanita: “El solo ocupa mi pensamiento Y todo lo demás, fuera de Él, es
sombra, aflicción, y vanidad. Por Él lo dejaré todo para irme a ocultar tras
las rejas del Carmen, si es Su Voluntad, y vivir sólo para Él. ˇQué dicha,
qué placer! Es el Cielo en la tierra”.[539]
Tenía frente a cualquier
decisión, que quien la elegía era el Rey de cielos y tierra”.[540] En ese mismo periodo,
pero en sus vacaciones de septiembre, escribe: “Hoy he tenido la dicha de comulgar. Me sentía tan unida a Él, lo
amaba tanto que me parecía estar en el cielo y he continuado en esta unión
durante todo el día. ˇJesús mío, no te separes de mí![541] Mas tarde, el día que
celebramos la Inmaculada, el ocho de diciembre de 1915, aún con quince ańos,
Juanita hace el voto delante de la Santísima Trinidad y en presencia de la
Virgen María, y de todos los santos del Cielo de no admitir otro Esposo sino
a su Seńor Jesucristo, a quien ama de todo corazón y a quien quiere servir
hasta el último momento de su vida.[542] Porque Dios es el Cielo.
Juanita ya
tiene 16 ańos. La lectura de la vida de la carmelita Isabel de la Trinidad,
que aún no estaba canonizada, le hace bien a su alma. Le escribe a su hermana
Rebeca: “Qué feliz soy! Te convido a
pasar con Jesús en el fondo de tu alma. He leído en la vida de Isabel de la
Trinidad que esta santita le había dicho a Nuestro Seńor hiciera de su alma
su casita. Hagamos nosotros otro tanto. Vivamos con Jesús dentro de nosotras
mismas, mi pichita querida. Él nos dirá cosas desconocidas. Es tan dulce su
arrullo de amor. Y así, como Isabel (de la Trinidad), encontraremos el Cielo
en la tierra, porque Dios es el Cielo”.[543] Mas adelante, concluye en
un retiro: “Para hacer bien los
ejercicios son dos cosas necesarias: 1° Tener ánimo y liberalidad; 2ş Ponerse
en manos de Dios”. Y luego medita: “Reformarnos a nosotros mismos. Estar
dispuestos a todos los sufrimientos para gozar después con Él en el
cielo…Jesús, único amor de mi alma.[544] Todas las edades de
Juanita son importantes, más aún cuando todo lo que le va pasando, la va
haciendo madura en la fe, y en su ideal del cielo. Las advocaciones marianas,
le atraen mucho. Escribe ella (es febrero, mes de Lourdes): “Anteayer y ayer fuimos a Lourdes.
ˇLourdes! Está sola palabra hace vibrar las cuerdas más sensibles del
cristiano, del católico…No creí que existiera la felicidad en la tierra; pero
ayer, mi corazón sediento de ella, la encontró…tu lenguaje de Madre era tan
tierno... Era de cielo, casi divino…Madre mía, sí. En Lourdes se encontraba
el cielo”[545] El ańo está comenzando,
por tanto, podemos hacer algunas resoluciones para lo que queda. Entre
muchas, ella planifica; “He de
olvidarme de mí misma…uniéndome a Jesús…en ser caritativa con el prójimo…no
dar mi opinión, si no me la piden…sufrir con gozo las humillaciones, siendo
amable con las personas que me las proporcionen…viviendo con Jesús en el
fondo de mi alma que ha de ser su casita, donde Él pueda descansar. Allí, le
adoraré y le ofreceré las mortificaciones, sufrimientos y humillaciones. żNo
es el Cielo en la tierra vivir con Dios?” [546] Y así es como el cielo
para Juanita, pasa a ser un deseo irresistible, cada fiesta litúrgica la vive
intensamente, escribe ella: “Ascensión
del Seńor al cielo de mi alma. Haré todas mis cosas en unión con Él, por Él y
para Él. Lo consolaré. Quiero ser crucificada. Y El me dejó sus clavos.
Jesús mío, Esposo de mi alma, te amo. Soy toda tuya. Sé Tú todo mío… Mańana es el día de la Trinidad.
żEncontrará el Padre la figura de Cristo en mí? ˇOh, cuánto me falta para
parecerme a Él!”[547] 25.2
SEREMOS
UNA ALABANZA DE GLORIA Y VIVIREMOS UNA VIDA DE CIELO.
“Quiero vivir
con Jesús en lo íntimo de mi alma”.
Juanita continúa leyendo
a Isabel de la Trinidad. Le encanta. Dice que su alma es parecida a la de
ella y que la va a imitar. Escribe ella: “Quiero
vivir con Jesús en lo íntimo de mi alma. Quiero defenderlo de sus enemigos.
Quiero vivir una vida de Cielo, así como dice Isabel, siendo una alabanza de
gloria…viviendo una vida divina. Amando con un amor puro a Dios. Entregándome
a Él sin reserva. Viviendo en una comunión íntima con el Esposo de mi alma…y
así seremos una alabanza de gloria y viviremos una vida de Cielo”.[548] En un próximo Retiro
comenta: “El infierno me hiela”,
con todo, llega a decir luego: “Jesús
querido, acabo de ver lo que es el infierno; lo terrible que es. Pero te digo
que preferiría estar allí por una eternidad con tal que un alma, aunque fuera
tan miserable como la mía, te amara…aunque sé que ya no sería infierno sino
cielo, pues el amor es cielo”. [549] Poco a poco, también
Juanita se va haciendo la idea de que ella puede vivir el cielo en la tierra,
como lo aprendió de la lectura de Isabel de la Trinidad, eso era para ella
vivir en el Carmelo. Corría el mes de agosto de 1917. Escribe ella: “Examiné lo que me llevaba al Carmen y por
lo principal es porque allá viviré ya como en el cielo, pues ya no me
separaré de Dios ni un instante. Le alabaré y cantaré sus misericordias
constantemente, sin mezclarme para nada con el mundo”.[550] Si nos fijamos en el
detalle de la carta siguiente, me atrevería a decir que la vocación de amor
al cielo y de carmelita, viene en parte de la lectura de Isabel de la
Trinidad. Juanita escribe: “Ahora le
comunicaré que yo nunca he conocido personalmente a ninguna carmelita.
Solamente he leído la vida de Sor Teresa y de Isabel de la Trinidad. Desde
entonces he comprendido que el Carmen es un cachito de cielo y que a ese
Monte santo me llamaba el Seńor”.[551] Y el cielo para Juanita
es Jesús, pase lo que pase, esté agotada, fatigada, ella al recibir el cuerpo
de Jesús en la eucaristía le da mucho ánimo: Escribe; “Cuando comulgo siento ánimo. Jesús me da vida, no sólo la del alma
sino la del cuerpo. Y me la quitan; me privan del Cielo. Jesús querido, que
se haga tu voluntad y no la mía. Mańana comulgaré. Conseguí permiso. ˇOh,
qué felicidad: mańana tendré el Cielo en mi corazón! ˇOh, te amo, Jesús, te
adoro! Y no se olvida por esto momento de cielo agradecer a la santísima
Virgen María: “Te agradezco a Ti y a mi Madre este favor. ˇToda tuya……Sólo.
Tú...ninguna criatura!” [552]
Y en todo momento, ella piensa en el Carmelo como su cielo, y se lo pide a
Jesús: “Jesús
mío, confío en Ti. Eres Todopoderoso. Ven a robarme y que sea pronto, muy
pronto y para siempre. Mańana está de fiesta el Cielo. Mi alma es un cielo,
pues en ella está Jesús”[553] 25.3
SI
SUFRÍA CON PACIENCIA, TENDRÍA UN GRAN PREMIO EN EL CIELO.
“Morir, żqué cosa hay más ideal?
ˇQué
maravilla llegar a comprender que la muerte es el inicio de la verdadera vida
y que todo esto no ha sido sino un ensayo, un camino, una invitación! "La muerte, es por tanto, un momento
santo: el del amor perfecto, el de la entrega total, en el cual, con Cristo y
en Cristo, podemos plenamente realizar la inocencia bautismal y volver a
encontrar, más allá de los siglos, la vida del Paraíso"[554]
żAcaso esto no lo comprendió bien Juanita?, escribe ella: “Morir, żqué cosa hay más ideal? Morir,
vivir en Dios por una eternidad, gozar en Dios, żpuede haber felicidad más
grande? Jesús querido, cada vez que me siento mal, siento nostalgia de Ti, de
ese Cielo en donde no te ofenderé más, en donde me embriagaré de tu amor, en
donde, Jesús, seré una contigo, pues he de estar en Ti y moverme en Ti”.[555] También Juanita hace su
apostolado para que otros vayan al cielo, como en un caso que relata ella
sobre un problema que tenía una nińita en su escuela, entonces relata que
rezo a la Santísima Virgen un "Acordaos", y le dijo todo lo que le
inspiró Ella para animarla y consolarla. Entonces le hablo a la nińa de la
Virgen; que le contara sus penas; que le pidiera su protección; que, si
sufría con paciencia, tendría un gran premio en el cielo. [556] También, como lo hace el
místico padre del Carmelo, san Juan de la Cruz, Juanita es admiradora de la
naturaleza, recordando que todo es obra de Dios. Recuerda ella de un paseo a caballo: “No te imaginas
paisajes más bonitos los que se nos presentaban: quebradas inmensas entre
dos cerros cubiertos de árboles, y al final de ellas una abertura por donde
se veía el mar, sobre el cual se reflejaban nubes de diversos colores; y por
detrás el sol encubierto. No te imaginas cosa más bella, que hace pensar en
Dios que ha creado la tierra tan hermosa… żQué será el cielo -me pregunto
muchas veces- cuando es para gozar?”[557]
Pero del mismo modo como ella gustaba de la naturaleza busca lugares
solitarios para escribir lo que siente: “nunca anhelo el rinconcito donde
existe la verdadera soledad, y donde reside la felicidad, pues allí poseeré a
Dios, principiando así la vida del cielo.[558] Quizás ese mismo deseo de
estar a solas con él, es que ella se entusiasma en escribir a la Madre
Angélica Teresa del Monasterio de los Andes: “No se imagina los deseos que tengo de ser
carmelita, de irme a vivir esa vida de unión divina, vida de cielo en la
tierra, pues la carmelita, como Ud., Reverenda Madre me dice, vive para Dios,
por Dios y en Dios”.[559] El
mismo deseo le comunica al P. José Blanch: “Que pueda pronto llegar al puerto del Carmelo donde espero
encontrar el cielo en la tierra, es decir, el cielo en el sufrimiento y en
el amor”[560] Amar y servir a
Dios, y así, alcanzar el Cielo.
Escribe: “Me falta un mes para salirme del colegio;
pues, como se casó mi hermana mayor, me van a sacar. Yo, por un lado, tengo
ganas, pues así me podré ir más pronto a ese conventito para ser toda de Él.
żCuándo, Reverenda Madre, llegará ese día venturoso en que ya nada me
separará de Él? Madre, esa hora para mí es a veces un cielo” [561] Juanita ha cumplido ya
sus dieciocho ańos, es julio de 1918, por una parte, se siente triste porque
dejará su colegio, pero se consuela porque dice que Jesús le ha pedido que no
llore por su salida del colegio, pues es esa su voluntad. También a la Virgen
le ofrece el sacrificio de salirse del
colegio sin derramar una lágrima. A pesar de que eso le ha hecho sufrir,
finalmente dice: “Estoy feliz. Ha sido
un cielo para mí”.[562] Un
retiro, le permite reflexionar en dialogo con el Seńor, escribe: “Entro al retiro: "Hablad, Seńor, que
vuestra sierva escucha. Quiero decir con la Santísima Virgen: "Fiat mihi secundum Verbum tuum" y sigue: “Mi casita estará cerrada para todo lo del mundo y abierta sólo para el cielo. Como Magdalena, me
pongo a oír de Nuestro Seńor "la única cosa necesaria". Quiero
guardar el silencio y mortificar la vista”. Y finaliza reflexionando
sobre el fin del hombre: “Amar y servir
a Dios, y así, alcanzar el Cielo. Qué fin más grande: conocer a Dios, ese
Dios infinito en perfecciones, ese Dios eterno, inmutable, todopoderoso,
misericordioso y bueno. Ese Dios es mi fin… ˇJesús mío, me anonado ante tu
amor! ˇTú, Dios del cielo, de la tierra, de los mares, de los montes, del
firmamento tachonado de estrellas; Tú, Seńor, que eres adorado por los
ángeles en éxtasis de amor; Tú, Jesús‑ Hombre; Tú, Pan! ˇAh,
anonadarse, todo es poco! Y concluye: El cielo es: Poseer a Dios, verle cara
a cara, amarle por una eternidad. Comprender todos los misterios, conocerle a
Él. ˇQué felicidad! ”[563] 25.4
“HE
PASADO DÍAS DE CIELO”.
Se despide Juanita de su colegio. Dice
ella: “He pasado días de cielo”. Luego
escribe; “Adiós, Madres que me habéis enseńado el camino de la virtud, que me
habéis mostrado el camino de la dicha más cumplida aquí en la tierra y el
camino del Cielo. Adiós, morada del Corazón de Jesús, donde tres ańos he
vivido contigo. Adiós, compańeras tan queridas, adiós. Vuestro carińo quedará
para siempre en ni memoria”. [564] Pero una vez
dejado su colegio, ella no piensa en otra cosa que en el Carmelo, para ella
su nuevo cielo, escribe Juanita a la Madre del Monasterio de Los Andes: “Imposible me sería dejar pasar el día de
mańana sin enviarle mis más carińosos recuerdos a Ud., Reverenda Madre, y a
esa querida comunidad. Hace días que espero con ansiedad la fiesta de nuestra
Santa Madre y mańana pasaré con el corazón muy unido a ese palomarcito.
Pídale a nuestra Madre que pronto me admitan entre sus hijas y que me dé el
verdadero espíritu de una carmelita” y sigue luego: “y quiere Nuestro Seńor
que, cuando vaya, me quede para siempre prisionera en ese cielo. Ojalá sea
luego”.[565] En esto consiste el cielo: en poseer a Dios.
Aún tiene
dudas a que orden religiosa desea entrar, pero no tiene dudas de que está
enamorada de Dios y eso es lo más importante. Él hace su cielo en la tierra.
No obstante, su corazón ya está deseando el Carmelo. En noviembre de 1918 le
escribe a una amiga: “Querida Elena: Créeme.
Sinceramente te lo digo: yo antes creía imposible poder llegar a enamorarse
de un Dios a quien no veía; a quien no podía acariciar. Mas hoy día afirmo
con el corazón en la mano que Dios resarce enteramente ese sacrificio. De tal
manera siente uno ese amor, esas caricias de Nuestro Seńor, que le parece
tenerlo a su lado. Tan íntimamente lo siento unido a mí, que no puedo desear
más, salvo la visión beatífica en el cielo. Me siento llena de Él y en este
instante lo estrecho contra mi corazón pidiéndole que te dé a conocer las
finezas de su amor. No hay separación entre nosotros. Donde yo vaya, Él está
conmigo dentro de mi pobre corazón. Es su casita donde yo habito; es mi cielo
aquí en la tierra. Vivo con Él y, a pesar de estar en los paseos, ambos
conversamos sin que nadie nos sorprenda ni pueda interrumpirnos. Si tú lo
conocieras lo bastante, lo amarías. Si estuvieras con Él una hora en oración,
podrías saber lo que es cielo en la tierra. Ahora te diré por qué he preferido el Carmen a
todos los demás conventos de vida activa. Porque allí se vive
siempre retirada del mundo y sólo tratando con Dios. Y como el ideal es
llegar a la unión con Dios -ya que en esto consiste el cielo: en poseer a
Dios-, luego aquello que aquí en la tierra nos lleva más rápidamente a esa
posesión, eso será lo más perfecto. Además, siendo yo muy apegada a las
criaturas, en cualquier otro convento me apegaría a ellas. Y como esto
impide lo otro, luego el Carmen me conviene más”. Otra razón, y
siempre pensando en el cielo, dice: “Además
Jesucristo dio a entender a Magdalena que la vida contemplativa es la mejor
parte que pudiera haber escogido. Sí; en el Carmen se principia lo que
haremos por una eternidad: amar y cantar las alabanzas del Seńor. Y si esta
es la ocupación que tendremos en el cielo, żno será acaso la más perfecta? Y żqué es el sacrificio,
qué es la cruz sino cielo cuando en ella está Jesucristo? Dale tu voluntad de
tal manera que ya no puedas decir "quiero esto", sino lo que Él
quiera. Adiós.
Seamos amigos los tres. En su Corazón nos unimos. En Dios no hay separación.
Cuando reces, tenme presente; que yo lo haré por ti. Vivamos en la cruz. La cruz es la abnegación de nuestra
voluntad. En la cruz está el cielo, porque allí está Jesús”. [566] Juanita está
en el campo, allí se está divirtiendo, pero nada la aleja de su ideal de
cielo le escribe a su hermana Rebeca: “Gracias
a Dios, hemos tenido constantemente Misa y hemos tenido al Santísimo, y como
nosotras con la Eli y Gorda somos las sacristanas, hemos pasado ratitos de
cielo al lado de Nuestro Seńor”.[567] Después ella va a Los
Andes. Revela que no tiene palabras para expresar el agradecimiento a Jesús.
Es demasiado bueno. Qué se abandonó en sus brazos. Habla de lo bueno que fue
Dios, porque le permitió para que pasara más tiempo en mi conventito, y que
no le importó que fuera una casa pobre y vieja, que ese iba a ser su
Monasterio y que su pobreza le habló al corazón, por tanto se sintió atraída
hacia él. Recuerda el encuentro con la Madre Angélica. Se sentía feliz.
Escribe Juanita: “Me quedé sola con
ella. Nos pusimos a hablar de la vida de la carmelita. Me la explicó entera.
Me habló del oficio divino: cómo la religiosa reemplaza a los ángeles
cantando las alabanzas de Dios. Después tocaron a vísperas y me dijo que
podíamos ir a la iglesia. Esta era oscura. En el fondo estaba la reja y se
oía rezar el oficio con una devoción tan grande que verdaderamente creía
estar en los cielos. Yo no rezaba. Estaba anonadada delante de mí Dios. Mi
alma lloraba de agradecimiento. Me sentía feliz” [568] Todo es cielo
para Juanita.
Todo lo que hace y en
cualquier actividad, y ella se lo quiere hacer saber a la madre Angélica
Teresa del Monasterio de Los Andes, escribiéndole constantemente, y las
cartas son mutuas, no dejan de responderse unas a otra. Escribe Juanita: “Ayer, al regresar del fundo de Elisita
Valdés, me encontré con su carińosa cartita, la que le agradecí mucho. Créame
que cada vez que recibo carta de ese palomarcito me siento feliz, y la leo y
la vuelvo a leer, pues en cada palabra Ud., Reverenda Madre mía, me da una
lección, un consejo. Y sigue luego: “He pasado en el fundo de la Eli 26 días,
y gracias a Dios, creo no haber tenido misa sólo 6 días, en que comulgamos
espiritualmente. ˇCuán bueno es Nuestro Seńor con aquéllos que le aman! ˇQué
días de cielo, mi queridísima Madre, hemos pasado junto al sagrario!” y
continua en la misma carta: “ˇQué felices son mis Hermanitas de no tener ya en
la tierra nada que las preocupe y siempre el corazón levantado al cielo!” [569] Es
primer día de enero de 1919, comienza un nuevo ańo en la historia del mundo,
y por tanto también para Juanita, que pronto será religiosamente Teresa de
Los Andes, que sueńa con vivir su cielo en la tierra. Ese mismo día le
escribe a la Madre Angélica Teresa. Juanita ha disfrutado de la pascua
(navidad), le ha pedido de regalo al Nińo Jesús bendiciones para su querido
palomarcito, su querido cielo en la tierra. Y para ella, ha pedido su cruz. Es
lo que El más amo. Pero
le ha llegado una duda dolorosa, le ha hecho sufrir, pues no lo había aún
experimentado, que es dudar que Dios la quería para carmelita. Toda su
vida lo ha deseado, pero ahora duda entre el Carmen y el Sagrado Corazón. Por eso le
escribe prontamente a la Madre Angélica Teresa: “Vengo, pues, a Ud., mi
querida y respetada Madre, para pedirle me aconseje…. Por favor, pues, le
suplico me dé a conocer la vida de la carmelita por entero…. El Sagrado
Corazón me atrae porque en él se lleva una vida constante de sacrificio. A
todas horas del día y aún de la noche han de inmolarse por las almas.… Todo
esto me atrae. Sin embargo, el palomarcito silencioso retirado del bullicio
del mundo, sin tener puertas sino para el cielo, esa vida de oración y de
unión con Dios, me liga fuertemente a irme para allá… Me parece que todas
estas dudas me las envía Nuestro Seńor para probarme, pues cuando estoy en
oración, me da a entender que sea carmelita; más, saliendo de ella, me
principian las dudas más terribles; y mi alma, que creía haber obtenido la
luz del cielo, vuelve a caer en espesas tinieblas”. [570] 25.5
LA
VIDA DE LA CARMELITA CONSISTE EN AMAR, CONTEMPLAR Y SUFRIR.
Vive sola con su Dios
En
su Diario, también escribe Juanita
sobre sus dudas respecto a su vocación en el sentido de ser del Sagrado
Corazón o Carmelita. Entonces ella se fija en la Santísima Virgen diciendo
que ella es su Madre, y reconoce que fue una perfecta carmelita, y que vivió
siempre contemplando a su Jesús, sufriendo y amándolo. Es así como ella
medita: “Nuestro Seńor vivió 30 ańos de
su vida en el silencio y en la oración y sólo los tres últimos los dedicó a
evangelizar. La vida de la carmelita consiste en amar, contemplar y sufrir.
Vive sola con su Dios”. Y sigue luego: “Contempla sólo a Dios y, como los
ángeles en el Cielo, entona las alabanzas del Ser por excelencia. La soledad,
el aislamiento de todo lo de la tierra, la pobreza en que vive, son poderosos
elementos que favorecen la contemplación del Dios Amor”[571] 11 de enero 1919, es un
día de felicidad para Juanita, le escribe ella a una amiga: “Ayer se
cumplieron, por fin, los deseos que abrigara desde hace cuatro ańos. Conocí
mi querido "palomarcito” …. Después de luchar con tantas dudas, había
encontrado mi puerto, mi asilo, mi cielo en la tierra. Sólo Dios que veía mi
corazón podrá comprender mi felicidad… yo había nacido carmelita…llegaba a
ese cachito de cielo…Los salmos
son de una hermosura incomparable como inspirados por el mismo Dios. El alma
que verdaderamente se penetra de ellos, quedará muy cerca del cielo, pues
cantar el oficio es hacer lo que hacen los ángeles en el cielo…Mi Madrecita me
prestó el oficio en espańol para que me fuera penetrando del sentido de sus
palabras. Oí rezar vísperas. Me parecía estar en el cielo, y al fin me uní
con mis hermanitas para rezar las letanías, mi primera oración en comunidad”.[572] Parece que a todo el
mundo le quiere contar de su viaje al Monasterio de Los Andes, todo para ella
es su cielo, así le escribe a una amiga: “ˇQué
impresión me produjo cuando vi mi conventito! Tiene un aspecto muy pobre. No
parece convento sino una casa antigua, pero su pobreza habla muy bien a su
favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo…. Estuve allí hasta las dos y
media, hora en que la Madre fue a rezar Vísperas, a las que yo asistí. Me
figuraba oír el canto de los ángeles en el cielo y tuve el gusto de rezar por
vez primera con mis Hermanitas las letanías de la Virgen”.[573] Al Padre Artemio Colom,
S.J., le escribe que antes de pronunciarse decididamente por la vocación que
debe seguir, ha querido tomar el consejo suyo; pues él la conoce desde
pequeńa y necesita aún resolver algunas dudas, entre el Sagrado Corazón y las
carmelitas. Además le cuenta que su mamá tuvo la gran bondad de llevarla a
Los Andes, con quien tenía relaciones por cartas desde hacía más de un ańo.
La vista del Monasterio, a pesar de que lo encuentra muy pobre, le atrae
favorablemente. Le escribe Juanita: “Pero
más aún supe apreciar la felicidad de ser carmelita cuando hablé con la Madre
Priora. Ella me expuso con sencillez la vida de la carmelita y sentí en el
fondo de mi corazón que Dios me quería allí”. Después sigue: “Le diré
ahora las razones que tengo para querer ser carmelita. La es por la vida de
oración que allí se vive, vida de íntima unión con Dios. Nada de trato con
el mundo ni de criaturas. La carmelita vive en Dios, por Dios y para Dios.
Creo que la oración no me cansará -así lo espero-, pues mi alma siente cada
día más la necesidad más apremiante de orar, de unirse a Dios, de tal manera,
Rdo. Padre, que ahora paso constantemente en oración. Lo adoro allí en el
fondo de mi alma a mi Jesús, y todo lo que hago lo hago con Él y por su amor.
Todos los días tengo una hora de oración por la mańana, y media hora en la
tarde. Esas horas son para mí un ratito de cielo”[574] Aún no resuelve sus dudas
vocacionales, por eso ahora le vuelve a escribir al P. José Blanch
diciéndole: “Le ruego,
Reverendo Padre, me haga el favor de juzgar si tengo verdadera vocación para
carmelita, por las razones que tengo para creer que es ello la voluntad de
Dios”. 25.6
MUY
PRONTO DEJARÉ EL MUNDO PARA VOLAR AL CIELO.
El Carmen
para mí es un cielo”.[575]
Escribe: Yo recuerdo que, desde chica, yo decía que
si era monja, lo sería, pero de un convento muy austero…Nuestro Seńor me
manifestó que quería fuese monja y me dijo que fuera carmelita, a quienes yo
conocía solamente por la vida de Teresita del Nińo Jesús. Desde entonces no
dudé fuera esa mi vocación…Ahora le diré por qué creo sea la voluntad de Dios
sea carmelita y no del Sagrado Corazón: Porque la vida de oración y de unión
con Dios es lo que amo más por encontrarla la más perfecta; ya que es una
vida de cielo en cierto modo, pues la carmelita no se preocupa sino de unirse
con Dios, de contemplarle siempre y de cantar sus alabanzas”.[576] Días
después vuelve a escribirle a la Madre Angélica Teresa: “Rece por
el buen éxito de las misiones. Yo pasaré a los pies del Seńor. Van a ser para
mí días de cielo. Cuando esté con Él le pediré mucho por Ud. y mis
Hermanitas, y como estaré sola con Él, me tendrá que oír”.[577] A su amiga
Elena Sala le anuncia: Muy pronto dejaré el mundo para volar al cielo. El
Carmen para mí es un cielo”.[578] A
Sor Angélica Teresa del Santísimo Sacramento: “Ay, Reverenda Madre querida, sólo creo que en el cielo se podrá
saber los innumerables beneficios qué a cada instante concede Nuestro Seńor a
esta nada miserable”[579] También
ella quiere invitar a una amiga, la carta no dice el nombre, planteándole
esta pregunta: “żDeseas mucho pertenecer
sólo a Dios y servirle en cuanto te sea posible con la mayor perfección?...
y sigue más adelante: “En cuanto a
lo que me dices te hable de las Carmelitas y.…, lo haré para otra carta, pues
veo que primero está que te resuelvas a ser de Dios. Después te dirá dónde le
debes servir. En todas partes puedes ser santa, con tal que observes
perfectamente la Regla”. En otro párrafo sigue: “Me dices que quieres ser la casita de
Dios. Me alegro mucho por ello, pues veo por eso que lo quieres. Sor Isabel
de la Trinidad decía: "Dios es el cielo y Dios está en mi alma".
Luego tenemos el cielo en nuestra alma. Ahora bien, żqué se hace en el cielo?
Amar, contemplar a Dios y glorificarle…Por último, en el cielo se cantan sus
alabanzas y se le glorifica por sus obras; seamos, pues, como Isabel de la
Trinidad, alabanza de su gloria…Hagámoslo así también nosotras…En el cielo
se hace siempre la voluntad de Dios, ya que Nuestro Seńor nos enseńó a
decir: "Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo". [580] Al Padre Julián Cea: “He seguido en mi vida de recogimiento,
uniéndome a Dios lo más posible…uniéndome a las que le tributan los ángeles
del cielo……y me uno a las alabanzas que le tributan todos en el cielo”.[581] Creo quiere
Dios sea carmelita. Mi vida será la del cielo.
A juanita le queda un poco más de dos meses para ingresar el 7 de
mayo al Monasterio del Espíritu Santo de Los Andes, en muchas de sus cartas,
está la palabra “cielo”, a sus sacerdotes amigos, sus amigas, su padre. Al Padre José Blanch: “Pasé
unos días de cielo”[582],
a su papa: “Sí, papacito; eso es lo que
yo quiero: mostrarle el cielo para que no sucumba bajo el peso de la cruz”.[583], al padre Julián Cea; “nunca olvido de pedir que Dios lo haga un
religioso según su corazón, que viva en el cielo”[584], nuevamente a su papa;
“Fíjese a qué dignidad me eleva: a ser
esposa del Rey del cielo y tierra, del Seńor de los seńores”[585],
“Ya se acercan los últimos días que
pasaremos juntos en la tierra. Pero seguiré viviendo en medio de todos por el
pensamiento, rogando porque todos nos encontremos reunidos en el cielo”.[586],
a Elena González; “No creas que, porque
he elegido ser carmelita, no crea son muy perfectas las del Sagrado Corazón.
He dudado mucho entre los dos, pero por mi carácter y aptitudes creo quiere
Dios sea carmelita. Mi vida será la del cielo”.[587], al Padre Julián Cea; “Sólo me restan 20 días más o menos, y
después...el Cielo”.[588], al padre Artemio
Colom; “Creo será la última vez que le
escriba desde el mundo. Deme su bendición de Padre que acarreará sobre su
indigna hija las bendiciones del cielo…... En su Divino Corazón nos encontraremos
y después, si por la misericordia de Dios me salvo, allá en el cielo nos
encontraremos reunidos para cantar eternamente las alabanzas de Dios”.[589], Al Padre José Blanch;
“tengo el consentimiento de mi papá.
Sólo puedo decir: ˇBendito sea Dios! Todo ha sucedido de un modo providencial
y he visto patente la voluntad de Dios; pues tal como quería ha sucedido. El
7 de marzo la Santísima Virgen y San José me abrirán las puertas de mi
convento, y ese día moriré al mundo para vivir siempre escondida en Dios.
ˇQué vida de cielo, Reverendo Padre, qué vida de esposa del Divino Crucificado!”[590] y a finalmente a su
papa; “Le aseguro, me siento orgullosa
de tener un padre como el que Dios me ha dado. Doy gracias mil veces al cielo
de ser su hija. ˇCuánto le agradezco su generoso consentimiento”[591] He encontrado, por fin, el cielo en la tierra.
Juanita ya está en su
cielo en la tierra que es el Carmelo, ahora inicia una nueva etapa para
llegar a su cielo definitivo. Quizá no haya una idea más frecuente que
aquella con la que se expresa y se piensa en el imperio de Dios sobre el
cielo. Muchas veces se dice que Dios habita o tiene su trono en el cielo o
que es el Dios del cielo. Y cada vez que elevamos una oración, miramos hacia el cielo, pero no para pensar en su
altura o en su lejanía, sino también porque al mirar hacia lo alto, se
contempla su inmensidad y su belleza. Por esto el salmista puede cantar:
"Los cielos narran la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de
sus manos",[592]
prosiguiendo a continuación con la celebración del Seńor, que en él ha puesto
como principal ornamento el sol, el cual, radiante como un esposo, sale de su
alcoba y como un valiente guerrero recorre los caminos del cielo desde un
extremo al otro.[593] Y
la idea del cielo, en definitiva es la idea de un lugar donde ahí no nos
faltará ninguna cosa, pues no habrá escasez de agua, ni de comida, ni de luz,
ni de paz, ni de prosperidad y donde lo que habrá en exceso será la alegría
de vivir junto al Padre. Donde Jesús da el agua viva; él es el pan del cielo,[594]
él es la luz del mundo, él es nuestra paz, él es el camino, la verdad y la
vida. Juanita
ha llegado al Carmelo, ahora se le abre a su llegada la perspectiva de aquel
cielo nuevo que ella ha sońado tanto encontrar, de aquella tierra nueva donde
ella siente que ese el mejor lugar para su etapa final de la peregrinación
terrena que hemos de vivir previo a llegar a ese cielo, que entendemos como
la morada de Dios. Ella
quiere ahora comenzar una vida perfecta, quiere estar siempre con la
Santísima Trinidad, quiere un sitio nuevo para hacer de mejor forma una
comunión de vida y de amor con su Esposo, con la Virgen María, los ángeles y
gozar como los bienaventurados de un sitio un cielo en la tierra. En el cielo
estoy.
Al día siguiente de su
llegada al Monasterio, ella ya quiere que los que son sus amados, partiendo
por su padre, sepan de su felicidad. En su primera comunicación escribe a su
papa: “Que la gracia del Espíritu Santo
sea en el alma de mi querido papacito…Gracias, mil veces gracias por su
generoso consentimiento. No se imagina la felicidad de que disfruto. He
encontrado, por fin, el cielo en la tierra”.[595] Y a su madre ese mismo
día le escribe: “Bendito sea Dios. Ya
estoy en mi conventito. No se imagina lo feliz que soy…Me parece que siempre
me hubiera encontrado aquí…No tengo cómo agradecerle a Ud., mamacita linda,
todo lo que por mí se incomodó. Sólo en el cielo comprenderá lo mucho que
ruego para que Nuestro Seńor le pague tanto carińo, tanta abnegación…Estoy
en mi celdita, sola con Dios…En fin, soy feliz porque, aunque nada tengo,
todo lo encuentro en Dios” …Y finaliza la carta escribiendo: “En el cielo estoy”.[596] Y a su hermano Luis: “Mi querido Lucho:
Que Jesús sea el lazo de unión de nuestras almas…Déjame, Lucho querido, hablarte de corazón a corazón. Tu hermana
carmelita viene a mostrarte cuál es el móvil de nuestra vida, el fin
primordial de todo hombre, de todo cristiano: "Conocer, amar y servir a
Dios aquí en la tierra para alcanzar el cielo" Y sigue más adelante: “ˇOh! Si pudieras
por un instante sentirte lleno de felicidad, como yo me siento. Créeme que me
pregunto a cada momento si estoy en el cielo, pues me veo envuelta en una
atmósfera divina de paz, de amor, de luz y alegría infinitas...[597] Una segunda carta a su
madre: “Todavía no me ocupan. Pero
nuestra Madre me ha dicho que seré hortelana. Me encanta, pues podré cultivar
flores para mí Todo adorado. Todo en el Carmen está impregnado de su Divina
Presencia. Se le respira, por decirlo así, en todo. Me olvido de que estoy en
la tierra. El Carmelo es un cielo”.[598] A
su hermana Rebeca: “Gozo verdaderamente.
Entonces es cuando te manda mi Jesús muchas gracias y regalitos que le pide
tu carmelita para ti. En el Oficio, me figuro estar en el cielo. Es lo más
precioso que hay”.[599] A la Seńorita Luisa
Guzmán: “Mi querida Lucha: Que Jesús
sea en su alma. Mucho le agradecí su cartita, y sentí muchísimo no haberla
abrazado antes de venirme, Aquí estoy en el cielo. Me parece siempre hubiera
vivido, en medio de mi Madrecita y Hermanitas, a cuál de todas más santas”.[600] A su querida amiga Elisa
Valdés Ossa, con quien ha compartido ya su admiración por los escritos de
Isabel de la Trinidad: “Hoy hacen ocho
días que morí para el mundo para vivir escondida en el infinito Corazón de mi
Jesús. Hermanita, soy feliz; pero la criatura más feliz del mundo. Estoy
comenzando mi vida de cielo, de adoración, de alabanza y amor continuo”. Ma adelante le escribe: “Mi hermanita Isabel, seamos pues
carmelitas; pero en toda la extensión de la palabra…. En el cielo la
ocupación de las almas será adorar y amar. ˇIniciemos, pues, en la tierra lo
que haremos por una eternidad! La carmelita, tal como yo la concibo, no es
sino una víctima adorante. Seamos víctimas, Isabelita querida, hostias, pero muy
puras. Vivamos completamente sumidas en Dios. Yo te diré lo que hago para
esto: considero mi alma como un cielo donde reside la Santísima Trinidad, a
quien no puedo compenetrar ni mirar, porque la considero como un foco
inmenso, infinito de luz”.[601] En su Diario, a los ocho días de estar en el
Monasterio, también escribe: “Hace ocho
días que estoy en el Carmelo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera el
amor divino, que hay momentos creo no voy a resistir”.[602]
A la Seńorita Herminia
Valdés Ossa, nueve días después de entrar al Carmelo: “Mi querida Gordita: Que Jesús sea siempre en
tu alma… ˇCuán unida te tengo a mi corazón! Nuestro Seńor te habrá dicho
muchas cosas por su Teresa. ˇCómo quisiera abrirte los ojos de tu alma, para
que vieras y comprendieras la felicidad de que se disfruta siendo religiosa.
Créeme -sinceramente te lo digo-que no es tierra sino cielo en el Carmen el
que se vive”.[603] 25.7
MORIR
E IR AL CIELO A ENTONAR EL CÁNTICO DE LAS VÍRGENES.
Una nueva carta a su
hermana Rebeca: “Mi hermanita muy
querida en el Corazón de Jesús: Aunque sean unas cuantas líneas, te quiero
escribir para consolarte. żPor qué te encuentras tan sola? żNo estamos
siempre muy unidas en el Divino Maestro? żAcaso crees que la carmelita ya no
tiene corazón para querer a aquella que forma parte de su propio ser...?
Siempre vas conmigo a todas partes; siempre seguimos obrando
juntas…Pidámosle juntas que te dé su divino amor, y pueda ser que antes que
la muerte nos dé la vida verdadera, podamos abrazarnos y cantar las
misericordias divinas, unidas tras estas rejas queridas de mi Carmelo; y
después morir e ir al cielo a entonar el cántico de las vírgenes, siguiendo
al Cordero”. [604] Otra carta a su madre,
días después: “Cuando se ama, todo es
alegría; la Cruz no pesa; el martirio no se siente; se vive más en el Cielo
que en la tierra. La vida del Carmelo es de amar. Esta es nuestra ocupación”.[605] Dios está en mi
alma, y Dios cielo es.
Juanita
ha pasado ya un mes en el Carmelo, y cada día refleja un mayor amor y
comprensión por el cielo. Cuando buscamos comprender en el lenguaje de las
Escrituras el sentido del cielo, vemos que este se une a la tierra, "En
un principio creo Dios el cielo y la tierra” [606] no
obstante, en los metafórico el cielo se entiende como morada de Dios, donde
Dios, desde lo alto del cielo, ve y juzga, y nos atiende cuando se le
suplica. La pregunta que podemos hacer es si a Dios se le identifica con el
cielo, lo podemos dejar solo allí, lo podemos traer a vivir en nuestra alma o
si el cielo es solo el nombre de Dios. En
una carta que escribe Teresa de los Andes a su hermano, ella quiere ratificar
y afirmar a Luis su convicción de estar haciendo lo mejor, ella le escribe en
un tono un poco enérgico, tanto que en uno de los párrafos le dice: “Tú dices que serás bueno por mí. Esto no
te lo permito”. En el párrafo anterior, le da las razones: “Amo a Dios mil veces más que antes,
porque antes no lo conocía. Él se revela y se descubre cada vez más al alma
que lo busca sinceramente y que desea conocerlo para amarlo. Lucho, todo lo
de la tierra me parece cada vez más pequeńo, más miserable ante esa
Divinidad que, cual Sol infinito, va iluminando con sus rayos mi alma
miserable. Oh, si por un instante pudieras penetrarme hasta lo íntimo, me verías
encadenada por esa Belleza, por esa Bondad incomprensible... ˇCómo quisiera
atar los corazones de las criaturas y rendirlas al amor divino! Tú no
reconoces el cielo que yo, por la misericordia de Dios, poseo en mi corazón.
Sí. En mi alma tengo un cielo, porque Dios está en mi alma, y Dios cielo
es”.[607] Al
día siguiente, le escribe a su hermana Rebeca: “Cada día doy más gracias a Dios de encontrarme en este palomarcito
encantador, entre tantas santas. No te imaginas lo santas que son…Así pasamos
la vida, hermanita querida, orando, trabajando y riéndonos. Ojalá tengas la
dicha algún día de encontrarte en este cielito anticipado…Anoche, como era
jueves, Nuestra Madrecita me permitió hacer Hora Santa hasta las 11,1/4. Sola
con Jesús a esa hora ˇqué cielo! Entonces aproveché para meterte bien adentro
de ese Corazón”[608] A su amiga Elisa Valdés
Ossa le escribe el mismo día, ella es su amiga del alma, y su palabra son
siempre de carińo: “Mi Isabelita
querida: Que el Espíritu Santo haya descendido al cielo de tu alma,
llenándola de sus celestiales dones… żQué me cuentas de ese cielito
interior?... Eli, sé carmelita cuando
estés con Jesús. Y si a veces tienes tu corazón insensible que no sientes
amor para Jesús, no dejes la oración, no pierdas esos momentos de cielo en
que está tu alma sola con El”[609] Así, el cielo
resulta figura de la vida en Dios.
A
esa idea del cielo como morada trascendente del Dios vivo, Teresa de los
Andes nos ańade un lugar en la tierra, en el Monasterio y es su corazón. Así,
el cielo resulta figura de la vida en Dios. Teresa de los Andes quiere
transmitir esa idea en muchas de sus cartas a su familia y amigas, escritas
desde su entrada al Monasterio entre junio y septiembre. A
su tía Juana Solar de Domínguez: “Qué le diré
de mi vida de cielo? Cada día doy más gracias a Dios por mi vocación, que me
es más hermosa cuanto más me penetro de ella”[610] A su hermana
Lucia: “Mi Lucecita tan querida: Que la gracia del Espíritu
Santo sea siempre en tu alma…te quiero y que, a pesar de que vivo más en el
cielo que en la tierra, no me olvido de mis hermanitos y de mi sobrinita
regalona. Quisiera
expresarte mi felicidad...Quisiera hacer comprender a las almas que la
Eucaristía es un cielo, puesto que "el cielo no es sino un sagrario sin
puertas, una Eucaristía sin velos, una comunión sin términos". Veía en su alma a la
Santísima Trinidad. “ˇQué misterio y
qué contraste: en su corazoncito, un cielo entero! Dale muchos besos de parte
de su tía. La quiero tanto.”.[611] A su madre: “ˇQué identificación más grande! Somos en
esos momentos otro Dios. Para mí esos momentos son cielo sin nada de
destierro. żQué puedo desear ya, si todo un Dios es mío?”[612] Amontonar
tesoros en el cielo.
A su hermana Rebeca, le
desea transmitir la idea de la “recompensa en los cielos” prometida por
Jesús.[613]
y con sutileza la invita a “amontonar
tesoros en el cielo"[614]:
“Cómo quisiera
penetrarte de estos pensamientos que hacen que todo desaparezca, para no
tener nada ante sí, sino a Dios! Entonces, ˇqué paz, qué alegría
experimentamos! Se comprende, pues nuestro centro es El. Entonces vivimos
vida de amor, vida de cielo... Para esto,
hermanita, hemos sido creadas: para alabar y amar a Dios. Todo lo demás, es
nada, es vanidad…Pídele por todos, porque nada te negará; y después, en el
día, estrecha a menudo contra tu corazón a ese Dios, y continúa dándole
gracias y suspirando por tu próxima comunión. Es el momento de cielo en
nuestro destierro…y para esto hay que comulgar. Cuando un día nos veamos en
el cielo, que por la misericordia de Dios obtendremos, me agradecerás que
tanto te haya pedido comunión diaria, porque comprenderás que en ella reside
el germen de la vida eterna. Yo rezaré
mucho para que así te portes. Hazlo por Dios. Ahí tienes un tesoro para
comprar el cielo”.[615] A
su papa: “Papacito, cuando sufra, cuando se encuentre solo,
piense que su carmelita lo acompańa, y que ella tiene consigo a Jesús…algún día lo coronará en el
Cielo. Yo estoy cada
vez más feliz y no me canso de darle
gracias a Dios por haberme traído a este rinconcito de cielo.[616] A Inés Salas Pereira: “Ojalá puedas alguna vez venirme a ver,
para que conozcas este palomarcito que tiene su puerta sólo abierta para el cielo”.[617] Al P. Julián Cea: “A pesar de mis deseos de escribirle desde
este rinconcito de cielo, no había podido hacerlo por falta de tiempo, pues
aquí se pasa éste volando”.[618] A Herminia Valdés Ossa. “ˇCómo me apena pensar que hay tan pocas
almas que saben apreciar lo que es comulgar, y más aún lo siento por mi
Gordita, a quien tanto quiero! Créeme que, cuando comulgo, me siento tan
feliz que me parece no estoy en la tierra sino en el cielo. Nos amamos con
Jesús…El viene lleno de infinito amor, para unirse con
Uds. enteramente y, haciéndolas muy buenas, llevárselas un día al cielo.
ˇQué bueno es Jesús, que tanto nos ama!”[619] A Graciela Montes
Larraín: “Vivimos sólo para Jesús. Y
así como los ángeles en el cielo cantan incesantemente sus alabanzas, la
carmelita los secunda aquí en la tierra, ya sea cerca del sagrario donde está
prisionero el Dios Amor, ya en lo íntimo del cielo de su alma, donde la fe le
dice que Dios mora”.[620] Pero también escribe en
su Diario, sin dejar de hablar de
ese cielo que tanto ama. “Soy
de Dios ya que El me creó. Debo vivir sólo para Dios y en Dios. Al traerme
Dios al claustro me atrajo a esta vida en El, ya que el claustro es antesala
del cielo, y en éste sólo Dios existe para el alma”.[621] 25.8
EL
CIELO ES LA POSESIÓN DE DIOS.
Adorar y amar
a Dios incesantemente
Han pasado 4 meses desde
que está en el Carmelo, siente que la perfección de la vida está en el
acercamiento a Dios. Escribe Teresa de Jesús: “El cielo es la posesión de Dios. En el cielo a Dios se le contempla,
se le adora, se le ama. Mas, para llegar al cielo es preciso desprenderse de
la tierra. Y la vida de la carmelita, żqué es sino contemplar, adorar y amar
a Dios incesantemente? Y ella, ansiosa de ese cielo, se aleja del mundo y
trata de desprenderse, en lo posible, de todo lo terreno”.[622] Donde
más profundizamos la idea del cielo, es cuando nos adentramos en la lectura
del Nuevo Testamento. Todo ello en perfecta dependencia con el misterio de
Cristo. La carta a los Hebreos afirma que Jesús "penetro los
cielos"[623]
y sigue luego; "no penetro en un santuario hecho por mano de hombre, en
una reproducción del verdadero, sino en el mismo cielo"[624]
Entonces, sepamos comprender lo mucho que somos amados por el Padre y que
seremos resucitados con Cristo y de este modo seremos ciudadanos del cielo.
Sabemos que el "cielo", no es un lugar físico más allá de las
nubes, es una relación viva y personal con El Padre, con El Hijo y con el
Espíritu Santo. En
el Catecismo de la Iglesia Católica, se no dice que “Esta vida
perfecta con la Santísima Trinidad, esta comunión de vida y de amor con ella,
con la Virgen María, los ángeles y todos los bienaventurados se llama
"el cielo”. El cielo es el fin último y la realización de las
aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de
dicha.[625]
“Vivir en el cielo es "estar con Cristo" Los elegidos viven
"en Él", aún más, tienen allí, o mejor, encuentran allí su
verdadera identidad, su propio nombre”[626] Entonces, como dice San
Ambrosio: “Pues la vida es estar con Cristo; donde está Cristo, allí está la
vida, allí está el reino” [627] Y
también nos dice el Catecismo: “Por su muerte y su Resurrección Jesucristo
nos ha "abierto" el cielo. La vida de los bienaventurados consiste
en la plena posesión de los frutos de la redención realizada por Cristo,
quien asocia a su glorificación celestial a aquellos que han creído en Él y
que han permanecido fieles a su voluntad. El cielo es la comunidad
bienaventurada de todos los que están perfectamente incorporados a Él.[628] A mí me parece, que sería
muy arrogante afirmar que justamente esto es lo que nos dice el Catecismo de
la Iglesia Católica, es lo que con tanta claridad expone Teresa de los Andes
por el cielo y el cielo que ella aspira. Leyendo su Diario y sus cartas, tan emotivas y con tanta verdad, lo que ella
ha escrito, creo que se lo ha revelado su permanente dialogo con su Esposo. A
Teresa de los Andes, el Seńor le ha regalado un don para enseńarnos el cielo
a través de todo cuanto nos ha dejado escrito, eso es admirable en una
jovencita como ella. En las próximas cartas se va descubriendo esto. A Carmen De
Castro Ortúzar: “ˇAh Carmen, que bueno ha
sido Nuestro Seńor conmigo al traerme a esta antesala del cielo, teniéndolo
sólo a Él por mi todo!”[629] A una amiga: żQué te podré decir de la felicidad que
experimento al haberme entregado a Él? No es ya una dicha cualquiera la que
siento. Es un cielo el que poseo. He principiado esa ocupación de amar y
alabar que tendremos en la eternidad”.[630] A Graciela Montes L. y
Clara Arde O: “Que Jesús me inspire.
Con El vivo en mi pobre celdita que se convierte en cielo. Piensa que es Dios, el Ser único
necesario, el Ser que no necesita de nadie para existir, el Ser que contiene
en Sí su propia beatitud, su felicidad, etc.; y sin embargo, te busca a ti;
deja a un lado a los ángeles, a millones de personas, para entrar en tu alma,
para consumar en ti la unión más íntima, para convertirte en Dios, para
alimentar en ti la vida de la gracia, con la que consigas el cielo. Viene a
ti Jesús, el Esposo de tu
alma, que te ha amado con amor eterno. Viene a ti tu Padre que te creó y te conserva la vida; tu Hermano, que te ha dado su Padre del
cielo y su Madre la Virgen; tu Pastor,
que tantas veces te ha llamado con su gracia; tu Juez, que viene para
perdonar tus pecados; tu Médico,
que viene a curar las heridas de tu alma; tu Maestro, que viene a enseńarte el camino del cielo; tu Salvador, tu Amigo, tu Redentor
que ha derramado hasta la última gota de la sangre de su corazón; tu Amor que por ti muere, que por ti se
convierte en pan…Dios es el cielo”.[631] Para una
carmelita la comunión es un cielo.
A Amelia Montt Martínez: “Soy la persona más feliz con mi vocación,
y no me canso de darle gracias a Dios por haberme traído a este rinconcito de
cielo. Vivo sólo para Dios. Mi única ocupación es conocerlo para más amarlo.
He principiado aquí en la tierra la vida del cielo, vida inventada e ideada
por Dios en su eternidad; vida sólo de amor y de alabanza incesante…sin que
nada pueda turbar esta mirada, esta visión de su Faz adorable, que un día
poseeré allá en el cielo en su plenitud”.[632] A Clara Arde Ojeda: “Míralo con los ojos de tu alma. Contempla
su hermosura. Penetra en su corazón: está lleno de amor por ti. Considera lo
mucho que ha padecido por darte un cielo, un Dios en la eternidad”.[633] A
su hermana Rebeca: żQué sería de
nosotros, si no pasara la vida así? Sobre todo sería horrible para la gente
del mundo, para la cual no hay dicha cumplida: ya que para una carmelita
existe el cielo en la tierra. Posee a Dios y con el Todo le basta…Al mirar mi
celdita tan pobre, no puedo menos de sentirme dichosa de haber renunciado a
todo lo superfluo por poseer a Dios. Él es mi riqueza infinita, mi beatitud,
mi cielo. Amalo tú también, hermanita mía, para que seas dichosa”.[634] A su madre: “Mamacita; Todavía me estoy riendo de lo
que me ha dicho nuestra Madrecita se corre en el mundo de esta pobre
carmelita. żPor qué quieren turbar, mamacita, su felicidad, diciéndole que
estoy triste, que lloro, etc.? Cuán bien veo que los que inventan semejante
mentira no conocen lo que es vivir en el cielo del Carmelo…Soy feliz y jamás
dejaré de serlo, porque pertenezco a mi Dios. En El encuentro a cada momento
mi cielo y un amor eterno e inmutable. Nada más deseo que a Él”[635] A su amiga Elisa: “Ya más de 6 meses en el Carmen,
Isabelita. 6 meses de cielo que no han sido turbados por nada de lo de la
tierra”.[636] A su Padre: “El 14 (noviembre) me vio realizar mis
deseos tomando mi hábito tan querido. Soy cada vez más feliz con él, y no me
canso de darle gracias a Dios de haberme dado el cielo anticipado; y a Ud. nunca
me cansaré de agradecérselo…Nada puede turbar su paz, su dicha, porque lleva
al que es la fuente de la paz. Con Dios, mi papacito, es con quien vivo en un
cielo ya aquí en la tierra”.[637] A Amelia y Luisa Vial E.:
“! Para una carmelita la comunión es un
cielo”[638] A su hermana Rebeca: “żPor qué no amar a ese Dios que, no
necesitando de nosotras, nos ama, nos mira y siempre nos prodiga sus bienes?
Vivir de amor, vivir en el cielo, en Dios. Esta es la única dicha del alma de
tu carmelita”.[639] A su prima Ana Ruker Solar: “Quisiera
seguir, pero luego tocarán a maitines. Saluda a tu mamá y a todos. Y tú
recibe, querida Anita, desde esta mi pobre celdita, un carińoso abrazo de tu
prima carmelita que vive más en un cielo que en la tierra”.[640] Una
reflexión final, de este pequeńo estudio de nuestra hermana Teresa de los
Andes, que descubrió su cielo en la Tierra y conquisto su cielo en el cielo,
es esta enseńanza de San Pablo a los filipenses; [641]
"Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como salvador
al Seńor Jesucristo, el cual transfigurara este miserable cuerpo nuestro en
un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a
si todas las cosas”. Teresa
de Jesús de Los Andes, fue una joven de virtudes y fue traslada de la
tierra al cielo por el amor perfecto que por el mismo cielo profeso.
Ciertamente, cada uno recibe de Dios en su alma inmortal, en relación con su
fe y sus obras. Esta retribución consiste en el acceso a la felicidad del
cielo, para vivir por siempre un estado de felicidad suprema y definitiva.
Juanita ha partido al cielo en gracia de Dios y por allí se ha reunido con
Jesús, María, los ángeles y a los santos. Transformada
luego en Teresa de Los Andes, partió muy joven a las bodas eternas del cielo,
y es así, como podemos reflexionar el por qué a través de la lectura del
sabio: “las almas de los justos están en las manos de Dios…ellos están en la
paz…recibirán largos beneficios. pues Dios los sometió a prueba y los halló
dignos de sí…viven eternamente; en el Seńor está su recompensa, y su cuidado
a cargo del Altísimo…Recibirán por eso de mano del Seńor la corona real del
honor y la diadema de la hermosura”. [642] 26 LA VOCACION DE
SER RELIGIOSA Y EL CAMINO ESPIRITUAL
“Antes de
haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te
tenía consagrado” (Jer 1,4) 26.1
LA
LLAMADA A PARTICIPAR DE LA VOCACIÓN RELIGIOSA ES INVITACIÓN ATRACTIVA
Recuerdo que tenía yo unos 12 ańos (1962) cuando
cursando el primer ańo de humanidades nos invitaron en el colegio a un Retiro
Espiritual. Entre los compańeros de curso, todos varones, corría fuerte la
voz que esta actividad era para invitarnos a ir al Seminario. Y así fue,
luego de tres días de retiro, el sacerdote nos hizo la tan esperada pregunta,
quien quiere prepararse para ir al seminario.
No recuerdo bien, pero éramos unos 25 jóvenes, de una edad similar.
Uno de ellos, ese día salió llorando y corriendo para su casa, los demás, nos
mirábamos unos a otros y comenzaron a levantar las manos al menos la mitad de
los que estábamos. Eran otros tiempos, conocí a algunos papas que
deseaban que algunos de sus hijos tuvieran vocación religiosa. Hoy, en mis
catequesis he realizado la consulta a los padres y nadie se atreve a decir
algo. Ciertamente hoy observamos un cierto pesimismo, y
no conocemos de muchas vocaciones para el sacerdocio y la vida religiosa
consagrada. Y las que hay, son ya personas mayores de edad o no muy
adolescente. La vocación es una llamada y una gracia, y por
mucho que a veces intentemos nosotros infundirla en alguien, no está en
nuestras manos que nazca. La iniciativa es de Dios. El mismo Jesús nos lo
dice; “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a
vosotros”[643] Pero lo que es cierto, es que la vocación es un
camino que se reconoce junto con la maduración de nuestra fe, y este
reconocimiento lo hacemos en un dialogo íntimo y personal con Dios, donde él
nos revela que nos tiene un proyecto de vida y a nosotros nos corresponde dar
a este plan de vida una respuesta. Con todo, este plan de Dios se nos presenta de modo
de hacer frente al llamado, una libre elección. En efecto, todos estamos
llamados a la santidad y a la vida eterna, y lo podemos hacer dentro del
matrimonio o la vida consagrada, en ambas situaciones, podemos caminar a una
vida de perfección. Lo que debemos tener en cuenta, que siendo esta una
iniciativa de Dios exige una entrega total a la vocación que ha sido
convocada. En el caso de nuestra santa carmelita, ella con
mucha generosidad asumió el llamado que sintió en su corazón. Tal así, que
después haber puesto la mano en el arado, nunca volvió los ojos atrás[644] ni tampoco puso al Seńor condiciones como aquel
que nos recuerda el Evangelio[645] y esto porque Dios quiere la entrega total. Quiere
nuestro corazón absoluto e indiviso. La vocación
Teresa de Los Andes
Relata Teresa
que estando enferma (Ańo 1913) y con los ojos llenos de lágrimas se fijó en
un cuadro del Sagrado Corazón y sintió una voz muy dulce que le decía que
Jesús la quería para Él y que fuese Carmelita.[646]. Después (2 de septiembre 1915)
sintiéndose enferma, se encomienda a Teresa de Lisieux para que se sane y
pueda ser Carmelita.[647] Entonces
estimamos que ella a los 14 ańos, decidió consagrarse a Dios como religiosa
carmelita. 5 ańos más tarde ingresó al "Monasterio del Espíritu Santo de
las Carmelitas Descalzas de Los Andes", en la diócesis de San Felipe de
Aconcagua (V Región de Valparaíso), el 7 de mayo de 1919. El 14 de octubre
hizo su primera profesión, tomó el hábito y recibió el nombre de Teresa de
Jesús. En las notas que he seleccionado para este artículo, podemos darnos
cuenta a través de su Diario, como
se fue gestando y como llego a cumplir su deseo vocacional de ser carmelita. Vocación y deseo de ser carmelita
Escribe en su primera nota del Diario; “Mi vida se
divide en dos períodos: más o menos desde la edad de la razón hasta mi
Primera Comunión. Jesús me colmó de favores tanto en el primer período como
en el segundo: desde mi primera comunión hasta ahora. O más bien será hasta
la entrada de mi alma en el puerto del Carmelo”.[648] “En 1913 tuve
una fiebre espantosa. En este tiempo, Nuestro Seńor me llamaba para Sí; pero
yo no hacía caso de su voz. Y entonces, el ańo pasado me envió apendicitis,
lo que me hizo oír su voz querida que me llamaba para hacerme esposa más
tarde en el Carmelo”.[649] “El porvenir no
se me ha revelado; pero Jesús me ha descorrido la cortina y he divisado las
hermosas playas del Carmelo”.[650] “Hoy cumplo 15 ańos. (Julio 13, 1915)
ˇQuince ańos! …Cuántas veces no le he pedido a Dios que me lleve de este
mundo, y El casi ha accedido a mis súplicas y me ha mandado enfermedades de
las cuales creían que no salvaba. Pero Jesús me ha enseńado que no debo pedir
esto y me ha puesto como término de mi viaje nueve ańos más en el bendito puerto
del Carmelo”.[651] “En el semestre,
mi mamá nos comunicó que entraríamos internas. Y a pesar de mi pena, no pude
menos de agradecérselo a Nuestro Seńor, que me preparaba el camino para estar
más apartada de las cosas del mundo y me llamaba a vivir junto a Él para que
estuviera más acostumbrada a vivir separada de mi familia antes de entrar en
el Carmelo. Lo que sufrí se puede ver por las líneas que escribía todos los
días al acostarme, que son una especie de Diario”. (Mi vocación: 1915-1918)[652] Entrevista
decisiva. Domingo 12 de septiembre de 1915. “Tengo mucho
que contar, y sobre todo darle muchas gracias…También le dije que yo deseaba
entrar al Carmelo. Y ella me preguntó: żY la salud? żPodrá resistir? ˇAy; no
me acuerdo de este cuerpo miserable! Quisiera volar y él no puede. ˇCuánto te
aborrezco, vaso de corrupción que te opones a los deseos de mi alma! Eres
delicado. Te hacen mal las austeridades, y necesitas que te regaloneen. Pero
mi Jesús hará lo que quiera. Cúmplase en toda su santa voluntad”.[653] Cumpleańos julio 13 de 1917. “Hoy cumplí
diecisiete ańos; un ańo menos de vida. Un ańo menos en distancia de la
muerte, de la unión eterna con Dios.
Un ańo sólo para arribar al puerto del Carmelo. ˇOh Carmen! żCuándo
me abrirás tus puertas sagradas? Cuántas gracias me ha concedido el Seńor y
cuán mal le pago. Mi Jesús, perdóname
mis ingratitudes”.[654] Nuevas notas. 3 de abril de 1919. “Hace tiempo
que no escribía mi Diario, cuyas hojas muy pronto voy a entregar al fuego. Es
preciso que, cuando me encierre en el Carmelo, mueran todos estos recuerdos
del destierro, para no vivir sino la vida escondida en Cristo”.[655] En el Carmelo. 14 de mayo de 1919. “Hace ocho días
que estoy en el Carmelo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera el amor
divino, que hay momentos creo no voy a resistir. Quiero ser hostia pura,
sacrificarme en todo continuamente por los sacerdotes y pecadores. Hice mi
sacrificio sin lágrimas. Qué fortaleza me dio Dios en esos momentos. Cómo
sentía despedazarse mi corazón al sentir los sollozos de mi madre y
hermanos. Pero tenía a Dios y El sólo me bastaba”.[656] Retiro del Espíritu Santo.[657] “Para llegar a
vivir en Dios, con Dios y para Dios que es el ideal de una carmelita y de una
Teresa de Jesús y de una hostia entiendo son necesarias cuatro cosas: 1Ş Silencio,
tanto interior; como exterior. Silencio en todo mí ser. Evitar toda palabra
inútil. 2Ş No hablar de
mí misma. Y, si es necesario hacerlo para diverter
a las demás, ponerlo en tercera persona. Jamás hablar de la familia. 3Ş Negación
absoluta de la carne. No buscar para nada el gusto e inclinación, para tener
más fácil trato con Dios. 4Ş Ver en todas
las criaturas a Dios, ya que todo se encuentra en su inmensidad. Leeré todos
los días y me examinaré en estos puntos. Por fin el
Carmelo, “He sentido mucho amor divino”
Ha llegado el día y la hora tan esperada, Juanita deja el mundo
exterior para ingresar al mundo espiritual. Es el 7 de mayo de 1919, pronto
cumplirá los 19 ańos, y por fin ingresa al Monasterio del Espíritu Santo:
Siete días más tarde escribe su primera nota en su Diario: “14 de mayo de 1919. Hace ocho días que estoy en el
Carmelo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera el amor divino, que hay momentos
creo no voy a resistir. [658] y en la misma
nota más adelante sigue: “He sentido
mucho amor divino. En la oración sentí que el Sdo.
Corazón se unía a mí. Y su amor era tanto que sentía todo mi cuerpo abrasado
en ese amor y estaba sin sentir mi cuerpo”.[659] Desde ahora, ya
no será Juanita, es Teresa de Jesús, ha elegido el nombre de la Santa Madre
fundadora del Carmelo Descalzo, Santa Teresa de Jesús. Es el tiempo
del cual ya había hablado la Santa Madre Teresa de Jesús con: “tanta
suavidad; que se ve muy bien es tolerable y se puede llevar con descanso, y
el gran aparejo (muchos medios) que hay para vivir siempre en él las que a
solas quisieren gozar de su esposo Cristo, que esto es siempre lo que han de
pretender, y solas con él solo”[660], determinada a
hacer en todo la voluntad de su Esposo de todas cuantas maneras ella viere
que le ha de dar contento”[661] , donde el
alma ya queda herida del amor del Esposo y procura más lugar para estar sola
y quitar todo lo que puede, conforme a su estado, que la puede estorbar de
esta soledad. Está tan esculpida en el alma aquella vista, que todo su deseo
es tornarla a gozar. Ya he dicho que en esta oración no se ve nada que se
pueda decir ver, ni con la imaginación; digo vista, por la comparación que
puse. Ya el alma bien determinada queda a no tomar otro Esposo; más el Esposo
no mira a los grandes deseos que tiene de que se haga ya el desposorio, que
aún quiere que lo desee más y que le cueste algo, bien que es el mayor de los
bienes. Y aunque todo es poco para grandísima ganancia”.[662] Y más adelante
agrega que “Lo que os importa que no quede por vosotras el celebrar vuestro
Esposo este espiritual matrimonio con vuestras almas, pues trae tantos bienes
consigo como veréis”.[663] Donde “el alma
bebiendo del vino de esta bodega, adonde la ha traído su Esposo y no la deja
salir”[664] 27 MONJA CARMELITA
27.1
MONJA
DE CLAUSURA.
Las monjas de clausura, como es el caso de las
carmelitas, llevan una vida qué a diferencia de otras religiosas, puede
considerarse más dura y austera. Ambas vidas, externas o de clausura, son
vida de personas orantes, pero en el caso de la clausura, hay más dedicación
a la contemplación y el recogimiento. Cada monasterio vive la clausura
acomodada a su carácter propio y a las constituciones de la propia
congregación. La vida de las religiosas de la clausura como es el
caso de las carmelitas descalzas siempre implica una separación del mundo, y
este modo de vida sirve para facilitar el recogimiento demandado por la
espiritualidad Teresiana-Sanjuanista, de los santos padres del Carmelo. En
efecto, esta separación o aislamiento tiene la finalidad de mantener un clima
de recogimiento, silencio, oración y otros recursos moderados para la
búsqueda de la unión mística con Dios. Con todo, esto de alejarse físicamente
del mundo, tiene además como propósito estar íntimamente unidos a la
humanidad y a sus necesidades a través de sus oraciones ofrecidas como
intercesión. Uno de los ejemplos, es la de la joven santa carmelita, Santa
Teresita del Nińo Jesús que a pesar de que nunca salió de su convento en
Lisieux, Francia, es considerada como patrona de las Misiones. Me
gustan las Carmelitas.
Teresa asiste a un retiro en agosto de 2017[665], en esa actividad comienza en ella a fraguarse la
idea de entrar al Carmelo, aunque aún ella no conoce ningún monasterio de
carmelitas. Escribe Teresa; “Hoy entro a retiro. Oigo la voz de mi Jesús que
me dice "vamos a la soledad". "La llevaré a la soledad y allí
le hablaré a su corazón". Me retiro con Él en lo íntimo de mi alma.[666] Pero ella tenía una amiga, Graciela Montes
Larraín, a quien llamaba Chelita,[667] que tenía una hermana carmelita descalza en el
monasterio de los Andes y a través de Chelita comenzará una amistosa
correspondencia con la Priora del Monasterio, Madre Angélica Teresa.[668] Escribe en su Diario el 23 de agosto de 1917:[669] “Jesús me dijo
que obedeciera a mi confesor. Que me pusiera en sus divinas manos; que no me
inquietara en nada, pues ya Él me dijo de dónde sería. Examiné lo que
me llevaba al Carmen y por lo principal es porque allá viviré ya como en el
Cielo, pues ya no me separaré de Dios ni un instante. Le alabaré y cantaré
sus misericordias constantemente, sin mezclarme para nada con el mundo. Por
otra parte, los rigores de la penitencia me atraen, pues siento deseos de
martirizar mi cuerpo, despedazarlo con los azotes, no dándole en nada gusto
para reparar las veces que le di a él gusto y se lo negué a mi alma. Me gustan las
Carmelitas porque son tan sencillas, tan alegres, y Jesús debió ser así. Pero
vi también que la vida de la carmelita consiste en sufrir, en amar y rezar.
Cuando los consuelos de la oración me sean negados, żqué será de mí? Temblé.
Mas Jesús me dijo: "żCrees que te abandonaré?" Jesús le dice
lo que le espera en el Carmelo.
Escribe en su Diario
el 30 octubre de 1917.[670] “He servido
como Hermana todo el día. He gozado, pues me figuraba servir a Jesús. Hablé
hoy bastante con Jesús. Me hizo ver la necesidad que tiene la carmelita de
vivir siempre al pie de la Cruz, para aprender allí a amar y sufrir. Sufrir
de tres maneras: 1° La carmelita
ha de mortificar su carne a ejemplo de Jesús agonizante. 2° Mortificar
su voluntad, negándose todos los gustos y sometiendo su voluntad a Dios y al
prójimo. 3° El
sufrimiento del espíritu, del abandono de nuestro Jesús en la oración, en las
luchas del alma, etc. Como Jesús que dijo en la cruz: "Dios mío, żpor
qué me habéis abandonado?". La vida de la carmelita no es otra cosa:
amar, llegar a la unión más perfecta con Dios, e inmolarse y sacrificarse en
todo, ya que el sacrificio es la oblación del amor. Qué
es ser carmelita.
Le escribe el 14 de mayo de 1919, una carta a Elisa
Valdés Ossa desde el Monasterio de Espíritu Santo.[671] Le escribe contando que es feliz que está
comenzando su vida de cielo. “Mi hermanita Isabel, seamos pues carmelitas;
pero en toda la extensión de la palabra”. Y pide que sea en el mundo una
“víctima adorante”. Vivir completamente sumidas en Dios. Vivir siempre muy
alegres. Dios es alegría infinita. Teresa a su amiga Elisa la llama por el
nombre de Isabel, por Santa Isabel de la Trinidad, a quien leyó y conoció por
sus cartas, y ella le dice a su amiga; “seamos, pues, como Isabel de la
Trinidad, alabanza de su gloria”. Teresa escribió en su Diario “Estoy leyendo Isabel de la Santísima Trinidad. Me
encanta. Su alma es parecida a la mía”. [672] Escribe Teresa
a Elisa Valdés lo siguiente: “Que Jesús sea
el confidente de mi hermanita Isabel: "Magníficat anima mea Dominum" [Engrandece mi alma al Seńor]. Estas son
las únicas palabras que brotan de mi corazón al ponerlo en contacto con el
tuyo, mi hermanita querida. En este momento siento mi alma desbordante de
gratitud para con Dios. żCon qué le pagaré, hermanita mía?” “Hoy hace ocho
días que morí para el mundo para vivir escondida en el infinito Corazón de mi
Jesús. Hermanita, soy feliz; pero la criatura más feliz del mundo. Estoy
comenzando mi vida de cielo, de adoración, de alabanza y amor continuo. Me
parece que estoy ya en la eternidad, porque el tiempo no se siente aquí en el
Carmen. Estamos sumergidas en el seno del Dios Inmutable. Mi Isabelita
querida, quiera Dios concederte algún día el ser carmelita. Por mucho que
idealices este nombre, sólo será tu
pensamiento una vaga sombra de lo que es realmente. Yo así lo he palpado.
Hermanita querida, lo único que me pregunto: żpor qué a mí que soy tan perversa
y miserable, me ha elegido para estar tan unida a Él, mientras a ti te deja
en el mundo siendo mejor que está tu infeliz hermana? Isabel, el amor de Dios
es infinito y, por lo tanto, incomprensible. Anonadémonos ante sus
inescrutables designios”. Me dices te
diga mi opinión acerca de tu vocación. Me río al ver a quién se lo preguntas.
żQué confianza, hermanita mía, puedes tener en mí? Pero en fin, ya que me lo
preguntas, te diré que yo creo que, por ahora, tu misión está en el seno de
los tuyos, cerca de tu papá. Puedes ser, entretanto, carmelita en el mundo.
Dios quiere lo seas. Él te dará la fuerza y gracia que necesitas para serlo.
Que, en ese desierto de amor, Jesús encuentre un oasis en su Isabelita. Que
en esas tinieblas del mundo, encuentre el foco de amor de tu corazón puro.
ˇQué grande es tu misión, hermanita! Pero también es una misión de lucha
continua. Abrázate con toda tu alma a la cruz que tu divino Esposo pone sobre
tus hombros. Te considera fuerte, varonil, ya que te la da -y bien pesada por
cierto-, pero es porque te ama infinitamente. Agradécele tanto bien.[673] "Has
escogido la mejor parte"
Y continúa
Teresa en la misma carta: “Mi hermanita
Isabel, seamos pues carmelitas; pero en toda la extensión de la palabra. Es
la vocación más grande, ya que nuestro divino Maestro se lo dijo a Magdalena:
"Has escogido la mejor parte". La Santísima Virgen fue una perfecta
carmelita. Nuestro Seńor 30 ańos de su vida pasó en la vida del recogimiento
y oración; sólo 3 los empleó en evangelizar. En el Smo. Sacramento continúa
en esa oración no interrumpida. En el cielo la ocupación de las almas será
adorar y amar. ˇIniciemos, pues, en la tierra lo que haremos por una
eternidad! La carmelita,
tal como yo la concibo, no es sino una víctima adorante. Seamos víctimas,
Isabelita querida, hostias, pero muy puras. Vivamos completamente sumidas en
Dios. Yo te diré lo que hago para esto: considero mi alma como un cielo donde
reside la Santísima Trinidad, a quien no puedo compenetrar ni mirar, porque
la considero como un foco inmenso, infinito de luz. Muy cerca del centro de
ese foco me represento a la Santísima Virgen inundada de luz y de amor. Cerca
de la Santísima
Virgen, a mi Padre S. José, y después a todos los ángeles y santos, cada uno
en su lugar correspondiente. Y más abajo, la última, me veo yo como un punto
negro en esa aureola y torrente de luz. Allí vivo contemplando y adorando a
ese Ser perfectísimo. La cuestión es no interrumpir interiormente esa
alabanza de gloria. Aunque estemos ocupadas exteriormente, guardemos silencio
interior, es decir, no admitir ningún pensamiento ajeno a esa adoración,
rechazar aún aquellos que sean de nuestra propia persona, porque podríamos
tener pensamientos de vanidad o cualquiera otro que nos inquietara. Vivamos
siempre en presencia de Dios rechazando el pensamiento de las criaturas.
Cuando tengamos que tratarlas, miremos en ellas a Dios y tratémoslas con
deferencia y considerándonos nosotras como esclavas de ellas; posponiéndonos
a ellas, sacrificándonos por ellas. No tengamos, Isabelita, otro deseo que él
[de] glorificar a Dios cumpliendo en todo momento su divina voluntad.
Pensemos con alegría en cada momento que la estamos cumpliendo y adoremos esa
divina voluntad. Que nuestras obras sean hechas como que Dios nos las examina.
Así obraremos con perfección. Y hacerlo todo como tú me recomiendas: por
amor. Y siempre con la intención de cumplir la voluntad de Dios y no porque
nos vean las criaturas. Para vivir en esta continua oración es necesaria la
mortificación de la carne, ya que, al preocuparnos de nuestras comodidades,
desatendemos nuestra alma. Pero como no se nos permite mucha penitencia,
mortifiquemos nuestros sentidos, de modo que, cuando deseemos mirar algo para
satisfacer nuestra curiosidad, no lo hagamos. Lo mismo de los otros sentidos,
en particular el gusto: no comer nada a deshora. Cuando comamos, no
recrearnos y complacernos en aquello que nos agrada; comerlo ligero, sin
tomarle el gusto o demorarnos harto para ir en contra del apetito”. Vivir
siempre muy alegres.
Teresa ha sentido el amor divino, y ese amor le
hace tener una vida muy alegre, y siguiendo con la misma carta ella escribe: “Vivir siempre
muy alegres. Dios es alegría infinita. Ser muy indulgentes para los demás y
con nosotras mismas muy estrictas. El otro día dijeron a este respecto un
pensamiento que me gustó mucho: "ser topo para con el prójimo y lince
para consigo misma"; es decir, no ver los defectos ajenos sino los
nuestros. Mi Isabelita
querida, es esto lo que Dios me ha inspirado y, como nuestras almas están muy
unidas, te lo participo a ti. Tú puedes hacer todo esto en el mundo perfectamente.
No dejes ningún día tu oración, aunque sea sólo por la mańana cuando vayas a
misa, no importa que no sea la hora entera. Tu intención particular ha de ser
los sacerdotes y los pecadores. Lee el Camino de Perfección de Nuestra Santa
Madre, aunque sea una página. Para otra vez te mandaré mi reglamento. Dile a
la Rebeca te presté la carta que le escribí a ella; van varios detalles que
te gustará saber. Estoy rezando una novena a S. José por tu papá; únete a mí.
Mi Madrecita te ha tomado mucho carińo y siempre me habla de ti y de los
tuyos. Su Reverencia reza mucho por tu papá y por Isabel de la Trinidad. Me
ha permitido también que te escriba con alguna frecuencia; así pues,
apróntate a recibir mis sermones que tú no necesitas y que yo estoy muy lejos
de practicar. Confiemos en Dios. El hará la obra de nuestra santificación. Únete a mí a
las 11 am hasta un cuarto para las 12 am. Y a las 5 hasta un cuarto para las
7 pm. A esas horas estoy en oración en el coro. Haré lo que me dices respecto
a la Hermanita. A Dios. Reza por mí. Soy cada vez más miseria e ingratitud:
un verdadero monstruo, hermanita mía. Te tengo en mi corazón con N. Seńor. Tú
indigna s. En HMJT. Teresa de Jesús. Carmelita. Pidámosle a la Santísima
Virgen nos dé recogimiento” Identidad de la
carmelita.
Carta a Graciela Montes Larraín, septiembre 14 de
1919.[674] Aquí Teresa escribe sobre lo feliz que es ser
carmelita, ella ama su vocación y solo quiere vivir para Jesús. Los párrafos
siguientes, corresponde a esa carta. Los subtítulos, lo he puesto para
separar los temas. Que el Espíritu
Santo sea en tu alma, mi hermanita tan querida: “Te participaré
que la votación para mi toma de hábito se efectuó el día de la Natividad, y
por la misericordia de Dios fui aceptada por mis hermanitas. No te diré mi
sorpresa y susto cuando me manda llamar nuestra Madrecita a la sala de
capítulo para decirme el resultado. Estaban todas mis hermanitas, y nuestra
Madrecita en el medio con su capa de coro. Se me figuró que iba a ser
sentenciada. Cuando oigo lo contrario, no supe lo que [me] pasó. Después de
abrazar a todas, se acabó la ceremonia, y todas principiaron a embromar, con
lo que se me pasó el acholo. Créeme que me encanta esa confianza, carińo y
expansión. Consigue que te
traigan para mi toma de hábito, pues me encantaría verte. Sobre todo, para
que presenciaras la felicidad de ser carmelita, la cual para mí toma mayores
proporciones. Si antes consideraba mi vocación por encima de todas, hoy día
la aprecio el doble más; pues he visto y me he cerciorado que
el ideal de santidad de una carmelita es mayor que el de otra cualquiera
religiosa”. Vivimos sólo
para Jesús.
“Vivimos sólo
para Jesús. Y así como los ángeles en el cielo cantan incesantemente sus
alabanzas, la carmelita los secunda aquí en la tierra, ya sea cerca del
sagrario donde está prisionero el Dios. Amor, ya en lo íntimo del cielo de su
alma, donde la fe le dice que Dios mora. La vocación nuestra tiene por objeto
el amor, que es lo más grande que posee el corazón del hombre. Ese amor
reside dentro de su alma desde el día en que puso Jesús en ella el germen de
la vocación. Es una hoguera donde el alma se consume y se funde con su Dios.
Esa hoguera no deja nada a su paso. Todo lo hace desaparecer, aun las
criaturas, para irse a unir al fuego infinito del amor que es Dios. Por eso
busca la soledad para que nada le impida la unión con Aquel por quien todo lo
deja. Un alma cuando ama verdaderamente -aún se ve esto en los carińos
humanos- no quiere estar sino con la persona amada, mirarla siempre, expresar
aquello que pasa en los corazones y estrecharse más y más. Por eso es que nosotras, amando a Jesús con toda nuestra alma, sólo
deseamos contemplarlo y hablarle a solas para cambiar sus ideas y
sentimientos divinos por los nuestros miserables. ˇQué cosa más
rica es para el alma que ama pasar la vida junto al Sagrario! El, prisionero
por su amor, y ella también. Nada los separa. Ninguna preocupación. Sólo deben
amarse y perderse la criatura en su Bien infinito. Él le abre su Corazón, y
allí la hace vivir olvidada de todo lo del mundo, porque le revela sus
encantos infinitos, a la vista de los cuales todo lo demás es vanidad. El la
estrecha y la une a sí. Y el alma, perdida y enloquecida ante la ternura de
todo un Dios, desprecia las criaturas, y sólo quiere vivir sola con el Amor.
Ay hermanita querida, dichosas nosotras que hemos sido elegidas para ser las
esposas predilectas de Jesús, sin las cuales Él no puede pasar, pues
encuentra en ellas un amor verdadero, ya que la carmelita le hace la más
completa donación de todo. Ella le consagra su inteligencia despreciando las
ciencias humanas; su memoria, olvidando todo lo del mundo; su familia, etc.
Su voluntad la depone completamente, pues ella no tiene autoridad sobre nadie
y hasta para tomar un alfiler tiene que pedir licencia. Su corazón se lo
consagra enteramente, desposeyéndose de todo por la pobreza más completa y
negándose la más mínima comodidad. Por fin, su cuerpo se lo ofrece en
sacrificio, sometiéndose a las más rudas penitencias. żQué queda de ella? La
nada, y aún su nada la sepulta en silencio dentro del Corazón adorable de su
Dios. Allí, como la Magdalena, oye de Jesús que ha escogido la mejor parte, la
de amar lo único necesario. Nadie la saca de allí. Ella comprende que al
contacto de Jesús se diviniza; por eso se sumerge en El para transformarse en
El, y, a medida que se engolfa en Jesús, va descubriendo en El tesoros infinitos de amor y de bondad; va reconociendo
poco a poco al Verbo humanado. Entonces es cuando comprende más que nunca la
obra redentora del Salvador, el valor de esa Sangre divina, y, consumida por
el amor, siente sed. Sí, sed de la sangre de su Dios, derramada por las almas
pecadoras. Ir en pos de ellas para salvarlas no puede. Está ciega si se
aparta del foco de la Luz que es el Verbo. Entonces, como ya no forma con
Jesús sino una sola persona y una sola voluntad,
dice que tiene sed de su sangre y Él no puede menos que sentir lo mismo y,
echando a raudales su Sangre sobre las almas, las salva”. Un
alma unida e identificada con Jesús lo puede todo.
“Un alma unida
e identificada con Jesús lo puede todo. Y me parece que sólo por la oración
se puede alcanzar esto. Aunque otros digan que por el apostolado y la oración
se salvan las almas, yo creo que es mucho más difícil, pues esto necesita una
gran unión con el Redentor; pues salvar almas no es otra cosa que darles a
Jesús, y el que no lo posee, no puede dar nada. Por lo general las almas en
la vida activa llegan más difícilmente a unirse enteramente [a Dios], ya que
las cosas exteriores y el trato constante con el mundo la hacen distraerse y
apartarse de Jesús. Además me parece puede mezclarse el amor propio cuando se
palpan los triunfos, peligro que la Carmelita no tiene, ya que ignora el
número de almas que salva por la oración y sacrificio. Y quizás desde su
celda conquista, al par que los misioneros, millones de infieles que se
encuentran en los confines del mundo. ˇQué hermosa es
nuestra vocación, querida hermanita! Somos redentoras de almas en unión con
nuestro Salvador. Somos las hostias donde Jesús mora. En ellas vive, ora y
sufre por el mundo pecador. żNo fue ésta la vida de la más perfecta de las
criaturas, la Santísima Virgen? Ella llevó al Verbo en el silencio. Ella
siempre oró y sufrió. żNo fue esta vida de oración y sacrificio la que poseyó
Jesús por espacio de 30 ańos? Sólo tres ańos los empleó en predicación. żNo
es ésta la vida de Jesús en el Sagrario? Ah, hermanita querida, es sin duda
que hemos escogido la mejor parte, ya que la carmelita sólo trata con Dios.
Pídele a Él te traiga muy pronto. Ven luego a perderte entre sus brazos
divinos. Ven luego para que Jesús encuentre una hostia más que presentar a su
Eterno Padre por las almas. Que nada te haga vacilar. Míralo a Él. Te espera
lleno de amor infinito y te va a hacer su esposa. Quiere efectuar contigo la
unión más íntima. Él te va a hacer divina, compenetrándose contigo. Vas a
vivir en la dulzura infinita en Jesús, en la pureza, en la santidad, en la
bondad, en el amor de un Dios”. ˇOh,
si supieras las ternuras que encierra su adorable Corazón! Es Dios.
“ˇOh, si
supieras las ternuras que encierra su adorable Corazón! Es Dios, y se acerca
a sus nadas criminales, a esas criaturas que un tiempo atrás sólo sabían
ofenderlo, y que todavía sólo le corresponden ingratamente. żCómo no amarlo
hasta el delirio, cómo no despreciarlo todo ante el espectáculo de sus
encantos y bellezas infinitas? El reúne todas las bellezas de las criaturas,
tanto las físicas como las intelectuales y las bellezas del corazón elevadas
a un grado infinito. żQué se puede buscar que no esté en Jesús? Por Dios,
cuánto me he extendido; pero perdóname, hermanita. Cuando hablo de mi
vocación de carmelita y de Jesús, no puedo detenerme. Sin embargo, hay frases
y expresiones del alma que no se pueden escribir. Perdóname, pero creo te
gustará, pues yo creo que a ti te pasará lo mismo. Escríbeme largo y con
confianza. Acuérdate que somos hermanas”. [675] Pensaba que ya
soy sólo de Jesús y que El sólo me basta.
Para finalizar este libro, dejo para la lectura una
última carta, donde ella nos reflexiona su felicidad en su vocación
carmelita, en ella está su tranquilidad, pues en Dios está su satisfacción de
su alma, y ella desea ser carmelita, solo para Jesús, cueste lo que cueste,
aunque que pasar por el fuego, lo haría. [676] “Hoy, 14 de
septiembre- principian los ayunos de la Orden y fue la renovación de los
votos. Como postulante, no pude estar en el coro; pero nuestra Madrecita me
permitió estar en la puerta oyendo, y después la Madre Sub Priora me entró y
me puso detrás de la
cortina; así es que pude oír la renovación y cantar después él Te Deum. Te estoy escribiendo a la 1 pm. hora en que hay que
hacer siesta; pero, como me levanté un poco más tarde, me dieron licencia
para conversar con mi hermanita. ˇQué pena me
dio esta mańana no poder renovar los votos! Sin embargo, pensaba que ya soy
sólo de Jesús y que El sólo me basta. ˇQué feliz se siente el alma cuando se
ve libre de todo lo del mundo y de las criaturas! Esta felicidad se compra al
precio de la sangre del corazón; pues no te niego que el romper los lazos de
la familia cuesta mucho. Sin embargo, créeme que, si posible fuera volver
atrás y tuviera de nuevo que hacer el sacrificio, creo que, aunque tuviera
que pasar por el fuego, lo haría, pues nada son los sacrificios efectuados
con la dicha de ser carmelita. Por eso quiero prevenirte para la lucha que
tienes que sostener en contra de lo que te pide la naturaleza y el corazón.
Créeme que, para llegar a este cielito, hay que dejar a un lado lo que se
siente y seguir el impulso de la fe. Reflexiona así: yo tengo vocación para
carmelita; en serlo está mi felicidad, pues sólo en Dios se encuentra la
satisfacción de mi alma; así pues, quiero ser carmelita, quiero ser sola para
Ti, Jesús, cueste lo que costare .Así el alma, fortalecida, no sucumbirá
cuando la vida de familia, las comodidades del mundo se le presenten; cuando
todas las personas insistan en que te vas a enterrar viva y tan chiquilla;
cuando te digan que esperes un poco más; que examines si tienes verdadera
vocación, conociendo el mundo, etc.; cuando, en fin, el demonio te pinta las
horribles austeridades del Carmen y la falta de salud, todo le dice a uno no
te vayas; pero, si existe en esa alma amor, nada la detendrá. Jesús la
espera, quiere poseerla por completo, quiere encontrar en ella su descanso y
su consuelo, haciéndola hostia. Créeme, hermanita, que ahora me río de ver
todo lo que el demonio me presentó antes de venirme. Hasta hacerme dudar que
tenía vocación de carmelita, cuando toda mi vida no deseé otra cosa. Pero,
gracias a Jesús que me dio luz para reconocer las tentaciones, estoy aquí. Todo esto te lo
digo, Chelita, para prevenirte; pues el demonio no descansa. Por ahora
procura conocer a Jesús. Anda siempre en su presencia. Míralo constantemente,
pues nuestra Sta. Madre dice que es imposible que, en esa mirada, el alma
toda no se inflame en amor. Es preciso que te enamores bien. Pídele después
de comulgar ese amor. Amándolo, sabrás vencerte y sacrificarte. Amándolo, te
conservarás pura. Ten siempre como modelo a la Santísima Virgen y pídele te
asemeje, pues Ella siempre permaneció en silencio unida a su Dios, y se
consumió en el amor y en el sacrificio por sus hijos pecadores. Su vida se
resume en dos palabras, que son las de una carmelita: sufrió y amó. Pero no
te atemorice la cruz con que se debe la carmelita abrazar. Jesús está en
ella. El mide las fuerzas de sus esposas y, como tanto nos ama, En la aligera
de manera que todo el peso lo carga sobre sus hombros. A Dios,
hermanita. Vivamos en El, para que, identificadas, podamos ser hostias de
alabanza a la Santísima Trinidad. Te abraza tu indigna”. Teresa de Jesús, Carmelita”. 28 CAMINO AL CARMELO Y SU IDEAL DE CARMELITA
28.1
SEGUIR
A CRISTO CON FIDELIDAD.
Es Dios quien llama a sus hijos.
En una ocasión, me preguntó una joven
como se llega a entusiasmarse con el ideal de ser carmelita descalza. Ella
llegó a mí como alumna en un taller sobre Santa Teresa de Jesús, que
entregábamos en un Centro de Espiritualidad de los Padres Carmelitas, (La Fonte) en Santiago de Chile. Por tanto no la conocía de
antes. Yo le respondí que sería interesante ir a un Monasterio de Carmelitas
y pedir hablar con la priora, y recibir información de primer nivel. Conozco
muchos Monasterios de Carmelitas Descalzas en Chile y fuera de mi país, he
dado charlas o Talleres de nuestra espiritualidad Teresiano-Sanjuanista en 5
de los 12 Monasterios, también he dado conferencia en los Monasterio de Toro,
Bilbao y Zaragoza en Espańa, el Buenos Aires (Lujan) en Argentina, en La
Habana Cuba, en Bani, Republica Dominicana. Este regalo que me ha hecho Dios
me ha permitido compartir y conocer muchas hermanas carmelitas. Es así como
me gusta repetir una frase de Teresa de los Andes; “Me gustan las
Carmelitas porque son tan sencillas, tan alegres”[677].
Pero lo que más me gusta, es el amor que sienten por Jesucristo, y su amor a
la oración por todos nosotros. Es así, como yo le entregue a esta
joven algunos elementos que podían ayudarle tales como los que se consideran
primordiales en esta vocación, de los orígenes, y del carisma
teresiano-sanjuanista. Esta joven, me había dicho que se
sentía llamada a la oración, a la escucha de la Palabra de Dios y de amar la
liturgia. También me hablo de su deseo del trato de amistad con Dios, y eso
me entusiasmó a animarla en su camino, entonces le recomendé seguir adelante
con su propósito. Después de algunas conversaciones con ella,
estime por mi cuenta, que era una persona adecuada para que dentro de nuestro
carisma, hiciera suyo el celo apostólico, la oración y consagrar su vida al
servicio de la Iglesia y de los hombres hijos de Dios. Sin embargo, poco tiempo después la
perdí de vista y no sé cuál fue su camino. Ciertamente el tema vocacional no
es sencillo, es decir, no es fácil decidirse a seguir a Cristo con la
fidelidad que él nos pide y tener que desprenderse de los bienes del mundo
terrenal. Sabemos que es Dios quien llama a sus
hijos. El mismo Jesús nos lo ha dicho: “No me eligieron ustedes a mí; fui yo
quien los elegí a ustedes” (Jn 15, 16). Es así, como la vocación a la vida
consagrada, es una iniciativa enteramente de EL y pide de aquellos que ha
elegido, una respuesta, como una entrega incondicional. El Padre, llama continuamente a nuevos
discípulos, hombres y mujeres a servir a los demás en la entrega humilde de
sí mismos, a la vida religiosa. Es así, como siempre me ha llamado la
atención la decisión de estas jovencitas como Teresa de Lisieux, Isabel de la
Trinidad, y Teresa de Los Andes, que han sentido desde muy adolescente en su
corazón el deseo de abrazar el camino a la perfección y santidad y han
perseverado hasta llegar al cielo. Este llamado de atención me ha
estimulado para volver a la lectura del Diario
y las Cartas de Juanita Fernández
Solar, que luego como religiosa es Teresa de Los Andes, para descubrir desde
sus propias notas en su Diario y
cartas este gran deseo de ser monja carmelita y seguir a Jesús “aunque tenga
que atravesar el fuego”[678].
Alma gemela de Isabel de la Trinidad
Juanita, siente muy cercana a Isabel y
la aprecia como su alma gemela. Tanto así, que sus cartas fueron de gran
ayuda para su vocación carmelita. Ella está en cama, rendida a la voluntad de
Dios y escribe: “Estoy
leyendo Isabel de la Sma. Trinidad. Me encanta. Su
alma es parecida a la mía. Aunque ella fue una santa, yo la imitaré y seré
santa. Quiero vivir con Jesús en lo íntimo de mi alma. Quiero defenderlo de
sus enemigos. Quiero vivir una vida de Cielo, así como dice Isabel, siendo
una alabanza de gloria: 1° Viviendo una vida divina. Amando con un amor puro
a Dios. Entregándome a Él sin reserva. Viviendo en una comunión íntima con el
Esposo de mi alma. 2° Cumpliendo en toda la voluntad de Dios.[679] Isabel se hace estas preguntas: “żQué
es la vida?, żAdónde nos conduce? y más adelante nos da una respuesta: “Y es
nuestra vida la que debe decidir nuestra eterna felicidad. Soy libre; debo
ganar el cielo, la eterna bienaventuranza..”.[680]
y luego hace su vida en el Carmelo, para vivir en oración y amistad con Dios,
convencida de su vocación. Dice Isabel: “Jesús me llama al Carmelo y que esta
vocación es la más bella”.[681]
En otra sección de su Diario
Espiritual escribe: “ˇOh, vosotras, a quien Dios llama a la más bella de las
vocaciones!; vosotras, a quienes pide dejarlo todo por El”[682] Juanita, siente el llamado de Dios,
siente que su vocación es ser esposa del Cristo, pero no ha decidido aún si
en Los Sagrados Corazones o en el Carmelo, no obstante, ya en su alma
comienza a germinar su ideal, y le escribe a la Madre Angélica Teresa del
Convento del Espíritu Santo en los Andes: “Ahora
le comunicaré que yo nunca he conocido personalmente a ninguna carmelita.
Solamente he leído la vida de Sor Teresa y de Isabel de la Trinidad. Desde
entonces he comprendido que el Carmen es un cachito de cielo y que a ese
Monte santo me llamaba el Seńor”.[683] Como podemos ver a través de sus
cartas, para Juanita, Isabel de la Trinidad, ha sido importante para su
vocación carmelita y su ideal de hacerla vida. Tal así, que llega a escribir:
“Ese
día de la toma de hábito, ofrecí la Misa y comunión por Sor Isabel de la
Trinidad, y lo mismo los días anteriores. ˇCuánto la envidiaba![684] Es tal el carińo de Juanita por Isabel
de la Trinidad, que no pierde oportunidad para hacerlo saber o mencionarla: “Salude
respetuosamente a la Madre Sub-Priora y a toda la comunidad, que la quiero
mucho ya en Nuestro Seńor; y dígales que recen por mí para que viva en el
mundo como Isabel de la Trinidad”.[685] Isabel Catez
Rolland, (Isabel de la Trinidad) nació en Bourges,
Francia, el 18 de Julio de 1880, 20 ańos antes que Juanita Fernández Solar.
El 2 de enero de 1901, a los 21 ańos, ingresaba en el convento carmelitano de
Dijón, ciudad donde vivía con su familia. (Juanita
nació el 13 de julio del ańo 1900). Isabel vistió el hábito el 8 de diciembre
de 1902 y el 11 de noviembre de 1903 saltaba de gozo al emitir sus votos
religiosos en la Orden del Carmen, a la que amaba con toda su alma. Corrió,
voló, en el camino de la perfección hacia la meta de la santidad y el 9 de
noviembre de 1906 expiraba a causa de una úlcera de estómago. (Juanita tenía
6 ańos). 10 ańos más tarde, Juanita ya estaba leyendo sobre la vida de Sor
Isabel que fue beatificada por el papa Juan Pablo II el 25 de septiembre de
1984, fiesta de Cristo Rey y canonizada por el Papa Francisco el 16 de
octubre de 2016. Y mucha confianza tomo Juanita en
Isabel. Escribe ella: “Grandes
han sido mis deseos de escribirle, apenas recibí su carińosa carta, que
agradecí tanto, lo mismo que las oraciones y el retrato de Sor Isabel de la
Trinidad; pero, como Ud. sabe, Rda. Madre, no he tenido tiempo, pues es éste
siempre mi pecado”.[686] “Mi
mamá me encarga le envíe el más carińoso recuerdo, y que mańana las tendrá
muy presente, y le ruega, Rda. Madre, rece, pero mucho, por una intención muy
grande que tiene, la que ha encomendado a la Sma.
Virgen, dándole de plazo hasta el 8 de diciembre para que se cumpla. Dice que
ojalá se la encomendara a Sor Isabel de la Sma.
Trinidad; pues varias de las intenciones que envió para su profesión se han
cumplido, lo que hace que le inspiren mucha confianza sus oraciones”.[687] Y Teresa de los Andes, sigue el mismo
ideal de Isabel, conquistar almas para Cristo. A una amiga le escribe: “Después
te dirá dónde le debes servir. En todas partes puedes ser santa, con tal que
observes perfectamente la Regla. Me dices que quieres ser la casita de Dios.
Me alegro mucho por ello, pues veo por eso que lo quieres. Sor Isabel de la
Trinidad decía: “Dios es el cielo y Dios está en mi alma”. Luego tenemos el
cielo en nuestra alma. Ahora bien, żqué se hace en el cielo? Amar, contemplar
a Dios y glorificarle”.[688] Y en la misma carta anterior, sigue
Teresa de los Andes: “Así
nos será más fácil tener caridad. Si somos humilladas, lo somos por Él. Si
somos alabadas, lo somos por Él. Si servimos, servimos a Él; y así en todo.
Así el alma queda simplificada y unida a Él; siempre piensa y ve a Él. Por
último, en el cielo se cantan sus alabanzas y se le glorifica por sus obras;
seamos, pues, como Isabel de la Trinidad, alabanza de su gloria. Es decir,
obremos todo por amor y siempre lo más perfecto, de manera que, al vernos las
demás personas, puedan decir: “qué virtuosa es”.[689] A su amiga Elisa Valdés, quien fue la
que le compartió los escritos de Isabel y que además la llamaba como
Isabelita le escribe: “Mi
Madrecita te ha tomado mucho carińo y siempre me habla de ti y de los tuyos.
Su Reverencia reza mucho por tu papá y por Isabel de la Trinidad”.[690] En otra carta a Elisa Valdés le
escribe: “żSientes
en tu alma ese amor por la divina voluntad? Trata de sentirlo, ya que tu
nombre -Isabel de la Trinidad, o sea, “Casita de Dios”- debe estar tan llena
de ella, que por todos sus ámbitos, es decir, en sus facultades y
operaciones, resuene siempre el eco de la Palabra eterna, del divino querer”.[691] Para concluir, me imagino que no es
fácil animar a una joven a la vocación religiosa, no creo tener la receta, no
obstante, la lectura de nuestras santas del Carmelo me ayuda a entender de
algún modo como fue en ella creciendo este germen, como Teresa de Lisieux
animó a Isabel de la Trinidad y ella luego a Teresa de los Andes. Cuando
alguien me ha preguntado, le recomiendo conocer como fue el proceso
vocacional de nuestras jóvenes santas y con que confianza se arrojaron a los
brazos de María y de su Hijo Jesús. Y que nada les impida, ir a Jesús, y para
eso, no se apeguen a las cosas del mundo, para que no existan cosas que
pueden apartarlas y que si se sienten llamadas, sepan que Jesús le está
concediendo la feliz oportunidad de que puedan demostrarle su amor, misma
felicidad de Isabel, Teresita, Juanita y ahora María Felicia, La Chiquitunga. Juanita lee los
Santos del Carmelo
Juanita a los 14 ańos lee a Teresita
del Nińo Jesús (Historia de un alma). En diciembre de ese ańo le ocurre un
ataque de apendicitis. Después de
ese padecimiento ella siente el primer llamado al Carmelo. “Yo
recuerdo que, desde chica, yo decía que si era monja, lo sería, pero de un
convento muy austero, en que hicieran mucha penitencia, y donde no se tratara
con el mundo. Después cuando estuve enferma de apendicitis, N. Seńor me
manifestó que quería fuese monja y me dijo que fuera carmelita, a quienes yo
conocía solamente por la vida de Teresita del Nińo Jesús. Desde entonces no
dudé fuera esa mi vocación”.[692] A los 17 ańos comienza a leer a Santa
Teresa de Jesús (Vida). Después su
nuevo director espiritual, el Padre José Blanch, claretiano le habla del
Carmelo de Los Andes. Juanita tiene la convicción de que el Seńor la llama a
entrar en este Carmelo. “Mi
nombre será en el Carmen el de mi Santa Madre. Fíjese qué honor. Teresa de
Jesús. Carmelita”.[693] “Aspiro
a ser, como mi Santa Madre verdadera Teresa de Jesús, para que Él pueda
decirme que Él es Jesús de Teresa”.[694] A los 19 ańos, el 11 de enero de 1919,
en compańía de su madre viaja a Los Andes a entrevistarse con la priora del
Monasterio del Espíritu Santo. Desde ese momento sus dudas desaparecen.
Escribe al día siguiente en su Diario: “La
Madre Ríos me dijo que rezaría mucho por mí y mi salud y que sólo pensara en
que iba a ser esposa de Jesús. Me
recomendó para leer la vida de Santa Teresa y de Teresita del Nińo Jesús. Yo
le dije que la había leído varias veces y saco tanto provecho; pues su alma
tiene algunos puntos parecidos a la mía. Y también porque yo como ella, he
recibido muchos beneficios de Nuestro Seńor, qué la hicieron que llegara muy
luego a la perfección; mientras que yo le pago tan mal a Jesús. Esto me
enternece y le prometo ser mejor”.[695] El 27 de enero de 1919 lee en la mańana
"Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz. Así lo comenta Juanita: “Leí
en la mańana la "Suma Espiritual" de San Juan de la Cruz y tengo
tanto amor, que Dios no se aparta de mi pensamiento y es tal la intensidad de
amor que experimento, que me siento sin fuerzas, desfallecida y algo como si
estuviera en otra parte, no en mí misma. Sentí
un gran impulso por ir a la oración. Principié por mi comunión espiritual,
pero al dar la acción de gracias, mi alma estaba dominada por el amor. Las
perfecciones de Dios se me presentaron una a una: la Bondad, la Sabiduría, la
Inmensidad, la Misericordia, la Santidad, la Justicia. Hubo un instante que
no supe nada. Me sentía en Dios. Cuando contemplé la justicia de Dios, me
estremecí. Hubiera querido huir o entregarme a su justicia. Vi el infierno,
cuyo fuego lo enciende la cólera de Dios, y anonadándome pedí misericordia y
me sentí llena de ella. Vi lo horrible que es el pecado. Quiero morir antes
que cometerlo. Le prometí ver a Dios en sus criaturas y vivir muy recogida.
Me dijo tratara de ser muy perfecta y cada perfección suya me la explicó
prácticamente. Que todas mis acciones las hiciera con perfección para que
entre Él y yo hubiera unidad, pues no sabía si yo hacía algo imperfecto.
Después, quedé que no sabía cómo tenía la cabeza, y temía presentarme ante
los demás, porque creía tener algo todavía que se me notara. Creo haber
pasado más de una hora. En la tarde no tuve mucho fervor, pero sí he pasado
recogida”.[696] Después el 25 de marzo
de ese ańo solicita permiso a su padre para irse al Carmelo. El 6 de abril,
su padre, conmovido le concede el permiso. Ya en el mes de abril Juanita se
prepara para ingresar al Carmelo, pero sufre lo indecible por tener que
abandonar a su familia que ella tanto amo. 28.2
ÉL
(JESÚS) QUERÍA QUE FUESE CARMELITA
El deseo de
entrar en el Carmelo, para ella, era la voluntad de Jesús. (1914)
Juanita, desde muy jovencita, quería
ser solo de Jesús, y era una opción que comenzó a germinar en un dialogo de
amistad con él, como toda relación de amor reciproco. Escribe ella, a los 14
ańos, un relato de una íntima conversación con la Virgen y con Jesús: “Desde
entonces Jesusito me habla. Y yo pasaba horas enteras conversando con Él. Así
es que me gustaba estar sola. Me fue enseńando cómo debía sufrir y no
quejarme... [y] de la unión íntima con Él. Entonces me dijo que me quería
para Él. Que quería que fuese carmelita. ˇAy! Madre, no se puede imaginar lo
que Jesús hacía de mi alma. Yo, en ese tiempo, no vivía en mí. Era Jesús el
que vivía en mí”. [697] Un poco más adelante, diciembre de 1914, Juanita escribe es su Diario sobre sus dolores y enfermedad,
esto iban cada día peor. “El ocho de diciembre yo me sentí
morir. Desde ese día caí en cama a firme para levantarme operada. Mi mamá
principió una novena a Teresita del Nińo Jesús (carmelita), porque soy muy
devota de ella”.[698]
El que ore una novena a Teresita del Nińo Jesús, nos habla sobre el
rápido conocimiento de las virtudes de Teresa de Lisieux, pues ella recién
fue beatificada el 29 de abril, 1923 por Pío XI, y canonizada por el mismo el
17 de mayo 1925. El Seńor me
preparaba el camino (1915)
Juanita es internada entre los ańos 1915 a 1918 para estudiar en los
Sagrados Corazones, y de este modo continuar con sus estudios. A ella, no le
agradaba estar lejos de su casa, pero a pesar de esta pena, dice que: “no pude menos de agradecérselo a
Nuestro Seńor, que me preparaba el camino para estar más apartada de las
cosas del mundo y me llamaba a vivir junto a Él para que estuviera más
acostumbrada a vivir separada de mi familia antes de entrar en el Carmelo”.[699] Podemos darnos cuenta, que ella está
feliz con la voluntad del Seńor, así lo escribe luego en el mismo Diario: “Pero la voz de Dios manda más y
yo debo seguir a Jesús al fin del mundo, si Él lo quiere. En El encuentro
todo. El solo ocupa mi pensamiento Y todo lo demás, fuera de Él, es sombra,
aflicción, y vanidad Por Él lo dejaré todo para irme a ocultar tras las rejas
del Carmen, si es Su Voluntad, y vivir sólo para Él. ˇQué dicha, qué placer!
Es el Cielo en la tierra”. Y más adelante continua: "Amiga
muy querida". Esto me infunde ánimo y sigo esforzándome para hacerme un
poco menos indigna del título que llevaré. ˇAh!, żdónde será el lugar donde
celebraremos nuestros desposorios y el lugar donde viviremos unidos? Me ha
dicho el Carmen. Pero cada vez que quiero mirarlo más de cerca, parece que Él
lo cubre con un velo para que nada vea, y sin esperanza me retiro triste y
desolada. Veo que mi cuerpo no resistirá, y todos los que están al cabo me
repiten: "Es muy austera esa Orden y tú eres muy delicada". Pero
Tú, Jesús, eres mi Amigo y como tal me proporcionas consuelo. Cuando salí a
la casa por el día, me encontré [con] que la Madre Superiora del Carmen, sin
conocerme, me había enviado un retrato de Teresita del Nińo Jesús, con mi
mamá; lo que me ha proporcionado mucho gusto. Me encomendaré a Teresita para
que me sane y pueda ser carmelita. Pero no quiero sino que se cumpla la
voluntad de Dios. Él sabe mejor lo que me conviene. ˇOh, Jesús, te amo; te
adoro con toda mi alma!”[700] Juanita tiene ya 15 ańos, y no ha dejado de pensar en el Carmelo, en
septiembre de 1915 escribe en su Diario: “Estuvimos con la Madre Ríos
ˇQué gusto más grande. Y como yo hago lo posible por figurarme que estoy en
el Carmen, me senté en el suelo, a los pies de la Madre, ejemplo que
siguieron varias chiquillas. El domingo [12.9.1915] estaré con la Madre Ríos
sola. Esto me causa susto, pues pienso decirle todo el cambio que se ha
operado en mí desde la operación; mi vocación para carmelita, en fin todo. No
sé cómo me arreglaré, pues me cuesta tanto expresar todo lo que me pasa”.[701] Después estando a
solas con la Madre Ríos, le confiesa que desea entrar al Carmelo, ella le
responde que rezaría mucho por Juanita y que sólo pensara en que iba a ser esposa de Jesús. También le recomendó leer la vida de Santa Teresa y de
Teresita del Nińo Jesús.[702] Había dejado de escribir en su Diario por unos meses, finalizando el
ańo 2105 escribe: "No he de amar sino a
Jesús. Luego mi corazón ha de tener el sello del amor de Dios. Mis ojos se
deben fijar en Jesús crucificado. Mis oídos han de oír constantemente la voz
del Divino Crucificado…Esto es lo último que tengo de este ańo. No he vuelto
a escribir mi Diario. Pero tengo mi retiro y una carta que le escribí a mi
hermana Rebeca para comunicarle mi vocación de carmelita y pedirle que me
ayudara”.[703] He sido cautivada en las redes amorosas del Divino
Pescador. (1916)
Cuatro meses después, en Chile es otońo, le escribe a su hermana
Rebeca: “żQuién podrá rehusar la mano
del Todopoderoso que se abaja a la más indigna de sus criaturas? ˇQué feliz
soy, hermanita querida! He sido cautivada en las redes amorosas del Divino
Pescador. Quisiera hacerte comprender esta felicidad. Yo puedo decir con
certeza que soy su prometida y que muy luego celebraremos nuestros
desposorios en el Carmen. Voy a ser carmelita, żqué te parece? No quisiera tener en mi alma ningún pliegue
escondido para ti. Pero tú sabes que no puedo decirte de palabra todo lo que
siento y por eso he resuelto hacerlo por escrito”. Después sigue: “Me he entregado a Él. El ocho
de diciembre me comprometí. Todo lo que lo quiero me es imposible decirlo. Mi
pensamiento no se ocupa sino en El. Es mi ideal. Es un ideal infinito.
Suspiro por el día de irme al Carmen para no ocuparme sino de Él, para
confundirme en Él y para no vivir sino la vida de El: Amar y sufrir para
salvar las almas. Sí, sedienta estoy de ellas porque sé que es lo que más
quiere mi Jesús. ˇOh, le amo tanto!” “Sin duda que tu corazón de
hermana se desgarra al oírme hablar de separación, al oírme murmurar esa
palabra: adiós para siempre en la tierra para encerrarme en el Carmen. Mas no
temas, hermanita querida. No existirá jamás separación entre nuestras almas.
Yo viviré en El. Busca a Jesús y con El me encontrarás y allí los tres
seguiremos los coloquios íntimos que hemos de continuar allá en la eternidad
ˇQué feliz soy!”[704]
Tengo
inclinación para hacerme carmelita.
Juanita, desea compartir el gozo de sentir en su corazón el llamado
al Carmelo es un deseo que lo va sintiendo cada vez con más fuerza y ya no
tiene temor en comunicar a sus amigas ese deseo. A su amiga Graciela (Chelita)
le escribe: “El otro día no te lo dije, porque me
daba vergüenza y no podía, pero me decidí a decírtelo, y es que yo tengo
inclinación para hacerme carmelita. Me encantan; pero no sé si seré monja. Si
soy, seré carmelita. Tengo tantas dudas como tú no te imaginas. Ayúdame tú,
por favor. Dame a conocer la Regla de las carmelitas”.[705] Graciela le responde con una carta que deja muy contenta a Juanita: “ˇQué cartita más ideal! Estoy
feliz de haberla leído. Primera vez que tenía algo de una carmelita. ˇQué
principio tan encantador!” “…No dejemos escapar ningún acto
que pueda mortificarnos. Yo creo que uno de los puntos de la vocación
carmelitana es la oración y la mortificación. Recemos siempre” … “Crucifiquémonos por medio de la
obediencia, por medio de la pobreza por medio de la castidad…imitando a
Jesusito que se hizo obediente hasta la muerte y muerte de cruz”. Y para mayor conocimiento del Carmelo, lugar donde sueńa ir termina
su carta: “Acuérdate de lo que me prometiste de
hacerme saber la Regla de las carmelitas, las penitencias, las virtudes, en
fin, las cosas más necesarias”.[706] Mayor deseo
por ser carmelita. Me gustan las carmelitas. (1917)
Juanita va sintiendo poco a poco mayor deseo por ser carmelita, eso
lo hace muy feliz: “Lo que más consuelo y alegría me dio
fue que me dijo que tenía vocación para carmelita”.[707] Estoy feliz…quiero dejar buen recuerdo (en
el colegio) y para que vean que, aunque pienso ser carmelita, soy aplicada”.[708]
“Hoy cumplí diecisiete ańos; un ańo menos de vida. Un ańo menos en distancia
de la muerte, de la unión eterna con Dios. Un ańo sólo para arribar al puerto
del Carmelo. ˇOh Carmen! żCuándo me abrirás tus
puertas sagradas? Cuántas gracias me ha concedido el Seńor y cuán mal le
pago. Mi Jesús, perdóname mis ingratitudes”.[709] Mas adelante escribe en su Diario:
“Examiné lo que me llevaba al
Carmen y por lo principal es porque allá viviré ya como en el Cielo, pues ya
no me separaré de Dios ni un instante. Le alabaré y cantaré sus misericordias
constantemente, sin mezclarme para nada con el mundo”. “Me
gustan las carmelitas porque son tan sencillas, tan alegres, y Jesús debió
ser así. Pero vi también que la vida de la carmelita consiste en sufrir, en
amar y rezar. Cuando los consuelos de la oración me sean negados, żqué será
de mí? Temblé. Mas Jesús me dijo: "żCrees que te abandonaré?" [710] No obstante, el camino hacia el Carmelo no es tan fácil, a ella ya
le han preguntado si cree que la salud le ayudara a conseguir su ideal de ser
monja del Carmelo. Escribe Juanita en su Diario:
“Enferma
siempre…Me causa horror. Y ver por otro lado, que no podré ser carmelita por
mi salud. Todo esto me hace exclamar ˇJesús mío, si es posible, que pase de
mi este cáliz; mas no se haga mi voluntad sino la tuya! Y ver que no puedo
hacer oración. Por otro lado, cuando estoy con Jesús me da no sé qué hablarle
de mis penas en vez de consolarlo, cuándo El sufre mucho más. Y me callo. Y
mi pobre corazón sigue gimiendo, y Jesús me mira contento”. [711] En otra nota más adelante escribe: “Hoy
me fui a confesar. Hablé largamente con el Padre acerca de mi vocación. Me
dijo que él veía que, por ahora, tenía verdadera vocación para carmelita. Que
Jesús me le podía dar permanente, es decir, para siempre, y que pudiera
entrar al Carmen; También, que podía ser verdadera mi vocación, que la
pudiera seguir, si Dios me daba las cualidades necesarias. Y también podía
ser carmelita espiritualmente, es decir, que teniendo el espíritu
carmelitano, podía en mi casa seguir una regla de vida como las carmelitas”. Con todo, siempre hay una buena noticia que le trae alegría: “Me contestaron las dos Madres
carmelitas en unas cartas ideales. La de Los Andes me envió una fotografía de
la Virgen con oración y una medallita del Carmen y del profeta Elías”.[712] Juanita está feliz, ha recibido un
pequeńo regalo de la priora del Monasterio de Los Andes, y escribe a la
Reverenda Madre para agradecerle y decirle que lo lleva constantemente con
ella y por sobre todo por venir de su querido Carmen: “Rda.
Madre, sabe ya por la Chela el carińo y estimación que tengo por las
carmelitas y el deseo que tengo de contarme algún día entre ellas”. Pero
además confiesa con sinceridad: “Ahora le comunicaré que yo nunca he conocido
personalmente a ninguna carmelita. Solamente he leído la vida de Sor Teresa
y de Isabel de la Trinidad. Desde entonces he comprendido que el Carmen es un
cachito de cielo y que a ese Monte santo me llamaba el Seńor. Cuánto deseo,
Rda. Madre, darme por entero a mi Jesusito”. Y más adelante sigue: “También
sé que si voy al Carmen, será para sufrir; más el sufrimiento no me es
desconocido. En él encuentro mi alegría, pues en la cruz se encuentra a Jesús
y Él es amor. Y żqué importa sufrir cuando se ama? La vida de una carmelita
es sufrir, amar y orar, y en esto encuentro todo mi ideal”. [713] ˇCuándo seré
carmelita para cantar diariamente las alabanzas del Seńor!
Son muchas las razones por lo cual quiere Juanita ser carmelita.
Orar por los sacerdotes, aprender a amar, cantar diariamente las alabanzas del
Seńor, la conquista de las almas etc. Confiesa ella en su Diario,
que: “no sabía que el fin de la carmelita es
rogar por los sacerdotes”, y desde ahora, ese será para ella una gran tarea,
y de este modo, ir sirviendo a su amado Jesús. Es así como luego ańade: “He
servido como Hermana todo el día. He gozado, pues me figuraba servir a Jesús.
Hablé hoy bastante con Jesús. Me hizo ver la necesidad que tiene la carmelita
de vivir siempre al pie de la Cruz, para aprender allí a amar y sufrir…La
carmelita ha de mortificar su carne a ejemplo de Jesús agonizante…Como Jesús
que dijo en la cruz: "Dios mío, żpor qué me habéis abandonado?". La
vida de la carmelita no es otra cosa: amar, llegar a la unión más perfecta
con Dios, e inmolarse y sacrificarse en todo, ya que el sacrificio es la oblación
del amor”.[714] Le escribe a la reverenda Madre Angélica Teresa, priora del
Monasterio de Los Andes, que si tarda en responder sus cartas, es solo por
falta de tiempo, pero les tiene muy presente en sus oraciones, asegurándole
que: “En ellas pido a Nuestro Seńor también
que, si es su voluntad, pueda ser algún día carmelita de ese monasterio, el
cual tan carińosa y generosamente me ofrece Ud., Rda. Madre…La carta de Ud.,
Rda. Madre, la leo muy a menudo. Me hace tanto bien, y en ella pude apreciar,
una vez más, todo el encanto de la vida carmelitana. Créame que en todas mis
acciones tengo presente el fin de la carmelita: los pecadores, los
sacerdotes. Cada día que pasa siento la nostalgia de ese querido Carmen, y
ardo en deseos de verme encerrada por Jesús en ese palomarcito, para ser
enteramente de Jesús, pues mientras se vive en el mundo es imposible ser
enteramente de Él”. Y como noviembre, mes de las flores y
ya es primavera, es el mes de María le pide a la Madre que rece a la Virgen
para que interceda por ella para tener la salud suficiente para; “poder
realizar el bello ideal de ser carmelita, pero según el espíritu de mi
seráfica Madre Santa Teresa”. Y
finalmente le pide le escriba de todo eso que significa: “la vocación de
carmelita”.[715] Juanita, confía plenamente en Jesús, lo ama y siente que es su
amada. Por eso, pienso que se le escapan con libertad las frases de cualquier
enamorada, que solo piensa en su amado. Escribe en su Diario: “Tengo pena, pues siempre que le pido
plata a mi papá, me dice que no tiene. żQué iré a hacer cuando me tenga que
dar la dote para ser carmelita? ˇAh, Jesús querido! Yo creo que no va a
querer dejarme ir. Veo tanta hostilidad contra ellas. Jesús mío, confío en
Ti. Eres Todopoderoso. Ven a robarme y que sea pronto, muy pronto y para
siempre…Mi alma es un cielo, pues en ella está Jesús; luego mańana es mi
fiesta. Voy a cantar todo el día. Seré alabanza de gloria para mi Dios… ˇCuándo
seré carmelita para cantar diariamente las alabanzas del Seńor!”[716] En una nueva página del Diario
escribe: “Me
dijo (Jesús) que sería carmelita; que no desconfiara”[717]
y ese dialogo de amistad se lo hace
saber a sus amigas, las que a veces parecen querer desanimarla: “Fui a donde
la Madre Izquierdo. Me habló sobre la vocación y me volvió
a repetir otra vez que ella no me encontraba vocación ni salud para
carmelita. En fin, hablamos mucho. Salí con pena. Es la única que no me
encuentra vocación para carmelita. En fin, todo lo entrego en manos de mi
Jesús. Esto es tan fácil: abandonarse a Jesús…y frente a esta opinión,
Juanita no se desanimaba, entonces buscaba quien le diera luz: “Me confesé.
Me dio permiso para renovar el voto hasta la Pascua de Resurrección. Le conté
al Padre lo de la Madre Izquierdo. Que ella no creía que yo tuviera vocación
para carmelita. Entonces, me dijo que Dios no elegía a una religiosa para manifestar
su voluntad; que al confesor le daba la luz; que no hiciera caso y que no
tuviera confianza” y si la Madre Izquierdo le preguntaba si estaba dispuesta
a sufrir en el Carmen desolaciones, dudas, sequedades, etc. Juanita dice: “Yo
le contesté que sí”.[718] 28.3
INCERTIDUMBRES
EN EL CAMINO AL CARMELO
Dudaba si ser
carmelita, pero Jesús me decía que esa era su voluntad.
La pena, días de aridez, algunas veces sentirse abandonada a su
suerte de estar enferma, no la amedrantan en su propósito de llegar al
Carmelo. En algunas ocasiones, la entristecen, pero para su ideal no hay
situaciones insuperables. Es marzo de 2018, Semana Santa, está algo enferma y
escribe en el Diario: “Estoy
que ya no puedo más. Me duele mucho el pecho y la espalda. Veo todo tan
triste, porque no podré ser carmelita, si soy delicada”. [719] Cada día
pienso más en el Carmelo (1918)
Juanita está de vacaciones, en Algarrobo, frente al Mar, es febrero
de 2018. Con todo, ella utiliza también sus días de descanso para sus
ejercicios de piedad, pero además extrańa no recibir noticias desde el
Monasterio de Los Andes. Es así como decide escribirle a la Madre para
comentarle: “Cada día, Rda. Madre, pienso más en el
Carmen y deseo más ardientemente irme a encerrar en ese "cielito” …El
mar en su inmensidad me hace pensar en Dios, en su infinita grandeza. Siento
entonces sed de lo infinito. Cuando pienso que cuando sea carmelita, si Dios
lo quiere, tengo que abandonar todo esto, le dijo a N. Seńor que toda la
belleza, lo grande lo encuentro en El”. Y sigue más adelante: “Estoy leyendo la Vida de Santa Teresa. ˇCuánto me
enseńa! ˇCuántos horizontes me descubre! ˇQué bien pinta la vocación de
carmelita para aquellas que la siguen!” “Le ruego que me diga si es verdad que
para entrar en el Carmen se necesitan dos ańos fuera del colegio. Porque si
esto es verdad, conseguiría con mi mamá que me sacara este ańo”. “Le ruego, Rda. Madre, que en su
próxima carta, si tiene la bondad de contestarme, me hable de la humildad, de
la vocación de carmelita pues sus cartas me hacen mucho bien”.[720] Gracias a
Dios, la comunicación continúa.
“Cuánto le agradecí su carta, que
contiene tantas enseńanzas para mí…Me gustó mucho la vida de la Princesa.
Vida toda entera de humildad y sacrificio, y de oración, por supuesto.
Verdadera vida de carmelita. Cuando yo pienso, Rda. Madre, la vocación que se
ha dignado Dios darme, me pregunto: żqué he hecho yo para que Jesús me
quiera tanto? ˇOh, qué bueno es Jesús que se rebaja a elegirme, a pesar de
ser tan miserable! No se imagina los deseos que tengo
de ser carmelita, de irme a vivir esa vida de unión divina, vida de cielo en
la tierra, pues la carmelita, como Ud., Rda. Madre me dice, vive para Dios,
por Dios y en Dios”. No obstante las buenas intenciones, a Juanita le preocupa su salud,
y le escribe a la Madre: “pues es mi salud lo que me hace temer,
ya que, a pesar de estar en la costa, me encuentra el doctor muy débil. żQué
hacer, Rda. Madre? Si Jesús quiere que sea carmelita, me dará salud para
ello. Que se haga su voluntad. Pídale mucho por mí, para que sea humilde,
para que sea toda de Él”.[721]
Entre los
deseos y dudas.
Al Padre José Blanch le escribe dos cartas, separadas por más de dos
meses, confesando como aumentan sus deseos por el Carmelo, pero al mismo
tiempo sus momentos de dudas de su vocación o de fe, motivado por sus
problemas de salud: “Cada día que pasa se aumentan mis
deseos de ser carmelita. Me escribió la Madre Superiora una carta llena de
santos consejos, donde pinta admirablemente la vida de la carmelita, y me
dice que entretanto procure sólo vivir en Dios, por Dios y para Dios…pero la
realización de mis deseos la veo cada día más difícil. Ya principio a sentir
la oposición de mi familia, pues desean que salga del colegio para sacarme a
las fiestas; esas fiestas mundanas que son lazos para perder las almas. ˇAh!
Ruegue, Rdo. Padre, por mí, para que salga victoriosa de la lucha y de la
tempestad que se inicia. Que pueda pronto llegar al
puerto del Carmelo donde espero encontrar el cielo en la tierra, es decir,
el cielo en el sufrimiento y en el amor. “Mi salud es mejor…gracias a Dios. Tomo
tónico, lo que espero me acabará de fortalecer para poderme ir este ańo al
Carmen. Rece, Rdo. Padre, por eso. Se lo suplico”.[722] Pruebas de Dios, incertidumbre, dudas, será la salud un impedimento.
Le escribe una segunda carta a su confesor, el P. José Blanch: “Parece que N. Seńor ha querido
probarme durante el transcurso de este ańo, pues he sufrido bastante, sin
tener a quién recurrir. He tenido muchas dudas respecto a mi vocación de
carmelita. Dudas también respecto a la fe; de tal manera, Rdo. Padre, que a
veces me preguntaba si existía Dios, pues me sentía completamente abandonada
de Él. Miraba mi crucifijo y todo me parecía una quimera…Las dudas que tengo
respecto a las carmelitas es por mi poca salud y, además, porque estoy segura
de que mi papá se opondrá a ello. Cuando dudo, Nuestro Seńor me habla que esa
es mi verdadera vocación. Entonces me someto a su voluntad”. “Todas las semanas, Rvdo. Padre,
ofrezco la misa y comunión por su santificación, para agradecerle cuanto le
debo. Acuérdese de esta futura carmelita en el sacrificio de la misa y
ofrézcala a N. Seńor como víctima de amor y expiación”.[723] Escribe en su siguiente carta a la Madre Angélica Teresa de sus
ansias de ser toda de Él, entregarse enteramente a Él. “żCuándo seré carmelita para [no] vivir
sino en El, y por Él y para Él?” Reverenda madre: “No se extrańe, Rda.
Madre, si no escribo seguido, pues, como estoy en el colegio, me es imposible
hacerlo…” A pesar de esto, créame que vivo muy unida a ese Carmen tan
querido” …” Yo voy a hacer cuanto de mi parte esté por ser carmelita”…En esos
momentos de dudas y de tinieblas me preguntaba: żqué harás cuando seas
carmelita, la cual no tiene otra ocupación que la oración? Pero entonces
Dios será mi fortaleza y lo mismo que me ayuda a sufrir ahora, me ayudará después”. “Como Ud. ve, Rda. Madre, sé que al
Carmen no voy a ser regalada por Nuestro Seńor, sino que voy a sufrir por
Él”. “El otro día, viendo el Santísimo
manifiesto, me preguntaba por qué no nos volvemos locas de amor por Él. ˇAy,
Madre, deseo tanto ser toda de Él, entregarme enteramente! żCuándo seré
carmelita para [no] vivir sino en El, y por Él y para Él? Ruegue por mí, le
suplico. Yo me acuerdo siempre de Ud., Rda. Madre, y de todas mis Hermanitas.
Las quiero tanto... Y aunque poco valen mis oraciones, pido a N. Seńor las
haga unas santas”. “No se puede quejar [de] que su hijita
no le habla de corazón a corazón; y aunque no le escribo seguido, siempre
vivo muy unida a ese Carmen querido. Rece para que me una más a N. Seńor,
pues así viviré más cerca aún de Uds”.[724] Pocos días de pues de su cumpleańos escribe en su Diario: “Me faltan sólo quince días para
salirme del colegio y aunque tengo pena, quiero cumplir la voluntad de Dios
con alegría…pienso que en las vacaciones pediré el permiso para irme a las
carmelitas. Veo que es esa la voluntad de Dios”[725] “No se figura cuánto bien me ha hecho
su carta. Ella llenó de paz mi alma, disipando las dudas acerca de mi
vocación. Sí, yo creo que mi vocación es para carmelita y sólo pienso en
adquirir el espíritu de Santa Teresa”.[726]
Son muchas las cartas que escribirá a la Madre Angélica Teresa,
Juanita se sabe imperfecta; pero confía en el con el auxilio de Nuestro Seńor
y de la Santísima Virgen podrá llevar con honor el hábito de carmelita: “Hace tres semanas me salí del colegio
con una gran pena, pues estaba feliz en el colegio. Y aunque mi papá quería
que me saliera, sin embargo, hubiera podido conseguir [quedarme], si no
existieran en mí otros deseos y otros ideales. Estos son ser lo más pronto
posible carmelita…Santa Teresa dice que no es orgullo tener grandes deseos;
antes al contrario, que esto levanta el alma a cosas más elevadas. Yo sé que
soy muy imperfecta; pero espero con el auxilio de N. Seńor y de la Sma. Virgen llevar con honor el hábito de carmelita. Entre tanto me preparo para ello lo mejor que puedo…Rece
mucho, por favor, para que podamos ir en octubre con mi mamá a Los Andes,
para poder irla a ver; pues no conozco ningún Carmen, ni he visto nunca
ninguna carmelita y, como Ud. comprenderá, tengo ansias verdaderas de
conocer, sobre todo ese conventito al cual siempre estoy muy unida en mi
corazón”. “Nada me conmovía. Mas, a pesar de
esto, lo hice muy recogida, guardando tanto el silencio como la vista. En
esos días pude apreciar mejor la excelencia de mi vocación de
carmelita…Entonces me iba a una capillita de la Virgen donde estaba el
Santísimo, y allí me llevaba a sus pies tan feliz, tan olvidada de todo lo
del mundo, que me parecía estar ya en el Carmen…le rogaba a N. Seńor me
iluminara, y desde el fondo del tabernáculo me decía: "Quiero que seas
carmelita". Y volvía de nuevo la paz a mi alma. Luego no puedo dudar sea
ésa la voluntad de Dios”. “También le ruego me hable del
sacrificio de la vida de la carmelita, porque es esto lo que más me atrae”.
“Entré en una asociación que se llama "La Reparación Sacerdotal",
en la que se reza por los sacerdotes que tanto necesitan. Esta es una
devoción carmelitana, pues la carmelita se sacrifica por los sacerdotes; y
esto fue lo que me movió a ingresar a ella”.[727] También a la Reverenda Madre le habla de su buena amiga Elisa, con
quien comparte su ideal de carmelita y le cuenta que: “nuestras conversaciones son siempre o
para estimularnos en el camino de la perfección o para hablar de ese Carmen
en el cual deseamos vernos las dos. Ojalá llegue pronto ese día en que pueda
decir: ˇSoy carmelita! Rda. Madre, me parece que ese día tarda tanto que no
podré alcanzar ese ideal que he alimentado toda mi vida.[728] En el resto del ańo 2018, en su Diario
escribe dos notas más en su Diario
sobre su ideal de ser carmelita: “He pasado días de cielo. A cada paseo
me iba a estar con Él en la capillita, junto a Él. Hemos hablado tanto...
Sentía muchas dudas acerca de mi vocación. Dudaba si ser carmelita, pero
Jesús me decía que esa era su voluntad”. [729] Escribe Juanita en su Diario
los consejos que le da el P. José Blanch: “Vino el Padre José (Blanch, cmf). Me confesé con él. Me dijo él creía me debía ir
para el otro ańo al Carmen. Que cuando fuera carmelita -me aconsejó- no hiciera
penitencias extraordinarias fuera de la regla, y que fuera muy prudente”.[730] Ansiosa por vivir el espíritu carmelita, le escribe a la Madre
Angélica Teresa: “A veces me siento desalentada.
Quisiera llorar y hacer mi voluntad, pero me digo: żeste es el papel que debe
hacer una carmelita? No; adelante. Es preciso el sacrificio, la renuncia de
nuestra propia voluntad para llegar a la unión completa con Nuestro Seńor”. “No sé si le cuento en mi otra carta
que ya es casi seguro que me iré con Elisita al campo, para dar las misiones
en su fundo. Nos iríamos el 28 de este mes. Me encantaría pasar con ella un
tiempo, pues si nos da permiso nuestro confesor, seguiremos en cuanto podamos
el reglamento de una carmelita que lo tengo desde las vacaciones anotado. Me
lo dio una nińa que estuvo en el Carmen y que tuvo que salirse por falta de
salud. Rece, por favor, para que lo podamos hacer”. “Rece, Rda. Madre, por esta pobre
desterrada para que pronto sea una santa carmelita”.[731] 28.4
TIEMPO
DE VACILACIONES, CARMELITA U OTRA CONGREGACIÓN
El fin de la
carmelita la entusiasma y le ayuda a superar dudas donde hacer su vida
religiosa.
A su amiga Elena le escribe sobre la sublimidad de la vocación
carmelita, seguramente está esperando que sus amigas también la apoyen es su
ideal. “Querida Elena: Ahora te diré por qué
he preferido el Carmen a todos los demás conventos de vida activa. “Además, siendo yo muy apegada a las
criaturas, en cualquier otro convento me apegaría a ellas. Y como esto
impide lo otro, luego el Carmen me conviene más”. “Créeme que por una hora de oración no
sé qué daría. Por otra parte, el fin de la carmelita me entusiasma: rogar
por los pecadores, pasar la vida entera sacrificándose, sin ver jamás los
frutos de la oración y el sacrificio. Unirse a Dios”. “Sí; en el Carmen se principia lo que
haremos por una eternidad: amar y cantar las alabanzas del Seńor. Y si esta
es la ocupación que tendremos en el cielo, żno será acaso la más perfecta?” Muchas otras razones te daría, pero
esto va muy largo. No creas que quiero convencerte de que seas ni carmelita
ni monja. “ “Créame que mi único ideal aquí en la
tierra es ser carmelita para sufrir y amar”. “Dígales que recen por mí para que sea
por ahora, (pero nada más que por estos pocos meses) carmelita en el mundo”.[732] Con todo, los momentos de dudas continúan, no sobre su vocación
religiosa, sino que donde vivirla. Así se entiende en la carta que le escribe
al Padre José Blanch: “Sin embargo, no crea, Rdo. Padre, que
todo es gozo. Estoy en un período de dudas tan atroz, que no sé decidirme si
ser carmelita o ser del Sdo. Corazón. Por eso vengo
en busca de luz. Ud., Rdo. Padre que me conoce bien -pues le he dejado leer
todo en mi alma- me podrá aconsejar. Sólo deseo hacer la voluntad de Dios.
Por una parte me siento atraída al Carmen por vivir completamente una vida
de oración y de unión con Dios, separada por completo del mundo. También me
atrae por su austeridad y por su fin, que es rogar por los pecadores y
sacerdotes. Lo que me encanta es que la carmelita se sacrifica en el
silencio, sin que vea los frutos de su oración y sacrificio”. “A cualquiera parte del mundo las
pueden enviar, encontrándose más solas que una carmelita, en un país
extranjero, sin ver ni una cara conocida, y muchas veces sin saber la lengua
que se habla”. “La carmelita renunció una vez a las
comodidades de la vida y a todo lo del mundo” “La carmelita necesita unirse a Dios y
llenarse de El por completo” “Pero lo que me atemoriza, Rdo. Padre,
es que no me mantenga unida a Dios, tratando mucho con las criaturas. Pues
lo he experimentado: que tratando un poco más con ellas, yo me enfrío más en
el amor de Dios. También pienso que N. Seńor me ha manifestado muy
claramente que sea carmelita sin conocer yo a las carmelitas; pero creo que
había leído ya la Vida de Sor Teresa del Nińo Jesús. Lo que sé perfectamente
es que siempre desde muy chica, he deseado ser de una comunidad muy austera,
sin trato con el mundo”. “Además, Nuestro Seńor me ha probado
repetidas veces que es El que me habla en lo íntimo de mi corazón. Y siempre
me ha dicho que sea carmelita”. “Esto puede ser que Dios quiere que me
dedique a educar. Me han dicho que de cien religiosas del Sagrado Corazón,
habrá dos que no hayan tenido vocación para carmelita”. “Sin embargo, siento en mi corazón
atractivo para el Carmen. Siento amor a la soledad, al silencio, al
aislamiento de todo lo del mundo y, sobre todo, a la oración”. “La Madre Superiora del Carmen de Los
Andes me escribió contestándome que tenía "hueco" y me mandó
decir la dote y lo que necesito”.[733]
28.5 ENTRE EL CARMEN Y EL SAGRADO CORAZÓN. (1919)
Ha comenzado un nuevo ańo, es el 1 de enero de 1919, ella aún tiene
dudas a que orden religiosa desea entrar, pero no tiene dudas de que está
enamorada de Dios y eso es lo más importante. Antes le había escrito a su
amiga Elena y el P. José Blanch sobre sus incertidumbres donde hará su vida
como religiosa, pero ahora lo deja escrito en su Diario. No puedo decir por qué es bueno escribir en un Diario de vida, por qué descalzar mis intimidades en unas páginas
en blanco, con el riesgo de que alguien lo abra y lo lea. Pero por ahora, no
me parece raro que cuando hay dudas, se plasmen las ideas o las vivencias en
los Diarios, porque escribir estas
cosas sirven mucho para reordenarse a sí mismo y ayuda aclarar nuestras
ideas. Entonces, así lo escribe: “Tengo muchas dudas respecto a mi
vocación. Dudo si ser del Sagrado Corazón o carmelita. Hablé con la M.
Vicaria”. Y lo que si tiene bien claro es que no teme al sacrificio y así lo
expresa: “Me atrae mucho esta vida de inmolación; pero el Carmen se me presenta
con todos los atractivos para llenar mi alma. Además, Nuestro Seńor me ha
manifestado tantas veces que sea carmelita. Y cuando estoy en la oración
Nuestro. Seńor me dice me ha escogido a esa vida tan perfecta y tan de unión
con Él, porque me ama mucho entre las escogidas de su Divino Corazón”. “Por otra parte, la Virgen María, es
para Juanita, un buen ejemplo: “La Santísima Virgen, mi Madre, fue una
perfecta carmelita. Vivió siempre contemplando a su Jesús, sufriendo y
amándolo”. Por otra parte, ella tiene una gran empatía con la vida de Jesús
en su paso por la tierra: “Nuestro Seńor vivió 30 ańos de su vida en el
silencio y en la oración y sólo los tres últimos los dedicó a evangelizar. La
vida de la carmelita consiste en amar, contemplar y sufrir. Vive sola con su
Dios”. Y desde esos sentimientos ella como ya lo ha dicho, está dispuesta a
la inmolación; “La carmelita sufre en silencio angustias del espíritu, que
quizás sean más horribles que las del cuerpo. Mas adelante, ante el
padecimiento de Cristo, escribe: “La carmelita muchas veces se ve rodeada de
tinieblas que le ocultan a su Amado. Se ve desechada y desamparada. żHay
acaso mayor sufrimiento para un alma que todo lo ha abandonado por seguir al
Dios que ama [que] verse sola sin Él? La carmelita no tiene distracciones qué
pueden sacarla de su dolor. Vive para Él y nadie puede hacerle olvidar por un
instante su pena. Está en la
soledad…” Finalmente, escribe en esta misma jornada en el Diario: “La carmelita es pobre. No posee nada.
Tiene que trabajar para vivir. Su lecho es un jergón. Su túnica es áspera. No
tiene ni una silla donde sentarse. Su alimento es grosero y escaso. Mas ama,
y el amor la enriquece, le da a su Dios. Pero żpor qué ese atractivo por
sufrir me nace desde el fondo de mi alma? Es porque amo. Mi alma desea la
Cruz porque en ella está Jesús”.[734] No obstante luego de escribir en su Diario sobre sus dudas, sobre el Carmen o los Sagrados Corazones,
ese mismo día le escribe a la Madre Angélica Teresa del Monasterio de Los
Andes para que la aconseje: “Mi Reverenda Madre: “Deseé con todo mi
corazón escribirle para Pascua [Navidad], los quehaceres no me lo
permitieron. Sin embargo, el Nińito Jesús no habrá dejado de derramar por mí
numerosas bendiciones para mí querido palomarcito, pues se lo pedí con toda
mi alma en esa noche venturosa de Pascua”. “A mí, como regalo de Pascua, me trajo
su cruz. Es lo que El más ama; así es que no tengo
cómo darle gracias. No se imagina, mi queridísima Madre, cuánto he sufrido.
Lo que antes jamás habría experimentado -dudar que Dios me quería para
carmelita- es lo que constituye mi sufrimiento. Toda mi vida lo he deseado,
pero ahora dudo entre el Carmen y el Sagrado. Corazón. Vengo, pues, a Ud., mi
querida y respetada Madre, para pedirle me aconseje…Por favor, pues, le
suplico me dé a conocer la vida de la carmelita por entero, hablándome sobre
todo del sacrificio y de la inmolación que encierra, pues creo que es el
punto que aún no he profundizado bien”. “Dios, me liga fuertemente a irme para
allá. Mas, de repente, creo que debo sacrificar esos atractivos para ganar
las almas. Me parece que todas estas dudas me las envía N. Seńor para
probarme, pues cuando estoy en oración, me da a entender que sea carmelita” “Mi queridísima Madre, rece mucho para
que, si es la voluntad de Dios, pueda tener un motivo para llegar hasta ese
palomarcito. Creo que su vista y el hablar con Ud. me servirían para
convencerme que allí debo santificarme. Entre tanto, yo le ruego haga la
caridad de hablarme en sus cartas de la abnegación, del sufrimiento de la
carmelita, del cual tengo idea, pero no tengo el suficiente conocimiento; pues
lo único que deseo es sacrificarme por El, ya que Él se sacrificó toda su
vida por mí”.[735] Dia feliz,
viaja a Los Andes y conoce el Monasterio del Espíritu Santo.
Juanita, esta gozosa de felicidad, a al fin viaja a Los Andes para
conocer el Monasterio de las Carmelitas, hacia 4 ańos que deseaba conocer
este “palomarcito”. Así se lo hace saber en una carta a una amiga. “Querida hermanita: Que la gracia del Espíritu Santo sea siempre en
tu alma. Hablé con la Madre Angélica sola desde la una y
media hasta las cinco, mientras mi mamá hablaba con Teresita Montes. Me dijo
que mis dudas las había encontrado infundadas, que desde mi primera carta
había visto que yo había nacido
carmelita. Me principió a hablar de la vida de la carmelita, de la
unión con Dios; que sólo se hablaba de Dios; nada de lo del mundo llegaba a
ese cachito de cielo. La celda, me dijo, era el templo donde la carmelita
entraba a sacrificar; allí la cruz sin Cristo está extendida para ella”.[736] También le escribe a su amiga Elena sobre su encuentro con las
carmelitas, y le quiere hacer saber sus impresiones sobre las virtudes de las
monjas, que se inmola por la humanidad, que son alegres y encantadoras. “Mi querida Elena: Cuántas cosas tengo
que contarte respecto de mi viaje…Le dije todas mis dudas a la Madre, y me
dijo que de todas podría dudar menos de mí; porque yo había nacido carmelita. Me habló del
Oficio Divino que lo rezan varias horas al día. El alma ahí hace el oficio de
ángel cantando las alabanzas del Seńor. żNo es ese el fin para que nos creó
Dios? Este oficio contiene todos los salmos. Es precioso e inflama el alma en
el divino amor”. “La carmelita
tiene su celda aparte. Allí es donde penetra como a un templo a sacrificarse. En ella hay una cruz sin
Cristo. Es ésa la cruz donde ella debe morir; en ese templo sólo penetra
ella. Está reservado sólo para Dios y el alma. Allí vive en un completo
aislamiento de las criaturas y ocupada sólo del Seńor. Todo en el Carmen es
silencio, salvo en las horas de recreo, en que muchas veces la M. Angélica
tiene que tocarles la campanilla para que no griten tanto”. “Me habló de la humildad… ˇAy, qué gran
misterio es este de predestinación! żCómo me eligió a mí, siendo que otra
hubiera podido corresponderle, amarle y glorificarle mil veces más que yo?
żCómo no morimos de amor por Dios que nos ama, siendo El todo poder, y
nosotras todo miseria? Y los hombres no se preocupan
de Él. Por eso la carmelita ora por los pecadores; se inmola a cada instante
por la humanidad pecadora, y todo lo hace en silencio. Ella ama a Dios y
piensa en Dios por los que no le aman. Ella sufre tanto en su corazón, en su
espíritu como en su cuerpo por los que se entregan a los placeres; y esto
sólo Dios lo ve. Las criaturas no lo saben. Dicen que son inútiles. Sin
embargo, ˇcuántos rayos de la justicia Divina no desvían ellas del mundo y
los reciben ellas mismas!” “El sacrificio de la carmelita no es
conocido. Por eso tiene mayor mérito…Sufre en el cuerpo con las penitencias,
los ayunos, las vigilias. Lucha con el amor a las comodidades. La carmelita
es lo más pobre: aún le falta a veces lo necesario”. “Mi nombre
será Teresa de Jesús. Yo soy indigna de él”.[737]
Podemos decir que le hizo muy bien a Juanita este viaje a Los Andes,
donde cumple unos de los deseos de ir al Monasterio de las Carmelitas
Descalzas, está ida a le parecía imposible, pero se la había confiado a
Nuestro Seńor, aunque se conformada con su voluntad. Este viaje le ayudaría a
calmar su turbación y desorientación respecto a su vocación. De esta
experiencia escribe: “Entré al locutorio y salió la Teresita
Montes al torno. Hablamos con ella. Yo no sabía lo que me pasaba. Fue a
llamar a Madre Angélica. Oí por vez primera su voz. Me sentía feliz. Me quedé
sola con ella. Nos pusimos a hablar de la vida de la carmelita. Me la explicó
entera…Me sentía en una paz y felicidad tan grande como me es imposible
explicar. Veía claramente que Dios me quería allí y me sentía con fuerza para
vencer todos los obstáculos para poder ser carmelita y encerrarme allí para
siempre. Hablamos del amor de Dios…"Esto y mucho más merezco".[738]
Un mes más tarde, Juanita, estando en misión con el Santísimo y con
comunión y dos misas diarias, se confiesa con el Padre Cea, que a ella le
parece penetrar las almas. “Me confesé y le dije que deseaba ser
carmelita. Dio gracias a Dios por ello pues las considera unas santas. Le
consulté acerca de mi oración y me dice que no haga ningún caso de las
locuciones interiores sino de los efectos que hacían éstas en mi alma”. Y
sigue luego: “Me dijo que hiciéramos un pacto: que él rezaría mucho por mí y
yo lo hiciera por él. Me dio una Santa Teresa con un verso y otro santo con
el ideal de la carmelita”.[739] Juanita sentía vivir en continua comunión con Jesús. “En la tarde estaba muy recogida,
adorándolo con mucho amor y sentía no poder estar en el Carmen para vivir
siempre adorándole”. Pero aclara que lo más importante para ella, es El,
independiente del lugar. Por eso dice: “Me pongo indiferente a su divina
voluntad. Para mí es lo mismo me dé el permiso para irme en mayo o que no lo
consienta; lo mismo que me deje ser carmelita como no serlo. Es verdad,
sufriré. Pero como sólo busco a Él, teniéndolo contento, żqué me puede
importar lo demás?”.[740]
Estoy resuelta
enteramente a ser carmelita.
Juanita tiene algunas
dificultades para hacer oración. Quizás un poco de ansiedad por llegar pronto
al Carmelo no la deja concentrarse. No obstante no deja de gozar la visita
que hizo hace pocos días a su conventito. Le preocupa no poder comulgar
continuamente. La lectura espiritual la reconforta para recibir paz. Así se
entiende lo que le escribe a la Rvda. Madre Sor Angélica Teresa del
Santísimo. “Mi Reverenda Madre: “Muchas veces, mi
querida Madre, no puedo ni hacer oración. En esto consiste mi mayor pena,
pues paso constantemente con todos, porque no me dejan un momento. Ayer
estaba desalentada, pero N. Seńor me consoló diciéndome que me debía
esforzar en dominar esa tristeza y desaliento, porque muchas veces me
dominaría después ante las dificultades para ser una santa carmelita. Esto
sólo bastó para alentarme y ponerme muy feliz con la voluntad de Dios.
Gracias a Él”. “Leí las Constituciones y Reglas. Sólo
confío en Dios podré observarlas perfectamente, pues ellas encierran un plan
cumplido de santidad. Leo el libro del Padre Blot
que da también a conocer lo que es la carmelita. También la Suma Espiritual
de San Juan de la Cruz. Me encanta y saco provecho de él. Los salmos los
estoy rezando. Me sirven de gran consuelo y les he tomado mucha afición”.[741] “La soledad, el aspecto sencillo del
convento de Los Andes le encanto. Las dudas se van disipando, ya está
resuelta a ser enteramente carmelita. Le escribe al Padre José Blanch;
“Aprovecho que escribe mi mamá para enviar la mía. Tuve la felicidad,
gracias a N. Seńor, de conocer el conventito de Los Andes. Sólo su vista, de
aspecto pobrísimo, me encantó. Mucho cambio se ha producido en mi desde
entonces acá. Estoy resuelta enteramente a ser carmelita, pues hablé con M.
Angélica, quien me expuso la vida de la carmelita, y además me prestó un
libro del Padre Blot en el cual da a conocer la
misma”. “Rece mucho por mí para que corresponda
a tantas gracias, pues me considero cada día más indigna. Si soy carmelita,
mi nombre será Teresa de Jesús, nombre que considero muy grande para mi
pequeńez en virtudes”.[742] 28.6
RAZONES
PARA SER CARMELITAS Y PORQUÉ EL MONASTERIO DE LOS ANDES.
“La pobreza
del Carmen me encanta; pues no teniendo nada el corazón permanece puro, sólo
para Dios”
Una semana más tarde le escribe al Padre Artemio Colom, las razones
para ser carmelita y porque elige el Monasterio de Los Andes, la vida de
oración y la vida íntima de unión con Dios. Reverendo Padre: “Antes de pronunciarme decididamente
por la vocación que debo seguir, he querido tomar el consejo suyo; pues Ud.
me ha conocido desde chica”. “En mi carta anterior, le expuse a Ud.,
Rvdo. Padre, las dudas que tenía, entre el Sagrado Corazón y las carmelitas.
Mi mamá tuvo la gran bondad de llevarme a Los Andes, con quien tenía relaciones
por carta desde hacía más de un ańo. La vista del convento que es muy pobre,
me atrajo favorablemente. Pero más aún supe apreciar la felicidad de ser
carmelita cuando hablé con la Madre Priora. Ella me expuso con sencillez la
vida de la carmelita y sentí en el fondo de mi corazón que Dios me quería
allí. Hacía varios días estaba en una inquietud muy grande que trataba de reprimir
pero todo era inútil; y cuando llegué al convento, mi corazón rebosaba de
felicidad y gozaba de una paz inalterable”. “Le diré ahora las razones que tengo
para querer ser carmelita. La es por la vida de oración que allí se vive,
vida de íntima unión con Dios. Nada de trato con el mundo ni de criaturas.
La carmelita vive en Dios, por Dios y para Dios”. “La pobreza del Carmen me encanta; pues
no teniendo nada el corazón permanece puro, sólo para Dios”. “El fin de la carmelita -que es rezar
por los sacerdotes para que se santifiquen, y por los pecadores para que se
conviertan- no puede ser mejor. La carmelita se santifica a sí misma para
santificar a todos los miembros de la Iglesia. żQué fin más noble puede
proponerse?” “He preferido Los Andes por ser más
apartado de las grandes ciudades -lo que hace más dificultosa la ida a ésa-
manteniéndose completamente separado del mundo. También porque creo son muy austeras y muy observantes de su Regla y tienen muy
arraigado el espíritu de Santa Teresa. Yo fui también a hablar con la Priora
-del Carmen Alto creo es- en la Alameda; pero me causó una impresión
completamente desfavorable. Ignoro por qué fue. Quizás seria, como ella no
me conocía no se manifestó tal cual era. También me manifestó la vida de la
carmelita. Sin embargo, no sentí ningún atractivo por el convento. Además
noté que la monja del torno preguntaba por todas las cosas del mundo, lo que
me desagradó. En cambio, en Los Andes sólo hablamos de Dios; sólo nombramos
a ciertas personas para encomendarlas a las oraciones”. “En cuanto a la salud, gracias a Dios,
estoy muy bien, y creo ese clima no me sentará mal, pues es el mismo de
Chacabuco, al que estoy acostumbrada. Además, si Dios me ha proporcionado los
medios para ir, arreglando todas las circunstancias para el viaje, y que
encontrará yo esa paz y felicidad que tanto tiempo no tenía, ni aún en el
Carmen de Santiago, todo esto -Ud., Rdo. Padre lo verá- creo es una
manifestación de la voluntad de Dios”. “A veces me ha dicho cosas que yo no
sé. Otras veces me dice cosas que no han pasado y que después suceden, pero
esto es en raros casos. Me ha dicho que seré carmelita y que en mayo de 1919
me iré”. “Se me había olvidado contarle que, si
soy carmelita, me llamaré Teresa de Jesús, nombre que encuentro demasiado
grande para mí. Rece para que imite a esta gran santa. Perdone mis expresiones
tan confusas y sin concierto, pero estoy apurada”.[743] Podemos observar por sus cartas y a quien les escribe, que Juanita
desea comunicarles a todos los que le han ayudado en su camino vocacional,
sobre sus razones para ser carmelita, el encanto que tiene por el Monasterio
de Los Andes, y que ya ha elegido su nombre religioso. Ahora desde su lugar
de descanso, le escribe al Padre José Blanch. “Le ruego,
Rvdo. Padre, me haga el favor de juzgar si tengo verdadera vocación para
carmelita, por las razones que tengo para creer que es ello la voluntad de
Dios. Creo que Nuestro Seńor lo iluminará”. “Ahora le diré por qué creo sea la voluntad de Dios sea carmelita y
no del Sagrado Corazón:” “Porque la vida de oración y de unión con Dios es lo que amo más por
encontrarla la más perfecta; ya que es una vida de cielo en cierto modo, pues
la carmelita no se preocupa sino de unirse con Dios, de contemplarle siempre
y de cantar sus alabanzas. Esa sed de oración crece en mí por
momentos y mi recogimiento ahora es casi continuo; pues todo lo que hago, lo
hago con mi Jesús y se lo ofrezco a Él por amor. Cuando no puedo tener mi
oración por cualquier motivo, sufro por no poder estar con mi Dios”. “La soledad del Carmen ayuda al
recogimiento. Ese aislamiento de las criaturas hace que se trate sólo con
Dios y se adquiera, por lo tanto, mayor unión con Él, en lo que consiste la
perfección. La soledad creo no me cansará, pues siempre la busco, y se me
hace enojoso muchas veces el trato con las criaturas; pues estando sola,
estoy con Dios”. “La pobreza de la carmelita es muy
grande. No puede poseer nada, lo que hace que toda la capacidad de poseer
sea llenada por Dios sólo. Siendo pobre se asemeja más aún a su Esposo Divino,
quien no tuvo dónde reclinar su cabeza. La carmelita sólo debe poseer a Dios. Todas estas consideraciones que le
hago, Rdo. Padre, son las que me inducen a preferir el Carmen, pues creo que
en esta vida he de alcanzar la santidad”. Razones para
el elegir el Monasterio de Los Andes.
Después Juanita le escribe sobre las razones para el elegir el Monasterio
de las Madres Carmelitas Descalzas de Los Andes. “Porque está compuesto de monjas muy
observantes de su Regla. Tienen el espíritu de Santa Teresa muy marcado”. “El sentirme tan feliz, con tanta paz,
la que tanto tiempo no tenía, pues cada día crecían más mis dudas. Todo esto
me da a entender que Nuestro Seńor me quiere allí. Hay que observar que fui
al Carmen de Santiago en la Alameda para que, hablando con una carmelita, me
diera a entender mejor su vida. Hablé con la M. Priora y, a pesar de ser la
primera vez que entraba al Carmen, no me produjo ninguna impresión' antes al
contrario, me produjo un efecto desfavorable que no puedo explicar. Yo no sé
si sería porque la M. Tornera principió a preguntar por cosas de afuera -por
algunas personas-, pero yo no sé lo que me pasó. En cambio, en Los Andes, es
verdad que hablaron de algunas personas que conocían, pero fue de paso y su
conversación fue toda en Dios y en darme a conocer la vida que llevaban”. “No sé si le conté que me llamaré
Teresa de Jesús, si soy de allá. Pues yo le conté a Madre Angélica cómo se me
había ocurrido ser de allá cuando Ud. contó la muerte de las carmelitas en
Los Andes, y lo muy austeras que eran, y cómo yo había dicho que las iría a
reemplazar”. “También he considerado cómo la
Santísima Virgen fue una perfecta carmelita. Su vida fue contemplar, sufrir
y amar”. “Rvdo. Padre, le ruego haga la caridad
de decirme qué piensa Ud. acerca de mi vocación: si la tengo -sí o no- para
carmelita. Que no me quiero decidir bien hasta que crean verdaderamente que
soy para carmelita”. “Otra vez le pregunté si sería
carmelita, y me dijo que sí, a los 18 ańos. Y que me faltaban 5 meses y que
era en mayo. Y no había yo sacado la cuenta que faltaban cinco meses para
mayo. La saqué, y así era.[744] Los directores espirituales de Juanita ven como
una buena decisión la elección de ella por el Carmelo y la estimulan a seguir
con su vocación. Juanita está feliz por la respuesta que ellos le han dado y
se lo comunica rápidamente la Madre Angélica
Teresa del Smo. Sacramento. “Mi Reverenda Madre: Estoy feliz, pues
recibí contestación de mis antiguos confesores, a quienes escribí
exponiéndoles las razones que tenía para ser carmelita y de allá, de Los
Andes. Y los dos me contestaron diciéndome que veían claro ésa era mi
vocación, y son de parecer la realice lo antes posible”. “Ahora, Rvda. Madre dirá Ud. si lo
podré llevar si soy carmelita. Yo le dije a Nuestro Seńor que si Él quería
que lo fuera, me diera salud; y este ańo he pasado muy bien, gracias a Dios”.
“Ya terminaré todo este cuestionario,
para contarle los felices días que he pasado cerca de mi buen Jesús”. “Lo más divertido fue que uno de los
Padres Misioneros del Corazón de María -el Padre Julián Cea- era muy amigo de
las carmelitas. Así es que hablaba continuamente de ellas, y después me
embromaban diciéndome que tenía que tener vocación
para carmelita. Yo me reía exteriormente, pero después se lo dije al Padre y
me encontró vocación para el Carmen, y me habló, pero mucho, de la
perfección que encierra esta vocación”.[745] Ansias de ser
carmelita para poder hacer penitencia y demostrar mi amor.
Juanita ya se va poniendo propósitos, la carmelita, se santifica por
sus hermanos, en especial los sacerdotes. Es así, como le escribe a una amiga
de su mamá, Ester Pellé de Serrano, para preguntar
una amplia explicación de la Reparación Sacerdotal para rezar por los
sacerdotes; “Sra. Ester, mucho le agradecería me
enviara una amplia explicación de la Reparación Sacerdotal; pues, aunque ya
pertenezco a ella, sin embargo, no me lo han explicado muy bien. Y yo, como
deseo ser carmelita -la cual se propone rogar por los sacerdotes-, tengo
verdaderos deseos de llenarme por completo del espíritu de reparación, ya
que creo le agradará a Nuestro Seńor, pues sufre tanto por las ofensas de
aquellos que, llamados a ser sus verdaderos e íntimos amigos, muchas veces
lo olvidan y lo olvidan. ˇCuántas veces no he sentido en el fondo de mi alma,
al ver sacerdotes indignos de tal nombre, mucha pena! Y mucho tiempo atrás
ofrecía una vez a la semana, la comunión y la Misa para rogar y reparar por
ellos”. “Yo, que he de permanecer siempre al
pie del tabernáculo, me esforzaré -se lo aseguro- por consolar a Nuestro
Seńor por las ofensas de sus ministros. La carmelita es hermana del
sacerdote. Ambos ofrecen una hostia de holocausto por la salvación del mundo.
Así pues santificase a sí misma para que la sangre del divino Prisionero que
recibe ella en su alma por estar siempre más unida a Él, circule por los
demás miembros del cuerpo de Cristo. En una palabra, santificase a sí misma
para santificar a sus hermanos”.[746] Al Padre Julián Cea: “Tengo ansias de ser carmelita para
poder hacer penitencia y demostrarle mi amor, mortificando este cuerpo que me
sirve de estorbo para unirme a Él”. “Rvdo. Padre, permítame recordarle,
pues me da tanto miedo que se le olvidé, esos dos responsos que mandó decir
esa mujer y que se lo di a última hora. Le he agradecido mucho el cuadernito
que me dio. Me ha encantado”. “Rece por su pobre carmelita para que
cumpla la voluntad divina. Ofrézcame como víctima de reparación y acción de
gracias en la Sta. Misa alguna vez por manos de la Sma.
Virgen. Y cuando yo ofrezca mi sacrificio, rogaré mucho por Ud. para que sea
un santo y salve muchas almas”.[747] 28.7 CAMINO AL CARMELO
Permiso a su papa.
Juanita debe escribir a su papa, “Mi papacito tan querido”, para que la autorice ir al Carmelo. La
carta a su papá es llena de emotividad y ternura. Pero antes, sondea con sus
confesores. Al P. José Blanch le escribe: “Las misiones las supe aprovechar. Pasé
unos días de cielo. A veces, cuando estaba una hora o más con Nuestro Seńor,
me figuraba estar en el Carmen. Sólo me faltaba verme tras las rejas como prisionera.
A cada momento me iba al oratorio; pues no tenía descanso mi corazón hasta
que no me encontraba a sus pies. Vino un Padre que me gustó mucho. Se veía
era muy santo: el P. Cea…me dio muy buenos consejos que trajeron la paz a mi
alma. Le dije mis intenciones de ser carmelita y dio gracias a Dios por ello,
pues las aprecia mucho. Me tomó mucho interés y me examinaba en todo y me
encontró vocación”. “Estoy encantada con él. Me dijo el
Padre Julián que le escribiera alguna vez, si tenía necesidad”. “Respecto a lo que me dice qué me causa
más temor en la vida de la carmelita... El tedio que me entrará y tener que
mortificarme sin sentir fervor, sino repugnancia”.[748] Al Padre Julián Cea le confiesa: “Estoy sufriendo una verdadera agonía,
pues hoy escribiré la carta a mi papá para solicitar el permiso para ser
carmelita, para que la reciba el sábado, día de la Sma.
Virgen”. “Si Nuestro Seńor no me encuentra
preparada, no moverá el corazón de mi papá a darme el consentimiento, y
entonces no podría ya este ańo ser carmelita. No le pido a Dios nada, más que
se cumpla en mí su divina voluntad. A ella me abandono y digo con mi Madre
Santa Teresa: "El todo lo sabe y El me ama". No me preocupo de
nada, pues sé que mi Jesús arreglará todo por su pequeńa esposa..”. “He ofrecido mi vida por él, pero el
Seńor no la ha aceptado. Cuando sea carmelita me inmolaré toda la vida por
este hermano que tanto quiero”.[749] Finalmente llegó la hora de escribir a su papa.
Finalmente, Juanita le envía una carta conmovedora a su padre en
Santiago el 25 de marzo de 1919. Ella se siente amada y llamada por Dios y le
ruega a su papa al que ama mucho, su comprensión frente al intenso deseo que
siente en su corazón de ser de Dios en el Carmelo. Su papá le dará su
respuesta afirmativa el 6 de abril de 1919. Su vocación de
monja carmelita, carta a su padre Teresa ama muchísimo a su papá, ella
dice que es su “papacito querido” y le recuerda en muchas cartas o le escribe
a él mismo. “En
la casa dales un buen abrazo, comenzando desde mi papacito y mamacita”[750]
Mi papacito querido: Que la gracia del Espíritu Santo sea en su alma. “Recordando
lo solito que pasa en San Javier, nuestra Madrecita ha tenido la bondad de
dejarme enviarle unas líneas, que han de demostrarle una vez más que su hija
carmelita no lo olvida un solo día, y que siempre lo quiere y está a su
lado…Adiós, papacito lindo. Reciba muchos besos y carińos de su hijita
carmelita, que siempre está a su lado”.[751] Teresa de Los Andes escribe una carta
conmovedora a su padre en Santiago el 25 de marzo de 1919.[752]
Su papá le dará su respuesta afirmativa el 6 de abril de 1919. Teresa, se siente amada y llamada por
Dios y le escribirá a su papa; “Es Dios
mismo quien se digna llamarme” y le ruega a su papa al que ella ama
mucho, su comprensión frente al intenso deseo que siente en su corazón de ser
de Dios en el Carmelo. Dice el Seńor Jesús: “Y todo aquel que haya dejado
casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre,
recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna”. (Mt 19,29) Jesús, se fija
en los que dejan todo por seguirlo a Él y por esa decisión de seguirlo,
alcanzarán como premio la vida eterna. Con todo, dejar todo no es más que una
condición para seguir a Jesús; la perfección consiste en seguirlo. Teresa le
escribe en esta carta una sentencia conmovedora; “es preciso seguir la voz de Dios; es preciso abandonar aquellos
seres a quienes el alma se halla íntimamente ligada, para ir a morar con el
Dios de amor, que sabe recompensar el más leve sacrificio” En esta conmovedora carta que he
seleccionado para este libro, en la cual le pide consentimiento con palabras
muy enternecedora para entrar al Carmelo, destaco algunos párrafos con
subtítulos de acuerdo con los temas que ella le escribe tales como: “Sólo en
Dios mi corazón ha descansado”. “En su infinita bondad y a pesar de mi
bajeza, me ha amado con infinito amor”. “Siendo para Dios mi alma, no se
cansaría de amarlo y contemplarlo” “El todopoderoso, omnipotente, que no
necesita de nadie, se preocupa de amarme y de elegirme para hacerme su
esposa”, “Es Dios mismo quien se digna llamarme”, “Es Dios mismo quien se
digna llamarme”, “Es la Virgen, su perpetuo socorro, quien le pide una hija
para hacerla esposa de su adorado Hijo”, “Es preciso seguir la voz de Dios”,
“Seré toda para Dios y él será todo para mí”., “La Santísima Virgen será mi
abogada”., “Bien conozco esa vida que deja en el alma un vacío que nadie
puede llenar, si no es Dios”, “Dios lo ha querido que se cumpla su adorable
voluntad” 28.8
“SÓLO
EN DIOS MI CORAZÓN HA DESCANSADO”.
Escribe
Teresita a su papa: “He
tenido ansias de ser feliz y he buscado la felicidad por todas partes. He
sońado con ser muy rica, más he visto que los ricos, de la noche a la mańana,
se tornan pobres. Y aunque a veces esto no sucede, se ve que por un lado
reinan las riquezas, y que por otra reina la pobreza de la afección y de la
unión. La he buscado en la posesión del carińo de un joven cumplido, pero la
idea sola de que algún día pudiera no quererme con el mismo entusiasmo o que
pudiera morirse dejándome sola en las luchas de la vida, me hace rechazar el
pensamiento de que casándome seré feliz. No. Esto no me satisface. Para mí no
está allí la felicidad. Pues żdónde -me preguntaba- se halla? Entonces
comprendí que no he nacido para las cosas de la tierra sino para las de la
eternidad. żPara qué negarlo por más tiempo? Sólo en Dios mi corazón ha
descansado. Con Él, mi alma se ha sentido plenamente satisfecha, y de tal
manera, que no deseo otra cosa en este mundo que el pertenecerle por completo”. “En
su infinita bondad y a pesar de mi bajeza, me ha amado con infinito amor”. Mi
queridísimo papá: no se me oculta el gran favor que Dios me ha dispensado. Yo
que soy la más indigna de sus hijas, sin embargo, el amor infinito de Dios ha
salvado el inmenso abismo que media entre Él y su pobre criatura. Él ha
descendido hasta mí para elevarme a la dignidad de esposa. żQuién soy yo sino
una pobre criatura? Más Él no ha mirado mi miseria. En su infinita bondad y a
pesar de mi bajeza, me ha amado con infinito amor. Sí, papacito. Sólo en Dios
he encontrado un amor eterno. żCon qué agradecerle? żCómo pagarle sino con
amor? żQuién puede amarme más que N. Seńor, siendo infinito e inmutable? Ud.,
papacito, me preguntará desde cuándo pienso todo esto. Y le voy a referir
todo para que vea que nadie me ha influenciado. “Siendo
para Dios mi alma, no se cansaría de amarlo y contemplarlo”. Desde
chica amé mucho a la Santísima Virgen, a quien confiaba todos mis asuntos.
Con sólo Ella me desahogaba y jamás dejaba ninguna pena ni alegría sin
confiársela. Ella correspondió a ese carińo. Me protegía, y escuchaba lo que
le pedía siempre. Y ella me enseńó a amar a N. Seńor. Ella puso en mi alma el
germen de la vocación. Sin embargo, sin comprender la gracia que me
dispensaba, y sin siquiera preocuparme de ella, yo pololeaba y me divertía lo
más posible. Pero cuando estuve con apendicitis y me vi muy enferma, entonces
pensé lo que era la vida, y un día que me encontraba sola en mi cuarto,
aburrida de estar en cama, oí la voz del Sagrado Corazón que me pedía fuera
toda de Él. No crea [que] esto fue ilusión, porque en ese instante me vi
transformada. La que buscaba el amor de las criaturas, no deseó sino el de
Dios. Iluminada con la gracia de lo alto, comprendí que el mundo era demasiado
pequeńo para mi alma inmortal; que sólo con lo infinito podría saciarme,
porque el mundo y todo cuanto él encierra es limitado; mientras que, siendo
para Dios mi alma, no se cansaría de amarlo y contemplarlo, porque en Él los
horizontes son infinitos. “El
todopoderoso, omnipotente, que no necesita de nadie, se preocupa de amarme y
de elegirme para hacerme su esposa”. żCómo
dudar, pues, de mi vocación cuando, aunque estuve tan grave y a punto de
morirme, no dudé ni deseé otra cosa? Como puede ver, papacito, nadie me ha
influenciado, pues nunca lo dije a persona alguna y traté siempre con empeńo
de ocultarlo. No
sé cómo puedo agradecerle cómo debo a N. Seńor este favor tan grande, pues
siendo El todopoderoso, omnipotente., que no necesita de nadie, se preocupa
de amarme y de elegirme para hacerme su esposa. Fíjese a qué dignidad me
eleva: a ser esposa del Rey del cielo y tierra, del Seńor de los seńores.
ˇAy, papá, cómo pagarle! Además, me saca del mundo, donde hay tantos peligros
para las almas, donde las aguas de la corrupción todo lo anegan, para
llevarme a morar junto al tabernáculo donde El habita. “Es
Dios mismo quien se digna llamarme”. Si
para concederme tan gran bien un enemigo me llamara, żno era razón para que
inmediatamente lo siguiera? Ahora no es enemigo, sino nuestro mejor amigo y
mayor bienhechor. Es Dios mismo quien se digna llamarme para que me entregue
a Él. żCómo no apresurarme a hacer la total ofrenda para no hacerlo esperar?
Papacito, Yo ya me he entregado y estoy dispuesta a seguirlo donde Él quiera.
żPuedo desconfiar y temer cuando es El, el camino la verdad y la vida? “Es
la Virgen, su perpetuo socorro, quien le pide una hija para hacerla esposa de
su adorado Hijo”. Con
todo, yo dependo de Ud., mi papá querido. Es preciso, pues, que Ud. también
me dé. Sé perfectamente que si no negó la Lucia a Chiro, pues su corazón es
demasiado generoso, żcómo he de dudar que me dará su consentimiento para ser
de Dios, cuando de ese "si" de su corazón de padre ha de brotar la
fuente de felicidad para su pobre hija? No. Lo conozco. Ud. es incapaz de
negármelo, porque sé que nunca ha desechado ningún sacrificio por la
felicidad de sus hijos. Comprendo que le va a costar. Para un padre no hay
nada más querido sobre la tierra que sus hijos. Sin embargo, papacito, es
Nuestro Seńor quien me reclama. żPodrá negarme, cuando El no supo negarle
desde la cruz ni una gota de su divina sangre? Es la Virgen, su Perpetuo
Socorro, quien le pide una hija para hacerla esposa de su adorado Hijo. Y
żpodrá rehusarme? “Es
preciso seguir la voz de Dios”. No
crea, papacito, que todo lo que le digo no desgarra mi corazón. Ud. bien me
conoce y sabe que soy incapaz de ocasionarle voluntariamente un sufrimiento.
Pero, aunque el corazón mane sangre, es preciso seguir la voz de Dios; es
preciso abandonar aquellos seres a quienes el alma se halla íntimamente
ligada, para ir a morar con el Dios de amor, que sabe recompensar el más leve
sacrificio. żCon cuánta mayor razón premiará los grandes? Es
necesario que su hija los deje. Pero téngalo presente: que no es por un
hombre sino por Dios. Que por nadie lo habría hecho sino por El que tiene
derecho absoluto sobre nosotros. Eso ha de servirle de consuelo: que no fue
por un hombre y que después de Dios, será Ud. y mi mamá los seres que más he
querido sobre la tierra. “Seré
toda para Dios y él será todo para mí”. También
piense que la vida es tan corta, que después de esta existencia tan penosa
nos encontraremos reunidos por una eternidad. Pues a eso iré al Carmen: a
asegurar mi salvación y la de todos los míos. Su hija carmelita es la que
velará siempre al pie de los altares por los suyos, que se entregan a mil
preocupaciones que se necesitan para vivir en el mundo. La
Santísima Virgen ha querido perteneciera a esa Orden del Carmelo, pues fue la
primera comunidad que le rindió homenaje y la honró. Ella nunca deja de
favorecer a sus hijas carmelitas. De manera papacito, que su hija ha escogido
la mejor parte. Seré toda para Dios y El será todo para mí. No habrá
separación posible entre Ud. y su hija. Los seres que se aman jamás se
separan. Por eso, cuando Ud., papacito, se entregue al trabajo rudo del
campo; cuando, cansado de tanto sacrificio, se sienta fatigado y solo, sin
tener en quien descansar se sienta desfallecido, entonces le bastará
trasladarse al pie del altar. Allá encontrará a su hija, que también sola,
ante el Divino Prisionero, alza suplicante su voz para pedirle acepte el
sacrificio suyo y también el de ella, y que, en retorno, le dé ánimo, valor
en los trabajos y consuelo en su dolor. żCómo podrá hacerse sordo a la
súplica de aquella que todo lo ha abandonado y que no tiene en su pobreza
otro ser a quién recurrir? No, papacito. Dios es generoso, sobre todo que la
constancia de mi oración no interrumpida ha de moverle a coronar sus
sacrificios. Mi
mamá y mis hermanos tendrán un ser que constantemente eleve por ellos
ardientes súplicas, un ser que los ama entrańablemente y que perpetuamente se
inmola y sacrifica por los intereses de sus almas y de sus cuerpos. Sí. Yo
quisiera ser desde el convento el ángel tutelar de la familia. Aunque sé lo
indigna que soy, lo espero ser, pues siempre estaré junto al Todopoderoso. “La
Santísima Virgen será mi abogada”. Papacito,
no me negará el permiso. La Santísima Virgen será mi abogada. Ella sabrá
mejor que yo hacerle comprender que la vida de oración y penitencia que deseo
abrazar encierra para mí todo el ideal de felicidad en esta vida, y la que me
asegurará la de la eternidad. Comprendo
que la sociedad entera reprobará mi resolución pero es porque sus ojos están
cerrados a la luz de la fe. Las almas que ella llama "desgraciadas"
son las únicas que se precian de ser felices, porque en Dios lo encuentran
todo. Siempre en el mundo hay sufrimientos horribles. Nadie puede decir
sinceramente: "Yo soy feliz". Más al penetrar en los claustros,
desde cada celda brotan estas palabras que son sinceras, pues ellas su
soledad y el género de vida que abrazaron no la trocarían por nada en la
vida. Prueba de ello es que permanecen para siempre en los conventos. Y esto
se comprende, ya que en el mundo todo es egoísmo, inconstancia e hipocresía.
De esto Ud., papacito, tiene experiencia. żY qué cosa mejor se puede esperar
de criaturas tan miserables? “Bien
conozco esa vida que deja en el alma un vacío que nadie puede llenar, si no
es Dios”. Deme
su consentimiento luego, papacito querido. "Quien da luego, da dos
veces". Sea generoso con Dios, que lo ha de premiar en esta vida y en la
otra, y no me obligue a salir a sociedad. Muy bien conozco esa vida que deja
en el alma un vacío que nadie puede llenar, si no es Dios. Deja muchas veces
el remordimiento. No me exponga en medio de tanta corrupción como es la que
reina actualmente. Mi resolución está tomada. Aunque se me presente el
partido más ventajoso, lo rechazaré. Con
Dios żquién hay que pueda compararse? No. Es preciso que pronto me consagre a
Dios, antes que el mundo pueda mancharme. Papacito, żme negará el permiso
para mayo? Es verdad que falta poco, pero rogaré a Dios y a la Santísima
Virgen le den fuerzas para decirme el "si" que ha de hacerme feliz.
Ud. ha dicho en repetidas ocasiones que no negaría su permiso, pues le daría
mucho consuelo tener una hija monja. “Dios
lo ha querido que se cumpla su adorable voluntad”. El
convento que he elegido está en Los Andes. Es el que Dios me ha designado,
pues nunca había conocido ninguna carmelita; lo que le asegurará a Ud. que
nadie me ha metido la idea y que no obro por impresiones. Dios lo ha querido
Que se cumpla su adorable voluntad Espero
su contestación con ansiedad. Entre tanto pido a N. Seńor y a la Santísima
Virgen le presten su socorro para hacer el sacrificio ya que sin Ellos yo no
habría tenido el suficiente valor para separarme de Ud. Reciba
muchos besos y abrazos de su hija que más lo quiere Juana P.D--
No necesito recomendarle me guarde secreto. Lucho llega el sábado de
Bucalemu. La Lucia está muy bien, pero dice se apure en venir, pues si no, va
a encontrar el ahijado muy grande. Mi mamá sabe mi secreto hace poco.
Perdóneme, papacito, la pena que en esta carta le voy a dar; pero es Dios
quien me lo ordena. 28.9
EN
DIOS TE DOY ETERNA CITA
Carta a su hermano Lucho
Esta es una carta escrita para su
hermano Luis, (Teresa le llamaba Lucho, sobrenombre que se da en Chile a los
que se llaman Luis), fue escrita el 14 de abril de 1919. Teresa escribe
palabras conmovedoras para explicar los que ella tiene en su corazón al
entrar al Carmelo.[753] Con un “Mi querido Lucho” comienza esta
carta, hermano muy amado por Teresa, tanto que ella le ruega al Reverendo
Padre Julia Cea,[754]
que rece mucho por un hermano extraviado del buen camino, que se aparta cada
vez más de él y promete que cuando sea carmelita me inmolaré toda la vida por
este hermano que tanto quiero. Con este hermano tan querido, les unía su
devoción mariana, escribe Teresa: “Por
este tiempo empieza mi devoción a la Virgen. Mi hermano Lucho me dio esta
devoción, con la que he estado y estaré, como lo espero hasta mi muerte”[755] Esta profunda amistad entre estos
hermanos se refleja en las cartas entre ellos que deben haber sido varias: “Adiós, papacito. Dele un abrazo a Lucho a
quien escribí” [756]
“A Lucho, que espero su carta”.[757]
, “No te enojes porque le escribo a
Lucho primero”[758] Teresa le escribe a su hermano Lucho,
una carta muy tierna y conmovedora para comunicarle sobre su entrada al
Carmelo, en esta carta he destacado algunos
aspecto de ellas como “Amar, sí; pero al Ser inmutable, a Dios quien
me ha amado infinitamente desde una eternidad”., “En Dios te doy eterna
cita”., “Los voy a dejar por Dios”., “Almas que, entregadas completamente al
servicio de Dios, lo alaben incesantemente”., “żCómo podré darle mayor gloria
a Dios, si no es dándome enteramente a Él?”, "Tu Madre (la Virgen) jamás
te deja solo", “Lucho querido, ˇadiós! Ten corazón generoso y ofréceme a
tu Dios y a la Santísima Virgen”. Amar,
sí; pero al Ser inmutable, a Dios quien me ha amado infinitamente desde una
eternidad. “Mi
querido Lucho: Por mi mamá he sabido que ya no te es desconocido mi secreto.
Perdóname no haya tenido el valor de confiártelo antes; pero sabía lo mucho
que te iba a impresionar y quería ahorrarte lo más posible la pena que ibas a
sentir cuando estuvieras al corriente de todo. Si
por un instante pudieras penetrar en lo íntimo de mi pobre corazón y
presenciar la lucha horrible que experimento al dejar a los seres que
idolatro, me compadecerías. Mas Dios lo quiere y, aun cuando fuera necesario
atravesar el fuego, no retrocedería; puesto que lo que con tantas ansias
anhelo no sólo me proporcionará la felicidad en esta vida, sino la de una eternidad. Creo
que tú, más que nadie, podrás comprender que existe en el alma una sed
insaciable de felicidad. No sé por qué, pero en mí la encuentro duplicada.
Desde muy chica la he buscado, más en vano, porque en todas partes sólo veo
su sombra; ży ésa puede satisfacerme? No. Jamás -me parece- me he dejado
seducir. Anhelo amar, pero algo infinito [y que] ese ser que yo ame no varíe
y sea el juguete de sus pasiones, de las circunstancias del tiempo y de la
vida. Amar, sí; pero al Ser inmutable, a Dios quien me ha amado infinitamente
desde una eternidad. ˇQué abismo medio entre ese amor puro desinteresado e
inmutable, y el que me puede ofrecer un hombre! żCómo amar a un ser tan lleno
de miserias y de flaquezas? żQué seguridad puedo encontrar en ese corazón? Unir
mi alma a otro ser que no me perfeccione con su amor, żencuentras que puede
serme de nobles perspectivas? No. En Dios encuentro todo lo que en las
criaturas no encuentro, porque son demasiado pequeńas para que puedan saciar
las aspiraciones casi infinitas de mi alma. Me dirás: pero puedes amar a Dios
viviendo en medio de los tuyos. No, mi Lucho querido. Nuestro Seńor nada suyo
reservó para Sí al amarme desde el madero de la cruz. Aún dejó su cielo, su
divinidad la eclipsó, y żyo me he de entregar a medias? żEncontrarías
generoso de mi parte reservarme aquellos a quienes estoy más ligada? żQué le
ofrecería entonces? No. El amor que le tengo, Lucho querido, está por encima
de todo lo creado; y aun pisoteando mi propio corazón, despedazado por el
dolor, no dejaré de decirles adiós, porque lo amo y con locura. Si un hombre
es capaz de enamorar a una mujer hasta el punto de dejarlo todo por él, żno
crees, acaso, que Dios es capaz de hacer irresistible su llamamiento? Cuando
a Dios se conoce; cuando en el silencio de la oración alumbra al alma con un
rayo de su hermosura infinita; cuando alumbra al entendimiento con su
sabiduría y poderío; cuando inflama con su bondad y misericordia, se mira
todo lo de la tierra con tristeza. Y el alma, encadenada por las exigencias
de su cuerpo, por las exigencias del ambiente social en que vive, se
encuentra desterrada y suspira con ardientes ímpetus por contemplar sin cesar
ese horizonte infinito que, a medida que se mira, se ensancha, sin encontrar
en Dios limites jamás”. En
Dios te doy eterna cita. “Lucho
querido, si supieras tú la amargura que encuentro en todo lo que me rodea, no
te asombraría que buscara las paredes de un convento para vivir y pasar mi
vida entera en esa oración no interrumpida por el bullicio del mundo. No
puedes comprenderlo por ahora, pero yo rogaré para que Dios se manifieste un
día a tu alma, como por su infinita bondad se manifiesta a la mía. Entonces
verás que es imposible no sufrir horriblemente, cuando se encuentra el alma
con obstáculos que le impiden pasar constantemente en esta contemplación
amorosa del Todo adorado. Viviendo en medio de los míos, esto es imposible.
Las preocupaciones de la vida lo impiden, aunque se tenga la libertad más
completa. Lucho
tan querido, te hablo de corazón a corazón. En este instante experimento todo
el dolor de la separación. Te quiero como nunca te he querido. Pocos hermanos
existirán tan unidos como nosotros dos. Sin embargo, te digo adiós. Sí, Lucho
de mi alma. Es preciso que te diga esta palabra tan cruel por un lado, pero
no si se considera cuánto dice: "A Dios". Lucho querido, allí
viviremos siempre unidos. En Dios te doy eterna cita. Tu
carta que hace poco recibí, cuando ésta tenía principiada, me ha hecho sufrir
mucho. Me acusas de falta de confianza, hermano el más querido. Si yo te
dijera que muchas veces estuve a punto de decírtelo, no me creerás. Pero me
reprimía por el temor de lo mucho que ibas a sufrir y temía por tu salud.
Así, perdóname no haya tenido el valor de decírtelo, pero es por exceso de
carińo”. Los
voy a dejar por Dios. “Lucho,
no sabes cuánto te agradezco tu carińo. Verdaderamente encuentro que no lo
merezco; pero créeme que yo te quiero doblemente. Con delirio. Fíjate que no
sólo te dejo a ti, sino también a los dos seres que idolatro: a mi padre y a
mi madre. Y sin embargo, los voy a dejar por Dios. Lo he pensado mucho y
reflexionado y no quiero volver atrás, porque siendo carmelita realizaré todo
el ideal de felicidad que me he forjado. Si me quedo en el mundo, no haría
todo el bien que tú me pintas; porque la virtud es una planta cuya savia es
la gracia de Dios. Sin ella, la virtud perece. Y dime sinceramente, żcrees
que Dios me la otorgará si yo no soy fiel en seguirle? No. Si Él me ha dado
ya el valor para sacrificarlo todo por su amor, yo no debo dejar de ser
generosa. Además, żqué favor más grande que el de la vocación? Y después de
tanto amor de Dios para con una criatura miserable, żyo me quedaré en mi
casa, en medio de todos los que amo y de las comodidades? Por un hombre a
todo se renuncia ˇy por Dios nada es aceptado! Si
tú, querido Lucho, me hubieras visto casar con un joven bueno que no hubiera
tenido fortuna y me hubiera llevado al campo lejos de todos Uds., tú te
habrías conformado. Y porque es por Dios, żtú te desesperas? żQuién puede
hacerme más feliz que Dios? En El todo lo encuentro. Ahora dime, żqué abismo
insondable hay entre Dios todopoderoso y la criatura? Y Él no se desdeńa de
descender hasta ella para unirla a Sí y divinizarla. Y yo, żhe desdeńar la
mano del Todopoderoso, que en su gran bondad me tiende? No. Jamás. Nadie
podrá convencerme que mi deber no es seguir a Dios
sacrificándolo todo para pagarle su infinito amor como mejor pueda. Lo demás
será bajeza de mi parte. Creo que juzgarás como yo”. Almas
que, entregadas completamente al servicio de Dios, lo alaben incesantemente. “En
cuanto a lo que me dices que la gloria de Dios no ganaría nada si todos
entran en los conventos, te encuentro razón. Pero debes agregar a esto que no
todos los buenos son llamados por Dios para ser religiosos. Hay almas que les
infunde el atractivo de la perfección, y las tales faltan si no se entregan a
ella. Es cierto que en el mundo se necesitan almas virtuosas, y hoy más que
nunca es de absoluta necesidad el buen ejemplo; pero para permanecer en el
mundo es indispensable tener especial asistencia de Dios. Yo me considero sin
fuerzas para ello, porque Él no me lo pide. Pero
mayor aún es la necesidad de almas que, entregadas completamente al servicio
de Dios, lo alaben incesantemente por las injurias que en el mundo se le
hacen; almas que le amen y le hagan compańía para reparar el abandono en que
lo dejan los hombres; almas que rueguen y clamen perpetuamente por los
crímenes de los pecadores; almas que se inmolen en el silencio, sin ninguna
ostentación de gloria, en el fondo de los claustros por la humanidad deicida
(Que prescinde de los dioses). Sí, Lucho. La carmelita da más gloria a Dios
que cualquier apóstol. Santa Teresa, con su oración, salvó más almas que San
Francisco Javier; y este apostolado lo hizo desconociéndolo ella misma”. żCómo
podré darle mayor gloria a Dios, si no es dándome enteramente a Él? “Me
dices que las cualidades con que Dios me ha dotado las debo emplear para su
gloria. Si, como me dices, es cierto que las tengo, żcómo podré darle mayor
gloria a Dios, si no es dándome enteramente a Él y empleando día y noche mis
facultades, tanto intelectuales como morales, en conocerle y amarle? La
hermosura no la poseo; y si la poseyera, no dudaría en ofrecérsela también,
porque lo mejor y más hermoso es lo que merece El. żPodrás
aborrecer tú la religión, a Jesucristo, cuando es ella, El, quienes me
proporcionan la felicidad en esta vida y en la otra? ˇQué desesperación
habría embargado mi corazón al encontrar el vacío, la nada de las criaturas,
si no hubiera conocido otro Ser capaz de saciarme y satisfacerme! No. Jamás
lo creeré, Lucho de mi alma, porque sé que en tu alma las creencias
religiosas descansan sobre base sólida. Y si esto, por desgracia, llegará a
suceder, yo te digo que este instante conjuro a Dios para que me mande antes
la muerte a mí para que del sacrificio brote para ti la luz y [el] amor hacia
nuestra religión. Además,
la que puso en mi alma el germen de la vocación, fue la Santísima Virgen. Y
tú fuiste el que me enseńaste a amar a esta tierna Madre, que jamás ha sido
en vano invocada por sus hijos Ella me amó y, no encontrando otro tesoro más
grande que darme en prueba de su singular protección, me dio el fruto bendito
de sus entrańas, su Divino Hijo. żQué más me pudo dar?” "Tu
Madre (la Virgen) jamás te deja solo" “Lucho,
antes de partir, te dejo como sello de nuestra perpetua fraternidad, la
estatua de la Santísima Virgen, que ha sido mi compańera inseparable. Ella ha
sido la confidente íntima desde los más tiernos ańos de mi vida. Ella ha
escuchado la relación de mis alegrías y tristezas. Ella ha confortado mi
corazón tantas veces abatido por el dolor. Lucho querido, te la dejo para que
me reemplace cerca de ti. Háblele como lo haces conmigo, de corazón a
corazón. Cuando te sientas solo, como yo muchas veces me he sentido, mírala y
verás que sonriendo te dice: "Tu Madre jamás te deja solo". Cuando,
triste y desolado, no halles con quién desahogarte, corre a su presencia y la
mirada llorosa de tu Madre que te dice "no hay dolor semejante a mi
dolor" te confortará, poniendo en tu alma la gota de consuelo que cae de
su dolorido Corazón. Yo,
desde mi solitaria celda, rogaré por ti a esa Virgen casi idolatrada, para
que se muestre como verdadera Madre con aquel hermano que tanto quiero.
Unidos por el pensamiento aquí en la tierra nuestras almas hermanas se
encontrarán, después de esta existencia dolorosa, un día reunidas para
siempre allá en el cielo. Entonces comprenderemos el mérito de la separación
en el destierro, que nos ha granjeado la comunión eterna allá en la patria
donde está la vida verdadera”. Lucho
querido, ˇadiós! Ten corazón generoso y ofréceme a tu Dios y a la Santísima
Virgen. “Lucho,
sólo me queda una cosa que decirte. Si me hubiera enamorado de un joven con
quien creyera ser feliz y no hubiera sido de tu agrado, no hubiera dudado un
momento en sacrificar por ti mi felicidad porque te quiero demasiado Pero no
tratándose de un hombre, sino de Dios, y comprometiendo yo, no sólo la
felicidad [temporal] sino la eterna, no puedo volver sobre mis pasos.
Perdóname toda la pena que con mi determinación te he causado. Tú me conoces
y podrás comprender mejor que nadie el dolor en que estoy sumergida, dolor
tanto más grande cuanto que veo que soy yo la causa del sufrimiento de los
seres que tanto amo. Déjame
decirte por última vez adiós. Se escapa de mi alma en un sollozo. Adiós,
hermano mío tan querido. Sé bueno. Llena tú, con el carińo hacia mis padres,
el vacío que va a dejar en sus corazones la ofrenda de una hija, que, aunque
poco vale, es al fin un pedazo de sus almas. Ámalos, y evítales todos los
sufrimientos. Sé bueno también con mi querida Rebeca. ˇPobrecita! ˇCuánto
siento dejarla abandonada en las luchas de la vida! Aunque no abandonada,
porque siempre la acompańaré con mis oraciones, Acompáńense ambos y ayúdense
mutuamente en el camino del bien, Lucho querido, ˇadiós! Ten corazón generoso
y ofréceme a tu Dios y a la Santísima Virgen, Ellos van a hacer la felicidad
de tu pobre hermana, Lo bueno y lo hermoso siempre cuesta lágrimas, La vida
que abrazaré tiene estas cualidades, pero se compra con sangre del corazón,
Dios te premiará, porque nunca se deja vencer en generosidad, Sobre todo
piensa que esta vida es tan corta; ya sabes que esta vida no es la vida, A
Dios, hermano querido, Juana”. “Mi papacito tan querido: Papacito, hace
mucho tiempo deseaba confiarle un secreto, que he guardado toda mi vida en lo
más íntimo del alma. Sin embargo, no
sé qué temor se apoderaba de mi ánimo al querérselo confiar. Por eso,
siempre me he mostrado muy reservada para todos. Mas ahora quiero
confiárselo con la plena confianza que me guardará la más completa reserva”. “He tenido ansias de ser feliz y he
buscado la felicidad por todas partes”. “También
piense que la vida es tan corta, que después de esta existencia
tan penosa nos encontraremos reunidos por una eternidad. Pues a eso iré al
Carmen: a asegurar mi salvación y la de todos los míos. Su hija carmelita es
la que velará siempre al pie de los altares por los suyos, que se entregan a
mil preocupaciones que se necesitan para vivir en el mundo La Sma. Virgen ha querido perteneciera a esa Orden del
Carmelo, pues fue la primera comunidad que le rindió homenaje y la honró.
Ella nunca deja de favorecer a sus hijas carmelitas. De manera papacito, que
su hija ha escogido la mejor parte. Seré toda para Dios y El será todo para
mí”. “El convento que he elegido está en Los
Andes. Es el que Dios me ha designado, pues nunca había conocido ninguna
carmelita; lo que le asegurará a Ud. que nadie me ha metido la idea y que no
obro por impresiones. Dios lo ha querido Que se cumpla su adorable voluntad”. “Espero su contestación con ansiedad.
Entre tanto pido a Nuestro Seńor y a la Sma. Virgen
le presten su socorro para hacer el sacrificio ya que sin Ellos yo no habría
tenido el suficiente valor para separarme de Ud”.[759] Al Padre José Blanch le escribe confesando que está experimentando
una agonía horrible en su corazón, que en su oración no encuentra sino una
sequedad horrible. De tal manera que se halla sumergida en tinieblas y le es
imposible fijar su pensamiento en Dios y no puedo recogerse, en la comunión
no siente nada y por tanto le pide una recomendación para que pueda cambiar
de actitud frente al Seńor. En ese estado de aridez le comenta sobre la carta
a su papa y le ofrece enviar una copia. Es posible que este estado angustia
está motivado por el ansia de conocer la respuesta de su papa. “La carta a mi papá la envío hoy. Si
tengo tiempo le enviaré una copia de ella para que la lea. No se imagina la
agonía horrible que experimento en mi corazón, pero la oculto enteramente.
Fue una verdadera lucha que sostuve contra mi naturaleza al escribirla por
las circunstancias que me rodean. Pero al escribirla parece que Nuestro Seńor
me puso insensible. ˇQué bueno es este Jesús!” “Tampoco siento atractivo natural por
el Carmelo. Sin embargo mi voluntad desea ese bien inapreciable cuanto
antes. Doy gracias a Nuestro Seńor por lo que sufro pues así le mostraré mi
amor sin mezcla de consuelos. Me someto con gusto a su divina voluntad”[760] “Rvda. Madre; “Mandé mi carta el día de
la Sma. Virgen, pero pasó una semana y mi papacito
no me contestaba nada; pero por el nacimiento de mi primera sobrina tuvo que
venir a Santiago. Parece que él esquivaba encontrarse solo conmigo, pero
resultó que las nińitas Valdés Ossa me mandaron traer con su papá al fundo
donde me encuentro. Entonces, antes de venirme, lo llamé a mi pieza y le pedí
me diera el permiso, y entre lágrimas, no sólo me lo dio, sino me dijo que si
era esa la voluntad de Dios sería muy feliz siendo carmelita; y que él sólo
deseaba verme feliz”. “ˇQué feliz me siento al contemplar ya
muy cerca mi bendita Montańa del Carmelo! Muy pronto subiré a ella Para vivir
crucificada. La carmelita busca siempre a Dios, y żdónde mejor puede
encontrarlo si no es en la cruz, donde el amor lo enclavó? Voy a principiar a
amar a mi Jesús. Hasta aquí Él me ha amado, puesto que se ha entregado a mí. Ahora principio a entregarme yo, para poder llamarme con
verdad Teresa de Jesús”.[761] Y ahora hay que hablar de corazón a
corazón con su hermano Lucho; “żQuién puede hacerme más feliz que Dios? En El
todo lo encuentro”. “Mi querido Lucho: Por mi mamá he
sabido que ya no te es desconocido mi secreto. Lucho, no sabes cuánto te
agradezco tu carińo. Verdaderamente encuentro que no lo merezco; pero créeme
que yo te quiero doblemente. Con delirio”. “Lo he pensado mucho y reflexionado y
no quiero volver atrás, porque siendo carmelita realizaré todo el ideal de
felicidad que me he forjado. Si me quedo en el mundo, no haría todo el bien
que tú me pintas; porque la virtud es una planta cuya savia es la gracia de
Dios”. “Pero mayor aún es la necesidad de
almas que, entregadas completamente al servicio de Dios, lo alaben
incesantemente por las injurias que en el mundo se le hacen; almas que le
amen y le hagan compańía para reparar el abandono en que lo dejan los
hombres; almas que rueguen y clamen perpetuamente por los crímenes de los
pecadores; almas que se inmolen en el silencio, sin ninguna ostentación de
gloria, en el fondo de los claustros por la humanidad deicida. Sí, Lucho. La
carmelita da más gloria a Dios que cualquier apóstol. Santa Teresa, con su
oración, salvó más almas que San Francisco Javier; y este apostolado lo hizo
desconociéndolo ella misma”.[762] 28.10 CREO QUIERE DIOS SEA CARMELITA.
Viviré ya
sólo para Dios
Juanita ha ganado muy buenas amigas, el secreto parce estar en
compartir su experiencia de Dios, con amistades que también hablan de Dios. A
su amiga Elena Salas le escribe sobre su próxima llegada al Carmelo: “No creas que, porque he elegido ser
carmelita, no crea son muy perfectas las del Sdo.
Corazón. He dudado mucho entre los dos, pero por mi carácter y aptitudes creo
quiere Dios sea carmelita. Mi vida será la del cielo. Viviré ya sólo para
Dios, en Dios y por Dios, sin mezcla de criatura alguna. Mi ocupación será
orar por el mundo, salvar las almas por la oración. Santa Teresa salvó más
almas que San Francisco Javier. Seré una pobre carmelita a quien despreciará
el mundo. Pero żqué me puede importar el mundo cuando estoy crucificada para
él?”[763]
“Ahora que tiene el consentimiento de
su papa para ir al Carmelo, es tiempo de agradecer a quien le ayudaron a
decidirse por su amada vocación, ya no más dudas, tampoco incertidumbre”. Al Padre Julia Cea le escribe: “Padre Julián
Cea: No tengo cómo agradecerle a mi Jesús tanta bondad para con esta alma
tan miserable e infiel. Estoy feliz al contemplar las puertas de mi Carmelo
ya abiertas para recibirme…Ruegue por los míos, para que Él les dé valor para
darme a mi Divino Esposo Jesucristo. Adiós. Junto al Divino Crucificado
encontrara a esta indigna carmelita que ruega porque sea un santo mártir
misionero del Corazón de María”.[764] Faltan ahora 17 días para ingresar al Carmelo, ahora, será una nueva
hija de la Santa Madre de Teresa de Jesús, su felicidad, le ensancha su
corazón. Le escribe a la Madre Angélica: “ˇAleluya! Es la primera palabra que
brota de mis labios en este momento. ˇCuán feliz se siente el corazón…Sólo me
restan 17 días para permanecer en el mundo”. “Ya todo el mundo desaparecerá para mí,
para encontrar tras las rejas de mi Carmelo horizontes sin límites,
horizontes divinos que el mundo no comprende”. “Por la gracia de Dios, he comprendido
que la vida de la carmelita es una abnegación continua, no sólo de la carne,
sino de la voluntad y del juicio”. “Mi Madre tan querida: desde ahora me
pongo en sus manos, para que vaya formando a esta indigna carmelita. Quiero
ser una santa carmelita. Sería una locura que, después de sacrificarlo todo,
no fuera una carmelita según el ideal de mi Madre Santa Teresa; que mi Jesús
no pudiera decirme que era totalmente de Él. ˇQué feliz estoy”[765] “Reverendo Padre: A los catorce ańos, cuando estaba
enferma en cama, Nuestro Seńor me habló y me dio a entender lo abandonado y
sólo que pasaba en el tabernáculo. Me dijo que lo acompańara. Entonces me dio
la vocación, pues me dijo que quería que mi corazón fuera sólo para Él, y que
fuera carmelita. Desde ese momento pasaba el día entero en una íntima
conversación con N. Seńor, y me sentía feliz en pasar sola”.[766]
Juanita ya está casi a las puertas del Carmelo. Pronto vivirá en la
atmósfera divina, en recogimiento y adoración no ininterrumpida, en paz, con
un incendio de amor dentro del alma como esposa del Crucificado! El Padre
Artemio Colom tiene mucho que ver en esto. A él le escribe para darle la
feliz noticia: “Reverendo Padre. Muchos días estaba
por escribirle para darle la feliz noticia: que el 7 de mayo se abrirán para
su pobre hija las puertas del Carmelo”. “Rdo Padre,
qué felicidad si pudiera derramar toda mi sangre para demostrarle mi amor.
Ruegue por esta pecadora. Es indigna de sus oraciones, pero hágalo por
caridad, por Dios. ˇQué misión tan extensa se me presenta! Es universal, y yo
tan incapaz para llenarla. Pero El, mi Esposo adorado, está conmigo El me
infundirá valor para inmolarme, para derramar místicamente toda la sangre de
mi corazón cada día, pues la carmelita debe morir a cada momento por los
suyos y por las almas todas. Qué pureza me exige mi vocación: siempre junto a
Dios. Vivir mi vida entera en la atmósfera divina. ˇQué recogimiento y
adoración no interrumpida! ˇQué paz, qué incendio de amor dentro del alma esposa
del Crucificado! ˇQué pobreza y desprendimiento del espíritu y del corazón,
qué obediencia y sumisión de nuestro ser! carmelita. ˇQué palabra tan llena
de hermoso significado: víctima crucificada hostia pura, cordero que lleva
los pecados del mundo. Qué incapacidad, Rdo. Padre, encuentro en mí para
llenar ese molde que mi divino Esposo y mi Madre Santísima me presentan”.[767] Al Padre José Blanch nuevamente le escribe una larga carta para
relatarle sobre el consentimiento de su papa y sobres las reacciones
familiares, de sus hermanos Lucho y Miguel. Por fin estuvo a solas con su
papa, quien entre sollozos le dijo; "Si es esa la voluntad de Dios y tu
felicidad, yo no me opongo". Y respecto de cuando se iría al convento le
dijo; "Hijita, hazlo como tú quieras". “Y todos, aunque lloran,
están resignados. ˇBendito sea Dios!” “Esa es la vocación de la carmelita: ser
hostia pura que continuamente se ofrece a Dios por el mundo pecador. ˇQué
grande y extenso es el molde que N. Seńor presenta a cada carmelita! ˇQué
inmolación! ˇQué olvido de sí misma! ˇQué pureza encierra! Y todo en el
silencio y recogimiento”. “Quito mi mirada y se me presenta
Jesucristo, mi Esposo adorado con su cruz. Me arrojo y penetro en su Divino
Corazón, y olvidada de mí misma, cuando Él me dice:” Sígueme", le digo
"Donde Tú, Seńor, quieras". “Rece mucho por caridad por los míos,
para que se acerquen a Dios. Rece por esa indigna carmelita para que viva
cumpliendo la voluntad adorable de Dios”.[768]
“Me fui a retratar y, al parecer de todos, el mejor retrato es el de
carmelita No tengo cómo agradecerles a mis hermanitas del Carmen de San José,
pues me proporcionaron todo”.[769] Estas son las dos fotos
más conocidas y populares de Juanita y Teresa de los Andes, que están en
todas las estampas conocidas. También le escribe a su hermano Miguel, una carta de despedida,
llena de emoción le dice su vida será: “una continua inmolación por ti, para
que seas buen cristiano. Acuérdate de tu hermana carmelita Cuando las
pasiones, los amigos te quieran sumergir en el abismo, ella al pie del santo
altar estará pidiendo para ti la fuerza. Acuérdate que, mientras tú te
entregas a los placeres, ella tras las rejas de su claustro someterá su
cuerpo a las más rudas penitencias. Sí, Miguel. Te quiero con locura y, si es
necesario que yo pierda mi vida porque tú vuelvas sobre tus pasos y comiences
la verdadera vida cristiana, aquí la tiene Dios”.[770]
29 LA MADRE ANGÉLICA
TERESA DEL SMO. SACRAMENTO
29.1 LA IMPORTANCIA Y LA INFLUENCIA QUE TUVO EN JUANITA FERNÁNDEZ SOLAR
Me parece necesario comentar la
relación, la importancia y la influencia que tuvo en Juanita Fernández Solar
la madre Angélica Teresa del Santísimo Sacramento, carmelita descalza y
priora del Monasterio del Espíritu Santo. Juanita llamaba a este Monasterio,
“mi conventito y/o mi palomarcito” La madre Angélica Teresa, es además
fundadora del Monasterio. Cabe
destacar que, durante el mismo periodo que Juanita le escribe a la madre
Angélica Teresa, está escribiendo cartas a sus directores espirituales. Con
esta correspondencia se da la libertad de confrontar los consejos
espirituales de sus confesores y directores, siendo para Juanita la madre
Angélica Teresa una gran consejera y, pasando a ser una directora espiritual
más. Incluso frente a las dudas de ser carmelita o no, la madre Angélica
Teresa es capaz de discernir con ella y aclarárselas, lo que le ayuda a
determinarse con más fuerza en su intención de ir a vivir al Carmelo.
La Madre Angélica Teresa del Smo. Sacramento
La madre priora y maestra de novicias
había nacido en Valparaíso en 1861. En 1889 fue la primera postulante que
entró a la nueva fundación del Monasterio de Vińa del Mar cuya fundadora fue
la Madre Margarita de San Juan de la Cruz, quien había acogido antes la
petición de unas seńoritas de Curimón que querían
un convento de la Orden en su pueblo natal. El 2 de febrero de 1898, día de
la festividad de la Purificación de la Virgen, la Madre Margarita fundó el
Monasterio del Espíritu Santo, en Curimón, un
pequeńo pueblo que civilmente pertenecía a la provincia de Aconcagua. Las fundadoras fueron: la Madre
Margarita (Vial Guzmán), la Madre Isabel del Crucificado (Eastman Cox), la
Madre Angélica Teresa del Santísimo Sacramento (Díaz Gana), la Madre Inés de
Jesús (Ríos Thurn) y la Hermana María de San José
(Buzeta Marín), todas del Monasterio del Sagrado Corazón de Vińa del Mar;
además, las acompańaban cinco jóvenes que iniciaba en el noviciado. El edificio del convento nuevo había
sido en otros tiempos cuartel de policía y lugar de reunión del ayuntamiento. La pobreza era tal que el Arzobispo de
Santiago, Monseńor Mariano Casanueva al visitarlo exclamó: "Para irse de
aquí al cielo no está malo".[771] "Encontramos —escribía la Madre—
suma pobreza suma pobreza. El vernos desprovistas, aun de las cosas que
podrían creerse indispensables, hizo de nuestros primeros días el gozo de
nuestras almas, pues encontrábamos en nuestro pobre monasterio la semejanza
de los que fundó nuestra seráfica Madre Teresa de Jesús". Por razones de salud, la Madre
Margarita debió regresar al Convento de Vińa del Mar, dejándole a la Madre
Angélica la dirección del nuevo monasterio. La comunidad vivió allí hasta 1902,
trasladándose el 8 de diciembre a la ciudad de Santa Rosa de Los Andes, a
quince kilómetros de Curimón. La casa, aunque no tan estrecha y pobre
como la anterior, distaba mucho de ofrecer las condiciones necesarias para
llevar una vida conventual con las mínimas comodidades. "Todas las santas costumbres que
se guardaban en el monasterio de su cuna religiosa, la Madre Angélica las
impuso tal como era el deseo de nuestra Madre Margarita. Su gobierno era, de
firmeza para hacer guardar las leyes y conservar las tradiciones monásticas y
de suma prudencia y bondad en el trato con sus hijas. Su gran corazón y la
claridad de su espíritu unidos a su sólida virtud hacían de ella una gran
prelada con dotes excepcionales para el cargo"[772]
. La opinión de
la madre Angélica Teresa sobre Juanita.
Al conocer por sus cartas a Juanita, la
priora, había vislumbrado a una mística que se comunicaba con Jesús; advirtió
sus luchas por vencer su naturaleza y la ardua batalla que sostuvo
interiormente para lograr la humildad. Sabía que recibía a un alma
extraordinaria, a una nińa de dieciocho ańos que perseveraba por adelantar.
Al frecuentarla -íntimamente- aumentó su admiración y la amó en el Seńor como
a una verdadera hija.
Sabía
que recibía a un alma extraordinaria, a una nińa de dieciocho ańos que
perseveraba en adelantar. Al frecuentarla —en sus íntimas comunicaciones—
aumentó su admiración por ella y la amó en el Seńor como a una verdadera
hija. Once meses más después de su muerte,
escribió[773],
sobre ella: "Su vocación de carmelita parecía acrecentarse de día en día
[…]. Se hallaba en su centro: el silencio del claustro, la oración, los actos
de comunidad, todo la unía más a Dios. El Oficio Divino fue para ella una
revelación […], se penetró de su grandeza y su espíritu se sentía
transportado de devoción […]. Criatura privilegiada en cuya alma había puesto
Dios al crearla los tesoros de su amor, los que fue acrecentando a medida de
su fidelidad y correspondencia a la Gracia, llegando a encenderse su corazón
de tal manera en el amor divino, que si el mismo Dios no se lo hubiese
ensanchado, no habría podido resistir […]. "Su unión con N. Seńor fue íntima,
favoreciéndola con gracias especialísimas, hablándole en muchas ocasiones y
manifestándose por visión intelectual. Sin embargo, su alma fue probada
también con penas interiores, soledades y abandono que sin abatirla, la
reducían al último extremo del sufrimiento; entregándose en las manos de
Dios, para que hiciera de ella según su santísima voluntad, y le enviara, si
así lo quería, mayores sufrimientos […]. "Su caridad espiritual la hizo
apóstol por medio de la oración y penitencia; clamaba al Seńor por las almas,
ofreciéndose como víctima por su salvación y para ayudar a los sacerdotes […]
"Así veíamos en una nińa, puede decirse, una prudencia y discreción
consumadas unidas a una sencillez angelical […]. Su inteligencia y claro
talento, la sólida instrucción que había recibido y la ilustración sobre
materias altísimas de que Dios le había hecho gracia; procuró siempre
ocultarlas […]. Jamás daba su opinión en nada; siempre
pronta a ceder; ni manifestaba saber cosas en materia de oración, en virtud,
etc.…, la que había recibido enseńanzas del mismo Dios […]. "Su humildad la llevaba a
despreciarse y a que todas tuvieran bajo concepto de ella. Quería ser siempre
la última en todo; ocupar el último lugar, servir a las demás, sacrificarse
siempre y en todo, para unirse más al que se hizo siervo de Dios, porque nos
amaba […] Verdaderamente amante de N. Seńor Jesucristo
trato de seguirlo muy de cerca en el amor y ejercicio de la santa pobreza […]
Dio alcance no solo al voto de pobreza, que aún no la obligaba, por ser
novicia; sino también a la virtud que desnuda al alma de toda afición en lo
temporal y él lo espiritual […] Tenía sed de padecer y sacrificarse por
los pecadores, por los sacerdotes y para desagraviar al Divino Corazón de
Jesús […] su amor al sufrimiento lo expresaba así; “Sufro, estas palabras
expresan para mi felicidad; cuando sufro estoy en la cruz de mi Jesús. Que
felicidad más grande es decirle: Jesús mío, mi esposo, acuérdate que soy tu
esposa, dame tu cruz”. Testimonio de
cuanto amo la Madre Angélica Teresa a Juanita.
La madre Isabel de la Trinidad Priora
del Monasterio del Espíritu Santo, escribe en una circular necrológica[774]
en febrero de 1945, comentado la muerte de la madre Angélica María del Santísimo
Sacramento. En una de sus páginas, dedica un comentario sobre sus amadas
hijas y la muerte de dos religiosas: que el 18 de mayo de 1918 partían dos de
ellas que fueron fundadoras, dejando un vacío en su corazón. Después se
celebró el Capítulo para nuevas elecciones de Priora y sintiendo sus hijas la
necesidad de seguir cobijadas bajo su maternal y prudente dirección,
demostraron una vez más su aprecio y adhesión, eligiéndola por la unanimidad
de los votos. Además en ese nuevo trienio partió también al cielo a la
venerada Madre Fundadora Margarita de San Juan de la Cruz, la cual entregó su
santa alma a Dios el 19 de Julio de 1919 en el Monasterio de San Bernardo, la
Benjamina de sus fundaciones. Escribe la madre Isabel de la Trinidad:
“El Seńor para recompensar sus pasados
sacrificios suscitó fervorosas vocaciones que vinieron a llenar los huecos
que la muerte y la fundación de Valparaíso habían dejado vacíos, reforzando
así su Comunidad y poblando su palomar del Noviciado. Entre ellas le hizo
Dios el don precioso de Juanita Fernández Solar, a quien le puso el nombre de
Teresa de Jesús por encontrarla digna de llevar el de tan excelsa madre y en
recuerdo de la amante hija que le arrebató la muerte en la epidemia de la
gripe del ańo 1916. ˇCuánto amó y apreció esta angelical criatura (la que era
su Priora y Maestra le atestiguan sus cartas y escritos donde se trasluce muy
al vivo su veneración y su afecto! Correspondíale
ésta con una ternura tan maternal y religiosa y con una dirección tan
prudente en los caminos extraordinarios por los que el Seńor la llevaba, que
ésta encontrando en su amada madre el lleno de su corazón y de su espíritu la
amaba y estimaba como a santa. Tan rico presente del cielo no debería durar
mucho sobre la tierra y El que la quería para Sí, consumó en breve su carrera
arrebatando para el cielo tan preciosa existencia. Dios que conducía a
nuestra amada Madre Angélica por senderos de espinas y privaciones, no le dio
el consuelo de asistirla en sus últimos momentos. Sólo los cinco primeros
días de los diez de su enfermedad, pudo dispensarle sus maternales cuidados,
porque atacada ella misma de una delicada congestión pulmonar, no pudiendo
tenerse ya en pie por la fiebre alta que tenía, tuvo que rendirse a las
apremiantes instancias de la Comunidad que la obligó a recogerse. Fue, sin
duda, éste para ambas un duro sacrificio que el Seńor les exigió. En vísperas de las exequias de tan
amada hija, aunque estaba con 39 grados de temperatura, manifestó a la
enfermera que se levantaría a los funerales. Y, en efecto, a pesar de que al
día siguiente el termómetro marcaba 38 y medio, llegó así arrastrándose al
Coro y pudo darse el triste consuelo de colocar sus queridos despojos en el
ataúd y de permanecer allí durante toda la Misa, no obstante hallarse la
atmósfera cargada del humo de los cirios y de que se sentía desfallecer. Se
considera como la primera gracia de esta su angelical hija, el que no tuviese
su levantada fatales consecuencias, siendo ella de salud tan delicada, y que
desde ese día entrara en franca mejoría. “[775] Por fin
conoció a la madre Angélica Teresa.
El 11 enero de 1919 Juanita le escribe
una carta[776] a
una amiga, comentándole; “estoy ebria
de felicidad. ˇBendito sea Dios!" Y el motivo es porque por fin
conoció su querido “palomarcito” (Convento Carmelita). Había puesto un
telegrama a Madre Angélica y al otro día se embarcó en el expreso (Tren) y
viajo a Los Andes. Allí se encontró con un conventito de un aspecto muy
pobre, sin forma de convento, pues era una casa vieja y fea; pero esa pobreza
le habló y le conmovió su corazón. Escribe Juanita: “La
Madre Angélica nos estaba esperando […] Hermanita querida, lloro en este
instante al pensar en la felicidad de que gocé ayer, cuando oí por primera
vez la voz de la Teresita Montes y después la de mi Madrecita. No hacía un
segundo que estaba allí y mi alma gozaba de una paz inalterable. Después de
luchar con tantas dudas, había encontrado mi puerto, mi asilo, mi cielo en la
tierra. Sólo Dios que veía mi corazón podrá comprender mi felicidad”. “Hablé
con la Madre Angélica sola desde la una y media hasta las cinco, mientras mi
mamá hablaba con Teresita Montes. Me dijo que mis dudas las había encontrado
infundadas, que desde mi primera carta había visto que yo había nacido
carmelita. Me principió a hablar de la vida de la carmelita, de la unión con
Dios; que sólo se hablaba de Dios; nada de lo del mundo llegaba a ese cachito
de cielo. La celda, me dijo, era el templo donde la carmelita entraba a
sacrificar; allí la cruz sin Cristo está extendida para ella. Se levantan un
cuarto para las cinco; tienen una hora de oración; después creo es el oficio
divino. Sí, mi querida hermanita, es verdaderamente divino. Allí el alma,
unida con los ángeles, prorrumpe en alabanzas hacia Dios, mientras los
hombres olvidándolo, despreciándolo, ofendiéndole, se olvidan del fin para
que fueron creados. Los salmos son de una hermosura incomparable como
inspirados por el mismo Dios. El alma que verdaderamente se penetra de ellos,
quedará muy cerca del cielo, pues cantar el oficio es hacer lo que hacen los
ángeles en el cielo. Mi
Madrecita me prestó el oficio en espańol para que me fuera penetrando del
sentido de sus palabras. Oí rezar vísperas. Me parecía estar en el cielo, y
al fin me uní con mis hermanitas para rezar las letanías, mi primera oración
en comunidad. La capillita es chica, un poco oscura y muy recogida. Yo no
sabía dónde estaba. Jesús estaba ahí. Lo contemplaba con el rostro sonriente
-única vez que lo veía así-, pues por lo general lo contemplo siempre triste;
pero allí oía el canto de sus esposas, y mi Jesús reía complacido con el
susurro de amor de estas almas puras, que todo lo han dejado por amarlo. Después
hablamos de humildad. Me dijo que tratara siempre de anonadarme delante de mí
Jesús” Sentía una
gran felicidad que aumentó cuando hablé con ella […]tanta era la alegría que
me inundaba.
El mismo mes de enero de 1919 le escribe
para contarle de su viaje a Los Andes su amiga Elena Salas González:[777] “ˇQué
impresión me produjo cuando vi mi conventito! Tiene un aspecto muy pobre. No
parece convento sino una casa antigua, pero su pobreza habla muy bien a su
favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo”. “Cuando
entré al locutorio, no sabía lo que me pasaba: sentía una gran felicidad que
aumentó cuando hablé con ella. Era tanta mi felicidad al ver esas rejas, que
las besaba y hubiera llorado; tanta era la alegría que me inundaba […]Me
figuraba oír el canto de los ángeles en el cielo y tuve el gusto de rezar por
vez primera con mis Hermanitas las letanías de la Virgen. Me parecía que N.
Seńor estaba contento. Vera su rostro lleno de alegría por las alabanzas de
sus esposas; y siempre en las iglesias me parece verlo muy triste. Después
de Vísperas fui de nuevo al locutorio y he estado allí desde las tres hasta
las cinco y media. Le dije todas mis dudas a la Madre, y me dijo que de todas
podría dudar menos de mí; porque yo había nacido carmelita. Me habló del
Oficio Divino que lo rezan varias horas al día. El alma ahí hace el oficio de
ángel cantando las alabanzas del Seńor. żNo es ese el fin para que nos creó
Dios? Este oficio contiene todos los salmos. Es precioso e inflama el alma en
el divino amor […] “Me
habló de la humildad. Me dijo que cuando me humillaran, fuera la primera en
humillarme más, diciéndome: todo es poco en comparación de lo que merezco.
Mucho más debía ser, pues soy tan miserable. Que reconociera mi nada ante Dios-
que considerara su grandeza y en seguida mi impotencia. żQué puedo yo sin
Dios? El, a cada instante me sostiene para que viva. Si hago una cosa buena
es porque Dios me da su fuerza para hacerla. Si correspondo a su gracia, es
porque El me hace la gracia mayor para que le corresponda. Todos estos
argumentos son muy útiles para ver nuestra nada. “Me
habló del amor de Dios, pero de una manera sublime cuánto nos ama Dios y
nosotras le pagamos tan mal. Ofensas e ingratitudes es nuestra moneda
corriente, y sin embargo, Dios nos da la vida, comodidades, educación
cristiana en fin, nos da todo hasta darse El mismo en la Eucaristía Y allí
vive solo sin que nadie piense en el gran amor que nos demuestra a cada hora
ese Dios Todopoderoso que es adorado y admirado en éxtasis por los ángeles.
[…] Ahora
te seguiré contando lo que pasó. […]Entonces llegó la Teresita Montes y le
dijo si no sería la hora para la visita de vistas. La Madre contestó que
bueno, y la Teresita se lanzó por el convento para llamar a todas, y cuando
estuvieron todas, corrieron el velo de la reja y pude verlas cara a cara. żPara
qué expresarte mi emoción? Me hinqué, pues me consideraba indigna de estar de
pie delante de tantas santitas. Ellas se echaron el velo para atrás y me
fueron a saludar a la orilla de la reja. Cada una me decía su palabra de
carińo. Eran
16 -18 con dos hermanas conversas- y embromamos como si siempre nos
hubiéramos conocido. Es una sencillez, una confianza e intimidad... Entre
ellas se embromaban, se reían. Y esto desde la postulante hasta la M.
Angélica. Me cantó una bien desentonada por reírse y todas las embromaban.
Después me hicieron pararme. Me encontraron muy alta. Sólo dos había de mi
porte. Estuvimos media hora conversando, y después cada una se retiró y se
fueron a despedir. Son encantadoras: tan alegres, tan sin etiqueta. Yo al
principio estaba con una emoción intensa y un poco avergonzada, pero después
nada; era una cotorra, Fíjate
que me dijeron las novicias que todos los días rezaban una Salve a la Virgen
para que fuera. Y Dios las oyó. Nada de etiquetas con M. Angélica. La
abrazaban y le hacían carińos lo mismo que nińos. żNo es ideal esto?” 29.2 CARTAS A LA REVERENDA MADRE ANGÉLICA TERESA
Veintiún cartas escribió Juanita a la
Rvda. Madre Angélica Teresa. La diez primera son antes que la conociera, las
siguientes después que ella la conoció en su primera visita al Monasterio en
enero de 1919. A continuación una síntesis de las
cartas. El N° de la carta, es según la edición Diario y Cartas
Ediciones Carmelo Teresiano, ańo 1995. CARTA 1, Santiago, 5 de
septiembre de 1917. [778] Esta
es la primera carta y lo hace para agradecer el carińoso recuerdo que la
madre le envió con una amiga y, para que sepa además el carińo y estimación
que tiene por las carmelitas, junto con y el deseo que tiene de contarse
algún día entre ellas, aunque hasta esa fecha nunca ha conocido personalmente
a ninguna carmelita. Solamente ha leído la vida de Sor Teresa (de Lisieux) y
de Isabel de la Trinidad. También le dice que si va al Carmen, será para
sufrir; más el sufrimiento no le es desconocido. En él encuentro su alegría,
pues en la cruz se encuentra a Jesús y Él es amor. CARTA 2, Santiago, 8 de
noviembre de 1917.[779] Esta
es la segunda carta, y le escribe para comentar que por estar en el colegio,
no alcanza a responder con prontitud, no obstante lee sus cartas muy a
menudo, dice que le hace mucho bien, y en ella puede apreciar una vez más,
todo el encanto de la vida carmelitana. Escribe
desde Juanita desde el Colegio: “Créame que en todas mis acciones tengo
presente el fin de la carmelita: los pecadores, los sacerdotes. Cada día que
pasa siento la nostalgia de ese querido Carmen, y ardo en deseos de verme
encerrada por Jesús en ese palomarcito, para ser enteramente de Jesús, pues
mientras se vive en el mundo es imposible ser enteramente de Él[…]Ayúdeme con
sus oraciones […]pídale a la Virgen me dé ante todo sus virtudes y después,
si es voluntad de Jesusito me dé salud para poder realizar el bello ideal de
ser carmelita, pero según el espíritu de mi seráfica Madre Santa Teresa”. CARTA 3,
Algarrobo, 1° de febrero de 1918.[780] Juanita está de vacaciones cerca del mar en Algarrobo. Le escribe Juanita: “Madre, pienso más en el Carmen y deseo más
ardientemente irme a encerrar en ese cielito". “Todo lo que veo, Rda. Madre, me lleva a Dios. El mar
en su inmensidad me hace pensar en Dios, en su infinita grandeza. Siento
entonces sed de lo infinito. Cuando pienso que cuando sea carmelita, si Dios
lo quiere, tengo que abandonar todo esto, le dijo a N. Seńor que toda la
belleza, lo grande lo encuentro en El. En cambio en el mundo todo es chico,
pasajero, y que nada quiero si no a Jesús”. “Estoy leyendo la Vida de Santa Teresa. ˇCuánto me
enseńa! […]Rece para que Jesús prepare mi alma para serle una esposa menos
indigna, sobre todo humilde y obediente; para que encienda en mi corazón, pobre
y miserable, la llama del Divino Amor. […]Le ruego, Rda. Madre, que en su
próxima carta, si tiene la bondad de contestarme, me hable de la humildad, de
la vocación de carmelita pues sus cartas me hacen mucho bien”. CARTA 4.
Algarrobo, 22 de febrero de 1918.[781] Le agradece la carta anterior. Luego le habla de su
vocación: “Madre, la vocación que se ha dignado Dios darme, me
pregunto: żqué he hecho yo para que Jesús me quiera tanto? ˇOh, qué bueno es
Jesús que se rebaja a elegirme, a pesar de ser tan miserable! No se imagina
los deseos que tengo de ser carmelita, de irme a vivir esa vida de unión
divina, vida de cielo en la tierra, pues la carmelita, como Ud., Rda. Madre
me dice, vive para Dios, por Dios y en Dios. […] Estoy leyendo el Camino de
Perfección que me encanta, porque tiene tanta doctrina; lo mismo la
"Práctica de Amor a Jesucristo" […] Mucho gocé con lo que me dice
-que no hay necesidad de esperar dos ańos-, pues pienso [que], aunque tenga
que atravesar el fuego, con Jesús lo pasaré, si tengo salud, para irme este
ańo”. CARTA 5.
Santiago, 25 de junio 1918.[782] Le comenta que le falta un mes para salirse del colegio
y así, entonces, se podrá ir pronto a ese conventito para ser toda de Él.
También le dice que, a pesar de estar ansiosa por dejar el colegio, le da
pena, pues quiere a las Madres y le encanta el estudio. Con todo va a hacer
cuanto sea de su parte por ser carmelita, sin importar haber dejado las cosas
mundanas. Es así, como trata, desde el principio, de adquirir ese espíritu de
recogimiento por vivir con Jesús abstraída de cuanto pasa a su alrededor. Escribe además: “Mi alma ha de ser una fortaleza. En ella he de
encontrar a mi Divino Huésped, y allí estaré con El sola... porque allí nadie
podrá habitar”. Pienso hacer un reglamento mientras viva en el mundo:
me levantaré temprano para tener una hora de oración. Madre, esa hora para mí
es a veces un cielo; pero otras veces hay tantas tinieblas en mi alma que no
descubro en ella a mi Jesús. Todo este ańo, con excepción de algunos días, mi
oración y comunión han sido así; tanto que, a veces, no quería ir a comulgar,
porque me decía: żqué le va a gustar a Jesús estar en un corazón tan
insensible como una piedra? Sin embargo, el amor no sensible —aquel que
reside en lo más íntimo del alma— me hacía levantarme para recibir a mi
Jesús. Sí, Rda. Madre, este ańo ha sido un ańo de prueba; pero yo quiero
sufrir esas sequedades para que otras almas sientan el atractivo por la
comunión y la oración. En esos momentos de dudas y de tinieblas me
preguntaba: żqué harás cuando seas carmelita, la cual no tiene otra ocupación
que la oración? Pero entonces Dios será mi fortaleza y lo mismo que me ayuda
a sufrir ahora, me ayudará después”. Mas adelante Juanita le cuenta su secreto: “Le aseguro, Rda. Madre, que siento una confianza tan
grande para con Ud. y es porque encuentro en su corazón de madre esa ternura
de N. Seńor para con mi pobre alma […] El secreto es que hace ya tres ańos
hice voto de virginidad, pero es por varios meses; pues no me dejan hacerlo
por toda mi vida; pero lo renuevo todas las veces que concluye el plazo. żQué
le parece? ˇQué bueno es N. Seńor de amar así a una pobre pecadora! Rda.
Madre, soy muy mala. No sé cómo ese Jesús se fijó en mí y yo, a pesar de eso,
no le amo como le debía amar […]me preguntaba por qué no nos volvemos locas
de amor por Él. ˇAy, Madre, deseo tanto ser toda de Él, entregarme
enteramente! żCuándo seré carmelita para [no] vivir sino en El, y por Él y
para Él? ”. “Yo me acuerdo siempre de Ud., Rda. Madre, y de todas
mis Hermanitas. Las quiero tanto... Y aunque poco valen mis oraciones, pido a
N. Seńor las haga unas santas”. “No se puede quejar [de] que su hijita no le habla de
corazón a corazón; y aunque no le escribo seguido, siempre vivo muy unida a
ese Carmen querido”. CARTA 6.
Santiago, 7 de septiembre de 1918.[783] En esta carta, con más de dos meses de diferencia de la
anterior, se reitera en comentar que hace tres semanas se retiró del colegio
con una gran pena, pues estaba feliz en él. También le comunica el deseo de
ser lo más pronto posible carmelita. Otra información de esta carta es que pronto le
solicitará a su papá el permiso para ser carmelita y que su mamá ya se lo ha
dado en las vacaciones, para irse al principio del otro ańo. Por tanto ahora
le suplica le admita en ese palomarcito y que, sabiendo que es indigna, trabajará
toda su vida por ser una gran santa y espera con el auxilio de N. Seńor y de
la Sma. Virgen llevar con honor el hábito de
carmelita. También le comenta que pronto, al mes siguiente, quiere ir para
conocerla, que no conoce ningún Carmelo, ni ha visto nunca ninguna carmelita.
Sin embargo, en una carta797 al Padre José Blanch, le comenta que
fue al Monasterio del Carmelo, en Santiago en la Alameda en estos términos:
“a pesar de ser la primera vez que entraba al Carmen, no me produjo ninguna
impresión' antes al contrario, me produjo un efecto desfavorable que no puedo
explicar”. Otro dato que le comunica es que está leyendo de la
santa madre Teres de Jesús Camino de
Perfección y que tiene para leer el "Padre Nuestro" explicado
por Santa Teresa. Y sigue más adelante: “Nada le he hablado del retiro […], En esos días pude
apreciar mejor la excelencia de mi vocación de carmelita […]le rogaba a N.
Seńor me iluminara, y desde el fondo del tabernáculo me decía: "Quiero
que seas carmelita". Y volvía de nuevo la paz a mi alma. Luego no puedo
dudar sea ésa la voluntad de Dios. […] Entré en una asociación que se llama
"La Reparación Sacerdotal", en la que se reza por los sacerdotes
que tanto necesitan. Esta es una devoción carmelitana, pues la carmelita se
sacrifica por los sacerdotes; y esto fue lo que me movió a ingresar a ella”. CARTA 7. Santiago, 18 de septiembre de 1918.[784] Comienza esta séptima carta: “Grandes han sido mis deseos de escribirle, apenas
recibí su carińosa carta, que agradecí tanto, lo mismo que las oraciones y el
retrato de Sor Isabel de la Trinidad” […]”. Y sigue luego: “No se figura cuánto bien me proporciona con sus cartas
y la alegría con que las recibo, sobre todo esta última en la que me dice hay
"hueco" en ese palomarcito tan querido para una pobre y miserable.
ˇCuántas gracias le di a mi Seńor desde el fondo de mi alma cuando leía esas
líneas que me traían la más feliz noticia! Créame que me siento desterrada
aquí en el mundo, en medio de tantos peligros, y tengo ansias de verme ya en
ese conventito, prisionera para siempre de N. Seńor, [y de] no tener otro
pensamiento, otro deseo ni ocupación que no se dirija a Él. Sin embargo, soy
tan indigna de esta gracia que me confundo. Mas aunque sea el último lugar,
Rda. Madre, y aunque tenga que servir a todas mis Hermanas, lo prefiero a
vivir con las comodidades del mundo, pues creo que allí he de encontrar la
felicidad más cumplida de esta vida. No sé cómo agradecerle a N. Seńor todas las gracias que
cada día me concede. Me libra de los paseos y de las fiestas milagrosamente.
[…]Y me pregunto, żpor qué el Seńor me protege y me guarda para Sí cuando soy
tan miserable? Y en El mismo encuentro la respuesta: tiene un Corazón de
Dios, lleno, por lo tanto, de amor infinito y este fuego de amor abrasa
cuanto encuentra a su paso con tal que nos dejemos consumir. Rda. Madre, pida
a ese Corazón Divino de Jesús que me abrase en las llamas de su amor, y que
allí consuma todas mis miserias e imperfecciones para serle cada día más fiel
y para llegar a la total unión”. CARTA 8. Santiago, 14 de
octubre de 1918. [785] Comienza comentado las muchas actividades que tiene
luego de haber salido del colegio ya sea una cosa, ya otra, la ocupan
incesantemente. A veces se siente desalentada, pero reflexiona: “Es preciso el sacrificio, la renuncia de nuestra
propia voluntad para llegar a la unión completa con N. Seńor […] Mi
resolución de retiro fue sacrificarme por todos. ˇCuánto cuesta a veces ese
sacrificio continuado! ”. Después le comenta que ya es casi seguro que se irá con
Elisita al campo, para dar las Misiones en su fundo. A Juanita le encanta
pasar con ella un tiempo y, tratar entre las dos, de seguir la regla de una
carmelita que lo tiene desde las vacaciones anotado. Se lo había regalado una
joven que fue carmelita. También le pide que rece, para que pronto sea una santa
carmelita y además que pida para ella estas tres virtudes: pureza, humildad y
caridad. Con ellas se considerará rica. También le dice que cree que en la familia comienzan a
querer ver si tiene vocación, pues quieren que salga más. Así es que cada día
tiene que disimular, pues si se enteraran le harían una gran campańa en su
contra. CARTA 9. Santiago, 22 de
noviembre de 1918. [786] En esta novena carta le escribe: “Créame que cada vez que recibo carta de ese
palomarcito me siento feliz, y la leo y la vuelvo a leer, pues en cada
palabra Ud., Rda. Madre mía, me da una lección, un consejo. No sé cómo
agradecerle que se acuerde de esta su pobre hijita en sus oraciones. Las
necesito mucho, pues soy muy pobre de virtudes”. Luego sigue relatando como fueron las misiones y las
tareas que hizo con su amiga Eli, en las que hubo muchas comuniones, primeras
comuniones, bautizos, confirmaciones y matrimonios. Verdaderamente fue una
misión con mucho provecho, gracias a Dios, que movió los corazones. También le comenta que fue bueno haber pasado unos días
con su familia, puesto que antes no habría podido separarse de los suyos ni
por un día, y, sobre ello, escribe: “En cambio hoy, aunque los quiero mil veces más,
estando con Él, me encuentro satisfecha y en El encuentro a los que quiero.
Yo antes me preguntaba cómo las monjas podían querer tanto a N. Seńor y ser
tan felices, cuando no recibían ninguna muestra de carińo exteriormente; más
hoy lo comprendo admirablemente y quisiera dárselo a entender a mi hermana la
Rebeca, que siempre me dice lo mismo, aunque mil veces le repito que Dios
demuestra su amor mucho más que todas las criaturas, y cada instante se
reciben muestras de su amor infinito. Es verdad que no le vemos con los
sentidos, más lo palpamos a cada instante en sus obras. Lo sentimos
incesantemente dentro de nuestro corazón, de modo que no hay separación, sino
fusión de nuestras almas pequeńísimas con un Dios infinito”. Sí. Rece, Madre querida, para que me confunda en el
Corazón de mi adorado Jesús, para que no tenga otra vida que Él y para esto,
sufrir. Mi Rda. Madre, pídale que me dé su cruz, aunque soy indigna de vivir
en la cruz donde mi Jesús ha vivido por amarme. Créame que mi único ideal aquí
en la tierra es ser carmelita para sufrir y amar. Esa fue la vida de Cristo
en la tierra, y continúa siéndolo en el Smo. Sacramento”. CARTA 10. Santiago, 1ş de
enero de 1919. [787] Ha pasado más de un mes que no le escribía una nueva
carta. Le comenta que el Nińito Jesús le trajo su cruz y le pide consejo ante
una duda muy importante: “No se imagina, mi queridísima Madre, cuánto he
sufrido. Lo que antes jamás habría experimentado -dudar que Dios me quería
para carmelita- es lo que constituye mi sufrimiento. Toda mi vida lo he
deseado, pero ahora dudo entre el Carmen y el Sgdo.
Corazón. Vengo, pues, a Ud., mi querida y respetada Madre, para pedirle me
aconseje. Usted me conoce bien, pues le he dejado leer mi alma. Por favor,
pues, le suplico me dé a conocer la vida de la carmelita por entero,
hablándome sobre todo del sacrificio y de la inmolación que encierra, pues
creo que es el punto que aún no he profundizado bien. El Sdo. Corazón me atrae
porque en él se lleva una vida constante de sacrificio. A todas horas del día
y aún de la noche han de inmolarse por las almas. Es cierto que es una vida
mixta, pero tienen que tener mucha vida interior
para que, de este modo, produzca fruto su obra; pues tienen que dar Dios a
las almas y que- darse ellas con Dios; si no, no tienen nada que dar. Todo esto me atrae. Sin embargo, el palomarcito
silencioso retirado del bullicio del mundo, sin tener puertas sino para el
cielo, esa vida de oración y de unión con Dios, me liga fuertemente a irme
para allá. Mas, de repente, creo que debo sacrificar esos atractivos para
ganar las almas. Me parece que todas estas dudas me las envía N. Seńor para
probarme, pues cuando estoy en oración, me da a entender que sea carmelita;
más, saliendo de ella, me principian las dudas más terribles; y mi alma, que
creía haber obtenido la luz del cielo, vuelve a caer en espesas tinieblas. Mucho le he rezado para conocer la voluntad de Dios y
también he pensado mucho dónde me haré santa más luego, pues es eso lo que
deseo ante todo. Ayúdeme, pues, mi buena Madre, con sus oraciones” […]En fin,
que Dios cumpla en mí su adorable voluntad. Me someto gustosa a estas dudas
por su amor. Quizá quiere me someta con tranquilidad, pues le confieso
sinceramente que me he inquietado demasiado, tal vez por conocer pronto su
divina voluntad; pero ayer le prometí abandonarme enteramente sin desear
nada, ni pedirle nada. Dios lo sabe todo y El me ama, repito con mi Madre
Santa Teresa. żQué le parece mi resolución? żLo debo hacer así? ”. CARTA 11. Santiago, 12 de
enero de 1919. [788] Le escribe a la Madre Angélica Teresa para comentar
como sigue disfrutando con el recuerdo del paso por su querido “palomarcito”.
El recuerdo le trae felicidad, pero al mismo tiempo mucha pena, mucha
nostalgia. Con todo, sabiendo que Mi Madre tan querida: żcómo le podré expresar el
agradecimiento que siento hacia Ud., Rda. Madre, y mis queridas Hermanitas?
Desde el fondo de mi corazón les digo: "Dios se lo pague". […]La
sola vista de mi conventito inundó de gozo mi alma. Su pobreza me atrajo. […]
cesaron mis dudas, terminó mi lucha y mi alma quedó sumergida en gran paz,
pues era donde Dios me llamaba […] ˇQué bueno es N. Seńor que me llama a una
vida tan perfecta! Hoy más que nunca me lo ha dado a comprender mi Jesusito.
Me quedo abismada al ver cuán indigna soy de vivir en medio de esos ángeles”. CARTA 12. Santiago, 13 de
enero de 1919.[789] Al día siguiente le escribe una nueva carta a la Rda.
Madre Sor Teresa del Smo. Sacramento, para agradecerle, tanto a ella como a
todas sus Hermanitas, todo el carińo que le prodigaron, a pesar de no
merecerlo, y para decirle que el recuerdo de ese viaje al
"palomarcito" le hace feliz. CARTA 13. San Pablo, 22 de enero de 1919.
Carta N°52 Juanita le advierte que le pueden escribir de todo,
porque no le ven las cartas (no las leen), y ojalá le fueran dando la lista
de las cosas que necesitará, cómo es la hechura del vestido, el género, etc. También le sigue comentando que sigue gozando con la
visita que hizo al convento y pasa unida constantemente a él, ansiando cada
vez más llegar a encerrarse en él, aunque sea para ocupar el último lugar y
servir a todas sus hermanitas; pues que es eso lo único que le corresponde.
(Aunque es la menos indigna). Su mayor pena es no hacer oración, pues pasa todo el
tiempo con todos, ya que no le dejan ni un momento y escribe: “Ayer estaba desalentada, pero N. Seńor me consoló
diciéndome que me debía esforzar en dominar esa tristeza y desaliento, porque
muchas veces me dominaría después ante las dificultades para ser una santa
carmelita. Esto sólo bastó para alentarme y ponerme muy feliz con la voluntad
de Dios. Gracias a Él”. “Es cierto que a veces no tengo mi oración. Pero mi
vida -puedo decir- es una oración continuada; pues todo, lo que hago, lo hago
por amor a mi Jesús, y noto que desde que estuve allá estoy mucho más
recogida. Dígales esto a mis queridas Hermanitas, pues a Ud., Madre mía
querida, y a ellas se lo debo”. Luego pasa a comentarle que leyó la Constituciones y
Reglas y confía en Dios podrá observarlas perfectamente, pues ellas encierran
un plan cumplido de santidad. Lee el libro del Padre Blot
que da también a conocer lo que es la carmelita. También lee “Suma
Espiritual” de San Juan de la Cruz. Le encanta y saca provecho de él. Los
salmos los está rezando. Le sirven de gran consuelo y les he tomado mucha
afición. CARTA 14. carta, San Pablo,
28 de enero de 1919.[790] Esta es una breve carta, para pedir oración y enviar saludos
carińosos para sus hermanitas. CARTA 15. carta, febrero 9
de 1919.Carta N° 59 Esta es otra breve carta, con algunas líneas pidiendo
dar gracias a Dios porque que ya pudo comulgar y que hace todos los días hora
y media de oración. Además ańade que ya comienzan las Misiones, por cuanto
pide oración por esto y ańade: “Yo pasaré a los pies del Seńor. Van a ser para mí días
de cielo. Cuando esté con Él le pediré mucho por Ud. y mis Hermanitas, y como
estaré sola con Él, me tendrá que oír”. CARTA 16. San Pablo, 20 de
febrero de 1919.[791] En la primera parte de esta carta, Juanita le relata
una divertida anécdota por la encomienda con la ropa que recibió de la madre
Angélica Teresa, y todo lo que tuvo que hacer para no ser descubierta. Pero
además, le comenta que ella quiere vestirse con ropas de telas simples y, si
no hay en esto inconveniente, convencerá a su madre para que no se las
confeccione con telas finas. En la segunda parte de la carta le aporta un dato que
pasa a ser muy importante respecto a su salud y que hay que tener en cuenta,
porque era débil en este aspecto y se puede deducir que “Estoy feliz, pues recibí contestación de mis antiguos
confesores, a quienes escribí exponiéndoles las razones que tenía para ser
carmelita y de allá, de Los Andes. Y los dos me contestaron diciéndome que
veían claro ésa era mi vocación, y son de parecer la realice lo antes
posible. Pero me dicen ambos que el único punto oscuro que ven en mi proyecto
es mi falta de salud; y me dicen le dé una cuenta detallada para que juzgue
Ud., Rda. Madre mía, si podré o no resistir. Enfermedad orgánica no tengo
ninguna, pero soy muy débil. Me dan muy a menudo fatigas, las que provienen del
estómago; no propiamente de éste, sino del hígado, y el ańo antepasado pasé
todo el ańo con un fuerte dolor en el pecho y en las espaldas. Me examinaron
muchos doctores y ninguno sabía lo que tenía. Por fin García Guerrero me dijo
era del hígado, del cual salía un nervio que pasaba por el pecho y espalda, y
ese nervio era el que me dolía. Me dio remedios para el hígado y sané.
Gracias a Dios no me ha vuelto. Me dijo que debía llevar siempre una faja de
lana o de cualquiera clase para que me calentara el estómago y el hígado.
Ahora, Rda. Madre dirá Ud. si lo podré llevar si soy carmelita. Yo le dije a
N. Seńor que si Él quería que lo fuera, me diera salud; y este ańo he pasado
muy bien, gracias a Dios. Sólo estuve con gripe, pero eso fue general. No
tengo más que decirle respecto a mi salud. Pero mi mamá me encarga le diga
que si no será bueno que me fuera probando un poco en no comer carne, en no
tomar desayuno ni onces, como también en dormir las 6 horas que se duermen en
el Carmen, y en otras cosas que Ud. crea conveniente. Mi Rda. Madre, le
aseguro, me cuesta mucho decirle todas estas cosas, pero lo hago por
obedecer. Cuánto cuesta tener que tomar en cuenta 3 la parte inferior para
elegir un bien tan superior para el alma. Pero en fin, Dios nos ha hecho de
cuerpo y alma, y al ponerme bajo su cuidado, le he de exponer las necesidades
de ambos, ya que dentro de poco será Ud. mi Madre querida, aunque ya siento
por Ud., mi Rda. Madre, el carińo de hija, aunque indigna”. Luego en la misa carta cambia de tema y sigue: “También me dice el Padre le pregunte todas las
penitencias que tienen para que después no me sorprendan y mire mis fuerzas. Ya terminaré todo este cuestionario, para contarle los
felices días que he pasado cerca de mi buen Jesús. Nunca lo había aprovechado
tanto. Apenas tenía un rato desocupado, me iba a postrar junto a Él. Pasaba 3
veces una hora seguida con Él, y a cada ratito me arrancaba para verle, pues
parece que mi corazón era sin cesar llamado, y no podía descansar hasta que
iba. Lo más divertido fue que uno de los Padres Misioneros del Corazón de
María -el Padre Julián Cea- era muy amigo de las carmelitas. Así es que
hablaba continuamente de ellas, y después me embromaban diciéndome que tenía que tener vocación para carmelita. Yo me reía
exteriormente, pero después se lo dije al Padre y me encontró vocación para
el Carmen, y me habló, pero mucho, de la perfección que encierra esta
vocación. Me dio un cuaderno que no sé si conoce: "Tratado de perfección
de la vida religiosa" del P. Nieremberg. Estoy
encantada con él, pues contiene mucha doctrina. żCómo no agradecer al Seńor todos los favores que me
concede? Ay, Rda. Madre querida, sólo creo que en el cielo se podrá saber los
innumerables beneficios qué a cada instante concede N. Seńor a esta nada miserable.
Si pudiera dar mi sangre gota a gota, no sería bastante para agradecer a mi
Divino Redentor. Me abandono en sus divinos brazos como un nińo en los brazos
de su madre a quien no tiene cómo pagar. Créame que no me preocupo por nada;
que no siento nada, porque lo tengo a Él. Es mi Todo adorado”. CARTA 17. San Pablo, 24 de febrero de 1919. [792] En esta carta Juanita le escribe para que le ayude con
una duda. Llama la atención que dice que no tiene a quien consultarle, cuando
en ese mismo mes ha escrito a sus directores espirituales tales como al Padre
José Blanch y Padre Julián Cea. Una explicación puede ser que es un tema de
mujer a mujer, más que espiritual. Le escribe Juanita: “Le he prometido a la Sma.
Virgen guardar desde esta fecha el lirio de mi pureza y lo más perfectamente
posible, pues reconozco cuánto le agrada a N. Seńor esta virtud y cuán
necesaria es para llegar a la total unión con Dios. Así es que me esmeraré
con todas las fuerzas de mi alma para conservarlo intacto.” Ahora tengo esta duda: debo ser muy modesta en todo, y
yo tengo la costumbre, porque así nos han enseńado, de lavarme en camisa de
dormir, pero me la bajo hasta debajo de los brazos para lavarme mejor; pero
no sé yo si esto no será contra la modestia, que le he prometido a la Virgen;
así pues, recurro a Ud., mi queridísima Madre, con total confianza para que
me diga cuál es su parecer pues mi único deseo es ser cada día más de N.
Seńor. Y aunque sé lo muy indigna que soy, sin embargo, aspiro a ser, como mi
Santa Madre verdadera Teresa de Jesús, para que Él pueda decirme que Él es
Jesús de Teresa. No sé si esto será demasiada pretensión de mi parte; en tal
caso indíquemelo, mi Rda. Madre, y repréndame como [a] hija, a pesar de ser
tan indigna”. CARTA 18. Santiago, 26 de marzo
de 1919.[793] En esta oportunidad le escribe para contestar su última
carta recibida. También para preguntarse: żCuándo tendré la felicidad de
poder llevar ese hábito tan querido? Después comenta que tiene ya tiene preparada la carta
donde solicitará el permiso a su papá, que se la enviará el sábado, día de la
Santísima Virgen, por tanto necesita muchas oraciones para ese día y le
explica: “Ya comprenderá que es una agonía verdadera la que
experimento mientras no reciba la contestación que ha de manifestarme la
voluntad de Dios. Siento la pena más horrible, pues veo que está próxima la
separación. Sin embargo, cada día es más grande el deseo de ser prisionera de
Jesús. He puesto en defensa de mi causa dos grandes abogados
que no pueden ser vencidos: mi Madre Santísima a quien jamás he invocado en
vano y que ha sido mi guía verdadero toda mi vida, desde muy chica, y mi
Padre San José--a quien he cobrado gran devoción--, que lo puede todo cerca
de su Divino Hijo. Todo mi porvenir lo he confiado en sus benditas manos. Yo
me someteré gustosa a la divina voluntad”. CARTA 19. 12 de abril de
1919. [794] En esta carta le comunica una noticia muy importante,
ansiosamente esperada, y que la llena de felicidad: “Alabemos al Seńor y démosle gracias por el gran favor
que ha concedido a su hijita. Tengo el permiso y, Dios mediante, volaré al
palomarcito el 7 de mayo. El domingo que pasó mi papá me dio su
consentimiento. San José ha sido el que ha hecho este milagro”. Juanita hablo personalmente con su papá: “lo llamé a mi pieza y le pedí me diera el permiso, y
entre lágrimas, no sólo me lo dio, sino me dijo que si era esa la voluntad de
Dios sería muy feliz siendo carmelita; y que él sólo deseaba verme feliz
[…]Le aseguro no podía menos de llorar ante tan gran favor del buen Jesús.
Estoy en el colmo de la dicha y del dolor […] Cuando pienso en el favor que
el Seńor me va a dispensar y por otro lado veo mi miseria e indignidad me
confundo. Pero luego me echo en brazos del que es todo misericordia y,
abismada allí, me quedo completamente abandonada a mi celestial Esposo El
todo lo hace en mí. Yo lo único que hago es amarlo, y esto tan
imperfectamente, que sólo su Bondad es capaz de soportarme. Lo amo y por El
todo lo voy a dejar; pero ese todo es tan pequeńa cosa comparado con el todo
de su amor […] ˇQué feliz me siento al contemplar ya muy cerca mi bendita
Montańa del Carmelo! Muy pronto subiré a ella Para vivir crucificada. La
carmelita busca siempre a Dios, y żdónde mejor puede encontrarlo si no es en
la cruz, donde el amor lo enclavó? Voy a principiar a amar a mi Jesús. Hasta
aquí Él me ha amado, puesto que se ha entregado a mí. Ahora
principio a entregarme yo, para poder llamarme con verdad Teresa de
Jesús”. CARTA 20. Santiago, 20 de abril de 1919.[795] Esta es la penúltima carta a la madre Angélica Teresa.
Es tiempo de Pascua, vuelve el ˇAleluya! a los corazones y esa es su primera
expresión en la carta. Más adelante sigue: “ˇCuán feliz se siente el corazón cuando se entona el
"Gloria in excelsis" después de ver a N.
Seńor sufrir tanto por nuestro amor! ˇDespués de presenciar la escena
horrible del Calvario el viernes, con cuántas ansias espera el alma que ama
presenciar el domingo la escena del triunfo más completo de N. Seńor sobre la
muerte y sobre el pecado! El viernes a las 3 P.M. le pedí a la Sma. Virgen me ofreciera junto con la Divina Víctima. Que
primero me purificara con esa sangre divina, y después me diera para siempre
y completamente a Dios, para que no tuviera otro ideal que cumplir la voluntad
de Dios con amor y con el fin de glorificarlo. Sólo me restan 17 días para permanecer en el mundo. Me
parecen ya las cosas tan pequeńas que no tengo cómo agradecerle a N. Seńor su
llamamiento. Pocos días más, y viviré; porque la vida del mundo es muerte.
Viviré "abscondita in Christo".
Qué vida más ideal […]es la que N. Seńor me dará. Ya todo el mundo
desaparecerá para mí, para encontrar tras las rejas de mi Carmelo horizontes
sin límites, horizontes divinos que el mundo no comprende. Pero no crea que voy en busca del Tabor sino del
Calvario. Por la gracia de Dios, he comprendido que la vida de la carmelita
es una abnegación continua, no sólo de la carne, sino de la voluntad y del
juicio. Y aunque a veces esto me hace estremecer, sin embargo no quiero otra
cosa que la cruz. Antes me parecía que Dios daría a las almas que se entregan
a Él los goces y dulzuras de la oración, y que sólo por sentirlas era de
encerrarse en el convento. Pero hoy comprendo que eso no es buscar a Dios,
sino a sí misma; y me preparo, no para regalos, sino para sequedades y
abandonos, en una palabra, para cumplir la voluntad de Dios. Le aseguro que no sé qué daría por predicar al mundo
entero el abandono ciego en manos de Dios. Créame que lo he palpado en mis
asuntos, pues no le he pedido nada sino lo que Él quiera y nada más. Le he
dicho a mi Jesús que Él sea el Capitán. Que ordene. Que su soldado lo seguirá
hasta la muerte, pero siempre que lo ayude con su gracia. Mi Madre tan querida: desde ahora me pongo en sus
manos, para que vaya formando a esta indigna carmelita. Quiero ser una santa
carmelita. Sería una locura que, después de sacrificarlo todo, no fuera una
carmelita según el ideal de mi Madre Santa Teresa; que mi Jesús no pudiera
decirme que era totalmente de Él. ˇQué feliz estoy porque luego ya no tendré
que estar disimulando que soy del buen Jesús! Ahora no tengo un momento para
estar tranquila con N. Seńor y sin preocupaciones. Desde el 7 ya no habrá
nadie entre Dios y su sierva Teresa. ˇQué felicidad!”. CARTA 21. carta Santiago, 4
de mayo de 1919.[796] Esta es la última carta. Tres días más tarde estará ya
en el Monasterio junto a la madre Priora, es esta feliz y así se lo hace
saber: “Soy feliz. Dos días más, y las puertas de mi
conventito se cerrarán para hacerme prisionera de mi Dios […] ˇCuánto lo amo!
[…] Con qué ansias voy a llegar de soledad y oración a ese palomarcito. Todos
estos días son de mucho alboroto. Sin embargo, el alboroto no entra a la
celda de mi alma. Allí sólo está mi Jesús. Estuve en San Bernardo, pero no pude hablar con la Rda.
Madre Margarita, porque estaba enferma y están muy preocupadas todas las
monjas por su salud. Pero, aunque no estuve con ella, me mandó unos recaditos
muy carińosos y como de abuelita […]Me fui a retratar y, al parecer de todos,
el mejor retrato es el de carmelita No tengo cómo agradecerles a mis
hermanitas del Carmen de San José, pues me proporcionaron todo […]Hasta
lueguito. Muy luego va a tener su cachito. Ruegue, mi Madrecita querida, por
los míos, como lo ha hecho hasta aquí. Que Dios le pague todo”. 30 EN EL CARMELO, EL
CIELO EN LA TIERRA DE TERESA DE LOS ANDES
30.1 EL CARMELO ES UN CIELO.
Por fin
ingreso en el Carmelo
Juanita está llena de gozo, por fin ingresó en el
Carmelo y desde allí escribe a su papá y mamá para agradecerles que le hayan
permitido ir a vivir en su cielo en la tierra, que es su vida como carmelita.
Ahora cambia de nombre, ya no firmará ni sus cartas ni sus notas con el
nombre de Juana, sino con el de Teresa de Jesús, carmelita. A su papá le escribe: “Gracias, mil veces gracias por su generoso
consentimiento. No se imagina la felicidad de que disfruto. He encontrado,
por fin, el cielo en la tierra”. “Estoy tan feliz que, a pesar de que no conocía a mis hermanitas, me
parece siempre hubiera vivido en medio de ellas”. “Consuélese de la separación, porque siempre tendrá un ser que
ruegue a Nuestro Seńor por Ud., ya que le ha proporcionado el objeto de su
felicidad. Nunca tendré cómo pagárselo” “A los pies de Nuestro Seńor le queda muy unida su hija carmelita,
que más lo quiere”.[797] A su mama le escribe: “Mi querida mamachita. Bendito sea Dios.
Ya estoy en mi conventito. No se imagina lo feliz que soy. Me parece que
siempre me hubiera encontrado aquí”. “No tengo cómo agradecerle a Ud., mamachita
linda, todo lo que por mí se incomodó. Sólo en el cielo comprenderá lo mucho
que ruego para que Nuestro Seńor le pague tanto carińo, tanta abnegación”. “Estoy en mi celdita, sola con Dios…En fin, soy feliz porque, aunque
nada tengo, todo lo encuentro en Dios. Anoche dormí regiamente en mi cama de
carmelita. Me sentía más dichosa que un rey en su mullido lecho”.[798] A su hermano Luis le escribe el fin primordial de todo hombre, de
todo cristiano; "Conocer, amar y servir a Dios aquí en la tierra para
alcanzar el cielo". Juanita se siente sumida en Dios. Su amor es la vida
de su alma. Y quiere comunicarle un poco del fuego en que Dios la abraso. Y
le pide además. “Déjame, Lucho mío ser tu guía. żQuién puede desearte mejor y
mayor bien que tu carmelita?” Le escribe a su hermano
Lucho: “Ayer
recibí tu carińosa cartita en la que me expresas los sentimientos de tu
alma. Créeme que, después que la leí, me fui al coro para agradecerle a
Nuestro Seńor lo que me expresas haber experimentado. “Déjame, Lucho querido, hablarte de corazón a corazón. Tu hermana
carmelita viene a mostrarte cuál es el móvil de nuestra vida, el fin
primordial de todo hombre, de todo cristiano: "Conocer, amar y servir a
Dios aquí en la tierra para alcanzar el cielo". “Lucho querido, a pesar de que la distancia nos separa, mi alma
siempre está muy unida a la tuya. Ambas no forman sino una sola, żno es
verdad? Pues bien, yo ya estoy sumida en Dios. Su amor es la vida de mi alma.
Quiero elevarte hasta El; quiero comunicarte, hermanito mío, un poco del
fuego en que me abraso; quiero calentarte con ese calor infinito, para que
tengas vida. Sólo quisiera de ti la buena voluntad. Déjame, Lucho mío ser tu
guía. żQuién puede desearte mejor y mayor bien que tu carmelita? ˇOh! Si
pudieras por un instante sentirte lleno de felicidad, como yo me siento”.[799] A su mama le escribe: “cada día que pasa soy más feliz”. “El Carmelo es un cielo” “Mamacita, cada día que pasa soy más feliz. No sé cómo pagarle a
Nuestro Seńor tanto amor, tanta bondad con una criatura que sólo merece ser
anonadada”. “Todavía no me ocupan. Pero nuestra Madre me ha dicho que seré
hortelana. Me encanta, pues podré cultivar flores para mí Todo adorado. Todo
en el Carmen está impregnado de su Divina Presencia. Se le respira, por decirlo
así, en todo. Me olvido qué estoy en la tierra. El Carmelo es un cielo.
Mamacita querida, ruegue por su carmelita que mucho lo necesita”.[800] A su hermana Rebeca le
escribe para contarles sus particularidades de su nueva vida en el convento y
que el tiempo en el Carmen se pasa sin darse cuenta: “Mientras mis hermanitas están en el comedor, yo me quedo en el coro
con Nuestro Seńor, tres cuartos de hora. Gozo verdaderamente. Entonces es
cuando te manda mi Jesús muchas gracias y regalitos que le pide tu carmelita
para ti. En el Oficio, me figuro estar en el cielo”.[801] A su buena amiga Elisa
Valdés, a quien llama por Isabel de la Trinidad Isabelita: “Hoy hacen ocho días que morí para el mundo para vivir escondida en
el infinito Corazón de mi Jesús”. “Hermanita, soy feliz; pero la criatura más
feliz del mundo. Estoy comenzando mi vida de cielo, de adoración, de alabanza
y amor continuo. Me parece que estoy ya en la eternidad, porque el tiempo no
se siente aquí en el Carmen. Estamos sumergidas en el seno del Dios
Inmutable. Mi Isabelita querida, quiera Dios concederte algún día el ser
carmelita”. “Me dices te diga mi opinión acerca de tu vocación. Me río al ver a
quién se lo preguntas. żQué confianza, hermanita mía, puedes tener en mí?
Pero en fin, ya que me lo preguntas, te diré que yo creo que, por ahora, tu
misión está en el seno de los tuyos, cerca de tu papá. Puedes ser,
entretanto, carmelita en el mundo. Dios quiere lo seas”. “Mi hermanita Isabel, seamos pues carmelitas; pero en toda la
extensión de la palabra. Es la vocación más grande, ya que nuestro divino
Maestro se lo dijo a Magdalena: "Has escogido la mejor parte". La Sma. Virgen fue una perfecta carmelita”. “La carmelita, tal como yo la concibo, no es sino una víctima
adorante. Seamos víctimas, Isabelita querida, hostias, pero muy puras.
Vivamos completamente sumidas en Dios”.[802] También es tiempo de
dejar constancia de su alegría en su Diario
donde escribe: “14 de mayo de
1919. Hace ocho días que estoy en el Carmelo. Ocho días de cielo. Siento de
tal manera el amor divino, que hay momentos creo no voy a resistir. Quiero
ser hostia pura, sacrificarme en todo continuamente por los sacerdotes y pecadores. Hice mi sacrificio sin
lágrimas. Qué fortaleza me dio Dios en esos momentos. Cómo sentía despedazarse
mi corazón al sentir los sollozos de mi madre y hermanos. Pero tenía a Dios
y El sólo me bastaba”. [803] “22 de mayo 1919. Nuestro Seńor en la
oración me manifestó cómo Él había sido triturado por nosotros y convertido
en hostia. Me dijo que para ser hostia era necesario morir a sí misma. Una
hostia -una carmelita- debe crucificar su pensamiento, rechazando todo
aquello que no sea de Dios. Siempre tener el pensamiento enclavado en El. Los
deseos, dirigidos a la gloria de Dios, a la santificación del alma. Una
hostia no tiene voluntad propia, donde quiera la transportan. Una hostia no
ve, no oye, no se comunica exteriormente sino en el interior”.[804] Entré ayer a
retiro.[805]
Teresa de Jesús lleva 22 días en el Carmelo, es tiempo de Retiro del
Espíritu Santo, y escribe sobre su ideal en su Diario: “Hoy, víspera de Pentecostés, he
sentido ese arrebato de todo mi ser en Dios, con mucha violencia, sin poderlo
disimular. Y tres veces he vuelto y después he sido de nuevo transportada.
Sufro mucho, pues no sé si son ilusiones, y no tengo con quien consultarlo.
En fin, me abandono a la voluntad de Dios. Él es mi Padre, mi Esposo, mi
Santificador. El me ama y quiere mi bien”. “Para llegar a vivir en Dios, con Dios
y para Dios que es el ideal de una carmelita y de una Teresa de Jesús y de
una hostia entiendo son necesarias cuatro cosas: 1Ş Silencio, tanto interior; como
exterior. Silencio en todo mi ser. Evitar toda palabra inútil. 2Ş No hablar de mí misma. Y, si es
necesario hacerlo para divertir a las demás, ponerlo en tercera persona.
Jamás hablar de la familia. 3Ş Negación absoluta de la carne. No
buscar para nada el gusto e inclinación, para tener más fácil trato con Dios.
4Ş Ver en todas las criaturas a Dios,
ya que todo se encuentra en su inmensidad. Leeré todos los días y me
examinaré en estos puntos. 30.2 DESEOSA DE TRANSMITIR SU EXPERIENCIA DE DIOS EN EL CARMELO.
En la felicidad de solo vivir para Dios
Le escribe a su amiga Herminia Valdés: “ˇCómo quisiera abrirte los ojos de tu
alma, para que vieras y comprendieras la felicidad de que se disfruta siendo
religiosa. Créeme -sinceramente te lo digo-que no es tierra sino cielo en el
Carmen el que se vive”. “Todo es confianza y sencillez. Qué
feliz soy, hermanita querida, sobre todo [por] vivir sólo para Dios. Cada día
lo amo más. ˇCómo quisiera que tu corazón le perteneciera! Él está sediento
del amor de sus criaturas”.[806] A su hermana Rebeca le escribe para consolarla: “Mi hermanita muy querida en el Corazón
de Jesús: “Te quiero escribir para consolarte. żPor qué te encuentras tan
sola? żNo estamos siempre muy unidas en el Divino Maestro? żAcaso crees que
la carmelita ya no tiene corazón para querer a aquella que forma parte de su
propio ser...? Siempre vas conmigo a todas partes; siempre seguimos obrando
juntas. No temas que te olvide. Te he querido demasiado para olvidarte”. “Que no pertenezcamos nada más que a
nuestro Dueńo soberano. Él es el único capaz de saciarnos. Su amor es
infinito. No tiene límites. “ˇOh, si pudieras por un momento ver cómo me ama
mi Jesús!” “Pidámosle juntas que te dé su divino
amor, y pueda ser que antes que la muerte nos dé la vida verdadera, podamos
abrazarnos y cantar las misericordias divinas, unidas tras estas rejas
queridas de mi Carmelo; y después morir e ir al cielo a entonar el cántico de
las vírgenes, siguiendo al Cordero. ˇQué dicha hermanita”[807] Muy agradecida al Seńor por la mama que le ha
dado, le escribe a su madre: “Amémosle en cada uno de nuestros
actos, haciéndolos con perfección y sólo por agradar a Él. Amemos su adorable
Voluntad en cada una de las circunstancias de nuestra vida. Cuando se ama,
todo es alegría; la Cruz no pesa; el martirio no se siente; se vive más en el
Cielo que en la tierra. La vida del Carmelo es de amar. Esta es nuestra
ocupación”.[808] Ya ha hace más de un mes que Teresa de Los Andes está viviendo su
experiencia en el Monasterio junto a las carmelitas. No se ha quedado sin
comunicarse con su papá, su mama, sus hermanos y sus buenas amigas. Está
deseosa de transmitir su experiencia de Dios en el Carmelo. A su hermana Rebeca le escribe: “Cada día doy más gracias a Dios de
encontrarme en este palomarcito encantador, entre tantas santas. No te
imaginas lo santas que son. Yo las venero, y me apeno al verme tan mala y
miserable. Tienen que rezar mucho por mí, porque sea una santa carmelita, y luego
żno?”[809] A su amiga Elisa Valdés le escribe: “Mi Isabelita querida: La carmelita es
hostia, como te he dicho. Jesús es Hostia en el Altar. Se oculta.
Aparentemente no ve, no oye, no habla, no se queja la hostia. żNo es así? Del
mismo modo, si queremos ser hostias, debemos ocultarnos de las miradas de las
criaturas, ocultarnos en Dios, es decir, obrar siempre no por buscar el
agrado y acarrearnos las simpatías y el carińo de las criaturas; siempre
tener a Dios por testigo y objeto de nuestros actos. La hostia, Eli, no tiene
voluntad. Obedecer sin replicar; obedecer aún en aquello que nos parece
contrario a nuestro juicio, acallándolo por Dios. Obedecer a Él. Obedecer
sin demostrar que nos cuesta, ni que nos desagrada lo que se nos ordena”. “La Santa Hostia está en un estrecho
copón. Nosotros, hostias, debemos buscar la pobreza, eligiendo todo lo peor
para nosotras sin que los otros se den cuenta. Buscar lo que nos incomoda en
todo y por todo”. “La Santa Hostia es pura. Nosotras
debemos huir del afecto de toda criatura. Eli, nuestro corazón sólo para Él.
Huir del apego a las vanidades, ser mortificadas. Cuando el cuerpo busque lo
que le acomode o regale, darle lo contrario”. “La Santa Hostia se da a los
cristianos. Nosotros debemos darnos por entero, o mejor, prestarnos -pues no
conviene darse- a cuantos nos rodean. Esto nos hará ser caritativas, pero
siempre mirar en el prójimo a Jesús. Propongámonos esto, mi Isabel querida,
mi hermana carmelita; hagamos un desafío para ver quién lo consigue primero”. “No creas que, porque estoy en el
Carmen, me he despojado de mis miserias; antes al contrario, cada momento, al
compararme con mis santas hermanitas, me encuentro más imperfecta. Como aquí
todo es pureza, santidad, atmósfera de luz, se ve una bien negrita. Soy una
cholita, un carbón en medio de brillantes”. “Reza y aconséjame; no sabes el bien
que me haces. Y sé sencilla, pues, si tus consejos hacen bien a mi alma, es
N.S. quien te los inspira”. “Creo te convendrá otro modo de
oración. żHas leído tú la Subida al Monte Carmelo de Nuestro Padre S. Juan de
la Cruz? Léelo. Te aprovechará mucho”. “Eli, sé carmelita cuando estés con Jesús. Y si a veces tienes tu corazón
insensible que no sientes amor para Jesús, no dejes la oración, no pierdas
esos momentos de cielo en que está tu alma sola con Él. żQué importa que no
le hables? Estás enferma y Él es tu Esposo, se compadece y te acompańa”.[810] Teresa de Jesús, lo tiene todo en su nueva vida en el Monasterio. Su
vida es un cielo. Solo quiere estar a los pies de Jesús. Ahora le escribe una
carta a su tía Juana Solar de Domínguez. “Que la gracia del Espíritu Santo sea en el alma de mi tan queridísima
mamá‑tía. En el Carmen no hay tiempo, si no es para estar
como Magdalena a los pies de Jesús. Cuando estoy a los pies de mi Divino
Maestro, no la olvido jamás. No se imagina, mi tiíta,
lo mucho que le pido para Ud. y para cada uno de mis primos tan queridos”. “żQué le diré de mi vida de cielo? Cada
día doy más gracias a Dios por mi vocación, que me es más hermosa cuanto más
me penetro de ella”. “Tiíta,
ruegue para que sea una santa carmelita. ˇEs tan grande mi vocación y soy
tan miserable! Pídale a N. Seńor me haga muy fiel a su infinito amor.
Amémosle mucho. Tiene sed de nuestro amor”[811] 30.3 MIS ESFUERZOS TODOS SE DIRIGEN A SER UNA SANTA CARMELITA.
Que nada ni nadie pueda distraerme de Él.
Teresa de Los Andes, siente que va cumpliendo su ideal ser santa,
que consigue vivir enteramente para Dios, se siente en el cielo. Entonces es
cuando comprende que "sólo Dios basta". En ese espíritu le escribe
al Padre Artemio: Reverendo
Padre: “Ya tiene a su hija pecadora en el Carmelo, separada
por completo del mundo, realizando así el ideal de toda su vida; ideal que, a
medida que pasa el tiempo, me parece más hermoso. Me pregunto de continuo
por qué Dios me ha amado tanto, siendo yo tan pecadora, tan ingrata a sus
numerosos beneficios. Y sólo encuentro la razón en su Bondad infinita. Nadie,
si no es El, podrá amar a una criatura tan despreciable como soy”. “Mis esfuerzos todos se dirigen a ser
una santa carmelita, y creo que lo que Dios quiere de mí para alcanzar esta
santidad es un recogimiento continuo:
que nada ni nadie pueda distraerme de Él. No me pide nada más que
esto, porque allí, en esa unión íntima de mi alma con mi Dios, se encuentra
para mí el ejercicio de todas las virtudes. Primero que todo, encuentro la
renuncia completa de todo mi ser, pues cuanto más me aísle de mí misma, más
me internaré en El. Trato, pues, de negarme en todo para llegar a poseer al
Todo, según nos enseńa nuestro Padre San Juan”. “Por fin, el Padre Avertano,
carmelita, que es actualmente mi confesor, me dijo que no debía resistir a
Dios, sino seguir sus inspiraciones. Así lo he hecho. Después de tener esta
oración de quietud, cuando he sido más fuertemente atraída por Dios” “Mi ideal de carmelita es ser hostia,
ser inmolada constantemente por las almas, y mi fin principal es sacrificarme
porque el amor del Corazón de Jesús sea conocido”. “Ruegue por mí, Rdo. Padre, que soy tan
perversa, tan orgullosa, tan poco mortificada. Ofrezca a su carmelita
siquiera una vez en la Santa Misa como hostia. Quiero ser hostia por hostia.
Introdúzcame en el cáliz, para que, bańada en la Sangre de Jesús, sea
aceptada por la Sma. Trinidad. Pídale a N. Seńor me
haga una santa carmelita, verdadera hija de nuestra Sta. Madre. [812] A su padre
quiere seguir reconfortándole.
“Mi papacito querido: Recordando lo
solito que pasa en San Javier, nuestra Madrecita ha tenido la bondad de
dejarme enviarle unas líneas, que han de demostrarle una vez más que su hija
carmelita no lo olvida un solo día, y que siempre lo quiere y está a su lado.
Si supiera, papacito querido, cuántas veces me encuentro a su lado acompańándolo,
cuántas veces en el día alzo suplicante mi oración para pedir a N. Seńor
consuelo para mi papacito, fuerzas para no sucumbir al peso de los trabajos a
que se somete por sus hijos” “Papacito,
cuando sufra, cuando se encuentre solo, piense que su carmelita lo acompańa,
y que ella tiene consigo a Jesús. [813] 30.4
EL
HÁBITO CARMELITA
“Cuánto deseo
ese día en que voy a ser revestida por ese hábito que la Santísima Virgen nos
dio”.
A su mamá le escribe sobre la dicha de ser carmelita. Esta feliz
esta porque pronto recibirá su hábito. Muy similar al que ya se había probado
y fotografiado cuando faltaba poco para entrar al Carmelo. “Mi mamachita
querida: “Cómo se pasan los días, los meses, sin saber, aquí en el Carmen. Ya
estamos en agosto. Sólo dos meses faltan para octubre... Me parece un sueńo
mi vida. Dos meses más y, si Dios quiere, tomaré el hábito. ˇQué feliz me
siento sólo de pensarlo! Sin embargo, también me da temor”. “ˇQué dicha, mamacita es ser carmelita!
No puedo expresarle el himno de acción de gracias que se eleva
incesantemente de mi corazón. Dios ha sido demasiado bueno con su pobre hija,
tan indigna, tan pecadora. Sólo Él ha querido apoderarse de mi ser, a pesar
de que tantas veces lo he olvidado. El cuida de su
Teresa en cada instante, dándose a ella por entero. En este momento estoy
perdida en su Ser Infinito. El me ama infinitamente, mientras yo, su nada
criminal, permanezco amándolo, pues cumplo su divina voluntad. ˇQué dulce
cosa es para el alma vivir así con el Ser Divino, compenetrada, unificada
por el amor con Dios! Así pasa su destierro su carmelita: amando, para que la
muerte la encuentre convertida en El”. “El martes, por ser el día de Santa
Marta, fuimos las novicias a reemplazar a las hermanitas conversas en la
cocina. No se imagina lo que gozamos haciendo de comer. Nos reíamos a gritos
al vernos picando las cebollas y llorando. Todo en el Carmen se hace con
alegría, porque en todas partes tenemos a nuestro Jesús, que es nuestro gozo
infinito”.[814] A sus amigas no las olvida, todo lo contrario, las acompańa desde la
oración en el Carmelo. Le escribe a su amiga Inés Salas: “Mi Inés tan
querida: Por fin, tengo el gusto de conversar con mi
querida hermanita, que quizás ha atribuido mi silencio a falta de carińo. Si
lo has creído, peor para ti; porque, como muchas veces te lo he dicho, cuando
quiero es para siempre. Sobre
todo, una carmelita no olvida jamás. Desde su celdita acompańa a las almas
que en el mundo quiso. Pueden echarla a ella al olvido; pero ella sólo mira
esa alma que vale la sangre de su Esposo Divino”.[815] Teresa de Los Andes, ha encontrado la felicidad
completa. Dios la ha tomado para sí. “Yo
no soy la que vivo, sino Jesús”. Eso quiere comunicarle mientras espera
vestir su hábito de carmelita al Padre Julián Cea. “Ahora que me encuentro sola
con el Dios‑Amor. Me parece nada todo cuanto hice por conquistar esta
soledad tan querida, donde el alma sólo posee a Dios. Mi vocación me es
tanto más querida cuanto más la compenetro. La verdadera carmelita, según
entiendo, no vive. Dios es el que vive en ella”. “Mi vocación me es tanto más querida
cuanto más la compenetro. La verdadera carmelita, según entiendo, no vive.
Dios es el que vive en ella. A pesar de mis miserias, Dios me toma cada vez
más para Sí”. “He
visto que esta oración me hace buscar más soledad. No tengo ningún apego.
Tengo más humildad, amor al sufrimiento, a la mortificación. Sobre todo
siento que yo no soy la que vivo, sino Jesús”.[816] En la carta siguiente, quiere hacer ver toda la gratitud a su padre
por ser carmelita. “Querido
papacito: “No me canso de darle gracias a Dios por haberme
dado un padre tan cristiano como el que tengo. Esos sentimientos de fe, papacito,
que me demuestra en su carta, son el orgullo de su hija carmelita, la que no
cesa de rogar porque cada vez sea más cristiano, más de Dios”.[817] A su amiga, Elisa le escribe para reiterarle su
incomparable felicidad de vivir en el Carmen. “Mi Eli tan querida: “Nos divertimos muchísimo. Todo es
sencillez y alegría en el Carmen, y cada una se esmera en poner de su parte
cuanto pueda para alegrar a sus hermanas. Verdaderamente es un encanto vivir
en medio de santas hermanas, pues todas no forman sino un solo corazón”. “A veces, créeme, [me parece] que estoy
sońando estar en el Carmen. Todavía no puedo convencerme poseer una felicidad
tan incomparable”.[818] A su amiga Graciela Montes Larraín le escribe: “ˇQué hermosa es nuestra vocación,
querida hermanita!” Teresa de Los Andes tiene un gran aprecio a su vocación.
Felicidad completa de ser carmelita. Escribe también: “quiero ser carmelita, quiero ser
sola para Ti, Jesús, cueste lo que costare”. Es así, como
también quiere que su amiga sea testigo de la toma de su hábito.
“Mi hermanita tan querida: “Consigue
que te traigan para mi toma de hábito, pues me encantaría verte. Sobre todo,
para que presenciaras la felicidad de ser carmelita, la cual para mí toma
mayores proporciones. Si antes consideraba mi vocación por encima de todas,
hoy día la aprecio el doble más; pues he visto y me he cerciorado de que el
ideal de santidad de una carmelita es mayor que el de otra cualquiera
religiosa”. “Vivimos sólo para Jesús. Y así como
los ángeles en el cielo cantan incesantemente sus alabanzas, la carmelita los
secunda aquí en la tierra, ya sea cerca del sagrario donde está prisionero
el Dios‑Amor, ya en lo íntimo del cielo de su alma, donde la fe le dice
que Dios mora. La vocación nuestra tiene por objeto él”. “Él no puede pasar, pues encuentra en
ellas un amor verdadero, ya que la carmelita le hace la más completa
donación de todo”. “Además me parece puede mezclarse el
amor propio cuando se palpan los triunfos, peligro que la carmelita no tiene,
ya que ignora el número de almas que salva por la oración y sacrificio. Y
quizás desde su celda conquista, al par que los misioneros, millones de
infieles que se encuentran en los confines del mundo”. “ˇQué hermosa es nuestra vocación,
querida hermanita! ...Ah, hermanita querida, es sin duda que hemos escogido
la mejor parte, ya que la carmelita sólo trata con Dios”. “Por Dios, cuánto me he extendido; pero
perdóname, hermanita. Cuando hablo de mi vocación de carmelita y de Jesús,
no puedo detenerme”. “Ya soy sólo de Jesús y que El sólo me
basta. ˇQué feliz se siente el alma cuando se ve libre de todo lo del mundo y
de las criaturas! Esta felicidad se compra al precio de la sangre del
corazón; pues no te niego que el romper los lazos de la familia cuesta mucho.
Sin embargo, créeme que, si posible fuera volver atrás y tuviera de nuevo que
hacer el sacrificio, creo que, aunque tuviera que pasar por el fuego, lo
haría, pues nada son los sacrificios efectuados con la dicha de ser
carmelita”. “Yo tengo vocación para carmelita; en
serlo está mi felicidad, pues sólo en Dios se encuentra la satisfacción de
mi alma; así pues, quiero ser
carmelita, quiero ser sola para Ti, Jesús, cueste lo que costare”. “Por ahora procura conocer a Jesús.
Anda siempre en su presencia. Míralo
constantemente, pues nuestra Sta. Madre dice que es imposible que, en esa mirada, el alma toda no se
inflame en amor. Es preciso que te enamores bien. Pídele después de
comulgar ese amor. Amándolo, sabrás vencerte y sacrificarte. Amándolo, te conservarás pura. Ten siempre
como modelo a la Sma. Virgen y pídele te asemeje, pues Ella
siempre permaneció en silencio unida a su Dios, y se consumió en el amor y en
el sacrificio por sus hijos pecadores. Su vida se resume en dos palabras,
que son las de una carmelita: sufrió y amó. Pero no te atemorice la cruz con que se debe la carmelita
abrazar. Jesús está en ella. El mide
las fuerzas de sus esposas y, como tanto nos ama, En la aligera de manera que
todo el peso lo carga sobre sus hombros.[819] Teresa de Jesús, es una hija muy tierna con su padre. Y este afecto
cada día crece más, y le escribe a su papa para poder expresárselo
directamente con un abrazo. Mi papacito querido: “Mańana quiero ser
la primera en darle un fuerte abrazo de felicitación que le exprese la
ternura de mi corazón de hija y de carmelita. Sí, esta ternura crece cada, mi
papacito, y no crea que en el Carmen se extingue; antes al contrario, toma mayores proporciones, porque se ama sin interés y en
Dios. Creo que pronto nos veremos, pues el 14 tomaré el hábito. No se imagina
cuánto deseo ese día en que voy a ser revestida por ese hábito que la Sma. Virgen nos dio”. “Ah papá, su carmelita le muestra la
fuente de la paz y de la dicha aquí en la tierra, que sólo se encuentra en
ese Dios crucificado”.[820] Teresa de Jesús, quiere hacer de su toma de hábito una gran fiesta: “Soy tan
feliz como ya es imposible imaginar. Es una paz, una alegría tan íntima la
que experimento, que me digo que si vieran esta felicidad los del mundo,
todos correrían a encerrarse en los conventos”. Le escribe a su querida Carmen. “Mi Carmenchita querida: “Cuántos días se han
pasado sin que pudiera contestar a tu cartita; pero estaba en retiro 10 días. żTe
parece mucho? Y se nos pasaron tan luego, porque fueron preciosos”. “Ahora sí que te aviso con seguridad
que, si es la voluntad de Dios, tomaré el hábito el 14 de octubre. Ese día
tan feliz no dejaré de rogar por ti. Y dile a tu mamacita que lo haré
también por ella y por todos los suyos”. “Parece increíble hayan pasado 5 meses
desde mi llegada a este conventito. Créeme que no nos damos cuenta del
tiempo. Y es porque vivimos sin otra preocupación que Dios. Soy tan feliz
como ya es imposible imaginar. Es una paz, una alegría tan íntima la que
experimento, que me digo que si vieran esta felicidad los del mundo, todos
correrían a encerrarse en los conventos. ˇAh Carmencita! Deseo tanto para ti
esta dicha, pues me parece que encontraría tu alma la plena satisfacción de
sus deseos”. “Si supieras cómo el alma va
encontrando horizontes infinitos desconocidos hasta entonces; si supieras, mi
hermanita, la vida de unión íntima que vive la carmelita con Jesús... Él lo
es todo para ella. Cuántas horas pasa en el coro junto a la reja, mirando esa
Hermosura increada, oyendo lo que la Sabiduría infinita le enseńa y, sobre
todo, sintiendo los latidos del Corazón de su Dios. Nada puede separarla de
Él. Jesús la arrancó del mundo de los suyos, para traerla a la soledad donde
El descansa; para tenerla siempre junto a su sagrario. Quiere que la
carmelita sea su hostia. En ella vive y sobre su Corazón la sacrifica y la
ofrece a su Eterno Padre por el mundo pecador en silencio, como El
-convertido en hostia- se inmola en el altar ocultamente. ˇAh Carmen, que bueno ha sido Nuestro Seńor conmigo al
traerme a esta antesala del cielo, teniéndolo sólo a Él por mí todo!”[821] Retiro antes
de la toma de hábito.
Después de un Retiro, Teresa quiere constancia de que una carmelita debe
vivir siempre en Dios por la fe, esperanza y caridad. Resoluciones: “La
perfección de la vida está en el acercamiento a Dios. El cielo es la posesión
de Dios. En el cielo a Dios se le contempla, se le adora, se le ama. Mas,
para llegar al cielo
es preciso desprenderse de la tierra. Y la vida de la carmelita, żqué es
sino contemplar, adorar y amar a Dios incesantemente? Y ella, ansiosa de ese
cielo, se aleja del mundo y trata de desprenderse, en lo posible, de todo lo
terreno”. “La delicia de Jesús cuando estuvo en
la tierra era la casa de Betania, su morada predilecta. Allí era íntimamente
conocido de Lázaro, servido por Marta y amado locamente por María. La
carmelita reemplaza ahora cerca de Jesús esa vida íntima. Ella la estudia
para amarlo y servirlo según su voluntad. Es su refugio en medio del mundo,
es su morada predilecta con sus escogidas”. “La carmelita sube al Tabor del Carmelo
y se reviste de las vestiduras de la penitencia que la asemejan más a Jesús.
Y, como El, ella quiere transformarse, transfigurarse para ser convertida en
Dios”. “La carmelita sube al Calvario, allí se
inmola por las almas. El amor la crucifica, muere para sí misma y para el
mundo. Se sepulta, y su sepulcro es el Corazón de Jesús; y de allí resucita,
renace a nueva vida y vive espiritualmente unida al mundo entero.[822]
Teresa de
Jesús está contenta y le agradece a su amiga Herminia por venir a su toma de
hábito.
“Para una carmelita la muerte no tiene nada de espantable”. “Mi Gordita tan querida: Por la Rebeca supe que habían pedido el
permiso para venir a la toma de hábito, por lo que estoy contentísima “Estuve en retiro 10 días. żQué te
parece? Se me pasaron volando. Nos lo dio el Padre Avertano,
carmelita. Fueron preciosos. No te imaginas la impresión que me han causado.
Me he propuesto convertirme. ˇQué deseos tengo de encerrarte a ti para que
te conviertas...!” “Para una carmelita la muerte no tiene
nada de espantable. Va a vivir la vida verdadera. Va a caer en brazos del que
amó aquí en la tierra sobre todas las cosas. Se va a sumergir eternamente en
el amor”.[823] Teresa en la
carta siguiente le escribe a Sor María Magdalena de S. Teresa para felicitarle por su toma de hábito.
“Querida Hermanita: “Grande ha sido el
gozo que me ha causado su toma de hábito, tanto más que S. Caridad no ha
pasado ni aun por el postulantado. Lo que me
demuestra que el Rdo. Padre Avertano la ha encontrado
con las virtudes y perfecciones dignas de una carmelita. Mientras Vuestra
Caridad tiene esa dicha, su pobre hermana Teresa se encuentra bien pobre de
virtudes, a pesar de tener cinco meses de postulantado.
ˇQué vergüenza! Sin embargo, confío en sus oraciones que han de ser muy
aceptas a N. Seńor, para que no sea tan indigna de ese hábito tan querido”. “A pesar de sus dolores en el camino
del Calvario, consoló a las santas mujeres; żpor qué no nos ha de confortar?
żAcaso Jesús no está allí, en el tabernáculo, para alentarnos? Así pues,
carmelitas somos y, por lo tanto, corredentoras del mundo. Y la redención de
las almas no se efectúa sin cruz. Animémonos, hermanita, para sufrir todo lo
que Dios quiera”. “Mucho le agradecería que para la toma
de hábito me trajera "Jesús Intimo" por Suave. Creo que comprende
dos o tres tomos. En la Casa de Ejercicios ha de estar”.[824] “Aquí, en el Carmen, sólo existe Dios. “Vivimos anegadas en El, en
su atmósfera divina de paz y amor”. “Una carmelita debe estar tan llena de
Dios que permanezca siempre en El” “Que la gracia del Espíritu Santo sea en el alma de mi querida: żQué te
podré decir de la felicidad que experimento al haberme entregado a Él? No es
ya una dicha cualquiera la que siento. Es un cielo el que poseo. He
principiado esa ocupación de amar y alabar que tendremos en la eternidad.
Aquí, en el Carmen, sólo existe Dios. Vivimos anegadas en El, en su atmósfera
divina de paz y amor. Somos -no dudo en decirlo- los seres privilegiados de
N. Seńor; pues Él quiere oír siempre la voz de alabanza de su carmelita: su
canto no interrumpido de amor. Para esto la separa del mundo completamente,
la trae a la soledad, donde Él se deja ver, tocar, oír, conocer. Por eso
-sola con El solo- la carmelita debe ocuparse únicamente de Jesús. Todo debe
olvidar para pensar en El. Créeme que una carmelita debe estar tan llena de
Dios que permanezca siempre en El. Debe darse y sacrificarle todo su ser. Su
inteligencia debe despreciar las ciencias humanas para conocer la Sabiduría
infinita. Su memoria ha de olvidar lo de la tierra para recordar los
beneficios de su Dios. Su voluntad no debe existir: la ha sacrificado por el
voto de obediencia. Este voto se cumple en el Carmen con toda perfección, lo
mismo que el de pobreza. Para que te des cuenta exacta, te diré que no se
puede recoger una basura del suelo sin licencia, ni tener en la celda ni un
alfiler de más. Los bienes temporales se sacrifican por el voto de pobreza.
La carmelita vive de limosna. Su corazón es todo de Jesús, puesto que sólo
desea estar sola con Él. Su cuerpo lo sacrifica por la penitencia. De paso
te diré que una, afuera, cree que son terribles; pero aquí todo se hace
fácil y N. Seńor ayuda. Además, las que impone la Regla cualquiera las puede
practicar. “Así ves que una carmelita lo sacrifica
todo, aun el gozo puro de estrechar contra su pecho los seres que le son más
queridos sobre la tierra, ya que las rejas no le permiten abrazar a su familia.
Pero żcrees por eso que reina tristeza en nuestro conventito? No te imaginas
mi sorpresa sobre esto; pues creía que eran alegres, pero esto no es nada
para lo que son, pues [en] las recreaciones somos como chiquillas de
colegio”. “Te aseguro que no me canso de agradecerle
a N. Seńor el haberme traído a este cielito”. “Mi.… querida. A medida que se conoce a
este Dios‑Hombre, se le va amando con locura. Yo quisiera que tú lo
conocieras para que te enamoraras verdaderamente. La carmelita vive tan
familiarmente unida a Él, que para ella no hay diferencia alguna entre el
tiempo que vivió en la tierra y la vida del sagrario. Allí lo encuentra y,
como la Magdalena, escucha sus palabras de vida. Y żcuáles son esas palabras?
Las del Evangelio. En silencio saborea la carmelita esa doctrina tan pura y
llena de amor. Allí ve en magníficos cuadros representado al Salvador, el
Verbo Encarnado. Ella ve a su Dios soportando las miserias humanas: sintiendo
el frío allá en la cuna, sufriendo el destierro en Egipto, obedeciendo a
sus criaturas El que es todopoderoso”.[825] A sus amigas Graciela y Clara, le escribe para que tengan confianza
en Dios, infundir en sus almas una confianza ilimitada en el divino Esposo,
de tal modo que le abandonen todas sus preocupaciones y solo preocuparse de
aceptar en cada instante su divina voluntad. “A Dios. En El vivimos. Amémosle, ya que Él nos amó primero” Y
también le escribe en su carta lo siguiente: “Mi
hermanita: “Créeme, Chela, que a mí me lo aconsejaron y vi
patentes verdaderos milagros; pues a Nuestro Seńor le encanta esa confianza hasta en las tonteras más
grandes, y da esto mucha paz al alma. Además le hace ver en todo la divina mano de Dios, con lo que se adquiere
espíritu de fe, virtud tan
necesaria para una carmelita”. “Este es el fin de una carmelita; pues
su única ocupación -la esencia de su vida- es la contemplación, de donde se
desprende el amor y la adoración, la cual, como dice un autor, es el éxtasis
del amor que calla, porque ya no puede hablar”. “Al fin del mes de María van a ver
quién ha ganado el desafío. Yo les prometo todos los días encomendarlas a la Sma. Virgen. Hagan lo mismo V. caridades conmigo, pues
quiero ser novicia carmelita [santa] y no lo soy, desgraciadamente. En la
comunión también rogaré por V. caridades”. “A Dios. En El vivimos. Amémosle, ya
que Él nos amó primero y dio su vida por amarnos. Démosle nosotras la
nuestra, muriendo a nosotras mismas por el renunciamiento de nuestra 30.5
LA
VOCACIÓN DE LA CARMELITA ES TODA FUNDADA EN EL AMOR.
La carmelita
es una crucificada.
Escribe Teresa de Jesús a una amiga que la carmelita es una
crucificada. También lo que le hace amar más aún su vocación que es el ver
que la vida de una carmelita es semejante a la de la Sma.
Virgen. “Ella sólo padeció y amó”. “Los afectos
del corazón son sacrificados por la castidad”. “Una carmelita es un alma de
oración”. “La carmelita es una crucificada. Como
[en] Jesús, en ella no haya que no esté llagado, mortificado. El pensamiento,
que libre del hombre, lo encadena en Dios. Su entendimiento sólo debe
conocer a Jesús. Las ciencias humanas las desprecia. La memoria la ofrece en
holocausto, olvidando todo lo del mundo: las imágenes de los seres
queridos, para sólo recordar a Jesús. La voluntad la sacrifica en aras de la
obediencia a sus superioras. La carmelita tiene que pedir licencia aún para
recoger una pajita. Los bienes temporales son despreciados. La carmelita no
puede tener un alfiler de más en su celda. Ni aun conversando puede decir
"mi celda", sino "nuestra celda", porque todo es común”. “Los afectos del corazón son
sacrificados por la castidad. Una carmelita es un alma de oración. Por lo
tanto, si tiene el más pequeńo apego a una criatura, ya sea racional o
irracional, o ya sea algún objeto preferido, no podrá en la oración levantar
su corazón, porque el pensamiento la llevará al objeto del carińo. Debe,
pues, ser un ángel que siempre permanezca en oración”. “Su cuerpo lo inmola por los ayunos,
los cilicios, las disciplinas. Por todas partes la cruz. Aún en el trato
íntimo con Dios, cuántas veces Jesús la deja sensiblemente abandonada y bajo
el peso de sus propias miserias, combatida por tentaciones. Entonces es
cuando se sufre, pues es Dios mismo quien purifica el alma por medio del
dolor. Dime por dónde puede buscarse a la carmelita que no se le encuentre en
el altar del sacrificio. Es inmolada cual hostia santa: en silencio. Su
acción, su obra redentora, żno es acaso semejante a la de Jesús‑hostia?
Ella salva a las almas por la oración y el sacrificio. Tras las rejas de su
claustro, escondida, olvidada por el mundo, ella detiene la justicia de Dios.
Ella es la savia por donde Dios hace circular su gracia en las almas”. “Lo que me hace amar más aún mi
vocación es el ver que la vida de una carmelita
es semejante a la de la Sma. Virgen. Ella
sólo padeció y amó. Y todo en silencio. Además nuestra Orden es de la Sma. Virgen. Créeme que antes yo no sabía bien esto. Pero
he dado más de una vez gracias a mi Madre Santísima de haberme traído a su
Orden, como en repetidas ocasiones, al aparecer, también lo ha dicho”. “Pero, para ser carmelita, no se
necesita tener contemplación, pues lo esencial en ella es el amor a Jesús;
por lo tanto, en ese amor se encierra el deseo ardiente de conocerlo y asemejarse
a Él, y el único medio es la oración mental”. “Cuando estamos en el coro somos ya
ángeles que alaban a Dios; formamos nosotras parte de ese concierto angélico,
y nuestras antífonas son estrofas de esa pura y divina poesía…Jesús también
canta con sus carmelitas. El eleva, junto con sus esposas, ese clamor puro y
suplicante por el mundo a su Eterno Padre.[826] La carmelita sólo debe
ocuparse de su Dios.
A su querida amiga Amelia
le quiere hacer saber que solo vive para Dios y ella es muy feliz: Querida Amelia: “Soy la persona más feliz con mi
vocación, y no me canso de darle gracias a Dios por haberme traído a este
rinconcito de cielo. Vivo sólo para Dios. Mi única ocupación es conocerlo
para más amarlo. He principiado aquí en la tierra la vida del cielo, vida inventada
e ideada por Dios en su eternidad; vida sólo de amor y de alabanza incesante.
Si por un instante pudieras leer lo que ha pasado por el alma de esta
postulante carmelita, comprenderías la dicha de vivir siempre junto al
tabernáculo. Sola con Él solo, paso en el coro junto a la reja, o ya en mi
pobre celdita. Ya no existe entre Él y su criatura nada. Siempre escucho su
palabra divina. Siempre miro y contemplo su belleza infinita. Siempre siento
los latidos del corazón de mi Dios que me pide amor, porque Él sabe que el
amor encierra todo: sacrificio y almas”. “Hermanita querida, sin duda, como el
mismo Jesús le dijo a la Magdalena, me ha elegido "la mejor parte".
La carmelita sólo debe ocuparse de su Dios”. “Oh, qué bueno es este Jesús con esta
pobre criatura. No quiere separarse de ella un momento. Busca en mi alma
consuelo y reposo. Me ha asemejado a Él, haciéndome hostia. Sí. Una carmelita
es hostia que lleva en sí a Jesús. Ella no obra. Es El. El la sacrifica, la
inmola en silencio, como Él se sacrifica y se inmola en silencio en el altar
por el mundo entero. Ella siempre ora con Jesús en el altar; salva las almas,
pero mirando a Jesús. Ella derrama la sangre de su corazón, negándose en
todo. Todo lo ha sacrificado por Jesús”. “La vocación de la carmelita es toda
fundada en el amor”.[827] A su amiga Clara le escribe sobre la felicidad de ser carmelita: Mi querida hermanita: “Constantemente tengo noticias tuyas y,
aunque nada te he contestado por escrito, mis pobres oraciones son constantes
por Uds.; pues deseo verdaderamente tenerlas aquí para que gocen cuanto antes
de la felicidad de ser carmelitas. Cada vez me parece a mí más hermosa esta
vocación y no me canso de dar gracias a Dios de haberme elegido con tanta
predilección”.[828] A su madre, le escribe lo feliz que esta con su
hábito. “Querida mamacita: “No se imagina lo feliz que me siento
con nuestro santo hábito; y aunque todas extrańan al principio, yo no he
extrańado. Tiene que rezar para que sea muy fervorosa, pues del noviciado
depende toda mi vida religiosa, y a toda costa tengo que ser una santa
carmelita”. “Mamachita
linda. Le doy las gracias de nuevo por su consentimiento y por todo lo que ha
hecho por esta pobre carmelita. Salude a mi papacito y hermanos y a todos los
de casa, y Ud. reciba el inmenso carińo de su carmelita, que vive unida a su
mamacita en el divino Corazón”.[829] A su hermana
Rebeca le hace saber que cada día es más feliz.
Hermanita querida. “Yo, cada día más
feliz. Ayer hizo un mes de mi toma de hábito, tiempo que se me ha transcurrido
volando. Así se pasa la vida en el Carmen, y luego nos encontraremos en la
eternidad, mirando desde ella la vida como un punto que pasó sin darnos
cuenta. żQué sería de nosotros, si no pasara la vida así? Sobre todo sería
horrible para la gente del mundo, para la cual no hay dicha cumplida: ya que
para una carmelita existe el cielo en la tierra. Posee a Dios y con el Todo
le basta. Este es mi ideal; pues así la carmelita recoge la sangre que mana
del sacrificio de Jesús, para derramarla en las almas”.[830] A su querida amiga Elisa, le escribe muy feliz por los seis meses de
cielo que ha vivido en el Carmelo. “Mi Isabelita querida. “Ya más de 6
meses en el Carmen, Isabelita. 6 meses de cielo que no han sido turbados por
nada de lo de la tierra. 6 meses viviendo escondida en mi Verbo adorado,
escuchando su Palabra de vida, contemplando su hermosura infinita. Si pudiera
hacerte comprender el vacío inmenso en que vivo respecto de todo lo del
mundo, me envidiarías. Es Jesús, mi Isabel, el único atractivo de mi vida. Es
El, con sus encantos y suavidad lo que me hace olvidarlo todo. Sin embargo,
hay momentos -créeme- que se sufre. Y no creas que son sufrimientos de
cualquiera especie los de una carmelita. Mas, sufriendo es como se goza, żno
es verdad, mi hermanita? Sobre todo cuando es Jesús el mismo que la
crucifica, que la despedaza, se encuentra una feliz en ser su juguete de
amor”.[831] “Ya hemos comentado de lo mucho que
Teresa ama a su padre, por eso, no pierde la oportunidad de agradecerle: “El
14 me vio realizar mis deseos tomando mi hábito tan querido. Soy cada vez
más feliz con él, y no me canso de darle gracias a Dios de haberme dado el
cielo anticipado; y a Ud. nunca me cansaré de agradecérselo”. “Ese día de mi toma de hábito pude
apreciar más que nunca que mi suerte ha sido la mejor. Al ponerme en íntimo
contacto con las almas, pude notar que en todas hay llagas profundamente
dolorosas; que todas, aunque muchas veces aparentemente son felices,
encierran en su corazón un mundo de desdichas. En cambio, su carmelita ve
deslizar sus días tranquilamente. Nada puede turbar su paz, su dicha, porque
lleva al que es la fuente de la paz. Con Dios, mi papacito, es con quien vivo
en un cielo ya aquí en la tierra. Entre Jesús y su carmelita hay una intimidad
tan grande, que las uniones de la tierra son sólo una sombra; y a medida que
lo conozco, más lo amo, porque voy sondeando en su corazón un abismo de
infinito amor”. “Quisiera seguir, mi papachito lindo, pero el tiempo se concluye; además temo
ya cansarlo. Contésteme desahogando su corazón en el de su carmelita, todo
lleno de ternura para su viejito tan querido”. [832] Pide oración para ser una santa.
A dos hermanas amigas le
escribe sobre la felicidad de vivir en su celdita del Carmelo. “Mis mellicitas tan queridas: “Créanme que me parece que siempre
hubiera sido carmelita, pues casi no me acuerdo del pasado. Mi felicidad
actual me ha hecho olvidarlo todo. Si me vieran ahora en mi pobre celdita
donde paso los días sola con Jesús, me envidiarían; pues El
forma mi dicha más cumplida”. “No se figuran, mis mellicitas, lo muy
presentes que las tengo en mis pobres oraciones”. “ˇCómo quisiera hacerles comprender,
mis mellicitas, lo que es comulgar aquí en el Carmen! Para una carmelita la
comunión es un cielo; y debiera serlo para toda alma creyente”. “A Dios, mellicitas. Recen por mí, para
que sea una santa carmelita”. [833] Al Padre José Blanch: “Ruegue por mi santificación. Soy tan
infiel a N. Seńor, tan tibia en su servicio, que temo me abandone por
completo. Pídale especialmente me dé espíritu de fe, pureza, amor y
recogimiento para ser una santa carmelita”.[834] A su hermana Rebeca: “En cuanto a mí,
soy cada día más feliz. Reza para que sea una santa novicia carmelita”. “Vivir de amor, vivir en el cielo, en
Dios. Esta es la única dicha del alma de tu carmelita”. [835] A su prima Ana Rucker Solar: “Mi siempre y tan querida Anita: “No necesito
decirte que mi felicidad es cada día mayor, pues teniendo las mismas
aspiraciones, conoces que sólo Dios nos basta para ser dichosas. Palpo a cada
instante lo que es ser toda de Dios y me parece que, si ahora me fuera
necesario pasar por el fuego para consagrarme a Él, no titubearía en hacerlo;
pues todos los sacrificios desaparecen ante la dicha de poseer a sólo Dios”. “Nada sé, mi querida Anita, del estado
en que te encuentras respecto a tu entrada al Sdo.
Corazón. Espero ha de estar muy adelante y que pronto realices tus deseos. No
creas que, al preferir mi vocación de carmelita, no aprecie tu vocación, que
la encuentro también toda llena de sacrificio y abnegación. Pero para mí
existía un atractivo inmenso para la vida de oración, para la vida de íntima
unión con Dios ya desde este destierro. Sin embargo, quiero proponerte una
nueva vocación que creo te gustará, y es que seas religiosa del Sdo. Corazón en las obras de celo, y que seas carmelita,
que vivas siempre con Dios en el fondo de tu alma”.[836] “No se imagina, mi viejito tan querido,
cuánto es lo que rezo por Ud. todo el día, y cómo siempre, por las noches, le
dirijo un Ave María a la Sma. Virgen, para que lo
proteja y lo acompańe; ya que su carmelita sólo puede hacerlo con el
pensamiento”.[837] A su mama. “Mi mamachita
querida: “Mamachita mía, he comprendido aquí en el
Carmen mi vocación. He comprendido como nunca que había un Corazón, al cual
yo no conocía ni honraba. Pero Él ahora me ha iluminado. En ese Divino
Corazón es donde he encontrado mi centro y mi morada. Mi vocación es el
producto de su amor misericordioso. A Dios. Abandonémonos a Él y
permanezcamos siempre ajo su mirada”.[838] 31 DIRECCION
ESPIRITUAL
31.1
SANTA
TERESA DE JESÚS Y LOS CONFESORES
Cómo debe ser un buen confesor y las virtudes que
debe tener.
Quizá no habría sido la misma,
Juanita Fernández Solar, nuestra Santa Teresa de Los Andes, si no se hubiera
encontrado con los confesores maestros y directores espirituales que ella
tuvo. Esto nos da la razón cuando opinamos que siempre es conveniente dejarse
guiar por “maestros de espíritu” sabios y santos. A mí me parece que el maestro
espiritual está llamado a mostrar que la misericordia y la bondad de Dios con
los pecadores es inmensa y sin distinción de grados. Pero, ante todo, debe
ser un maestro que guie y sepa invitar a sus “dirigidos” a no alejarse de Él,
porque, de hacerlo, nos alejamos de la fuente que es paz, felicidad y amor.
Ciertamente, el maestro espiritual ayuda a sus dirigidos a vivir más
auténticamente la alegría en la esperanza; favorece y orienta, a quien está
guiando, a profundizar el significado del amor de Dios que nos ama del mismo
modo como ama a su Hijo Jesucristo. żEntonces cómo debe ser este
maestro espiritual? Cuando leemos a la Santa Madre
Teresa de Jesús, nos encontramos con una serie de recomendaciones de cómo
debe ser un buen confesor y maestro espiritual, y las virtudes que debe
tener. Ella siempre alerta a sus hijas las monjas sobre la necesidad de un
maestro “experimentado”[839], de modo que
no lleve a las almas al error. Ella misma aclara que; “Yo he topado almas
acorraladas y afligidas por no tener experiencia quien les enseńaba, que me
hacían lástima, y alguna que no sabía ya qué hacer de sí; porque, no
entendiendo el espíritu, afligen alma y cuerpo y estorban el
aprovechamiento”.[840] Básicamente,
Teresa de Jesús recomienda: “tener maestros que sean letrados[841] (Teólogo con
conocimiento) Cuenta Teresa como experiencia que: “gran dańo hicieron a mi
alma confesores medio letrados, porque no los tenía de tan buenas letras como
quisiera”.[842] Hay confesores que ayudan poco.
También nos relata Teresa otra
experiencia muy triste porque un confesor le habría dicho que algunas faltas
eran leves y ella entendía que no: “Comulgué con hartas lágrimas; más a mi
parecer que no eran con el sentimiento y pena de sólo haber ofendido a Dios,
que bastara para salvarme si el engańo que traía de los que me habían dicho
no eran algunas cosas pecado mortal, que cierto he visto después lo eran, no
me aprovechara. Porque los dolores eran incomportables, con que quedé; el
sentido poco, aunque la confesión entera, a mi parecer, de todo lo que
entendí había ofendido a Dios; que esta merced me hizo su Majestad, entre
otras, que nunca, después que comencé a comulgar, dejé cosa por confesar que
yo pensase era pecado, aunque fuese venial, que le dejase de confesar. Mas
sin duda me parece que lo iba harto mi salvación, si entonces me muriera, por
ser los confesores tan poco letrados por una parte y por otra ser yo ruin, y
por muchas”.[843] Y, en otra parte, escribe que:
“Estaba todo el dańo en no quitar de raíz las ocasiones y en los confesores
que me ayudaban poco; que, a decirme en el peligro que andaba”[844]. No acababa de
entender en qué, ni podía creer del todo que lo que los confesores no me
agraviaban tanto, fuese tan malo como yo lo sentía en mi alma. Díjome uno, yendo yo a él con escrúpulo, que aunque
tuviese subida contemplación no me eran inconveniente semejantes ocasiones y
tratos”.[845]. Habla de
cómo, comprendida o no por los confesores, la contemplación no nos exime de
los errores de la propia naturaleza: “ocasiones y tratos”.[846] En el capítulo 13 de libro de
la Vida, Santa Teresa de Jesús, nos entrega una serie de recomendaciones
de cómo deben ser los maestros confesores. Nos dice que importa mucho ser el
maestro avisado digo de buen entendimiento y que tenga experiencia; si con
esto tiene letras, es grandísimo negocio. (gran cosa)[847] Me parece que casi todo esto se
resume en esta sentencia: “Entendí bien cuán más obligados están los
sacerdotes a ser buenos que otros”[848] Los confesores deben ser hombre de oración
La Santa Madre
Teresa de Jesús, como maestra de oración que es, hace observar que: “Si los
directores no son hombres de oración, de poco sirven los estudios, no digo
que no traten con letrados, porque espíritu no fundamentado en doctrina
sólida, yo lo preferiría sin oración; y los estudios son una gran cosa,
porque estos hombres nos enseńan a los que sabemos poco y nos dan luz y nos
enseńan a entender las verdades de la Sagrada Escritura como debemos; de
devociones a bobas nos libre Dios”[849] “Y aunque parece que para esto
las letras no son necesarias, mi opinión ha sido siempre y será que cualquier
cristiano procure tratar, si puede, con quien las tenga buenas, y cuanto más,
mejor; y los que van por camino de oración tienen mayor necesidad de esto y
cuanto más espirituales, más.[850] “Y no se equivoque diciendo que
letrados sin oración no son para quien la hace. Yo he tratado a muchos, pues
desde hace unos ańos los he buscado más por haber tenido mayor necesidad, y
siempre fui amiga de ellos, y aunque algunos no tienen experiencia, no
aborrecen el espíritu ni lo ignoran; porque en la sagrada Escritura que
estudian, siempre hallan la verdad del buen espíritu”[851]. “Tengo para mí que persona de
oración que trate con letrados, si ella no se quiere engańar, no la engańará
el demonio con ilusiones, porque creo que los demonios temen en gran manera
las letras humildes y virtuosas, y saben que serán descubiertos y que saldrán
perdiendo”[852] “Hay quien dice que los teólogos
sin espíritu no sirven para gente de oración. Ya he dicho que hace falta
maestro espiritual, más si éste no es letrado, gran inconveniente es. Y
ayudará mucho tratar con ellos; si son virtuosos, aunque no tengan espíritu,
me aprovecharán y Dios les dará entender lo que han de enseńar, y aun lo hará
espiritual para que nos ayude. Y esto no lo digo sin haberlo experimentado y
después de haber ocurrido en más de dos casos”[853] “Digo que para que un alma se
rinda del todo a la dirección de un solo maestro yerra mucho si no procura
que sea letrado, si es religioso, pues él ha de estar sometido a su prelado,
al que quizá le falten todas tres cosas, lo que no será pequeńa cruz, si el
maestro no está decidido a no someter el entendimiento a quien no lo tenga
bueno”. “Yo esto no lo trago, ni me
parece que conviene. Pues si es seglar, alabe a Dios porque puede escoger a
quien ha de obedecer, y no pierda esta tan virtuosa libertad; mejor que esté
sin director hasta que encuentre uno capaz, que el Seńor se lo dará si su
decisión está fundada en humildad y con deseo de acertar”. 31.2 SU EXPERIENCIA MÍSTICA
La
relación de Teresa de Los Andes con sus confesores.
Este apartado de la relación de Teresa
de Los Andes con sus confesores tiene el propósito de reflexionar sobre su
experiencia mística, el deseo de purificación y asemejarse a Cristo, la
necesidad de mortificación y la influencia que tuvo el sacramento de la
confesión en su vida cristiana y, como consecuencia, en su camino de
santidad. En principio, nos damos cuenta de que, para Juanita el confesor se
convierte en un maravilloso acontecimiento de gracia, y en una consoladora
misericordia de Dios, en un renacimiento espiritual. “Estoy muy consolada. Le dije todo al Padre. Me satisfizo por
completo”.[854]
Ciertamente, al experimentar ella la ternura y el perdón del Seńor, le es
más fácil reconocer la gravedad que puede traer el pecado, y es así como ella
refuerza su decisión para evitarlo, para permanecer y crecer en la amistad
con su Amado. Teresa en cuanto se siente en dificultad, o tiene dudas
espirituales, no solo busca el apoyo y el consuelo de Cristo, sino que además
en la confesión encuentra la paz y la alegría que necesita. Experiencia
Mística en Teresa de Los Andes
“Estando
en la acción de gracias después de la comunión, sentí un amor tan grande por
N. Seńor que me parecía que mi corazón no podía resistir; y al mismo tiempo
—créame, Padre, que no sé decirle lo que me pasó, pues quedé como atontada— he
pasado todos estos días como si no estuviera en mí. Hago las cosas, pero sin
darme cuenta”.[855] De acuerdo a los relatos
que hace Teresa de Los Andes en sus cartas a sus confesores, ella pasa por un
tipo de experiencia muy difícil de alcanzar si no se siente que se está en un
momento de unión con Dios. La experiencia mística de la santa es
para ella inexpresable, incluso le es difícil comunicarla a través de
palabras simples, razón por la cual la describe a sus confesores tal como lo
está viviendo, sin buscar entender lo que le está pasando. También es una
experiencia momentánea, porque tiene corta duración en el tiempo y solo le
sucede en estado de oración y recogimiento. Finalmente es pasiva, porque no
la procura ella, aunque la propicia por medio del recogimiento. Se deja hacer
por lo que escucha en los diálogos místicos con su madre espiritual, la
Santísima Virgen y en otros casos por Cristo, a quien oye como Magdalena,
sentada a sus pies a contemplándolo. También es cierto que si no se ha tenido
experiencias semejantes, no es fácil discernir si que esto que le sucede a
Teresa de Los Andes es una experiencia mística. Lo que si es evidente, es que
a Teresa le causa un gran efecto después de haberla vivido, y aunque ella
pide ayuda para comprender estos arrobamientos, no le impactan los juicios
externos. Se los reserva frente a sus hermanas religiosas, para que no la tachen
de exagerada. Con todo, ella siente que ha sido abrazada por el amor divino,
del cual se siente prisionera. El Deseo de
Purificación y Asemejarse a Cristo
“Siento
ansias de morirme por poseerlo sin temor de perderlo por el pecado. Este
deseo me hace huir de las menores imperfecciones, pues ellas me separan del
Ser infinitamente Santo”.[856] Desde los 15 ańos de
edad encontramos en los escritos de Teresa de Los Andes, un apasionado
proceso de purificación, donde ella hace todo cuanto puede para eliminar las
imperfecciones que aparecen en su vida. Esta es una disposición que siempre
tuvo presente, nada ni nadie le pudo hacer cambiar de parecer en su deseo de
adquirir la perfección espiritual y la santidad, para asemejarnos más y más
con Cristo. Es así como desde muy joven, tuvo muy presente cuales y quienes
eran los enemigos de su alma, el demonio, el mundo y ella misma, lo que
requería una permanente atención y purificación. En efecto, la comunión perfecta con
Cristo presupone siempre que el alma se encuentre purificada y Teresa siempre
tuvo muy presente que cualquier mancha en su vida era un impedimento para el
encuentro íntimo con Dios y con Cristo, su amado esposo, por quien desde muy
joven consagro su virginidad. Decía Teresa, que su vida era sufrir y
amar. Amar inmensamente a Cristo, su único esposo y sufrir de amor por
poseerlo como persona amada, es así como ella padece dolor y por el dolor se purifica
en la “llama de amor viva” que purifica el alma para que llegue al amor
perfecto de Dios. La
mortificación
“No
sé qué hacer para conseguir que el Padre me deje mortificarme. Tengo tantos
deseos de ayunar, de ponerme cilicios, pues veo la necesidad que tengo de
mortificar no sólo la voluntad sino también mi cuerpo. Jesús mío, dame
permiso de hacer penitencia”.[857] Teresa de Los Andes, lo quiere sufrir
todo, pero ella no encuentra en el dolor un placer especial. Es interesante
saber qué sentido tiene para ella la mortificación. Me parece que, para
Teresa, el sacrificio es parte de la vida del cristiano, como también lo fue
en la vida de Cristo. Ella comprende que el camino de la perfección pasa por
la cruz y está dispuesta a cargarla y no busca renunciar a ningún combate
espiritual. En sus escritos, nos encontraremos con
la mortificación más común de nuestra vida, enfrentar y aceptar
contrariedades, tener más paciencia de lo que creemos soportar, saber esperar
el momento oportuno de una respuesta muy ansiada, aceptar de corazón que todo
cuanto nos pasa no debe ponernos tristes y desanimados. Pero también, mirando
el ejemplo de Cristo que soportó la cruz con tanto dolor, Teresa quiere
ayudarle con algunos sacrificios corporales, desde los más simples como el
ayuno, dejar de comer dulces, hasta algunas molestias corporales, a ejemplo
de santa Teresa de Jesús y santa Teresa de Lisieux, que se valieron de
penitencias corporales.. Ofrenda por los
sacerdotes
Escribe Teresa de Los Andes en su Diario: “Quiero
pasar mi vida sufriendo para reparar mis pecados y los de los pecadores. Para
que se santifiquen los sacerdotes”.[858]
[…]Se lo ofrezco a Jesús por mis pecados, por los de los pecadores y por la
santificación de los sacerdotes”. […]Le mostré a la M. Izquierdo mi libreta,
y le llamó la atención el fin que tenía -por la santificación de los
sacerdotes-, en mis acciones” […]pues no sabía que el fin de la carmelita es
rogar por los sacerdotes, ya que ella es también sacerdote”. [859] Teresa de Los Andes, entiende que debe
orar y hacer sacrificios intensamente por los sacerdotes, para que sean
fieles y por su santificación. Pareciera que espera que, en la medida que
existan sacerdotes santos, podrá confiar en ellos como confesores o guías
espirituales fundamentados en valores, virtudes y principios evangélicos. Por lo general oramos para que haya más
vocaciones; pero hoy como antes siempre ha sido necesario orar por la
santificación de los Sacerdotes, y que estén libres de ser tentados de todas
las celadas del mal y del mundo. Es así como Teresa siempre está atenta a
orar y dispuesta a sacrificarse por ellos para que la Virgen y el Seńor les
preserven de todo mal e insidia y sobre todo, para que sean santos. 31.3
EL
SACRAMENTO DE LA PENITENCIA, RECONCILIACIÓN Y LA DIRECCION ESPIRITUAL
La confesión
“Sin
embargo sus palabras siempre me dejan paz, humildad, arrepentimiento y
recogimiento”.[860] No hay duda qué en la confesión y el
arrepentimiento, por la acción gratuita de la misericordia divina, nos
sentimos perdonados y santificados, lo que nos motiva a abandonar el hombre
viejo para revestirnos del hombre nuevo. Sólo es necesario dejarse renovar
profundamente por la gracia divina y de este modo, hacerse parte de la
novedad del Evangelio, que nos habla continuamente del amor y de la
misericordia de Dios, visibles en Jesús, que "acoge a los pecadores y
come con ellos"[861].
Él mismo, con autoridad afirma: "Hombre, tus pecados te quedan
perdonados"[862]
aquello de que: "No necesitan médico los que están sanos, sino los
enfermos. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores"[863] La "confesión" de los pecados
es también "confesión" de fe en Dios; es un acto de glorificación
al Seńor, al que se reconoce como un Dios justo respecto al hombre injusto e
infiel. A la confesión sincera sigue la súplica para que Dios intervenga
personalmente para purificarnos y para rogarle la continua asistencia divina. "Dios es amor" Porque tanto
amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en
él no perezca, sino que tenga vida eterna"[864].
Todos necesitamos acudir a la fuente inagotable del amor divino, que se nos
manifiesta totalmente en el misterio de la cruz, para encontrar la auténtica
paz con Dios, con nosotros mismos y con el prójimo. Sólo de esta fuente
espiritual es posible sacar la energía interior indispensable para vencer el
mal y al pecado en la lucha sin tregua que acompańa nuestra peregrinación
terrena hacia la patria celestial. Así pues, la confesión se convierte en un
renacimiento espiritual. ˇCuántas personas que atraviesan
dificultades buscan el consuelo y el apoyo de Cristo! ˇCuántos penitentes
encuentran en la confesión la paz y la alegría que anhelaban desde hacía
tiempo! żCómo no reconocer que también en
nuestra época, marcada por tantos desafíos religiosos y sociales, es
necesario redescubrir y volver a proponer este sacramento? Con frecuencia nos encontramos ante
auténticos dramas existenciales y espirituales, que no encuentran respuesta
en las palabras de los hombres, pero que son abrazados y asumidos por el Amor
divino, que perdona y transforma: “Así fueren vuestros pecados como
escarlata, cual nieve blanquearán” [865]
La última palabra sobre el mal del hombre y de la historia es de Dios, es de
su misericordia, capaz de hacerlo nuevo todo.
El confesor
“Yo
pienso verdaderamente con quién me voy a confesar..., pues a mí me cuesta
tanto tener confianza, y además eso de tener que darse a conocer a otro
confesor me desanima…[866]”
Considero que es muy importante para
nuestra vida poder encontrar un sacerdote que sea instrumento de un encuentro
siempre renovado con Dios. Pero al mismo tiempo, creo que esto no siempre es
fácil. La Santa Madre Teresa de Jesús, escribe sobre su angustia y
desconsuelo por la incapacidad de confesores, que más que bien, eran causa de
desorientación y confusión en vez de ser luz evangélica. Escribe en una de
sus obras: “gran dańo hicieron a mi alma confesores medio letrados[867]
[…] Lo que era pecado venial decíanme que no era
ninguno; lo que era gravísimo mortal, que era venial” […] “Estaba todo el
dańo en no quitar de raíz las ocasiones y en los confesores, que me ayudaban
poco” […] “lo que se padece con los confesores que no lo entienden”[…] “A mí
me acaeció tratar con uno cosas de conciencia que había oído todo el curso de
teología, y me hizo harto dańo en cosas que me decía no eran nada; y sé que
no pretendía engańarme ni tenía para qué, sino que no supo más. Y con otros
dos o tres, sin éste, me acaeció”. Es así, como ella previno a sus hijas las
monjas para asegurar en sus monasterios, que fueran asistidos por “buenos
confesores” y “sabios maestros espirituales” Dirección
Espiritual
“Me
he de asemejar a Jesús crucificado y he aquí mi único ideal […] Quiere de mí,
Rdo. Padre, un abandono total en sus divinas manos, y se ha constituido El
mismo mi director; pues creo que sólo El me satisfará después de ser Ud.,
Rdo. Padre, el guía que me dirigía hacia Jesús”.[868] Otro aspecto importante, es la calidad
humana de la Dirección Espiritual, para que en nuestra condición de
pecadores, experimentemos un deseo profundo de cambio, petición de
misericordia y, en definitiva, a través del sacramento, el encuentro y el
abrazo con Cristo. Está claro que la "dirección
espiritual" contribuye a formar las conciencias. Hoy más que nunca se
necesitan "maestros de espíritu" sabios y santos: un importante
servicio eclesial, para el que sin duda hace falta una vitalidad interior que
debe implorarse como don del Espíritu Santo mediante una oración intensa y
prolongada y una preparación específica que es necesario adquirir con esmero.
Además, todo sacerdote está llamado a administrar la misericordia divina en el
sacramento de la Penitencia, mediante el cual perdona los pecados en nombre
de Cristo y ayuda al penitente a recorrer el camino exigente de la santidad
con conciencia recta e informada. Para poder desempeńar ese ministerio
indispensable, todo presbítero debe alimentar su propia vida espiritual y
cuidar la actualización teológica y pastoral permanente. El examen de
conciencia
“Penétrate
bien con Quién hablas y quién es la que habla. Ten presencia de Dios.
Ofrécelo todo a Él y has muchos actos de amor. Todos los días haz tu examen
de conciencia a los pies de la Sma. Virgen. […].
Pide perdón, y después cuéntale tanto las penas como las alegrías y oye sus
consejos”.[869] Me seńaló un sacerdote muy amigo, que
confesar para él era un continuo aprendizaje al encontrarse con personas
ejemplares en su vida espiritual, por la seriedad con que hacen el examen de
conciencia, por la transparencia con que reconocen su pecado y por la
docilidad a la enseńanza de la Iglesia y a las indicaciones del confesor. Ciertamente, la Reconciliación
sacramental es uno de los momentos en que la libertad personal y la
conciencia de sí mismo están llamadas a expresarse de modo particularmente explicito. La conciencia de su propia limitación y
la necesidad de recurrir a la Misericordia divina para pedir perdón, para
convertir el corazón y para ser sostenidos en el camino de santidad, son
fundamentales en la vida del sacerdote: sólo quien ha experimentado
personalmente su grandeza puede ser un anunciador y administrador convencido
de la Misericordia de Dios. San Juan María Vianney sabía instaurar
un verdadero "diálogo de salvación" con los penitentes, mostrando
la belleza y la grandeza de la bondad del Seńor y suscitando el deseo de Dios
y del cielo. Afirmaba: "El buen Dios lo sabe todo. Antes incluso de que
se lo confeséis, sabe ya que pecaréis nuevamente y sin embargo os perdona.
ˇQué grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar
voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!" 31.4
SU
RELACION CON LOS SACERDOTES
Los escritos de Juanita, una invitación a
conocerla.
El Diario de Juanita, como todo
relato íntimo, es algo muy personal. Creo que ella nunca pensó que sería
leído y analizado, incluso, siempre pensó en destruirlo. Con todo, para
nosotros hoy en día es un documento que se constituye en un verdadero tesoro.
Junto con las cartas, el Diario, nos permite conocer a Juanita por dentro y a
entender mejor sus cartas y relaciones con los sacerdotes.
Los escritos
de Juanita en su Diario son una invitación a conocerla desde su intimidad.
Juanita o Teresa, es como “baúl” de sorpresas que se revela a través de sus
propios escritos.
Primeras confesiones
En las notas de su Diario, declara cuando fue su primera confesión: “A los siete ańos me confesé.[870]
Nos prepararon en las Monjas”. Después habla de que se confesó
para su primera Comunión, cuando tenía 10 ańos; “Mi confesión general”.[871]
. No aparece otra nota hasta lo escrito a los 15 ańos, el sábado 11 de
septiembre de 1915; “Hoy me confesé.[872]
ˇQué alivio he tenido, pues tenía pecados que, aunque son involuntarios, no
me gusta tenerlos, pues con ellos me aparto de Jesús y le doy pena. Y como lo
amo, más bien preferiría morir antes de ofenderlo”. No vuelve a
escribir sobre sus confesiones hasta casi dos ańos más tarde, a los 17 ańos;
“Me fui a confesar ayer[873]
(junio 1917) Me dijo el Padre tres cosas necesarias para no impacientarme:
“No manifestar la rabia exteriormente; Ser amable con la persona que me la
proporciona; Acallar, abatir la cólera en mi corazón”. Hay otra nota escrita dos meses más
tarde declarando: “Me
confesé de los pecados de toda mi vida.[874]
Qué confusión de verme tan pecadora. Casi creí que iba a morirme de dolor.
Cuando me preparé no sabía lo que me pasaba: veía en mi pobre alma pecados
mortales tan grandes que me horrorizaba. Sin embargo yo todos los días de mi
vida rezaba a mi Madre tres Ave Marías para que me librara de tal desgracia;
que prefería morir antes”. El confesor le
ha pedido consagrar su virginidad.
Nos encontramos con una confesión íntima y personal, de que el
confesor le ha pedido consagrar su virginidad.[875]
Escribe Juanita: “Ofrecí el sacrificio de
no preguntarle al Padre si había cometido pecados mortales y cuál no sería mi
alegría al oír que el Padre me decía: "Usted por la gracia de Dios no ha
tenido la desgracia de cometer ningún pecado mortal. Usted se ha expuesto y
Dios, con amor, la preservó. Dele gracias de corazón. Y cuando no se ha
perdido la inocencia bautismal, el voto de consagrarse a Dios no es ya de
castidad, sino de virginidad. Ofrézcale, pues, su virginidad". Yo me quedé muda [al oír
que nunca pecó gravemente]. żCómo expresar lo que pasó por mi alma? En aquel
instante sentía amor, y ese amor era puro virginal. ˇOh, qué grande es la
misericordia de mi Jesús para esta su miserable esposa! ˇCuántas gracias a mi
Madre!” El confesor y
su vocación carmelita.
El 24 de agosto escribe dos notas: “Recibí
carta del Padre Colom.[876]
Me habla de la elección del monasterio. żQué hacer? No sé qué hacer,
verdaderamente. Por otra parte me dicen que no piense, pues falta mucho. Pero
sólo falta un ańo, pues quiero entrar de religiosa a los 18 ańos”. Y más adelante
sigue; “Me fui a confesar el viernes
(24 de agosto 1917). Me dijo el Padre que no me inquietara por las
distracciones, pues me servían para humillarme. Me dijo que cuando tuviera
duda sobre una cosa, hiciera el término medio”. Dos semanas después (7 de septiembre)
nuevamente Juanita se va a confesar,[877]
y
relata ella en el diario que habló largamente con Padre acerca de su
vocación. Está contenta, pues el Padre le ha dicho que, ya entonces, tenía
verdadera vocación para carmelita. También que Jesús se la podía mantener
permanente, es decir, para siempre, y que podría entrar al Carmen. Y que si
su vocación era verdadera, Dios le daría las cualidades necesarias. Pero
también le dijo que podía ser carmelita espiritualmente, es decir, que
teniendo el espíritu carmelitano, podía en su casa seguir una regla de vida
como las carmelitas, levantándome a las horas de oración, teniendo una hora
de meditación y después ir a misa, comulgar, regresar a su casa y ponerse a
trabajar, estando todo el día en la presencia de Dios, teniendo en la tarde
otra hora de meditación, acostarse a una hora fija y visitar lo menos
posible. Finalmente, le dejo encargo de que, después de reflexionar, le diera
una repuesta sobre ello. Deseo de
mortificación. Es el 3 de octubre (1917) Juanita ha regresado de
vacaciones y está de vuelta en el colegio. Se siente feliz porque no le ha
dado el corazón a nadie. Es toda de Jesús. Sin embargo siente necesidad de
fervor, siente la voz de Jesús, pero no lo ve. No siente su amor. Se siente
fría e insensible y esto le sirve para ver su nada y su miseria. Es así como reflexiona sobre sus deseos de
mortificación. No obstante, el Padre le ha dicho que ninguna[878],
y le ha dado por comer caramelos. Confiesa: Hoy he tenido
tanta hambre que comí todos los que pude y los que más me gustaban. Me da
pena verme cómo estoy. No sé qué hacer verdaderamente”. Y así pasan los días. Es el 25 de octubre, y se
angustia. “No sé qué
hacer para conseguir que el Padre me deje mortificarme. Tengo tantos deseos
de ayunar, de ponerme cilicios, pues veo la necesidad que tengo de mortificar
no sólo la voluntad sino también mi cuerpo. Jesús mío, dame permiso de hacer
penitencia. Madre mía, inspírale al Padre el consentimiento. Mańana es viernes.
Tengo que humillarme. Me voy a mortificar en guardar silencio y en mantenerme
en una postura incómoda. Hoy lo hice así en la clase de francés[879] Un ańo más tarde, (julio 1918) Juanita
vuelve a hablar sobre la mortificación y escribe en el Diario[880]:
“N.
Seńor me pide me mortifique en todo. No sólo en no darme gusto, sino que
también en las comidas; que coma de todo un poco. Y siento debilidad en el
día, pero se lo ofrezco a Jesús. Pero el Padre me ha dicho que no me prive de
la comida; y otro Padre me dio permiso para ayunar una vez a la semana, y no
sé qué hacer. Creo que lo mejor es consultarlo con Jesús”. No tener
voluntad propia; no hablar de mí misma ni en pro ni en contra.
Poco más de un mes más tarde[881],
se confiesa y el confesor le da permiso para renovar el voto de castidad que
hizo por primera vez a los 15 ańos hasta la Pascua de Resurrección. También le contó al Padre algo que le
dijo la Madre Izquierdo, a quien no le parecía bien que Juanita dejara sus
estudios, que esta religiosa opinaba que no creía que ella tuviera vocación
para carmelita. Entonces, el Padre le dijo que Dios no elegía a una religiosa
para manifestar su voluntad, pero que al confesor le daba la luz; que no
hiciera caso y que no tuviera confianza con dicha madre. Escribe Juanita: “Me habló que
lo que debía tratar de hacer -puesto que Jesús quería que fuese victima-, era
hacer morir el yo. Para esto, no tener voluntad propia; no hablar de mí misma
ni en pro ni en contra, como de un ser que no existiera, como una nada, ya
que lo era y no sólo nada sino criminal; que me anonadara delante de Dios;
que reconociera su grandeza y al mismo tiempo mi nada, mi bajeza. Después
me preguntó si estaba dispuesta a sufrir en el Carmen desolaciones, dudas,
sequedades, etc. Yo le contesté que sí. Aún ahora las pido a N. Seńor. Por
fin, me preguntó si me gustaría tener una humillación en los exámenes y
premios. Yo le contesté que no. Pero me dijo que, si eso me servía para mi
alma, lo debía desear. Así, pues, [lo] deseo, si ha de ser mejor”. El 8 de diciembre, día de la
inmaculada, renueva su voto y Jesús le pide unión total con Él. Juanita le
suplica que le permita no mezclarse ni con criatura ni con nada de la tierra,
esto es un abandono total en sus divinas manos. Entonces le dice a su
confesor que el Seńor se ha constituido en su director, después de él que la
dirige hacia Jesús. Es así como desde ahora piensa verdaderamente con quién
se va a confesar, pues le cuesta confiarse y, además, eso de tener que darse
a conocer a otro confesor le desanima. Escribe: Tengo
deseos de no elegir a nadie de director, sino a Jesús, pues si Él se lo ha
llevado a Ud., Rdo. Padre, es porque quiere ser El mismo mi Maestro. Además
me manifiesta su voluntad de una manera tan directa, que no puedo dudar sean
esos sus designios”. Gusté de la paz
que hacía tres meses no encontraba.
El 2 de abril Juanita le había escrito
su primera carta al Padre José Blanch[882],
y no había escrito otra carta ni a su familia ni amigas. Es el 25 de mayo y
escribe una nueva nota en su Diario[883]:
“Me confesé con el Padre López. Gusté de la paz que hacía tres meses no
encontraba. Me dijo que suplicara a N. Seńor me diera la fuerza para ser
buena; que El me la daría. Que, si ahora estaba en este estado, era porque Jesús
confiaba en que yo me inmolaría aún más. Que cada hora renovara mi propósito.
Que me ofreciera enteramente a Dios, a su divina voluntad, sin determinar
nada respecto a mi vocación. Que viviera de espíritu de fe. Que repitiera a
menudo la jaculatoria: "Jesús manso", etc. Después en el mes de
agosto, Juanita participa en un Retiro y se va a confesar, entonces escribe[884]:
“Estoy
muy consolada. Le dije todo al Padre. Me satisfizo por completo. Quiere que
duerma siete horas. Me dio permiso para ponerme cilicios tres veces a la
semana, una hora. Me dijo que hiciera tres cuartos [de hora] de oración por
la mańana y un cuarto por la tarde” Consejos para
cuando entre al Carmen y que fuera muy fiel al Seńor.
Es septiembre de 1918, se confiesa con
el Padre José Blanch.[885].
El opina que debe ir para el otro ańo al Carmen y que cuando fuera carmelita
no hiciera penitencias extraordinarias fuera de la regla, y que fuera muy
prudente. En el caso de que le dijeran las novicias, pidiera permiso para
mortificarse más, pues valía más cumplir perfectamente la regla que
mortificarse más de lo debido y enfermarse, teniendo que pedir dispensa. Y
que cuando éstas por necesidad le fueran permitidas, siempre protestara a la
superiora que quería seguir la regla. También le dijo que jamás diera cuenta
a la maestra de novicias y superiora del estado de su alma, como tampoco de
las inspiraciones especiales del Seńor, pues después se quedaría intranquila.
También le aconseja que si su papá no
le da permiso, le dijera que Dios podía arrebatarla para siempre, mandándome
una enfermedad y la muerte. También le aconseja que tuviera todo
hablado con el Monasterio para que, una vez dado el permiso, no tuviera que
esperar. Asimismo le aconseja que: “cuando
tuviera tentaciones y escrúpulos los manifestara siempre o al confesor o a
cualquier Padre, porqué Dios les daba la luz, y no a una persona seglar. Que
fuera muy fiel a N. Seńor, rechazando todo pensamiento que no fuera de amor a
N. Seńor, ni tampoco pololeara ni lo deseara, porque estas son tentaciones
contra la virginidad. Que no elevara jamás la vista a un joven y, si tenía
que conversar, le mirara, sí, pero con indiferencia y modestia. Que hiciera
el examen particular a medio día y en la noche”. ˇSufrir! Esta palabra
es el grito de mi corazón.
Un mes más
tarde, sigue escribiendo en la misma nota (14 de octubre 1918): “ˇSufrir! Esta palabra es el grito de mi corazón.
Pero ahora sufro como nunca. Son penas del alma. Es preciso morir a sí misma
para vivir escondida en Cristo. No tengo gusto ni por la oración ni por la
comunión y, sin embargo, son unos deseos [locos] los que siento en mi alma de
unirme a Él. No oigo su voz. Nada. Tinieblas. No puedo meditar ni puedo hacer
nada. N. Seńor me pidió me ofreciera como víctima para expiar los abandonos e
ingratitudes que sufre en el sagrario. Me dijo que me haría sufrir
desprecios, ingratitudes, humillaciones, sequedades”. Luego al día siguiente, fiesta de la
Santa Madre Teresa de Jesús, relata que le ha pedido a la Santa le permita
celebrar su fiesta para el otro ańo en el Carmen. También escribe que le
habló ayer y le dijo que para llegar a la unión completa eran necesarias tres
cosas: Conmigo
misma: “Que
no hablara jamás de mí misma, ni diera mi opinión, si no me la pedían; Que
prefiriera a todos a mí, yo la última, la sirvienta de todas; Que considerara
lo poco que valía y me humillara interiormente viendo lo miserable que era;
“Que no me diera jamás gusto en nada y que diera gracias a Él cuándo se me
pedía algún sacrificio”. Con
el prójimo: “Que
tuviera siempre en mi trato el espíritu de fe, viendo en el prójimo a Dios;
“Que cuando conversara con algún joven lo tuviera a El presente y viera su
hermosura”. Con
Dios: “Humilde,
anodada delante de Él; Amando y pidiendo caridad”. Me
confesé y le dije que deseaba ser carmelita.
El 10 de febrero (1919), recibe
importantes consejos del Padre Julián Cea[886].
En esos días está en misión con el Santísimo y con comunión y dos misas
diarias. Son instantes dónde pasa largos ratos a los pies del Seńor y se
siente muchas veces desfallecida de amor. Se ha anonado en su presencia al
verla tan miserable a pesar de que le llena de favores. Todo lo que hace es
por su amor. Vive en una continua presencia de Dios. A las Misiones han ido
otros sacerdotes que causan buena impresión a Juanita. “Los Padres que han
venido son muy santos”. Uno, el Padre Cea con el cual tendrá luego una
sincera correspondencia, a ella este padre le parece penetrar las almas. Ella
se confiesa con este Padre y le dice que desea ser carmelita y el agradece
esta intención pues las considera unas santas. A él le consulta acerca de su
oración y le responde que no haga ningún caso de las locuciones interiores
sino de los efectos que hacían éstas en su alma. Que dijera todo al confesor
lo que N. Seńor le decía. Además le aconsejo: “Que
primero era despojarse de las criaturas; despreciarse a sí misma y que
viviera la presencia continua de Dios. “Me
dijo que hiciera todo por Dios, por su amor, no teniendo sino este fin”. “Me
dijo pensara a menudo en la bondad de Dios, en su grandeza y en mi nada; en
el número de almas que se pierden, perdiéndose así la sangre de N. Seńor. “Que
consolara y reparara tantos pecados”. “Que
los sábados pensara en las virtudes de la Virgen y que cada día buscara algo
nuevo para que así no me cansara: los viernes, de la Pasión, etc”. “Que
la humildad la adquiriera humillándome, considerándome pecadora y la última
de todos”. “Que
cuando viera un defecto en las personas, pensara en sus cualidades y que esos
defectos podían ser permitidos por Dios para humillar a la persona que los
tenía y en cambio ser interiormente muy agradable a Dios, mientras yo tenía
peores y más defectos que ella”. “Que
viera lo poco que valía ante Dios y que sirviera a todos como si fuera una
esclava, pues lo era por el pecado”. Finalmente le hizo una confesión
general para humillarse y para que le conociera. También escribe que le dijo
que hicieran un pacto: que él rezaría mucho por ella y que lo hiciera por él.
Después le dio una (estampa) Santa
Teresa con un verso y otro santo con el ideal de la carmelita y una oración
del Padre Claret a la Virgen y me dejó un "Tratado de la perfección
religiosa" por Nieremberg. Teresa
agradece a Dios por haberle dado un director tan docto y santo.
El 7 de mayo de 1919 ha entrado al
Carmelo. Se siente en el cielo y de tal manera el amor divino, que hay
momentos en que cree no podrá a resistir. 13 días después de haber ingresado
se confiesa[887] con
el Padre Avertano. Este Padre, Avertano
del Santísimo Sacramento, es el único director espiritual carmelita que tuvo
Sor Teresa. Él había nacido en Bilbao, Espańa, en 1877 y murió en Santiago el
9 de julio de 1953. Vivió 44 ańos en Chile. Teresa agradece a Dios por
haberle dado un director tan docto y santo. Él le dijo que en las hablas que
sintiera interiormente tuviera prudencia. Que nunca le preguntara nada a N.
Seńor, ni tampoco le pidiera cruz, porque tendría sufrimientos que se
igualarían a las penas de un condenado. Por todo esto, Teresa se siente feliz
de poder sufrir algo por Dios. También le dijo que no hiciera caso a la voz
que sintiera interiormente, si le mandaba algo extraordinario, hasta la
cuarta vez y, entonces, consultarlo. También le dijo que cuando sintiera
turbación o que le mandara algo fuera de lo concerniente a su estado, no
hiciera caso. Además le recomendó: “Que
sólo en aquello que N. Seńor le enseńara a practicar virtudes o corregir
defectos, sólo en eso lo escuchara y atendiera”. “Que
su intención fuera sólo agradar a Dios”. “Que
sobre este punto hiciera su examen particular”. “Que
de tal manera obrara independiente de las criaturas, que se creyera sola en
el convento”. “Que
no quisiera atraer las simpatías y el carińo de las criaturas; antes al
contrario, no buscara sino el desprecio, pero que no se singularizara en nada
exteriormente. “Cuando
rectificara su intención corriera la cuenta de la conciencia y, cuando
buscara agradar a las criaturas, corriera la cuenta de los defectos”. “Que
con todas sus hermanas fuera igualmente amable. Y no ser más atenta con
aquella que le mire más [o] le dirija más la palabra”. “No
buscar ser despreciada, sino siempre mantenerse indiferente. Lo mismo
respecto a la cruz”. “En
cuanto a la obediencia, no le obliga en aquello que perjudique su salud.
Respecto a las mortificaciones, no tratar de matar el cuerpo, sino
incomodarlo”. “Que
en la oración no buscara la imagen, sino el concepto puro de Dios; porque si
lo imaginaba, lo empequeńecería”. 32 CARTAS A SUS CONFESORES
32.1
LAS
CARTAS SON UN VERDADERO AUTORRETRATO DE SU ALMA.
Las “Cartas” o el “Epistolario de Teresa de Los Andes” son 164,
y se sabe que 118 son originales y el resto son copias rescritas por su
hermana menor Rebeca cuando también ella ya era monja carmelita. Cabe destacar, que este epistolario es
más que suficiente para conocer cómo fue Teresa, una joven sensible, humana y
muy espiritual. Al decir que las Cartas,
son un verdadero autorretrato de su alma, es porque ella nos dejó en cada
frase escrita un fascinante retrato de ella misma. En efecto, las páginas
escritas por Juanita son ella tal como fue, una joven pura, sensible,
afectuosa, con un trato muy tierno a todas las personas que escribió. Las
cartas dirigidas a los sacerdotes son confesiones de su experiencia de Dios, en
las que relata ardientes momentos de recogimiento, arrobos, éxtasis y sus místicas
conversaciones intimas con el Seńor. Cartas escritas a los
Padres.
De las cartas que nos son conocidas, 12
fueron escritas al Padre José Blanch C.M.F de la Congregación de los
Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, popularmente conocidos como
Claretianos. Este Padre había nacido en Villanova de Sau
(Barcelona) el 30 de octubre de 1879 y tras 50 ańos de sacerdocio falleció en
Santiago el 26 de mayo de 1959. En las fechas que le escribe cartas a este
padre, él se encuentra en la ciudad de Córdoba, (Argentina), y Juanita no
pierde las esperanzas de que regrese a Santiago. Juanita le escribe[888],
que no puede decidirse a confesarme con otro Padre y le da permiso para que
le hable en conciencia, y de todo lo que juzgue conveniente para su alma. Al Padre Julián Cea, también
Claretiano, le escribió cuatro cartas, siendo la primera escrita desde el
Fundo el San Pablo, 27 de febrero de 1919. Estando de vacaciones en el Fundo
San Pablo, le escribe a la Madre Angélica Teresa una anécdota[889]
que la considera divertida luego de conocer al Padre Julián Cea y además le
dice que quedó encantada con él.[890]
El Padre Julián, había nacido en Tordehumos, (Valladolid,
Espańa) el 17 de febrero de 1978 y llegó a Chile en 1905. Murió en Ovalle el
24 de junio de 1944. El Padre Julián, hizo grandes ponderaciones de la virtud
de Juanita a raíz de su muerte. Incluso llego a escribir: “Confío en que
pronto comenzará a obrar milagros”. Conservando como reliquia los autógrafos
de las cartas que Juanita le dirigió, llevó copias de ella al Monasterio de
los Andes. La única carta autógrafa que entrego es la número 122. Al Padre
Artemio Colom, le escribe tres cartas. Juanita lo conoce desde los siete ańos de edad cuando ella ingresa al Externado del Sagrado
Corazón en Santiago, colegio ubicado en la Alameda. En ese tiempo, era el
director espiritual. El Padre
Artemio Colom, fue sacerdote jesuita. Juanita le escribe en la primera carta:[891] “Antes de pronunciarme decididamente por la
vocación que debo seguir, he querido tomar el consejo suyo; pues Ud. me ha
conocido desde chica”. Al Padre Antonio Ma. Falgueras Dalmau, también Jesuita, le escribe una sola
carta. Este sacerdote había nacido en Hostalrich, (Gerona-Espańa)
el 2 de febrero de 1864 y vino a Argentina y Chile en 1896 donde desplego un
intenso apostolado. Murió en agosto de 1924. 32.2
CARTAS
AL PADRE JOSÉ BLANCH.
Las comunicaciones comienzan cuando a
Juanita le faltan tres meses para cumplir los dieciocho ańos. Abril de 1918.
La correspondencia no es continua mes a mes, en algunos casos es después de
tres meses. Hay cartas muy extensas, son algunas verdaderas confesiones por
escrito, donde Juanita expresa fuertes sentimientos, en algunos casos de
alegría, pero en otros casos sobre sus tribulaciones y experiencias místicas.
Con todo, solo podemos hacer un cierto análisis de lo que Juanita escribe, y
no de las cartas que recibe, porque no tenemos a mano los textos que escribió
el Padre José. Llama la atención la una última carta.[892]
No es de despedida, pero le confiesa que ya que no le ve necesidad de
encontrarse con él. El Padre le había escrito para avisarle que la visitaría,
pero Sor Teresa de Jesús le pide que: “no teniendo extrema necesidad -ya que
el estado de mi alma es el mismo que le he explicado-, podría ahorrarse la
incomodidad de pasar por el convento de Los Andes, tomándome, eso sí, la
libertad de avisarle en caso qué tuviera alguna dificultad después, confiada
en su paternal bondad. Una de las razones que le da, es que le cambiaron de
confesor ordinario, y el actual le inspiraría confianza ante una urgente
necesidad. Primera carta al Padre José Blanch.
Dudas de su vocación de carmelitas, de fe, abandono, soledad, sequedad, falta
de fervor. Esta es la primera carta[893]
a un sacerdote. (de las cartas de su epistolario) de la cual tenemos
referencia. Es tiempo de Cuaresma. Comienza diciendo que siente que Dios
quiere probarla, por los sufrimientos que padece, pero se los ofrece a Jesús
crucificado, quien es su único ideal. Aquí Juanita nos revela su ideal de
director espiritual y que este es solo Jesús, pero siente que la voluntad de
Él es que no olvide la necesidad de un confesor. Escribe Juanita: Quiere de mí, Rdo. Padre, un abandono
total en sus divinas manos, y se ha constituido El mismo mi director; pues
creo que sólo El me satisfará después de ser Ud., Rdo. Padre, el guía que me
dirigía hacia Jesús. Yo pienso verdaderamente con quién me voy a confesar...,
pues a mí me cuesta tanto tener confianza, y además eso de tener que darse a
conocer a otro confesor me desanima. Tengo deseos de no elegir a nadie de
director, sino a Jesús, pues si Él se lo ha llevado a Ud., Rdo. Padre, es
porque quiere ser El mismo mi Maestro. Además me manifiesta su voluntad de
una manera tan directa, que no puedo dudar sean esos sus designios. Ahora me pide la renuncia completa de
mi voluntad, pues me dice que, si quiero ser crucificada a su semejanza, es
necesario despreciarse por completo y vivir en cada instante cumpliendo
perfectamente su divina voluntad, aunque ella me traiga sacrificio e
inmolación. Mas adelante, nos habla que ha sufrido
tanta sequedad [y] abandono, que ya no es posible describirlo. También una
angustia tan terrible, que se dijo: "Si esto continúa, no voy a poder
hacer nada". Pues sentía una soledad, un abandono total, y al mismo
tiempo veía que no tenía a quién comunicárselo. Entonces, suplicó a Jesús que
le sacara de esta angustia. Él dejó oír su voz con su palabra y la tempestad
que sufría se apaciguó; aunque quedó siempre en sequedad. También le dice que
siempre se pone en la presencia de Dios, y más adelante le escribe que cada
día que pasa, le aumentan sus deseos de ser carmelita, donde espera encontrar
el cielo en la tierra, es decir, el cielo en el sufrimiento y en el amor. Segunda carta al Padre José Blanch.
Dudas de su vocación de carmelitas Tres meses después le envía su segunda
carta.[894] En
esta carta Juanita le escribe sobre dudas de su vocación de carmelitas, de
fe, abandono, soledad, sequedad, falta de fervor. Escribe Juanita: “Parece que N. Seńor
ha querido probarme durante el transcurso de este ańo, pues he sufrido
bastante, sin tener a quién recurrir. He tenido muchas dudas respecto a mi
vocación de carmelita. Dudas también respecto a la fe; de tal manera, Rdo.
Padre, que a veces me preguntaba si existía Dios, pues me sentía
completamente abandonada de Él. Miraba mi crucifijo y todo me parecía una
quimera. Lloraba e imploraba auxilio de la Virgen, y Ella tampoco me
socorría. Hasta que N. Seńor se compadeció y dejó oír su voz interiormente, e
inmediatamente cesó todo y quedé inundada de paz”. “Mi estado habitual es de una sequedad
espantosa. Muchas veces en la comunión paso distraída. No siento el menor
fervor sensible. Sin embargo, aunque no siento ese atractivo, no he dejado de
comulgar. El ańo pasado me porté perfectamente en el colegio. Mas este ańo me
ha sido imposible, aunque todos los días hago resoluciones de portarme bien.
Además, vivía en la presencia de Dios. Es cierto que invoco a N Seńor antes
de algunos ejercicios; pero vivo tan poco recogida dentro de mi alma que, en
la noche, me pregunto dónde ha estado mi espíritu todo el día, y no sé
contestarme”. Mas adelante, Juanita se refiere a su
salud y piensa que las dudas de vocación son por ese motivo. Escribe lo
siguiente: “Las dudas que tengo respecto a las
carmelitas es por mi poca salud y, además, porque estoy segura qué mi papá se
opondrá a ello. Cuando dudo, N. Seńor me habla que esa es mi verdadera
vocación. Entonces me someto a su voluntad”. Tercera carta al Padre José Blanch. Que
debe hacer en un retiro. Tres meses más tarde vuelve a
escribirle al Padre José. Esta es una carta[895]
muy breve, la escribe después de haber salido del colegio. El propósito es
pedirle consejos sobre que debe hacer en un retiro, le dé permiso para hacer
algunas mortificaciones, si le conviene hacer confesión general de un ańo y
sobre cuál es la resolución que debe tomar. Cuarta carta al Padre José Blanch. Mi
vocación es para carmelita. Siete días después, le responde agradecida
una carta recibida[896]
en la que sus respuestas le ayudaron a disipar las dudas acerca de su
vocación y le expresa: “Sí,
yo creo que mi vocación es para carmelita y sólo pienso en adquirir el
espíritu de Santa Teresa” También aprovecha la carta para
comentarle sus sufrimientos por la extracción de una muela. Finalmente, Juanita le comenta una
experiencia mística, escribiéndole lo siguiente: “El
otro día recibí un seńalado favor de N, Seńor. No sé por qué dudé que Cristo
era el que me hablaba dentro de mi alma. Entonces le dije: "Si Tú,
Seńor, eres el que me hablas haz que tal Madre me pregunte: 'żAma Ud. a
Cristo?'" Rdo. Padre, cuál no sería mi emoción cuando oigo a la Madre a
quien yo le dije: "Hágame una pregunta cualquiera", que me dice:
"żAma Ud. a Cristo?" Me fui a un cuarto sola y lloré de
agradecimiento a N. Seńor”. Quinta carta al Padre José Blanch. Hace
oración con más fervor y que siente grandes deseos de unirse a Él. Ahora han pasado casi 100 días que no
le escribía y le envía una nueva y extensa carta[897].
Le comunica que estuvo algo enferma, pero que sanó pronto. También que todo
lo que hace se lo ofrece al Seńor y que ahora hace oración con más fervor y
que siente grandes deseos de unirse a Él. Un punto importante de esta carta es el
de su vocación, donde aún no resuelve dudas. Así lo expone Juanita: “Estoy
en un período de dudas tan atroz, que no sé decidirme si ser carmelita o ser
del Sdo. Corazón. Por eso vengo en busca de luz.
Ud., Rdo. Padre que me conoce bien -pues le he dejado leer todo en mi alma-
me podrá aconsejar. Sólo deseo hacer la voluntad de Dios. Por una parte me
siento atraída al Carmen por vivir completamente una vida de oración y de
unión con Dios, separada por completo del mundo. También me atrae por su
austeridad y por su fin, que es rogar por los pecadores y sacerdotes. Lo que
me encanta es que la Carmelita se sacrifica en el silencio, sin que vea los
frutos de su oración y sacrificio. Además la vida de familia y la sencillez
en sus costumbres y la alegría que debe reinar siempre en su corazón, me
gustan mucho y se avienen a mi carácter”. También le habla sobre algunas
comparaciones: “Por
otra parte, me gustaría ser del Sdo. Corazón,
porque es una vida de perpetuo sacrificio. Es también vida de oración, ya que
se dedican a ella, cantando el Oficio, y los exámenes, cinco horas”., pero le
ve algunos inconvenientes como: “no tener ni aún una pobre celda, pues
duermen cuatro en cada dormitorio, aunque estos son siempre grandes y
ventilados. No tienen un convento para vivir siempre allí. A cualquiera parte
del mundo las pueden enviar, encontrándose más solas que una carmelita, en un
país extranjero, sin ver ni una cara conocida, y muchas veces sin saber la
lengua que se habla”. “La
carmelita renunció una vez a las comodidades de la vida y a todo lo del
mundo; vive en su convento sin salir ya más de él. Pero la religiosa del Sdo. Corazón hace el sacrificio a cada instante de todo
lo de la tierra. żNo encuentra que tiene que tener
más desprendido el corazón de todo afecto terreno? Y cuanto más despegado
esté, tanto el Seńor se unirá a él”. “La
carmelita necesita unirse a Dios y llenarse de El por completo, pero lo
guarda; mientras que la del Sdo. Corazón debe
llenarse de Dios y darlo a las almas. Luego necesita mucha unión, pues si no,
se quedará ella sin Dios y entonces no podrá dar nada a las almas”. En una parte de la carta Juanita le
relata una experiencia: Otra vez que tuve estas dudas, escribí
unos papelitos con varios nombres de conventos y los puse a los pies de la Sma. Virgen, y tres veces saqué el papel que contenía el
nombre del Carmen. Y se pregunta: “żDónde
llegaré más pronto a unirme con Dios? Rezo mucho para que N. Seńor me dé a
conocer su divina voluntad, pues es lo único que busco. […] Me han dicho que
de cien religiosas del Sdo. Corazón, habrá dos que
no hayan tenido vocación para carmelita”. “Sin
embargo, siento en mi corazón atractivo para el Carmen. Siento amor a la
soledad, al silencio, al aislamiento de todo lo del mundo y, sobre todo, a la
oración”. Luego, en esta extensa carta le comenta
lo que le va ocurriendo cada día mientras es tiempo de Adviento. Sexta carta al Padre José Blanch. Estoy
resuelta enteramente a ser carmelita. Un mes más tarde, le escribe una breve
carta[898],
pero escrita con gran felicidad. Le cuenta Juanita que fue a conocer el
convento de las Carmelitas de Los Andes, y que a pesar de su aspecto
pobrísimo, le encantó. Y luego ańade: “Estoy
resuelta enteramente a ser carmelita, pues hablé con Madre Angélica, quien me
expuso la vida de la carmelita, y además me prestó un libro del Padre Blot en el cual da a conocer la misma. Todo fue
providencial, Rdo. Padre, pues apenas entré en el locutorio, cuando sentí una
felicidad tan grande, una paz inexplicable y sentía interiormente que ese era
mi convento. Su soledad, su apartamiento del mundo, me encantó, lo mismo que
su mucha pobreza. Estuve con todas las monjas. Me las presentaron a cada una
sin la cortina que las oculta, y no pude menos de admirar la alegría e
intimidad y sencillez que reina entre ellas. Para otra vez escribiré más
largo”. Séptima carta al Padre José Blanch.
Juanita cree que es la voluntad de Dios que ella sea carmelita. En esta nueva y extensa carta[899]
escrita desde el fundo de San Pablo, Juanita está de vacaciones, en lo
principal le comunica al P. José Blanch su decisión vocacional de ser
carmelita, después de haber reflexionado sobre su viaje al convento de Los
Andes y le pide en carta le haga el favor de juzgar si tiene verdadera
vocación para carmelita, y le dice las razones que tiene para creer que es
ello la voluntad de Dios. Escribe Juanita fundamentado su
determinación: “Yo
recuerdo que, desde chica, yo decía que si era monja, lo sería, pero de un
convento muy austero, en que hicieran mucha penitencia, y donde no se tratara
con el mundo”. “N.
Seńor me manifestó que quería fuese monja y me dijo que fuera carmelita, a
quienes yo conocía solamente por la vida de Teresita del Nińo Jesús. Desde
entonces no dudé fuera esa mi vocación”. Y después pasa a explicar punto a punto
por punto por qué cree que es la voluntad de Dios que sea carmelita y no del
Sagrado Corazón que en síntesis es: “Porque
la vida de oración y de unión con Dios es lo que amo más por encontrarla la
más perfecta; ya que es una vida de cielo en cierto modo, pues la carmelita
no se preocupa sino de unirse con Dios, de contemplarle siempre y de cantar
sus alabanzas. “La
soledad del Carmen ayuda al recogimiento. Ese aislamiento de las criaturas
hace que se trate sólo con Dios y se adquiera, por lo tanto, mayor unión con
Él, en lo que consiste la perfección”. “La
pobreza de la carmelita es muy grande. No puede poseer nada, lo que hace que
toda la capacidad de poseer sea llenada por Dios sólo. Siendo pobre se
asemeja más aún a su Esposo Divino, quien no tuvo dónde reclinar su cabeza”. “La
carmelita sólo debe poseer a Dios”. “La
penitencia a que se somete y la austeridad de su vida es un medio más para
tener el cuerpo sometido al alma, para asemejarse más al Divino Crucificado,
que fue una víctima por nuestros pecados”. “Su
sacrificio es perpetuo, sin mitigación, desde que nace a la vida religiosa
hasta que muere como víctima, a ejemplo de Jesucristo. Y todo en el silencio,
sin que nadie lo sepa. Cuántos hay que tachan su vida de inútil. “ “El
fin que se propone es muy grande: rogar y santificarse por los pecadores y
sacerdotes”. “Todas
estas consideraciones que le hago, Rdo. Padre, son las que me inducen a
preferir el Carmen, pues creo que en esta vida he de alcanzar la santidad. La
he escogido porque veo que, escogiéndola he de encontrar la cruz; y andaría
-creo- todo el mundo con la gracia de Dios para buscarla y poseerla, pues en
ella está Jesucristo”. Algunas razones porque quiere irse al
convento de Los Andes. Y más adelante en la misma carta le
dice algunas razones por las que quiere irse al convento de Los Andes. En una
de sus razones Juanita expone el tema de la primera acogida. (Cuando he
comentado este punto, he visto algunas expresiones de sorpresa en algunas
madres, tal es así, que en una ocasión una priora me dijo que con esto se
convenció de que el torno, lo cambiara por algo transparente.) En síntesis, las razones son: “Porque
está compuesto de monjas muy observantes de su Regla. Tienen el espíritu de
Santa Teresa muy marcado”. “He
visto que Dios les concede todo cuanto le piden (casi todo) pues todo lo que
les he encomendado a sus oraciones N. Seńor las ha escuchado”. “Además,
como está muy retirado de las grandes ciudades, es mucho menos visitado y
tiene, por consiguiente, menor trato con el mundo. “ “El
modo cómo me preparó el viaje a ese convento; pues fue una serie de
circunstancias que los que supieron no pudieron menos de admirarse”. “El
sentirme tan feliz, con tanta paz, la que tanto tiempo no tenía, pues cada
día crecían más mis dudas”. Una pregunta que me han hecho muchas
veces, porque eligió ir a Los Andes y no se quedó en Santiago. Esta es la explicación
que nos entrega ella misma: “Todo
esto me da a entender que N. Seńor me quiere allí. Hay que observar que fui
al Carmen de Santiago en la Alameda para que, hablando con una carmelita, me
diera a entender mejor su vida. Hablé con la M. Priora y, a pesar de ser la
primera vez que entraba al Carmen, no me produjo ninguna impresión' antes al
contrario, me produjo un efecto desfavorable que no puedo explicar. Yo no sé
si sería porque la M. Tornera principió a preguntar por cosas de afuera -por
algunas personas-, pero yo no sé lo que me pasó. En cambio, en Los Andes, es
verdad que hablaron de algunas personas que conocían, pero fue de paso y su
conversación fue toda en Dios y en darme a conocer la vida que llevaban”. “Al
clima de Los Andes estoy acostumbrada, pues es casi el mismo de Chacabuco.
Gracias a Dios, estoy muy bien de salud”. Finalmente aprovecha la misma carta
para hacerle saber otras novedades tales como: “No
sé si le conté que me llamaré Teresa de Jesús, si soy de allá”. “También
he considerado cómo la Sma. Virgen fue una perfecta
carmelita. Su vida fue contemplar, sufrir y amar. Y todo esto en el silencio,
en la soledad”. “Leí
la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz que trataba de la oración y
contemplación y del amor de Dios. Principié a sentir tanto amor de Dios que
El, aunque hiciera otras cosas, me tenía abstraído el pensamiento. Y era
tanta la fuerza del amor, que me sentía como desfallecida, sin fuerzas. Algo
como si no estuviera en mí. […] Sentí un gran impulso por ir a la oración”. Octava Carta al Padre José Blanch. Cómo
influyeron de buena manera sus confesores y guías espirituales. Juanita está en San Pablo descansando,
luego de dos meses le escribe una nueva carta al Padre José. Esta carta[900]
es una de las que más revela las intenciones y el ideal que persigue
Juanita. Además, esta carta nos
muestra cómo influyeron de buena manera sus confesores y guías espirituales.
Le escribe comentándole: “Vino
un Padre que me gustó mucho. Se veía era muy santo: el P. Cea. Dios permitió
que viniera, pues no sabía qué me pasaba. Estaba muy desanimada en la
oración. Como tuve necesidad de consultarlo acerca de esto, me dio muy buenos
consejos que trajeron la paz a mi alma. Le dije mis intenciones de ser carmelita
y dio gracias a Dios por ello, pues las aprecia mucho. Me tomó mucho interés
y me examinaba en todo y me encontró vocación. […] Estoy encantada con él. Me
dijo el Padre Julián que le escribiera alguna vez, si tenía necesidad”. Mas adelante le confiesa: “Mi mamá me ha aconsejado le preguntara a
Ud. sobre si le podía seguir escribiendo. Yo veo que quizás busco la
satisfacción de desahogarme […] Dígame, Rdo. Padre, qué debo hacer”. En cuanto a tener una buena amiga, le
escribe que: “el
P. Falgueras me aconseja sea amiga- y es Elisita
Valdés. No tenemos ningún secreto y nos decimos lo bueno como lo malo y ambas
nos esforzamos en ser cada día más de Dios. Sus consejos me han hecho mucho
bien”
y sigue Juanita más adelante: “me
parece de repente que la quiero demasiado y que quizá a N. Seńor no le gusta.
Dígame, por favor, lo que Ud., Rdo. Padre, juzga de todo esto; pues si Ud. me
dice deje todo esto a un lado para ser más de Dios, lo haré aunque me
cueste”. Sigue en la misma carta: “Me
dice Ud., Padre, que explique cómo es el conocimiento que Dios me infunde de
sus perfecciones; pero le diré con llaneza que no lo puedo explicar, porque
ese conocimiento Dios no me lo da con palabras, sino como que en lo íntimo
del alma me diera luz de ellas”. “Los
sábados, me dijo el Padre Julián que meditara en las virtudes de la Virgen. Y
así lo hice. Y seguidamente le relata una nueva
experiencia mística, en una conversación con Dios: “Y
Dios N. Seńor me indicó lo hiciera sobre la pureza”. Después expone que
sintió una voz distinta y preguntó de quién era y le dijo que era de la
Virgen y que le dijo que le abría su corazón maternal para que viera en qué
pureza había vivido toda su vida. También le pidió después la imitara y, ya
que tenía el voto de castidad, lo renovara, pero con mayor perfección. Y
sigue relatando toda su conversación: “Me
dijo fuera pura en el pensamiento, de modo que constantemente lo tuviera
puesto en Dios, rechazando todos los que no fueran de Él. Para esto me dijo
que debía desprender enteramente mi corazón de toda criatura”. “Que
fuera pura en mis deseos, no deseando otra cosa sino la gloria de Dios, el
hacer su voluntad y el pertenecerle cada día más”. “Que
deseara la pobreza, la humillación, el mortificar mis sentidos. Que rechazara
el deseo de las comodidades”. “Que
al dormir, lo mismo que al comer, no deseara sino servir mejor a Dios”. “Que
en mis obras tuviera siempre por fin a Dios. Que no hiciera aquellas que me
pudieran manchar y las que no eran del agrado de Dios, que quiere mi
santificación. Y hacerlo todo por Dios y nada con el objeto de ser vista de
las criaturas”. “Me
dijo evitara toda palabra que no fuera dicha por la gloria de Dios”. “Que
siempre en mis conversaciones mezclara algo de Dios”. “Que
no mirara a nadie sin necesidad y, cuando lo tuviera que hacer para no llamar
la atención, contemplara a Dios en sus criaturas”. “Que
pensara que Dios siempre me miraba”. “Que
en el gusto me abstuviera de lo que me agradaba. Si tenía que tomarlo, no me
complaciera en él, sino que se lo ofreciera y agradeciera a Dios con el fin
de servirlo mejor”. “Que
el tacto lo mortificara, no tocándome sin necesidad, ni tampoco a nadie. En
una palabra, que mi espíritu estuviera sumergido en Dios de tal manera que me
olvidara que mi alma informaba al cuerpo”. “Que
a Ella le había sido esto más fácil, por cuanto había sido concebida en
gracia; pero que hiciera lo que estaba de mi parte por imitarla”. “Que
rezara para conseguirlo. Que así Dios se reflejaría en mi alma y se uniría a
mí”. Y de estas experiencias, Juanita le
pide al padre José sus consejos y recomendaciones: “pasé
en mucho recogimiento. Pero los días siguientes no podía recogerme. Una vez
me dijo N. Seńor lo adorara y me quedé inmediatamente recogida. Otras veces
no siento la voz de Dios ni fervor; pero siento consuelo de estar con Él, y
no sé cómo, pero siempre me declara una verdad en el fondo de mi alma, que me
sostiene y enfervoriza para todo el día. El
otro día me manifestó en qué consiste la pobreza verdadera: en no poseer ni
aún nuestra voluntad, en estar despegada de nuestro propio juicio. Me dio a
entender que yo estaba apegada a los consuelos sensibles de la divina unión.
Y que ésta no consistía sino en identificarse con El por la más perfecta
imitación de sus perfecciones, y en unirse a Él por el sufrimiento”. “Dígame,
Rdo. Padre, qué debo hacer con respecto a todo esto” […] Dígame cuáles deben
ser mis disposiciones en la cuaresma. Tengo muchos deseos de mortificarme.
żMe permite ponerme un cinturón de cordel con nudos? żPoner ajenjo en la
comida? żTabla en la cama? żHacer una hora de oración en la noche? żAyunar
los viernes? żPonerme más tiempo el cilicio?”. Novena carta al Padre José Blanch. En
su oración encuentra sequedad. Veinte y tres días más tarde le escribe
una nueva carta[901]
comunicándole que: “Todo
lo que le dije respecto a mis preocupaciones en la oración, cesó como por
encanto apenas se las confié, quedando en gran paz. Por lo que comprendí que
era el demonio que me traía turbaciones”. Sin embargo, nuevamente expone que es
su oración encuentra sequedad, de tal manera que: “me hallo sumergida en tinieblas que me es imposible fijar mi
pensamiento en Dios y no puedo recogerme. En la comunión no siento nada.
Estoy con N. Seńor como una piedra; de tal manera, Rdo. Padre, que me llega a
dar deseos de no comulgar por lo mal que lo hago”. Y más adelante sigue: “Tampoco
siento atractivo natural por el Carmelo. Sin embargo mi voluntad desea ese
bien inapreciable cuanto antes. Doy gracias a N. Seńor por lo que sufro pues
así le mostraré mi amor sin mezcla de consuelos. Me someto con gusto a su
divina voluntad, pues sé que es para unirme más a Él. Decima carta al Padre José Blanch.
Recibió el consentimiento de su papá y por tanto el 7 de marzo entrara al
convento. Un mes más tarde y pocos días antes de
entrar al Carmelo le escribe una
nueva carta[902] para
comentarle que ya recibió el consentimiento de su papá y por tanto el 7 de
marzo entrara al convento “para vivir
siempre escondida en Dios”. Su papa le habría dicho en medio de sollozos:
"Si es esa la voluntad de Dios y
tu felicidad, yo no me opongo". También le hace saber las reacciones
que tuvieron sus hermanos Miguel y Lucho diciéndole que: “Cuando
Lucho supo, se puso furioso contra mí y me iba a escribir así; pero mi papá
me defendió y lo calmó. Lloró mucho, pero resignado”. Y que: “Miguel, entre tanto, no sospechaba. Pero
N. Seńor se lo llevó también a mi papá, quien le dijo y le mostró mis cartas.
Lloró también mucho, pero sin decir nada contra mí”. Le escribe además, que todos lloran por
su decisión pero, le expresa: “Sin
embargo siento que mi corazón está fortalecido e inundado por la gracia de
Dios” y además: “No quiero derramar ni una lágrima, ni aun cuando estoy sola,
para ofrecer generosamente el sacrificio a Dios” […] es la vocación de la
carmelita: ser hostia pura que continuamente se ofrece a Dios por el mundo
pecador”. Mas adelante le cuenta que ya comienza
a prepararse para irse a vivir al convento y le pide consejos sobre las
disposiciones que debe tener al entrar al convento, el trato con la Madre
Priora y Maestra y demás Hermanas, teniendo ya su disposición de observar
desde el principio perfectamente la Regla. Otro punto importante de la carta es
que hacer con su Diario y libretas
con sus notas, si está bien dejarlos a su mama, quien se lo pide con
insistencia y que también se los pide su hermana Rebeca, quien le promete no
leerlos. Pero también le comunica que su deseo es: “echarlos
al fuego para desaparecer para siempre a las criaturas. Y por otro lado veo
que, si lo leen, verán la bondad del Divino Maestro que tanto me ha amado
siendo yo tan ingrata y pecadora; pero será la pena más grande si lo leen.
hay cosas, Rdo. Padre, como Ud. mismo me ha dicho, que sólo Dios y el alma
deben saberlas, y también el confesor. En fin, dígame qué haré, pues esa será
la voluntad de Dios”. Todo esto para Juanita no es fácil,
ella le dice. “siento
todo el dolor de la separación […] me
siento desfallecer aun físicamente; pero Dios me sostiene […] Estoy feliz de
sufrir. Fíjese que mi papá dice que no se vendrá hasta después. Esto me da la
pena más horrible”. Un último dato que le comenta, sobre
ese sacerdote que no quiere nombrar es que les ordenaba a sus confesadas para
probarlas en la obediencia, cortarse el pelo, aún a seńoras, y después salir
así y que su mamá me dijo le contara ese detalle. Decima primera
carta al Padre José Blanch. Agradece sus consejos. Después de seis meses
sin escribirle, estando ya el en el convento, le envía una carta[903]
de respuesta agradeciendo sus consejos. El ánimo de sor Teresa de Jesús, está
en tribulación y sin sabor, le confiesa: “mi
alma es tal, que no lo puedo definir: un día tinieblas, distracciones, y la
voluntad desea amar, causándome gran pena de no amar a N. Seńor y de no
poderlo ver. Aquí no puedo retener las lágrimas, porque llamo a mi Jesús con
verdaderas congojas. Otro día, puedo recogerme en fe, pero no siento nada.
Sólo puedo meditar. A estas tinieblas se sucede un poco más de luz, con lo
que se aumenta mi tormento. También siento tanto mi miseria, mi inconstancia,
que me odio a mí misma y me parece que nadie me quiere; lo que me hace
sufrir, pues no encuentro ni en Dios ni en las criaturas consuelo ni paz. Veo
el amor inmenso de mi Dios, y me siento incapaz de amarlo según las ansias
que tengo. Deseo sufrir, pero me resigno a la voluntad divina”. Y entonces la pregunta clave que le
hace es: “żQué hacer?” Parece que esos meses iniciales no le
son fáciles, extrańa los afectos familiares, entonces se apega a la Madre
Priora, le gusta estar con ella y que le demuestre carińo y le da pena cuando
nota que no está tan carińosa. Por otra parte ella ha oído de Cristo que: “si
quería que Él se acercara, no debía dejarme tocar por criaturas”., con todo,
siente en su corazón ese deseo de manifestaciones de ternura. Sin embargo
reflexiona; que su trato la lleva a Dios, pues la siente como; “a una santa y
su ejemplo me ayuda para ser mejor. También, cuando trato con ella de cosas
de mi alma, me da mucha paz; sobre todo, como sólo con ella puedo hablar de
Dios, de su amor y bondad, me expansiono; lo que es una necesidad para mi
alma, aunque creo será más perfecto no buscar esa satisfacción”. Cambiando un poco de tema le confiesa: “le
diré que en la noche sońaba con Jesús. Y cuando a veces me despertaba, me
encontraba en sueńos en contemplación en Dios. Dos veces me acaeció esto […]
de repente sentí a N. Seńor a mi lado, llenándome de suavidad y de paz, e
inmediatamente me sentí consolada. Estuve un rato con Él, y después como que
se fue y dejé de sentir esa suavidad. Dígame, Rdo. Padre, żson ilusiones o
no?” […] A veces se me representa tan lleno de hermosura y ternura como ya no
es posible describir. Créame que todo me causa un hastío horrible; que cuando
veo que encuentran algo hermoso y se alegran con ello yo me digo: "No es
Jesús. El sólo es hermoso. El sólo puede hacerme gozar". Lo llamo, lo
lloro, lo busco dentro de mi alma”. Estoy hambrienta de comulgar […] Quiero que
Jesús me triture interiormente para ser hostia pura donde Él pueda
descansar”. Decima segunda carta al Padre José
Blanch. Ya ve necesidad de encontrarse con él. Finalmente, le escribe al Padre José
una última carta.[904]
No es de despedida, pero le confiesa que ya que no le ve necesidad de
encontrarse con él. El Padre le había escrito para avisarle que la visitaría,
pero Sor Teresa de Jesús le pide que: “no
teniendo extrema necesidad -ya que el estado de mi alma es el mismo que le he
explicado-, podría ahorrarse la incomodidad de pasar a Los Andes, tomándome,
eso sí, la libertad de avisarle en caso qué tuviera alguna dificultad
después, confiada en su paternal bondad. Además, le participaré que cambiaron
de confesor ordinario, y el actual me inspiraría confianza en una urgente
necesidad” 32.3
CARTAS
AL PADRE JULIÁN CEA, CMF.
Estando de vacaciones en el
Fundo San Pablo, le escribe a la Madre Angélica Teresa (Priora de Monasterio
del Espíritu Santo) una anécdota[905] que considera
divertida y que ha conocido al Padre Julián Cea, de los Misioneros del
Corazón de María, más conocidos como Claretianos. Juanita le comenta que es
muy amigo de las carmelitas y que le hablo bastante de ellas y también que
sus amigas le hacían broma diciéndole que tenía que tener
vocación para carmelita. Teresa dice que se reía “por fuera”, pero después se
había dicho al Padre y le encontró vocación para el Carmen hablándole de la
perfección que encierra esa vocación. Mas tarde le escribe al Padre José
Blanch[906] relatando la
misma historia y le dice: “Estoy
encantada con él. Me dijo el Padre Julián que le escribiera alguna vez, si
tenía necesidad. Y lo hice no tanto porque yo lo necesitara como por una
persona que también deseaba escribirle y que no lo hacía si yo no escribía; y
como ella lo necesitaba, lo hice. Mi mamá me ha aconsejado le preguntara a
Ud. sobre si le podía seguir escribiendo” En el momento en que conoce al
Padre Julián, a quien escribirá cuatro cartas, que son verdaderas confesiones
de sus experiencias místicas con diálogos íntimos con Dios y las Virgen. Primera Carta
al Padre Julián Cea, CMF. Pide consejos y relata diálogos místicos con la
Virgen y el Seńor. En su primera carta al Padre Julián
Cea,[907] le
pide le aconseje sobre cosas que tiene dudas y que han aparecido en momentos
de recogimiento, oración y en unión con Dios. Juanita expone en su carta: “El
otro día, cuando estaba en oración, me dijo lo adorara constantemente dentro
de mi alma, ofreciéndole las alabanzas de todas las criaturas y uniéndome a
las que le tributan los ángeles del cielo. Todo cuanto Él me dijo lo he
cumplido, viviendo así mucho más unida a Él. Contemplo a la Sma. Trinidad dentro de mi alma como un inmenso foco de
fuego y luz, en el cual, por su mucha intensidad no puedo penetrar ni mirar”. Y más adelante sigue: “Y
me veo yo, criatura miserable, confundida y anonadada delante de su Divina
Majestad y me uno a las alabanzas que le tributan todos en el cielo. Me pidió
que esta adoración fuera constante y esta alabanza no fuera interrumpida, de
modo que si hablaba o tenía que hacer cualquiera obra, lo hiciera con este
fin de procurar su mayor gloria”. En ninguno de los párrafos anteriores
se lee sobre alguna duda de estos diálogos místico con el Seńor, al contrario,
Juanita da por hecho que estos momentos de intima unión son absolutamente
reales. Y también respecto de la Virgen.
Juanita siguiendo el consejo del Padre Julián Cea, se encuentra meditando una
virtud de la Virgen. Le declara que el Seńor le hablo y le dijo que: “Lo
hiciera sobre la pureza y después yo oía una voz que me enseńaba y me
declaraba la pureza de mi Madre. No sé en qué consistió, pero yo desconocí la
voz y le pregunté a N. Seńor si era El, pero me dijo que era su Madre”. Entonces luego sigue relatando que
ahora sabe que fue la Virgen quien le hablo. “Entonces
la Sma. Virgen me dijo me abría su maternal
Corazón, para que leyera en él hasta dónde llegó su pureza virginal; para
que, imitando esta virtud, pudiera llegar a la total unión con Dios. Después
de declararme esto, me dijo lo que yo debía tratar de hacer para ser pura y
enteramente de Dios”. Las seis primeras cosas que le dijo la
Virgen son: “Que
rechazara todo pensamiento que no estuviera en Dios, para que así viviera
constantemente en su presencia”. “Que
evitara todo afecto a las criaturas para que nunca éstas me turbaran”. “Que
no tuviera otro deseo que el ser cada día más de Dios”. “Que
deseara su gloria la santidad y la perfección en todas mis obras”. “Que
no deseara ni honras ni alabanzas, sino desprecios, humillación y cumplir la
voluntad de Dios”. “Que
no deseara las comodidades ni nada que halague mis sentidos; y que, tanto al
dormir como al comer, lo hiciera con el deseo de servir mejor a N. Seńor”. Antes de seguir comentando al Padre
Julián Cea acerca de sus conversaciones con el Seńor y la Virgen, deduce su
primera conclusión, que debe ser pura en sus obras y abstenerse de todo
aquello que pueda mancharle en lo más mínimo y sólo hacer aquello que sea del
agrado de Dios, que quiere su santificación, y hacerlo siempre todo por Dios,
para Dios y con Dios. Después sigue en su
relato al Padre Julián Cea, diciendo que el Seńor le aconsejo lo siguiente: “Qué
en cuanto fuera posible, nombrara a Dios y que evitara toda palabra que no
fuera dicha por la gloria de Dios”. “Que
no mirara fijamente a nadie y que, cuando lo hiciera por necesidad,
contemplara a Dios en sus criaturas”. “Que
siempre pensara que Dios me mira”. “Que
en el gusto me abstuviera de aquello que me agradaba, y que si tenía que
comerlo, lo hiciera sin complacerme, y se lo ofreciera a Dios y se lo
agradeciera”. “Que
el tacto lo mortificara no tocándome sin necesidad, ni a ninguna persona. En
una palabra, que todo mi espíritu estuviera de tal manera sumergido en Dios,
que me hiciera olvidarme de mi cuerpo”. Y finalizando esta parte de la carta,
ella expone que el Seńor le dijo que rezara mucho para conseguirlo, pues así
en su alma se reflejaría el Dios Santo, el mismo que Ella (la Virgen) desde
que nació vivió así; pero que a Ella (la Virgen) le fue más fácil, pues no
tenía la culpa original. Pero que se lo pidiera y lo conseguiría. Escribe también que quedó, después de
esto, muy recogida, y que percibe que Dios muy interiormente se une a su alma
y, sin palabras, a veces le da a conocer su voluntad. También le expone que
le habló de la pobreza, que tratara de no poseer ni voluntad ni juicio, dado
que en ese momento no podía ser realmente pobre, pero que no estuviera
apegada a nada. Le expone que estas cosas fueron sin palabras y que se las
daba a entender interiormente. Y sigue diciendo que le hizo conocer que
estaba apegada al fervor sensible, que hacía consistir la unión divina en el
amor sensible, pero que ésta estaba en imitar sus divinas perfecciones para
asemejarse a El cada vez más, y en sufrir mucho por su amor para ser
crucificada como El. Juanita, comenzó esta carta pidiéndole
al Padre Julián Cea su consejo acerca de varias cosas sobre las que tiene
dudas y que han aparecido en momentos de recogimiento, oración y en unión con
Dios. Sin embargo, entendiendo que las dudas pueden ser vacilaciones e
incertidumbres frente a ciertas cosas, más que dudas parecen perplejidades,
es decir, como preguntándose żserá todo esto tal cual lo siento? Es así como,
terminado el relato de sus diálogos contemplativos, pide el parecer del Padre
Julián Cea para que le aconseje. De lo que no duda Juanita es en la
verdad de lo que sigue: “Nuestro Seńor
es demasiado bueno para con esta ingrata criatura. Cada vez que estoy en
oración N. Seńor me da a conocer su amor infinito y lo imperfecto de mi amor.
[…] deseo morir, pues veo que no le correspondo en nada”. “Quisiera,
si me fuera posible, sufrir las penas del infierno, con tal que así pudiera
amarle un poco”. “Soy
tan miserable que N. Seńor necesita darme muchos consuelos y fervor para que
me acerque a Él; y a pesar de esto, no lo hago”. “Siento
a veces tanto amor, que me siento verdaderamente sin fuerzas; y sin embargo,
en mis obras no se lo demuestro” Finalmente se despide del Padre Julián,
comentando sus ansias de ser carmelita y que desea mortificarse, por tanto le
pide permiso para ponerse un cinturón tejido de ramas de acacia que tiene
espinas, le cuenta que se ha puesto también piedras en los zapatos y que rece
por esta pobre carmelita para que cumpla la voluntad divina. También ańade
que ha elegido el nombre de Teresa de Jesús. Segunda Carta
al Padre Julián Cea, CMF. Esta en un momento difícil, tanto que se le ha
enfriado su entusiasmo por el carmelo. Un mes más tarde, le vuelve a escribir
otra carta[908] al
P. Julián, en esta oportunidad para comentarle el sufrimiento que le produce
la necesidad de escribir una carta a su papá para solicitar el permiso para
ser carmelita. También le cuenta que está en un momento difícil, tanto que se
le ha enfriado su entusiasmo por el carmelo, que le parece una locura, pero
con todo, lo desea como un bien verdadero y da gracias a Dios de este tedio
natural que experimenta, pues así la cruz que abrazará será más pesada y
podrá manifestar al buen Jesús más amor, ya que irá en busca de El sin
consuelo alguno. A pesar de que ve su corazón “de piedra”,
recibe fuerzas, luz, en una palabra, vida y le ha prometido a al Seńor volver
con todo ahínco a negarse en todo y a vivir sólo para Él. También le pide en esta carta oración
por ella, en especial para que tenga una buena respuesta de su papá para
seguir su camino al Carmelo, aunque no le pide a Dios nada, más que el que se
cumpla en ella su divina voluntad. Finalmente, le pide: “rece mucho por un
hermano extraviado del buen camino, que se aparta cada vez más de él. No se
imagina lo que sufro al pensar que hay en mi hogar un alma que no ama a Dios
y que le ofende tanto. He ofrecido mi vida por él, pero el Seńor no la ha
aceptado. Cuando sea carmelita me inmolaré toda la vida por este hermano que
tanto quiero”. Tercera carta al Padre Julián Cea. Esta
feliz al contemplar las puertas del Carmelo ya abiertas para recibirle. La tercera carta[909]
está fechada en abril, pero no tiene la fecha del día que fue escrita, pero
se puede estimar unos 15 días después de la anterior que fue el 25 de marzo. Juanita le avisa que al volver del
fundo de unas amigas, se encontró con su carta que de tanto provecho ha sido
para su alma. También le avisa que recibió anteriormente otra carta de él,
pero no la había querido responder hasta no darle la noticia del
consentimiento de su papacito, que sucedió el 6 de abril y que esto le
permitirá ingresar Gracias a Dios, el 7 de mayo. Le escribe Juanita: “No
puedo dudar es un milagro de San José, pues fue el domingo 3-° de los
dedicados a este santo. No tengo cómo agradecerle a mi Jesús tanta bondad
para con esta alma tan miserable e infiel. Estoy feliz al contemplar las
puertas de mi Carmelo ya abiertas para recibirme. Sólo me restan 20 días más
o menos, y después... el Calvario, el Cielo. Ya estoy subiendo su cima. El
dolor de la separación es tan intenso, que no hay palabras para expresarlo.
Sin embargo Dios me sostiene y aun cuando veo que todos los míos lloran,
permanezco sin hacerlo, sin demostrar siquiera pena. Es esto lo que me pide
N. Seńor. Más aún, que ni siquiera diga a nadie que sufro; que ante los demás
permanezca como insensible. Créame, Rdo. Padre. Esto es horrible; pero cuento
con la gracia de Dios que en estos momentos sobrepasa todo límite”. Por lo que escribe Juanita, ella está
en un momento de mucho sufrimiento, pero las cartas del Padre Julián le
infunden ánimo y le pide: “Dígame
si hay otra manera de realizar el sacrificio más perfectamente, pues yo
quiero dar a Dios lo más que pueda darle. Continúo en las mismas
disposiciones de espíritu, pero verdaderamente que me encuentro con la gracia
de Dios muy por encima de todo lo que siento. Lo amo, pero sin sentir ese
amor como me sucedía antes, que me sentía sin fuerzas y desfallecida. Ahora
no es así, estoy más unida a Él, pero sin sentir nada”. Y sigue Juanita, escribiéndole entre
otras cosas que Dios le pidió se ofreciera como víctima de amor y expiación y
le aseguró iba a sufrir mucho en su vida. Este el párrafo: “ˇCuánto
le agradezco el interés que tiene por mi alma! Que Dios se lo pague. En mi
subida al Calvario lo tengo muy presente. Acepto con sumo agradecimiento el
convite que me hace para ofrecernos como mártires. Es todo mi ideal. Sin
embargo, nunca le pido a N. Seńor esta gracia porque soy demasiado indigna de
ella. Además creí que era más perfecto no pedirle nada más que el cumplir su
voluntad, y fuera de ello no deseo nada más. Pero hace un ańo -creo- N. Seńor
se me reveló un día cuando estaba expuesto, con una caridad infinita. Entonces
me hizo comprender su amor no correspondido por los hombres. Me pidió me
ofreciera como víctima de amor y expiación y me aseguró iba a sufrir mucho en
mi vida. Después de esto, yo no quise sin consultarlo al confesor ofrecerme
como víctima, y me dio permiso, pero por cierto tiempo. Tuve varios meses
muchos sufrimientos interiores, pero cesaron después”. Finalmente, le pide al Padre Julián,
comunión de oraciones para el viernes santo a las tres, para que ella sea
toda de Dios, por una íntima amiga que tiene sus ideales, pero no puede pedir
permiso para el carmelo y oración por su familia. También le confiesa que siente que: “a
fuerza de tantas oraciones, Dios completará en mí la obra de mi
santificación. Seré santa con la gracia de Dios”. Cuarta carta al
Padre Julián Cea. Para Teresa su nueva casa (El Carmelo) es un “rinconcito de
cielo”. Esta es la cuarta y última carta[910]
al Padre Julián. Han pasado cuatro meses desde la anterior carta, ahora ya es
Teresa de Jesús, novicia del Monasterio del Espíritu Santo. Para Teresa, su
nueva casa es un “rinconcito de cielo”. Todo lo dejo, por seguir la voz de
Dios. Al respecto escribe en esta carta: “En
seguirla (la voz de Dios) encontré el sacrificio más grande de la vida. Sin
embargo, encontré la felicidad más completa, la única verdadera aquí en la
tierra. Ahora que me encuentro sola con el Dios-Amor. Me parece nada todo
cuanto hice por conquistar esta soledad tan querida, donde el alma sólo posee
a Dios. Mi vocación me es tanto más querida cuanto más la compenetro. La
verdadera carmelita, según entiendo, no vive. Dios es el que vive en ella.
Eso es lo que trato de realizar: contemplar incesantemente al Ser Divino,
perdiendo mi nada criminal en su océano de caridad. Esto es lo que quiere de
mí el Divino Jesús: renuncia y muerte de mi ser para que El viva en mí”. Teresa se siente feliz, pero siente
necesidad de desprenderse de todo lo exterior, y tratar solo con EL. Sigue
ella en su carta con nuevos relatos místicos: “A
pesar de mis miserias, Dios me toma cada vez más para Sí. No se imagina
vuestra Reverencia cómo se descubre cada vez más a mi alma. Las locuciones
interiores siempre las siento. También se me han representado imágenes
interiores de N. Seńor en ciertas épocas. Una vez, se me representó N. Seńor
agonizante, pero en forma tal que jamás lo había visto. Me tuvo ocho días
sumida en una verdadera agonía, y lo veía a toda hora. Después cambió de
forma, y el día del Sdo. Corazón se me presentó
Jesús con una belleza tal, que me tenía completamente fuera de mí misma. Ese
día me hizo muchas gracias. Entre otras, me dijo que me introducía en su Sdo. Corazón para que viviera unida a Él; que uniera mis
alabanzas a la Sma. Trinidad a las suyas; que todo
lo imperfecto Él lo purificaría”. Momentáneamente, Teresa suspende la
carta y la continua dos semanas después escribiéndole: “Mi
oración, por lo general, es una especie de mirada a Dios sin raciocinar. A
veces siento mi alma como que quisiera salir de mí, para confundirse en el
Ser divino. Otras veces es Dios el que entra en mi ser. Entonces mi alma está
sosegada. Siento interior- mente un fuego consumidor, que me consume
enteramente”. Y luego sigue escribiendo a ratos, hablándole
de sus sufrimientos: “En
estos momentos sufro horriblemente. Sólo Jesús, que es el que me martiriza,
lo comprende. […] Cuando estoy en la oración no dudo sea Dios el que se une a
esta miserable pecadora; pero saliendo de la oración, creo es el demonio o
ilusiones que me forjo. Haré lo posible por decirle lo que siento”. Momentos de intensos arrobamientos. En los párrafos que siguen, Teresa
relata unos momentos de intensos arrobamientos, que la ponen en tal éxtasis,
que la dejan sin pensar ni sentir otra cosa que nos sea levantamiento de
espíritu. Pero todo esto, aunque que le parecía que su alma se saldría de
ella, después sentía una gran suavidad, que la inundaba de paz y se convenció
que era experiencia de Dios. “Hacen 6 [días], estando en la acción de
gracias después de la comunión, sentí un amor tan grande por N. Seńor que me
parecía que mi corazón no podía resistir; y al mismo tiempo -créame, Padre,
que no sé decirle lo que me pasó, pues quedé como atontada- he pasado todos
estos días como si no estuviera en mí. Hago las cosas, pero sin darme cuenta.
Después,
en la oración, se me presentó Dios, e inmediatamente mi alma parecía salir de
mí; pero con una violencia tal, que casi me caí al suelo. No pierdo los
sentidos, pues oigo lo que pasa al lado, pero no me distraigo de Él. Sobre
todo cuando el espíritu sube más, entonces no me doy cuenta (esto es por
espacio de minutos, creo) pero paso la hora casi entera en este levantamiento
de espíritu; pero eso sí que con interrupciones, aunque en estas
interrupciones no vuelvo bien en mí. Después mi cuerpo queda todo adolorido y
sin fuerzas. Casi no puedo tenerme en pie. Y
el otro día me pasó que no tuve fuerzas ni aún para llevarme el tenedor a la
boca. Tenía tan pesado y adolorido el brazo que no podía. Creo que pasaron
dos [días] sin poder hacer nada. En estos propósitos estaba, cuando de
repente se me vino a la mente el anonadamiento de Dios bajo la forma de pan,
y me dio tanto amor que no pude resistir; y mi alma, con una fuerza horrible,
tendía a Dios. Después sentí esa suavidad, la que me inundó de paz y me
convenció que era Dios”. A continuación le hace saber al Padre
Julián su preocupación por que todo esto no llame la atención de sus
hermanas. Pero por otra parte está convencida que Dios se va a unir a ella,
que le dijo sufriría la purificación por medio del amor, pues quería hacerla
muy suya También le hace saber que toda esta situación de éxtasis, la ha
ayudado a desapegarse de todo, de buscar soledad, pero no para apartarse de
sus hermanas, sino para sentir que Jesús vive más en ella, por lo que decide
tener más humildad, amor al sufrimiento y a la mortificación. 32.4
CARTAS
AL P. ARTEMIO COLOM, S.J.
En el ańo
1907, a la edad de 7 ańos, Juanita ingresa al colegio ubicado en la Alameda,
el Externado del Sagrado Corazón en Santiago. En ese tiempo, el director
espiritual es el Padre Artemio Colom, sacerdote jesuita, por tanto, Juanita lo
conoce desde esa fecha. Le escribe en la
primera carta[911] que conocemos.
“Antes de pronunciarme decididamente
por la vocación que debo seguir, he querido tomar el consejo suyo; pues Ud.
me ha conocido desde chica”. En una
carta[912] al Padre Falgueras, teniendo ella ya 18 ańos, le confiesa algunos
momentos místicos después de comulgar que le venían sucediendo después de su
primera comunión, y que esto se lo había contado a su madre, quien la
aconsejó que se lo comentara al Padre Colom, pero que sintió vergüenza de hacerlo,
por tanto nada le dijo. Juanita
también nos hace saber en otra carta[913] que
recibió una carta del Padre Colom,
donde le habla de la elección del monasterio y se pregunta que hacer, pero
decide no pensar sobre eso, porque falta tiempo para entrar como religiosa. En el Diario y Cartas, solo
tenemos 3 cartas al Padre Artemio Colom, escritas entre el mes de enero y
julio de 1919, mismo ańo en el que ella entró al Monasterio del Espíritu
Santo, pero puede haber otras de acuerdo con lo que la misma Juanita escribe
en la primera carta que conocemos. “En
mi carta anterior, le expuse a Ud., Rdo. Padre, las dudas que tenía, entre el
Sagrado Corazón y las carmelitas”. Primera carta
al P. Artemio Colom, S.J. Razones que tiene para ser carmelita. En esta primera carta[914] le escribe para
hacerle saber las razones que tiene para ser carmelita y porque elige el
convento de Los Andes, fundamentalmente por la vida de oración y la vida
íntima de unión con Dios. Dońa Lucia, la
mamá tuvo la gran bondad de llevarla al convento de Los Andes, con quien
tenía relaciones por carta desde hacía más de un ańo. La pobreza del convento
le atrajo favorablemente. Pero lo que más apreció fue la felicidad de ser
carmelita cuando habló con la Madre Priora. Ella le expuso con sencillez la
vida de la carmelita y sintió en el fondo de su corazón que Dios la quería
allí. Escribe ella: “cuando llegué al convento, mi corazón rebosaba de
felicidad y gozaba de una paz inalterable”. A continuación le expone sus razones
para querer ser carmelita: “Es
por la vida de oración que allí se vive, vida de íntima unión con Dios. Nada
de trato con el mundo ni de criaturas. La carmelita vive en Dios, por Dios y
para Dios”. A continuación le escribe de su
oración: “Creo
que la oración no me cansará […]mi alma siente cada día más la necesidad más
apremiante de orar, de unirse a Dios […]paso constantemente en oración
[…]Todos los días tengo una hora de oración por la mańana, y media hora en la
tarde. Esas horas son para mí un ratito de cielo, a pesar de que a veces no
puedo recogerme”. También le escribe sobre sus deseos de
soledad, de vivir la pobreza carmelita, la penitencia, sobre el sacrificio, y
del fin de la carmelita de rezar por los sacerdotes: “Muchas
veces siento verdaderas ansias de estar sola. El trato con las criaturas me
hastía. Me siento feliz cuando estoy sola, porque estoy con Dios”. “La
pobreza del Carmen me encanta; pues no teniendo nada el corazón permanece
puro, sólo para Dios. Además, siendo pobre me pareceré más a Aquel que no
encontró donde reclinar la cabeza”. “La
penitencia me atrae: castigar el cuerpo que tantas veces es causa de pecados,
hacerlo padecer a ejemplo de Cristo. Además, teniendo el cuerpo sufriendo
hace que se le someta al alma”. El
sacrificio de esta vida tiene atractivos especiales para mí; y más aún cuanto
que todo lo que sufre en su espíritu y en su corazón permanece en el
silencio, sin que ninguna criatura lo comprenda. Sólo lo sabe Dios”. “El
fin de la carmelita -que es rezar por los sacerdotes para que se santifiquen,
y por los pecadores para que se conviertan- no puede ser mejor. La carmelita
se santifica a sí misma para santificar a todos los miembros de la Iglesia.
żQué fin más noble puede proponerse?” Después le explica al
Padre Colom, porque eligió el convento de Los Andes y no otro que estaba
mucho más cerca de su casa en Santiago, calle Alameda[915].
Ella escribe que no se sintió acogida que en ese convento de Santiago, lo que
fue algo desfavorable. También le explica que la conversación con la tornera
no le agrado. Santiago por ese entonces ya era una ciudad ruidosa que estaba
en pleno desarrollo, hasta tal punto que las monjas de ese convento
decidieron trasladarse a un lugar más apacible, que es donde están ahora, en calle
Pedro de Valdivia, comuna de Ńuńoa. Las razones que expone Juanita son: “He
preferido Los Andes por ser más apartado de las grandes ciudades -lo que hace
más dificultosa la ida a ésa- manteniéndose completamente separado del
mundo”. “También
porque creo son muy austeras y muy observantes de su
Regla y tienen muy arraigado el espíritu de Santa Teresa”. “En
Los Andes sólo hablamos de Dios; sólo nombramos a ciertas personas para
encomendarlas a las oraciones”. “Conocí
a todas las monjas, porque corrieron el velo del locutorio. Me encantó la
sencillez, la alegría y familiaridad que reinaban entre ellas. Creo han de
ser muy santas, pues yo saqué mucho provecho de la visita. He quedado en
mucha paz y recogimiento. También sus oraciones casi siempre N. Seńor las escucha,
pues ya varias cosas se me han cumplido de las que les he recomendado”. También le escribe sobre sus temores,
por pensar que: “el alma que se entrega
a la oración ha de sufrir muchos engańos; y a veces llego a creer que todo es
ilusión, con lo que sufro muchísimo. Pero me parece que son tentaciones del
demonio, pues si un alma espera y cree en Dios, no es confundida”. Entonces
le pide al Padre Colom consejos sobre cómo hacer su oración la que consiste
casi siempre en una íntima conversación con Nuestro Seńor, incluso se figura
que es como Magdalena, a los pies escuchándole. También como en la
conversación el Seńor le ha dicho que será carmelita, incluso a que edad iría
al convento, que tuviera una vida más íntima con Él, dándole a entender su
grandeza y su nada, y que por tanto no pensaba sino en Dios. Escribe Juanita: El Seńor le aviso que será
carmelita Otras
veces me dice cosas que no han pasado y que después suceden, pero esto es en
raros casos. Me ha dicho que seré carmelita y que en mayo de 1919 me iré.
Esto me lo dijo de este modo: le pregunté que de qué edad me iría. Entonces
me dijo que de 18 ańos y que me faltaban 5 meses y sería en mayo. Todo esto
me lo dio a entender rápidamente, sin que yo tuviera tiempo para sacar la
cuenta de que el quinto mes era mayo. Después la saqué y vi que,
efectivamente, para mayo faltaban cinco meses; por esto vi que no era yo la
que me hablaba. Otras veces me dice cosas que yo no recuerdo y que, aunque
quiero, no puedo hacerlo. Pero me ha pasado creo dos veces que, preguntándole
yo una cosa, El me la ha dicho y después no ha sucedido; por lo que yo temo
ser engańada. El Seńor le dijo que tuviera una
vida más íntima con EL. Otra
vez estaba delante del Santísimo en oración con mucho fervor y humildad;
entonces me dijo que quería que tuviera una vida más íntima con Él; que
tendría mucho que sufrir y otras cosas que no recuerdo. Desde entonces quedé
más recogida, y veía con mucha claridad a N. Seńor en una actitud de orar,
como yo lo había visto en una imagen. Pero no lo veía con los ojos del
cuerpo, sino como que me lo representaba, pero era de una manera muy viva,
que aunque a veces yo antes lo había querido representar, no había podido. Lo
vi de esta manera como ocho días o creo más y después ya no. Y ahora tampoco
lo puedo hacer. El Seńor le dio a entender su
grandeza y su nada. He
tenido a veces en la oración mucho recogimiento, y he estado completamente
absorta contemplando las perfecciones infinitas de Dios; sobre todo aquellas
que se manifiestan en el misterio de la Encarnación. El otro día me pasó algo
que nunca había experimentado. N. Seńor me dio a entender una noche su
grandeza y al propio tiempo mi nada. Desde entonces siento ganas de morir ser
reducida a la nada, para no ofenderlo y no serle infiel. A veces deseo sufrir
las penas del infierno con tal que, sufriendo esas penas, le pagara sus
gracias de algún modo y le demostrara mi amor, pues encuentro que no lo amo.
En esto consiste mi mayor tormento. No pensaba sino en Dios Esto
pensé en la noche antes de dormirme, y en la mańana amanecí con mucho amor.
Recé mis oraciones y leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, en que
expone los grados del amor de Dios, y habla de oración y contemplación. Con
esto sentí que el amor crecía en mí de tal manera que no pensaba sino en
Dios, aunque hiciera otras cosas, y me sentía sin fuerzas, como desfallecida,
y como si no estuviera en mí misma. Sentí un gran impulso por ir a la oración
e hice mi comunión espiritual pero al dar la acción de gracias me dominaba el
amor enteramente. Todo lo anterior, concluye en ver las
perfecciones de Dios, la justicia de Dios, el infierno y lo horrible del
pecado. Entonces el Seńor le explico que es obrar con perfección, y de este
modo habrá más unión entre Él y ella. Escribe Juanita: “Principié
a ver las infinitas perfecciones de Dios, una a una, y hubo un momento que no
supe nada: estaba como en Dios”. “Cuando
contemplé la justicia de Dios hubiera querido huir o entregarme a su
justicia. Contemplé el infierno, cuyo fuego enciende la cólera de Dios, y me
estremecí (lo que nunca, pues no sé por qué jamás me ha inspirado ese
terror). Hubiera querido anonadarme pues veía a Dios irritado. Entonces
haciendo un gran esfuerzo, le pedí desde el fondo de mi alma misericordia”. “Vi
lo horrible que es el pecado, y quiero morir antes que cometerlo. Me dijo tratara
de ser perfecta; Y cada perfección suya me la explicó prácticamente: que
obrara con perfección, pues así habría unión entre Él y yo, pues El obraba
siempre con perfección”. En esto Juanita recuerda que estuvo más
de una hora sin darse cuenta, ni siquiera sabía cómo estaba su cabeza, que
estaba como en otra parte. Después
estuvo todo el día muy recogida y le pidió Dios no mirara fijamente a nadie
y, si de vez en cuando tenía que mirar, lo viera siempre a Él en sus
criaturas, porque para llegar a unirse a Él necesitaba mucha pureza. Ni
siquiera que toque a alguien sin necesidad. Después de ese día, quedo en
grandes sequedades. Afirma finalmente que todo cuanto le ha
dicho es verdad, que espera que no se entienda que son exageraciones y le
pide consejo sobre que hacer de todo esto y que rece por ella, que ya ha
escogió que su nombre será Teresa de Jesús, y que rece para que pueda imitar
a la Santa Madre de los Carmelitas. Segunda carta al Padre Artemio Colom.
Juanita le comunica la feliz noticia, el 7 de mayo se abrirán para ella las
puertas del Carmelo. Han pasado tres meses desde el envío de
la anterior carta al Padre Artemio y le escribe una nueva carta.[916] Cabe destacar que en estos tres meses sin
comunicarse con él le escribió al Padre Julián Cea tres cartas y al Padre
José Blanch otras tres cartas. El Padre Artemio está en Córdoba, Argentina.
Juanita le comunica la feliz noticia de que el 7 de mayo se abrirán para ella
las puertas del Carmelo. Que se había decidido pedirle a su papa
el consentimiento, que estuvo una semana entera de angustia esperando la
respuesta, pero que finalmente le dijo: "Si
es esa la voluntad de Dios, yo no me opongo a ella, pues esa ha de hacer tu
felicidad". Y después me preguntó llorando cuándo quería irme. Y como le
dijese yo que en mayo, me respondió: "Hazlo como tú lo quieras”. […]
“ˇQué acción de gracias brotó de mi
alma en ese instante para con mi Dios y con mi papacito! Jamás tendré cómo
pagarles como debo”. Todo esto ha producido muchas lágrimas
en su familia, Juanita frente a estos llantos ha quedado con un corazón
insensible frente a los suyos, pero interiormente su alma se despedaza en
dolor que es aliviado por la mano divina del Seńor y expone: “No quiero llorar, porque encuentro que el
sacrificio regado con lágrimas no es sacrificio. Es necesario que sólo Dios
sepa que el cáliz que apuro es muy amargo. En fin, me parece que yo nada hago
porque la gracia de Dios es inmensa. Él es el que obra todo”. […] “ˇQué bueno
es Dios. ˇCuánto lo debemos amar y cuán poco lo amamos, porque somos
incapaces por nuestra corrompida naturaleza! Tengo ansias de ofrecerle algo
Para poder corresponder a su amor infinito, aunque sea imperfectamente Pero
todo queda en deseos y nada en obras. Pero El me conoce y El me ama y recibe
mis deseos y me cubre con su misericordia”. Frente a todo esto, Juanita se
consuela: “Pero
El, mi Esposo adorado, está conmigo El me infundirá valor para inmolarme,
para derramar místicamente toda la sangre de mi corazón cada día, pues la
carmelita debe morir a cada momento por los suyos y por las almas todas”. Y luego sigue: “Qué
pureza me exige mi vocación: siempre junto a Dios. Vivir mi vida entera en la
atmósfera divina”. “ˇQué
recogimiento y adoración no interrumpida!” “ˇQué
paz, qué incendio de amor dentro del alma esposa del Crucificado!” “ˇQué
pobreza y desprendimiento del espíritu y del corazón, qué obediencia y
sumisión de nuestro ser! Carmelita”. “ˇQué
palabra tan llena de hermoso significado: víctima crucificada hostia pura,
cordero que lleva los pecados del mundo. “Qué
incapacidad encuentro en mí para llenar ese molde que mi divino Esposo y mi
Madre Santísima me presentan”. Finalmente se despide, es la última
carta que le escribirá fuera del carmelo, diciéndole “En su Divino Corazón nos encontraremos y después, si por la
misericordia de Dios me salvo, allá en el cielo nos encontraremos reunidos
para cantar eternamente las alabanzas de Dios”. Tercera y última carta al Padre Artemio
Colom. Teresa está en el Carmelo, se
siente en el cielo. En profunda quietud tiene nuevos arrobamientos. Ha recibido
carta de repuesta del Padre Artemio Colom, que sigue Córdoba, Argentina. Esta
será la última carta[917]
y se la escribe después de muchos días de haber recibido la carta del Padre
Colom. Ahora es Teresa de Jesús, está en el
Carmelo separada por completo del mundo, realizando así el ideal de toda su
vida; ideal que, a medida que pasa el tiempo, le parece más hermoso, sin
dejar de preguntarse de continuo por qué Dios le ha amado tanto. Con todo,
sus esfuerzos se dirigen a ser una santa carmelita, y cree que es lo que Dios
quiere de ella para alcanzar la santidad. Pasan momentos de recogimiento
continuo: que nada ni nadie pueda distraerla de Él. Escribe Teresa: “No
me pide nada más que esto, porque allí, en esa unión íntima de mi alma con mi
Dios, se encuentra para mí el ejercicio de todas las virtudes. Primero que
todo, encuentro la renuncia completa de todo mi ser, pues cuanto más me aísle
de mí misma, más me internaré en El. Trato, pues, de negarme en todo para
llegar a poseer al Todo, según nos enseńa nuestro Padre San Juan.[918]”
[…] “Hay días que consigo vivir enteramente para Dios. Entonces es cuando me
siento en el cielo. Entonces es cuando comprendo que "sólo Dios nos
basta". Fuera de Él no hay felicidad posible”. Teresa le habla de que su oración es
cada vez más sencilla, apenas se pone en oración, siente que toda su alma se
sumerge en Dios, y encuentra una paz, una tranquilidad tan grande como le es
imposible describir. Entonces su alma percibe ese silencio divino, y cuanto
más profunda es esa quietud y recogimiento, [más] se le revela Dios. Seguidamente, Sor Teresa de Jesús, le
confiesa unos ciertos arrobamientos que está teniendo en una profunda
quietud, ella le dice: “Es
una noticia muy clara y rápida. No es reflexionando; antes me turbo cuando
reflexiono. Cuando esta noticia es muy clara, siento como que mi alma
quisiera salir de mi ser. Mi cuerpo no lo siento”. “Estoy
como insensible; y dos veces no me he podido mover de mi sitio, pues estaba
como enclavada en el suelo. Otra vez, una hermanita me fue a hablar, y sentí
un estremecimiento terrible en todo mi ser, y lo que me dijo lo oí como de
muy lejos, sin comprender sino hasta después lo que me dijo. Siento que mi
alma está abrasada en amor de Dios y como que El me comunicara su fuego
abrasador”. Después de tener esta oración de
quietud, cuando he sido más fuertemente atraída por Dios. También le comenta que a un Padre (no dice su
nombre) a quien le consultó acerca de su oración le dijo que, cuando sintiera
ese arrobamiento de todo su ser, debía rechazar el pensamiento de Dios. Ella
lo hizo por obedecer, sin embargo le confiesa: “era
el sufrimiento más terrible, y a veces no lo conseguía. También, que debía
principiar mi oración por meditar en Jesucristo; y yo sentía que no podía,
pues Dios me atraía el alma”. Ańade en su carta con un dato que le hace
feliz, por fin el Padre Avertano, que es carmelita,
será su confesor. El Padre Avertano será a partir
de su primera confesión con él, el 18 de mayo de 1919 su único director
espiritual. También el Padre Avertano la adentra en
la doctrina del Santo Padre san Juan de la Cruz. Escribe Sor Teresa de Jesús:
“Me
dijo que no debía resistir a Dios, sino seguir sus inspiraciones. Así lo he
hecho. Después de tener esta oración de quietud, cuando he sido más
fuertemente atraída por Dios, me vienen tentaciones muy grandes. A veces, me
parece que todo lo que me pasa son ilusiones. Otras veces, que es el demonio
que me engańa para hacerme creer que soy extraordinaria. Otras veces, me
siento agobiada por mis miserias y abandonada de Dios; y por fin, la más
terrible es la tentación contra la fe: quedo en completa oscuridad, dudando
hasta de la existencia de Dios”. “Antes
de ayer fue esta tentación tan grande, que no podía ni aún rezar, pues era
peor. Entonces creí había consentido en la tentación, y que estaba en pecado
mortal; pero no me importaba ni aún esto, pues me decía que el pecado mortal
eran invenciones. Anduve todo el día así y al mismo tiempo decía que se
hiciera la voluntad de Dios. En la noche le dije a nuestra Madre que yo no
comulgaría; sin embargo, ella quería sufriese yo sola y no trató de
consolarme, pues creyó que la tentación pasaría como otras veces”. Dios se me representaba como un Juez
terrible. “Al
día siguiente, tenía fe y me dije que estaba en pecado mortal. Y como nuestra
Madre juzgó que era prudente no exigirme que comulgara, pues yo no quería, me
quedé sin comulgar, aunque tenía hambre de Jesús. Me sentía condenada. Dios
se me representaba como un Juez terrible. Lloré tanto, que ya no sabía lo que
tenía”. “Cuando
nuestra Madre se me acercaba para consolarme, yo me retiraba, pues veía que
estaba ella con Dios y yo con el demonio Me tranquilicé cuando me aseguró que
no estaba en pecado. Sin embargo, vi claramente que Dios no había querido
venir ese día a mi alma. Ya la tentación pasó, y me ha dejado muy humilde, no
sólo delante de Dios, sino delante de mis hermanitas (pues se cercioraron de
que no había comulgado y que me había tenido que confesar)”. “Pero
después de estas oscuridades Dios se comunica más a mi alma. Ayer ya no sabía
dónde estaba, aun después de la oración; y aunque mi pensamiento no está
permanentemente en Dios, me siento muy unida a Él y, apenas pienso en El, mi
alma se siente fuertemente atraída. Yo no sé si esto es ilusión o no. Lo
único que veo es que ando con mucho recogimiento, sé mortificarme y vencerme
más y soy más humilde. Dios es demasiado bueno con esta infeliz pecadora; a
pesar de que tanto lo ofende, no deja de amarla”. Me siento en el cielo, y dominada por
el amor infinito de mi Dios. “Después
que comulgo, me siento en el cielo, y dominada por el amor infinito de mi Dios.
A veces mí solo consuelo en este destierro es la comunión, donde me uno
íntimamente con Él. Siento ansias de morirme por poseerlo sin temor de
perderlo por el pecado. Este deseo me hace huir de las menores
imperfecciones, pues ellas me separan del Ser infinitamente Santo”. “También
N. Seńor se me representa a veces interiormente, y me habla. Como una semana
lo vi en agonía, pero de un modo tal como jamás lo había ni aún sońado. Sufrí
mucho, pues traía la imagen perpetuamente, y me pidió que lo consolara.
Después fue el Sagrado Corazón en el tabernáculo con el rostro muy triste; y
por último, el día del Sagrado Corazón, se me representó con una ternura y
belleza tal, que abrasaba mi alma en su amor, no pudiendo resistir. Sin
embargo, en cuanto a las imágenes y hablas interiores no hago caso, si no es
al efecto bueno que producen en mí, para no aficionarme a ellas, y aún trato
de rechazarlas. En cuanto a Dios no me lo represento en ninguna forma, para
ir a Él por fe. Todo esto pasa en mi alma. Juzgue su Reverencia si no voy
errada, pues vivo con este temor”. 32.5
PRIMERA
Y ÚNICA CARTA AL PADRE ANTONIO Ma FALGUERAS.
Mi ideal de
carmelita es ser hostia, ser inmolada constantemente por las almas Después, en la misma
carta, Sor Teresa de Jesús cambia de tema. Le comunica que su toma de hábito
quizás sea el 15 de octubre, ya que la Madre le pidió al Nuncio le suprimiera
un mes. Teresa arde de deseos de verse con el hábito de nuestra Madre del
Carmen. Sin embargo, se confunde, porque piensa que no tiene las virtudes de
una religiosa al compararse con otras hermanas carmelitas muy santas. Pero consciente de esto, hace esfuerzo
para adquirir las virtudes: ser obediente hasta en lo más mínimo, caritativa
con sus hermanitas y sobre todo, ser humilde. Para esto procura no hablar ni
en pro ni en contra de mí misma, y sólo humillarse delante de la Madre
Priora. Procura no disculparse, aunque sin razón la reprendan, y si alguna
hermana la humilla, se estimula en servirla y en ser más atenta con ella.
Dice Teresa: “Siempre
quiero negarme y renunciarme en todo, para así unirme más a Dios”. El día del Sagrado Corazón solicitó
licencia a la Madre para hacer los tres votos hasta su toma de hábito.
Escribe: “Mi
ideal de carmelita es ser hostia, ser inmolada constantemente por las almas,
y mi fin principal es sacrificarme porque el amor del Corazón de Jesús sea
conocido. Créame, Rdo. Padre, que no sé lo que me pasa al contemplar a
Nuestro Dios desterrado en los tabernáculos por el amor de sus criaturas, las
cuales lo olvidan y ofenden. Quisiera vivir hasta el fin del mundo sufriendo
junto al divino Prisionero”. Finaliza la carta, diciéndole al Padre
Artemio que ahora se cree en el cielo cuando está en el coro cantando las
alabanzas de la Sma. Trinidad y le encarga que la
ofrezca en la Santa Misa como hostia. “Quiero
ser hostia por hostia. Introdúzcame en el cáliz, para que, bańada en la
Sangre de Jesús, sea aceptada por la Sma. Trinidad.
Pídale a N. Seńor me haga una santa carmelita, verdadera hija de nuestra Sta.
Madre. Yo, aunque miserable pecadora, ruego mucho por Su Reverencia, para que
sea un santo Jesuita”. A la Sma. Virgen le
contaba todo lo que le pasaba, y Ella le hablaba. Relatos místicos y de
arrobamientos. Esta es la única carta[919]
dirigida al Padre Antonio Ma Falgueras que conocemos.
Juanita le escribe para declararle todo lo que por su alma ha pasado.
Previamente le aclara; “Yo
nunca he hecho caso de lo que he visto, creyendo fuera mi imaginación la que
me representaba ciertas imágenes, aunque las tales dejaban siempre en mi alma
humildad, amor, confusión--al ver mis miserias--, arrepentimiento y, sobre
todo, agradecimiento hacia ese Dios lleno de bondad y misericordia, que así
se manifestaba a mi alma”. Juanita le confiesa que desde los siete
ańos, más o menos, nació en su alma una devoción muy grande a la Sma. Virgen. Le contaba todo lo que le pasaba, y Ella le
hablaba. Sentía su voz dentro de mí misma clara y distintamente. La Virgen le
aconsejaba y le decía lo que debía hacer para agradar a N. Seńor. Juanita
pensaba que eso era lo más natural, y jamás se le ocurrió decir lo que la Sma. Virgen le decía. También le comenta que desde que hizo
la Primera Comunión, N. Seńor le hablaba después de comulgar. Escribe
Juanita: “Me
decía cosas que yo no sospechaba y aun cuando le preguntaba, me decía cosas
que iban a pasar, y sucedían. Pero yo segura creyendo que a todas las
personas que comulgaban les pasaba igual, y una vez le conté a mi mamá no me
acuerdo qué cosa de lo que N. Seńor me dijo. Entonces me dijo lo dijera al
Padre Colom, pero a mí me daba vergüenza”. A los catorce ańos, cuando estaba
enferma en cama, Nuestro Seńor le habló y le dio a entender lo abandonado y
sólo que pasaba en el tabernáculo. Él le dijo que lo acompańara. Entonces le
dio la vocación, pues le dijo que quería que su corazón fuera sólo para Él, y
que fuera carmelita. Desde ese momento pasaba el día entero en una íntima
conversación con N. Seńor, y se sentía feliz en pasar sola. Muy bien distinguía la voz de la Madre Sma. y la del buen
Jesús. tomé un alfiler y grabé con él en mi pecho estas letras: J.A.M.--
"Jesús, Amor mío". Relata Juanita: “Una
vez tenía una duda; se la pregunté a la Sma.
Virgen, pero oí otra voz muy diferente a las que oía, que siempre me ha
quedado grabada. Esta voz no me aconsejó bien y me dejó muy turbada. Entonces
invoqué con toda mi alma a la Sma. Virgen y Ella me
contestó que el demonio me había respondido y que, en adelante, siempre le
preguntara si era Ella la que me hablaba. Pero nunca más sucedió lo dicho. Como
pasaba los días enteros unida a N. Seńor, las ansias de sufrir y amar crecían
cada vez más. A veces sentía tanto amor que me parecía no podía vivir si se
hubieran prolongado por más tiempo”. “Una
vez, en la noche, antes de dormir, cuando hacía mi examen de conciencia, N. Seńor
se me representó con viveza tal que parecía lo veía. Estaba coronado de
espinas y su mirada era de una tristeza tal, que no pude contenerme y me puse
a llorar tanto, que el Seńor me tuvo que consolar después en lo íntimo del
alma. Duró unos dos minutos, más o menos, y su rostro quedó por mucho tiempo
esculpido en mi memoria, y cada vez que lo representaba como lo había visto,
me sentía deshacerme de arrepentimiento por mis pecados. El amor que le tenía
creía cada vez más, y todo lo que sufría me parecía poco, y me mortificaba en
todo lo que podía. Una vez en que la violencia del amor me dominó tomé un
alfiler y grabé con él en mi pecho estas letras: J.A.M.-- "Jesús, Amor
mío". Y me hizo mal, porque me dio fatiga; pero nunca lo he dicho a nadie”.
“Otra
vez, queriendo imitar a Margarita María, tomé lo que había arrojado. Los
remedios los tomaba despacio para saborear su amargura. Pero todo esto lo
hacía sin decirle nada a mi confesor, porque me daba vergüenza. No me acuerdo
bien si después le dije que Nuestro Seńor me hablaba, pero él no le dio
importancia. Solía suceder que lo que N. Seńor me pedía para mi
santificación, el Padre me lo repetía después con las mismas palabras en el
confesionario”. “También
una vez que rezaba unas "Ave Marías" para formarle una corona a la Sma. Virgen, desapareció todo ante mi vista y vi sobre la
cabeza de mi Madre una corona toda llena de piedras preciosas que despedían
rayos de luz, pero no vi su rostro. Yo creo que esto fue producido por mi
imaginación, pues duró un segundo, y además deseaba saber si verdaderamente
la Sma. Virgen recibía mis oraciones”. El Seńor se le representó con su rostro
lleno de tristeza y en una actitud de oración. “N.
Seńor en el Smo. Sacramento dos veces me ha manifestado, pero casi de una
manera sensible, su amor. Una vez me dio a entender su grandeza y después me
dijo cómo se anonadaba bajo las especies de pan. Me pasó esto en el colegio.
No sé si me notarían algo después, pues una monja me preguntó algo muy
significativo, que me sorprendí y turbé toda. El ańo pasado N. Seńor se me
representó con su rostro lleno de tristeza y en una actitud de oración y los
ojos levantados al cielo y con la mano sobre su Corazón. Me dijo que rogaba
incesantemente a su Padre por los pecadores y se ofrecía como víctima por
ellos allí en el altar, y me dijo hiciera yo otro tanto, y me aseguró que en
adelante viviría más unida a Él. Que me había escogido con más predilección
que a otras almas, pues quería que viviera sufriendo y consolándolo toda mi
vida. Que mi vida sería un verdadero martirio, pero que El estaría a mi lado.
Su imagen quedó ocho días en mi alma. Lo veía con una viveza tal que pasé
constantemente unida a Él en su oración. A los ocho días no la vi más, y
aunque después quise representármela tal como era, no pude. Quizás fue por mi
culpa que la dejé de ver, pues no fui recogida después. Después
no he vuelto a ver nada especial. N. Seńor me habla, pero mucho menos. Y
ahora nunca me dice nada que no sea sólo para mi alma, pues una vez le
principié a preguntar muchas cosas, que no se relacionaban con mi alma.
Entonces me dijo que nunca le preguntara, sino que me contentara con lo que
Él me decía. Sólo dos veces me ha dicho cosas que no se han cumplido. Por
eso, desconfío sea N. Seńor el que me habla. Sin embargo sus palabras siempre
me dejan paz, humildad, arrepentimiento y recogimiento”. Finalmente le pide al Padre, juzgue de
todas estas cosas, y le diga que debe hacer, pues a ella se le figura que son
ilusiones y fantasías de su espíritu. Juanita siente unas ansias ardientes
por contemplar a Dios, pero parece que su entendimiento se ve rodeado de
tinieblas que le impiden la contemplación. Una noche el Seńor le permitió que
contemplara la infinidad divina. Estuvo una hora y cuarto. Vio con claridad
la infinidad de Dios y después su pequeńez. Sacó de eso muchos frutos, porque
ha estado recogida, humillada y con mucho agradecimiento hacia ese Dios que
le busca a pesar de mi pequeńez. Su gran deseo es conocer a su Divino Esposo,
a fin de amarle cada día más. 33 OFRENDA POR LOS SACERDOTES[920]
33.1
QUE
TODOS SEAN SEGUIDORES DE JESUCRISTO SIN DOBLEZ.
Para muchos de nosotros, desde nuestros
inicios como participante de la fe católica que profesamos, el sacerdote,
confesor o director espiritual, es el hombre que de acuerdo con los preceptos
y a los rituales de la Iglesia, intermedia entre los fieles y Dios. Es así,
como él es el hombre que asume la dirección y la administración de los ritos
de las celebraciones de la Iglesia, nos explica la palabra divina, se encarga
de celebrar los sacramentos y en muchos casos es nuestro confesor o director
espiritual. Un signo fundamental del sacerdote es
la motivación por servir a los demás, esa llama de amor viva que arde en el
interior, que además le pide llevar una vida desinteresada y caracterizada
por la generosidad. Los labios del sacerdote deben guardar
la ciencia, y de su boca debe salir una verdadera enseńanza. Es así, como
nuestra ilusión y gran necesidad, es tener buenos sacerdotes, hombres que se
la jueguen por hacer el bien, leales apóstoles de Jesucristo, bien
preparados, íntegros, siempre acogedores, afables, muy cercanos y confiables.
Que todos sean seguidores de Jesucristo sin doblez, que no le teman a la
cruz, que estén animado para subir a lo alto del monte para ver la gloria y
la honra de Dios. Hombres de oración, de recogimiento, y que guíen a sus
fieles a la unión con Dios. Que no tengan miedo de hablar de Jesucristo, que
no teman de guiar al rebańo al cielo. Hombres que se ofrendan. Que no miren
hacia atrás. Que no se crucen de brazos. Que ayuden a cargar a Cruz del
Seńor. Que vivan con fidelidad. Por estos hombres, pidió Cristo.[921] Dios
les llamó y les separo para confiárselos. En efecto, como eran Hijos de Dios,
se los dio a Él. Y es así como Cristo les enseńó el misterio de que había un
Padre verdadero, del cual Él es su Hijo. Entonces, en oración recomienda a la
benevolencia del Padre estos hombres, que le pertenecían privilegiadamente, y
que amorosamente se los dio a su Hijo para que recibiesen de Él su mensaje y
fuesen sus apóstoles: los continuadores de su obra, sabiendo ahora que todo
lo que le has dado viene del Padre. Jesús les comunico las palabras que el
Padre le dio y guardaron su palabra. Por eso ahora saben que todo lo que le
has dado viene de Él, su filiación y su misión. Es así, como ellos reconocen
verdaderamente que Cristo vino del Padre y creen que el Padre se los envió. Cuánto más
obligados están son los sacerdotes a ser más santos que otros.
La Santa Madre
Teresa de Jesús, reflexiona cuánto más obligados están son los sacerdotes a
ser más santos que otros, puesto que tratan las cosas más santas, tienen a
Dios en sus manos y lo hacen venir a la tierra con sus palabras, son siervos
de Dios para el servicio de su Iglesia y tanto más eficaz será su servicio
cuanto con mayor templanza y discreción vivan y desarrollen su ministerio.
Escribe
en el libro de la Vida una experiencia llegando a comulgar: “Llegando
una vez a comulgar, vi dos demonios con los ojos del alma más claro que con
los del cuerpo, con muy abominable figura. Paréceme que los cuernos rodeaban
la garganta del pobre sacerdote, y vi a mi Seńor con la Majestad que tengo
dicha puesto en aquellas manos, en la Forma que me iba a dar, que se veía
claro ser ofendedoras suyas, y entendí estar aquella alma en pecado mortal.
żQué sería, Seńor mío, ver vuestra hermosura entre figuras tan abominables?
Estaban ellos como amedrentados y espantados delante de Vos, que de buena
gana parece que huyeran si Vos los dejarais ir. Diome
tan gran turbación, que no sé cómo pude comulgar y quedé con gran temor,
pareciéndome que si fuera visión de Dios, que no permitiera su Majestad viera
yo el mal que estaba en aquella alma. Díjome el
mismo Seńor que rogase por él, y que lo había permitido para que entendiese
yo la fuerza que tienen las palabras de la consagración, y cómo no deja Dios
de estar allí por malo que sea el sacerdote que las dice, y para que viese su
gran bondad, cómo se pone en aquellas manos de su enemigo, y todo para bien
mío y de todos. Entendí bien cuán más obligados están los sacerdotes a ser
buenos que otros, y cuán recia cosa es tomar este Santísimo Sacramento
indignamente, y cuán seńor es el demonio del alma que está en pecado mortal.
Harto gran provecho me hizo y harto conocimiento me puso de lo que debía a
Dios. Sea bendito por siempre jamás”.[922] “Muy a gusto
presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo”[923]
Teresa de Jesús de Los Andes, tuvo
siempre esto presente y fue consciente de la gran necesidad de orar por los
sacerdotes. Ellos respondieron a la llamada de Dios y se pusieron en camino.
A ninguno se le ha pedido ser perfecto, pero se les educó en la conciencia
del propio pecado, tal como el hijo pródigo, que decidió retornar de sus
faltas y experimentar así el gozo de la reconciliación con el Padre y de su
gran misericordia. Enseńaba Benedicto XVI: “Ciertamente la
fragilidad y las limitaciones humanas no son obstáculo, para que los
sacerdotes nos ayuden a hacernos cada vez más conscientes de que tenemos
necesidad de la gracia redentora de Cristo. Recordemos la experiencia de san
Pablo, que declaraba: “Muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así
residirá en mí la fuerza de Cristo”[924] En el misterio de la
Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, el poder divino del amor cambia el corazón
del hombre, haciéndole capaz de comunicar el amor de Dios a los hermanos. A
lo largo de los siglos muchísimos hombres y mujeres, transformados por el
amor divino, han consagrado la propia existencia a la causa del Reino. Ya a
orillas del mar de Galilea, muchos se dejaron conquistar por Jesús: buscaban
la curación del cuerpo o del espíritu y fueron tocados por el poder de su
gracia. Otros fueron escogidos personalmente por Él y llegaron a ser sus
apóstoles”.[925] Hoy más que nunca, sabemos de la gran
necesidad de rezar por los sacerdotes, especialmente ante las dificultades. Y
de este modo, ayudarle a santificarles y que vivan en una constante unión con
Dios. Enseńaba el Papa Benedicto XVI: “El
sacerdote, representa a Cristo, el Enviado del Padre, es su presencia,
continúa su misión a través de la ‘palabra’ y el ‘sacramento’, que son los
dos pilares fundamentales del servicio sacerdotal"[…]"cada
sacerdote sabe que es un instrumento necesario para la acción salvífica de
Dios, pero sigue siendo un instrumento. Esto debe hacer más humildes y generosos
a los presbíteros en la administración de los sacramentos, en la observancia
de las normas canónicas, y también en la profunda convicción de que su misión
es asegurar que todas las personas, unidas a Cristo, puedan ofrecerse a Dios
como hostia viva, santa, agradable a Él".[926] Rezar y
sustentad a nuestros sacerdotes, especialmente en las dificultades.
Los párrafos que dejo a continuación
corresponden a las notas del Diario
y de las Cartas de Santa Teresa de
Los Andes, donde nos encomienda sobre todo rezar y apoyar a nuestros
sacerdotes, especialmente en las dificultades, que hoy son muchas, para que
sean cada vez más pastores según el corazón de Dios. 33.2
OFRECIMIENTO
POR LOS SACERDOTES, PARA QUE SE SANTIFIQUEN.
Escribe Teresa en su Diario, su ofrecimiento por los
sacerdotes, para que se santifiquen: “Jesús
mío, te lo ofrezco por mis pecados y por los pecadores y el Santo Padre y
sacerdotes. Me uno a tu abandono en el Calvario”.[927] “Seńor,
si a Ti te place, que se tupan más las tinieblas de mi alma, que no te vean.
No me importará, porque quiero cumplir tu voluntad. Quiero pasar mi vida
sufriendo para reparar mis pecados y los de los pecadores. Para que se
santifiquen los sacerdotes. No quiero ser feliz yo, sino que Tú seas feliz”.[928] “Hoy no pude comulgar, porque estuve enferma
esta mańana. ˇOh, qué hambre tengo de Jesús! Le amo, pero no siento la
dulzura de su amor. No le veo. No importa. Se lo ofrezco a Jesús por mis
pecados, por los de los pecadores y por la santificación de los sacerdotes”.[929] El fin de la
carmelita es rogar por los sacerdotes
“Le
mostré a la M. Izquierdo mi libreta, y le llamó la atención el fin que tenía
-por la santificación de los sacerdotes-, en mis acciones; pues no sabía que
el fin de la carmelita es rogar por los sacerdotes, ya que ella es también
sacerdote. Siempre al pie del altar ha de recibir la sangre de Jesús y
derramarla por sus oraciones a todo el mundo. [930] Estoy
enferma. No puedo comer nada. Ayuno. Estoy feliz. Qué bueno es mi Jesús que
me da su Cruz. Soy feliz. Así le demuestro mi amor. Además, los zapatos me
lastiman. No me quejaré para ofrecérselo a la Virgen. Estoy sola. No comulgo,
pero estoy en la cruz y en ella está Jesusito. Vivo, pues, en permanente comunión.
Jesús, te doy gracias por la cruz. Cárgala más, pero dame fuerza, amor. Sé
que soy indigna de sufrir, Jesús, contigo. Perdóname mis ingratitudes.
Apiádate de los pecadores. Santifica a los sacerdotes”.[931] Te ofrezco mis sufrimientos por mis pecados […] por
la santificación de los sacerdotes.
“Ya
no puedo más. Si Jesús no me sostuviera, no sé qué haría, pues pasaría todo
el día sin hacer nada, tendida. Paso con fatigas. Un dolor de cabeza que veo
todo de diversos colores. Dios mío, hágase tu voluntad y no la mía. Te
ofrezco mis sufrimientos por mis pecados, por los pecadores, por la
santificación de los sacerdotes”.[932] “Hace
ocho días que estoy en el Carmelo. Ocho días de cielo. Siento de tal manera
el amor divino, que hay momentos creo no voy a resistir. Quiero ser hostia
pura, sacrificarme en todo continuamente por los sacerdotes y pecadores”.[933] Penitencia para consolar a N. Seńor, para reparar
los pecados de nosotras […] y para rogar por los Sacerdotes.
“żQuieres
que te diga una mortificación que cuesta harto? Es rezar en la noche un
cuarto de hora con los brazos en cruz; y también, si no te hace mal,
levantarse de la cama, ponerse en el suelo de rodillas con las manos debajo
de las rodillas -duele harto-, y rezar tres Padre nuestros. Tenemos que hacer
penitencia para consolar a N. Seńor, para reparar los pecados de nosotras,
del prójimo, y para rogar por los Sacerdotes”.[934] “Me
hace tanto bien, y en ella pude apreciar, una vez más, todo el encanto de la
vida carmelitana. Créame que en todas mis acciones tengo presente el fin de
la carmelita: los pecadores, los sacerdotes […] si Él quiere y le place,
quiero pasar mi vida entera en este estado de sequedad por los pecadores y
por los sacerdotes”.[935] Lo ofrecí a N.
Seńor por los pecadores y sacerdotes.
“Sentí
el dolor más horrible. Pero lo ofrecí a N. Seńor por los pecadores y
sacerdotes”.[936] “Entré
en una asociación que se llama "La Reparación Sacerdotal", en la
que se reza por los sacerdotes que tanto necesitan. Esta es una devoción carmelitana,
pues la carmelita se sacrifica por los sacerdotes; y esto fue lo que me movió
a ingresar a ella.[937] “Por
una parte me siento atraída al Carmen por vivir completamente una vida de
oración y de unión con Dios, separada por completo del mundo. También me
atrae por su austeridad y por su fin, que es rogar por los pecadores y
sacerdotes. Lo que me encanta es que la Carmelita se sacrifica en el
silencio, sin que vea los frutos de su oración y sacrificio”.[938] El fin de la
carmelita -que es rezar por los sacerdotes para que se santifiquen
El sacrificio de esta vida tiene
atractivos especiales para mí; y más aún cuanto que todo lo que sufre en su
espíritu y en su corazón permanece en el silencio, sin que ninguna criatura
lo comprenda. Sólo lo sabe Dios […] Uno de los fines más importantes de la
carmelita -que es rezar por los sacerdotes para que se santifiquen, y por los
pecadores para que se conviertan- no puede ser mejor. La carmelita se
santifica a sí misma para santificar a todos los miembros de la Iglesia.[939] “El fin que se propone es muy grande:
rogar y santificarse por los pecadores y sacerdotes. Santificarse a sí misma
para que la savia divina se comunique, por la unión que existe entre los
fieles, a todos los miembros de la Iglesia. Ella se inmola sobre la cruz, y
su sangre cae sobre los pecadores, pidiendo misericordia y arrepentimiento.
Cae sobre los sacerdotes santificándolos, ya que en la cruz está con
Jesucristo íntimamente unida. Su sangre está, pues, mezclada con la divina.[940] La carmelita es hermana del sacerdote. Ambos
ofrecen una hostia de holocausto por la salvación del mundo.
“Mucho
le agradecería me enviara una amplia explicación de la Reparación Sacerdotal;
pues, aunque ya pertenezco a ella, sin embargo, no me lo han explicado muy
bien. Y yo, como deseo ser carmelita -la cual se propone rogar por los
sacerdotes-, tengo verdaderos deseos de llenarme por completo del espíritu de
reparación, ya que creo le agradará a N. Seńor, pues sufre tanto por las
ofensas de aquellos que, llamados a ser sus verdaderos e íntimos amigos,
muchas veces lo olvidan y lo olvidan. ˇCuántas veces no he sentido en el
fondo de mi alma, al ver sacerdotes indignos de tal nombre, mucha pena! Y
mucho tiempo atrás ofrecía una vez a la semana, la comunión y la Misa para rogar
y reparar por ellos”. “Yo,
que he de permanecer siempre al pie del tabernáculo, me esforzaré -se lo
aseguro- por consolar a N. Seńor por las ofensas de sus ministros. La
carmelita es hermana del sacerdote. Ambos ofrecen una hostia de holocausto
por la salvación del mundo. Así pues santificase a sí misma para que la
sangre del divino Prisionero que recibe ella en su alma por estar siempre más
unida a Él, circule por los demás miembros del cuerpo de Cristo. En una
palabra, santificase a sí misma para santificar a sus hermanos”.[941] Quiero ser hostia por los sacerdotes y pecadores.
“Me olvido de que estoy en la tierra.
El Carmelo es un cielo. Mamacita querida, ruegue por su carmelita que mucho
lo necesita. Pídale a N. Seńor que mi vida sea un cántico de amor y alabanza.
Quiero ser hostia por los sacerdotes y pecadores”.[942] “Tu intención particular han de ser los
sacerdotes y los pecadores. No dejes ningún día tu oración, aunque sea sólo
por la mańana cuando vayas a misa, no importa que no sea la hora entera. Tu
intención particular han de ser los sacerdotes y los pecadores”.[943] “N. Santa Madre recomienda esta mirada
amorosa al Esposo de nuestra alma. Míralo sin cansarte, Isabelita, dentro de
tu cielito; y pídele, cuando le mires, te dé las virtudes que te hagan
hermosa a sus divinos ojos. Consuélalo con tus lágrimas y acarícialo, que
esto a Él le encanta. Pídele por la Iglesia, por los sacerdotes y por las
almas pecadoras”.[944] “Con la Santísima. Virgen he arreglado
que sea mi sacerdote, que me ofrezca en cada momento por los pecadores y
sacerdotes, pero bańada con la sangre del Corazón de Jesús”.[945] 34 CAMINO A LOS
ALTARES, CRONICA DEL PROCESO DE CANONIZACIÓN.
34.1
AL
ABRAZO DEL PADRE.
Todavía no hace el ańo que Jesús
la ha "robado", y ya su alma, acrisolada y purificada al máximo por
el amor, está madura. Escribió por entonces: "Soy la persona más
dichosa. No deseo nada, porque mi ser entero está saciado en Dios –
Amor".[946] Durante la cuaresma de 1920, Sor
Teresa debió sentirse muy enferma; pero no dio importancia a su mal, Llegó
así hasta el viernes santo, hasta que su maestra la notó afiebrada. Era
tarde. El mal – un violento tifus – había minado ya su frágil organismo.
Durante su enfermedad, se pudo comprobar su aquilatada virtud. Jamás molestó por
nada. Siempre estaba bien. Sólo se sabía de sus dolores y malestar cuando era
interrogada por los médicos. La comunidad hizo lo humanamente posible por
devolverle la salud. Pero inútilmente. El fruto – ella misma lo dijo – estaba
ya maduro. El 12 de abril de 1920, a las
7:15pm, fue a gozar plenamente y sin velos de Dios la que ya en vida había
experimentado que fuera de Él no hay felicidad posible; que sólo El basta.
Contaba con 19 ańos y 9 meses de edad y 11 meses de carmelita y subió a lo
alto del monte, para gozar para siempre de la “Gloria y la Honra de Dios. Para una carmelita la muerte no
tiene nada de espantable. Va a vivir la vida verdadera. Va a caer en brazos
del que amó aquí en la tierra sobre todas las cosas. Se va a sumergir
eternamente en el amor. 34.2
LA
CONVICCIÓN DE QUE ELLA YA ES SANTA Y QUE DEBE INICIARSE EL PROCESO DE
BEATIFICACIÓN.
Tiene mucha
fama de santa
A
los 27 ańos de su muerte, el ańo 1947, a Juanita Fernandez
Solar, de nombre religioso Sor Teresa de Jesús para no confundirla con Teresa
de Jesús, la Santa Carmelita de Ávila, las monjas y los padres le llaman
Teresa de Los Andes. Juanita,
que es Sor Teresa, ya tiene mucha fama de santa, y se ha dicho que ella entró
santa al Carmelo. También corre la voz que hace muchos favores y la gente de
la Ciudad de Los Andes y la Ciudad de San Felipe que está cerca, visitan el
Carmelo y van a rezarle a Sor Teresa, le piden muchas asistencias. Las Madres
están asombradas, el clero de Los Andes también y les preguntan a las monjas
por qué viene cada día más gente, ellas dicen que “constantemente vienen a
nuestro Monasterio a dar gracias por los favores que se le atribuyen”. Se le
pedía de todo, me confesó una hermana del Carmelo, algunos pedían consejos
para que Sor Teresa les concediera favores. A veces, sentían que no tenían
respuesta, pero no perdían el entusiasmo. También me dijo que algunas monjas
les decían a los devotos, que el Seńor sabe bien lo que cada uno necesita, y
quizá pedían por su salud, pero se le concedía la oportunidad de atender a
otros enfermos o se recibía otro bien, como un buen trabajo. Así se corre la voz en todo el país, y
comienza un gran peregrinaje de las ciudades cercanas. También van en
peregrinación desde Santiago, la Capital que está a 70 km. Había un solo un
bus al día y tardaba dos horas. También viajaban en tren que hacía un largo
recorrido para llegar. Un viejo devoto me contó que comenzó a ir en el ańo
1950: tomaba el tren muy temprano, tenía que hacer un trasbordo, y llegaba a
las 11 de la mańana, rezaba y regresaba en el mismo tren que salía desde Los Andes por la tarde y finalmente llegaba a
su casa en Santiago después de las 9 de la noche. Hoy el viaje desde Santiago
se hace en 45 minutos. Le pregunté por qué iba tanto, y seguía en su avanzada
edad visitando la cripta del Santuario. Me confesó algo: “tenía un gran temor
a una situación, no le pedí que acabara con el problema, le pedí tener más
valor, y me hizo un gran regalo, porque tuve muchos obstáculos en mi vida y
todos los pude superar, y aquí me tiene, anciano y muy autovalente”. Hacia
el ańo 1926, aparece un libro con una biografía de Juanita Fernández: “Un
lirio del Carmelo”. En él se aportan
datos importantes de su vida y se dan a conocer algunas de las cartas y
textos de su Diario. Después, dado
el interés en conocerla, se imprime una segunda edición el ańo 1931, pero, en
esta edición se incluye un llamado de dos frailes carmelitas Ernesto de Jesús
y Silverio de Santa Teresa, pidiendo se rece para que Juanita sea algún día
proclamada santa. Ya se había proclamado santa en el ańo 1925 a otra joven
carmelita, Teresita de Lisieux y se conocían las cartas de Sor Isabel de la
Trinidad, carmelita descalza de edad parecida, y que hoy también es santa.
Hay tendencia a compararlas, pero cada una como las estrellas, brillan por su
propia luz. Es
así como, ante tanta fama, la gente comienza a llamar a Sor Teres “santita
del cielo”, y muchos comienza a afirmar —con certeza—, que se han recibido
milagros; por tanto, esta fe con la que Sor Teresa les asiste hace que cada
vez más gente peregrine al Monasterio donde, desde el 17 de octubre de 1940,
se ha hecho la exhumación de los restos e inhumación en el coro del mismo
Monasterio. Entre
los devotos de Sor Teresa de Jesús de los Andes existió, desde el comienzo la
convicción de que ella ya era santa, por los muchos los milagros que se le
comenzaron a atribuir desde su muerte. Hasta el día de hoy, y son muchos los
que, de todo Chile y más allá de sus fronteras, aseguran que la intervención
de Sor Teresa de Jesús de Los Andes les han alcanzado múltiples gracias y
favores desde el mismo instante en que ella partió al cielo. También
se han mencionado, y dejada constancia en el Monasterio del Espíritu Santo,
favores de su hermana Rebeca Fernandez Solar, que
siguiendo los pasos de Teresa, el 23 de noviembre de 1920 había ingresado al
Carmelo, con el nombre de Sor Teresa del Divino Corazón. Ella también partió
al cielo el 31 de diciembre de 1942, con fama de santidad. Y
así, muchas personas, que la conocían como otras que de ella nada sabían,
fueron dejando en el Monasterio conmovedores testimonios de curaciones de
enfermedades y otros favores. Pero,
además de lo anterior, la prensa nacional comenzó a editar diversas crónicas
sobre lo que estaba sucediendo, como también se comentaba en los Medios de
Comunicación, en programas especiales. Todo esto fue creando una necesidad,
en los devotos, las monjas y sacerdotes para que se iniciara el proceso que
la llevase a la beatificación, que comenzó el 20 de marzo de 1947 y que
culminó el 4 de marzo de 1971. Camino al
altar.
En el ańo 1976
la Santa Sede decide que se enriquezca el proceso diocesano mediante el
proceso llamado “cognitionis”, no obstante son cuatro las etapas en un proceso
de Canonización, que en síntesis es: a)
Primero etapa ser Siervo de Dios. Este trámite lo inicia el Obispo diocesano y el
Postulador de la Causa que piden iniciar el proceso de canonización y se
presenta a la Santa Sede un informe sobre la vida y las virtudes de la
persona. b)
Segunda etapa, ser nombrada Venerable. Esta parte del camino comprende cinco etapas:
Proceso sobre la vida y las virtudes del Siervo de Dios. Proceso de los
escritos. La tercera etapa la Congregación para las Causas de los Santos
nombra al Relator de la Causa y este elabora el documento denominado "Positivo".
En este documento se incluyen, además de los testimonios de los testigos, los
principales aspectos de la vida, virtudes y escritos del Siervo de Dios. La
cuarta etapa es la Discusión de la "Positio". Este documento, una
vez impreso, es discutido por una Comisión de Teólogos consultores, nombrados
por la Congregación para las Causas de los Santos. La quinta etapa es el
Decreto del Santo Padre. Si la Congregación para las Causas de los Santos
aprueba la "Positio", el Santo Padre dicta el Decreto de Heroicidad
de Virtudes. El que era Siervo de Dios pasa a ser considerado Venerable. Mientras el proceso avanzaba, crecía la
impaciencia, en todo Chile, para que con prontitud fuera declarada
—oficialmente— santa. Entre los ańos 1970 y 1986, ańo que es ya “Venerable”,
la prensa en diferentes crónicas, da a conocer la vida de Juanita Fernandez Solar y se leen titulares como “Sor Teresa de Los Andes: Diecinueve ańos
bastan para vivir en santidad” (Diario
Austral, ańo 1980), “Sor Teresa de Los Andes próxima a ser beatificada” (El
Mercurio, ańo 1980), “La Santa de Los Andes a la espera de un altar” (La
Estrella, Valparaíso 1980). Y así la fama de santidad fue aumentando,
incluso trascendiendo el ámbito nacional. En la vecina ciudad de Mendoza
(Argentina), por poner un ejemplo, se hablaba de ella y cuando sus ciudadanos
venían de vacaciones a Chile, pasaban interesados a visitar el Monasterio de
los Andes. En 1980 los obispos chilenos en visita “ad limina” (Roma) piden al Papa Juan Pablo II acelerar las
causas de Teresa de Los Andes. La acogida es buena, porque ya en enero de
1982 viaja a Chile el carmelita Postulador General, Simeón Fernández, con el
propósito de conocer el país y el ambiente en que Juanita había hecho su
vida. El 3 de diciembre de 1985, se pronuncian favorables
a la heroicidad de las virtudes de Juanita nueve teólogos que estudian el
caso en El Vaticano. El 22 de marzo de 1986, el Papa Juan Pablo II firma
el decreto de reconocimiento y aprobación de la heroicidad de las virtudes de
Teresa de Los Andes. Desde ese momento, Teresa goza oficialmente del título
de “Venerable”. c)
Tercera etapa, Beato o Bienaventurado. Esta parte es mostrar al "Venerable" a la
comunidad como modelo de vida e intercesor ante Dios. Para que esto pueda
ser, el Postulador de la Causa deber probar ante la Congregación para las
Causas de los Santos la fama de santidad del Venerable, la realización de un
milagro atribuido a la intercesión del Venerable. Después de estos pasos y con los antecedentes anteriores, el
Santo Padre aprueba el Decreto de Beatificación. El 4 de diciembre de 1985, al día del
pronunciamiento favorable a la heroicidad de Sor Teresa de Jesús de los
Andes, ocurre un incendio en Santiago que acelerará la beatificación de
Teresa. Es curado milagrosamente por su intercesión el bombero Héctor Uribe
Carrasco, después de recibir una descarga eléctrica y ser diagnosticado de
“muerte cerebral”. El 3 de abril de 1987 el Papa Juan Pablo II procede
a beatificar, en el Parque O’Higgins de Santiago de Chile, a Sor Teresa de
Los Andes. Este ańo se trasladan las Carmelitas Descalzas de Los Andes al
nuevo monasterio de Auco acompańadas de miles de
peregrinos, llevando los restos de Teresa a la pequeńa capilla,
transitoriamente, mientras se construye el Santuario de Auco. d)
Cuarta etapa, Santo o Santa. En esta parte, se requiere la aprobación de un
segundo milagro que haya sucedido en una fecha posterior a la Beatificación y
el Santo Padre, con los antecedentes anteriores, aprueba el Decreto de
Canonización. En diciembre de 1992, se produjo otro milagro que
es atribuido a la Beata Teresa de los Andes; se trataba de una nińa ahogada,
Marcela Antúnez, que se recuperó gracias a su intercesión en diciembre de
1992. Con este suceso, se aceleró el proceso y Juan Pablo II firma el decreto
de Canonización. El 21 de marzo de 1993, Teresa de Los Andes es
canonizada en la Basílica de San Pedro de Roma, por el Papa Juan Pablo II,
con la asistencia de más de cinco mil chilenos que peregrinaron hacia allí.
Por otra parte, se estima en ciento sesenta mil las personas que acudieron al
santuario de Auco, que fue construido expresamente,
después de la beatificación, para honrar a Santa Teresa de los Andes, primera
Santa Chilena y la primera carmelita en ser elevada a los altares en América
Latina. El 6 de octubre del ańo 2004, el Papa Juan Pablo II
inauguró y bendijo una gran imagen de Teresa en mármol, en el exterior de la
basílica San Pedro. 34.3
SUS
MILAGROS
El milagro en la fe cristiana.
En la tradición cristiana y en
otras tradiciones religiosas, el milagro está universalmente presente. Ocupa
en ellas un lugar de realce y en su singularidad es reconocido como “normal”
por los creyentes. Como la fe es la lente necesaria para captar a Dios y su
acción en la creación, también lo es para descubrir su intervención en la
historia y por tanto en el milagro. Frente al milagro, los incrédulos buscan
inútilmente explicaciones, ya que son incapaces de elevarse a su nivel o de
entender que Dios puede obrar maravillas. Naturalmente, la fe no crea el
acontecimiento, pero lo lee e interpreta según una óptica propia: consciente
de que Dios actúa en la creación y en cada uno de los seres, en la historia y
en cada uno de sus momentos, el creyente capta su presencia activa en alguna
obra, momento y acontecimiento de mayor intensidad, la juzga maravillosa y la
presenta como milagrosa. Con todo, para un proceso de
beatificación y canonización, ha sido para la Iglesia algo muy importante
conservar la necesidad de los milagros en la causa de los santos, porque
constituyen una confirmación divina de la santidad de la persona invocada, al
margen de posibles errores humanos. Y para probar la autenticidad de
un hecho prodigioso, se requiere pasar por el rigor de un proceso de
investigación y de un meticuloso examen científico y teológico. Se considera
milagro aquel hecho que supera las fuerzas de la naturaleza, que es realizado
por Dios fuera de lo común de toda la naturaleza creada por intercesión de un
siervo de Dios o de un beato. La investigación del milagro se
lleva a cabo separadamente de aquella sobre las virtudes, el hombre se puede
equivocar o engańarse, pero en el caso de los milagros, sólo Dios puede
realizarlos, y Dios no engańa. En este sentido, los milagros son un signo
cierto de la revelación, destinado a glorificar a Dios, a suscitar y reforzar
nuestra fe, y son también, por lo tanto, una confirmación de la santidad de
la persona invocada. En el caso de Teresa de Jesús
los Andes, son varios los hechos que dieron carácter de milagrosa, aunque,
según los dictados de la Santa Sede, bastaba probar uno sólo para que
alcanzara su beatificación. El bombero resucitado.
Uno de los milagros más
conocidos adjudicados a Teresa de Los Andes es el caso del "Bombero
Resucitado". El día 4 de diciembre de 1985, el voluntario de la Sexta
Compańía de Bomberos de Santiago, Héctor Uribe Carrasco, cayó desde una
techumbre durante un incendio, recibiendo además una descarga eléctrica. Los
médicos lo declararon "clínicamente muerto". Sus compańeros y su
madre se encomendaron a Sor Teresa y le colocaron una reliquia de la Santa en
el pecho. A los pocos minutos Héctor Uribe comenzó a tener signos vitales,
sobreviviendo finalmente al accidente. Los antecedentes del caso fueron
enviados a Roma. De entre muchos milagros y favores concedidos y adjudicados
a la intercesión de Sor Teresa, es éste el que el Consejo de Teólogos aprueba
en el paso final del proceso y que llevó a Teresa de Jesús de Los Andes a la
gloria de los altares. La estudiante resucitada.
Otro milagro relevante es el
caso de "La estudiante resucitada". El día 7 de diciembre de 1988
varias alumnas del Colegio de las Teresianas de Las Condes, en el paseo de
fin de ańo escolar, se reunieron para pasar el día. La alumna Marcela Antúnez
Riveros, bańándose en la piscina del estadio del Banco Chile (Santiago)
sufrió asfixia por inmersión. Fue sacada del agua después de al menos 5
minutos, cianótica y sin ningún signo vital. Mientras la sometían a las
prácticas de reanimación, dos apoderados y un grupo de alumnas piden
fervorosamente la intervención de la Beata Teresa de Jesús de Los Andes, y
ante el asombro de los médicos de la Clínica Alemana de Santiago, que a la
vista de la ficha médica temían dańo cerebral irreversible, la estudiante se
recuperó rápidamente. Por precaución la retienen más
días en la clínica, saliendo de ella sin la más mínima lesión cerebral y sin
traumas, siendo en los ańos posteriores una alumna destacada. Realizado canónicamente el
proceso en el Arzobispado de Santiago de Chile con las declaraciones de los
testigos y de los médicos, y llevadas a Roma las actas del proceso, los
médicos peritos del Vaticano declararon que la recuperación total de la nińa
no tiene explicación científica; por lo que la Congregación de los Santos
aprobó el milagro para proceder a su canonización. 35 EPILOGO
Era sencilla al
exponer, franca y breve en sus consultas.
Tenemos el Diario y las Cartas
para saber lo que Juanita escribió a sus Padres confesores y directores
espirituales, pero no tenemos a la vista lo que ellos le escribieron. A través
de la lectura de los escritos de Teresa de Jesús de Los Andes, tenemos una
comprensión de cómo le fueron ayudando los consejos de sus directores
espirituales para hacer una vida santa de cara a mejorar la vivencia de su
Fe, aumentando sus virtudes, como también a entender su disponibilidad para
cumplir la voluntad de Dios. El epilogo de su relación con sus
confesores y directores espirituales, queda muy bien reflejado en una nota
del Padre Avertano que incluyo a continuación. Al referirse a ella dirá: “Era sencilla al exponer, franca y
breve en sus consultas. Me pidió permiso para pedir toda clase de
sufrimientos por los pecadores y que le conteste yo, después de haberme
manifestado sus vehementes ansias de padecer, que se pusiera más bien en las
manos de Dios para lo que él quisiera hacer de ella y que nada pidiera.
También recuerdo que tenía un voto de hacer lo más perfecto y el ofrecimiento
de victima por los pecadores. Lo que note en sus virtudes es que todas eran
en grado perfecto, sin que deliberadamente quebrantara virtud ninguna; gran
fortaleza y prudencia pues nada hacía sin consultarme después de haber pedido
ante luz a la Santísima. Virgen a quien siempre acudía en todo como a su
propia madre; y nada, referente a virtudes, dejaba de hacer aunque le costara
la vida”.[947] (El 18 de mayo de 1919, se confesó por
primera vez en el monasterio. Su confesor fue el Padre Avertano
del Santísimo Sacramento, quien será su único director espiritual.) En el ańo 1971, aparece el libro
“Escritos Espirituales de un Carmelita, Sor Teresa de Los Andes” del Fr.
Ángelo de la SS Trinidad, Vice-Postulador, en este libro publica tres
aspectos de los cuales podemos pensar que son enseńanzas e indicaciones
recibidas de sus directores espirituales.
(1971) Apunte suelto
tomado de una meditación[948]
Promesa contraída con El La
felicidad que debe resultar de esta alianza La
pureza de corazón que se debe tener Cómo
hay que agradecer el favor de Dios Cuál es la vida que debo llevar. Pureza: Desprenderse de
sí misma de tal manera que no tenga ya entendimiento
ni ciencia, ni propia voluntad, que se despoje de su naturaleza y muerta
a sí misma, viva para Mí solo
que soy su creador y su Dios. Purificar el
pensamiento, deseos, afecciones, dirigiéndolas hacia Mí sólo, sin permitirlos
recaer jamás sobre objetos terrenos, que podrían manchar el alma. Guardar la
santa virginidad que la hace semejante a Mí y le devuelve la primitiva
inocencia. Humildad. Sin
ella ninguna virtud le es agradable; la humildad es la madre de la pureza,
como a su vez, la pureza es madre de la humildad, la humildad que le comunica pureza aun cuando
haya perdido la virginidad, aunque sea la virginidad un medio muy eficaz
para introducir la pureza en el alma.
Hay muchas vírgenes pero no humildes en el infierno. La pureza se conserva
por la humildad y se recobra por la humildad. Copiado de la
meditación[949]
Acciones
interiores y exteriores con pureza de intención. No
dar ningún consejo ni orden, sin consultarlo antes con el crucifijo. No
juzgar a ninguna creatura culpable de una falta sin estar bien seguro de que
en efecto es. Las palabras
sinceras, verdaderas, graves,
sin adulación. Modelo: la conversación divina. En las
comunicaciones con los iguales, ninguna familiaridad que perjudique
gravemente: que aquella supere en dulzura y humildad. Conducta dulce
y humilde que sea cebo para atraer las almas a Dios. Que seas de tal manera
prudente que puedas servir de norma de conducta a las personas que te rodean. Como el ciervo
sediento desea las aguas cristalinas, anhelar noche y día servir al prójimo
para apagar la sed motivada por la caridad. Te esforzarás
por ser alimento para los que
tienen hambre, bebida para los sedientos, vestido para los desnudos, recreo
para los cautivos, consuelo para los afligidos. Con las
personas del mundo, observar prudencia como la serpiente y al mismo tiempo
temerles cual a dragones; con las almas unidas a Dios, guardar la sencillez
de la paloma, amándolas como a templos vivos del Espíritu Santo. Tabla de examen
de conciencia[950]
Juanita Fernández Solar, llevaba en un
cuaderno el control de su conciencia sobre los ejercicios espirituales de
cada día. En cuadro hecho en el mismo cuaderno responde día a día, a las
siguientes preguntas: żHa sido mi primer pensamiento
el de Dios? żHe rezado con atención las
oraciones? Cómo ha sido mi oración? żHe sacado de ella propósito
para hoy y para toda mi vida? żEn la Misa me posesioné bien
del gran misterio que se celebraba? żEstuve conservo después de la
Comunión? żQué propósitos saqué de la
oración? żLos cumplí? żHe andado en la presencia de
Dios, adorándolo y dándole gracias? żFormé intención de hacerlo todo
por amor? żHe sido fiel en cumplir mis deberes? żQué me dijo el Seńor en la
Comunión? żMe mortifiqué en el almuerzo? żCumplí mis deberes en la tarde? · żHice mi oración? żEstuve fervorosa y recogida? żHe vivido en la presencia de
Dios y preparándome para la comunión de mańana? żCuántos actos he dirigido a
Jesús? żHe hecho mis oraciones de la
noche de rodillas y el examen de conciencia? żHa sido mi último pensamiento
en Dios ? żQué resolución formé en la
oración? żQué me reprocha hoy el Seńor? żCuántas veces he rabiado? żCuántas veces he contestado de
mal modo? żCuántas veces me he mirado al
espejo? żHe tratado de no mirar
fijamente? żHe sido obediente con espíritu
de fe.? żHe sido orgullosa? A cada una de estas preguntas, da sus
respuestas sinceras y nos enseńa cómo trabajo Santa Teresa de Los Andes para
dominarse, acercarse a Dios y santificarse. 36 POESIA DEDICADA A
SANTA TERESA DE LOS ANDES
Escrita por la hermana María Paulina de
la Inmaculada ocd. Cuando fuimos
invitado en febrero de 2019 por las Carmelitas Descalza de Valladolid, cuarta
fundación de Santa Teresa de Jesús, para dar un Taller sobre la vida de Santa
Teresa de Los Andes, basado en mi libro “Una Llamada que se hace Existencia”,
la hermana María Paulina de la Inmaculada, de 93 ańos nos regaló una hermosa
poesía dedicada a la Canonización de Santa Teresa de Los Andes en su
Canonización. La había escrito en 1993. La hermana
María Paulina tenía guardada esta poesía para una ocasión especial y con
mucha generosidad hizo que esta ocasión fuera justamente este día que fue dedicado
a reflexionar sobre nuestra joven Santa Carmelita chilena. TERESA DE LOS ANDES Teresa,
hermanita mía benjamina del
Carmelo, que con pasos
de gigante has ido tan
pronto al cielo; żde qué medios
te has valido para llegar tan
ligero? por ese camino “angosto” dando pasos tan
ligeros? Cuento ya con
muchos ańos, mis deseos si
son sinceros, pero tropiezo,
hasta caigo, vuelvo a coger
el sendero y con lentitud
pasmosa emprendo el
viaje primero Dime hermanita
querida: que has hecho?
yo te lo ruego, quiero ser
santa, -aunque oculta- tal vez el
camino yerro. T/ ''Si te fijas, en mi vida no encontrarás
nada nuevo; ''AMAR, ORAR,
SUFRIR'' mi lema firme,
primero; es el mismo que
otros santos han vivido con denuedo, la herencia que
nuestros Padres han legado a su Carmelo, lo que ellos
han practicado y nos sirve de
modelo. Pero la cruz no
la escojas, Jesús se
encarga de hacerlo; crucifica, este
dolor si amas•••es
dulce, ligero. żSabes cuál es
la mejor Y que dio en mi
fruto luego? “aceptar su
Voluntad sin regateos,
con esmero, haciendo viva
mi fé más, en los
casos extremos. Aquí no hay
elección, el amor es más
sincero, así en comunión perpetua con este AMOR
verdadero, el alma en Dios
se transforma y vive en la
tierra el cielo Este será mi
“mensaje” Pues a ti todo
el Carmelo, Pues esa CUMBRE
tan alta Que miráis con
tanto anhelo, Se escala con
FE y AMOR Y a ella se
llega con “Vuelo” Revisión de
textos: Anita Núńez
Farías FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA M. GABRIELA Un
Lirio en el Carmelo, CARMELO de
Los Andes, ańo 1926 SANTA TERESA DE LOS ANDES Diario
y Cartas, EDICIONES CARMELO TERESIANO, Santiago de Chile, 1995 MÁLAX, Fr. Félix Santa
Teresa de Los Andes, Vivencias y pensamientos, EDITORIAL MONTE CARMELO,
(2Ş Edición) Burgos, 1998 Fr. ANGELO de la SS Trinidad
(Vice-Postulador), Sor Teresa de Los
Andes, Escritos Espirituales, Santiago de Chile 1971 RISOPATRÓN, Ana María Teresa
de Los Andes, Teresa de Chile, Ediciones PAULA, Santiago de Chile,
1989 DONOSO BRANT, Pedro Juanita Fernandez Solar-Santa Teresa de Los Andes, “Que hizo esta
Joven para ser Santa” Juanita Fernandez Solar-Santa Teresa de Los
Andes, “La Experiencia de Dios”. Juanita Fernandez Solar-Santa
Teresa de Los Andes, “Camino al Carmelo y su Ideal de Carmelita”. Juanita Fernandez Solar-Santa
Teresa de Los Andes, “Una Vida que se hace existencia”. Juanita Fernandez Solar-Santa
Teresa de Los Andes, “Dirección Espiritual y Ofrenda por los Sacerdotes”. |
[1] San Juan de la Cruz,
Grafico del “Monte de Dios”
[2] (Sal 27,4)
[3] San Juan de la Cruz, CB
1,22
[4] (Sal 23,6)
[5] (Sal 26,8)
[6] (Jn 14,1-2).
[7] San Juan de la Cruz, CB
14,3
[8] Jn 14, 2
[9] San Juan de la Cruz, Llama
B, 13
[10] Sal 3,5
[11] Sal 15,1
[12] Sal 24,3
[13] San Juan de la Cruz, CB
36,7
[14] San Juan de la Cruz, 2S
11,9
[15] Cant 2,4
[16] Teresa de Los Andes. Recé
mis oraciones y leí la Suma Espiritual de San Juan de la Cruz, en que expone
los grados del amor de Dios, y habla de oración y contemplación. Carta 56 Al P.
Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919
[17] (Ex 34, 2-3).
[18] (2S 7,3)
[19] (1 S5, 7)
[20] (Llama de Amor B 3,28).
[21] Ańo 1964
[22] Teresa escribió su Diario
en sencillas libretas y cuadernos.
[23] Diario, 1 Resumen y división de mi vida. Ańos 1900 - 1914
[24] Homilía de canonización
de Teresa de Los andes
[25] A su prima Ana Rucker
Solar. Convento del Espíritu Santo, 17 de febrero, 1920. Diario y Cartas 160
[26] Resumen y división de mi
vida Ańos 1900 1914. Diario y Cartas 1
[27] Deseos de comulgar. El
colegio: 1906. Diario y Cartas 3
[28] Mi Primera Comunión:
11.9.1910. Diario y Cartas 6
[29] El 8 de diciembre siempre
enferma. La Virgen y Jesús me hablan. Diario y Cartas 7
[30] En el internado. Mi
vocación: 1915-1918. Diario y Cartas 11
[31] La meditación, espejo del
alma .9 de enero 1917. Diario y Cartas 18
[32] A Amelia y Luisa Vial
Echeńique. Convento del Espíritu Santo, 26 de nov.1919. Diario y Cartas 151
[33] Diario; Mi Primera
Comunión: 11.9.1910
[34] A su hermano Luis. 11 de
junio de 1919
[35] Carta 25, a la Madre
Angélica Teresa, 22 de febrero de 1918
[36] Carta 30, a la Madre
Angélica Teresa, Santiago, 25 de junio 1918
[37] Diario, 1, Resumen y
división de mi vida Ańos 1900 - 1914
[38] Regalona de todos. Mi familia. Diarios y
Cartas, 2
[39] Diario 1. Resumen y
división de mi vida
[40]
Diario; 1. Resumen y división de mi vida
[41] Diario; 1. Resumen y división de mi vida
[42] Diario 4. Murió mi abuelito: 1907.
[43] Diario; 4. Murió mi abuelito: 1907.
[44] Diario; 4. Murió mi abuelito: 1907.
[45] Diario 5. Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi
Primera Comunión
[46] Diario 5; Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera
Comunión
[47] Diario; Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión
[48] Diario 3. Deseos de comulgar. El colegio:
1906
[49] Diario; 3. Deseos de comulgar. El colegio: 1906
[50] A Marta Hurtado Valdés.
Santiago, 14 de marzo de 1918. Diario y Cartas 26
[51] A su hermana Rebeca.
Cunaco. 20 de noviembre de 1918. Diarios y Cartas 43
[52] María es mi Madre y mi
todo. Vocación para Carmelita. 2 cartas del Carmen, Diarios y Cartas 33
[53] A Elisa Valdés Ossa.
Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919. Diarios y Cartas 101
[54] A su padre. Bucalemu, 22
de marzo de 1919. Diario y Cartas, 71
[55] A Carmen de Castro
Ortúzar. 21 de febrero de 1918. Diario y Cartas, 24
[56] A Carmen de Castro
Ortúzar. 21 de febrero de 1918. Diario y Cartas 24
[57] A Elena Salas González.
Diarios y Cartas 40
[58] Al P. José Blanch, C.M.F.
Santiago. 13 de diciembre de 1918. Diario y Cartas 45
[59] A su padre. Santiago, 13
de agosto de 1918. Diario y Cartas 35
[60] A su padre. Santiago, 25
de septiembre de 1917. Diario y Cartas 15
[61] Al P. Julián Cea, C.M.F.
14 de agosto 1919. Diario y Cartas, 122
[62] A la Madre Angélica
Teresa, Santiago, 5 de septiembre de 1917. Diario y Cartas 14
[64] Sólo Dios no cambia.
Incomprensión. Diarios y Cartas, 25
[65] A la Madre Angélica
Teresa, Algarrobo, 1° de febrero de 1918. Diario y Cartas 20
[66] A Elena Salas González,
enero, 1919. Diario y Cartas 51
[67] A la Madre Angélica
Teresa, Santiago, 5 de septiembre de 1917. Diario y Cartas, 14
[68] Carta a mi hermana
Rebeca, 15 de abril de 1916. Diario y Cartas 16
[69] Al P. Julián Cea, C.M.F.
Santiago, abril de 1919. Diario y Cartas, 83
[70] A su hermana Rebeca. 4 de
octubre de 1919. Diario y Cartas 140
[71] A su hermana Rebeca, 12
de junio de 1919. Diario y Cartas 108
[72] A su hermana Rebeca, 12
de julio de 1919. Diario y Cartas, 114
[73] A Carmen De Castro
Ortúzar. Convento del Espíritu Santo, mayo de 1919. Diario y Cartas 105
[74] A Elisa Valdés Ossa, 17
de agosto. Diario y Cartas 125
[75] A Graciela Montes
Larraín. Convento del Espíritu Santo, septiembre 14 de 1919. Diario y Cartas,
130
[76] Al P. Artemio Colom, S.J.
Convento del Espíritu Santo, 20 de julio de 1919. Diarios y Cartas, 116
[77] A la Madre Angélica
Teresa. Cunaco, 12 de abril de 1919. Diario y Cartas 80
[78] A Elena Salas González.
Diario y Cartas, 40
[79] Al P. José Blanch, C.M.F.
San Pablo, 3 de febrero de 1919. Diario y Cartas 58
[80] A Ofelia Miranda y Rosa
Mejía S. 30 de agosto, Santa Rosa, 1919. Diario y Cartas 128
[81] A su padre, Convento del
Espíritu Santo, 28 de septiembre 1919. Diario y Cartas 132
[82] Diario 1. Resumen y división de mi vida
[83] Diario 5. Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión
[84] Diario 5. Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera
Comunión
[85] Diario 6. Mi Primera Comunión: 11.9.1910
[86] Al P. José Blanch, C.M.F.
10 de noviembre, 1919
[87] Carta a mi hermana
Rebeca.15 de abril de 1916.
[88] Carta a mi hermana
Rebeca, 15 de abril de 1916.
[89] Sufrir con alegría Carta
a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único
amor.
[90] Sufrir con alegría Carta
a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único
amor.
[91] Agotada. Enferma. Las
fatigas no me dejan. Necesito de Jesús, lunes 27-8.1917, Diario y Cartas 32.
[92] Al P. José Blanch, C.M.F.
10 de noviembre, 1919. Diario y Cartas 145
[93] A una amiga. Diario y
Cartas 138
[94] Sufrir con alegría Carta
a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único
amor.
[95] Carta a mi hermana
Rebeca, 15 de abril de 1916. Diario y Cartas 16
[96] Sufrir con alegría Carta
a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único
amor.
[97] Diario; Mi Primera
Comunión: 11.9.1910
[98] A su hermano Luis. 11 de
junio de 1919
[99] Soy de Jesús Me abandono
a lo que Él quiera. 2 de octubre 1917. Diario y Cartas 34
[100]
Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera. 17 de octubre de 1917. Diario y
Cartas 34
[101]
Diario 10. Hoy cumplo 15 ańos. Julio 13, 1915
[102]
Diario 13. Entrevista decisiva:12.9.1915
[103]
Diario 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918
[104]
. Resumen y división de mi vida. Ańos 1900
1914
[105]
Santa Teresa de Jesús, Castillo Interior,1,1
[106]
A su hermano Luis. 11 de junio de 1919. Diario y Cartas 107
[107]
Santa Teresa de Jesús, Libro Vida, 8,9
[108]
Santa Teresa de Jesús, Libro Vida, 8, 5
[109]
A Herminia Valdés Ossa. Santiago, 26 de marzo de 1919. Diario y Cartas 75
[110]
Me voy del Colegio. Resoluciones. Diario y Cartas 43
[111]
Soy muy orgullosa. Medio me enojé. Diario y Cartas 27
[112]
Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión. Diario y Cartas
5
[113]
Resoluciones para 1917. Diario y Cartas 20
[114]
Es tan rico dar... Amor propio. Diario y Cartas, 26
[115] La meditación, espejo del alma, 2 de enero
1917. Diario y Cartas, 18
[116]
Es tan rico dar... Amor propio. Diario y Cartas, 26
[117]
A Elisa Valdés Ossa. San Pablo, 2 de marzo, 1919. Diario y Cartas 67
[118]
Ofrenda por los pecadores. Diario y Cartas, 21
[119]
Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Diario y Cartas 31
[120] Es
tan rico dar... Amor propio. Diario y Cartas, 26
[121]
Ofrenda por los pecadores. Diario y Cartas, 21
[122]
Ofrenda por los pecadores. Diario y Cartas, 21
[123]
Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo, Capitulo III, El Espíritu y La
Iglesia
[124]
LG 40
[125]
Denzinger 833 Can. 23
[126]Mt
6,12
[127]
LG 40
[128]
Mt 5,48
[129]Francesa
y una de las figuras más preclaras de la espiritualidad laical dominicana de
principios del XX
[130]
1 Pe 4,10
[131]
LG 41.
[132] LG 41.
[133] LG 41.
[134]
LG 41
[135]
Jn 13, 1-16
[136]
16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.
[137]
16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.
[138]
Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.
[139]
Diario 30. Ud. no ha cometido ningún pecado mortal. Quiero servir a los demás,
ser santa
[140]
Carta 113 A su madre, Los Andes, 4 de julio, 1919
[141]
Carta 114 A su hermana Rebeca, 12 de julio de 1919
[142]
40. A Elena Salas González
[143]
Salmo 24, 3-4
[144]
Cfr. Mt 14, 30-31
[145]
1Tes 3,12-1)
[146]
1Tes 4,4-7
[147]
Mt 5, 13.14
[148]
Mt 7,18
[149]
Diario 28. En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la
Trinidad
[150]
Diario 29. "Vamos a la soledad" (Retiro de 1917)
[151]
Diario 30. Quiero servir a los demás, ser santa
[152]
Carta 52. A la Madre Angélica Teresa
[153]
Carta 58 Al P. José Blanch, San Pablo, 3 de febrero de 1919
[154]
Carta 116 Al P. Artemio Colom, Convento del Espíritu Santo, 20 de julio de 1919
[155]
A su Padre, Santiago, 25 de marzo de 1919. Diarios y Cartas, 73
[156]
A su padre, 27 de julio de 1919.Diarios y Cartas, 73
[157]
A su hermano Ignacio, 13 de mayo de 1919, Diarios y Cartas. 99
[158]
Sufrir con alegría Carta a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único amor. Diarios y
Cartas, 15
[159]
A Elena Salas González, Diarios y Cartas, 40
[160]
A su madre, Seńora Lucía Solar de Fernández, marzo 23 de 1920. Diario y Cartas,
163
[161]
A su hermano Luis, Cunaco, 14 de abril de 1919. Diarios y Cartas 81
[162]
A su madre, 2 de agosto de 1919. Diarios y Cartas, 120
[163]
A su Padre, 26 de noviembre, 1919. Diarios y Cartas 150
[164]
A Amelia y Luisa Vial Echeńique, 26 de Nov 1919. Diarios y Cartas 151
[165]
A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 26 de marzo de 1919. Diarios y Cartas 76
[166]
Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión. Diarios y
Cartas, 5
[167]
Sufrir con alegría Carta a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único amor.
[168]
Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Diarios y Cartas, 31
[169]
A su hermano Luis, 14 de abril de 1919. Diarios y Cartas 81
[170]
Sufrir con alegría Carta a la Virgen, Esposa de Jesús Mi único amor. Diarios y
Cartas, 15
[171]
A su padre, Santiago, 18 de septiembre de 1918. Diario y Cartas, 38
[172]
Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión
[173]
Lourdes. María, Madre llena de dulzura febrero 12 de 1917. Diario y Cartas, 19
[174]
żBuena copia de Jesús? Hija de María. Diario y Cartas, 22
[175]
María es mi Madre y mi todo Vocación para Carmelita. 2 cartas del Carmen.
Diario y Cartas 33
[176]
Diario, 17. Retiro de 1916
[177]
Diario 21. Ofrenda por los pecadores
[178]
Diario 29. "Vamos a la soledad" (Retiro de 1917)
[179]
Diario 48. La ida a Los Andes, 11 de enero de 1919.
[180]
Carta 55 A la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 28 de enero de 1919
[181]
Carta 71 A su padre, Bucalemu, 22 de marzo de 1919
[182]
Carta 74 Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 26 de marzo de 1919.
[183]
Carta 76 A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 26 de marzo de 1919
[184]
Carta 80 A la Madre Angélica Teresa. Cunaco, 12 de abril de 1919
[185]
Carta 83 Al P. Julián Cea, C.M.F. Santiago, abril de 1919
[186]
Carta 90 Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 28 de abril de 1919
[187]
Carta 148 A su madre
[188]
Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, epígrafe capítulo 6
[189]
Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, 6,6
[190]
Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, 30,7
[191]
Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, 33,12
[192]
Libro Vida, Santa Teresa de Jesús, 36,11
[193]
Teresa de Jesús, Camino de Perfección (E) 71,1
[194]
Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Diarios y Cartas 32
[195]
Teresa de Jesús, V Moradas 1,5
[196]
Teresa de Jesús, Libro Vida 22, 6
[197]
Teresa de Jesús, Camino de Perfección 26,1
[198]
Al P. Julián Cea, C.M.F. Convento del Espíritu Santo, 14 de agosto 1919,
Diarios y Cartas, 122
[199]
A la Madre Angélica Teresa, San Pablo, 22 de enero de 1919, Diarios y Cartas,
52
[200]
Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919 Diarios y Cartas, 56
[201]
Santa Teresa de Jesús, Libro Vida, 14,3
[202]
Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919 Diarios y Cartas, 56
[203]
A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 7 de septiembre de 1918. Diarios y
Cartas, 36
[204]
A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 7 de septiembre de 1918. Diarios y
Cartas, 36
[205]
Al P. Julián Cea, C.M.F. San Pablo, 27 de febrero de 1919. Diarios y Cartas, 66
[206]
Al P. José Blanch, C.M.F.J.M.J.T. San Pablo, 3 de marzo de 1919. Diario y
Cartas, 68
[207] Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J. Santiago, 24
de abril 1919. Diarios y Cartas 87
[208]
San Juan de la Cruz CB 22,3
[209]
San Juan de la Cruz CB, 9,6
[210]
San Juan de la Cruz CB 12,12
[211]
CB 14,30.
[212]
Diario 49, La oración que he tenido.
[213]
Diario 48, La Ida a los Andes, 11 de enero 1919
[214]
Carta 52, a la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 22 de enero de 1919
[215]
Carta 56, al P. Artemio Colom, S.J., 29 de enero 2019
[216]
San Juan de la Cruz, 2S 5,4; 2S9,11; 2S9-10; CB26,3)
[217]CB
3,5
[218]
Carta 58, al P. José Blanch, C.M.F, 3 de febrero de 1919
[219]
Carta 109, a Elisa Valdés Ossa, 13 de junio de 1919
[220]
Carta 139, a una amiga, Primera semana de octubre 1919
[221]
Cfr. N11,1
[222]
Mt 11.25
[223]
Carta 101 A Elisa Valdés Ossa, Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919
[224]
Teresa de Jesús, V 25, 17
[225]
Mt.5, 48
[226]
Teresa de Jesús V 14, 2
[227]
San Juan de la Cruz AV
[228]
San Juan de la Cruz AV 28
[229]
San Juan de la Cruz AV.29
[230]
1Ş Tes.5, 18
[231]
Madre Teresa de Calcuta
[232]
San Juan de la Cruz
[233]
Padre Pío
[234]
San Francisco de Asís
[235]
Santa Margarita María Alacoque
[236]
San Agustín de Hipona
[237]
San Agustín de Hipona
[238]
cfr. F, 57. San Francisco de Asís.
[239]
Carta 107, A su hermano Luis, 11 de junio de 1919
[240]
Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen
[241]
Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen
[242]
Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen.
[243]
Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen.
[244]
Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen Esposa de Jesús Mi único amor.
[245]
Diario, 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.
[246]
Carta 106 A su madre, J.M.J.T. 9 de junio 1919
[247]
Carta 121, A Inés Salas Pereira, Agosto de 1919
[248]
Carta 145, Al P. José Blanch, 10 de noviembre, 1919
[249]
Diario 32. Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Cuando comulgo siento
ánimo. Necesito de Jesús
[250]
Carta 145, Al P. José Blanch, 10 de noviembre, 1919
[251]
Cántico, 9,6
[252]
CB 12,12
[253]
CB 14,30.
[254]
Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María
[255] Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de
María
[256] Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de
María
[257]
Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J., Santiago, 24 de abril 1919
[258]
Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J., Santiago, 24 de abril 1919
[259]
Diario 5. Mi devoción a la Virgen. Preparación para mi Primera Comunión
[260]
Diarios 1. Resumen y división de mi vida. Ańos 1900 - 1914
[261]
Diario 6. Mi Primera Comunión: 11.9.1910
[262]
Diario 7. El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan.
[263]
Diario 7. El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan.
[264]
Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María
[265]
Diario 11. En el internado. Mi vocación:
[266]
Diario 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen Esposa de Jesús Mi único amor.
[267]
Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca. 15 de abril de 1916.
[268]
Diario, 17. Retiro de 1916
[269]
1 Cor 15, 24-28
[270]
Juan 12,26
[271]
Diario 17. Retiro de 1916
[272]
Diario 21. Ofrenda por los pecadores
[273]
Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María
[274]
Diario 23. Más unida a Jesús.
[275]
Diario 34. Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera
[276]
Diario 35. Jesús me hace falta. octubre [1917]
[277]
Diario 36. ˇCuándo seré carmelita! Todo con María
[278]
Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas
[279]
Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas
[280]
Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas
[281]
Diario 38. No tener voluntad propia. Disponibilidad
[282]
Diario 40. żCómo no me vuelvo loca por Jesús?
[283]
Diario 40. żCómo no me vuelvo loca por Jesús?
[284]
Diario 42. ˇHablad, Seńor! (Retiro de 1918)
[285]
Diario, 17. Retiro de 1916
[286]
Diario, 17. Retiro de 1916
[287]
Lc 21,28
[288]
Jn 16,33
[289]
Mc 6,50
[290]
Mc 10,40
[291]
Mt 9,22
[292]
Sal 56,5
[293]
Cf. GS 12,1; 24,3; 39,1
[294]
CIC 358
[295]
Gn 1,26
[296]
Mc 12,28-30
[297]
Mt 16,26
[298]
1Jn 5,3 2Jn 6
[299]
Jn 15,10
[300]
1Jn 4,7
[301]
Jn 10,14ss
[302]
Jn 14,21 Jn 14,23 15,9s; Jn 17,26.
[303]
Cron 22,29
[304]
2 Re 23,23
[305]
Rom 12,11
[306]
Gn 1,26-27
[307]
Sal 8,10
[308]
1Jn 3,1
[309]
Sal 23,24
[310]
San Juan de la Cruz, 2S 7,3
[311]
Lc 15,2
[312]
Mt 1,21
[313]
Mt 26, 28
[314]
San Agustín, Sermón 169, 11, 13
[315]
1 Jn 1, 8-10
[316]
Rom 5,20
[317]
Sal 116,12
[318]
Sal 41,5
[319]
Sal 51, 3-4
[320]
Sal 25,7
[321]
6M, 10,7
[322]
Lc 7, 36-46
[323]
Salmos 86,15
[324]
Juan 11,2
[325]
Lc 23,41
[326]
Salmo 51,6
[327]
Lucas 7,46
[328]
1 Cor 15, 24-28
[329]
Juan 12,26
[330]
Juan 12,25
[331]
Lucas 4, 26-27
[332]
Mt 11,25
[333]
Diario, 29, Retiro de 1917
[334]
Diario,29. agosto 8 1917
[335]
Mt 26, 41
[336] Jn 1,43
[337] Jn 21, 16.19
[338] Lc 5, 27-28
[339]
Mc 10,21
[340]
Mt 12,50
[341]
Mt 6,19-20
[342]
Cfr. Mt 23,1-26 Mc 7,20ss
[343]
Mt 11,29
[344]
Diario 42. ˇHablad, Seńor! Retiro de 1918, agosto 7
[345]
Dt 10, 12-13
[346]
Dt 10,14
[347]
Efesios 2,4
[348]
Cfr. Jn 1, 18; Heb 1, 1 s.
[349]
Jn 14, 8 s.
[350]
Efesios 2, 5-6
[351]
Gn 1,126-27
[352]
Mt 22,37
[353]
Mt 16, 25-26
[354]
Dt 11,1
[355]
M7 7,21
[356]
Mt 5,48
[357]
Mt 19,21
[358]
Hebreos 5,8
[359]
Filipenses 2,8
[360]
Mateo 6, 19-21
[361]
Fip.1:21
[362]
Col. 3,1
[363]
I Timoteo 1:16
[364]
Judas 21
[365]
Jn 6, 57
[366]
Jn 6, 51
[367]
Jn 6,49-50
[368]
Jn 6,51
[369]
Jn 6, 56
[370]
Jn 6,51
[371]
Mc 8,31
[372]
Jn 19,5
[373]
Rom 5,8
[374]
Rom 3,25-26
[375]
Mc 1,14
[376]
Juan 17,3
[377]
Diario 56. "Retiro del Espíritu Santo", Pascua de 1919.
[378]
Jn 14,6
[379]
Jn 14,7
[380]
Mt 10, 17-20
[381]
Ef. 1, 6-7
[382]
Diario, 49. Oración que he tenido
[383]
San Juan de la Cruz, Dichos de Luz N° 19
[384]
San Juan de la Cruz, Dichos de Luz N° 28
[385]
San Juan de la Cruz, Noche oscura 13,10
[386]
Subida del Monte Carmelo, 3 16,2
[387]
Subida del Monte Carmelo 3,16
[388]
Libro de la Vida 3,15
[389]
Llama de amor, (B) 3
[390]
Llama de amor viva, (B), 3,3
[391]
Llama de amor viva, (B), 3,5
[392]
Marcos 8, 34
[393]
Noche oscura 2,8
[394]
Marcos 14, 32
[395]
Marcos 14, 34
[396]
Mc 12, 29-31
[397]
Sermón 161; P.L., XXXVIII, 882 sqq
[398]
6Moradas 1,4
[399]
7Moradas 2,1
[400]
6Moradas, epígrafe capítulo 4
[401]
Libro Vida, capitulo 33
[402]
Diario 57, "Retiro 1919 septiembre"
[403]
Juanita leyó Historia de un Alma a los 14 ańos.
[404]
Jn 5,24
[405]
Teresa de Jesús, excl. 15, 3
[406]
Salmo 33, 20-22
[407] Colosenses 3,14
[408]
2 Subida del Monte Carmelo 6,4
[409]
3 Subida del Monte Carmelo 30,4
[410]
2 Subida del Monte Carmelo 29,6
[411]
2 Subida del Monte Carmelo 6,1
[412]
Subida del Monte Carmelo capítulo 2
[413]
Cantico espiritual (B) 3,5
[414]
Subida del Monte Carmelo 1 5
[415]
Gálatas 2,20
[416]
Lc 24,32
[417]
Lc 24,28
[418]
Mt 6,9
[419]
Libro Vida, 8,5
[420]
Papa Francisco, audiencia 1 de mayo de 2013.
[421]
G et S, 19
[422] Diario
16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.
[423] Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de
abril de 1916.
[424]
Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca, 15 de abril de 1916.
[425]
Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca
[426]
Marcos, 5, 19
[427]
Marcos 10, 29
[428] Marcos
10,21
[429]
Libo Vida 8,2
[430]
Diario 16. Carta a mi hermana Rebeca
[431]
Rut 2,20
[432]
Lc 10,2
[433]
Jn 15,4
[434]
Diario 18. La meditación, espejo del alma, enero 1917
[435]
Santa Teresa de Jesús, Libro de la Vida 34,8
[436]
Diario 21. Ofrenda por los pecadores. Nuevo Director
[437]
Diario 21. Ofrenda por los pecadores. Nuevo Director
[438]
Mt 26,12
[439]
1 Cor 11,24
[440]
EF 5, 2
[441]
Diario 21. Ofrenda por los pecadores
[442]
Mt 26,39
[443]
Carta 40. A Elena Salas González, Querida Elena:
[444]
Carta 42. A su madre, Cunaco, 14 de noviembre de 1918
[445]
1Jn 4,8
[446]
Is 62,5
[447] Diario 21. Ofrenda por los pecadores. Nuevo
Director
[448]
Santa Teresa de Jesús, 6 Moradas, 8,8
[449]
abril 1917
[450]
junio 1917.
[451]
Llama de amor 3,30
[452]
Llama de amor 3,31
[453]
Libro Vida, 26, 3-4
[454]
Libro Vida 13,16.
[455]
Libro Vida, 30,4
[456]
Libro Vida V 26,3
[457]
6 Moradas 1,3,11
[458]
Diario 32. Agotada. Enferma. Necesito de Jesús
[459]
Camino de Perfección 26,1-5.
[460]
Diario 32 Hoy, 30 de agosto [1917],
[461]
Diario 32. Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Lunes 27 [8.1917].
[462]
Diario 32. Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Lunes 27 [8.1917].
[463]
Jn 14,23
[464]
Mt 26,39
[465]
Septiembre 1° [1917].
[466]
Jn 7,37
[467]
14 [9.1917].
[468]
Sant 1,17
[469]
Diario 34. Soy de Jesús Me abandono a lo que Él quiera
[470]
Octubre 24 [1917].
[471]
Diario 36. ˇCuándo seré carmelita! Noviembre 2 [1917].
[472]
Cfr. 3Moradas 2,9-11
[473]
Diario 37. Con Jesús a la conquista de las almas
[474]
Noviembre 16 [1917].
[475]
Noviembre 21 [1917].
[476] 2
Cor 1, 3-6.
[477]
Flp 4,13
[478]
Diario 39. Pena. Sequedad. Abandono. Tinieblas
[479]
Diario 39. Pena. Sequedad. Abandono. Tinieblas
[480]
Jn 12,24
[481]
CIC 2731
[482]
Abril [1918].
[483]
Abril 10 [1918].
[484]
Diario 41. Fiat. Sufrimientos sin lágrimas
[485]
Julio 11 [1918].
[486]
Julio 21 [1918].
[487]
Diario 43. Me voy del Colegio. Resoluciones
[488]
Diario 45. Una amiga que es un ángel. Agosto 25 [1918].
[489]
14 de octubre [1918].
[490]
47. żReligiosa del Sdo. Corazón o Carmelita;
[491]
Diario 48. La ida a Los Andes, 11 de enero de 1919.
[492]
Diario 49. Oración que he tenido
[493]
15 de enero 1919.
[494]
27 de enero [1919].
[495]
28 de enero [1919].
[496]
Febrero 10 [1919].
[497]
Lc 18, 19
[498]
cf. Jn 8, 19; 14, 7
[499]
cf. Jn 14, 9.11
[500]
Lc 10,39
[501]
Fundaciones, 5,2
[502]
Diario, 50. Consejos del Padre Cea
[503]
Salmo 116, 12
[504]
Diario 52. Sin recogimiento ni fervor
[505]
Teresa de Jesús, Camino, 28,4
[506]
Teresa de Jesús Camino 28,4.
[507]
Teresa de Jesús, Camino 28,4.
[508]
24 [2.1919].
[509]
25 [2.1919].
[510]
26 de febrero [1919].
[511]
27 de febrero [1919].
[512]
Dichos de Luz y Amor Nş. 99, San Juan de la Cruz.
[513]
Ap. 3,20
[514]
4 de abril [1919].
[515]
54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo <desde 7.5.1919>
[516]
17 de mayo 1919.
[517]
Taller con las Carmelitas Descalzas de Puangue
[518] (cf. Ap. 4,1)
[519]
Lc 2,13s
[520]
CIC N° 1024
[521]
Sal 113, 4-9
[522]
Mt 5, 12
[523]
Mt 6, 20
[524]
Hb 4, 14
[525]
Ef. 4, 2-7
[526]
1 Mac 3,18; 4,10.24.55; 2M 7,11 Mt 21,25 Lc 15,18 Lc 15,21 Lc 15, Lc 15, Lc 15,
[527]
Salmo 19,2
[528]
Salmo 115,16
[529]
Is 6,3 1R 8,27
[530]
Salmo 73, 25
[531]
Ap. 4,1
[532]
Jn 6,51-58
[533]
Cfr. Lc, 12-35-37
[534]
Jer 20, 7
[535]
Carta a mi hermana Rebeca. 15 de abril de 1916.Carta 16
[536]
Santa Teresa de Los Andes, “Diario y Cartas” 5° edición, Ediciones Carmelo
Teresiano, 1995
[537]
Murió mi abuelito. 1907. Diarios. 4
[538]
El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan. Diario 7
[539]
En el internado. Mi vocación. Jueves, 2 de septiembre 1915. Diario 11
[540]
Entrevista decisiva, 12 de septiembre de 1915 Diario 13
[541]
Vacaciones de septiembre 1915. Diario 14
[542]
Sufrir con alegría Carta a la Virgen. Esposa de Jesús Mi único amor. Diario 15
[543]
Carta a mi hermana Rebeca. 15 de abril de 1916. Diarios 16
[544]
Retiro de 1916. Diario 17
[545]
Lourdes. María, Madre llena de dulzura, 12 de febrero de 1917. Diario 19
[546]
Resoluciones para 1917. Diarios 20
[547]
żBuena copia de Jesús? Hija de María. Diario 22
[548]
En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la Trinidad.
Diario 28
[549]
"Vamos a la soledad". Retiro de 1917. Diario 29
[550]
Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las Carmelitas. Diario 31
[551]
A la Madre Angélica Teresa. 5 de septiembre de 1917. Cartas 14
[552]
Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Cuando comulgo siento ánimo. Diario
32
[553]ˇCuándo
seré carmelita! Todo con María. 31 de octubre 1917. Diario 36
[554]
Romano Guardini
[555]
Con Jesús a la conquista de las almas. 16 de noviembre 1917.Diario 37.
[556]
Con Jesús a la conquista de las almas. 23 de noviembre 1917.Diario 37.
[557]
A Carmen de Castro Ortúzar. Algarrobo, 16 de enero de 1918. Carta 19
[558]
. A Carmen De Castro Ortúzar. Algarrobo, 12 de febrero de 1918. Carta 23
[559]
A la Madre Angélica Teresa. Algarrobo, 22 de febrero de 1918. Carta 25
[560]
Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918. Carta 27
[561]
A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 25 de junio 1918. Carta 30
[562]
Fiat. Sufrimientos sin lágrimas. Está resuelta mi salida del colegio. Julio
2108. Diario 41
[563]
ˇHablad, Seńor! ( Retiro agosto 7 de 1918.Diario 42
[564]
Me voy del Colegio. Resoluciones, 12.8.1918. Diario 43
[565]
A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 14 de octubre de 1918. Carta 39
[566]
A Elena Salas González, noviembre de 1918. Carta 40
[567]
A su hermana Rebeca, Cunaco. 20 de noviembre de 1918. Carta 43
[568]
La ida a Los Andes. 11 de enero de 1919. Diario 48
[569]
A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 22 de noviembre de 1918. Carta 44
[570]
A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 1ş de enero de 1919. Carta 46
[571]
Enero de 1919 żReligiosa del Sagrado Corazón o Carmelita. Diario 47
[572]
A una amiga, 11 de enero de 1919. Carta 47
[573]
A Elena Salas González. Enero, 1919. Carta 51
[574]
Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919. Carta 56
[575]
A Elena Salas González, San Javier 1919. Carta 60
[576]
Al P. José Blanch, San Pablo, 3 de febrero de 1919. Carta 58
[577]
A la Madre Angélica Teresa, febrero 9 de 1919. Carta 59
[578]
A Elena Salas González, San Javier 1919. Carta 60
[579] A
la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 20 de febrero de 1919. Carta 62
[580]
A una amiga. Carta 65
[581]
Al P. Julián Cea San Pablo, 27 de febrero de 1919. Carta 66
[582]
Al P. José Blanch. San Pablo, 3 de marzo de 1919. Carta 68
[583]
A su padre. Bucalemu, 22 de marzo de 1919. Carta 71
[584]
Al P. Julián Cea. Santiago, 25]de marzo de 1919. Carta 72
[585]
A su Padre. Santiago, 25 de marzo de 1919. Carta 73
[586]
A su padre. Cunaco, 7 de abril de 1919 Mi papacito tan querido. Carta 78
[587]
A Elena Salas González. Carta 82
[588]
Al P. Julián Cea. Santiago, abril de 1919. Carta 83
[589]
Al P. Artemio Colom, S.J. Santiago, 25 de abril de 1919. Carta 88
[590]
Al P. José Blanch. Santiago, 28 de abril de 1919. Carta 90
[591]
A su padre. Santiago, 1° de mayo de 1919. Carta 91
[592]
Salmo 19,2
[593]
Salmo 19, 6-7
[594]
Jn 6, 50
[595]
A su padre. 8 de mayo de 1919. Carta 94
[596]
A su madre. Convento del Espíritu Santo, 8 de mayo de 1919. Carta 95
[597]
A su hermano Luis. Convento del Espíritu Santo, 12 de mayo de 1919. Carta 96
[598]
A su madre. 13 de mayo, 1919. Carta 97
[599]
A su hermana Rebeca. Convento del Espíritu Santo. 13 de mayo de 1919. Carta 98
[600]
A María Luisa Guzmán Ramírez. Carta 100
[601]
A Elisa Valdés Ossa. Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919. Carta 109
[602]
Hace 8 días que estoy en el Carmelo. 14 de mayo 1919. Diario 54
[603]
A Herminia Valdés Ossa. Convento del Espíritu Santo, 16 de mayo de 1919. Carta
102
[604]
A su hermana Rebeca. Carta 103
[605]
A su madre. Convento del Espíritu Santo, mayo de 1919. Carta 104
[606]
Gn 1,1.
[607]
A su hermano Luis. 11 de junio de 1919. Carta 107
[608]
A su hermana Rebeca. 12 de junio de 1919. Carta 108
[609]
A Elisa Valdés Ossa. 13 de junio de 1919. Carta 109
[610]
A su tía Juana Solar de Domínguez. 23 de junio de 1919.Carta 111
[611]
A su hermana Lucía. Junio 29 de 1919. Carta 112
[612]
A su madre. 4 de julio, 1919. Carta 113
[613]
Mt 5,12
[614]
Mt 6,20
[615]
A su hermana Rebeca. 12 de julio de 1919. Carta 114
[616]
A su padre. 27 de julio de 1919.Carta 118
[617]
A Inés Salas Pereira. Agosto de 1919
[618]
Al P. Julián Cea. 14 de agosto. Carta 122
[619]
A Herminia Valdés Ossa. 17 de agosto. Carta 124
[620]
A Graciela Montes Larraín. Septiembre 14 de 1919. Carta 130
[621]
Retiro 1919 septiembre. Diario 57
[622]
Vida de la Carmelita. Resoluciones. Diario 58
[623]
Hb 4, 14
[624]
Hb 9, 24
[625]
CC 1024
[626]
CC 1025
[627]
(San Ambrosio, Expositio evangelii secundum Lucam 10,121).
[628]
CC 1026
[629]
A Carmen De Castro Ortúzar. 29 de septiembre de 1919. Carta 133
[630]
A una amiga. 2 de octubre de 1919. 136
[631]
A Graciela Montes L. y Clara Arde O. 4 de octubre, 1919.Carta 137
[632]
A Amelia Montt Martínez. Octubre de 1919.Carta 141
[633]
A Clara Arde Ojeda. 8 de octubre, 1919. Carta 142
[634]
A su hermana Rebeca. Noviembre 16, 1919.Crata 147
[635]
A su madre. Carta 148
[636]
A Elisa Valdés Ossa. Carta 149
[637]
A su Padre. 26 de noviembre, 1919. Carta 150
[638]
A Amelia y Luisa Vial Echeńique. 26 de noviembre 1919. Carta 151
[639]
A su hermana Rebeca. 2 de febrero de 1920. Carta 159
[640]
A su prima Ana Rucker Solar. 17 de febrero 1920. Carta 160
[641]
Flp 3, 20-21
[642]
Sab 3,1. 5,15
[643]
Jn 15,16
[644]
Lc 9, 62
[645]
Mt 8, 21-22
[646]
7. El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan.
[647]
11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918
[648]
Diario 1. Resumen y división de mi vida
[649]
Diario 7. El 8 de diciembre siempre enferma. La Virgen y Jesús me hablan.
[650]
Diario 10. Hoy cumplo 15 ańos
[651]
Diario 10. Hoy cumplo 15 ańos
[652]
Diario 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918
[653]
Diario 13. Entrevista decisiva:12.9.1915
[654]
Diario 28. En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la
Trinidad
[655]
Diario 52. Sin recogimiento ni fervor. Mi diario
[656]
Diario 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo, desde 7.5.1919
[657]
Diario 56. "Retiro del Espíritu Santo"
[658]
Diario 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo, desde 7.5.1919
[659]
Diario 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo, desde 7.5.1919
[660]
Teresa de Jesús, libro Vida 30,36
[661]
Teresa de Jesús, 5 Moradas 4,4
[662]
Teresa de Jesús, 6 Moradas 1,1
[663]
Teresa de Jesús 7 Moradas 1,2
[664]
Teresa de Jesús 7 Moradas 4,11
[665]
Retiro de soledad, 8 de agosto, Diario y Cartas, 29
[666]
Retiro de soledad, 8 de agosto, Diario y Cartas, 29
[667]
Carta a Graciela Montes Larraín, Diarios y Cartas, 13
[668]
Diarios y Cartas, 14, 5 de septiembre de 1917
[669]
Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel, Me gustan las Carmelitas, Diarios y
Cartas, 31
[670]
Diarios y Cartas, 35
[671]
14 de mayo de 1919. Diarios y Cartas, 101
[672]
Diarios y Cartas, 28
[673]
14 de mayo de 1919. Diarios y Cartas, 101
[674]
A Graciela Montes Larraín. Convento del Espíritu Santo, septiembre 14 de 1919.
Diarios y Cartas, 130
[675]
14 de mayo de 1919. Diarios y Cartas, 101
[676]
A Graciela Montes Larraín. Convento del Espíritu Santo, septiembre 14 de 1919.
Diarios y Cartas, 130
[677]
Diario, 31. Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las carmelitas
[678]
Carta 25. A la Madre Angélica Teresa. Algarrobo, 22 de febrero de 1918
[679]
11 En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la Trinidad.
Carta 28
[680]
12 Diario Espiritual,25. La vida. Martes mańana 7 de marzo de 1899
[681]
Diario Espiritual,57. miércoles mańana, 15 de marzo de 1899.
[682]
Diario Espiritual 75. La oración. Domingo a las 10 de la mańana.
[683]
A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 5 de septiembre de 1917. Carta 14
[684]
A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 25 de junio 1918. Carta 30
[685]
A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 7 de septiembre de 1918.Carta 36
[686]
A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 18 de septiembre de 1918. Carta 37
[687]
A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 14 de octubre de 1918. Carta 39
[688]
A una amiga Querida hermanita. Carta 65
[689]
A una amiga Querida hermanita. Carta 65
[690]
A Elisa Valdés Ossa. Carta 101
[691]
A Elisa Valdés Ossa. Carta 149
[692]
Carta 58* Al P. José Blanch, C.M.F., San Pablo, 3 de febrero de 1919
[693]
Carta 63 A Ester Pellé de Serrano
[694]
Carta 64 A la M. Angélica Teresa, San Pablo, 24 de febrero de 1919
[695]
13. Entrevista decisiva :12.9.1915
[696]
Diario, 49. Oración que he tenido
[697] Diario,7. 8 de diciembre 1914.La Virgen y Jesús me
hablan.
[698]
Diario, 8. Operación de apendicitis: 30.12.1914
[699]
Diario, 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918
[700]
Diario, 11. En el internado. Mi vocación: 1915-1918
[701]
Diario,12 Dolor de muelas. Votos religiosos. Visitas: 1915.
[702]
Diario, 13. Entrevista decisiva. 12.9.1915
[703]
Diario, 15. Sufrir con alegría Carta a la Virgen Esposa de Jesús Mi único amor.
[704]
Diario,16. Carta a mi hermana Rebeca 15 de abril de 1916.
[705]
Cartas, 12. A Graciela Montes Larraín
[706]
Cartas, 13. A Graciela Montes Larraín.
[707]
Diario, 21. Ofrenda por los pecadores. Nuevo Director
[708]
Diario, 25. Sólo Dios no cambia. Incomprensión en la Historia. Junio 27, 1917.
[709]
Diario, 28. En cama. Rendida a la voluntad de Dios. Leyendo a sor Isabel de la
Trinidad, Julio 13 1917.
[710]
Diario, 31. Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las carmelitas
[711]
Diario, 32. Agotada. Enferma. Las fatigas no me dejan. Necesito de Jesús.
Septiembre 1° [1917].
[712]
Diario. 33. Vocación para Carmelita. 2 cartas del Carmen
[713]
Carta 14.A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 5 de septiembre de 1917
[714]
Diario, 35. El fin de la carmelita. El oficio de Marta. Jueves 18 de octubre
1917.
[715]
Carta 16. A la Madre Angélica Teresa, Santiago, 8 de noviembre de 1917
[716]
Diario, 36. ˇCuándo seré carmelita! Todo con María
[717]
Diario, 37. Con Jesús a la conquista de las almas
[718]
Diario, 38. No tener voluntad propia. Disponibilidad
[719]
Diario, 39. Pena. Sequedad. Abandono. Tinieblas. Santo miércoles, 1918.
[720]
Carta 20. A la Madre Angélica Teresa. Algarrobo, 1° de febrero de 1918
[721]
Carta 25. A la Madre Angélica Teresa. Algarrobo, 22 de febrero de 1918
[722] Carta 27*. Al P. José Blanch, Santiago, 2 de
abril de 1918
[723]
Carta 29* Al P. José Blanch. Santiago, 18 de junio de 1918
[724]
Carta 30. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 25 de junio 1918
[725]
Diario 41 Sufrimientos sin lágrimas.
Está resuelta mi salida del colegio Julio 21, 1918
[726]
Carta 34* Al P. José Blanch, Santiago, 21 de julio de 1918
[727]
Carta 36. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 7 de septiembre de 1918
[728]
Carta 37. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 18 de septiembre de 1918
[729]
Diario 43. Me voy del Colegio. Resoluciones
[730]
Diario, 46. Consejos del P. José. Penas del alma septiembre de 1918.
[731]
Carta 39. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 14 de octubre de 1918.
[732]
Carta 40*. A Elena Salas González
[733]
Carta 45*. Al P. José Blanch. Santiago. 13 de diciembre de 1918
[734]
Diario, 47. żReligiosa del Sdo. Corazón o Carmelita.
[735]
Carta 46. A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 1ş de enero de 1919
[736]
Carta 47. A una amiga. *** "11 de
enero: día de la felicidad".
[737]
Carta 51 * A Elena Salas González Enero, 1919
[738]
Diario, 48. La ida a Los Andes
[739]
Diario, 50. Consejos del Padre Cea. Pacto con él
[740]
Diario, 51. En comunión perpetua con Jesús
[741]
Carta 52 A la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 22 de enero de 1919
[742]
Carta 53* Al P. José Blanch. San Pablo, 22 de enero de 1919
[743]
Carta 56. Al Padre Artemio Colom. 29 de enero 1919
[744]
Carta 58* Al P. José Blanch. San Pablo, 3 de febrero de 1919
[745]
Carta 62 A la Madre Angélica Teresa. San Pablo, 20 de febrero de 1919
[746]
Carta 63 A Ester Pellé de Serrano
[747]
Carta 66* Al P. Julián Cea. San Pablo, 27 de febrero de 1919
[748]
Carta 68 * Al P. José Blanch. San Pablo, 3 de marzo de 1919
[749]
Carta 72* Al P. Julián Cea. Santiago, 25 de marzo de 1919
[750]
A su hermana Rebeca. 12 de junio de 1919. Diario y Cartas 108
[751]
A su padre. Convento del Espíritu Santo, 27 de julio de 1919. Diario y Cartas
118
[752]
A su Padre, Santiago, 25 de marzo de 1919. Diario y Cartas 73
[753]
A su hermano Luis. Cunaco, 14 de abril de 1919. Diario y Cartas, 81
[754]
Al P. Julián Cea, C.M.F. Santiago, [25] de marzo de 1919. Diario y Cartas 72
[755]
Mi devoción a la Virgen. Diario y Cartas, 5
[756]
A su padre. Diario y Cartas, 85
[757]
A su madre, Convento del Espíritu Santo, 18 de enero, 1920. Diario y Cartas,
157
[758]
A su hermana Rebeca, 12 de junio de 1919. Diario y Cartas, 108
[759]
Carta 73 * A su Padre. Santiago, 25 de marzo de 1919
[760]
Carta 74* Al P. José Blanch. Santiago, 26 de marzo de 1919
[761]
Carta 80 A la Madre Angélica Teresa. Cunaco, 12 de abril de 1919
[762]
Carta 81 * A su hermano Luis. Cunaco, 14 de abril de 1919
[763]
Carta 82*. A Elena Salas González
[764]
Carta 83 Al P. Julián Cea. Santiago, abril de 1919
[765]
Carta 86 A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 20 de abril de 1919
[766]
Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras. Santiago, 24 de abril 1919
[767]
Carta 88 Al P. Artemio Colom. Santiago, 25 de abril de 1919
[768]
Carta 90 Al P. José Blanch. Santiago, 28 de abril de 1919
[769]
Carta 92 A la Madre Angélica Teresa. Santiago, 4 de mayo de 1919
[770]
Carta 93 A su hermano Miguel. 7 de mayo de 1919
[771]
Ana María Risopatrón, Teresa de Los Andes, Teresa de Chile
[772] REVERENDA- MADRE ANGELICA TERESA, DEL
SANTISIMO SACRAMENTO, Circular Necrológica, 1945, página 43
[773]
Ana María Risopatrón, Teresa de Los Andes, Teresa de Chile
[774] REVERENDA- MADRE ANGELICA TERESA, DEL
SANTISIMO SACRAMENTO, Circular Necrológica, 1945, página 43
[775]
Reverenda- Madre Angelica teresa, del Santísimo Sacramento, Circular
Necrológica, 1945, página 43
[776]
Carta 47, a una amiga.
[777]
Carta 51. A Elena Salas González. enero,
1919
[778] Carta
N° 14
[779]
Carta N° 16
[780] Carta
N° 20
[781] Carta
N° 25
[782] Carta
N° 30
[783] Carta
N° 36
[784] Carta
N° 37
[785] Carta
N°39
[786] Carta
N° 44
[787] Carta
N° 46
[788] Carta
N° 48
[789] Carta
N° 49
[790] Carta
N° 55
[791] Carta
N° 62
[792] Carta
N° 64
[793]
Carta N° 76
[794]
Carta N° 80
[795]
Carta N° 86
[796]
Carta N° 92
[797]
Carta 94 A su padre. Los Andes, 8 de mayo de 1919
[798]
Carta 95 A su madre 8 de mayo de 1919
[799]
Carta 96 * A su hermano Luis. Los Andes. 12 de mayo de 1919
[800]
Carta 97 A su madre. 13 de mayo, 1919
[801]
Carta 98 A su hermana Rebeca. 3 de mayo de 1919
[802]
Carta 101 A Elisa Valdés Ossa. 14 de mayo de 1919
[803]
Diario. 54. Hace 8 días que estoy en el Carmelo, mayo 1919
[804]
Diario 55.
Pena por la separación. Ingratitud humana. Sumida en la agonía de N. Seńor
[805]
56. "Retiro del Espíritu Santo" 29 de mayo de 1919
[806]
Carta 102 A Herminia Valdés Ossa.16 de mayo de 1919
[807]
Carta 103 A su hermana Rebeca
[808]
Carta 104 A su madre. Convento del Espíritu Santo, mayo de 1919
[809]
Carta 108 A su hermana Rebeca. 12 de junio de 1919
[810]
Carta 109 A Elisa Valdés Ossa. 13 de junio de 1919
[811]
Carta 111 A su tía Juana Solar de Domínguez. 23 de junio de 1919
[812]
Carta 116 Al P. Artemio Colom, S.J. 20 de julio de 1919
[813]
Carta 118 A su padre Convento del Espíritu Santo, 27 de julio de 1919.
[814]
Carta 120 A su madre. 2 de agosto de 1919
[815]
Carta 121 * A Inés Salas Pereira. Agosto de 1919
[816]
Carta 122 Al P. Julián Cea, C.M.F. 14 de agosto 1919
[817]
Carta 126 A su padre. Agosto de 1919
[818]
Carta 127 A Elisa Valdés Ossa.28 de agosto 1919
[819]
Carta 130 * A Graciela Montes Larraín. septiembre 14 de 1919
[820]
Carta 132 A su padre. 28 de septiembre 1919
[821]
Carta 133 A Carmen De Castro Ortúzar. 29 de septiembre de 1919
[822]
Diario 58. Vida de la carmelita. Resoluciones. Septiembre de 1919.
[823]
Carta 134 A Herminia Valdés Ossa. 29 de septiembre de 1919
[824]
Carta 135 A su madre. 30 de septiembre, 1919
[825]
Carta 136 * A una amiga. 2 de octubre de 1919
[826]
Carta 138 * A una amiga
[827]
Carta 141 * A Amelia Montt Martínez. Octubre de 1919
[828]
Carta 142 * A Clara Arde Ojeda. 8 de octubre, 1919
[829]
Carta 143 A su madre
[830]
Carta 147 A su hermana Rebeca. Noviembre 16, 1919
[831]
Carta 149 A Elisa Valdés Ossa
[832]
Carta 150 A su Padre. 26 de noviembre, 1919
[833]
Carta 151 A Amelia y Luisa Vial Echeńique. 26 de nov., 1919
[834]
Carta 155 * Al P José Blanch C.M.F. Los Andes, 11 de diciembre de 1919
[835]
Carta 159 A su hermana Rebeca. 2 de febrero de 1920
[836]
Carta 160 * A su prima Ana Rucker Solar. 17 de febrero, 1920
[837]
Carta 161 A su padre. 8 de febrero, 1920
[838]
Carta 162 A su madre. 18 febrero, 1920
[839]
Vida 13,14
[840]
Vida 13,15
[841]
Vida 25,14
[842]
Vida 5,3
[843]
Vida V5,11
[844]
Vida 6,4
[845]
Vida 8,11
[846]
Cf Vida 20,21
[847]
Vida 13,16
[848]
Vida 38,23
[849]
Cf Vida 13,16
[850]
Cf Vida 13,18
[851]
Cf Vida 13,18
[852]
Cf Vida 13,18
[853]
Vida 13,19
[854] Diario 42. ˇHablad, Seńor!
(Retiro de 1918)
[855] Carta 122 Al P. Julián Cea,
C.M.F. Convento del Espíritu Santo, 14 de agosto.
[856] Carta 116 Al P. Artemio
Colom, S.J. Convento del Espíritu Santo, 20 de julio de 1919
[857] Diario 35. Rabias. Dudas.
Jesús me hace falta El fin de la carmelita.
[858] Diario 34. Soy de Jesús Me
abandono a lo que Él quiera. 2 de octubre 1917
[859] Diario 35. Rabias. Dudas.
[860]
Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J. Santiago, 24 de abril 1919
[861]
Lc 15,2
[862]
Mc 2,9
[863]
Mc 2,17
[864]
Jn 13,1
[865] Is 1,18
[866]
Carta 27 Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918
[867] Santa Teresa de Jesús, Libro
Vida 5,3
[868]
Carta 27 Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918
[869]
Carta 121 A Inés Salas Pereira, agosto de 1919
[870] Diario 3. Deseos de comulgar. El colegio: 1906
[871] Diario 6. Mi Primera Comunión: 11.9.1910
[872] Diario 12. Dolor de muelas. Votos religiosos. Visitas:
1915.
[873] Diario 22. żBuena copia de Jesús? Hija de María
[874]Diario 30. Ud. no ha cometido ningún pecado mortal.
Agosto 1917
[875] Diario 30. Ud. no ha cometido ningún pecado mortal.
Quiero servir a los demás, ser santa.
[876] Diario 31. Quiero ser pobre. Mańana seré más fiel. Me
gustan las Carmelitas
[877] Diario 33. María es mi Madre
y mi todo. Vocación para Carmelita. Septiembre 7, 1917.
[878] Diario 34. Soy de Jesús Me
abandono a lo que Él quiera.
[879] Diario 35. Rabias. Dudas. Jesús
me hace falta El fin de la carmelita.
[880] Diario 41. Fiat.
Sufrimientos sin lágrimas.
[881] Diario 38. No tener voluntad
propia. Disponibilidad
[882] Carta 27, Al P. José Blanch,
C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918
[883] Diario 40. żCómo no me
vuelvo loca por Jesús? 25 de mayo 1918
[884] Diario 42. ˇHablad, Seńor!
(Retiro de 1918)
[885] Diario 46. Consejos del P.
José. Penas del alma
[886] Diario 50, Consejos del Padre
Cea. Pacto con él
[887] Diario 54. Hace 8 días que
estoy en el Carmelo. Mayo 1919
[888] Carta 27, Al P. José Blanch,
C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918
[889] Carta 59 A la Madre Angélica
Teresa, San Pablo, 20 de febrero de 1919
[890] Carta 59 A la Madre Angélica
Teresa, San Pablo, 20 de febrero de 1919
[891] Carta 56, Al P. Artemio
Colom, S.J. 29 de enero 1919
[892] Carta 155 Al P José Blanch.
Los Andes, 11 de diciembre de 1919
[893] Carta 27, Al P. José Blanch,
C.M.F. Santiago, 2 de abril de 1918
[894] Carta 29, Al P. José Blanch,
Santiago, 18 de junio de 1918
[895] Carta 32, Al P. José Blanch,
15 de julio de 1918
[896] Carta 34. Al P. José Blanch,
Santiago, 21 de julio de 1918
[897] Carta 45. Al P. José Blanch,
C.M.F. Santiago. 13 de diciembre de 1918
[898] Carta 53. Al P. José Blanch,
San Pablo, 22 de enero de 1919
[899] Carta 58 Al P. José Blanch,
San Pablo, 3 de febrero de 1919
[900] Carta 68 Al P. José Blanch,
San Pablo, 3 de marzo de 1919
[901] Carta 74, Al P. José Blanch,
Santiago, 26 de marzo de 1919
[902] Carta 89, Al P. José Blanch,
28 de abril de 1919
[903] Carta 145 Al P. José Blanch,
10 de noviembre, 1919
[904] Carta 155 Al P José Blanch.
Los Andes, 11 de diciembre de 1919
[905] Carta 59 A la Madre Angélica
Teresa, San Pablo, 20 de febrero de 1919
[906] Carta 68 Al P. José Blanch,
San Pablo, 3 de marzo de 1919
[907] Carta 66 Al P. Julián Cea,
San Pablo, 27 de febrero de 1919
[908] Carta 72 Al P. Julián Cea,
Santiago, 25 de marzo de 1919
[909] Carta 83 Al P. Julián Cea,
Santiago, abril de 1919
[910] Carta 122 Al P. Julián Cea,
C.M.F. Convento del Espíritu Santo, 14 de agosto.
[911] Carta 56, Al P. Artemio
Colom, S.J. 29 de enero 1919
[912] Carta 87, Al P. Antonio Ma
Falgueras, S.J. Santiago, 24 de abril 1919
[913] Carta 31. Quiero ser pobre.
Mańana seré más fiel. Me gustan las Carmelitas
[914] Carta 56, Al P. Artemio
Colom, S.J. 29 de enero 1919
[915] Monasterio de San José, que
luego se trasladó a la Av. Pedro de Valdivia.
[916] Carta 88 Al P. Artemio
Colom, S.J. Santiago, 25 de abril de 1919
[917] Carta 116 Al P. Artemio
Colom, S.J. Convento del Espíritu Santo, 20 de julio de 1919
[918] Santo Padre san Juan de la
Cruz
[919] Carta 87 Al P. Antonio Ma Falgueras,
S.J. Santiago, 24 de abril 1919
[920]
Del taller de “Santa Teresa de Los Andes, ofrenda por los sacerdotes”
[921] Jn 17
[922] Vida 32,23
[923] 2 Co 12, 9
[924] 2 Co 12, 9
[925] Mensaje del Papa Benedicto
XVI 7 de mayo de 2006
[926] Audiencia del Papa Benedicto
XVI, 5 de mayo 2010
[927] Diario, 31. Quiero ser
pobre. Mańana seré más fiel. Me gustan las Carmelitas, lunes 20 [8.1917].
[928] Diario 34. Soy de Jesús Me
abandono a lo que Él quiera
[929] Diario 35. Rabias. Dudas.
Jesús me hace falta El fin de la carmelita. Jueves 23 de octubre [1917].
[930] Diario 35. Rabias. Dudas.
Jesús me hace falta El fin de la carmelita. Jueves 24 de octubre [1917].
[931] Diario 36. ˇCuándo seré
carmelita! Todo con María. Octubre 31 [1917].
[932] Diario 37. Con Jesús a la
conquista de las almas, noviembre 16 [1917].
[933] Diario 54. Hace 8 días que
estoy en el Carmelo. 14 de mayo de 1919.
[934] Carta 13. A Graciela Montes
Larraín
[935] Carta 16. A la Madre
Angélica Teres, Santiago, 8 de noviembre de 1917
[936]Carta 34. Al P. José Blanch,
Santiago, 21 de julio de 1918
[937] Carta 36. A la Madre
Angélica Teresa, Santiago, 7 de septiembre de 1918
[938] Carta 45. Al P. José Blanch,
Santiago. 13 de diciembre de 1918
[939] Carta 56 Al P. Artemio
Colom, 29 de enero 1919
[940] Carta 58* Al P. José Blanch,
San Pablo, 3 de febrero de 1919
[941] Carta 63 A Ester Pellé de
Serrano
[942] Carta 97 A su madre, 13 de
mayo, 1919
[943] 101 A Elisa Valdés Ossa,
Convento del Espíritu Santo, 14 de mayo de 1919
[944] Carta 109 A Elisa Valdés
Ossa, 13 de junio de 1919
[945] Carta 162 A su madre,
Convento del Espíritu Santo, 18 febrero, 1920
[946]
A Herminia Valdés Ossa, junio, 22 de 1919. Diario y Cartas 110
[947]
Teresa de Los Andes-Teresa de Chile. Ana María Risopatrón.
[948]
Libro Escritos Espirituales de un Carmelita, Sor Teresa de Los Andes (1971)
pág.156
[949] Libro Escritos Espirituales de un Carmelita,
Sor Teresa de Los Andes (1971), pág156.
[950]
Libro Escritos Espirituales de un Carmelita, Sor Teresa de Los Andes (1971),
pág158 y 159.